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HISTORIA DE LA IGLESIA DESDE SUS ORIGENES HASTA NUESTROS DIAS PUBLICASE BAJO LA DIRECCION DE AUGUSTIN FLICHE y VICTOR MARTIN II DESDE FINES DEL SIGLO II HASTA LA PAZ DE CONSTANTINO Pon BUENOS AIRES EDICIONES DESCLEE, DE BROUWER Versién castellana de JAIME DE LEZAUN, 0. F. M, Cap. Nihil Obstat Sepast1in ve Goft, 0. F. M. Cup. Imprimatur Juan Evanozuises DE Munvza, 0. FM. Cap. Comisario Provincial Imprimatur Monseiior Dr. RAMON A. Novos Provicario General del, Arzobispade Buenos Aires, 5 de marzo de 1953 Hs PROPIEDAD, QUEDAN MECHOS HL REGISTRO Y DEPGSITO QUE DETERMINAN LAS LEYBS DE ‘Tonos Los Pafsas, PRINTED IN ARGENTINA Unica versién autorizada del original francés.” Histoire de VEglise, II. De la fin du Iie sidele @ la pair constanlinienne TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS COPYRIGHT BY DESCLEE, DE BROUWER ¥ CfA,, BUENOS AIRES, 1983 CAPITULO I LA CRISIS GNOSTICA Y EL MONTANISMO § 1. —La eri gnéstica (1) ORIGEN DEL GNOSTICISMO A\ estudiar los tiempos apostélicos tropeza- mos ya con la gnosis, anterior segin vimos, al cristianismo (2). Los cultos y las supersticiones de aquellas naciones de Oriente que, por las conquistas de Alejandro se fundieron en los grandes reinos de Seléucidas y Lagidas y que dos siglos después fueron subyugadas por los romanos, se difundieron por todos los pueblos del Mediterraneo. El mundo helénico entré. en contacto con Persia y se dejé seducir por la teologia dualista y por sus doctrinas sobre jerarquias celestes. Estas especu- laciones pardsitas fermentaron, ya antes de la era cristiana, en Alejandria, en Siria, en todo el oriente helénico, infiltréndose en todas las religiones, sobre todo en las de mayor vitalidad. Fueron una amenaza para el judaismo y no bien aparecié Ja religion cristiana, quisieron hacer presa en ella: es la Incha de Simén Mago contra San Pedro y de Bar-Jestis contra San Pablo. Por las epistolas del apéstol hemos podido barruntar el dafio creciente de este contagio: ataca el dogma cristiano, negando, por desprecio a la carne, Ia realidad de la encarnacién de Cristo; y, paralelamente, la resurreccién de los cuerpos; ataca la moral, considerando el matrimonio como una bajeza tolerando, por el contrario, con orgulloso desprecio, todas las demencias de la carne, Mas tarde son las epistolas de San Juan y las cartas de San Ignacio las que denuncian la virulencia de aquella gangrena. LA CRISIS GNOSTICA _ Son los sintomas de la gran crisis que estalla mediado el siglo segundo. Los diltimos sobrevivientes de la edad apostélica tienen la impresién de que es una lucha totalmente nueva y extremadamente dolorosa para ellos: “jDios mio, exclama San Policarpo, en qué tiempos me habéis hecho vivir!”. Ciertamente que la edad apostélica habia (2) Brotioonaria.— E. pz Fave, Introduction & Pétude du gnosticisme, Paris, 1903; Gnostiques et gnosticisme. Etude critique des documents du Gnosticisme chrétien auz Ue et Ile siécles, 2 edic., Paris, 1925; W. Bousser, Hauptprobleme der Gnosis, Gottinga, 1907; J) P. Serres, Das Wesen des Gnostizismus und sein Verhaltnis zum Katholischen Dogma, Paderborn, 1922, Se encuentran los principales textos. cé- modamente reunidos en el libro de W. Vetxzn: Quellen der Geschichte der christli- chen Gnosis, Tubinga, 1932; F. C. Burxrrr, Church and Gnosis, Cambridge, 1932; H. Lersecano, Die Gnosis, Leipzig, 1994; E. Bowaturrt, Lo gnosticismo. Storia di anti- che lotte religiose, Roma, 1907; y Frammenti gnostici, Roma, 1993; V. Sono, La Chiesa del Paracleto. Studi su lo gnosticismo, Todi, 1922. Para todo el periodo estudiado en este volumen puede leerse U. Mortoca, Storia della letteratura latina, vol. 1, Turin, 1923, Para una sucinta informacién léese con provecho B. Sremte, Patrologia seu historia antiquee litteraturee ecclesiastice scholarum usui accommodata, Friburgo de Br., 1937, (2) Cf. supra, t. 1, pp. 227-999. 8 HISTORIA DE LA IGLESIA conocido herejes, bien lo saben ellos; pero en aquel entonces trabajaban en la sombra, escondidos en sus guaridas (*); mas, apenas murieron los apéstoles, se muestran a la luz del dia y organizan sus sectas (#). Hegesipo atribuye con raz6n tanta osadia a la desaparicin de los apéstoles y de los Ultimos sobrevi- vientes de su generacién; pero hubo otras causas que contribuyeron a dar a Ja crisis gnéstica una virulencia desconocida hasta el momento en el seno de la Iglesia cristiana. Es una secuela del desarrollo mismo de la Iglesia, El evange- Tio ha penetrado en las esferas més cultas del mundo helénico y del mundo romano; los polemistas paganos reaccionan, y frente a ellos se alzan los apolo- gistas. Pensadores y literatos dirigen en los dos bandos la contienda. En este mundo nuevo para ella, la Iglesia encuentra al mismo tiempo defensores y adversarios; pero encuentra asimismo discipulos perjudiciales que se enamo- ran de su doctrina, y Megan a deformarla. Asi, por ejemplo, Taciano, dis- cipulo de Justino, ‘apologista como su maestro y Inego sectario y jefe de secta, El peligro es tanto mayor cuanto que en la misma Iglesia hallamos cém- plices: los heresiarcas reclutan sus discipulos entre los inquietos y los ambi- ciosos, a Ios que un momento conquist6 la verdad; pero conocieron la seduc- cién de la gnosis y sucumbieron a ella sin resistencia. LA REACCION CRISTIANA Todos estos peligros nuevos, nacidos del rapido crecimiento de la Iglesia y de su penetracin en el mundo de los filésofos y literatos, constituian, a partir de la mitad del siglo segundo, una crisis grave y dolorosa; se la siente correr como un esca- lofrfo a través de todas las iglesias, tan estrechamente unidas: el peligro, al aparecer, provoca la misma reaccién en todas partes; la autoridad episco- pal se afirma, los lazos de la catolicidad se estrechan y la Iglesia de Roma toma la direccién de todas las Iglesias y les da una direccién eficaz; todos los cristianos, agrupados en torno a sus jefes, se enlazan por medio de ellos con los apéstoles, testigos y legados de Cristo, fundadores de las iglesias. La teologia de la tradicién, claborada por San Ireneo, queda grabada en formulas enérgicas por Tertuliano; se organiza con todo rigor la disciplina de la iniciacién cristiana, imponiendo la Iglesia a los candidatos al bautismo un catecumenado largo y severo y encubriendo sus misterios con el velo del arcano; y la liturgia, hasta ahora dejada a la libre improvisacién segim es- quemas tradicionales, se ajusta a formularios redactados por Ja autoridad que los impone a todos los fieles. Asi la Iglesia se organiza en todo, formula su oracién y su credo, codifica sus leyes, pero su autoridad décilmente obede- cida, no ahoga Ja voz del Espiritu. Frente a la division y la multiplicidad de las sectas, la Iglesia resplandece més que nunca como cuerpo de Cristo, () Of. Hecesiro citado por Eusemo, Hist, Kecl., III, xxx1, 7: “Hasta entonces (fin de la edad apostélica) la Iglesia permanecié como una virgen pura y sin mancha; en Jas tinieblas y como en una guarida trabajaban Jos que intentaban alterar la regla sana de la predicacién saludable”. .. (4) Hecestro, ibid; cf. Cuzmenre pz Avesanpria, Strémata, VII, xvi, 106: “I ensefianza de Nuestro Sefior durante su vida, comienza con Augusto y termina hacia la mitad del reinado de Tiberio; la predicacién de los apéstoles, hasta el final del ministerio de Pablo, acaba bajo Nerén; los heresiarcas, por el contrario, han comen- zado mucho més tarde, en tiempos del rey Adriano (117-138), y han continuado hasta la época de Antonino el Viejo (138-161); asi Basilidés, aunque se jacte de haber tenido por maestro a Glaucias, que dicen ser intérprete de Pedro, En cuanto a Marcos pertenecié a la misma época y vivia con ellos como hombre de més edad entre més jdvenes y, después de él, Simén ha sido poco tiempo discipulo de Pedro”. CRISIS GNOSTICA Y MONTANISMO 9 como madre de todos los cristianos: “Porque donde esta Ja Iglesia, alli estd el Espfritu de Dios; y donde esta el Espiritu de Dios, alli esta Ja Iglesia y la gracia toda. El Espiritu es verdad. Los que no pertenecen a ella, no Teciben alimento de vida de sus pechos maternales, ni beben de Ja fuente que se desborda del cuerpo de Cristo” (5). LAS FUENTES HISTORICAS Una de las mayores dificultades con que se tropieza en el estudio del gnosticismo pro- viene de que los escritos de los gnésticos, sobre todo los de sus jefes, han des- aparecido en gran parte. Las noticias més precisas y detalladas que poseemos provienen de los adversarios del gnosticismo. Ahora bien, los Padres no se propusieron informar a la posteridad, sino tinicamente librar del peligro a los fieles. Ponian de manifiesto el lado mds vulnerable del gnosticismo y atacaban con predileccién a los herejes, sus coetaneos, que aun vivian y tra- bajaban, més bien que a los herejes de los tiempos pretéritos. De ahi que las noticias de Ireneo, tan precisas, nos informan mucho mejor sobre los valen- tinianos del segundo siglo que sobre el mismo Valentin o sobre Basilides (°). CERINTO Los gnisticos de la era apostélica, Cerinto, Satornil y Cerdén, no han dejado apenas otra huella en la historia que sus nombres. Corinto, sin embargo, habia causado notable turbacién en las iglesias del Asia Menor. El vigor con que San Juan Jo combate, muestra que la cristologia doceta que sostenia el heresiarca, era para Jos cristianos de Asia un verdadero peligro (7). Estos primeros herejes podian ser perjudiciales para las comunidades cris- tianas, pero su influjo fué insignificante. No parece que ninguno de ellos haya escrito y, por lo demés, el gnosticismo que representan es judaizante; © mejor, provocado por las especulaciones corrientes en el judaismo, sea aco- modandose a ellas, sea como reaccién contra las mismas. () Insneo, Adversus herreses, IU, xxv, 1. (8) Estas consideraciones han sido expuestas con gran fuerza por E. pz Faye (Gnostiques et gnosticisme, 1925, pp. 3-32), pero este historiador ha cometido un grave yerro al rehusar por completo ef testimonio de los controversistas catdlicos y construir toda su historia sobse los fragmentos gnésticos que poseemos; se vi6 obligado @ acentuar y prolongar las Iineas*para delinear el disefio del edificio; ha sido condenarse, por temor a los prejuicios, a hacer un trabajo de pura imaginacién con demasiada fre- cuencia (Cf. infra, p. 14, n. 30). Los historiadores més recientes se han curado de esta excesiva desconfianza_y los descubrimientos hechos en el curso de estos tltimos afios, de textos gnésticos importattes, han confirmado el testimonio de Ireneo (Cf. K. Scunapr, Pistis Sophia, 1925, p. XC; J. Leaneton, Histoire du dogme de la Tri- nité, t. TI, p. 103). En la breve exposicién que sigue, nos atendremos a los textos de los mismos gnésticos; pero acudiremos también a la informacién que nos propor- cionan sus adversarios, sobre todo cuando podamos comprobar su exactitud. () Cf. Histoire du dogme de la Trinité, t. I, pp. 483, s. y 484, n. 1; K. Sommer, Gespriche Jesu mit seinen Tiingern, pp. 403-452. Schmidt concluye (p. 452): Cerinto no ha sido un judaizante sino un gnéstico; su actividad ha tenido por campo el Asia Menor, donde ha dejado recuerdos profundos que son atestiguades