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Miércoles 11 de abril del 2018,

Durante estos días ha causado gran controversia y discusión la intervención del


Cardenal Ezzati respecto a la Ley de Identidad de Género, con su frase: “​más allá
del nominalismo, hay que ir a la realidad de las cosas. No porque yo a un gato le
pongo nombre de perro, comienza a ser perro”. Estas palabras causaron gran
dolor y varios sectores de la sociedad civil se han pronunciado al respecto, pero
como pueblo que es y hace Iglesia no hemos dicho nada.
El sacerdote jesuita Felipe Berríos, por medio del presidente de la Organización
Trans Diversidades, Franco Fuica, dijo: “siento desconcierto y vergüenza por las
palabras emitidas por el cardenal de Santiago, Ezzati, no solo por lo hiriente de
sus palabras, sino que también, refleja un modo de pensar que no es el modo de
pensar de la Iglesia Católica”. Como Germen, hacemos nuestras las palabras del
Padre Felipe e insistimos en la idea de que como Iglesia Católica consideramos
inaceptable la violenta comparación que hace Ezzati, ya que cada persona, dentro
de la construcción del reino de Dios en la tierra, merece ser reconocida desde la
dignidad que esto implica.
Es cierto que históricamente hemos fallado como Iglesia, hemos cometido errores,
pero es inaceptable que, en estos tiempos, con los avances que en este campo
estamos teniendo como sociedad, se siga pecando de prepotencia e intolerancia.
Cristo puso en el centro a la prostituta, al marginado, a la pobreza y es hora de
que le hagamos caso y obremos desde lo mismo. Considerar que la pobreza solo
implica “no tener plata” es elevar la obtención de dinero como deidad, lo mismo
que hace el liberalismo: como si el hecho de poder “tener plata” implicase dejar de
estar al centro de la Iglesia. La pobreza va más allá de cuánto dinero tengo o no,
la pobreza es ser excluido/a, es ser dominado/a, es que no se te reconozca como
ser humano. Ser marginado/a es no poder llegar a fin de mes, pero también lo es
ver atropellada en la propia dignidad.
Es nuestro deber como Iglesia poder luchar para que las personas sean
reconocidas como tales y derrumbar las absurdas concepciones conservadoras y
discriminatorias de nuestro sector. Si queremos llevar a cabo verdaderamente el
mensaje de Cristo necesitamos enlistarnos en las filas de la justicia, la dignidad y
el amor, renovar nuestra Iglesia y hacerla verdaderamente humana, donde puedan
entrar todos y todas.
Como Germen, miembros de la Iglesia, reprochamos profundamente el actuar del
cardenal Ezzati, quien solo ha sabido encubrir casos de abuso, y desplazar del
centro, con un discurso cruel y violento, al pobre y a todo/a quien posea
características consideradas dignas de discriminación por él y por la élite
conservadora ¡pero no por Jesús! Ahora que cumplió 75 años necesitamos que
llegue un cardenal al servicio de las necesidades del pueblo, que re-úna,
re-posicione a la Iglesia en el lugar que le corresponde, que es al lado de las/os
marginadas/os.
Es momento de reconocer a quienes viven el martirio de ser constantemente
discriminados/as, vernos a la cara y decirnos como hermanos/as: la Iglesia está
contigo, te quiere como eres y te apoya en tu lucha por ser aceptado/a. Es
momento de actuar, de dejar el discurso transfóbico, homofóbico que nos sepulta
cada vez más, que nos aleja de la pobreza, de la vulnerabilidad, y asumirnos
como militantes de justicia.
Finalmente, la invitación está hecha, es hora de que quienes seguimos a Cristo a
partir de su lectura popular nos hagamos cargo del camino y el curso de la Iglesia,
que seamos parte de esta comunidad y que podamos hacer de esta sociedad una
verdaderamente justa, digna y con amor.

Grupo Germen