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Biografías

Tomás de Iriarte
(Puerto de la Cruz, 1750 - Madrid, 1791) Escritor español. Fue junto
con Félix María de Samaniego uno de los fabulistas más importantes
del siglo XVIII. Sobrino del académico Juan de Iriarte, a los trece años
se trasladó a Madrid para vivir con su tío, lo que le permitió adquirir
una sólida educación. Sucedió a su pariente como traductor de la
Secretaría de Estado y ocupó el cargo de archivero del Consejo de
Guerra.

Tomás de Iriarte
Su figura destacó en los ambientes literarios y sociales. Frecuentó
asiduamente la tertulia de la Fonda de San Sebastián donde trabó
amistad con Cadalso y Nicolás Fernández de Moratín. Agudo crítico y
gran polemista, mantuvo constantes disputas con Ramón de la
Cruz, Juan Pablo Forner y Félix María Samaniego.

La fama le llegó con la publicación de la obra satírica Los literatos en


cuaresma (1773), imprescindible para conocer a los escritores
neoclásicos españoles. En 1777 tradujo en verso el Arte
poética de Horacio. Trabajo tan elogiado como controvertido fue el
poema didáctico La música (1779), traducido a varios idiomas.

Su mayor popularidad se debió a las Fábulas literarias (1782),


publicadas un año más tarde que las de Samaniego, donde reunió una
serie de poemas satíricos y moralizantes que encierran muchas veces
una burla feroz de sus coetáneos. El autor aplicó a estos apólogos los
preceptos clasicistas, se hizo eco de las ideas estéticas imperantes en
su tiempo y se sometió a las reglas de universalidad, unidad formal y
didactismo.
A pesar de que sus versos presentaron una mayor variedad métrica
que los de Samaniego, y buscaron la máxima sencillez y claridad, las
rimas resultaron un tanto forzadas y nunca alcanzaron la vivacidad de
las de su rival. No obstante, el gran acierto del autor consistió en
trasladar fielmente al género fabulístico las normas dictadas por la
preceptiva, como puede apreciarse en piezas como "El burro flautista",
"La mona", "Los dos conejos" o "El caballo y la ardilla".
De su actividad teatral cabe destacar el monólogo Guzmán el
Bueno (1787), el drama en prosa La Librería (1790) y tres comedias
morales en verso, El don de gentes (1780), El señorito mimado (1787)
y La señorita malcriada (1788), que tratan sobre la dificultad de educar
a los hijos. Estas piezas son antecesoras de las comedias
de Moratín y de la alta comedia del siglo XIX. Cuatro años antes de
morir hizo realidad su deseo de ver publicada su Colección de obras
en verso y prosa (1789).

Fábula infantil: El burro flautista

Por Tomás Iriarte


Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.
Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.
Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.
Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.
En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.
«¡Oh!», dijo el borrico,
«¡qué bien sé tocar!
¡y dirán que es mala
la música asnal!».
Sin reglas del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.
Félix María Samaniego
(Laguardia, 1745 - id., 1801) Escritor español, famoso por sus Fábulas
morales. Junto con Tomás de Iriarte es considerado el mejor de los
fabulistas españoles; la violenta enemistad surgida entre ambos ha
pasado a la historia de la literatura.

Félix María Samaniego


Perteneciente a una familia noble y rica, tras los primeros estudios
(llevados a cabo en el hogar paterno) fue enviado a cursar derecho a
la Universidad de Valladolid, donde permaneció dos años sin llegar a
concluir la carrera. En un viaje de placer a Francia se entusiasmó con
los enciclopedistas, y se quedó mucho tiempo en tierra francesa; allí
se le contagió la inclinación a la crítica mordaz contra la política y la
religión tan grata a los hombres del siglo, y cierto espíritu libertino y
escéptico que le indujo a burlarse de los privilegios y a rechazar,
incluso, un alto empleo en la corte que le ofreció el conde de
Floridablanca.
A su regreso a España contrajo matrimonio y se estableció
primeramente en Vergara, donde participó en la Sociedad Patriótica
Vascongada, tendente a la difusión de la cultura en los medios
populares, y de la cual llegó a ser presidente. Las fábulas escritas para
que sirvieran de lectura a los alumnos del Real Seminario Patriótico
Vascongado de Vergara son su obra más conocida. En 1781 se
publicaron en Valencia los cinco primeros libros con el título
de Fábulas en verso castellano, y en 1784 apareció en Madrid la
versión definitiva, titulada Fábulas morales y formada por nueve libros
con 157 fábulas.
Las fábulas de Samaniego se inspiran en las obras de los fabulistas
clásicos Esopo y Fedro, y también del francés La Fontaine y del
inglés John Gay; todas ellas tienen una finalidad didáctica. De estilo
bastante sencillo y métrica variada, muchas fábulas destacan por su
espontaneidad y gracia: La lechera, Las ranas que pedían rey, El parto
de los montes, La cigarra y la hormiga, La codorniz, Las moscas, El
asno y el cochino, La zorra y el busto o El camello y la pulga.
La publicación de las fábulas de Tomás de Iriarte (que había sido su
amigo) un año después que las suyas, con un prólogo en el que
afirmaba que eran "las primeras fábulas originales en lengua
castellana", irritó a Samaniego y desató una rivalidad entre ambos
escritores que duraría toda su vida. Samaniego publicó anónimamente
el folleto satírico Observaciones sobre las fábulas literarias originales
de D. Tomás de Iriarte (1782) y, poco después, una parodia del
poema La música, también de Iriarte, que tituló Coplas para tocarse al
violín a guisa de tonadilla. Siguieron numerosos libelos, contestados
con la misma violencia por Iriarte. Sin embargo, cierto espíritu
volteriano confería a los ataques de Samaniego una crueldad mayor.
Con la subida de los Borbones al poder se produjo un proceso
centralizador que entró en litigio con las instituciones forales del País
Vasco. Al complicarse la situación, en 1783 Samaniego fue
comisionado por la provincia de Álava para que de una manera directa
gestionara los problemas provinciales en la Corte, aunque también
tramitó otros asuntos regionales y de la Vascongada. En la capital, su
actividad literaria fue intensa; asistió a reuniones y tertulias y gozó de
la amistad de nobles y escritores. Participó en las polémicas teatrales
de la época defendiendo el teatro neoclásico y la ideología ilustrada.
Esta actividad cultural fue más exitosa que los progresos de las
gestiones que le habían encargado. Tampoco llegó a buen puerto el
plan de un Seminario para señoritas, que la Vascongada pretendía
establecer en la ciudad de Vitoria.
De nuevo en Bilbao, Félix María Samaniego volvió a llevar las riendas
de su hacienda, bastante olvidada, y a frecuentar las antiguas
amistades. En 1792 decidió llevar una vida más tranquila y se retiró a
su villa natal, Laguardia. Dos sucesos rompieron su tranquilidad: por
un lado, la invasión francesa del año 1793 que dejó malparadas sus
posesiones guipuzcoanas; por otro, algunas poesías satíricas y
licenciosas le valieron el principio de un proceso inquisitorial en 1793.
El tribunal de Logroño llegó incluso a decretar la detención del autor.
Samaniego evitó peores consecuencias gracias a la influencia de sus
amistades en los altos niveles.
Las fábulas de Samaniego
Publicadas en 1784, la Fábulas morales recogen un total de 157
composiciones, distribuidas en nueve libros y precedidas de un
prólogo. Fueron compuestas para los alumnos del Colegio de Vergara,
en cuya labor pedagógica colaboraba. Su intención está dentro del
carácter didáctico de la literatura neoclásica e ilustrada y respondía a
la máxima estética de instruir deleitando. Debieron de influir en la
elección del género sus conocimientos de la literatura francesa, en
especial de La Fontaine, aunque Samaniego no es un mero traductor,
sino que actualiza la materia tradicional desde las fuentes clásicas
(Esopo y Fedro), aumenta los datos explicativos y dramatiza las
escenas en relación con la función didáctica que pretende.
En el desarrollo de las fábulas, Félix María Samaniego sigue la
estructura convencional, aunque procura plantear claramente la
oposición entre los personajes-animales por medio de adjetivos
antitéticos, para que de ella se desprenda clara la moraleja. La
formulación de la moralidad suele ir al final de la fábula, como
consecuencia aleccionadora de lo sucedido en el episodio que la
precede. Quizá sea la moraleja, desde el punto de vista de la
estructura, el aspecto menos conseguido en Samaniego, por culpa de
su excesiva extensión. Se exige que sea concisa y breve, de forma
que pueda quedar grabada con facilidad en la mente infantil. Pero
Samaniego se pierde con frecuencia en rodeos inútiles, a diferencia de
La Fontaine, que solamente insinúa la moraleja.
El tipo de moralidad de las fábulas no es cristiana, ni tan siquiera
ingenua. Se aplica, siguiendo la tradición, el concepto naturalista de la
moral. Las bases están próximas a la ideología de Rousseau, pero en
realidad es una ética de supervivencia y de lucha por la vida la que los
animales parlantes nos predican. Una moral en la que tienen cabida el
egoísmo, la venganza, la astucia, la desconfianza... Tampoco
debemos olvidar el rico caudal de ideas ilustradas o de estética
neoclásica. Otras veces son simples principios de convivencia o
reflexiones dictadas por la experiencia, de puro valor práctico. Por eso
no es extraño que las moralejas estén tan cerca de la filosofía del
refrán y que a veces se formulen con uno de ellos, literalmente o con
ligeras modificaciones por imperativos de la rima.
Consecuente con sus principios estéticos y los destinatarios iniciales
de la obra, Samaniego hace en sus fábulas un derroche de gracia y
sencillez. La gracia la consigue a base de viveza y colorismo en la
expresión. Las fábulas están esmaltadas, ya que no de metáforas, sí
de expresiones cálidas e ingeniosas, construidas sobre un lenguaje
corriente. Juega también con los refranes y los dichos populares.
Otros rasgos que definen su estilo son la ausencia de elementos
cultos, la simplicidad del vocabulario y la acumulación de sustantivos y
verbos, signos de su dicción concisa.

Poema
La lechera
Llevaba en la cabeza
una Lechera el cántaro al mercado
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado,
que va diciendo a todo el que lo advierte
«¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!»

Porque no apetecía
más compañía que su pensamiento,
que alegre la ofrecía
inocentes ideas de contento,
marchaba sola la feliz Lechera,
y decía entre sí de esta manera:

«Esta leche vendida,


en limpio me dará tanto dinero,
y con esta partida
un canasto de huevos comprar quiero,
para sacar cien pollos, que al estío
me rodeen cantando el pío, pío.

»Del importe logrado


de tanto pollo mercaré un cochino;
con bellota, salvado,
berza, castaña engordará sin tino,
tanto, que puede ser que yo consiga
ver cómo se le arrastra la barriga.

»Llevarélo al mercado,
sacaré de él sin duda buen dinero;
compraré de contado
una robusta vaca y un ternero,
que salte y corra toda la campaña,
hasta el monte cercano a la cabaña».

Con este pensamiento


enajenada, brinca de manera
que a su salto violento
el cántaro cayó. ¡Pobre Lechera!
¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,
huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.

¡Oh loca fantasía!


¡Qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría,
no sea que saltando de contento,
al contemplar dichosa tu mudanza,
quiebre su cantarillo la esperanza.

No seas ambiciosa
de mejor o más próspera fortuna,
que vivirás ansiosa
sin que pueda saciarte cosa alguna.

No anheles impaciente el bien futuro;


mira que ni el presente está seguro.
Leandro Fernández de Moratín
(Madrid, 1760 - París, 1828) Poeta y dramaturgo español, máximo
exponente en España del teatro neoclásico. Hijo de Nicolás Fernández
de Moratín, estudió en los jesuitas de Calatayud y fue alumno de la
Universidad de Valladolid. Se dio a conocer como poeta con el
romance heroico en endecasílabos La toma de Granada, premiado por
la Real Academia Española en 1779.

Leandro Fernández de Moratín


(detalle de un retrato de Goya)
En 1782 volvió a ser premiado por Lección poética. Sátira contra los
vicios introducidos en la poesía española, escrito en tercetos y que le
sirvió para atacar al teatro barroco. Obtuvo el puesto de secretario del
conde Francisco Cabarrús en 1787, lo cual le permitió visitar varios
países europeos, entre ellos Francia y el Reino Unido.

Amigo de Jovellanos y protegido de Godoy, logró sus mejores éxitos


en el campo teatral. Intentó introducir en España los moldes del teatro
neoclásico francés, es decir, el respeto a las tres unidades de tiempo,
lugar y acción y la finalidad moralizante, aunque no llegaron a calar
entre el público. Su primera comedia fue El viejo y la niña (1790), que
pasó sin pena ni gloria, aunque el éxito le llegaría tan sólo dos años
más tarde con La comedia nueva o el café.

Después de este triunfo literario emprendió un nuevo viaje por Europa


(1792), decisivo en su experiencia personal y artística. En París tuvo
ocasión de asistir a trascendentales sucesos de la Revolución
Francesa, que le impresionaron vivamente, y en el Reino Unido entró
en contacto con la obra de Shakespeare, autor que por entonces era
prácticamente desconocido en España. Luego continuó viajando por
los Países Bajos, Alemania, Suiza e Italia, desde donde regresó a
España a finales de 1796. En 1798 tradujo Hamlet, la primera versión
española directa del inglés.

De los primeros años del siglo XIX datan sus mejores comedias,
escritas con un perfecto dominio del castellano, y en las que critica las
costumbres de la época y la hipocresía social: El barón, La
mojigata y El sí de las niñas. Esta última es considerada como su
mejor obra y el mejor logro español dentro de la corriente de comedia
de salón dieciochesca, que arranca de Molière y culmina en Carlo
Goldoni.

Nombrado secretario de la Interpretación de Lenguas y miembro de la


Junta de Teatros, Leandro Fernández de Moratín abandonó sus
cargos cuando se produjo el levantamiento popular de 1808 contra la
invasión napoleónica. Más tarde, en 1811, José Bonaparte lo nombró
bibliotecario mayor. Como la mayoría de afrancesados, abandonó la
capital a raíz de la retirada de las tropas francesas, para dirigirse a
Valencia y luego a Barcelona.

No obstante la ausencia de cargos contra él, en 1818 decidió dejar


España y pasar a Francia, cuya cultura admiraba profundamente. En
Burdeos conoció al ya anciano y amargado Goya, quien hizo de él un
magnífico retrato, que se conserva en la Academia de San Fernando,
en Madrid. La muerte le sorprendió en París, donde se había radicado.

En 1825 se editaron en esta ciudad sus Obras dramáticas y líricas y,


póstumamente, su ensayo Orígenes del teatro español, en el que
indaga en la evolución del teatro en España, y su epistolario.
Sus Diarios hubieron de esperar casi siglo y medio a ser publicados,
pues no vieron la luz hasta 1968.
El barón

Leandro Fernández de Moratín

Nota preliminar: Edición digital a partir de Obras dramáticas y líricas, París,


Augusto Bobée, 1825, t. I, pp. 225-369

Advertencia
En el año de 1787 escribió el autor una zarzuela intitulada El Barón, que se debía
representar en casa de la condesa viuda de Benavente, lo cual no llegó a verificarse;
pero la obra corrió manuscrita, con más aprecio del que efectivamente merecía.
Una dilatada ausencia del autor dio facilidad a algunos para que apoderándose de
ella la trataran como a cosa sin dueño. Alteraron a su voluntad situaciones y versos,
añadieron personajes, aumentaron o suprimieron donde les pareció varios trozos
cantables, y la desfiguraron de un modo lastimoso. Con estas enmiendas, supresiones y
apostillas, la tomó a su cargo D. Josef Lindón, organista de la Capilla Real, y compuso
la música según pudo y supo. Entretanto cayó en poder de los que se llaman
apasionados: juventud ociosa y alegre, y poco difícil en materias de gusto. Parecioles
muy buena (como era de temer), la estudiaron a porfía, la representaron sin música en
varias casas particulares y, por último, en el teatro público de Cádiz apareció mutilada y
deforme.
Restituido el autor a su patria, vio la mala suerte que había tenido su obra, y una de
las mayores dificultades que tuvo que vencer fue la de persuadir a su amigo D. Josef
Lidón a que diera por perdido el tiempo que había gastado en componer la música, y a
que desistiera del empeño que tenía en que los cómicos se la cantaran. Logrado esto,
conoció la necesidad de corregirla, para lo cual suprimió todo lo añadido por mano
ajena, y todo lo cantable: dio a la fábula mayor verosimilitud e interés, a los caracteres
más energía, y alterando el primer acto, y haciendo de nuevo el segundo, de una
zarzuela defectuosa compuso una comedia regular.
Entretanto que la estudiaban los mismos actores, que con tanto celo y acierto
habían desempeñado las dos primeras piezas del autor, la compañía de los Caños del
Peral se dio por ofendida de aquella preferencia. Sus protectores (gente poderosa y
grande influjo en la corte) meditaron una venganza poco delicada, para desahogo de su
mal fundado resentimiento. Hallaron un buen hombre que se prestó a sus miras,
dilatando en tres actos la zarzuela de El Barón, suprimida la música, añadidos de propio
caudal varios trozos y lo restante copiado a la letra del original que estropeaba. Sin
haberlo sospechado jamás, se halló de repente poeta: puso por título a sus mal zurcidos
retales el de La lugareña orgullosa; la llamó comedia original; insultó en el prólogo al
autor de El Barón, y la pieza contrahecha se estudió, se imprimió, y se representó en el
teatro de los Caños; antes que en el de la Cruz estuviera corriente la de Moratín. Tanta
fue la actividad con que se aceleró la ejecución de aquella materia. El público no quedó,
sin embargo, muy satisfecho del mérito de la obra; y siendo ya tan conocida la zarzuela
de El Barón; la rapiña del autor intruso, su mala fe, sus cortos alcances y su ridícula
presunción, le desacreditación completamente.
La comedia de Moratín se representó en el teatro de la Cruz el día 28 de enero del
año de 1803. Sabíase de antemano que iba a ser silbada: el jefe que mandaba la
expedición era conocido y temible, la turba que tenía a sus órdenes numerosa e
intrépida. Durante la representación intentaron los voceadores el ataque más de una vez;
pero el público logró contenerlos; faltaban pocos versos para concluirla, y creyeron que
era ya urgente hacer el último esfuerzo, y cumplir el empeño que habían contraído.
Voces, gritos, golpes, silbidos, barahúnda espantosa, todo se puso en práctica, y aquella
parte del auditorio a quien había parecido bien la comedia, contribuyó con aplausos a
crecer el estrépito y la confusión. Unos pedían que se anunciase otra función para el día
siguiente y otros gritaban que siguiese la misma.
En medio de este tumulto, que se dilataba con tesón de una y otra parte, Antonio
Pinto, amigo del autor, logró con dificultad que le oyeran, y dijo: «Los cómicos han
creído que la comedia que se acaba de representar es una de aquellas pocas
composiciones que más ilustran el teatro español. Una parte del público abunda en esta
opinión y lo manifiesta de un modo indubitable; otra parece que la desaprueba y quiere
que se anuncie para mañana pieza distinta. Deseando los cómicos acertar, quisieran
saber si la comedia de El Barón ha de repetirse mañana, o no. Lo que decida el público,
eso harán ellos, su obligación es complacerle». Esta alocución, lejos de calmar el
desorden y conciliar los ánimos, sirvió solo de aumentarle y dividirlos, y hubiera
durado mucho tiempo aquella discordia, si los conjurados, dando ya por seguro su
triunfo, no hubieran salido atropelladamente a dar el anuncio a los que esperaban
afuera.
Corrió la voz por las esquinas y callejuelas, tabernas, cafés y tertulias, de que la
comedia de Moratín había sido silbada, noticia que llenó de regocijo a los que
lamentándose continuamente de que nada se hace bueno en España, cuando alguna vez
se hace, desestiman lo que echaban de menos y atropellan el mérito que son incapaces
de competir. Algunos sabios y sabias se acostaron tarde aquella noche, ocupados en
escribir coplillas mordaces e insípidas en celebridad de la gran victoria que habían
logrado contra el talento y la aplicación virtuosa, la parcialidad y la ignorancia.
Corrieron estos opúsculos al otro día de mano en mano, y a pocas horas de existencia
perecieron en desprecio y olvido. En la segunda representación no hubo más ruido que
el de los aplausos; los conspiradores no asistieron, el vino los había reunido, y el vino
está caro en Madrid. El público desapasionado vengó con su aprobación los insultos
anteriores; retuvo como frases proverbiales muchas expresiones de la comedia, y desde
entonces oye siempre con aprecio esta fábula sencilla, verosímil, cómica, instructiva, y
en la cual se observan, como en todas las otras del autor, los preceptos del arte y del
buen gusto.
Antonio Ponce desempeñó con mucha inteligencia el difícil personaje de El Barón.
Antonio Pinto, para quien era muy acomodado el carácter de D. Pedro, satisfizo las
esperanzas del autor y del público. Mariano Querol, en el de Pascual, acertó como
siempre lo hacía cuando copiaba la rústica y lerda sencillez de nuestros lugareños. El
papel de la Tía Mónica en boca de María Ribera se admiró como lo más perfecto que
puede presentar la ficción dramática.

Noli adfectare quod tibi non est datum,


delusa ne spes ad querelam recidat.

Phedri, Fab. Lib. III.

PERSONAJES

DON PEDRO.
LA TÍA MÓNICA.
ISABEL.
LEONARDO.
EL BARÓN.
FERMINA.
PASCUAL.

La escena es en Illescas, en una sala de casa de LA TÍA MÓNICA.

El teatro representa una sala adornada al estilo del lugar. Puerta a la derecha que
da salida al portal, otra a la izquierda para las habitaciones interiores, y otra en el
foro, con escalera por donde se sube al segundo piso.

La acción empieza a las cinco de la tarde y acaba a las diez de la noche.

Acto I
Escena I

LEONARDO, FERMINA.

LEONARDO Sí, Fermina, yo no sé


que extraña mudanza es esta;
ni apenas puedo creer
que en tres semanas de ausencia
se haya trocado mi suerte 5
de favorable en adversa.
¿Qué misterios hay aquí?
¿Por qué su vista me niega
Isabel? ¿Por qué su madre,
que me ha dado tales pruebas 10
de estimación, me despide,
me injuria?... ¡Oh! ¡Cuánto recela
un infeliz!... Pero, dime,
ese Barón que se hospeda
en esta casa...
FERMINA ¿El Barón? 15
LEONARDO Sí, ¿qué pretende? ¿Qué ideas
son las suyas?
FERMINA No es posible
que un instante me detenga.
(Mirando adentro con inquietud.)
LEONARDO Pero, dime...
FERMINA Es que si viene
mi señora, y os encuentra, 20
habrá desazón.
LEONARDO Después
que yo de tu boca sepa
mi desventura, me iré.
Di...
FERMINA Pues bien, la historia es esta.
Ya sabéis que hace dos meses 25
con muy corta diferencia,
que el barón de Montepino
se nos presentó en Illescas.
Tomó un cuarto en la posada
de enfrente. Estando tan cerca, 30
desde su ventana hablaba
con nosotras... bagatelas,
y chismes de vecindad.
Vino hasta media docena
de veces a casa, y luego 35
fue la amistad más estrecha.
Hablaba de sus vasallos,
de su apellido y sus rentas,
de sus pleitos con el Rey,
de sus mulas, etcétera. 40
Mi señora le escuchaba
embebecida y suspensa,
y todo cuanto él decía
era un chiste para ella.
Hizo el diantre que a este tiempo 45
se os pusiese en la cabeza
ir a ver a vuestro primo
que, a la verdad, no pidierais
haber ido en ocasión
más mala.
LEONARDO Estando tan cerca 50
de Toledo, estando enfermo
de tanto peligro, ¿hubiera
sido razón...?
FERMINA Yo no sé...
Voy a acabar, no nos sientan.
Nuestro Barón prosiguió 55
sus visitas con frecuencia:
siempre al lado de mis amas,
siempre haciéndolas la rueda,
muy rendido con la moza,
muy atento con la vieja; 60
de suerte, que la embromó.
La ha llenado la cabeza
de viento; está la mujer
que no vive ni sosiega
sin su Barón; y él, valido 65
de la estimación que encuentra,
quejándose muchas veces
de que la posada es puerca,
de que no le asisten bien,
que los gallos no le dejan 70
dormir, que no hay en su cuarto
ni una silla ni una mesa;
tanto ha sabido fingir,
y ha sido tan majadera
mi señora, que ha enviado 75
por la trágica maleta
de El Barón, y ha dado en casa
eficaces providencias
para que su señoría
coma, cene, almuerce y duerma. 80
En efecto, ya es el amo:
se le han cedido las piezas
de arriba; viene a comer,
se sube a dormir la siesta,
vuelve a jugar un tresillo, 85
o sale a dar una vuelta
con las señoras; después
vienen a casa, refresca,
cena, sin temor de Dios,
vuelve a subir y se acuesta. 90
Tal es su vida. El motivo
de haber venido a esta tierra,
ha sido, según él dice...
¡Para el tonto que lo crea!
No sé que lance de honor, 95
de aquellos de las novelas:
persecuciones, envidias
de la corte, competencias
con no sé quien, que le obligan
a andarse de zeca en meca... 100
En fin, mentiras, mentiras,
mal zurcidas todas ellas.
Esto es lo que pasa. Ahora
inferid lo que os parezca.
Isabel os quiere bien; 105
pero Patillas lo enreda
a veces y...
LEONARDO Sí, su madre
es tal que podrá vencerla;
y hará que me olvide, hará
que a su pesar la obedezca... 110
¡A su pesar!... Pero, ¿quién
me asegura su firmeza?
¿Quién sabe si, ya olvidada
del que la quiso de veras,
a un hombre desconocido 115
dará su mano contenta?...
Adiós... Pero tú, que sabes
cuanto mi amor interesa,
haz que yo la pueda hablar;
dila el afán que me cuesta... 120
Dila, en fin, que no hay amante,
por más infeliz que sea,
que si no merece afectos,
desengaños no merezca.
(Hace que va y vuelve. Vase.)
FERMINA ¡Pobrecillo! Mucho temo 125
que el tal Barón te la juega.
Y al cabo de tantos años
de ilusiones lisonjeras,
tantos suspiros perdidos,
tanto rondar a la puerta, 130
tus proyectos amorosos
en esperanzas se quedan.
¿Y esto es amar? Esto es
vivir remando en galeras.

Escena II

LA TÍA MÓNICA, FERMINA.

TÍA MÓNICA Fermina, ¿diste el recado 135


de que mi hermano viniera
al instante?
FERMINA Sí, señora.
TÍA MÓNICA Mucho tarda.
FERMINA Si es un pelma.
TÍA MÓNICA Y es para una cosa urgente.
FERMINA ¿Para qué?
TÍA MÓNICA ¡Cierto que es buena 140
la curiosidad!
FERMINA ¡Señora!
¿Pues a qué santo es la fiesta?
¡No es cosa! ¡La paletina,
la saya rica, las vueltas
de corales!...
TÍA MÓNICA Calla, loca. 145
FERMINA ¡Válgame Dios! Si lo viera
el difunto.
TÍA MÓNICA ¿Qué difunto?
FERMINA El que está comiendo tierra.
TÍA MÓNICA ¿Quién?
FERMINA Mi señor, que en su vida
pudo lograr que os pusierais 150
una cinta, y os llamaba
desastrada, floja y puerca,
andrajosa, y...
TÍA MÓNICA Si no callas
he de romperte las piernas,
habladora.
FERMINA Yo...
TÍA MÓNICA Bribona. 155
FERMINA Si...
TÍA MÓNICA ¿Qué palabras son esas?...
FERMINA Señora, si él lo decía,
y los vecinos se acuerdan...
¡Válgame Dios, que yo no
lo saco de mi cabeza! 160
Por cierto que muchas veces
daba unas voces tremendas,
que alborotaba la casa;
y os llamaba majadera...
TÍA MÓNICA Calla.
FERMINA Y...
TÍA MÓNICA Calla.
FERMINA Bien está. 165

Escena III

DON PEDRO, LA TÍA MÓNICA, FERMINA.

DON PEDRO Hola, ¿quién riñe?


TÍA MÓNICA Es con esta
picudilla.
FERMINA Mi señora
me pone de vuelta y media
porque digo la verdad,
y porque...
TÍA MÓNICA Vete allá fuera. 170
FERMINA Porque digo que mi amo...
TÍA MÓNICA Vete.
FERMINA Ya me voy.
TÍA MÓNICA No vuelvas
sin que te llame; y cuidado,
no te plantes a la reja.

Escena IV
DON PEDRO, LA TÍA MÓNICA.

DON PEDRO Con que, mi señora hermana, 175


asunto de consecuencia
debe de ser el que ocurre.
Yo, como sé tus vivezas,
no me he dado mucha prisa
(Sentándose.)
a venir; pero se enmienda 180
todo con haber venido.
Vaya pues.
TÍA MÓNICA Sólo quisiera
(Se sienta junto a DON PEDRO.)
que me dieras unos cuartos.
DON PEDRO ¿Para qué?
TÍA MÓNICA Para una urgencia.
DON PEDRO ¿Urgencias tú?... Bien está. 185
¿Cómo, cuánto?
TÍA MÓNICA Si tuvieras
cien doblones.
DON PEDRO Sí los tengo;
pero ajusta bien la cuenta,
que se acabará el dinero
a pocas libranzas de esas. 190
Doce mil reales me diste,
si la mitad se cercena
quedan seis mil, nada más.
TÍA MÓNICA Ya lo sé.
DON PEDRO Pues bien, receta;
ello es tuyo, si lo quieres 195
todo, allá te las avengas.
TÍA MÓNICA No, todo no, cien doblones
me darás.
DON PEDRO ¿Con que hay urgencias?
TÍA MÓNICA Sí señor, lo necesito,
y no quiero darte cuentas 200
de cómo, y cuándo, y por qué.
DON PEDRO Pues yo tengo mis sospechas
de que tú quieres decirlo.
TÍA MÓNICA ¿Decirlo yo? No lo creas.
DON PEDRO ¿No? Pues bien, no hablemos ya 205
del asunto.
TÍA MÓNICA ¡Bueno fuera
que siendo el dinero mío
cada vez que se me ofrezca
gastar algo, te pidiese
el dinero y la licencia! 210
DON PEDRO No dices mal.
TÍA MÓNICA Pues, tú quieres
tenernos como en tutela.
¡Buena aprensión!
DON PEDRO Sí, por cierto;
y a fe que es mala incumbencia
querer mandar a una viuda, 215
tan verde y tan peritiesa,
con paletina y brial.
TÍA MÓNICA ¿No podré, cuando yo quiera,
ponerme mi ropa?
DON PEDRO Sí;
pero me admiro de verla 220
salir a lucirlo, al cabo
de medio siglo que lleva
de cofre.
TÍA MÓNICA Ya que lo tengo,
quiero gastarlo.
DON PEDRO Es muy cuerda
resolución; tanto más 225
que convienen la decencia
y el adorno a una señora
en cuya casa se hospeda
todo un Barón.
TÍA MÓNICA Es verdad,
ya entiendo tus indirectas. 230
Sí señor, le tengo en casa,
ni un solo ochavo le cuesta
comer y dormir aquí.
Le regalo, y le quisiera
regalar con tal primor, 235
que en vez de sufrir molestias,
no echara menos su casa,
su fausto y sus opulencias.
DON PEDRO ¡Sus opulencias!... ¡El pobre
Barón!... Y ¿qué mala estrella 240
redujo a su señoría
a ser vecino de Illescas?
¿De qué enfermedad murieron
sus lacayos? ¿En qué cuesta
se rompió el coche, y cayeron 245
la Chispa y la Vandolera?
¿Qué gitanos le murciaron
el bagaje? ¿Qué miserias
son las suyas, que se vino
sin sombrero y sin calcetas? 250
¿No podrás satisfacerme
a estas dudas?
TÍA MÓNICA No tuviera
la menor dificultad.
DON PEDRO Pero, en efecto, ¿me dejas
en la misma confusión? 255
TÍA MÓNICA Sí; piensa de él lo que quieras,
nada importa.
DON PEDRO Y, en efecto,
hermana, hablando de veras,
¿es un caballero ilustre?
TÍA MÓNICA De la primera nobleza 260
de España, muy estimado
en las cortes extranjeras,
primo de todos los duques.
DON PEDRO ¡Oiga!
TÍA MÓNICA Y es, por línea recta,
nieto de no sé que rey. 265
DON PEDRO ¡No es cosa la parentela!
TÍA MÓNICA Si le trataras, verías
qué conversación tan bella
tiene, qué cortés, qué afable,
qué expresivo con cualquiera, 270
y qué desinteresado.
DON PEDRO Eso la sangre lo lleva.
TÍA MÓNICA Pero el pobre caballero,
¡válgame Dios!, cuando cuenta
sus desgracias...
DON PEDRO ¿Qué desgracias? 275
TÍA MÓNICA Hará llorar a las piedras.
Ha sido gobernador,
yo no sé si de Ginebra...
Ello es en Indias; y un conde,
hermano de una duquesa, 280
cuñada de un primo suyo,
el picarón, mala lengua,
le ha puesto en mal con el rey.
DON PEDRO ¡Haya bribón!
TÍA MÓNICA Y por esta
calumnia se ve obligado 285
a disfrazar su grandeza
y andar de aquí para allí;
pero, Dios querrá, que venga
a saberse la verdad,
y entonces... ¡Pero, si vieras 290
cuanto favor le merezco
al buen señor! Él me enseña
todas sus cartas y algunas
que vienen en otras lenguas,
de Francia y de más allá 295
de Francia, para que sepa
lo que dicen, las explica
en español todas ellas.
¡Pero, qué cosas le escriben!
DON PEDRO ¿Qué cosas?
TÍA MÓNICA Cosas muy buenas. 300
DON PEDRO Ya.
TÍA MÓNICA Le dicen que se vaya
a Londres, o a Inglaterra,
que el rey de allí le dará
mucho dinero y haciendas...
Pero él no quiere salir 305
de España.
DON PEDRO Pues no lo acierta.
¿Por qué no se va al instante
a tomar esas monedas?
¿Qué puede esperar? ¿Que un día,
ahí en una callejuela, 310
le conozcan, se le lleven,
y le corten la cabeza
por una equivocación?
TÍA MÓNICA No, que según las postreras
noticias, van sus asuntos 315
de mejor semblante, y piensa,
dentro de poco, poner
tan en claro su inocencia,
que al que levantó el embuste
quizás le echarán a Ceuta. 320
DON PEDRO Eso es natural... Y, dime,
hablando de otra materia
que nos interesa más,
y conviene tratar de ella.
¿Qué tenemos de tu hija? 325
TÍA MÓNICA Nada.
DON PEDRO ¿Nada? ¿Estás dispuesta
a casarla con Leonardo?
Lo supongo.
TÍA MÓNICA No, no es esa
mi intención.
DON PEDRO ¡Calle! Y ¿por qué,
se ha mudado la veleta? 330
TÍA MÓNICA Porque sí.
DON PEDRO Ya, ¿con que quieres
hacerla morir doncella?
TÍA MÓNICA ¿Qué prisa corre el casarla?
DON PEDRO ¡Oiga! ¡No es mala la idea!
¿Qué prisa corre? ¡Ahí es nada! 335
Tú, hermana, ya no te acuerdas
de cuando tuviste quince.
¡Qué prisa corre! Es muy buena
la especie, por vida mía.
TÍA MÓNICA Digo bien.
DON PEDRO Vamos, ya empiezas 340
a delirar, y estas cosas
piden discurso y prudencia.
Es menester que se case.
TÍA MÓNICA Pues yo no quiero que sea
con un pelgar, infeliz. 345
DON PEDRO Muy bien, pero considera
que casándose a mi gusto
es suyo cuanto yo tenga.
Que Leonardo es un muchacho
de talento y buenas prendas; 350
que en Madrid le dio su tío
una educación perfecta,
y cuando llegó a faltarle,
(renunciando a las ideas
de ambición, considerando 355
que el producto de su hacienda
bien cuidada, y sobre todo
su moderación, pudieran
hacerle vivir feliz)
vino, reclamó la oferta 360
que le hiciste de casarle
con Isabel... Lo desean
entrambos; todo el lugar
su esperada unión celebra,
tú lo has prometido, y...
TÍA MÓNICA Sí; 365
pero las cosas se piensan
mejor, y... vamos... Yo sé
lo que he de hacer, no me vengas
a predicar.
DON PEDRO Eso no.
Tú harás lo que te parezca; 370
pero, mira que es tu hija.
No la oprimas, no la tuerzas
la voluntad, ni presumas
que con gritos y violencia
has de extinguir en un día 375
una inclinación honesta,
que el trato y el tiempo hicieron
inalterable.
TÍA MÓNICA No temas
nada... Yo me entiendo.
DON PEDRO Adiós.
(Se levantan los dos.)
TÍA MÓNICA Anda con Dios.
DON PEDRO (Aparte.)
¡Qué cabeza! 380
Voy a contar los seis mil
y haré que el muchacho venga
conmigo para traerlos.
A más ver.
TÍA MÓNICA ¡Qué mosca lleva!

Escena V

LA TÍA MÓNICA, EL BARÓN.

