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La ruta de la palabra

Breve reseña sobre las teorías en comunicación

Lic. Laura H. Molina

La palabra comunicación es un término irritante, un


inverosímil trastero donde se encuentran trenes y autobuses,
telégrafos y cadenas de televisión, pequeños grupos de encuentro,
recipientes, esclusas y, naturalmente, una colonia de mapaches,
puesto que los animales se comunican, como todo el mundo sabe
gracias a Lorens, Tinbergen y von Frisch. Pero, por la misma razón,
es un término fascinante1.
Yves Winkin

Etimología e historia

Communis, Communicāre, communicatĭo, comuna, comunidad, comunión, comulgar, común,


comunicar, comunicación, comunismo, comunitario… todas palabras con el mismo origen latín que significan
poner en común, compartir algo, poner en relación. El estudio de la comunicación fascina a diferentes áreas
de estudio porque no es posible no comunicar, toda conducta es comunicativa. Es imposible no
comportarse… Actividad o inactividad, palabras o silencio, tienen siempre valor de mensaje: influyen sobre
los demás, quienes, a su vez, no pueden dejar de responder a tales comunicaciones y, por ende, también
comunican2.
En el paleolítico, los humanos se comunicaban por gestos, sonidos guturales y representaciones
visuales y auditivas, grababan marcas reticulares en piedra, pintaban cavernas. Al final del neolítico llegó la
rueda, dando inicio a la Edad de Bronce, en que nacerá la navegación marítima. En 4000-3000 a.C nace la
escritura, como pequeñas cuñas en arcilla, logrando una de las mayores revoluciones tecnológicas, y, sin
embargo, no dando fin a la comunicación por medio de relatos orales. Incluso faltan añares antes de que las
gentes se reúnan en el ágora, en el teatro y en el circo. Luego se dejará de lado la piedra y la arcilla para
pasar a la escritura en rollos de bambú y papiros. A mediados del siglo XV, Gutenberg crea la imprenta, y
con ella el códice se ‘masificó’. El ferrocarril, la fotografía moderna, el telégrafo, el teléfono, el avión, la
expansión de la prensa con la invención del linotipo, la creación del automóvil, la cinematografía y la radio,
encienden el siglo XIX apuntalando un siglo XX completamente diferente que completa la gran lista de
inventos con la televisión y el hipertexto: el universo de la comunicación fue evidentemente regenerado con
cada revolución tecnológica, cada una de ellas buscando comunicar A con B.

Entonces, lo que caracteriza a la comunicación es su alcance, su amplitud, ya que atañe a muchos


hechos diferentes y concierne a muchas disciplinas. Los alcances de los estudios en comunicación se
pueden agrupar en dos extremos, el microsocial, que estudia la comunicación interpersonal, cara a cara, o
grupal, que requiere, por ejemplo, de la psicología, de la lingüística, de la semiótica; y el macrosocial, que se
avoca a la comunicación institucional o masiva (radio, TV, etc.), que toma, además de las disciplinas
anteriores, a la sociología, la antropología, la pedagogía, el periodismo, la matemática, y la cibernética e
ingeniería para las cuestiones del medio físico, mecánico. La comunicación es un campo de estudio
interdisciplinario, transversal. Últimamente han crecido, con las ciencias de la información y la semiótica, el
estudio de la comunicación masiva, ya que la pretensión por dirigirse a todos, y a nadie en particular, va en
aumento.
Para comprender el estudio específico de la comunicación se recurrirá a los modelos de
comunicación (más reconocidos y claros), que son planteos abstractos, representaciones simples que
pretenden dar cuenta de lo que pasa en los procesos de comunicación, pero sirven para la problematización
teórica. Existen distintas corrientes teóricas, diferentes maneras de conceptualizar los procesos
comunicativos a lo largo del tiempo, que dependen de contextos históricos políticos y se desprenden de
posturas ideológicas. Cada postura, en general tiene su modelo (e incluso ojo a que llamas corriente, la
corriente funcionalista fue teniendo muchos modelos de comunicación). Y, según cada teoría, varía lo
fundamental en el proceso de comunicación; para unos, lo más importante es el canal, que provoca cambios
revolucionarios en la comunicación. Para otros, es el mensaje lo que define qué tipo de comunicación es, en
qué género se encuadra, y, finalmente, otros consideran que el eje debe vascular entre la producción y la
recepción-interpretación.

