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Index

Carta ‘Placuit Deo’: “Recibimos la salvación traída por Jesús en


la Iglesia” Rosa Die Alcolea
“Cristo es Salvador porque ha asumido nuestra humanidad
integral” Redaccion
Sínodo 2018: Dos jóvenes españoles participarán en el pre-
Sínodo con el Papa Redaccion
El viaje del Papa a Suiza y el 70 ° aniversario del Consejo
Mundial de Iglesias Marina Droujinina
América Latina: La mujer, pilar en la edificación de la Iglesia y
de la sociedad Redaccion
Nicaragua: Margarita Carballo Madrigal, embajadora ante la
Santa Sede Marina Droujinina
Costa Rica: El Papa nombra obispo de Alajuela a Bartolomé
Buigues Oller Redaccion
Francia: La diócesis de Saint Pierre y Miquelon se unió a la de
La Rochelle Rosa Die Alcolea
Armenia: Mons. José Avelino Bettencourt es el nuevo nuncio
apostólico Redaccion
Santa Ángela de la Cruz, 2 de marzo Isabel Orellana Vilches

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01/03/2018-14:02

Rosa Die Alcolea

Carta ‘Placuit Deo’: “Recibimos la salvación


traída por Jesús en la Iglesia”
(ZENIT – 1 marzo 2018).- La Carta Placuit Deo de la Congregación para la Doctrina de
la Fe se ha presentado a las 11 horas en la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

Se trata de una documento escrito a los obispos de la Iglesia Católica, y más en


general, a todos los fieles, sobre algunos aspectos de la salvación cristiana que “hoy
pueden ser difíciles de comprender debido a las recientes transformaciones culturales”,
señalan en el texto. (Leer la Carta)

Han presentado la Carta Mons. Luis F. Ladaria Ferrer, Prefecto de la Congregación para
la Doctrina de la Fe, y Mons. Giacomo Morandi, Secretario de la misma congregación.

Por su parte, Mons. Ladaria Ferrer ha reflexionado sobre cuáles son estas
transformaciones culturales que ofuscan la confesión de la fe cristiana, que proclama a
Jesús como el único y universal Salvador.

“Pelagianismo” y “gnosticimo”

En este sentido, el Prefecto ha apuntado que el Papa Francisco, en su Magisterio


ordinario, a menudo se refiere a dos tendencias que se asemejan, en algunos aspectos,
a dos antiguas herejías, el “pelagianismo” y el “gnosticismo”.

Por el “neo-pelagianismo”, el individuo, radicalmente autónomo, pretende salvarse a sí


mismo, sin reconocer que depende, en lo más profundo de su ser, de Dios y de los
demás, mientras que el “neo-gnosticismo” presenta una salvación meramente interior,
encerrada en el subjetivismo, que consiste en elevarse «con el intelecto hasta los
misterios de la divinidad desconocida».

Unión con Cristo

Esta Carta quiere abordar estas tendencias reduccionistas que amenazan el

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cristianismo actual y “reafirmar que la salvación, de acuerdo con el plan de la alianza del
Padre, consiste en nuestra unión con Cristo”, ha aclarado Mons. Ladaria.

“¿La salvación interesa todavía hoy al hombre?”, ha cuestionado el Arzobispo Ladaria.


“Sí, nuestra experiencia nos enseña que cada hombre está en búsqueda de la
realización y la felicidad propias”, así como la búsqueda de la salud física, del bienestar
económico, de la paz interior, de una convivencia serena.

Satisfacer al hombre

La fe en Cristo nos enseña –ha indicado el Prefecto– rechazando cualquier pretensión


de autorrealización neo-pelagiana mediante la posesión, el poder, la ciencia o la técnica,
que nada de lo creado puede satisfacer al hombre por completo, porque “Dios nos ha
destinado a la comunión con Él y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse
en Él”, como escribe San Agustín.

Respecto a las antiguas doctrinas gnósticas, la salvación que la fe nos anuncia “no
concierne solo a nuestra interioridad, sino a nuestro ser integral”: Es la persona
completa, de hecho, en cuerpo y alma, que ha sido creada por el amor de Dios a su
imagen y semejanza, y está llamada a vivir en comunión con Él, ha anunciado Mons.
Ladaria.

Cristo es el Camino

La gran novedad de Cristo Salvador –ha proclamado el Arzobispo– es que Jesús


Salvador “no se ha limitado a mostrarnos el camino para encontrar a Dios (…). Cristo,
más bien, para abrirnos la puerta de la liberación, se ha convertido Él mismo en el
camino”.

Dónde recibir la salvación

“¿Dónde y cómo podemos recibir esta salvación?”, ha formulado Mons. Giacomo


Morandi, Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la presentación de
la Carta Placuit Deo.

El lugar donde recibimos la salvación traída por Jesús “es la Iglesia, comunidad de
aquellos que, habiendo sido incorporados al nuevo orden de relaciones inaugurado por
Cristo, pueden recibir la plenitud del Espíritu de Cristo”.

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“La participación, en la Iglesia, al nuevo orden de relaciones inaugurado por Jesús
sucede a través de los sacramentos, entre los cuales el bautismo es la puerta, y la
Eucaristía, la fuente y cumbre”, ha aclarado el Secretario Morandi.

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01/03/2018-13:15

Redaccion

“Cristo es Salvador porque ha asumido


nuestra humanidad integral”
(ZENIT – 1 marzo 2018).- “La enseñanza sobre la salvación en Cristo requiere siempre
ser profundizada nuevamente”, advierten los miembros de la Congregación para la
Doctrina de la Fe.

La Congregación pontificia ha publicado una carta, el 1 de marzo de 2018, dirigida a los


obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la salvación cristiana que hoy
“pueden ser difíciles de comprender debido a las recientes transformaciones culturales”,
indican en el mismo texto.

El Papa Francisco aprobó el documento en la Audiencia concedida el día 16 de febrero


de 2018.

Con este documento, se desea reafirmar que “la salvación consiste en nuestra unión
con Cristo, quien, con su Encarnación, vida, muerte y resurrección, ha generado un
nuevo orden de relaciones con el Padre y entre los hombres, y nos ha introducido en
este orden gracias al don de su Espíritu, para que podamos unirnos al Padre como hijos
en el Hijo, y convertirnos en un solo cuerpo en el «primogénito entre muchos hermanos»
(Rm 8, 29)”.