BARÓN Señora, muy buenas tardes. 385


TÍA MÓNICA Estoy a vuestra obediencia,
señor Barón.
BARÓN Hoy ha sido
mucho más larga la siesta.
TÍA MÓNICA ¡Qué! No señor... A las tres
ya estaba haciendo calceta. 390
Mi alcoba es un chicharrero...
Y la calor la desvela
a una, de modo que...
BARÓN Cierto.
Aquí faltan unas piezas
de verano... Ya se ve, 395
¡Estas casas tan mal hechas!
¿Estuvisteis mucho tiempo
en Madrid?
TÍA MÓNICA Muy poco; apenas
estuve un mes.
BARÓN De ese modo
(Paseándose.)
es casualidad que vierais 400
mi casa.
TÍA MÓNICA ¿En qué calle está?
BARÓN Es un caserón de piedra
disforme.
TÍA MÓNICA ¿En qué calle?
BARÓN Y tengo
pensado, luego que vuelva,
echarle al suelo.
TÍA MÓNICA ¿Por qué? 405
BARÓN Para hacerle a la moderna.
TÍA MÓNICA Será lástima.
BARÓN No tal;
además que se aprovechan
todos los jaspes, y al cabo
por mucho, mucho, que pueda 410
gastarse, vendrá a costar
tres millones... y aún no llega.
TÍA MÓNICA ¿Y hacia adonde está?
BARÓN He pensado
reducirle cuanto sea
posible; y según los planos 415
que me vinieron de Antuerpia,
queda más chico y mejor.
Una columna abierta,
circular, y en el ingreso
esfinges, grupos y verjas. 420
Gran fachada, escalinata
magnífica, cinco puertas,
peristilo egipcio... Y dentro
su jardín con arboledas,
invernáculos, estanques, 425
cascada, gruta de fieras,
saltadores, laberinto,
aras, cenotafios, bellas
estatuas, templos, ruinas...
En fin, cuatro frioleras 430
de gusto... Y sobre la altura
del monte que señorea
el jardín, un belveder
de mármoles de Florencia,
con bóvedas de cristal, 435
en medio de una plazuela
de naranjos del Perú.
TÍA MÓNICA ¡Válgame Dios, qué grandeza!
BARÓN Todo es vuestro; allí estaréis
servida como una reina. 440
Mi palacio, mis sorbetes;
mis papagayos, mi mesa,
mis carrozas de marfil
con muelles a la chinesca,
todo es para vos.
TÍA MÓNICA Señor, 445
tanto favor me avergüenza.
BARÓN Más merecéis, más os debo,
que habéis sido en mi deshecha
fortuna el iris de paz,
y es justo que a tanta deuda 450
corresponda... Mas, decidme,
(que entre los dos la reserva
y el misterio no están bien)
un joven que nos pasea
la calle, y atentamente 455
nuestras ventanas observa.
¿Quién puede ser? Él es nuevo
en el lugar.
TÍA MÓNICA De manera,
señor Barón, que...
BARÓN Esta noche...
No sé si estabais despierta... 460
Ello era tarde, sonó
una cítara, y con ella
un romance de Gazul,
cierto moro que se queja
de que su mora, por otro 465
nuevo galán le desdeña.
¿No me diréis...?
TÍA MÓNICA Sí señor...
¡Válgame Dios! Yo estoy muerta.
Por más que procuro...
(Aparte.)
BARÓN En fin,
¿podré yo saber quién sea? 470
TÍA MÓNICA Sí señor, sí... Ya se ve,
como él es de aquí.
BARÓN ¿De Illescas?
TÍA MÓNICA Sí señor, y ha vuelto ahora
de Toledo... Pero ella...
No señor... nunca...
BARÓN Ya estoy. 475
TÍA MÓNICA Él es un tonto, y se empeña
en que... ¡Vaya! Lo primero
que la diré, cuando vuelva,
cuidado, no ha de ponerme
los pies en casa.
BARÓN ¡Discreta 480
prevención! Si Isabelita
no le quiere, que no venga.
TÍA MÓNICA ¡Qué ha de querer! No señor,
nada de eso. ¿Pues no fuera
un disparate?... No digo 485
que la muchacha merezca
un marqués...
BARÓN ¡Merece tanto,
Doña Mónica!... Es muy bella,
muy amable... Ved que es mucho,
mucho, lo que me interesa 490
su felicidad... Adiós,
que aún no es tiempo de que os deba
decir más. Llegará el día
de mi fortuna y la vuestra.
(Asiéndola de la mano y apretándosela con expresión de
cariño.)
José Joaquín Fernández de Lizardi
(México, 1776-1827) Escritor mexicano. Es el gran iniciador de la
novela americana. En 1812 fundó el periódico liberal El Pensador
Mexicano, suspendido por el gobierno de Fernando VII, pero cuyo
título se apropió el autor como seudónimo. Su vigor polémico le
enfrentó en repetidas ocasiones con el orden constituido. Tras la
independencia, dirigió la Gaceta del Gobierno (1825). Sus obras
narrativas, que reflejan sus posturas críticas, incluyen El Periquillo
Sarniento(1816 y 1830-1831) y La Quijotita y su prima (1818).
También cultivó, con menos éxito, la poesía y el teatro. Su
autobiografía, Noches tristes y día alegre (1818), contiene los primeros
gérmenes del romanticismo mexicano.

José Joaquín Fernández de Lizardi


Periodista por vocación y liberal influido por los enciclopedistas,
aunque limitado por el ambiente de la colonia, José Joaquín
Fernández de Lizardi es considerado no sólo como el escritor más
importante de su país durante el primer tercio del siglo XIX, sino
también como el autor de la primera novela, en el sentido moderno del
término, que se escribió en América. Nacido hacia el final de la época
colonial, la infancia de José Joaquín transcurrió en Tepozotlán, donde
su padre ejercía la medicina en el Seminario de los Jesuitas. Hizo en
esta población sus primeros estudios, que amplió después en el
Colegio de San Ildefonso; pero no pudo terminarlos por falta de
recursos.
Aunque entre sus primeras composiciones figura un himno dedicado al
soberano español Fernando VII (Polaca en honor de nuestro católico
monarca, el señor don Fernando Séptimo, 1808), Fernández de Lizardi
se opuso pronto a la monarquía y abrazó los ideales independentistas.
Apoyó la revuelta del cura Hidalgo y luego la causa de José María
Morelos, escribió panfletos en defensa de la libertad de imprenta y
contra el gobierno virreinal, y fue encarcelado en 1815, tras la derrota
de Morelos. Fundador de múltiples publicaciones, la más célebre de
todas ellas es El Pensador Mexicano, que duró de 1812 a 1814 y de la
cual tomaría su seudónimo literario.

Con sus artículos y escritos luchó por la libertad de expresión y


contribuyó a consolidar el ideario independentista. Escribió también
versos desaliñados, de los que lo más interesante son
las Fábulas (1817); intentó el teatro, sin resultado, en piezas como El
negro sensible, Auto Mariano y otras. Pero se le recuerda más por sus
artículos políticos y, sobre todo, por sus tres novelas, que inauguraron
el género en el continente: El Periquillo Sarniento (1816), La Quijotita y
su prima (1818) y Don Catrín de la Fachenda (1832).

De ellas, El Periquillo Sarniento es sin duda la mejor y más famosa.


Pintura satírica y colorida de las postrimerías del virreinato, está
inspirada en la picaresca española y cuenta la vida de un truhán de
buen corazón que sirve a varios amos y tiene diversas aventuras. Es
una obra de carácter edificante, a través de la cual el autor busca
combatir vicios, criticar la hipocresía de la sociedad y ridiculizar los
malos hábitos. A pesar de su trasfondo moralizante, la novela alcanza
un indudable valor literario gracias a sus elementos costumbristas, a
su humor y a la vivacidad de muchos de sus episodios.

El Periquillo Sarniento se publicó íntegramente por primera vez en


1830-1831, y ha sido objeto de incontables reimpresiones. El éxito de
esta novela, que refleja de modo realista la vida mexicana en tiempos
de su autor, fue grande, y disfrutó de envidiable popularidad porque en
ella cobran vida los diversos niveles sociales, con el lenguaje peculiar
de cada uno, sobre todo el de los oficios y profesiones (el estudiantil,
el de los abogados, los médicos, los jugadores profesionales, los
ladrones, etc). Las escenas de la vida privada están descritas con
minuciosidad y riqueza de datos, así como las leyendas y
supersticiones de carácter popular.

Es indudable que muchos de los incidentes que forman la trama de


esta novela están tomados de la vida misma de Lizardi. Se relata la
niñez del protagonista, y por las páginas dedicadas a ella desfilan sus
progenitores, sus primeras escuelas y maestros, sus cursos
universitarios y sus observaciones de la vida estudiantil. En busca de
una profesión que exigiese la menor preparación posible, Periquillo se
fija en el sacerdocio, pero malas compañías acaban por apartarlo de
él.

El temor de ser aprendiz lo lleva a un monasterio, del que sale al poco


tiempo, y después de dilapidar su exigua herencia, emprende
diferentes aventuras, durante las cuales entra al servicio de una serie
pintoresca de amos: un escribano socarrón, un barbero, un médico
charlatán, un subdelegado vicioso y un capitán del ejército. Sólo por
ser realmente cobarde (le faltaba valor para empresas peligrosas) no
pudo aprovechar la oportunidad de hacerse salteador de caminos para
ganarse la vida. El héroe de El Periquillo Sarniento no difiere de sus
congéneres de la novela picaresca española sino en que al final,
arrepentido de sus extravíos, se pone a trabajar y a ganarse la vida
honradamente, y muere por fin convertido en un ciudadano respetable.

En ciertos aspectos, La Quijotita y su prima (1818) es una novela


similar a El Periquillo Sarniento, protagonizada ahora por una mujer
apicarada. Don Catrín de la Fachenda (cuyo título completo es Vida y
hechos del famoso caballero don Catrín de la Fachenda, publicada
póstumamente en 1832) es también una novela de carácter
moralizante no exenta de trascendencia a la luz de su examen del
país. En ella se relata la vida de un joven presuntuoso; la aversión al
trabajo y las absurdas pretensiones de esta especie de señorito de la
época colonial acaban causando su ruina. De Noches tristes y día
alegre (1818), obra de carácter autobiográfico influida por las Noches
lúgubres del español José Cadalso, se suelen destacar los rasgos que
preludian el romanticismo mexicano.
Himno

POLACA

QUE EN HONOR DE: NUESTRO CATÓLICO MONARCA

EL SEÑOR DON FERNANDO SÉPTIMO

CANTÓ J. F. DE L.(1)

Viva el Sol de las Españas,

viva el Séptimo Fernando,

y cantemos celebrando

su deseada exaltación.

Huya de nuestra presencia

confusa y avergonzada

la perfidia disfrazada

con la capa de la unión;

huya toda infame intriga,

luzca el corazón infiel,

que detesta España fiel

la funesta seducción.

Viva el Sol de las Españas,

viva el Séptimo Fernando,


y cantemos celebrando

su deseada exaltación.

Lejos de aquí la impiedad

y la vil hipocresía,

que introducirse quería

en nuestro leal corazón;

cubra de mortal vergüenza

su semblante aborrecible

el infame y el horrible

monstruo cruel de la traición.

Viva el Sol de las Españas,

viva el Séptimo Fernando,

y cantemos celebrando

su deseada exaltación.

Sólo viva en nuestros pechos

paz, quietud, tranquilidad

y humilde fidelidad

con una perfecta unión;

sólo viva nuestro rey,


y con justa dependencia

tribútele la obediencia

toda fiel veneración.

Viva el Sol de las Españas,

viva el Séptimo Fernando,

y cantemos celebrando

su deseada exaltación.

Baje y celebre a Fernando

la Ninfa alada, y contenta

vea el objeto que presenta

noble espíritu de unión;

baje la Fama y publique

sobre la faz del gran mundo

el respeto más profundo

de la española nación.

Viva el Sol de las Españas,

viva el Séptimo Fernando,

y cantemos celebrando

su deseada exaltación.
Manuel Acuña
(Saltillo, 1849 - México, 1873) Poeta y dramaturgo considerado uno de
los más destacados y característicos representantes del romanticismo
mexicano. Su inflamado carácter romántico, el lirismo que fue
apoderándose, poco a poco, de sus anhelos literarios y su naturaleza
enfermiza conformaron paulatinamente unos poemas en los que se
advierten los destellos de su pasión y su genio poético, características
que la turbulencia de sus amores y desamores irían acentuando, para
conducirlo, en medio de la locura de amor rechazado, al suicidio.

Manuel Acuña
El romanticismo del autor, sin embargo, incluyó, como en otros autores
de la época, la actividad política y periodística y una visión filosófica
liberal y positivista en que se reconoce el peso de Ignacio Manuel
Altamirano, verdadero mentor de la generación romántica.
Biografía
Manuel Acuña nació en Saltillo, capital del Estado de Coahuila, el 26 o
el 27 de agosto de 1849, pues las fuentes difieren a veces en lo
referente a la fecha exacta de su nacimiento, y recibió la primera
educación en el Colegio Josefino de su ciudad natal. Adolescente
todavía, apenas cumplidos los dieciséis años se traslada a la capital
de la República con la inicial intención de cursar estudios de latinidad,
matemáticas, francés y filosofía, para acabar luego inscribiéndose en
la Escuela de Medicina, cuyos cursos siguió a partir de 1868.
La incipiente afición a las letras se impondrá muy pronto en el espíritu
del joven aspirante a médico que, ya en 1869, dispuesto a redimir a la
humanidad por medio de la enseñanza, las artes y las ciencias, se
lanza a lo que va a ser una prolongada y fecunda serie de
colaboraciones en distintos diarios y revistas mexicanos. Manuel
Acuña comienza así a colaborar en las páginas de numerosas
publicaciones periódicas, como El Renacimiento (1869), El Libre
Pensador (1870), El Federalista (1871), El Domingo (1871-1873), El
Búcaro (1872) y El Eco de Ambos Mundos (1872-1873).
Influido a veces, como en Hojas secas, por el tardío romanticismo
español de Gustavo Adolfo Bécquer y transido otras (en Ante un
cadáver, por ejemplo) de un materialismo que cuestiona la propia
existencia de Dios y se pregunta por el origen y el destino del hombre,
por el sentido de su vida en la Tierra, por las razones del amor y el
desamor, por la causa final de la injusticia, Acuña va adoptando un
tono de encendida protesta existencial y revolucionaria, que no se ve
mitigada por la fe religiosa o por el conformismo que debiera ser fruto
natural de una cierta madurez, pero que asume en sus poemas
humorísticos descarnados acentos de burla.

Perteneciente al Liceo Hidalgo, como su amigo el poeta Juan de Dios


Peza, funda con Agustín F. Cuenca la Sociedad Literaria
Nezahualtcóyotl, que se inspira en el ferviente ideario nacionalista del
escritor, educador y diplomático Ignacio Manuel Altamirano, con su
deseo de lograr que las letras mexicanas fueran, por fin, la fiel
expresión de la patria y un elemento activo de integración cultural. El 9
de mayo de 1872, Manuel Acuña pudo ver cómo subía a los
escenarios mexicanos El pasado, la única obra dramática que ha
llegado hasta nosotros (pues escribió otra, Donde las dan las toman,
que se ha perdido). Violentamente romántico, este drama plantea la
redención de una joven prostituta gracias al amor y, en sus páginas,
pueden ya rastrearse todas las características de la personalidad
humana y literaria del joven poeta; una personalidad balbuciente
todavía y que, desgraciadamente y por su propia voluntad, no tendrá
tiempo para llegar a sazón.

Su apasionado y no correspondido amor por Rosario de la Peña, a la


que elige como inspiradora de todos sus escritos y el objeto de todos
sus sueños, le dicta el poema Nocturno a Rosario, la más popular y
conocida de sus obras. Pese a cierta ingenuidad romántica, que
convierte a Rosario en la musa por excelencia de las letras mexicanas,
la elegancia de este poema, desprovisto de los oropeles, efectismos y
exageraciones que desmerecen algunas de sus obras, puede
hacernos pensar que se abría ante el joven Acuña un prometedor y
esperanzado porvenir literario. Pero el sufrimiento moral puede llegar a
ser insoportable, el amor desgraciado no engendra tan sólo obras
dramáticas o inflamadas creaciones literarias y, por lo demás, como
nuestro infeliz enamorado sabe muy bien, los héroes románticos
suelen morir jóvenes; ahí están para demostrarlo las tumultuosas
vidas de Lord Byron y Percy Bysshe Shelley, ahí está también Mariano
José de Larra llamándole desde el otro lado del Atlántico.
Manuel Acuña, envuelto en su aura romántica, no desea recorrer el
camino hacia la gloria literaria que sus jóvenes escritos parecen
reservarle y se niega a soportar una vida en la que su pasión vaya
paulatinamente extinguiéndose, privada del amor de su esquiva musa.
El 6 de diciembre de 1873 decide truncar las esperanzas que en él se
habían depositado y cierra, con el suicidio, el curso de su existencia.
Tendrán que pasar todavía muchos años para que los escasos
poemas de Acuña abandonen las fugaces páginas amarillentas de los
periódicos o revistas de la época y venzan por fin, ordenados en un
volumen coherente, el silencioso olvido de las hemerotecas.
Obras de Manuel Acuña
Impulsivo, con destellos de genio, la vida y la obra de Manuel Acuña
se truncaron sin llegar a cuajar: becqueriano en Hojas secas y
materialista en Ante un cadáver, llega a la ingenuidad romántica en
su Nocturno, que es el poema que le ha valido más notoriedad. Acuña
es realmente un romántico de primera época, con su significación de
protesta revolucionaria sin compensaciones, sin el consuelo de la fe y
sin la resignación que la madurez suele proporcionar o propiciar. Los
prosaísmos y la superficialidad que lo aquejan son pecados de
juventud: la sencilla eficacia de su popular Nocturno nos mueve a
pensar en lo que podría haber sido el poeta en su madurez.
Los poemas de Manuel Acuña vieron la luz póstumamente con el título
de Versos, que se cambió por el de Poesías en la segunda edición
(París, Garnier, 1884), y por el de Obras en la más reciente, o sea la
publicada por José Luis Martínez (México, 1949). Produjo Acuña su
obra poética entre 1868 y 1873, toda ella de carácter lírico, si se
exceptúa el ya citado drama El pasado, que figura en las ediciones a
partir de la de 1884.
Aparte de un grupo de poemas que pudiéramos llamar ideológicos (los
tercetos Ante un cadáver, El hombre, etc.), los restantes pueden
clasificarse en amorosos, patrióticos, humorísticos, descriptivos y de
circunstancias. Entre los primeros, es uno de los mejores Resignación,
motivado por su ruptura con Laura Méndez, al que siguen en mérito
los tercetos A Laura y el Nocturno. De los patrióticos, son dignos de
mención El Giro, Hidalgo, 15 de septiembre y Cinco de Mayo; de los
humorísticos, La vida del campo y A la luna, y de los descriptivos, el
rotulado San Lorenzo.

Un grupo de poesías, Hojas secas, recuerda la manera de Bécquer,


aunque no es seguro que Acuña alcanzara a leer los versos del
sevillano; también tiene algunas canciones y cuatro Doloras, imitación
de las de Ramón de Campoamor. Su pasión por Rosario de la Peña le
inspiró el Nocturno, la más conocida de sus composiciones: "Pues
bien; yo necesito decirte que te quiero, / decirte que te adoro con todo
el corazón..." El poema, sin demasiada belleza formal ni imágenes de
relieve, debe probablemente su popularidad al hecho de que en sus
versos parece acuñarse el lenguaje mismo del infortunio amoroso, la
fórmula ya hecha en que el desgraciado en amores siente expresada
su desventura.

Su drama El pasado, que se representó por vez primera el 9 de mayo


de 1872, obtuvo un gran éxito en su estreno: al fin de cada acto el
autor fue llamado a la escena y finalizada la obra recibió un atronadora
ovación. Acuña condensó en esta pieza los ideales de la época:
censuró el fanatismo, la tiranía y los crímenes de la sociedad y exaltó
el progreso y las luces de la razón; su mensaje muestra cómo el autor
cree en la ciencia y en la redención de los hombres por la enseñanza.
En sus tres breves actos escritos en prosa, El pasado relata la amarga
historia de una mujer caída y regenerada, a la que la sociedad y las
intrigas de unos despechados impiden disfrutar la felicidad de que
gozaba al lado del pintor con que se había casado, devolviéndola
implacablemente a la proscripción y a la miseria.
A la Patria

Ante el recuerdo bendito


de aquella noche sagrada
en que la patria alherrojada
rompió al fin su esclavitud;
ante la dulce memoria
de aquella hora y de aquel día,
yo siento que en el alma mía
canta algo como un laúd.

Yo siento que brota en flores


el huerto de mi ternura,
que tiembla entre su espesura
la estrofa de una canción;
y al sonoroso y ardiente
murmurar de cada nota,
siendo algo grande que brota
dentro de mi corazón.

¡Bendita noche de gloria


que así mi espíritu agitas,
bendita entre benditas
noche de la libertad!
Hora del triunfo en que el pueblo
vio al fin en su omnipotencia,
al sol de la independencia
rompiendo la oscuridad.

Yo te amo... y al acercarme
ante este altar de victoria
donde la patria y la historia
contemplan nuestro placer,
yo vengo a unir al tributo
que en darte el pueblo se afana
mi canto de mexicana,
mi corazón de mujer.
Sir Walter Scott
(Edimburgo, 1771 - Abbotsford, Reino Unido, 1832) Novelista, poeta y
editor británico. La novela histórica romántica tiene en Walter Scott, si
no a su inventor, a su primer y más influyente representante. Hijo de
un abogado, desde su infancia se sintió fascinado por las leyendas y
los episodios históricos, preferentemente medievales, de su tierra natal
escocesa, que posteriormente constituirían el tema principal de
muchos de sus poemas y novelas.

Walter Scott
Licenciado en derecho, sus primeros pasos en la literatura los dio
como traductor, vertiendo al inglés obras como Lenore, de Gottfried A.
Bürger, y Götz de Berlichingen, de Goethe. La publicación, entre 1802
y 1803, de la recopilación de baladas Trovas de la frontera
escocesa dio a conocer su nombre al gran público, que también
acogió con entusiasmo una serie de largos poemas narrativos entre
los que destacan El canto del último trovador y La dama del lago.

De 1814 data su primera novela, Waverley, publicada anónimamente


como la mayoría de las que le siguieron, en consideración a los cargos
públicos de su autor (sheriff de Selkirk desde 1799 y secretario de los
tribunales de justicia de Edimburgo desde 1806) y la dudosa
reputación del género. Con ella y con las posteriores (El
anticuario, Rob Roy, Ivanhoe, El pirata, Quentin Durward, El talismán)
estableció los cánones de la novela histórica, tal como ésta iba a
desarrollarse hasta bien entrado el siglo XX. La más famosa de las
citada esIvanhoe (1820), que desarrolla las contradicciones entre los
sajones y los normandos en un argumento de aventuras.
La autoría de estas novelas no se reveló hasta 1826, año por otro lado
especialmente doloroso para Scott, que sufrió la muerte de su esposa
y la quiebra de la editorial Constable, en la que había invertido dinero y
por la que contrajo una deuda de 130.000 libras. Antes, en 1820,
había sido nombrado barón de Abbotsford.

Los estudiosos de la obra de Scott lo definen como el fundador de la


novela histórica, y alaban sus facultades para recrear la realidad del
pasado de Escocia y de la Edad Media con vigor y talento descriptivo,
basándose en diálogos y argumentos que fascinan por la cualidad de
crear expectativa en el lector. Por otra parte, mostró un excelente
olfato para discernir los conflictos políticos de su época y
representarlos en la ficción. Maestro del diálogo y la descripción,
poseedor de un estilo vigoroso y poético, Walter Scott influyó en los
novelistas de su época, tanto de su patria como foráneos, y también
en los músicos y pintores que glosaron y recrearon sus temas.

EL PRIMERO:

"Todos los hombres que han demostrado valer algo han sido los
principales artífices de su educación".

EL SEGUNDO:

"La rosa es más bella bañada por el rocío de la mañana, y el amor es


más hermoso humedecido por las lágrimas."

EL TERCERO:

"A los tímidos y a los indecisos todo les resulta imposible, porque así
se lo parece."

EL CUARTO:

"La parte más importante de la educación del hombre es aquella que


él mismo se da."

EL QUINTO:

"Los gatos son misteriosos; pasa más por su mente de lo que nunca
podríamos imaginarnos"
Lord Byron
(George Gordon; Londres, Gran Bretaña, 1788 - Missolonghi, actual
Grecia, 1824) Poeta británico. Perteneciente a una familia de la
aristocracia de su país, perdió a su padre a los tres años. En 1798, al
morir su tío abuelo William, quinto barón Byron, heredó el título y las
propiedades.

Lord Byron
Educado en el Trinity College de Cambridge (etapa en la que
curiosamente se distinguió como deportista, a pesar de tener un pie
deforme de nacimiento), Lord Byron vivió una juventud amargada por
su cojera y por la tutela de una madre de temperamento irritable. A los
dieciocho años publicó su primer libro de poemas, Horas de ocio, y
una crítica adversa aparecida en el Edimburgh Review provocó su
violenta sátira titulada Bardos ingleses y críticos escoceses, con la que
alcanzo cierta notoriedad.

En 1809, al ser declarado mayor de edad, Lord Byron emprendió una


serie de viajes en los que recorrió España, Portugal, Grecia y Turquía.
A su regreso publicó, como memoria poética de su viaje, los dos
primeros cánticos de La peregrinación de Childe Harold, que le
valieron rápidamente la fama. El héroe del poema, Childe Harold,
parece basado en elementos autobiográficos, aunque sin duda
recreados y aumentados para configurar lo que sería el típico héroe
byroniano -al que él mismo trató de emular en su vida-, caracterizado
por la rebeldía frente a la moral y las convenciones establecidas y
marcado por una vaga nostalgia y exaltación de sentimientos, en
especial el sufrimiento por un indeterminado pecado original.
En 1815 se casó con Anna Isabella Mibanke, con quien tuvo una hija,
Augusta Dada, aunque se separaron al cabo de un año. El personaje
libertino y amoral que Lord Byron encarnaba frente a la sociedad
terminó por volverse contra él, sobre todo a partir de los rumores sobre
sus relaciones incestuosas con su hermanastra Augusta, por lo que
terminó por abandonar el Reino Unido en 1816, para no regresar
jamás y convertirse en poeta errante por Europa.
En Suiza, de donde había llegado procedente de Bélgica, Lord Byron
convivió con el poeta Shelley y sostuvo relaciones amorosas con
Claire Clairmont. Tras una estancia en Génova, se trasladó a Venecia,
donde inició, en 1819, una nueva y turbulenta relación amorosa con la
condesa Guiccioli y llevó una vida fastuosa y salpicada de escándalos;
más tarde fue a Ravena.

En esta época terminó el cuarto canto de Childe Harold y su Manfredo


(1817), que le permitió sostener correspondencia con Goethe, quien
diría de él que se trataba del «primer talento de su siglo». En 1819
inició su famoso Don Juan, considerada por muchos como su mejor
obra, en la que recrea al mítico personaje en un tono que oscila entre
la gravedad y la ironía. En 1822, y junto a los poetas Shelley y Leigh
Hunt, fundó en Pisa la revista The Liberal, cuya publicación se
interrumpió enseguida debido a la muerte del primero y a la disputa de
Byron con Hunt. Orientado cada vez más hacia la causa liberal, en
1823, a raíz de la rebelión de los griegos contra los turcos, Lord Byron
reclutó un regimiento para la causa de la independencia griega, aportó
sumas económicas importantes y se reunió con los insurgentes en
julio de 1823 en Missolonghi. Murió de unas fiebres en esta misma
ciudad poco después, a los treinta y seis años de edad.

La fama de que gozó en su época se ha visto reducida en gran medida


con el paso de los años y el aumento de la perspectiva histórica. Se ha
discutido el valor literario y sobre todo el carácter innovador de sus
composiciones líricas, mientras que su facilidad versificadora y su
expresión ágil e incisiva mantienen el interés de sus sátiras y
composiciones narrativas. Byron encarnó para sus coetáneos el ideal
del héroe romántico, tanto en su obra como en su vida, y como tal fue
considerado y admirado por no pocos escritores, José de Espronceda
y Gustavo Adolfo Bécquer entre ellos.
No volveremos a vagar
Así es, no volveremos a vagar
Tan tarde en la noche,
Aunque el corazón siga amando
Y la luna conserve el mismo brillo.

Pues la espada gasta su vaina,


Y el alma desgasta el pecho,
Y el corazón debe detenerse a respirar,
Y aún el amor debe descansar.

Aunque la noche fue hecha para amar,


Y demasiado pronto vuelven los días,
Aún así no volveremos a vagar
A la luz de la luna.

Camina bella
Camina bella, como la noche
De climas despejados y cielos estrellados;
Y todo lo mejor de la oscuridad y de la luz
Se reune en su aspecto y en sus ojos:
Enriquecida así por esa tierna luz
Que el cielo niega al vulgar día.

Una sombra de más, un rayo de menos,


Habría mermado la gracia sin nombre
Que se agita en cada trenza de negro brillo,
O ilumina suavemente su rostro;
Donde pensamientos serenamente dulces expresan
Cuán pura, cuán adorable es su morada.

Y en esa mejilla, y sobre esa frente,


Son tan suaves, tan tranquilas, y a la vez elocuentes,
Las sonrisas que vencen, los tintes que brillan,
Y hablan de días vividos en bondad,
Una mente en paz con todo,
¡Un corazón cuyo amor es inocente!
Victor Hugo
(Besançon, Francia, 1802 - París, 1885) Poeta, dramaturgo y novelista
francés considerado el máximo exponente del Romanticismo en su
país. La infancia de Victor Hugo transcurrió en Besançon, salvo dos
años (1811-1812) en que residió con su familia en Madrid, donde su
padre había sido nombrado comandante general. De temprana
vocación literaria, ya en 1816 escribió en un cuaderno escolar:
«Quiero ser Chateaubriand o nada».

Victor Hugo en 1827


En 1819 destacó en los Juegos Florales de Toulouse y fundó la
revista Le Conservateur littéraire, junto con sus hermanos Abel y
Eugène, pero su verdadera introducción en el mundo literario se
produjo en 1822, con su primera obra poética: Odas y poesías
diversas. En el prefacio de su drama Cromwell (1827) rechazó las
reglas del teatro neoclásico, proclamó el principio de la «libertad en el
arte» y definió su tiempo a partir del conflicto entre la tendencia
espiritual y el apresamiento en lo carnal del hombre; considerado el
manifiesto fundacional del teatro romántico, el texto situó a Victor
Hugo como cabeza del movimiento, y su casa se convirtió en la sede
del cenáculo romántico.
Desde esa nueva posición de jefe de filas del Romanticismo, el
virtuosismo poético de Victor Hugo se puso de manifiesto en Las
Orientales (1829), que satisfizo el gusto de sus contemporáneos por el
exotismo oriental. La censura de su drama en cinco actos Marion
Delorme retrasó su aparición en la escena teatral hasta el estreno
de Hernani (1830), obra maestra que triunfó en la Comédie Française.
La representación de este drama constituyó un auténtico escándalo,
pero significó también la victoria de la joven guardia romántica sobre el
viejo clasicismo y marcó un hito en la literatura por su ruptura con las
rígidas normas de la tragedia francesa.
En 1830 inició una fase de singular fecundidad literaria, en la cual
destacaron, además de distintos libros de poesía, su primera gran
novela, Nuestra Señora de París, y el drama Ruy Blas. En 1841
ingresó en la Academia Francesa, pero, desanimado por el rotundo
fracaso de Los burgraves, abandonó el teatro en 1843. La muerte de
su hija Léopoldine, acaecida mientras él estaba de viaje, sumada al
desengaño por la traición de su esposa con su amigo Sainte-Beuve, lo
sumieron en una honda crisis.

Victor Hugo (1876)


Entregado a una actividad política cada vez más intensa, Victor Hugo
fue nombrado par de Francia en 1845. Pese a presentarse a las
elecciones de 1848 en apoyo de la candidatura de Napoleón III
Bonaparte, sus discursos sobre la miseria, los asuntos de Roma y la
ley Falloux anticiparon su ruptura con el Partido Conservador. El 17 de
julio de 1851 denunció las ambiciones dictatoriales de Napoleón III y,
tras el golpe de Estado, huyó a Bélgica. Si bien es cierto que no
publicó ninguna obra entre 1843 y 1851, concibió su novela Los
miserables y compuso numerosos poemas que aparecieron
posteriormente.
En 1852 se instaló, con su familia, en Jersey (Reino Unido), de donde
pasó en 1856 a Guernesey. Allí permaneció, en su propiedad de
Hauteville-House, hasta 1870. Republicano convencido, denunció sin
tregua los vicios del régimen conservador de su país y en 1859
rechazó la amnistía que le ofrecía Napoleón III.
De este exilio de veinte años nacieron Los castigos, brillante sarta de
poesías satíricas; la trilogía de El fin de Satán, Dios y La leyenda de
los siglos, ejemplo de poesía filosófica en la que traza el camino de la
humanidad hacia la verdad y el bien desde la época bíblica hasta su
tiempo; y su novela Los miserables, denuncia de la situación de las
clases más humildes.

De vuelta a París, tras la caída de Napoleón III (1870), Victor Hugo fue
aclamado públicamente y elegido diputado. Fue derrotado en los
comicios siguientes, pero en 1876 obtuvo el escaño de senador de
París, posición desde la que defendió la amnistía de los partidarios de
la Comuna. Sin embargo, desengañado por la política, regresó a
Hauteville-House (1872-1873).

El ritmo de su producción disminuía, pero su prestigio se acrecentaba


sin cesar: un banquete conmemoró el quincuagésimo aniversario de
Hernani; en 1881, su cumpleaños fue celebrado oficialmente y los
senadores, en la tribuna, se levantaron sin excepción en su honor. A
su muerte, el gobierno francés decretó un día de luto nacional y sus
restos fueron trasladados al Panteón. Considerado como uno de los
mayores poetas franceses, su influencia posterior sobre Baudelaire,
Rimbaud e incluso Mallarmé y los surrealistas es innegable.

Te deseo

Te deseo primero que ames,


y que amando, también seas amado.
Y que, de no ser así, seas breve en olvidar
y que después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así, pero que sí es,
sepas ser sin desesperar.

Te deseo también que tengas amigos,


y que, incluso malos e inconsecuentes
sean valientes y fieles, y que por lo menos
haya uno en quien confiar sin dudar.

Y porque la vida es así,


te deseo también que tengas enemigos.
Ni muchos ni pocos, en la medida exacta,
para que, algunas veces, te cuestiones
tus propias certezas. Y que entre ellos,
haya por lo menos uno que sea justo,
para que no te sientas demasiado seguro

Te deseo además que seas útil,


más no insustituible.
Y que en los momentos malos,
cuando no quede más nada,
esa utilidad sea suficiente
para mantenerte en pie.

Igualmente, te deseo que seas tolerante,


no con los que se equivocan poco,
porque eso es fácil, sino con los que
se equivocan mucho e irremediablemente,
y que haciendo buen uso de esa tolerancia,
sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no


madures demasiado de prisa,
y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
y que siendo viejo no te dediques al desespero.
Porque cada edad tiene su placer
y su dolor y es necesario dejar
que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste.


No todo el año, sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras
que la risa diaria es buena, que la risa
habitual es sosa y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras,


con urgencia máxima, por encima
y a pesar de todo, que existen,
y que te rodean, seres oprimidos,
tratados con injusticia y personas infelices.

Te deseo que acaricies un gato,


alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero
erguir triunfante su canto matinal,
porque de esta manera,
te sentirás bien por nada.

Deseo también que plantes una semilla,


por más minúscula que sea, y la
acompañes en su crecimiento,
para que descubras de cuántas vidas
está hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero,


porque es necesario ser práctico,
Y que por lo menos una vez
por año pongas algo de ese
sólo para que quede claro
quién es el dueño de quién.

Te deseo también que ninguno


de tus defectos muera, pero que si
muere alguno, puedas llorar
sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que, siendo hombre,


tengas una buena mujer, y que siendo
mujer, tengas un buen hombre,
mañana y al día siguiente, y que cuando
estén exhaustos y sonrientes,
hablen sobre amor para recomenzar.

Si todas estas cosas llegaran a pasar,


no tengo más nada que desearte.
Alexandre Dumas
(Alexandre o Alejandro Dumas; París, 1824 - Marly-le-Roi, 1895)
Escritor francés, hijo natural del también escritor Alexandre Dumas.
Tras viajar por España y África, obtuvo su primer éxito con La dama de
las camelias (1848), obra en la que realizó una aguda observación de
las costumbres y de los problemas sociales de su tiempo. Su teatro,
representativo de la literatura «de tesis», cuenta con comedias no
menos comprometidas: Cuestión de dinero (1857), El hijo
natural (1858), El amigo de las mujeres (1864) y El extranjero (1876).
Otras novelas suyas a destacar son La novela de una mujer (1849)
y El caso Clémenceau (1866). También escribió ensayos de
actualidad. Fue nombrado académico en 1874.

El novelista y dramaturgo Alexandre Dumas es sobre todo recordado


como creador de La dama de las camelias, uno de los textos míticos
de la edad moderna. Hijo natural de Alexandre Dumas, tuvo una
infancia descuidada. Vivió en un pensionado hasta los diecisiete años
y pasó luego unos meses bajo el techo paterno, antes de decidir llevar
una vida independiente en la que contraería enormes deudas.

En 1845 publicó Pecados de juventud (1845), un compendio de versos


que pasó desapercibido, y tras ello comenzó a escribir en prosa. Al
regreso de un viaje a España con su padre escribió una primera
novela, Aventura de cuatro mujeres y un papagayo (1846), y en 1848
dio a conocer La dama de las camelias, texto de fondo netamente
autobiográfico que apareció ese año en forma de novela y que le valió
una fama tan importante como la de su padre. En los años siguientes
continuó escribiendo novelas para calmar a sus acreedores: Le
Docteur Servand(1849), Césarinne (1849), Tristan le Roux (1850), Le
Régent Mustel (1850) y Diane de Lys (1851), entre otras.
Luego se volcó al teatro: realizó con gran éxito adaptaciones para la
escena de algunas de sus novelas, entre las que destaca la versión
teatral de La dama de las camelias (1852), extraordinariamente
aplaudida en su estreno y llevada a todos los teatros de Europa;
Giuseppe Verdi se basaría en ella para su célebre ópera La
Traviata (1853).

El argumento, pese a algunas leves variaciones, es prácticamente el


mismo: tanto el drama como la novela relatan el amor sincero de una
cortesana, Margarita Gautier, con un joven de buena familia llamado
Armando Duval. Los amantes se refugian en una casita en el campo
(en Auteuil en el drama, en Bougival en la novela), donde parecen vivir
su amor en plenitud, hasta que aparece en la casa el padre de
Armando, que se hace anunciar en secreto a Margarita.

El padre comprende la sinceridad de su amor, pero también Margarita


ha de comprender que constituye un obstáculo para la vida y el
porvenir de Armando, y que una joven hermana suya no puede
casarse con el hombre amado debido a la deshonrosa relación del
hermano. Pide a Margarita el gran sacrificio, y ella se rinde y huye.
Armando, que no sabe nada, cree que Margarita se ha cansado de él
y lo ha abandonado. Tiempo después, Armando encuentra en París a
Margarita, que se ha convertido en amante del conde de Varville.

Despechado, le lanza a la cara delante de toda una cantidad que


acaba de ganar en el juego y declara que así queda en paz con ella.
Margarita no soporta tanta humillación (en la novela, Armando le
anuncia públicamente su relación con la cortesana Olimpia), y su
salud, ya débil, queda destruida para siempre. La enfermedad toma
una forma rápida y sin esperanza; cuando la fiel ama de llaves
Nanette, sin saberlo su señora, revela en una carta a Armando la
verdad, el joven acude apenas a tiempo para recoger, en el lecho de
muerte de la amada, su último suspiro. Pese al carácter
inequívocamente romántico de su argumento, la versión teatral de La
dama de las camelias se considera iniciadora de un nuevo realismo en
la escena, en la medida en que el dramatismo amoroso se conjuga
con el retrato de la sociedad contemporánea y sus costumbres,
efectuado sin embargo desde una perspectiva más moral que objetiva.
Dumas compuso posteriormente nuevas comedias, siempre de tono
moralizante y alrededor de los problemas de la ilegalidad, el adulterio y
la prostitución. Entre ellas cabe citar Le Demi-Monde (1855), El hijo
natural (1858) y Un padre pródigo (1859).
El peñasco del dragón.
Le rocher du dragon; Alejandro Dumas (1802-1870)

En el pueblo de Rhungsdof, a orillas del Rin, encontramos numerosos


botes aguardando a los viajeros; en unos minutos nos trasladaron a
Koenigswinter, una linda aldea situada en la otra orilla. Nos
informamos de la hora a la que pasaba el vapor y nos respondieron
que pasaba a las doce. Eso nos daba un margen de casi cinco horas;
era más del tiempo necesario para visitar las ruinas del Drachenfelds.