1
WINKIN, Yves: (1981) La nueva comunicación, Barcelona, Kairós, 1982; p. 11.
2
WATZLAWICK, Paul: (1964) Teoría de la comunicación humana, Buenos Aires, Ed. Tiempo Contemporáneo, 1976; p. 50.
M
-código-

-canal-
E ruido ruido R

-canal- rui
< feed-back < do

Primeramente, desglosaremos los elementos de la comunicación: La comunicación es social por definición,


por tanto, se encuentra en el espacio de lo público 3, y requiere, mínimo, de dos personas, que encarnarán al
emisor (proceso de producción, codificación) y al receptor (proceso de recepción, decodificación). Lo que se
pone en común es el mensaje. La plataforma común en la que se paran los sujetos es el código (conjunto
compartido de reglas, por ejemplo el lenguaje). El recurso físico es el canal, soporte material del mensaje
(aire, cable telefónico, etc.), medio en el cual puede aparecer el ruido -o no-, que es la distorsión en el
mensaje. Pueden entrar en acción dos tipos de ruidos: el ruido semántico (distorsiones de significado
introducidas por la fuente de información) y ruido mecánico (el que se produce en el canal, durante la señal).
A su vez, el emisor (receptor-decodificador en potencia), al dar el mensaje al receptor, espera una
retroalimentación, una respuesta (feed-back). Así, cualquier signo producido por un emisor e interpretado
por un receptor, conforma un acto de comunicación. Este es el modelo lineal, primigenio de la comunicación.
El esquema diseñado aquí es el esquema elaborado por Shannon, Weaver y luego retomado por Schramm
a mediados del siglo XX4.
Marshall McLuhan (1964) explica que el término “comunicación” ha tenido un uso extenso en
relación con caminos y puentes, rutas marítimas, canales, etc., asumiendo que cada una de las formas de
transporte no sólo acarrea sino que también traduce y transforma al que envía, al que recibe y al mensaje. El
autor afirma que el empleo de cualquier clase de medio o prolongación del hombre altera las pautas de
interdependencia entre las personas5.
En 1984 Umberto Eco contradice uno de los dichos más famosos de McLuhan que expone que ‘el
medio es el mensaje’, (utilizado por McLuhan para ejemplificar -en la comunicación de masas- la incidencia
del canal por sobre el mensaje) al decir que no es cierto que la forma sea más importante que el mensaje,
ya que desde el momento en que alguien recibe el mensaje parece tener una libertad residual: la de leerlo
de modo diferente. (...) El significado del mensaje cambia según el código para interpretarlo. (...) Así, “el
medio no es el mensaje”, sino que “el mensaje depende del código” 6.
En 1980 Stuart Hall critica el modelo emisor/mensaje/receptor
por su linealidad y propone hablar de una estructura producida y
sostenida a través de la articulación de momentos relacionados pero
CI
distintivos: producción (en lugar de ‘emisor’), circulación (en lugar de los
soportes físicos específicos), consumo (en lugar de ‘receptor’), y
reproducción (en lugar de feed-back). Esta postura propone una
contemplación menos estática y lineal, por una más circular,
PR CO
sistemática, espacial y material de la comunicación que busca posarse -
más que en un lugar teórico-, en el mundo de lo real y material.
También en 1980 Catherine Kerbrat-Orecchioni analiza los
esquemas de comunicación. En su trabajo La enunciación, De la RP
subjetividad en el lenguaje, ella replantea el esquema de comunicación
de Roman Jakobson, indicando que realiza una idealización teórica al
expresar que la competencia del hablante y la del oyente se encuentran

