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TEMA 13: TEOLOGÍA MORAL FUNDAMENTAL

Este tema de teología moral, habla del hombre partiendo de un dato necesario para hacer teología
que es la Revelación, y en concreto la Creación y la Redención; partimos de que somos criaturas de Dios,
hechas a imagen de Dios y elevadas por la gracia a la dignidad de hijos suyos.
El paso de una cultura cristiana a una sociedad pluralista, la sensibilidad moderna de justificar
racionalmente el discurso y la experiencia de una fe proclamada pero no vivida obligan a una
fundamentación de la Moral cristiana.
También por fundamental se entiende la explicitación de las categorías básicas que permiten
delimitar y elaborar un discurso coherente. Es el marco universal que sitúa correctamente los problemas
particulares y proporciona pistas de solución.

El doble cometido de la moral fundamental: justificar críticamente el saber moral cristiano y


analizar las categorías básicas de la vida moral.

DEFINICIÓN DE MORAL
Mente = elección = decisión = (¿qué piensa?
Conducta = Comportamiento = ¿qué hace?

Dilema entre mente y conducta. Debemos orientar y trabajar los dos elementos.
Es la ciencia que orienta (motiva) nuestra mente y ordena nuestra conducta de acuerdo con una
determinada norma de obrar.

División y definiciones más clásicas:

Moral natural: Razón que ilumina nuestros actos ( filósofos de la antigüedad)


Moral cristiana: Razón que sobre naturaliza por la fe y apoyada en Cristo.
Moral humana o laica: Prescindiendo de Dios y de la religión pero no de la razón apoya el actuar de la
persona en los valores humanos.
Definición más actual: Parte de la teología que estudia los actos humanos, considerándolos en orden a su
fin sobrenatural.

1. NATURALEZA DE LA TEOLOGÍA MORAL


El Magisterio de la Iglesia fundamenta y delimita el campo de la Teología Moral en los siguientes
términos: “La libertad hace del hombre un sujeto moral. Cuando actúa de manera deliberada el hombre
es, por así decirlo, el padre de sus actos. Los actos humanos, es decir, libremente realizados tras un juicio
de conciencia, son calificados moralmente: son buenos o malos” CEC 1749.

La carta encíclica de Juan Pablo II sobre alguna cuestiones fundamentales de la enseñanza moral
de la Iglesia define la ciencia de la Teología Moral como una “Ciencia que acoge e interpreta la divina
revelación y responde a la vez a las exigencias de la razón humana”. Concretamente, la Teología Moral
es una reflexión que concierne la moralidad, o sea, el bien y el mal de los actos humanos y de la persona
que los realiza, y en este sentido está abierta a todos los hombres; pero es también Teología, en cuanto
reconoce el principio y el fin del comportamiento moral en aquel que sólo él es bueno y que, dándose al
hombre en Cristo, le ofrece las bienaventuranzas de la vida divina (Veritatis Splendor 29).

La Teología moral, acudiendo a la revelación y a la razón humana, orienta el comportamiento de la


persona según el camino del bien: hacer el bien y evitar el mal. En esta reflexión sobre la actuación
humana, ¿cuál es lo específico cristiano?, es decir, ¿en qué sentido se puede hablar de una ética cristiana?

La misma encíclica aclara que seguir a Cristo es el fundamento esencial y original de la moral
cristiana (VS 19-27). No se trata solamente de escuchar una enseñanza y de cumplir un mandamiento sino
de algo mucho más radical: adherirse a la persona misma de Jesús, compartir su vida y su destino,
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participar de su obediencia libre y amorosa a la voluntad del Padre. El seguimiento de Cristo implica una
imitación de su estilo de vida: el modo de actuar de Jesús y sus palabras, sus acciones y sus preceptos
constituyen la regla moral de la vida cristiana.

Esto significa que seguir a Cristo no es una imitación exterior porque afecta a la persona en su
interioridad más profunda. Ser discípulo de Jesús significa hacerse conforme a él. El seguimiento de
Cristo se resume en la caridad, el camino del amor, de un amor que se da totalmente a los hermanos por
amor de Dios.

Por tanto, en primer lugar el cometido de la Teología Moral no consiste en estudiar principios y
normas sino más bien en presentar la buena noticia del vivir cristiano, que es esencialmente gracia de
Cristo y fruto del Espíritu (LG 9). Se sitúa así a Cristo en el corazón mismo de la Teología Moral.

El concilio Vaticano II encomendó la tarea de perfeccionar la Teología Moral, cuya exposición


científica, nutrida con mayor intensidad por la doctrina de la S.E, deberá mostrar la excelencia de la
vocación de los fieles en Cristo y su obligación de producir frutos en la caridad para la vida del mundo
(OT 16).

El llamado del concilio a favor de una renovación de la Teología Moral, en términos de una
elaboración científica, bíblica y Cristocéntrica, con un tono positivo y preocupada por los problemas de
la sociedad, ha sido ampliamente recogido en el campo de la Moral.

2. FUENTES DE LA MORAL CRISTIANA Y SU ESPECIFICIDAD


La Teología Moral tiene las mismas fuentes de fe que la Dogmática, o sea, la Tradición y el
Magisterio de la Iglesia, y debe cruzar la misma diligencia en aprovecharse fielmente de esas fuentes.
Pero mientras la Teología Moral sea una disciplina paralela a la Dogmática puede dejar a ésta la
demostración teológica de aquellas verdades que no son directamente teológico morales.

FUENTES
La Sagrada Escritura: “ la Sagrada Escritura es una serie de cartas enviadas por Dios a los
hombres para exhortarnos a vivir santamente” ( San Agustín)
La S. E interpretada no según la subjetividad, sino por juicio inefable del Magisterio.
La Tradición Cristiana: reconocida y sancionada por el Magisterio de la Iglesia.
El Magisterio de la Iglesia: Afirmando que el Magisterio (eclesiástico) de la Iglesia no se da sólo
en cuestión de fe, sino también en cuestiones de moral y, dentro de ésta, no exclusivamente en los
principios generales, sino que llega a las normas particulares y concretas.
+ otras fuentes subsidiarias: La razón natural (la ley natural)

3. JESUCRISTO COMO FUENTE Y CENTRO DE LA MORAL

Imitación y seguimiento de Cristo: moral de los hijos de Dios.


Los cuatro evangelistas, especialmente los sinópticos, resaltan la condición que tiene el hombre de
ser creatura de Dios. Esto nos une a la idea central del A.T., recordando que el hombres es imagen de
Dios, pero la imagen de Dios por excelencia es Cristo: el cristianismo, por la gracia divina, participa de la
perfección dela única imagen verdadera insertándonos en Cristo.
La teología paulina es una teología cristológica, que presupone al hombre nuevo desde Cristo.
Esta antropología cristológica hay que entenderla como una evolución progresiva del cristianismo desde
el día de su bautismo hasta la muerte, en su unión a Cristo.
El primer paso de la cristificación del hombre como hemos señalado, arranca en el bautismo
donde, en verdad uno se reviste de Cristo ( Gal 3,27), esto implica llevar una vida de acuerdo con el
redentor: crucificado (Gal 2,19), muertos con él (2 Tim 2,11), sepultados con él (Rom6,4) y resucitados a
una nueva vida con él(Rom 6,4).
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La segunda faceta que manifiesta el apóstol es poner a Cristo como modelo que orienta al hombre
nuevo en la construcción de su verdadera imagen. Esto se considera por medio de la buenas obras (Ef
2,10), que nos ayuda a tomar la forma de Cristo en nosotros (Gal 4,19) y a ser perfectos como Él (Col
1,28-29).
La tercera característica es la unidad que forman todos los que tienen a Cristo como cabeza y se
necesita a ejemplo de los miembros del cuerpo humano (1Cor 12, 12-27) y, estando unidos en Él, forman
un nuevo pueblo heredado en la promesa (Gal, 3,26-29) que es la Iglesia (Ef 4, 11-16)
La existencia humana se realiza conforme a su destino cuando se orienta a la consecución de la
imagen de Dios. Y ello se logra exclusivamente en Cristo.

1 La conducta moral del hombre nuevo en Cristo.


En Cristo, según hemos visto, hemos sido restaurados y se nos revela quienes somos en realidad.
Nos muestra como éramos en el principio y nos da la oportunidad de volverlo a ser.
Por tanto Cristo para el hombre es el camino a recorrer para llegar al fin que Dios le ha puesto. La
vida moral cristiana no es mas que una vida distinta, un modo de vivir nuevo, que esta explicado en
Cristo. Pero no solo es seguir un modelo, como antes apuntaba, sino que es participar de una fuerza vital,
de una vida nueva que es la gracia, vida en el Espíritu y que como es lógico lleva a un nuevo modo de
actuar libremente.

a) La bondad moral, identificación con Cristo.


En la Sagrada Escritura vemos como en muchos lugares aparecen expresiones que manifiestan la
realidad de esta vida nueva, una vida en el Espíritu. Cristo habla de la presencia del Padre en El, y de su
presencia en nosotros, así expresa nuestra vida en Dios.
Y se puede decir que la vida de la gracia es, en el hombre histórico, una participación en la gracia
creada del alma de Cristo, que nos viene a través de su humanidad. Es decir, así como por la generación
carnal participamos de la naturaleza de Adán, por la regeneración espiritual participamos de la vida
misma de Cristo.
Queda muy bien expresado en (Jn, 14,23): " Cualquiera que me ama, observará mis
mandamientos, y mi padre le amará, y vendremos a él y haremos, mansión dentro de él." A esto podemos
añadir, que ese don de la vida en Cristo lo recibimos por la misión del Espíritu Santo que actúa en
nuestros corazones. Crecer en gracia es en definitiva crecer en identificación con Cristo.

b) En la Iglesia se alcanza la vida en Cristo.


Cristo nos dice en (Jn, 16,7): "En verdad, os conviene que yo me vaya, porque si yo no me voy, el
Consolador no vendrá a vosotros, pero si me voy os lo enviaré." Cristo muriendo en la cruz, nos daba el
Espíritu de Verdad y de Vida. Cristo permanece en su Iglesia: en sus sacramentos, en su liturgia, en su
predicación, en toda su actividad. De modo especial sigue presente en la Sagrada Eucaristía. Permanece
de modo visible en la Iglesia la acción invisible del Espíritu Santo, que actúa en los corazones de los que
se acercan libremente a Dios.
En la Iglesia se engendra, se nutre y se desarrolla la vida cristiana, y es en la enseñanza de la
Iglesia donde el hombre debe ver la enseñanza misma de Cristo. Por último decir que el cristiano para
vivir plenamente una vida humana y de hijo de Dios, necesita del recurso de los Sacramentos.

