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Facultad de Ingeniería Agraria

Carrera Profesional de Ingeniería Agraria con Mención Forestal

FACULTAD DE INGENIERIA AGRARIA

CARRERA PROFESIONAL INGENIERIA AGROFORESTAL

CURSO: SOCIOLOGÍA RURAL Y AMAZÓNICA

TEMA: EVOLUCIÓN DE LA AGRICULTURA

PROFESOR: SANTILLAN ALVA, Richard

ESTUDIANTES:

 GARCÍA GARCÍA, Darwin

 VILLANUEVA CAMPOS, Leitin

CICLO: VII

NUEVA CAJAMARCA – RIOJA

2017
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HISTORIA DE LA AGRICULTURA

Cazadores recolectores.

La agricultura es el arte del cultivo y explotación de la tierra con el objeto de


obtener productos con fines humanos o con destino a los animales domésticos.
Existen variadas disciplinas y toda una infraestructura agrícola, científica e
industrial alrededor de estas actividades. Se incluyen en estas prácticas el
estudio, acondicionamiento de las tierras, cultivo, desarrollo, recolección,
transformación, distribución, etc.
Se trata de una actividad muy antigua, con origen en la prehistoria, y es
actualmente un sector económico indispensable y fundamental en la
alimentación mundial.
Se estima que la agricultura se ha desarrollado desde hace unos 8.000 a 10.000
años. Desde entonces todos los pueblos de la Tierra han reconocido el valor que
las plantas cultivadas tienen para la alimentación humana y de los animales
domésticos.
Algunos vegetales se han hecho tradicionales en muchos países, e incluso en
determinados de ellos se han convertido en monocultivos, y en la fuente más
importante de ingresos.
Entre las variadas producciones agrícolas, se distinguen algunos productos muy
importantes para el ser humano, tales como los cereales, trigo, maíz, centeno,
arroz, caña de azúcar, remolacha azucarera, aceite, verduras y frutas.
En cuanto a la alimentación animal, son importantísimos los piensos a base de
granos de la soja, maíz forrajero y sorgo.
No todas las producciones agrícolas tienen valor alimentario, también existen
numerosos cultivos dedicados a producir materias para la industria, tales como
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el caucho, semillas oleaginosas para fabricar pinturas o compuestos químicos


sintéticos, plantas para la obtención de fibras, etc.
Se reconoce el valor de la agricultura al comprobar que casi la mitad de la
población mundial se dedica a esta actividad, aunque es cierto que su
distribución es muy variable. Así, mientras que en África y Asia superan el 60 por
ciento de la población, en los Estados Unidos y Canadá apenas alcanza el 5 por
ciento. Por su parte, en América del Sur la población dedicada a estas tareas es
casi la cuarta parte; en Europa Occidental supone alrededor del 7 por ciento; y
en los países de la Federación Rusa y los englobados en la antigua Unión
Soviética alcanza el 15 por ciento.

Tipos de agricultura

Trigo: fundamental en la dieta


humana.

En el neolítico se practicaba una agricultura itinerante (y que todavía hoy


practican algunos pueblos primitivos), que consistía en abandonar las tierras una
vez han sido agotados sus recursos y buscar nuevos suelos productivos.
Actualmente la agricultura ha evolucionado hasta alcanzar carácter industrial,
donde la ingeniería genética, química y tecnología mecánica juegan papeles
fundamentales.

Se distinguen varios tipos de agricultura:

Extensiva

La agricultura extensiva es aquella en la que se realizan labores sencillas, y en


los que se emplean abonos orgánicos, como estiércoles, prescindiendo
totalmente de los fertilizantes artificiales. Es un tipo de agricultura defendible
desde el punto de vista ecológico, pues la tierra no suele estar sujeta a la presión
que imprimen otras actividades, como la agricultura intensiva o industrial.

