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ACOSO CALLEJERO

KAREN BRIGGITTE ALVAREZ PALACIOS

IEM MARIA GORETTI

AREA DE TECNOLOGIA

PASTO NARIÑO

11-4

2018
ACOSO CALLEJERO

KAREN BRIGGITTE ÁLVAREZ PALACIOS

TRABAJO ESCRITO POR EL ÁREA DE TECNOLOGÍA

ALBA ROCIÓ PAREDES

DOCENTE

IEM MARIA GORETTI

AREA DE TECNOLOGIA

PASTO NARIÑO

11-4

2018
TABLA DE CONTENIDO

Contenido
1. INTRODUCCIÓN .............................................................................................. 4

2. ORIGENES DEL ACOSO CALLEJERO ............................................................ 5

2.1 ¿Qué es el acoso sexual callejero (ASC)? ................................................. 6

2.2 ¿Por qué el ASC es violencia? ................................................................... 7

2.2.1 Qué prácticas son consideradas ASC? ........................................…….7

2.3 Causas y consecuencias acoso callejero…………….. ............................... 9

2.4 Son necesarias las leyes para el acoso callejero ..................................... 14

2.5 Todos los piropos son abuso callejer sirve prohibirlos .............................. 17

3. CONCLUSIONES ............................................................................................ 19

4. BIBLIOGRAFIA ............................................................................................... 20
1. INTRODUCCIÓN

El acoso callejero es una de las formas de acoso sexual que consiste en


comentarios indeseados, silbidos, pasillitos y otras acciones que una persona hace
a otra en un espacio público. Que tipos de acoso se presentan

-Verbalmente: Haciendo referencia los comúnmente llamados “piropos” que se


caracterizan por ser frases aparentemente halagadoras pero ciertamente vulgares
que dice un desconocido a otro en la calle, pero también puede constituir una
expresión de un juicio de valor sobre el aspecto físico de alguien sin que el que lo
recibe se lo haya permitido. Normalmente a este le sigue el físico.

-Contacto: Es el manoseo, que es el roce de un desconocido a la parte corporal o


física de otra persona, sin la autorización de quien la sufre.

Si sucediera de esta manera cómo podemos actuar pues bien en Colombia, el


acoso callejero es un delito viéndolo desde la óptica que el acoso sexual: “El que en
beneficio suyo o de varios (el acosador o acosadores) y valiéndose de su
superioridad o de poder, edad, sexo, posición laboral, social, familiar o económica,
acose, persiga, hostigue o asedie física o verbalmente, con fines no consentidos
incurrirá en prisión…”.Es importante señalar que no todas las formas de acoso
callejero podemos incluirlas porque como tal no está regulado pero podemos incluir
las que sí están dentro del sexual. Si eres victima que recomendaciones seguirías
una recomendación que hacen las autoridades es que no agredas a la otra persona,
por el contrario, no es que recibas con impotencia estas situaciones, sino que
respondas en alguna forma, que reacciones de alguna forma en que te permitas
indicar que no fue bienvenida esta expresión señal, palabra o actitud y que por lo
tanto debe ser abandonada por el acosador de modo impida que se siga con esta
práctica contigo o con otra persona, hablando claro de que haya sido un caso
aislado de acoso.

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2. ORIGENES DEL ACOSO CALLEJERO

El acoso callejero es una forma de acoso sexual que consiste en comentarios


indeseados, silbidos y otras acciones similares hacia personas desde extraños y en
espacios públicos. Esta forma de acoso es diferente de otros tipos de violencia como
el acoso laboral u homófono. El acoso callejero se produce normalmente cuando
uno o varias personas desconocidas abordan a una o varias personas en un espacio
público. Cualquier acción o comentario irrespetuoso o vulgar dirigido a su persona
por parte de extraños a personas

(En lugares públicos se considera acoso callejero. Se consideran como tales


palabras o gestos, acercamientos intimidantes, fotografías sin consentimiento,
agarrones, presión de genitales sobre el cuerpo, exhibicionismo con intención de
llamar la atención de la persona acosada (desnudez parcial o total y masturbación
pública), persecución, fotografías no consentidas de partes íntimas de las víctimas.
Con estos actos el acosador afirma su derecho a llamar la atención de la víctima,
poniéndola como objeto sexual y forzándola a interactuar con el acosador.)

