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Antecedentes

Una de las principales causas de la deforestación en la República Dominicana, y


en específico de los bosques secos del país, es el uso de la madera como carbón
y leña para el consumo doméstico. El país experimentó un decrecimiento radical
de consumo de energía vegetal, de un 90% en 1980 a un 12% en 2002, que se
atribuye, en gran medida, a políticas gubernamentales como el subsidio al gas
licuado de petróleo. Sin embargo, en zonas rurales, la leña y el carbón vegetal
siguen siendo el combustible preferido, y es posible que la demanda sea la
responsable del aumento en la producción de carbón, que se ha incrementado
desde 2006.

Consecuencias
Esta práctica pone en peligro el medio ambiente y los recursos naturales, pues se
da como un hecho que en todas las comunidades de esta demarcación las manos
del hombre acudan a la tala de árboles de manera sistemática para hacer y
comercializar el carbón.

Una información básica para la planificación es la equivalencia de superficie


forestal en relación a la demanda de combustibles forestales. Esto se hizo en el
Suroeste que es la región de trabajo del proyecto.

En primera instancia se considera que un 87% de la leña de uso domiciliar no


origina desmonte. Además se estima una producción de 20 t/ha de madera en el
bosque seco utilizando el manejo racional a través de la corta selectiva (ciclo de
corta de 11 años). De esta manera se necesitarán anualmente 21 400 ha de
bosque seco para atender la demanda de la región Suroeste.

Si se asume que el 50% de la demanda de carbón del Distrito Nacional proviene


del Suroeste, esto significaría una superficie adicional de 13 520 ha por año,
totalizando un área aproximada de 35 000 ha por año.
Si consideramos que todavía existen 318 000 ha de bosque seco (GTZ) y otras
110 000 ha de bosque seco degradado, podemos concluir que el equilibrio entre la
demanda y la oferta no está garantizada y que la actividad del manejo del bosque
seco debe ser una primera prioridad, además de implementar tecnologías
mejoradas de producción de carbón (hornos de ladrillos) y de uso de los
combustibles (fogones mejorados).

Uno de los aspectos socio-económicos más importantes del consumo de


combustibles forestales es la mano de obra empleada en la producción de los
mismos.

Tomando como base que una familia produce anualmente 8 400 kg de carbón
(GTZ) y puede cortar 300 t de leña por año, se puede concluir que en la
producción de leña y carbón 52 000 familias están involucradas.

Si se considera además la mano de obra necesaria para el transporte y la


comercialización, esta cantidad puede duplicarse.

Un estudio de la FAO realizado en el país a mediados de la década pasada reveló


que en el país existía alrededor de medio millón de agricultores sin tierra. Al
presente, la variación de esta cantidad, lejos de disminuir podría haberse
ampliado, por lo que las medidas de políticas que puedan diseñarse para
favorecer la explotación racional del bosque seco, representa una alternativa para
la provisión de empleo para una gran cantidad de familias sin tierra. La CONATEF
ha presentado tal iniciativa a las autoridades agrarias, con miras a establecer dos
asentamientos agrarios pilotos con familias que se dediquen a la producción de
carbón bajo los enfoques aconsejados por los estudios realizados con la
colaboración de la FAO en el país.