4. LA PERSONA HUMANA Y SU DIGNIDAD


La dignidad de la persona no es consecuencia de su obrar moralmente –que también-, sino que la
dignidad le es intrínseca al hombre por el hecho mismo de ser persona. Por ello, toda persona (sin
distinción de raza, sexo, conciente intelectual, etc). Tiene dignidad y es digna de respeto, aún cuando los
demás no se la reconocieron. Este es la base y el fundamento de los derechos humanos, los cuales no
emanan de ningún consenso, ni estado alguno los puede conceder o usurpar.
La dignidad de la persona humana está enraizada en su creación a imagen y semejanza de Dios;
se realiza en su vocación a la bienaventuranza divina. Corresponde al ser humano llegar libremente a
esta realización. Por sus actos deliberados, la persona humana se conforma, o no se conforma, al bien
prometido por Dios y atestiguado por la conciencia moral. Los seres humanos se edifican a sí mismos y
crecen desde el interior: hacen de toda su vida sensible y espiritual un material de su crecimiento . Con
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la ayuda de la gracia crecen en la virtud, evitan el pecado y, si lo han cometido recurren como el hijo
pródigo (cf Lc 15, 11-31) a la misericordia de nuestro Padre del cielo. Así acceden a la perfección de la
caridad. ( CEC 1700)
Mediante su razón, el hombre conoce la voz de Dios que le impulsa "a hacer el bien y a evitar el
mal" (G.S 16). Todo hombre debe seguir esta ley que resuena en la conciencia y que se realiza en el amor
de Dios y del prójimo. El ejercicio de la vida moral proclama la dignidad de la persona humana. (CEC
1706)

Dignidad y la libertad
La libertad se ejercita en las relaciones entre los seres humanos. Toda persona humana, creada a
imagen de Dios, tiene el derecho natural de ser reconocida como un ser libre y responsable. Todo hombre
debe prestar a cada cual el respeto al que éste tiene derecho. El derecho al ejercicio de la libertad es una
exigencia inseparable de la dignidad de la persona humana, especialmente en materia moral y religiosa
(cf DH 2). Este derecho debe ser reconocido y protegido civilmente dentro de los límites del bien común y
del orden público (cf DH 7). (CEC 1738)

La Dignidad y sus exigencias


La dignidad de la persona humana implica y exige la rectitud de la conciencia moral. La
conciencia moral emprende la percepción de los principios de la moralidad ("sindéresis"), su aplicación
a las circunstancias concretas mediante un discernimiento práctico de las razones y de los bienes, y en
definitiva el juicio deformado sobre los actos concretos que se van a realizar o se han realizado. La
verdad sobre el bien moral, declarada en la ley de la razón, es reconocida práctica y concretamente por
el dictamen prudente de la conciencia. Se llama prudente al hombre que elige conforme a este dictamen
o juicio. CEC 1780

El actuar Libre del Hombre y su Perfeccionamiento Personal


1. El hombre es un ser libre y manifiesta su libertad en la realización de actos que proceden de la voluntad
ilustrada por la inteligencia. Segun Sto. Tomás ( Summa theol. I-II,q.1,a.1) : "las acciones que realiza el
hombre solo las calificamos de humanas cuando proceden del hombre en cuanto hombre. Y como la
criatura humana se diferencia de los animales irracionales por ser dueña de sus actos, solo se pueden
calificar como específicamente humanas aquellas acciones de las que es dueño. El hombre domina sus
actos gracias a la inteligencia y a la voluntad; por eso se dice que la libertad es un poder de la
inteligencia y la voluntad. En consecuencia solo se consideran específicamente humanas las acciones
que proceden de una decisión deliberada; las demás es preferible llamarlas actos del hombre mas que
actos humanos, pues no proceden del hombre en cuanto hombre ".Una vez aceptada esta idea
fundamental hay que añadir que :

2. El hombre dueño de sus actos los dirige al bien que le es atractivo pero ha de discernir si ese bien esta
en consonancia con el BIEN PROPIO DEL HOMBRE, que es su propia naturaleza, la verdad sobre el
hombre, radicada en último término en que somos imagen y semejanza de Dios. Es propio de la verdad
del hombre el amor de Dios y del prójimo.
Por tanto, todo acto humano se autoclasifica como bueno o malo, según la relación que guarde con esta
verdad fundante del hombre.

3. Como tercer elemento tenemos en palabras de Juan Pablo II, Exhort, apost. Reconciliatio et paenitentia,
n° 16.:" El hombre puede ser condicionado, presionado, empujado, por no pocos ni leves factores
externos, como puede estar sujeto a tendencias , taras, hábitos ligados a su condición personal. En no
pocos casos estos factores externos o internos pueden atenuar, en mayor o menor medida, su libertad y,
por tanto, su responsabilidad y su culpabilidad. Pero es una verdad de fe, corroborada por la experiencia
y la razón, que la persona humana es libre. No se puede ignorar esta verdad, para descargar sobre
realidades externas - las estructuras, los sistemas, los demás - el pecado de los individuos singulares.
Entre otras cosas, esto sería cancelar la dignidad y la libertad de la persona."

4. El carácter inmanente del acto libre - como los actos libres perfeccionan al hombre - .
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a) El obrar humano tiene un doble aspecto: el factivo (facere) y el moral (agere). Obrando el hombre no
solo produce objetos o influye sobre el mundo exterior, sino que se transforma así mismo, como dueño de
sus actos. Junto a sus resultados o consecuencias externas, todo acto libre imprime una huella en el sujeto,
según su bondad o maldad moral ( es decir el contenido objetivo de nuestras obras y la intención que las
avalora.)
De aquí se deriva el que no solo realizamos acciones buenas o malas sino que estas nos hacen ser buenos
o malos.

b) El hombre es libre para obrar y para poseerse, para "construirse".El hombre que se autoposee tiene
dominio de sus actos y ejercitando este dominio decide sobre si mismo. A estas afirmaciones que constata
la experiencia, hay que añadir que en el obrar del hombre hay un aspecto - transeúnte -, por el que
produce o transforma, domina, el universo material, y otro - inmanente - por el que se transforma a si
mismo como persona, acercándose o alejándose de su fin, Dios.

Es en el " agere " donde el hombre labra su propia dignidad y felicidad temporal y eterna.
Precisamente, uno de los puntos en que el cristianismo revolucionó el mundo antiguo fue este: frente a la
división de los hombres en clases por el tipo de trabajo que realizaban, el cristianismo dejó claro que el
fundamento de la dignidad del hombre no es el tipo de tarea que cumple, sino el modo en que lo
desarrolla la persona.
Con palabras de Juan Pablo II en la encíclica Laborem excercens, n° 6. " las fuentes de la dignidad
del trabajo se deben buscar sobre todo no en su dimensión objetiva (producto), sino en la subjetiva
(dignidad de la persona del trabajador)". La ética cristiana no es una ética de la tercera persona, de la
perspectiva del observador externo, sino de la primera persona, de la interioridad dinámica, de la pureza
del corazón.

5. LA CONCIENCIA MORAL
Dios, llama al hombre a participar de su vida divina y le hace una llamada, a través de la ley
esperando su respuesta. Pero además da al hombre la sensibilidad para oírle en cada momento concreto.
Esta facultad que es sensible para percibir a Dios que llama, la designamos con el nombre de conciencia.

¿cuales son las formas con las que Dios llama?


Por la enseñanza y testimonio de la Iglesia.
Las necesidades de nuestro prójimo.
Los dones que Dios la otorga a cada uno.

CONCIENCIA: Es la capacidad fundamental del hombre comprender la llamada de Dios y responder a


la misma.
La conciencia moral es el juicio práctico de la razón que dictamina el valor moral de los propios
actos.
"En lo más profundo de su conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino
a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón llamándole
siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal... El hombre tiene una ley inscrita por Dios en su
corazón... La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios,
cuya voz resuena en lo más íntimo de ella" (G.S 16). (CEC 1776)

La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la dualidad moral
de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho. En todo lo que dice y hace, el hombre
está obligado a seguir fielmente lo que sabe que es justo y reto. Mediante el dictamen de su conciencia el
hombre percibe y reconoce las prescripciones de la ley divina:

La conciencia es una ley de nuestro espíritu, pero que va más allá de él, nos da Orden es, significa
responsabilidad y deber temor y esperanza... La conciencia es la mensajera del que, tanto en el mundo de
la naturaleza como en el de la gracia, a través de un velo nos habla, nos instruye y nos gobierna. La
conciencia es el primero de todos los vicarios de Cristo (Newman, carta al duque de Norfolks) ( CEC
1778)
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CLASE DE CONCIENCIA:
RECTA: La persona ha sido diligente al examinar la licitud o ilicitud antes de tomar una decisión
moral..
NEGLIGENTE: No se preocupa por buscar la decisión correcta.
CIERTA: toma la decisión sin que haya motivo serio de dudar que sea bueno.
DUDOSA: No esta inseguro sobre la bondad o malicia de una acción.
VERDADERA: Lo que juzga como bueno corresponde objetivamente a lo que es bueno.
ERRONEA: Piensa que es bueno lo que objetivamente no lo es.
Yerra sin culpa. Puede ser:
Invencible: es cuando por las circunstancias y entorno no puede salir del error.
Vencible: Puede superar su error o tiene gran probabilidad.
DELICADA: Gran sensibilidad para con las Valores morales.
LAXA: Cosas importante en el campo moral no le da importancia.
FARISAICA: Mezcla de laxitud por un lado y exageración en otro.

DIVISION DE LA CONCIENCIA
En relación al acto: Antecedente concomitante y consecuente. En razón de su conformidad con el
orden moral: Verdadera y errónea (vencible o invenciblemente). En razón de la fuerza con que el sujeto
asiente al juicio de conciencia: Cierta probable dudosa.

PROPIEDADES DE LA CONCIENCIA
a) acompaña a todo acto libre;
-por que es parte del conocimiento intelectual de todo bien singular;
-como el acto libre necesita el concurso de la inteligencia, siempre irá acompañado de un juicio de
conciencia;
b) no obliga por si misma sino en virtud del precepto divino;
-obliga porque al mostrar la ley, muestra la voluntad de Dios;
-no crea la ley sino que la descubre y aplica al caso concreto;
-aquí se encuentra el error de la ética de situación;
c) puede errar y oscurecerse pero nunca extinguirse totalmente;
-si hay inteligencia, hay conciencia. la conciencia viene con la naturaleza;
-cabe el error porque también la inteligencia está sometida a la posibilidad del error (vencible o
invencible);
-no seguir la luz de la conciencia es hacer violencia a la razón (es el origen del remordimiento).