3
Dirá Ferrán Mir Sabaté en Semiótica y Comunicación: “Aunque la interpretación del mensaje se da -de manera privada- en la cabeza
del receptor, existe una dimensión colectiva, social. Es un proceso tanto particular como social, individual como universal (de parte del
emisor como del receptor)”. MIR SABATÉ, Ferrán: “Semiótica y Comunicación” [en línea], Barcelona, [s/f],
<http://personal.telefonica.terra.es/web/mir/ferran/semiotica.htm>, [10 de septiembre de 2008, 11:05 horas]; p. 6.
4 SCHRAMM, Wilbur: (1971) Procesos y efectos de la comunicación colectiva, Quito, CIESPAL, 1964. // WEAVER, Warren: (1966) “La
matemática de la Comunicación”, en: SMITH, Alfred: Comunicación y Cultura, Tomo 1, La Teoría de la comunicación humana, Buenos
Aires, Nueva Visión, 1972.
5
Cfr. MCLUHAN, Marshall: (1964) La comprensión de los medios como extensiones del hombre, México, Ed. Diana, 1969; p. 121-122.
6
ECO, Umberto: (1984) La estrategia de la ilusión, Buenos Aires, Lumen-De la Flor, 1986; pp. 184-188.
siempre en el mismo plano, ya que el código no siempre es homogéneo, uniforme, en ambas partes. Ella
habla de “archi idioma”, ya que no existe un único español, un único francés, etc. Por tanto, la comunicación
verbal autoriza solamente una intercomprensión parcial, porque no se comparte un código, sino dos
idiolectos. También reformulará el simple lugar de emisor/receptor para agregar las restricciones del
universo del discurso (los datos situacionales, las imágenes que cada sujeto construye a partir de la
comunicación), las determinaciones psicológicas, las competencias ideológicas y culturales, y las
competencias lingüísticas y para lingüísticas (mímica y gestos), siempre en ambas partes 7.
Más adelante, a todos estos elementos y debates del esquema, se sumará el estudio de la kinésica
(ya como disciplina), del lenguaje gestual, -que prioriza más que solamente la palabra-, para pasar a
estudiar hasta un gesto sutil, una mirada, la mímica, etc. Y también la proxémica, que estudia todo lenguaje
no verbal, por ejemplo, la distancia entre los sujetos que se comunican. En estas corrientes no se busca
establecer una oposición entre lo verbal y lo no verbal, sino que se entiende a la comunicación como un
todo integrado, y, si en el discurso verbal se cuelan gestos -voluntarios o involuntarios- deben ser parte de
este estudio integral. Incluso existe un lenguaje de los objetos, en donde se puede analizar que el mensaje
de un Citroën, no es el mismo de un BMW, o se puede estudiar el lenguaje de un vestido, al que se le
atribuyen significados. Un escudo8, una bandera, una señal vial, un uniforme, una escuela arquitectónica, un
color... transmiten mensajes. Hasta en los textos escritos existe un lenguaje no verbal, el de los paratextos
icónicos, más el manejo de la plástica en las letras (negrita, cursiva, etc., están señalando algo con la forma,
no con el contenido).
Retomando una de las grandes revoluciones tecnológicas, Walter Ong, en Oralidad y escritura,
analiza las diferencias entre las culturas letradas y las ágrafas. Ong asume que la escritura no es un simple
ordenamiento de signos, que ayuda a organizarnos y a archivar nuestra historia, sino que revoluciona la
forma de pensar. Nuestra estructura mental cambia, y ya no vuelve a ser la misma. Una vez que una
persona aprende a leer, no puede volver atrás, al observar una gran marquesina con las letras ‘NO LEA’, a
simple vista nuestra mente nos indica que esos signos son un enunciado que no podemos obedecer.
Además, la escritura nos permite acceder al pensamiento abstracto, complejo, a la polisemia de los
elementos léxicos y simbólicos. Ong dirá que la escritura reestructura la conciencia:

Los diccionarios señalan las discrepancias semánticas… las culturas orales no


cuentan con diccionarios y tienen pocas discrepancias semánticas. (...) Todo pensamiento
conceptual es hasta cierto punto abstracto. (...) Los individuos analfabetos (orales)
identifican las figuras geométricas asignándoles nombres de objetos, y nunca de manera
abstracta como círculos, cuadrados, etc. Al círculo podría llamársele plato, cernedor, cubeta,
reloj o luna… Una cultura oral no maneja conceptos tales como figuras geométricas,
categorización por abstracción, procesos de razonamiento formalmente lógicos,
definiciones, o aun descripciones globales o auto-análisis articulados, todo lo cual no se
deriva sólo del pensamiento mismo, sino del pensamiento moldeado por textos. (...) Más que
cualquier otra invención particular, la escritura ha transformado la conciencia humana. (...)
De las tres tecnologías, la escritura es la más radical: inició lo que la imprenta y las
computadoras sólo continúan. Por contraste con el habla natural, oral, la escritura es
completamente artificial. No hay manera de escribir “naturalmente”9.

