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¿Es la Teoría General del Proceso una disciplina jurídica indispensable para

el estudio de todas las ramas del Derecho Procesal? En innegable que la Teoría
General del Proceso como disciplina, tiene una influencia directa y un categórico
régimen jurídico que determina los principios básicos para estudiar todas las
ramas del Derecho Procesal. En tal sentido, en el presente ensayo se abordaran
de manera sucinta los aspectos que abarca dicha teoría dentro del campo
jurídico a los fines de hacer efectivo el derecho positivo, identificando
enfáticamente uno de sus aspectos relevantes, como lo es la función
jurisdiccional, quienes la ejercen y quienes están sometidas a ella.

Para Niceto Alcalá-Zamora y Castillo, la Teoría General del Proceso es el


“conjunto de conceptos, instituciones y principios comunes a las distintas ramas
del enjuiciamiento”, por lo que se considera la parte general de la ciencia del
derecho procesal. De allí que, el estudio del derecho procesal a través de la
Teoría General del Proceso pretenda que las normas procesales no queden
como un conjunto de reglas ocultas estructuradas para obstaculizar la correcta
aplicación de las normas del derecho sustantivo y aspira que se cumplan con los
postulados fundamentales de la vigencia del Estado de derecho.

En base a ello, los principios que rigen la Teoría General del Proceso son
válidos para todas las ramas del Derecho Procesal, entre ellos pueden
mencionarse la igualdad, economía, probidad, preclusión, inmediación, escritura
y oralidad, publicidad, entre otros, los cuales aglutinados ordenadamente por la
doctrina están íntimamente relacionados con el orden público procesal, en el
entendido de que este último está conformado por un conjunto de valoraciones
éticas, sociales, económicas y políticas, en un tiempo y espacio geográfico
determinado, que al complementarse con el ordenamiento procesal, se
considera de obligatorio cumplimiento.

Ahora bien, mencionados los aspectos anteriores, podría definirse entonces


el Derecho Procesal tal y como afirma Devis Echandia, como “la rama del
derecho que estudia el conjunto de normas y principios que regulan la función
jurisdiccional del Estado”. En este sentido, “fija el procedimiento que se ha de
seguir para obtener la actuación del derecho positivo y que determinan las
personas que deben someterse a la jurisdicción del Estado y los funcionarios
encargados de ejercerla” (ibíd.). Es decir, es aquel conjunto de normas que
determinan los requisitos y formas de acudir ante el órgano jurisdiccional.

De igual forma, sostiene Eduardo B. Carlos, que “la ciencia del derecho
procesal estudia el conjunto de normas jurídicas que regulan el proceso, por cuyo
medio el Estado, ejercitando la función jurisdiccional, asegura, declara y realiza
el derecho”. En dicha definición se puede observar claramente como el autor
ubica satisfactoriamente el proceso y la función jurisdiccional. De allí que se
ubique al Derecho Procesal en el ámbito del Derecho Público, dado que viene a
regular las relaciones entre los ciudadanos y el Estado con motivo del ejercicio
de la jurisdicción que es una función pública estatal.

A tal efecto, Sebastián Betancourt (2008), que toda norma procesal debe
entenderse como perteneciente a un sistema jurídico y no aislado. Ello con el
propósito de evitar particularidades y parcialidades que no permitan dar fiel
cuenta del ordenamiento procesal, pues sus normas, principios e institutos
necesitan ser estudiados e interpretados sistemáticamente. En general, lo que
sostienen los propugnadores de la Teoría General del Proceso, es que existe
unidad entre los distintos procesos, es decir, ciertos elementos comunes que los
unen, aunque tal y como aclara Alcalá-Zamora, unidad no quiere decir igualdad
ni mucho menos identidad.

Según los doctrinarios, el Derecho Procesal se estructura en torno a tres


conceptos, como lo son la jurisdicción, entendida ésta como el poder genérico
de administrar justicia, cuya función exclusivamente corresponde al estado, en
otras palabras, es la función que tienen los tribunales de justicia de conocer,
sentenciar y ejecutar lo sentenciado en los conflictos que sean sometidos a su
decisión; la acción, que es medio por el cual una persona insta a la jurisdicción
que se pronuncie sobre un asunto y otorgue efectiva y justa tutela jurisdiccional;
y, el proceso, medio a través del cual se ejerce la jurisdicción. De hecho, para
Rangel Romberg, la jurisdicción, asociada con la noción de acción y de proceso,
forman lo que él denomina “el trinomio sistemático fundamental” del derecho
procesal. Así también los lo expresa Podetti, cuando de forma similar se refiere
a dichos términos como “la trilogía estructural del proceso civil”.
De la individualización ya bosqueja, se pueden observar las características o
elementos de la jurisdicción, como lo son su autonomía, exclusividad,
independencia, indelegabilidad, ya que el Estado realiza un acto de delegación
a un funcionario que ejerce la jurisdicción, e inderogabilidad, entendiéndose esta
última como el acto por el cual se priva a un funcionario competente a ejercer la
facultad de conocer un litigio y de resolverlo, es decir, los jueces están facultados
y tienen el poder para administrar justicia, pero ese hecho de administrar justicia
está limitado a cada juez por razones de competencia. En otras palabras, la
jurisdicción es considerada como la facultad general, la competencia con
relación a ella significa la limitación a esa facultad por circunstancias concretas
(territorio, turno, materia, cuantía y función), la competencia ha sido impuesta por
necesidades de orden práctico, es una medida de la jurisdicción.

Como colofón de lo anterior, se podría decir que el Derecho Procesal tiene


una estrecha relación con el objeto estudiado, es decir el proceso. No se trata de
estudiar el procedimiento que es el aspecto exterior del proceso, sino que busca
cumplir con la función jurisdiccional y lograr la justicia, entendida ésta, como la
solución de la controversia ajustada a la verdad.