LA FORMACION DE LA CONCIENCIA
En este punto hay que considerar dos cosas: una es la necesidad de la formación de la conciencia -
de lo que se deduce la obligación -; y otra, el modo de conseguir esa educación o formación.
Hay que formar la conciencia, y esclarecer el juicio moral. Una conciencia bien formada es recta
y veraz. Formula sus juicios según la razón, conforme al bien verdadero querido por la sabiduría del
Creador. La educación de la conciencia es indispensable a seres humanos sometidos a influencias
negativas y tentados por el pecado a preferir su propio juicio y a rechazar las enseñanzas autorizadas.
(CEC 1783)
La educación de la conciencia es una tarea de toda la vida. Desde los primeros años despierta al
niño al conocimiento y la práctica de la ley interior reconocida por la conciencia moral. Una educación
prudente enseña la virtud; preserva o sana del miedo, del egoísmo y del orgullo, de los insanos
sentimientos de culpabilidad y de los movimientos de complacencia, nacidos de la debilidad y de las
faltas humanas. La educación de la conciencia garantiza la libertad y engendra la paz del corazón.
( CEC 1784)
En la formación de la conciencia, la Palabra de Dios es la luz de nuestro caminar; es preciso que
la asimilemos en la fe y la oración, y la pongamos en práctica. Es preciso también que examinemos
nuestra conciencia atendiendo a la cruz del Señor. Estamos asistidos por los dones del Espíritu Santo,
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ayudados por el testimonio o los consejos de otros y guiados por la enseñanza autorizada de la Iglesia (cf
DH 14). (CEC 1785)

Modo de conseguir la formación de la conciencia:


La rectitud del juicio de conciencia implica, el conocimiento exacto de la ley y el saber aplicarlo a
los actos singulares y concretos. Y a esa doble finalidad ha de tender la recta formación de la conciencia
que en perfecta unidad y dependencia, deberá tener en cuenta:
a) el estudio amoroso de la verdad y de la ley de Dios, contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición
e interpretada auténticamente por el Magisterio .
b) la disposición sincera y profunda de conocer y seguir la verdad, facilitada por el vivir las virtudes
naturales y sobrenaturales; así se adquiere ese conocimiento sapiencial, como una connaturalidad con lo
bueno y recto.
c) en particular, la humildad y sinceridad para pedir y seguir el consejo de aquellas personas prudentes
que el Señor ha puesto a nuestro lado.
d) la ayuda de la oración y de los Sacramentos, en el caso de los cristianos.

LA CONCIENCIA EN LA SAGRADA ESCRITURA:

Hacemos una precisión, en la S.E. la conciencia no se considera como algo disociada del hombre
entero, sino a una facultad entre otras muchas.

En el A.T. tiene las siguientes citas típicas:


- La conciencia siempre es “conciencia frente a Dios”. Ante la luz de Dios el hombre se hace conciente de
haber actuado recta o incorrectamente.
- En el sí o no a Dios “El hombre entero se compromete” y en su zona más profunda, a saber: EL
CORAZON que es el término preferido para asignar la totalidad del hombre en sus decisiones de
conciencia (amarás… con todo el corazón… Hombres de corazón endurecido…”).

En el N.T. en los evangelios como en el A.T. se empleará la palabra corazón y también espíritu
como algo inserto dentro del hombre, con esto designa a la conciencia. Se hará mucho hincapié en la
intención del corazón, en interioridad más que en aspecto exterior, es una expresión de esa voz de la
conciencia que prueba sus malas acciones. El fariseo será prototipo de la conciencia impenitente y
pervertida.

En San Pablo se designa a la conciencia con la Palabra “sineydesis” (cfr. Rom. 2,15; 1Tim. 1,5s; 2
Tim. 1,15). Subrayamos el pensamiento de Pablo en Rom. 14; a saber:
- Cada uno debe actuar conforme a su conciencia, Rom. 141,15ss.
- La conciencia no coincide a veces con la verdad objetiva Rom. 14,14.20; 1Cor. 8,4-7;
- La conciencia dice relación a la comunidad: Rom. 14,3-4; 10.13.15.21; 1Cor. 8,9-13.

Pablo también afirma que hay una primacía de la conciencia sobre la ley (rom. 14,5,22ss; 1 Cor.
8,7). La honesta convicción de la conciencia del hombre constituye el criterio decisivo de toda la
actuación del hombre. Todos deben hacer aquello que la conciencia les dicta como buenos y evitar lo que
la conciencia les juzga como malo. Y es que Dios nos juzgará de acuerdo a nuestra conciencia. Aunque
objetivamente la ley no ha sido observada sin mala voluntad, es pues la conciencia la forma última y
decisiva del actuar del hombre.

CONCIENCIA Y MAGISTERIO:
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Nos referimos fundamental al Vaticano II, en el cual se expone en varios pasajes la doctrina
eclesial, acerca de la conciencia y repercusión de esta, en la moralidad y la actuación del hombre en el
entorno social - religioso.

En la declaración DIGNITATIS HUMANAE (D.H)

D.H.3.- Cada uno tiene la obligación… de buscar la verdad en materia religiosa, a fin de que
utilizando los medios adecuados, llegue a formarse rectos y verdaderos juicios de conciencia… esto lo
logrará mediante una investigación libre, sirviéndose del magisterio o de la educación de la comunicación
o del diálogo…y a la vez conocida esta, hay que adherirse a ella firmemente con asentimiento personal”.
El hombre nos reconoce y percibe por medio de la conciencia los dictámenes de la ley divina,
conciencia que tiene obligación de seguir firmemente. Es por tanto necesario no hacer obrar contra la
conciencia ni tampoco se puede impedir que se obre según ella.

D.H.14.- La Iglesia es la maestra en la formación de la conciencia por ser maestra de verdad y


“además su misión consiste en anunciar y enseñar auténticamente la verdad que es Cristo, y al mismo
tiempo declarar y confirmar con su autoridad los principios de orden moral que fluye de la misma
naturaleza humana”. Por otra parte los fieles no deben de mostrar adversión antes bien prestar diligente
atención a la doctrina sagrada y cierta de la Iglesia.

G.S.16.- Afirma la existencia de la conciencia, la cual descubre al hombre la existencia de una ley
que se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los
oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y evitar el mal: haz esto evita
aquello”. Es pues el núcleo secreto del hombre, en el que se siente a solas con Dios. En la obediencia a
esta conciencia está la dignidad humana y a la vez será juzgado el hombre personalmente. La conciencia
es también un eje de unión entre los creyentes y no creyentes, pues los une para buscar la verdad y
resolver con acierto numerosos problemas morales que se presentan al individuo a la sociedad.

Afirma la G.S. que no se pierde la dignidad de la persona por errar de manera ignorante e
invencible, lo cual no se puede afirmar del que va empobreciendo su conciencia por el hábito al pecado.
(Véase 6,5. 16, siguiendo su conciencia se puede salvar).

6. EL ACTO HUMANO Y LAS FUENTES DE SU MORALIDAD

Su estructura personal
En el hombre hay dos series de operaciones, de acuerdo con el modo que hayan sido realizadas:
los llamados actos del hombre, que proceden del hombre, pero sin dominio racional; y los actos humanos,
que el hombre realiza según su modo específico propio, es decir, en cuanto ser racional y libre. Se puede
decir que actos humanos son aquellas acciones internas y externas en las que el hombre actúa por su
voluntad, a propuesta del entendimiento y previa la deliberación anterior. Se les define también como los
actos voluntarios y deliberados.
El acto humano implica una estructura cuyos elementos generales y esenciales son:
A) El cognoscitivo: B) El volitivo: c) La libertad

A) El cognoscitivo
Es el elemento imprescindible, porque no se puede querer algo si antes no se conoce, y tampoco
podemos querer algo libremente si no somos conscientes de ello. Este conocimiento incluye la
advertencia - atención de la mente al acto-, la deliberación - valoración sobre la conveniencia o
inconveniencia del acto-, y el imperio -la determinación al querer-. No basta cualquier conocimiento para
que haya un acto humano; pero no se requiere un conocimiento tan completo y exhaustivo que apenas
podría darse en la práctica. Puede decirse que, en general, para que haya un acto humano es necesario y
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suficiente con que el sujeto tenga advertencia del acto que va a realizar y de su conveniencia o
inconveniencia: así el sujeto puede ser dueño de ese acto.

B) El volitivo:
Santo Tomás define el acto voluntario como "el que procede de un principio intrínseco con
conocimiento del fin" (S. Th I-II, q 6, a 1). Dos cosas son, así, necesarias para que algo se diga, en sentido
verdadero, voluntario :
a) Que procede de nuestra voluntad a manera de efecto; y
b) que el efecto o resultado de nuestra voluntad haya sido, al menos en su causa, previsto por el
entendimiento, previamente a ser realizado por la voluntad. Son también voluntarios los efectos o
resultados de las acciones y hasta de las omisiones, con tal que se hubieran previsto y fuera obligación de
evitarlo.

C) La libertad
Es característica esencial de los seres inteligentes y, por tanto, de su actividad. Sin ella, el obrar humano
se queda a un nivel puramente animal. Sin libertad no puede haber vida moral porque, para obrar
moralmente, no basta con saber distinguir entre el bien y el mal, se necesita también tener posibilidad de
autodeterminarse con dominio del acto. Sólo de esta manera se puede ser responsable y, por tanto, capaz
de mérito o culpa, de premio o castigo.

7. FUENTES DE LA MORALIDAD: OBJETO FIN Y CIRCUNSTANCIAS


La determinación de la bondad o malicia de los actos humanos se hace por los elementos que los
integran: El objeto, el fin y las circunstancias. Estos elementos no intervienen todos de la misma manera,
cuando determinan la moralidad de los actos humanos buenos y la de los actos malos. Para que un acto
sea bueno, deben serlo a la vez necesariamente el objeto, el fin y las circunstancias; y para que sea malo
basta con que uno de ellos contraríe la norma moral.

EL OBJETO: Es la primera y fundamental fuente de moralidad: si el objeto es malo, el acto será siempre
malo, aunque las circunstancias y el fin sean buenos; "No se puede hacer el mal para que sobrevenga el
bien" (Rom 3,8); el fin no justifica los medios. En cambio, si el objeto es bueno, el análisis para una
calificación completa y verdadera del acto debe proseguir por el fin y las circunstancias.

* Hay actos que en si son buenos o malos (Honrar a Dios, matar a una inocente…). El hombre que haga
estos actos por decisión libre de su voluntad actuará bien o mal moralmente, según sea la naturaleza
moral objetiva de esos actos. Ninguna razón, ningún fin podrá hacer que los actos que son objetivamente
malos, pasen a ser objetivamente buenos o viceversa.
Está en la común idea y el sentimiento de los hombres. Y la revelación instruirá al fiel que dirá
que hay actos que nunca podrán ser objetivamente buenos (cfr. 1 Cor. 6,9ss)”… ni los fornicadores
idólatras, adúlteros afeminados, sodomistas, ladrones, avaros, calumniadores… será herederos del reino
de Dios”.
La actualidad del problema radica en que, no faltan autores que dirán que no hay absolutos en
teología moral o son muy escasos (caso concreto el teólogo moral Curram.).
Ponen casos como la masturbación apara análisis de esperma - control de nacimientos… expulsión
del feto directamente para salvar a la madre… como si estos actos serían indiferentes en sí y solo
recibirán la cualificación moral última del fin que busca el que lo hace.

EL FIN: Es el objetivo al que el agente ordena sus actos, es decir lo que se propone conseguir. Este fin,
junto con el objeto, determina la sustancia del acto moral. El fin es la intención subjetiva que pretende el
agente con la acción.

