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Economía keynesiana

La teoría keynesiana nació en el contexto de la gran depresión, en que Estados


Unidos y Europa están hundidos en una gran crisis y las teorías económicas
clásicas no lograban dar respuestas a un sistema económico capitalista que
intentaba recuperarse exclusivamente por sus propios mecanismos internos.
El modelo keynesiano partía de considerar al ingreso (Y) como dependiente de la
demanda global, que será el centro de su análisis.
Los componentes de la demanda incluyen los bienes de consumo que compran los
consumidores (C), los bienes de capital (I) y los bienes que compran los estados
(G), sumándosele en una economía abierta las exportaciones netas, es decir, el
valor de las exportaciones menos las importaciones.
El Consumo: Depende fundamentalmente del ingreso disponible, es decir, el
ingreso menos los impuestos (T).
Esta relación entre ingreso y consumo genera una cadena retro alimentativa, en la
que una parte del ingreso se destina al ahorro, y parte al consumo; este consumo a
la vez representa el ingreso de otro sector económico, que al mismo tiempo ahorra
y consume, pagándole a otro sector, etc. Este es el multiplicador keynesiano, que
explica las veces que el dinero gira en una economía. La ecuación se representa de
la siguiente manera:

▲Y → ▲C → ▲Y→ ▲C→▲Y…
-> El multiplicador, inversamente relacionado con el ahorro, indica la forma en la
que una variación del ingreso origina una variación múltiple del gasto de consumo
y, por lo tanto, de la renta.
El consumo nuevo tiene un “efecto multiplicador” es decir, el dinero utilizado en
pagar a los proveedores y a los asalariados se convierte en el ingreso de éstos, que
a su vez se convierte en el ingreso de terceros a medida que los asalariados y los
proveedores gastan la mayor parte de sus ingresos. De esta forma se pone en
marcha una onda expansiva. Al mismo tiempo, un nivel creciente de ingresos
gastado por los consumidores tiene un efecto acelerador sobre la inversión. Una
mayor demanda crea mayores incentivos para aumentar la inversión en la
producción, con el fin de responder a esta demanda.
La Inversión Privada
Está determinada por el nivel de la renta, las expectativas sobre el futuro y por el
costo del capital o tasa de interés(r).
La tasa de interés no es una variable independiente, su precio esta determinado por
el equilibrio entre la oferta (M) y la demanda monetaria (L).
M es la cantidad de dinero, resultado de una política monetaria, mientras que L
corresponde a las reacciones de los agentes económicos.
Una M fijada por la autoridad monetaria para cada nivel de Y, determina un par de
valores de L y de r.

-Si el ingreso aumenta, L aumenta, resultando en un aumento de r.


▲Y → ▲ L → ▲ r
-Si aumentara M, la tasa de interés disminuye.
▲M → ▼ r
El Gasto Público
Es el tercer componente de la demanda agregada que viene determinado
directamente por las decisiones políticas. Está compuesto por el consumo y la
inversión estatal.
Por otra parte, la teoría keynesiana ofreció una explicación alternativa al problema
del desempleo.
Hasta entonces, la explicación clásica de las causas del paro o desempleo afirmaba
que este se debía a estructura rígida en el mercado de trabajo que impedía que los
salarios bajaran hasta el nivel de equilibrio, entonces cuando existe desempleo
masivo en el mercado de trabajo, la disponibilidad de los trabajadores sin empleo
debe reducir los salarios hasta el punto de que algunos no estarían dispuestos a
trabajar (por lo que se reducirá la oferta de mano de obra) y que las empresas
estarían dispuestas a aumentar su demanda de mano de obra a medida que la
disminución del costo a pagar (el salario) hicieran rentable la contratación.
La principal innovación de Keynes consistió en afirmar que el desempleo puede
deberse a una insuficiencia de la demanda y no a un desequilibrio en el mercado de
trabajo. Según Keynes, cuando la demanda agregada es insuficiente, las ventas
disminuyen y se pierden puestos de trabajo, cuando la demanda agregada es alta y
crece, la economía prospera.
De este modelo se desprendían como medidas para la disminución del paro
permanente involuntario, la adopción de una serie de políticas económicas
intervencionistas: aumento de la creación de dinero, lo que redundaría en un
descenso del tipo de interés; aumento del gasto público, especialmente en
inversión en infraestructuras, con el fin de potenciar la demanda efectiva; una
activa redistribución de la renta y, por último, una política comercial proteccionista,
para defender los empleos de las industrias nacionales.
En todos estos aspectos, las teorías económicas keynesianas se convirtieron en el
nuevo paradigma que deberían seguir los gobiernos occidentales tras la posguerra,
y pueden considerarse como las bases del moderno Estado del Bienestar. El
modelo macroeconómico fue considerado por la determinación de la renta y el
empleo a partir de la demanda global existente, además de mencionar la necesidad
de mantener el poder adquisitivo de los salarios.