Tras unos tres cuartos de hora de ascensión por un bonito sendero


que rodea la montaña, llegamos a la primera cima, donde se
encuentran un albergue y una pirámide. Desde esta primera
plataforma, un bonito sendero curvo y enarenado como el de un jardín
inglés, conduce a la cima del Drachenfelds. Se llega en primer lugar a
una primera torre cuadrada, a la que se accede bastante difícilmente
por una grieta; luego a una torre redonda que, completamente
reventada por el tiempo, ofrece un acceso más fácil.

Esta torre está situada sobre la peña misma del dragón. El


Drachenfelds toma su nombre de una antigua tradición que se
remonta a los tiempos de Julián el Apóstata. En una caverna que aún
se muestra, a mitad de la ladera, se había retirado un enorme dragón,
tan perfectamente puntual en sus comidas que cuando olvidaban
llevarle cada día un prisionero o un reo al lugar en el que
acostumbraba encontrarlo, bajaba a la llanura y devoraba a la primera
persona que encontraba. Por supuesto, el dragón resultaba
invulnerable.

Era, como ya hemos dicho, en los tiempos en los que Julián el


Apóstata vino con sus legiones a acampar a orillas del Rin. Y sucedió
que los soldados romanos, que no deseaban ser devorados más que
los naturales de la zona, aprovecharon que estaban en guerra con
algunos poblados de los alrededores para alimentar al monstruo sin
que les costara nada. Entre los prisioneros, había una joven tan bella
que se la disputaron dos centuriores, y como ninguno quería cedérsela
al otro, estaban a punto de degollarse mutuamente cuando el general,
para ponerlos de acuerdo, decidió que la joven sería ofrecida al
monstruo. Se admiró mucho el acierto de este juicio, que algunos
compararon con el de Salomón, y se dispusieron a gozar del
espectáculo. El día fijado, la joven fue conducida, vestida de blanco y
coronada de flores, a la cima del Drachenfelds: la ataron a un árbol,
como Andrómeda a la roca; pidió que le dejaran las manos libres y no
creyeron que debieran negarle tan pequeño favor.

El monstruo, como ya hemos dicho, llevaba una vida bastante


metódica y almorzaba, como se almuerza aún en Alemania, entre los
dos y las dos y media. Por lo que, en el momento en que se le
esperaba, salió de su caverna y subió, mitad rampando, mitad
volando, hacia el lugar en el que sabía que encontraría su alimento.

Aquel día tenía un aspecto más feroz y hambriento que de costumbre.


La víspera, por casualidad o por refinamiento de crueldad, le habían
servido un viejo prisionero bárbaro, muy duro y que no tenía más que
la piel sobre los huesos; de manera que todos se prometían un doble
placer por aquel aumento de apetito.

El monstruo mismo, al ver a la delicada víctima que le habían ofrecido,


rugió de placer, azotó al aire su cola de escamas y se lanzó hacia ella.
Pero cuando estaba a punto de alcanzarla, la joven sacó de su pecho
un crucifijo y se lo presentó al monstruo. Era cristiana. Al ver al
Salvador, el monstruo se quedó petrificado; luego, viendo que no tenía
nada que hacer allí, se introdujo silbando en su caverna.

Era la primera vez que los habitantes de la zona veían huir al dragón.
Por lo que, mientras algunos corrían hacia la joven y la desataban, los
demás persiguieron al dragón y, envalentonados por su pavor,
introdujeron en la caverna numerosos haces de leña sobre los que
derramaron azufre y pez de resina, y luego les prendieron fuego.
Durante tres días la montaña lanzó llamaradas como un volcán;
durante tres días se oyó al dragón moverse silbando dentro de su
antro; finalmente los silbidos cesaron: el monstruo había muerto
quemado. Aún hoy se ven las huellas de las llamas y la bóveda de
piedra, calcinada por el calor, se deshace en polvo tan pronto como se
la toca.

Se comprende que semejante milagro ayudó mucho en la propagación


de la fe cristiana. Desde finales del siglo IV eran muy numerosos los
seguidores de Cristo en las márgenes del Rin.
José de Espronceda
(Almendralejo, España, 1808 - Madrid, 1842) Poeta español. Hijo de
una familia hidalga de fuerte raigambre militar, estudió con Alberto
Lista, de quien se convirtió en aventajado discípulo. Desde muy joven
se sintió atraído por la literatura y por la actividad política, aficiones
ambas que definirían su carrera futura.

José de Espronceda
En 1823, y a raíz de la ejecución del general liberal Rafael del Riego,
fundó, junto a Patricio de la Escosura, una sociedad secreta en pro de
la libertad cuyos jóvenes miembros se hacían llamar los Numantinos.
La represión política que siguió al trienio liberal motivó su encierro en
un convento de Guadalajara, donde emprendió la redacción de Don
Pelayo, poema épico de corte neoclásico (que quedó inconcluso)
sobre el caudillo astur Don Pelayo, mítico iniciador de la Reconquista.
Tras recobrar la libertad, regresó a Madrid, pero los acontecimientos
políticos del país lo impulsaron a marchar al extranjero. Partió hacia
Gibraltar, y de allí pasó a Lisboa, de donde fue expulsado, por lo que
hubo de refugiarse en Londres, por aquel entonces punto de reunión
de los liberales españoles, en cuyas reuniones participó. En Londres
conoció a Teresa Mancha, con quien mantuvo una accidentada
relación sentimental.
Informado de los acontecimientos revolucionarios que se producían en
julio de 1830 en París, acudió a la capital francesa y, poco después,
formó parte de la frustrada expedición liberal del coronel
Chapalangarra que intentó entrar en España. Durante su ausencia de
Londres, su antigua amante, Teresa, había contraído matrimonio con
un comerciante, por lo que ambos decidieron fugarse juntos. Tras otra
breve estancia en París, en 1833 regresaron a España, donde
Espronceda ingresó en el cuerpo de la Guardia Real. Sus inquietudes
políticas, sin embargo, le valieron un destierro en Cuéllar, en 1834, y
posteriormente el traslado a Badajoz. También debió esconderse tras
la llegada al poder del conde de Toreno, contra cuyo gobierno se
rebeló.
Durante sus breves etapas en Madrid, José de Espronceda participó
activamente en la vida literaria de la capital y, a pesar de sus
frecuentes encarcelamientos y destierros, pudo escribir sus primeras
obras. El contacto con la poesía romántica europea (Lord
Byron, Walter Scott) influyó en él poderosamente y orientó su propia
producción poética hacia un romanticismo exaltado, pletórico de ritmo,
color y fantasía. En 1834 publicó Sancho Saldaña, una novela
histórica, y por las mismas fechas escribió varias comedias y el drama
histórico Blanca de Borbón, editado póstumamente.
El reconocimiento público, sin embargo, le llegó gracias a su
producción lírica, publicada a partir de entonces en varios diarios y
revistas. La aparición de su ambicioso poema titulado El estudiante de
Salamanca en el periódico El Español (1836) supuso su primer gran
éxito; revisitación del mito literario de don Juan, el héroe se tiñe en
esta versión de caracteres románticos y se enfrenta a la sociedad y a
Dios desde una postura de abierta rebeldía. El diablo mundo, el
segundo de sus grandes poemas, constituye una visión épica y moral
de la España de su tiempo, que trasciende a epopeya de la
humanidad entera.

En paralelo, incrementó su actividad política, en especial tras la


publicación del opúsculo El ministerio Mendizábal (1836), en el que
incluía ideas de Saint-Simon. Por aquellas fechas, la relación con
Teresa era ya insostenible y ésta le abandonó, lo que lo sumió en una
fuerte depresión. Posteriormente mantuvo relaciones con Carmen de
Osorio y con Bernarda de Beruete.

En septiembre de 1840, la victoria liberal y la posterior regencia de


Espartero le permitieron dar el salto a la primera fila de la palestra
política española: elegido diputado a Cortes por Almería, luego fue
nombrado secretario de la legación española en La Haya. A su
muerte, acontecida súbitamente en 1842, era considerado el mejor
poeta español del momento, amén de un político de prometedora
trayectoria. Ello motivó que su entierro, en el que se dieron escenas de
hondo dolor popular, fuera uno de los actos más multitudinarios de la
época.

Poema El Pelayo de Jose de Espronceda


Fragmento Primero
I

De los pasados siglos la memoria


trae a mi alma inspiración divina,
que las tinieblas de la antigua historia
con sus fulgentes rayos ilumina:
virtud contemplo, libertad y gloria,
crímenes, sangre, asolación, ruina,
rasgando el velo de la edad mi mente,
que osada vuela a la remota gente.

II

Tornan los siglos a emprender su giro


de la sublime eternidad saliendo,
y antiguas gentes y ciudades miro
súbito ante mi vista apareciendo:
de ellos a par en mi ilusión respiro,
oigo del pueblo el bullicioso estruendo,
y lleno el pecho de agradable susto,
contemplo el brillo del palacio augusto.

III

Al blando son de la armoniosa lira


oigo la voz de alegres trovadores,
el aura siento que fragancia respira,
y al eco escucho murmurando amores;
al sol contemplo que a occidente gira
reverberando fúlgidos colores,
de la corte del godo poderío
se alza orgullosa sobre el áureo río.

IV

Toledo, que de mágicos jardines


cercada, eleva su muralla altiva
no guardada de fuertes paladines,
ornada sí de juventud festiva:
allí entregado a espléndidos festines,
Rodrigo alegre y descuidado liba
copas de néctar de fragancia pura,
al deleite brindando y la hermosura.

Allí con ojos lánguidos respira


dulce placer beldad voluptuosa,
y aroma exhala, si feliz suspira,
del puro labio de encarnada rosa,
Rodrigo en ella codicioso mira
la que a su amor se muestra desdeñosa,
que más que todas es cándida y linda,
la dulce, bella, celestial Florinda.

VI

El ruido crece del festín en tanto,


y el grato néctar al deleite llama;
su pecho inunda deleitoso encanto,
y el fuego impuro del amor le inflama:
ebrio Rodrigo, desceñido el manto
alza la mano trémula, derrama
el áureo vaso, y atrevido sella
dulce beso en el rostro a la doncella.
VII

Todo es placer: de su mansión de rosa


la primavera cándida desciende,
y en el regazo de la tierra ansiosa
el fuego animador de vida enciende:
templa del mar la furia procelosa,
el viento en calma plácido suspende,
y derrama la aurora en sus albores
luz regalada y regaladas flores.

VIII

Abre la flor naciente el lindo seno,


y recibiendo el encendido
en la esmeralda del otero ameno
vierte su dulce olor, gloria del mayo
pasa el arroyo plácido y sereno,
solícito besándola al soslayo;
ella en vivos colores se ilumina
y al dulce beso la cabeza inclina.

IX

Y en el pensil do con rosada frente


el halagüeño abril pasa riendo,
a la sombra de un árbol eminente
está la juventud danzas tejiendo;
cual a la margen de la herbosa fuente
canta, blando laúd diestro tañendo,
y cual del baile y del cantor se aleja,
y a su dulce beldad tierno se queja.

X
Allí Rodrigo con incierta huella
lascivo sigue a la fatal Florinda;
ciego, arrastrado de ominosa estrella,
intenta audaz que a su furor se rinda.
No oye ¡infeliz! su mísera querella;
la ve humilde a sus pies, la ve más linda,
y con lascivos ojos, con desdoro
mancha la hermosa flor de su decoro.

XI

En tanto encubre pavorosa nube


el cielo en antes trasparente y terso,
y relumbra la espada del querube,
ministro del Señor del universo;
que ya la voz de la inocencia sube
que en llanto el gozo trocará al perverso,
y a la luz del relámpago se muestra
del rayo armada la divina diestra.

XII
Súbito un trueno retumbar se siente:
«¡Himnos, vivas al rey! la danza siga,
y nuestra dicha y júbilo acreciente
el mutuo amor que nuestras almas liga.»
Tal grita aquella juventud demente,
y al rey ensalza que Jehová castiga.
«¡Himnos, vivas al rey!» Súbito un rayo
heló sus pechos con mortal desmayo.

XIII
Envuelto en noche tenebrosa el mundo,
las densas nubes agitando, ondean
con sus olas los genios del profundo,
que con cárdeno surco centellean;
y al ronco trueno, al eco tremebundo
de los opuestos vientos que pelean,
se oye la voz de la celeste saña:
«¡Ay Rodrigo infeliz! ¡Ay triste España!»

XIV
Todo despareció: lóbrego luto
reina y silencio do el placer ardía,
do el mísero monarca disoluto
en vil torpeza y embriaguez yacía.
Guerra y desolación el triste fruto
al fin será de su lascivia impía,
y horrenda esclavitud: Rodrigo en tanto
verterá entre sus hembras débil llanto.

XV
¡Maldición, maldición! Yertas las flores,
del huracán violento arrebatadas,
el alegre pensil de los amores
verá sus hojas por do quier sembradas;
la música, el banquete, los favores
dulces de amor, las danzas animadas,
el canto de las damas y galanes
trocados miro en lágrimas y afanes.

XVI
Tal otro tiempo en la soberbia cena
donde mofaba de Jehová el impío,
ya la medida al sufrimiento llena,
rebosó de ira caudaloso río;
y el rey asirio con amarga pena
vio en el muro de mármol con sombrío
fuego animarse escrito sobrehumano,
trazado allí por invisible mano.
Mariano José de Larra
(Madrid, 1809 - 1837) Escritor y periodista español. Dentro de
romanticismo, Mariano José de Larra es el máximo exponente del
costumbrismo crítico, opuesto a los cuadros idealizados y pintorescos
del costumbrismo testimonial. En los más celebrados de sus «artículos
de costumbres», y partiendo de una sabrosa anécdota en la que
participa como personaje y narrador, Larra trazó certeros retratos de la
carencias de la sociedad contemporánea y del carácter español (la
negligencia y la pereza en el trabajo, la vanidad y el deseo de
aparentar, la franqueza como sustitutivo de la educación) y abordó
críticamente el atraso del país.

Mariano José de Larra

La familia de Larra hubo de emigrar a Burdeos con la expulsión de las


tropas napoleónicas, en 1813, pues era sospechosa de
afrancesamiento, dado el cargo de cirujano militar al servicio de José
Bonaparte que había desempeñado su padre. Gracias a la amnistía
concedida por Fernando VII en 1818, la familia regresó a Madrid, y su
padre se convirtió en médico personal del hermano del rey Fernando.
Mariano José de Larra estudió medicina en Madrid, aunque no llegó a
terminar la carrera; en 1825 se trasladó a Valladolid para cursar
derecho, estudios que continuaría en Valencia. Al parecer, por esta
época se enamoró de una mujer que resultó ser la amante de su
padre, lo que fue una dura experiencia para él.

Los años que residió en Francia podrían estar en el origen de su


acerado sentido crítico con la realidad de España; sus artículos,
aparecidos en un folleto mensual, El Duende Satírico del Día, y que
firmaba con el seudónimo «el Duende», le reportaron pronta fama
como periodista. Su imagen de agudo observador de las costumbres y
de la realidad social, cultural y política se afianzó con la publicación de
su revista satírica El Pobrecito Hablador, en la cual escribió con el
seudónimo de Juan Pérez de Munguía.

Ambas publicaciones fueron prohibidas por la censura al cabo de poco


tiempo. En 1829 casó con Josefa Wetoret, en lo que fue un matrimonio
desgraciado que pronto acabó en separación. En 1833 inició una
nueva etapa de su carrera, con el seudónimo de Fígaro, en la Revista
Española y El Observador, donde además de sus cuadros de
costumbres insertó crítica literaria y política al amparo de la relativa
libertad de expresión propiciada por la muerte de Fernando VII; son
famosos sus artículos Vuelva usted mañana, El castellano viejo, Entre
qué gentes estamos, En este país y El casarse pronto y mal, entre
otros.

En 1834 publicó la novela histórica El doncel de don Enrique el


Doliente y estrenó la pieza teatral Macías, ambas basadas en la
trágica vida del poeta medieval Macías y en sus amores adulterinos,
argumento que, en cierta manera, reflejaba la relación adúltera que en
aquellos momentos mantenía Larra con Dolores Armijo.

En 1835 emprendió un viaje a Portugal, Londres, Bruselas y París,


donde conoció a Victor Hugo y Alejandro Dumas. De regreso en
Madrid, trabajó para los periódicos El Redactor General y El Mundo.
En esta época, la preocupación política dominaba en sus escritos;
Larra decidió intervenir en la política activa a favor de los
conservadores, e incluso llegó a ser elegido diputado por Ávila (1836),
aunque el motín de La Granja impidió que entrara en funciones.

La familia de Larra hubo de emigrar a Burdeos con la expulsión de las


tropas napoleónicas, en 1813, pues era sospechosa de
afrancesamiento, dado el cargo de cirujano militar al servicio de José
Bonaparte que había desempeñado su padre. Gracias a la amnistía
concedida por Fernando VII en 1818, la familia regresó a Madrid, y su
padre se convirtió en médico personal del hermano del rey Fernando.
Mariano José de Larra estudió medicina en Madrid, aunque no llegó a
terminar la carrera; en 1825 se trasladó a Valladolid para cursar
derecho, estudios que continuaría en Valencia. Al parecer, por esta
época se enamoró de una mujer que resultó ser la amante de su
padre, lo que fue una dura experiencia para él.

Los años que residió en Francia podrían estar en el origen de su


acerado sentido crítico con la realidad de España; sus artículos,
aparecidos en un folleto mensual, El Duende Satírico del Día, y que
firmaba con el seudónimo «el Duende», le reportaron pronta fama
como periodista. Su imagen de agudo observador de las costumbres y
de la realidad social, cultural y política se afianzó con la publicación de
su revista satírica El Pobrecito Hablador, en la cual escribió con el
seudónimo de Juan Pérez de Munguía.

Ambas publicaciones fueron prohibidas por la censura al cabo de poco


tiempo. En 1829 casó con Josefa Wetoret, en lo que fue un matrimonio
desgraciado que pronto acabó en separación. En 1833 inició una
nueva etapa de su carrera, con el seudónimo de Fígaro, en la Revista
Española y El Observador, donde además de sus cuadros de
costumbres insertó crítica literaria y política al amparo de la relativa
libertad de expresión propiciada por la muerte de Fernando VII; son
famosos sus artículos Vuelva usted mañana, El castellano viejo, Entre
qué gentes estamos, En este país y El casarse pronto y mal, entre
otros.

En 1834 publicó la novela histórica El doncel de don Enrique el


Doliente y estrenó la pieza teatral Macías, ambas basadas en la
trágica vida del poeta medieval Macías y en sus amores adulterinos,
argumento que, en cierta manera, reflejaba la relación adúltera que en
aquellos momentos mantenía Larra con Dolores Armijo.

En 1835 emprendió un viaje a Portugal, Londres, Bruselas y París,


donde conoció a Victor Hugo y Alejandro Dumas. De regreso en
Madrid, trabajó para los periódicos El Redactor General y El Mundo.
En esta época, la preocupación política dominaba en sus escritos;
Larra decidió intervenir en la política activa a favor de los
conservadores, e incluso llegó a ser elegido diputado por Ávila (1836),
aunque el motín de La Granja impidió que entrara en funciones.

Su creciente desaliento e inconformidad ante los males que asediaban


a la sociedad española y el dolor que le produjo su separación
definitiva de Dolores Armijo, quedaron reflejados en su escrito El día
de difuntos de 1836, publicado en El Español, y en el que detrás de su
habitual ironía aparecía un hondo pesimismo. Tras una nueva
discusión con Dolores Armijo, se suicidó de un pistoletazo en su
domicilio, a los veintiocho años. Aunque no compartió los postulados
literarios del romanticismo (encarnados en España en la poesía de
José de Espronceda y el teatro del duque de Rivas), su agitada vida y
su muerte lo acercan a los ideales y modelos románticos. Su figura
sería reivindicada, años más tarde, por Pío Baroja, Miguel de
Unamuno y otros autores afines a la Generación del 98, como Ramón
del Valle-Inclán y Antonio Machado.

Vuelva usted mañana


Mariano José de Larra
-[pág. 1]- -[pág. 2]- -[pág. 3]-
Gran persona debió de ser el primero que llamó pecado mortal a la pereza; nosotros,
que ya en uno de nuestros artículos anteriores estuvimos más serios de lo que nunca nos
habíamos propuesto, no entraremos ahora en largas y profundas investigaciones acerca de
la historia de este pecado, por más que conozcamos que hay pecados que pican en historia,
y que la historia de los pecados sería un tanto cuanto divertida. Convengamos solamente en
que esta institución ha cerrado y cerrará las puertas del cielo a más de un cristiano.
Estas reflexiones hacía yo casualmente no hace muchos días, cuando se presentó en mi
casa un extranjero de estos que, en buena o en mala parte, han de tener siempre de nuestro
país una idea exagerada e hiperbólica, de -pág. 4- estos que, o creen que los hombres
aquí son todavía los espléndidos, francos, generosos y caballerescos seres de hace dos
siglos, o que son aún las tribus nómadas del otro lado del Atlante: en el primer caso vienen
imaginando que nuestro carácter se conserva intacto como nuestra ruina; en el segundo
vienen temblando por esos caminos, y pregunta si son los ladrones que los han de despojar
los individuos de algún cuerpo de guardia establecido precisamente para defenderlos de los
azares de un camino, comunes a todos los países.
Verdad es que nuestro país no es de aquellos que se conocen a primera ni a segunda
vista, y si no temiéramos que nos llamasen atrevidos, lo compararíamos de buena gana a
esos juegos de manos sorprendentes e inescrutables para el que ignora su artificio, que
estribando en una grandísima bagatela, suelen después de sabidos dejar asombrado de su
poca perspicacia al mismo que se devanó los sesos por buscarles causas extrañas. Muchas
veces la falta -pág. 5- de una causa determinante en las cosas nos hace creer que debe de
haberlas profundas para mantenerlas al abrigo de nuestra penetración. Tal es el orgullo del
hombre, que más quiere declarar en alta voz que las cosas son incomprensibles cuando no
las comprende él, que confesar que el ignorarlas puede depender de su torpeza.
Esto no obstante, como quiera que entre nosotros mismos se hallen muchos en esta
ignorancia de los verdaderos resortes que nos mueven, no tendremos derecho para extrañar
que los extranjeros no los puedan tan fácilmente penetrar.
Un extranjero de estos fue el que se presentó en mi casa, provisto de competentes
cartas de recomendación para mi persona. Asuntos intrincados de familia, reclamaciones
futuras, y aun proyectos vastos concebidos en París de invertir aquí sus cuantiosos caudales
en tal cual especulación industrial o mercantil, eran los motivos que a nuestra patria le
conducían.
Acostumbrado a la actividad en que -pág. 6- viven nuestros vecinos, me aseguró
formalmente que pensaba permanecer aquí muy poco tiempo, sobre todo si no encontraba
pronto objeto seguro en que invertir su capital. Pareciome el extranjero digno de alguna
consideración, trabé presto amistad con él, y lleno de lástima traté de persuadirle a que se
volviese a su casa cuanto antes, siempre que seriamente trajese otro fin que no fuese el de
pasearse. Admirole la proposición, y fue preciso explicarme más claro.
-Mirad -le dije-, monsieur Sans-délai -que así se llamaba-; vos venís decidido a pasar
quince días, y a solventar en ellos vuestros asuntos.
-Ciertamente -me contestó-. Quince días, y es mucho. Mañana por la mañana
buscamos un genealogista para mis asuntos de familia; por la tarde revuelve sus libros,
busca mis ascendientes, y por la noche ya sé quién soy. En cuanto a mis reclamaciones,
pasado mañana las presento fundadas en los datos que aquél me dé, legalizadas en debida
forma; y como será una cosa clara y de justicia innegable (pues sólo en -pág. 7- este
caso haré valer mis derechos), al tercer día se juzga el caso y soy dueño de lo mío. En
cuanto a mis especulaciones, en que pienso invertir mis caudales, al cuarto día ya habré
presentado mis proposiciones. Serán buenas o malas, y admitidas o desechadas en el acto, y
son cinco días; en el sexto, séptimo y octavo, veo lo que hay que ver en Madrid; descanso
el noveno; el décimo tomo mi asiento en la diligencia, si no me conviene estar más tiempo
aquí, y me vuelvo a mi casa; aún me sobran de los quince cinco días.
Al llegar aquí monsieur Sans-délai traté de reprimir una carcajada que me andaba
retozando ya hacía rato en el cuerpo, y si mi educación logró sofocar mi inoportuna
jovialidad, no fue bastante a impedir que se asomase a mis labios una suave sonrisa de
asombro y de lástima que sus planes ejecutivos me sacaban al rostro mal de mi grado.
-Permitidme, monsieur Sans-délai -le dije entre socarrón y formal-, permitidme que os
convide a comer para el día en que llevéis quince meses de estancia en Madrid.
-pág. 8-
-¿Cómo?
-Dentro de quince meses estáis aquí todavía.
-¿Os burláis?
-No por cierto.
-¿No me podré marchar cuando quiera? ¡Cierto que la idea es graciosa!
-Sabed que no estáis en vuestro país activo y trabajador.
-¡Oh!, los españoles que han viajado por el extranjero han adquirido la costumbre de
hablar mal siempre de su país por hacerse superiores a sus compatriotas.
-Os aseguro que en los quince días con que contáis, no habréis podido hablar siquiera a
una sola de las personas cuya cooperación necesitáis.
-¡Hipérboles! Yo les comunicaré a todos mi actividad.
-Todos os comunicarán su inercia.
Conocí que no estaba el señor de Sans-délai muy dispuesto a dejarse convencer sino
por la experiencia, y callé por entonces, bien seguro de que no tardarían mucho los hechos
en hablar por mí.
Amaneció el día siguiente, y salimos entrambos a buscar un genealogista, lo cual sólo
se pudo hacer preguntando de amigo en amigo y de conocido -pág. 9- en conocido:
encontrámosle por fin, y el buen señor, aturdido de ver nuestra precipitación, declaró
francamente que necesitaba tomarse algún tiempo; instósele, y por mucho favor nos dijo
definitivamente que nos diéramos una vuelta por allí dentro de unos días. Sonreíme y
marchámonos. Pasaron tres días; fuimos.
-Vuelva usted mañana -nos respondió la criada-, porque el señor no se ha levantado
todavía.
-Vuelva usted mañana -nos dijo al siguiente día-, porque el amo acaba de salir.
-Vuelva usted mañana -nos respondió al otro-, porque el amo está durmiendo la siesta.
-Vuelva usted mañana -nos respondió el lunes siguiente-, porque hoy ha ido a los
toros.
-¿Qué día, a qué hora se ve a un español? Vímosle por fin, y «Vuelva usted mañana -
nos dijo-, porque se me ha olvidado. Vuelva usted mañana, porque no está en limpio».
A los quince días ya estuvo; pero mi amigo le había pedido una noticia del apellido
Díez, y él había entendido Díaz, y la noticia no servía. Esperando nuevas pruebas, nada dije
a mi amigo, desesperado -pág. 10- ya de dar jamás con sus abuelos.
Es claro que faltando este principio no tuvieron lugar las reclamaciones.
Para las proposiciones que acerca de varios establecimientos y empresas utilísimas
pensaba hacer, había sido preciso buscar un traductor; por los mismos pasos que el
genealogista nos hizo pasar el traductor; de mañana en mañana nos llevó hasta el fin del
mes. Averiguamos que necesitaba dinero diariamente para comer, con la mayor urgencia;
sin embargo, nunca encontraba momento oportuno para trabajar. El escribiente hizo
después otro tanto con las copias, sobre llenarlas de mentiras, porque un escribiente que
sepa escribir no le hay en este país.
No paró aquí; un sastre tardó veinte días en hacerle un frac, que le había mandado
llevarle en veinticuatro horas; el zapatero le obligó con su tardanza a comprar botas hechas;
la planchadora necesitó quince días para plancharle una camisola; y el sombrerero a quien
le había enviado su sombrero a variar el ala, le tuvo dos días -pág. 11- con la cabeza al
aire y sin salir de casa.
Sus conocidos y amigos no le asistían a una sola cita, ni avisaban cuando faltaban, ni
respondían a sus esquelas. ¡Qué formalidad y qué exactitud!
-¿Qué os parece de esta tierra, monsieur Sans-délai? -le dije al llegar a estas pruebas.
-Me parece que son hombres singulares...
-Pues así son todos. No comerán por no llevar la comida a la boca.
Presentose con todo, yendo y viniendo días, una proposición de mejoras para un ramo
que no citaré, quedando recomendada eficacísimamente.
A los cuatro días volvimos a saber el éxito de nuestra pretensión.
-Vuelva usted mañana -nos dijo el portero-. El oficial de la mesa no ha venido hoy.
«Grande causa le habrá detenido», dije yo entre mí. Fuímonos a dar un paseo, y nos
encontramos, ¡qué casualidad!, al oficial de la mesa en el Retiro, ocupadísimo en dar una
vuelta con su señora al hermoso sol de los inviernos claros de Madrid. -pág. 12- Martes
era el día siguiente, y nos dijo el portero:
-Vuelva usted mañana, porque el señor oficial de la mesa no da audiencia hoy.
-Grandes negocios habrán cargado sobre él -dije yo.
Como soy el diablo y aun he sido duende, busqué ocasión de echar una ojeada por el
agujero de una cerradura. Su señoría estaba echando un cigarrito al brasero, y con una
charada del Correo entre manos que le debía costar trabajo el acertar.
-Es imposible verle hoy -le dije a mi compañero-; su señoría está en efecto
ocupadísimo.
Dionos audiencia el miércoles inmediato, y, ¡qué fatalidad!, el expediente había pasado
a informe, por desgracia, a la única persona enemiga indispensable de monsieur y de su
plan, porque era quien debía salir en él perjudicado. Vivió el expediente dos meses en
informe, y vino tan informado como era de esperar. Verdad es que nosotros no habíamos
podido encontrar empeño para una persona muy amiga del informante. Esta persona tenía
unos ojos muy hermosos, los cuales sin duda alguna -pág. 13- le hubieran convencido
en sus ratos perdidos de la justicia de nuestra causa.
Vuelto de informe se cayó en la cuenta en la sección de nuestra bendita oficina de que
el tal expediente no correspondía a aquel ramo; era preciso rectificar este pequeño error;
pasose al ramo, establecimiento y mesa correspondiente, y hétenos caminando después de
tres meses a la cola siempre de nuestro expediente, como hurón que busca el conejo, y sin
poderlo sacar muerto ni vivo de la huronera. Fue el caso al llegar aquí que el expediente
salió del primer establecimiento y nunca llegó al otro.
-De aquí se remitió con fecha de tantos -decían en uno.
-Aquí no ha llegado nada -decían en otro.
-¡Voto va! -dije yo a monsieur Sans-délai, ¿sabéis que nuestro expediente se ha
quedado en el aire como el alma de Garibay, y que debe de estar ahora posado como una
paloma sobre algún tejado de esta activa población?
Hubo que hacer otro. ¡Vuelta a los -pág. 14- empeños! ¡Vuelta a la prisa! ¡Qué
delirio!
-Es indispensable -dijo el oficial con voz campanuda-, que esas cosas vayan por sus
trámites regulares.
Es decir, que el toque estaba, como el toque del ejercicio militar, en llevar nuestro
expediente tantos o cuantos años de servicio.
Por último, después de cerca de medio año de subir y bajar, y estar a la firma o al
informe, o a la aprobación o al despacho, o debajo de la mesa, y de volver siempre mañana,
salió con una notita al margen que decía:
«A pesar de la justicia y utilidad del plan del exponente, negado.»
-¡Ah, ah!, monsieur Sans-délai -exclamé riéndome a carcajadas-; éste es nuestro
negocio.
Pero monsieur Sans-délai se daba a todos diablos.
-¿Para esto -pág. 15- he echado yo mi viaje tan largo? ¿Después de seis meses no
habré conseguido sino que me digan en todas partes diariamente: «Vuelva usted mañana»,
y cuando este dichoso «mañana» llega en fin, nos dicen redondamente que «no»? ¿Y vengo
a darles dinero? ¿Y vengo a hacerles favor? Preciso es que la intriga más enredada se haya
fraguado para oponerse a nuestras miras.
-¿Intriga, monsieur Sans-délai? No hay hombre capaz de seguir dos horas una intriga.
La pereza es la verdadera intriga; os juro que no hay otra; ésa es la gran causa oculta: es
más fácil negar las cosas que enterarse de ellas.
Al llegar aquí, no quiero pasar en silencio algunas razones de las que me dieron para la
anterior negativa, aunque sea una pequeña digresión.
-Ese hombre se va a perder -me decía un personaje muy grave y muy patriótico.
-Esa no es una razón -le repuse-: si él se arruina, nada, nada se habrá perdido en
concederle lo que pide; él llevará el castigo de su osadía o de su ignorancia.
-¿Cómo ha de salir con -pág. 16- su intención?
-Y suponga usted que quiere tirar su dinero y perderse, ¿no puede uno aquí morirse
siquiera, sin tener un empeño para el oficial de la mesa?
-Puede perjudicar a los que hasta ahora han hecho de otra manera eso mismo que ese
señor extranjero quiere.
-¿A los que lo han hecho de otra manera, es decir, peor?
-Sí, pero lo han hecho.
-Sería lástima que se acabara el modo de hacer mal las cosas. ¿Conque, porque
siempre se han hecho las cosas del modo peor posible, será preciso tener consideraciones
con los perpetuadores del mal? Antes se debiera mirar si podrían perjudicar los antiguos al
moderno.
-Así está establecido; así se ha hecho hasta aquí; así lo seguiremos haciendo.
-Por esa razón deberían darle a usted papilla todavía como cuando nació.
-En fin, señor Fígaro, es un extranjero.
-¿Y por qué no lo hacen los naturales del país?
-Con esas socaliñas vienen a sacarnos la sangre.
-Señor mío -exclamé, sin llevar más adelante mi paciencia-, está usted en -pág. 17-
un error harto general. Usted es como muchos que tienen la diabólica manía de empezar
siempre por poner obstáculos a todo lo bueno, y el que pueda que los venza. Aquí tenemos
el loco orgullo de no saber nada, de quererlo adivinar todo y no reconocer maestros. Las
naciones que han tenido, ya que no el saber, deseos de él, no han encontrado otro remedio
que el de recurrir a los que sabían más que ellas.
»Un extranjero -seguí- que corre a un país que le es desconocido, para arriesgar en él
sus caudales, pone en circulación un capital nuevo, contribuye a la sociedad, a quien hace
un inmenso beneficio con su talento y su dinero, si pierde es un héroe; si gana es muy justo
que logre el premio de su trabajo, pues nos proporciona ventajas que no podíamos
acarrearnos solos. Ese extranjero que se establece en este país, no viene a sacar de él el
dinero, como usted supone; necesariamente se establece y se arraiga en él, y a la vuelta de
media docena de años, ni es extranjero ya ni puede serlo; sus -pág. 18- más caros
intereses y su familia le ligan al nuevo país que ha adoptado; toma cariño al suelo donde ha
hecho su fortuna, al pueblo donde ha escogido una compañera; sus hijos son españoles, y
sus nietos lo serán; en vez de extraer el dinero, ha venido a dejar un capital suyo que traía,
invirtiéndole y haciéndole producir; ha dejado otro capital de talento, que vale por lo menos
tanto como el del dinero; ha dado de comer a los pocos o muchos naturales de quien ha
tenido necesariamente que valerse; ha hecho una mejora, y hasta ha contribuido al aumento
de la población con su nueva familia. Convencidos de estas importantes verdades, todos los
Gobiernos sabios y prudentes han llamado a sí a los extranjeros: a su grande hospitalidad ha
debido siempre la Francia su alto grado de esplendor; a los extranjeros de todo el mundo
que ha llamado la Rusia, ha debido el llegar a ser una de las primeras naciones en
muchísimo menos tiempo que el que han tardado otras en llegar -pág. 19- a ser las
últimas; a los extranjeros han debido los Estados Unidos... Pero veo por sus gestos de usted
-concluí interrumpiéndome oportunamente a mí mismo- que es muy difícil convencer al
que está persuadido de que no se debe convencer. ¡Por cierto, si usted mandara, podríamos
fundar en usted grandes esperanzas!
Concluida esta filípica, fuime en busca de mi Sans-délai.
-Me marcho, señor Fígaro -me dijo-. En este país «no hay tiempo» para hacer nada;
sólo me limitaré a ver lo que haya en la capital de más notable.
-¡Ay, mi amigo! -le dije-, idos en paz, y no queráis acabar con vuestra poca
paciencia; -pág. 20- mirad que la mayor parte de nuestras cosas no se ven.
-¿Es posible?
-¿Nunca me habéis de creer? Acordaos de los quince días...
Un gesto de monsieur Sans-délai me indicó que no le había gustado el recuerdo.
-Vuelva usted mañana -nos decían en todas partes-, porque hoy no se ve.
-Ponga usted un memorialito para que le den a usted permiso especial.
Era cosa de ver la cara de mi amigo al oír lo del memorialito: representábasele en la
imaginación el informe, y el empeño, y los seis meses, y... Contentose con decir:
-Soy extranjero. ¡Buena recomendación entre los amables compatriotas míos!
Aturdíase mi amigo cada vez más, y cada vez nos comprendía menos. Días y días
tardamos en ver las pocas rarezas que tenemos guardadas. Finalmente, después de medio
año largo, si es que puede haber un medio año más largo que otro, se restituyó mi
recomendado a su patria maldiciendo de esta tierra, y dándome la razón que yo ya antes me
tenía, y -pág. 21- llevando al extranjero noticias excelentes de nuestras costumbres;
diciendo sobre todo que en seis meses no había podido hacer otra cosa sino «volver siempre
mañana», y que a la vuelta de tanto «mañana», eternamente futuro, lo mejor, o más bien lo
único que había podido hacer bueno, había sido marcharse.
¿Tendrá razón, perezoso lector (si es que has llegado ya a esto que estoy escribiendo),
tendrá razón el buen monsieur Sans-délai en hablar mal de nosotros y de nuestra pereza?
¿Será cosa de que vuelva el día de mañana con gusto a visitar nuestros hogares? Dejemos
esta cuestión para mañana, porque ya estarás cansado de leer hoy: si mañana u otro día no
tienes, como sueles, pereza de volver a la librería, pereza de sacar tu bolsillo, y pereza de
abrir los ojos para hojear las hojas que tengo que darte todavía, te contaré cómo a mí
mismo, que todo esto veo y conozco y callo mucho más, me ha sucedido muchas veces,
llevado de esta influencia, hija del clima y de otras causas, -pág. 22- perder de pereza
más de una conquista amorosa; abandonar más de una pretensión empezada, y las
esperanzas de más de un empleo, que me hubiera sido acaso, con más actividad, poco
menos que asequible; renunciar, en fin, por pereza de hacer una visita justa o necesaria, a
relaciones sociales que hubieran podido valerme de mucho en el transcurso de mi vida; te
confesaré que no hay negocio que no pueda hacer hoy que no deje para mañana; te referiré
que me levanto a las once, y duermo siesta; que paso haciendo el quinto pie de la mesa de
un café, hablando o roncando, como buen español, las siete y las ocho horas seguidas; te
añadiré que cuando cierran el café, me arrastro lentamente a mi tertulia diaria (porque de
pereza no tengo más que una), y un cigarrito tras otro me alcanzan clavado en un sitial, y
bostezando sin cesar, las doce o la una de la madrugada; que muchas noches no ceno de
pereza, y de pereza no me acuesto; en fin, lector de mi alma, te declararé que de tantas
veces como estuve -pág. 23- en esta vida desesperado, ninguna me ahorqué y siempre
fue de pereza. Y concluyo por hoy confesándote que ha más de tres meses que tengo, como
la primera entre mis apuntaciones, el título de este artículo, que llamé «Vuelva usted
mañana»; que todas las noches y muchas tardes he querido durante ese tiempo escribir algo
en él, y todas las noches apagaba mi luz diciéndome a mí mismo con la más pueril
credulidad en mis propias resoluciones: «¡Eh!, ¡mañana le escribiré!». Da gracias a que
llegó por fin este mañana que no es del todo malo: pero ¡ay de aquel mañana que no ha de
llegar jamás
José Zorrilla
(Valladolid, 1817 - Madrid, 1893) Escritor español. Es el principal
representante del romanticismo medievalizante y legendario. En 1833
ingresó en la Universidad de Toledo como estudiante de leyes, y en
1835 pasó a la Univerisdad de Valladolid. José Zorrilla publicó sus
primeros versos en el diario vallisoletano El Artista.