* El acto moral que pretende la persona: Antes hemos visto que hay actos que en sí tienen
independientemente de lo que busca o pretende la persona que lo hace, una cualificación moral objetiva.
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Ahora vamos a entrar en la enfermedad más íntima de la persona del hombre, ¿Que es lo que
busca o pretende una persona al hacer tal acto? ¿Qué es lo que mueve a hacerlo? ¿Qué fin persigue?.
RESPONDEMOS:
Si el acto que hace es mal, el fin que pretende el hombre al hacerlo no lo convierte en bueno. Pues
el fin no justifica los medios malos. (aunque no negamos que por error o incluso sabiendo la maldad del
acto cometido puede quedar libre de culpa por ignorancia o disminuida algo la gravedad por perseguir un
buen fin pero afirmados que el acto en sí sigue siendo malo).
- Un fin malo infecciona el acto en sí bueno. Dar limosna (acto bueno) exclusivamente para llamar la
atención o envanecerse, infecciona al acto.
- Tiene gran importancia en la educación moral tanto la cualidad moral del acto en si (objetivamente)
como la intención con que se hace.
Hay que aclarar que no basta el fin bueno para que justifique una acción mala.

LAS CIRCUNSTANCIAS: Son aquellos aspectos accidentales del objeto o de la intención del agente,
que afectan de algún modo a la bondad de la acción, pero sin cambiar su sustancia. Por ejemplo, el cariño
con que se da una limosna, etc. Si el fin y el objeto eran como la forma y la materia, respectivamente, del
acto moral, las circunstancias son como sus accidentes. Por tanto, si el acto es bueno o malo por su objeto
y fin, las circunstancias acrecientan o disminuyen accidentalmente su bondad o maldad.

*Las circunstancias que rodean el acto tienen un gran peso moral, tantos en los actos buenos como en los
moralmente malos.

Hay circunstancias que cambian la especie misma el pecado y por eso será obligatoria expresarlas
en la confesión. No es lo mismo una fornicación con un soltera que con una soltera con violencia, o que
sea familiar (hermana), o con persona del mismo sexo o con una persona consagrada a Dios.
Como es aspecto positivo, prestar ayuda a una persona es un buen acto, pero hacerlo a un enemigo
es un acto de amor especial.
Un acto en sí malo no se convertirá en bueno por circunstancias. Pero sí puede un acto en sí
bueno, convertirse en malo por las circunstancias.
Decir la verdad es bueno, pero decirla a una persona a la que le causaré daño tanto para su fe
moral, por las circunstancias de edad, preparación del momento que está viviendo, puede convertirse en
acto malo moralmente.
Hay circunstancias que no cambian de especie, pero sí son atenuantes o agravantes del acto moral
realizado. Las circunstancias que no cambian la especie, no será estrictamente obligatorio decirles en la
confesión, pero sin embargo pastoralmente pueden dar mucho mejor conocimiento de la persona de
adulterio, robo, tiene un sentido especial al conocer las diversas circunstancias que vive la persona o las
situaciones que le rodea, su actitud frente al problema. Esas circunstancias aclaran mucho al fondo moral
de las personas, y nace que las soluciones o ayudas se le presten, sean adecuadas a la persona concreta, en
su problema concreto (enfermedad y al enfermo).
Lo mismo que hemos dicho referente a los actos morales malos podríamos decirlos a los aspectos
positivos en los actos de virtud.

IMPEDIMENTOS DEL ACTO MORAL


El conocimiento intelectual y la voluntariedad son decisivos para la libertad; todo aquello que de
una u otra manera reduzca el conocimiento o la voluntariedad de la operación humana, disminuye o anula
la libertad.
Estos obstáculos son fundamentalmente la ignorancia, las pasiones, el miedo, y la violencia. Se
dan también otros trastornos psicopatológicos, que pueden influir muy directamente en la libertad
requerida para los actos humanos. Todas estas dificultades se conocen como impedimentos del acto
humano:
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Violencia: Es la acción exterior que fuerza a la persona para que actúe contra su voluntad. Para que haya
violencia completa o coacción, se requiere:
a) que sea ejercida por otro, pues nadie puede causarse violencia a sí mismo;
b) que se oponga al querer del sujeto: si este cede o colabora, ya no se puede hablar de violencia al
menos perfecta.

Ignorancia: Es la carencia del conocimiento requerido para el acto moral. Destruye o debilita la libertad
del acto externo al impedir el conocimiento necesario para la voluntariedad del acto. La ignorancia es
carencia de ciencia en quien debería tenerla. Difiere de la necencia o simple falta de un conocimiento, en
quien no tiene deber de poseerlo.
En la ignorancia se puede distinguir:
a) Iuris: Es el desconocimiento de la ley, divina o humano, civil o eclesiástica.
b) Facti: Es el desconocimiento de algunos aspectos de la acción que la hacen buena o mala.
c) Inculpable: Se da cuando se han puesto los medios debidos y, pese a ello, no se ha llegado al
conocimiento de la verdad. También es llamada invencible, en cuanto quien la padece no puede vencerla y
librarse de ella, pese a los debidos esfuerzos puestos para alcanzar la verdad.
d) Culpable o vencible: Supone que se pudo y se debió superar. Por tanto procede de negligencia o
culpa del sujeto. Caben varios grados: 1) Simplemente vencible: cuando se pusieron medios incompletos o
insuficientes. 2) Crasa o supina:: cuando la ignorancia se debe a negligencia grave. 3) Afectada: es la que
evita informarse para actuar según su apetencia.

LA LEY MORAL NATURAL

Ley Moral, es el conjunto de preceptos que Dios a promulgado para que cumpliéndolos el ser humano
pueda alcanzar su fin último sobre natural. La ley moral es propia de la creatura racional y tiene su
plenitud en Cristo verdadero Camino de salvación.
También suele definirse como la regla de conducta que prescribe normas o principios que
expresan valores “no mentiras” “decir siempre la verdad”.

Expresiones de la ley moral. (Cf. CEC 1952)


Son diversas y todas están coordinadas entre sí:
+ la ley eterna, fuente en Dios y de todas las leyes.
+ la ley natural, referida a todas las creaturas racionales, que comprende la Ley antigua y la Ley nueva o
evangélica.
+ las leyes civiles y eclesiásticas.

CEC 1950 La ley moral es obra de la Sabiduría divina. Se la puede definir, en el sentido bíblico, como
una instrucción paternal, una pedagogía de Dios. Prescribe al hombre los caminos, las reglas de
conducta que llevan a la bienaventuranza prometida; proscribe los caminos del mal que apartan de Dios
y de su amor. Es a la vez firme en sus preceptos y amable en sus promesas.

CEC 1951 La ley es una regla de conducta proclamada por la autoridad competente para el bien
común. La ley moral supone el orden racional establecido entre las criaturas, para su bien y con miras a
su fin, por el poder, la sabiduría y la bondad del Creador. Toda ley tiene en la ley eterna su verdad
primera y última. La ley es declarada y establecida por la razón como una participación en la
providencia del Dios vivo, Creador y Redentor de todos. "Esta ordenación de la razón es lo que se llama
la ley" (León XIII, etc. "Libertas praestantissimum"; citando a Santo Tomás de Aquino, s. th. 1-2,90, 1):
El hombre es el único entre todos los seres animados que puede gloriarse de haber sido digno de
recibir de Dios una ley: Animal dotado de razón, capaz de comprender y de discernir, regular su
conducta disponiendo de su libertad y de su razón, en la sumisión al que le ha entregado todo
(Tertuliano, Marc. 2, 4).

LA LEY MORAL NATURAL. (Definiciones del CEC)


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El hombre participa de la sabiduría y la bondad del Creador que le confiere el dominio de sus
actos y la capacidad de gobernarse con miras a la verdad y al bien. La ley natural expresa el sentido moral
original que permite al hombre discernir mediante la razón lo que son el bien y el mal, la verdad y la
mentira:
La ley natural está inscrita y grabada en el alma de todos y cada uno de los hombres porque es la
razón humana que ordena hacer el bien y prohíbe pecar... Pero esta prescripción de la razón humana no
podría tener fuerza de ley si no fuese la voz y el intérprete de una razón más alta a la que nuestro espíritu
y nuestra libertad deben estar sometidos (León XIII, etc. Libertas praestantissimum").

N 1955 La ley "divina y natural" (GIS 89, 1), muestra al hombre el camino que debe seguir para
practicar el bien y alcanzar su fin. La ley natural contiene los preceptos primeros y esenciales que rigen
la vida moral. Tiene por raíz la aspiración y la sumisión a Dios, fuente y juez de todo bien, así como el
sentido del prójimo como igual a sí mismo. Está expuesta, en sus principales preceptos, en el Decálogo.
Esta ley se llama natural no por referencia a la naturaleza de los seres irracionales, sino porque la razón
que la proclama pertenece propiamente a la naturaleza humana:

¿Dónde, pues, están inscritas estas normas sino en el libro de esa luz que se llama la Verdad? Allí
está escrita toda ley justa, de allí pasa al corazón del hombre que cumple la justicia; no que ella emigre
a él, sino que en él pone su impronta a la manera de un sello que de un anillo pasa a la cera, pero sin
dejar el anillo (S. Agustín, Trina. 14,15, 21).

La ley natural no es otra cosa que la luz de la inteligencia puesta en nosotros por Dios; por ella
conocemos lo que es preciso hacer y lo que es preciso evitar. Esta Luz o esta ley, Dios la ha dado a la
creación (S. Tomás de A., de. praec. 1).

PROPIEDADES DE LA LEY NATURAL.


Universal. Tiene vigencia en todo el mundo y para todas las razas.
Inmutable. No cambia por culturas ni con los tiempos, ni con las condiciones socioculturales. (Cf.
CEC 1956- 1947)
Según los clásicos, además: No admite dispensa; Ningún legislador puede dispensar de su obediencia. Y
tienen, Evidencia; Todos los seres humanos la conocen al tener uso de razón.

Hay que tener en cuenta que:

CEC 1959 La ley natural, obra maravillosa del Creador, proporciona los fundamentos sólidos sobre
los que el hombre puede construir el edificio de las normas morales que guían sus decisiones. Establece
también la base moral indispensable para la edificación de la comunidad de los hombres. Finalmente
proporciona la base necesaria a la ley civil que se adhiere a ella, bien mediante una reflexión que extrae
las conclusiones de sus principios, bien mediante adiciones de naturaleza positiva y jurídica.

CEC 1960 Los preceptos de la ley natural no son percibidos por todos de una manera clara e
inmediata. En la situación actual, la gracia y la revelación son necesarias al hombre pecador para que
las verdades religiosas y morales puedan ser conocidas "de todos y sin dificultad, con una firme certeza y
sin mezcla de error" (Pío XII, etc. "Humani generis": DS 3876). La ley natural proporciona a la Ley
revelada y a la gracia un cimiento preparado por Dios y armonizado con la obra del Espíritu.