por tres testigos independientes: Ireneo, los logos y el autor de la Epistola Apostolorum. Véase en el mismo sentido LacraNncE, Saint Jean, pp. LXII y ss. Cerinto distinguia entre Jesis y Cristo: Cristo, uno’ de los Eones superiores, habia descendido sobre Jesis, hijo del Demiurgo, y lo habia dejado luego para volver al Pleroma, Hanwack, en su afén de hacer a los gnésticos precursores de los grandes tedlogos, escribe a este pro- pésito (Dogmengeschichte, t. I, 271, n. 2): “Asi Cerinto es el padre de le doctrina de las dos naturalezas”. Esto no pasa de ser une pirueta, que no se puede tomar en serio, 10 HISTORIA DE LA. IGLESIA A partir del reiado de Adriano la gnosis cambia de aspecto; la influencia helénica Mega a ser en ella predominante y sus representantes no son sec- tarios iliteratos sino escritores, filésofos, exegetas, muchos de ellos no faltos de talento (8). | ‘A mayor abundamiento esta gnosis tiene su foco, no en alguna provincia lejana del Asia Menor, sino en los grandes centros intelectuales del imperio, sobre todo en Alejandria y Roma; y los hombres que se apasionan por ella no son tinicamente espiritus supersticiosos, deslumbrados por la magia, sino que segtin hard constar Origenes “son espiritus cultos, avidos de comprender las ensefianzas del cristianismo” (°). BASILIDES De estos nuevos maestros el primero que conocemos es Basilides. Ensefié bajo Adriano (#9), en Alejandria (41), y escribié obras, al parecer considerables (#2), pero de las cuales sélo algunos fragmentos se nos han conservado (18). El problema capital en sus investigaciones y en las de los gnésticos pos- teriores es el problema del origen del mal (4). “qe dénde procede el mal y cémo y por qué existe?” (25), Siguiendo a Platén, trata Basilides de resolver este problema fundamental y angustioso, por medio de una especulacién metafisica. En un largo fragmento, reproducido por Clemente, discurre Basilides sobre los padecimientos de los martires, padecimientos que a veces constituian un escdndalo para los paganos (#8), ¢ intenta defender la providencia de Dios, afirmando que nadie padece sin haberlo merecido. Si se le objeta que muchos mirtires eran inocentes, responderé que no habfan pecado, pero tenfan al menos una disposicién para el pecado; si se le urge, se refugia en la me- (8) Saw Jenéwamo, a quien no se le puede atribuir indulgencia excesiva para con los herejes, escribiré (In Oseam, I, x): “Nadie puede urdir una herejia, si no brilla en él la Tiama del talento y de los dones naturales; pero uno y otros son obra de Dios. Asi Valentin y Marcién, de quienes leemos que fueron muy sabios. Asi Bar- desanes, cuyo talento admiran ‘los mismos {ilésofos”. (®) Contra Celsum, III, xm: “Habiéndose manifestado la grandeza del cristianismo no solamente come quiere Celso, a almas serviles, sino también a muchos espiritus cultos entre los griegos, fué inevitable que surgieran. herejias, no siempre a conse- cuencia de rivalidades y celos, sino porque muchos de estos espiritus cultos sentian gran avidex. por comprender las ensefianzas del cristianismo, De ahi que, al ser inter- Pretadas diversamente unas mismas verdades, nacieran las herejias, las’ cuales toma- ron su nombre de aquéllos que se aventuraron a formular interpretaciones diversas, segin las diversas apariencias de verdad”. Un poco més adelante (ibid., III, xm), concluye Origenes con esta frase atrevide: “Pablo ha escrito admirablemente: con- viene que haya herejes, para que aparezcan quiénes son probades entre vosotros; porque asi como en la medicina o en la filosofia se tienen por versados aquellos que han estudiado las diferentes escuelas... asi yo miraria como el cristiano més sabio aquél que hubiese penetrado atentamente las herejias del judaismo y del cris- tianismo”, (2) Curmenne, Strémata, VIL, xv1, 106. (14) Tnmwz0, Adversus hareses, 1, xxtv, 1. 2) Un largo fragmento citado por Cements (Strémata, IV, x11, 81) esté tomato del libro XXIII de la Exegética, de Basilides. (38) Estos fragmentos se encuentran la mayor parte en Clemente; un fragmento importante se lee en los Acta Archelai, rxvux (Cf. infra, pp. 12-13): (14) Epreaio, Hosreses, XXIV, vi.’ “Esta secta malvada surgié de la investiga cin y explicacién del origen del’ mal”, (18) Terrurtano, De prasscriptione hereticorum, va: “Unde malum et_quare”. (28) Asi en Lyén, después de la muerte de los mértires, decian los paganos: “¢Dénde esté su Dios y de qué les ha servido le religidn que han preferido a la vida?” CRISIS GNOSTICA ¥ MONTANISMO rT tempsicosis, sosteniendo que el martir por una gracia que Dios le hace, expia las faltas de una vida anterior. Cuando finalmente se le arguye con los padecimientos de Cristo, afirma con audacia imperturbable: “Si se me acosa, diré que todo hombre, cualquiera que sea, es siempre un hombre, en tanto que sdlo Dios es justo. Porque, segim est escrito, nadie esté limpio de mancha” (27). Esta especulacién que ante nada se detiene, hace presentir ya el cardcter del gnosticismo: nia la vista de la cruz de Cristo retrocede Basilides; su filosofia es para é] mas querida y sagrada que su religién: Cristo padece, luego ha pecado. Esa explicacién del dolor, como fruto del pecado personal, hace pesar sobre toda la humanidad una dura sentencia de condenacién. Pero en esta masa pecadora distingue siempre Basilides una élite; y a imitacién suya harén una semejante distincién todos los demas gnésticos: uno de los atrac- tivos de su doctrina radica precisamente en la pretensién de formar casta aparte del resto de los hombres, Solamente ellos Megan a la verdad, no por instruccin y magisterio, sino por intuicién natural; para Basilides esta intui- cién natural es la fe; para los discipulos de Valentin, la fe ser la herencia de los simples y la gnosis el privilegio de los perfectos; pero unos y otros estaran de acuerdo en esto: en que los dones superiores provienen de una diferencia de naturaleza. La fe, como objeta Clemente a Basilides, no sera ya la disposicién racional de un alma libre (#8). EAS EMANACIONES Los problemas de la teologia moral Mamaron 1a aten- GNOSTICAS cién de Clemente mas que los otros; pero Basilides no se limits a ellos. Heredero de la gnosis pagana, traslada a la teologia cristiana el sistema de las emanaciones (19) y, mientras Valentin asimila y adapta todas estas abstracciones divinizadas, él las presenta en progresién individual; en lo més alto un principio tinico que se lama Pater agennetos, Iuego 1a Nous, el Logos, Phronesis, Sophia, Dynamis, Justicia y Paz (2°). Todas estas abstracciones personificadas habian invadido en aquel enton- ces el panteén helénico y el panteén romano: se adoraba la Paz, la Concordia, la Victoria y, sobre todo, la Fortuna. Los paganos veian en ellas no solamente alegorias divinizadas, sino verdaderas divinidades a las cuales, como a otros tantos dioses y diosas, ofrecian sacrificios, dedicaban altares y consagraban ex votos (22), Los gnésticos, con Basilides a la cabeza, se dejan arrastrar por esta corriente y, a ejemplo de los paganos, gustan de honrar a estas divinida- des abstractas, cuya personalidad les parece lo bastante firme para ser objeto (17) Este texto es resumido y comentado por E. pe Fave, op. cit., pp. 41-44, quien ve aqui “un gran avance sobre los cristianos eclesidsticos de su tiempo”. (8) Strémata, V, 1, 3, 2; Cf. Strémata, II, m, 10; TV, x1, 89; Cf. Lizcuren- Haun, Die Offenbarung im Gnosticismus (Gottinga, 1901), pp. 87, 99); vz Favs, op. cit, p. 49. (29) "Este punto no puede: ponerse en duda: la Ogdéada de Basilides es mencionada explicitamente por Cremente (Strémata, IV, xxv, 162, 1); pe Faye mismo (op. cit., p. 4) lo reconoce y aftade, lo que es verosimil, que esia especulacién “‘formaba parte, sin duda, de la instruccién més secreta reservada a los iniciados”. (20) C}. Histoire du dogme de la Trinité, t. Il, pp. 95 y ss. (21) Sobre el culto de las divinidades abstractas en esta época, cf. J. Touran, Les cultes paiens dans PEmpire romain, +. 1, pp. 413-437; Wissowa, Religion der Rimer, PP. 83,s. y sobre todo 327-338; L, Dzvanzn, art. Personifikationen en Lexicon de Roscun, t. IIT, col. 2067-2169, y también Histoire du dogme de la Trinité, t. Il, pp. 3-9. 12 HISTORIA DE LA IGLESIA de un culto y centro de una leyenda y, al mismo tiempo, lo bastante etérea como para no herir los espfritus delicados con la apariencia de un antropo- morfismo grosero, Los avatares de la Sophia no serén més divinos que los de los dioses homéricos, pero aparecerén més lejanos, envueltos en una gasa de ensuefio, nunca en una epopeya ingenua y totalmente humana. No era sélo la religién romana, abstracta y palida, Ja que daba alientos a Ja fértil imaginacién de los gnésticos; éralo mucho mas la gnosis pagana que nacié de las religiones orientales y se extendid por todo el mundo helénico. ‘Ya en el primer siglo de nuestra era, Plutarco, en Isis et Osiris, al tratar de exponer la religién de Zoroastro, describia los dos grandes dioses rivales: “Horomazes (Ormuz), nacido de la misma luz pura, y Areimanios (Ari mén), nacido de las tinieblas”; al primero, definido como dios bueno, seguia una corte de seis dioses menores creados por é1: el dios de la Benevolencia, el de la Verdad, el de la Justicia, el de la Sabiduria, el de la Riqueza y el dios de los goces honestos; tras de estas seis primeras emanaciones venian, en rango inferior, otras veinticuatro, Ya tenemos los treinta eones del pleroma gnéstico (22), La religién de los egipcios podia inspirarles también ‘ideas semejantes; la ogdéada primitiva se encuentra en los dos sistemas rivales de Heliépolis y de Hermépolis (2). Adoptada por Basilides, quedaré en los sistemas poste- riores como el micleo que todos tratarén de desarrollar en sus especulaciones. EL BIEN Y EL MAL ¥n todas estas gnosis, las emanaciones interpuestas entre el Dios soberano y la materia son otros tantos intermediarios 0 eslabones que unen estos dos términos infinitamente dis- tantes. El dios soberano no puede mancharse por el contacto con el mundo material; y, sin embargo, este mundo tan impuro y deleznable no esté ente- ramente separado de la divinidad. De nuevo surge el problema angustioso: {de dénde procede el mal? Platén habia explicado en el Timeo la mezcla de males y bienes en el mundo por la accién de dioses secundarios. Esta explicacién mitica pre- valecié durante mucho tiempo en el pensamiento helénico y constituye dogma fundamental de la gnosis; pero los gnésticos, particularmente Basilides, se dejan influir por la corriente dualista que fluia en el texto de Plutarco, arriba citado. El antagonismo entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas, es el origen de todo; esta Iucha que persiste en derredor nuestro y dentro de nosotros, es fatal y eterna. Tal concepcién que la mitologia iraniana interpreté tan estrictamente, pesara siempre sobre la gnosis; no s6lo sobre las brillantes especulaciones de Basilides, de Valentin y de sus discipulos, sino también sobre la pobre y rigida teologia de Marcién, y, a partir del siglo tercero, sobre el maniquefsmo y sobre todas las sectas que de él se deriven. Merced a un tratado antimaniqueo se ha conservado un largo fragmento de Basilides en que