Asimismo, los obispos señalan que el lugar donde recibimos la salvación traída por
Jesús “es la Iglesia”, una “ayuda esencial para superar cualquier tendencia
reduccionista”.

El documento está compuesto de seis partes: La introducción; ‘El impacto de las


transformaciones culturales de hoy en el significado de la salvación cristiana’;
‘Aspiración humana a la salvación’; ‘Cristo, Salvador y Salvación’; ‘La Salvación en la
Iglesia, cuerpo de Cristo’; y la conclusión: ‘Comunicar la fe, esperando al Salvador’.

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Sigue el texto completo de la Carta Placuit Deo, redactada por la Congregación para la
Doctrina de la Fe.

*****

Carta Placuit Deo a los Obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de
la salvación cristiana

I. Introducción

1. «Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su


voluntad (cf. Ef 1, 9), mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo
encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la
naturaleza divina (cf. Ef 2, 18; 2 P 1, 4). […] Pero la verdad íntima acerca de Dios y
acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a
un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación»[1]. La enseñanza sobre la
salvación en Cristo requiere siempre ser profundizada nuevamente. Manteniendo fija la
mirada en el Señor Jesús, la Iglesia se dirige con amor materno a todos los hombres,
para anunciarles todo el designio de la Alianza del Padre que, a través del Espíritu
Santo, quiere «recapitular en Cristo todas las cosas» (cf. Ef 1,1 0). La presente Carta
pretende resaltar, en el surco de la gran tradición de la fe y con particular referencia a la
enseñanza del Papa Francisco, algunos aspectos de la salvación cristiana que hoy
pueden ser difíciles de comprender debido a las recientes transformaciones culturales.

II. El impacto de las transformaciones culturales de hoy en el significado de la


salvación cristiana

2. El mundo contemporáneo percibe no sin dificultad la confesión de la fe cristiana, que


proclama a Jesús como el único Salvador de toda el hombre y de toda la humanidad (cf.
Hch 4, 12; Rm 3, 23-24; 1 Tm 2, 4-5; Tt 2, 11-15).[2] Por un lado, el individualismo
centrado en el sujeto autónomo tiende a ver al hombre como un ser cuya realización
depende únicamente de su fuerza.[3] En esta visión, la figura de Cristo corresponde
más a un modelo que inspira acciones generosas, con sus palabras y gestos, que a
Aquel que transforma la condición humana, incorporándonos en una nueva existencia
reconciliada con el Padre y entre nosotros a través del Espíritu (cf. 2 Co 5, 19; Ef 2, 18).
Por otro lado, se extiende la visión de una salvación meramente interior, la cual tal vez
suscite una fuerte convicción personal, o un sentimiento intenso, de estar unidos a Dios,
pero no llega a asumir, sanar y renovar nuestras relaciones con los demás y con el

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mundo creado. Desde esta perspectiva, se hace difícil comprender el significado de la
Encarnación del Verbo, por la cual se convirtió miembro de la familia humana,
asumiendo nuestra carne y nuestra historia, por nosotros los hombres y por nuestra
salvación.

3. El Santo Padre Francisco, en su magisterio ordinario, se ha referido a menudo a dos


tendencias que representan las dos desviaciones que acabamos de mencionar y que en
algunos aspectos se asemejan a dos antiguas herejías: el pelagianismo y el gnosticismo.
[4] En nuestros tiempos, prolifera una especia de neo-pelagianismo para el cual el
individuo, radicalmente autónomo, pretende salvarse a sí mismo, sin reconocer que
depende, en lo más profundo de su ser, de Dios y de los demás. La salvación es
entonces confiada a las fuerzas del individuo, o las estructuras puramente humanas,
incapaces de acoger la novedad del Espíritu de Dios.[5] Un cierto neo-gnosticismo, por
su parte, presenta una salvación meramente interior, encerrada en el subjetivismo,[6]
que consiste en elevarse «con el intelecto hasta los misterios de la divinidad
desconocida».[7] Se pretende, de esta forma, liberar a la persona del cuerpo y del
cosmos material, en los cuales ya no se descubren las huellas de la mano providente
del Creador, sino que ve sólo una realidad sin sentido, ajena de la identidad última de la
persona, y manipulable de acuerdo con los intereses del hombre.[8] Por otro lado, está
claro que la comparación con las herejías pelagiana y gnóstica solo se refiere a rasgos
generales comunes, sin entrar en juicios sobre la naturaleza exacta de los antiguos
errores. De hecho, la diferencia entre el contexto histórico secularizado de hoy y el de
los primeros siglos cristianos, en el que nacieron estas herejías, es grande[9]. Sin
embargo, en la medida en que el gnosticismo y el pelagianismo son peligros perennes
de una errada comprensión de la fe bíblica, es posible encontrar cierta familiaridad con
los movimientos contemporáneos apenas descritos.

4. Tanto el individualismo neo-pelagiano como el desprecio neo-gnóstico del cuerpo


deforman la confesión de fe en Cristo, el Salvador único y universal. ¿Cómo podría
Cristo mediar en la Alianza de toda la familia humana, si el hombre fuera un individuo
aislado, que se autorrealiza con sus propias fuerzas, como lo propone el neo-
pelagianismo? ¿Y cómo podría llegar la salvación a través de la Encarnación de Jesús,
su vida, muerte y resurrección en su verdadero cuerpo, si lo que importa solamente es
liberar la interioridad del hombre de las limitaciones del cuerpo y la materia, según la
nueva visión neo-gnóstica? Frente a estas tendencias, la presente Carta desea reafirmar
que la salvación consiste en nuestra unión con Cristo, quien, con su Encarnación, vida,
muerte y resurrección, ha generado un nuevo orden de relaciones con el Padre y entre
los hombres, y nos ha introducido en este orden gracias al don de su Espíritu, para que

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podamos unirnos al Padre como hijos en el Hijo, y convertirnos en un solo cuerpo en el
«primogénito entre muchos hermanos» (Rm 8, 29).

