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Discurso de Bruno Gröning para la Navidad de 1958

Nuevamente les digo, que el ser humano ya debería saber que significa el nacimiento de Cristo para
nosotros los hombres, para toda la humanidad. Pero esto, mis queridos amigos, no lo van a comprender
nunca si antes no lo entienden.

¿Qué es lo que significa para ustedes su nacimiento, su ser, su vida aquí en la tierra?. Ustedes tienen que
llegar a comprender, a entender, a estar convencidos de todo su significado y a reconocer a Quién
pertenecen.

Antes de esto nunca podrán empezar a luchar contra lo negativo, nunca podrán liberarse de todo lo que
ustedes sientan como malo, no solamente en torno a ustedes sino también dentro de ustedes, en su propio
cuerpo.

Muchos seres humanos creen todavía que son personas creyentes por afirmar de sí mismos que rezan, que
son cristianos y que siempre han creído; y afirman haber rogado a Dios y que Él no les ha escuchado por lo
que no se han podido liberar del mal.

¡No mis queridos amigos! ¡Ustedes tienen que separarse del mal!, no deben ocuparse nunca del mal, de lo
que ustedes sienten como negativo. Ni tampoco deben conformarse con el mal volviéndose apáticos, como
muchos otros se han vuelto diciendo “Aquí ya no hay nada que hacer, ya no se me puede ayudar”,
“Lentamente voy a entristecer, ningún ser humano me puede ayudar”, él mismo no dice que Dios le puede
ayudar, que Dios le va ayudar. El ser humano tiene que acercarse a Dios, tiene que ir por el camino que
Cristo nos ha mostrado e indicado.

Nosotros tenemos que seguirle y hacer todo lo posible para conseguirlo. Hacer significa convertirlo en
realidad. No solamente consolarse con sus propias palabras o con las palabras del prójimo. No debe
hacerse a la idea de que cree solamente con decir que cree, debe convertir en realidad la palabra creer
pero sin embargo siempre sigue aceptando las dudas.

Tener dudas significa dudar de lo bueno, si ud. tiene miedo de lo bueno lo aparta de sí mismo y nunca
puede acogerlo dentro de sí por lo que no lo sentirá internamente y mucho menos a su alrededor, sino
que lo malo quedará unido a usted y le denigrará a usted y a su cuerpo, de modo que estará condenado a
entristecer.

Mis queridos amigos, adónde va a terminar esto, si esto sigue así. Si el hombre no escucha a Quien tiene
que escuchar, si no escucha a Quien él pertenece, pues todos nosotros pertenecemos a Dios. A nosotros
nos ha indicado el camino sólo tenemos que seguirlo.

No creo que pueda ser más claro para decirles que es lo más importante para Uds., para la humanidad,
para todo ser viviente.

Yo no me consuelo a mí mismo, queridos amigos, ¡No! ¡Yo lo hago! Yo convierto todo esto en realidad, no
solamente por mí sino también por ustedes. Ustedes han vivido en la creencia de que todo depende de
Gröning, ¡No!. Depende de cada uno de ustedes, de cómo está sintonizado con lo positivo, de cómo está
dispuesto a aceptar lo bueno dentro de sí y de en qué grado cumple con la promesa que se ha dado a sí
mismo, diciéndose: “A partir de ahora no quiero tener nada que ver con el mal, quiero y voy a creer en lo
bueno, solamente porque lo necesito, porque sobre todas las demás cosas lo necesito también para mi
cuerpo”.

El hombre tiene que atenerse a su palabra. Él ha sido creado de tal manera que puede recibir los dones
Divinos. Mis queridos amigos, si todo esto no les fuera suficiente, tomen la Biblia en sus manos, tomen
las Sagradas Escrituras, estúdienlas no solamente con el cerebro sino con el corazón y tomen a pecho lo
que de ellas sientan como bueno.

Cuando usted acoja lo positivo encontrará el camino verdadero, para ello tiene que estar dispuesto a
convertir en realidad todo lo que afirma, a aprovechar el tiempo, a tomarse tiempo para usted, para su
cuerpo, pues usted y su cuerpo lo necesitan.

