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I Congreso SETAM: Mesa Redonda 1 Roberto Mayoral

REFLEXIONES SOBRE LA INVESTIGACIÓN EN TRADUCCIÓN


AUDIOVISUAL

Roberto Mayoral Asensio


Universidad de Granada

Este volumen integra diversos trabajos que recogen la investigación de numerosos


colegas en traducción audiovisual. Mi intención en estas breves líneas es precisamente
exponer qué entiendo por investigación en traducción audiovisual y cuáles son y han
sido mis intereses personales en este ámbito.

1. ¿QUÉ PODEMOS CONSIDERAR INVESTIGACIÓN EN TRADUCCIÓN


AUDIOVISUAL?

Para exponer mis intereses personales en la investigación de la traducción


audiovisual, creo necesario en primer lugar señalar lo que no me interesa. En primer
lugar, por razones personales y sin ningún ánimo crítico, no me interesa especialmente
el estudio de la traducción audiovisual como producto en el sentido que habitualmente
se le otorga a este enfoque, colocándose el estudioso en la piel de un ciudadano
consciente afectado por una supuesta injusticia intrínseca a toda traducción en su
calidad de intercambio cultural. En mi caso, mis intereses se centran tan sólo en el
estudio de la traducción como proceso y en el estudio del producto de la traducción
exclusivamente cuando el estudioso se coloca en la piel del mensajero/traductor y su
esfuerzo revierte en un proceso más eficaz y en una mejor calidad del producto. A ello
me han abocado mis circunstancias personales como traductor y como formador de
traductores.
En segundo lugar, y aquí si hay importantes elementos de crítica y de autocrítica,
no me interesa como estudio de la traducción audiovisual toda aquella actividad que,
basándose en datos audiovisuales, trata problemas o llega a conclusiones que no son
privativos de la traducción audiovisual, pues lo que demuestra al fin y al cabo no es más
que un claro desenfoque en el planteamiento inicial del trabajo.
Igualmente objetable me parece la investigación en traducción audiovisual que
comienza haciendo una declaración de principios sobre la multiplicidad de canales y
señales que contribuyen a un único mensaje, pero que a continuación se olvida de lo
establecido y se dedica a la discusión de los diálogos como si de un texto único y
aislado se tratara; sus conclusiones han de ser inevitablemente erróneas.

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Tendría que añadir a lo que personalmente no me satisface toda aquella actividad


cuyas conclusiones no son útiles para el avance de nuestro conocimiento sobre el tema,
para la mejora de la calidad del trabajo profesional, para la formación de traductores, o
para la calidad del producto que llega al consumidor («ciencia banal» se le denomina en
otros ámbitos de conocimiento y se le niega su valor como ciencia). En la universidad
mostramos cierta tendencia a escudarnos en la necesidad de hacer avanzar el
conocimiento «puro», no aplicado, para situarnos a una distancia segura de la prueba de
fuego que para nuestras propuestas supone su contraste con la realidad. Hay disciplinas
que ofrecen en su objeto de estudio un alejamiento suficiente de la realidad para
enmascarar este problema: en mi opinión, éste no es el caso de la traducción audiovisual
pues el consumo de los productos audiovisuales traducidos es una realidad cotidiana en
la vida de casi todas las personas, evidencia una actividad económica importantísima y
constituye uno de los elementos de transmisión cultural más eficaces que se conocen.
Ante esta realidad, pienso, deberíamos evitar dedicar nuestro tiempo a discutir sobre el
sexo de los ángeles.
Una buena parte de los estudios que hacemos sobre la traducción audiovisual son
estudios descriptivos, en el sentido de que intentan describir cómo se realiza esta
actividad. Aquí somos privilegiados, resulta mucho más difícil describir cómo se
realizan otros tipos de traducción como la jurídica o la técnica pero, en nuestro caso, las
enormes posibilidades que ofrece la puesta en relación del producto audiovisual
traducido con su percepción por el público al que va destinado, la observación hasta en
su más último detalle de esta actividad por una poderosa industria, el despliegue de
medios efectuado para medir el efecto del producto sobre los consumidores, la
homogeneización de las técnicas utilizadas en el sector, la industrialización de la
actividad, etc., hacen que la observación del proceso sea rentable y eficaz.
Como singularidad del estudio de la traducción audiovisual hay que señalar que en
él la observación del producto (en particular la recepción del producto por el
destinatario) puede arrojar mucha luz sobre el proceso. Las dificultades que por otro
lado existen para esta observación y su posterior descripción son: 1) la distancia entre la
universidad y el sector, que ha venido existiendo y que todavía se da en excesiva
medida y 2) la enorme rapidez con la que los cambios tecnológicos introducen tanto
nuevas técnicas y herramientas de traducción como nuevas realidades susceptibles de
ser incluidas bajo el concepto siempre cambiante de «traducción audiovisual».
Consecuencia de todas estas circunstancias es una situación paradójica en nuestro
campo: por un lado se repiten ad nauseam las mismas descripciones del proceso ya
formuladas por otros autores, olvidándonos de que una vez descrita una tecnología ya
sólo tiene sentido describir los cambios que ésta pueda experimentar, y, por otro lado, se
nos escapa al estudio universitario precisamente la descripción de estos cambios

