Sie sind auf Seite 1von 5

Remo F.

Entelman propone una teoría del Conflicto en General, pone a


consideración del lector la idea de un concepto universal de conflictos. Crea a los
mismos como una especie del género relaciones sociales y postula que en su gran
generalidad dichas relaciones contienen áreas de incompatibilidad de objetivos (o
conflictos), que coexisten con otras de compatibilidad o coincidencia de objetivos.

El libro se divide en dos partes: la primera es destinada a explorar el universo de los


conflictos; la segunda que contiene diversos análisis del objeto conflicto: una
Estática del Conflicto (capítulos 3 a 9) y la Dinámica del Conflicto (capítulos 10 a
13).

En la Primera Parte (El universo de los conflictos), entendemos que hay dos ideas
centrales: una primera referida a la existencia de conflictos entre pretensiones
antagónicas e incompatibles, en situaciones en las que el derecho declara
permitidas a ambas, es decir, abre el amplio universo conductas permitidas versus
conductas no permitidas. La otra idea central de esta primera parte consiste en la
descripción del sistema jurídico como un modo violento de resolución de conflictos.
De allí la trascendencia de abordar en las técnicas pacíficas.
F. Entelman sostiene que las normas jurídicas, la actuación profesional de los
abogados y las técnicas que la ciencia aplicada elabora, funcionan en la vida social
como instrumentos para la resolución de conflictos entre pretensiones incompatibles
de dos o más sujetos. Sin embargo, usamos un sistema jurídico cerrado de normas
que resuelve todos los enfrentamientos posibles, sobre la base del principio de
"norma de clausura", es decir “Lo que no está prohibido por la norma, está
permitido”.

En ese momento nos ponemos a pensar ¿Qué sucede con el numero infinito de
conflictos que el derecho desconoce? ¿Los deja de lado?, F. Entelman se empieza
a preguntar acerca del amplio espacio donde se producen los conflictos permitidos
contra los no permitidos.

Y así, aparecen, numerosos ejemplos en lo que cada uno de nosotros es libre (no
está prohibido) de pretender lo que pretendemos y el derecho no prevé proteger
dicha pretensión poniendo a cargo del otro la obligación de satisfacerla.
En tales situaciones, en el espacio de las confrontaciones permitidas, el método de
resolución de conflictos que ofrece el sistema jurídico no es aplicable. Dice el autor
que en ese momento se toma conciencia de que el conflicto con resolución prevista
en normas jurídicas es una parcialidad del género conflicto.
¿Cómo modificar, nuestra primera reacción, de pensar que no estamos
jurídicamente obligados ante determinadas conductas? ¿Cómo eliminar de nuestra
formación, la concepción, de que al no tener un sujeto de derecho obligado a lo que
se solicita no estamos en conflicto?.
Una porción de peldaño nos ha sido adjudicada en esta primera parte en donde se
nos invita a derribar barreras conceptuales; menuda tarea.
La segunda idea central de esta parte, resalta el carácter violento del sistema
jurídico de resolución de conflictos, en tanto recurre al uso o a la amenaza de la
fuerza.
El sistema jurídico es también un método de resolución de conflictos que trata de
excluir el uso de la violencia por los particulares. Sin embargo, el autor enfatiza que
la pretensión de asegurar la paz social no alcanza a eliminar totalmente el uso de la
violencia, al quedar reservada en el estado moderno a los órganos judiciales
encargados de administrar la fuerza sustraída a los particulares, en términos
reglamentados por el mismo sistema.

La segunda parte, contiene diversos análisis del objeto conflicto: una Estática del
Conflicto (capítulos 3 a 9) y la Dinámica del Conflicto (capítulos 10 a 13).
Al referirse a la estática del conflicto, aclara que esté termino sólo responde a un
afán pedagógico, ya que parecería contradictoria con la definición de conflicto, como
especie del género relación social, es decir, como una secuencia de conductas
recíprocas, cuya diferencia con ese género reside en la incompatibilidad de los
objetivos de los actores que las realizan. Tal sucesión de conductas es un proceso
dinámico.
Asimismo, analiza el desarrollo del conflicto, sus cambios en el tiempo, los
movimientos de ascenso y eventual descenso de su intensidad como también las
actitudes y percepciones de los actores y sus objetivos.
Al analizar el tema de los actores del conflicto continúa la línea planteada y en la
medida que categoriza al mismo como una relación social, infiere que sus actores
son seres humanos. Distingue dos grandes grupos: actores individuales y actores
plurales o colectivos. Una característica de los actores colectivos consiste en la
tensión que dentro de ellos se produce entre dos fuerzas opuestas: la "cohesión" y
la "fragmentación".

