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La Ciencia, su Método y su Filosofía

La importancia epistemológica del conocimiento humano radica en su capacidad de


establecer vías de conocimiento que permitan acercarse cada vez más a verdades
más firmes, a la vez que competas, puesto que es ello lo que permitirá tener un
manejo material de la realidad para obtener una utilidad social.

En esta recopilación de ensayos, Bunge trata de abordar 4 temas relevantes para


entender la epistemología y el conocimiento científico, centrándose evidentemente
más en aquel que es fáctico que en el formal.

Además, pretende discutir sobre la implicación filosófica de la ciencia, tanto a partir


de su fundamentación teórica como de su fundamentación metodológica. Primero,
en cuanto a que requiere de apoyo para sustentar sus enunciados tanto
formalmente como teóricamente, y luego, porque el proceso de investigación debe
cumplir con ciertas características para que permitan a la investigación tener validez
y acercarse más fielmente a una verdad concreta a partir de los elementos
encontrados y sistematizados en la misma.

Para esto, Bunge inicia con una clasificación de los tipos de ciencia, tomando como
criterio al método, tipo de enunciados y sus referentes, estableciendo que así puede
ser formal como fáctica.

La diferencia en sus referentes consiste en que las ciencias formales recurren a


conocimiento formal no material, esto es, que puede ser ejemplificado en objetos y
hechos concretamente materiales, pero que cuando se le encuentra de modo puro,
no requiere de ellos para existir, puesto que esa es la característica que lo define.

Así puede encontrarse la lógica o la matemática, ciencias que no requieren de


hechos concretos para desarrollarse, pero que sí pudieron haber inducido su
conocimiento a partir de hechos objetivos.

En cuanto a las ciencias fácticas, argumenta que se enfocan propiamente en hechos


concretos u objetivos, y a pesar de que para su interpretación pueden
complementarse con elementos formales, no son tampoco requeridos de modo
obligado para su investigación, puesto que se basan más en los elementos de la
vida real para poder avanzar en su investigación y construcción de conocimiento.

Respecto de la diferencia entre el tipo de enunciados, Bunge señala: “mientras los


enunciados formales consisten en relaciones entre signos, los enunciados de las
ciencias fácticas se refieren, en su mayoría, a entes extracientíficos: a sucesos y
procesos”1.

Y, en cuanto a su método, las ciencias formales pueden desarrollarse puramente


sin recurrir a elementos objetivos de la realidad, por lo cual su conocimiento es finito
y limitado, mientras que para las ciencias fácticas el conocimiento es impermanente,
establecido a un tiempo y espacio concreto, pero debido a que éstos cambian, el
conocimiento debe adaptarse a esos cambios y, en consecuencia, su conocimiento
se torna infinito en la medida en que no se detenga este cambio.

Posteriormente, establece que las ciencias fácticas tienen como característica la


objetividad y la racionalidad, y que las formales requieren un tratamiento especial
en el sentido del método, por lo que se avocaría a la explicación más amplia de las
fácticas.

Es racional el conocimiento fáctico en cuanto a que se construye a partir de juicios


y conceptos, en cuanto a que puede retomar elementos formales, y en cuanto a que
su conocimiento no se encuentra disgregado, sino sistematizado en un orden de
ideas. Es objetivo porque guarda relación con su objeto de estudio y porque verifica
sus proposiciones a partir de la observación y experimentación.

De este modo, Bunge encuentra 15 características de las ciencias fácticas, las


cuales son:

1) Es fáctico porque se basa en los hechos, 2) trasciende los hechos porque no se


queda con ello, sino que puede entenderlos, explicarlos, y producir otros, 3) es
analítico, porque entiende los hechos a partir de sus partes para poder estudiarlos,
4) es especializado, debido al mismo modo en que entiende analíticamente los

1
Bunge, Mario. La Ciencia, su método y su filosofía. P. 7
hechos, 5) es claro y preciso, puesto que su rigor científico así lo exige y distingue
del conocimiento no científico. Aquí, Bunge resalta que la ciencia tiene una
formulación clara del problema; luego lo complejiza, lo purifica y rechaza; define los
propios conceptos que utiliza; crea un lenguaje propio; y realiza un registro de sus
avances2.

Por otra parte, 6) es comunicable, a pesar de que utiliza un lenguaje específico y


especializado, su intención es dar a conocer sus hallazgos, 7) es verificable, debido
a la propia característica de la ciencia en general, 8) utiliza un método, 9) es
sistemático, 10) coloca sus hallazgos particulares en la generalidad de su disciplina,
11) pretende encontrar leyes que permitan explicar los fenómenos estudiados, 12)
va más allá de lo descriptivo, hacia lo explicativo, 13) es predictivo, llevando las
situaciones más allá de la realidad concreta, preguntándose sobre cómo podría ser
o haber sido, 14) es abierta en tanto que no se permite concebir limitaciones al
conocimiento, si encuentra algo que no es susceptible de crítica o refutabilidad, no
será conocimiento científico, y 15) es útil, puesto que permite encontrar
herramientas que sirvan a la humanidad, puesto que debido a su objetividad,
eficiencia, y rigurosidad, resulta de mayor contribución que otros tipos de
conocimiento3.

