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ARQUITECTURA Y ORDEN:
REPRESENTACION ESPACIAL Y ARQUEOLOGIA
Mike Parker Pearson & Colin Richards
Traducido por Félix A. Acuto

Parker Pearson, M. & C. Richards


1994 Architecture and Order: Spatial Representation and Archaeology. En Architecture
and Order, editado por M. Parker Pearson y C. Richards, pp. 38-72. Routledge, Nueva
York.

Debería ser ya aparente para los arqueólogos que la estructuración del espacio
incorpora principios cosmológicos y simbólicos en varias situaciones. El problema yace
en su detección y recuperación sin representaciones textuales o iconográficas, o al
menos con solamente fuentes mínimas más allá que los restos materiales solos. Para
algunos, el intento de ir de huellas de postes a órdenes simbólicos es simplemente
demasiado difícil. Indudablemente, la calidad de la evidencia, en cuanto a la variedad de
contextos disponibles y el grado de preservación, es muy importante. Pero la
exploración de las cosmologías de la historia temprana o incluso de la prehistoria no es
para nada tan intimidante. Ha habido ya un número de estudios arqueológicos sobre
arquitectura y clasificación, cosmológicos y sociales. Algunos han utilizado fuentes
escritas y otros se han basado solamente en la evidencia artefactual 1 . El estudio de las
ciudades-estado de la antigüedad, tal como China, Roma y Egipto, se basa en
evidencias escritas que no están disponibles para el prehistoriador. De análisis
integrados sobre la manera en que la cosmología se inscribe en textos religiosos y se
fija en la arquitectura, podemos llegar a recuperar en cierto grado significados
simbólicos. Los ejemplos siguientes presentan algunos indicadores generales de las
cosmologías antiguas. Revisaremos después las dificultades y posibilidades de
interpretar cosmologías prehistóricas, tomando dos casos de estudio, uno del Neolítico
de Orkney y el otro de la Edad de Hierro en el sur de Gran Bretaña.
El simbolismo de los poblados chinos antiguos esta encapsulado en microcosmo
en el tejado de los edificios, tal como aquellos de la dinastía Han (Chang 1983:21). Su
forma cuadrada y sus direcciones cardinales (cada una dirigida a cuatro animales
direccionales) están duplicadas en el trazado del poblado. Un perímetro
aproximadamente cuadrangular estaba delimitado por un muro masivo. Al centro de una
serie de alineamientos y ejes cardinales estaba el palacio, “el pivote de los cuatro
cuartos”.

La capital de Shang fue una ciudad de orden cósmico


El pivote de cuatro cuartos.
Glorioso fue su renombre,
Purificador su poder divino, [página 38]
Manifestado en longevidad y tranquilidad
Y la protección de los que vinimos después.
(Poema antiguo citado en Wheatley 1971:450)

La antigua ciudad de Roma poseía una estructura elaborada y geométrica (Rykwert


1976). La fundación de Roma fue constantemente sacralizada en monumentos los
cuales fijaban rituales conmemorativos a lugares. Por ejemplo, Rykwert ilustra como el
Templo de Vesta servía como “foco”, o centro simbólico, de toda la ciudad. La
cuadrícula ortogonal de la ciudad estaba basada en el orden del universo con sus
cuatro direcciones cardinales. La izquierda era el norte y la derecha el sur; atrás estaba
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el oeste. Las calles decumani estaban establecidas en línea con los ejes del sol y las
cardines seguían el eje de la estrella polar. El término cardo significa “eje”, “bisagra” o
“polo” (ibid.:91). Para la ciudad romana, los límites, tradicionalmente marcados por el
surco de un arado, fueron sagrados. Los portales, aunque protegidos por el dios de dos
caras Janus, no tenían la misma sacralidad intocable. Rykwert también consideraba que
el campamento militar romano era una representación diagramática de la ciudad de
Roma (ibid.:68), y la construcción del campamento fue un acto ceremonial. Aunque
idealmente organizada en una grilla cardinal, la orientación de los campamentos y
fuertes fue flexible y generalmente dictada por las características del terreno.
Para los antiguos egipcios del tercer y segundo milenio A.C. el orden social era
parte del orden cósmico, descripto como maat. Dentro de los movimientos recurrentes
de los cielos y del Nilo, los egipcios vivían sus vidas en un orden establecido e
inmutable. En el poco usual paisaje del valle del Nilo el cosmos egipcio fue escrito en la
topografía natural y recibió forma explícita en las pirámides y templos. Fue una
concepción rígidamente simétrica con una bóveda del cielo arriba y un submundo o
contra-cielo por debajo de la tierra. Las direcciones cardinales fueron corporizadas en
arquitectura sagrada, con los lados de las pirámides alineados en cada dirección con
gran exactitud, a menudo desviándose solamente por pequeñas fracciones de grado
(Edwards 1947:208-9). Los muertos reales fueron enterrados en la orilla oeste del Nilo,
la dirección donde el sol muere. La izquierda era el este y la derecha el oeste, debido a
que los egipcios estaban “australizados” (mirando hacia el sur) hacia la fuente del Nilo,
el cual traía fertilidad. El este era el lugar del renacimiento del sol; los templos funerarios
adjuntos a las pirámides estaban localizados sobre sus lados este. Todas las tumbas
pirámides tenían entradas desde el lado norte; sus rampas supuestamente inclinadas
hacia la estrella polar, entorno a las cuales circulaba las estrellas “eternas” (Frankfort et
al. 1946:42-8). Hay evidencia de cosmologías en conflicto dentro de las doctrinas
oficiales. Por ejemplo, la gente del norte de Egipto habría puesto mayor énfasis en el
este que en el sur.
En la cosmología egipcia, en el comienzo, de las aguas del caos se levantó el
montículo primordial. Este “paisaje de los primeros tiempos” fue modelado una y otra
vez en la arquitectura. Las pirámides fueron recreaciones del montículo, y todos los
templos y santuarios incluían laderas o escalones que se dirigían hacia arriba [página
39] hacia sus centros sagrados. Cada templo constituía un montículo primordial de los
“primeros tiempos”. Se consideraba que el lugar más antiguo era Hermópolis, el centro
de todas las ideas acerca del origen del mundo. El loto y el papiro eran partes
esenciales de los invariables “primeros tiempos” y fueron modelados en piedras como
columnas y soportes de techos (Frankfort 1948b:150-6). El diseño de los templos fue
elaborado desde formas relativamente simples con un eje largo que atravesaba una
serie de corredores y salas hasta el punto focal, el santuario que contenía la imagen del
dios (Morenz 1960:86-7). El impacto arquitectónico de estas estructuras es profundo.
De acuerdo a Frankfort, éstas “expresan, con incontestable finalidad, la antigua
convicción egipcia de que su universo fue un mundo sin cambio” (Frankfort 1948a:156).
Yéndonos más hacia el presente, las ideologías que articulaban el espacio
urbano medieval han sido exploradas en alguna medida en el análisis de Redman de el
pueblo fortificado de Qsar es Seghir en Marruecos (Redman 1986). En este caso, un
asentamiento musulmán fue reemplazado por una colonial portuguesa en A.D. 1458.
Aunque el plano general permaneció sin cambios, los portugueses transformaron el
poblado. Enfatizaron en el espacio público, en las áreas mayores dedicadas a las calles
y las plazas, en el pavimentado de los lugares públicos, en la decoración de edificios
públicos y en la decoración de puertas y ventanas. En contraste con las casas
islámicas, los interiores portugueses estaban pobremente decorados y tenían poca
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infraestructura sanitaria. Las casas islámicas se centraban en un patio central y estaban


relativamente recluidas, manteniendo un claro límite con el mundo exterior, en contraste
con la “inclinación hacia la privacidad” gradual de la casa portuguesa con su
infraestructura comercial sobre los frentes de la calle. Tales diferencias en cuanto a la
reclusión reforzaban nociones diferentes de interacción entre géneros y comunidad; la
población islámica era más comunal, enfocada en la casa y sus actividades, y
centralizada, mientras que la portuguesa era más competitiva, individualista y
constreñía menos los roles sociales y dominios de las mujeres. El análisis de Redman
es particularmente interesante ya que integra la evidencia arquitectónica con otros
materiales arqueológicos, tal como la vajilla de mesa, la decoración y los artefactos de
uso personal (ibid.: 240-7).
Uno de los principales objetivos de este volumen es demostrar cómo la
arquitectura incorpora y expresa principios de orden y clasificación. Como espacio
culturalmente construido es un contexto definido donde la gente lleva a cabo actividades
particulares en momentos particulares. La gente se mueve en los confines de la
arquitectura y hace cosas en lugares apropiados. Por lo tanto, los significados son
aprehendidos a través de las prácticas sociales. Esta contingencia permite una
definición de espacio sin necesariamente alterar sus propiedades físicas. Para el
arqueólogo, la naturaleza reflexiva de la cultura material, tal como es revelada en los
cambios potenciales del significado espacial dentro de una forma arquitectónica dada,
es claramente problemática. No obstante, creemos que esto no representa un obstáculo
insuperable y presentamos dos cortos casos de estudio arqueológico que examinan la
arquitectura y el orden en un contexto social. [página 40]