De hecho, el acoso callejero confiere al espacio público una dimensión sexual en el


que promueve el dominio de los acosadores sobre las víctimas. Otra definición más
amplia del acoso callejero afirma que es tanto un lance sexual indeseado como una
intrusión no solicitada de los acosadores en los sentimientos, pensamientos,
actitudes, espacio, tiempo, energías y cuerpos de las víctimas. Este tipo de acoso
tiene su origen en motivos de género y está compuesto por toda una serie de
acciones que en muchas ocasiones son socialmente aceptadas y que sitúan a las
víctimas en la posición de "objeto público". En este tipo de acoso, el acosador se
siente con el derecho de interpelar a las víctimas en la calle sin haber recibido
previamente su consentimiento y entendiendo que sus comentarios y acciones
hacia las víctimas están justificadas, son halagos o son socialmente aceptadas.

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Por sus características, el acoso puede considerarse un acto violento, si viola la
intimidad de la víctima, teniendo que aceptar “expresiones” sobre ella/el, ya sea
físicas, como en el caso de “manoseos”, “agarrones” o encerrones; psicológicas,
como es el caso de “piropos” y silbidos; en el caso del exhibicionismo. Asimismo,
como señalan diversos estudios (Fairchild & Rudman, 2008; Ilahi, 2010; Macmillan,
Nierobiz & Welsh, 2000), este tipo de prácticas parecen conllevar diversos tipos de
consecuencias, en términos emocionales, de uso de los espacios y de percepción
de seguridad.

También es la forma de agresión sexual cotidiana menos visible para las


autoridades.

Hay otros tipos de acoso que también se desarrollan en la vía pública y que no se
engloban dentro del término “acoso callejero”, como el que sufren las personas
homosexuales por su orientación sexual. En este caso se habla de “agresiones
homófobas”.

2.1 ¿Qué es el acoso sexual callejero (ASC)?

Son prácticas de connotación sexual ejercidas por una persona que no pertenece
a tu círculo íntimo, en espacios públicos como la calle, el transporte o espacios semi
públicos (mall, universidad, plazas, etc.); que suelen generar malestar en la víctima.
Estas acciones son unidireccionales, es decir, no son consentidas por la víctima y
quien acosa no tiene interés en entablar una comunicación real con la persona
agredida.

Las prácticas de acoso sexual callejero son sufridas de manera sistemática, en


especial por las mujeres, ocurriendo varias veces al día desde aproximadamente
los 12 años, lo que genera traumatización no sólo por hechos de acoso
especialmente graves, sino por su recurrencia.

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2.2 ¿Por qué el ASC es violencia?

Porque es una práctica no deseada, que genera un impacto psicológico negativo y


que las personas, especialmente mujeres, pueden vivir varias veces al día desde
los 12 años, en promedio.

Los efectos del acoso se demuestran en acciones cotidianas de la víctima como:

 Cambiar los recorridos habituales por temor a reencontrarse con el o los


agresores.
 Modificar los horarios en que transita por el espacio público.
 Preferir caminar en compañía de otra persona.
 Modificar su modo de vestir buscando desincentivar el acoso.

2.2.1 Qué prácticas son consideradas ASC?

 Silbidos, besos, bocinazos, jadeos y otros ruidos


 Gestos obscenos
 Comentarios sexuales, directos o indirectos al cuerpo
 Fotografías y grabaciones del cuerpo, no consentidas y con connotación
sexual
 Tocaciones (“agarrones”, “manoseos”, “punteos”)
 Persecución y arrinconamiento
 Masturbación con o sin eyaculación y exhibicionismo

¿Por qué no es culpa de las víctimas?

