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La aperturidad y la caída del Dasein

Danniella Parada Bocaz, Psicóloga / Magister en Filosofía, Troncal “Pensamiento

contemporáneo” / Docente: Carlos Martel


“La caída desvela una estructura ontológica esencial del Dasein mismo,

estructura que, lejos de determinar su lado nocturno,

conforma más bien, en su cotidianidad, la totalidad de sus días”

Martin Heidegger, Ser y Tiempo.

En De la esencia de la verdad, conferencia pronunciada en Bremen el año 1930, Heidegger

dice: “El hombre anda errante”. La palabra que usa es irrt, verbo que en español –según

nos muestra la nota al pie del traductor- significa tanto “vagar” como “equivocarse” (2000,

p. 166). Intentaremos rastrear este concepto tomando como base Ser y tiempo, la

conferencia antes mencionada y “De la esencia del fundamento”, tratado que data del

mismo período.

En Ser y tiempo, Heidegger se propone responder a la pregunta por el ser, exactamente a

la pregunta por el sentido del ser, y en ella atribuye una importancia fundamental a la

existencia humana, al Dasein. El centro del planteamiento está en la relación entre lo

“humano” (en muchas comillas) y el ser, ser que se halla en nosotros, a diferencia de lo

propuesto por la tradición metafísica, en la que el ser se encuentra fuera, se concibe, se

alcanza o se enfrenta. El Dasein no es tan sólo un ente que se presenta entre otros entes, el

Dasein es un estar (sein) en el Ahí (Da) del ser, es un ente al que le va el ser, un ente que en

su ser mismo consiste en comprensión del ser. Heidegger plantea que “este ente que

somos en cada caso nosotros mismos, y que, entre otras cosas, tiene esa posibilidad de ser

que es el preguntar, lo designamos con el término Dasein” (2005, p. 30). Es constitutivo del

Dasein el hecho de tener en su ser una relación de ser con su ser, lo que quiere decir que: “La

comprensión del ser es, ella misma, una determinación de ser del Dasein (2005, p. 35). Heidegger

caracteriza a este Dasein, entre otras cosas como aquél que “se encuentra abierto” para sí

mismo y es ontológico. El Dasein es, en definitiva, el ente que debe ser interrogado

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respecto al Ser. Es por medio del análisis del ser del Dasein que Heidegger pretende llegar

a la comprensión del ser en general, análisis que denomina “analítica existencial”.

Pero ¿a qué se refiere estar abierto? Dos cosas fundamentales: la esencia del Dasein es la

existencia –si es que se puede hablar de “esencia”-y el sentido del ser es el Tiempo. Para

Jorge Rivera “existir es estar siendo, es salir hacia fuera, hacia ese fuera que es el propio sí-

mismo en tanto que venidero” (2001, p. 17), es una instalación radical, una situación en la

que ya estamos y que permite el porvenir, es un pre-sente (Gergen-wart), no un pasado,

presente y futuro por separado, sino que es “un solo acontecer radical que se llama Sorge o

cuidado” (Rivera, 2001, p. 17), preocuparse de lo que se es y estar en medio de los entes.

Ese espacio que se abre es el lugar del ser. El cuidado (Sorge) no tiene que ver con sentirse

acongojado, triste, ni está en relación con las “preocupaciones de la vida” (Heidegger,

2005, p. 83), esto sería entender la sorge de manera óntica, y estamos obligados a pensarla

ontológicamente, lo que quiere decir que el estar-en-el-mundo del Dasein es

“esencialmente ocupación” (Heidegger, 2005, p. 83) y no una propiedad que tiene a veces

y otras no. Es constitutivo del Dasein el hecho de estar en relación y ocuparse del mundo;

no es que éste exista en un primer momento y después, entre en contacto con el mundo,

ambas cuestiones se dan de manera cooriginaria. Ya decíamos que al Dasein le va su ser, y

esto es en definitiva, que se ocupa de él, “su ser es incumbencia de sí mismo” (Heidegger,

