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MISTICOS^

Franciscanos Españoles

TOMO I

FRAY ALONSO DE MADRID

Arte para servir a Dios. -Espejo de ilustres personas

Y

FRAY FRANCISCO DE OSUNA

Ley de amor santo

EDICIÓN PREPARADA POR LOS REDACTORES

DE «VERDAD Y VIDA»

IINTRODUCCIONES DEL PADRE

FRAY JUAN BAUTISTA GOMIS, O. F. M.

BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS

MADRID, MCMXLVIII

NIHIL OBSTAT:

Dr. Andrés de Lucas,

Censor.

IMPRIMATUR

lj(

Casimiro,

Obispo aux. y Vic. gen.

Madrid,

16

de

octubre

de

IMPRIMI POTEgT:

Pr. Patricio Botija, O. F.

1948,

Min. prov.

orAficas nbbhija, s. a.—Iblza. 11.—Teléf. 251101.— Maúrld

ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN GENERAL

I,^La ciencia mística

II. 'La ciencia mística española

III.La ciencia mística hispano-franciscaníi

El porqué de esta selección :

resta por hacer

lo que se ha hecho y lo que

Páginas

3

16

50

79

FRAY ALONSO DE MADRID

Introducción

85

ARTE PARA SERVIR A DIOS

Prólogo del autor

Primera parte principal

95

XoTABLE i.En Qiue después de algunos avisos y considera-

ciones g(^.nerales pone un sumai'io de evangélica perfec-

ción. Y pone también dónde viene parescer este libro

en algunas partes dificultoso de ser entendido ; i>ero que se puede decir tan claro, que ayuda mucho a entender

los otros libros que comúnmente se leen

Notable ii

Notable iii.—De dos maneras que hay de servir a Dios, y

de cuánta obliigación tienen todos, mucho más los reli-

giosos, de sei-vir en la segunda, que es más alta; y de

una declaración de ella, y que a ests segunda en espe-

99

104

ÍNDICE GENERAL

Notable iv.De una consideración del estrago causado en

el alma por el pecado, del cual pecado no es tan difi-

cultoso, aunque posible, servir a Dios, para que naci-

mos; y pone en general en qué está el reparo deste

estrago

Notable v. ^De los instrumentos que nos son dados en el

atoa para obrar este reparo, pero que principatoente toda la santidad está en obrar de contino con los

del alma

Notable vi.—El sexto notable es del poder que tenemos

para obrar con el más alto instrumento del ánimo, que

es la voluntad; esto es. que nosotros podemos querer

o amar, o dejar de querer o smciar cualquier cosa que quisiéremos y cuantas veces quisiéremos, y con la mis-

ma voluntad dar a nuestro obrar el ñn que quisiéremos.

Y 'este notable es necesario cada instante de nuestra

vida, y en gran manera y en especial contra los pri- meros movimientos

Notable vii

Segunda parte principal

Capítulo i. ^De la contrición

Capítulo ii. 'Del propio aborrescimiento

Páginas

114

115

118

122

126

127

Capítulo in. ^De tres cosas necesarias para adomar el

atoa

Capítulo iv.^De la oración Capítulo v.De algunas virtudes en común

Capítulo

vi. ^De la humildad

Capítulo vil—De la vanagloria

Capítulo viii. 'De la paciencia

Capítulo ix.—De las

pasiones del atoa

Tercera parte principal

Capítulo i.—Del amor de Dios Capítulo u. ^Del amor del prójimo Capítulo iii.^Del amor de mismo

134

135

141

142

145

149

151

157

173

176

ÍNDICE GENER.\L

Vil

Páginas

ESPEjO DE ILUSTRES PERSONAS

Comienza el prólogo

183

Capítulo i. De la magnanimidad que en especial debe

convidar a servir a Dios a los que son de grande estado

en este mundo

185

CMpítulo n. Que declara algo, en especial la ventaja gran-

de que haiy de la vida espiritual y la corpoi'al ;

lo cual

necesita a los grandes servir mucho a Dios

187

Capítulo iii.Que los servicios que los grandes reciben de los suyos les convidan a siempre servir a Dios