Intensiva o industrial

La agricultura intensiva o industrial es aquella en la que se realizan labores


complejas, y que depende totalmente de fertilizantes artificiales para su óptimo
desarrollo. Los suelos producen habitualmente de forma continuada, lo que
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implica la necesidad de restituir también continuamente los elementos minerales


que ya fueron asimilados por las plantas; esto supone tener que enfrentarse a la
larga a variados problemas medioambientales, derivados no sólo del frecuente
uso de productos químicos, sino también de la imperiosa necesidad de asegurar
las cosechas contra plagas y enfermedades mediante pesticidas, herbicidas,
etc., que pueden terminar finalmente introduciéndose en la cadena alimenticia.

Biológica

La agricultura biológica nació para dar respuesta a los problemas planteados por
la agricultura intensiva. Se trata de una actividad cada vez más demandada por
los consumidores, respetuosa con el medio ambiente y la salud. Este tipo de
agricultura recurre a métodos naturales para luchar contra las enfermedades y
plagas, y rechaza la utilización de pesticidas y fertilizantes sintéticos.

Parcelaria

La agricultura parcelaria está limitada a superficies dispersas y reducidas.


Existen muchas regiones en el mundo que por sus características orográficas
están dedicadas a este tipo de agricultura. Un ejemplo son las terrazas de la
altiplanicie guatemalteca, donde se cultiva maíz, alubias y calabazas; y café en
las zonas más bajas de las laderas.

Monocultivo

La agricultura de monocultivo es una actividad que está especializada en un


único producto. Aunque los agricultores de subsistencia de todo el mundo suelen
cultivar variados vegetales, no suele ser así en el caso de las grandes
explotaciones de carácter comercial. Así, muchas explotaciones producen sólo
café, té, cereales, cacao, o caucho. Un ejemplo es la dependencia de Tailandia
del arroz, que es uno de los mayores productores del mundo de esta graminácea;
o Sri Lanka, que depende enteramente de la producción de té.
Cuando se dedica una superficie a la producción de una sola especie, suele
proporcionar mayores beneficios económicos, ya que se simplifica la gestión del
suelo, la producción y su comercialización. Sin embargo, puede dar lugar a la
concentración de plagas que, aunque habitualmente suelen ser controladas,
pueden en ocasiones producir la devastación y pérdida de la producción. La
diversidad de cultivos es una ventaja contra este problema, pero está limitada
por las características de los suelos, clima, y otros factores de carácter
económico.
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Desde el Neolítico
Se estima el origen de la agricultura en el Neolítico. Este periodo, que es el
segundo de la Edad de Piedra (de ahí "Neolítico" o "piedra nueva"), se sitúa
aproximadamente hace unos 8.000 a 10.000 años.
La vida social de esa época comenzaba a estabilizarse tras el periodo de
adaptación del Mesolítico en cuanto a costumbres y tradiciones, y se iba alejando
progresivamente de la vida nómada del cazador-recolector. Básicamente se
dedicaban al pastoreo, domesticación de animales, confección de tejidos,
modelación de cerámicas y cultivo de la tierra. Fue no obstante una época de
cambios revolucionarios en las formas de vida.
Las culturas neolíticas más importantes aparecieron en Oriente Medio y la
península Balcánica. La agricultura ocupó sobre todo un lugar preeminente en
las civilizaciones china, hindú, egipcia y mesopotámica.
Los primeros agricultores ocuparon variadas regiones: Irán, Irak, Jordania, Israel,
Siria, Turquía, Sureste asiático (Tailandia), África (Egipto, a lo largo del río Nilo),
Europa (Macedonia, márgenes del río Danubio), China (río Amarillo), India y
Pakistán (valle del río Indo), México, etc.
Antes del desarrollo de la agricultura y el pastoreo, hace unos 15.000 a 10.000
años, la forma de subsistencia en todo el mundo era, fundamentalmente, la caza,
pesca y recolección de frutos silvestres. Hoy en día, todavía existen antiguos
pueblos que sobreviven aprovechando recursos naturales como los citados, así
como semillas, tubérculos comestibles, miel, setas, etc., ejemplo de algunos
pueblos y etnias significativas de Alaska, Canadá, Amazonia, Australia, y otros
apenas conocidos y desperdigados por numerosos países como Kenia,
Tanzania, Etiopía, Venezuela, Filipinas, Indonesia, Tailandia, Malasia, etc.