Usted tiene que estar lleno de buenas energías para que lo negativo no encuentre sitio en su cuerpo y
pueda deshacerse de él para siempre. Una vez que usted ha acogido lo negativo, lo atraerá también en el
futuro, pero, ¿dónde y cuándo ha aceptado estos pensamientos? ¿Cuándo ha creído usted en ellos?

Ud. creía que todo le caería del cielo. Creía que usted tenía el derecho de exigirlo. Creía que todo viene así,
¡No, mis queridos amigos! Quien quiere lo Divino, tiene que acercarse a Dios, y realmente tiene que
recorrer el camino que Dios ha predestinado para cada uno de nosotros. Solamente así es posible, mis
queridos amigos, y por eso es tan importante para usted. Para que usted por fin proceda a hacerlo, para
que usted mismo recobre el juicio, pues sólo entonces llegará a saber para qué le ha regalado Dios esta vida
en ésta Su tierra y sólo entonces llegará a saber por qué Dios le ha regalado su cuerpo, es decir el cuerpo al
que Ud. llama suyo.

Entonces sabrá qué es lo que Dios ha predestinado para su cuerpo y qué es lo que usted tiene que acoger
para sí mismo.

Todo esto, mis queridos amigos, es lo principal, yo no lo digo sin más ni más, como ustedes están
acostumbrados a hacer cuando exclaman “la Santa Festividad cristiana” y ahí se terminó. ¡No! Nosotros
tenemos también que santificarla, tenemos que saberla honrar, nosotros tenemos que prepararnos para
esta fiesta, tenemos que deshacernos de todo lo negativo y tenemos que hacer cosas buenas,
primeramente para nosotros, para que tengamos buenas experiencias.

Mis queridos amigos, el nacimiento de Cristo no lo van a entender ni comprender antes de que sepan
que significa para ustedes su propio nacimiento, su propia vida terrenal.

Y lo digo nuevamente muy claro para que usted sepa por sí mismo lo que usted verdadera y realmente es.
Entonces ustedes mis queridos amigos, se prepararán verdaderamente para la Festividad Santa, para el
verdadero Redentor, para que sean dignos de recibir el sagrado sacramento y todo lo bueno que Dios ha
predestinado para ustedes.

No deben permitir ser seducidos por lo negativo, no deben entregarse a ello. Queridos amigos, para
ustedes tiene que estar claro que la vida terrenal de Cristo en esta tierra no ha sido en vano. Dios lo ha
dispuesto así para que fuese posible indicarnos a todos los hombres el camino verdadero a través de las
enseñanzas de Cristo, el camino que Dios predestinó para toda la humanidad. Y éste es y será el único que
nos conducirá realmente hacia Dios a cada uno de los seres humanos.

Mis queridos amigos, ustedes no pueden servir a dos amos. Por un lado a lo negativo y por el otro a Dios.
Entre uno y otro usted queda como un hipócrita, un mentiroso, un estafador. Ud. ni siquiera es honrado
consigo mismo. Todo esto, mis queridos amigos, tienen que dejarlo de lado, tienen que darle la espalda al
mal, tienen que ir por otro camino. Por eso les exhorto a la gran conversión. Vayan por el camino que nos
ha sido predestinado para todos nosotros por Dios a través de Cristo.

¿Qué tenemos que hacer nosotros los hombres? ¿Qué clase de enseñanzas son las enseñanzas de
Jesucristo?. Cuando el hombre afirma: “Yo soy cristiano” ¿Es eso todo?, tenemos que hacer lo que Cristo
dijo: “¡Síganme! Y esto sólo lo puede hacer aquel que se desligue de todo lo terrenal, aquel que no se
agarre a lo terrenal, sino que se agarre a Quien él pertenece. Solamente aquel, mis queridos amigos, el que
puede seguir a Dios se convierte a través de las enseñanzas de Cristo en lo que Dios ha determinado para
él. Aquí no vale que uno vaya de aquí para allá, les advierto mis queridos amigos, que no lo intenten
solamente sino que lo hagan.