III. Aspiración humana a la salvación

5. El hombre se percibe a sí mismo, directa o indirectamente, como un enigma: ¿Quién


soy yo que existo, pero no tengo en mí el principio de mi existir? Cada persona, a su
modo, busca la felicidad, e intenta alcanzarla recurriendo a los recursos que tiene a
disposición. Sin embargo, esta aspiración universal no necesariamente se expresa o se
declara; más bien, es más secreta y oculta de lo que parece, y está lista para revelarse
en situaciones particulares. Muy a menudo coincide con la esperanza de la salud física,
a veces toma la forma de ansiedad por un mayor bienestar económico, se expresa
ampliamente a través de la necesidad de una paz interior y una convivencia serena con
el prójimo. Por otro lado, si bien la cuestión de la salvación se presenta como un
compromiso por un bien mayor, también conserva el carácter de resistencia y
superación del dolor. A la lucha para conquistar el bien, se une la lucha para defenderse
del mal: de la ignorancia y el error, de la fragilidad y la debilidad, de la enfermedad y la
muerte.

6. Con respecto a estas aspiraciones, la fe en Cristo nos enseña, rechazando cualquier


pretensión de autorrealización, que solo se pueden realizar plenamente si Dios mismo lo
hace posible, atrayéndonos hacia Él mismo. La salvación completa de la persona no
consiste en las cosas que el hombre podría obtener por sí mismo, como la posesión o el
bienestar material, la ciencia o la técnica, el poder o la influencia sobre los demás, la
buena reputación o la autocomplacencia.[10] Nada creado puede satisfacer al hombre
por completo, porque Dios nos ha destinado a la comunión con Él y nuestro corazón
estará inquieto hasta que descanse en Él.[11] «La vocación suprema del hombre en
realidad es una sola, es decir, la divina».[12] La revelación, de esta manera, no se limita
a anunciar la salvación como una respuesta a la expectativa contemporánea. «Si la
redención, por el contrario, hubiera de ser juzgada o medida por la necesidad existencial
de los seres humanos, ¿cómo podríamos soslayar la sospecha de haber simplemente
creado un Dios Redentor a imagen de nuestra propia necesidad?».[13]

7. Además es necesario afirmar que, de acuerdo con la fe bíblica, el origen del mal no
se encuentra en el mundo material y corpóreo, experimentada como un límite o como
una prisión de la que debemos ser salvados. Por el contrario, la fe proclama que todo el
cosmos es bueno, en cuanto creado por Dios (cf. Gn 1, 31; Sb 1, 13-14; 1 Tm 4 4), y
que el mal que más daña al hombre es el que procede de su corazón (cf. Mt 15, 18-19;
Gn

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3, 1-19). Pecando, el hombre ha abandonado la fuente del amor y se ha perdido en
formas espurias de amor, que lo encierran cada vez más en sí mismo. Esta separación
de Dios – de Aquel que es fuente de comunión y de vida – que conduce a la pérdida de
la armonía entre los hombres y de los hombres con el mundo, introduciendo el dominio
de la disgregación y de la muerte (cf. Rm 5, 12). En consecuencia, la salvación que la fe
nos anuncia no concierne solo a nuestra interioridad, sino a nuestro ser integral. Es la
persona completa, de hecho, en cuerpo y alma, que ha sido creada por el amor de Dios
a su imagen y semejanza, y está llamada a vivir en comunión con Él.

IV. Cristo, Salvador y Salvación

8. En ningún momento del camino del hombre, Dios ha dejado de ofrecer su salvación a
los hijos de Adán (cf. Gn 3, 15), estableciendo una alianza con todos los hombres en
Noé (cf. Gn 9, 9) y, más tarde, con Abraham y su descendencia (cf. Gn 15, 18). La
salvación divina asume así el orden creativo compartido por todos los hombres y recorre
su camino concreto a través de la historia. Eligiéndose un pueblo, a quien ha ofrecido
los medios para luchar contra el pecado y acercarse a Él, Dios ha preparado la venida
de «un poderoso Salvador en la casa de David, su servidor» (Lc 1, 69). En la plenitud de
los tiempos, el Padre ha enviado a su Hijo al mundo, quien anunció el reino de Dios,
curando todo tipo de enfermedades (cf. Mt 4, 23). Las curaciones realizadas por Jesús,
en las cuales se hacía presente la providencia de Dios, eran un signo que se refería a
su persona, a Aquel que se ha revelado plenamente como el Señor de la vida y la
muerte en su evento pascual. Según el Evangelio, la salvación para todos los pueblos
comienza con la aceptación de Jesús: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa» (Lc 19,
9). La buena noticia de la salvación tienen nombre y rostro: Jesucristo, Hijo de Dios,
Salvador. «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino
por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a
la vida y, con ello, una orientación decisiva».[14]

9. La fe cristiana, a través de su tradición centenaria, ha ilustrado, a través de muchas


figuras, esta obra salvadora del Hijo encarnado. Lo ha hecho sin nunca separar el
aspecto curativo de la salvación, por el que Cristo nos rescata del pecado, del aspecto
edificante, por el cual Él nos hace hijos de Dios, partícipes de su naturaleza divina (cf. 2
P 1, 4). Teniendo en cuenta la perspectiva salvífica que desciende (de Dios que viene a
rescatar a los hombres), Jesús es iluminador y revelador, redentor y liberador, el que
diviniza al hombre y lo justifica. Asumiendo la perspectiva ascendiente (desde los
hombres que acuden a Dios), Él es el que, como Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza,
ofrece al Padre, en el nombre de los hombres, el culto perfecto: se sacrifica, expía los

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pecados y permanece siempre vivo para interceder a nuestro favor. De esta manera
aparece, en la vida de Jesús, una admirable sinergia de la acción divina con la acción
humana, que muestra la falta de fundamento de la perspectiva individualista. Por un
lado, de hecho, el sentido descendiente testimonia la primacía absoluta de la acción
gratuita de Dios; la humildad para recibir los dones de Dios, antes de cualquier acción
nuestra, es esencial para poder responder a su amor salvífico. Por otra parte, el sentido
ascendiente nos recuerda que, por la acción humana plenamente de su Hijo, el Padre
ha querido regenerar nuestras acciones, de modo que, asimilados a Cristo, podamos
hacer «buenas obras, que Dios preparó de antemano para que las practicáramos» (Ef 2,
10).