El conflicto aparece tratado como un fenómeno bipolar, representado por dos


campos en los cuales aparecen los actores enfrentados por la incompatibilidad de
sus objetivos. Anuncia, lo que luego desarrollará al tratar la intervención de terceros
en los conflictos.
Un aporte sustancial es la referencia a la toma de conciencia del conflicto por parte
de los sujetos que lo padecen como elemento para el tratamiento de los mismos.
Resalta también la relevancia de las percepciones del conflicto por sus actores.
Los objetivos o metas de los actores en los conflictos, son objetos, en sentido amplio
de la expresión, materiales o espirituales, a los que cada actor les agrega un valor.
Sigue a Rickert al distinguir entre objetivos concretos (aquellos más o menos
tangibles y que, de una u otra manera son susceptibles de ser pensados como
divisibles), simbólicos (son aquellos en los que en realidad el objetivo exhibido como
tal no es la única meta deseada por el actor en conflicto, sino más bien un
representante de otra) y trascendentes (aquellos en que el valor mismo está puesto
como objetivo porque no se divisa que esté anexo a un objeto tangible ni divisible).
Cerrando este punto, introduce un tema que desarrollará más adelante: cuando se
detectan objetivos simbólicos o trascendentes, el conflicto en que aparecen tienen
una dimensión distinta que cuando los objetivos en pugna son concretos y las
dificultades de administración y resolución de esos conflictos se multiplican.
Agrega otro recurso a nuestra tarea, al analizar si el conflicto que se presenta como
de objetivo único se puede tratar como uno de suma variable (proponer otras metas,
las que pueden ser de carácter cooperativo, dar algo de lo que para uno tenga
menos valor, pero más para el otro; otra manera consiste en dividir el objetivo,
cuando ello es posible).

Cita a Julien Freund, quien habla del conflicto como una relación signada por el
principio de tercero excluido, ya que una característica del conflicto es su
bipolaridad, y retoma esta idea considerar las posibilidades de su inclusión.
Los terceros participantes desempeñan roles y actúan dentro del campo magnético,
corriendo el riesgo de hacer implosión en uno de los campos (¨implotar¨, toma la
expresión de Freund, cuando un tercero que se aproxima demasiado a uno de los
campos del conflicto y termina por caer en él), cuya explicación vincula a la metáfora
de la fuerza de atracción de los campos del conflicto que ha denominado
¨magnetismo conflictual".
Didácticamente nos brinda una distinción práctica entre: A) Los terceros que
intervienen en la resolución: están aquellos a los que las partes en conflicto o el
sistema superior que las obliga, encomiendan la resolución del conflicto y la
consecuente determinación de qué parte obtendrá el objetivo incompatible (El juez
y el árbitro integran esta categoría) y - otros terceros distintos de los anteriores en
el sentido de que no se les adjudica el conflicto ni ellos resuelven o adjudican los
objetivos (Los mediadores, los denominados moderadores, posibilitadores o
facilitadores de comunicaciones integran esta categoría) y B) Terceros que
participan en el conflicto: continúa con Freund, e incluye dentro de esta categoría lo
que llama terceros disuasores, aquellos cuyo poder les permite obligar a la
terminación del conflicto bajo la amenaza de intervenir en él. Similar es la figura del
persuasor, aquél tercero que por una razón u otra tiene el poder peso suficiente de
influencia.

Esta clasificación, presentada sucintamente, es otro aporte concreto a la práctica