Yo no lo intento, yo les ruego encarecidamente que acojan aquello que está destinado para ustedes. No por
mí, ¡No! sino porque Dios así lo ha determinado. Y todo esto, mis queridos amigos, nos lo ha dicho Cristo y
nos lo sigue diciendo, aunque algunos no lo crean porque dicen: “Él ha muerto”, “Él fue crucificado”, no
creen que él está en esta tierra. Ya no creen en nada. Hacen como si fuera una historia de hace muchísimo
tiempo, que se ha convertido en una doctrina. Y de sí mismos dicen “el hombre tiene que tener una
religión, sin religión no podría existir”, y tiene que tener también una formación, y tiene que profesar una
religión, para que todo esté en orden y tiene que pertenecer también a una nación, y además seguramente
tiene que tener algo que hacer en la vida, tener una profesión, etc. etc. Pero eso es todo.

Mis queridos amigos, piensen ahora exactamente, cómo han pecado, cómo han caído repetidamente en el
pecado, cómo repetidamente se han entregado a los pensamientos negativos, cómo ustedes
repetidamente han estado al servicio de la negatividad, pues ustedes ya se habían juntado con el mal,
muchos hasta se habían conformado con él ya se habían visto perdidos. Ya no tenían energía para liberarse
de lo negativo. Naturalmente no tenían nada de energía porque antes habían probado todo lo posible,
habían hecho pruebas ustedes mismos, y habían hecho que el entorno también las hiciese. Ustedes se
habían abandonado a sí mismos y renunciado a lo positivo, y su prójimo dice: “¡Ah! he probado todo, no
puedo ayudar”.

Bueno, mis queridos amigos, quien ha caído tan bajo, quien se haya apartado tanto del camino bueno y
divino, quien hoy ya no se deja aconsejar ni instruir, quien ahora ya no sigue los consejos de Cristo, quien ni
siquiera tiene el pensamiento de hacerlo, cree que todo debería suceder así, como él lo piensa, como si eso
fuera todo.

¡No, mis queridos amigos, esto es un error. En fin, ¿cómo está usted en la vida? ¿Qué es lo que usted ha
hecho? ¿Qué es lo que usted ha dicho? ¿Qué clase de pensamientos son los que usted ha acogido?
¿Fueron siempre buenos pensamientos? ¿Acaso usted no tuvo gran interés en oír algo malo con la
intención de tener un tema de conversación?, parece ser que para no aburrirse hay muchas cosas
interesantes, hay mucho que escuchar, hay mucho que leer y también hay muchas cosas negativas que ver.

En esto estuvo, está y estará también una gran parte de la humanidad pues así es como están
acostumbrados. ¿Por qué (el hombre) tendrá que ocuparse de todo lo demás (de lo negativo)?, luego se
disculpa repetidamente diciendo que él ha intentado todo pero que nada ayudó.

¡No, mis queridos amigos! A quien no se deja aconsejar, no se le puede ayudar. Cristo mismo nos ha dado el
buen, el mejor, el único consejo que todos los hombres tienen que seguir y cuando usted lo siga, cuando
usted no exija nada sino que realmente adquiera todo lo que está determinado para usted, entonces
tendrá muchas experiencias buenas en usted mismo, en su propio cuerpo y en el cuerpo de su prójimo.
¡Solamente créalo! Yo no soy ningún locutor, ningún orador, yo solamente soy aquel que les revela
aquello de lo que está convencido.

Primeramente tengo que estar también convencido de mí mismo. Y convencido de Aquel a Quien
pertenezco. Y además tengo que seguir estando convencido de Aquel, Quien me ha enviado aquí, de Aquel
que me ha regalado esta vida terrenal. Y tengo que ser consciente de mi misión, para lo que he sido
llamado. Yo no debo ser indiferente, no debo obedecer a los hombres, tengo que permanecer siendo fiel a
Dios. Y así permaneceré, no necesito ni siquiera prometérselo a ustedes, no les tengo que rendir cuentas,
ustedes tienen que rendírselas a sí mismos.