10. Está claro, además, que la salvación que Jesús ha traído en su propia persona no
ocurre solo de manera interior. De hecho, para poder comunicar a cada persona la
comunión salvífica con Dios, el Hijo se ha hecho carne (cf. Jn 1, 14). Es precisamente
asumiendo la carne (cf. Rm 8, 3; Hb 2, 14: 1 Jn 4, 2), naciendo de una mujer (cf. Ga 4,
4), que «se hizo el Hijo de Dios Hijo del Hombre»[15] y nuestro hermano (cf. Hb 2, 14).
Así, en la medida en que Él ha entrado a formar parte de la familia humana, «se ha
unido, en cierto modo, con todo hombre»[16] y ha establecido un nuevo orden de
relaciones con Dios, su Padre, y con todos los hombres, en quienes podemos ser
incorporado para participar a su propia vida. En consecuencia, la asunción de la carne,
lejos de limitar la acción salvadora de Cristo, le permite mediar concretamente la
salvación de Dios para todos los hijos de Adán.

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11. En conclusión, para responder, tanto al reduccionismo individualista de tendencia
pelagiana, como al reduccionismo neo-gnóstico que promete una liberación meramente
interior, es necesario recordar la forma en que Jesús es Salvador. No se ha limitado a
mostrarnos el camino para encontrar a Dios, un camino que podríamos seguir por
nuestra cuenta, obedeciendo sus palabras e imitando su ejemplo. Cristo, más bien, para
abrirnos la puerta de la liberación, se ha convertido Él mismo en el camino: «Yo soy el
camino» (Jn 14, 6).[17] Además, este camino no es un camino meramente interno, al
margen de nuestras relaciones con los demás y con el mundo creado. Por el contrario,
Jesús nos ha dado un «camino nuevo y viviente que él nos abrió a través del velo del
Templo, que es su carne» (Hb 10, 20). En resumen, Cristo es Salvador porque ha
asumido nuestra humanidad integral y vivió una vida humana plena, en comunión con el
Padre y con los hermanos. La salvación consiste en incorporarnos a nosotros mismos
en su vida, recibiendo su Espíritu (cf. 1 Jn 4, 13). Así se ha convirtió «en cierto modo, en
el principio de toda gracia según la humanidad».[18] Él es, al mismo tiempo, el Salvador
y la Salvación.

V. La Salvación en la Iglesia, cuerpo de Cristo

12. El lugar donde recibimos la salvación traída por Jesús es la Iglesia, comunidad de
aquellos que, habiendo sido incorporados al nuevo orden de relaciones inaugurado por
Cristo, pueden recibir la plenitud del Espíritu de Cristo (Rm 8, 9). Comprender esta
mediación salvífica de la Iglesia es una ayuda esencial para superar cualquier tendencia
reduccionista. La salvación que Dios nos ofrece, de hecho, no se consigue sólo con las
fuerzas individuales, como indica el neo-pelagianismo, sino a través de las relaciones
que surgen del Hijo de Dios encarnado y que forman la comunión de la Iglesia. Además,
dado que la gracia que Cristo nos da no es, como pretende la visión neo-gnóstica, una
salvación puramente interior, sino que nos introduce en las relaciones concretas que Él
mismo vivió, la Iglesia es una comunidad visible: en ella tocamos el carne de Jesús,
singularmente en los hermanos más pobres y más sufridos. En resumen, la mediación
salvífica de la Iglesia, «sacramento universal de salvación»,[19] nos asegura que la
salvación no consiste en la autorrealización del individuo aislado, ni tampoco en su
fusión interior con el divino, sino en la incorporación en una comunión de personas que
participa en la comunión de la Trinidad.

13. Tanto la visión individualista como la meramente interior de la salvación contradicen


también la economía sacramental a través de la cual Dios ha querido salvar a la persona
humana. La participación, en la Iglesia, al nuevo orden de relaciones inaugurado por

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Jesús sucede a través de los sacramentos, entre los cuales el bautismo es la puerta,[20]
y la Eucaristía, la fuente y cumbre.[21] Así vemos, por un lado, la inconsistencia de las
pretensiones de auto-salvación, que solo cuentan con las fuerzas humanas. La fe
confiesa, por el contrario, que somos salvados por el bautismo, que nos da el carácter
indeleble de pertenencia a Cristo y a la Iglesia, del cual deriva la transformación de
nuestro modo concreto de vivir las relaciones con Dios, con los hombres y con la
creación (cf. Mt 28, 19). Así, limpiados del pecado original y de todo pecado, estamos
llamados a una vida nueva existencia conforme a Cristo (cf. Rm 6, 4). Con la gracia de
los siete sacramentos, los creyentes crecen y se regeneran continuamente,
especialmente cuando el camino se vuelve más difícil y no faltan las caídas. Cuando,
pecando, abandonan su amor a Cristo, pueden ser reintroducidos, a través del
sacramento de la Penitencia, en el orden de las relaciones inaugurado por Jesús, para
caminar como ha caminado Él (cf. 1 Jn 2, 6). De esta manera, miramos con esperanza
el juicio final, en el que se juzgará a cada persona en la realidad de su amor (cf. Rm 13,
8-10), especialmente para los más débiles (cf. Mt 25, 31-46).

14. La economía salvífica sacramental también se opone a las tendencias que proponen
una salvación meramente interior. El gnosticismo, de hecho, se asocia con una mirada
negativa en el orden creado, comprendido como limitación de la libertad absoluta del
espíritu humano. Como consecuencia, la salvación es vista como la liberación del
cuerpo y de las relaciones concretas en las que vive la persona. En cuanto somos
salvados, en cambio, «por la oblación del cuerpo de Jesucristo» (Hb 10, 10; cf. Col 1,
22), la verdadera salvación, lejos de ser liberación del cuerpo, también incluye su
santificación (cf. Ro 12, 1). El cuerpo humano ha sido modelado por Dios, quien ha
inscrito en él un lenguaje que invita a la persona humana a reconocer los dones del
Creador y a vivir en comunión con los hermanos.[22] El Salvador ha restablecido y
renovado, con su Encarnación y su misterio pascual, este lenguaje originario y nos lo ha
comunicado en la economía corporal de los sacramentos. Gracias a los sacramentos,
los cristianos pueden vivir en fidelidad a la carne de Cristo y, en consecuencia, en
fidelidad al orden concreto de relaciones que Él nos ha dado. Este orden de relaciones
requiere, de manera especial, el cuidado de la humanidad sufriente de todos los
hombres, a través de las obras de misericordia corporales y espirituales.[23]

VI. Conclusión: comunicar la fe, esperando al Salvador

15. La conciencia de la vida plena en la que Jesús Salvador nos introduce empuja a los
cristianos a la misión, para anunciar a todos los hombres el gozo y la luz del Evangelio.
[24] En este esfuerzo también estarán listos para establecer un diálogo sincero y

