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La Revolución Industrial o Primera Revolución Industrial es el proceso de

transformación económica, social y tecnológica que se inició en la segunda


mitad del siglo XVIII en el Reino Unido, que se extendió unas décadas después
a gran parte de Europa occidental y Norteamérica, y que concluyó entre 1820 y
1840. Durante este periodo se vivió el mayor conjunto de transformaciones
económicas, tecnológicas y sociales de la historia de la humanidad desde
el Neolítico, que vio el paso desde una economía rural basada
fundamentalmente en la agricultura y el comercio a una economía de carácter
urbano, industrializada y mecanizada.

A principios del siglo XVIII, Gran Bretaña o Francia eran países con poca
población. La esperanza de vida no superaba los 30 años. La mayoría de los
habitantes trabajaban en el campo produciendo poco alimentos. Las ciudades
eran pequeñas y también producían poco. El comercio era de poco volumen y
los transportes eran rudimentarios.

La baja productividad del trabajo hacía que la producción y el consumo por


habitante fueran escasos. Existía un estancamiento económico ya que la
riqueza era inferior a la población. A finales del siglo XIX Gran Bretaña y
Francia habían aumentado su población gracias a la bajada de mortalidad. Una
minoría trabajaba en el campo pero su producción era alta. La gente había
emigrado a la ciudad para trabajar en la industria produciendo así bienes a
gran escala. El comercio era voluminoso y las mercancías se transportaban en
ferrocarriles o buques a vapor. Todo esto provoco que aumentara la producción
y el consumo por habitante, creciendo así la riqueza por encima de sus
poblaciones.

La Revolución Industrial marca un punto de avance o cambio en la historia,


modificando e influenciando todos los aspectos de la vida cotidiana de una u
otra manera. La producción tanto agrícola como de la naciente industria se
multiplicó a la vez que disminuía el tiempo de producción. A partir de 1800 la
riqueza y la renta per cápita se multiplicó como no lo había hecho nunca en la
historia, pues hasta entonces el PIB per cápita se había mantenido
prácticamente estancado durante siglos. Por primera vez en la historia, el nivel
de vida de las masas y la gente común experimentó un crecimiento sostenido.
Las mejoras agrícolas significan que un número cada vez menor de
campesinos es suficiente para alimentar a toda la población. Una parte cada
vez mayor pasa a trabajar en el sector industrial. La industria también
incrementa su productividad, de manera que un número cada vez menor de
obreros es capaz de producir todos los bienes industriales. Ello hace que parte
de la población deba buscar empleo en actividades que no son industriales ni
agrarias conocidas como servicios.

Las causas que motivaron la expansión de los servicios fueron el aumento de


su demanda gracias a la revolución demográfica y a la mayor renta per cápita.
Se demanda algunos servicios tales como educación, sanidad o recreo. Los
ingresos permitían a las familias obreras que sus hijos pudieran asistir a
escuelas públicas, contratar los servicios de un médico o disfrutar de
espectáculos de recreo. El consumo por obrero de educación, sanidad o
diversiones era muy pequeño.

La burguesía y las clases medias sí que demandaban muchos servicios y muy


caros. Sus altas rentas les permitían tener criados, chóferes o jardineros,
educar a sus hijos en colegios religiosos, enviarlos a la Universidad o disfrutar
de servicios tan lujosos como restaurantes, hoteles...

La mayor demanda de servicios incrementó su oferta y fue posible por dos


razones: una mano de obra disponible para trabajar en los servicios y la
existencia de capital para invertir en ellos.

El logro más importante de la Revolución Industrial fue que originó por primera
vez en la historia un crecimiento económico sostenido. Este crecimiento es el
resultado de la acción conjunta de cuatro factores.

Primero: el crecimiento económico requiere una mano de obra abundante y con


alto grado de formación y especialización en el trabajo.

Segundo: el crecimiento económico necesita de una constante reinversión de


capital. Una parte de la renta nacional debe, pues, ahorrarse y reinvertirse para
asegurar una mayor capacidad de producción.
Tercero: la incorporación de nuevas tecnologías contribuye de modo decisivo al
crecimiento económico porque eleva la productividad del trabajo. Nuevas
máquinas, movidas primero con energía hidráulica y luego con vapor,
revolucionaron la productividad de los obreros textiles desde el siglo XVIII.

Cuarto: el crecimiento económico requiere de instituciones que lo favorezcan.


El Estado fomentó el crecimiento económico mediante inversiones de capital o
promulgando leyes favorecedoras de las empresas capitalistas.

Todos estos acontecimientos catalogan a la Revolución Industrial, como uno de


los episodios históricos más importantes y de mayor influencia en la historia de
la humanidad marcando un antes y un después en la historia.