Todas las personas tienen derecho a transitar libremente y con la confianza de no


ser violentados, independiente del contexto, la edad, la hora del día o el vestuario
que ocupa la persona agredida, los derechos humanos no dependen ni se

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suspenden por detalles del entorno. No hay excusas ni justificaciones para el acoso
sexual callejero.

Es violencia de género, pues refleja en el espacio público la desigualdad de poder


entre hombres y mujeres, a través del abuso sexual. En la actualidad, la violencia
sexual es penada y no tolerada en otras situaciones y contextos (acoso laboral,
estupro, violación), pero está pendiente sancionarla cuando ocurre en los espacios
públicos.

Algunas manifestaciones de acoso sexual callejero son aceptadas como


“folclóricas” o “tradicionales”, lo que tampoco debe ser argumento para tolerar esta
vulneración. La violencia no puede ser patrocinada con orgullo por ningún pueblo o
nación.

A la vez, el acoso callejero se vincula a la “coquetería” y sexualidad. Cada cual tiene


derecho a experimentar su sexualidad como estime conveniente, siempre que no
atropelle las libertades del resto. Quienes manifiestan su incomodidad y rechazo
tienen derecho a mostrar su incomodidad. Asimismo, quienes acostumbran a
acosar, deben comprender que han confundido la coquetería y galantería con
violencia sexual.

Por todo lo anterior, las víctimas no deben sentir culpa o vergüenza por sufrir acoso
sexual callejero, puesto que NUNCA ES SU CULPA. Lo importante es reflexionar
de manera crítica y consciente, teniendo en cuenta que esta problemática afecta a
personas particulares, pero responde a un fenómeno social complejo.

Efectos sobre la salud (en víctimas femeninas)

El acoso callejero, como otros tipos de acoso, puede producir un gran número de
efectos mentales negativos en las víctimas. En un artículo publicado en el año 2000,
basado en un "Estudio Canadiense de Violencia Contra las Mujeres", mostraba que
la exposición al acoso de extraños es un factor importante en la percepción de las
mujeres de su seguridad en público. El acoso de un extraño, induce al miedo de la

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victimización sexual. El acoso en Chile, el fenómeno parece tener una inquietante
extensión. De acuerdo al Servicio Nacional de la Mujer SERNAM (2012), el 59% de
las mujeres y el 30% de los hombres encuestados declara de haber sufrido algún
acto calificado ya como acoso callejero (dichos o palabras obscenas, susurros,
encerrones, persecución con dichos obscenos), mientras que el 30% de las mujeres
y el 20% de los hombres se declara víctima de situaciones catalogadas como abuso
(encuentro con exhibicionista, frotación, agarrón, manoseo).

Efectos sobre la salud (en víctimas masculinas)

Con respecto a ambos puntos, evidencia SERNAM (2012:10): “La distancia entre
distinguir que se fue víctima de alguna forma de agresión sexual y la identificación
de la ocurrencia de determinadas formas 4 específicas de agresiones, es entre dos
y tres veces en el caso de los hombres y en el caso de las mujeres de dos veces.
Los hombres son menos conscientes de haber sido víctimas de acoso y/o abuso, lo
cual, puede explicarse por las representaciones sociales de género.”

Actitudes Públicas

YouGov llevó a cabo en agosto de 2014 una encuesta sobre acoso callejero en la
que participaron cerca de 1.000 estadounidenses. En ella el 72% manifestó que no
consideraba apropiado "silbar" a una mujer por la calle, mientras que el 20%
afirmaba que es aceptable en ocasiones. Además, mientras que el 55% calificó esta
práctica de "acoso", el 20% afirmaba que era "cortés".