2005, p. 19), se preocupa y se conoce a sí mismo y además al ser en general. Este conocerse

a sí mismo es, por decirlo de alguna manera, sumamente problemático, “el Dasein está

iluminado (erleuchtet) (…) está aclarado a sí mismo”, no aclarado por otro ente, sino que en

sí mismo es luz, “es la claridad (Lichtung)” pero, y cuestión interesante, puede al mismo

tiempo encontrarse oculto en esa luz, puede estar en la oscuridad. Y a raíz de esto,

Heidegger agrega: El Dasein es su aperturidad (Erschlosenheit) (Heidegger, 2005, p. 157) lo

que quiere decir que este ente es cotidianamente su ahí. La comprensión preontológica del ser

está velada, es oscura, es silenciosa: “en los hondones del Dasein habita el silencio vivo del

ser, que tal vez sólo sea audible para un escuchar poético” (Rivera, 2001, p. 21). Y esto

debido a su apertura en lo cotidiano.

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1.- Aperturidad

Erschlosenheit es el concepto que Jorge Rivera traduce por “aperturidad”, y que significa –

como podemos leerlo en las notas a la traducción –“el hecho de que el Dasein está abierto,

abierto al mundo, abierto a sí mismo, abierto a los demás Dasein, y sobre todo, abierto al

Ser” (Heidegger, 2005, p. 474). Para Ramón Rodríguez, la apertura de la existencia es el

concepto fundamental de Ser y tiempo (Rodríguez, 2006, p 115).

Las cosas intramundanas se muestran siendo o Vorhandenheit o Zuhandenheit, según el

caso, gracias a la previa aperturidad del mundo. Este abrirse del mundo es la condición de

posibilidad de que las cosas sean, en su modo de ser. A diferencia de este modo de ser de

los entes, el ser del Dasein es completamente diferente, su mera apertura es su condición

de posibilidad, el Dasein es su “abrirse”, y como ser en el mundo está iluminado en sí

mismo, no por otro ente, si no que él es su iluminación (Rodríguez, 2006, p 115).

La Erschlossenheit del Dasein, la apertura de la existencia, es la condición de posibilidad de

todo descubrir y estar descubierto. Con ella se llega al “fenómeno originario de la verdad”

(Rodríguez, 2006, p. 116). La actividad de descubrir es propia del Dasein. La verdad es

posible gracias a la apertura del Dasein, es a partir de esta apertura del mundo que los

entes aparecen ante el ser. La apertura es constitutiva del Dasein y en cuanto abierto

descubre y conoce, y es esencialmente verdadero (p. 116), a partir de lo cual, Heidegger

concluye: “Hay verdad sólo en cuanto y mientras el Dasein es” (Heidegger, 2005).

“No cabe por lo tanto entenderla [a la Erschlossenheit] como un desdoblamiento del sujeto

que vuelve sobre sí mismo y se contempla, como una reflexión del conocer sobre el ser,

sino como un abrirse inobjetivo por el que la existencia se comprende en la misma medida

en que es en el mundo” (Rodríguez, 2006 p. 119): el Dasein es su apertura. Todas estas

consideraciones en torno a la apertura cuestionan la idea de sujeto-objeto, conocedor-

conocido, mundo y sujeto cognoscente. “Ni el mundo, correlato de la acción primaria, es

un objeto, ni el proyectarse hacia él una actividad subjetiva” (p. 119) por lo que el abrirse

de la existencia no se puede entender como una autoconciencia. En Ser y tiempo, el

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Dasein no tiene la función de crear, construir o aprehender y percibir los objetos del

mundo, si no que más bien existe una apertura que permite que los objetos aparezcan ante

él, se manifiestan. No existe, tampoco, primero uno, un sujeto, y luego otro, un objeto, o un

mundo previo al conocer del Dasein, si no que por el contrario, son cooriginarios: “mundo

y proyecto se copertencen” (Rodríguez, 2006 p. 120).

La Erschlossenheit de la existencia apunta a la superación del sujeto, porque no se refiere a

algo de éste, a una cualidad, si no que se refiere más bien a un “espacio iluminado en que

se hace posible el encuentro fenomenológico sujeto-objeto, el darse de las cosas mismas, su

intencionalidad” (Rodríguez, 2006 p. 120)

2.- Disposición afectiva

El ser del Dasein es distinto al de lo intramundano, lo que se muestra en los diferentes

existenciales: Disposición afectiva, el comprender, el interpretar y el discurso (lenguaje).

