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El rastro de la serpiente humana vs/ el ojo de Dios

Cristina Bosso – UNT

I - Introducción.
En el libro “Debate sobre la situación de la filosofía actual” Rorty cuenta que
cuando se construyó el Departamento de Filosofía de la Universidad de Harvard, a fines del
siglo pasado, William James convenció a sus colegas de que la en la fachada del edificio se
inscribiera la máxima de Protágoras: “El hombre es la medida de todas las cosas”. Cuál
sería su sorpresa cuando, al regresar de las vacaciones por decisión de Eliot, el rector de
Harvard, en lugar de la cita elegida habían grabado una frase del Salmo 8 de la Biblia:
“¿Quién es el hombre para que le prestéis tanta atención?1
Esta breve anécdota ilustra la lucha entre dos modos de pensar contrapuestos: de un
lado, quienes consideran que el hombre ocupa el lugar central en el proceso de
conocimiento, del otro, quienes se interesan por verdades trascendentales, a la sombra de
las cuales la importancia del sujeto empalidece. De un lado la verdad se nos aparece como
un producto humano (¿demasiado humano?); del otro, se busca la verdad objetiva,
independiente del sujeto.
William James se encuentra entre los que creen en la primera opción; concuerda,
por ello, con Schiller en la idea de que “humanismo” resultaría un nombre adecuado para
una doctrina como el pragmatismo, que según él entiende, permite dar cuenta del origen
humano de nuestras verdades. Este, entre otros, será un punto de disputa con Charles S.
Peirce, con quién a pesar de haber sentado las bases para esta nueva propuesta filosófica
toman caminos divergentes que los distancia en muchos aspectos.
Como señala Russell, una de las notas dominantes del pragmatismo de James es la
confianza en el poder humano: no existe para él una verdad independiente del ser humano,
ningún criterio exterior al que podamos someter nuestras disputas. Esto atrae, para Russell,
al talante intelectual que encuentra en la superficie de este planeta todo su material
1
Niznik, Józef y Sanders, John (editores), Debate sobre la situación actual de la filosofía, Madrid, Cátedra,
2000.
imaginativo y no pretende ir más allá, que es inconsciente de las limitaciones no humanas
del poder humano. Russell considera por ello el universo pragmatista estrecho y mezquino,
que le quita a la vida todo lo que le da valor y hace al hombre más pequeño al privar al
universo de todo su esplendor2.
Ciertamente, James desestima la posibilidad de conocer verdades trascendentes y de
descubrir fundamentos absolutos, bajo el convencimiento de que todas nuestras
formulaciones tienen la huella humana: motivos humanos aguzan todas nuestras preguntas,
satisfacciones humanas laten en todas nuestras respuestas; la verdad puramente objetiva,
independiente de las necesidades humanas, no hay por donde hallarla: las teorías son un
lenguaje de fabricación humana con los que redactamos nuestros informes; lo que decimos
sobre la realidad depende de la perspectiva desde donde la miremos. La huella de la
serpiente humana está en todas partes. No tiene sentido por eso, para él, pretender ir más
allá de la perspectiva humana.
Contrariamente a la opinión de Russell, considero que este viraje revaloriza la figura
del hombre en lugar de hacerla más pequeña, ya que permite dar cuenta de la importancia
del papel del sujeto en el proceso de conocimiento, que lejos de limitarse a representar el
mundo aporta su caudal de creatividad construyendo teorías, proponiendo diferentes modos
de ordenar el mundo, haciendo adiciones a la realidad. Esto nos conduce a una
resignificación nuestro modo de concebir el mundo, el conocimiento y la verdad cargada de
consecuencias interesantes para la vida.
En lo siguiente me propongo mostrar que el proyecto del pragmatismo –al menos en
la línea que abre William James- implica un viraje que coloca al sujeto en el centro de la
escena filosófica, y someter a consideración algunas de las consecuencias de esta
transformación. Para esto abordaremos en primer lugar algunos conceptos de James para
luego mostrar su impacto en el pragmatismo contemporáneo tomando a dos de sus
representantes más importantes: Richard Rorty y Hilary Putnam.

