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PALABRAS DEL LUNFARDO

Apoliyar, apolillar: se refiere al sueño o al cansancio.

Argento: Forma vulgar de referirse al gentilicio argentino.

Atorrante: significa vagabundo

Bacán: se denomina a la persona que se considera con mucho dinero

Bagarto: alude a alguien considerado feo/a. Sinónimos: "bagallo", "escracho", "feto", "bagre".

Bancar: como sinónimo de soportar, aguantar, avalar e incluso de cierta complicidad o


tolerancia.

Baranda: hace referencia al mal olor que despide una persona

Bardo : se usa la palabra bardo y su verbo derivado bardear para significar varias cosas:
estupefacción, molestia, problema, embrollo.

Bondi: Bus en especial los autobuses urbanos llamados usualmente colectivos .

Boquear: significa que una persona está hablando de más, con un tono subido y a menudo
utilizando palabras hirientes.

Bufa: También llamado bufarra o bufarrón o bufanda, es el sujeto que gusta de copular o
violar a varones.

Cana: Policía

Capo: tomado por el idioma italiano, y significa jefe, la cabeza o dirigente de alguna
organización.

Cafish: El que vive de las minas (el que gana dinero con las mujeres, particularmente el
proxeneta o rufián).

Chabón, chambón: Sujeto

Chamuyar: Uso de palabras en forma agradable y convincente usando la mentira y la


confusión para lograr alguna meta a costa ajena o impresionar al interlocutor.

Chanta: alguien que no es de fiar, que carece de palabra creíble.

Chicana: Trampa, argucia, garlito, triquiñuela, engaño, ardid, timo.

Cobani: Este término, queda relacionado desde fines del siglo XX, por el continuo uso
despectivo de los términos "bocina", "botón" (bocón) o "soplón" para definir a un policía.

Sinónimos: cana, yuta, rati, botón, azul, cobani, tebigo, bigote, gorra.

Cucha: significa casa. Es muy común escuchar "andate a la cucha" en las provincias
argentinas.
Curro : connota un pseudotrabajo, un fingido trabajo por el cual se cobra a algún incauto,
luego, translaticiamente: estafa, timo, defraudación.

Escolazo: Palabra que alude al juego de azar por dinero, es casi sinónima de timba.

Gil, turro, perejil: Cuando una persona es considerada lenta o tonta, se dice de tal que es gil.

Guita = vento: Dinero.

Laburar: Trabajar. Para trabajo, empleo o puesto de trabajo se utiliza la palabra «laburo».

Linyera: Voz que significa vagabundo e incluso pordiosero que llevaban un bulto de ropa y
escasas pertenencias en ell hombro.

Macana: Ante una situación de infortunio es muy común la expresión "qué macana!" En
sentido de qué mala suerte.

Mango: significa dinero. También se dice guita, sope.

Marote: Cabezón.

Mataburros: Diccionario, enciclopedia, manual educativo o manual de instrucciones.


Mina: Mujer

Minga: ‘No’, ‘nada’.


Morfar: comer.

Ñoqui: Con el significado de aquel que cobra un sueldo fijo por un trabajo que no realiza ya
que es un "acomodado".

Patota:Pandilla, banda de gamberros, conjunto de sujetos que cometen agresiones

Pibe: Sinónimo de niño, muchacho.

Pilcha: Significa ropa.

Piola y canchero: Se dice de alguien que es piola cuando es simpático o tiene entendimiento
de una situación, es experimentado, o es sensato y simpático a la vez.

Piraña: Individuo que con otros saquea en patota casas o negocios.

Pirarse = espiante: Irse.

Pucho = faso: Cigarrillo.

Rati = yuta: Todo oficial de policía es también llamado en el lenguaje porteño como rati

Tano: En Argentina y Uruguay es muy común usar el gentilicio lunfardo tano como
equivalente de italiano o argentino con evidentes orígenes italianos.
Yeta: la palabra utilizada para denominar a la mala suerte.

Yira: Se llama "yira", "yiranta" e incluso "yiro" a la prostituta o meretriz callejera que busca o
es obligada a buscar "clientes" para mantener relaciones sexuales con ella.
Llegan los inmigrantes a la Argentina

La Argentina era hacia el siglo XIX un vasto territorio con una escasa densidad demográfica. La
necesidad de atraer inmigración de Europa era un deseo permanente. Mientras Europa se
industrializaba, Argentina era un país agroganadero que abastecía de materia prima, productos
agrícolas y animales de cría, al viejo continente. A su vez recibía a sus hijos que venían atraídos
por la promesa de trabajo, paz y bienestar; escapando de las guerras y persecuciones; en busca
de mejores horizontes en el nuevo mundo. Aquí se quedaron, tuvieron hijos, mezclaron sus
sangres y sus idiomas, sus culturas y su ambición de pertenencia, aportando a la construcción
de un sueño colectivo, su nuevo país la Argentina.

Los inmigrantes a la Argentina en el siglo XIX

El gran proceso inmigratorio de inicia en Argentina en 1856, año en que llegaron los primeros
inmigrantes provenientes de Suiza, Italia, España, estableciéndose especialmente desde
Buenos Aires hasta el sur del país. Durante este transcurso 4,5 millones de europeos llegaron a
territorio argentino, convirtiendo a Argentina en el segundo país por caudal de inmigración en
todo el mundo.