José Zorrilla

En Madrid, después de abandonar su carrera universitaria, alcanzó


fama tras leer unos versos suyos en el entierro de Larra (1837). Ocupó
el cargo de éste en la redacción de El Español, donde publicó la serie
de poemas titulada Poesías (1837), primero de un conjunto de ocho
volúmenes que completó en 1840. Su éxito poético se renovaría en
1852 con un poema descriptivo, Granada, que quedó inacabado. En
1839 se casó con Matilde O'Reilly, de la que enviudó muy pronto.

Escribió numerosas leyendas (Cantos del trovador, 1840-1841; Vigilias


del estío, 1842; Flores perdidas, 1843; Recuerdos y fantasías, 1844;
Un testigo de bronce, 1845), en las que resucita a la España medieval
y renacentista y que constituyen lo más perdurable de su producción.
Entre ellas cabe destacar «A buen juez mejor testigo», «Margarita la
Tornera» y «El capitán Montoya».

En 1837 Zorrilla inició su producción teatral con Vivir loco y morir más,
y alcanzó su primer éxito con El zapatero y el rey (1840), a la que
siguieron El eco del torrente (1842), Sancho García (1842), El molino
de Guadalajara (1843), El puñal del godo (1843), Don Juan Tenorio
(1844) y Traidor, inconfeso y mártir (1849). En estas obras trata temas
tradicionales o del Siglo de Oro. También escribió tragedias a la
manera clásica, como Sofronia (1843).

En 1846 viajó a Burdeos y París, donde conoció a Alejandro Dumas,


George Sand, Teófilo Gautier y Alfred de Musset, que dejarían en él
una gran huella. En 1865 marchó a México, donde fue protegido por el
emperador Maximiliano I, que lo nombró director del Teatro Nacional.

De regreso a España (1866), José Zorrilla se casó con la actriz Juana


Pacheco, viajó a Roma (1871) e ingresó en la Real Academia (1882).
De estos años son Recuerdos del tiempo viejo (1880-1883), La
leyenda del Cid (1882), El cantar del romero (1883) y Mi última brega
(1888). Fue coronado como poeta en el alcázar de Granada (1889) por
el duque de Rivas, en representación de la reina regente.

CORRIENDO VAN POR LA VEGA

Corriendo van por la vega


a las puertas de Granada
hasta cuarenta gomeles
y el capitán que los manda.
Al entrar en la ciudad,
parando su yegua blanca,
le dijo éste a una mujer
que entre sus brazos lloraba:
«Enjuga el llanto, cristiana
no me atormentes así,
que tengo yo, mi sultana,
un nuevo Edén para ti.
Tengo un palacio en Granada,
tengo jardines y flores,
tengo una fuente dorada
con más de cien surtidores,
y en la vega del Genil
tengo parda fortaleza,
que será reina entre mil
cuando encierre tu belleza.
Y sobre toda una orilla
extiendo mi señorío;
ni en Córdoba ni en Sevilla
hay un parque como el mio.
Allí la altiva palmera
y el encendido granado,
junto a la frondosa higuera,
cubren el valle y collado.
Allí el robusto nogal,
allí el nópalo amarillo,
allí el sombrío moral
crecen al pie del castillo.
Y olmos tengo en mi alameda
que hasta el cielo se levantan
y en redes de plata y seda
tengo pájaros que cantan.
Y tú mi sultana eres,
que desiertos mis salones
están, mi harén sin mujeres,
mis oídos sin canciones.
Yo te daré terciopelos
y perfumes orientales;
de Grecia te traeré velos
y de Cachemira chales.
Y te dará blancas plumas
para que adornes tu frente,
más blanca que las espumas
de nuestros mares de Oriente.
Y perlas para el cabello,
y baños para el calor,
y collares para el cuello;
para los labios... ¡amor!»
«¿Qué me valen tus riquezas
-respondióle la cristiana-,
si me quitas a mi padre,
mis amigos y mis damas?
Vuélveme, vuélveme, moro
a mi padre y a mi patria,
que mis torres de León
valen más que tu Granada.»
Escuchóla en paz el moro,
y manoseando su barba,
dijo como quien medita,
en la mejilla una lágrima:
«Si tus castillos mejores
que nuestros jardines son,
y son más bellas tus flores,
por ser tuyas, en León,
y tú diste tus amores
a alguno de tus guerreros,
hurí del Edén, no llores;
vete con tus caballeros.»
Y dándole su caballo
y la mitad de su guardia,
el capitán de los moros
volvió en silencio la espalda.
Gustavo Adolfo Bécquer
(Gustavo Adolfo Domínguez Bastida; Sevilla, 1836 - Madrid, 1870)
Poeta español. Junto con Rosalía de Castro, es el máximo
representante de la poesía posromántica, tendencia que tuvo como
rasgos distintivos la temática intimista y una aparente sencillez
expresiva, alejada de la retórica vehemencia del romanticismo.

Gustavo Adolfo Bécquer (detalle de un retrato


realizado por su hermano Valeriano, c. 1862)
La obra de Bécquer ejerció un fuerte influjo en figuras posteriores
como Rubén Darío, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y los
poetas de la generación del 27, y la crítica lo juzga el iniciador de la
poesía española contemporánea. Pero más que un gran nombre de la
historia literaria, Bécquer es sobre todo un poeta vivo, popular en
todos los sentidos de la palabra, cuyos versos, de conmovida voz y
alada belleza, han gozado y siguen gozando de la predilección de
millones de lectores.
Biografía
Hijo y hermano de pintores, quedó huérfano a los diez años y vivió su
infancia y su adolescencia en Sevilla, donde estudió humanidades y
pintura. En 1854 se trasladó a Madrid, con la intención de hacer
carrera literaria. Sin embargo, el éxito no le sonrió; su ambicioso
proyecto de escribir una Historia de los templos de Españafue un
fracaso, y sólo consiguió publicar un tomo, años más tarde. Para
poder vivir hubo de dedicarse al periodismo y hacer adaptaciones de
obras de teatro extranjero, principalmente del francés, en colaboración
con su amigo Luis García Luna, adoptando ambos el seudónimo de
«Adolfo García».
Durante una estancia en Sevilla en 1858, estuvo nueve meses en
cama a causa de una enfermedad; probablemente se trataba de
tuberculosis, aunque algunos biográfos se decantan por la sífilis.
Durante la convalecencia, en la que fue cuidado por su hermano
Valeriano, publicó su primera leyenda, El caudillo de las manos rojas,
y conoció a Julia Espín, según ciertos críticos la musa de algunas de
sus Rimas, aunque durante mucho tiempo se creyó erróneamente que
se trataba de Elisa Guillén, con quien el poeta habría mantenido
relaciones hasta que ella lo abandonó en 1860, y que habría inspirado
las composiciones más amargas del poeta.
En 1861 contrajo matrimonio con Casta Esteban, hija de un médico,
con la que tuvo tres hijos. El matrimonio nunca fue feliz, y el poeta se
refugió en su trabajo o en la compañía de su hermano Valeriano, en
las escapadas de éste a Toledo para pintar. La etapa más fructífera de
su carrera fue de 1861 a 1865, años en los que compuso la mayor
parte de sus Leyendas, escribió crónicas periodísticas y redactó
las Cartas literarias a una mujer, donde expone sus teorías sobre la
poesía y el amor. Una temporada que pasó en el monasterio de
Veruela en 1864 le inspiró Cartas desde mi celda, un conjunto de
hermosas descripciones paisajísticas.
Económicamente las cosas mejoraron para el poeta a partir de 1866,
año en que obtuvo el empleo de censor oficial de novelas, lo cual le
permitió dejar sus crónicas periodísticas y concentrarse en
sus Leyendas y sus Rimas, publicadas en parte en el semanario El
museo universal. Pero con la revolución de 1868, el poeta perdió su
trabajo, y su esposa lo abandonó ese mismo año.
Se trasladó entonces a Toledo con su hermano Valeriano, y allí acabó
de reconstruir el manuscrito de las Rimas, cuyo primer original había
desaparecido cuando su casa fue saqueada durante la revolución
septembrina. De nuevo en Madrid, fue nombrado director de la
revista La Ilustración de Madrid, en la que también trabajó su hermano
como dibujante. El fallecimiento de éste, en septiembre de 1870,
deprimió extraordinariamente al poeta, quien, presintiendo su propia
muerte, entregó a su amigo Narciso Campillo sus originales para que
se hiciese cargo de ellos tras su óbito, que ocurriría tres meses
después del de Valeriano.
La obra de Gustavo Adolfo Bécquer
La inmensa fama literaria de Bécquer se basa en sus Rimas, que
iniciaron la corriente romántica de poesía intimista inspirada
en Heine y opuesta a la retórica y ampulosidad de los poetas
románticos anteriores. La crítica literaria del momento, sin embargo,
no acogió bien sus poemas, aunque su fama no dejaría de crecer en
los años siguientes.
Las Rimas, tal y como han llegado hasta nosotros, suman un total de
ochenta y seis composiciones. De ellas, setenta y seis se publicaron
por vez primera en 1871 a cargo de los amigos del poeta, que
introdujeron algunas correcciones en el texto, suprimieron algunos
poemas y alteraron el orden del manuscrito original (el llamado Libro
de los gorriones, hoy custodiado en la Biblioteca Nacional de Madrid).

El contenido de las rimas ha sido dividido en cuatro grupos: el


primero (rimas I a XI) es una reflexión sobre la poesía y la creación
literaria; el segundo (XII a XXIX), trata del amor y de sus efectos en
el alma del poeta; en los poemas del tercer grupo (XXX a LI)
predominan el desamor y el desengaño; y los del cuarto (LII a
LXXXVI) muestran al poeta enfrentado a la muerte, decepcionado
del amor y del mundo. Las Rimas se presentan habitualmente
precedidas de la "Introducción sinfónica" que, probablemente,
Bécquer preparó como prólogo a toda su obra.

Su prosa destaca, al igual que su poesía, por la gran musicalidad y


la sencillez de la expresión, cargada de sensibilidad; siguiendo los
pasos de E.T.A. Hoffmann y Edgar Allan Poe, sus Leyendas recrean
ambientes fantásticos y envueltos en una atmósfera sobrenatural y
misteriosa. Destacan por ese ambiente de irrealidad, de misterio,
situado siempre sobre un plano real que deforma y desbarata. Así,
en La Corza blanca, donde la protagonista se transforma de noche
en el citado animal; o en El monte de las ánimas, en la que el mismo
escenario de un paseo amoroso se transforma en el campo del
horror fantasmal y en la que el terror llega hasta la alcoba mejor
defendida y adornada; o, por fin, en Los ojos verdes y, sobre todo,
El rayo de luna, donde lo irreal, enfrentado a la realidad, hace optar
a los protagonistas por el sueño, por la locura en la que quieren vivir
lo que la realidad les niega. Son logradas las descripciones de
ambientes: el barullo de la entrada en la catedral en Maese Pérez,
el organista, el silencio del claustro en El rayo de luna o las
procesiones fantasmales de La ajorca de oro y El Miserere.
Amor Eterno
Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;
Podrá romperse el eje de la tierra
Como un débil cristal.
¡todo sucederá! Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor.

Rima I
Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.

Yo quisiera escribirle, del hombre


domando el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.

Pero en vano es luchar, que no hay cifra


capaz de encerrarle; y apenas, ¡oh, hermosa!,
si, teniendo en mis manos las tuyas,
pudiera, al oído, cantártelo a solas.
Andrés Bello

Andrés de Jesús María y José Bello López (Caracas, 29 de


noviembre de 1781-Santiago, 15 de octubre de 1865) fue
un polímata venezolano-chileno. Fue a la
vez filósofo, poeta, traductor, filólogo, ensayista, educador, político y di
plomático. Considerado como uno de los humanistas más importantes
de América, contribuyó en innumerables campos del conocimiento.

En Caracas, fue maestro por un corto periodo de Simón Bolívar y


participó en el proceso que llevó a la independencia venezolana.
Como parte del bando revolucionario integró, conjuntamente con Luis
López Méndez y Simón Bolívar, la primera misión diplomática
a Londres, donde residió entre 1810 y 1829.

En 1829 embarcó junto con su familia hacia Chile, contratado por el


gobierno de dicho país, donde desarrolló grandes obras en el campo
del derecho y las humanidades. En Santiago alcanzó a desempeñar
cargos como senador y profesor, además de dirigir diversos periódicos
locales. Como jurista, fue el principal impulsor y redactor del Código
Civil, una de las obras jurídicas americanas más novedosas e
influyentes de su época. Bajo su inspiración y con su decisivo apoyo,
en 1842 se creó la Universidad de Chile, institución de la que se
convirtió en su primer rector por más de dos décadas.1 Entre sus
principales obras literarias, se encuentran Gramática de la lengua
castellana destinada al uso de los americanos, Principios del derecho
de gentes, el poema «Silva a la agricultura de la zona tórrida»
y Resumen de la Historia de Venezuela.
Nació en Caracas (Venezuela) el 29 de noviembre de 1781 como hijo
primogénito de Bartolomé Bello, abogado y fiscal (1758-1804), y de
Ana Antonia López. En su ciudad natal, cursó las primeras letras en la
academia de Ramón Vanlonsten. Leyó los clásicos del siglo de oro, y
desde muy joven frecuentó el Convento de Las Mercedes, donde
aprendió latín de manos del padre Cristóbal de Quesada, a cuya
muerte en 1796 Bello tradujo el libro V de la Eneida.2

En 1797 comenzó estudios en la Real y Pontificia Universidad de


Caracas, donde se graduó de bachiller en artes el 14 de junio de 1800.
Ese mismo año, antes de graduarse, recibió en Caracas al naturalista
alemán Alexander von Humboldt y a su compañero, Aimé Bonpland, y
los acompañó a escalar y explorar el Cerro Ávila, que separa la ciudad
del Mar Caribe.

También realizó estudios inacabados de derecho y medicina, aprendió


por su propia cuenta inglés y francés, y dio clases particulares,
contándose el joven Simón Bolívar entre sus alumnos. Sus
traducciones y adaptaciones de textos clásicos le dieron prestigio, y en
1802 ganó por concurso el rango de Oficial Segundo de Secretaría del
gobierno colonial. Durante el periodo 1802-1810, Bello se convirtió en
una de las personas intelectualmente más influyentes en la sociedad
de Caracas, destacándose al desempeñar labores políticas para la
administración colonial, además de ganar notoriedad como poeta, al
traducir la tragedia Zulima de Voltaire.2 Al llegar la primera imprenta a
Caracas en 1808, la gran notoriedad de Bello lo volvió el candidato
ideal para asumir la dirección de la recién creada Gaceta de Caracas,
una de las primeras publicaciones venezolanas.

Los sucesos revolucionarios del 19 de abril de 1810, en los que


participó Bello, iniciaron la independencia de Venezuela, siendo
destituido el capitán general Vicente Emparan por el Cabildo de
Caracas. La Junta Suprema de Caracas enseguida nombró a Bello
Oficial Primero de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
A la nave
¿Qué nuevas esperanzas
al mar te llevan? Torna,
torna, atrevida nave,
a la nativa costa.

Aún ves de la pasada


tormenta mil memorias,
¿y ya a correr fortuna
segunda vez te arrojas?

Sembrada está de sirtes


aleves tu derrota,
do tarde los peligros
avisará la sonda.

¡Ah! Vuelve, que aún es tiempo,


mientras el mar las conchas
de la ribera halaga
con apacibles olas.

Presto erizando cerros


vendrá a batir las rocas,
y náufragas reliquias
hará a Neptuno alfombra.

De flámulas de seda
la presumida pompa
no arredra los insultos
de tempestad sonora.

¿Qué valen contra el Euro,


tirano de las ondas,
las barras y leones
de tu dorada popa?

¿Qué tu nombre, famoso


en reinos de la aurora,
y donde al sol recibe
su cristalina alcoba?

Ayer por estas aguas,


segura de sí propia,
desafiaba al viento
otra arrogante proa;

Y ya, padrón infausto


que al navegante asombra,
en un desnudo escollo
está cubierta de ovas.

¡Qué! ¿No me oyes? ¿El rumbo


no tuerces? ¿Orgullosa
descoges nuevas velas,
y sin pavor te engolfas?

¿No ves, ¡oh malhadada!


que ya el cielo se entolda,
y las nubes bramando
relámpagos abortan?
¿No ves la espuma cana,
que hinchada se alborota,
ni el vendaval te asusta,
que silba en las maromas?

¡Vuelve, objeto querido


de mi inquietud ansiosa;
vuelve a la amiga playa,
antes que el sol se esconda!
José Joaquín de Mora

José Joaquín de Mora y Sánchez (Cádiz, 10 de enero de 1783 -


Madrid, 3 de octubre de 1864) fue un escritor, educador, periodista,
poeta, jurista y político español.

Estudió leyes y fue, muy joven, profesor de Filosofía en la Universidad


de Granada, donde tuvo como alumno a otra inteligencia precoz,
Francisco Martínez de la Rosa, con quien hizo amistad. En Cádiz
amistó también con Antonio Alcalá Galiano. Durante la Guerra de la
Independencia se incorporó al ejército y combatió en Bailén, pero fue
hecho prisionero en 1809 y estuvo internado en Francia hasta 1814.
Allí se casó con una francesa muy culta, Françoise Delauneux, que
posiblemente le ayudó en sus numerosos trabajos literarios. Al concluir
la guerra regresó a Cádiz y tuvo la famosa polémica con Juan Nicolás
Böhl de Faber, padre de la novelista Fernán Caballero, sobre el
Romanticismo, que Mora rechazaba, sobre todo por el Neoclasicismo
del que estaba imbuido y porque la versión que de esta estética
ofrecía Böhl era antiliberal y le recordaba demasiado al oscurantismo
de la España barroca; también porque Francisca Larrea, esposa de
Böhl de Faber, no se llevaba bien con la esposa francesa de Mora.
Años más tarde, incluso, Mora se acercará a la estética romántica y
traducirá la novela histórica de Walter Scott Ivanhoe (1825). A
comienzos de 1815 marcha a Madrid con la intención de trabajar como
abogado, pero allí se entrega por completo a la literatura, prosiguiendo
la polémica con Böhl. Tradujo varias obras del francés y del inglés y se
distinguió como periodista en la Crónica Científica y Literaria, que
fundó en 1817 y duró hasta 1820, en su continuación El
Constitucional, en La Minerva Nacional y en otras publicaciones, tanto
en prosa como en verso, en cuestiones literarias y en políticas.
Durante el Trienio Liberal (1820-1823) no cesa esta ingente actividad:
colaboró, redactó y dirigió numerosos periódicos liberales madrileños,
hasta el punto de ganarse el sobrenombre de Luca fa presto por la
rapidez con que escribía artículos de todo género.

Advenida la invasión de los Cien mil hijos de San Luis, en 1823 emigró
a Londres al igual que otros liberales españoles y permaneció en
Inglaterra hasta finales de 1826. Con ayuda del editor Ackermann
fundó No me olvides, una especie de almanaques en prosa y verso de
los que se publicaron seis volúmenes entre 1824 y 1829, los cuatro
primeros con traducciones y poemas de Mora, y los dos últimos
confeccionados por Pablo Mendíbil. Fue el director y redactor único del
Museo Universal de Ciencias y Artes (1824-1826) y del Correo
Literario y Político de Londres, obras todas estas dirigidas sobre todo a
los hispanoamericanos. Siguió colaborando con Ackermann en escribir
y divulgar por la Hispanoamérica recién emancipada los famosos
Catecismos, manuales sobre diversas materias y disciplinas
científicas, que sirvieron así de libros de texto en unos países que
carecían de este tipo de obras. En Londres hizo amistad con los
hispanoamericanos Bernardino Rivadavia, el poeta, filólogo y
gramático Andrés Bello y el poeta José Joaquín Olmedo. En contacto
con la estética romántica, Mora modifica su inicial rechazo por esta
estética y establece la ecuación Liberalismo = Romanticismo,
proclamada luego por Víctor Hugo. Los grabados de William Blake
motivan sus Meditaciones poéticas, publicadas en Londres en 1826 y
donde muestra en forma muy definida un espíritu evangélico que hace
pensar en su conversión al protestantismo.
La muerte del impío

¿Qué espera el que ultrajando


la ley que lleva en la razón escrita,
con designio nefando,
Por la senda maldita,
desbocado en su error se precipita?

¿Puede el protervo halago


de la suerte, cubrir de aleves rosas
el funeral estrago
que hicieron sanguinosas
sus manos contra el justo poderosas?

Y la nube de incienso
que ante su trono quema la falsía
¿acallará el intenso
dolor que noche y día
la calma turba a la conciencia impía?

Dóciles a su acento
llegarán los placeres, y afanosos,
suave aturdimiento
deleites amorosos,
verterán en banquetes abundosos.

De sus pérfidos lazos


víctima infausta la doncella pura,
pierde en sus torpes brazos
la flor de la hermosura,
tornando su solaz en desventura.

Mas ¡ah! que fría y lenta


la dolencia mortífera aletarga
su vigor, y atormenta
con turbación amarga
su recuerdo, y la voz hiela y embarga.

Y entonces el sendero
que le ofreciera sonriendo el vicio,
desgarrado el ligero
velo de hado propicio,
es a sus ojos hondo precipicio.

De donde se levanta
grito amenazador del que oprimiera
con orgullosa planta,
cuando en pompa altanera
creyó que el mundo su dominio fuera.

Volver quiere los ojos


que las visiones tétricas oprimen;
mas do quier los despojos
que fueran de su crimen
mira que ansiosos por venganza gimen.

Y el eco de venganza
a sus oídos retumbando llega;
la dulce confianza
su bálsamo le niega,
y en despecho sacrílego lo anega.

Feroce desvarío
su mente agita en el dolor extremo
con porvenir sombrío,
y del labio blasfemo
despide execración contra el Supremo.

En convulsión penosa
luchan sus miembros: su mirada gira
turbada, vagarosa;
del pecho se retira
calor vital, y maldiciendo espira.
José María de Heredia

José-María de Heredia Girard (La Fortuna, cerca de Santiago de


Cuba, 22 de noviembre de 1842 – castillo de Bourdonné, cerca de
Houdan, Yvelines, 3 de octubre de 1905) fue un poeta y traductor
francés de origen cubano, una de las principales figuras del
parnasianismo. No debe ser confundido con el también poeta cubano
José María Heredia (1803-1839).

Hijo de Domingo de Heredia Mieses Pimenetel Guridi nativo de Santo


Domingo y de su segunda esposa, la francesa Louise Girard, el poeta
nació en la plantación familiar, cerca de Santiago de Cuba. Se
embarcó a Francia a los nueve años, en 1851, donde cursó el
bachillerato hasta 1859. En Francia descubrió la obra de Leconte de
Lisle, que le causó una honda impresión. Tras su regreso en 1859 a
Cuba, comenzó a estudiar la lengua española con vistas a licenciarse
en Derecho. No logró su propósito, pues no se le reconoció la
equivalencia del bachillerato cursado en Francia. Por lo tanto, en 1860
volvió a Francia con la intención de seguir allí los estudios de Derecho.

Entre 1862 y 1865 estudió en la prestigiosa École des chartes de


París, y comenzó a escribir sus primeros poemas, muy influidos por la
escuela parnasiana. En 1863 conoció a Leconte de Lisle, y a partir de
1866 colaboró en el Parnaso contemporáneo. Concretamente,
contribuyó a la primera antología (1866) con 6 sonetos y con 25
sonetos a la tercera (1876), mientras que en la segunda (1869-71)
contribuyó con el largo poema épico, "La desesperación de
Atahualpa", que cerraba la antología. Hizo amistad con autores como
Sully Prudhomme y Catulle Mendès, y publicó sus poemas en revistas
como Revue des Deux Mondes, Le Temps y Le Journal des Débats.

Contribuyó decisivamente a la difusión en Francia de la historia


española e hispanoaméricana del siglo XVI, no sólo con su poesía
sino con sus traducciones de obras del español al francés. Dedicó diez
años —entre 1877 y 1887— a traducir la Historia verdadera de la
conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo. Tradujo
también al francés la Historia de la monja alférez, memorias de
Catalina de Erauso. Tradujo del latín, francés e inglés a Horacio,
Lamartine, Ossian y Lord Byron.1

Es uno de los más destacados representantes del parnasianismo. En


1893 reunió todos sus sonetos en un libro, Los trofeos (Les Trophées),
editado por Alphonse Lemerre y dedicado a Leconte de Lisle, su
principal obra y una de las más importantes de la poesía parnasiana.
En 1894 fue elegido miembro de la Academia francesa, corriendo a
cargo de François Coppée su discurso de recepción. Con ocasión de
la visita de los zares rusos a París compuso su poema Salut à
l'Empereur. Este poema fue leído en una solemne ceremonia el día en
que se colocó la primera piedra del puente de Alejandro III, ante los
zares. También fue nombrado miembro de la Comisión del Diccionario
francés, así como secretario de embajada. En 1901, a estos honores
se unió la toma de posesión como conservador de la biblioteca del
Arsenal de París. Testimonio de su gran relevancia en el período del
cambio de siglo, en 1902 fundó la Sociedad de Poetas Franceses,
junto a su amigo Sully Prudhomme (recién elegido como primer premio
Nobel) y a León Dierx (considerado desde 1898 como "príncipe de los
poetas", cargo que anteriormente ocuparon Verlaine y Mallarmé).2

Casado desde 1867 con la también cubanofrancesa Louise-Cécile


Despaigne, fue padre de tres hijas, una de las cuales, Marie-Louise
Hérédia, sería la futura esposa de Henri de Régnier y la amante de
Pierre Louÿs.

Heredia murió el 3 de octubre de 1905 en el castillo de Bourdonné,


cerca de Houdan.
EN UNA TEMPESTAD
Huracán, huracán, venir te siento,
Y en tu soplo abrasado
Respiro entusiasmado
Del señor de los aires el aliento.

En las alas del viento suspendido


Vedle rodar por el espacio inmenso,
Silencioso, tremendo, irresistible
En su curso veloz. La tierra en calma
Siniestra; misteriosa,
Contempla con pavor su faz terrible.
¿Al toro no miráis? El suelo escarban,
De insoportable ardor sus pies heridos:
La frente poderosa levantando,
Y en la hinchada nariz fuego aspirando,
Llama la tempestad con sus bramidos.

¡Qué nubes! ¡qué furor! El sol temblando


Vela en triste vapor su faz gloriosa,
Y su disco nublado sólo vierte
Luz fúnebre y sombría,
Que no es noche ni día...
¡Pavoroso calor, velo de muerte!
Los pajarillos tiemblan y se esconden
Al acercarse el huracán bramando,
Y en los lejanos montes retumbando
Le oyen los bosques, y a su voz responden.

Llega ya... ¿No le veis? ¡Cuál desenvuelve


Su manto aterrador y majestuoso...!
¡Gigante de los aires, te saludo...!
En fiera confusión el viento agita
Las orlas de su parda vestidura...
¡Ved...! ¡En el horizonte
Los brazos rapidísimos enarca,
Y con ellos abarca
Cuanto alcanzó a mirar de monte a monte!

¡Oscuridad universal!... ¡Su soplo


Levanta en torbellinos
El polvo de los campos agitado...!
En las nubes retumba despeñado
El carro del Señor, y de sus ruedas
Brota el rayo veloz, se precipita,
Hiere y aterra a suelo,
Y su lívida luz inunda el cielo.

¿Qué rumor? ¿Es la lluvia...? Desatada


Cae a torrentes, oscurece el mundo,
Y todo es confusión, horror profundo.
Cielo, nubes, colinas, caro bosque,
¿Dó estáis...? Os busco en vano:
Desparecisteis... La tormenta umbría
En los aires revuelve un oceano
Que todo lo sepulta...
Al fin, mundo fatal, nos separamos:
El huracán y yo solos estamos.

¡Sublime tempestad! ¡Cómo en tu seno,


De tu solemne inspiración henchido,
Al mundo vil y miserable olvido,
Y alzo la frente, de delicia lleno!
¿Dó está el alma cobarde
Que teme tu rugir...? Yo en ti me elevo
Al trono del Señor: oigo en las nubes
El eco de su voz; siento a la tierra
Escucharle y temblar. Ferviente lloro
Desciende por mis pálidas mejillas,
Y su alta majestad trémulo adoro.
Juan Montalvo

Juan María Montalvo Fiallos (Ambato, Ecuador, 13 de abril de 1832 –


París, Francia, 17 de enero de 1889) fue un ensayista y novelista
ecuatoriano. Su pensamiento liberal estaba fuertemente marcado por
el anticlericalismo y la oposición a los presidentes Gabriel García
Moreno e Ignacio de Veintimilla. Luego de la publicación de la revista
El Cosmopolita, en la que criticaba a la presidencia de García Moreno,
Montalvo viajó a Colombia, donde escribió gran parte del resto de su
obra.

Uno de sus libros más conocidos es Las Catilinarias, publicado en


1880. Entre sus ensayos destacan Siete tratados (1882) y Geometría
Moral (póstumo, 1902). También escribió una secuela de Don Quijote
de la Mancha, llamada Capítulos que se le olvidaron a Cervantes.
Murió a causa de una pleuresía en París. Su cuerpo fue embalsamado
y se expone en un mausoleo en Ambato, donde su figura de idolatría
es aprovechada en todas las formas posibles por los mismos
descendientes de sus enemigos.

Su padre, don Marcos Montalvo, hijo de un inmigrante andaluz, se


dedicaba a los negocios ambulantes. En Quinchicoto, cerca de
Ambato, conoció a doña Josefa Fiallos Villacrés, con quien se casó el
20 de enero de 1811. La pareja tras un tiempo se trasladó a Ambato,
ciudad en la que don Marcos llegó a destacarse. Fallecidos ya algunos
hermanos en la edad de la infancia, Juan se convirtió en el menor de
los varones, y sus padres le procuraron mimos y cuidados.
Tuvo siete hermanos: Francisco, Francisco Javier, Mariano, Alegría,
Rosa, Juana e Isabel. Su niñez transcurrió no solo en su casa, sino
también en la cercana quinta de Ficoa. En 1836 sufrió de viruelas y
quedó con el rostro marcado. A los siete años fue a la escuela, una
humilde casa de aldea, de una sola planta, pobremente administrada y
sostenida. En 1843, cuando tenía once años, su hermano Francisco
fue arrestado, encarcelado y desterrado por enfrentarse políticamente
a la dictadura de Juan José Flores.

Según el escritor Galo René Pérez, el destierro de su hermano le


"dejó una lesión moral de la que no se recuperó jamás", llevándolo a
odiar a las dictaduras.El 17 de febrero de 1857, durante el gobierno de
Francisco Robles, Montalvo fue nombrado adjunto civil a la legación
ecuatoriana en Roma, mientras que Francisco Javier Salazar fue
nombrado secretario de la misma.

En 1845, su hermano regresó de su destierro en Perú, y lo llevó


consigo a Quito a continuar sus estudios. Sus dos hermanos mayores,
Francisco y Francisco Javier, le orientaban e influían en su gusto por
las letras, aparte de haberle creado, cada uno con su prestigio, un
ambiente favorable en el mundo de sus estudios. Entre 1846 y 1848
empezó a estudiar gramática latina en el colegio San Fernando.

Posteriormente estudió filosofía en el seminario San Luis, donde


recibió el grado de maestro, y después ingresó a la Universidad de
Quito para estudiar Derecho, no porque quisiera ser abogado, sino
porque entre las profesiones de entonces (medicina, leyes y teología)
esta le era la menos desagradable.
EL LUJO DEL POBRE

Uno como resplandor ilumina la pobreza: y es la decencia, el aseo,


esa atildadura que tanto se hermana con la escasez como la
abundancia.

El agua nada cuesta: mírate la cara en tus vasos, que este es el lujo
del pobre. Si no te es dado sentarte a la mesa cubierta con primorosa
alemanisco que pregone el fausto de tu casa procura que el barato
lienzo este resplandeciendo de limpio, sin mancha, ni arruga; y si no
tienes no tienes para darlo a lavar y planchar, lávalo y aplanchalo con
tus manos.

Hubo un antiguo que por valerse de nadie por nada, aprendió cuantos
oficios se relacionaban con sus necesidades: mas aun, pos hacerlo
todo con limpieza y esmero, cocinaba sus alimentos, cosía sus
vestidos, lavaba su ropa siendo nada menos que miembro de una
escuela de filosofía.

Cosina, cose, lava, Sancho, primero que verte descuidado en tu


persona y en tus cosas.

Llegando yo un día en casa de un amigo pobre sucedió que no


hubiese mantel en ella. ¿Sabéis como acudió la señora a reparar la
falta? Cubrió la mesa con hojas de verde fresco plátano, y comimos
cual pudiera las ninfas de sus grutos.

Esta es la sabiduría del pobre.


José Hernández

José Rafael Hernández y Pueyrredón (10 de noviembre de 1834 - 21


de octubre de 1886) fue un militar, periodista, poeta y político
argentino, especialmente conocido como el autor del Martín Fierro,
obra máxima de la literatura gauchesca. En su homenaje, el 10 de
noviembre —aniversario de su nacimiento— se festeja en la Argentina
el Día de la Tradición.

Tras iniciarse como militar en defensa de la autonomía del Estado de


Buenos Aires, entre 1852 y 1872 desarrolló una intensa actividad
periodística, enfrentado al predominio de la ciudad de Buenos Aires en
la organización de su país. En una época de gran agitación política,
sostuvo que las provincias no debían permanecer ligadas al gobierno
de Buenos Aires.

Radicado en Paraná desde 1857, residió alternativamente en esa


ciudad, en Corrientes, Rosario y Montevideo, antes de regresar a
Buenos Aires.

Participó en una de las últimas rebeliones federales, dirigida por


Ricardo López Jordán, cuyo primer intento de acción finalizó en 1871
con la derrota de los gauchos y el exilio de Hernández en el Brasil.
Después de esta revolución continuó siendo durante un tiempo asesor
del general revolucionario, pero con el tiempo se distanció de él.
A su regreso a la Argentina, en 1872, continuó su lucha por medio del
periodismo y publicó la primera parte de su obra maestra, El gaucho
Martín Fierro. Fue a través de su poesía como consiguió un gran eco
para sus propuestas y la más valiosa contribución a la causa de los
gauchos. Junto con la continuación de la obra, La vuelta de Martín
Fierro (1879), forman un poema épico popular. Es generalmente
considerada la obra cumbre de la literatura argentina.1234
Posteriormente desempeñó los cargos de diputado y senador de la
provincia de Buenos Aires. Ocupando este último cargo, defendió la
federalización de Buenos Aires en un memorable discurso,
enfrentándose a Leandro N. Alem.

Nació en la Chacra Pueyrredón, partido de General San Martín,


provincia de Buenos Aires, propiedad de su tía Victoria Pueyrredón.
Sus padres fueron Rafael Hernández e Isabel de Pueyrredón, prima
hermana de Juan Martín de Pueyrredón.

Fue bautizado el 27 de julio de 1835 en la actual Basílica de la


Merced, que por entonces se conocía como Catedral del Norte.

Tuvo dos hermanos, Rafael y Magdalena. Fue primo segundo del


pintor Prilidiano Pueyrredón y sobrino segundo de Juan Martín de
Pueyrredón. Los Pueyrredón eran una familia de filiación unitaria,
mientras que los Hernández militaban con los federales; uno de sus
tíos moriría en la Batalla de Caseros, luchando a órdenes de Juan
Manuel de Rosas.

Sus padres viajaban seguido a las estancias de su propiedad en el sur


de la Provincia de Buenos Aires, y dejaban al niño al cuidado de su tía
Victoria, a la que apodaba "Mamá Toto". Cuando —por razones
políticas— ella debió emigrar, quedó al cuidado de su abuelo paterno,
José Gregorio Hernández Plata, que poseía una quinta en Barracas,
sobre el Riachuelo.
El llano y sus flores

El guerrero águila
atraviesa el
cielo anaranjado

Y guía nuestros
pasos a lo largo
del plano desierto
No seremos
intimidados por aridez
xenofóbica
Somos saqueadores
de la verdad
Y los sueños
Nuestras venas
conocen el linaje
de arroyos antiguos
No somos
el extranjero que usted
piensa que somos
Celebramos
nuestro
indigenismo
Somos gente
de la tierra
que florece
Nuestras raíces
saben del linaje de
presagios sagrados
Nuestros ojos
han visto el humo
en la colina de la
serpiente
Nuestras manos
han construido
pirámides para el
sol y la luna
No vamos a caer;
no somos como ustedes.
Ignacio Ramírez

Juan Ignacio Paulino Ramírez Calzada1 (San Miguel el Grande,


Guanajuato, 22 de junio de 1818-Ciudad de México, 15 de junio de
1879), conocido como Ignacio Ramírez "El Nigromante", fue un
escritor, poeta, periodista, abogado, político e ideólogo liberal
mexicano. Es considerado uno de los artífices más importantes del
Estado laico mexicano. Fue además un reconocido masón, y varias
logias en México llevan su nombre. También se le conoció con el
sobrenombre El Voltaire mexicano.

Fue hijo de José Lino Ramírez y de Ana María Guadalupe Sinforosa


Calzada, ambos de origen mestizo, predominantemente indígena. Su
padre se afilió al Partido Liberal Federalista, defendió la Constitución
de 1814, fue vicegobernador del estado de Querétaro. Durante el
gobierno de Valentín Gómez Farías peleó contra clericales y
centralistas, y fue insurgente durante la Guerra de Independencia de
México.

Inició sus estudios en Querétaro, ciudad natal de su padre, y en 1835


fue llevado al Colegio de San Gregorio, dirigido por el pedagogo liberal
Juan Rodríguez Puebla en la Ciudad de México, donde estudió artes y
en cuyas bibliotecas también leyó todo tipo de temas científicos,
culturales, artísticos y políticos.6 En 1841 comenzó estudios en
jurisprudencia y en 1845 obtuvo el grado de abogado en la
Universidad Pontificia de México. Ingresó a los 19 años en la
Academia Literaria de San Juan de Letrán, integrada por los hombres
más ilustrados de la época. Es célebre en los anales literarios de
México la presentación de Ramírez en dicha Academia, donde leyó un
discurso sobre un tema tan controversial que entonces hizo el efecto
de una explosión de dinamita. Ahí expresó: «No hay Dios; los seres de
la naturaleza se sostienen por sí mismos». Fue aceptado no obstante
las protestas que causaron su tesis tan revolucionaria y el discurso
que petrificó de estupor a la asamblea. Sin embargo, sería exaltado
como el primer orador y más tarde como el mejor escritor de su
tiempo.