Las casas de Orkney en el Neolítico Británico tardío 2

Las islas de Orkney se localizan al exterior del cabo más septentrional de la gran isla de
Gran Bretaña. La evidencia arqueológica que caracteriza al período Neolítico de Orkney
es la presencia de un número de edificios y monumentos de piedra bien construidos.
Estos incluyen casas generalmente agrupadas en “villas”, tumbas de pasadizo y
monumentos de tipo henge cercando grandes círculos de piedra. Quizá el aspecto más
extraordinario de estas construcciones es el uso de bloques de arenisca local,
fácilmente laminada, tanto para crear mampostería extremadamente sofisticada, así
como muebles y divisiones dentro de las estructuras: por esto se dio la casi perfecta
supervivencia del más famoso asentamiento Neolítico en Gran Bretaña, Skara Brae.
Las residencias constituyen la más remarcable evidencia arquitectónica debido a
que las casas del Neolítico tardío son virtualmente desconocidas en otras áreas de
Gran Bretaña. Los ejemplos de Orkney despliegan una consistencia en su diseño que
fue mantenido por varios cientos de años. La organización interna de los muebles de
piedra fogón central construido en piedra y de forma cuadrada, una estantería posterior,
conocida como vestidor, y dos cajas rectangulares de piedra, interpretadas como cajas-
camas, situadas de cada lado del fogón. La única entrada está localizada enfrente del
vestidor y por lo tanto formando un patrón cruciforme con la organización espacial del
interior de la casa. Estos elementos estructurales están presentes dentro de todas las
casas. En cada caso la organización interna del espacio, definida por el arreglo
cruciforme del vestidor/puerta – caja-derecha/caja-izquierda, está definida por y
alrededor del fogón central. Existe una sorprendente homogeneidad en la arquitectura
de la casa del Neolítico tardío.
La localización central del fogón crea un punto central dominante que, en las
Islas del Norte, parece haber sido mantenido por varios milenios. En el inhóspito clima
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norteño el fuego, y por extensión el fogón, es central para el mantenimiento de la vida


misma. Inclusive, hasta hace poco uno de los más graves actos de negligencia dentro
del hogar en las Islas del Norte era permitir que el fuego se extinguiese; muchos fuegos
tenían la reputación de haber sido mantenidos encendidos por más de cuarenta años.
Tales actitudes habrían sido probablemente importantes en el período Neolítico como
los son hoy día.
El fuego, como un medio de transformación, no se restringe a la producción de
luz y calor; también facilita la transformación de la comida de cruda a cocida y la arcilla
en cerámica. Desde este punto de vista es fácil entender la consistente asociación del
fuego con cualidades sobrenaturales y mitológicas (por ejemplo Lévi-Strauss 1986). En
muchas sociedades hay siempre un elemento de peligro asociado con el fuego y
numerosas sanciones entorno a su uso. Esto se extiende tanto a la ignición (por
ejemplo Ingold 1986:268-71) como a la recolección y la disposición de la ceniza (por
ejemplo Moore 1986:102-6). En el intento de evaluar la importancia del fogón en las
moradas neolíticas, se puede sugerir que su centralidad trascendía las necesidades
funcionales, y que el fogón encarnaba varios sentidos dispares tal como puede ser
esperado en un símbolo dominante como tal. [página 41]
La importancia del fogón/hogar en el Neolítico tardío se ve reforzada por la
evidencia de la casa excavada en Barnhouse, Stenness, Mainland, donde la cuidadosa
planificación y ensamble del fogón cuadrado de piedra claramente constituyó el primer
acto en la construcción de la casa. Bajo estas circunstancias, es bastante probable que
los rituales de construcción hubieran estado centrados en el fogón y en el encendido del
primer fuego fuertemente sancionado. Su alineación la organización interna de la
estructura de piedra y la orientación de la morada. Además, cuando las casas eran
abandonadas o demolidas los fogones de piedra eran frecuentemente dejados en el
lugar.
A pesar de una aparente simetría en el interior de la casa, la entrada está
frecuentemente corrida hacia la derecha. Un examen más minucioso de los muebles de
piedra dentro de las casas revela que la “caja-cama” de la derecha es consistentemente
más grande que la de la izquierda. Está distinción está reflejada en el tamaño del
keeping place ubicado arriba de cada cama. ¿Cómo pueden ser mejor entendidas estas
diferencias?
La posición de la puerta parecería haber facilitado la entrada hacia el lado
derecho de la casa. Esta interpretación se ve apoyada por la presencia de una línea de
de rocas deflectoras que guían hacia el lado derecho de la Casa 7 (Figura 2.1) en el
asentamiento de Skara Brae (Childe 1931), y por la entrada que lleva al lado derecho de
la Casa 2 en Barnhouse (Richards 1990a). Por cierto, en ambos ejemplos, fuertes
medidas arquitectónicas son introducidas para asegurar que al entrar los sujetos no se
dirijan al lado izquierdo del interior de la casa. En ningún lado esto está más claramente
demostrado que en la organización interna de la Casa 2 en Barnhouse, la cual es
efectivamente la conjunción de dos casas cruciformes. Esta organización espacial dual
no se restringe a los edificios para los vivos sino que es aparente también en las “casas
de los muertos” como en las tumbas de pasadizo de Quanterness. Un claro
entendimiento de la estructura espacial de la Casa 2 nos lo provee la reconstrucción de
la forma de circula, la cual estuvo estrictamente controlada por paredes y la partición del
espacio (Figura 2.2). En este caso, el acceso al área izquierda es negado hasta que el
sujeto ha sido dirigido al extremo más lejano de la casa y ahí es forzado a girar hacia la
izquierda. Este pasaje ha involucrado caminar entre dos postes que flaquean una gran
roca, la cual cubre un pozo que contiene un enterratorio que debe ser pasado por
arriba. Al girar hacia la izquierda la organización interna de la Casa 2 se hace
comprensible debido a que la vista que se presenta es de re-entrada, de la derecha del
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centro, hacia un área interior que presenta la familiar representación arquitectónica


cruciforme.
La reproducción consistente de la entrada por la mano derecha podría estar
relacionada con categorías sociales más amplias. Por ejemplo, al cruzar el umbral de la
casa neolítica, sería el lado derecho del diseño espacial interior el que se haría visible,
iluminado por la luz proveniente a través de la puerta. El lado izquierdo quedaría en
semioscuridad. Así, a través del diseño, la calidad variable de luz disponible al interior
remarca el sendero de movimiento que tiene la gente al entrar a la casa. Como será
mostrado más adelante, estas diferencias son parte de un sistema de clasificaciones
simbólicas más amplio que incluye luz y oscuridad. [página 42]
¿Cómo podríamos relacionar los matices de la entrada con las diferencias en el
tamaño de los muebles de piedra dentro de la casa? Se hace notar que el equilibrio
espacial de interior de la casa se altera cuando alguien entra al área derecha. El acceso
por lo tanto produce un cambio a través del cual el área “posterior” de la casa ocupada
por el vestidor ya no constituye el espacio más profundo. Por virtud del patrón de
movimiento apropiado dentro de la casa, que lleva hacia el área derecha, el espacio
más profundo es ahora el área izquierda de la casa. Los elementos arquitectónicos de
la casa neolítica pueden ser esencialmente estáticos pero también son el marco de una
organización simbólica que se revela a través de la agencia humana, en este ejemplo a
partir del movimiento de los sujetos dentro de la casa. La organización espacial puede
ser una [página 43] estructura ideal de orden basada en temas cosmológicos; la
actividad humana dentro del espacio doméstico es dirigida por el diseño arquitectónico,
pero la arquitectura es en sí misma un producto de la cosmología. La acción humana y
el ambiente forman parte de una estructura simbólica en la cual cada uno afecta y se
refleja en el otro. En ciertas circunstancias sociales se recurrirá a aspectos diferentes de
esta estructura simbólica, por tanto proveyendo status ontológico a las acciones
cotidianas. La discrepancia en el tamaño de las camas podría relacionarse con
distinciones entre función, edad o género dentro de una división derecha/izquierda del
espacio que es percibida solamente en situaciones sociales específicas.
Los análisis del asentamiento neolítico de Barnhouse (Richards en preparación)
revelan que prácticas diferentes ocurrieron en diferentes casas. El fogón, sin embargo,
parece frecuentemente haber sido atendido y limpiado desde el lado izquierdo, tal como
lo revela la dispersión de carbón y el material quemado pisado e incorporado al piso. En
varias casas se puedo comprobar la presencia de altos niveles de fosfato cerca del lado
izquierdo del fogón, lo que sugiere que se trataba de un área de preparación de comida.
Tradicionalmente en Orkney ha sido tarea de la mujer atender al [página 44] fuego y
preparar la comida de cada día, y aunque aceptemos o no la perspectiva de Childe de
que la diferencia entre el tamaño de las cajas-camas es atribuible al género, parece
probable que el área de la izquierda representaba una esfera interior asociada con la
reproducción doméstica y las mujeres. Esta área habría estado oculta en semi-
oscuridad para cualquiera que entrase a la casa; su visión del interior habría estado
confinada al lado derecho y al vestidor posterior.
Para ciertos miembros de la familia, particularmente las mujeres, la vida diaria
en la casa habría estado constituida por una secuencia de actividades que tenía lugar
dentro de la casa o en el mundo exterior. Una serie de tareas llevadas a cabo dentro de
esferas de temporalidad situaban a la gente en lugares específicos. Cada una de estas
tareas fue realizada en el lugar “correcto” y recreada a través del empleo de significados
espaciales. Por lo tanto, dentro de un ciclo temporal tal como el día, el significado
espacial dentro de la casa y el asentamiento habría sido constantemente redefinido. Los
cambios en las actividades entre el interior de la casa y el asentamiento involucraron
necesariamente cambios en la esfera del discurso social. Es interesante que es posible
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interpretar la organización espacial de los asentamientos Neolíticos tardíos, tal como