II - El rastro de la serpiente humana

2
Russell, Bertrand, Ensayos filosóficos, Editorial Altaya, Barcelona, 1993
El planteo del James embarca a la filosofía en una senda mucho más modesta que la
que había abierto el racionalismo, desechando sus ambiciosas aspiraciones de descubrir
verdades últimas o principios fundamentales. Para él en toda explicación universal reside
necesariamente una simplificación que nos ofrece una visión empobrecida, un simple
esqueleto de la realidad. Por esto reniega de las abstracciones que nos distancian del
mundo real y propone una filosofía que obtiene su vitalidad a partir de su estrecho vínculo
con la acción práctica, en la cual se hace patente la complejidad del mundo en el que nos
movemos.
Para Russell, la doctrina central del pragmatismo es su teoría de la verdad; en
efecto, coincidiremos en que allí reside la gran novedad que trae el pragmatismo, que se
ubica como una tercera alternativa a las ya tradicionales propuestas del empirismo y el
racionalismo. Dejando de lado la tradicional concepción de la verdad como adequatio
intelecto res que atraviesa los destinos de la filosofía occidental, el pragmatismo ubica a la
verdad en el terreno de la praxis: verdadero será aquello que muestre su utilidad en la
práctica. Este vínculo entre las ideas y las prácticas ha resultado de gran interés para la
filosofía, al punto tal que numerosos autores hablan ya de un “giro pragmático” que se está
operando en la filosofía contemporánea.
Para James, la verdad no puede ser una propiedad inerte y estancada, un punto de
llegada, una extraña especie de esfinge petrificada; muy lejos de esta concepción, considera
al conocimiento como un proceso dinámico, una sucesión de verdades provisionales,
condicionadas por nuestra experiencia y nuestros intereses. Nos encontramos aquí con un
punto de fuerte conflicto con el racionalismo, que en su búsqueda de principios
fundacionales no puede aceptar un concepto de verdad mutable y, mucho menos,
dependiente de nuestros intereses y razones personales. Más allá de esto, lo que provoca
verdadero escándalo es la propuesta de que la verdad, al igual que las leyes y el lenguaje,
sea concebida como producto de una construcción humana. Esta es la más extrema y
destacada afirmación de la posición humanista de Schiller, dice James, que lo ha expuesto a
fuertes críticas y severos ataques; y es justamente la posición que él desea sostener.
Para James resulta irracional la noción de un mundo completo en sí mismo, sobre el
cual actúe el pensamiento registrándolo pasivamente como un espejo, sin añadir nada. Sería
muy pobre la misión del pensamiento si se limitara a imitar y duplicar la existencia de las
cosas. Por esto, si bien acepta que se produce una cierta copia en cuestiones fenoménicas,
considera que los objetos de la ciencia pueden interpretarse mejor como creados por el
hombre, que han ido concibiéndolos sucesivamente. Para él, toda la estructura de la ciencia,
como así también la matemática y la lógica, son productos de fabricación humana. El
pensamiento, de este modo, ejerce una función superior al elevar la realidad elaborando
nuevas relaciones a partir de ella, en lugar de sencillamente reproducir y repetir lo dado.
Así, el hombre que cuenta las estrellas o que las ordena en constelaciones agrega a la
realidad algo que anteriormente no existía, y esto la enriquece y la amplía.
Como sostiene Putnam, a partir de James la noción de verdad no puede ser
considerada como un acto mental misterioso mediante el cual nos conectamos con algo
totalmente independiente de nuestras prácticas, que no permite decidir qué es verdad y qué
no lo es3. En efecto, James pone de manifiesto la complejidad de nuestra relación con la
realidad, y las dificultades con las que nos encontramos si pretendemos distinguir entre
“factores reales” y “factores humanos” que se entrelazan en el desarrollo de nuestra
experiencia cognitiva, ya que en el proceso de conocimiento construimos nuevas
relaciones, creamos conceptos que se incorporan a la realidad y la modifican.
James hace suya una cita de Schiller que sintetiza muy bien su modo de pensar: “El
mundo –dice- es esencialmente lo que hacemos de él. Es infructuoso definirlo por lo que
fuera originariamente, o por lo que sea aparte de nosotros.”4 Y agrega: “Hacemos de forma
humana una adición a la realidad sensible, y la realidad tolera la adición. Todas las
adiciones están de acuerdo con la realidad; se ajustan a ella a la vez que la construyen.”5
Esto nos muestra que James se atreve a ir aún más allá para proponer que el hombre
construye no sólo la verdad sino también el mundo y la realidad misma. Al igual que
tallamos constelaciones, podemos dar forma a cualquier cosa para que se acomode a
nuestros propósitos humanos; somos nosotros quienes dividimos el flujo de la realidad
sensible en cosas. De este modo, el sujeto asume un papel protagónico: se trata de un sujeto
eminentemente creador, que en el proceso de conocimiento interviene construyendo no sólo
la verdad sino también el mundo.