se revela este dualismo. En su libro XIII, Basilides, buscando el origen del bien y del mal, lo explicaba de esta manera, segtin una teorfa que tomé de los “barbaros”: “En el principio existfan la Iuz y las tinieblas. Como tenian su origen en si mismas, no fueron engendradas por ningtm otro principio, Vivian a su modo y segtin sus propiedades respectivas. Pero he aqui que, cuando se conocieron, las tinieblas desearon la Inz y la persiguieron para poder par- ticipar de ella. La luz, por el contrario, no deseaba participar de las tinie- (22) Isis y Osiris, xin. Cf. Histoire du dogme de la Trinité, t. U, p. 96 y n. 2 (3) Cf. Améumau, Essai sur le gnosticisme égypcien, Paris, 1887, p. 294. CRISIS GNOSTICA Y MONTANISMO 13 blas sino solamente verlas. Las vid como en un espejo y un reflejo de luz cayé en las tinieblas. Las tinieblas se apoderaron asi, no de la luz, sino de una apariencia de luz, ”He aqui por qué no existe en este mundo el bien perfecto, y, si algo existe, es insignificante. Sin embargo, gracias a este reflejo de la Inz, las tinieblas pudieron engendrar una apariencia que leva esta mezcla de Inz que habian concebido. Y ésta es la criatura que nosotros vemos” (#4). Bajo el velo discreto del mito, Basilides presenta la solucién del problema del mal; es el antiguo dualismo iranio, el antagonismo fatal que opone eternamente la Luz a las Tinieblas y es también el profundo pesimismo que impregnaré estas doctrinas: hay algim bien aqui abajo, pero es tan poco. .. No es mas que un reflejo de la Luz, visto un instante y desaparecido para siempre. Los Simonianos decian también: los hombres no pueden alcanzar sino una imagen parcial de la Sabiduria, no la Sabiduria en si misma (25). EL ARCONTE — Arrastrado por este dualismo, lega Basilides, como se lo Y SUS ANGELES reprocha Clemente, a hacer del demonio un dios (2). Al dios supremo opone el Arconte, jefe de los angeles malos y dios de los judios (27). El dia del bautismo de Jestis, este Arconte quedé herido de terror al ofr la voz del cielo y ver la inesperada aparicién de la paloma, y este terror fué para él, como dice el texto sagrado, “el prin- cipio de la sabiduria” (28). Por todos estos rasgos la gnosis de Basilides se emparenta con el marcio- nismo: la misma oposicién en ambos entre el dios supremo y el dios de los judfos, la misma aparicién inesperada del Mesfas que aterra al Arconte, cuyos dominios son sibitamente invadidos por el dios supremo. Con estos datos Basilides y sus discipulos tejieron mil fantasmagorias: de Sophia y Dynamis nacieron los primeros angeles, los cuales hicieron el primer cielo; de los primeros nacieron otros que formaron el segundo, y asi sucesi- vamente hasta constituir los 365 cielos que son, segtin los gnésticos, la razon de que el afio tenga 365 dias. Artificios literarios semejantes pueden leerse en la gnosis pagana (°°). Sélo fragmentariamente conocemos la teoria de Basilides; pero conocemos lo suficiente para determinar su caracter religioso. A primera vista puede deslumbrarnos la riqueza de elementos cristianos. En la Ogdéada se habla de un Verbo, una Sabiduria, un Poder; en otros pasajes aparece Cristo, se habla de su bautismo, de su muerte, de sus mértires, de la fe. Todas estas reminiscencias cristianas rozan apenas la, sobrehaz del sistema, pero sin Megar al fondo, que es totalmente naturalista y pagano. El Dios supremo queda relegado a una lejania inaccesible; entre él y el mundo la cadena de intermediarios, cadena frégil, eslabonada de fantasias, sin virtud para guiar (24) Este texto esté citado en los Acta Archelai, xxxvu1, Aqui hemos resumido el texto que se puede leer integramente en Histoire du dogme de la Trinité, t. , p. 97, u. 2 (25) Recognitiones, Tl, xu: “Pro qua (sapientia) inquit, Greeci et barbari confli- gentes, imaginem quidem eius aliqua ex parte videre potuerunt, ipsam vero ut est penitus ignorarunt, quippe que apud illum primum omnium et solum habitaret deum”. (28) Strémata, IV, xu, 88, n. 1. (21) Tnmno, Adversus heereses, I, xx1v, 4. (28) Cummenre, Strémata, Il,’ vist, 36, 1; of. xxvur, 2, y Excerpta Theodoti, xvt. (9) Por ejemplo en Plutarco (De defectu oraculorum, 21-29) el mito egipcio de los 183 mundos dispuestos en trldmgulo ent torno a la Hanuva de la verdad. Cf Histoire du dogme de la Trinité, t 1, p. 78. 14 HISTORIA DE LA IGLESIA nuestra fe, sostener nuestro espiritu y dar eficacia a nuestra oracién. Aqui abajo queda el mundo material, sin mas claridad que un reflejo fugitive de la luz visto momenténeamente en un espejo. Los gnésticos son los wnicos que pueden abrirse paso entre estas tinieblas cerradas; conocen el camino por un don natural y por lo mismo es naturalmente fatal la ceguera de todos los demés. El orgullo puede sentirse halagado con este privilegio; pero la religion no encuentra aqui nada que la eleve hacia Dios, o que la incline hacia los hombres. VALENTIN Prosiguié y desarrollé estas especulaciones de Basilides un hom- bre que fué para los gnésticos del siglo segundo el tedlogo de mayor influencia: Valentin (2), “Llegado a Roma en tiempos de Higinio, florecié en los dias del papa Pio y permanecié hasta los de Aniceto” (#1), Estuvo, pues, proximamente uunos treinta afios (136-165). Por este dato se colige cual era, ya’ entonces, la influencia decisiva de la iglesia romana; todos los jefes de secta buscan ante todo conquistarla 0 al menos atacarla, bien seguros de que su accién irradiaré de ella a todas las otras iglesias. Es indudable que durante la segunda mitad del siglo segundo y primeros afios del tercero, la més nu- merosa y pujante de todas las sectas fué la secta valentiniana (#). Se debid, sin duda, esta difusién al brillante talento del maestro, pero también a su artero proceder. Ya Basilides distinguia, entre sus discipulos, los profanos de los iniciados, reservando para éstos los misterios de la gnosis. Con los valentinianos se acentia esta distincién; 1a ensefianza coméim se cubre con apariencia de cristianismo ortodoxo: en toda la carta de Tolomeo a Flora no se encontraré elemento alguno de la gnosis esotérica (5). Los adversa- rios de los valentinianos, Ireneo y Tertuliano (8) denuncian la perfidia de esta tdctica: “Cuando los valentinianos, dice Ireneo, tropiezan con personas de la verdadera Iglesia, los atraen, hablando el mismo lenguaje que nos- otros; se lamentan de que les tratemos como excomulgades, siendo asi, dicen, que es idéntica la doctrina; luego intentan hacerles vacilar en la fe, y a aquellos que no resisten, los hacen discipulos suyos y los toman aparte para exponerles el misterio inenarrable del Pleroma”. Tertuliano afiade: “$i les rogdis con toda sencillez que os expliquen sus misterios, responden con el rostro alargado: «json muy profundos!». Si les urgis més, enuncian (8°) pe Faye no encuentra palabras suficientes para ensalzarlo, of. Introduction a Pétude du gnosticisme (1903), pp. 81-85; Gnostiques et gnosticisme (1928), pp. 57-74: Poeta y metafisico, Valentin ¢s a la ver el moralista cristiano més profundo y el pen- sador de mds altos vuelos. “Recuerda al apdstol Pablo... con esta diferencia: que el autor de la epistola a los Colosenses... permanece profundamente judio; su espe- culacién no traspasa ciertos limites y se subordina al punto de vista moral y psicolé- gico. Seria impropio Hamarle intelectualista. Por el contrario, Valentin apenas co- mienza a especular se remonta libremente por las esferas del pensamiento, Saturado de helenismo, 0 mejor de platonismo, crea maravillosos simbolos.metafisicos”, Sorprende el ardor de este panegirico, que no se justifica por lo que de Valentin conocemos. (31) Ineo, Adversus hereses, II, 1v, 3; Terruiiano (Adversus Valentinianos, 1v) cuenta que “Valentin esperaba el episcopado, pues era elocuente y de gran talento; pero se prefirié a otro, que tenia la recomendacién de su martirio, Valentin, indignado, rompié con Ja Iglesia ortodoxa”. (82) Lo atestiguan Tenruttano (Adv. Valent, 1) y Onioenes (In Ezechielem Ho- milig, II, v). (88) Cf. infra, pp. 20-21, (34) Inenzo, ibid., II, xv, 2; Terturiano, Adv. Valent,, t. CRISIS GNOSTICA Y MONTANISMO 15 la fe comin con férmulas equivocas. No confian sus misterios ni a sus mismos discfpulos, antes de tenerlos incondicionalmente suyos; tienen el secreto de persuadir, mejor que el de instruix”. Afiadamos que los gnésticos no-ejercieron su propaganda entre los paganos, sino que buscaron dnica- mente embaucar a los catélicos. No deben por tanto sorprendernos ni la dureza de sus adversarios, ni las vacilaciones de los historiadores, cuando tratan de reconstruir una doctrina que siempre fué escurridiza, que revistié las formas més variadas y que solo conocemos por algunos fragmentos de libros gnésticos o por las refutaciones de los autores catélicos. EL PROBLEMA DEL MAL Valentin intenta, lo mismo que Basilides, re- solver el problema del mal y busca 1a solucién en la hipétesis de un germen espiritual sembrado en la materia. Dice Valentin textualmente: “Asi como en la formacién (del hombre) el temor se apoderé de los angeles cuando le oyeron proferit cosas extraordinarias, insospechadas antes de esta creacién, por causa de aquél que puso en el hombre un germen de natu- raleza superior, que le daba esta audacia; de la misma manera que entre los hombres que habitan este mundo sus obras causan miedo a los mismos hombres que las reali- zaron, por ejemplo: las estatuas, las imAgenes y todo lo que los hombres modelan en el nombre de Dios; porque Adan, formado en el nombre del Hombre, que existia antes que él, imprimié el terror del Hombre, como si realmente estuviese presente en su carne, y (los angeles) se espantaron y se apresuraron a destruir su obra” (85). Aparecen aqui los elementos mitolégicos que Basilides habia ya explotado: un germen superior depositado en este mundo material; los angeles, orgu- Mosos de su obra, se sienten desconcertados por esta naturaleza superior cuya excelencia les aterra. Se percibe también el dualismo que domina la gnosis: frente al Dios supremo cuya influencia es bienhechora, pero rarisima e imprevisible, los demiurgos, angeles, arcontes, son fuerzas se- cundarias que dominan el mundo material y le envidian esa partecita divina que aparece stbitamente en él. Finalmente se puede advertir en este frag- mento el mito del Hombre, prototipo de Adan y de toda la humanidad; esta leyenda de origen oriental y muy difundida en el judaismo, se en- cuentra también on la gnosis posterior y sobre todo en el maniqueismo (38). LA MUERTE Y LA VIDA El mundo material contiene, pues, una imagen del mundo divino; pero una imagen imperfecta y lejana: “Cuanto es inferior, afirma Valentin, el retrato a la persona, otro tanto lo es el mundo del Eén viviente. ¢Cual ha sido, pues, la causa de la imagen? La majestad del rostro que proporcioné el modelo al pintor y le did renombre”, En los clegidos la imagen es visible, este germen vive; la raza privilegiada de los que son salvos debe luchar contra la muerte que les amenaza, no de parte de Dios, sino de parte del demiurgo; pero triun- fan de ella haciéndola morir en ellos y por ellos: Dice Valentin en una homilia textualmente: “Desde el principio sois inmortales, sois hijos de la