Inicio de su carrera

Se inició en el periodismo en 1845, al fundar, con Guillermo Prieto y


Vicente Segura Argüelles, la publicación periódica Don Simplicio,
donde firmó sus artículos con el seudónimo El Nigromante. Sus
colaboraciones se distinguieron por ser encendidos artículos y agudos
versos satíricos en donde hacía una terrible censura a los actos del
gobierno conservador, abogando por la reforma del país en lo
económico, religioso y político, lo que provocó que el periódico fuera
suprimido y Ramírez, encarcelado.También fundó el periódico Themis
y Deucalión, donde publicó un artículo titulado "A los indios", que
defendía a los indígenas y pugnaba por su libertad a rebelarse contra
la explotación a que eran sometidos; ello lo llevó a juicio, pero resultó
absuelto gracias a sus artículos editados en El Demócrata, en los
cuales defendía su causa. Así mismo, en 1857, en compañía de
Alfredo Bablot fundó El Clamor Progresista, con el que apoyaron la
candidatura presidencial de Miguel Lerdo de Tejada.

En la ciudad de San Luis Potosí colaboró en el periódico La Sombra


de Robespierre. También escribió para La Chinaca durante 1862; en
La Opinión y en Estrella de Occidente, del estado de Sonora, a fines
de 1864, y antes de su destierro a los Estados Unidos. Junto a Ignacio
Altamirano, Guillermo Prieto y otros liberales, en septiembre de 1867
fundaron El Correo de México, financiado por Porfirio Díaz. En esta
época también colaboró con El Renacimiento, El Siglo Diez y Nueve y
El Monitor Republicano.
El amor
¿Por qué, Amor, cuando expiro desarmado,
de mí te burlas? Llévate esa hermosa
doncella tan ardiente y tan graciosa
que por mi oscuro asilo has asomado.

En tiempo más feliz, yo supe osado


extender mi palabra artificiosa
como una red, y en ella, temblorosa,
más de una de tus aves he cazado.

Hoy de mí mis rivales hacen juego,


cobardes atacándome en gavilla,
y libre yo mi presa al aire entrego.

Al inerme león el asno humilla...


Vuélveme, Amor, mi juventud, y luego
tú mismo a mi rivales acaudilla.
Juan de Dios Peza

Juan de Dios Peza (México D.F., 29 de junio de 1852 - 16 de marzo de


1910) fue un poeta, político y escritor mexicano. Miembro numerario
de la Academia Mexicana de la Lengua, ocupó la silla IX en mayo de
1908.

Nació en 1852 en la ciudad de México. Inició sus estudios en la


Escuela de Agricultura, después pasó al Colegio de San Ildefonso y en
1867 ingresó en la Escuela Nacional Preparatoria. Se convirtió en el
estudiante predilecto del pensador mexicano Ignacio Ramírez, "El
Nigromante". Al egresar de ese centro de estudios se incorporó a la
Escuela de Medicina, donde establecería gran amistad con Manuel
Acuña, quien lo llegó a estimar al grado de llamarlo "hermano", pero
no terminó esta carrera y se dedicó a las letras.

Peza fue adicto al liberalismo. Su entusiasmo y apasionamiento por


ese modo de entender la política y la vida social, y en especial el
movimiento liberal mexicano, le condujo a renunciar a sus estudios a
fin de entregarse plenamente al periodismo. Colaboró en la Revista
Universal, El Eco de Ambos Mundos y La Juventud Literaria. En 1874
estrenó en el Teatro del Conservatorio su primera obra teatral, titulada
La ciencia del hogar.
En 1878 es nombrado segundo secretario de la legación de México en
España, junto a Vicente Riva Palacio. En Madrid se relacionó con el
gran intelectual político Emilio Castelar, así como con los escritores
Gaspar Núñez de Arce, Ramón de Campoamor y José Selgas.

Al regresar a México intentó hacer carrera política y fue diputado


electo al Congreso de la Unión. También desempeñó otros cargos
públicos, pero sin abandonar las letras. Como poeta, su estilo
corresponde al realismo, si bien propenso a la ternura. Su obra, de
gran popularidad y aceptación en su patria, tuvo traducciones al ruso,
francés, inglés, alemán, húngaro, portugués, italiano y al japonés.

El libro que más fama le dio fue Cantos del hogar, obra poética
intimista al modo del español José Selgas. Tuvo la desgracia de sufrir
el abandono de su mujer, que lo dejó con dos hijos pequeños, a los
que crio y educó con dedicación. Muere en 1910, año en el cual el
país estaba a punto de entrar en otro gran cambio político: la
Revolución mexicana.

Mi padre
Yo tengo en el hogar un soberano
único a quien venera el alma mía;
es su corona de cabello cano,
la honra es su ley y la virtud su guía.

En lentas horas de miseria y duelo,


lleno de firme y varonil constancia,
guarda la fe con que me habló del cielo
en las horas primeras de mi infancia.

La amarga proscripción y la tristeza


en su alma abrieron incurable herida;
es un anciano, y lleva en su cabeza
el polvo del camino de la vida.

Ve del mundo las fieras tempestades,


de la suerte las horas desgraciadas,
y pasa, como Cristo el Tiberíades,
de pie sobre las horas encrespadas.

Seca su llanto, calla sus dolores,


y sólo en el deber sus ojos fijos,
recoge espinas y derrama flores
sobre la senda que trazó a sus hijos.

Me ha dicho: «A quien es bueno, la amargura


jamás en llanto sus mejillas moja:
en el mundo la flor de la ventura
al más ligero soplo se deshoja.

»Haz el bien sin temer el sacrificio,


el hombre ha de luchar sereno y fuerte,
y halla quien odia la maldad y el vicio
un tálamo de rosas en la muerte.

»Si eres pobre, confórmate y sé bueno;


si eres rico, protege al desgraciado,
y lo mismo en tu hogar que en el ajeno
guarda tu honor para vivir honrado.

»Ama la libertad, libre es el hombre


y su juez más severo es la conciencia;
tanto como tu honor guarda tu nombre,
pues mi nombre y mi honor forman tu herencia.»

Este código augusto, en mi alma pudo,


desde que lo escuché quedar grabado;
en todas las tormentas fue mi escudo,
de todas las borrascas me ha salvado.

Mi padre tiene en su mirar sereno


reflejo fiel de su conciencia honrada;
¡Cuánto consejo cariñoso y bueno
sorprendo en el fulgor de su mirada!

La nobleza del alma es su nobleza,


la gloria del deber forma su gloria;
es pobre, pero encierra su pobreza
la página más grande de su historia.

Siendo el culto de mi alma su cariño,


la suerte quiso que al honrar su nombre,
fuera el amor que me inspiró de niño
la más sagrada inspiración del hombre.

Quisiera el cielo que el canto que me inspira


siempre sus ojos con amor lo vean,
y de todos los versos de mi lira
estos dignos de su nombre sean.
Manuel Acuña

Manuel Acuña Narro (Saltillo, Coahuila; 27 de agosto de 18491 –


Ciudad de México; 6 de diciembre de 1873) fue un poeta mexicano
que se desarrolló en el estilizado ambiente romántico del
intelectualismo mexicano de la época.

Manuel Acuña Narro, realizó sus primeros estudios en su natal Saltillo


en el Colegio Josefino. Viajó posteriormente a la Ciudad de México
para cursar filosofía y matemáticas, además de varios idiomas, como
el francés y el latín, con objeto de ingresar a estudiar la carrera de
medicina, en donde se inscribió en 1866, carrera que se vio truncada
por el término de su vida a los 24 años.

Durante sus años de participación en tertulias literarias, conoció a


Ignacio Manuel Altamirano, a Agustín F. Cuenca y a Juan de Dios
Peza. Con este último mantuvo un fuerte vínculo amistoso, inclusive el
llamarlo hermano, motivo por el cual Peza fue uno de los oradores
principales el día del sepelio de Acuña.

Sociedad Literaria Nezahualcóyotl

Su carrera literaria fue breve, aunque fructífera. Comenzó en 1869,


con una elegía a la muerte de Eduardo Alzúa; amigo suyo. Ese mismo
año, al lado de un grupo de intelectuales, fundó la Sociedad Literaria
Nezahualcóyotl en uno de los patios del ex convento de San Jerónimo,
que le sirvió para dar sus primeros pasos como poeta.1 Varios de sus
trabajos de esta época se encuentran en el suplemento del periódico
La Iberia.

El pasado

La representación de su drama El pasado, significó un triunfo para el


joven poeta que no era común en esa época, la sociedad mexicana
acudió en su mayoría a ver la obra además de las buenas críticas
literarias y de la prensa. Esto significó para la nación mexicana una
esperanza en el poeta que lamentablemente terminaría de manera
brusca con su muerte.

La leyenda

Es una leyenda que su enamoramiento de Rosario de la Peña y


Llerena (hermana de Margarita de la Peña, quien fue pareja del poeta
mexicano José María Bustillos) fue la presumible causa de su
infortunado suicidio, mediante envenenamiento con cianuro de
potasio. De hecho le dedicó el famoso poema " Nocturno a Rosario".
En opinión de algunos críticos, Rosario fue solamente una razón
adicional a sus problemas de pobreza extrema. Acerca de Rosario de
la Peña se sabe que también fue pretendida por José Martí y Manuel
M. Flores.

Con todo, recientemente se ha dejado claro que aunque el


enamoramiento por De la Peña pudo tener lugar, la realidad era que
Acuña sostenía una relación, menos idealizada, con una poetisa que
al postre se convirtió en una intelectual famosa: Laura Méndez de
Cuenca. Acuña murió en su habitación de la Escuela de Medicina el 6
de diciembre de 1873. Dedicándole el poema "Nocturno" a su amada
Rosario.
Nocturno

A Rosario

¡Pues bien!, yo necesito decirte que te adoro,


decirte que te quiero con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto, y al grito en que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre de mi última ilusión.

Yo quiero que tú sepas que ya hace muchos días


estoy enfermo y pálido de tanto no dormir;
que están mis noches negras, tan negras y sombrías,
que ya se han muerto todas las esperanzas mías,
que ya no sé ni dónde se alzaba el porvenir.

De noche, cuando pongo mis sienes en la almohada


y hacia otro mundo quiero mi espíritu volver,
camino mucho, mucho, y al fin de la jornada,
las formas de mi madre se pierden en la nada,
y tú de nuevo vuelves en mi alma a aparecer.

Comprendo que tus besos jamás han de ser míos,


comprendo que en tus ojos no me he de ver jamás;
y te amo y en mis locos y ardientes desvaríos,
bendigo tus desdenes, adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos te quiero mucho más.

A veces pienso en darte mi eterna despedida,


borrarte en mis recuerdos y huir de esta pasión;
más si es en vano todo y el alma no te olvida,
¿qué quieres tú que yo haga, pedazo de mi vida,
qué quieres tú que yo haga con este corazón?

Y luego que ya estaba concluido el santuario,


tu lámpara encendida, tu velo en el altar,
el sol de la mañana detrás del campanario,
chispeando las antorchas, humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos la puerta del hogar...

¡Qué hermoso hubiera sido vivir bajo aquel techo,


los dos unidos siempre y amándonos los dos;
tú siempre enamorada, yo siempre satisfecho,
los dos una sola alma, los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros mi madre como un Dios!

¡Figúrate qué hermosas las horas de esa vida!


¡Qué dulce y bello el viaje por una tierra así!
Y yo soñaba en eso, mi santa prometida;
y al delirar en eso con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno por ti, no más por ti.

Bien sabe Dios que ese era mi más hermoso sueño,


mi afán y mi esperanza, mi dicha y mí placer;
¡bien sabe Dios que en nada cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho en el hogar risueño
que me envolvió en sus besos cuando me vio nacer!

Esa era mi esperanza... mas ya que a sus fulgores


se opone el hondo abismo que existe entre los dos,
¡adiós por la vez última, amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas, la esencia de mis flores;
mi lira de poeta, mi juventud, adiós!
RESUMEN DE LA OBRA LITERARIA "EL ZARCO

- Ignacio Manuel Altamirano -

Argumento de "El Zarco", libro de Ignacio Manuel Altamirano.

Esta novela, escrita entre 1887 y 1889 y publicada póstumamente,


lleva como subtítulo: Episodio de la vida mexicana de 1861 a 1863.

Nicolás es el hombre cabal y sencillo que se desempeña como herrero


en la hacienda de Atlihuayan y se enamora de Manuela; la madre de
ésta no tiene objeciones para con esta relación, pero Manuela se ha
enamorado de un bandolero cruel y sanguinario apodado ‘El Zarco’,
jefe de una cuadrilla.

Por el temor a los facinerosos, la madre decide abandonar esas tierras


y dirigirse a México; el proyecto se trunca, pues ‘El Zarco’ secuestra a
la chica con consentimiento de ella, en vísperas del viaje.

En la guarida de ‘El Zarco’, la chica se enfrenta a la cruda realidad: la


vida no es lo que ella había soñado. El secuestro de Manuela causa la
muerte de la madre. Nicolás se compromete con Pilar.

Los actos de los bandidos en la región han creado tal estado de


zozobra que se produce un levantamiento que acaudilla Martín
Sánchez Chagollán; éste solicita directamente al presidente Benito
Juárez el permiso para acabar con los bandoleros.

Alguien ha delatado que ‘El Zarco’ pretende echar a perder el


matrimonio de Nicolás y Pilar. En la celada que se tiende caen
detenidos ‘El zarco’ y sus cabecillas; todos son ahorcados, ‘El Zarco’,
al pie del árbol de sus citas nocturnas con Manuela, quien, al
enterarse de la muerte de su amante, muere de tristeza.

En “El Zarco” se presenta un mayor acercamiento entre acción,


personajes y medio. En la acción se produce por la confrontación de
dos fuerzas con posiciones distintas ante la sociedad y conformadas
también dentro de valores y realidades distintas, aquéllas que ofrecen
las comarcas donde se realizan los hechos: Yautepec y Xochimancas.
Los personajes, aunque con la diferenciación similar a la de su novela
anterior (‘Clemencia’), se encuentran comprometidos con la posición
social que han asumid o y cuyo propósito se halla más allá de los
límites individuales.

Es cierto que existen elementos románticos en ‘El Zarco’; por ejemplo,


podemos mencionar todos aquéllos que se relacionan con el
cumplimiento de destinos infortunados, esa desdichada relación entre
Manuela y el bandolero, esa visión siniestra de jinetes apocalípticos o
la diabólica imagen de la amante de ‘El Zarco’ envuelta en la codicia,
etc., pero en la obra de Altamirano impera la razón y sólo se aprueba
el sentimiento cuando se adecua a las normas morales que imperan
en el medio.

Según el argumento, bien podría pensarse que nos hallamos ante una
narración de aventuras: el bandido y sus amores; mas no se trata del
legendario o del valiente que roba a los ricos para darles a los pobres
o que repara injusticias, ‘El Zarco’ es el contrario, abyecto que asalta,
roba y siembra el caos entre los honrados vecinos.
Resumen de Santa (Federico Gamboa)

Historia de Santa, una joven de diecinueve años, se enamora de un


hombre que tiene todas las características del macho mexicano, se
entrega a él con la promesa del matrimonio, pero al saber que Santa
está embarazada se va sin responsabilizarse de ella y de su hijo,
Santa pierde a su hijo después de cuatro meses de embarazo y su
familia la corre de su casa sin consideración alguna, después de andar
unos días en la calle sin tener a donde ir encuentra a una mujer que le
ofrece trabajo, no se imagina de qué clase de trabajo se trata y acude
a la dirección que la mujer le indica, al llegar se da cuenta de que el
trabajo es de prostituta y al no tener de que mantenerse acepta el
trabajo sin imaginarse que pasaría las más terribles humillaciones que
una mujer pudiera recibir.

En ese lugar se convierte en la mujer más cotizada por su gran


belleza, sin embargo cuando intenta dejar esa vida y hacer una vida
decente la fuerza de la costumbre de sentirse halagada la lleva a
regresar a la vida de los burdeles, más tarde se convierte en
alcohólica como resultado de la vida de perdición, también en esa vida
conoce a un hombre que verdaderamente la quiere y quien finalmente
la ayuda a morir dignamente.

Primera parte

Capítulo I

El cochero detuvo el carruaje y le informó a la dama que iba en el


interior que habían llegado, la dama descendió y al momento que se
retiraba el carruaje tocó a la puerta y pregunto por Doña Pepa, la
portera abrió diciendo que la señora estaba dormida y la hizo entrar, al
preguntarle que quien era la dama contestó que se llamaba Santa y
que venía de Chimalistac, en ese momento bajo Eufrasia y la condujo
por unos pasillos oscuros y malolientes hasta entrar a un cuarto donde
se encontraba Doña Pepa y ésta a su vez la llevó con Doña Elvira
dueña de la casa, le preguntó su nombre y contestó nuevamente que
se llamaba Santa, las manos de meretriz, envejecidas en el oficio,
pasaban complacidas en las mórbidas curvas de Santa, provocándole
gran felicidad ya que sabía que tendría ganancias extraordinarias con
esa muchacha de diecinueve años, Santa dijo -vengo porque me han
echado de mi casa mis dos hermanos y mi madre, no se hacer nada y
ya no quiero a nadie-, Elvira la llevo a otro lugar y entraron a un cuarto
que olía a yodoformo, unos doctores la hurgaron con un aparato de
metal acostada en una especie de mesa mugrienta, la tutearon y le
hicieron bromas pesadas, en ese momento pensó en regresar a su
pueblo de donde nunca creyó que saldría.

Ya en la casa Doña Elvira regaño a Santa porque no quiso comer, le


ordenó ponerse la ropa que le iban a traer y que debía ser amable con
los clientes por la noche, todo esto con grandes vulgaridades, los
hombres son unos marranos y unos infieles le decía, Santa se
asqueaba de oír todas esas expresiones y quiso salir del lugar, pero la
dueña dijo que ya estaba registrada, numerada y que le pertenecía, a
Santa no le quedó más remedio que resignarse, la vestían entre Pepa
y dos o tres pupilas cuando llegó Eufrasia diciendo que habían llegado
los clientes, Elvira les ordenó que bajaran incluyendo a Santa.

Santa miraba por la ventana cuando un gran trueno la hizo


estremecerse, en uno de eso relámpagos vio entrar a un niño llamado
Jenaro acompañando a un hombre ciego muy feo llamado Hipólito, era
el pianista que amenizaba las noches en la casa, Santa se acercó al
piano a escucharlo y vio que tocaba de maravilla, en ese momento se
acercó un hombre, la tomo de la cintura y dijo que fuera a beber y
bailar con él, olvidándose del lugar donde se encontraba, se negó,
pero Elvira la obligo a ir con él para cumplir con su trabajo y le advirtió
que debía hacerlo muy bien ya que se trataba de un gobernador de la
República, Santa obedece y acepta cuando el gobernador le dice que
le dará todo lo que ella quiera si duerme con él esa noche, el
gobernador se queda dormido por la borrachera y Santa piensa que ya
se liberó del compromiso, pero se equivoca, Elvira y la misma Santa
suben al gobernador a su recamara para que se cumpla lo que el
gobernador dispuso, cuando despierta le pide que le cuente su historia
mientras él se despabila un poco.
Capitulo II

Comenzó a contar su historia describiendo una hermosa casa blanca


donde vivía con su madre Agustina y sus hermanos Esteban y Fabián,
hasta que la corrieron después de haber tenido un aborto de cuatro
meses de embarazo, producto del engaño de Marcelino Beltrán un
subteniente del ejército, quien la convence de entregarse a él con la
promesa de casarse, pero una vez consumada su maldad la
abandona.

Cuando la corrieron de su casa encontró a Pepa en la calle y le ofreció


trabajo, después de pensarlo mucho decidió venir a buscar ese trabajo
y llegó a la casa de Doña Elvira, después de un brusco movimiento de
su compañero Santa se percata de que está dormido otra vez y decide
dormir en la alfombra.

Capitulo III

Santa pronto se adaptó a su nuevo trabajo y parecía que lo disfrutaba,


se convirtió en la mujer más cotizada, todos los hombres que llegaban
daban lo que fuera por pasar la noche con ella y ella disimulaba el
dolor que esto le provocaba.

Hipólito y Santa se habían tomado un gran afecto más que simpatía y


menos que amor, una noche en la que casi no había clientes ellos
hablaron por primera vez de sus existencias, Santa le contó su historia
completa y cuando terminó se encapricho en que él le contara la suya
así que éste se dispuso y le contó que sus padres se habían separado
cuando él tenía entre seis o siete años y que su madre al no poder
enseñarle como valerse por sí mismo ya que por su ceguera le
costaba mucho trabajo adaptarse al mundo decidió llevarlo a la
Escuela de Ciego y un día de visita ya no regresó, en la escuela
aprendió a leer, escribir, tocar el piano y también aprendió a sufrir,
mientras se contaban sus historias llegó un grupo de personas y Santa
tuvo que ir a agasajar a los visitantes, a partir de esa noche la amistad
de los dos se hizo más fuerte, Santa lo consultaba cada vez que tenía
que tomar una decisión e Hipólito le pedía consejos.
Una noche Santa le peguntó a Hipólito que debía hacer ante la
petición de un tal Rubio para irse a vivir con él, le respondió que debía
aceptar, Santa le dice que la vida que llevaba ahora es como el
aguardiente o la cárcel ya que una vez que lo pruebas no puedes
dejarlo, Hipólito le contestó que algún día ella regresaría a esa casa o
a otra igual, pero que en ese momento ella debía aprovechar y
disfrutar de lo que la vida le ponía enfrente, en eso estaban cuando
llegó el Jarameño a proponerle a Santa que dieran un paseo y fueran
a dar el grito de Independencia al zócalo donde se reunía lo mejor de
la sociedad, Santa acepta y dice que pase por ella al día siguiente.

Al día siguiente se dirigen hacia el Zócalo donde hay cientos de


personas que esperan la presencia del Presidente de la República
para llevar acabo el tradicional grito, caen miles de papeles de colores
del cielo, toda la gente grita y disfruta el momento sin embargo Santa
se hecha a llorar, el Jarameño sin entender le pregunta que le pasa a
lo que ésta contesta que su patria es la casa de Elvira y que nunca va
a dejar de ser una prostituta palabra que le causa mucho dolor y asco.

Capitulo IV

Una de las noches que Santa se encontraba en pleno periodo triunfal


cenaba con su destacamento de gentiles hombres en el Trivolí Central
cuando vio entrar a sus hermanos Esteban y Fabián vestidos de
negro, se levantó de la mesa y fue a un rincón para hablar con ellos,
sus hermanos fríamente le dijeron que su madre había muerto y que
su última petición había sido que le avisaran que no la despreciaba,
que la había perdonado, Santa tomó las manos de sus hermanos y
lloraron los tres, Esteban pronto se separó de ella y dijo que eso era
todo lo que tenían que decirle, que jamás los buscara y que pensara
que ellos también habían muerto, sin más se fueron dejando a Santa
aterrorizada con la noticia y salieron, Santa salió del salón y sin decir
más se fue a un hotel de donde envió un mensaje a la casa de Elvira
para que le enviaran el vestido negro más elegante que estaba en su
guardarropa y un mantón negro.
Cuando llegó el vestido Santa se lo puso y se fue caminando hasta la
iglesia de Santa Clara donde un grupo de personas hicieron que la
sacaran de allí cuando la reconocieron, ya que según ellos por su
profesión ella no tenía derecho de estar en ese lugar, según las leyes
católicas que allí regían, Santa les pedía que la dejaran rezar por la
muerte de su madre, pero la actitud de esas personas la hicieron sentir
tan indigna de todo que salió sin decir más, camino por las calles sin
ningún rumbo y sin poder defenderse de lo que era su verdad.

Capítulo V

En los días siguientes a la muerte de su madre, se encerró en su


habitación, cuando el doctor vino a ver qué era lo que tenía se le
olvido apuntar en la libreta de registro de Santa estaba sana, un día
llegaron los agentes, que llevaban el control de la casa para que todas
pagaran su registro y se llevaron a Doña Pepa y Santa, ésta última
estaba consciente de que no había pagado sus últimos registros, pero
en realidad se la llevaban porque pensaban que estaba enferma,
Hipólito estaba platicando con Jenaro y le pedía que le describiera a
Santa, cuando oyó lo que pasaba y se levantó, pero las dos mujeres
eran llevadas a las autoridades superiores, entonces le pidió a Jenaro
que fuera a investigar lo que pasaba, después de un rato entró el
muchacho y dijo que ya regresaba Doña Pepa con el Jarameño, pero
Santa se había quedado presa para después llevarla al hospital,
Hipólito tomo su sombrero para ir en busca de ella, el Jarameño se fue
junto con Hipólito para ver de qué manera podían sacarla, esa noche
estaba de guardia solo el secretario y a cambio de unos boletos para
la corrida de toros que le regalo el Jarameño, le dijo que fuera con el
doctor que atendía a Santa y le dijera que él la sacaría de la
prostitución y que la haría su querida y solo así la dejarían salir, hizo lo
que le habían recomendado y Santa regresó con ellos a la casa de
Elvira, llegó y saco sus cosas para irse a vivir con el Jarameño,
aturdida por todo lo que estaba pasando solo le dijo a Elvira cuando
los acompaño a la puerta que la despidiera de Hipólito.
Segunda parte

Capítulo I

En la Guipuzcoana una casa de huéspedes española, se encontraban


Ripoll un ingeniero que pretendía vender al gobierno mexicano un
submarino de su invención, Don Praxedes Luro un cura carlista que
esperaba que el obispo le asignara una parroquia, Feliciano Surdo
dizque minero arruinado, de quien se decía ser el amante de la dueña
de la casa, Izquierdo agiotista, Abascal dependiente de la Covadonga
y Gallegos un cómico, todos ellos bajo la regencia de la dueña Doña
Nicacia Azpeitia de Flores, viuda de un militar, cuando llegó el
Jarameño acompañado de Santa la presento como la mujer de su
alma, todos se asombraron de su belleza y los aceptaron
inmediatamente instalando allí su nido de amor.

Se acercaba el domingo y Santa sentía que el Jarameño ya no la


quería, pero lo que pasaba es que el Jarameño era torero y cada vez
que se acercaba el Domingo y le tocaba torear sentía una gran
preocupación porque decía que en ese arte el torero entra al ruedo y
no se sabe si es por última vez, cuando llegó el Domingo el Jarameño
se preparó para irse a su corrida dejando a Santa en la casa, cuando
apenas se alejaba se presentó Jenaro, el lazarillo de Hipólito, fue a
verla para saber cómo estaba por mandato de su amo y le pidió a
Santa que fuera discreta cuando volviera a ver a Hipólito, después de
que Jenaro se marchó Santa se sentó a reflexionar sobre la vida que
llevaba y se dio cuenta de que la vida que llevaba le aburría,
extrañaba el burdel, la fiesta, a los hombres que la halagaban, que
probablemente su perdición ya no tenía remedio, pero la atemorizaba
las constantes amenazas del Jarameño de matarla si lo dejaba de
querer.

Un Domingo el Jarameño se fue a su corrida, pero fue suspendida y


se regresó a la casa, cuando llego encontró a Santa en la cama con
Ripoll que salió inmediatamente de la recámara, Santa se quedó con
el Jarameño pensando que sería su último día de vida, se arrodillo
frente a la Virgen de los Remedio donde el Jarameño se postraba
antes de salir a sus corridas, el Jarameño no pudo hacerle nada, solo
la corrió diciéndole que la Virgen le había salvado la vida.

Capitulo II

Sin titubeos ni vacilaciones Santa regreso al burdel de Doña Elvira, por


el momento todas la recibieron muy bien, pero pronto mostraron su
verdadero sentir ya que no les era grato que Santa fuera la preferida
de los cliente y de la dueña, así que al volver a ver al Rubio aceptó la
oferta que le había hecho antes, al platicarle a Hipólito sus planes la
apoyo no sin antes confesarle el amor que sentía por ella, Santa dijo
que él no merecía una mujer como ella, Hipólito acepto sus razones y
no volvió a insistir en eso.

Una noche cuando Santa estaba en compañía de un cliente llamado


Rodolfo otro cliente el saluda, entonces este sacó su pistola y le
disparo al otro, la policía pronto llegó al burdel.

Capitulo III

Se llevaron a todos los que allí estaban para que rindieran su


declaración, cuando esperaban el abogados de Doña Elvira les decían
lo que cada una debía decir ya que según ellos con que condenaran a
Rodolfo el muerto no resucitaría, Santa comentaba con Hipólito lo que
los abogados le habían dicho, a ella no le parecía justo, entonces
Hipólito le dijo que dijera la verdad que no tenía nada que perder ni
nada que ganar porque ella pronto se iría de la casa ya que se
acercaba el sábado día que había prometido al Rubio estar con él.

Todos esperaban su turno para declarar y cuando llegó el suyo siguió


el consejo que le había dado Hipólito y dijo solo la verdad, al salir
precipitadamente Santa tuvo un gran escalofrío que ya había sentido
alguna vez, pero siempre pensó que era consecuencia de la resaca,
sin embargo esta se repitió una y otra vez, así que después de un rato
Hipólito y Doña Elvira la llevaron a la casa, en su habitación le dio un
ataque de tos que cada vez fue más fuerte y prolongado, cuando se
dieron cuenta estaba escupiendo sangre, le dio una pulmonía que por
poco la mata.
Cuando se llega el Sábado, Santa abandonó el burdel para ir a la casa
del Rubio acompañada por Hipólito quien había sido comisionado por
el propio Rubio para acompañarla, ella esperaba que su vida
cambiaría, pero al contrario, se volvió peor por los ataques constantes
del Rubio entonces se refugió en el alcohol hasta que se volvió una
alcohólica perdida, el Rubio terminó echándola a la calle.

Capitulo IV

Santa lo que menos quería era volver a la casa de Elvira, así que se
fue al burdel de Tosca competidora y enemiga de Elvira, no la recibió
por el estado tan deteriorado en el que se encontraba, Santa siguió
bebiendo hasta perderse, cuando despertó se encontraba en los
brazos de un adolescente de diecisiete años, lo había conocido un año
atrás, él le confesaba su amor cuando a Santa se le vinieron esos
dolores que la mataban, al mismo tiempo deseaba estar con el
adolescente, Santa no comprende cómo es posible que sus deseos se
antepongan a su enfermedad, para esos momentos ya era víctima de
los delirios del alcoholismo.

Mandó a buscar a Hipólito quien no duda en ir con ella, cuando llego a


lado de Santa le volvió a pedir que se fuera con él, pero como siempre
lo rechazo y en esa vez Hipólito le dijo que no volvería a insistir con su
propuesta, después de dejarla en un hotel se fue haciendo hincapié
que no regresaría.

Santa siguió cayendo en el abismo hasta que llego a un burdel de los


peores, la aceptaron y la llamaron Loreto, su enfermedad llegó a su
grado máximo y con lágrimas implora a sus alquiladores piedad por los
dolores tan intensos que tiene, solo medio mes permanece en esa
casa ya que es echada por la dueña. Santa mando buscar a Hipólito
quien no pudo contener las ganas de ir a verla.

Capítulo V

Hipólito lleva a Santa a su casa con la ayuda de Jenaro quien les trajo
algo de cenar y después se fue, Santa dijo a Hipólito que ella lo
quería, pero no lo había aceptado era porque ella se daba cuenta de
que él era demasiado hombre para lo que ella podía merecer, Santa
se dispuso a entregarle su cuerpo a Hipólito, pero los dolores
regresaron e Hipólito solo la abrazó, le beso la frente y contuvo sus
deseos para no agrandar el dolor de su amada.

Fue aquella noche la más casta que tuvo Santa, purificada por el
dolor, ninguno de los dormía y se sentían bien cubiertos los dos con la
misma sábana. Antes de la siete de la mañana Jenaro había cubierto
el cuarto de flores y cuando Santa despertó aprisiono a Hipólito en sus
brazos y lo besó, empezaron una vida de ensueño donde habían
resucitado, Hipólito llevó a Santa con un medico al ver que los dolores
eran cada vez más intensos, éste le diagnosticó cáncer, dijo que
podían hacerle una operación para poder prolongarle un poco más la
vida, Hipólito acepto que se la hicieran, él pagaría lo que fuera y así
fue, la intervinieron, pero cuando estaban a punto de terminar la
operación Santa murió.

Santa había hecho que Hipólito le prometiera que la llevaría a enterrar


a su pueblo Chimalistac cerca de su madre y así que a Hipólito no le
quedó otro remedio que cumplir su promesa, poniéndole en su lápida
solamente su nombre “SANTA” sin ninguna otra palabra.

Después de varios meses de su muerte, un día Hipólito que ya no


tenía nada que darle a Santa ya que hasta las lágrimas se le habían
acabado, salió de sus labios esta oración siendo la primera vez que se
le daba, transfigurado su rostro volteo al cielo diciendo:

Santa María, Madre de Dios

El resto de la oración subió a perderse en la gloria firmamental de la


tarde moribunda,

Ruega, Señora, por nosotros los pecadores…


Resumen de Los Bandidos De Rio Frío

Autor: Manuel Payno, político, diplomático, empresario, novelista y


autor de artículos periodísticos; 1810-1894. Otras obras: El fistol del
diablo, La convención española, El hombre de La situación
[inconclusa], Tardes nubladas, Novelas cortas, etcétera.

Género y corriente: Novela naturalista de folletín.

Estructura: Consta de prólogo y dos partes, divididas en 54 y 63


capítulos, respectivamente.

Sinopsis: Allá por el mil ochocientos treinta y tantos, hubo en México


un caso nunca visto: un grupo de bandoleros asaltaba con frecuencia
las diligencias que recorrían el camino de Veracruz a la capital, a la
altura de Rio Frio. Al mismo tiempo, en la ciudad de México se desató
una ola de robos y asesinatos. Todo muy bien concertado, al parecer.

Detrás de los numerosos maleantes se encontraba, en calidad de


secreta orquestador, un coronel apodado Relumbrón, por su carácter
jactancioso y ostentoso en exceso, quien desempeñaba el cargo de
jefe del estado mayor del presidente Santa Anna. Ignoraba que era
hijo de una rica señora de Morelia y un platero, quienes lo protegían a
distancia para no revelar su parentesco.

El coronel llevaba una doble existencia; por un lado, buen esposo y


padre, hombre influyente y en apariencia honorable; por el otro,
jugador empedernido, amante de varias mujeres y enredado en
negocios turbios. Su vicio por el juego y el derroche lo llevan casi a la
quiebra, debido a lo cual organiza en su provecho una amplia red
criminal, aunque manteniéndose en el anonimato, incluso para
quienes eran los ejecutores de sus órdenes.

Sólo lo conocen Evaristo, Don Santos (un platero, a quien supone


compadre suyo y no su progenitor) y don Pedro Cataño. Cada cual
tiene su historia. Evaristo era ebanista, había abandonado a su
amante Casilda para casarse con una sirvienta del conde del Sauz y,
aburrido de esta, la asesina y huye a Rio Frio donde se hace pasar por
honrado ranchero y allí organiza una pequeña gavilla de asaltantes.
Luego, sin saber sus antecedentes, el gobierno lo nombra capitán de
rurales.

Evaristo guardaba rencor a la frutera Cecilia, rica comerciante de


Chalco, por haberlo desdeñado a pesar de su nueva condición.

El platero don Santos había hecho su fortuna traficando con alhajas


robadas y, a las órdenes del hijo, fabricaba moneda falsa.

Don Pedro Cataño, hijo del administrador del conde del Sauz, se
enamora de la condesita Mariana y procrean un hijo al que ocultan
porque el conde no consintió en el matrimonio y la pareja teme la ira
del noble.

El verdadero nombre de Cataño era Juan Robreño, quien para auxiliar


a Mariana deserta del ejército, huye para no ser fusilado y cuando
vuelve se entera de que su pequeño hijo se ha perdido. Así, sin
esperanza de casarse con su amada, se lanza al pillaje a las órdenes
de Relumbrón.

El niño extraviado pasa de mano en mano de personas muy pobres


hasta que, ya adolescente, se pone de aprendiz con Evaristo, pero al
presenciar el crimen de este, huye para no ser incriminado. Durante
una leva lo incorporan al ejército junto con otros dos muchachos,
Espiridión, hijo de dos rancheros indígenas, y Moctezuma III, presunto
heredero del infortunado emperador azteca.

Por lances del destino, el supuesto huérfano queda aislado de su


cuerpo de tropa y parte para la feria de San Juan de los Lagos -hoy
Lagos de Moreno, en el estado de Jalisco-, allí lo recluta Relumbrón,
quien le encarga su hacienda de Arroyo Prieto sin descubrirle sus
acciones criminales.

El coronel goza de la confianza del presidente, del marqués de Valle


Alegre -pretendiente a la mano de Mariana, quien se resiste a la boda
y enloquece-, y del licenciado Oloñeta, juez recto y digno.
Las fechorías de Relumbrón se multiplican: jefatura a los bandidos de
Río Frío a través de Evaristo, inquieta las haciendas del estado de
Morelos con la gente de Cataño, fabrica moneda falsa y la distribuye
mediante el cuñado de Oloñeta, organiza a los ladrones de la capital
con el concurso de una corredora de joyas, doña Viviana, y de un
malhechor, el tuerto Cirilo; obtiene pingues ganancias del juego de
barajas aliado con don Moisés, experto tahúr, y se inmiscuye en la
política de Jalisco, donde anima una sublevación que fracasa.

Apremiado por sus deudas y gastos, ahora roba en persona -de lo cual
se había abstenido-, la casa citadina del conde del Sauz. Eso será la
causa de su perdición, pues con las prisas y el horror de los
asesinatos ahí cometidos, deja caer su cartera en el lugar donde el
conde guardaba el dinero.

Cuando el robo se descubre, aparece entre las monedas la cartera


con el nombre del coronel. A ese hecho se añaden las denuncias de
varias personas y el propio Oloñeta se encarga de reunir las pistas
hasta lograr la captura y condena del coronel y sus cómplices, menos
Pedro Cataño, quien se separa de su jefe y cuya participación se
redujo a hostilizar ciertas haciendas, y su hijo Juan con el cual se
había encontrado por azares del destino.

Padre e hijo se marchan a la hacienda del Sauz, libran al conde de un


ataque indio y el aristócrata consiente en la boda de Mariana con
Robreño, además de reconocer al hijo de ambos como heredero de
sus bienes.

Por otra parte, Relumbrón confiesa sus crímenes y se le sentencia a


morir en la plaza pública aplicándole el garrote vil, aparato con el que
se estrangulaba a los reos.

La novela, calificada por Payno como naturalista, no sigue fielmente el


modelo de Zola; lejos de ello, tiene un tono realista y muy dentro de
los cánones morales de la época, sin que eso le impida describir las
lacras de una sociedad donde los menesterosos eran abundantes, y
los prósperos una minoría con una riqueza insultante.
A través de Los bandidos de Rio Frio, el lector conoce los más
variados tipos sociales, caracterizados minuciosamente tanto por las
descripciones objetivas, como por el lenguaje salpicado de
regionalismos y locuciones coloquiales que dan sabrosura y vitalidad a
la novela.