3
Hilary Putnam, El pragmatismo: un debate abierto, Editorial Gedisa, Barcelona, 1999, pág. 26.
4
William James, Pragmatismo, Alianza Editorial, Madrid, 2000, pág. 196.
5
Ibidem, Pág. 202.
Esta construcción, por supuesto, no es absolutamente libre; existen una serie de
factores de resistencia que experimentamos inevitablemente. La realidad nos provee de
algunos datos que no podemos ignorar, nos impone de manera inevitable su presencia desde
dos flancos diferentes: el de las sensaciones y el de las verdades previas, a las que no
podemos eludir ni ignorar. Esto implica que, si bien podemos realizar diferentes
interpretaciones de los hechos, subsiste un núcleo que permite algunas de ellas en tanto
descarta otras. Pero, señala James, por fijos que puedan ser estos elementos, poseemos una
cierta libertad en nuestro trato con ellos: leemos los mismos hechos en forma diferente,
desde diferentes perspectivas, combinamos nuestras percepciones de formas diferentes,
acomodamos la realidad a nuestros propósitos.
Advertimos que esta nueva forma de concebir al sujeto trae aparejado un profundo
cambio en el concepto tanto de verdad como de la realidad, en la que se flexibiliza la
tajante distinción la realidad de un lado (las cosas, el mundo, los objetos) y al sujeto
cognoscente del otro, privilegiando la relación entre ambos. El sujeto y el mundo aparecen
en una interacción dinámica, que produce una permanente transformación en ambos.
El pragmatismo contemporáneo se desarrolla siguiendo estas líneas; veamos
algunos de sus argumentos.

III - Rorty y Putnam Vs/ “el ojo de Dios”


Richard Rorty y Hilary Putnam son, sin lugar a dudas, dos de los intelectuales
norteamericanos más destacados, y los representantes más importantes del pragmatismo
contemporáneo. Poseen trayectorias bastante afines: ambos formados en filosofía analítica
a la que dedican con ahínco sus primeros esfuerzos filosóficos, cambian de rumbo para
acercarse al pragmatismo; ellos, junto a otros pensadores que comparten la filiación
analítica, provocan el resurgimiento y una renovación del pragmatismo a partir de la
incorporación de la reflexión sobre el lenguaje, generando una corriente que se ha dado en
llamar neo pragmatismo. Ambos lectores de Wittgenstein reconocen la potente influencia
que éste ha ejercido sobre su pensamiento. Los dos cultores del ejercicio de la filosofía bajo
la forma de diálogo, han sostenido innumerables discusiones entre ellos y con otros
pensadores contemporáneos, que han dejado como saldo numerosas publicaciones. Muy
cercanos en muchos puntos, Putnam se distancia de Rorty en la medida en que éste se
inclina hacia el relativismo; paradójicamente, Rorty encuentra más afinidades que
diferencias entre su propuesta y la de Putnam de las que este último está dispuesto a
reconocer.
Nos interesa en este caso detenernos en su concepción del sujeto. Muy cercano a la
propuesta de James, para Putnam resulta imposible hacer filosofía sin tomar en cuenta el
punto de vista del agente. Propone, por lo tanto, a abandonar la búsqueda de “el ojo de
Dios”, asumiendo que resulta imposible colocarse por encima de toda perspectiva para
alcanzar la objetividad. Lo que tenemos son puntos de vista, perspectivas, verdades situadas
dentro de determinado contexto. Propone, por ello, una nueva concepción del realismo, al
que llama “realismo interno” (o realismo pragmático) para diferenciarse del tradicional
realismo metafísico, al cual considera en alguna medida ingenuo por pretender situarse
fuera del mundo para conocerlo.
Siguiendo la línea de James, el realismo interno niega que tenga sentido la noción
de una realidad estructurada con total independencia de los sujetos que hablan sobre ella y
también que tenga sentido pensar en la verdad como determinada por la realidad en sí
misma. Rescata, por lo tanto, la perspectiva humana, en contraposición con la idea (sin
lugar a dudas demasiado ambiciosa) que tradicionalmente guió los destinos de la filosofía
occidental, de buscar la “cosa en sí”, lo incondicionado. Putnam propone, en cambio, un
realismo sin fundamentos últimos, que abre las puertas a la aceptación del pluralismo. Nos
habla, por ello, de un realismo con rostro humano, como significativamente se titula uno de
sus libros. Desde este planteo carece tiene sentido preguntar por las cosas “en sí mismas”.
Dice Putnam: “El término “en sí mismas” es totalmente vacuo. Preguntarse cómo son las
cosas “en sí mismas” equivale a preguntarse cómo debe describirse el mundo en el
lenguaje propio del mundo, cosa que no existe; solamente existe el lenguaje que nosotros,
seres hablantes, hemos inventado para nuestros diversificados puntos de vista”6. Desde este
punto de vista no podemos considerar nuestras descripciones del mundo como una simple
copia: están moldeadas por nuestras elecciones conceptuales y nuestros intereses.
Es por ello que a objetividad, tal como él la entiende él, es una objetividad
humana. A su juicio, el objetivismo del siglo XVII ha conducido a la filosofía a un callejón
sin salida. Es necesario considerar hoy que el hombre construye el conocimiento desde su