vida eterna y habéis querido tener parte en la muerte, para despojarla ¥ para que muera en vosotros y por vosotros. Porque desde el momento que vosotros 0s despojais del mundo, sin dejar de existir en él, sois los duefios de la creacién y de la corrupcin entera” (87), (3) Strémata, U1, vm, 36, 2-4, (8) Sobre esta especulacién del judaismo, véase: Bousser-GnzssMann, Die Religion des Judentums, Tubinga, 1926, p. 352, s.; sobre su origen oriental, ibid, p. 489. (81) Strémata, IV, xm, 89-90. Este texto y el precedente son comentados por 16 HISTORIA DE LA IGLESIA También San Pablo habia predicado esta lucha entre la muerte y la vida en el cristiano y habia dejado entrever, como el témino de toda aspiracién, la muerte absorbida por la vida; pero en tan parecidas expre- siones, jqué profunda divergencia de ideas! Para San Pablo la vida que debe triunfar de la muerte es la vida de Cristo, que toma posesion del cris- tiano en el bautismo y que, poco a poco, desaloja a la muerte. Para Valentin es un germen superior, depositado en los elegidos en el dia de su creacién, y que, por su virtud natural da muerte a la muerte; el Apéstol nos revela una redencién, la gnosis una cosmologia. De este dualismo, siem- pre en guardia contra la materia, nace el docetismo cristolégico profesado por Valentin. Dice en su carta a Agatopo: “Aunque Jesiis experimenté todas las cosas, alcanzé la divinidad; comia y bebfa de un modo que le era propio; era tal su continencia que el alimento no sufria corrupcién en él; porque no tenia principio alguno de corrupcién” (%), EL PLEROMA Estas ensefianzas no constituyen, en la teologia de Valentin, més que la doctrina comin explicada a todos los disci- pulos (*); pero en un segundo plano se ocultaba la revelacién reservada a los iniciados. En él, como en Basilides, es objeto principal de la doctrina esotérica el Pleroma, es decir, el mundo divino constituido por los Eones. En un largo fragmento citado por San Epifanio, comienza asi la exposicién de estos misterios (4°): Cummenre en este capitulo. Cf. Preuscuen, op. cit, pp. 399-400; ve Fare, Gnostique et gnosticisme, p. 60, (88) Strémata, TIT, vu, $9. Es preciso reconocer que esta extrafia teoria no es reprobada por Clemente, que se contenta con afiadir: “Abrazamos, pues, la continencia por amor del Sefior y por su belleza propia (de la virtud)”. El mismo desarrolla en otras ocasiones ideas parecidas: “Comia, pero no para mantener su cuerpo que era mantenido por una fuerza santa, sino para no despertar las sospechas de quienes con El vivian”. El autor de Acta Johannis extremé aun més estas extravagancias. (8%) De la doctrina comin forma parte la teoria de las pasiones. Curmenre (Strém., II, xx, 112-114) nos daa conocer el pensamiento de Basilides, Isidoro y Valentin sobre este punto. Para Basjlides, las pasiones son fucrzas extrafias y adventicias que se injertan en el alma y le inspiran instintos bestiales de lobo, de mono, de ledn, de chivo, Segin esta concepcién, dice Clemente, el hombre es como un caballo de Troya, que leva dentro de si un ejército de espfritus diferentes. Isidoro corrige esta teorfa; porque podria excusar todos los crimenes con_sélo alegar: “he sido forzado”, y se acoge como los pitagéricos a la teoria de las dos almas. “En cuanto a Valentin, él mismo escribe textualmente en una carta: Uno solo es bueno, quien da la fuerza, manifestindose por medio de su Hijo; sélo por El puede ser puro el corazén y expulsados todos los malos espiritus; porque los malos espiritus que lo ocupan, y son muchos en mimero, no le permiten purificarse, sino que cada uno persigue su objeto, manchndose con’ malos apetitos. El corazén me parece una caravanera: se horada, se cava, se la lena de basuras; todos se portan sin consi- deracién ninguna, porque no es casa de nadie. Asi es maltratado el corazén. Cuando no es objeto de la divina providencia, es impuro, lo habitan los demonios; pero cuando el Padre, quien es bueno, pone’ sus ojos em él, queda santificado, y respl dece leno de luz; quien posee un corazén semejante es feliz, porque ve a Dios.” Cf. Prnuscuen, op. cit.. p. 401; Somwanrz, Zu Clemens. ls § cuitbuevos Trobows,, en Hermes, t. 38 (1903), p. 96. Esta teoria ha sido més desarrollada por los valenti- nianos. Philosophumena, VI, xxv. De donde, segim Valentin, si el corazén esta invadido por los malos espiritus, es porque la Providencia no vela sobre él. Clemente pregunta; “¢Por qué causa esta alma no ha sido desde su origen objeto de la Provi- dencia? Que nos respondan a esto”. Y luego demuestra que la salvacién no es producto de una necesidad natural, sino que es una conversién del alma que obedece a Dios. (4) San Ertranio, Horreses, XXXI, v-vr. Hannacn (Geschichte der altchristliche CRISIS GNOSTICA Y MONTANISMO 17 “Voy a hablar de misterios inefables, supracelestes, que no pueden comprender ni as Potestades, ni las Dominaciones, ni las Fuerzas subordinadas, ni nadie (que pro- venga) de composicién, sino que solamente han sido revelados’ al pensamiento del Inmutable” (#2). LATEOGONIA Esta teogonia misteriosa se parece a la de Basilides; pero se diferencia de ella en dos aspectos: la vida divina se pro- paga en el Pleroma, no por procesiones individuales, sino por parejas; en segundo lugar, a los ocho primeros Eones, sucede un grupo de diez y otro de doce. En esta guisa el Pleroma esta constituido no sélo por la Ogdéada, sino también por la Década y la Dodécada (#2). Se nos da el nombre s grado de los treinta Fones, nombres ya familiares en las especulaciones de la gnosis pagana alejandrina, segém sabemos ya por Plutarco (#8), En esta lejanfa brumosa, cuyo misterio pretende penetrar Valentin, el Pleroma no es aprehendido siempre con los mismos caracteres, En el origen de ‘todas las cosas otros textos no ponen la pareja Byz0s (Bythos) y Sigé, sino el Padre Ingénito, solitario, que un dia quiso engendrar y formé la Dyada primitiva: Nous y Alezeia (Aletheia) (4+). Los diferentes textos valentinianos que han Iegado-hasta nosotros tienen este cardcter comin: describen la propagacién de la vida en cl Pleroma bajo el impulso de la concupiscencia (mporuxia). Los Eones, pues, se unen, se fecundan y dan a Iuz nuevos Fones, que, como los primeros, son andréginos y arden en pasiones (#). Fantasias pare~ cidas nos dard la gnosis maniquea, pero en ésta al menos no seran Eones divinos, sino demonios, arcontes impuros, machos y hembras a la vez, que se dejan seducir por Ia Virgen de la Luz (#9). Gnosis tan ambiciosa, leva con- sigo la tara de origen y mezcla fantasias libricas con ensuefios metafisicos (47). Literatur, bis Eusebius, t. I, p. 178) ve en este texto un fragmento auténtico de Valentin. Paruscuen (op. cit., p. 398) cree ms bien que es obra de los discipulos de Valentin: Hort, en su nota sobre Epifanio (p. 390), reconocia en este texto “una de las fuentes mas antiguas del valentinianismo”. Esta teogonia ha sido traducida y comentada por Dmenivs en Zeitschrift. N. T. Wissensch., t. IX (1908), pp. 329-340. Cf. Histoire du dogme de la Trinité, t. TI, pp. 105 y 110, n. 3; Vouxen, Quellen, p. 60. (42) Valentin pretendia conocer estos misterios por una revelacién del Logos: “Va- lentin afirma que vié un nifio recién nacido, y al preguntarle quién era respondié que era el Logos; contimia con un mito, argumento digno de una tragedia y em- prende la elaboracidn de su herejia” (Hreéurro, Philos, VI, xu, 2). Cf. Lizos- TENHAHN, Die Offenbarung im Gnosticismus, p. 24. (42) Cf. Szupo Tenruziano, XII: Valentin ensefia que ante todo existian Byzos y Sigé, de los cuales nacieron Nous y Alezeia; de éstos proceden Logos y Zoe y de éstos Amthropos y Ecclesia, Estos iiltimos producen doce eones y Logos y Zoe otros diez. ‘Asi tenemos en el Pleroma los treinta Eones, que forman la Ogdéada, la Década y la Dodécada”. Sobre este tratado del Sendo Teituliano, of. Harwacx, Chronologie, t. Il, Pp. 221-293; p’Auks, Saint Hippolyte, pp. 75-77. (43) Isis et Osiris, xiv, (44) Asi en una exposicién que se lee en Hipélito, VI, xaax, 5-xxx, 9. Este texto esta traducido y comentado en Histoire du dogme de la Trinité, t. II, pp. 107-109. (45) Es doctrina del texto valentiniano citado por Epifanio, Har., xxx, 5, 7 (cf. su- pra, p. 16, n. 40). He aqui cémo describe el origen de la Década y de la Dodécada: “Por voluntad de Byzos, que lo abarca todo, Anthropos y Ecclesia se unieron y produ- jeron la Dodécada de individuos macho-hembras... Después Logos y Zoe también dieron el fruto de su unin; se unieron y su unidn era la voluntad y, estando unidos, produjeron la Década de concupiscentes, también macho-hembras”. ‘Cf. Histoire du dogme de la Trinité, t. II, p. 110, n. 3. » (48) Cf. Cumow, Recherches sur le Manichéisme, Bruselas, 1908, (81) Onioznes escribe (Contra Celsum, VI, xxxv): “Los valenti 18 HISTORIA DE LA IGLESIA Esta teogonia se completa con la leyenda de la caida original; el timo Eén, Sophia, cae y debe ser reparado. En el texto valentiniano citado por Hipilito, se describe asi la coida: “EI altimo Eén, Sophia, considerando toda esta serie de emanaciones, Ilegé hasta su origen el Padre y averigué que los otros Eones habian engendrado por parejas, mien- tras que el Padre engendré solo. Quiso imitarle, olvidando que no era improducida como él, pues en el no producido se encuentran reunidos todos los principios genera- dores; pero en los seres producidos, el principio femenino emite la esencia y el prin pio masculino le da su forma. Sophia produjo lo que nicamente pudo: una esencia amorfa y confusa, que es lo que Moisés significa cuando dice que: ¢la tierra era sin forma y sin luz». El nacimiento de este aborto turbé todo el Pleroma; todos los Eones suplicaron al Padre que tuviese piedad de Sophia. Entonces, por orden del Padre, Nous y Alezeia emitieron a Cristo y al Espiritu Santo, para dar al aborto una forma determinada y consolar a Sophia a fin de que cesase en sus lamentaciones. Luego el Padre solo produjo un Eén, Stauros (la Cruz) u Horos (el limite), para que fuera frontera del Pleroma” (48), Se ve por el texto citado cémo la especulacion gnéstica, que se desen- vuelve toda en un mundo de fantasia, gusta de adornarse con la teologia cristiana y recuerdos biblicos; pero no es mas que eso: un adorno. El relato biblico del Génesis sobre los origenes de la tierra y el caos informe no tienen nada evidentemente de comin con la aventura de Sophia ni con el nacimiento del aborto; ‘a fortiori” los dos Eones supernumerarios, Cristo y el Espiritu Santo, no son producto de una profunda inspiracién cristiana; acusan, sin embargo, el recuerdo dak dogma catélico y el deseo de unir el Evangelio con la Gnosis. Jestis aparece también, pero, como en muchos sistemas gnésticos, es distinto de Cristo. Mientras que Cristo es un Eén supernumerario, producido por el Padre sin intervencién de ningin otro, Testis es fruto conmin de los treinta Eones del Pleroma, se une a Sophia, todavia oscurecida, manchada por su ¢aida y la purifica de sus pasiones (4°). “PISTIS SOPHIA” Sobre este fondo de la caida de Sophia bordaron muchas fantasfas otros autores gnésticos. Se encuentran sobre todo en la “Pistis Sophia” (°), libro que data probablemente de fines del siglo “Prounikos” cierta sabiduria, nacida del libertinaje de Sophia, cuyo simbolo seria la hemorroisa; Celso, que mezcla confusamente todo lo que dicen griegos, bérbaros y herejes, ha escrito: Una fuerza que deriva de cierta Virgen Prounikos”. En este papel tan importante que atribuyen los valentinianos a la concupiscencia, Bousset ve un vestigio de la religion de la “Gran Madre”: “Asi en el sistema de estos gndsticos, esa Madre, tan pronto es diosa grave y austera, la madre que habita los cielos, como Ja diosa licenciosa del amor, la gran cortesana’(Prounikos) que, en el sistema simo- niano, por ejemplo, reviste la forma de Helena, la prostituta, cuyo culto se celebra con toda clase de ritos obscenos” (art. Valentinus en British’ Encyclopedia, p. 853). (48) Himéurro, Philos, VI, xxx, 6; x01, 6. Hemos abreviado el texto, demasiado largo para traducirlo futegramente. Sobre esta concepcidn gnéstica de Stauros, cf. Bousser, Platons Weltseele und das Kreuz Christi, en Zeitschrift fiir N. T. Wissen- schaft (1913), t. XIV, pp. 273-285, sobre todo pp. 281 y ss. Estas especulaciones guar- dan dependencia con la teoria platénica del alma del mundo. Cf. Justino, Apologia, I, 1x, refiriéndose a Platén, Timeo, xxxvi. Cf. Histoire du dogme de la Trinité, t. T, pp. 108-109 y n. 1. (49) Una de estas pasiones, el temor, constituye “esencia psiquica”, y para los gndsticos es un Demiurgo, la’ Hebdémada, intermediario entre la Ogddada —a que ‘pertenece la Sophia y de la cual procede— y el mundo material, del cual es De- miurgo. Cf. Hiréurro, op. cit, VI, xxxtt, 5-9. (8) Este libro, escrito originariamente en griego, no se conoce més que en ta traduccién copta, El texto copto ha sido editado por K. Scuaapr, en la coleccién CRISIS GNOSTICA ¥Y MONTANISMO 19 tercero. Cristo resucitado cuenta a sus apéstoles su Ascensién: revestido con una timica de luz que levaba escritos los nombres de los trece Eones, atra- ves6 los cielos; encontré debajo del décimotercero Eén a Pistis Sophia, que habia caido por haber aspirado a la luz suprema; herida por los celos de sus compafieros, sobre todo de Authades, cayé precipitada en el Caos, Im- ploré entonces la luz suprema y le impusieron trece penitencias, tantas como Eones. Jestis repite a sus discfpulos las lamentaciones de Sophia y uno de sus discipulos reconoce en cada uno de sus cantos algan salmo o himno de la Biblia, Es una prueba mas del esfuerzo de los gnésticos por relacio- narlo todo con la revelacién cristiana; por interpretar los salmos, los himnos y hasta las Odas de Salomén como lamentaciones de Sophia y por garan- tizar esta exégesis con la autoridad de Jess. En estas plegarias hay detalles patéticos. pero el conjunto es pesado y poco grato. LA REVELACION La teogonia, que hemos expuesto segtin la mente de SEGUN LA GNOSIS Valentin, se presenta acreditada por una revelacién. Vamos a comentar este iltimo aspecto. Valentin no es sélo un metafisico, se presenta también como profeta. A este propé- sito podemos citar el salmo valentiniano que Hipélito ha recogido (St). El autor de Philosophumena inserta primeramente el célebre texto de la se- gunda carta de Platén: “En torno del rey de todos los seres estin todos Jos seres; él es el fin de todos, la causa de todas las cosas hermosas. La segunda en torno a las segundas y la tercera en torno a las terceras”. Jus- tinog**) y Atendgoras (5%) han explicado este enigma, y Valentin, a su vez, ensaya una explicacién nueva: “El rey de todos es el Padre, Byzos, Sigé (padre) de todos los Eones; las cosas segundas son los Eones que estén fuera de Horos y las cosas terceras todo el universo que est fuera de Horos y del Pleroma.” Valentin ha descrito brevemente este universo en un salmo, procediendo de lo més bajo a lo mas alto y no de lo mas encum- brado a lo menos, como Platén, Dice asi: ‘Veo a todos los seres suspendidos en el espiritu, los concibo a todos arrebatados por él, la carne suspendida en el alma y el alma arrebatada fuera del aire, el aire suspendido del éter, los frutos brotando del abismo, el nifio saliendo del seno materno. “Esto se traduce asi, prosigue Hipélito: la carne es para ellos la materia, suspendida del alma del Demiurgo; el alma es arrastrada fuera del aire, es decir, del espiritu que esta fuera del Pleroma; el aire es arrebatado fuera del éter, es decir, la Sophia exterior fuera de la Sophia que est4 en el interior del Horos y de todo el Pleroma. Del Abismo germinan los frutos equiva- lentes a todos los Eones que provienen del Padre” (*). céptica, dirigida por H. O. Lange, Copenhague, 1925; trad. alemana por Schmidt, 2 edicién, Leipzig, 1925; trad. inglesa de Mean, Londres, 1921, y de G. Honea, 1924. (51) Hiréxrto, Philos., VI, xxxvu, 7. (82) Apol., I, vim y 1x. (58) Arenwhoonas, Legatio pro Christianis, xu. (64) Sobre este salmo cf. p’ Anés, Hippolyte, p. 97: “Entre las producciones que se atribuyen a los herejes hay algunas que nadie se atreveré a creer inventadas a 20 HISTORIA DE LA IGLESIA La interpretacién de Hipélito es verostmil; pero, cualquiera que sea su verdadero sentido, la existencia misma del salmo es interesante y esta con- firmada por Tertuliano y por el fragmento de Muratori, que hablan de salmos valentinianos (55), Sobre esta cuestién del conocimiento religioso y de su origen debemos recoger avin un dato de Clemente: Valentin, el corifeo de los que dicen que (la revelacién religiosa) es comin a todos), habla asi textualmente en una homilia sobre los amigos: “Muchas de las cosas que estén escritas en los libros publicos, se encuentran escritas en la Iglesia de Dios; porque las cosas comunes son estas palabras que nacen del corazén; la ley escrita en el corazén; he abi el pueblo del Amado, que es (amado) de él y que le ama”. Llama biblias publicas tanto a las Escrituras de los judios como a las de los fildsofos y considera la verdad como patrimonio comin (58). Asi desaparece el cardcter privilegiado del judaismo y del cristianismo: la revelacion es siempre la causa de la verdad religiosa; sin embargo, por tal se entiende una revelacién que no nos llega necesariamente a través de Cristo y de la Iglesia, sino que ha sido otorgada, sin intermediario, a deter- minados hombres. La humanidad esté repartida en tres grupos: pneumé- ticos, psiquicos e hylicos (7). Los ‘iltimos estén condenados a la esclavitud de la materia; los segundos pueden salvarse trabajosamente por la ascesis; Jos primeros son la raza escogida; poseen un germen divino depositado en ellos a ocultas del Demiurgo y de sus Angeles; se salvan por la gnosis que viene de una iluminacién de Dios. Esta concepcién de una raza elegida, dominaré toda la gnosis; para los espiritus orgullosos es un gran aliciente; para los discipulos del Evangelio es uno de los caracteres més manifiestamente anticristianos. TOLOMEO Entre los discipulos de Valentin hay dos que destacan sobre los otros: Tolomeo y Heracleon. Su estudio es interesante porque nos permite calar en la exégesis gnéstica, que los fragmentos de los grandes maestros no bastan a dilucidar. La carta de Tolomeo a Flora ha sido transcrita enteramente por San Epifanio (5%). Hammack la edité con gran cuidado en los Informes de la Academia de Berlin (1902), subrayando su interés en la introduccién que le precede (5°), La doctrina esotérica no estd expuesta en ella; apenas si apa- rece en una perspectiva lejana: podrd ser revelada més tarde a Flora, si se hace digna de esta revelacién. Lo que Tolomeo expone en su carta es una interpretacién del Pentateuco. Distingue tres inspiraciones diferentes y en dependencia con estas tres distintas fuentes, sefiala tres elementos de des- igual valor. Ciertas leyes han sido dictadas directamente por Dios, por ejem- plo el Decélogo; son sagradas e inmutables de manera que ni una “iota” puede ni debe cambiarse. Otras han sido dictadas por Moisés, por ejemplo capricho; por ejemplo el salmo naaseniano Ieva un sello de autenticidad no menos seguro que el ininteligible salmo valentiniano”. La interpretacién de Hipélito es adoptada por Lrecnrennann, op. cit., p. 108. (8) Turrurzano, De Carne Christi, xvm; Muratorianum, ixxx1. (58) Strém., VI, vi, 52, 3-4. Cf. ZAHN, Geschichte des neutestamentlichen Kanons, Erlangen, 1892, t. IT, p. 953, s. (51) Cf. ve Fave, op. cit., pp. 67-68. (88) Heereses, XXX, m-vir. (99) Esté en P. G., VII, 1282-1292, Dowrounog la traduce en parte en su Irénée, 79, s.; pe Fave le dedica algunas péginas, op. cit., pp. 103-107. | t CRISIS GNOSTICA Y MONTANISMO mt la ley del talién y, aunque generalmente buenas, son, sin embargo, imperfec- tas y tienen mezcla de elementos malos. Finalmente hay otras que proceden de los ancianos del pueblo judio: son en particular, las leyes rituales que atafien a los sacrificios, al sdbado, al ayuno, los azimos; estos preceptos tienen sélo un valor simbélico. Tolomeo, por esta doctrina, se emparenta con la exégesis de Ja epistola de Bernabé; pero se esfuerza por justificarla con la ensefianza de Jesucristo, tal como la conocemos por los sinépticos. Se pregunta cudl es el Dios que ha inspirado parcialmente el Pentateuco y se responde que no es el Dios Supremo, ni el demonio, sino el Demiurgo, que es el medio entre los dos principios extremos y que es el dios justo, el dios de la justicia. En verdad, todo esto responde a la tesis marcionita. De Tolomeo poseemos también, resumida por Ireneo, una interpretacién del prélogo de San Juan (°°), Este texto tiene ya un caracter distinto del de la carta a Flora; en él campea la doctrina esotérica. En el Evangelio se revela la teogonia valentiniana, que Tolomeo descubre al dar a las ex- presiones empleadas por San Juan el valor que pretendian los gnésticos; un extracto bastard para darse cuenta del método adoptado: “Lo que ha sido hecho en El —dice— es vida, He aqui indicada la sicigia (unién de Hones), pues dice que todo ha sido hecho por El, solo la vida en El. Esta, que esta en El, esta mucho més estrechamente unida con El que todos los seres que han sido hechos por El; esta con El y ha sido fecundada por El. Y, como afiade: Y la Vida era Ja luz de los hombres, nombra expresamente al Hombre y con él implicitamente a la Iglesia, déndonos a entender con el empleo de una sola palabra la unidad de la sicigia. "De Logos y de la Vida nacen el Hombre y la Iglesia... En estas palabras Juan ensefia claramente, entre otras cosas, la segunda tétrada y al mismo tiempo deja entrever la primera tétrada. Al hablar del Salvador y decir que todo lo que es fuera del Pleroma ha sido hecho por El, dice por consiguiente que El es fruto de todo el Pleroma... Y el Logos se hizo carne y habité entre nosotros y hemos visto su gloria, gloria como la que un hijo unico (recibe) del Padre: con plenitud de Gracia y de Verdad. He aqui expresamente la primera tétrada; el Padre, la Gracia, el Unigé- nito y la Verdad. Juan habla, pues, de la primera Ogdéada, madre de todos los Eones; pues nombra al Padre, a la Verdad, a la Gracia, al Unigénito, al Logos, Vida, Hombre, Iglesia.” De cuatro palabras, tomadas al azar, del texto de San Juan y combinadas artificiosamente, resulta todo el sistema valentiniano; exégesis muy cémoda en verdad, pero demasiado frégil. HERACLEON La misma exégesis de Tolomeo encontramos en Heracleén. Discfpulo de Valentin como Tolomeo y hombre de la misma generacién, escribié un comentario a los Evangelios. Clemente recoge un fragmento de Heracleén sobre San Lucas (*). Origenes, en sus obras so- bre San Juan, cita conMfrecuencia el comentario de Heracleén para criticarlo. Sus transcripciones, que son numerosas y bastante extensas, no nos permi- (09) Adversus haereses, 1, vin, 8. Cf. Histoire du dogme de la Trinité, t. 1, pp. 112- 113. pe Fave, op. cit, p. 140. (81) Strém., IV, 1x, 71-72 (sobre Le. 12, 11, s.), fragmento 60 de la edicién de Brooxe. En este fragmento, Heracleén expone cémo él cristiano debe confesar a Cristo en toda eu vida, Clemente, después de citar el texto, hace notar cémo Heraclein se expresa ortodoxamente y tan solo le reprocha el no reconocer el valor de una confesién que, aunque no ha sido preparada a lo largo de la vida, se alza y se afirma ante la muerte. Véase el comentario de pz Faye, op. cit, pp. 78-79. 