El estudio concluyó que los estadounidenses de entre 18 y 29 años son los más
propensos a entender estas prácticas como algo bueno.1

2.3 Causas y consecuencias acoso callejero

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¿Qué impulsa a un niño a hostigar a otro? Si usted ha sufrido alguna vez el acoso
de alguien, tal vez se sienta tentado a decir que no le importa el porqué de su
conducta, pues no hay nada que la justifique. Y probablemente esté en lo cierto. Sin
embargo, existe una gran diferencia entre buscar razones y buscar excusas. Las
razones por las que un niño se convierte en un abusón no justifican su mal
comportamiento, pero quizá nos ayuden a comprenderlo. Y tal comprensión puede
resultar muy valiosa. ¿Por qué?

Un antiguo proverbio dice: “La perspicacia del hombre ciertamente retarda su


cólera” (Proverbios 19:11). A veces, la víctima de acoso deja que la cólera la ciegue
y la llene de frustración e incluso odio. Pero si es perspicaz y comprende por qué el
agresor actúa de cierta manera, quizá logre apaciguar la ira que siente. Eso, a su
vez, le permitirá pensar con mayor claridad y buscar una solución. Así pues,
analicemos algunas de las causas de este inaceptable comportamiento. ¿Qué hay
detrás del acoso? En muchos casos, los años de formación del acosador han estado
marcados por el mal ejemplo de sus progenitores o por un absoluto abandono.
Muchos de ellos han tenido padres fríos o indiferentes, o padres que les han
enseñado a valerse de la ira y la violencia para resolver los problemas. Quienes se
han criado en ese entorno familiar quizá no se percaten de que sus agresiones
físicas y verbales constituyen acoso. De hecho, es posible que hasta piensen que
su conducta es normal y aceptable.

Una joven de 16 años que había sido maltratada por su padrastro y sus compañeros
de escuela dice que empezó a intimidar a otras personas cuando llegó a la
secundaria. Ella admite: “Estaba tan enojada; buscaba peleas con todo el mundo.
El dolor que sientes hace mella en ti. Y entonces quieres que los demás también lo
sientan”. Aunque la violencia física tal vez no sea muy común entre las muchachas,
sí lo es la ira que hay detrás de dicho comportamiento.*

En muchas instituciones educativas se concentra un gran número de alumnos de


distintos antecedentes, los cuales han sido criados de muy diversas formas. Es triste

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decirlo, pero algunos son agresivos porque en su casa han aprendido que el mejor
modo de salirse con la suya es intimidando a otros y agrediéndolos verbalmente.

Por desgracia, tales métodos muchas veces funcionan. Shelley Hymel, consejera
adjunta de Educación de la Universidad de Columbia Británica (Canadá), quien ha
estudiado durante veinte años el comportamiento de los niños, señala: “Algunos
chicos tratan de arreglárselas como sea para obtener lo que buscan, y
lamentablemente, la intimidación surte efecto. Consiguen lo que desean: poder,
prestigio y atención”.

Otro factor que contribuye a que el problema del acoso aumente es la falta de
supervisión. Muchas víctimas se sienten desamparadas, y lo triste es que en la
mayoría de los casos esa es la realidad. Debra Pepler, directora del LaMarsh Centre
for Research on Violence and Conflict Resolution —un centro de investigación sobre
la violencia—, de la Universidad de York (Toronto, Canadá), estudió el
comportamiento de los alumnos en el patio de recreo de la escuela y observó que
los maestros solo descubrían y detenían el 4% de los casos de intimidación.

Sin embargo, la doctora Pepler opina que es de crucial importancia que alguien
intervenga. Ella señala: “Los niños son incapaces de resolver el problema porque
es una cuestión de poder; cada vez que uno de ellos se mete con otro, su poder se
refuerza”.

Entonces, ¿por qué no se denuncian más casos de hostigamiento? Porque las


víctimas están convencidas de que si lo hacen, la situación se agravará. Por ello,
hasta cierto punto, muchos jóvenes han pasado sus años escolares en un constante
estado de ansiedad e inseguridad. ¿Con qué consecuencias?

