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MARCO TEÓRICO

ANTECEDENTES DEL ESTUDIO

En la actualidad cada día, 15 niñas de entre 11 y 15 años se convierten en


madres en el Perú, poniendo en riesgo su salud y su futuro. En 2015, dieron a
luz 1,538 niñas de entre 11 y 14 años y 3,950 de 15 años.

En el Perú, desde hace mucho tiempo se hablaba de niñas menores de 15 años


que resultaban embarazadas y se convertían en madres, pero el tema no era
visible, en gran parte por la falta de información. Sin embargo, recientes datos
proporcionados por el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (Reniec)
y el Ministerio de Salud (Minsa) confirman que el problema existe y se ha
agravado en los últimos años.

Según el Reniec, en el 2015 se registraron 1,538 casos de madres entre los 11


y 14 años de edad que acudieron a esta institución para declarar el nacimiento
de sus hijos. Ese mismo año se registraron 3,950 madres de 15 años de edad.
Los mayores registros ocurrieron en la selva (40% en promedio) y en los
departamentos de la costa norte del Perú (Tumbes, Tacna, Ica y Lambayeque).

Las cifras del Minsa confirman la tendencia. En la última década, la cifra de


madres menores de 15 años pasó de 936 casos en 2005 a 1,040 nacimientos en
el año 2015. Esto quiere decir que en el Perú, cada día del año, al menos 4
menores de 15 años de edad se convierten en madres, mientras que entre las
adolescente de 15 años se registra un promedio de 11 partos al día.

Durante el foro 'Inversión en niñas adolescentes menores de 15 años', el asesor


del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) Alejandro Vílchez
quien analizó y compiló las cifras del Reniec y del Minsa refirió que el año pasado
los embarazos de adolescentes se registraron en 164 de las 194 provincias del
país. Sin embargo, en los varones de este grupo de edad el inicio de la
paternidad no es similar al de las mujeres. "En el 71% de los casos, las parejas
de las niñas madres eran hombres mayores de 18 años de edad; el 37% tenía
entre 20 y 24 años, y el 14% tenía 25 años o más", refirió Vílchez.
ADOLESCENCIA Y MATERNIDAD
La adolescencia es una etapa de desarrollo humano, que no solo significa el
tránsito de la niñez a la adultez, sino que en su acontecimiento ocurren diversos
y complejos cambios biológicos, psicológicos y sociales que caracterizan la
edad. En la actualidad la adolescencia es un período más prolongado por
diversas razones. Por una parte, las personas maduran hoy más temprano que
hace un siglo, es decir, que existe una tendencia secular en el crecimiento y la
maduración, en la que ha influido un nivel de vida más alto. Sin embargo, en
tiempos de crisis económica a menudo se invierte esto. Otra razón es
sociológica. La sociedad es cada vez más compleja, demanda de mayor
calificación, de una preparación especializada para asimilar la introducción de
los avances de la ciencia y la técnica en todos los sectores, además de un
período de escolarización más largo, lo que origina una dependencia más
prolongada de los padres. Es conocida la posición intermedia que ocupa el
adolescente que lo conduce a situaciones contradictorias, unas veces es
considerado adulto exigiéndosele responsabilidad, mientras que en otro se le
percibe como incapaz de tomar decisiones limitándose su independencia.

En la actualidad presenciamos una mutación en los valores de los adultos


respecto a la intimidad sexual premarital de sus hijos en contraste con
generaciones anteriores, aunque no lo aceptan totalmente. Hoy en día, la
severidad del castigo para la hija embarazada ha disminuido considerablemente,
es más común que la ayuden, se admite la posibilidad que la pareja pase un fin
de semana en la casa de algunos de los padres, cuestión que no hubiera sido
permitida por estos unas décadas atrás, ni tampoco a la adolescente se le
hubiera ocurrido por temor a ser rechazada. No obstante, como etapa intermedia
la comunicación entre padres e hijos acerca del sexo todavía sigue siendo un
problema, siendo poco frecuente que se hable de sexo. En estudios realizados
se encontró que los padres evaden el tema, porque según ellos esperan el
momento oportuno o no están preparados y cuando se deciden a establecer un
diálogo, el discurso es en forma general, sin relacionar la sexualidad con el
propio adolescente.

La maternidad y el embarazo tienen un impacto psicológico, cultural, social y


biológico a cualquier edad y en la adolescencia supone mayores complicaciones
tanto en la madre como en el hijo. Se han identificado mayores riesgos médicos
asociados al embarazo en las adolescentes, como la hipertensión, la anemia, el
bajo peso al nacer, el parto prematuro, la nutrición insuficiente y otros que
determinan elevación de la morbimortalidad materna y la mortalidad infantil en
comparación con otros grupos de madres de otras edades. Sin embargo, la
mayor repercusión se observa en la esfera personal, psicológica y social de la
adolescente, porque tiene que asumir el reto de desempeñar el rol de madre,
enfrentarse a una nueva situación, debe ser responsable del cuidado, atención
y educación de su hijo cuando aún no ha consolidado su formación y desarrollo,
atravesando una crisis psicológica como expresión de la búsqueda de
independencia, necesidad de autonomía y libertad. Los estudios acerca de la
adolescencia y las repercusiones del embarazo y la maternidad apuntan a
señalar el "Síndrome de las embarazadas adolescentes" que se define:
1. Fracaso de las funciones de la adolescencia

 Adquisición de independencia.
 Logro de la propia identidad.
 Determinación del papel sexual.
 Desarrollo de un sistema de valores y elección vocacional.
2. Fracaso en la continuación de sus estudios o en su preparación para la vida
adulta.