22, HISTORIA DE LA IGLESIA ten reconstruir totalmente el libro perdido, pero nos sirven para tener una idea de él y conocer su método exegético (%4). La carta de Tolomeo a Flora distinguia tres principios: el Dios Supremo, el Demonio y entre ambos el Demiurgo. Heracleon hace que este mismo esquema teolégico aparezca en el Evangelio de San Juan, por ejemplo, en el episodio de la Samaritana. El Dios Supreme, el Padre, es el Dios Espiritu que debe ser adorado en Espiritu y en Verdad (fr. 20, s.); €l Dios de los judios que se adora en Jerusalén, és el Demiurgo, y el que se adora sobre el monte de Samaria es el demonio. El] Demiurgo desempefia un gran papel en esta exégesis: Juan Bautista, humillandose ante Jess, es el Demiurgo y el calzado de Cristo es el mundo (fr. 8). También hemos de ver al Demiurgo en el régulo de Cafar- natim (Ion. 4, 46). No es més que un régulo; porque su reino es efimero y pequefio y pide al Sefior que cure a su hijo, es decir al mundo material que él cre6; sus criados son los Angeles, que, como él, creen en el Salvador, segiin lo que dice el texto: “y creyé él y toda su casa” (fr. 40), Es también el Demiurgo el ejecutor de las sentencias de Cristo (Ion. 8, 50; fr. 48); San Pablo lo ensefia cuando dice: “que no en vano Ileva espada” (Rom. 13, 4) (8). El demonio est4 simbolizado, segiin hemos dicho, por el monte de Sama- ria (fr. 20); a él rendian culto los hombres antes de la Ley y aun hoy se lo dan los gentiles; tiene pasiones, pero no tiene voluntad (fr. 46), todo en 41 es engafio (fr. 47). Asi como hay tres principios soberanos y tres cultos, hay también tres castas de hombres: los espirituales, los psiquicos y los materiales. Los espi- rituales han sido formados por el Logos; hay en ellos una semilla espiritual y son consustanciales con Dios (#4); su naturaleza es incorruptible (fr. 47). ‘Antes de la venida del Salvador estaban en un estado de ignorancia sin ver- dadero culto y El los salvé (fr. 17 y 19). La fe les es connatural (fr. 24), son apoyo y salvacién para los psiquicos y son el “agua que salta hasta la vida eterna” (fr. 17 y 27). En el iiltimo dia seran, al parecer, esposas de los Angeles del Salvador: son las bodas figuradas en las bodas de Cana (*). Los psiquicos simbolizados por los judios (fr. 19) adoran a los angeles (fr. 21). Son muy numerosos, en tanto que el grupo de los espirituales es muy reducido; estén unidos a la materia, sumidos en ella; pero pueden salvarse, aunque no entran en el Pleroma, como los espirituales (*), Su simbolo es el numero siete: entre el seis, que es el simbolo del mal, y el ocho, que es el de la Ogdéada (*). Pueden, si para mal suyo lo quieren, convertirse en hijos del demonio, en tanto que los materiales lo son por naturaleza (fr. 46). Estos textos, que se podrian multiplicar (88), bastan a revelarnos el mé- (62) Los fragmentos han sido recogidos y editados por Brooks, The Fragments of Heracleon. Textes and Studies, 1, 4 (1891). Los ha estudiado pr Fave, op. cit, pp. 79-102. Cf. Histoire du dogme de la Trinité, t. I, pp. 113-116. (83) Fr. 16; cf. la nota que remite a Excerpta Theodoti, i; Philos. VI, xxiv; Strém, TV, xm. (84) Fr. 24; cf. n. C, p. 106. Se admite aqui la doctrina platénica refutada por Justo, Didlogo, wv. (85) Fr. 1, of. Excerpta, ixm; Inenzo, Adv. heer., 1, vit, 1. (88) Fr. 37, of. Excerpta, wz, Fr. 13, 11; of. Excerpta, wim. (8?) Fr. 40; of. fr. 16: En los cuarenta y seis aitos de la construccién del templo (Ion. 2, 90), Heracleén ve todo un misterio. El rey Salomén es tipo del Salvador, el numero seis significa la materia; cuarenta es el simbolo de la tétrada soberana ¥ trascendente, de donde procede la semilla espiritual depositada en la materia (88) Se podrian recoger de los gnésticos refutados por Inmwxo, en particular en CRISIS GNOSTICA ¥Y MONTANISMO 23 todo exegético de los gnésticos; pero habemos de confesar en su descargo, que tales fantasias eran muy del gusto de la época: asi, por ejemplo, los estoicos encontraban toda su fisica en los poemas de Homero; su exégesis era tan libre como la de Tolomeo 0 Heracleén. Pero los catélicos jamas se creyeron autorizados a tratar la Biblia como los estoicos a Homero. Origenes aplicé la exégesis alegérica al Antiguo Testamento y aun al Evangelio; pero lo hizo de manera muy distinta de la de los gnésticos (°). Las Héxaplas pro- claman muy alto con qué piadosa diligencia se esforz6 en fijar el texto y el sentido de los libros sagrados; el sentido alegérico que intenta descubrir en ellos se apoya en el sentido literal, la mayor parte de las veces sin des- truirlo; y los misterios que esta exégesis alegérica descubre son misterios cristianos que la Biblia revela y que la tradicién oficial de la Iglesia pro- pone para que se crean. Los gnésticos, por el contrario, usan de la més absohuta libertad en la elaboracién de sus fantasias, inspiradas a veces en tradiciones paganas que, luego, intentan armonizar con la Biblia, a fin de autorizarlas por medio de artificiosos contactos que son solamente ma- labarismos mentales. LAS ESCUELAS GNOSTICAS Hasta ahora hemos hablado de los maestros de la gnosis; pero no son ellos solos, pues ya desde su mismo origen la secta se dividié en escuelas rivales, cuando cada uno se tomaba la libertad de dogmatizar por su cuenta: “Los valentinianos, recalca Tertuliano, se han tomado la misma libertad que Valentin; y los marcionitas la misma que Marcién, y han modificado la fe a su talante” (7). La herejia valentiniana se escindié en dos ramas: la de occidente, Hamada por Hipélito itélica (71) y que se extendié no solamente por Italia, sino también por el sur de la Galia; —a ella pertenecen Tolomeo y Heracleén y es la que de ordinario tiene presente Ireneo— (72), y la escuela oriental, a Ta que se reducen Axiénikos y Bardesanes (*) y que se difundié por el Adv. her. I, % 3, buen mtimero de ideas y de rasgos idénticos a los citados de Toromeo y Henactw. Cf. Histoire du dogme de la Trinité, t. Il, p. 116, n. 1. (8) No puede decirse, pues, con pg Fave (op. cit. p. 79): “El método empleado por nuestro gnéstico es el alegérico y desde este punto de vista no hay diferencia alguna entre él y Origenes”. () De praescr. harret., xxx, 8. Cf. Inewno, Adversus hareses, 1, xt, 1: “Veamos ahora la inconstancia de su opinién; porque donde hay dos o tres, ya no se ponen de acuerdo sobre un determinado punto, sino que se contradicen com las palabras ¥ con los hechos”. (72) Philos, VI, xxxv, 6. (72) Trewno, Adversus heereses, I, xm, 1 y s. La doctrina que Ireneo quiere exponer es la de los partidarios de Tolomeo: I, pref, 2; sin embargo ataca también a veces a los seguidores del gnosticismo oriental, por ejemplo a Marcos. (73) Bardesanes nacié en Edesa en 154 y murié en 222. Tenemos de él solamente un Didlogo sobre el Destino, escrito en siriaco por su discipulo Felipe en los altimos afios del siglo segundo o primeros del tercero. Este libro (Bardesane Vastrologue. Le Livre des lois du pays, editado y traducido por F. Nav, Paris, 1899) y en Patr. Syr, I, 2 (1907), no contiene las tesis gnésticas que los heresidlogos atribuyen general- mente a Bardesanes; es una discusién sobre el libre arbitrio; intenta probar que los actos del hombre pueden provenir de tres principios: la naturaleza, el destino, la voluntad. El autor exagera la influencia de los astros sobre la voluntad humana. Nav concede que se engafié “sobre la influencia de los astros, origen, composicién y muerte del cuerpo humano y finalmente sobre el cuerpo de Cristo”; ‘pero niega que hubiese sido un verdadero gndstito, en el sentido que se da generalmente a esta palabra (Patr. Syr., Tl, p. 535). C}. F. Nav, Une biographie inédite de Bardesane V'as- trologue, Paris, 1897; A. Baumsranx, Geschichte der syrischen Literatur, Bonn, 1922, 4 HISTORIA DE LA IGLESIA Egipto y Siria; en ella nos encontramos con magos como el mago Marcos, atacado por Ireneo. Las artes de este charlatin no merecen un estudio de- tallado, pero nos indican a qué profesiones tan poco dignas se dejé arras- trar esta gnosis tan orgullosa. § 2.—El marcionismo (4) MARCION Marcién, el adversario més temible de Ia Iglesia en el siglo segundo, pertenece a la misma generacién que los grandes gmésticos Basilides y Valentin, aunque de mas edad que ellos (7°). Su fuerza no es la de un metafisico o la de un profeta; en esto no se parece nada a Valentin o a Montano; es un hombre de accién, un jefe que supo crear, organizar sélidamente y relacionar estrechamente’ entre si nu- merosas iglesias y arrastré en su seguimiento a sus “compafieros de desgra- cia” (78), de los cuales muchos confesaron su fe cristiana hasta el martirio. Mutilé la Biblia y elaboré una teologia pobre e inconsistente. La nueva secta que se lanzé al campo con energia retadora emprenderé la conquista del mundo y opondré a la Iglesia una resistencia encarnizada. SU ORIGEN Marcién nacié en Sinope. En la provincia del Ponto, los cris- tianos eran mumerosos y bien organizadas las iglesias (77). Segin el relato de Hipélito, el padre de Marcién era obispo y excomulgé a su hijo (78), quien, enriquecido en su oficio de armador, dejé el Ponto y vino al Asia Menor; alli debié enfrentarse con San Policarpo, que veia en 41 al hijo “‘primogénito” de Satands. Cuando en 184 el viejo obispo de Es- mima legé a Roma, aproveché su estancia en la ciudad para reducir a la Iglesia a muchos de los discfpulos de Valentin y de Marcién (78). pp. 12-14. G. Levi Detra Vina, Il Dialogo delle leggi dei paesi, Roma, 1921; L. Ton- petit, Mani. Rapporti con Bardesane, S. Agostino, Dante, Milan, 1932. Se ha atri- buido’ muchas veces a Bardesanes el Himno del alma, pero aun esté por demostrarse. A. A. Bevan (The Hymn of the Soul, Cambridge, 1897) tiene esta opinién por muy probable (p. 6); pero la mayor parte de los historiadores no la han seguido, F. Haase (Zur Bardesanischen Gnosis, 1910) concluye (pp. 89-90) que Bardesanes fué segura- mente hereje y que sufrié la influencia de la gnosis, sin ser propiamente gnéstico. Sus recursos principales son la astronomia y la astrologia y manifiesta una gran influencia de la filosofia griega, Algunos términos han pasado de su obra al lenguaje teolégico sirfaco. Tiene poca importancia para la