8. LAS NORMAS MORALES Y LOS ABSOLUTOS MORALES FRENTE AL


CONSECUENCIALISMO

CONSECUENCIALISMO
Teoría moral según la cual se debe actuar en razón de las consecuencias (probables). De la acción
Las consecuencias desempeñan un papel decisivo a la hora de seleccionar las opciones del agente. Se
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engloban dentro de las éticas teológicas -una acción es calificada de buena o mala según los resultados de
la misma-, y una versión más generalizada y conocida es el utilitarismo. Los consecuencialistas dicen que
es una teoría de la justificación -no de la deliberación, que defienden los no consecuencialistas- , porque
los valores justifican las elecciones, e invocan unos valores que la gente debe fomentar, mientras que los
no consecuencialistas invocan unos valores que deben ser respetados. Moore entre otros critica la tesis
consecuencialista basándose en que además de las consecuencias de nuestras acciones, hay también otras
cosas que importan, como que se debe hacer el bien (ayudar a los demás, fomentar la justicia etc) o que se
debe cumplir una promesa sencillamente porque se había prometido. La gente piensa más en términos de
pasado (la promesa hecha) que de futuro (las consecuencias de la promesa incumplida). Por su parte, F. H
Bradley (1846-1924) pensaba que el consecuencilista podría verse envuelto en una intrincada casuística.
“Por lo que alcanzo haber -escribió- esto va ha hacer posible a justificar incluso a estimular una incesante
casuística practica; y eso, no hace falta decirlo, es la muerte de la moralidad”. En frontal oposición al
consecuencialismo están las éticas deontológicas (deontología) o de las normas, del deber y de la
obligación. “El valor ético” de la acción radica en el “como” se realiza, en obrar conforme a normas.
Bueno es lo que se ajusta a lo que esta mandado; malo, lo contrario.

9. EL PECADO

Noción Teológica del Pecado


El pecado es la violación de la ley moral divina, claramente conocida y libremente querida. El
término pecado, para designar el mal moral, es de origen bíblico, y la escritura lo usa frecuentemente
( Cfr. Gn 18,20; Mt 12,31; 1Cor 6,18).

Algunas definiciones de Pecado:


+"Peccatum est factum vel dictum vel concupitum aliquid contra legem aeternam". (San Agustín Contra
Faustum , XXII, 27: PL 42, 418). Son dos los elementos que destacan: Acto humano. Sólo puede haber
pecado si hay acto libre, es decir, si media conocimiento de lo que se hace y de su maldad (Advertencia),
y la voluntad que quiere hacerlo (consentimiento). Todo lo que disminuya la libertad (ignorancia, miedo,
etc) disminuye la razón de pecado. El acto puede ser interno (pensamiento) o externo (palabra y obra),
consistir incluso en una omisión. Contraria a la Ley de Dios: El acto humano es malo cuando no se
ordena a la ley de Dios como último fin.

+ "Aversio a Deo" y "Conversio ad creaturas". En todo pecado el hombre se aparta de Dios para
convertirse a un bien creado, que ama desordenadamente. De ordinario, nadie peca por afán de transgredir
la Ley de Dios, sino por amor a un bien fuera del orden de esa ley. La desordenada conversión al bien
temporal (Conversio ad creaturas) es el objeto directo de la voluntad del pecado, mientras que el apartarse
de la voluntad de Dios al quererlo (Aversio a Deo) es su malicia.

PECADO MORTAL Y PECADO VENIAL


La Sagrada Escritura habla de 2 tipos de pecados. Unos que producen la muerte (Stgo. 1,15) y
excluyen del Reino de los Cielos (1 Cor 6,4-10), separan de Cristo, rompen la unión con Dios. Otros , en
cambio, en los que el justo mismo cae varias veces al día, pero no excluyen de la amistad con Dios. La
Iglesia ha llamado respectivamente a éstos pecados mortales (priva de la vida de la gracia, por apartar de
Dios como último fin) y Veniales ( no priva de la vida de la gracia ni aparta de Dios como último fin).

PECADO MORTAL:
Consiste en la aversión a Dios, por una conversión gravemente desordenada a las criaturas. La
esencia del pecado grave o mortal radica en la aversión a Dios o desorden respecto al último fin; es
siempre un acto gravemente desordenado por su objeto que es libremente querido. El desorden de la
voluntad impide recibir, o hace perder, al alma la vida de la gracia.
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No todos los pecados mortales tienen igual gravedad aunque cualquier pecado grave prive de la
gracia y desordene al hombre respecto a su último fin, no siempre su voluntad queda comprometida
igualmente con el mal. Cuanto mayor sea el desorden, más grave es la culpa.

Condiciones requeridas para el pecado mortal:


a) Materia grave : que el objeto del acto supone un desorden grave contra la ley de Dios.
En atención a la gravedad de la materia se suele distinguir: 1) Pecados mortales ex toto genere suo: Los
actos que, por su materia, comportan un grave desorden contra la ley divina; no admiten parvedad de
materia. 2) Pecados mortales ex genere suo: Los actos que, por su objeto, implican un grave desorden
contra la ley divina, pero admiten parvedad de materia. 3) Pecados veniales ex genere suo:
Comportamientos desordenados que de suyo, por su objeto, no comportan la ruptura de la voluntad con el
amor al último fin.
La tradición moral cristiana ha afirmado siempre la existencia de actos intrínsecamente morales o
absolutos morales, que en sí mismos y por sí mismos constituyen siempre un desorden moral grave. Se
trata de actos delimitados por el objeto del acto externo, cualesquiera que sean las circunstancias
personales, sociales, las intenciones y motivaciones subjetivas, contradicen gravemente la dignidad
personal del ser humano y la ley de Dios.

a) Plena advertencia: El sujeto, en el perfecto uso de su razón, conoce que está obrando el mal en materia
grave. Si faltara tal conocimiento, no podría haber pecado mortal. Se puede distinguir 2 aspectos: 1 Uso
perfecto de la razón: no hay advertencia plena si el individuo carece del completo dominio de sus
facultades mentales. 2 Conocimiento de la gravedad de la materia: no habría tampoco plena advertencia si
se ignora la maldad del acto que se realiza. Es suficiente que la luz de su conciencia le indique que actúa
mal en materia grave.

C) Pleno consentimiento: La voluntad se adhiere al objeto malo, con su fuerza sustancial más integra, sea
por propia elección o consintiendo a un movimiento pasional desordenado. Basta que el quiera un acto
que es grave objetivamente.

PECADO VENIAL:
El pecado venial consiste en una conversión desordenada a las criaturas, que no comporta la
pérdida del orden habitual de la voluntad a Dios como último fin . Se trata de pecados que no impiden la
vida de la gracia, ni hacen que se pierda.
Entre el pecado mortal y venial media una diferencia esencial y no sólo de grado:
a)- La razón de pecado está plenamente sólo en el mortal, y de modo imperfecto en el venial: en el primer
caso la voluntad se aparta de Dios; en el segundo caso permanece unida a él, si bien imperfectamente.
b)- el pecado mortal priva de la misma vida del alma en cuanto hace perder la gracia; el venial ni siquiera
la disminuye, si bien dificulta el ejercicio de las virtudes.

Clases de pecados veniales: El desorden propio del pecado venial puede darse de dos maneras:
a. Por imperfección del acto: falta plena advertencia o perfecto consentimiento, en una materia grave.
b. Por levedad de la materia: sea porque el género mismo del acto malo es leve, o porque hay parvedad
de materia en un género de actos de suyo graves.

¿Puede cometerse pecado mortal en materia que de suyo son leves?


La tradición moral cristiana enseña que si en los siguientes casos:
1- Por conciencia errónea: si se estima erróneamente que una determinada conducta es falta grave, y a
pesar de todo se realiza.
2- Si se realiza el acto con desprecio formal (por ej., quien omitiera hacer una reverencia al santísimo con
objeto de despreciar la fe).
3- Por la acumulación de actos entre los que media una unión moral.
15
Pecado y opción fundamental
En el Juicio moral de las conductas han de tenerse en cuenta los elementos objetivos (moralidad
objetiva) y los condicionamientos psicológicos, subjetivos, etc. (moralidad subjetiva). En otro caso no se
considerarían conductas humanas. Pero la necesidad de valorar adecuadamente esos factores subjetivos e
intencionales no puede conducir al extremo de despreciar los actos singulares y los elementos objetivos,
como si las intenciones de fondo cohonestaran cualquier actividad.

El Magisterio señala expresamente: "Algunos llegan a afirmar que el pecado mortal que separa de
Dios sólo se verifica en el rechazo de directo y formal de la llamada de Dios, o el egoísmo que se cierra al
amor del prójimo completa y deliberadamente, Sólo entonces tendría lugar una opción fundamental, es
decir, una de aquellas decisiones que comprometen totalmente a una persona, y que serían necesarias para
constituir un pecado mortal. Por ella tomaría o ratificaría el hombre, desde el centro de la personalidad,
una actitud radical en relación con Dios o con los hombres. Por el contrario, las acciones que llaman
periféricas (en las que niegan que se dé por lo regular una elección decisiva) no llegarían a cambiar una
opción fundamental. Y tanto menos, cuanto que, según se observa, con frecuencia proceden de los hábitos
contraídos. De esta suerte, esas acciones pueden facilitar las opciones fundamentales, pero no hasta el
punto de poderlas cambiar por completo" (Persona Humana n. 3).
Lo que hay de verdad en la teoría de O. F. es que la rectitud habitual de la voluntad u orden al
último fin, no suele cambiar con facilidad; y, en principio, no cambia mientras haya rectitud habitual o
decisión fundamental de vivir según el primer precepto o mandato del amor, no significa el haber
superado ya todo egoísmo, sino el empeño en luchar constante y seriamente por amor a Dios y al prójimo
y evitar toda transgresión consciente, sea en materia grave o leve, del orden moral.

EFECTOS DEL PECADO

Efectos del pecado mortal: Los principales efectos que causa en el alma un solo pecado mortal voluntario
son: Pérdida de la Gracia santificante, de las virtudes infusas y de los dones del Espíritu Santo; Pérdida de
la presencia amorosa de la Santísima Trinidad en el alma, que es incompatible con la aversión a Dios
propia del pecado mortal; Pérdida de todos los méritos adquiridos en toda su vida pasada; mancha en el
alma (Macula animae); esclavitud de Satanás, aumento de las malas inclinaciones, remordimiento e
inquietud de conciencia; Reato de pena eterna.

Efectos del pecado venial: Los efectos son la dificultad para la vida de la gracia, la disposición al pecado
grave y el reato de pena temporal. El pecado venial no priva de la vida de la gracia, aunque enfría el
fervor de la caridad manchando parcialmente el alma, dispone al pecado grave. Al pecado venial
corresponde penas temporales, en esta vida o en el purgatorio.