188

Capítulo iv. 'De la orden con que precede esta breve obra

y de im sumario de lo que abajo se pone

189

Capítulo v. .De tres cosas que a todos, y en especial a los

más nobles de este mundo, deben convidar a servir a Dios

190

Capítulo vi.Pone en general en qué cosas debemos ser-

vir a Dios, y que los buenos pensamientos y deseos son

los mayores servicios

194

Capítulo vii.De la reverencia que a Dios nuestro Señor 86 debe hacer cada mañana

195

Capítulo viu. 'De otras tres cosas que debemos hacer cada día

196

Capítulo rx.—Cómo cada uno debe gobernar su familia, y

que en esto deben todos, y más los grandes, tener gran

cuidado, a ejemplo del gran Señor de todas las familias,

nuestro muy alto Dios

197

Capítulo x.Que hay grandes riquezas en los buenos pen- samientos y gran mal en los malos

199

Capítulo xi.Que se puede tomar a^una honesta recrea-

ción para alivio de los trabajos de nuestra corporal flaqueza

Capítulo xii.—De la conclusión que debemos dar arcada

uno de los días, y qué comienzo a la noche, en que

200

debemos reposar

:.

201

Capítulo xiii. ^De los servicios

que en los días de

fiesta

se deben hacer a Dios nuesti'o Señor, e que los deben

 

haoer cada día los no ocupados en cosas del mundo

o trabajos de manos

202

Capítulo xrv. Que es muy provechoso ejercicio, y que en especial se debe hacer en las fiestas, pensar cuán gran-

ÍNDICE GENERAL

Páginas

Capítulo xv.—Que el estudio de las viitudes, que está muy olvidado en el mundo, engrandece mucho a todos y que

pertenece más a los nobles

 

205

Capítulo xvi. Que debemos siempre tener la muerte ante

los ojos :

el ricioso, para refrenai'se del mal, y el vir-

tuoso, para gozarse con quien todos los momentos le

aparta de esta vida tan pobre para Uevai-le a la vida eterna

209

Epístola de San Bernardo sobre la perfección de la vida

espiritual

211

 

FRAY FRANCISCO DE OSUNA

Introducción

217

 

LEY DE AMOR SANTO

Dedicatoria

221

Prólogo

227

Capítulo i. ^De la ley del amor que tuvo Dios consigo

mesmo, publicada por su misma bondad

 

233

Capítulo ii.De la eterna ley de amor que tuvo Dios con

los que finalmente lo aman, y cómo los hizo participan-

tes de su amor

 

241

Capítulo iii. ^De la ley que fué publicada a los ángeles

cuando fueron criados, y cómo esta ley fué de amor

252

Capítulo iv.—De cómo los malos ángeles quebrantaron la

ley de amor

263

Capítulo v.De cómo puso nuestro Señor a los padres

primeros, cuando los crió, la ley d'e amor, y en esto los

quiso igualar con los

ángeles

 

271

Capítulo vi.De la ley natural del amor, que abi-aza to-

das las leyes

279

Capítulo vil—Cómo la ley dada a los hebreos se puede

llamar ley de amor, y de qué manera se ha de enten-

der para gozar de este nombre

 

283

Capítulo viii. ^De la ley del amor que dio nuestro Señor

a su Iglesia

288

Capítulo ix.Que nos enseña por qué la ley de Ci-isto se

llama de gracia, y cómo la ley de gracia quiere decir

ÍNDICE GENERAL

IX

Páginas

Capítulo x. ^De cuan leal haya sido la ley de amor que tuvo el Padre Eterno con nosotros