historia general y para la historia de las religiones, pero mucha importancia para la historia de la civilizacién. (74) Sobre Marcién véase: A. von Hannack, Marcion Das Evangelium vom frem- dem Gott, Leipzig, 1924; Neue Studien zu Marcion, Leipzig, 1923; A. v’Auks, Marcion, la réforme chrétienne au II° siécle en Recherches de Science religieuse, t. XIII (1922), pp. 137-168. Cf. Histoire du dogme de la Trinité, t. Il, pp. 122-131. E. Buonarurri, Marcione e il Nuovo Testamento latino, en Ricerche religiose, 11 (1926), pp. 336-348; M. Zaprata, Etica ed escatologia in Marcione, ibid., II (1927), pp. 333-355, (78) Cuzwenre, Strém., VIL, xv11, 106: “Marcién pertenecié'a la misma época que Basilides y Valentin; pero era ‘ya anciano, cuando ellos eran atin jévenes”. (78) Asi lamaba Marcién a sus discipulos; ef. Terrut., Adv. Marc., IV, 1x y xxxvi. (7) Cf. Carta de Plinio a Trajano (supra, vol. 1, p. 241, s.). Recuérdese lo que dice de las diaconisas cristianas (ibid. p. 311). (78) Se encontraba este dato en Syntagma, de Hipélito, de donde lo tomé Epifa- nio. La excomunién habria sido motivada por la violacién de una virgen, Parece que Tertuliano desconocia esta acusacién y, por lo mismo, es poco verosimil. Quizé se fulmin6 la excomunién contra él por ensefiar doctrinas heterodoxas; y ésta pudo ser la violacién de que habla Hipdlito. Cf. Harwacx, Marcion, 93-24. , (®) Inmxzo, Adversus hereses, IIL, 111, 4, citado por Eusenio, Hist. Eeel., IV, x1v, 6; CRISIS GNOSTICA Y MONTANISMO 25 SU DEFECCION Marcién, efectivamente, habia venido a Roma y se pre- senté en ella como un cristiano fiel, segtin lo atestiguaba un documento escrito que se conservaba en la iglesia de Roma (®), y en el fervor de su primer momento doné a la iglesia romana doscientos mil sestercios (81), Vivid al parecer en la oscuridad, madurando su doctrina y trabajando por fundamentarla sélidamente, preparando sus Antitesis y su texto de la Escritura (52). Cuando este trabajo de elaboracién estavo acabado, Marcién se presenté a los presbiteros y les rogé que le explicasen algunas sentencias evangélicas que le parecieron particularmente significativas: un drbol bueno: no pued® dar més que frutos buenos (Lc. 6, 43); no se pone el vino nuevo en odres viejos (ibid. 6, 36): No le satisficieron las explicaciones propuestas y apos- taté. La Iglesia de Roma rechazé entonces el dinero y al que lo habia en- tregado (*). Esta ruptura fué para los marcionitas el comienzo de una nueva era: Cristo habia aparecido en la tierra el afio décimoquinto de Tiberio; ciento quince afios, seis meses y medio después Marcién fundé su iglesia (%). Si se supone que el afio décimoquinto de Tiberio es el afio 29 y se toma como punto de partida el comienzo de este afio, el cémputo marcionita nos Ieva al afio 144, mediado julio. EI desarrollo de la nueva secta fué muy rapido; hacia el 160 escribia Tustin: “Marcién del Ponto, que ensefia atin hoy, profesa la creencia de un Dios superior al Creador; con la ayuda de los demonios propaga su blasfemia por e] mundo”; y mAs abajo: ‘Son muchos los que aceptan su doctrina y se rien de nosotros... Estiipidos, como ovejas arrebatadas por el lobo, son ‘presa del atefsmo y de los demonios” (8). Hacia el fin del siglo siguiente escribia Tertuliano: “La doctrina de Marcién ha Menado el mundo entero” (8). ¢f. ibid, 7: “EL mismo Policarpo a Marcién, que acercindosele le pregunté: ¢Me reconoces? le respondié: Reconozco al primogénito de Satands”. Este encuentro pudo tener Tugar en, Asia o en Roma, La permanencia de Marcién en Asia esté atesti- guada por Papias en el prologo: in ev. Ion, ed. Wonnswonts-Warre, Testamentum Domini Nostri Jesu Christi latine, part. I, fasc. IV, p. 490, 83 Harwack, op. cit., 97. (%) TenrutiaNo, De carne Christi, u: “Yeo magis mortuus es, quo magis non es christianus; qui cum fuisses, excidisti, rescindendo quod retro credidisti, sicut et ipse confiteris in quadam epistola, et tui non negant et nostri probant”. Cf. De praeser. heret. xxx; Adv. Marc., 1, xx. Karrensuscx, Apost. Symbol, II, p. 86, s., p. 322, s. HaanAcx, op. cit., p. 25, 20. (81) Adv. Mare... IV, rv. De prevser. havret., xxx. (82) Hanwac (op. cit, p. 26) hace notar que la preparacién del texto expurgado de las. Antitesis exigié reflexién y tiempo y, como el texto que sirve de base a estos trabajos esté mds atestiguado en occidente que en oriente, se puede concluir con verosimilitud que fué en Roma donde se reali2é este trabajo durante los afios que precedieron a la ruptura con la Iglesia (144). (83) Terruxiano, Adv. Marc., IV, 1v. (84) Ibid., I, xx: “Anno XV Tiberi Christus Jesus de colo manare dignatus est, spiritus salutaris Marcionis, Selutis + qui ita voluit quoto quidem anno Antonini majo- ris de Ponto suo exhalaverit aura canicularis, non curavi investigare. De quo tamen constat, Antonianus hereticus est, sub Pio impius, A Tiberio autem constat usque ad Antoninum anni fere CXV et dimidium anni cum dimidio mensis. Tantumdem temporis ponunt inter Christum et Marcionem”. Cf. Hanwac, Chronologie, t. 1, P. 297, s.; p. 306, s.; Marcion, p. 18°. (88) Apol, 1, xvi y wm. : (8) Tenrurtano, Adv. Mare, V, x1x. La fecha de la muerte de Marcia nos es desconocida; pero no puede prorrogarse més allé del 160 (Hannacx, Marcion, 25). 26 HISTORIA DE LA IGLESIA OPOSICION DE LOS Se comprenderé mejor un éxito tan rdpido, si se re- DOS TESTAMENTOS cuerda la turbacién que experimentaban ciertos cris- tianos poco prudentes o mal instruidos ante algunos pasajes del A. Testamento y, sobre todo, ante su legislacién. El autor de Ja carta de Bernabé no queria ver en estas leyes sino simbolos de reali- dades espirituales: jams pensé Dios en exigir a los judios un templo de piedra, ni la circuncisién, ni el descanso sabitico (87). La carta de Tolomeo a Flora dard esa misma solucién (8); pero, desde luego, hay que reconocer que a juicio de los espiritus no predispuestos esto era violentar el sentido de la Biblia. Marcién combatié esta exégesis: nada de simbolos; la letra es todo. Pero esta letra es indigna de Dios: el Dios de los judios, el Creador, no es el Dios de los cristianos, ni el Padre de Cristo. Este es el dogma fundamental del Marcionismo y en torno suyo se empefié la lucha. Para hacer mis sensible esta oposicién que creia ver entre los dos Testa- mentos, compuso el libro de las Antitesis. Esta obra, la tinica que escribié Marcién (8), fué para sus discipulos regla soberana de fe (%). Se com- ponia fundamentalmente de textos del Antiguo y Nuevo Testamento, con- trapuestos los unos a los otros para hacer aparecer su oposicién y, por con- siguiente, la existencia de dos dioses, Los doctores catélicos gustaban de componer colecciones de textos biblicos 0 “testimonios”, que daban a los fieles; para ayudarles a conocer, a propagar y a defender su fe (*!), Marcién quiso también formar su antologia, no para establecer la armonia entre la Ley y el Evangelio, sino para poner de manifiesto su oposicién (8). El libro se ha perdido, pero la refutacién detalladisima de Tertuliano y de los demés polemistas nos permite seguir las huellas de Marcién a través de los dos Testamentos (%8), Marcién lee en Isaias (55, 7): “Soy yo quien envia los males”. Ahora bien, Cristo nos ha dicho que un arbol bueno no puede dar mas que frutos buenos; si, pues, el Creador es el mal Arbol que da malos frutos, es preciso reconocer la existencia de otro Dios, arbol bueno que dé frutos buenos (*). Y, efectivamente, en todo el Antiguo Testamento aparece un Dios que no es. el del Evangelio: ‘al precepto de la Ley “ojo por ojo, diente por diente”, Segim Tenruttano (De presser. haret., xxx) habria querido reconciliarse con la Igle- sia; se le impuso que redujese a sus seguidores y, murié sin poder hacerlo. (87) Cf, tomo I, pp, 283-824. (8) Cf. supra, p. 20. (8) No hablamos aqui de su edicién del Nuevo Testamento, que no es un original suyo, sino una edicién mutilada del Evangelio y de San Pablo. (%) Terruniano, Adv. Mare., I, xx: “Separatio legis et evangelii proprium et principale opus est’ Marcionis, nec’ poterunt negare discipuli eius, quod in summo instrumento habent, quo denique iniciantur et indurantur in hanc haresim. Nam he sunt Antitheses Marcionis, id est contrariee oppositiones, que conantur discordiam evangelii cum lege committere, ut ex diversitate sententiarum utriusque instrument diversitatem quoque argumententur deorum”. Se ve por este texto que para los mar- cionitas las Antitesis son un documento de autoridad soberana, “summum instru- mentum” (cf. la expresin “utriusque instrumenti” aplicada a los dos Testamentos). Se sirven de él para la iniciacién bautismal, como se sirve la Iglesia del simbolo de Ja fe. Cf. Hanwace, op. cit, p. 70. (1) La mis conocida de estas colecciones es la de San Cipriano: Testimonia; pero no es la primera. (2) No se limité a transcribir los textos, sino que los acompafiaba de breves expli- caciones en que exponfa y defendia su pensamiento. Cf. Harnack, op. cit., pp. 72, (82) Hanwack, op. cit., pp. 68-134, ha realizado con sumo cuidado este trabajo de re- composicién, De ¢l tomamos la mayor parte de los datos arriba citados. (8) Terruttano, Adv. Mare., I, 1; of. Tl, xxxv, : CRISIS GNOSTICA Y MONTANISMO or contrapone el Evangelio: “Si alguien te golpea en una mejilla (8), presén- tale también la otra”. Elias hizo bajar fuego del cielo contra los ‘soldados que querian apresarle; Cristo se opone a que sus discipulos obren de la misma manera (®*). Eliseo arroja osos contra los nifios que se mofan de él; Cristo dice: “dejad que los nifios vengan a mi” (97). Moisés eleva sus brazos en el monte para que Israel pueda exterminar a sus enemigos; Cristo extiende sus manos en la cruz para salvar a los pecadores (*8). Josué de- tiene el sol para que contintie la matanza; “el Sefior dice que el sol no se ponga sobre vuestra célera” (°°), EL DIOS DEL En estos trazos rapidos y nerviosos se adivina ANTIGUO TESTAMENTO al hombre que un dia, saliendo de su oscuridad, demandé a los presbiteros: “Explicadme esto: el Arbol bueno no da mas que frutos buenos”, y que luego, aferrandose a un iteralismo estrecho, se dedica a sorprender en mil faltas al Dios de la jus- ticia y a sus profetas. Y, comenzando por el pecado original: ¢cémo si Dios es bueno, previsor y poderoso, no supo prevenir el pecado de Addn? “2Cémo ha consentido que el hombre hecho a imagen y semejanza suya, més atin, de su sustancia por la naturaleza del alma; cémo ha consentido que, engafiado por el demonio, desobedezca a su ley y se acarree su muerte? Si es bueno, no pudo consentir tal desgracia; si ve en el futuro, tuvo que conocerla de antemano. Si es omnipotente, debi6 evitarla; y asi esta catdstrofe jamds habria sobrevenido, porque los tres atribu- tos de la majestad divina se oponen a ello. Si, efectivamente, ha sobrevenido, es por- que este Dios no tiene ni la bondad, ni la previsién, ni el poder” (200). Siguiendo por la historia judia, Marcién contintia su requisitoria. Este dios, dice, es inconstante: prescribe el descanso sabitico y manda llevar el arca durante ocho dias consecutivos en derredor de Jericé (11). Prohibe la idolatria y manda fabricar la serpiente de bronce, los querubines y los