Lo que en el orden ontológico designamos con el término de disposición afectiva

[Befindlichkeit] es ónticamente lo más conocido y cotidiano: el estado de ánimo, el temple

anímico. (…) Será necesario ver este fenómeno como un existencial fundamental y

definirlo en su estructura (Heidegger, 2005, p. 158).

Que los estados de ánimo se estropeen y puedan cambiar, sólo prueba que el Dasein ya

está siempre anímicamente templado (Heidegger, 2005, p. 158).

La disposición afectiva o estado de ánimo, tiene tres características ontológicas

fundamentales.

1. La disposición afectiva abre al Dasein en su condición de arrojado, y lo hace inmediata y

regularmente en la forma de la aversión esquivadora.

En el temple de ánimo, el Dasein ya está siempre afectivamente abierto como aquel ente al

que la existencia [Dasein] le ha sido confiada en su ser, un ser que él tiene que ser

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existiendo. Abierto no quiere decir conocido como tal. Y justamente, en la más indiferente

y anodina cotidianidad el ser del Dasein puede irrumpir como el nudo factum de “que es y

tiene que ser”. Lo que se muestra es el puro “qué es”; el de-dónde y el adónde quedan en

la oscuridad (Heidegger, 2005, p. 159). El Dasein por lo general no cede a estos estados de

ánimo, no se deja llevar ante lo abierto, y por medio de este mismo no dejarse llevar “se

desvela el Dasein en su estar entregado al Ahí. En el mismo esquivar está abierto el Ahí”.

Este estar abierto en sí mismo, en el “que es”, a pesar de no tener claridad del dónde y

hacia dónde, es lo que llamamos la condición de arrojado que se relaciona con la facticidad

del Dasein, la que es un carácter del ser del Dasein, “aunque por lo pronto reprimido”

(Heidegger, 2005, p. 159).

“En la disposición afectiva, el Dasein ya está siempre puesto ante sí mismo, ya siempre se

ha encontrado, no en la forma de una autopercepción, sino en la de un encontrarse

afectivamente dispuesto”. El Dasein ya siempre ha tenido que encontrarse, “pero un

encontrarse que, más que un directo buscar, se origina en un huir” (Heidegger, 2005,

p.160)

El estado de ánimo es un modo de ser originario del Dasein, y es previo a todo conocer, el

que puede venir posteriormente por medio de una voluntad, que está más allá de su

capacidad de abertura. Un estado de ánimo sólo se conoce por medio de su contrario. Para

Heidegger, esta característica propia del Dasein escapa a todo psicologismo, está lejos de

ser una aprehensión reflexiva, la que siempre es posterior a toda apertura.

El mero estado de ánimo abre el Ahí más originariamente; pero también lo cierra más

obstinadamente que cualquier no percepción (Heidegger, 2005, p. 161).

2. La disposición afectiva es un modo existencial fundamental de la aperturidad cooriginaria

del mundo, la coexistencia y la existencia, ya que esta misma es esencialmente un estar-en-

el-mundo.

El estado de ánimo nos sobreviene. No viene ni de “fuera” ni de “dentro”, sino que, como

forma del estar-en-el-mundo, emerge de éste mismo. No es por lo tanto algo interno,

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psíquico, que luego se exterioriza “para colorear las cosas y las personas” (Heidegger,

2005, p. 161).

3. El temple de la disposición afectiva es el constitutivo existencial de la apertura del Dasein al

mundo.

“Y sólo por pertenecer ontológicamente a un ente cuyo modo de ser es el del estar-en-el-

mundo en disposición afectiva, pueden los “sentidos” ser “tocados” y “tener sentido

para”, de tal manera que lo que los toca se muestre en la afección” (Heidegger, 2005, p.

162). La afección no podría tener lugar si el estar-en-el-mundo no consistiera ya en una

disposición afectiva, que entrega la posibilidad de ser afectado por el ente intramundano,

por lo que el Dasein le debe al estado de ánimo el descubrimiento primario del mundo.