que transmite Entelman para todos aquellos que participen en un conflicto, siendo
fundamental clarificar el rol de cada uno de los terceros y el propio.
Al desarrollar el tema tríadas y coaliciones toma como fuente la obra de Theodore
Caplow. Los agrupamientos o sistemas humanos presentan diferencias, en ciertos
casos, según el número de miembros que los integran. Así se habla de díadas,
tríadas, tétradas o péntadas, para referirse a grupos de dos, tres, cuatro o cinco
miembros. Realza a las tríadas (tal como la define Caplow, es un sistema social
formado por tres miembros relacionados entre sí en una situación persistente) ya
que, todos los grupos de más de tres miembros pueden ser reducidos a tríadas y
pensados triádicamente.
Al hablar de intensidad del conflicto, la vincula con la intensidad de los medios o
recursos de poder que utilizan las partes en busca de sus objetivos (se incluye
también la amenaza de esa utilización).
Reafirma el carácter dinámico del conflicto lo que produce una inevitable y
permanente alteración de sus términos. Llama escalada o escalamiento a un
movimiento hacia niveles de mayor intensidad de la conducta conflictiva de
cualquiera de los actores. Inversamente, el desescalamiento es un desplazamiento
hacia niveles más bajos de intensidad. En la medida que uno de los actores escala,
la situación conflictiva hace propicia la aparición de nuevas pretensiones de
cualquiera de las partes o de ambas, esto es, la propuesta de objetivos nuevos, que
supone la extensión del conflicto (la extensión es, en sí misma, una forma específica
de escalada).
Brinda algunas precisiones, como que el desescalamiento que no puede generarse
por acuerdo expreso o tácito entre las partes, sólo puede intentarse con la institución
de terceros, institución que cada vez juega más un rol predominante en el manejo
de conflictos de alta intensidad.

En lo que denomina variables de la conducta conflictiva, toma tres aspectos de la


interacción descriptos por Mansbach y Vásquez: 1) acuerdo versus desacuerdo
(pertenece al plano de la conciencia intelectual); 2) realización de actos positivos
versus realización de actos negativos (pertenece a la esfera volitiva, actúan como
un directo inductor en el aumento o disminución de los niveles de amistad y
hostilidad, facilitan los positivos o dificultan los negativos el alcance de las metas
del otro actor) y 3) amistosidad versus hostilidad (pertenecen al plano afectivo,
tienen una incidencia directa a su vez en la generación de actos positivos o
negativos y en la obtención de acuerdos o en generación de desacuerdos). Las
últimas dos variables tienen que ver con la conducta y las actitudes de los actores,
mientras que la primera se vincula a la inteligencia por éstos respecto de los temas
y objetivos con relación a los cuales interactúan.

Concluye, en que, cuanto más amplio es el conjunto de temas que relacionan a las
partes, en lo que ha llamado relaciones de suma variable, mayor es la posibilidad
de operar con modelos de intercambio de acuerdos y desacuerdos, en los que las
concesiones recíprocas posibiliten la terminación satisfactoria de los conflictos.
Otro aporte más tendiente a un profundo análisis del conflicto es la referencia a la
noción de dimensión, como las actitudes de los actores con relación al adversario y
al objetivo o meta en conflicto. Se pueden identificar dos actitudes distintas: las que
centran el conflicto en los actores y las que lo centran en relación con los objetivos.
Recomendamos leer detenidamente los conceptos vertidos en este capítulo
referidos a las dificultades cuando el conflicto es actoral.
Con referencia a la etapa final de los conflictos distingue los conflictos casuales o
accidentales respecto de la relación; considera que podrían ser suceptibles de
terminación, reserva la expresión resolución para la etapa final de aquellos otros
que muestran una especie de presencia reiterada, que parecen intrínsecos de la
particular relación en la que se producen.
Al margen de los métodos de resolución disponibles, considera que son muy pocos
los modos en que terminan los conflictos.

Caracteriza la negociación, en todas sus formas, como método endógeno,


entendido éste como el que se desenvuelve dentro mismo del sistema en conflicto.
Los que se desenvuelven fuera del sistema en conflicto, son los métodos exógenos,
prototipo de los cuales es el proceso judicial, en la medida en que resulta
emblemático de la intervención de un tercero en el proceso de terminación.
A su vez clasifica a los métodos exógenos en función a un criterio que considera
esencial: la distinción entre participación o intervención, ejemplifica con la mediación
como típica intervención de terceros que no resuelven.
Siembra la inquietud en cuanto a la elección por parte de los actores del método de
resolución y brinda una serie de elementos, reconociendo la dificultad de la
búsqueda y el hallazgo de soluciones nuevas. Una interesante invitación a la
reflexión.

A modo de cierre concluyo, que Entelman a través de su libro nos indica una línea
conceptual sobre la cual trabajar frente a un conflicto: considerar sus actores, su
número y su conciencia acerca del conflicto; los objetivos, el poder que tuvieran, los
terceros en el conflicto, las tríadas y coaliciones, la intensidad del conflicto con sus
escaladas y desescaladas, sus dimensiones y la etapa final. Consideramos el
comienzo de una gran tarea, hacia un nuevo paradigma.