6
Hilary Putnam, El pragmatismo: un debate abierto, Editorial Gedisa, Barcelona, 1999. pág. 49
racionalidad, construyendo sus objetos a partir de una mezcla entre la experiencia y la
invención. Esto implica que tenemos que describirlo desde el plano de lo propiamente
humano, sin apelar a cánones invariables o matrices ahistóricas.
Este realismo (al modo que lo entiende él, con “r” minúscula) resulta compatible
con un cierto relativismo conceptual. Para mostrar esta idea utiliza un sencillo ejemplo: el
de un mundo constituido únicamente por tres individuos. Estos poseen una existencia real,
pero son susceptibles de recibir distintas interpretaciones, lo que dará como resultado
sistemas diferentes, con diferentes números de individuos, según, por ejemplo, se considere
o no el elemento nulo, según se defina como un nuevo individuo a la suma de dos
elementos, etc. Así, un mundo de sólo tres elementos puede dar lugar a varias
representaciones posibles, con diferentes números de componentes, y de ninguna de ellas
podemos afirmar que será más apropiada que las otras.7 Este ejemplo nos permite mostrar
que los términos no tienen un significado absoluto sino que dependen del sistema desde el
cual sean utilizados, en lo que podemos advertir una explícita influencia wittgensteiniana.
Es aquí donde comienzan las discrepancias con Rorty; si bien ambos comparten
muchos de los presupuestos pragmatistas y coinciden en no hay verdad desligada de toda
teoría, Putnam rechaza las consecuencias relativistas que a su juicio Rorty extrae de este
modo de pensar. Siempre buscando posturas intermedias en todas las dicotomías
filosóficas, Puntam intenta encontrar un delicado punto equilibrio que le permita mostrar
los límites de los conceptos absolutos, pero a la vez mantenerse lejos del relativismo, ya
que, a su juicio, ambos extremos conducen a un callejón sin salida.
Rorty, en efecto, nos ofrece una propuesta más audaz que la de Putnam; si este
último limita las pretensiones de objetividad, el primero en cambio reniega abiertamente de
la búsqueda de este concepto, puesto que considera que no resulta de utilidad. Declarándose
antirrepresentacionalista, toma distancia de los filósofos que consideran provechoso
concebir que la mente o el lenguaje pueden representar la realidad. Él, en cambio, considera
que resulta inútil defender una relación representacional entre el lenguaje y los elementos
extralingüísticos, por ello sostiene que el conocimiento no consiste en la aprehensión de la
“verdadera realidad” sino en adquirir hábitos para hacerle frente. Desde este punto de vista
“verdadero” y “falso” no tienen un sentido absoluto sino que dependen de las prácticas