Barnhouse, como homólogos de la casa, en donde un área abierta central proveía el
contexto para el fuego y la transformación material. Muchas tareas incluyendo la
manufactura de cerámica, producción de herramientas de hueso y talla secundaria de
instrumentos de piedra fueron llevadas a cabo en esta área central, principalmente en
su lado oeste. Estas actividades también podrían haber sido realizadas por las mujeres.
Tal como en el interior de la casa, la definición simbólica del espacio no fue estática sino
contingente sobre prácticas sociales diferentes y fue por tanto en constante estado de
flujo.
Un buen ejemplo de tal redefinición dentro de una casa de organización espacial
similar de daba en Blackhouse en las Islas Occidentales de Escocia. Fue en Blackhouse
donde Childe (1931:183; 1946:32) se dirigió para buscar paralelos etnográficos con las
casas del Neolítico tardío de Orkney. Cuando la familia estaba reunida en Blackhouse,
una situación frecuente se daba durante las largas y oscuras noches del invierno del
norte de Escocia, el lado izquierdo de la casa estaba asociado con la mujer y fue allí
donde ella preparaba la comida y realizaba la mayoría de sus tareas. El lado derecho
era el domino del hombre y el lugar donde realizaba distintas tareas y actividades. No
obstante, esta distinción izquierda/derecha fue reemplazada en otras ocasiones sociales
por una división parte posterior/frente, tal como cuando se invitaba a alguien a la casa.
El status del invitado estaba definido por el lugar ofrecido alrededor del hogar [fogón]
central, por su proximidad a la posición más distinguida directamente detrás del fogón y
enfrentando la entrada (Clarke y Sharples 1985:70).
Una vez destacada la importancia de la organización espacial de la casa como
un microcosmos del mundo socialmente construido y de los lazos con los ciclos
espaciales y temporales más amplios, se debe procurar un entendimiento más amplio
en términos de clasificaciones simbólicas. En este punto, debemos introducir el tema de
la orientación y la direccionalidad. Se sugiere que la disposición cruciforme de la casa
se relaciona con las cuatro direcciones cardinales del Neolítico centradas en el fogón
[página 45]. Un examen de la orientación de las puertas de las casas en las villas de
Barnhouse, Skara Brae y Rinyo revela que el 80% se localizan en sobre un eje norte-
oeste/sur-este. Esta característica también se identifica en la orientación de la entrada
de las tumbas de pasadizo “Maeshowe” en Orkney. Volviendo a las casas, una muestra
mayor es obtenida si el alineamiento de los fogones individuales es examinado, ya que
el fogón permanece frecuentemente in situ cuando el resto de la casa es demolida o
destruida. Debido a la forma cuadrada de los fogones, las orientaciones siempre se
relacionarán con los cuatro elementos dentro del interior de la casa (vestidor, puerta y
las dos camas). Es claro que el fogón mantiene una uniformidad en su orientación
(Figure 2.3), y la importancia de estas direcciones se hace más aparentes cuando se
considera el amanecer y atardecer de mediados del invierno y mediados del verano.
Aquí reconocemos una fusión de espacio y tiempo corporizada en la arquitectura de la
casa. Cada elemento en la organización cruciforme es un referente espacial de los
puntos clave en los ciclos anuales [página 46] que gobiernan tanto el ciclo agrícola
como las prácticas sociales.
El nexo entre los principios de orden, tal como se muestran en la arquitectura, y
clasificaciones más amplias, está claramente demostrado dentro de las tumbas de
pasadizo de Maeshowe. Aquí un monumento de la muerte está orientado sur-oeste,
hacia la posición del sol de mediados del invierno que ilumina el interior de la tumba,
marcando el pico del invierno y el día más oscuro del año. En las latitudes
septentrionales de Orkney existe un marcado contraste entre las dieciocho horas de sol
de mediados de verano y las dieciocho horas de oscuridad de mediados de invierno. No
parece sorprendente la relación entre muerte y dirección oeste, y en la arquitectura de
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las tumbas de pasadizo vemos la selección y énfasis en ciertas categorías relacionadas


con la “casa” de la muerte: sur-oeste, punto medio del invierno, oscuridad, frío y muerte.
La mayoría de las tumbas, sin embargo, tienen entradas orientadas hacia el este. En
contraste con Maeshowe, el movimiento hacia el interior de la tumba es de este a oeste.
En términos de la homología entre la casa y la tumba, el rincón más interior
corresponde al lado izquierdo de la casa.
Tal como la acción humana, las clasificaciones no son estáticas sino que sólo
toman expresión concreta en ciertos lugares en ciertas ocasiones. Así, mientras que la
arquitectura de Maeshowe marca la profundidad del invierno, la iluminación del sol en el
interior anuncia el comienzo de un nuevo ciclo de regeneración.
Las categorías de orden inherentes en la arquitectura de la casa del Neolítico
tardío de Orkney formaban parte de clasificaciones simbólicas más amplias que
abarcaban varias esferas de significado. Tales significados sólo podrían ser movilizados
a través de prácticas sociales. No sólo las diferentes actividades que eran llevadas a
cabo en estos lugares particulares dentro de la casa recurrían a este simbolismo, sino
que también los principios de orden religiosos o cosmológicos que subyacían a su
organización proveían un status ontológico a aquellas acciones que inevitablemente
involucraban a la autoridad y a la dominación. En el período Neolítico tardío de Orkney
podemos claramente reconocer la naturaleza reflexiva y el poder de la arquitectura.

La casa redonda en la prehistoria británica tardía 3

El segundo caso de estudio arqueológico ofrece un énfasis distinto sobre la


representación arquitectónica al examinar el mantenimiento de una casa particular por
un período de más de 1200 años. La casa redonda fue la típica forma de casa en Gran
Bretaña desde mediados de la Edad de Bronce hasta la Edad de Hierro. Desde la Edad
de Bronce tardía hacia delante, las entradas estaban predominantemente orientadas
hacia el este (Figura 2.4) y más precisamente hacia la dirección del sol naciente al
equinoccio y al pico del invierno (Oswald 1991). Esta estructuración este-oeste del
espacio dentro de la casa y de las estructuras estuvo también ligada a clasificaciones
de hombres y mujeres, tareas domésticas y especies animales (Parker Pearson, en
prensa). A pesar de estas continuidades estructurales de largo término, los cambios
arquitectónicos a través del tiempo y de contextos efectuaron una alteración sutil en la
organización espacial y el contenido simbólico. [página 47]
En contraste con el estudio de Orkney que enfatiza la importancia y
permanencia del fogón, es la entrada a la casa durante el primer milenio A.C. la que
está mayormente marcada, sugiriendo su status como un elemento principal en la forma
de la casa. El fogón habría tenido indudablemente importancia por su rol central como
proveedor de calor y de comida cocida. No obstante, como ha notado Hill (en prensa),
éste tiende a ser físicamente más efímero que el umbral. La posición de la entrada dicta
la orientación y en las casas de la Edad de Hierro está frecuentemente elaborada con
un porche. Más análisis del umbral pueden ser dados por la ubicación de sus depósitos
fundacionales. En el asentamiento de Haddenham los postes de la puerta fueron
marcados durante la construcción por la deposición de carcasas de oveja (C. Evans
comunicación personal; Boast y Evans 1986; Evans y Serjeantson 1988).
Un número de casas demuestran una simetría axial entre la puerta y la parte del
fondo, enfatizando así la orientación este-oeste (Guilbert 1982). No sabemos en qué
medida esta división fue comprendida en la práctica dentro de la casa ya que los pisos
fueron generalmente mantenidos limpios. Sin embargo, en [página 48] Longbridge
Deverell Cow Down, donde un fuego destruyó una casa de la Edad de Hierro temprana,
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el lado derecho (sur) tenía grandes cantidades de desechos ocupacionales mientras