308

Capítulo xi.—De la ley de amor que el Hijo de Dios tuvo

con los suyos, aun cuando no lo amaba

319

Capítulo xn.^De la perpetua ley de amor que Cristo tuvo

en la cena con lo>s suyos, presentes y por venir

327

Capítulo xiii. ^De la ley de amor que el Espíritu Santo

tuvo con Cristo nuestro amador, aun siendo recién concebido

338

Capítulo xiv.De cómo toda ley de amor que Dios tiene

a sus criaturas se funda en Cristo, capitán del amor

Capítulo xv.De la ley de amor que el Espíritu Santo, que

es amor, procedente del Padre y del Hijo, tuvo con los

34'7

apóstoles

351

Capítulo xvi.De la ley de amor que toda la beatísima

Trinidad tiene con cualquiera que recibe agua del Es-

píritu Santo en el baptismo

361

^

Capítulo xvii. ^De cuán necesaria nos es la ley del amor

que tiene Dios con nosotros, y cómo nos . manda que ten-

. gamos la mesima con él

371

Capítulo xviii. ^Do se muestra por qué nos dió el Señor

tan gran «ley de amor», aunque no es por entero guar- dable en esta vida

331

Capítulo xix.De cómo la grandísima ley del amor es por

entero guardable en esta vida

390

Capítulo xx. ^En que se pide si el hombre puede cumplir

la gran ley del amor con solas sus fuerzas naturales,

bieji ordenadas

401

Capítulo xxi.Que nos enseña cuándo seamos obligados

a cumplir la gran ley del amor que debemos a nuestro

Señor Dios

413

Capítulo xxii.De cómo pueden guardar los varones f er- ^

vientes cuasi infinitamente la ley del amor

424

Capítulo xxiii.—En que se pregunta si puede caer exceso o alguna demasía en la ley del amor que tienen a Dios

los amadores fei-ventísimos

Capítulo xxiv.De cómo has de tener ley de mucho amor con tu Dios

Capítulo xxv. ^De algunos efectos que la ley del apurado

amor hace en el ánima del varón perfecto

435

440

449

Capítulo xxvi. ^De cómo los que lealmente guai'dan la ley

del amor nunca dejan de buscar al que aman, aunque

X

ÍNDICE GENERAL

Páginas

Capítulo xxvir.De cómo se hizo perdido el Niño Jesús

porque los leales amadores que siguen el recoglimiento

lo busquen con más fervor

467

Capítulo xxvm.-^d cómo el Señor se ausenta de sus co- munes amadores para que lo amen después con más

 

aviso

475

Capítulo xxix. ^De cómo los apóstoles, amadores de Cris-

to, lo buscaron, y de cómo a ejemplo de ellos lo han de

buscar los devotos de la sagrada pasión

 

485

Capítulo xxx.En que se preganta si la ley del amor hace al hcmbre exento de todas las otras leyes

496

Capítulo xxxr. ^I>e la ley de amor que ha de tener hom-

bre consigo mesmo

506

Capítulo xxxii. ^De otra manera cómo debe el hombre

guardar la ley del amor consigo mesmo

 

514

Capítulo xxxiii. ^De cuánta sublimidad es la ley del amor del prójimo y cómo nace del alto amor de Dios

522

Capítulo xxxiv. ^De cuánta obligación sea la ley de amor que debemos al prójimo

529

C\píTULO xxxv.En que se demanda si pueden los itnalos

amarse conforme, a la ley de amor que Dios manda

que se tengan

538

Capítulo xxxvr.De la manera cómo 'debemos guardar con el prójimo la ley del amor que le debemos tener

547

Capítulo xxxvii.De la ley de amor que has de tener con tu prójimo en le dar limosna

558

Capítulo xxxviii.De la ley de gratitud que tiene la li- mosna con el que la hace

564

Capítuxo XXXIX. ^De la ley de amor que debemos a nues-

tros padres y madres

569

Capítulo xl.De la ley de amor que ha de tener con sus

enemigos, a ejemplo de Cristo, el que quiere ser muy

perfecto

580

Capítulo xli. ^De la ley de amor que han de tener con

sus enemigos los que no s^uen

tan por entero

la

perflción

590

Capítulo xlii.De la ley de amor que ha de tener el

varón imperfecto y el perfecto con el que lo ha in- juriado o agraviado injustamente