Secuelas físicas y emocionales

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Un informe de la National Association of School Psychologists de Estados Unidos
señala que, por temor al hostigamiento, en ese país faltan a la escuela diariamente
más de ciento sesenta mil estudiantes. Los jovencitos que sufren este tipo de acoso
a menudo dejan de hablar de la escuela o de una asignatura o actividad escolar en
particular, e intentan perderse clases, llegar todos los días tarde y hasta inventarse
excusas para ni siquiera ir.

¿Cómo puede reconocerse a los niños que son víctimas de la intimidación de sus
compañeros? Pues bien, estos suelen volverse irritables y retraídos, ponerse de mal
humor, sentirse frustrados y parecer cansados. Además, a veces se comportan de
forma agresiva en su casa, con sus amigos o con otros muchachos de su edad. Los
niños que presencian por casualidad el trato intimidatorio de sus compañeros
también sufren, pues el temor que les infunde dicha conducta disminuye su
capacidad de aprendizaje.

Pese a todo esto, la revista Pediatrics in Review señala: “Para las víctimas y para
la sociedad, la consecuencia más grave del acoso es la violencia que genera, la
cual induce en ocasiones al suicidio y al asesinato. El sentimiento de impotencia
de los niños que sufren intimidación puede ser tan profundo que algunos
reaccionan atacando mortalmente al agresor o quitándose la vida”.

El doctor Ed Adlaf, investigador científico y profesor de Ciencias de la Salud de la


Universidad de Toronto, comenta con preocupación que “tanto los acosadores como
sus víctimas tienen muchas más probabilidades de sufrir problemas emocionales
ahora y en el futuro”. Durante el año lectivo de 2001-2002 se encuestó a más de
doscientos veinticinco mil estudiantes de Ontario (Canadá), y los resultados
revelaron que de un cuarto a un tercio de ellos eran o bien culpables de acoso, o
bien víctimas de este. Además, 1 de cada 10 jóvenes de ese mismo grupo había
pensado seriamente en suicidarse.

Las personas que son blanco de un acoso constante pueden perder la confianza en
sí mismas e incluso ver arruinada su carrera. También pueden padecer graves

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problemas de salud. Muchas sufren dolores de cabeza, insomnio, ansiedad y
depresión, y algunas llegan a presentar síntomas de estrés postraumático. Mientras
que las víctimas de agresiones físicas suelen recibir el apoyo compasivo de otros,
quienes son acosados psicológicamente tal vez no obtengan el mismo respaldo,
pues el daño no es tan obvio. En lugar de compadecerse de la víctima, sus familiares
y amigos tal vez se cansen de escuchar sus quejas.

Los acosadores también se perjudican a sí mismos. Si no se les corrige a temprana


edad, probablemente acaben hostigando a sus compañeros de trabajo. De hecho,
según ciertos estudios, los niños que agreden a otros adquieren un patrón de
comportamiento que perdura hasta la edad adulta, y también hay más
probabilidades de que lleguen a tener antecedentes penales.

Repercusiones en la familia

El acoso laboral afecta la estabilidad y la tranquilidad familiar. En algunos casos


impulsa inexplicablemente a la víctima a desquitarse con sus seres queridos. A
veces induce al cónyuge o a otro miembro de la familia a enfrentarse al acosador
para demostrar, de modo erróneo, que apoya a la víctima, mientras que en otras
ocasiones, el cónyuge culpa a la víctima de provocar el acoso. En cualquier caso,
el hostigamiento prolongado puede acabar incluso con la paciencia de cónyuges
que por lo general apoyan a su pareja. Con el paso de los años, existen más
posibilidades de que la familia se desintegre.