PECADO SOCIAL Y ESTRUCTURAS DE PECADO


La doctrina clásica sobre los efectos sociales del pecado lleva a concluir que se puede atribuir
indiscutiblemente a cada pecado el carácter social. La solidaridad es una dimensión inherente a toda
actividad del hombre por la sola condición de ser humana y personal (G S,n.23-32). El carácter de pecado
social no es propio tan sólo de aquellas acciones que se oponen directa y abiertamente al hombre y a la
sociedad o que son participación -por omisión o comisión- en los pecados de otros, sino que alcanza a
todo pecado. Todo pecado daña e infecciona de mal al cosmos, la Iglesia y la entera familia humana :"en
virtud de una solidaridad tan misteriosa e imperceptible como real y concreta, el pecado de cada uno
repercute en cierta manera en los demás (...), de suerte que se puede hablar de una comunión de pecado ,
por el que un alma que se abaja por el pecado abaja consigo a la Iglesia y, en cierto modo, al mundo
entero (...). Todo pecado repercute, con mayor o menor intensidad, con mayor o menor daño en todo el
conjunto eclesial y en toda la familia humana" (R P, n.16).
El pecado social posee una existencia real y externa. Porque, aunque el pecado siempre primero
está en el interior del hombre, desde allí pasa luego a su actividad y también a las instituciones y
estructuras creadas por él la experiencia se encarga de mostrar, además, que ejerce un influjo y poder de
16
seducción capaz de condicionar a las mismas personas. Por eso, el pecado social es una expresión que
sirve para describir las situaciones de injusticia, falta de libertad y paz entre los individuos, los grupos y
los pueblos, calificadas por el Magisterio de la Iglesia como verdaderas situaciones de pecado, dada su
condición de males en sí, material y objetivamente pecaminosas.

10. LLAMADA UNIVERSAL A LA SANTIDAD

INTRODUCCIÓN
Base del llamamiento universal a la santidad es la vocación cristiana. Cristo es el modelo y
maestro de toda perfección. El Espíritu Santo es el que santifica. El tema tiene una estructura trinitaria.
El esquema previo al cap. V de la Lumen Gentium presentaba el carácter jurídico de los
“consejos evangélicos y de los estados de perfección” en la Iglesia. El esquema se presentaba con un
carácter jurídico, pero el clamor de los Padres conciliares hizo que se cambiara la idea para que se tratase
mas bien de la universal llamada a la santidad en la Iglesia, vocación implicada ya en el hecho del
bautismo.

Lo que se perseguía con esta “vocación” era establecer que:


a- Todos los bautizados están llamados a la perfección cristiana
b- Todos las religiones más representativas han producido sus “profesionales” de la perfección.
En el cristianismo aparece tal fenómeno desde la primera hora: Pablo ( 1Cor 7 ) es elocuente:
ascetas y vírgenes; desde el siglo III los anacoretas; los cenobitas, etc. Esto se realizó quizá por las
persecuciones antes, y para sustituir el martirio después, y luego para sustraerse al peligro de la
mundanización con Constantino. Sin embargo, el inspirador de esta vida en la Iglesia es Jesucristo y su
ejemplo de abnegación y caridad. Como él vivió es el hecho supremo.
Por ello esta vida (de santidad) pertenece a su estatuto fundacional, a su misma constitución
original.
c- La perfección es la invitación que hace Cristo a todos, mas para cada uno Dios tiene un designio
particular, que es el carisma, por el cual algunos pueden recibirla capacidad de vivir ciertas virtudes en
una modalidad especial que no es la norma general con que todos los cristianos han de vivirlas, aún
aspirando seriamente a la perfección. Para vivir el carisma personal se necesita un llamamiento especial
pero que tiene un valor eclesial y es en función y servicio para toda la Iglesia.
d- Tal vida “como se viva”: con voto o promesa o consagración (oficial o no) aislada y privadamente,
comunitaria e institucionalmente, es, particularmente, en todo prolongación, expresa en la Iglesia la
abnegación de la cruz de Cristo. Es una manifestación llamativa de la santidad de la Iglesia que lo
produce.
e- En cuanto organizada: esa “vida religiosa” debe ser controlada por la Iglesia: según los diferentes
estatutos jurídicos que se han venido formulando a lo largo de la historia. Aún cuando la vida comunitaria
con los consejos evangélicos sea un medio estupendo, no es esencial a la vida de la Iglesia, ni pertenece a
su constitución íntima y sacramental (no es ni fue sacramento).
f- Debe suprimirse la terminología jurídica y ficticia de estados de perfección, pues la vida religiosa es
sólo una modalidad dentro de la vocación a la perfección que recibe todo bautizado. Conocemos las
diferentes formas de “vida religiosa”: pero ¿Cuál es el común denominador?

En un Concilio como el Vaticano II que tiene finalidades pastorales preponderantemente, entre


otros problemas, el de la santidad tenía que verse como algo básico y central para vitalizar
sobrenaturalmente a la realidad íntima de la Iglesia, a sus miembros, a sus mismas estructuras para que así
apareciera más y más ante el mundo como el rostro auténtico de Cristo y dar así testimonio más vivo de
su Evangelio.

SANTIDAD EN LA SAGRADA ESCRITURA:


17
Santo: Es hoy para nosotros el que vive espléndidamente todas las virtudes humanas según el
paradigma de Cristo, movido por la gracia. “Santo, justo, perfecto” son conceptos con sentidos referentes
pero distintos.

La Biblia es la que nos habla de la santidad de Dios.


Hebr. Qodes= algo separado, inaccesible, único, trascendente. En sentido griego, luminoso y
fascinante: Dios es el Santo por antonomasia.
Quiere decir que Dios es Dios, su santidad es su misterio, es su misma vida: vida que ha querido
manifestarse y darse, por ello su santidad “hace santo cuanto toca”.
Su revelación es proyectada sobre toda la obra creada, en especial, sobre el hombre, hecho a su
imagen y semejanza; más definida su elección con Israel; pueblo peculiarmente suyo; al hacerlo suyo, lo
segrega, le hace algo aparte... le santifica.
Dios, al revelarse, proyecta su manera de ser, su santidad, sobre ellos.
El aspecto de la santidad divina, “su comportamiento” para con los hombres (con Israel) repercute
importantemente en toda la santidad participada de éstos, de su pueblo: el llamamiento divino a Israel lo
sacraliza. Esa santificación se expresa como Alianza, organización cultual y magisterial, una ley, ritos,
fiestas, etc.

La consagración que Dios hace a su pueblo pedía una reacción personal y humana, es decir; la
santidad objetiva tenía que llegar a ser aceptada por los hombres y ser a la vez subjetiva.

Es el corazón (el hombre como tal), el que al sentirse tocado por Dios tiene que responder a su
amor y dejarse envolver en la santidad de Dios. Pero sólo un “resto” pequeño (Is 4,3) fue consecuente, el
Israel espiritual es el que consintió ser santificado de veras ... participando vitalmente de la santidad del
Dios Santo.

CRISTO:
En el en NT: es el Espíritu Santo quien lo concibe , en el bautismo se manifiesta públicamente y
lleno del Espíritu Santo se marcha al desierto. Su condición de “Hijo de Dios “, “Servidor de Dios”,
“Mesías”, dice su relación especialísima con Yahvé Santísimo.
Cristo santifica ahora a sus redimidos, su santidad, que en él habita con plenitud (Col 2,9) la
anuncia a los suyos (Jn 1,16; 19,10). Todo su sacrificio es valiosísimo y acepto al padre: Él es el Pontífice
Santo, inocente e inmaculado (Hb 7,26).
Jesucristo nos justifica, nos santifica, nos diviniza... por eso nos merece y nos da el Espíritu
santificador. Su bautismo es en el Espíritu Santo. Allí recibimos la misma unción de Cristo (unción del
Espíritu) extendida hasta nosotros (1Jn 2,20) y ese Espíritu nos hace Cristos en Cristo, nos hace
“santificados en Cristo, llamados a ser santos (1 Cor 1,2), nos hace templos de la divinidad... y finalmente
dedicados a Dios como personas (no como cosas).
Pablo llama a sus corresponsales como “santos”: “la voluntad de Dios es nuestra santificación”
(1Tes 4,3) y dice que ha de resplandecer en el cristiano, como consecuencia y objeto de la santificación
divina.
Esa santidad que desborda hasta nosotros desde Jesucristo, aparece en el NT como una realidad
social, comunitaria. Es a cada uno, a cada persona, a quien se comunica, pero en el ámbito vital de la
Iglesia de Jesucristo.
La Iglesia prolonga y consuma así la misión prefigurativa de Israel... La Iglesia forma con Cristo
EL CRISTO TOTAL.
Por eso queda santificada (la Iglesia) con el perfume de su misma santidad: Ef 5,25 ss y P2,1 son
suficientemente expresivos.
La Iglesia es el pulmón que respira el oxígeno vital del Espíritu que Cristo nos regala y merece.
Ella vive en tensión escatológica, de celeste a terrestre.

Cristo lo llena todo en la primitiva comunidad cristiana:


Esto lo evidencia el NT. Cristo es el ideal como vida y manera de vivir. Se halla más estructurado
y completo en san Pablo.
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Las primeras comunidades y los padres apostólicos, así como en años posteriores, viven esa
contemplación amorosa del misterio de Cristo: San Ignacio de Antioquía, Orígenes.
El ideal cristiano de la santidad se vive con formas muy sencillas. Por ello el martirio se convierte
en el ideal supremo de imitación de Cristo, fórmula extrema de perfección cristiana.

SANTIDAD A LO LARGO DE LA HISTORIA DE LA IGLESIA.


En el siglo V cambia la situación: la Iglesia se mundaniza en buen y en mal sentido, con el triunfo
del imperio.
La reflexión teológica adquiere un desarrollo espléndido: muchos temas nuevos como
“contemplación” considerada como alta y excepcional bajo la sombra del neoplatonismo dominante. La
oración se complica. Hay un enriquecimiento pero también desviaciones y conflictos: la sencillez
primitiva se ha perdido, y se instala una supervaloración técnica de la perfección cristiana.
En la edad media con San Alberto y Santo Tomás se dulcificará con mezclas aristotélicas. Sin
embargo el dominio del platonismo perdurará (hasta hoy).

Se efectúa un planteamiento doctrinal clásico del problema de la perfección cristiana; es un


sincretismo – platónico, idealista, racionalista; no poco alejado de las fuentes (Biblia, Liturgia) nos
desorientan de lo que la vida sencilla de los fieles nos ofrece.

Monacato: huida del mundo: fórmula ideal (ante la distancia del martirio, los monjes van a
aspirarlo y a constituirse en los sucesores de los mártires), al menos como un reflejo casi inevitable. En la
soledad consiguen mejor la perfección, tan difícil en los ambientes paganizados del cristianismo, se hacen
”los profesionales de la perfección”.

Primeramente son los personales, luego surgen agrupaciones hasta que se organizan, cenobitismo
– (Primera regla de San Pacomio) que dulcifica la “fuga mundi” con la vida común; el monasterio es un
oasis en medio del desierto del mundo. “es el monacato el que lleva las exigencias del bautismo hasta sus
últimas consecuencias”. La trilogía de los Consejos Evangélicos fue fijada hacia el siglo XII. Los demás
no están llamados a aspiraciones tan “altas”.