El desarrollo de la trama, largo y con frecuencia truculento,


corresponde al género folletinesco, cuya característica sobresaliente
es la de conservar el interés del lector dejando en suspenso la acción
al final de cada capítulo, ya que se publicaba por entregas semanales.
De este modo, no sorprende la casi inaudita complicación de episodios
y peripecias que van conformando esta obra, la primera de este
género realizada por un mexicano, Payno, quien la publico en
Barcelona en el ano de 1891.

Para tema de su obra, el autor elegía un hecho real, protagonizado por


el coronel Juan Yánez -el Relumbrón de la novela- quien jefaturaba
una banda de salteadores, abigeos, rateros y domésticas, y paga sus
crímenes cuando fue descubierto.

A este eje protagónico, Payno añadía un cumulo de sucedidos que


toma de crónicas periodísticas publicadas en distintas fechas, todo -
como él dice- para ofrecer un cuadro exacto, verídico, de aquella
época ya ida y recreada por él con mucho talento y veracidad.
Rubén Darío
(Félix Rubén García Sarmiento; Metapa, 1867 - León, 1916) Poeta
nicaragüense que fue el iniciador y el máximo representante del
Modernismo hispanoamericano. En brillantez formal, estilística y
musical, apenas hay autor en lengua española que iguale al Darío de
la primera etapa, la etapa plenamente modernista de Azul(1888)
y Prosas Profanas (1896). Cuando se aminora su esteticismo, y el
ideal del arte por el arte deja lugar a nuevas inquietudes, surge su
obra maestra, Cantos de vida y esperanza (1905), en la que el
absoluto dominio de la forma ya no tiene la mera belleza como único
objetivo, sino que sirve a la expresión de una intimidad angustiada o
de preocupaciones sociohistóricas, como el devenir de la América
hispana.

Rubén Darío
Al valor poético intrínseco de esa segunda etapa, más perdurable que
el de la primera, hay que sumar el papel de Rubén Darío como núcleo
originario y aglutinador de todo un movimiento, el Modernismo, que
marcó un hito en la historia de la literatura: tras seguir sumisamente
durante tres siglos los rumbos de las letras europeas, nace en América
una corriente literaria propia cuya influencia pasará incluso a la
metrópoli. Conseguida a principios del XIX la independencia política,
Latinoamérica lograba, a finales del mismo siglo, la independencia
literaria.
Biografía
Casi por azar nació Rubén en una pequeña ciudad nicaragüense
llamada Metapa, pues al mes de su alumbramiento pasó a residir a
León, donde su madre, Rosa Sarmiento, y su padre, Manuel García,
habían fundado un matrimonio teóricamente de conveniencias pero
próspero sólo en disgustos.
Para hacer más llevadera la mutua incomprensión, el incansable
Manuel García se entregaba inmoderadamente a las farras y ahogaba
sus penas en los lupanares, mientras la pobre Rosa Sarmiento huía de
vez en cuando de su cónyuge para refugiarse en casa de alguno de
sus parientes. No tardaría la madre en dar a luz una segunda hija
(Cándida Rosa, que se malogró enseguida) ni en enamorarse de un tal
Juan Benito Soriano, con el que se fue a vivir arrastrando a su
primogénito a "una casa primitiva, pobre y sin ladrillos, en pleno
campo", situada en la localidad hondureña de San Marcos de Colón.
No obstante, el pequeño Rubén volvió pronto a León y pasó a residir
con los tíos de su madre, Bernarda Sarmiento y su marido, el coronel
Félix Ramírez, los cuales habían perdido recientemente una niña y lo
acogieron como sus verdaderos padres. Muy de tarde en tarde vio
Rubén a su madre, a quien desconocía, y poco más o menos a su
padre, por quien siempre sintió desapego, hasta el punto de que el
incipiente poeta firmaba sus primeros trabajos escolares como Félix
Rubén Ramírez.
El hogar del coronel Félix Ramírez era centro de célebres tertulias que
congregaban a la intelectualidad del país; en este ambiente culto
creció el pequeño Darío. Precoz versificador infantil, el mismo Rubén
no recordaba cuándo empezó a componer poemas, pero sí que ya
sabía leer a los tres, y que a los seis empezó a devorar los clásicos
que halló en la casa; a los trece ya era conocido como poeta, y a los
catorce concluyó su primera obra. En su ambiente y en su tiempo, las
elegías a los difuntos, los epitalamios a los recién casados o las odas
a los generales victoriosos formaban parte de los usos y costumbres
colectivos, y cumplían con inveterada oportunidad una función social
para la que jamás había dejado de existir demanda. Por entonces se
recitaban versos como se erigían monumentos al dramaturgo ilustre,
se brindaba a la salud del neonato o se ofrecían banquetes a los
diplomáticos extranjeros.
Durante su primeros años estudió con los jesuitas, a los que dedicó
algún poema cargado de invectivas, aludiendo a sus "sotanas
carcomidas" y motejándolos de "endriagos"; pero en esa etapa de
juventud no sólo cultivó la ironía: tan temprana como su poesía influida
por Gustavo Adolfo Bécquer y por Victor Hugo fue su vocación de
eterno enamorado. Según propia confesión en la Autobiografía, una
maestra de las primeras letras le impuso un severo castigo cuando lo
sorprendió "en compañía de una precoz chicuela, iniciando indoctos e
imposibles Dafnis y Cloe, y según el verso de Góngora, las
bellaquerías detrás de la puerta".
Antes de cumplir quince años, cuando los designios de su corazón se
orientaron irresistiblemente hacia la esbelta muchacha de ojos verdes
llamada Rosario Emelina Murillo, en el catálogo de sus pasiones había
anotado a una "lejana prima, rubia, bastante bella", tal vez Isabel
Swan, y a la trapecista Hortensia Buislay. Ninguna de ellas, sin
embargo, le procuraría tantos quebraderos de cabeza como Rosario; y
como manifestara enseguida a la musa de su mediocre novela
sentimental Emelina sus deseos de contraer inmediato matrimonio,
sus amigos y parientes conspiraron para que abandonara la ciudad y
terminara de crecer sin incurrir en irreflexivas precipitaciones.
En agosto de 1882 se encontraba en El Salvador, y allí fue recibido
por el presidente Rafael Zaldívar, sobre el cual anota halagado en su
Autobiografía: "El presidente fue gentilísimo y me habló de mis versos
y me ofreció su protección; más cuando me preguntó qué es lo que yo
deseaba, contesté con estas exactas e inolvidables palabras que
hicieron sonreír al varón de poder: "Quiero tener una buena posición
social".

En este elocuente episodio, Rubén expresa sin tapujos sus


ambiciones burguesas, que vería dolorosamente frustradas y por cuya
causa habría de sufrir todavía más insidiosamente en su ulterior etapa
chilena. En Chile conoció también al presidente José Manuel
Balmaceda y trabó amistad con su hijo, Pedro Balmaceda Toro, así
como con el aristocrático círculo de sus allegados; sin embargo, para
poder vestir decentemente, se alimentaba en secreto de "arenques y
cerveza", y a sus opulentos contertulios no se les ocultaba su mísera
condición.
Otras composiciones trascendentes figuran en otros libros suyos: El
canto errante (1907), Poema del otoño y otros poemas (1910), con
piezas como Margarita, está linda la mar... y Los motivos del lobo, y el
libro que contiene su composición más extensa, el Canto a la
Argentina, que con otros poemas se publicó en 1914.

De entre sus obras en prosa (sin contar Los raros y las prosas
contenidas en Azul), cabe destacar Peregrinaciones (1901), La
caravana pasa (1902) y Tierras solares (1904), entre otros trabajos de
menor interés concernientes a viajes, impresiones políticas o notas
autobiográficas.

Genio lírico hispanoamericano de resonancia universal, Rubén Darío


manejó el idioma con elegancia y maestría, lo renovó con vocablos
brillantes, desarrolló ensayos métricos audaces y primoroso y se
atrevió a realizar combinaciones fonéticas dignas de Fray Luis de León
(como aquella del verso "bajo el ala aleve de un leve abanico") hasta
erigirse en el maestro por antonomasia de la musicalidad, del ritmo y
la armonía.

El gran lírico nicaragüense abrió las puertas literarias de España e


Hispanoamérica hacia lo exterior, como lo harían en seguida, en plano
más ideológico, los escritores españoles de la generación del 98. La
Fayette había simbolizado la presencia de Francia en la lucha
norteamericana por la independencia; las ideas de los enciclopedistas
y de la Revolución Francesa habían estado presentes en la gesta de la
independencia hispanoamericana; siguiendo esta estela, Rubén Darío
extrajo del parnasianismo y del simbolismo franceses los elementos
que necesitaba para su revolución, modernizando, renovando y
flexibilizando la grandeza hispánica con el "esprit", con la gracia
francesa, frente al sentido materialista y dominador del mundo
anglosajón y, especialmente, norteamericano.
Cantos de Vida y Esperanza

Yo soy aquel que ayer no más decía


el verso azul y la canción profana,
en cuya noche un ruiseñor había
que era alondra de luz por la mañana.

El dueño fui de mi jardín de sueño,


lleno de rosas y de cisnes vagos;
el dueño de las tórtolas, el dueño
de góndolas y liras en los lagos;

y muy siglo diez y ocho y muy antiguo


y muy moderno; audaz, cosmopolita;
con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo,
y una sed de ilusiones infinita.

Yo supe del dolor desde mi infancia,


mi Juventud... ¿fue juventud la mía?
Sus rosas aún me dejan su fragancia,
una fragancia de melancolía...

Potro sin freno se lanzó mi instinto,


mi juventud montó potro sin freno;
iba embriagada y con puñal al cinto;
si no cayó, fue porque Dios es bueno.

En mi jardín se vio una estatua bella;


se juzgó mármol y era carne viva;
un alma joven habitaba en ella,
sentimental, sensible, sensitiva.

Y tímida ante el mundo, de manera


que encerrada en silencio no salía,
sino cuando en la dulce primavera
era la hora de la melodía...

Hora de ocaso y de discreto beso;


hora crepuscular y de retiro;
hora de madrigal y de embeleso,
de «te adoro», de «¡ay!» y de suspiro.

Y entonces era en la dulzaina un juego


de misteriosas gamas cristalinas,
un renovar de notas del Pan griego
y un desgranar de músicas latinas,

con aire tal y con ardor tan vivo,


que a la estatua nacían de repente
en el muslo viril patas de chivo
y dos cuernos de sátiro en la frente.

Como la Galatea gongorina


me encantó la marquesa verleniana,
y así juntaba a la pasión divina
una sensual hiperestesia humana;

todo ansia, todo ardor, sensación pura


y vigor natural; y sin falsía,
y sin comedia y sin literatura...
si hay un alma sincera, esa es la mía.

La torre de marfil tentó mi anhelo;


quise encerrarme dentro de mí mismo,
y tuve hambre de espacio y sed de cielo
desde las sombras de mi propio abismo.

Como la esponja que la sal satura


en el jugo del mar, fue el dulce y tierno
corazón mío, henchido de amargura
por el mundo, la carne y el infierno.

Mas, por gracia de Dios, en mi conciencia


el Bien supo elegir la mejor parte;
y si hubo áspera hiel en mi existencia,
melificó toda acritud el Arte.

Mi intelecto libré de pensar bajo,


bañó el agua castalia el alma mía,
peregrinó mi corazón y trajo
de la sagrada selva la armonía.

¡Oh, la selva sagrada! ¡Oh, la profunda


emanación del corazón divino
de la sagrada selva! ¡Oh, la fecunda
fuente cuya virtud vence al destino!

Bosque ideal que lo real complica,


allí el cuerpo arde y vive y Psiquis vuela;
mientras abajo el sátiro fornica,
ebria de azul deslíe Filomela.

Perla de ensueño y música amorosa


en la cúpula en flor del laurel verde,
Hipsipila sutil liba en la rosa,
y la boca del fauno el pezón muerde.

Allí va el dios en celo tras la hembra,


y la caña de Pan se alza del lodo;
la eterna Vida sus semillas siembra,
y brota la armonía del gran Todo.

El alma que entra allí debe ir desnuda,


temblando de deseo y de fiebre santa,
sobre cardo heridor y espina aguda:
así sueña, así vibra y así canta.

Vida, luz y verdad, tal triple llama


produce la interior llama infinita;
El Arte puro como Cristo exclama:
Ego sum lux et veritas et vita!

Y la vida es misterio; la luz ciega


y la verdad inaccesible asombra;
la adusta perfección jamás se entrega,
Y el secreto Ideal duerme en la sombra.

Por eso ser sincero es ser potente.


De desnuda que está, brilla la estrella;
el agua dice el alma de la fuente
en la voz de cristal que fluye d'ella.

Tal fue mi intento, hacer del alma pura


mía, una estrella, una fuente sonora,
con el horror de la literatura
y loco de crepúsculo y de aurora.

Del crepúsculo azul que da la pauta


que los celestes éxtasis inspira,
bruma y tono menor -¡toda la flauta!,
y Aurora, hija del Sol -¡toda la ira!

Pasó una piedra que lanzó una honda;


pasó una flecha que aguzó un violento.
La piedra de la honda fue a la onda,
y la flecha del odio fuese al viento.

La virtud está en ser tranquilo y fuerte;


con el fuego interior todo se abrasa;
se triunfa del rencor y de la muerte,
y hacia Belén... ¡la caravana pasa!
José Martí
(José Julián Martí Pérez; La Habana, 1853 - Dos Ríos, Cuba, 1895)
Político y escritor cubano, destacado precursor del Modernismo
literario hispanoamericano y uno de los principales líderes de la
independencia de su país.

José Martí
Nacido en el seno de una familia española con pocos recursos
económicos, a la edad de doce años José Martí empezó a estudiar en
el colegio municipal que dirigía el poeta Rafael María de Mendive,
quien se fijó en las cualidades intelectuales del muchacho y decidió
dedicarse personalmente a su educación.
El joven Martí pronto se sintió atraído por las ideas revolucionarias de
muchos cubanos, y tras el inicio de la Guerra de los Diez Años (1868-
1878) y el encarcelamiento de su mentor, inició su actividad
revolucionaria: publicó la gacetilla El Diablo Cojuelo, y poco después
una revista, La Patria Libre, que contenía su poema dramático Abdala.
A los diecisiete años José Martí fue condenado a seis años de cárcel
por su pertenencia a grupos independentistas; realizó trabajos
forzados en el penal hasta que su mal estado de salud le valió el
indulto.
Deportado a España, en este país publicó su primera obra de
importancia, el drama La adúltera. Inició en Madrid estudios de
derecho y se licenció en derecho y filosofía y letras por la Universidad
de Zaragoza. Durante sus años en España surgió en él un profundo
afecto por el país, aunque nunca perdonó su política colonial. En su
obra La República Española ante la Revolución Cubana reclamaba a
la metrópoli que hiciera un acto de contrición y reconociese los errores
cometidos en Cuba.
Tras viajar durante tres años por Europa y América, José Martí acabó
por instalarse en México. Allí se casó con la cubana Carmen Zayas-
Bazán y, poco después, gracias a la paz de Zanjón, que daba por
concluida la Guerra de los Diez Años, se trasladó a Cuba. Deportado
de nuevo por las autoridades cubanas, temerosas ante su pasado
revolucionario, se afincó en Nueva York y se dedicó por completo a la
actividad política y literaria.
Desde su residencia en el exilio, José Martí se afanó en la
organización de un nuevo proceso revolucionario en Cuba, y en 1892
fundó el Partido Revolucionario Cubano y la revista Patria. Se convirtió
entonces en el máximo adalid de la lucha por la independencia de su
país.
Dos años más tarde, tras entrevistarse con el generalísimo Máximo
Gómez, se incorporó a una nueva intentona que daría lugar a la
definitiva Guerra de la Independencia (1895-1898). Pese al embargo
de sus barcos por parte de las autoridades estadounidenses, pudo
partir al frente de un pequeño contingente hacia Cuba, pero fue
abatido por las tropas realistas en 1895; contaba cuarenta y dos años.
Junto a Simón Bolívar y José de San Martín, José Martí es
considerado uno de los principales protagonistas del proceso de
emancipación de Hispanoamérica.
La poesía de José Martí
Además de destacado ideólogo y político, José Martí fue uno de los
más grandes poetas hispanoamericanos y la figura más destacada de
la etapa de transición al Modernismo, que en América supuso la
llegada de nuevos ideales artísticos. Como poeta se le conoce por
Versos libres (1878-1882, publicados póstumamente); Ismaelillo
(1882), obra que puede considerarse un adelanto de los presupuestos
modernistas por el dominio de la forma sobre el contenido; y Versos
sencillos (1891), un poemario decididamente modernista en el que
predominan los apuntes autobiográficos y el carácter popular.
Escritos en su mayor parte en 1882, los poemas de Versos libres no
vieron la luz hasta su publicación póstuma en 1913, muchos años
después de su muerte. El propio Martí calificó esos versos de
"endecasílabos hirsutos, nacidos de grandes miedos, o de grandes
esperanzas, o de indómito amor de libertad, o de amor doloroso a la
hermosura".
El tono fuerte y áspero de este volumen, por el que Martí proclamaba
su propia preferencia, impresionó vivamente a Miguel de Unamuno,
cuyos juicios serían el punto de partida de la valoración de la obra. Su
fuerza vibratoria, tanto formal como en los contenidos, se hace
evidente en composiciones como "Poética", "Mi poesía" o "Cuentan
que antaño", en las que se sirvió de un lenguaje vigoroso y oscuro, por
momentos incluso pasional.
La poesía de José Martí se funda en una visión dualista de la
humanidad: realidad e idealismo, espíritu y materia, verdad y falsedad,
conciencia e inconsciencia, luz y oscuridad. Los poemas de Ismaelillo
(1882), libro dedicado a su hijo, son un ejemplo de ello: la debilidad y
la inocencia del niño son su fuerza.
En Versos sencillos (1891), José Martí expresa el sentimiento que le
despierta la alegría de la naturaleza y el mal de la civilización. El
sufrimiento y el temor al paso del tiempo también fueron elementos
frecuentes en su lírica, donde se advierte un acercamiento al
romanticismo que muchos críticos han considerado superior al de
otros de sus contemporáneos. En A mis hermanos muertos el 27 de
noviembre (1872), publicado durante su destierro en España, Martí
dedica sus versos a los estudiantes muertos en una masacre acaecida
en aquella fecha.
Obra en prosa
Su única novela, Amistad funesta, también llamada Lucía Jérez y
firmada con el pseudónimo de Adelaida Ral, fue publicada por
entregas en el diario El Latino-Americano entre mayo y septiembre de
1885; aunque en su argumento predomina el tema amoroso, en esta
obra de final trágico también aparecen elementos sociales. Entre sus
obras dramáticas destacan Abdala (1869), drama simbólico en un acto
y en octosílabos, La Adúltera (1873) y Amor con amor se paga (1875),
también en verso y estrenado en México.
La prosa de Martí se vio influida por la obra del norteamericano Ralph
Waldo Emerson, para quien la palabra debía ser tan elocuente como
poética e intensa dentro de un discurso sencillo y conciso. Era
consciente, como acaso sólo lo fueron los modernistas
inmediatamente posteriores a él, de todas las posibilidades del
lenguaje, y consideraba que sus recursos estaban íntimamente ligados
a las cualidades humanas del pueblo, que en última instancia era
quien los inventaba.
Tanto la prosa como la poesía de Martí resultan inseparables de su
biografía; él mismo declaró que eran parte indiscutible de su máxima
preocupación, que no era otra que la política. Personalidad optimista,
sus opiniones sobre el hombre, la poesía o la sociedad son aspectos
que aparecen en sus obras al servicio de unas concepciones que
tenían siempre al ser humano como centro. A largo plazo su objetivo
era la mejora de la humanidad, pero a corto plazo lo era la liberación
de Cuba, a la que dedicó todos sus esfuerzos.
Por ello, su producción en prosa fue en su mayor parte funcional,
como sus ensayos sobre Simón Bolívar, José de San Martín o el
general José Antonio Páez, en relación a los héroes del pasado, y
sobre el general Máximo Gómez, Walt Whitman o Ralph Waldo
Emerson entre los contemporáneos; en tales textos, que constituyeron
lo mejor de su prosa, exaltó las cualidades de personajes que
admiraba. Dentro de la primera edición de sus obras completas, el
volumen titulado Norteamericanos reunió póstumamente sus estudios
sobre figuras del norte; otros dos volúmenes, bajo el título Nuestra
América, contienen los trabajos de Martí consagrados a estudiar
aspectos de la vida, la cultura y la historia de la América hispana. En
ellos expresó su mensaje americanista y resumió su precursora teoría
de la debilidad de las naciones hispánicas, en las que existía un
enorme abismo entre las clases dirigentes e intelectuales y el pueblo.
Cronista y crítico excepcional, hizo de muchos de sus textos
auténticos ensayos, algunos de carácter revolucionario como El
presidio político en Cuba (1871), reflejo de gran fuerza lírica de su
condena a trabajos forzados en el que denuncia las penurias que
sufrían los independentistas. Cabe destacar también La República
Española ante la Revolución Cubana (1873) y Cuba y los Estados
Unidos (1889), refutación de los ataques de la prensa norteamericana
a los patriotas cubanos, así como El Manifiesto de Montecristi o su
Diario de campaña.
También fundó una revista para niños, La Edad de Oro (1889),
publicada en Nueva York y en la que aparecieron los cuentos Bebé y
el señor Don Pomposo, Nené traviesa y La muñeca negra.
Íntegramente redactada por Martí, esta publicación muestra una serie
de aspectos de su personalidad y constituye también una
demostración de cómo supo anticiparse a muchas conquistas de la
pedagogía moderna: una vez más, puso de relieve en esos escritos su
preocupación por las normas de justicia y dignidad humanas, que
debían cultivarse en el niño desde su más tierna edad.
José Martí colaboró a lo largo de su vida en innumerables
publicaciones de distintos países, como La Revista Venezolana, La
Opinión Nacional de Caracas, La Nación de Buenos Aires o la Revista
Universal de México. Sus Obras completas (que en la edición de 1963-
1965 constan de veinticinco volúmenes) incluyen asimismo un nutrido
epistolario (sus cartas, también reveladoras de su singular
personalidad, han merecido excepcionales comentarios) y numerosos
discursos, muchos de ellos dedicados a enardecer el sentimiento
patriótico de los cubanos que radicaban como él en la emigración,
llamándolos al esfuerzo común gracias al cual se lograría la
independencia de la patria.
ABDALA, UN SENADOR Y CONSEJEROS.
Noble caudillo: a nuestro pueblo llega
Feroz conquistador: necio amenaza
Si a su fuerza y poder le resistimos
En polvo convertir nuestras murallas:
Fiero pinta a su ejército que monta
Nobles corceles de la raza arábiga;
Inmensa gente al opresor auxilia,
Y tan alto es el número de lanzas
Que el enemigo cuenta, que a su vista
La fuerza tiembla y el valor se espanta:
Tantas sus tiendas son, noble caudillo,
Que a la llanura llegan inmediata,
Y del rudo opresor ¡oh Abdala ilustre!
Es tanta la fiereza y arrogancia
Que envió un emisario reclamando
Rindiese fuego y aire, tierra y agua!
Pues decidle al tirano que en la Nubia
Hay un héroe por veinte de sus lanzas:
Que del aire se atreva a hacerse dueño:
Que el fuego a los hogares hace falta:
Que la tierra la compre con su sangre:
Que el agua ha de mezclarse con sus lágrimas.
Guerrero ilustre: calma tu entusiasmo!
Del extraño a la impúdica arrogancia
Diole el pueblo el laurel que merecían
Tan necia presunción y audacia tanta;
Mas hoy no son sus bárbaras ofensas
Muestras de orgullo y simples amenazas:
Ya detiene a los nubios en el campo!
Ya en nuestras puertas nos coloca guardias
! ¿Qué dices, Senador?
—Te digo ¡oh, jefe
Del ejército nubio! que las lanzas
Deben brillar, al aire desenvuelta
La sagrada bandera de la patria!—
Te digo que es preciso que la Nubia
Del opresor la lengua arranque osada,
Y la llanura con su sangre bañe
Y luche Nubia cual luchaba Esparta!—
Vengo en tus manos a dejar la empresa
De vengar las cobardes amenazas
Del bárbaro tirano que así llega
A despojar de vida nuestras almas!—
Vengo a rogar al esforzado nubio
Que a la batalla con el pueblo parta
Acepto, Senador. Alma de bronce
Tuviera si tu ruego no aceptara.
Que me sigan espero los valientes
Nobles caudillos que el valor realza,
Y si insulta a los libres un tirano
Veremos en el campo de batalla!
En la Nubia nacidos, por la Nubia
Morir sabremos: hijos de la patria,
Por ella moriremos, y el suspiro
Que de mis labios postrimero salga
Para Nubia será, que para Nubia
Nuestra fuerza y valor fueron creadas.
Decid al pueblo que con él al campo
Cuando se ordene emprenderé la marcha;
Y decid al tirano que se apreste,—
Que prepare su gente,—y que a sus lanzas
Brillo dé y esplendor. Más fuertes brillan
Robustas y valientes nuestras almas!
Feliz mil veces ¡oh valiente joven!
El pueblo que es tu patria!
—Viva Abdala!—
Gabriel García Márquez
En la última década del siglo XIX, Rubén Darío dio a Hispanoamérica
la independencia literaria al inaugurar la primera corriente poética
autóctona, el Modernismo. Mediado el siglo XX, correspondió al
colombiano Gabriel García Márquez situar la narrativa
hispanoamericana en la primera línea de la literatura mundial con la
publicación de Cien años de soledad (1967). Obra cumbre del llamado
realismo mágico, la mítica fundación de Macondo por los Buendía y el
devenir de la aldea y de la estirpe de los fundadores hasta su extinción
constituye el núcleo de un relato maravillosamente mágico y poético,
tanto por su desbordada fantasía como por el subyugante estilo de su
autor, dotado como pocos de un prodigioso "don de contar".

Gabriel García Márquez


El mundo de Macondo, parábola y reflejo de la tortuosa historia de la
América hispana, había sido esbozado previamente en una serie de
novelas y colecciones de cuentos; después de Cien años de soledad,
nuevas obras maestras jalonaron su trayectoria, reconocida con la
concesión del Nobel de Literatura en 1982: basta recordar títulos como
El otoño del patriarca (1975), Crónica de una muerte anunciada (1981)
o El amor en los tiempos del cólera (1985).
Como máximo representante del Boom de la literatura
hispanoamericana de los años 60, García Márquez contribuyó
decisivamente a la merecida proyección que finalmente alcanzó la
narrativa del continente: el fenómeno editorial del Boom supuso, en
efecto, el descubrimiento internacional de numerosos novelistas de
altísimo nivel apenas conocidos fuera de sus respectivos países.
La infancia mítica
Gabriel García Márquez nació en Aracataca (Magdalena) el 6 de
marzo de 1927. Creció como niño único entre sus abuelos maternos y
sus tías, pues sus padres, el telegrafista Gabriel Eligio García y Luisa
Santiaga Márquez, se fueron a vivir, cuando el pequeño Gabriel
contaba sólo cinco años, a la población de Sucre, en la que don
Gabriel Eligio abrió una farmacia y Luisa Santiaga daría a luz a la
mayoría de los once hijos del matrimonio.
Los abuelos de García Márquez eran dos personajes bien particulares
y marcaron el periplo literario del futuro Nobel: el coronel Nicolás
Márquez, veterano de la guerra de los Mil Días (1899-1902), le
contaba a Gabriel infinidad de historias de su juventud y de las guerras
civiles del siglo XIX, lo llevaba al circo y al cine, y fue su cordón
umbilical con la historia y con la realidad. Doña Tranquilina Iguarán, su
cegatona abuela, pasaba los días contando fábulas y leyendas
familiares, mientras organizaba la vida de los miembros de la casa de
acuerdo con los mensajes que recibía en sueños: ella fue la fuente de
la visión mágica, supersticiosa y sobrenatural de la realidad. Entre sus
tías, la que más lo marcó fue Francisca, quien tejió su propio sudario
para dar fin a su vida.
Gabriel García Márquez aprendió a escribir a los cinco años, en el
colegio Montessori de Aracataca, con la joven y bella profesora Rosa
Elena Fergusson, de quien se enamoró: fue la primera mujer que lo
perturbó. Cada vez que se le acercaba le daban ganas de besarla, y
sólo por el hecho de verla iba con gusto a la escuela. Rosa Elena le
inculcó la puntualidad y el hábito de escribir directamente en las
cuartillas, sin borrador.
García Márquez (centro) con parte de sus hermanos (Aracataca, 1935)
En ese colegio permaneció hasta 1936, cuando murió el abuelo y tuvo
que irse a vivir con sus padres al sabanero y fluvial puerto de Sucre.
De allí pasó interno al Colegio San José de Barranquilla, donde a la
edad de diez años ya escribía versos humorísticos. En 1940, gracias a
una beca, ingresó en el internado del Liceo Nacional de Zipaquirá, una
experiencia realmente traumática: el frío del internado de la Ciudad de
la Sal lo ponía melancólico y triste. Embutido siempre en un enorme
saco de lana, nunca sacaba las manos por fuera de sus mangas, pues
le tenía pánico al frío.
Durante los seis cursos que pasó en el Liceo de Zipaquirá, hubo de
recorrer al menos dos veces al año, en barco de vapor, el río
Magdalena, principal arteria fluvial del país; esta experiencia, acaso la
última remarcable, y sobre todo aquella asombrada primera infancia
en Aracataca hasta los nueve años, con el incontenible aluvión de
historias y leyendas oídas de sus abuelos y sus tías, configuran el
substrato mítico del que García Márquez partiría para la composición
de Cien años de soledad y la mayor parte de su obras.
En Zipaquirá tuvo como profesor de literatura, entre 1944 y 1946, a
Carlos Julio Calderón Hermida, a quien en 1955, cuando publicó La
hojarasca, le obsequió con la siguiente dedicatoria: "A mi profesor
Carlos Julio Calderón Hermida, a quien se le metió en la cabeza esa
vaina de que yo escribiera". Ocho meses antes de la entrega del
Nobel, en la columna que publicaba en quince periódicos de todo el
mundo, García Márquez declaró que Calderón Hermida era "el
profesor ideal de Literatura".
En los años de estudiante en Zipaquirá, Gabriel García Márquez se
dedicaba a pintar gatos, burros y rosas, y a hacer caricaturas del
rector y demás compañeros de curso. En 1945 escribió unos sonetos y
poemas octosílabos inspirados en una novia que tenía: son uno de los
pocos intentos del escritor por versificar. En 1946 terminó sus estudios
secundarios con magníficas calificaciones.
Estudiante de leyes
En 1947, presionado por sus padres, se trasladó a Bogotá para
estudiar derecho en la Universidad Nacional, donde tuvo como
profesor a Alfonso López Michelsen y se hizo amigo de Camilo Torres
Restrepo. La capital del país fue para García Márquez la ciudad del
mundo (y las conoció casi todas) que más lo impresionó, pues era una
ciudad gris, fría, donde todo el mundo se vestía con ropa muy
abrigada y negra. Al igual que en Zipaquirá, García Márquez se llegó a
sentir como un extraño, en un país distinto al suyo: Bogotá era
entonces "una ciudad colonial, (...) de gentes introvertidas y
silenciosas, todo lo contrario al Caribe, en donde la gente sentía la
presencia de otros seres fenomenales aunque éstos no estuvieran
allí".
Los estudios de leyes no eran propiamente su pasión, pero logró
consolidar su vocación de escritor. El 13 de septiembre de 1947
publicó su primer cuento, La tercera resignación, en el número 80 del
suplemento Fin de Semana del rotativo El Espectador, dirigido por
Eduardo Zalamea Borda. Zalamea, que firmaba sus columnas con el
pseudónimo de Ulises, escribió en la presentación del relato que
García Márquez era el nuevo genio de la literatura colombiana; las
ilustraciones del texto estuvieron a cargo de Hernán Merino. A las
pocas semanas apareció un segundo cuento: Eva está dentro de un
gato.
El 9 de abril de 1948 fue asesinado el líder de la oposición, Jorge
Eliecer Gaitán; los violentos desórdenes que ese mismo día asolaron
la capital (en una jornada de revuelta conocida como el "Bogotazo")
fueron la causa de que la Universidad Nacional cerrara
indefinidamente sus puertas. García Márquez perdió muchos libros y
manuscritos en el incendio de la pensión donde vivía y se vio obligado
a pedir traslado a la Universidad de Cartagena, donde siguió siendo un
alumno irregular. Nunca se graduó, pero inició una de sus principales
actividades periodísticas: la de columnista. Manuel Zapata Olivella le
consiguió una columna diaria en el recién fundado periódico El
Universal.
El Grupo de Barranquilla
A principios de los años cuarenta comenzó a gestarse en Barranquilla
una especie de asociación de amigos de la literatura que se llamó el
Grupo de Barranquilla; su cabeza rectora era don Ramón Vinyes. El
"sabio catalán", dueño de una librería en la que se vendía lo mejor de
la literatura española, italiana, francesa e inglesa, orientaba al grupo
en las lecturas, analizaba autores, desmontaba obras y las volvía a
armar, lo que permitía descubrir los trucos de que se servían los
novelistas. La otra cabeza era José Félix Fuenmayor, que proponía los
temas y enseñaba a los jóvenes escritores en ciernes (Álvaro Cepeda
Samudio, Alfonso Fuenmayor y Germán Vargas, entre otros) la
manera de no caer en lo folclórico.

Gabriel García Márquez se vinculó a ese grupo. Al principio viajaba


desde Cartagena a Barranquilla cada vez que podía. Luego, gracias a
una neumonía que le obligó a recluirse en Sucre, cambió su trabajo en
El Universal por una columna diaria en El Heraldo de Barranquilla, que
apareció a partir de enero de 1950 bajo el encabezado de "La jirafa" y
firmada por "Septimus".
En el periódico barranquillero trabajaban también Cepeda Samudio,
Vargas y Fuenmayor. García Márquez escribía, leía y discutía todos
los días con los tres redactores; el inseparable cuarteto se reunía a
diario en la librería del "sabio catalán" o se iba a los cafés a beber
cerveza y ron hasta altas horas de la madrugada. Polemizaban a grito
herido sobre literatura, o sobre sus propios trabajos, que los cuatro
leían. Hacían la disección de las obras de Daniel Defoe, John Dos
Passos, Albert Camus, Virginia Woolf y William Faulkner, escritor este
último de gran influencia en la literatura de ficción de América Latina y
muy especialmente en la de García Márquez; en el famoso discurso
"La soledad de América Latina", que pronunció con motivo de la
entrega del premio Nobel en 1982, el colombiano señaló que William
Faulkner había sido su maestro. Sin embargo, García Márquez nunca
fue un crítico, ni un teórico literario, actividades que, además, no
fueron de su predilección: siempre prefirió contar historias.
En la época del Grupo de Barranquilla, García Márquez leyó a los
grandes escritores rusos, ingleses y norteamericanos, y perfeccionó su
estilo directo de periodista, pero también, en compañía de sus tres
inseparables amigos, analizó con cuidado el nuevo periodismo
norteamericano. La vida de esos años fue de completo desenfreno y
locura. Fueron los tiempos de La Cueva, un bar que pertenecía al
dentista Eduardo Vila Fuenmayor y que se convirtió en el sitio
mitológico en el que se reunían los miembros del Grupo de
Barranquilla a hacer locuras: todo era posible allí, hasta las trompadas
entre ellos mismos.
También fue la época en que vivía en pensiones de mala muerte,
como El Rascacielos, un edificio de cuatro pisos ubicado en la calle
del Crimen que alojaba también un prostíbulo. Muchas veces no tenía
el peso con cincuenta para pasar la noche; entonces le daba al
encargado sus mamotretos (los borradores de La hojarasca) y le
decía: "Quédate con estos mamotretos, que valen más que la vida
mía. Por la mañana te traigo plata y me los devuelves".
Los miembros del Grupo de Barranquilla fundaron un periódico de vida
muy fugaz, Crónica, que según ellos sirvió para dar rienda suelta a sus
inquietudes intelectuales. El director era Alfonso Fuenmayor, el jefe de
redacción Gabriel García Márquez, el ilustrador Alejandro Obregón, y
sus colaboradores fueron, entre otros, Julio Mario Santo Domingo,
Meira del Mar, Benjamín Sarta, Juan B. Fernández y Gonzalo
González.
Periodismo y literatura
A principios de 1950, cuando ya tenía muy adelantada su primera
novela, titulada entonces La casa, acompañó a doña Luisa Santiaga al
pequeño, caliente y polvoriento Aracataca, con el fin de vender la vieja
casa en donde se había criado. Comprendió entonces que estaba
escribiendo una novela falsa, pues su pueblo no era siquiera una
sombra de lo que había conocido en su niñez; a la obra en curso le
cambió el título por La hojarasca, y el pueblo ya no fue Aracataca, sino
Macondo, en honor a los corpulentos árboles de la familia de las
bombáceas, comunes en la región y semejantes a las ceibas, que
alcanzan una altura de entre treinta y cuarenta metros.
En febrero de 1954 García Márquez se integró en la redacción de El
Espectador, donde inicialmente se convirtió en el primer columnista de
cine del periodismo colombiano, y luego en brillante cronista y
reportero. El año siguiente apareció en Bogotá el primer número de la
revista Mito, bajo la dirección de Jorge Gaitán Durán.

La publicación duró sólo siete años, pero fueron suficientes, por la


profunda influencia que ejerció en la vida cultural colombiana, para
considerar que Mito señala el momento de la aparición de la
modernidad en la historia intelectual del país, pues jugó un papel
definitivo en la sociedad y en la cultura colombianas: desde un
principio se ubicó en la contemporaneidad y en la cultura crítica.
Gabriel García Márquez publicaría tres trabajos en la revista: un
capítulo de La hojarasca, el Monólogo de Isabel viendo llover en
Macondo (1955) y la novela breve El coronel no tiene quien le escriba
(1958). En realidad, el escritor siempre ha considerado que Mito fue
trascendental; en alguna ocasión dijo a Pedro Gómez Valderrama: "En
Mito comenzaron las cosas".
En ese año de 1955, García Márquez ganó el primer premio en el
concurso de la Asociación de Escritores y Artistas; publicó La
hojarasca y un extenso reportaje por entregas, Relato de un náufrago,
el cual fue censurado por el régimen del general Gustavo Rojas Pinilla.
La dirección de El Espectador decidió que Gabriel García Márquez
saliera del país rumbo a Ginebra, para cubrir la conferencia de los
Cuatro Grandes, y luego a Roma, donde aparentemente el papa Pío
XII agonizaba. En la capital italiana asistió, por unas semanas, al
Centro Sperimentale di Cinema.
Resumen de Del amor y otros demonios

Sierva María era hija única del Marqués Casalduero, era una niña que había
heredado la timidez de su padre, tenía la piel blanca, dientes perfectos, ojos
azules y contaba con una gran cabellera de color cobre que le llegaba hasta el
suelo.

El día de los sucesos inesperados Sierva María cumplía doce años, y había ido en
compañía de una esclava al mercado, para comprar un encargo de su fiesta, ese
mismo día un perro gris con un lucero en la frente que había ya mordido a tres
personas, también le propicio una mordida en el tobillo izquierdo a Sierva María;
en los tiempos de antes la gente no se preocupaba por cuatro y más mordidos en
un solo día, menos en la época de la colonia donde se tenía una concepción de la
vida muy diferente a la que tenemos hoy.