¿Cuál es el método de la Ciencia?

Históricamente se ha encontrado que los científicos recurren a hallazgos o frases


famosas tomadas como verdaderas de modo permanente, demeritando el trabajo
real de la verificabilidad, pero también se han utilizado otros medios para ello, por
ejemplo la evidencia, aquí se establece como verdadero algo que parece ser
evidente, pero ello evade el trabajo de verificabilidad de modo similar a las
“verdades vitales”, donde se toma cono verdadero un elemento que
convenientemente es aceptado, ya sea así o por mero gusto.

Ha de ser enfatizado que el conocimiento científico puede ser falso, y lo que lo


caracteriza frente a otros conocimientos, como se ha visto, es el modo en que

2
Cfr., Ib., pp. 11-14
3
Cfr., Ib., pp. 14-23
genera conocimiento, la manera en que plantea problemáticas y pretende dar
solución a ellas.

En las ciencias, de acuerdo a si se trata de un problema formal o fáctico, su


verificación será puramente racional o requerirá de procedimientos empíricos, los
cuales tienen en la tarea y objetivo de realizar una verificación sistemática, y no
evadirla como de otro modo sería.

Respecto de la hipótesis se puede afirmar que se trata de una proposición


susceptible de ser verificada y planteada de modo general o particular, esto implica
tanto a las conjeturas con que se cuenta en una investigación como a las
suposiciones confirmadas en la misma.

Cuando se trata de una singular, su planteamiento puede hacerse del modo “este x
es p”, mientras que los particulares o existenciales serían “algún x es p”, y los
generales serían del modo “todo x es p”.

Bunge aborda el tema de la posibilidad de encontrar un método científico infalible


que lleve al descubrimiento de verdades, sobre lo cual menciona que han sido
numerosos los intentos por encontrar dicho método, pero todos han sido fracasos
al paso del tiempo, además, llega a citar a Bridgam al retomar la idea de que no hay
un método científico, sino que hay tantos métodos como científicos.

Por otra parte Bunge afirma la inexistencia e imposibilidad de un método único de


formulación de hipótesis que lleven con tal seguridad a la verdad, pero que el
método científico sí existe en tanto y se trata de una serie de pautas que permiten
saber cuándo el científico se está desviando del camino de la ciencia.

De cualquier modo, existen diversas maneras de llegar al conocimiento científico y


de formular hipótesis, pero la constante siempre es la verificabilidad de dicho
conocimiento, “La inducción, la analogía y la deducción de suposiciones
extracientíficas (p. ej. filosóficas) proveen puntos de partida que deben ser
elaborados y probados”4.

4
Ib., p. 33
El planteamiento de una hipótesis es necesario someterlo al análisis lógico para
comprobar su validez formal, pero, además de ello, es debido entender que la
hipótesis enunciada no debe ser sino analítica, porque por sí misma en modo no
analítico únicamente se puede dar un tratamiento formal, requiriendo de una
coincidencia con elementos empíricos para mantener su verificabilidad, mientras
que si se plantea analíticamente, se estará dando dentro de sí una probable
comprobación empírica.

Cuando se realiza un planteamiento sintético se trata de una afirmación que no


plantea más allá de lo que se habla, aquí “el método científico, aplicado a la
comprobación de afirmaciones informativas, se reduce al método experimental”5.

El método experimental se basa en la modificación de elementos que intervienen


en un fenómeno o hecho, donde el objeto recibe estímulos de alguna clase de modo
controlado. No es obligatorio realizarse en un laboratorio, puesto que no todos los
fenómenos pueden reducirse a un tratamiento de tal modo, ni tampoco requiere
partir de elementos concretos, puesto que se puede hacer desde datos obtenidos
sobre el fenómeno estudiado.

Se había mencionado que una hipótesis se trata de un enunciado fáctico particular,


y esto se debe a que de este modo es más sencillo realizar una verificación,
mientras que para enunciados fácticos generales se estaría hablando no de hechos,
sino de tipos o clases de hechos. Bunge niega la existencia de tales clases de
hechos en cuanto a que se estaría hablando de hechos generales, entonces
tampoco acepta el planteamiento de hipótesis generales.

Ante la verificación de la hipótesis, Bunge explica que debe ser tratada


particularmente y no de modo general, puesto que no es posible verificar
exhaustivamente ni directamente una proposición general, en cambio, cuando se
trata de una particular, también la verificación se realiza particularmente a hechos
concretos y con un tratamiento factible. Es por ello que deben ser formuladas sólo
preguntas precisas.