7
Hilary Putnam, Las mil caras del realismo, Barcelona, Paidós, 1994, pág. 62.
sociales que los legitiman; las nociones semánticas (esto es, las relaciones entre lenguaje y
hechos) son internas a nuestra concepción general del mundo.8
Es por ello que para él no podemos ubicarnos fuera de nuestra perspectiva para
conocer las cosas tal cuál son; como Putnam, Rorty reivindica la perspectiva humana frente
a la búsqueda de verdades absolutas, que implicarían la posibilidad de ubicarnos en el ojo
de Dios, fuera de todo condicionamiento, desvinculados de nuestro lenguaje y nuestras
creencias. No podemos saltar fuera de nuestro contexto ni buscar explicaciones
trascendentales. Propone, por lo tanto, desechar la búsqueda de objetividad entendida como
el descubrimiento de la verdadera naturaleza de las cosas, para abordar la búsqueda de una
objetividad “pragmatista”, que tenga en cuenta los contextos de validación de las creencias,
que reconozca que no hay forma de desvincularnos de nuestra cultura, que descrea de la
posibilidad de correspondencia y de la búsqueda de explicaciones definitivas.
La importancia que le otorga Rorty al contexto como marco de justificación de las
creencias hace que Putnam lo califique como un relativista y pretenda alejarse de su
posicionamiento; sin embargo, como sostiene Rorty, es difícil ver en qué difiere Putnam
con la mayoría de los filósofos a quienes critica. Coincido con esta opinión de Rorty, ya
que a mi juicio, sus propuestas no se encuentran tan alejadas como pretende mostrar
Putnam. Ambos nos instan a abandonar la pretensión de ubicarnos en el ojo de Dios, y nos
inducen a no perder de vista la perspectiva del sujeto. Posiblemente lo que los distancia es
el hecho de que Putnam no ha perdido la confianza en la posibilidad de alcanzar un
acuerdo entre diferentes concepciones, en tanto para Rorty no ve que esto resulte necesario,
ni siquiera deseable.
A modo de conclusión:
Como bien lo anticipó Kant, resulta ilusorio pensar que podemos conocer la realidad
“tal cual es”, independientemente de las categorías mediante las cuales la ordenamos. Es
tiempo ya de aceptar que toda representación inevitablemente conlleva una dosis de
subjetividad que no puede ser dejada de lado, puesto que es formulada por un sujeto.
Conocemos dentro de nuestras posibilidades como seres humanos, condicionados por
aspectos tanto fisiológicos como intelectuales. Bajo este convencimiento, el neo
pragmatismo resulta una interesante alternativa, puesto que da cuenta de nuestras

8
Rorty, Richard, Objetividad, relativismo y verdad, Barcelona, Paidós, 1996.
limitaciones, pero también, de nuestras posibilidades, y nos ofrece categorías interesantes
para pensar el sujeto, el mundo y las relaciones entre ambos, alivianando algunos supuestos
que adolecían de una cierta rigidez y proponiendo una concepción más abierta a la
intervención de la creatividad humana.
El neo pragmatismo propone así un recorte interesante, que nos permite
desprendernos de nociones como la “cosa en sí”, o la realidad en sí misma, para dar cuenta
de la inevitable intervención del sujeto. Descarta, por lo tanto, la creencia en la posibilidad
de acceder a realidades “objetivas” que subsisten a la manera platónica con independencia
de la mente humana.
A diferencia de Russell, considero que, desprendiéndose de la necesidad de apelar a
un mundo superior que está por encima del hombre, el pragmatismo revaloriza la
importancia del sujeto otorgándole el papel protagónico en el proceso de conocimiento. La
razón humana se nos aparece como una potencia configuradora de la realidad y el universo
pragmatista como una edición inacabada, como dice James, creciendo por toda clase de
lugares, especialmente en aquellos donde los seres pensantes están en acción.
Esta tensión constante entre el hombre que pone sus estructuras para conocer y el
mundo que se le enfrenta nos revela dramáticamente que no existe una respuesta final sino
que la aventura del conocimiento es un camino que nunca se acaba, y desafía siempre al
hombre a transgredir los límites con los cuales se encuentra. Esto redunda en una
revalorización del ser humano en su papel creador y en un acrecentamiento de su
responsabilidad frente al mundo que le toca vivir, a la vez que transforma a la filosofía en
una invalorable herramienta para el análisis de la realidad actual.

Bibliografía
- James, William Pragmatismo, Alianza Editorial, Madrid, 200
- Niznik, Józef y Sanders, John (editores), Debate sobre la situación actual de la
filosofía, Madrid, Cátedra, 2000.
- Putnam, Hilary, El pragmatismo: un debate abierto, Editorial Gedisa, Barcelona,
1999
- Putnam, Hilary, Razón, verdad e historia, Madrid, Tecnos, 1988.
- Putnam, Hilary, Las mil caras del realismo, Barcelona, Paidós, 1994
- Rorty, Richard, Objetividad, relativismo y verdad, Barcelona, Paidós, 1996.
- Rorty, Richard, Contingencia, ironía y solidaridad, Barcelona, Paidós, 1996.
- Rorty, Richard, Consecuencias del pragmatismo, Madrid, Tecnos, 1996.
- Russell, Bertrand, Ensayos filosóficos, Editorial Altaya, Barcelona, 1993