Yo simplemente lo hago. Yo soy para ustedes un pequeño ejemplo, pues si yo obedeciera a los hombres y
diera oído a todo lo que los hombres me increpan con inmundicias y suciedades, si yo no tuviera
comprensión para con éstos, entonces yo ya me habría derrumbado ante esta carga sucia y pesada. Pero yo
no otorgo ni vista ni oído para ello. Tampoco voy a hablar de ello, ni tampoco lo acojo en mis
pensamientos, para no ocuparme de aquello con lo que los hombres se han ocupado, de lo malo que los
hombres han dado de sí y me han echado encima. Si yo me ocupara de ello, entonces habría sido tarde o
temprano víctima del mal, habría estado entregado al mal y al final habría servido solamente al mal.
Queridos amigos, ustedes tienen que ser conscientes de esto: Si usted acoge un solo pensamiento
negativo, le vendrán otros malos pensamientos y después dirá palabras negativas. Pues todo lo que usted
toma dentro de sí, tiene que salir nuevamente de usted. ¿No lo ha hecho así? ¿No ha sido ya víctima del
mal?

Pues cuando ustedes, mis queridos amigos, acogen solamente un mal pensamiento, se convierten en
siervos del mal. Queridos amigos, esto es así como lo digo. Cuán a menudo les he dicho, que ustedes como
todo ser humano y todos los seres vivientes son divinos, y nadie puede quitarles lo divino. Ustedes lo
retienen. Solamente con una diferencia, que unos han sido menos víctima del mal y otros más.

Hay quien es siervo del mal, que acoge el mal, que se conforma con el mal o que se entrega
completamente al mal; y que siente que esto es más fácil, mejor para vivir, viviendo así una vida sucia e
inmunda, ya que piensa que esto está bien, lo que, al final de cuentas, él entiende como la palabra: vida.

Ahí, mis queridos amigos, ahí está el peligro porque eso es una amenaza para el hombre Tendrían que
tener todo muy claro sobre todas las cosas el no aceptar un solo pensamiento negativo. El hombre
necesita estar en contacto con Dios y solamente a través de esto, mis queridos amigos, es verdaderamente
posible, en cuanto el hombre haya recibido la conexión con Dios y con Cristo no querrá más.

Dios no querrá más, ésta es la doctrina divina verdadera y auténtica, ésta es la doctrina de Cristo, así como
Él nos la dio a nosotros, a la humanidad, para nuestro camino.

Estar en conexión con Dios, mis queridos amigos, es todo lo que hay que hacer. Tiene que examinar y
sopesar todo, pero sobre todas las cosas los pensamientos, ¡Cuídense de los pensamientos, sobre todo de
los malos! Pues sino harán cosas verdaderamente malas, tendrán que hacer cosas malas, porque si están
llenos de malos pensamientos no pueden actuar de otra manera. Y al final de cuentas usted estará
insatisfecho consigo mismo. Aquí se nos da otra señal de que usted ya es víctima del mal, que está
entregado a lo negativo. Usted se ha convertido verdaderamente en un hombre infeliz, infeliz consigo
mismo y con todo lo que está metido dentro de usted, con lo que sigue entrando en usted, pues usted se
ocupa con todo lo negativo que usted siente.

Usted mismo dice que no puede desprenderse de esto. Usted ya se ha acostumbrado, y todo esto regresa.
Usted no tiene confianza en sí mismo. Usted no tiene fe en todo lo bueno que Dios ha determinado para
usted y ni siquiera lo cree, aunque siempre se lo repita a sí mismo pues usted todavía no es un hombre así
de creyente. Dios le otorga al hombre todo para que él pueda volverse creyente, pero el hombre no lo
acepta, él solamente se hace la idea, vive solamente en la creencia que él es esto o aquello pero nunca
hace aquello que tiene que hacer. No lo hace consigo mismo, no lo hace en torno a él, ni tampoco lo hace
nunca con su prójimo.

Miren ustedes, queridos amigos, con cuanta perfección Dios le ha creado y lo justo que es Dios. Y ¿cómo es
posible todo esto, cómo?. Cuando en el cuerpo humano de cualquier persona pasa algo, obra aquello que
los seres humanos no podrían haber hecho nunca, en donde realmente ya no podrían ayudar. De tal
manera que el orden entró en ese cuerpo, y ustedes lo denominan milagro. Es un milagro para ustedes. Sí,
mis queridos amigos, ¿Quién creen ustedes que es Él que obra este milagro?.