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constructivo con creyentes de otras religiones, en la confianza de que Dios puede
conducir a la salvación en Cristo a «todos los hombres de buena voluntad, en cuyo
corazón obra la gracia».[25] Mientras se dedica con todas sus fuerzas a la
evangelización, la Iglesia continúa a invocar la venida definitiva del Salvador, ya que «en
esperanza estamos salvados» (Rm 8, 24). La salvación del hombre se realizará
solamente cuando, después de haber conquistado al último enemigo, la muerte (cf. 1 Co
15, 26), participaremos plenamente en la gloria de Jesús resucitado, que llevará a
plenitud nuestra relación con Dios, con los hermanos y con toda la creación. La
salvación integral del alma y del cuerpo es el destino final al que Dios llama a todos los
hombres. Fundados en la fe, sostenidos por la esperanza, trabajando en la caridad,
siguiendo el ejemplo de María, la Madre del Salvador y la primera de los salvados,
estamos seguros de que «somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que
venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo. El transformará nuestro pobre cuerpo
mortal, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso, con el poder que tiene para poner
todas las cosas bajo su dominio» (Flp 3, 20-21).

El Sumo Pontífice Francisco, en la Audiencia concedida el día 16 de febrero de 2018.


Ha aprobado esta Carta, decidida en la Sesión Ordinaria de esta Congregación el 24 de
enero de 2018, y ha ordenado su publicación.

Dado en Roma, en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 22 de


febrero de 2018, Fiesta de la Cátedra de San Pedro.

X Luis F. Ladaria, S.I.

Arzobispo titular de Thibica

Prefecto

X Giacomo Morandi

Arzobispo titular de Cerveteri

Secretario

© Librería Editorial Vaticano

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01/03/2018-19:33

Redaccion

Sínodo 2018: Dos jóvenes españoles


participarán en el pre-Sínodo con el Papa
La Conferencia Episcopal Española (CEE), a través de su departamento de Pastoral de
Juventud, ha elegido a los dos jóvenes españoles que participarán en el pre-Sínodo con
el papa Francisco y jóvenes de todo el mundo en el Vaticano, que tendrá lugar del 19 al
24 de marzo. Cristina Cons Rodríguez, de la diócesis de Santiago de Compostela, y
Javier Medina Sierra, de la diócesis de Valencia, serán los encargados de representar a
los jóvenes católicos españoles en la citada reunión pre-sinodal.

Estos dos jóvenes fueron elegidos en un Seminario convocado por el departamento de


Pastoral de Juventud de la CEE sobre el tema del discernimiento los días 27 y 28 de
enero pasados. El encuentro se celebró como preparación al próximo Sínodo de los
Obispos sobre “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, que tendrá lugar el
próximo mes de octubre en Roma.

A este Seminario asistieron 40 jóvenes que representaban a todas las realidades


juveniles de España: jóvenes que viven su fe en parroquias, en las responsabilidades
diocesanas; jóvenes que pertenecen a los movimientos juveniles de ámbito nacional y
jóvenes que están en grupos de fe de congregaciones religiosas e institutos seculares.

Cristina Cons Rodríguez

Cristina Cons Rodríguez, de 23 años de edad, pertenece a la diócesis de Santiago de


Compostela. Es miembro electo del Consejo Diocesano de Pastoral Juvenil por la
vicaría de Santiago y miembro electo de la Coordinadora Diocesana de Pastoral Juvenil,
así como catequista post-comunión en la parroquia de San Fernando de Santiago.

Destaca su participación en el Proyecto “Evangelizaño” durante este curso 2017-18, que


lo forman jóvenes de la diócesis dedicados un año entero a la evangelización a los
jóvenes. Forma parte del equipo que dirige “Alpha Universitarios” en Santiago de
Compostela y es miembro de la Antorcha diocesana que dirige el proyecto “Centinelas

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de la Mañana de Primer Anuncio”.

También desarrolla tareas como monitora de Educación afectivo sexual con


adolescentes y padres en distintos colegios y parroquias. En cuanto a su formación
académica es Grado en Pedagogía y Máster universitario en Profesorado de Educación
Secundaria con la especialidad de Orientación Educativa.

Javier Medina Sierra

Javier Medina Sierra, con 27 años, es un joven de la diócesis de Valencia, natural de la


parroquia de Santa Catalina de Alzira (Valencia). Ha participado como niño, adolescente
y joven en el Centro Juniors MD “Santa Catalina” de su parroquia, donde pertenece al
equipo de educadores, y ha ejercido como Coordinador de dicho centro, en el que
actualmente hay unos 40 educadores y 280 niños, adolescentes y jóvenes de la
parroquia.

En el ámbito diocesano forma parte del Equipo coordinador de Juniors MD (Movimiento


Diocesano), donde actualmente es profesor y director de su Escuela de Tiempo Libre
(JEA). Colaboró en la organización del Encuentro Europeo de Taizè en Valencia en el
2015-16.

Profesionalmente es Grado en Historia y Máster de Profesorado de Educación


Secundaria. Actualmente trabaja en la Fundación “San Vicente Mártir” de Colegios
Diocesanos en Valencia.

Qué es el pre-Sínodo

El papa Francisco convocó a jóvenes católicos, de diferentes confesiones cristianas, de


otras religiones y jóvenes no creyentes de todo el mundo a participar en una reunión de
preparación a la XV Asamblea General ordinaria del sínodo de los Obispos 2018. A este
encuentro que se celebrará en el Vaticano, del 19 al 24 de marzo próximo, están
invitados alrededor de 300 participantes.

Además, el Santo Padre ha expresado su deseo de que los jóvenes de todo el mundo
estén conectados durante esos días y puedan dialogar mediante internet y las redes
sociales en la reunión pre-sinodal. El hashtag será #synod2018.

Conferencia Episcopal Española

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01/03/2018-19:21

Marina Droujinina

El viaje del Papa a Suiza y el 70 ° aniversario


del Consejo Mundial de Iglesias
(ZENIT – 1 marzo 2018).- Las iniciativas para las celebraciones del 70° aniversario del
Consejo Mundial de Iglesias (CMI), y por lo tanto también el viaje papal a Ginebra, serán
presentadas mañana, viernes 2 de marzo de 2018, a las 13 horas, en el Vaticano.