serafines (12). Protesta que no necesita sacrificios y se complace en los sacrificios de Abel y de Noé (3%). Escoge a Saiil y se arrepiente (#94), rechaza a Salomén (18); amenaza a los ninivitas con castigos que Inego no Heva a efecto (1%), Es ignorante: pregunta a Adan dénde esta y tiene que bajar a Sodoma y Gomorra para saber qué pasa en ellas (17), Es cruel: Moisés debe conjurarlo para que perdone y contenga su célera (198), Es parcial y despético: endurece a Faraén, ahoga a los egipcios y extermina a los cananeos. “Josué con- quisté la tierra santa, imponiéndole una dominacién despética y cruel; Jesucristo prohibe toda dominacién y predica la misericordia y la paz” (1). (88) Terrutzano, Adv. Marc, II, xvi; cf. TV, vi; Apamansrus, I, xv. (88) ‘Terrvrsano, Adv. Marc., IV, xan. (81) Tenrutxano, Adv. Marc.; ibid, Apananrtus, I, xv1. (88) Apamannrus, T, xr. (8%) Apamanrtus, I, x10 (290) Texto citado por Tsxruttano, Adv. Marc., II, v. (101) Terruttano, Adv. Marc, II, xxt. (392) Ibid., TI, xx1. (108) Tbid., TT, xxx, 094) Ibid, Th, xxmsonv, (295) Ibid, TT, xm. (208) Ibid, IT, xxav. (201) bid, IK, xxv. (208) Ibid, IT, xxvz. (108) Onicunes, Hom. in librum Jesu Nave, XII, 1. Cf. Hanwack, op. ci 28 HISTORIA DE LA IGLESIA Y¥ no es solamente la historia judia; toda la creacién levanta Marcién contra su autor: es el dios de las langostas y de los escorpiones (14°); la came, sobre todo, esta cargada de vergiienzas y miserias en el ejercicio de sus funciones naturales, en el acto de la generacién: “el matrimonio es algo impidico y malvado” (1), Tertuliano nos presenta a estos herejes “perorando con la mayor amargura sobre las manchas e impurezas del nacimiento y de la infancia, y sobre Ja vileza de la carne” (412), Estos recursos oratorios son faciles y debieron impresionar a los discipu- los de Marcién. Pero, si la fogosidad bastaba para conmover los énimos, no podia fundamentar una doctrina. Sus adversarios pudieron replicarle facil- mente: si tomamos a la letra las inventivas de Marcién, ¢cémo podemos ver en este Dios de Jos judios un dios justo? ¢Cémo leer el Evangelio, por muy mutilado que esté, si no se reconoce en Cristo una care real? (118), LA BIBLIA DE MARCION Para dar a esta doctrina un fundamento escri- turistico, Marcién compuso su Biblia: rechaz6 el Antiguo Testamento; del Nuevo se quedé con el Evangelio de San Lucas, del que suprime los dos primeros capitulos y todos los pasajes que no estan de acuerdo con su teologia, y con diez epistolas de San Pablo, rechazando las Epistolas pastorales y la Epistola a los Hebreos; aun en las diez que admite, borra todo lo que Je parece que tiene sabor judaico y que debe achacarse a los falsos apéstoles (14). Esta Biblia no es el resultado de un esfuerzo critico, sino consecuencia de una tesis teolégica preestablecida (11°), A Marcién le era tan indife- rente la exégesis como la especulacién metafisica; no fué mas que un hom- bre de accién, que sélo vié en la Biblia un “instrumentum” que quiso que fuese manejable y resistente. ‘Asi armado, emprende la institucién de su dogma y de su iglesia, Ima- gina un dualismo que divide todo lo existente en dos esferas: el mundo visible y el mundo invisible. E] mundo invisible es obra del Dios supremo que mora en el tercer cielo, conoce a su vez el universo entero, pero sélo es conocido por el mundo invisible. El mundo visible ha sido creado por el Demiurgo, que es su sefior y se tiene por el solo sefior (41°); de aqui estas protestas y manifestaciones del Antiguo Testamento, todo inspirado por el Demiurgo: “Yo soy el tinico Dios y no hay otro sobre mi”. Vese, pues, claramente, que este dualismo no supone oposicién entre los dos dioses, sino solamente una distincién de personas y de naturalezas y divi- sién de dominios, y en el dios inferior total ignorancia acerca del Dios soberano. Este dios inferior no es el dios del mal, sino que es un déspota que colocé al hombre en este mundo material, leno de miserias, y le dié con su soplo un alma que procede de su propia sustancia. Esta sustancia imper- (140) Trrturrano, Adv. Mare, I, xvi; IV, xxv. QU) Ibid., I, xxx. (132) Ibid, TV, xxt. (138) Ibid, IIT, xx; IV, xxx. (114) Sobre estas correcciones en el texto de San Pablo, of. Hanwacx, op. cit., pp. 41- 48; y en San Lucas; ibid, pp. 4857. Motivos que inspiraron estas correcciones, cf. d., pp. 60-61. (118) Cf. Hanwack, op. cit., p. 68. (118) Cf. Terrurrano Adv. Marc., I, xvi: “Como no vemos el otro mundo ni a su Dios, tienen que dividir las dos clases de seres, visibles e invisibles, entre los dos dioses y reservar asi a su Dios el mundo invisible”. : CRISIS GNOSTICA Y MONTANISMO. 29 fecta y pobre ha sido unida a la materia y ha quedado manchada con su contacto. Sin embargo, el Demiurgo tuvo celos de esta criatura contrahecha y le negé el conocimiento del bien y del mal y le arrojé del paraiso te- rrestre (127), Y contintia desde entonces la historia de esta raza caida, sometida a un gobierno despético. El pueblo judio, el mas perverso de todos, fué el. pueblo del Demiurgo, que por su medio defraudé y exterminé a los pueblos rivales. Recibié una ley que contiene, sin duda, preceptos justos y honestos; pero de una bondad estrecha y mezquina; y asi los ritos prescriptos —la circuncisién es uno de ellos— son reflejo de la creacién y, por lo mismo, tarados con los mismos defectos: necedad, debilidad y, a veces, indecencia. Los profetas no fueron sino enviados del Demiurgo y todos, sin exceptuar a Juan Bautista, desco- nocieron totalmente a Dios. LA VENIDA DEL SALVADOR _ E1 Dios soberano, ese “Dios extranjero”, ex- trafio al mundo, que nada debia a esta hu- manidad miserable, quiso salvarla: “E] afio décimoquinto de Tiberio César, en los dias de Poncio Pilato, Jesis bajé del cielo a Cafarnatim, ciudad de Galilea, y comenzé a ensefiar en la sinagoga” (18), Asi rezaba el principio del evangelio de Marcién. El Demiurgo habia prometido por sus profetas la venida de un Mesias, de la estirpe de David, ungido con el espiritu del Demiurgo; aun no ha venido. Pero el Dios bueno envié a su Hijo, que no se distingue de El més que por el nombre: “Nuestro Dios, decian los marcionitas, no se revel6 desde el principio ni en la creacién, sino que se manifesté a si mismo en Cristo Jestis” (21°). Atravesando el cielo del Demiurgo, Jestis aparecié entre nosotros sin tomar cuerpo material; ya que la materia es esencialmente mala, sino s6lo una apariencia de cuerpo. No podemos, pues, hablar de nacimiento, ni de in- fancia, ni de bautismo, sino solamente de aparicién sibita, inesperada, en la sinagoga de Cafarnaim. Cristo predicé e hizo milagros, sin oponerse formalmente al Demiurgo y sin denunciar la distincién de dos dioses. En torno suyo los discipulos del Demiurgo alababan a su Dios por los milagros de Jesis y Jesis lo aguantd; Pedro le reconocié por el Mesias, sin duda el Mesias del Demiurgo, y Jesds le impuso silencio para que no se propagase el engafio (32), El “Edicto de Cristo” son las bienaventuranzas en que exalta a los men- digos y maldice de los ricos. Dejando de lado todos los textos del Antiguo Testamento, en que Dios promete sus bienes a los pobres (324), Marcién ve en esta predicacién la antitesis de la predicacién del Demiurgo. Los que ahora son proclamados bienaventurados son los parias de la Antigua Ley, los miserables y los pecadores (22), (17) Cf. Hanwack, op. cit. pp. 146 y ss. (18) Hanwack, op. cit, p. 165°. (419) Terruttawo, Adv. Mare., I, 1, x1x; of. Hawick, op. cit., p. 162. (120) Terrorrano, ibid, IV, xvi y xx. (221) Terrotiano, ibid, IV, xv. (222) Terrotrano, ibid, IV, x1: “Hace valer como argumento la eleccién de un publicano por el Sefior; es, a’su parecer, la eleccién por el adversario de la ley de un hombre extrafio a la ley y al judaismo”. 30 HISTORIA DE LA IGLESIA LA REDENCION Jesits se mostré con sus milagros y con su predicacién mmicho més poderoso que el Demiurgo; mas no quiso arrancarle sus dominios a viva fuerza; redimié a los hombres con su muerte (32) y descendié a los infiernos para librar a cuantos el Demiurgo tenia aherrojados. Marcién afirma que Cain y sus congéneres y los sodomitas y los egipcios y demas gentes de su ralea y todos los paganos que vivieron encenagados en los vicios fueron salvados por el Sefior. Cuando bajé a los infiernos se presentaron ante El y El los recibié en su reino, Mas ni Abel, Enoc y Noé, ni los justos y patriarcas del tiempo de Abrahan, ni los demas profetas, ni todos los que fueron gratos a Dios, fueron salvos; porque, como por experiencia sabian que Dios les tentaba en todo momento, Pensaron que ahora también queria tentarles, y no se presentaron delante de Jess, no creyeron en su mensaje y por esto sus almas quedaron en los infiernos (124). Los apéstoles de Cristo no supieron mantener la grandeza ni la pureza del Evangelio; predicaron al Demiurgo. El Salvador suscits a San Pablo para reemprender su obra y proseguirla; en la asamblea de Jerusalén los apéstoles concordaron con él, pero luego se distanciaron y Pablo fué de muevo el tinico predicador del Evangelio, cuya esencia es la salvacién por la fe: basta creer y amar para ser salvo (228), LA IGLESIA MARCIONITA Solamente las minorias son capaces de mante- nerse en estas alturas, como advierte Marcién: “E] Demiurgo esta con la multitud, el Salvador sélo con los escogidos” (128). Jestis bajé a los infiernos y salvé a todos los que alli estaban, exceptuados los justos del Antiguo Testamento; pero sobre la tierra su sangre y la pre- dicacién del Zvangelio no pueden salvar mds que a wna porcién escogida y rara; de manera que, de hecho, después de la Encarnacién, la condicién de Ios hombres sobre la tierra es mas desdichada y la salvacién mucho més dificil (127) Esta contradiccién repugna a todas luces; pero la pasién que domina a los marcionitas les hace pasar por todo. Se gozan en la contemplacién de ese dios extranjero que aparece de stibito en este mundo miserable, que le desconoce y al que él nada debe; les entusiasma también la existencia tra- bajosa de los “compafieros de desgracia” que, sostenidos tmicamente por la (228) Esta redencién era para Marcién de importancia decisiva; por ella deducia que los hombres pertenecian a otro Dios distinto de¥ Dios soberano, ¥ que, por tanto, era necesaria la muerte de Jestis para rescatarlos; interpreta esa redencién no sola- mente en Gal. 3, 13, sino también en Gal., 2, 20, en que lee “que me rescats” en vez de “que me amé” (HARNAGK, op. cit. p. 171). (224) Inewwo, Adv. heer, I, xxvm, 3. Hanwack escribe (op. cit., p. 169): “Hemos de hacer aqui um alto, pues este punto es el que parecié a los Padres de la Iglesia el colmo de la malicia blasfema de Marcién, y que todavia hoy nos lena de asombro; Y,, sin embargo, ésa es la doctrina de Marcién”. Bueno sera recordar el principio evan- gélico tan caro a Marcién: todo arbol bueno produce buenos frutos. (225) ‘Tertuliano arguye contra Marcién (I, xxvi1): los marcionitas no quieren que el Dios bueno sea temido; entonces ¢cémo resistir a la tentacién y al placer? ¢Cémo podré aguantarse la persecucién? ¢Habremos de comprar nuestra vida con la apos- tasia? Absit, absit, réplica Marcién. Afiade Hanwack (op. cit., p.175): “Este