Sie sind auf Seite 1von 3

La filosofía encarnada por Sócrates según Merleau-Ponty

En una parte de su hermosa exposición en el Collage de France llamada “Elogio de la


filosofía” Merleau-Ponty se lamenta del estado actual de la filosofía en el cual ha
dejado de interpelar a los hombres. Considera que lo que hay de insólito y casi
insoportable en la filosofía se ha escondido en la vida decente de los grandes sistemas
filosóficos. Cree Merleau-Ponty que hay que volver a filosofar como lo hacía Sócrates.

-Sócrates: la tensión de la filosofía con la religión y las leyes

Sócrates es la figura que reivindica el pensador francés: no escribía, no enseñaba en


cátedras del estado sino que se dirigía a los hombres del común que encontraba en la
calle, en los mercados, en las plazas. A todo aquel que se cruzara en su camino y
estuviera dispuesto a filosofar. Esta forma de hacer filosofía le conllevo problemas con
la opinión publica y los poderes encarnados por la religión y por la ciudad ya que:

“El enseña que la religión es verdadera, y se lo ha visto ofrecer sacrificios a los dioses.
Enseña que se debe obedecer a la Ciudad, y es el primero en obedecerla hasta el fin
(...) [pero] la religión es, pues, verdadera, pero de una verdad que ella misma no sabe,
verdadera como Sócrates la piensa y no como ella se piensa. E igualmente, cuando
justifica la Ciudad, es por razones suyas y no por razones de Estado”1.

Sócrates no acepta la religión ni las leyes de la ciudad por mera tradición o imposición,
sino que piensa por qué hay buenas razones para aceptarlas. Piensa por sí mismo y
en ese pensamiento se involucra activamente con la ciudad porque Sócrates cree que
la filosofía:
1
Merleau-Ponty, Maurice. Elogio de la filosofía, Buenos Aires: Editorial Nueva Visión, 2006, pág. 25.
“no es como un ídolo cuyo guardián sea él, y al que debería poner en lugar seguro
sino que está en su relación viviente con Atenas, en su presencia ausente, en su
obediencia sin respeto”2.

Pero entre la obediencia simple y llana que se espera de él y la obediencia sin respeto
a través de la filosofía que realiza efectivamente, hay un abismo que las separa:

“Sócrates cree en la religión y en la Ciudad en espíritu, y en verdad, ellos creen en eso


literalmente. Sus jueces y el no están sobre el mismo terreno. Si se hubiese explicado
mejor, se habría visto bien que no buscaba nuevos dioses y que no despreciaba a los
de Atenas: lo único que hacía era darles un sentido, los interpretaba. La desgracia es
que esta operación no es tan inocente (...) La religión interpretada es, para los otros, la
religión suprimida, y la acusación de impiedad es el punto de vista de los otros sobre
él. El da razones para obedecer a las leyes, pero es ya demasiado tener razones para
obedecer: a las razones se oponen otras razones y el respeto desaparece. Lo que se
espera de él es justamente lo que no puede dar: el asentimiento a la cosa misma y sin
preámbulos. Al contrario, él se presenta ante los jueces, pero para explicarles lo que
es la Ciudad. No aboga por sí mismo, aboga bien por la causa de una ciudad que
aceptaría la filosofía”3.

Sócrates mediante la filosofía buscaba mejorar la ciudad a través de razones cuando


la ciudad solo exigía obediencia debida a las leyes y la religión.

-La tarea de la filosofía

Merleau-Ponty resalta que para Sócrates la filosofía no se plasmaba en teorías


expuestas en libros, ni en la educación formal en cátedras sino que era la tarea activa
que se realiza con otros, porque “filosofar es buscar, implica que hay cosas que ver y
que decir. Ahora bien, hoy en día casi no se busca. Se “vuelve” hacia una u otra de las
tradiciones, se la “defiende”. Nuestras convicciones se fundan menos sobre valores o
verdades percibidas que sobre los vicios o los errores de aquellos que no queremos.
Amamos pocas cosas, si detestamos muchas”4.

La filosofía sigue siendo la búsqueda incesante de la verdad, una búsqueda que se


opone al facilismo de tomar una tradición como trinchera frente a los otros que
odiamos, que se opone a la tradición cuando “las ideas dejan de proliferar y de vivir, [y]

2
Merleau-Ponty, Maurice. Elogio de la filosofía, Buenos Aires: Editorial Nueva Visión, 2006, pág. 26.

3
Merleau-Ponty, Maurice. Elogio de la filosofía, Buenos Aires: Editorial Nueva Visión, 2006, pág. 26-7.

4
Merleau-Ponty, Maurice. Elogio de la filosofía, Buenos Aires: Editorial Nueva Visión, 2006, pág. 28-9.
caen en el rango de justificaciones y de pretextos, son reliquias, puntos de honor, y lo
que pomposamente se llama el movimiento de las ideas, se reduce a la suma de
nuestras nostalgias, de nuestros rencores, de nuestras timideces, de nuestras fobias.
En este mundo en el que la denegación y las pasiones taciturnas tienen el valor de
certidumbres, no se intenta sobre todo ver, y la filosofía, porque exige ver, pasa por
impiedad”5.

La tarea de la filosofía es la actividad de ver lo que no se ve y la exigencia de hacer


ver al otro lo que no se ve. Es una tarea que se realiza junto a los otros, que se
elabora, desarrolla y cristaliza al calor viviente de diálogos y discusiones, a través de la
búsqueda de las mejores razones tanto para sostener nuestro punto de vista y para
tratar de extenderlo hacia el punto de vista del otro, para que lo que el otro no ve y
nosotros si pueda llegar a verlo. O a la inversa cuando el otro transforma nuestra
mirada sobre un determinado asunto y nos permite re-educar nuestro punto de vista.

De esta manera la filosofía se convierte en el arte de hacer ver lo que no se ve, y que,
sin embargo, es visible y casi imposible de no ver; que se vuelve necesariamente visto
apenas ha sido mostrado en lo visible a través de las palabras, siendo este arte la
parte más bella de la inteligencia. Siendo este arte el filosofar.

-Bibliografía

Merleau-Ponty, Maurice. Elogio de la filosofía, Buenos Aires: Editorial Nueva Visión,


2006

5
Merleau-Ponty, Maurice. Elogio de la filosofía, Buenos Aires: Editorial Nueva Visión, 2006, pág. 29.