598

Capítulo xliii.De la ley de amor que has de repetir con

tu enemigo en le perdonar muchas veces, y cuántas han

de ser

610

Capítulo xliv. ^De la ley de amor que tiene Dios en per-

ÍNDICE GENERAL

XI

Páginas

Capítulo xlv.De c6mo el demonio se U"a'oaja por fal-

sarnos la ley del amor para enseñorearse de los que por amor habían de esta- sujetos a Dios

622

Capítulo xlvi.De la penitencia que deben seguir los que han quebrantado la ley del amor

635

Capítulo xLvn.De la ley de amor que tiene la peniten-

cia con los suyos y de la que le debemos y cuándo

Capítulo xlviii.De los grados que tienen los que guar-

dan la ley del amor

Capítulo xlix.—De la ley de amor que ha de tener el buen

obispo con la Iglesia que fuere su esposa, y cualquier perlado con su grey

Capítulo l.De la ley de amor que debe tener la persona

643

648

66'J

religiosa con su religión y orden

674

Capítulo li.De la ley de amor que guardan los bienaven- turados en el cielo

684

Introducción general

LA CIENCIA MÍSTICA HISPANO-

FRANCISCANA

I

LA CIENCIA MÍSTICA

Dios, LUGAR DEL HOMBRE: RELACIÓN AMOROSA ENTRE AMBOS

Con frase ceñida y contenido amplio, San Pablo nos enseñó de un golpe tres soberanas verdades que alumbran

profusamente los campos filosófico y teológico. Y lo que

dijo fué : In ipso vivimus, moüemur et sumus ^ :

¡(Vivimos

en Dios, en Dios nos movemos y en Dios somos».

Esta condición del hombre :

vivir, moverse y ser en

Dios, no sólo le magnifica y^levanta, sino que le compele a estudiarse y a conocerse, .a reflexionar sobre mismo,

para ordenar su vida conforme a su índole natural, a su

jerarquía y a su destino.

Porque ya se ve :

Dios es el fin esencial del hombre ;

Dios es principio y término de su amor, y Dios es como

su espacio, tanto que muévese en Dios. Así lo entendió la ciencia mística española, y así nos

lo enseñó por boca de Fr.

Francisco García de Cisn^-

ros,

O. S.

B., cuando en su Ejercitatorio espiritual dijo:

El hombre ha de meditar solamente en qué manera podrá

alcanzar a su Criador, el cual es su lugar, fin y amor '. Bien

nos recuerda este lenguaje y esta ideología trascendente

lo que más tarde sistematizará con lógica y magisterio in-

comparable uno de los genios más genuinamente español,

San Ignacio, en sus Ejercicios espirituales.

Puede el hombre vivir, moverse y estar en Dios, como

1

Act.

17, 28.

4

INTRODUCCIÓN GENERAL

cualquiera otra criatura, es decir, por necesidad intrínseca

de su ser, por estar Dios en todo esencial y presencial-

mente :

pero sin advertirlo, sin verle, sin conocerle,

sin

amarle, sin experimentarlo.

el hombre, de

hecho, no vive, ni se mueve, ni está en Dios, sino que

vive, se mueve y está como fuera de Dios, descentrado,

descaminado, violentado y sin norte. Una mirada en frío

sobre los pueblos antiguos, sobre los pueblos modernos y

sobre todos los pueblos, demuéstranoslo con evidencia.

Luego el hombre no tiene lo que naturalmente debie-

Que así sea, demasiado lo sabemos:

ra: la integridad de naturaleza, la plena rectitud de su ser, el impulso ingénito suficientemente valioso para orientarse

sin desvío, el conocimiento y amor de Dios necesarios y eficaces para vivir, moverse y estar en él, según la exigen-

cia de Dios y la exigencia del propio hombre.