3.- Caída

En relación al ser cotidiano y a la caída, Heidegger pregunta: “¿cuáles son los caracteres

existenciales de la aperturidad del estar-en-el-mundo cuando este estar-en-el-mundo se

mueve en la cotidianidad en el modo de ser del uno?” (2005, p. 190). La pregunta tiene

sentido cuando pensamos que el Dasein, al encontrarse en lo cotidiano pierde esa luz,

debido a que se pierde en el uno y es dominado por él. “En cuanto arrojado en el estar-en-

el-mundo, ¿no está el Dasein arrojado ante todo precisamente en lo público del uno?”

(2005, p. 190), el carácter público, dirá Heidegger, es la aperturidad del uno.

Heidegger parte de un análisis del comprender y el interpretar que son propios del uno,

para entender la condición de arrojado del Dasein. Para esto, parte en el parágrafo 35 de

Ser y tiempo tratando el tema de la Habladuría [Gerede], que en términos positivos,

significa “un fenómeno que constituye el modo de ser del comprender y de la

interpretación del Dasein cotidiano”, es el estado expresivo del lenguaje, que implica “una

comprensión del mundo abierto” y una comprensión de la coexistencia con los otros y de

la existencia propia (2005, p. 190). La particularidad de la habladuría reside en el uso del

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lenguaje, en la comunicación que implica la participación de otro que escucha, que lleva al

que escucha hacia lo dicho en el discurso. La habladuría, es a su vez, siempre una

obstrucción, el discurso tiene la opción de convertirse en habladuría, “y en cuanto tal, de

no mantener abierto el estar-en-el-mundo en una comprensión articulada, sino más bien

de cerrarlo, y de encubrir así el ente intramundano. Para esto no se necesita tener la

intención de engañar. La habladuría no tiene el modo de ser de un consciente hacer pasar

una cosa por otra. El desarraigado haberse dicho y seguirse diciendo basta para que el

abrir se convierta en un cerrar. En efecto, lo dicho es comprendido siempre, en primer

lugar, como “diciente”, esto es, como descubriente. Y de esta manera, al no volver al

fundamento de las cosas que se habla, la habladuría es siempre y de suyo una

obstrucción” (Heidegger, 2005, p. 192). Es por medio de la habladuría que el uno

determina la relación del Dasein con el mundo, ya nunca el Dasein se encuentra ante las

cosas de manera “pura”, e incluso su disposición afectiva siempre está mediada por el

uno, no es posible contemplar el mundo sin la contaminación de lo público, que vendría a

ser lo que determina lo “que se ve y cómo se lo ve” (p. 192). La habladuría, como aquel

modo de ser de la comprensión del Dasein es existencialmente desarraigada, acontece

como “un permanente desarraigo”, ya que el Dasein tiene “cortadas las relaciones

primarias, originarias y genuinas con el mundo” (Heidegger, 2005, p. 193).

La caída es un modo fundamental del ser de la cotidianidad. Así como la habladuría, la

caída [Verfallen] no tiene ningún valor negativo, es la palabra con que Heidegger designa

el hecho de que el Dasein se encuentra en medio del mundo, es la manera en que el Dasein

está perdido en el uno, en lo público del uno. No se debe entender tampoco como que el

Dasein tuvo en algún momento un estado original puro y más alto desde el que cayó. La

caída es una determinación existencial, que refiere al hecho de que el Dasein ha caído en el

mundo y convive con los demás entes a través de la habladuría, la curiosidad (el hecho de

ver todas las cosas y de estar en todas y en ninguna parte) y la ambigüedad. El Dasein, en

la habladuría y en el estado interpretativo es quien se da a sí mismo “la posibilidad de

perderse en el uno, de caer en la carencia de fundamento” o lo que sería lo mismo, se da la

tentación de caer. “El estar-en-el-mundo es en sí mismo tentador”. A su vez, la presunción

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del uno de dirigir la vida del Dasein le da a este la sensación de tranquilidad, según la que

“todo está en perfecto orden”. Por lo que el estar-en-el-mundo, la caída, tiene el carácter de

tentador y de tranquilizador a la vez. Esta tranquilidad no lleva a la quietud, sino que por

el contrario, al ajetreo desenfrenado, “la tranquilización tentadora acrecienta la caída”