El no lugar del hipertexto

Eliseo Verón, en Esto no es un libro, problematizará sobre el libro como objeto real, físico, material, y
lo comparará con el género por excelencia de lo no físico y material: el hipertexto. Desde el punto de vista de
las condiciones de reconocimiento, de lectura de un libro, el libro más tradicional que uno pueda imaginar
tiene la estructura de un hipertexto… cualquier intelectual ha practicado desde siempre las operaciones
hipertextuales: un libro lo lleva, de manera natural, a otro; su biblioteca ha sido desde siempre una
arborescencia hipertextual. Leer o escribir un texto es ubicarlo automáticamente en un hipertexto... El
hipertexto nació pues hace unos dieciocho siglos 10.
En 1992 George Landow, retoma palabras de Rolad Barthes para definir hipertexto como un texto
compuesto de bloques de palabras (o de imágenes) electrónicamente unidos en múltiples trayectos,
cadenas o recorridos en una textualidad abierta, eternamente inacabada y descripta en términos como
‘nexo’, ‘nodo’, ‘red’, ‘trama’ y ‘trayecto11’... Es definido como un texto ideal donde no hay principio, pero sí
diversas vías de acceso, sin fronteras definidas, como en una gran red de referencias.

7
Cfr. KERBRAT-ORECCHIONI, Catherine: (1980) “La problemática de la enunciación”, en: La enunciación. De la subjetividad en el
lenguaje, Buenos Aires, Hachette, 1988; pp. 23-27.
8
La heráldica ya era una disciplina esencial del lenguaje no verbal en la Edad Media.
9
ONG, Walter: (1982) Oralidad y escritura, Buenos Aires, FCE, 1993; pp. 54-84.
10
VERÓN, Eliseo: (1999) Esto no es un libro, Barcelona, Gedisa; pp. 17-20.
11
LANDOW, George: (1992), Hipertexto. La convergencia de la teoría crítica contemporánea y la tecnología, Buenos Aires, Paidós,
1995; pp. 14-15.
Christian Vandendorpe, por su parte, explica que las mutaciones del texto tendrán repercusiones
sobre la lectura, ya que no se lee un hipertexto de la misma manera que una novela. La linealidad de una
novela, de un cuento, según Vandendorpe, tiene que ver con las nociones de autoridad y coerción, con el
respeto obligado a seguir etapas que no se pueden saltear. Aunque existen libros tradicionales, como las
enciclopedias y los diccionarios que no requieren una lectura lineal, y obras como Rayuela, que también se
revela a esta linealidad. Por tanto, si una novela sobre papel dista de ser automáticamente lineal, un
hipertexto tampoco es necesariamente no lineal. En él, las páginas o segmentos pueden encadenarse de
manera rigurosa, obligando al lector a leer un orden fijo, más fijo todavía que las páginas de un libro... Dicho
lo cual, por su naturaleza, el hipertexto se presta idealmente a recorridos de lectura y navegación
multisecuencial12.
Según Vandendorpe, desde la expansión de los códices, el texto es trabajado como un material
visual, se le agregan letras capitales, negrita, marcas, etc. Y estas marcas se trasladarán a todos los
soportes, modificando la relación del lector con el texto: un diario no se lee como un libro. En el hipertexto
pueden existir cosas que en el libro tradicional no: secuencias animadas, música, sonidos, luces, colores
cambiantes. Así, la lectura se hace cada vez más visual, más flexible, más dinámica, imitando la forma en
que pensamos (que no es lineal sino de manera ramificada, rizomática), y esto barre con las formas de
aprehensión del conocimiento tradicionales.
Para Lourdes Cilleruelo, lo que ha logrado internet es admitir la copresencia e interacción
simultánea en un mismo espacio de diferentes usuarios localizados en distintos puntos del globo terrestre…
El autor en internet pierde su monopolio de creador individual: el acto creativo es fruto de la interacción de
un colectivo normalmente anónimo13.
En lo que refiere a estas nuevas formas de comunicación, Gianfranco Bettetini & Fausto Colombo
diferencian dos conceptos importantes:

· Interacción: forma particular de comunicación social de los sujetos en sus relaciones con otros
sujetos.
· Interactividad: imitación de la interacción por parte de un sistema mecánico o electrónico con
un usuario... Los media interactivos simulan precisa y exclusivamente interacciones
comunicativas14.

Así, Internet alcanzó el extremo del ‘no lugar’ acuñado por Marc Augé. Un ‘no lugar’ designa
espacios que carecen de identidad, al no haber vínculos directos entre el que lo ocupa y el lugar mismo,
Augé da los ejemplos de autopistas, aeropuertos, hoteles, etc. Y en este ‘no lugar’ en particular, no hay
autor, no hay enunciador ¿quién es el que nos habla? ¿Un hombre, una mujer? ¿Alguien joven? Aquí reina
el anonimato.
Para Vandendorpe, si toda voz es firma, ya que tiene una definición de género, de edad, etc., el
texto escrito, por el contrario, puede volverse perfectamente neutro y despojado de toda referencia del autor.
De hecho, el texto científico, en su permanente búsqueda de objetividad, se dedicará constantemente a
borrar esas huellas, esos indicios de la enunciación, para parecer cada vez más impersonal, cada vez más
plural (más ‘nosotros’ y menos ‘yo’) en esa persecución por persuadir al lector con las ideas del autor. Así se
logra una ficción de objetividad en la que, como en el texto científico, parece que no hubiera enunciador, ya
que se encuentra acallado por los recursos argumentativos, el uso del impersonal, la omisión de
subjetivemas, etc. Esta neutralidad del texto facilita su apropiación por el intelecto poniendo fuera del juego
el campo de las impresiones y emociones15.
Para tener una verdadera comprensión de aquello que leemos o escuchamos, tenemos que saber
quién habla en el texto, en qué lugar y época, dentro de qué escuela o corriente, etc. Estos elementos
permitirán que el lector determine mínimamente qué objetivos o intereses posee el enunciador. Y esto se
vuelve cada vez más difícil en el medio virtual, ya que el anonimato es generalmente regla. Se produce un
mosaico de recortes donde nadie escribió nada, y desaparece el enunciador. El texto en red no tiene
contexto. ‘Darle’ ese contexto y ‘descubrir’ los objetivos del enunciador es tarea de la semiótica, del análisis
del discurso y otras disciplinas.

Análisis interdisciplinario del discurso

Es sabido que todos los mensajes son polisémicos, tienen dos aspectos (que dan lugar a infinitos
aspectos): el de contenidos (denotación, sentido literal) y el relacional (connotación, sentidos secundarios,

12
VANDENDORPE, Christian: (1999) Del papiro al hipertexto, Buenos Aires, FCE, 2003; pp. 41-42.
13
CILLERUELO, Lourdes, “Arte y comunidades virtuales, el aspecto creativo de la comunicación”, en: Actas del I Simposio ‘Prácticas
de comunicación emergentes en la cultura digital’, Córdoba, Argentina, 2004, p. 7.
14
BETTETINI, Gianfranco & COLOMBO, Fausto: (1995) Las nuevas tecnologías de la Comunicación, Buenos Aires, Paidós; pp. 16-17.
15
VANDENDORPE, Op. Cit.; pp. 30-32.
profundos)16. Incluso, el mensaje ‘oculto’, connotado, puede ser más importante que el explícito. Así, todo
signo tiene varios estratos sémicos superpuestos, más explícitos, o más velados.
Una buena herramienta para ‘descubrir’ estos misterios de significantes es el análisis discursivo.
Pero antes de abordar su caracterización, describamos sus elementos. Mijaíl Bajtin y Oswald Ducrot
explican que el uso de la lengua se lleva a cabo en forma de enunciados (orales y escritos) y no de
oraciones o palabras:

· Oración: unidad -teórica- de la lengua (al igual que la palabra). Invención gramática, atañe
a la estructura léxica y sintáctica, al significado (de diccionario), da instrucciones para
entender un enunciado. No tiene un contacto inmediato con la realidad.
· Enunciado: unidad -real- del discurso. Es la oración en contexto, en un ‘aquí y ahora’, porta
el sentido. Cada enunciado está delimitado con precisión por el cambio de los sujetos
discursivos. La gente no hace intercambio de oraciones ni de palabras; la gente habla por
medio de enunciados, que se construyen con la ayuda de las unidades de la lengua que son
palabras, conjuntos de palabras, oraciones. Objeto observable en una situación dada (la
enunciación), que pertenece al dominio de los hechos.
· Género: tipo relativamente estable y previsible de enunciados que responde a reglas
preescritas (una conversación, una carta, un decreto, un cartel, etc.)17.

Ahora bien, habiendo teorizado sobre los conceptos, se puede decir que el análisis del discurso deja
de lado la voz unívocamente teórica, para adentrarse en el campo de la realidad. La teoría de los discursos
sociales busca acceder a la dimensión significante de los fenómenos sociales:

El estudio de la semiosis es el estudio de los fenómenos sociales en tanto procesos de


producción de sentido... Una teoría de los discursos sociales reposa sobre una doble
hipótesis: a) toda producción de sentido es necesariamente social y b) todo fenómeno social
es un proceso de producción de sentido. [Y] Toda producción de sentido… tiene una
manifestación material. (...) Cuando las condiciones productivas conciernen a los
mecanismos fundamentales de funcionamiento de una sociedad… tenemos frente a nosotros
dos problemáticas bien conocidas: la de lo ideológico y la del poder de los discursos.
-Llamo ideológico al sistema de relaciones de un discurso con sus condiciones
de producción… El análisis de lo-ideológico-en-los-discursos es, pues, el análisis
de las huellas de los discursos.
-Llamo poder al sistema de relaciones de un discurso con sus efectos.
No se puede analizar un discurso “en general” ni “en sí mismo”, sino siempre en
relación con un determinado punto de vista o un determinado nivel de pertinencia18.

Esto significa que nunca algo está dicho o escrito arbitraria o azarosamente, siempre existe un
objetivo, una necesidad, un deseo, un interés. El deber del análisis crítico del discurso es, entonces, revelar
ese objetivo. Y por esta razón, se debe tener en cuenta asimismo, que todo análisis, crítica y estudio de un
discurso también se hace desde un lugar, desde un punto de vista, desde una ideología.
Teun Van Dijk, en El Discurso como estructura y proceso, observa que la variación léxica (la que se
manifiesta, por ejemplo, cuando se opta por “terrorista” o por “luchador en pro de la libertad”) implica que los
hablantes tienen opiniones e ideologías diferentes. Actos de habla como los comandos presuponen
diferencias de poder y de autoridad. En todos los niveles del discurso encontramos entonces “huellas” de un
contexto en el que las características sociales de los participantes desempeñan un papel fundamental, se
trate del género, la clase, la filiación étnica, la edad, el origen, la posición u otros rasgos que determinan su
pertenencia a un grupo19.
Entre las muchas líneas de investigación de discursos, Van Dijk identifica tres enfoques principales:
a) los que se concentran en el discurso “mismo”, es decir, en las estructuras internas; b) los que estudian el
discurso y la comunicación como cognición, como transmisión de la información y el conocimiento y c) los
que se concentran en la estructura social y la cultura. Esta figura triangular cuyos vértices son el discurso, la
cognición y la sociedad constituye, de hecho, el terreno de análisis multidisciplinario del discurso. Cualquier
análisis del discurso adecuado, aun cuando estudie provisoriamente sólo un aspecto parcial del triángulo del
discurso, no tarda en advertir la necesidad de convertirse en una herramienta multidisciplinaria e integrada 20.
Así, aunque se busque estudiar solamente un nivel del discurso, se requieren de los tres vértices del
triángulo para investigar de manera completa e integral.