Estarán a cargo de la presentación el Cardenal Kurt Koch, Presidente del Consejo


Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, y el pastor Olav Fykse Tveit,
secretario general del CMI.

El Papa Francisco fue invitado por el CMI a Ginebra para participar en las celebraciones
y por el Consejo Federal Suizo y su Presidente. La posibilidad de este viaje “está en
estudio”, según la Sala de Prensa del Vaticano.

El Consejo Mundial de Iglesias (fundado en 1948) tiene actualmente 348 iglesias


miembros: ortodoxas, anglicanas, bautistas, luteranas, metodistas y reformadas, de
alrededor de 100 países.

La Iglesia Católica no es una de ellas, pero desde 1965 un Grupo de Trabajo Conjunto
(JWG) se ha estado reuniendo regularmente para discutir asuntos de interés común y
para alentar la colaboración.

Zenit Newsletter Page 16


01/03/2018-19:55

Redaccion

América Latina: La mujer, pilar en la


edificación de la Iglesia y de la sociedad
(ZENIT – 1 marzo 2018).- “La mujer, pilar en la edificación de la Iglesia y de la sociedad
en América Latina” ha sido el tema escogido por el Papa Francisco para la próxima
Asamblea Plenaria de la Comisión Pontificia para América Latina (CAL), que tendrá
lugar en el Vaticano del 6 al 9 de marzo de 2018.

No es de extrañar esta elección si todavía resuenan las palabras que el Papa dirigió a
60 Obispos de Latinoamérica reunidos por el CELAM en Bogotá: “¡La esperanza en
América Latina tiene un rostro femenino! (…).“Es un serio deber comprender, respetar,
valorizar, promover la fuerza eclesial y social de cuanto realizan (…). “Sin las mujeres la
Iglesia del continente perdería la fuerza de renacer continuamente”.

“Hay una dimensión femenina de la salvación que pasa por María, por la Iglesia, por
madres y abuelas”, señaló Francisco en Perú.

Estas palabras volvieron a marcar a fuego las arraigadas situaciones de injusticia que
todavía sufren las mujeres a causa del “machismo” en la región, sea porque quedan
abandonadas como madres que, solas, tienen que cargar con el cuidado, sostén y
educación de la prole, sea por las odiosas discriminaciones que sufren en ámbitos
laborales, sea porque sobre ellas se descargan especialmente las condiciones de
pobreza e indigencia e incluso de todo tipo de violencias, que llegan hasta los muy
numerosos casos de feminicidios.

Dado que todos los miembros y consejeros de la CAL son Cardenales y Obispos, se ha
invitado excepcionalmente a esta Plenaria a unas 35 personalidades femeninas de
América Latina, con muy distintas responsabilidades sociales y eclesiales. Su presencia,
experiencia y competencia serán fundamentales para enriquecer las reflexiones e
intercambios de experiencias previstas.

Programa de la Asamblea

Zenit Newsletter Page 17


El programa de la Asamblea prevé cuatro conferencias: la Prof. Ana María Bidegain
destacará “los obstáculos y puntos de apoyo para la ‘promoción’ de la mujer en la
realidad latinoamericana.

Por otro lado, el Dr. Guzmán Carriquiry repasará las mujeres que, en la historia de
América Latina, han marcado “la pauta de una transformación cultural”; el Cardenal
Francisco Robles disertará sobre “la presencia de la Virgen María y el papel de la mujer
en la evangelización de los pueblos latinoamericanos” y el Cardenal Marc Ouellet,
presidente de la CAL, lo hará sobre “la mujer a la luz del misterio de la Trinidad y de la
Iglesia”.

Asimismo, una serie sucesiva de paneles afrontarán la realidad de la mujer, “pilar de la


familia y del cuidado de la vida”, como “educadora y catequista”, en el ámbito del trabajo
y de la política, en el empeño de “solidaridad con los pobres y el cuidado de la casa
común” y en “la edificación de la Iglesia”.

Los trabajos de la Asamblea Plenaria de la CAL serán coronados por una audiencia con
el Santo Padre Francisco en la mañana del día viernes 9 de marzo.

Homenaje a las mujeres

En el trabajo de preparación de esta Asamblea no fue posible no tener muy presente


que en sus jornadas de realización quedaba incluido la del 8 de marzo, “Día
internacional de la mujer”. Por eso, la CAL ha tenido la iniciativa de invitar a una cena de
amistad y homenaje precisamente en ese día, junto con todos los participantes a la
Asamblea, a unas 40 mujeres que trabajan en el Vaticano a muy distintos niveles de
responsabilidad.

Por razones logísticas y económicas no ha sido posible invitar a las aproximadamente


700 mujeres que trabajan en el Vaticano, que serán simbólicamente representadas por
las participantes en esa cena. Ésta será acompañada y animada por canciones
populares que ponen de relieve la figura de la mujer.

Zenit Newsletter Page 18


01/03/2018-19:54

Marina Droujinina

Nicaragua: Margarita Carballo Madrigal,


embajadora ante la Santa Sede
El Papa Francisco recibió a la nueva embajadora de Nicaragua ante la Santa Sede,
Esther Margarita Carballo Madrigal, el jueves por la mañana, 1 de marzo de 2018, con
motivo de la presentación de sus credenciales en el Vaticano.

Es especialista en ciencias de la educación y madre de dos hijas. La Sra. Carballo


Madrigal nació en Catarina el 30 de enero de 1954.

Es licenciada en Ciencias de la Educación con especialización en Biología, Ciencias


Naturales y Química en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua. También se
especializó en educación universitaria (Universidad de San Carlos) y obtuvo una
maestría en metodología de investigación y evaluación de la educación superior
(Universidad Autónoma de Barcelona, España).

Ella comenzó su carrera como maestra de educación primaria en la Escuela San Juan
de Oriente (1975-1979).

Ha trabajado como profesora titular de ciencias biológicas en el Instituto Héroes y


Mártires de Masatepe (1980-1984) y consultora metodológica en el departamento de
enseñanza metodológica de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAN-Managua
(1984-1986).

Trabajó durante varios años en la Universidad Nacional de Agricultura: primero como


Jefa del Departamento de Registro y Estadística del Instituto Superior de Ciencias
Agrícolas (1987-1993) y luego como Secretaria General (1993 -1997) , como miembro
del Sector de Desarrollo de la Educación y el Currículo (1997-1998), como Secretario
Académico de la Facultad de Recursos Naturales y Medio Ambiente (1998-2002).