que el lado izquierdo (norte) se mantuvo limpio y sin artefactos (Chadwick 1958). La
preponderancia del eje este-oeste se extendía más allá de los confines de la morada.
La vasta mayoría de las estructuras del asentamiento tienen su entrada o entradas
sobre una alineación este-oeste. La direccionalidad es parte casi seguramente de
clasificaciones más amplias que necesariamente involucran cualidades auspiciosas y no
auspiciosas. Bajo esta luz es interesante notar que cuando las estructuras cambian la
alineación de sus entradas de un eje este-oeste a un eje norte-sur, no presentan
evidencias de ocupación (Bell 1977) o son inusuales los pozos de deposición (Smith
1977; J.D. Hill comunicación personal).
Evidencia sobre la variabilidad en el uso de las casas redondas de la Edad de
Hierro media están restringidas a un grupo de asentamientos británicos del sur, que
abarcan un grupo de casas en Blackpatch, Itford Hill y Thorny Down (Burstow y
Holleyman 1957; Ellison 1978, 1987; Drewett 1982) que tienden a estar localizadas en
las laderas sur de ciertas colinas. Las entradas de estas casas están orientadas al sur y
sur-sureste, en contraste con las casas de la Edad de Bronce tardía y la Edad de Hierro
(Oswald 1991). Dentro de los asentamientos ciertas casas se diferencian en base a
rasgos internos y restos materiales y estas distinciones han sido interpretadas en
términos de almacenaje de granos, producción y consumo de comida (por ejemplo
Barret 1989). En Blackpatch las diferencias arquitectónicas y artefactuales entre las
casas han sido interpretadas tentativamente como las representaciones de divisiones
de tareas y en residencias entre hombres y mujeres (Drewett 1982:342).
En el este de Inglaterra una serie de asentamientos cerrados de la Edad de
Hierro tardía han sido descubiertos en la cuenca del Támesis (Champion 1980), pero
también tan al norte como en Yorkshire (Manby 1986). Estos asentamientos incluyen un
número de post-built casas redondas y exhiben una gran precisión en la geometría
circular del recinto. Referencia y orientación son provistas a través de entradas simples
o duales en una alineación este-oeste. Sin embargo, en Springfield Lyons, el equilibrio
espacial aparente creado por la existencia de dos entradas es alterado por la
monumentalidad del portal este (Buckley y Hedges 1988). El acceso fue también
obtenido a través de una entrada oeste menos formal y posiblemente a través de varios
senderos pequeños que cruzan la zanja (N. Brown comunicación personal). La elección
del portal este como la entrada más prominente sugiere que ésta fue considerada, en
un sentido formal, la línea correcta de acercamiento y movimiento. Bajo estas
circunstancias el uso del porche para mejorar la entrada este de la casa redonda central
crea una homología con toda la organización de la estructura.
Respecto a los asentamientos más tempranos de la Edad de Hierro media, la
producción y consumo de comida estuvieron espacialmente definidos en Springfield
Lyons. La preparación de comida y la producción artesanal tienen lugar en el cuadrante
suroeste donde están situados un basural y una estructura de casa redonda. La casa
central tiene una serie de pozos en su sector oeste (interior), conteniendo desechos
primarios de [página 49] cerámicas finas, sugiriendo que este fue el contexto de
consumo de comida.
Dos estructuras circulares de la Edad de Bronce tardía fueron excavadas cerca
de Mucking, Essex. Poco es lo que se sabe de la estructura del sur pero la estructura de
North Ring está bien documentada (Bond y Jones 1988). Tal como Springfield Lyons,
esta estructura tiene entradas opuestas con el acceso principal localizado en el este y
con una entrada aparentemente menor, que fue más tarde bloqueada, situada en el
lado oeste (Figura 2.5). El interior de la estructura, sin embargo, está estructurado de
manera bastante distinta que en Springfield Lyons. Una gran biombo de madera, que
corre de norte a sur, divide la estructura en una mitad anterior limpia y abierta y un
9

[página 50] área posterior de pozos, zanjas y casas (Figura 2.6). La mitad este, limpia
de trazos de haber sido habitada, estuvo atravesada por un sendero con signos de
haber sido bastante usado que va desde la entrada principal a una brecha en el gran
biombo de madera. Después de esta fachada monumental había tres casas redondas;
el interior de cada casa también fue dividido por un biombo de madera en un área este y
otra oeste. Como en Springfield Lyons, la arquitectura de la estructura forma una
homología con la organización del interior de la casa, donde también fue impuesta una
división frente/parte de atrás. En este caso también. La preparación y el consumo de
comida estuvieron espacialmente definidos: la casa redonda del norte estuvo asociada
con los desechos primarios producto del almacenaje y la cocina y la casa del sur con la
vajilla fina para servir comida.
Principios de clasificación diferentes están claramente expresados en la
arquitectura de los sitios de la Edad de Bronce tardía. No obstante, ciertas actividades
cotidianas están consistentemente diferenciadas dentro de las estructuras. Los
basurales y las áreas de cocina están frecuentemente en la parte “trasera” y por lo tanto
están conceptualmente “fuera de la vista”. Por lo tanto, cualquier persona que hubiera
recorrido el camino correcto, es decir llegar a la casa desde el este, no se encontraría
con desechos o actividades culinarias. Si la forma de acercarse y la presentación son
importantes en ocasiones formales, es interesante [página 51] relacionar la graduación
temporal y espacial inherente en el movimiento del sujeto desde el este al oeste en
otros ciclos temporales, tal como el ciclo humano o el pasaje de la comida a través del
cuerpo humano. La localización consistente del basural, un lugar de descomposición y
transformación, en el oeste podría imponer este esquema conceptual.
El mantenimiento de una segregación espacial básica del almacenaje y
preparación de comida y las actividades artesanales de las áreas donde la comida fue
consumida continuó en la Edad de Hierro temprana en la forma de casas de dos
unidades. Esta división culinaria entre las casas redondas se encuentra en la estructura
de la Edad de Hierro temprana de Winnall Down (Fasham 1985). La estructura en forma
de cometa contenía ocho casas redondas reconocibles, no todas contemporáneas. Los
que la excavaron definieron cuatro áreas de actividad: un área de vivienda y de tejido,
una segunda unidad de vivienda con quizá actividades de trozamiento de animales y
procesamiento de cultivos, un área donde se trabajaba el hueso y un área de casas y
actividades no identificables (ibid.:127-30). La estructura fue dividida entre las áreas
norte y sur por un espacio abierto que corría desde la entrada oeste hacia el rincón
noreste (Figura 2.7). La distribución de las finas escudillas peinadas muestra dos
concentraciones: una en la zanja cercana a la Casa E y la otra en el lado este asociada
con la Casa K (ibid.:fig. 84f). La cerámica fina más tardía – escudillas acordonadas – se
encontró en las áreas abiertas de la estructura en el centro y en el ángulo noreste. Los
pozos de almacenamiento más grandes fueron agrupados en dos áreas: en el norte,
adyacentes a las Casas F y G, y en el sur, adyacentes a las Casas I y J. La distribución
de los pesos de telar estuvo también restringida a estas dos áreas (ibid.:fig. 84d).
Finalmente, las densidades más altas de fragmentos de huesos de animales fueron
recuperadas en las cercanías de las Casas F, G, I y J (ibid.:fig. 84a).
Estos ejemplos exhiben patrones de segregación espacial para actividades
particulares dentro de una estructura dualística consistente. En la Edad de Hierro media
en el sur de Gran Bretaña parece haberse descompuesto y tres cambios importantes
ocurrieron. Primero, las casas redondas incrementaron su tamaño y la diferenciación de
actividades notada en los períodos más tempranos adquirió una nueva definición.
Segundo, algunos asentamientos fueron organizados en una secuencia linear de casas
aunque, como veremos, la tradición de asentamientos cerrados continuó. Tercero, un
énfasis más profundo en el nucleamiento del asentamiento (Bradley 1984:140) y la
10

definición externa a través del cercamiento, como está demostrado por los hillforts
Wessex, parece haber negado la necesidad por una conformidad direccional de las
entradas de las casas dentro de las hillforts enclosures.
Los límites de los hillforts en esta época estuvieron enfatizados por defensas
elaboradas (Bowden y McOmish 1987) y por depósitos en los caminos de entrada (Hill,
en prensa). Los agrandados porches de las casas y las canaletas (eaves-drip gullies)
alrededor de las casas circulares (Boast y Evans 1986) también servían para aislar y
limitar las estructuras de las unidades domésticas. El cambio hacia “recintos” mejorados
tanto de las casas redondas como en los hillforts puede relacionarse con un énfasis en
las unidades simples, con diferenciación y variación de las actividades internas. Para las
casas redondas individuales, esto podría estar ligado a cambios en [página 52]
parentesco (Barreto 1989). En la organización de los hillforts, podríamos estar siendo
testigos de cambios en los modos de autoridad política (Bradley 1984:139-44). Dentro
de los hillforts, la orientación este de las puertas de las casas redondas fue
reemplazada por una organización donde la mayoría de las entradas se orientan al
centro del hillfort (Cunliffe 1984); el hillfort fue en este momento el referente, el axis
mundi. A ambos niveles, por lo tanto, podemos ver cambios en la clasificación de la
gente, las cosas y el mundo. Esta manipulación intencional de los principios
cosmológicos produjo importantes preocupaciones sobre el “lugar” y el control
localizado del espacio y la gente. La transformación del espacio corporizado en la
construcción de casas redondas de mayor tamaño y más claramente definidas
constituyó un elemento fundamental en este proceso de cambio. Las actividades
relacionadas con la preparación de comida, producción artesanal y consumo, que en la
Edad de Bronce tardía y la Edad de Hierro temprana mantuvieron una segregación
espacial, estaban ahora encapsuladas dentro de un único espacio (Hingley 1990:128-
35). Sólo los contextos de almacenamiento de granos y de deposición de desechos se
mantuvieron afuera de la casa. El espacio podría haber estado ordenado
concéntricamente dentro de la casa redonda (Cunliffe 1978:175; Hingley 1990), siendo
las principales tareas de la unidad doméstica llevadas a cabo en la parte “pública”
central, definida en ciertas casas por un círculo interno de maderos, y otras actividades,
tal como dormir o el almacenaje de comida, localizadas en las áreas exteriores más
“privadas”.
Entre estos cambios, ciertos principios estructurantes permanecieron sin
cambios. Depósitos especiales de carcasas animales dentro de los asentamientos
indican que ofrendas de cerdos estuvieron a menudo restringidas a la mitad oeste del
asentamiento. En contraste, las ofrendas de ganado vacuno y ovejas fueron realizadas
en el área este. Algunas veces las ofrendas de alimentos fueron depositadas con los
muertos. En Wessex, huesos de cerdo estaban asociados con los enterratorios de
mujeres (y sólo con aquellos orientados hacia el norte y el oeste) mientras que los
huesos de ganado vacuno fueron depositados con los cadáveres masculinos. Tales
patrones fueron regionales dentro de Gran Bretaña; en Yorkshire los huesos de cerdos
fueron depositados tanto con los cadáveres de hombres como de mujeres, mientras que
los huesos de ganado vacuno nunca fueron incluidos como comida para los muertos
(Parker Pearson, en prensa).