16
Cfr. WATZLAWICK, Op. Cit.
17
Cfr. BAJTIN, Mijaíl: (1979) "El problema de los géneros discursivos", en: Estética de la creación verbal, México, Siglo XXI, 1990; pp.
248-293. // DUCROT, Oswald: (1984) El decir y lo dicho, Buenos Aires, Edicial, 2001; pp. 251-277.
18 VERÓN, Eliseo: (1988) La semiosis social, Buenos Aires, Gedisa; pp. 125-135.
19
VAN DIJK, Teun: (1997) “El estudio del Discurso”, en: van Dijk, T. (comp.) El Discurso como estructura y proceso, Barcelona,
Gedisa, 2000; p. 46.
20
Ibídem; p. 52.
Bibliografía

1. BAJTIN, Mijaíl: (1979) "El problema de los géneros discursivos", en: Estética de la creación verbal,
México, Siglo XXI, 1990.
2. BETTETINI, Gianfranco & COLOMBO, Fausto: (1995) Las nuevas tecnologías de la Comunicación ,
Buenos Aires, Paidós.
3. CILLERUELO, Lourdes, “Arte y comunidades virtuales, el aspecto creativo de la comunicación”, en:
Actas del I Simposio ‘Prácticas de comunicación emergentes en la cultura digital’, Córdoba,
Argentina, 2004.
4. DUCROT, Oswald: (1984) El decir y lo dicho, Buenos Aires, Edicial, 2001.
5. ECO, Umberto: (1984) La estrategia de la ilusión, Buenos Aires, Lumen-De la Flor, 1986.
6. MIR SABATÉ, Ferrán: “Semiótica y Comunicación” [en línea], [s/f], Barcelona,
<http://personal.telefonica.terra.es/web/mir/ferran/semiotica.htm>, [10 de septiembre de 2008,
11:05 horas].
7. HALL, Stuart: (1980) “Codificar/Decodificar”, en: Aproximaciones a los estudios culturales, s/l,
Fundación Universidad a distancia ‘Hernandarias’, s/f. Traducción de Silvia Delfino.
8. KERBRAT-ORECCHIONI, Catherine: (1980) “La problemática de la enunciación”, en: La
enunciación. De la subjetividad en el lenguaje , Buenos Aires, Hachette, 1988.
9. LANDOW, George: (1992), Hipertexto. La convergencia de la teoría crítica contemporánea y la
tecnología, Buenos Aires, Paidós, 1995.
10. MCLUHAN, Marshall: (1964) La comprensión de los medios como extensiones del hombre, México,
Ed. Diana, 1969.
11. ONG, Walter: (1982) Oralidad y escritura, Buenos Aires, FCE, 1993.
12. RUIZ GUERRA, Isaac: “El No lugar”, [en línea], en: Non nobis Domine..., [06 de octubre de 2005],
<http://weblogs.javahispano.org/rugi/entry/el_no_lugar>, [27 de junio de 2009, 23:00 horas].
13. SCHRAMM, Wilbur: (1971) Procesos y efectos de la comunicación colectiva, Quito, CIESPAL, 1964.
14. VAN DIJK, Teun: (1997) “El estudio del Discurso”, en: van Dijk, T. (comp.) El Discurso como
estructura y proceso, Barcelona, Gedisa, 2000.
15. VANDENDORPE, Christian: (1999) Del papiro al hipertexto, Buenos Aires, FCE, 2003.
16. VERÓN, Eliseo: (1988) La semiosis social, Buenos Aires, Gedisa.
17. VERÓN, Eliseo: (1999) Esto no es un libro, Barcelona, Gedisa.
18. WATZLAWICK, Paul: (1964) Teoría de la comunicación humana , Buenos Aires, Ed. Tiempo
Contemporáneo, 1976.
19. WEAVER, Warren: (1966) “La matemática de la Comunicación”, en: SMITH, Alfred: Comunicación y
Cultura, Tomo 1, La Teoría de la comunicación humana, Buenos Aires, Nueva Visión, 1972.
20. WINKIN, Yves: (1981) La nueva comunicación, Barcelona, Kairós, 1982.