(Heidegger, 2005, p. 200). El incesante querer conocerlo todo, la curiosidad abierta en

todas direcciones lleva al Dasein a la ilusión de una comprensión universal. En este

comprender el Dasein se precipita a una alienación: “la alienación tentadora y

tranquilizante de la caída lleva, en su propia movilidad, a que el Dasein se enrede en sí

mismo” (Heidegger, 2005, p. 200). Así, estos cuatro aspectos (tranquilización, tentación,

alienación y el enredarse) son los que caracterizan la caída. Heidegger agrega que la

movilidad de la caída es un torbellino. Este torbellino muestra también la movilidad de la

condición de arrojado, la que no sería un “hecho consumado”, sino que es más bien un

constante movimiento , un estado de lanzamiento en el que el Dasein es “absorbido por el

torbellino de la impropiedad del uno”. En definitiva, la caída muestra la estructura

fundamental, esencial del Dasein, que como señalamos al comienzo, conforma la totalidad

de sus días. La caída, dice Heidegger, es “un concepto ontológico de movimiento”

(Heidegger, 2005, p. 201).

4.- Misterio

En la esencia de la verdad, aparece la noción de libertad como aquella condición de

posibilidad de la verdad, y se entiende como el dejar ser al ente. Sin embargo, este dejar

ser al ente implica también el ocultamiento de lo ente en general “el dejar ser es en sí,

simultáneamente ocultar. En la libertad existente del Dasein acaece la ocultación del ente

en su totalidad, es el ocultamiento” (Heidegger, 2000). Este ocultamiento de lo ente en su

totalidad no se supera a raíz del progreso del conocimiento ni de las ciencias, es siempre

conocer los entes y ocultar el ser, este ocultamiento es lo que Heidegger denomina el

misterio.

El ocultamiento sería la no-verdad. ¿Esto significa que el ocultamiento es el no-ser? El no-

ser, más que una pura negatividad, tiene relación para Heidegger con un campo aún no

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experimentado, más antiguo, más originario que el dejar ser a lo ente. El ocultamiento

sería algo así como la esencia de la libertad, lo que hace que sea, entre ocultamiento y

libertad habría una relación fundamental.

Mientras más se apega el comportamiento humano a lo inmediatamente dado y

manifiesto, más se aleja y olvida su radicación en el misterio (Rodríguez, 2006, p. 126), y es

para Heidegger ese aferrarse a lo dado, y ese ir de aquí para allá entre los entes como lo

más próximo y cotidiano, lo que llama la insistencia y donde aparece el error, en el sentido

de “vagar sin rumbo determinado, y que como olvido del misterio, es el origen de los

errores que desfiguran, deforman o disimulan la realidad” (Rodríguez, 2006, p. 126),

libertad, insistencia y errar están estrechamente relacionados, ya que la libertad pone en

primer plano a los entes que aparecen, y en esa maniobra olvida al ser, lo oculta. La caída

es la insistencia a aferrarse a esto inmediato, al ente, olvidando el misterio.

Para terminar, es preciso señalar que el Dasein perderá su carácter de claridad en la caída

en la cotidianidad, la privación de fundamento queda encubierta por la evidencia y la

certidumbre de la cotidianeidad, que son junto a la habladuría, la “realidad” más cotidiana

y más tenaz del Dasein. El Dasein se mantiene en suspenso, en una extrañeza que no lo

inquieta, se siente cómodo y tranquilo en lo uno, lo que lo lleva a ver todo y entenderlo

todo, arrastrado por este torbellino que es la caída. Para escapar, a esta comodidad de la

cotidianidad que entrega lo uno y enfrentarse a su verdadero ser, la angustia y el

adelantarse hasta la muerte son los únicos acontecimientos que pueden permitírselo.

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Bibliografía

Heidegger, Martin. (2005) Ser y tiempo. Santiago de Chile: Editorial Universitaria.

Heidegger, Martin. (2001) Hitos. Madrid: Alianza Editorial.

Rivera, Jorge. (2001) Heidegger y Zubiri. Santiago de Chile: Editorial Universitaria.

Rodríguez, Ramón. (2006) Heidegger y la Crisis de la Época Moderna. Madrid: Editorial


Síntesis.

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