De 2002 a 2009, ocupó el cargo de Decana de la Facultad de Recursos Naturales y


Medio Ambiente (FARENA).

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Fue secretaria general del Consejo Nacional de Universidades (2006-2013).

Hace dos semanas, el 15 de febrero de 2018, el Papa Francisco nombró al Obispo


Waldemar Stanis?aw Sommertag como Nuncio Apostólico en Nicaragua.

El Papa también recibió a los diez obispos de Nicaragua, en visita ad limina, el 16 de


septiembre de 2017.

Según Ayuda a la Iglesia Necesitada, Nicaragua, un país de América Central, entre el


Pacífico y el Mar Caribe, en el sur de Honduras y el norte de Costa Rica, tiene más de
5.8 millones de habitantes, 96.2% de los cuales son cristianos.

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01/03/2018-18:05

Redaccion

Costa Rica: El Papa nombra obispo de


Alajuela a Bartolomé Buigues Oller
(ZENIT – 1 marzo 2018).- El Papa ha nombrado obispo de Alajuela (Costa Rica) al P.
Bartolomé Buigues Oller, Amigoniano, hasta ahora Consejero Provincial Superior Local
y maestro de novicios en el Seminario de los Religiosos Capuchinos Terciarios de la
Virgen de los Dolores en San José (Costa Rica).

Nombramiento con motivo de la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Alajuela


(Costa Rica), presentada por el obispo agustino recoleto Mons. Ángel San Casimiro
Fernández, aceptada por el Papa Francisco.

P. Bartolomé Buigues Oller

El P. Bartolomé Buigues Oller, amigoniano, nació en Teulada (España), diócesis de


Alicante, el 7 de marzo de 1963. Después de asistir a la escuela primaria y secundaria
en su ciudad natal, entró como aspirante a la vida religiosa en el seminario de los
Terciarios Capuchinos en Godella, diócesis de Valencia. Hizo el postulantado y el
noviciado en Burgos. Pronunció los votos perpetuos el 25 de junio de 1988. Se licenció
en Teología en la Facultad Teológica de San Vicente Ferrer en Valencia (España), en
Teología Pastoral en la Universidad Pontificia de Salamanca, en Gestión de Centros
Educativos en el ‘Instituto Félix Evaristo’ en Santo Domingo y en Antropología Social y
Cultural en la Universidad Estatal de Costa Rica.

Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de abril de 1989.

Ha ocupado los siguientes cargos: Pastoral Militar en Morón de la Frontera, España


(1989-1990), formador en el Colegio Fundación Caldeiro en Madrid (1990-1992),
prefecto de postulantes, superior local y maestro de novicios, Costa Rica (1992- 1999),
Superior de la Comunidad Hogar de Niños en Santa Cruz (Bolivia), responsable de la
pastoral vocacional y después vicario provincial de la provincia del Cono Sur de América
del Sur (2000-2004), Superior de la Comunidad y Superior del Centro Infantil Hainamosa
S en Santo Domingo, República Dominicana (2004-2007), Consejero general en Roma

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(2007-2010) y Superior provincial en Costa Rica (2010-2013). Desde 2013 es Superior
local, maestro de novicios en el Seminario de la Orden en San José y Consejero
provincial y, desde 2016, presidente de la Conferencia de Religiosos de Costa Rica.

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01/03/2018-18:34

Rosa Die Alcolea

Francia: La diócesis de Saint Pierre y


Miquelon se unió a la de La Rochelle
(ZENIT – 1 marzo 2018).- El Papa Francisco ha decidido adjuntar a la diócesis de La
Rochelle (Francia) las parroquias del territorio Iles Saint-Pierre y Miquelon – el
archipiélago francés al sur de la isla canadiense de Terranova – anunciar la Santa Sede
y la Conferencia obispos de Francia.

El obispo George Colomb, obispo de La Rochelle viajará a St. Pierre y Miquelon, a más
de 4.000 km de la costa francesa, del 4 al 11 de abril de 2018, para encontrarse con los
católicos del archipiélago.

Renuncia de Mons. Pierre-Marie Gaschy

Al mismo tiempo, el Papa Francisco ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral del


vicariato apostólico de Iles Saint-Pierre et Miquelon presentada por Mons. Pierre-Marie
Gaschy, Espiritano, a las 76 años de edad.

Mons. Pierre-Marie Gaschy nació el 26 de junio 1941. En 1968 profesó como miembro
de la Congregación del Espíritu Santo, y el 6 de julio del año siguiente fue ordenado
sacerdote para esa Congregación.

El 19 de junio de 2009 fue nombrado vicario apostólico de Iles Saint-Pierre et Miquelon y


obispo de Usinaza.

Con Anita Bourdin

Zenit Newsletter Page 23


01/03/2018-18:15

Redaccion

Armenia: Mons. José Avelino Bettencourt es


el nuevo nuncio apostólico
(ZENIT – 1 marzo 2018).- El Santo Padre ha nombrado nuncio apostólico a Armenia a
Mons. José Avelino Bettencourt, arzobispo de Cittanova.

El pasado 26 de febrero, la Santa Sede hizo público el nombramiento por parte del Papa
Francisco de Mons. José Avelino Bettencourt como arzobispo titular de Cittanova.

Anteriormente, Mons. Bettencourt fue Jefe de Protocolo de la Secretaría de Estado,


cargo para el que fue designado el 14 de noviembre de 2012.

El reverendo Mons. José Avelino Bettencourt nació en las Azores (Portugal) el 23 de


mayo de 1962. Fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1993. Fue incardinado en
Ottawa (Canadá). Es licenciado en Derecho Canónico.

Ingresó en el servicio diplomático de la Santa Sede el 1 de julio de 1999, ha prestado


servicio en la Nunciatura Apostólica en la República Democrática del Congo y en la
Sección de Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado.

Idiomas conocidos: inglés, francés, italiano, portugués y español.