Vasijas para granos usadas hoy.


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En cualquier caso, se trata de grupos poco numerosos que apenas suponen un


riesgo para el equilibrio del hábitat que ocupan, en lo que respecta a sus
actividades predadoras o recolectoras y el mantenimiento de la diversidad
biológica.
Las características actuales de los pueblos cazadores-recolectores que han
tenido poco contacto con otros pueblos más avanzados, no deben ser muy
diferentes de sus antecesores del Neolítico en cuanto a la forma de vida y
organización social. Por ello, el aislamiento de esos pueblos nos da una visión
aproximada de cómo funcionaban aquellas comunidades, sólo desvirtuada en
aquellos casos en que se produjeron contactos externos, que generaron cambios
en los hábitos de vida, así como en la cultura y tradiciones propias.
Aquellas comunidades de cazadores-recolectores de la antigüedad que se
mantuvieron aislados, demuestran unos valores de solidaridad muy acusada.
Así, predomina la igualdad entre sexos, se respeta extraordinariamente la
opinión de los ancianos, existen importantes lazos entre padres e hijos, y, sobre
todo, existe un fuerte arraigo comunitario.
Todo ello está fomentado por la necesidad de repartir los recursos disponibles
entre todos los miembros de la comunidad, con objeto de asegurar la
supervivencia de todo el grupo. Todos estos valores sociales van cambiando
conforme las comunidades más aisladas toman contacto con otras más
poderosas o de mayor nivel económico, o debido a las influencias o
contaminación de su cultura o estilo de vida.

Primeros sedentarios

Las primeras sociedades sedentarias, es decir, ligadas a una vivienda estable,


favorecieron el desarrollo de asentamientos permanentes, así como de nuevas
técnicas y materiales para cocinar y almacenar alimentos.
Las técnicas neolíticas consistían en pulimentar la piedra en vez de tallarla, con
lo que se conseguían nuevas formas y acabados. Más importante que la
pulimentación fue la aparición de la cerámica hace aproximadamente 8.000 años
a.C., un hecho sin duda influido por la necesidad de almacenar las cosechas
sobrantes y cocinar los alimentos, lo que supuso una mejora notable en el
régimen nutricional. De esta época son también las técnicas de la cestería con
hilos finos, y la confección de tejidos con determinadas fibras vegetales o lana
de oveja.
Revolución neolítica

Herramientas Neolíticas.
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La agricultura fue, probablemente, una necesidad impuesta por los nuevos