He aquí cómo expresa este fenómeno, filosófico y teo-

lógico a la vez, el saber español, por su representante le-

gítimo, Juan Luis Vives: Non fuit homo humanitate con-

tentas, divinitatem expetivit, idcirco et humanitatem, quam

relinquebat, amisit nec quam afjectarat divinitatem, est

consecutus, ad quam jortassis divinitatem quadantenus

pertigisset,

si se agnoscens

et suis diffisus

viribus, Dei

gratia ac beneficio adepturum sperasset, cuius in se tam

prolixam erat jam benignitatem expertas; sed se non ag-

novit \

A fin, pues, de que haya entre Dios y el hombre rela-

ción de amor mutuo, a fin de que Dios ame al hombre

y sea por el hombre amado, preciso es que Dios levante

al hombre hasta sí, capacitándole y asemejándole a su Di-

vinidad. La verdadera y genuina relación de amor, con

todas sus consecuencias,

exige similitud,

sin

la

cual

no

puede haber lazo de conjunción amorosa.

Este levantamiento del hombre, esta asimilación, óbrala

Dios creando en la profundidad del alma un germen di-

vino y vital que la diviniza y, divinizada, puede ya unirse

amorosamente con Dios y vivir con él con semejanza de

vida.

Veamos cómo enseña esto mismo, que es doctrina evan-

gélica, el profundo escrutador de la ciencia mística, fray

Francisco de Osuna, O. F. M. :

«Es una forma, o don.

o hábito, o disposición, o influencia divina, que sólo Dios

cría en el ánima de sus amigos, para que por esta gracia sean de él amados y sean apartados de los otros. Esta

gracia es así como divisa o señal con que se conocen los

que son del bando del príncipe de la gloria,

» De concordia

et

discordia, 1.

i, pp.

201-202.

Jesucristo,

LA CIENCIA MÍSTICA HiSPANO-FRANClSCANA

5

por los merecimientos del cual cría Dios esta gracia en

el

ánima

de

los fieles)) \

San Pablo exhorta encarecidamente a los fieles y les

anima a que renueven el espíritu y se revistan del hom-

bre nuevo, creado según Dios en una justicia y santidad verdadera , la correspondiente e imprescindible al estado

de gracia en que debe vivir el cristiano, hijo espiritual de Cristo.

De aquí la noción exacta de lo que es un cristiano:

((Un hombre de naturaleza pura e incorrupta», un hombre

restituido a su estado primero, a su naturaleza inconta-

minada

En el cristiano fiel vive Dios diferentemente por mu- chos modos especiales y gratuitos. García de Cisneros es-

cribe :

((Cómo Dios mora en el ánima por tres maneras

de gracia

(c.

66):

La primera es por justificación,

sin

que el alma tenga de ello sentimiento alguno, y de esta

manera, ya sea que de ello no tenga sentimiento, es acep-

ta a Dios. La segunda manera es por sentimiento y con-

solación alguna. La tercera manera es por unión, según que la tuvo el apóstol San Pablo y otros excelentísimos

contemplativos, de lo cual hablar me reputo indigno, de- jándolo para los muy grandes doctores» .

La ciencia mística

uLa mística, aunque ciencia de amor, es ciencia y, por consiguiente, ejercicio especulativo de la mente, sin lo cual

se convertiría en iluminismo fanático)i

En efecto, la teología mística es una verdadera ciencia,

la cúspide más alta de todas ellas, la que tiene por objeto

y por fin la unión infinitamente amorosa del hombre con

Dios en esta vida, la que se funda en la experiencia so-

brenatural, íntima, secreta y cordial de las comunicacio-

nes divinas.

El obrar natural y el obrar sobrenatural, unidos, enla-

zados, compenetrados sin confundirse ni anularse, actuan-

do armónicamente, hacen su obra más divina que huma-

na por ser de mayor eficacia el principio divino, y así la

operación del hombre alcanza su mayor y más elevada

Tercer abecedario espiritual, tr. 10. 6

Eph.

4, 23-24.

" Juan Luis Vives, De concordia et discordia. 1.

' E i ercitatorio, 62.

1,

p.

201.

* Meniéndez y página 78.

Pelayo,

Historia de

las

ideas estéticas.

2,

7.

6

categoría. Es la conjunción de lo humano y de lo divino,

conjunción la más bella, la más perfecta y la de trutos más sazonados.

