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Antropología marxista

Octavio Martínez López 1

I. El hombre no es un tabula rasa; en cuanto hombre, es un ser reconocible y


determinable, y puede definirse como hombre no sólo biológica, anatómica y
fisiológicamente sino también psicológicamente. El hombre puede ser conocido a
partir de su naturaleza humana en general o desde su naturaleza humana
históricamente condicionada –expresión específica de la naturaleza humana en cada
cultura–. El hombre varía en el curso de la historia.

II. La autorrealización del hombre puede ser entendida a plenitud en relación con el
concepto de trabajo. Trabajo y capital no son únicamente categorías económicas;
son asimismo categorías antropológicas. El capital es lo que se acumula, representa
al pasado; el trabajo es o debe ser cuando sea libre –de trabajo forzado, enajenado y
sin sentido a trabajo libre, emancipado, productivo, con sentido (como fruto del
hombre activo, que se experimenta a sí mismo, y productivo que capta y abarca el
mundo con sus propias facultades–, la expresión de la vida –proceso de
autocreación del hombre, concebido como actividad personal–. El trabajo es la
autoexpresión del hombre, una expresión de sus facultades físicas y mentales
individuales.
La historia es la historia de la autorrealización del hombre –la autocreación
del hombre a través del proceso de su trabajo y producción; el hombre, como hace
la historia, es su propio producto.

III. Los sentidos del hombre, en tanto que son sentidos animales, sólo tienen un sentido
limitado. Los sentidos que el hombre tiene, por así decir, naturalmente, tienen que
conformarse de acuerdo con los objetos exteriores. Cualquier objeto sólo puede
confirmar una de mis facultades. No son sólo los cinco sentidos [del cuerpo], sino
también los sentido espirituales –la sensibilidad humana y el carácter humano de los
sentidos– los que pueden surgir mediante la existencia de su objeto, mediante la
naturaleza humanizada.
Los objetos [para Marx] confirman y realizan la individualidad del hombre.
La manera en que estos objetos se convierten en suyos depende de la naturaleza del
objeto y la naturaleza de la facultad correspondiente. El carácter distintivo de cada
facultad es, precisamente, su esencia característica y así, también, el modo
característico de su objetivación, de su ser viviente, objetivamente real –de lo que es
en el tiempo en que existe-.

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©2017 Octavio Martínez López
Relacionándose con el mundo objetivo, a través de sus facultades, el mundo exterior
se vuelve real para el hombre.

IV. La independencia y la libertad, [para Marx], se basan en el acto de autocreación.


Un ser no se considera independiente si no es dueño de sí mismo y sólo es dueño de
sí mismo cuando su existencia se debe a sí mismo. El socialismo es la emancipación
del hombre y la emancipación del hombre es lo mismo que su autorrealización en el
proceso de la relación y la unidad productiva con el hombre y la naturaleza. El fin
del socialismo es el desarrollo de la personalidad individual.
El trabajo se encuentra enajenado porque ha dejado de ser parte de la
naturaleza del trabajador y, en consecuencia, no se realiza en su trabajo sino que se
niega, experimenta una sensación de malestar más que de bienestar, no desarrolla
libremente sus energías mentales y físicas, sino que se encuentra físicamente
exhausto y mentalmente abatido.
En el trabajo no enajenado, el hombre no sólo se realiza como individuo,
sino como especie.

V. La esencia humana [humanidad] del hombre nunca debe convertirse en un medio


para la existencia individual.
El fin del socialismo es el hombre. Es crear una forma de producción y una
organización de la sociedad en que el hombre pueda superar la enajenación de su
producto, de su trabajo, de sus semejantes, de sí mismo y de la naturaleza; en la que
pueda volver a sí mismo y captar al mundo con sus propias facultades, haciéndose
uno, así, con el mundo.

Otras ideas antropológicas o críticas a la antropología marxista

I. Para Hegel, el conocimiento no se obtiene en la situación de separación entre en


sujeto y objeto, en la que el objeto es captado como algo distinto y opuesto al que
piensa. Para conocer el mundo, el hombre tiene que apropiárselo. El hombre y las
cosas están en constante transición de una existencia a otra; así, una cosa es para sí
sólo cuando ha afirmado todos sus determinados y los ha convertido en momentos
de la realización de sí mismo; está así en medio de las condiciones variables,
siempre volviendo a sí misma –en cuanto que se realiza a sí misma–. En este
proceso la esencia –la unidad del ser, la identidad a través del cambio– es
constituida. Así, la esencia es tanto histórica –porque se constituye en un espacio de
tiempo– como ontológica –porque se trata de la constitución del ser–.

II. Hegel acuñó el concepto de enajenación. La historia del hombre es, al mismo
tiempo, la historia de la enajenación del hombre. El espíritu busca la realización de
su idea; pero, al hacerlo, esconde ese fin a su propia visión y siente orgullo y
satisfacción en esta enajenación de su propia esencia. El concepto de enajenación
(como para Marx) se basa en la distinción entre existencia y esencia, en el hecho de
que la existencia del hombre está enajenada de su esencia; que, en realidad, no es
lo que potencialmente es, o, para decirlo de otra manera, que no es lo que debiera
ser y debe ser lo que podría ser.

III. Goethe desarrolló la idea de la productividad del hombre en un punto central de su


pensamiento filosófico. El hombre se conoce a sí mismo sólo en tanto que conoce el
mundo; conoce al mundo sólo dentro de sí mismo y tiene conciencia de sí mismo
sólo dentro del mundo. Sólo cuando es productivamente activo, el hombre, puede
encontrar un sentido a su vida y, aunque así goza la vida, no está aferrándose a ella
codiciosamente.

IV. La concepción del proceso activo dentro del hombre se encuentra también en
Spinoza. [Para él], todos los afectos debían dividirse en afectos pasivos (pasiones), a
través de los cuales el hombre sufre y no tiene una idea adecuada de la realidad; y
afectos activos (acciones), en los que el hombre es libre y productivo.

V. De acuerdo con Kant, el hombre debe ser siempre un fin en sí mismo y nunca un
medio para realizar un fin.