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La meditación zen se consolida como una terapia

complementaria
La vida no es para ser pensada, sino para ser vivida, aquí y ahora, sobre un fondo de paz y bajo una
forma de compasión. Esta sería la premisa de la que parte el zen, un concepto que está conquistando
nuestra sociedad y hacia el que cada vez miran más médicos.
08/02/2005

Ramiro Calle, pionero en la enseñanza del yoga en España y uno de los escritores orientalistas más prolíficos de este
país, indica que para entender esta filosofía de vida, lo primero y fundamental es dejar de lado la lógica occidental: no
hay razonamientos científicos, hay una “distinta manera de ser, entender, percibir y hacer” que se consigue
disciplinando el cuerpo y la mente día a día.

El zen es una actitud de vida, lejos de la moda frívola que intenta venderse a través de muebles, ropa y hasta cremas
rejuvenecedoras o tratamientos faciales para pacificar la mente. Ramiro Calle nos presenta en su libro ‘El zen contado
con sencillez’, editado por Maeva, cómo esta gran filosofía de vida nacida en China hace unos 2.ooo años, se originó
mediante la fusión del budismo y del taoísmo bajo los métodos del yoga. A partir de aquí es necesario, por no decir
imprescindible, conocer las bases del budismo como núcleo de la doctrina del zen. Por eso, a Calle le resulta cuanto
menos asombroso descubrir las artimañas de un marketing creciente que no duda en apellidar “zen” a sillas, camisas y
comidas que nada tienen con la transformación mental que exige esta disciplina. Es cierto que existe arte zen, danza
zen, ejercicio físico zen, pero sólo concebido globalmente, con la exigencia diaria de quien quiere aprender.

El zen entró en nuestro país en los años sesenta y se ha ido desenvolviendo hasta llegar en estos días a originar “un
fenómeno comercial superfluo que es meramente un artificio de mercado, de usar y tirar”, dice el experto. El verdadero
zen es una filosofía de vida, de paz interior, autoconocimiento y autorrealización.

Pero no es sólo teoría. Se requiere una meditación diaria, un esfuerzo para conseguir la conciencia del presente con la
mente clara y el corazón compasivo. Se valora el espacio, el vacío, lo natural, lo fluido, lo abierto. Para el autor es una
especie de desaprendizaje desde dentro hacia fuera (es la mente la que pacifica lo exterior y no al revés): olvidar lo
aprendido, “quitar las nubes para que salga el sol interior”. Las claves se resumen en los siguientes puntos: estar
atento, utilizar sabiamente el esfuerzo, evitar la reacción mediante la ecuanimidad, ganar el sosiego y ser cooperante
en cada acto, lo que no quita la falta de firmeza (para Ramiro Calle, Gandhi es el mejor ejemplo)

Al igual que el yoga, la meditación zen se está convirtiendo en una necesidad para paliar los efectos de la ansiedad, las
depresiones y las tensiones vitales. Dice el escritor que cuando llegó a España, la gente acudía a estos métodos como
vía meditativa, mientras que ahora se hace por necesidad, como terapia. Afirma que son muchas las personas que
acuden a sus clases animados por un médico que les recomienda una alimentación sana y practicar yoga para alejarse
de los problemas vitales. Es una terapia complementaria que debe convertirse en un actitud vida y no en un consuelo
inmediato. Hay que sumergirse en el mundo zen, vivir desde él y no cotidianizar, “evitar los rótulos y las etiquetas
porque matan la vida. La vida no es para opinarla, es para vivirla”.

Los límites
Para Ramiro Calle, hay un límite para todo. “Lo que está pasando en Tïbet con el Dalai Lama es bochornoso. Ver cómo
se ha corrompido la esencia de una cultura a través del coqueteo de Hollywood y sus estrellas, convirtiendo una actitud
de vida y una cultura en un paseo de famosos. No se trata de impedir a la gente conocida interesarse por una cultura o
una religión, pero sí de mantenerlo al margen”. Ramiro confiesa que son muchos los famosos de nuestro país que
practican meditación zen y yoga durante años y que se han negado ha publicitarlo en los programas, lo que agradece
enormemente.
“No es una moda, el zen pretende ayudarnos a superar el deseo y el sufrimiento, que son la base de la ofuscación, la
avidez y el odio, y alcanzar así un estado de paz y bienestar.” La necesidad de paz y liberación se convierte en una
corriente vital que nos puede resultar de gran ayuda en los tiempos que vivimos hoy día, y de ahí su reciente valor
como psicoterapia. Para Ramiro Calle, Buda lo explicó con las mejores palabras: “entre los desasosegados, vivamos
sosegados”.