Orígenes y evolución de la arquitectura

La idea de la primera casa jamás construida ha encantado a artistas, arquitectos,


filósofos y psicólogos, así como a arqueólogos. Existe una gran cantidad de mitos sobre
orígenes y desarrollos. Algunas de estas narrativas mitológicas valen la pena
11

examinarse ya que han influido las presunciones y pensamientos de todos aquellos


interesados con el ambiente construido y sus cambios.
De acuerdo a Sigmund Freud, los primeros tres actos de la civilización fueron la
manufactura de instrumentos, la producción de fuego y la construcción de una morada
(citado en Wilson 1988:180). Para Freud la necesidad de un refugio, un sustituto del
vientre, fue incuestionable e instintivo. Como Wilson ha indicado, la evidencia
arqueológica (y etnográfica) indica lo contrario. De estudios [página 54] de grupos
cazadores-recolectores tal como los !Kung del desierto del Kalahari o muchos de los
grupos de aborígenes australianos, parecería ser que el requerimiento de un “techo
sobre nuestras cabezas” no es un principio universal de las especie humana. La noción
de la casa como algo esencial para las necesidades económicas básicas (Clark
1952:129) también puede ser descartada sobre la base de esta evidencia. Para Reglan
(1964) originalmente las casas no fueron refugios o moradas, sino templos. Más
recientemente, Highlands (1990:55) ha hecho eco a esta visión sobre que quizá la razón
más fuerte para construir es religiosa y ha sugerido que la teoría de Girard (1977) sobre
el origen del sacrificio, derivado de un asesinato original, podría ser también aplicable a
los orígenes de la construcción. Por los estudios que hemos analizado hasta el
momento, nada de esto es verdadero. Rapoport comenta lo siguiente sobre la teoría de
un origen religioso: “Es una cosa decir que la casa tiene aspectos simbólicos y
cosmológicos…y otra cosa decir que ha sido erigida por propósitos rituales y que no es
ni refugio ni morada sino templo” (Rapoport 1969:40). Parte del problema es sin duda la
percepción moderna de distinciones claras entre símbolo y función, y entre aspectos de
la vida religiosos y seculares.
El regreso a los orígenes ha sido un tema regular en la teoría arquitectónica de
loas últimas centurias. Rykwert (1972:190-2) ha sugerido que la choza privada, situada
en un pasado idealizado, se ha convertido en un paradigma del acto de construir,
conservado religiosamente en el ritual y el mito. Interpreta este regreso al origen como
una reconsideración de las prácticas de costumbre y como intentos para validar o
renovar las acciones cotidianas. Para Le Corbusier, el “constructor primitivo” operaba
por la luz del instinto guiada por la razón, así la expresión no contaminada de los
constructores estaba en sintonía con las leyes fundamentales de la creación (citado en
Rykwert 1972:15-16). En tiempos anteriores, la concepción del filósofo del siglo XVIII
Rousseau fue la de la humanidad viviendo en condiciones “naturales” en tiempos
anteriores a la historia, la familia morando en su choza primitiva (Rykwert 1972:47).
Para los arquitectos y otros analistas del espacio existen otros esquemas
evolutivos “míticos”. Lefevbre (1991:218) concebía que tres grandes momentos
dialécticos atravesaron al mundo. El primer momento está caracterizado por la
agricultura, donde el tiempo no es separable del espacio ni del contenido. La
construcción consiste en las moradas de los campesinos, monumentos y palacios,
mientras que el trabajo destila lo sagrado de los elementos de la naturaleza en edificios
religiosos y políticos. Este momento es a grandes rasgos equivalente a la prehistoria. El
segundo momento, fijado en la era histórica, involucra la separación de forma de
contenido y tiempo de espacio, ya que espacio se convierte en una entidad abstracta.
Las abstracciones y los signos son elevados como verdades fundamentales. La
acumulación de riquezas y conocimiento lleva a la producción para el intercambio,
dinero y capital. El tercer momento es el sistema presente, el espacio político del
capitalismo.
Una evolución semiótica es propuesta por Broadbent (1980). Sus cuatro
estadios de tipos de diseño son:
12

1 – Pragmático: ensayo y error hasta que una forma emerge. Esto caracteriza [página
55] los asentamientos del Paleolítico; “la tienda de los “cazadores de mamut es un
ejemplo espléndido” (ibid.:140).
2 – Tipológico o icónico: una imagen mental fija de una construcción particular
compartida por miembros de una cultura (tal como un iglú o un tipi). Por “icónico” se
entiende que un artefacto nos recuerda su objeto a través de una clase compleja de
parecidos (tal como un perro caliente se representa a través de un perro caliente
gigante). Este uso del término “icónico” puede estar contrastado con la definición de
icono como una imagen que carga un peso particularmente pesado y conceptual (Horne
1986:67), aunque esta definición es también pertinente para los tipos de edificios
concebidos.
3 – Analógico: una estructura que incluye analogías visuales con otras estructuras o
rasgos naturales. No es claro como esta categoría puede ser separada de la “icónica”.
Por ejemplo, los tipi son considerados por los Sioux analogos a los nidos de los pájaros
y al Poder del Mundo circular que domina la vida Sioux (Niehardt 1961:198).
4 – Canónico o geométrico: el apuntalamiento del diseño a través de sistemas
abstractos proporcionales, el uso de cánones de proporción. Broadbent considera que
el diseño canónico es una innovación Egipcia. Otra vez, podemos sugerir que los
conceptos de proporciones abstractas pueden ser encontrados en un amplio rango de
sociedades prehistóricas.

Broadbent se opone firmemente a la teoría religiosa de los orígenes de la arquitectura:


“Parece ser bastante seguro entonces, que los primeros impulsos que el hombre tuvo
por construir fueron puramente utilitarios y los intentos por “probar” que sus primeros
edificios eran simbólicos son sólo ilusiones – lo que no quiere decir que se niega la
importancia de los edificios como símbolos una vez que la capacidad para el
pensamiento abstracto ha sido desarrollada” (Broadbent 1980:136). Este autor cita la
pila de piedras que data de 1.800.000 años antes del presente de Olduvai como una
estructura no interpretable, así como la tienda encontrada en Pushkari de cazadores de
mamut del Paleolítico Superior. Los argumentos de Broadbent parecen refutar la
posibilidad de que el desarrollo de la arquitectura y del pensamiento abstracto pueden
estar ligadas. Nosotros argumentaríamos que las cuevas y enterratorios del
Musteriense sí indican demarcaciones simples de espacio y tiempo durante el
Paleolítico Medio (Botscharow 1989), y que las tiendas de los cazadores de mamut no
son las estructuras pragmáticas de ensayo y error que Broadbent cree. Las casas
construidas con huesos de mamut de 15 mil años de antigüedad de la llanura rusa
incorporan elementos de repetición y simetría en su diseño. Cada estructura también
llevó algo más de 50 días por persona para ser construidas. Esta complejidad en el
diseño y la gran cantidad de trabajo involucrado sugiere que es algo más allá de lo
utilitario y que tal vez su construcción fue una práctica ritualizada (Gladkih, Kornietz y
Soffer 1984). Estas chozas pueden ser contrastadas con las tiendas hechas sin huesos,
construidas en el mismo período. La diferencia ha sido interpretada en términos de
campos de invierno y verano, pero otras distinciones (no necesariamente mutuamente
exclusivas) tal como sagrado y profano pueden también se posibles.
El esquema evolutivo de Broadbent (1980:12-14) es inaplicable y [página 56]
deberíamos mirar el amalgamiento entre pragmático, tipológico y analógico que Eco
realiza en su historia de un “hombre de la Edad de Piedra” refugiándose en una cueva.
Una vez en su interior, la idea de una cueva toma forma y el hombre reconoce ahora el
potencial de refugio que tienen otras cuevas. Esta idea de “cueva” se convierte en un
modelo o un tipo, y así un código arquitectónico. Esto a su vez genera un código icónico
– el “principio de la cueva” se convierte en un objeto de discurso comunicativo. No hace
13