condicionamientos poblacionales y medioambientales. Es asumible la existencia
de una escasez de la caza, pesca y recolección, a causa de un aumento de
población tras la última glaciación, y que forzó a los cazadores-recolectores a
buscar espacios permanentes y estables, sólo así se comprende que una vida
tan fácil como es la de recoger los frutos que la naturaleza produce de forma
natural, fuese abandonada progresivamente por otra forma de vida mucho más
dura como es la del agricultor, donde se requiere un considerable esfuerzo para
la preparación de la tierra, siembra, control de las malas hierbas y recolección
de las cosechas.
Hace unos 7.000 años a.C., los cazadores-recolectores ya conocían de sobra
cómo funcionaban los ciclos de la vida de los vegetales y animales, no en vano
llevaban alimentándose de ellos desde hacía miles de años, así que no les sería
difícil adaptarse a las nuevos tiempos.
La evolución de la agricultura no se produjo de forma inmediata, sino que fue un
proceso gradual a partir de las actividades de recolección, caza y pesca, las
cuales todavía hoy en día son practicadas por algunos pueblos primitivos, y se
ha ido estableciendo muy probablemente a partir de la domesticación de
animales.
Existen evidencias de que las explotaciones se realizaban de forma mixta,
combinando cultivo y cría de animales. La domesticación cumplía dos funciones
básicas: garantizar el suministro de carne sin depender de la caza, y la utilización
de los animales como fuerza de tiro.
Se sabe por hallazgos arqueológicos que el perro fue el primer animal doméstico
hace 8.000 años, y con posterioridad lo fueron la oveja, el buey y el cerdo. Se
produjo así una "revolución neolítica", al descubrirse la agricultura y la
domesticación de animales como un perfecto combinado para sobrevivir dentro
de las nuevas formas de vida sedentarias.
Las nuevas actividades económicas basadas en la agricultura, exigieron de los
incipientes agricultores su permanencia en un lugar fijo para cuidar de los
cultivos.
Por yacimientos arqueológicos se sabe que los primeros poblados neolíticos se
establecieron en el Próximo Oriente hace unos 8.000 años. Se trataba de
pequeños grupos de casas adosadas de dimensiones muy parecidas entre sí,
construidas por lo general con piedra, madera y paja mezcladas con barro
cocido; no disponían de calles y casi siempre estaban rodeados por una zanja o
empalizada para protegerse de posibles agresiones externas. En el Neolítico se
formaron importantes poblaciones, como Jericó, que alcanzó las 2.000 personas.
En esta época pudo propiciarse la aparición de un incipiente comercio mediante
el trueque e intercambio, basado en la existencia de excedentes alimenticios.
Así, los granos de cereales que sobraban de las cosechas se intercambiaban
por otros de los que se carecía, ejemplo de la sal, que fue uno de los primeros
productos que entraron a formar parte del comercio.
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Nuevas creencias religiosas

En las nuevas sociedades sedentarias basadas en la agricultura, nacieron


nuevas formas de religiosidad influidas por los diferentes fenómenos que
observaban en el curso de sus actividades. Así, relacionaban como hechos
atribuibles a algún tipo de divinidad determinados fenómenos naturales, como la
pérdida de cosechas ante una climatología adversa, falta de fertilidad de la tierra,
cosechas malas o escasas, etc. Este hecho queda patente en variadas pinturas
y grabados, donde se representan a hechiceros durante sus ritos o ceremonias
religiosas.

Primeros asentamientos humanos.

Los primeros cultivos


Los arqueólogos pueden distinguir si los cereales hallados en un yacimiento son
recolectados de especies nacidas espontáneamente o cultivados.
Por las pruebas halladas en excavaciones de Oriente Próximo que datan de hace
unos 19.000 años, se estima que en esa región se recolectaban formas silvestres
de cereales (no cultivadas previamente), como cebada y trigo, además de otras
plantas y frutos. Por la riqueza de la fauna identificada, se deduce la existencia
de una forma de vida basada en la recolección, la caza y la pesca.
Los estudios arqueológicos apuntan a que entre los 12.000 y 10.000 años estas
prácticas se intensificaron como una costumbre; en yacimientos del Próximo
Oriente se han encontrado granos de trigo cultivado que ya pertenecen al sexto
milenio a.C., indicativo de que la costumbre terminó por convertirse en cultivos
programados o intencionados.
Los primeros granos cultivados fueron el mijo y sorgo en el norte de África; arroz
en la India y China; y maíz en América; en este último (México y otros países del
continente americano) se conoce la existencia hace unos 8.000 de la producción
de calabazas para la alimentación y construcción de vasijas.
En cuanto a Europa, se extendieron el trigo, cebada y centeno, probablemente
introducidas desde Asia. Así, mediante datación del carbono 14 se sabe que en
China, hace unos 8.500 a 7.000 años, se cultivaba el mijo y la col. En general el
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arroz, mijo, y variados cereales, ya se cultivaban en el este y sur de Asia,


extendiéndose el arroz a Corea y Japón hace unos 4.000 años.
Otro cultivo de gran importancia en la cuenca mediterránea, como es el olivo, es
probable que ya se realizase hace unos 8.000 años.