5
Ib., p. 34
Bunge señala otras 2 reglas del método científico: recolección y manipulación de
datos conforme a estadística, y no existen respuestas definitivas como tampoco
existen respuestas finales.

Respecto de los métodos teóricos, Bunge atribuye a la teoría la importancia de


establecer modelos conceptuales que permitan entender o interpretar datos
empíricos provenientes de un hecho o fenómeno.

De este modo, cuando se relaciona una serie de datos a una teoría, éstos quedan
apoyados por la misma y por su capacidad explicativa. De otro modo, si se tienen
datos de modo separado a la teoría, no se podría verificar puesto que tampoco se
pueden comprender.

La teoría siempre sirve de refuerzo a los datos empíricos, pero también las teorías
son susceptibles de someterse a verificación frente a nuevas teorías, luego de tal
verificación, se estará colocando una nueva confirmación o refutación de la teoría.

Para reforzar una hipótesis deben establecerse varios soportes, puesto que su
importancia radica en que “Cuanto más numerosos sean los hechos que confirman
una hipótesis, cuanto mayor sea la precisión con que ella reconstruye los hechos, y
cuanto más vastos sean los nuevos territorios que ayuda a explorar, tanto más firme
será nuestra creencia en ella, esto es, tanto mayor será la probabilidad que le
asignemos”6. Además, los soportes deben ser tanto racionales como empíricos,
puesto que de modo separado, ni uno ni otro permiten establecer una hipótesis lo
suficientemente fuertes como para ser aceptada.

Como ejemplo, Bunge coloca a los soportes extracientíficos o soportes psicológicos


y los soportes culturales, donde ambos ayudan a reforzar la aceptación de una
hipótesis siempre que confluyan y concuerden.

Este tipo de soportes se contraponen a los racionales y empíricos, y se encuentran


más tendientes hacia la preferencia individual dada su subjetividad, en

6
Ib., p. 39
contraposición a los soportes racionales y empíricos, que se encuentran tendientes
a la objetividad.

Es este el motivo por el cual deben ser más decisivos los empíricos y racionales
que los extracientíficos. Y, esto explica el por qué el método experimental por sí solo
no permite una aceptación plena de una investigación puramente experimental por
parte de la comunidad científica.

Para Bunge, el arte no tiene contradicción con la ciencia, puesto que “Si "arte"
significa una feliz conjunción de experiencia, destreza, imaginación, visión y
habilidad para realizar inferencias del tipo no analítico, entonces no sólo son artes
la medicina, la pesquisa criminal, la estrategia militar, la política y la publicidad, sino
también toda otra disciplina. Por consiguiente, no se trata de si un campo dado de
la actividad humana es un arte, sino si, además, es científico”7.

Bunge entiende por extensibilidad del método científico al lugar que ocupa la
filosofía en las ciencias, en cuanto a que tiene una relación e importancia para el
trabajo científico, además, la ciencia misma permite que cobre relevancia la filosofía,
sea científica o no.

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La filosofía científica puede equipararse a lo que han hecho el cientificismo, puesto


que pretende establecer la pauta para el sustento teórico del trabajo científico,
además, permite a la ciencia tener un rumbo y un objetivo.

Si bien esto implica que la ciencia por sí misma no encuentra un motivo de


investigación, no significa que no realice su labor, sino que no lo haría de modo
sistemático, y consecuentemente, dejaría de ser tal.

La filosofía permite la expansión del método científico a todos los campos de


conocimiento, dando fundamento teórico y sustento a la labor científica.

7
Ib., p. 41
La extensibilidad de la ciencia es, entonces, hacia una multiplicidad de conocimiento
debido a que la filosofía de la ciencia le ha dado tal capacidad, no quedándose sólo
en el campo de lo natural, sino que ha llegado al social.

Aquí cabe la pregunta sobre si el hecho de pretender hacer extenso el uso del
método científico hacia todos los campos de conocimiento implica el concebir de
modo dogmático a la ciencia y a su método como único deber ser epistemológico.

Esto implica un debate serio porque la ciencia se caracteriza, entre otras cosas, por
mantener una refutabilidad del conocimiento, o sea, no se permite generar
conocimiento no susceptible de ser cuestionado por pretender ser verdad absoluta,
entonces, el cuestionar la coherencia interna de la ciencia y de su aplicación
específicamente su propia característica de ser perfectible y falible, implica
cuestionar si en realidad es o no es ciencia aquel conocimiento y método que se ha
aceptado como tal.