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novedosos por nuestra lejanía respecto a la práctica profesional. Aquí, en mi opinión, se


da una situación lamentable: quien investiga con el resultado de producir innovación en
nuestro campo es –cuando lo hace– el sector y no la universidad; tampoco podemos
decir hoy por hoy, ni mucho menos, que la universidad proporcione al sector los
avances en el conocimiento básico necesarios para su investigación.
Existe otro problema básico que impide que los estudiosos universitarios podamos
ofrecer resultados de nuestros estudios que tengan alguna trascendencia en el mundo
«real» de la profesión: el objeto de estudio de la traducción audiovisual exige
actividades empíricas, tanto experimentales como de investigación sociológica, que
habitualmente se escapan de nuestras habilidades, pues exigen conocimientos y
experiencia rigurosos en campos de gran especialización como la psicolingüística o los
sondeos de opinión. Los estudiosos universitarios de la traducción audiovisual seguimos
siendo «de letras» y, cuando osamos realizar algún «experimento», en realidad hacemos
otra cosa que no merece tal denominación o carecemos de toda capacidad para
realizarlo. Los investigadores del campo de la traducción tenemos que definir todavía
cuál es nuestro papel; probablemente consista tan sólo en la descripción o definición
clara del objeto de estudio y de los problemas que plantea, dentro de una tarea
compartida con los profesionales en otras ramas y con una clara separación de tareas
entre todos.

2. INTERESES PERSONALES

Respecto a la descripción del objeto de estudio, mi interés se ha centrado en tres


aspectos:
1) La descripción del proceso de la traducción audiovisual, habiendo trabajado
personalmente de forma principal sobre el subtitulado. En esta descripción habría que
incluir todos aquellos cambios que se han producido, se vienen produciendo o se prevé
que se van a producir en la actividad profesional. La descripción del objeto de estudio
encuentra su principal obstáculo no sólo en la falta de información o la carencia de
medios que nos aquejan de forma crónica, sino también en otro elemento metodológico
sobre el que sí podemos actuar: la rigidez con la que los universitarios adoptamos
nuestras propias definiciones, considerándolas fuente de verdad absoluta y
olvidándonos de que no son más que constructos mentales cuya misión es la de servir
como instrumentos para la descripción y modificación de la realidad; constructos que
hay que desechar cuando se muestran obsoletos e inútiles pues la realidad y no las
definiciones con las que los estudiosos intentan compartimentar y describirla es la única
prueba de fuego para el conocimiento. La traducción audiovisual no es un objeto de
estudio inmutable y ya definido sino un objeto de estudio condenado al cambio y a la