Apenas se le notaba la herida en su tobillo, así que la criada no se alarmo tanto,


ella misma le realizó las curaciones y nadie, ni la propia Sierva María volvió a
pensar en la mordida del perro; varios días después la esclava que acompaño a
Sierva María al mercado y sabía lo de la mordida del perro se enteró, que, un
perro con las mismas características que tenía el animal que mordió a la niña,
había muerto de mal de rabia; el animal estaba colgado en la plaza para que las
gentes lo observaran; al saber esto la esclava fue rápidamente para contarle a
Bernarda Cabrera madre de la niña y esposa sin título del Marqués, que a la niña
la había mordido un perro cuando habían ido al mercado y que ese mismo perro
estaba en la plaza colgado porque había muerto del mal de rabia. La noche que la
esclava le comento a Bernarda lo sucedido, Bernarda fue al patio de los esclavos
donde dormía su hija, como no sabía donde había sido el lugar de la mordida,
reviso a la niña hasta que encontró el sitio de la mordida en el tobillo izquierdo,
donde solo quedaba los rastros de una herida que ya había sanado.

Pocos días después Bernarda le comento al Marqués lo que la esclava le había


dicho, el Marqués al principio no lo creyó, así que se lo pregunto a Sierva María,
ella lo negó, después de esto nadie volvió a pensar en lo que había pasado con la
mordida del perro, ni con la herida de Sierva María. Unos días después en la hora
en la que el Marqués solía realizar diariamente su siesta, llego una india curandera
que le confirmo al Marqués, que Sierva María había sido víctima de la mordida de
un perro que había muerto de mal de rabia, también le dijo que ya habían muerto
dos de los mordidos por el perro y el otro se encontraba en el convento de Santa
Clara sufriendo de pavorosas alucinaciones.

El Marqués fue al convento de Santa Clara donde encontró a un esclavo


amarrado en un poste que se encontraba en la mitad del patio central de
convento, el Marqués le pregunto a una de las hermanas del convento, que tenía
el negro, le contesto, que el padecía de pavorosas alucinaciones debido a la fiebre
que le dio como consecuencia la mordida de un perro que padecía del mal de
rabia, y que lo dejaban amarrado para que no atacara a nadie y esperar a que
muriera.

De vuelta a la casa el Marqués se encontró con Abrenuncio, un medico que el


Marqués distinguía, lo llevo a su casa y le comento lo que le habia pasado a
Sierva María, el doctor le prometió que iría a su casa y examinaría a la niña. A los
pocos días el doctor llego a la casa del Marqués, examino a la niña y encontró la
herida practicamente curada, le dijo que no había nada de que alarmase, pero
tenia que tener cuidado porque han habido casos de que la rabia no se les
desarrolla inmediatamente sino que podía desarrollarse mucho tiempo después.
A los poco tiempo Sierva María volvió a dormir en la casa después del exilio al que
su madre por capricho la había sometido, por que desde que ella era muy
pequeña había ido a vivir en el patio de los esclavos con una esclava llamada
Dominga de Adviento, se crió con ella hasta que esta murió, aprendió de ellos,
tres idiomas africanos, las costumbres y además aprendió a imitar las voces de
unos pájaros que le enseñaron los negros.

Después de los acontecimientos de la visita del médico, Sierva María tuvo una
decadencia de salud, empezó a padecer de fiebre y de alucinaciones, el Marqués
preocupado por el quebranto de salud de su hija fue al convento de Santa Clara,
hablo con el Obispo y le comento lo sucedido con la niña, también le contó que el
doctor Abrenuncio la había atendido, el Obispo tuvo una charla constructiva con el
Marqués donde trataron el ingreso de la niña al convento para ser atendida del
mal que padecía.

Sierva María fue instalada en el convento, le asignaron una de las celdas,


ubicadas en el edificio de tres pisos, fue sometida a varios exorcismos y su caso le
fue asignado al padre Delaura, del que resulto enamorada. En el convento de
Santa Clara, Sierva María Se integro fácilmente con los de la raza negra, durante
su poco tiempo de estadía en el convento representaba voces de ultratumba por
las noches para asustar a las mojas anonadadas con su llegada al convento
antes que el padre Delaura tomara su caso

Su padre intento sacarla del convento por que sufría al saber que su hija iba a ser
sometida a varios exorcismos, que se sabían que eran procedimientos muy
complejos y dolorosos.

Delaura fue castigado por sostener una relación amorosa con una de las internas
del convento, así que fue destituido de sus funciones que era ser el lector privado
del Obispo, ademas era el encargado de la biblioteca, también era el único que
tenía acceso a los libros y párrafos prohibidos de la época. Al poco tiempo de la
destitucion de Delaura Sierva María murió a causa de sufrir por no tener a la
persona que amaba.
Parménides García Saldaña

Parménides García Saldaña nació en Orizaba, Veracruz, el 9 de


febrero de 1944 pero siempre vivió en la Ciudad de México en la
colonia Narvarte, de donde eran sus amigos a quienes incluye como
personajes en su novela Pasto verde (1968). Era de clase media, por
lo que nunca le faltó el dinero, siempre estuvo interesado en la
literatura norteamericana especialmente de Scott Fitzgerald,
Hemingway, Mailer y Salinger, y la poesía y actitud contracultural de
los beatniks; en música le gustaba rock o rockanrol y, por influencia de
su padre, tenía un gran interés en el marxismo. Sus padres no
comprendían sus gustos musicales ni su rebeldía, por lo que siempre
tuvo problemas en la escuela su padre decidió mandarlo a estudiar a
Louisiana, Tulane University en Baton Rouge a solicitud del autor,
donde se interesó por la marginalidad contracultural de ese país. A su
regreso a México, ingresó a la escuela de Economía de la UNAM, pero
después la dejó para dedicarse a salir con sus amigos, leer y escribir
cuentos.

Conocía al crítico Emmanuel Carballo quien revisó algunos de sus


cuentos que más tarde conformaran el material para El rey criollo
(1970). Además conocía al actor Arsenio Campos, personaje en su
novela Pasto verde que era uno de sus amigos de "reventón" un
Rodante y al escritor Juan Tovar y Ricardo Vinós con quienes escribió
una adaptación del cuento "Pueblo fantasma" de Juan Tovar con el
que ganaron el tercer lugar en el concurso de guiones en el que ganó
Los Caifanes de Carlos Fuentes y Juan Ibáñez. También era muy
amigo y discípulo de Elena Poniatowska, ella escribe en Ay vida no me
mereces, sobre su relación con Parménides. Incluso fue amigo y
mentor de Alex Lora y de Fito de la Parra baterista de Canned heat,
quien le enseño el blues.

Consumía alcohol y drogas como todos sus contemporáneos, aunque


más alcohol que fue lo que lo mató, le bastaba un poco para ponerse
“hasta atrás, le hacía mal”,pero el constante consumo de éstas
provocó que sus padres lo metieran a un hospital psiquiátrico, pues se
dice que consumió LSD, su amigo Rodante, Manuel Acosta, dice
que"el que se lo dio, le dio en realidad una aspirina " coincide su
cambiante personalidad con la creación de Pasto Verde su novela.
Junto con sus amigos de la Narvarte irrumpían en eventos literarios,
una de esas ocasiones fue en un cóctel de Carlos Fuentes. También
solía insultar a los policías por lo que fue encarcelado en varias
ocasiones; de éstas experiencias surgió el cuento "De barbas".

Participó con Pasto verde, que originalmente se llamaba La onda; en


un concurso de primeras novelas organizado por Editorial Diógenes;
no ganó pero provocó un gran interés. A mediados de los setenta,
Joaquín Mortiz le publicó el libro de poemas Mediodía (1975).
Después de sus continuos ingresos a clínicas psiquiátricas; En Algún
Lugar del Rock (El Callejón del Blues) que Parménides García
Saldaña retiró de la editorial porque se tardaron en editarlo y que años
después de su muerte fuera mal editado y según José Agustín
contiene textos comparables a José Revueltas. El Rey Criollo, libro de
cuentos (Diogenes 1968) es su obra más conocida y accesible a la
fecha no se ha dejado de editar y reimprimir desde 1968. (Editorial
Planeta).

Parménides García Saldaña tuvo una infinidad de ataques de ira en el


que destruyó muchas cosas de su casa y otras, intentó matar o
golpear a su madre; su padre lo metió a la cárcel por lo que si estuvo
un tiempo recluido, salió a finales de los setenta. Existe una excelente
investigación por uno de los alumnos de René Avilés Fabila, sobre sus
últimos momentos de vida sobrevivió de los artículos periodísticos en
Excélsior, le publicaba Magdalena Saldaña, sin parentesco, pues tenía
un gran apreció por él por su extraordinaria inteligencia y genialidad
además de compartir el gusto de leer a Shakespeare en inglés,
Magdalena Saldaña era Doctora en Literatura inglesa; la obra de
Parménides García Saldaña en general se ha mantenido poco editada
y según proclaman sus admiradores es un "mito".

Finalmente murió solo en la Ciudad de México el 19 de septiembre de


1982 a causa de una pulmonía según autopsia y testigos;
investigaciones muestran el deterioro de su salud a la que por
voluntad propia fue minando y que sólo sus padres velaron por él en
su deteriorada salud. Murió en un cuarto de la colonia Polanco que sus
padres le habían adquirido pues era muy difícil sobrellevarlo, murió
enfermo y escribiendo, como se pueden leer los artículos que entregó
a Excelsior, que fueron publicados póstumos. Parménides llamado el
Rey de la Onda aunque su única enfermedad y exceso era la
literatura.

Actualmente la casa editorial Editores y Viceversa (2015), fundada por


el hermano del autor Edmundo García Saldaña en sociedad con la
escritora y editora Valentina Tolentino Sanjuan, editan la obra de
Parménides.
José Emilio Pacheco

(Ciudad de México, 1939 - 2014) Poeta, narrador, ensayista y


traductor mexicano, cuya cultura literaria y sensibilidad poética lo
convirtieron en uno de los miembros más destacados de la llamada
Generación del Medio Siglo.

José Emilio Pacheco

Estudió derecho y letras en la Universidad Nacional Autónoma de


México (UNAM) y allí comenzó a colaborar con la revista Medio Siglo.
Más tarde formó parte de la dirección del suplemento Ramas Nuevas
de la revista Estaciones, junto a otro reconocido autor mexicano,
Carlos Monsiváis, y de la redacción de la Revista de la UNAM. Fue
asimismo jefe de redacción del suplemento México en la Cultura, en
colaboración con Fernando Benítez.

Profesor en varias universidades de México, Estados Unidos, Canadá


e Inglaterra, se dedicó también a la investigación en el Departamento
de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia
(INAH); como resultado de esta labor de investigación y reconstrucción
de la vida cultural mexicana de los siglos XIX y XX, publicó numerosas
ediciones y antologías. Sus libros han sido traducidos al inglés,
francés, alemán y ruso.

La poesía de Pacheco se caracteriza por una depuración extrema. Sus


versos carecen de ornamentos inútiles y están escritos con un
lenguaje cotidiano que los hace engañosamente sencillos. La
conciencia de lo efímero es uno de sus temas centrales, pero su
poesía es a menudo irónica, llena de notas de humor negro y parodia,
y muestra una continua experimentación en el plano formal. Para
Pacheco, el poeta es el crítico de su tiempo y un metafísico
preocupado por el sentido de la historia. Cree en el carácter popular
de la escritura, que carece de autor específico y pertenece a todos.

Su producción poética alternó así lo trascendente y lo inmediato,


siempre con un estilo muy personal. Ello se aprecia en Los elementos
de la noche (1963), El reposo del fuego (1966), No me preguntes
cómo pasa el tiempo (1964) y Los trabajos del mar (1983). Respecto a
sus traducciones, que incluyen poemas de diversas lenguas, el autor
prefirió llamarlas "aproximaciones", por estar convencido de la
intraducibilidad del género.

En el terreno de la narrativa corta, escribió libros como El principio del


placer (1972), donde demostró su dominio del relato breve e
hiperbreve. Sus dos novelas son ejemplo de sabiduría narrativa: la
primera, Morirás lejos (1967), es un audaz experimento que juega con
diversos planos narrativos; la segunda, Las batallas en el desierto
(1981), es una evocadora y agridulce historia de amor imposible, llena
de nostalgia.

Sus artículos y ensayos son numerosos y casi todos versan sobre


literatura, aunque también abordan asuntos políticos y sociales. Entre
los galardones que distinguieron su obra se cuentan los premios
Magda Donato (1967), Xavier Villaurrutia (1973), Nacional de
Lingüística y Literatura de México (1992), Octavio Paz (2003), Pablo
Neruda (2004), García Lorca (2005), Reina Sofía de Poesía
Iberoamericana y el Cervantes (recibidos ambos en 2009).

Tenga para que se entretenga

José Emilio Pacheco.

Estimado señor:

Le envío junto con estas líneas el informe confidencial que me solicitó.


Espero que lo encuentre de su entera satisfacción. Incluyo recibo
timbrado por $1,200.00 (un mil doscientos pesos moneda nacional)
que le ruego se sirva cubrir por cheque, giro o personalmente en estas
oficinas.

Advertirá usted que el precio de mis servicios profesionales excede


ligeramente lo convenido. Ello se debe a que el informe salió bastante
más largo y detallado de lo que supuse en un principio. Tuve que
hacerlo dos veces para dejarlo claro, ante lo difícil y aún increíble del
caso. Redactarlo, dicho sea entre paréntesis, me permitió practicar mi
hobby, que consiste en escribir – sin ningún ánimo de publicación por
supuesto. En espera de sus noticias, me es grato saludarle y ponerme
a su disposición como su affmo. y ss.

Ernesto Domínguez Puga

Detective Privado

Informe Confidencial

El 9 de agosto de 1943 la señora Olga Martínez de Andrade y su hijo


de seis años, Rafael Andrade Martínez, salieron de su casa (Tabasco
106, colonia Roma). Iban a almorzar con doña Caridad Acevedo viuda
de Martínez en su domicilio (Gelati 36 bis, Tacubaya). Ese día
descansaba el chofer. El niño no quiso viajar en taxi: le pareció una
aventura ir como los pobres en tranvía y autobús. Se adelantaron a la
cita y a la Salió del subterráneo, fue hacia Olga, le tendió un periódico
doblado y una rosa con un alfiler:

-Tenga para que se entretenga. Tenga para que se la prenda.

Olga dio las gracias, extrañada por la aparición del hombre y la


amabilidad de sus palabras. Lo creyó un vigilante, un guardián del
Castillo, y de momento no reparó en su vocabulario ni en el olor a
humedad que se desprendía de su cuerpo y su ropa. Mientras tanto
Rafael se había acercado al desconocido y le preguntaba:

-¿Ahí vives?
-No: más abajo, más adentro.

-¿Y no tienes frío?

-La tierra en su interior está caliente.

-Llévame a conocer tu casa. Mamá ¿me das permiso?

-Niño, no molestes. Dale las gracias al señor y vámonos ya: tu abuelita


nos está esperando.

-Señora, permítale asomarse. No lo deje con la curiosidad.

-Pero, Rafaelito, ese túnel debe de estar muy oscuro. ¿No te da


miedo?

-No, mamá.

Olga asintió con gesto resignado. El hombre tomó de la mano a Rafael


y dijo al empezar el descenso:

-Volveremos. Usted no se preocupe. Sólo voy a enseñarle la boca de


la cueva.

-Cuídelo mucho, por favor. Se lo encargo.

Según el testimonio de parientes y amigos, Olga fue siempre muy


distraída. Por tanto, juzgó normal la curiosidad de su hijo, aunque no
dejaron de sorprenderla el aspecto y la cortesía del vigilante. Guardó
la flor y desdobló el periódico. No pudo leerlo. Apenas tenía
veintinueve años pero desde los quince necesitaba lentes bifocales y
no le gustaba usarlos en público.

Pasó un cuarto de hora. El niño no regresaba. Olga se inquietó y fue


hasta la entrada de la caverna subterránea. Sin atreverse a penetrar
en ella, gritó con la esperanza de que Rafael y el hombre le
contestaran. Al no obtener respuesta, bajó aterrorizada hasta el
estanque seco. Dos aprendices de torero se adiestraban allí. Olga les
informó de lo sucedido y les pidió ayuda.
Volvieron al lugar de los árboles extraños. Los torerillos cruzaron
miradas al ver que no había ninguna cueva, ninguna boca de ningún
pasadizo.

Buscaron a gatas sin hallar el menor indicio. No obstante, en manos


de Olga estaban la rosa, el alfiler, el periódico -y en el suelo, el caracol
y la ramita.

Cuando Olga cayó presa de un auténtico shock, los torerillos


entendieron la gravedad de lo que en principio habían juzgado una
broma o una posibilidad de aventura. Uno de ellos corrió a avisar por
teléfono desde un puesto a orillas del lago. El otro permaneció al lado
de Olga e intentó calmarla.

Veinte minutos después se presentó en Chapultepec el ingeniero


Andrade, esposo de Olga y padre de Rafael. En seguida aparecieron
los vigilantes del Bosque, la policía, la abuela, los parientes, los
amigos y desde luego la multitud de curiosos que siempre parece
estar invisiblemente al acecho en todas partes y se materializa cuando
sucede algo fuera de lo común.

El ingeniero tenía grandes negocios y estrecha amistad con el general


Maximino Ávila Camacho. Modesto especialista en resistencia de
materiales cuando gobernaba el general Lázaro Cárdenas, Andrade se
había vuelto millonario en el nuevo régimen gracias a las concesiones
de carreteras y puentes que le otorgó don Maximino. Como usted
recordará, el hermano del presidente Manuel Ávila Camacho era el
secretario de Comunicaciones, la persona más importante del
gobierno y el hombre más temido de México. Bastó una orden suya
para movilizar a la mitad de todos los efectivos policiales de la capital,
cerrar el Bosque, detener e interrogar a los torerillos. Uno de sus
ayudantes irrumpió en Palma 10 y me llevó a Chapultepec en un
automóvil oficial. Dejé todo para cumplir con la orden de Ávila
Camacho. Yo acababa de hacerle servicios de la índole más
reservada y me honra el haber sido digno de su confianza.
Cuando llegué a Chapultepec hacia las cinco de la tarde, la búsqueda
proseguía sin que se hubiese encontrado ninguna pista. Era tanto el
poder de don Maximino que en el lugar de los hechos se hallaban para
dirigir la investigación el general Miguel Z. Martínez, jefe de la policía
capitalina, y el coronel José Gómez Anaya, director del Servicio
Secreto.

Agentes y uniformados trataron, como siempre, de impedir mi labor. El


ayudante dijo a los superiores el nombre de quien me ordenaba hacer
una investigación paralela. Entonces me dejaron comprobar que en la
tierra había rastros del niño, no así del hombre que se lo llevó.

El administrador del Bosque aseguró no tener conocimiento de que


hubiera cuevas o pasadizos en Chapultepec. Una cuadrilla excavó el
sitio en donde Olga juraba que había desaparecido su hijo. Sólo
encontraron cascos de metralla y huesos muy antiguos. Por su parte,
el general

Martínez declaró a los reporteros que la existencia de túneles en


México era sólo una más entre las muchas leyendas que envuelven el
secreto de la ciudad. La capital está construida sobre el lecho de un
lago; el subsuelo fangoso vuelve imposible esta red subterránea: en
caso de existir, se hallaría anegada.

La caída de la noche obligó a dejar el trabajo para la mañana


siguiente.

Mientras se interrogaba a los torerillos en los separos de la Inspección,


acompañé al ingeniero Andrade a la clínica psiquiátrica de Mixcoac
donde atendían a Olga los médicos enviados por Ávila Camacho. Me
permitieron hablar con ella y sólo saqué en claro lo que consta al
principio de este informe.

Por los insultos que recibí en los periódicos no guardé recortes y ahora
lo lamento. La radio difundió la noticia, los vespertinos ya no la
alcanzaron.
En cambio los diarios de la mañana desplegaron en primera plana y a
ocho columnas lo que a partir de entonces fue llamado “El misterio de

Chapultepec”.

Un pasquín ya desaparecido se atrevió a afirmar que Olga tenía


relaciones con los dos torerillos. Chapultepec era el escenario de sus
encuentros. El niño resultaba el inocente encubridor que al conocer la
verdad tuvo que ser eliminado.

Otro periódico sostuvo que hipnotizaron a Olga y la hicieron creer que


había visto lo que contó. En realidad el niño fue víctima de una banda
de “roba chicos”. (El término, traducido literalmente de kidnapers, se
puso de moda en aquellos años por el gran número de secuestros que
hubo en

México durante la segunda guerra mundial.) Los bandidos no tardarían


en pedir rescate o en mutilar a Rafael para obligarlo a la mendicidad.

Aún más irresponsable, cierta hoja inmunda engañó a sus lectores con
la hipótesis de que Rafael fue capturado por una secta que adora
dioses prehispánicos y prácticos sacrificios humanos en Chapultepec.
(Como usted sabe, Chapultepec fue el bosque sagrado de los
aztecas.) Según los miembros de la secta, la cueva oculta en este
lugar es uno de los ombligos del planeta y la entrada al inframundo.
Semejante idea parece basarse en una película de Cantinflas, El signo
de la muerte.

En fin, la gente halló un escape de la miseria, las tensiones de la


guerra, la escasez, la carestía, los apagones preventivos contra un
bombardeo aéreo que por fortuna no llegó jamás, el descontento, la
corrupción, la incertidumbre… Y durante algunas semanas se
apasionó por el caso.

Después, todo quedó olvidado para siempre.

Cada uno piensa distinto, cada cabeza es un mundo y nadie se pone


de acuerdo en nada. Era un secreto a voces que para 1946 don
Maximino ambicionaba suceder a don Manuel en la presidencia. Sus
adversarios aseguraban que no vacilaría en recurrir al golpe militar y al
fratricidio. Por tanto, de manera inevitable se le dio un sesgo político a
este embrollo: a través de un semanario de oposición, sus enemigos
civiles difundieron la calumnia de que don Maximino había ordenado el
asesinato de Rafael con objeto de que el niño no informara al
ingeniero Andrade de las relaciones que su protector sostenía con
Olga.

El que escribió esa infamia amaneció muerto cerca de Topilejo, en la


carretera de Cuernavaca. Entre su ropa se halló una nota de suicida
en que el periodista manifestaba su remordimiento, hacía el elogio de
Ávila

Camacho y se disculpaba ante los Andrade. Sin embargo la


difamación encontró un terreno fértil, ya que don Maximino, personaje
extraordinario, tuvo un gusto proverbial por las llamadas “aventuras”.

Además, la discreción, el profesionalismo, el respeto a su dolor y a sus


actuales canas me impidieron decirle antes a usted que en 1943 Olga
era bellísima, tan hermosa como las estrellas de Hollywood pero sin la
intervención del maquillista ni el cirujano plástico.

Tan inesperadas derivaciones tenían que encontrar un hasta aquí.


Gracias a métodos que no viene al caso describir, los torerillos
firmaron una confesión que aclaró las dudas y acalló la maledicencia.
Según consta en actas, el 9 de agosto de 1943 los adolescentes
aprovechan la soledad del

Bosque a las dos de la tarde y la mala vista de Olga para montar la


farsa de la cueva y el vigilante misterioso. Enterados de la fortuna del
ingeniero, que hasta entonces había hecho esfuerzos por ocultarla, se
proponen llevarse al niño y exigir un rescate que les permita comprar
su triunfo en las plazas de toros. Luego, atemorizados al ver que pisan
terrenos del implacable hermano del presidente, los torerillos
enloquecen de miedo, asesinan a Rafael, lo descuartizan y echan sus
restos al Canal del Desagüe.
La opinión pública mostró credulidad y no exigió que se puntualizaran
algunas contradicciones. Por ejemplo, ¿qué se hizo de la caverna
subterránea por la que desapareció Rafael? ¿Quién era y en dónde se
ocultaba el cómplice que desempeñó el papel de guardia? ¿Por qué,
de acuerdo con el relato de la madre, fue el propio niño quien tuvo la
iniciativa de entrar en el pasadizo? Y sobre todo ¿a qué horas
pudieron los torerillos destazar a Rafael y arrojar los despojos a las
aguas negras - situadas en su punto más próximo a unos veinte
kilómetros de

Chapultepec- si, como antes he dicho, uno llamó a la policía y al


ingeniero

Andrade, el otro permaneció al lado de Olga y ambos estaban en el


lugar de los hechos cuando llegaron la familia y las autoridades?

Pero al fin y al cabo todo en este mundo es misterioso. No hay ningún


hecho que pueda ser aclarado satisfactoriamente. Como tapabocas se
publicaron fotos de la cabeza y el torso de un muchachito, vestigios
extraídos del Canal del Desagüe. Pese a la avanzada
descomposición, era evidente que el cadáver correspondía a un niño
de once o doce años, y no de seis como Rafael. Esto sí no es
problema: en México siempre que se busca un cadáver se encuentran
muchos otros en el curso de la pesquisa.

Dicen que la mejor manera de ocultar algo es ponerlo a la vista de


todos.

Por ello y por la excitación del caso y sus inesperadas ramificaciones,


se disculpará que yo no empezara por donde procedía: es decir, por
interrogar a Olga acerca del individuo que capturó a su hijo. Es
imperdonable -lo reconozco- haber considerado normal que el hombre
le entregara una flor y un periódico y no haber insistido en examinar
estas piezas.

Tal vez un presentimiento de lo que iba a encontrar me hizo posponer


hasta lo último el verdadero interrogatorio. Cuando me presenté en la
casa de Tabasco 106 los torerillos, convictos y confesos tras un juicio
sumario, ya habían caído bajo los disparos de la ley fuga: en Mazatlán
intentaron escapar de la cuerda en que iban a las Islas Marías para
cumplir una condena de treinta años por secuestro y asesinato. Y ya
todos, menos los padres, aceptaban que los restos hallados en las
aguas negras eran los del niño Rafael Andrade Martínez.

Encontré a Olga muy desmejorada, como si hubiera envejecido varios


años en unas cuantas semanas. Aún con la esperanza de recobrar a
su hijo, se dio fuerzas para contestarme. Según mis apuntes
taquigráficos, la conversación fue como sigue:

-Señora Andrade, en la clínica de Mixcoac no me pareció oportuno


preguntarle ciertos detalles que ahora considero indispensables. En
primer lugar ¿cómo vestía el hombre que salió de la tierra para
llevarse a

Rafael?

-De uniforme.

-¿Uniforme militar, de policía, de guardabosques?

-No, es que, sabe usted, no veo bien sin mis lentes. Pero no me gusta
ponérmelos en público. Por eso pasó todo, por eso…

-Cálmate -intervino el ingeniero Andrade cuando su esposa comenzó a


llorar.

-Perdone, no me contestó usted: ¿cómo era el uniforme?

-Azul, con adornos rojos y dorados. Parecía muy desteñido.

-¿Azul marino?

-Más bien azul claro, azul pálido.

-Continuemos. Apunté en mi libreta las palabras que le dijo el hombre


al darle el periódico y la flor: “Tenga para que se entretenga. Tenga
para que se la prenda.” ¿No le parecen muy extrañas?
-Sí, rarísimas. Pero no me di cuenta. Qué estúpida. No me lo
perdonaré jamás.

-¿Advirtió usted en el hombre algún otro rasgo fuera de lo común?

-Me parece estar oyéndolo: hablaba muy despacio y con acento.

-¿Acento regional o como si el español no fuera su lengua?

-Exacto: como si el español no fuera su lengua.

-Entonces ¿cuál era su acento?

-Déjeme ver… quizá… como alemán.

El ingeniero y yo nos miramos. Había muy pocos alemanes en México.

Eran tiempos de guerra, no se olvide, y los que no estaban


concentrados en el Castillo de Perote vivían bajo sospecha. Ninguno
se hubiera atrevido a meterse en un lío semejante.

-¿Y él? ¿Cómo era él?

-Alto… sin pelo… Olía muy fuerte… como a humedad.

-Señora Olga, disculpe el atrevimiento, pero si el hombre era


estrafalario

¿por qué dejó usted que Rafaelito bajara con él a la cueva?

-No sé, no sé. Por tonta, porque él me lo pidió, porque siempre lo he


consentido mucho. Nunca pensé que pudiera ocurrirle nada malo…

Espere, hay algo más: cuando el hombre se acercó vi que estaba muy
pálido… ¿Cómo decirle…? Blancuzco… Eso es: como un caracol… un
caracol fuera de su concha.

-Válgame Dios. Qué cosas se te ocurren -exclamó el ingeniero


Andrade.

Me estremecí. Para fingirme sereno enumeré:


-Bien, con que decía frases poco usuales, hablaba con acento alemán,
llevaba uniforme azul pálido, olía mal y era fofo, viscoso. ¿Gordo, de
baja estatura?

-No, señor, todo lo contrario: muy alto, muy delgado… Ah, además
tenía barba.

-¿Barba? Pero si ya nadie usa barba -intervino el ingeniero Andrade.

-Pues él tenía -afirmó Olga.

Me atreví a preguntarle:

-¿Una barba como la de Maximiliano de Habsburgo, partida en dos


sobre el mentón?

-No, no. Recuerdo muy bien la barba de Maximiliano. En casa de mi


madre hay un cuadro del emperador y la emperatriz Carlota… No,
señor, él no se parecía a Maximiliano. Lo suyo eran más bien
mostachos o patillas… como grises o blancas… no sé.

La cara del ingeniero reflejó mi propio gesto de espanto. De nuevo


quise aparentar serenidad y dije como si no tuviera importancia:

-¿Me permite examinar la revista que le dio el hombre?

-Era un periódico, creo yo. También guardé la flor y el alfiler en mi


bolsa.

Rafael ¿no te acuerdas qué bolsa llevaba?

-La recogí en Mixcoac y luego la guardé en tu ropero. Estaba tan


alterado que no se me ocurrió abrirla.

Señor, en mi trabajo he visto cosas que horrorizarían a cualquiera. Sin


embargo nunca había sentido ni he vuelto a sentir un miedo tan
terrible como el que me dio cuando el ingeniero Andrade abrió la bolsa
y nos mostró una rosa negra marchita (no hay en este mundo rosas
negras), un alfiler de oro puro muy desgastado y un periódico
amarillento que casi se deshizo cuando lo abrimos. Era La Gaceta del
Imperio, con fecha del 2 de octubre de 1866. Más tarde nos enteramos
de que sólo existe otro ejemplar en la Hemeroteca.

El ingeniero Andrade, que en paz descanse, me hizo jurar que


guardaría el secreto. El general Maximino Ávila Camacho me
recompensó sin medida y me exigió olvidarme del asunto. Ahora,
pasados tantos años, confío en usted y me atrevo a revelar -a nadie
más he dicho una palabra de todo esto- el auténtico desenlace de lo
que llamaron los periodistas “El misterio de Chapultepec”. (Poco
después la inesperada muerte de don Maximino iba a significar un
nuevo enigma, abrir el camino al gobierno civil de Miguel Alemán y
terminar con la época de los militares en el poder.)

Desde entonces hasta hoy, sin fallar nunca, la señora Olga Martínez
viuda de Andrade camina todas las mañanas por el Bosque de
Chapultepec hablando a solas. A las dos en punto de la tarde se
sienta en el tronco vencido del mismo árbol con la esperanza de que
algún día la tierra se abra para devolverle a su hijo o para llevarla,
como los caracoles, al reino de los muertos. Pase usted por allí y la
encontrará con el mismo vestido que llevaba el 8 de agosto de 1943:
sentada en el tronco, inmóvil, esperando, esperando.
Jorge Amado
(Itabuna, Brasil, 1912 - Salvador de Bahía, 2001) Escritor brasileño.
Jorge Amado creció en la hacienda de Auricídia, una plantación de
cacao, y se educó con los jesuitas. Licenciado en derecho, ejerció
como periodista y participó activamente en la vida política de su país
desde posturas de izquierda.

Jorge Amado

En 1946 Jorge Amado formó parte de la Asamblea Constituyente


como diputado del Partido Comunista de Brasil. Estuvo en prisión a
causa de sus ideas progresistas, y entre 1948 y 1952 vivió exiliado en
Francia y Checoslovaquia.

Sus primeras obras, de un tono marcadamente realista, profundizan


en las difíciles condiciones de vida de los trabajadores, en particular
de los marineros, los pescadores y los asalariados del cacao; la
explícita voluntad de denuncia social que anima estas novelas permite
integrarlas en el llamado «realismo socialista».

La novela más significativa de este período, considerada por algunos


como su obra maestra, es Tierras del sinfín, ambientada en una
plantación de cacao. Con el tiempo, su prosa fue incorporando
elementos mágicos, humorísticos, eróticos y, en definitiva, humanos,
aunque sin abandonar nunca el componente de denuncia
RESUMENDE LA OBRA "DOÑA FLOR Y SUS DOS MARIDOS

- Jorge Amado -

Argumento de "De doña Flor y sus dos maridos", libro de Jorge


Amado.

A principios doña Flor una mujer tradicional, casera, trabajadora y


buena esposa tiene como primer marido a Vadinho; un joven rubio,
borracho, jugador, apasionado, rumbero e infiel.

Este tipo de hombre solo podría haberse generado a una economía en


la cual no este activa gran parte de la población.

Siendo estas personas ociosas y arrastradas hacia los vicios de la vida


fácil: juegos de azar y apuestas para su subsistencia. Vadinho una
persona adicta al juego y alcohol solo podría surgir en un entorno libre
de responsabilidades tanto económicas como familiares.

Tras tener la seguridad de subsidencia por parte de su esposa,


trabajando como profesora de cocina en su hogar, y no contar con
responsabilidad extras por la inexistencia de hijos, su ciclo de vida se
basaba en la diversión en casinos, fiestas y burdeles.

Asimismo, este ritmo de vida de pésimo esposo era juzgado por


familiares y amistades de doña Flor sin embargo cegado para ella.

RESUMEN DOÑA FLOR Y SUS DOS MARIDOS - Jorge AmadoEsto


se debe al amor incondicional que doña Flor tenia hacia Vadinho y por
los sentimientos de amor y pasión que este le brindaba aquellas
noches de espontaneidad.

Por ello, fue esta rutina de sexo y alcohol la que llevo a Vadinho hacia
su muerte.

Tras morir en medio de un carnaval acompañado de mujeres y


alcohol, Vadinho se convierte en un mártir para doña Flor siendo
solamente recordado por sus apasionados momentos de amor más no
por sus infidelidades ni derroches de dinero en el casino.
Después de un largo periodo de luto guardado por doña Flor, conoce
al Dr.

Teodoro quien se convierte en su segundo marido gracias a la


estabilidad y seguridad que promete sin la existencia de un verdadero
amor.

Dr. Teodoro es un hombre completamente opuesto a Vadinho. Al


ingresar al mercado laboral formal, este hombre estaba lleno de
responsabilidades y seguía un estricto orden de su vida.

Al ser dueño de una farmacia artesanal y pertenecer a una banda de


música clásica es capaz de brindarle la seguridad emocional y
económica a doña Flor quien ahora era una mujer viuda y necesitada
de compañía.

Sin embargo, este excedente de cualidades del Dr. Teodoro no fue


suficiente para contar con el pleno amor y fidelidad de doña Flor.

Su escasa habilidad en la cama e inexistencia de apasionamiento


terminaron aburriendo a doña Flor quien se ve obligada a satisfacer
sus necesidades de mujer mediante la ilusión de un fantasma de su
difunto esposo.
José Saramago
(Azinhaga, 1922 - Tías, España, 2010) Narrador y ensayista
portugués, premio Nobel de Literatura en 1998. Nacido en el seno de
una familia de labradores y artesanos, José Saramago creció en un
barrio popular de Lisboa. Su madre, analfabeta, inculcó en él la sed de
saber y le regaló su primer libro. A los quince años abandonó los
estudios por falta de medios y tuvo que ponerse a trabajar de
cerrajero.

José Saramago

Posteriormente se desempeñó en una caja de pensiones y más tarde


se dedicó al periodismo, la labor editorial y la traducción. Colaborador
de diversos periódicos y revistas, entre ellos Seara Nova, fue también
codirector del Diario de Noticias en 1975. Se adhirió al Partido
Comunista Portugués, por lo que sufrió censura y persecución durante
la dictadura de Salazar. En 1974 se sumó a la Revolución de los
Claveles.

La obra de José Saramago se caracterizó por interrogar la historia de


su país y las motivaciones humanas. Encontrar las claves por las que
un imperio quedó relegado a un segundo plano respecto al resto de
Europa y entender el accionar del hombre fueron sus preocupaciones
centrales. Pero aunque su novelística tiene como eje vertebrador la
realidad de Portugal y su historia, no se trata, sin embargo, de una
narrativa histórica, sino de relatos donde la historia se mezcla con la
ficción y con lo que podría haber sido, siempre a través de la ironía y
al servicio de una aguda conciencia social.
Se dio a conocer en 1947 con Tierra de pecado, novela de corte
realista que no suele incluir en su bibliografía. Después de un largo
período de silencio, en 1966 publicó Los poemas posibles y en 1970
Probablemente alegría, colecciones de poesías en las que, tratando
con fina ironía sobre todo los temas del amor y del erotismo, renovó
con vigor el lenguaje poético tradicional.

Autor de libros de crónicas, de obras teatrales, del volumen Viaje a


Portugal (1981), lo más importante y fecundo de su producción literaria
se inicia con El año 1993 (1975). Saramago se consolidó sobre todo
como narrador de gran rigor estilístico con la novela Manual de pintura
y caligrafia (1976), con los cuentos del volumen Casi un objeto (1978)
y con sus últimas novelas. En Alzado del Suelo (1980) se reveló como
un gran escritor. Es una narración histórica cuyo escenario es el
Alentejo, entre 1910 y 1979, y en la que el lenguaje campesino, el
humor y el sarcasmo se conjugan para hablar de la realidad. Con una
prosa poética y una técnica narrativa propia de la tradición oral, trazó
un gran fresco de la sociedad alentejana y dio muestras de haber
alcanzado la madurez estilística superando la tradición neorrealista de
la novela rural.

En Memorial del convento (1981), contando la historia del convento de


Mafra, reconstruyó, gracias a un serio estudio de los documentos, a
una hábil dosificación de perspectivas y a una sabia caracterización de
los personajes y del lenguaje, un período histórico cuyo conocimiento
resulta necesario con miras a superar la crisis de identidad que aflige
al portugués de hoy. Su actitud crítica siempre se hace presente, y así
como celebra la belleza de su tierra, señala también el espanto ante
un pueblo "sediento de martirio", que asistía a los autos de fe y a las
corridas de toros en el siglo XVIII, o que se alistaba voluntariamente
en las milicias del gobierno de facto en la década del treinta.

Sus novelas El año de la muerte de Ricardo Reis (1984) y La balsa de


piedra (1986) confirmaron sus grandes dotes de narrador. En la
primera, Saramago convierte en protagonista de su novela a Ricardo
Reis, uno de los heterónimos que empleó en su obra el poeta
Fernando Pessoa. Vivo sólo en la imaginación de su creador, Reis no
alcanza a experimentar las emociones propias de un ser viviente; llega
a Lisboa en 1935, pocos días después del fallecimiento de Pessoa, y
se dedica a recorrer la ciudad y a frecuentar a sus gentes. Dos
mujeres, la sencilla Lidia y la vulnerable Marcenda, conducirán a Reis
hasta el límite de sus posibilidades: al final, prevalecerá su
incapacidad para amar. Unas fantásticas conversaciones con su
creador, Pessoa, a quien se permite regresar brevemente al mundo de
los vivos, acabarán por convencerle de su condición de criatura de
ficción.