3. Fracaso para constituir una familia estable por lo general matricéntricas y


monoparental.

4. Fracaso para sostenerse a sí misma, dependiendo de su familia o del


bienestar social.
Consecuencias psicosociales

La madre adolescente debe asumir una mayor cantidad de roles, que son
aquellos que conlleva una tarea de adultos como es la maternidad, para los
cuales no ha madurado psicológicamente, ya que sigue siendo niña cognitiva,
afectiva y económicamente, empeorándose esto aún más en el caso de la
primera adolescencia, menores de 15 años. Si lo común es que toda la familia
se debe adaptar para recibir a un nuevo miembro, esto es mucho más notorio en
la adolescencia, ya que los grupos familiares de las adolescentes suelen ser más
complejas, ya que incluyen a sujetos en diversas etapas del desarrollo; los que
probablemente no están esperando la llegada de un nuevo integrante, que de
alguna manera va a interrumpir y modificar sus vidas.
Consecuencias culturales-económicas

Las consecuencias notorias de esta situación es la presencia de la deserción


escolar. Así, en una investigación realizada en E.E.U.U, se observó que
alrededor del 50% de las adolescentes embarazadas abandonaron la educación
formal. Esto también ha sido encontrado y corroborado en múltiples estudios; los
que muestran un porcentaje cercano al 70 % de deserción escolar entre
adolescentes embarazadas.

Por otra parte, las adolescentes que no son madres tienen mayores perspectivas
educacionales y planes futuros, en relación a las embarazadas lo que trae para
estas últimas menores logros educacionales y laborales. Este fenómeno ayuda
a explicar los mecanismos de transmisión generacional de la pobreza, ya que
tendríamos a una niña pobre que tiene un hijo a temprana edad, y que asociado
a ésto, deserta de sus estudios. Por lo tanto, podrá aspirar sólo a trabajos mal
remunerados debido a su baja calificación, si es que puede trabajar, es decir si
tiene con quien dejar a su hijo. Otros efectos señalados, con relación a los hijos
e hijas de las adolescentes son el maltrato infantil y la morbilidad infantil así como
el menor desarrollo cognitivo de los menores. Esto último se observó en Estados
Unidos, en un estudio longitudinal llevado a cabo con 70 madres adolescentes
con sus hijos, demostrando que estos últimos quedaban en el rango límite del
desarrollo del lenguaje. En términos intelectuales, el 56% de los niños tenían un
CI bajo lo normal y un 23% mostraban problemas conductuales.
FACTORES DE RIESGO

El efecto acumulativo de los factores de riesgo es particularmente significativo


en el embarazo adolescente. A partir de una muestra de adolescentes, se llegó
a la conclusión que si éstas presentaban más factores de riesgo
sociodemográficos, tenían más posibilidades de quedar embarazadas durante la
adolescencia que sus contrapartes con solo un factor de riesgo. Con relación a
los factores predispuestos, se mencionan elementos biológicos, psicosociales y
psicológicos. Dentro de los factores biológicos llama la atención la menarquia
más temprana y el hecho de que haya sido madre previamente. Dentro de los
factores psicológicos y sociales ha surgido más discusión y de forma extensa.
Factores sociales

En el ámbito sociocultural se ha indicado que cada día, 15 niñas de entre 11 y


15 años se convierten en madres en el Perú, poniendo en riesgo su salud y su
futuro, de las cuales muchas han abandonado la escuela antes de quedar
encinta. Por otra parte, se ha comprobado que al mantenerse las mujeres en el
sistema de educación formal, ellas tienden a posponer su primer embarazo, a
usar métodos anticonceptivos, a tener un menor número de hijos y a responder
mejor al cuidado de ellos.

Se ha reportado además que las adolescentes embarazadas presentan un


desempeño escolar pobre, con frecuentes repiten cursos, o con un desinterés
por un futuro ligado a los estudios. Se ha indicado que las mujeres que llegan a
ser madres durante la adolescencia tienen menores niveles educacionales que
quienes postergan el embarazo hasta la adultez. En relación al nivel
socioeconómico, diversas investigaciones coinciden en señalar que las jóvenes
que se embarazan precozmente, generalmente pertenecen al nivel socio
económico bajo. La falta de oportunidades para el futuro, asimismo, ha sido
mencionada como un factor predisponente para este fenómeno.
Factores Psicológicos

En el ámbito psicológico se considera de relevancia analizar las conductas de


las menores que se asocian al embarazo, las características de sus familias, el
apoyo social percibido, el nivel intelectual de estas jóvenes, su autoestima y la
presencia o ausencia de sintomatología depresiva; todas estas variables que son
importantes en el abarcamiento de esta problemática.