falta una secuencia cronológica elaborada en la relación de estos conceptos. Ni


tampoco necesitamos formular una separación a lo Rosseau entre “humanos” naturales
actuando de una manera “utilitaria” y humanos “culturales” actuando “simbólicamente”.
El libro de Peter Wilson The Domestication of the Human Species (1988)
establece una intrigante perspectiva evolutiva respecto al simbolismo cosmológico de la
arquitectura. El autor identifica un estadio de vida “domesticada” que comienza hace
15.000-5.000 años atrás y que aún no está totalmente completo. Las sociedades
“domesticadas” son aquellas comunidades rurales que habitan en aldeas, villas y
pueblos pequeños. Estas difieren de sociedades con moradas temporales (o sin casas)
y de gente que vive en culturas altamente urbanas y que trabajan en fábricas y oficinas.
Wilson contrasta la vida abierta e intima de los recolectores-cazadores, con sus
cosmologías de paisaje, con las cosmologías de casa de las comunidades agrícolas
simples. En el primer caso, estas sociedades se caracterizan por un orden social
fundado en el foco y las otras por un orden fundado en el límite. Los “domesticados”
habitan un ambiente arquitectónico impuesto sobre el mundo natural, en oposición a
construcciones mentales que utilizan el paisaje natural (ibid.:57-8). La casa marca un
gran desarrollo en el pensamiento cosmológico. Con los poblados se produce una
proliferación de la cultura material; la casa se transforma en el símbolo práctico más
poderoso disponible antes del desarrollo de la escritura. La casa media y sintetiza los
símbolos naturales del cuerpo y el paisaje, codificando, encapsulando y clasificando el
cosmos.

La gente que entra en la sociedad, ya sea como extraños o


particularmente como niños, tienen en su ambiente construido un
diagrama sobre como trabaja el sistema – su lugar en la unidad
doméstica, su lugar en la villa, su lugar en el territorio. Al mismo tiempo,
pueden percibir, gráficamente, como el individuo, los variados órdenes de
grupos, y el cosmos están conectados y relacionados. Esta no es la
única información disponible ni el único modo a través del cual los
principios están representados; mitos y rituales, y precedente presentan
la misma información e ideales en formas diferentes. Pero en la
arquitectura y en el plano de los asentamientos el diagrama visual y
material que una persona tiene de sí misma es presentado más
sistemáticamente y, quizá, más invariablemente (ibid.:153).

Es persuasiva la identificación que hace Wilson de este estadio evolutivo que se


relaciona con la casa, la cosmología arquitectónica, la hospitalidad formalizada y
recíproca, la exhibición y el espectáculo centrado en la comida, y la construcción de
tumbas para dar lugar al poder social. Podríamos compararlo con otros esquemas
evolucionistas [página 57] tal como el propuesto por Wilk y Netting (1984). Ellos
identifican a los horticulores y otras unidades domésticas agrícolas como organizadas
principalmente alrededor de la producción. En contraste, las unidades domésticas
cazadoras-recolectoras e industriales funcionan ampliamente como unidades
distributivas (ibid.:20).

Arquitectura – Textos, tiempo y trascendencia

Yi-Fu Tuan (1977:104) argumenta que las sociedades no-literarias pueden ser
relativamente conservadoras pero tienen un gran conocimiento de su ambiente
construido. Este conocimiento es engendrado por su activa participación en la
14

construcción, la frecuencia y repetición de las estructuras insustanciales del edificio y


las ceremonias y rituales que acompañan el acto de construir. En las sociedades no-
literarias podríamos ver a la arquitectura como “pre-textos” para transmitir tradiciones,
rituales y cosmología. Tuan sugiere que las sociedades literarias dependen menos de
objetos materiales y ambientes físicos para corporizar valores y significados. Los libros
y no los edificios son los que instruyen. También considera que las ambigüedades en
los significados, las ideologías disidentes y conflictivas y las opiniones divergentes son
también características del mundo moderno. Cuando “leen” la arquitectura, la gente
“premoderna” habría recurrido a una ideología basada en el consenso (ibid.:112-17).
Muchos de estos puntos están abiertos a debate. En las sociedades urbanas la
gente es tal vez más conciente, no menos, de su ambiente construido. Las
preocupaciones por la decoración interior, las múltiples ocupaciones involucradas con el
negocio de la construcción y los complejos y preocupantes “ritos de pasaje” por los que
se atraviesa cuando se compra una casa deben elevar el nivel de conciencia. Sin duda,
la tasación de la arquitectura se está transformando en una búsqueda cada vez más
popular en Gran Bretaña. Es también poco probable que las sociedades antiguas se
caracterizaban por tener una única e inmutable ideología dominante. Muchas veces en
el pasado existieron conflictos de interés y crisis ideológicas, momentos en los que tuvo
lugar grandes transformaciones sociales. Con el advenimiento de la escritura, y el
mundo de la religión que ésta apuntaló, las creencias universales de esas religiones no
habrían implicado el carácter único del tiempo, la localidad y el lugar que las
cosmologías localizadas podrían fijar tan fácilmente en su arquitectura. No obstante,
edificios tal como iglesias, templos, mezquitas y edificios públicos principales, siguen
codificando cosmologías. Como hemos visto, las prácticas sociales y las ideologías
están bien vivas, aunque implícitas y no-discursivamente, en las formas de las casas
privadas modernas. Si bien ya no miramos hacia el este, ahora sabemos donde
encontrar el baño.

En la ciudad antigua la organización del espacio fue una recreación


simbólica de un supuesto orden cósmico. Tenía un fin ideológico. El
espacio creado en la ciudad moderna tiene un propósito ideológico
equivalente. En parte refleja la ideología predominante del grupo y las
instituciones dominantes de la sociedad. En parte le da forma la dinámica
de las fuerzas del mercado (Harvey 1973:310). [página 58]

La incorporación de la ideología en la arquitectura permanece, lo que ha cambiado es


su forma. Mientras que los ambientes y la arquitectura pre-modernos podrían incorporar
con facilidad sistemas de creencias trascendentales, la arquitectura del capitalismo
limita tales elementos a edificios específicamente “religiosos”. Incluso en una sociedad
en donde la tercera parte de la población cree en el mundo supranatural, los británicos
contemporáneos mantienen una actitud firmemente pragmática hacia el ambiente
construido y son escépticos sobre nuevos y desafiantes estilos arquitectónicos.
Podríamos documentar el surgimiento de la ciudad secular en los últimos dos milenios.
Broadbent (1990:11-27) ha demostrado que los principios detrás del planeamiento y
desarrollo de la ciudad medieval, tanto cristiana como musulmana, fueron informales y
sociales, en contraste con la preocupación anterior por la geometría simétrica que se
buscaba para las antiguas ciudades sagradas. El “renacimiento” de la geometría
simétrica a partir del período post-medieval representa una búsqueda de orden
diferente, que involucra principios “universales” de estética, el poder de las naciones-
estados, el surgimiento de la industria y la mecanización, salud y saneamiento y el
15

control efectivo sobre la gente (Markus 1982). Los requisitos de trascendencia son
reemplazados por el culto a la democracia, el mercado y la nación-estado.
El ordenamiento y la experiencia del tiempo también han cambiado. Las
sociedades pre-“domésticas” son caracterizadas como ahistóricas, basadas en mítos
sobre “tiempos de sueño” pasados, un tiempo fundados más allá de la sociedad y sus
orígenes. En contraste, las sociedades “domesticadas” utilizan la historia oral, la
geometría y los diagramas para construir noción de tiempo cíclica y estacional,
existiendo junto a una noción de progresión desde la época de los ancestros hasta el
presente (Wilson 1988:154-5; Criado 1989). El tiempo en el mundo medieval era lineal y
direccional, la historia cristiana sobre la salvación, y también es cíclico el paso práctico
de las estaciones. Hacia el siglo XVIII la visión del mundo moderna se había formado,
en la cual el tiempo es lineal e histórico (Tuan 1978:10-11). Dentro de tal sistema es
raro que los edificios estén alienados en relación a puntos cardinales u otros
marcadores astronómicos. La orientación de la calle principal del nuevo pueblo de
Milton Keynes, fundado en los años ’60, hacia la posición donde amanece durante el
solsticio de verano es una rareza extravagante para el planeamiento urbano
contemporáneo.