Esto resulta en cierto punto un problema paradójico, y es necesario tener en cuenta


que si fuese dogmático este conocimiento, se utilizaría de modo absoluto una
verdad única, sin cabida al propio cuestionamiento antes explicado, puesto que el
dogma no admite tales preguntas, para él sólo existe una verdad y es la que guía
su vida, la que le explica todo su cosmos.

Se puede mantener una confianza de la filosofía científica puesto que ante un


cuestionamiento de tal magnitud no responde de modo evasivo ni absoluto, sino
que desarrolla los cuestionamientos y se replantea los elementos que resulten
insuficientes para responder y explicar.

El continuo cuestionamiento y replanteamiento de la validez de su trabajo es lo que


hace al investigador hacer ciencia, su suspicacia y su incapacidad de llegar a una
verdad absoluta le asegura la distancia adecuada respecto del dogma.

Conclusión

La ciencia ha nacido como un modo de entender los fenómenos a los que antes se
les atribuía un motivo dogmático, ya sea metafísico o no, ya sea a modo de leyenda
o mito, la ciencia ha permitido encontrar vías para el estudio y la generación de
conocimiento que no sean la vía fácil.

Fácil es decir que una fuerza más allá de lo tangible creó al mundo, puesto que tanto
se desconoce de éste que tal explicación cubre esa deficiencia, entonces, aparece
el dogma para cubrir sencillamente los vacíos que la razón pudiera dejar.

La razón podría entenderse como aquella conciencia que relaciona y retoma lo


empíricamente observado o demostrado, la razón aparece como el complemento
perfecto para el estudio descriptivo de los objetos. En combinación permite
establecer relaciones causales que generen hipótesis sobre lo observado y,
posteriormente, medios de comprobación de las mismas.

De modo parecido, la ciencia y la filosofía no son medios peleados, sino que se


complementan uno con la otro. El primero proveyendo de los elementos hipotéticos
y la información empírica sistematizada, el segundo dando una teoría sobre el
funcionamiento en un contexto determinado de los fenómenos observados.

Al complementarse ciencia más teoría, se encuentra una información coherente,


con sentido, relaciones causales, datos empíricos, hipótesis, y su comprobación
propiamente dicha.

Sí, es imperfecta esa información, pero se tiene la seguridad ahora de que no se


está dando una explicación sin fundamento y sin suficiente razonamiento como para
que sea atribuido a motivos que, de cualquier otro modo, se presentan sin base
concreta, coherente, ni mucho menos elementos empíricos contrastables y
verificables que permitan comprobar la validez ni veracidad mínima de tal
explicación.

Vale terminar el presente trabajo con una cita que, si bien es extensa, permite
entender de la letra mano de Bunge la gran posibilidad de relaciones que puede
encontrarse entre la ciencia y la filosofía, demostrando que si bien se le ha dado un
trato muy variado, se debe entender que no todos son debidos ni aceptables, puesto
que cuando se utilizan ambas para un objetivo perverso, se estará frente a la
posibilidad de hacer un uso tendenciado, sesgado, arbitrario, fanático, irracional, y
parcial. Y este tipo de usos de la ciencia y filosofía han legitimado muchos
desenfrenos y atrocidades de la humanidad, tales como las guerras mundiales, la
colonización, o la inquisición, donde se han dado explicaciones no científicas
propiamente, pero sí se han legitimado con bases discursivamente aceptadas:

“Si decimos "filosofía de la ciencia", damos a entender que se trata del examen filosófico de la
ciencia: de sus problemas, métodos, técnicas, estructura lógica, resultados generales, etc.[…]
Por "filosofía en la ciencia” o, más exactamente, "filosofía de la filosofía en la ciencia" debiéramos
entender, quizás, el estudio de las implicaciones filosóficas de la ciencia, el examen de las
categorías e hipótesis que intervienen en la investigación científica, o que emergen en la síntesis
de sus resultados. […] Y ¿qué designa "filosofía con la ciencia"? Esta expresión sugiere —
ambiguamente— que se trata de una filosofía que acompaña a la ciencia, que no se queda detrás
de ella, que no especula sobre el ser y el tiempo al margen de las ciencias que se ocupan de los
distintos tipos de ser y de acaecer: que es, en suma, una disciplina que no emplea conocimientos
anacrónicos ni trata de forzar puertas ya abiertas. […], por último, la expresión "filosofía para la
ciencia". Sugiere una filosofía que no se limita a nutrirse de la ciencia, sino que aspira a serle útil,
al señalar, por ejemplo, las diferencias que existen entre la definición y el dato, o entre la verdad
de hecho y la proposición que es verdadera o falsa independientemente de los hechos” 8.

Como se puede apreciar, la filosofía y la ciencia tienen una relación imperfecta, no


porque ellas sean propiamente incompatibles de modo absoluto, sino porque son
susceptibles de dárseles un uso particular y singular por cada uno de quienes
pretenda retomarlas a su modo.

8
Ib., p. 62 y 63