El acoso psicológico también puede truncar la carrera profesional de una persona y


privarla de sus medios de vida. A veces conduce a la separación matrimonial, el
divorcio o hasta el suicidio. Entre la mitad y dos tercios de las víctimas de acoso

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2.4 Son necesarias las leyes para el acoso callejero

La voluntad del Observatorio contra el Acoso Callejero de Chile (OCAC Chile), de


legislar sobre el acoso sexual en las calles está basada en una cuestión social
grave, que hemos venido denunciando desde 2013 y que este año, gracias a
nuestro segundo estudio, fue validada por la ciudadanía.
En el último año, tres de cada cuatro personas han sufrido acoso callejero,
afectando especialmente a mujeres jóvenes. Asimismo, las víctimas y los testigos
de acoso no son indiferentes: más del 90% opina que es necesario sancionar estas
agresiones. El problema es real e innegable.

Hoy no existe en Chile una figura legal para denunciar y proteger a las víctimas de
acoso callejero. Por eso, proponemos incorporar estos ataques a la legislación del
país, desde sus manifestaciones leves hasta las más graves, porque consideramos
esta forma de violencia en su globalidad y proponemos que la normativa también lo
haga.

Todo contacto corporal, de connotación sexual y no consentido, como “punteos”


[rozar o apoyar los genitales sobre otra persona] o “agarrones” [apretar las nalgas
o bustos de otra persona con las manos], será considerado delito. El acoso callejero
sin contacto físico, como frases sexuales, toma de fotografías, masturbación o
persecución, será falta.

En el proyecto, proponemos, como máximo, multas de 20 unidades tributarias


mensuales (unos US$1.400) para las faltas y 540 días de presidio para los delitos.
Así, se desprende que nadie irá a la cárcel por “piropear”. Ese temor es sólo un
mito.

El objetivo principal de la tipificación es empoderar a las víctimas, quienes necesitan


acogida luego de sufrir una agresión. En la actualidad, si una persona acude a
Fiscalía, a la Policía de Investigaciones (PDI) o a los Carabineros para denunciar
acoso callejero, no encuentra protección: la policía no puede iniciar procesos por

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faltas o delitos que no existen. Así, la Ley de Respeto Callejero, en primera
instancia, es una herramienta para las víctimas, sean éstas hombres o mujeres.

A la vez, en OCAC Chile creemos en el poder de la sensibilización y de la educación.


Por ello, hemos propuesto sanciones alternativas, para no criminalizar meramente
el hecho y evitar privar a las personas de su libertad. De este modo, las multas y la
pena privativa podrán sustituirse por asistir a, por lo menos, cinco sesiones de
sensibilización sobre acoso callejero.

En el caso de una falta por acoso verbal o no verbal (comentarios sexuales


agresivos, abordajes intimidantes), la multa podrá reemplazarse por disculpas
públicas. Con esto, apelamos a que el presidio sea la última opción, que se aplique
sólo ante reincidencias o cuando la agresión vulnere los derechos de quienes tienen
dificultades para defenderse, como niños, niñas o embarazadas.

Además, para avanzar desde el acoso callejero al respeto callejero de la manera


más sana posible, paralelo al proyecto de ley, OCAC Chile entregó al Ejecutivo un
conjunto de recomendaciones para impulsar políticas públicas educativas y
preventivas. Por ejemplo, sugerimos capacitar a Carabineros y PDI sobre acoso
callejero, ya que son estas policías las que reciben las denuncias.

Por todo lo anterior, la aplicación de la Ley de Respeto Callejero sería un tremendo


paso, imprescindible para avanzar hacia espacios públicos seguros, donde se
respete y se resguarde la libertad sexual: no sólo de las mujeres, adolescentes y
niñas, sino de toda la ciudadanía.

En la actualidad es común y, sobre todo necesario, el debate sobre la inseguridad


y violencia en las calles. En un afán de reglamentarlo todo y de defender el efecto
disuasivo de una norma jurídica en los potenciales y actuales agresores, varias
iniciativas han surgido en la región, las cuales conceptualizan, tipifican y sancionan
el acoso callejero —asumiendo que su objetivo principal sea el de reducir las cifras
de acoso en las calles.