«Dos conceptos notables: obrar humano o natural

obrar divmo o sobrenatural. Ll modo primero nos lo ex-

y

plica la hlosoíía ; el segundo, la sagrada teología ; ambas

ciencias constituyen los polos inconmovibles de la sobe-

rana y altísima ciencia mística, que enlaza aquellos dos

modos para llegar a la unión y admirable cópula que se

hace de lo alto de Dios y lo bajo del hombre»

.

El estado anímico de unión amorosa y experimental con

Dios, elevado sobrenaturalmente el espíritu, tiene por base

fundamental y firme una triple ciencia, que origma y sos-

tiene a la ciencia mística. La teología,

la ontología y la

psicología constituyen el trípode áureo de la estera mar- iüeña denominada ciencia mística. El alma que la obra,

henchida de Dios, prorrumpe en cánticos, válvulas de es-

cape de su plenitud cordial y amorosa. «Este es el misticismo como estado del alma, y su vir-

tud es tan poderosa y fecunda que de él nacen una teo-

logía mística y una ontología mística, en que el espíritu,

iluminado por la llama del amor, columbra perfecciones y

atributos del ser, a que el seco razonamiento no ¡lega ; y

una psicología mística, que persigue y descubre hasta las últimas raíces del amor propio y de ios afectos humanos, y una poesía mística, que no es más que la traducción, en

forma de arte, de todas estas teologías y hlosotías anima-

das por el sentimiento personal y vivo del poeta que can-

te sus espirituales amores»

Todos los místicos contrahechos y no guiados por la es-

trella sobrenatural de la Iglesia católica, encendida por

Dios en el mundo, han fracasado, y el tiempo, piedra de

toque de la verdad, los ha consumido. No han podido re-

sistir el fuego del análisis,

tragolpe de la verdad eterna, siempre eficaz.

En primer lugar, la ciencia mística, experiencia de la

naturaleza sobrenaturalizada y sentida por el hombre amis-

tado con Dios, destruye radicalmente y aniquila el natu-

ralismo materialista, que impide al hombre levantar los

ojos a lo alto, sujetándole la vista a lo terreno, fijo y limi-

tado ; confunde al racionalismo, empequeñecedor de la

el contraste científico, el con-

9 P. Antonio Torró, O. F. M.^ La relación natural y la divina

en la vida mística según San Juan de la Cruz, en VETERI :

menaje de devoción, p.

Ho-

213.

En folleto se reprodujo este bello y

profundo discurso con el título Los caminos del amor en las al-

mas. Barcelona, 1928.

1» Menéndez y Pelayo. Ensayos

de critica

literaria:

De la

LA CIENCIA MÍSTICA HISPANO-FRANCISCANA

7

mente ansiosa de trascender lo racional, para comprehen-. Her lo suprarracional y eterno ; rechaza el monismo, afir-

mando la diferencia esencial entre Dios y el hombre, entre la criatura y el Creador, y aspirando, no a confundirlos,

sino a unirlos amorosamente ; confunde el agnosticismo

con afirmaciones concretas y universales : nies^a la filosofía

de ¡a inmanencia, reafirmándose en la filosofía de la tras-

cendencia: por otra parte, enseña un optimismo racional

(la naturaleza es buena), condicionado por la generosa bondad expansiva de Dios y por la correspondencia del

hombre a los divinos favores, que ora los estimula, ora los

ameneua ; y coloca al hombre, individual y colectivamente considerado, en un mundo de fe en Dios, en la madre na-

el género humano, en el pre-

sente, en el porvenir, en lo temporal v en lo eterno. En

Dios, por Dios v con Dios, hácese el hombre cuasi omni- potente, verificándose de nuevo en él lo ave se verificó

en San Pablo, cuando diio : Omnia possum in eo aui me

contortat

turaleza, en mismo,

en

: «Todo lo

puedo en quien es mi fortaleza».

Por esto, los santos, aue son flor y nata de la cristian-

dad, copartícipes de la naturaleza divina, eran, no imbé-

cil, sino cn^tianamente optimistas.