Las primeras herramientas


Las primeras herramientas utilizadas en las tareas agrícolas del Neolítico eran
básicamente las mismas que utilizaban en el Paleolítico para recolectar raíces,
las cuales estaban construidas de madera y piedra. Posteriormente, mediante
piedras afiladas, sílex, hueso, y maderas más o menos torneadas se armaron
azadas para cavar la tierra, hoces para recoger el grano, e incluso arados
rudimentarios a base de ramas de árboles convenientemente modificadas para
levantar y voltear la tierra a mano, con objeto de prepararla para la siembra.
Posteriormente, se adaptó el arado para ser tirado por animales.

La agricultura en movimiento

Como ya se ha dicho, durante el neolítico se fueron estableciendo sociedades


sedentarias, que se alejaban progresivamente de las actividades típicas de los
pueblos nómadas cazadores- recolectores, para dedicarse a la agricultura. No
obstante, muchos asentamientos con intención de permanentes tenían que ser
abandonados periódicamente, ya que los campos perdían su fertilidad por
sobreexplotación, obligando a esos pueblos a realizar una agricultura itinerante.
En determinadas regiones de Europa, allí donde no existían tierras de labor para
colonizar, se aclaraban los bosques talando e incendiando a continuación,
dejando así un campo fértil para la producción agrícola el cual, tras sucesivas
cosechas, iba perdiendo esa capacidad quedando exhausto a los pocos años,
obligando a los agricultores a levantar de nuevo los asentamientos y buscar
nuevas tierras o bosques para aclarar, al desconocerse otros sistemas de
conseguir abonos. Otros asentamientos, como los que se concentraban a lo
largo del Nilo, mantenían la producción de las tierras durante mucho más tiempo,
gracias a los limos que el río iba depositando en sus márgenes, y que servían de
abono para los campos próximos en cada temporada.

Patricios romanos.
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Las nuevas civilizaciones agrícolas


Las innovaciones agrícolas que se llevaron a cabo durante el neolítico
concluyeron prácticamente con la introducción de los metales. A partir de
entonces se inició un periodo histórico donde las nuevas civilizaciones agrícolas
tendieron a mejorar las técnicas ya conocidas, especialmente las herramientas,
y a establecer esfuerzos cooperativistas. En este periodo destaca Roma por su
importante literatura sobre temas agrícolas, pero no fue menos importante la
agricultura de Mesopotamia, Egipto, China y la India.

Roma

Roma fue un referente importante, no sólo por la forma de gobierno, estructura


social y económica, y la aplicación del derecho, sino también por el conocimiento
de los temas agrícolas y la arquitectura aplicada a esa actividad.
Se estima que el imperio romano comenzó precisamente basado en una
sociedad rural de agricultores sin ninguna relación cooperativa que alcanzó su
máximo desarrollo durante la era cristiana, para convertirse de una sociedad
rural a otra fundamentalmente urbana.
Las normas y el derecho romano, muy precisos en cuanto a las propiedades
rurales, lindes, comunidades de aguas, etc., eran aplicables a todos los
ciudadanos y alcanzarían a numerosos pueblos que constituyeron un imperio
extendido por todo Occidente.
La agricultura romana también tenía su referente religioso. Existían variadas
divinidades protectoras que se ocupaban de que las tierras fueran fértiles y las
cosechas abundantes. Algunos pequeños dioses tenían misiones específicas,
tales como cuidar de la siembra, la semilla, la espiga, etc.

Organización social

La organización social de roma se basaba en el poder económico y estaba


dividida en clases. La primera gran división comprendía dos grupos: los esclavos
y los hombres libres.

Esclavos gladiadores en Roma.


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Esclavos

Los esclavos eran en Roma personas sin derecho alguno. A ellos se destinaban
los trabajos más penosos, como los agrícolas o los desarrollados en minas y
canteras. Podían ser vendidos, cedidos, o legados en herencia, y sólo podían
adquirir la libertad con permiso de sus dueños. Con el cristianismo se alivió su
situación mediante leyes que prohibían actos bárbaros, como ser arrojados a las
fieras sin resolverlo un juez.