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Las propuestas conciben al transporte público como el lugar más propicio para el
acoso callejero, sobre todo en horas pico, cuando hay mayor afluencia de pasajeros.
Dentro de las iniciativas de políticas públicas también se han implementado lo que
comúnmente se conoce como “buses rosados” o “vagones exclusivos” para
mujeres.

Estas acciones, más que generar una reducción significativa en cifras, generan
rechazo. No sólo por parte de los hombres, sino también de muchas mujeres,
porque constituyen una política segregacionista similar a la ocurrida en Estados
Unidos contra la minoría negra. Este tipo de políticas no disminuye el problema del
acoso, apenas podrá prevenir algunos casos dentro de los vagones o autobuses
que agrupan a los pasajeros según su sexo.

Lo único que consigue dividir a hombres de mujeres es profundizar aún más a una
cultura separatista y atrasar el proceso educativo de convivencia plural y respetuosa
que debería existir en las distintas ciudades del mundo. Más allá de la equivocada
idea que los hombres gustan de las mujeres y son los únicos sujetos activos de un
potencial acoso callejero.

Nadie discute que reconocer y conceptualizar públicamente un hecho social, que


culturalmente ha sido concebido como “normal” o común en una determinada
sociedad, como es el acoso callejero—desde un piropo obsceno hasta un acoso
físico o verbal— persigue un efecto “educador” en los individuos. Sin embargo, su
alcance estará limitado a aquellos que se mantienen actualizados sobre la
actualidad legislativa.

La piedra fundamental del acoso radica en la educación, en el hogar, en escuelas y


mediante campañas de comunicación. La norma penal, por lo contrario, es la ultima
ratio y, como lo indica su nombre, debe ser reservada como el último recurso en un
proceso de educación a los individuos en una sociedad. La mayoría de los códigos
penales ya han agregado el acoso sexual como un delito, y añadir más leyes al
respecto solo contribuiría a sobrecargar los archivos nacionales de cada país.

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2.5 Todos los piropos son abuso callejer sirve prohibirlos

Una abogada de la Casa de la Mujer y un filósofo experto en imaginarios urbanos


aseguran que todas estas expresiones sí son acoso callejero, y que son una
muestra más de la cultura patriarcal.
Flickr / OCAC Chile Timbío, Cauca, quiere ser el primer municipio de Colombia libre
de acoso callejero contra las mujeres. Así quedó trazado en un decreto de la alcaldía
del municipio el 25 de noviembre, que estableció que funcionarios, servidores
públicos, contratistas de la administración y la Fuerza Pública no podrán echar
piropos. “Deberán eliminar de sus hábitos cotidianos, expresiones que aludan a los
cuerpos, vestimentas o movimientos de las mujeres, sean funcionarias, contratistas,
practicantes o ciudadanas”.

Según el alcalde local, Libardo Vásquez, las sanciones para quienes incumplan la
medida serán pedagógicas y no económicas, eso incluye capacitaciones con
especialistas y hasta un psiquiatra cuando sea necesario. La iniciativa va
acompañada también de una campaña con la que se instalaron avisos, que dicen
por ejemplo “Un galán no acosa a las mujeres en la calle, hace de Timbío un
territorio seguro para ellas”, en siete puntos considerados más críticos por las
mujeres. La plaza de mercado, el terminal de transporte, el parque central y la
cancha de fútbol, son algunos de ellos.

Aunque la población femenina aplaudió el decreto, algunos hombres la rechazaron


y lo argumentaron diciendo que los piropos no son delito y que estos han estado
presente en la historia, y hacen parte de la costumbre. En entrevista con El
Espectador, Erika Rodríguez, abogada de la Casa de la Mujer, y el filósofo Armando
Silva, director del doctorado de Estudios Sociales de la U. Externado, analizan este
documento y explican si los piropos son acoso callejero.

¿Qué opina del decreto expedido por la Alcaldía de Timbío?