En la Edad Media cada vez se renuncia y abandona más el subir a las cumbres (o santidad). El
matrimonio es malo en no pocas sectas. Uso de fórmulas, recetas, métodos, porque es tradición hacerlo:
fuerza para el maravillosísimo. Esto no contribuyó a divulgar los deseos de santificación en el pueblo
cristiano. “El santo es un ser especial envuelto en resplandores y maravillas”; la santidad se hace asunto
de pocos.

Baja el sentido del Misterio de Cristo en la comprensión, se pierde el sentido de la liturgia, se lee
menos la Biblia. Muchas “devociones” (más o menos sólidas y hasta ortodoxas). La piedad se hace cada
vez más individualista y menos eclesial y comunitaria.

Ya en la Edad Media, al venir la Edad Moderna: con las órdenes (religiosos) y otras
instituciones, se abre el horizonte: los laicos seglares, clero regular... también se van sintiendo llamados.
Los seglares influyen en la vida de los pueblos; por eso los reyes y emperadores son “apóstoles”, con una
misión eclesial, ellos en la Edad Media recibían honores en los altares, aunque no eran muy santos, pero
significaba un protesta al exclusivismo de la santidad monacal.

La literatura pobre, sólo “confesionales”, consejos y ejemplos morales (“espéculos); el clero con la
literatura en Latín y libros para oraciones, sin relieve especial. La literatura espiritual es buena pero sólo
de “saber monástico”. Los escritos de españoles del s.XVI (Juan de Ávila, Luis de León...) y Francisco de
Sales (Introducción a la vida devota: Santidad posible en todos los estados de vida) preludian tiempos
nuevos.
19
Se intensifica el individualismo en la vida espiritual: se cultiva la oración mental, en algunos casos
en exceso, al punto de llegar al psicologismo místico supervalorizado: quietismo del s. XVIII. El
luteranismo lo exacerbó grandemente después.
Poco a poco el formalismo se dulcifica y se suaviza, la conciencia cristiana se suaviza ante la
protesta luterana y ante la secularización progresiva constante.

Trento fue de largo alcance para el clero y los seglares. La Iglesia está liberada en casi todas
partes de sus compromisos estatales y de la política humana. La piedad se hace más interior, con una
proyección más comunitaria, menos individualista. Hay un retorno a la vida litúrgica, a la lectura de la
Biblia, acción de caridad; procesos de canonización más para humildes y perseverantes, heroísmo callado
de la vida, no espectacular.

Espléndida formación del seglar. Movimiento de Acción Católica. La prevención en contra del
matrimonio se ha desvanecido, se le contempla más como un medio de santificación y no como un
estorbo.

La Iglesia siente la necesidad de ser una y unificada, misionera y ecuménica, llegar a todos los
estamentos sociales humanos, todavía queda frialdad en algunos que añoran tiempos antiguos fecundos.

La Iglesia quiere ser fiel a su condición de Esposa de Cristo, cargada de vida sobrenatural para
poder comunicarla, de ser signo, sacramento del Señor, pobre y deficiente, pero santa y santificada. “In
capite et in membris”.

Jerarquía, sacerdotes, monjes, religiosos, laicos seglares (son todavía minoría pero ardiente y de
inmensa esperanza): todos somos la Iglesia, bautizados y obligados a aspirar seria y sinceramente a la
perfección.
Trento (n.39): Todos son llamados a la santidad(1Tes 4,3; Ef 1,4); se debe manifestar en los frutos
de gracia que el Espíritu Santo produce en los fieles. Los que viven “consejos evangélicos” deben dar
ejemplo de santidad.

LA SANTIDAD EN EL VATICANO II:


LG 40: Nuestro Señor Jesucristo predicó la santidad de vida, de la que Él es Maestro y
Modelo, a todos y a cada uno de sus discípulos, de cualquier condición que fuesen. Sed, pues, vosotros
perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5,48)
“Vivan como conviene a los santos” (Ef 5,3). Dios quiso que la santidad (vida en Dios) y su perfección
sea por, con y en Jesucristo, su Verbo encarnado. No hay otra manera.
Hijos en el Hijo: La Iglesia es el Cristo Total, sólo y con Cristo; sólo así se es santo. Cristo es el
maestro y el Modelo único: entendido no sólo de manera extrínseca, superficial (lo que afecta al “modo
de comportarse”), de actuar hacia fuera sino como algo que interesa al mismo ser. De la exigencia ónticas
surgirán las exigencias éticas.
El bautismo nos inserta en Cristo: Nos hace participar con él en la vida divina: hijos de Dios
que dicen “Abbá, Padre” (Gál 4,6-7). Poseídos y animados por el E.S.: el bautismo es bañarse en el E.S. y
en fuego. El bautismo al hacer “Cristos”, hace participar en la condición sacerdotal de Cristo (Ofrecerle y
ofrecerse con él en su sacrificio hecho nuestro, de su Iglesia, en la Misa). El Sacerdocio universal o
bautismal es para ello, para la celebración eucarística. (Lo dijo el card. Bueno Marcal. 2da sesión: 16 oct.
1963).
La unción misteriosa de la unión hipostática y sacerdotal de Cristo llega a sus miembros por los
méritos de la gracia capital que El posee en plenitud.
20
Nuestra santidad y su perfección consisten en ser Cristo, lo más posible de Cristo, Unión vital: es
por eso mismo imitación óntica. Se dan tres imitaciones que se encadenan y se necesitan mutuamente:
Imitación óntica y vital,
Imitación psicológica íntima;
Imitación externa adaptada.

Es el “seguidme” de Cristo, y ese seguidme es acercarnos a la plenitud de su santidad.


La conformación con Cristo por Dios (especialmente por gracias sacramentales) pide colaboración
nuestra, nos hace entregarnos totalmente a la gloria de Dios y al servicio de sus hijos, nuestros hermanos
(con dolor y con amor). Para ello distinción fundamental es la pobreza de corazón: disponibilidad,
entrega, confianza... Es vocación universal en Jesucristo a la santidad a la perfección de la vida en Él,
formando todos parte de su pueblo santo, de su Iglesia.

Conclusión:
El bautismo es la inserción en Cristo, y sitúa nuestra vida bajo su ley de amor. Acrecentarla es
condición de toda vida cristiana conciente de él, y tensión dinámica en la caridad es santificarse más y
más.
La Iglesia vive aquí pero en tensión hacia allí. En esta Iglesia de Cristo hay dos dimensiones: la
trascendente – escatológica, la de la encarnación – temporal. Así, todos los que forman la Iglesia viven de
un modo u otro esa tensión, pero no en las mismas proporciones (cada uno acentuará lo propio, p. e., los
monjes: lo escatológico, los seglares: lo encarnatorio.)

LG 41: mismidad y diversidad de la santidad en la Iglesia:


Una misma santidad esencial (“confiteor unum baptisma”), un solo Cristo: vocación común (En
Cristo para todos), común dignidad, común destino.
Pero la vida del conjunto exige variedad (San Pablo) y tantas como personas, porque la persona
humana es única e irrepetible, es ella misma un absoluto relativo; la vida religiosa siempre es algo
personal de sí mismo, o no es nada. Aunque esa personalidad no puede conseguirse sino socialmente,
dentro de una comunidad: La Iglesia.
Todos somos Cristo pero cada uno somos una “edición distinta” personal, de ese Cristo. Hay
vocación universal a la vida cristiana y dentro de ella cada cual tiene su vocación propia: es el proyecto de
Dios sobre cada uno en la vida, en cada día.
Aquí, el estado de vida: que no es cambiable fácilmente, es algo accidental al existir humano, pero
que le informa de manera total, determinada y permanente, no termina en el que lo vive, sino que se
proyecta en la comunidad, en la Iglesia. Algo así como en lenguaje paulino se llama órganos: algo
intermedio entre el cuerpo total y de cada uno de los miembros, pero que agrupa a varios de éstos en una
función común e igual y que la exige modalidades específicas de vivir.

Luego, la perfección de la vida sobrenatural es por UNA Y MULTIPLE.


Una en su fuente: Dios, la participación en la vida divina,
Una es su causa meritoria, eficiente, instrumental y ejemplar,
Una es su esencia: la vida teologal (fe, esperanza y caridad),
Una en sus medios: gracias divinas y sacramentales,
Una en el sujeto de la misma: el hombre elevado, caído, reparado,
Pero diversa en cada uno al mismo tiempo.

Cada uno de los estados de vida se enraíza obligatoriamente en cada uno con exigencia común y
totalitaria. Por el bautismo, esa gracia inicial reclama las nuevas gracias y carismas que vendrán después;
tales gracias especialmente las sacramentales, en realidad son de suyo nuevas participaciones de la vida y
del sacerdocio de Jesús, nuevos “títulos” que explicitan lo que en cada caso ya contenía germinalmente el
bautismo: por nuevas exigencias vivas de santidad.

Todos los estados de vida son estados de perfección, y no sólo en sentido jurídico, sino también vital,
en todo el sentido de la palabra: la santidad cristiana es una misma, pero muy variada y polifacética.
Los obispos y pastores de la grey del Señor tienen el deber de santificarse.
21
Si todo el pueblo debe ser santo, con mayor razón “los dedicados a animar la santidad de los
demás”. El obispo es el “santificador “ por antonomasia del pueblo cristiano. Se trata de vivir a la altura
de su peculiar cristificación: carisma de plenitud sacerdotal. Tal carisma es personal pero funcional: servir
al pueblo cristiano y evangelizar a los que están fuera. Es la máxima participación del sacerdocio de
Cristo: máxima responsabilidad en su misión sacerdotal. Tal ministerio tan difícil es capacitado a su vez
por la gracia sacramental.
Resumen:
Imitar a Jesucristo Sumo y Eterno sacerdote, pastor y Obispo de nuestras almas (1Pe 2,25).
El Concilio subraya el sentido ministerial sentido servicial. Frente a la mentalidad medieval,
feudal del Obispo – Señor, el concilio insiste en la diaconía del Obispo.
Por él esa eclesiología diocesana se inserta y forma parte de la Iglesia universal. Ya que el Obispo
es miembro del colegio apostólico – episcopal que preside el sucesor de Pedro.
Su virtud característica es la caridad pastoral que ofrece tal tensión que le exige y proporciona
santidad: debe ser el analogatum princeps de toda santidad de vida para todos los fieles: “santo” y
santificador.
El concilio evita el término “estados de perfección” introducido por “Dionisio el areopagita”.

11. LA VIRTUD Y LAS VIRTUDES

LA VIRTUD
"Todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto
sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta" (Flp 4, 8).

La virtud es una disposición habitual y firme a hacer el bien. Permite a la persona no sólo realizar
actos buenos, sino dar lo mejor de sí misma. Con todas sus fuerzas sensibles y espirituales, la persona
virtuosa tiende hacia el bien, lo busca y lo elige a través de acciones concretas.