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01/03/2018-08:19

Isabel Orellana Vilches

Santa Ángela de la Cruz, 2 de marzo


«Pobre con los pobres, así vivió esta humilde monja que quiso por encima de todo
estar clavada a la cruz de Cristo. Y este es el signo que vinculó a su nombre, que
dio a su fundación y el que marcó su quehacer apostólico»

Ángela Guerrero González nació en la espléndida ciudad de Sevilla, España, el 30 de


enero de 1846. Su padre era cocinero en el convento de los padres Trinitarios y su
esposa trabajaba también para los religiosos. En el hogar nacieron catorce hijos, de los
cuales sobrevivieron seis. Su madre llegó a conocer su fundación. Angela era humilde,
sencilla, muy alegre, devota y gran trabajadora; tenía un buen ejemplo en sus
progenitores. Uno de los primeros recuerdos de su infancia, bien conocidos, fue su
repentina desaparición –cosa de niños–, pero no se debió a una travesura ordinaria,
como supuso enseguida Josefa, su madre. Así que apuntó al lugar donde pensaba que
había podido ir: la iglesia. Y, efectivamente, allí estaba: orando, recorriendo los altares.
Recordando el hecho, cuando ya era fundadora, decía: «Yo, todo el tiempo que podía,
lo pasaba en la iglesia, echándome bendiciones de altar como hacen las chiquillas».

Para ayudar a los suyos comenzó a trabajar a los 12 años en el taller de una zapatería.
Su formación fue muy precaria debido a la falta de recursos de su familia. Apenas pudo
aprender a leer y escribir, pero su finura espiritual se hizo patente en ese cercano
círculo. Así, mostraba rotundo desagrado ante conversaciones poco delicadas, teñidas
por descalificaciones y blasfemias. Y, al menos en su presencia, sus compañeros se
abstenían de proferir palabras malsonantes e improperios. Es otra característica de los
santos quienes con su autoridad moral trazan caminos de bien comenzando por su
entorno. Además de poner coto a la afilada lengua de los empleados, la santa les
convencía para que rezasen el rosario. Éstos y otros rasgos de su virtud llegaron a
oídos del padre Torres Padilla, quien le ayudó a dilucidar su vocación y a madurarla,
orientándola hacia la vida apostólica. Tenía entonces 16 años. Al salir del trabajo
visitaba hogares sumidos en la pobreza, frecuentaba iglesias y rezaba en sus altares.
Los menesterosos de su barrio recibían sus limosnas.

Cuando en 1865 Sevilla fue abatida por el cólera, diezmando a las familias que vivían en

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los «corrales de vecindad», Ángela, que ya tenía 19 años, se desvivió para asistir a
todos. Entonces abrió su corazón al padre Torres diciéndole que quería hacerse monja.
Pero esta mujer audaz tenía un cuerpo menudo y era de complexión débil, así que
cuando tocó la puerta de las Carmelitas Descalzas del barrio de Santa Cruz no fue
admitida. Se temió que no pudiera soportar los rigores de la vida de clausura. Más tarde,
fue postulante con las Hermanas de la Caridad. Sin embargo, su mala salud la obligó a
salir del convento, pese a que las religiosas hicieron todo lo posible para que
permaneciera junto a ellas buscándole destino en otros lugares, confiadas en una
eventual mejoría. De modo que, en la calle nuevamente, Ángela partió con esta
convicción: «Seré monja en el mundo». Y ante los pies del Crucificado hizo privada
consagración de su vida el 1 de noviembre de 1871. Los dos años siguientes maduró su
anhelo de vivir clavada –y subrayó esta expresión– junto a la cruz de Cristo, llamándose
Ángela de la Cruz.

En 1873 formuló los votos perpetuos fuera del claustro, uniéndose por voto de
obediencia a las indicaciones del padre Torres. En su corazón ya bullía el anhelo de
«hacerse pobre con los pobres» (los llamaba sus señores), y formar la «Compañía de la
Cruz». Con toda su confianza puesta en Cristo, en enero de 1875 comenzó a dar forma
a este sueño. Se unieron a ella tres mujeres que se distinguían por su bondad y
sencillez, y compartían el espíritu de pobreza. Una aportó los medios para alquilar un
cuarto con «derecho a cocina», como entonces se decía. Y ese fue su «primer
convento», austero, como los que irían surgiendo. Desplegaron una ingente labor
asistencial realizada a tiempo completo, de día y de noche, que tenía como objetivo a
los necesitados pobres y enfermos; limpiaban sus casas y les daban consuelo. Luego se
mudaron a otra calle. Su acción ya había obtenido reconocimiento en estamentos
religiosos. Vistieron un hábito y a Ángela pronto empezaron a llamarla «Madre». En
medio de la labor pastoral realizaba duras penitencias y mortificaciones.

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En 1876 el cardenal Spinola les dio la bendición. Y en 1894 ella mantuvo un encuentro
con León XIII que aceptó su obra, aprobada después por Pío X en 1904. Sevilla y toda
Andalucía acogió con gratitud y cariño a esta pobre «zapaterita, negrita, y tontita», como
ella misma se definía, a la que acompañaba fama de santidad por sus virtudes y
prodigios. Su forma de vida austera y mortificada suscitó numerosas vocaciones entre
las jóvenes. Abría los brazos no solo a los pobres, sino también a potentados que
solicitaban su atención, consejo y apoyo. Su amor por los necesitados le instó a realizar
un gesto que otros santos tuvieron, como Catalina de Siena: succionar la supuración de
las llagas de una enferma que se hallaba a punto de morir, y que sanó poco tiempo
después.

Fue agraciada con visiones. Su itinerario espiritual estuvo marcado por grandes
purificaciones que la condujeron a las más altas cimas de la mística, coronada por el
desposorio espiritual. Fue reelegida cuatro veces madre general hasta sus 82 años.
Cesó a instancias superiores eclesiales, y acogió con gran alegría volver a convertirse
en una religiosa sin más responsabilidades. Una trombosis cerebral que se presentó el 7
de julio de 1931 la dejó casi paralizada. Y el 2 de marzo de 1932 voló al cielo. Lo último
que se le había oído decir antes de perder el habla, fue: «No ser, no querer ser; pisotear
el yo, enterrarlo si posible fuera…». Juan Pablo II la beatificó en Sevilla el 5 de
noviembre de 1982 entre el delirio de las gentes que no ocultan su devoción por esta
«madre de los pobres» como es conocida. Y el mismo pontífice la canonizó en Madrid el
4 de mayo de 2003. Su fiesta litúrgica es el 5 de noviembre, pero en el martirologio,
criterio que rige este santoral, su celebración se fija para el día de hoy.

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