Estudiando el cambio y la transformación

El diseño circular de las chozas alrededor de la casa de los hombres es


un factor tan importante en su vida social y religiosa que los misioneros
salesianos…se dieron rápidamente cuenta que la manera más segura de
convertir a los Bororo era hacerlos abandonar sus aldeas a favor de una
con las casas ordenadas en hileras paralelas. (Levi-Strauss [1955]
1973:220-1; (ver Figura 1.4, en este volumen)

Existe una creciente literatura sobre el impacto de la arquitectura occidental sobre las
sociedades del mundo en desarrollo. En muchos casos, el reemplazo de casas
circulares por rectangulares está ligado a un sistema de prestigio con [página 59]
valores “modernos” positivos (Moore 1986:191). Alternativamente, los edificios
rectangulares son incorporados en la organización social original (Hardie 1985). El
estudio de Archer (1971) en los complejos arquitectónicos de Nabdam en el norte de
Ghana muestra que los complejos rectangulares “modernos” proveen una marcada
definición de interior/exterior, en contraste con el rango de ambientes producidos por las
pantallas, muros y ambientes semi-cerrados de los amorfos complejos circulares
tradicionales. El complejo rectangular estaba casi siempre vacío mientras que las
mujeres parecían más identificadas con sus casas tradicionales; Archer notó el uso casi
exclusivo de formas rectangulares en las habitaciones de los hombres. En Botswana la
adopción de la casa moderna ha significado en muchos aspectos cambios negativos
para los pobres y ha cambiado la responsabilidad sobre la casa de la esfera de las
mujeres a la de los hombres, debido a que los materiales para la construcción tienen
ahora que ser comprados (Larrson 1989). En otros casos, los estilos locales y
tradicionales de casas no han declinado sino que han florecido al adaptarse a nuevas
circunstancias, tal como Waterson (1989) notó en Indonesia. El estudio de Rodman
(1985) sobre los cambios en las casas en Vanuatu muestra que se han tomado dos
direcciones opuestas. La casa de los hombres es caracterizada por estilos
conservadores y tradicionales, enfatizando el valor de la comunidad y la equivalencia,
mientras que las casas residenciales se han hecho cada vez más modernas, utilizando
concreto y hierro para crear un nuevo sentido de permanencia, consumo conspicuo y
16

logro individual. Los modos occidentales están asociados con las mujeres, mientras que
los hombres se ven a sí mismo como los que sostienen los valores tradicionales del
grupo. Los significados expresados por cada tipo de edificio existen en relación con el
otro y en las contradicciones expresadas.
El estudio de Rodman está enmarcado dentro de una propuesta general sobre el
status de las moradas dentro de sociedades colectivistas e individualistas (Duncan
1981; 1985). James Duncan ha sostenido que las casas privadas son raramente objetos
empleados para mostrar el status en sociedades colectivistas. Por el contrario, éstas
son los contenedores de las mujeres, moradas funcionales que refuerzan la identidad
del grupo a través de su similitud y simbolismo de identidad corporativa. En contraste, la
casa del grupo comunal es más probable que sea el objeto de elaboración
arquitectónica. En tales sociedades los grupos sociales son cerrados, existe un sistema
de valores compartidos, el excedente es consumido por la colectividad y la ideología
incluye nociones sobre el individuo incorporado y subordinado. Rasgos característicos
son tabúes sobre la polución femenina, segregación entre géneros dentro de la casa,
separación de géneros dentro y fuera de las casas y la existencia de una casa de
hombres. Duncan contrasta esta situación con las sociedades individualistas donde los
lazos de parentesco están debilitados, la movilidad (tanto espacial como social) es alta,
las acciones de los individuos relativamente sin constricciones y donde se desarrollan
modas y sistemas de valores en competencia. Mientras que la vida doméstica es más
privada, la casa residencial se hace más pública. La identidad, en términos de status
personal, es afirmada a través de la casa residencial (y otros objetos), la cual es un
valioso objeto de status y fuente de consumo conspicuo por sí misma.
Un número de investigadores ven que esta polaridad entre sociedades
colectivistas e [página 60] individualistas tiene una dimensión histórica. Glassie (1987;
1990) ha identificado una transformación ideológica y social amplia en la arquitectura
norteamericana de los siglos XVIII y XIX, la cual relaciona con cambios similares, en
diferentes épocas, en Irlanda, Inglaterra, Dinamarca y Turquía. La casa asimétrica y
abierta con sus grandes espacios multifuncionales donde se dan conjuntamente las
actividades recreativas y la cocina (Figura 2.8) es gradualmente reemplazada por
formas cerradas y simétricas (Figura 2.9). Estas últimas emplean barreras (porche,
lobby, vestíbulo, hall) para restringir el acceso al centro, mientras que el interior es
dividido en compartimentos pequeños, con cuartos separados para la cocina, las
actividades recreativas y los dormitorios. Los sirvientes y las mujeres son removidos de
la parte social de la casa. Glassie considera que este cambio es la encarnación del
reemplazo de un modo de trabajo igualitario y cooperativo fundado en los sagrados
mandamientos por un modo jerárquico y competitivo fundado en la ley secular y reglas
de comportamiento decoroso. Cambios similares en los hábitos alimenticios y en la
vajilla, en los diseños de las lápidas y en otras formas de cultura material también
podrían estar ligados a esta transformación (Deetz 1977). [página 61]
El estudio de Doxtater (1990) sobre los cambios en el espacio simbólico de las
comunidades agrícolas noruegas del período Vikingo hasta después de la Reforma
ilustra la continuidad estructural en la ideología arquitectónica a lo largo de la Edad
Media. Desde el comienzo de la Edad de Hierro pre-romana y hasta el período Vikingo
la organización de las casas largas escandinavas no había cambiado sustancialmente
(más allá del incremento en su tamaño) (Parker Pearson 1984). Hasta, y durante la Era
Vikinga las casas estaban organizadas en aldeas y villas. Cada casa tenía una
alineación este-oeste y funcionaba como una unidad de una unidad doméstica con su
área de vivienda sobre el extremo oeste y el espacio para el ganado en el lado este.
Hacia el período Vikingo, algunas casas tuvieron una alineación norte-sur así como
también este-oeste. Noruega se convirtió en una nación cristiana hacia el final del
17

período Vikingo, aunque la cosmología pagana incorporada en la alineación oeste-este


(y norte-sur) de las casas largas continuó a pesar de la adopción de la teología cristiana
(Figura 2.10), la cual en este estadio fue adatada a las circunstancias ya existentes. Fue
recién en el siglo XVI cuando la organización interna de la casa doméstica cambió para
incorporar la ideología religiosa del protestantismo cristiano (Figura 2.11). A pesar de
las importantes transformaciones políticas e ideológicas que tuvieron lugar por más de
dos mil años, la forma de la casa parece haber permanecido remarcablemente estática.
El simbolismo y significado original sin dudas fueron modificados a lo largo del tiempo,
pero la ausencia de grandes cambios estructurales implica un cierto grado de
continuidad del espacio simbólico, incluso aunque las creencias asociadas con esta
cosmología habían desaparecido.
Una situación histórica diferente puede ser encontrada en la historia de la India.
La evaluación que hace Millar (1985) de las ciudades del Indo o Harappanas (2600-
2000 AC) demuestra como éstas estuvieron alineadas en relación a puntos cardinales
con un eje dominante norte-sur y divididas en pueblos bajos y asociadas a ciudadelas,
un [página 62] marco organizacional que aparentemente se dio tanto en los
asentamientos pequeños como en los grandes. Millar rechaza el modelo tradicional de
una elite redistributiva de reyes-sacerdotes y muestra que no hay evidencia de una
“clase media” de ricos comerciantes, tal como lo postularon otros investigadores.
Interpreta que la evidencia indica la existencia de un orden en los asentamientos que se
opone al ambiente natural. Existe también una estandarización de lo mundano tanto en
los edificios como en los artefactos. Millar sugiere que la sociedad Harappana era
autoritaria, no de rangos y puritana, y considera que la composición de castas de la
sociedad Hindú contemporánea es más un polo opuesto que una analogía directa. Por
un considerable período el subcontinente Indio ha sido testigo de una serie de ciclos en
donde la ideología de un período se desarrolla en reacción a la anterior. Millar especula
que el “puritanismo” de Harappan fue reemplazado por un el dialécticamente opuesto
Hinduismo Vedic, el cual luego fue reemplazado por la ideología Budista, mientras que
el Hinduismo moderno se desarrollo en oposición al contexto de dominio del Budismo.
Un provocativo análisis sobre la “domesticación” de las sociedades del Cercano
Oriente y Europa desde el séptimo milenio AC en adelante ha identificado la importancia
central de la casa en la transformación de sociedades colectoras a agrícolas (Hodder
1990). Investigaciones transculturales anteriores acerca de la forma de la casa habían
sugerido que el cambio de las casas circulares a las rectangulares se debió a requisitos
funcionales de intensificación en la producción y unidades domésticas individualizadas
como resultado de la formación de villas (Flannery 1972). Sin embargo, soluciones
universales como ésta no explican contextos históricos particulares, ni dan cuenta de
las excepciones. Quizás ahora [página 63] vemos la necesidad de entender estas
transformaciones en términos ideológicos así como en términos “económicos”, tal como
hemos visto con el impacto de los estilos de vida “modernos” sobre las sociedades
tradicionales.
Hodder definió tres conceptos que consideró eran centrales para el Neolítico
Europeo: “domus” (lugar y práctica de crianza/educación, control, elaboración simbólica
y relaciones de poder enfocadas en la casa); “agrios” (campo, afuera, salvaje); y “foris”
(la puerta con el exterior). Durante el período Natufiense (11.000-9.000 AC) en el
Cercano Oriente, la casa como unidad de producción ocupó un lugar central. La casa
como materia y concepto estaba ligada a las fuerzas de reproducción social y en
oposición a lo salvaje, lo peligroso y lo asocial. La estructura se elaboró pintándosela,
pavimentándosela e instalando demarcaciones internas. Lo salvaje y peligroso fueron
puesto en “primer plano” dentro del domus; la muerte fue “domesticada” a través del
entierro de los ancestros debajo de los pisos. Los animales salvajes y las plantas
18