El objetivo de una vida virtuosa consiste en llegar a ser semejante a Dios (S. Gregorio de Nisa,
beato. 1 ) CEC 1803

LAS VIRTUDES HUMANAS


Las virtudes humanas son actitudes firmes, disposiciones estables, perfecciones habituales del
entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra
conducta según la razón y la fe. Proporcionan facilidad, dominio y gozo para llevar una vida moralmente
buena. El hombre virtuoso es el que practica libremente el bien.
“Las virtudes morales se adquieren mediante las fuerzas humanas. Son los frutos y los gérmenes
de los actos moralmente buenos. Disponen todas izas potencias de ser humano para armonizarse con el
amor divino. “(Cf. CEC 1804 )

NATURALEZA DE LA VIRTUD
Un sólo acto bueno no basta para mantener la orientación firme del hombre hacia su último fin
moral. Tampoco basta para hacer buenas las raíces de las facultades morales del alma y el alma misma.
En cambio la gracia y las virtudes dan una orientación moral, permanente y profunda, a la vida humana.

S. Agustín define virtud: es la constancia y facultad en el obrar bien, que procede de la bondad
interior del hombre virtuoso.
La suma teológica da la siguiente definición de virtud: "Bona qualitas mentis, qua recte vivitur et
qua nemo male utitur".( Buena cualidad del espíritu, por la cual se vive rectamente, de la cual nadie puede
usar mal).

Esta cualidad no procede de un instinto sino que se la da el hombre a sí mismo cuando le hace
justicia a la realidad. Para criar la virtud se necesita un esfuerzo de la razón, de la voluntad y de la
22
libertad; en el sentido de que la libertad se inclina por el bien que quiere la voluntad sacado de la verdad
que ha captado la razón.
El hombre es virtuoso si se deja dominar, dirigir, por el bien en toda su amplitud( no por bienes
parciales) y por la realidad que por ser realidad es verdadera y tiene un bien.
La virtud natural se adquiere en la actividad humana libre por medio del ejercicio repetido de actos
buenos y no sólo con la simple reflexión o instrucción de los valores morales.

Para vivir la virtud se necesita:


-el normativismo de la verdad (que enuncia sus dictados en imperativo)
-el rationabile obsequium (dejarse dominar por la verdad)
-la elección voluntaria.

La virtud imprime a la voluntad una progresiva firmeza en la realización del bien, y a la persona
un carácter entero y constante. La voluntad por influencia de la virtud se siente pronta e inclinada a obrar
el bien.
La virtud se diferencia del acto bueno por ser una cualidad permanente, una disposición y una
inclinación duraderas; esta cualidad lleva a realizar los correspondientes actos buenos (habitus
operativus).

Las facultades naturales del hombre y las virtudes coinciden en que ambas llevan al acto pero se
diferencian:
-las facultades naturales brotan de la misma naturaleza, las virtudes se añaden a estas.
-las facultades naturales pueden realizar actos buenos o malos; las virtudes sólo inclinan a los buenos.
-las facultades naturales son una capacidad para realizar los actos correspondientes; esta capacidad es
moralmente indeterminada y puede usarse en distintas direcciones. Las virtudes señalan un camino y dan
facilidad e inclinación para el bien.
-la virtud ocupa un lugar intermedio entre la facultades naturales y el acto y hace que las facultades
naturales pase a su acto bueno correspondiente.
La virtud es un hábito moral que tiende a los actos buenos; no todos los hábitos son virtudes. Los
vicios son hábitos que tienden a actos malos.

ESQUEMA GENERAL DE LAS VIRTUDES

1. NATURALES O ADQUIRIDAS: Se adquieren por repetición de actos. Son:

A- Intelectuales:
Perfeccionan al hombre en el conocimiento de la verdad, en concreto el orden creado. Son las siguientes:
-Hábito de los primeros principios (perfecciona a la inteligencia en el conocimiento de los primeros
principios de lo real);
-Sabiduría (conocer las causas últimas del universo visible);
-Prudencia (perfecciona la inteligencia en el conocimiento de la dimensión ética de los actos humanos);
-Artes (perfecciona el entendimiento, para que conozca el modo de hacer algo bien en orden a sus fines
próximos).

B- Morales:
La Sagrada Escritura nombra las 4 virtudes cardinales en el libro de la Sabiduría: "templanza y
prudencia, justicia y fortaleza: nada hay más útil para los hombres en la vida que estas.(Sab.8,7)
Los Santos Padres aceptan esta división y la toman como base de sus exposiciones morales. S.
Ambrosio las llama ya virtudes cardinales. S.Agustín las nombra también con frecuencia. En el CEC las
encontramos , también, con el nombre de virtudes cardinales (Cf. Nros 1804- 1809)

Prudencia: Es la virtud de la razón práctica y le corresponde juzgar y dirigir rectamente todos los actos
morales particulares, de acuerdo con las normas innatas de la conciencia, y las virtudes morales
adquiridas.
23
CEC 1806 La prudencia es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia
nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo. "El hombre cauto medita sus pasos"
(Pr 14, 15). "Sed sensatos y sobrios para daros a la oración" (1 P 4, 7). La prudencia es la "regla recta
de la acción", escribe S. Tomás (s. th. 2-2, 47, 2), siguiendo a Aristóteles. No se confunde ni con la
timidez o el temor, ni con la doblez o la disimulación. Es llamada Auriga virtutum": conduce las otras
virtudes indicándoles regla y medida. Es la prudencia quien guía directamente el juicio de conciencia. El
hombre prudente decide y ordena su conducta según este juicio. Gracias a esta virtud aplicamos sin
error los principios morales a los casos particulares y superamos las dudas sobre el bien que debemos
hacer y el mal que debemos evitar.

Justicia: Virtud fundamental de la voluntad (sujeto); ordena el querer y el obrar humanos (objeto) en
relación con el prójimo sea Dios, la naturaleza u otro hombre.
CEC 1807 La justicia es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y
al prójimo lo que les es debido. La justicia para con Dios es llamada "la virtud de la religión". Para con
los hombres, la justicia dispone a respetar los derechos de cada uno y a establecer en las relaciones
humanas la armonía que 240 promueve la equidad respecto a las personas y al bien común. El hombre
justo, evocado con frecuencia en las Sagradas Escrituras, se distingue por la rectitud habitual de sus
pensamientos y de su conducta con el prójimo. "Siendo juez no hagas injusticia, ni por favor del pobre, ni
por respeto al grande: con justicia juzgarás a tu prójimo" (Lo 19, 15). "Amos, dad a vuestros esclavos lo
que es justo y equitativo, teniendo presente que también vosotros tenéis un Amo en el cielo" (Col 4, 1).

Fortaleza: Recta disposición del apetito irascible (s); robustece el ánimo frente a las dificultades de la
vida moral y ante el peligro de muerte(o).
CEC 1808 La fortaleza es la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en
la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en
la vida moral. La virtud de la fortaleza hace capaz de vencer el temor, incluso a la muerte, y de hacer
frente a las pruebas y a las persecuciones. Capacita para ir hasta la renuncia y el sacrificio de la propia
vida por defender una causa justa. "Mi fuerza y mi cántico es el Señor" (Sal 118, 14). "En el mundo
tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: Yo he vencido al mundo" (Jo 16, 33).

Templanza: Virtud propia del apetito concupiscible. Dominio racional de los apetitos sensibles.
CEC 1809 La templanza es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el
equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y
mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus
apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar "para seguir la pasión de su
corazón" (Si 5, 2; cf. 37, 27-31). La templanza es a menudo alabada en el Antiguo Testamento: "No
vayas detrás de tus pasiones, tus deseos refrena" (Si 18, 30). En el Nuevo Testamento es llamada
"moderación" o "sobriedad". Debemos "vivir con moderación, justicia y piedad en el siglo presente" (Tt
2, 12).
Estos cuatro hábitos son virtudes de menor excelencia que las sobrenaturales, pero son más
básicas.
Junto a las virtudes cardinales están las virtudes derivadas que constituyen las llamadas partes
potenciales de las virtudes cardinales

2- INFUSAS: Son hábitos operativos infundidos por Dios en las potencias del alma para disponerlas a
obrar sobrenaturalmante. Se dividen en teologales (referidas directamente a Dios) y morales (sólo a los
medios para alcanzarle).

A-Virtudes Teologales (fe, esperanza y caridad) son hábitos operativos capacitativos (no facilitativos
como las virtudes naturales) sobrenaturales, infusos y que tienen por objeto a Dios.

Las virtudes teologales en CEC Las virtudes humanas se arraigan en las virtudes teologales que
adaptan las facultades del hombre a la participación de la naturaleza divina (cf 2 P 1, 4). Las virtudes
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teologales se refieren directamente a Dios. Disponen a los cristianos a vivir en relación con la Santísima
Trinidad. Tienen como origen, motivo y objeto a Dios Uno y Trino. |N1812

Las virtudes teologales fundan, animan y caracterizan el obrar moral del cristiano. Informan y
vivifican todas las virtudes morales. Son infundidas por Dios en el alma de los fieles para hacerlos
capaces de obrar como hijos suyos y merecer la vida eterna. Son la garantía de la presencia y la acción del
Espíritu Santo en las facultades del ser humano. Tres son las virtudes teologales: la fe, la esperanza y la
caridad (cf 1 Co 13, 13). |N1813

B-Virtudes Morales infusas son aquellas virtudes infusas que tienen por objeto inmediato y directo la
honestidad de los actos humanos en orden al fin sobrenatural. Su objeto inmediato no es Dios, sino el bien
honesto distinto de Dios. Llevan al cristiano a realizar con sentido divino sus tareas humanas.

Conexión o Relación Entre Las Virtudes


La moral es una moral de virtudes, doctrina de virtudes sobre el hombre que es verdadero o se
hace verdadero en el sentido natural y sobrenatural, por eso la virtud es una, luego necesita una serie de
actos para articularse según el objeto de esos actos. Para el cristiano la virtud se concreta en CRISTO.
Una vida verdaderamente virtuosa supone la posesión de todas las virtudes. La falta de alguna
virtud, sin embargo, no priva del carácter moral a las restantes.
La prudencia es "auriga virtutum".
La Prudencia es causa de las demás virtudes lo que perfecciona al hombre es el ejercicio de una
potencia o facultad perfectiva en orden a un fin recto; lo que da el fin recto a esa facultad perfectiva es la
prudencia.
La Prudencia es medida de las demás virtudes: es la causa ejemplar; sólo si se ajusta a la causa
ejemplar una acción es virtuosa.
La Prudencia es forma de las demás virtudes:no sólo les da el modelo al que se tienen que ajustar,
la misma prudencia las ajusta.
Una virtud moral es la impronta que imprime la prudencia en el querer y en el obrar. Toda virtud
tiene participación en la prudencia.
La caridad perfecciona las demás virtudes, es su forma extrínseca. Hace que las demás virtudes se
ordenen a la unión con Dios, y por tanto sean buenas en su sentido más estricto, o sea pone el fin último a
las demás virtudes, la unión con Dios.
La caridad es madre de las demás virtudes.