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innovación. Realidades susceptibles de ser incluidas en la misma categoría (la llamemos


como la llamemos) que la traducción cinematográfica, televisiva o de vídeo, como son
los productos multimedia, los juegos de videoconsola, el subtitulado para sordos, el
subtitulado en la enseñanza de lenguas extranjeras o la traducción de páginas WEB,
serán ignoradas por los estudiosos universitarios si hacemos un uso dogmático de las
definiciones.
2) El ajuste como elemento de la traducción audiovisual que incorpora la mayor
parte de los problemas a ser estudiados. Una de las características que, en mi opinión,
debe presentar el estudio universitario es la elaboración de los conceptos populares –
profesionales en nuestro caso– y sus denominaciones de modo que resulte más sencillo
«teorizar» (razonar de acuerdo con criterios científicos) sobre ellos, y que así resulten
compatibles y digeribles en sistemas de pensamiento con sus propias estructuras y
lenguaje. El ajuste es un concepto familiar para cualquier persona relacionada con la
profesión –es un concepto «artesano»–, pero sólo cuando se describe o se formula de
forma compatible con la discusión teórica en campos como la teoría de la
comunicación, la teoría de la traducción o la psicolingüística habremos dado un paso
adelante en el conocimiento científico, paso que tan sólo la universidad y sus estudiosos
están obligados a dar. Nuestra pequeña aportación a este avance ha sido, desde 1984, la
ampliación y profundización del concepto de «traducción subordinada» a todo el campo
de la traducción audiovisual. Pienso que la cuestión del ajuste o sincronización continúa
siendo el eje central de todo estudio futuro sobre la traducción audiovisual, dada su
enorme repercusión sobre la calidad del producto final y su capacidad de incluir la
mayoría de los problemas teóricos planteados.
3) El otro gran tema que me preocupa es el estudio de las grandes convenciones que
se dan entre el producto audiovisual y su consumidor. Forman parte de estas
convenciones las formas de traducción ligadas a géneros determinados (documentales y
voice-over, por ejemplo), las convenciones tipográficas (el uso de versalitas, cursiva,
puntos suspensivos y guiones en los subtítulos para indicar títulos narrativos, fuera de
pantalla, discurso interrumpido y cambio de personajes, por ejemplo), o la velocidad de
lectura que se supone en los espectadores para diferentes medios. Todas estas
convenciones requieren adaptarse a los nuevos tiempos y a los nuevos espectadores, a
las características específicas de cada grupo. El estudio riguroso de este problema
exigiría una fuerte colaboración con la industria y con otros profesionales.
Para concluir, querría expresar mi opinión de que la investigación y el
conocimiento sólo pueden florecer en un clima de crítica y de debate, donde se
enfrenten las ideas; situación que no se da de forma clara en estos momentos.

3. LAS FRONTERAS ACTUALES DE NUESTRO CAMPO

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He comentado la dificultad que supone definir un campo como el nuestro cuyo


objeto de estudio, al revestir un carácter tecnológico además de creativo, experimenta
grandes cambios a lo largo del tiempo. También resulta obvio que la traducción
audiovisual concita numerosos temas con los cuales se establecen automáticamente
fronteras porosas. Pero la definición de un campo no depende tan sólo de la realidad que
estudia sino también del consenso de los estudiosos sobre lo que les es específico. Si los
dos primeros factores de indefinición son principalmente objetivos, el último es
básicamente subjetivo.

De la observación del contenido de las aportaciones colectivas sobre la traducción


audiovisual, extraigo para el momento actual las siguientes conclusiones respecto a su
objeto de estudio:

• Resulta aceptable incluir cualquier aportación sobre lo audiovisual, aunque


no sea específica de traducción: lenguaje cinematográfico, historia del
cine…

• Se incorporan las novedades tecnológicas, aunque con un retraso


significativo respecto a la industria: todavía están por discutir casos como el
DVD, los fansubs, scalations…

• Se han incorporado al campo de la traducción audiovisual nuevas


especialidades; alguna de fuerte empuje, como la adaptación publicitaria,
además de otras como la traducción teatral y la traducción de canciones.

• Parece existir alguna confusión entre los conceptos de traducción


subordinada y de traducción audiovisual, incluyéndose en el primero —
indebidamente— casos en los que se da la conjunción de diferentes tipos de
señales aunque falte en ellas o bien el componente visual o bien el auditivo,
por ejemplo, en el caso más general de la canción.