Hombres libres

Los hombres libres eran los ciudadanos, los cuales estaban a su vez divididos
en dos clases, los patricios y los plebeyos.
Los patricios fueron los primeros en gozar de todos los derechos y desempeñar
cargos públicos; a esta clase pertenecían los nobles y ricos terratenientes, que
se reservaban los puestos más relevantes del ejército y la administración; y los
caballeros o equites, que eran comerciantes de fortuna o financieros, también
con cargos en la administración o el ejército pero de menor responsabilidad.
Por su parte, los plebeyos eran aristócratas que desde los primeros tiempos se
enfrentaron a los patricios por una igualdad tanto jurídica como política, no
conseguida en su totalidad pero con algunos significativos triunfos, como el
derecho a realizarse matrimonios entre ambas clases o desempeñar cargos
públicos, y que más tarde daría lugar a una forma de cooperación de los patricios
con los plebeyos más ricos para el reparto del poder.
Otros plebeyos pobres, los proletarios, tenían como única riqueza sus hijos (de
ahí lo de prole). Entre el siglo II y I a.C. estos proletarios constituían una
población importante, motivado por el crecimiento de los latifundios y el
empobrecimiento de los agricultores que no poseían tierras en propiedad;
sobrevivían vendiendo el voto al que tenían derecho y con las asignaciones
gratuitas de alimentos.

Economía

Acueducto de Segovia, en la
actualidad.

La economía de Roma estaba basada en la explotación de los recursos naturales


y el trabajo de los esclavos, que estaba centrado en la agricultura y la ganadería.
Los romanos fueron innovadores en el desarrollo de técnicas aplicadas a la
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agricultura, tales como el regadío, drenaje de tierras, abonado, barbecho,


rotación de cultivos, etc. Los cultivos principales eran los cereales como el trigo,
el olivo y uno de los más apreciados, la vid.
Las tierras cultivables, bosques y pastos, las cuales pertenecían al Estado, eran
al principio explotadas por esclavos prisioneros de guerra y supervisados
mediante capataces. Posteriormente, conforme escaseaba la mano de obra
cautiva, se iban arrendando las tierras a agricultores particulares, los cuales
pagaban a los propietarios en especie con una parte de la producción. Este
sistema feudal ya estaba firmemente establecido en la villa romana 400 años
d.C. El modelo económico estaba centralizado en Roma, y desde allí se imponía
a todo el imperio.
La práctica de arrendar las tierras provocó grandes latifundios y el
empobrecimiento de los pequeños agricultores propietarios (no esclavos). La
mayoría de las tierras eran propiedad de senadores; alrededor del año 218 a.C.
la Lex Claudia les prohibió que se dedicaran a cualquier otra actividad que no
fuera la explotación de sus tierras.
Los ingresos del Estado tenían varias procedencias: impuestos de las provincias
que cobraban los publicanos; venta o arrendamiento a particulares de las tierras
anexionadas durante las conquistas (ager publicus); y arrendamiento privado de
la explotación de las minas con determinados recursos, como la sal. Toda la
hacienda era gestionada por el Senado, que elaboraba un presupuesto, y cuyos
ingresos y distribución controlaban los censores y cuestores.
Los romanos se distinguieron también por sus obras públicas; calzadas, puentes,
anfiteatros, termas, acueductos, etc., proliferaban por toda Roma y en general
por todas las ciudades del imperio. Cabe destacar que algunos puentes y
calzadas todavía hoy se mantienen en pie e incluso pueden utilizarse con
seguridad. En lo que respecta a la agricultura realizaron robustas obras
arquitectónicas; uno de los ejemplos más significativos es el acueducto de
Segovia, España, que sufre ahora la abrasión de la contaminación, y
paradójicamente ha soportado estoicamente todo tipo de inclemencias en el
transcurso de los siglos