silvestres también fueron llevados al dominio del domus, donde podían ser controlados
y domesticado. Los valores colectivos fueron reafirmados por sobre lo asocial y el
comportamiento individualista. El control social fue ejercido a través del control de lo
salvaje. El domus era ahora una metáfora de la domesticación de la sociedad.
En el sudeste de Europa alrededor del cuarto milenio AC la metáfora y
mnemotécnica del domus como centro cambio hacia el agrios como centro (Figura
2.11). Un incremento en el control del domino externo, particularmente por parte de los
hombres, se hizo evidente a partir de la expansión de la agricultura de arado, el uso de
productos secundarios, la aparición de símbolos de caza y guerra, la incipiente
desigualdad social y el entierro de los muertos lejos de las moradas.
Las casas de la Linear Pottery Cultura en Europa central (quinto milenio AC)
encarnan una nueva variación en el tema del domus según Hodder. Su tamaño
monumental, interiores profundos, gradiente lineal del espacio y de los límites de las
casas y las estructuras comunales están conectados a aspectos del “foris”. En lugar de
los fogones, son los límites y las entradas los que están enfatizados. Hodder interpreta
estos desarrollos como indicadores de la creación de lazos y dependencia con vecinos
y grupos “foráneos”. Después del 4.000 AC, encontramos una nueva transformación del
domus, en los grandes túmulos y tumbas megalíticas de Europa occidental. Estas casas
de los ancestros son estructuras monumentales en contraste con los insustanciales
asentamientos de los vivos. Su construcción y presencia ligaba grupos de parentesco
relativamente dispersos dentro de una comunidad mayor.
Mientras que el acercamiento de Wilson (1988) al tema de la “domesticación”
humana ha sido global y totalizador, el de Hodder ha intentado explorar contextos y
trayectorias de cambio con cierto detalle. El acercamiento de Hodder, que sigue el
trabajo de Cauvin (1972), puede ser criticado por sus presupuestos estructuralistas así
como por varias inconsistencias en el tratamiento de los marcos espaciales a lo largo de
Europa (ver Barreto en este volumen), pero como arqueólogos yendo más allá de las
generalizaciones universales e identificando paradigmas para tiempos y lugares
particulares (tal como la importancia central de la casa y sus transformaciones en las
comunidades agricultoras tempranas), [página 64] entonces sus intentos por enlazar
generalidades y detalles específicos probablemente mejoren.
Esta introducción ha estado especialmente enfocada en aquellas culturas donde
cosmologías muy bien organizadas están articuladas en el orden espacial y
arquitectónico. En parte estas manifestaciones de “orden” podrían relacionarse con un
paradigma históricamente limitado sobre las sociedades agrícolas y con ciudades-
estado y ciertas de sus relaciones con el mundo natural. En parte éstos podrían estar
inclinados hacia las algo fastidiosas comunidades más que hacia “slobs” cosmológicas,
aquellas que no tienen una cosmología formal, o no se preocupan por las
manifestaciones del orden social y simbólico. Hay una gran cantidad de ejemplos
arqueológicos de asentamientos que no exhiben una estructuración formal a partir de la
línea de principios que hemos elucidado. Por supuesto, las dificultades de “leer” los
restos arqueológicos en estos términos no deberían ser subestimadas ya que la
manifestación de tales ideas podría ser muy sutil. Igualmente hay miles de etnografías
que no analizan la cosmología y la arquitectura, ya sea porque estas sociedades no
tenían tales estructuras o porque los antropólogos no estaban interesados en tales
cuestiones. La variación a lo largo del tiempo de la formalidad cambiante en la
cosmología aplicada es algo que los arqueólogos pueden abordar. Además, las
transformaciones en los principios guía [página 65] y paradigmas pueden también ser
examinadas. Los pocos estudios arqueológicos que exploran estas transformaciones,
algunos de los cuales están comentados más arriba, ilustran que estos análisis son
posibles.
19

Orden cosmológico y el futuro

Hoy en día la “cosmología” es un campo de estudio de físicos, una búsqueda científica


de los orígenes y naturaleza del universo en términos demasiado complejos para la
mayoría de la gente. Ni el concepto científico ni el concepto espiritual de “cosmología”
tienen mucha relación con la vida diaria de la gente. Las ideologías de control son
esencialmente económicas y territoriales. El sentido de comunidad y de una
cosmovisión compartida está profundamente fracturado dentro de una cultura global
donde tensiones sobre temas como la raza, la religión, el género, la política y la
economía han creado una profunda ruptura.
Si hay lecciones que aprender del pasado arqueológico, una de ellas es que las
transformaciones culturales profundas han sido relativamente intermitentes dentro de
largos períodos de cambio gradual. En estos escenarios de largo plazo ha habido
probablemente solamente modificaciones leves en la cosmología. Aunque cuando el
cambio se ha presentado, las transformaciones han sido cataclísmicas y casi totales. En
el mundo post medieval la búsqueda de innovación y preocupación por el crecimiento
económico ha sido muy abarcativa. La velocidad del cambio parece haber sido rápida.
El surgimiento del individualismo y la privatización (no sólo en la economía política del
final del siglo XX) y la declinación de los sistemas de creencias comunales también han
llevado hacia un nuevo orden mundial. El regreso de la cristiandad y el Islam hacia lo
fundamental ha producido un sentido de orden en la vida de millones de gente,
particularmente en los aspectos en donde esta gente sentía que faltaba. La ideología
dominante de utilidad económica y política se encuentra cada vez más socavada por la
búsqueda de experiencias y creencias trascendentales. Después de la aparente
defunción de la religión y la superstición frente al nuevo progreso de la ciencia,
enfrentamos un regreso potencial, en una escala global, a las ideologías y cosmologías
medievales.
Las migraciones forzadas de poblaciones y las atrocidades del siglo XX han
incrementado la preocupación de la gente por echar raíces, paradójicamente debido ha
su desarraigo. Al mismo tiempo que el concepto de hogar se hace más firmemente
ligado al de casa y territorio político, también se incrementa la separación entre los que
poseen y los desposeídos. Mientras que un elemento busca retroceder aún más hacia
su caparazón cultural (la elaboración de interiores domésticos y la búsqueda de
seguridad de las fronteras con el exterior), el otro es rechazado o forzado a renunciar (el
modo de vida doméstico por una búsqueda de una vida más móvil y sin hogar). El
incremento de los refugios espontáneos en y alrededor de las ciudades del mundo
(Rapoport 1988) es quizá la manifestación más seria de esto.
Si duda tenemos la capacidad de transformar el mundo. Con el colapso del
comunismo y el surgimiento de movimientos ambientalistas una fue brevemente
debatida una visión optimista sobre el fin de las ideologías. Sin embargo, la desigualdad
social y la intolerancia étnica parecen ser mayores que nunca. El legado arquitectónico
del pasado jerárquico, desde las posesiones reales de los últimos quinientos [página
66] años hasta el estilo “internacional” de los años recientes, limita las transformaciones
institucionales. Las jerarquías de clase son continuamente reproducidas a través de la
estructura de las ambientes domésticos. Los estilos internacionales destruyen los
conceptos de lugar y comunidad local.
Mientras algunos admiran la coherencia cosmológica de varias sociedades
tradicionales, estos sistemas ayudan a la replicación de relaciones de poder muchas
20

veces represivas. En otros casos éstos crean un foro para la resistencia a la represión
política impuesta por el gobierno y grupos de afuera. Podemos encontrar tales ideas
extrañas o pintorescas en el mundo postmoderno, pero los contextos de desarraigo,
alienación y degradación ambiental probablemente lleven a la formulación y
reformulación de cosmologías aplicadas.

Notas

1
Algunos estudios notables incluyen a los Pueblo del sudoeste de Norte América (Saile 1977; Fritz 1987;
Doxtater 1991), los Aztecas y Mayas de Mesoamérica (Coe 1965; Fuson 1969; Ingham 1971; Marcus 1973;
Pollard 1991; Sarro 1991; Stone 1992), the Inka and Wanka (Hastorf 1991; Farrington 1992), los kraals de
la Edad de Hierro del sur de Africa (van Waarden 1989), el Mesolítico de Europa central (Handsman 1991),
los agricultores tempranos del Cercano Oriente (Watkins 1990), el Neolítico el la Edad de Cobre en los
Balcanes (Chapman 1991b; Tringham 1991), los santuarios griegos de Micenas (van Leuven 1978), las
villas romanas de Britania (Scott 1990; Hingley 1990), los catedrales medievales germanas (Hause 1992),
las iglesias medievales inglesas (Graves 1989) y los monasterios (Gilchrist 1988; 1989), las sociedades de
palacio de la India medieval (Fritz 1987; Fritz y Michell 1987), y las antiguas ciudades-estado de China, Asia
sudoriental (Wheatley 1971), India (Millar 1985), y Roma (Rykwert 1976).
2
Para una discusión más amplia sobre la arquitectura y la cosmología en el Neolítico tardío de Orkney
véase Richards 1990b; 1991; en prensa.
3
Un examen más detallado de la relación entre prácticas sociales cambiantes y la organización espacial de
las casas y asentamientos, desde la Edad de Bronce tardía y a lo largo de la Edad de Hierro, es provisto
por Parker Pearson en prensa; Hill en prensa y Hingley 1990.
Figura 2.1

Figura 2.2
Figura 2.3

Figura 2.4
Figura 2.5

Figura 2.6
Figura 2.7
Figura 2.8

Figura 2.9
Figura 2.10

Figura 2.11
Figura 2.12