 Conductas de riesgo
Se ha indicado conductualmente frecuente en este grupo de riesgo el consumo
de alcohol, el uso de drogas, una actividad sexual precoz, o la existencia previa
de un aborto espontáneo. Además se ha señalado que hay un bajo índice de uso
de medidas anticonceptivas en la primera relación sexual, y que esto es más
frecuente en las adolescentes de menor edad. De hecho, en estudios realizados
con embarazadas adolescentes, se encontró que la joven se expone un año o
más al coito sin protección, antes de solicitar contracepción. Siguiendo esta línea
de investigación diversos trabajos realizados muestran porcentajes de utilización
de anticonceptivos del orden del 5,8% y del 18,1%, respectivamente, en
adolescentes de 15 años o menos, previo a su embarazo. Ambos porcentajes
son significativamente menores a los encontrados en los grupos control de
adultas embarazadas (20-34 años).

Estos hechos sumados a que menos del 10% de los adolescentes han recibido
alguna educación sexual sistemática antes de los 13 años, teniendo inicio sexual
antes de los 15 años, constituyen un panorama preocupante.
Factores familiares

Dentro de los múltiples factores familiares, se ha mostrado que el


involucramiento paterno actúa disminuyendo en sus hijos conductas de riesgo.
Las hijas de padres que muestran una mayor preocupación por quién acompaña
a sus hijas en las salidas, y respecto a las fiestas, perciben mayor apoyo social.
En esta misma línea, en investigaciones realizadas en otros países; se observó
que las adolescentes embarazadas reportaban menor calidad en la
comunicación familiar, que sus pares no embarazadas. En el ámbito de la
trasmisión transgeneracional, se ha observado que tanto, en zonas rurales como
urbanas, las madres adolescentes provenían de familias cuyas progenitoras
también lo habían sido en su mayoría. Se ha reportado además mayor porcentaje
de padres alcohólicos en las adolescentes embarazadas, y que provienen de
familias numerosas. Además se han planteado otras características que se
pueden asociar a algún grado de disfunción familiar, como son, relaciones
intrafamiliares complicadas y/o con violencia y ausencia de uno o de los dos
padres en el hogar. También el aumento de las discusiones entre los padres o
problemas con los hermanos fueron observados como factores predisponentes
al embarazo precoz. También se ha encontrado, que embarazadas que
puntuaban altos niveles de estrés en sus familias de origen, consideraban sólo
como moderadamente estresante el embarazo en sí mismo, en relación a otros
estresores. Esto puede ayudar a entender cómo es que el embarazo puede llegar
a ser visto como una salida de relaciones familiares conflictivas. En términos
generales, una mayor disfuncionalidad familiar se ha asociado tanto al riesgo de
embarazo.
Problemas asociados con el embarazo en la adolescencia
Apoyo social percibido

Se han observado más bajos estándares de calidad y cantidad de relaciones


sociales en las embarazadas adolescentes, quienes además difícilmente
encuentran apoyo para sus problemas tanto fuera como dentro de la familia, lo
que sugiere que un mayor apoyo social estaría asociado a una menor
probabilidad de embarazarse durante la adolescencia.
Nivel intelectual

En cuanto al nivel intelectual se observa que al comparar adolescentes


embarazadas y no embarazadas, el grupo de embarazadas presentaba un CI
significativamente menor que el grupo control. En algunos estudios se encuentra
que las embarazadas adolescentes presentan un menor nivel de pensamiento
lógico-abstracto con relación a sus pares no embarazadas.
Autoestima

Con respecto a la autoestima se ha advertido información contradictoria. Short y


Slusher (1994), plantean que las adolescentes embarazadas poseen un pobre
autoconcepto de sí mismas, lo que también fue visto por Salinas y Armengol
(1992), encontrando un bajo nivel de autoconcepto general, poca confianza en
sí mismas, sentimientos ansiosos y depresivos, y además por Restrepo (1991),
quién planteó la centralidad que tiene en el embarazo adolescente la baja
autoestima.
Depresión

La depresión como factor asociado al embarazo adolescente no está claro si


puede ubicarse como factor predisponente, ya que existen investigaciones que
así lo señalan, o como consecuencia de este. Al analizar los hallazgos en torno
a la variable depresión se señala que las adolescentes perciben menos apoyo
de su pareja que de su familia de origen, aun cuando reportan necesitarlo, y la
falta de apoyo social aumenta las probabilidades de que aparezcan síntomas
depresivos.
Negación

La negación es una reacción peligrosa a una prueba de embarazo positiva.


Muchas adolescentes no creen que quedarán embarazadas y si así fuera no le
contarán de inmediato a sus padres, al familiar o al médico lo que sucede. Dejar
estas decisiones fundamentales para más adelante o rehusarse a buscar
atención médica es peligroso tanto para la madre como para el bebé.