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Una excelente medida, porque reconoce la naturalización y normalización de las
violencias contra las mujeres y toma medidas pedagógicas para erradicarlas
empezando por los y las servidores públicas, lo cual es un gran ejemplo.

Prohibir el piropo suena insólito y hasta folclórico por la tradición de su uso, pero lo
que se quiere poner de presente es su sentido discriminatorio y su carga
intimidatoria contra la mujer; eso no se prohíbe por decreto, pero sí se llama la
atención de un fenómeno machista, ese de lanzarle a la mujer en público una
demostración quizá por su belleza o su estilo, pero en el fondo lo que desea el
provocador es devorarla, comerla. Y acá hay un ataque simbólico y hasta físico.
Hay quienes dicen que los piropos están en el “ADN” de la sociedad y que es algo
natural y parte de la costumbre. ¿Está de acuerdo? No. Los piropos son una
expresión de la cultura patriarcal que asume que los cuerpos de las mujeres habitan
el espacio para satisfacer la mirada y el deseo masculino, y que los varones tienen
el derecho de expresar públicamente sus deseos. No. Es como decir que la violencia
es connatural al hombre por haber nacido en Colombia. Son conductas que se
aprenden, provenientes de una cultura de origen hispánico, el siglo de oro español
con Quevedo fue muy rico en crear esos mensajes cortos e ingeniosos y picantes
para cortejar a una mujer, en especial

¿Qué dice un piropo sobre la sociedad colombiana?

Que continúa viendo a las mujeres como objetos y no como sujetos de derechos.
Un hombre que dice piropos en la calle a las mujeres evidencia su inseguridad e
incapacidad de establecer relaciones con las mujeres en igualdad, por ende
evidencia que es un hombre que se considera inferior aparentando ser superior a
las mujeres Hoy puede ser una acción anacrónica, de hecho queda más bien como
una cierta costumbre provinciana que subsiste aún en ciudades grandes. Si se dice:
“Si cocinas como caminas me como hasta el pegado”, uno de los clásicos, es un
deseo manifiesto de comer y de ver la mujer en la cocina y relacionarla como objeto
para comer sexo, así que hay razón para sublevarse.

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3. CONCLUSIONES

 Los diferentes abusos se presentan contra las mujeres mirando se afectadas


de diferentes formas

 el acoso laboral respecta al acosador, puede tratarse tanto de una mujer


como de un hombre, de un jefe mordaz o de un compañero maquinador. Su
comportamiento se caracteriza por un afán de controlarlo todo, estar
pendiente de hasta el último detalle y humillar a su víctima —a menudo
enfrente de otras personas— con sus continuas críticas destructivas. Estos
individuos casi nunca se dan cuenta de su descortesía ni se disculpan por su
conducta. Sus víctimas suelen ser trabajadores competentes y leales que
gozan de la simpatía del resto de los compañeros.

 La eficacia de los empleados que sufren hostigamiento tiende a disminuir, y


lo mismo sucede con la productividad de los que presencian dicha conducta.
Además, el acoso laboral socava la lealtad y dedicación de los trabajadores
a la empresa. De acuerdo con cierto informe, este tipo de abuso le cuesta a
la industria británica unos 3.000.000.000 de dólares al año, y se dice que
ocasiona más del treinta por ciento de los casos de enfermedad relacionados
con el estrés.

 El cuerpo del varón no ha sido el objeto del deseo, basta con ver los anuncios
comerciales, los programas de televisión etc. Lo que esto indica es que los
hombres han tenido el privilegio y el poder de referirse a los cuerpos de las
mujeres, de tomar decisiones sobre ellas. Los hombres culturalmente son
asumidos como sujetos (con derechos), y las mujeres como objetos. Es una
relación de poder.

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4. BIBLIOGRAFIA

Introducción al acoso callejero

-origenes del acoso callejero

-causas y consecuencia del acoso callejero

-las leyes para acoso callejero

-Piropos del acoso callejero

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