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La regla 3-6-9-12 de regulación de contenidos mediáticos en casa

Es usual que culpemos a la televisión de todos los males que aquejan a la sociedad. La fragilidad de las

familias, el imperio de la violencia, el uso y abuso de drogas y alcohol por parte de niños y adolescentes,

la ausencia de valores, moral y ética, entre otros. Y en parte hay razón. La televisión presenta contenidos

antifamiliares, opuestos a la condición de la dignidad de la persona humana, llenos de representaciones

vulgares.

No existe un estudio científico que demuestre realmente que la violencia que vemos en las calles es

producto de la violencia que se ve en la televisión. Sin embargo, es claro que el exceso de contenidos

violentos distorsiona la mente, los imaginarios y si no se orienta adecuadamente puede llevar a que

fácilmente los niños lleven una representación televisiva a la realidad…

Los tiempos han cambiado. Hasta hace unos años los medios de comunicación tradicionales (TV, radio,

prensa) trabajaban con la pasividad del espectador, quien sentado frente al televisor no tenía oportunidad

de interactuar; esa generación audiovisual observa con atención y miedo como las nuevas generaciones

se forma con medios digitales, convergentes, personalizados, portátiles y multimediales en donde la

relación es activa siendo más que un espectador: ahora es una prosumidor, es decir, productor y

consumidor de contenidos.

Los medios actuales tienen aspectos positivos y negativos. Permiten la integración, la interactividad, la

creación de redes sociales basadas en la amistad e intereses comunes; facilitan la comunicación y el

desarrollo de capacidades cognitivas y motrices de gran valor. Sin embargo, sin una adecuada orientación

y manejo, estas tecnologías pueden convertirse en un problema puesto que los niños quedan expuestos a

una enorme cantidad de información sin contexto, a personas malintencionadas, al acoso, al

sedentarismo e incluso a la apatía social por la dependencia que estos aparatos y sus contenidos

generan.

Ante la inquietud de muchos padres sobre qué hacer frente a la relación de sus hijos con las tecnologías,

que agrupamos genéricamente con el término “pantallas”, una posible respuesta es: hacer pedagogía, es

decir, enseñar y crear hábitos de buen uso de esas pantallas: regular el uso y consumo de pantallas y

contenidos desde casa. ¿Cómo?

Serge Tisseron, psiquiatra infantil, psicoanalista y director de Investigaciones de la Universidad París

Ouest-Nanterre, propone una forma: la “Regla 3-6-9-12”, una guía para los padres de familia sobre las

edades adecuadas para el uso de cada una de las tecnologías, y que ha sido divulgada por la Asociación

Francesa de Pediatría Ambulatoria (AFPA). Las cinco reglas son:

1) Evitar las pantallas antes de los 3 años. Numerosos trabajos ponen de manifiesto que el niño menor

de 3 años no gana nada al exponerlo con frecuencia a las pantallas y si gana mucho con el juego.
2) No utilizar consolas de juegos portátiles antes de los 6 años. Tan pronto como los videojuegos se

introducen en la vida del niño acaparan toda su atención.

3) Nada de Internet antes de los 9 años y cuando puede ingresar debe hacerlo acompañado de un

maestro o de los padres, quienes deben explicarles tres reglas básicas: Todo lo que se publica allí es de

dominio público; todo lo que se sube a Internet quedará allí eternamente, y no todo lo que se encuentra

allí es de fiar.

4) Internet sólo a partir de los 12 años. Los chicos podrán ingresar solos a partir de esa edad, pero su

utilización debe ser con prudencia, los padres deben acompañarlo y definir reglas de uso, horarios, etc.

La Regla 3-6-9-12 es necesaria, pero no suficiente.

Es importante que los padres de familia nos capacitemos, recibamos asesoría, nos informemos. Una

cosa es clara: tenemos la responsabilidad primaria sobre la educación y formación de nuestros hijos en

todos los aspectos. Y esa responsabilidad es ineludible. Si no lo hacemos nosotros otros lo harán…

Por: Por Juan Camilo Díaz B.