Los inmigrantes europeos recién llegados que no tuvieron posibilidades de trabajaren el


campo, debieron emplearse como trabajadores asalariados en la ciudad y pasaron a formar
parte de esta clase obrera urbana. De este modo, se fue conformando aceleradamente un sector
obrero numeroso y muy concentrado.».Compuesto por argentinos nativos y, mayoritariamente,
por trabajadores de origen europeo.

Los inmigrantes que arribaron con algunos recursos económicos o que ya desempeñaban un
oficio en Europa, lograron establecerse con un pequeño comercio o montaron su propio taller,
trabajando por cuenta propia —como zapateros, sastres, ebanistas o relojeros, por ejemplo— y
formaron parte de los sectores medios urbanos.
Con el tiempo, muchos hijos de inmigrantes obreros lograron ascender socialmente, por la vía
de una carrera profesional o por medio de un cargo en la administración pública.

Esta cercanía entre los sectores medios y los obreros, favorecida por la pertenencia a una
comunidad de origen, una lengua natal una cultura, un barrio, y la movilidad social que existía
entre esas dos posiciones, permiten designar a esta franja de la sociedad —compuesta por
nativos y un gran número de inmigrantes y sus descendientes— como sectores populares
urbanos.

El torrente inmigratorio concentrado en Buenos. Aires (la ciudad tenía en 1869 casi 180.000
habitantes y, en 1904, 950.000) generó problemas habitacionales, debido a que la ciudad no
estaba preparada para recibir a tantas personas en tan corto lapso. El Hotel de Inmigrantes
sólo era un lugar de estancia transitoria para la gran mayoría de inmigrantes sin recursos.
Luego de permanecer allí unos días, los inmigrantes debían salir y hallar un lugar para vivir, y
lo conseguían en grandes casa donde compartían el baño y hasta el comedor, conocidos como
conventillos.

El conventillo
Se designaba con ese nombre, derivado de una expresión irónica española (convento como
prostíbulo) a una casa que alquilaba cuartos a inmigrantes.

Como consecuencia de este fenómeno de crecimiento, en una ciudad apenas preparada para un
cambio de tal magnitud, nació el conventillo, cuya antesala sórdida y atestada fue el célebre
Hotel de Inmigrantes.

La mudanza de los grupos tradicionales al Barrio Norte (alrededor del 80% por la epidemia de
fiebre amarilla) permitió alojar a numerosas familias, que se hacinaron en los ya obsoletos
caserones del sur.

Los especuladores, a su turno, no tardaron en acondicionar vetustos edificios de la época


colonial o en hacer construir precarios alojamientos para esta demanda poco exigente y ansiosa
por obtener, mal o bien, su techo. La improvisación, el hacinamiento, la falta de servicios
sanitarios y la pobreza sin demasiada esperanza hicieron el resto. Había nacido el
conventillo. La superficie promedio por persona era de 1,6 metros.

Descripción y características del conventillo:

* El patio

Lugar de convivencia de personas, de lenguas e idiosincrasias diversas, también fue sede de


reclamos comunes y de sociabilidad. Allí se forjaban nuevas familias y, a veces, ocurrían
dramas pasionales.

En sus fiestas nació el tango y un género teatral: el sainete.

* El piletón

Hasta mediados de 1880 no hubo agua potable en la ciudad. Los conventillos eran abastecidos
por carros de aguateros, situación que se volvía intolerable en los meses de verano. El uso del
piletón común originaba conflictos.

* Los baños

No había cloacas. Tanto el retrete como el lavabo eran comunes. Había, en los barrios de Once
y La Boca, un servicio cada diez cuartos aproximadamente, según las estadísticas de 1919. Esta
situación provocaba epidemias como el cólera, la fiebre amarilla, el paludismo, los parásitos y
las infecciones.

* La cocina

En algunos casos había cocinas comunes, pero lo más frecuente era que se cocinara en los
cuartos. También se destinaban a la cocina los rincones del patio.

Cada familia cocinaba según sus propios gustos: los piamonteses y genoveses comían
legumbres crudas, queso y pan -los asturianos y gallegos comían tocino y pan- y los criollos
comían puchero.

El vocabulario carcelario: lunfardo carcelario


“Brillo” es azúcar; “rati” -tira al revés- quiere decir policía”; “perro” es un segundo revólver
escondido entre las pertenencias; “feite” es una hoja de afeitar o “filo” para autoagredirse o
atacar a otro; “agujero” es un homosexual; “bolacear” es engañar con la palabra a otro;
“pancho” es un detenido zonzo, indefenso, sin cartel como delincuente; “teca” es el botín de un
asalto.

Estos son algunos, muy pocos, de los vocablos pertenecientes al amplio y pintoresco lunfardo
carcelario hoy en vigencia en los pabellones de las penitenciarías argentinas. Porque los hubo
antiguos y ya pasados de moda y habrá nuevos.

Por esto, pretender agotar la totalidad del abecedario utilizado por los presos en la cárcel y
cuando vuelven al ambiente del delito al recuperar la libertad no sólo resultaría un trabajo
arduo de meses, sino además de casi imposible realización: este vocabulario se renueva
constantemente.