Su obra de los últimos años incluye novelas, diarios y otras


publicaciones, conjunto entre el que deben citarse Historia del cerco
de Lisboa (1989), Todos los nombres (1997) y la obra teatral In
nomine Dei (1993). En El Evangelio según Jesucristo (1991) se deja
ver el humanismo de Saramago, enfrentado a cualquier planteamiento
dogmático y que resuena siempre detrás del escepticismo que
caracteriza en gran medida su punto de vista. En Ensayo sobre la
ceguera (1995), advirtió sobre "la responsabilidad de tener ojos
cuando otros los perdieron" y, escéptico pero solidario, se preguntaba
si había lugar para la esperanza tras el nuevo milenarismo que la
humanidad estaba viviendo. Cuadernos de Lanzarote (1997) es un
libro curioso en el que, a manera de diario, cuenta la vida cotidiana y
reflexiona sobre el ser humano, el espacio y el tiempo.

Posteriormente se desempeñó en una caja de pensiones y más tarde


se dedicó al periodismo, la labor editorial y la traducción. Colaborador
de diversos periódicos y revistas, entre ellos Seara Nova, fue también
codirector del Diario de Noticias en 1975. Se adhirió al Partido
Comunista Portugués, por lo que sufrió censura y persecución durante
la dictadura de Salazar. En 1974 se sumó a la Revolución de los
Claveles.

La obra de José Saramago se caracterizó por interrogar la historia de


su país y las motivaciones humanas. Encontrar las claves por las que
un imperio quedó relegado a un segundo plano respecto al resto de
Europa y entender el accionar del hombre fueron sus preocupaciones
centrales. Pero aunque su novelística tiene como eje vertebrador la
realidad de Portugal y su historia, no se trata, sin embargo, de una
narrativa histórica, sino de relatos donde la historia se mezcla con la
ficción y con lo que podría haber sido, siempre a través de la ironía y
al servicio de una aguda conciencia social.

Se dio a conocer en 1947 con Tierra de pecado, novela de corte


realista que no suele incluir en su bibliografía. Después de un largo
período de silencio, en 1966 publicó Los poemas posibles y en 1970
Probablemente alegría, colecciones de poesías en las que, tratando
con fina ironía sobre todo los temas del amor y del erotismo, renovó
con vigor el lenguaje poético tradicional.

Autor de libros de crónicas, de obras teatrales, del volumen Viaje a


Portugal (1981), lo más importante y fecundo de su producción literaria
se inicia con El año 1993 (1975). Saramago se consolidó sobre todo
como narrador de gran rigor estilístico con la novela Manual de pintura
y caligrafia (1976), con los cuentos del volumen Casi un objeto (1978)
y con sus últimas novelas. En Alzado del Suelo (1980) se reveló como
un gran escritor. Es una narración histórica cuyo escenario es el
Alentejo, entre 1910 y 1979, y en la que el lenguaje campesino, el
humor y el sarcasmo se conjugan para hablar de la realidad. Con una
prosa poética y una técnica narrativa propia de la tradición oral, trazó
un gran fresco de la sociedad alentejana y dio muestras de haber
alcanzado la madurez estilística superando la tradición neorrealista de
la novela rural.

En Memorial del convento (1981), contando la historia del convento de


Mafra, reconstruyó, gracias a un serio estudio de los documentos, a
una hábil dosificación de perspectivas y a una sabia caracterización de
los personajes y del lenguaje, un período histórico cuyo conocimiento
resulta necesario con miras a superar la crisis de identidad que aflige
al portugués de hoy. Su actitud crítica siempre se hace presente, y así
como celebra la belleza de su tierra, señala también el espanto ante
un pueblo "sediento de martirio", que asistía a los autos de fe y a las
corridas de toros en el siglo XVIII, o que se alistaba voluntariamente
en las milicias del gobierno de facto en la década del treinta.

Sus novelas El año de la muerte de Ricardo Reis (1984) y La balsa de


piedra (1986) confirmaron sus grandes dotes de narrador. En la
primera, Saramago convierte en protagonista de su novela a Ricardo
Reis, uno de los heterónimos que empleó en su obra el poeta
Fernando Pessoa. Vivo sólo en la imaginación de su creador, Reis no
alcanza a experimentar las emociones propias de un ser viviente; llega
a Lisboa en 1935, pocos días después del fallecimiento de Pessoa, y
se dedica a recorrer la ciudad y a frecuentar a sus gentes. Dos
mujeres, la sencilla Lidia y la vulnerable Marcenda, conducirán a Reis
hasta el límite de sus posibilidades: al final, prevalecerá su
incapacidad para amar. Unas fantásticas conversaciones con su
creador, Pessoa, a quien se permite regresar brevemente al mundo de
los vivos, acabarán por convencerle de su condición de criatura de
ficción.

Su obra de los últimos años incluye novelas, diarios y otras


publicaciones, conjunto entre el que deben citarse Historia del cerco
de Lisboa (1989), Todos los nombres (1997) y la obra teatral In
nomine Dei (1993). En El Evangelio según Jesucristo (1991) se deja
ver el humanismo de Saramago, enfrentado a cualquier planteamiento
dogmático y que resuena siempre detrás del escepticismo que
caracteriza en gran medida su punto de vista. En Ensayo sobre la
ceguera (1995), advirtió sobre "la responsabilidad de tener ojos
cuando otros los perdieron" y, escéptico pero solidario, se preguntaba
si había lugar para la esperanza tras el nuevo milenarismo que la
humanidad estaba viviendo. Cuadernos de Lanzarote (1997) es un
libro curioso en el que, a manera de diario, cuenta la vida cotidiana y
reflexiona sobre el ser humano, el espacio y el tiempo.

En 1998 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. En 2000


apareció La caverna, relato de resonancias platónicas. En 2002
publicó El hombre duplicado, una reflexión sobre la esencia de la
identidad; en 2004, Ensayo sobre la lucidez, que recogió sus
reflexiones sobre la democracia actual. El autor la definió como "una
patada, una muestra de indignación, de protesta", defendiendo la
utilidad del voto en blanco cuando "los gobiernos son comisarios
políticos del poder económico".

En Las intermitencias de la muerte (2005) Saramago respondía a la


pregunta: ¿Qué pasaría si la gente dejase de morir? Afrontaba así el
tema de la muerte a través de una parábola: en un país imaginario la
muerte deja de existir, y todos sus habitantes se convierten de pronto
en inmortales. Posteriormente, aparecieron las novelas Las pequeñas
memorias (2006), un libro autobiográfico en el que regresó al entorno
de su niñez y adolescencia; El viaje del elefante (2008), mezcla de
realidad y ficción sobre el trayecto que un elefante asiático realizó por
media Europa durante el siglo XIX, y Caín (2009), su última novela, en
la que el autor compuso un mordaz recorrido por varios pasajes del
Antiguo Testamento.

RESEÑA: Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago


En una ciudad sin determinar, un hombre se queda repentinamente
ciego cuando espera, al volante de su coche, que el semáforo se
ponga en verde.

Ante el pánico de esta persona, un alma caritativa se ofrece a llevarla


a su casa. Esta será la segunda persona que se quedará ciega de
repente. Así, y a velocidad de crucero, uno a uno, todos los que entran
en contacto con alguna de estas personas, se van quedando ciegas.

¿Una epidemia? Nadie sabe nada, pero el pánico se extiende y corre


como la pólvora y el gobierno decide aislar a todos estos nuevos
ciegos en un edificio lejos del contacto de los no contaminados.

Pero el número de ciegos va creciendo y, con ellos, los problemas.


Poco a poco la epidemia se va extendiendo por todo el mundo.

Una única persona, la mujer del oftalmólogo que atendió al primer


ciego, no pierde la vista. El médico se queda ciego al día siguiente de
atender al paciente y es el que alerta a las autoridades sanitarias.
Cuando vienen para llevárselo al edificio de “concentración”, su mujer
decide hacerse pasar por ciega para poder ir con él. A través de ella
nosotros veremos todo lo que pasa y viviremos la historia en primera
persona, casi como si fuéramos uno de los protagonistas.
Protagonistas sin nombre (el primer ciego, el médico, la mujer del
médico, la chica de las gafas, el taxista…), peculiaridad –parece ser-
bastante frecuente en las novelas de Saramago.

También es muy peculiar en las novelas de Saramago, su forma de


escribir, sin apenas signos de puntuación, con los diálogos casi
narrado, sin diferenciarse ni destacar del resto del texto. Un poco difícil
cuando no estás acostumbrado, pero luego casi no lo notas.

¿Es un ensayo? No, no lo creo. Es una novela, pero cuenta una


historia que te hace valorar y pensar, en un principio sobre la ceguera,
cómo vivimos ahora y cómo nos cambiaría la vida si de repente
fuéramos ciegos y si, para más desgracia –que nunca vienen solas-,
todos a nuestros alrededor lo fueran también.

Pero yo creo que más te hace meditar sobre la degradación a la que


podemos llegar las personas, cómo podemos cambiar, para bien o
para mal, cuando nuestro mundo se derrumba, cuando todo lo que
conocemos deja de existir, cuando ya no nos movemos en terreno
conocido, indefensos ante todos y ante todo lo que nos sucede,
incapaces de adaptarnos a un mundo sin comodidades, sin servicios,
sin casa, sin comida, sin agua corriente, sin nada de lo que
conocemos, casi en un terreno hostil o, cuando menos, inhóspito
¿Seríamos capaces de empezar nuestra historia, la historia del
hombre, desde cero, volver a nuestros inicios? Creo que ni nosotros
mismos nos reconoceríamos.

Una obra genial, un tema original, de una factura impecable y de un


gran autor. Dos novelas he leído de él: Caín y Ensayo sobre la
ceguera. Dos maravillas. Os recomiendo encarecidamente que leáis
cualquiera de las dos, y por extensión, cualquiera de este escritor.

Por cierto, el Papyre, otra maravilla.


Miguel de Cervantes

Don Quijote de la Mancha ha sido unánimemente definido como la


obra cumbre de la literatura universal y una de las máximas
creaciones del ingenio humano. Considerado asimismo el arranque de
la novela moderna y concebido inicialmente por Cervantes como una
parodia de los libros de caballerías, el Quijote es un libro externamente
cómico e íntimamente triste, un retrato de unos ideales admirables
burlescamente enfrentados a la mísera realidad; no son pocos los
paralelos que se han querido establecer con la España imperial de los
Austrias, potencia hegemónica destinada a gobernar el mundo en el
siglo XVI y a derrumbarse en el XVII, y con la vida de su autor,
gloriosamente herido en el triunfo de Lepanto y abocado luego a toda
suerte de desdichas.

Miguel de Cervantes (retrato imaginario de Eduardo Balaca)


A diferencia de la de su contemporáneo Lope de Vega, quien conoció
desde joven el éxito como comediógrafo y poeta y también como
seductor, la vida de Cervantes fue ciertamente una ininterrumpida
serie de pequeños fracasos domésticos y profesionales, en la que no
faltó ni el cautiverio, ni la injusta cárcel, ni la afrenta pública. No sólo
no contaba con rentas, sino que le costaba atraerse los favores de
mecenas o protectores; a ello se sumó una particular mala fortuna que
lo persiguió durante toda su vida. Sólo en sus últimos años, tras el
éxito de las dos partes del Quijote, conoció cierta tranquilidad y pudo
gozar del reconocimiento hacia su obra, aunque sin llegar nunca a
superar las penurias económicas.
Biografía
Cuarto de los siete hijos del matrimonio de Rodrigo de Cervantes
Saavedra y Leonor de Cortinas, Miguel de Cervantes Saavedra nació
en Alcalá (dinámica sede de la segunda universidad española,
fundada en 1508 por el cardenal Cisneros) entre el 29 de septiembre
(día de San Miguel) y el 9 de octubre de 1547, fecha en que fue
bautizado en la parroquia de Santa María la Mayor.
La familia de su padre conocía la prosperidad, pero su abuelo Juan,
graduado en leyes por Salamanca y juez de la Santa Inquisición,
abandonó el hogar y comenzó una errática y disipada vida, dejando a
su mujer y al resto de sus hijos en la indigencia, por lo que el padre de
Cervantes se vio obligado a ejercer su oficio de cirujano barbero, lo
cual convirtió la infancia del pequeño Miguel en una incansable
peregrinación por las más populosas ciudades castellanas.

Por parte materna, Cervantes tenía un abuelo magistrado que llegó a


ser efímero propietario de tierras en Castilla. Estos pocos datos acerca
de las profesiones de los ascendientes de Cervantes fueron la base de
la teoría de Américo Castro sobre el origen converso (judíos obligados
a convertirse en cristianos desde 1495) de ambos progenitores del
escritor.
El destino de Miguel parecía prefigurarse en parte en el de su padre,
quien, acosado por las deudas, abandonó Alcalá para buscar nuevos
horizontes en el próspero Valladolid, pero sufrió siete meses de cárcel
por impagos en 1552, y se asentó en Córdoba en 1553. Dos años más
tarde, en esa ciudad, Miguel ingresó en el flamante colegio de los
jesuitas. Aunque no fuera persona de gran cultura, Rodrigo se
preocupaba por la educación de sus hijos; el futuro escritor fue un
lector precocísimo y sus dos hermanas sabían leer, cosa muy poco
usual en la época, aun en las clases altas. Por lo demás, la situación
de la familia era precaria.
En 1556 Leonor vendió el único sirviente que le quedaba y partieron
hacia Sevilla con el fin de mejorar económicamente, pues esta ciudad
era la puerta de España a las riquezas de las Indias y la tercera ciudad
de Europa (tras París y Nápoles) en la segunda mitad del siglo XVI. A
los diecisiete años, Miguel era un adolescente tímido y tartamudo, que
asistía a clase al colegio de los jesuitas y se distraía como asiduo
espectador de las representaciones del popular Lope de Rueda, como
recordaría luego, en 1615, en el prólogo a la edición de sus propias
comedias: «Me acordaba de haber visto representar al gran Lope de
Rueda, varón insigne en la representación y del entendimiento».
En 1551 la hasta entonces pequeña y tranquila villa de Madrid había
sido convertida en capital por Felipe II, por lo que en los años
siguientes la ciudad quintuplicaría su tamaño y población; llevados
nuevamente por el afán de prosperar, los Cervantes se trasladaron en
1566 a la nueva capital.

No se sabe con certeza que Cervantes hubiera asistido a la


universidad, a pesar de que en sus obras mostró familiaridad con los
usos y costumbres estudiantiles; en cambio, su nombre aparece en
1568 como autor de cuatro composiciones en una antología de
poemas en alabanza de Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II,
fallecida ese mismo año. El editor del libro, el humanista Juan López
de Hoyos (probable introductor de Cervantes a la lectura
de Virgilio, Horacio, Séneca y Catulo y, sobre todo, a la del
humanista Erasmo de Rotterdam) se refiere a Cervantes como
«nuestro caro y amado alumno». Otros aventuran, sin embargo, que
en el círculo o escuela de Hoyos, Cervantes había sido profesor y no
discípulo.

Soldado de Lepanto
En el año de 1569 un tal Miguel de Cervantes fue condenado en
Madrid a arresto y amputación de la mano derecha por herir a un tal
Antonio de Segura. La pena, corriente, se aplicaba a quien se
atreviera a hacer uso de armas en las proximidades de la residencia
real. No se sabe si Cervantes salió de España ese mismo año
huyendo de esta sanción, pero lo cierto es que en diciembre de 1569
se encontraba en los dominios españoles en Italia, provisto de un
certificado de cristiano viejo (sin ascendientes judíos o moros), y
meses después era soldado en la compañía de Diego de Urbina.
Pero la gran expectativa bélica estaba puesta en la campaña contra el
turco, en la que el Imperio español cifraba la continuidad de su
dominio y hegemonía en el Mediterráneo. Diez años antes, España
había perdido en Trípoli cuarenta y dos barcos y ocho mil hombres.
En 1571 Venecia y Roma formaban, con España, la Santa Alianza, y
el 7 de octubre, comandadas por el hermanastro bastardo del rey de
España, Juan de Austria, las huestes españolas vencieron a los turcos
en la batalla de Lepanto. Fue la gloria inmediata, una gloria que marcó
a Cervantes, el cual relataría muchos años después, en la primera
parte del Quijote, las circunstancias de la lucha. En su transcurso
recibió el escritor tres heridas, una de las cuales, si se acepta esta
hipótesis, inutilizó para siempre su mano izquierda y le valió el
apelativo de «el manco de Lepanto» como timbre de gloria.

Junto a su hermano menor, Rodrigo, Cervantes entró en batalla


nuevamente en Corfú, también al mando de Juan de Austria. En 1573
y 1574 se encontraba en Sicilia y en Nápoles, donde mantuvo
relaciones amorosas con una joven a quien llamó «Silena» en sus
poemas y de la que tuvo un hijo, Promontorio. Es posible que pasara
por Génova a las órdenes de Lope de Figueroa, puesto que la ciudad
ligur aparece descrita en su novela ejemplar El licenciado Vidriera, y
finalmente se dirigiera a Roma, donde frecuentó la casa del cardenal
Acquaviva (a quien dedicaría La Galatea), conocido suyo tal vez desde
Madrid, y por cuya cuenta habría cumplido algunas misiones y
encargos.

Fue ésta la época en que Cervantes se propuso conseguir una


situación social y económica más elevada dentro de la milicia
mediante su promoción al grado de capitán, para lo cual obtuvo dos
cartas de recomendación ante Felipe II, firmadas por Juan de Austria y
por el virrey de Nápoles, en las que se certificaba su valiente actuación
en la batalla de Lepanto.

Con esta intención, Rodrigo y Miguel de Cervantes se embarcaron en


la goleta Sol, que partió de Nápoles el 20 de septiembre de 1575, y lo
que debía ser un expedito regreso a la patria se convirtió en el
principio de una infortunada y larga peripecia.
El cautiverio en Argel
A poco de zarpar, la goleta se extravió tras una tormenta que la separó
del resto de la flotilla y fue abordada, a la altura de Marsella, por tres
corsarios berberiscos al mando de un albanés renegado de nombre
Arnaute Mamí. Tras encarnizado combate y la consiguiente muerte del
capitán cristiano, los hermanos cayeron prisioneros.
Las cartas de recomendación salvaron la vida a Cervantes, pero
serían, a la vez, la causa de lo prolongado de su cautiverio: Mamí,
convencido de hallarse ante una persona principal y de recursos, lo
convirtió en su esclavo y lo mantuvo apartado del habitual canje de
prisioneros y del tráfico de cautivos corriente entre turcos y cristianos.
Esta circunstancia y su mano lisiada lo eximieron de ir a las galeras.
Argel era en aquel momento uno de los centros de comercio más ricos
del Mediterráneo. En él muchos cristianos pasaban de la esclavitud a
la riqueza renunciando a su fe. El tráfico de personas era intenso, pero
la familia de Cervantes estaba bien lejos de poder reunir la cantidad
necesaria siquiera para el rescate de uno de los hermanos. Cervantes
protagonizó, durante su prisión, cuatro intentos de fuga. El primero fue
una tentativa frustrada de llegar por tierra a Orán, que era el punto
más cercano de la dominación española.
El segundo, al año de aquél, coincidió con los preparativos de la
liberación de su hermano. En efecto, Andrea y Magdalena, las dos
hermanas de Cervantes, mantuvieron un pleito con un madrileño rico
llamado Alonso Pacheco Pastor, durante el cual demostraron que
debido al matrimonio de éste sus ingresos como barraganas se verían
mermados, y, según costumbre, obtuvieron dotes que fueron
destinadas al rescate de Rodrigo, quien saldría de Argel el 24 de
agosto de 1577. Los hermanos pudieron despedirse pese a haber
fracasado el segundo intento de fuga de Miguel, que se salvó de la
ejecución gracias a que su dueño lo consideraba un «hombre
principal».
El tercer intento fue mucho más dramático en sus consecuencias:
Cervantes contrató un mensajero que debía llevar una carta al
gobernador español de Orán. Interceptado, el mensajero fue
condenado a muerte y empalado, mientras que al escritor se le
suspendieron los dos mil azotes a los que se le había condenado y
que equivalían a la muerte. Una vez más, la presunción de riqueza le
permitió conservar la vida y alargó su cautiverio. Esto sucedía a
principios de 1578.
RESUMEN DE EL QUIJOTE

A la pregunta de cuál es el libro más importante escrito en su lengua,


cualquier hablante de español responderá sin duda que Don Quijote
de la Mancha, de Miguel de Cervantes. Aunque si se le pregunta si lo
ha leído entero, entonces no todo el mundo dirá que sí. De modo que
te presentamos aquí un resumen de este magnífico libro para que te
animes a leerlo.

Alonso Quijano es un hidalgo -es decir, un noble empobrecido de


escala social baja-, de unos cincuenta años, que vive en una aldea de
la región La Mancha a comienzos del siglo XVII. Su afición es leer
libros de caballería donde se narran aventuras fantásticas de
caballeros, princesas, magos, castillos encantados… Se dedica a
estos libros con tanta pasión que acaba perdiendo el contacto con la
realidad y decide que él también puede emular a sus héroes de
ficción.

Recupera una armadura de sus antepasados y saca del establo a su


viejo caballo, al que da el nombre de Rocinante. Como todo caballero
necesita una dama, convierte el recuerdo de una campesina de la que
estuvo enamorado en la hermosa Dulcinea del Toboso. Y a sí mismo
se pone el nombre de Don Quijote, como el famoso caballero
Lanzarote (Lancelot).

Sale así al campo, con un aspecto ridículo, con la idea de realizar


hazañas heroicas. Pero pronto comienzan los malentendidos con la
realidad. Ve una posada y cree que es un castillo. Exige al dueño que
lo arme caballero en una escena cómica e intenta rescatar a un joven
pastor que está siendo azotado por su dueño. Ataca a unos
mercaderes que se burlan de él pero es derribado y herido.

Vuelve a su casa y esta vez consigue convencer con promesas de


fama y riqueza a un labrador, Sancho Panza, para que sea su
escudero. Sancho, al contrario que Don Quijote, es un hombre
ignorante y práctico. Pero poco a poco quedará contagiado por los
sueños de su señor.

Nada más salir con Sancho, encuentran unos molinos de viento que
Don Quijote ataca creyendo que son gigantes. Viven otras muchas
otras aventuras: ataca un rebaño de ovejas creyendo que es un
ejército, tiene un duelo a espada con un vizcaíno, libera a unos
reclusos que después le atacan, encuentra una palangana de barbero
y cree que es un yelmo mágico y vive situaciones cómicas en una
posada. Incluso en una ocasión, Rocinante persigue unas yeguas.
Don Quijote decide, además, irse a vivir a lo alto de una montaña
como penitencia para merecer el amor de su dama. Sus mejores
amigos - un cura y un barbero- lo logran engañar y lo llevan a su aldea
dentro de una jaula. En sus aventuras también encuentra diversos
personajes que añaden acciones secundarias a la novela: unos
pastores enamorados, un prisionero de los piratas, etc.

En la segunda parte de la novela, Don Quijote sale de nuevo con


Sancho. En esta parte es la preferida de muchos críticos. Don Quijote
es ahora un personaje tratado con más respeto por el autor: a veces
logra tener éxito en sus aventuras y es más reflexivo y consciente de
sí mismo. Sancho, por el contrario, se ha vuelto un soñador. Sin
embargo, los personajes con los que se encuentran ya los conocen
porque han leído el primer libro, así que intentan aprovecharse de Don
Quijote y Sancho. Unos duques los acogen en su palacio para reírse
de ellos. Hacen creer a Don Quijote que Dulcinea y él están bajo un
hechizo de Merlín y hacen a Sancho “gobernador” para cumplir una
promesa que le había hecho su señor. Sin embargo, Sancho resulta
ser un gobernante sabio.

Don Quijote y Sancho llegan a Barcelona, en cuya playa Don Quijote


es derrotado por el Caballero de la Blanca Luna -en realidad uno de
sus amigos disfrazados. Don Quijote, desengañado, vuelve a su aldea
a pesar de que Sancho le pide que vayan a vivir nuevas aventuras.
Llega enfermo y, justo antes de morir, recupera la razón y muere
pidiendo perdón a todos por sus locuras.
El modernismo
El Modernismo es el primer movimiento literario hispanoamericano que
logró traspasar las fronteras, formar escuela y obtener la aprobación
general.

El Modernismo representa un salto en el logro de consolidar una


literatura propia que por su calidad y profundidad fue capaz de motivar
la reflexión sobre nuestra realidad, sobre nuestros anhelos y la
ubicación con respecto a las letras europeas.

Es importante destacar que las ideas del modernismo siguen teniendo


vigencia. Por ejemplo, todo aquel interés por lo exótico y el
esoterismo hoy sigue siendo una preocupación de algunos sectores
sociales y a nivel de las ideas políticas se vislumbra lo que será un
germen del pensamiento que propicia la autodeterminación de los
pueblos latinoamericanos. También están presentes en este
movimiento el humor y las preocupaciones existenciales sobre el
sentido de la vida, la muerte, el destino y otros temas trascendentes

LA PALABRA "MODERNISMO"

Es en Chile en 1888 cuando Rubén Darío escribe un artículo en la


Revista de Artes y Letras, allí al referirse al escritor mexicano Ricardo
Contreras, alaba su absoluto modernismo en la expresión. Más
adelante usará el término "modernismo" para designar la tendencia
poética renovadora de un sector de escritores de Hispanoamérica y
que se opone a la tradicional literatura que había caído en fórmulas
vacías carentes de expresión.

El término "Modernismo" es utilizado para designar una verdadera


revolución literaria llevada adelante por Rubén Darío y que tuvo
notables continuadores. "Modernismo" va a ser sinónimo de expresión
individual, de libertad y anarquía en el arte.
El "Modernismo" va a ser un movimiento literario que se puede situar
como una proyección del simbolismo francés (Verlaine, Rimbaud,
Baudelaire, etc) y como el antecedente de las corrientes de
vanguardia (Huidobro, Borges, Neruda, Vallejo).

Muchos ingredientes y corrientes literarias influyeron aportando algo al


naciente movimiento modernista. El romanticismo, el parnasianismo,
el simbolismo y el impresionismo fueron algunas de las influencias que
han detectado los críticos de este movimiento; que sería el primer
movimiento propiamente hispanoamericano. Antes del modernismo
América Latina se había limitado a copiar malamente las corrientes
europeas de moda, las cuales -por serle extraña nuestra realidad- no
lograban llegar a la madurez de un movimiento cultural propio. El
Modernismo va a terminar con esta situación y va a mostrarle al
mundo que América Latina no es únicamente un continente exportador
de materias primas, sino que es una comunidad que es capaz de
proyectarse a un nivel universal espiritual y culturalmente.

Dejando claro que el Modernismo es un movimiento literario que se


define por su complejidad y la pluralidad de sus manifestaciones, con
un propósito metodológico se pueden enumerar algunas de sus
características:

1.- El Modernismo tiene un carácter rebelde frente a la vulgaridad y el


mal gusto del ensoberbecido burgués. Esto se puede apreciar muy
bien en el cuento El Rey Burgués de Azul de Rubén Darío. El poeta
no es comprendido por el burgués y queda marginado de su corte.
También lo erótico y los temas atrevidos del Modernismo van a herir la
cursilería burguesa.

2.- El poeta modernista quiere participar en la plenitud histórica que


hasta entonces había sido negada a los hispanoamericanos.

3.- Al hablar de los poetas modernistas hay que analizarlos


individualmente y no se pueden generalizar sus ideologías y
experiencias. En Rubén Darío hay un rechazo al mundo burgués,
pero este rechazo está teñido por un deseo de una vuelta atrás a la
etapa de la España Imperial y Católica que ordenaba claramente al
mundo. Por el contrario, la posición de José Martí es un rechazo al
imperialismo español y norteamericano y busca la comunidad
latinoamericana en proximidad a los ideales bolivarianos. El
pensamiento de Martí será de vital importancia para la Cuba
revolucionaria.

4.- A nivel de la estructura de los versos y de la prosa poética hay una


gran ruptura con la tradición. El modernismo comenzará a utilizar el
verso libre, es decir, el que no está sujeto ni a rima ni a métrica. Es
esta libertad en la forma de escribir la que explica que el Modernismo
sea precursor de la poesía conversacional y de la antipoesía.

5.- Como toda corriente que revoluciona el modo de escribir anterior,


el Modernismo va a modificar el lenguaje, el léxico, introduce palabras
que eran consideradas como no poéticas; introduce también
galicismos y latinismos así como arcaísmos.

6.- Interés por lo exótico. El Modernismo de Darío contiene


abundantes poemas relacionados con el oriente, lo raro, con religiones
de otras culturas. Están presentes los imperios asiáticos, las culturas
precolombinas, la India, etc.

7.- El Modernismo es cosmopolita y en esto se opone al regionalismo


estrecho en que había caído la literatura hispanoamericana. Darío y
Martí fueron constantes viajeros que estuvieron en los centros de la
cultura de su época y compartieron con intelectuales ilustres.

8.- En lo que respecta al temple anímico en Darío hay un claro


predominio de un pesimismo. En Martí hay un rescate de la vida
cotidiana, del amor por su hijo Ismaelillo y de un patriotismo que ve la
dignidad de un pueblo que sólo es obtenida a través del proceso de
liberación.

9.- Un crítico ha dicho que el poema modernista quiere pintar y hacer


música con las palabras. En este aspecto es discípulo directo de los
parnasianos y, sobre todo, de los simbolistas.
10.- Algunos investigadores consideran que el Modernismo fue un
movimiento que fue más allá de la poesía e invadió la novela, el teatro,
la pintura y, también, tuvo expresión ideológica en un
latinoamericanismo.

Vanguardismo
El vanguardismo es un movimiento que surge a principios del siglo XX
y cuya característica primordial era la libertad de expresión, se
produce de manera muy peculiar en cada uno de los géneros literarios
y de la siguiente manera: en la narrativa se diversifica la estructura de
las historias ya que toca temas prohibidos y desordena todos los
parámetros de los planos del texto narrativo.

En la lírica se rompe con toda estructura de la métrica y se le da más


valor a la musicalidad y al contenido, generando un análisis temático o
interpretativo; en la dramática o teatro también se producen cambios
transcendentales hasta el punto que aparece un nuevo acto(quinto
acto) y se escudriña la psicología de los personajes, se rompe con los
ambientes tradicionales y el histriónico del autor se eleva.

En la arquitectura se desecha la simetría para darle paso a la


asimetría; en la pintura se rompe con las líneas, con las formas y con
los colores neutros, también se rompe la perspectiva para darle paso
al grabado desordenado y ompuloso. En la escultura aparecen las
figuras amorfas que cada quien interpreta según su forma de
percibirlo, en la danza desaparecen todos los aditamentos y vestuarios
clásicos para utilizar de mejor forma la expresión corporal.

En la música al igual que en la literatura es donde se produce los


cambios más radicales ya que aparecen el Rock n' Roll, la música
popular (pop) y la música tecnológica(techno). Con esto se quiere
decir que la estructura de la vanguardia en muchos aspectos fue mal
entendido porque se confundía la libertad con el libertinaje, llevando a
límites insospechados la actitud del hombre contemporáneo.

Contexto histórico y cultural


Desde el punto de vista histórico, el primer tercio del siglo XX se
caracteriza por grandes tensiones y enfrentamientos entre las
potencias europeas.

Desde el punto de vista cultural, es una época dominada por las


transformaciones y el progreso científico y tecnológico (la aparición del
automóvil y del avión, el cinematógrafo,...). El principal valor será,
pues, el de la modernidad, o substitución de lo viejo y caduco por lo
nuevo y original. En el aspecto literario, era precisa una profunda
renovación que superase al romanticismo, al realismo y al simbolismo
y el impresionismo precedentes. De esta voluntad de ruptura con lo
anterior, de lucha contra el sentimentalismo, de la exaltación del
inconsciente, de lo racional, de la libertad, de la pasión y del
individualismo nacerán las vanguardias en las primeras décadas del
siglo XX.

Características de las vanguardias históricas

Tiene una actitud provocadora. Se publican manifiestos en los que se


ataca todo lo producido anteriormente, que se desecha por desfasado,
al mismo tiempo que se reivindica lo original, lo lúdico, desafiando los
modelos y valores existentes hasta el momento.

Surgen diferentes ismos (futurismo, dadaísmo, cubismo, orfismo,


constructivismo, ultraísmo etc.), diversas corrientes vanguardistas con
diferentes fundamentos estéticos, aunque con denominadores
comunes:

La lucha contra las tradiciones, procurando la novedad y la libertad.

El carácter experimental y la rapidez con que se suceden las


propuestas unas tras otras.

En la pintura va a ocurrir una huida del arte figurativo en procura del


arte abstracto, suprimiendo la personificación. Se expresa la
agresividad y la violencia, violentando las formas y utilizando colores
estridentes.
En la literatura, y concretamente en la poesía el texto va a ser
realizado a partir de la simultaneidad y la yuxtaposición de imágenes.

El poeta/artista/arquitecto vanguardista es inconformista, ya que el


pasado no le sirve, tiene que buscar un arte que responda a esta
novedad interna que el hombre está viviendo, apoyándose en la
novedad original que se lleva dentro.

Se deben abandonar los temas nuevos, ya que carecen de sustancia y


no responden al hombre nuevo.

En algunos movimientos hay una tendencia a hacer plástica en la


coloración de las palabras.

En la poesía se juega constantemente con el símbolo.

Las reglas tradicionales de la versificación, necesitan una mayor


libertad para expresar adecuadamente su mundo interior.

Reacciona contra el modernismo y los imitadores de los maestros de


esta corriente, existe una conciencia social que los lleva a tomar
posiciones frente al hombre y su destino.

Nuevos temas, lenguaje poético, revolución formal, desaparición de la


anécdota, proposición de temas como el anti-patriotismo.

El punto de vista del narrador es múltiple.

Existe un vínculo estrecho entre al ambiente y los gustos del


personaje.

Profundiza en el mundo interior de los personajes, pues se les


presenta a través de sus más escondidos estados del alma.

El tiempo cronológico no es de suma importancia, sino el tiempo


anímico y se toma en cuenta el aspecto presentacional.

El Vanguardismo y sus expresiones

Dentro de la corriente vanguardista los ismos surgieron como


propuesta contraria a supuestas corrientes envejecidas y proponen
innovaciones radicales de contenido, lenguaje y actitud vital. Entre
ellos se encuentran:

Expresionismo

Nació en Alemania en contra del naturalismo y fue encabezado por el


poeta Georg Trakl en 1920. Entre sus principios se señalan: la
reconstrucción de la realidad, la relación de la expresión literaria con
las artes plásticas y la música y la expresión de la angustia del mundo
y de la vida a través de novelas y dramas donde se habla de las
limitantes sociales impuestas a la libertad del hombre.

Fauvismo

Fue un movimiento cuyo objetivo era lingüísticamente la síntesis


forma-color. No pretendían ya la representación de los objetos
inmersos en la luz solar, sino la de las imágenes más libres que
resultaban de la superposición de colores equivalentes a dicha luz.

Cubismo

Nació en Francia el año 1908 y fue encabezado por Guillaume


Apollinaire. Sus principales rasgos consisten en: la asociación de
elementos imposibles de concretar, desdoblamiento del autor,
disposición gráfica de las palabras, sustitución de lo sentimental con el
humor y la alegría y el retrato de la realidad a través de varios
enfoques.

Futurismo

Movimiento inicial de las corrientes de vanguardia artística, surge en


Milán, Italia impulsado por el poeta italiano Filippo Marinetti, quien
recopiló y publicó los principios del futurismo en el manifiesto del 20 de
febrero de 1909, en el diario Le Figaro de París. Al año siguiente los
artistas italianos Giacomo Balla, Umberto Boccioni, Carlo Carrà, Luigi
Russolo y Gino Severini firmaron el Manifiesto del futurismo. El
futurismo tuvo una corta existencia, su influencia se aprecia en las
obras de Marcel Duchamp, Fernand Léger y Robert Delaunay en
París, así como en el constructivismo ruso.

Dadaísmo

Movimiento artístico surgido en Europa y en Norteamérica. Apareció


en Zúrich, Suiza entre 1916 y 1922 con Tristan Tzara como su
fundador. Fue una oposición al pasado violento de la guerra mundial.
El poema dadaísta suele ser una sucesión de palabras y sonidos, lo
que hace difícil encontrarle lógica.

Se distingue por la inclinación hacia lo incierto, a lo terrorífico, al


nihilismo y a lo fantasioso. Busca renovar la expresión mediante el
empleo de materiales inusuales o manejando planos de pensamientos
antes no mezclables y tiene una tónica general de rebeldía o
destrucción. Tambien se le suma el gran poeta-pintor de apellido
klerman que fue uno de los impulsores del antiarte denominado
"dadaísmo".

Ultraísmo

Apareció en España entre 1919 y 1922 como reacción al modernismo.


Fue uno de los movimientos que más se proyectó en Hispanoamérica
contribuyendo al uso del verso libre, la prescripción de la anécdota y el
desarrollo de la metáfora, que se convierte en el principal centro
expresivo. Influido por poetas como Vicente Huidobro y Guillaume
Apollinaire.

Creacionismo

Surgió en 1917 y fue patrocinado por el poeta chileno Vicente


Huidobro, quien concibe al poeta como un pequeño Dios para crear
con la palabra. Según él, el poeta no debe de ser un hombre. Es una
de las vanguardias más interesantes aparecidas en latinoamerica.
Nada debe ser imitado, todo debe ser creado por el hombre... como
Dios crea a la naturaleza. Sus principal obra fue Arte Poetica de
Vicente Huidrobo
Surrealismo

Surgió en Francia con André Breton, quien siguiendo a Sigmund Freud


se interesó por descubrir los mecanismos del inconsciente y
sobrepasar lo real por medio de lo imaginario y lo irracional. Se
caracteriza por: pretender crear un hombre nuevo, recurrir a la
crueldad y el humor negro con el fin de destruir todo matiz
sentimentaloide y a pesar de ser constructivo, los aspectos de la
conducta moral humana y las manifestaciones no son de su interés.

Estridentismo

Surgió en México y nace de la mezcla de varios ismos, como


aportación nacidos a la vanguardia europea. Se dio entre 1922 y 1927
y se caracterizó por la modernidad, el cosmopolismo y lo urbano, así
como por el inconformismo, el humor negro, el esnobismo, lo
irreverente y el rechazo a todo el pasado. Su representante fue
Manuel Maples Arce.

Impresionismo

Reacciona contra los excesos del realismo, concentrando su interés


en el proceso mental desarrollado en el interior de un personaje
cuando se enfrenta a alguna situación. Se caracteriza por: trasladar a
la obra la verdadera existencia radicada en los procesos mentales, la
intuición y la desvinculación de un personaje, así como el manejo de
personajes a través de las asociaciones psicológicas.

Cosmopolitismo

Surge en 1940 con la finalidad de mostrar la problemática urbana,


varía ya que el paisaje cambia según la geografía y economía de cada
ciudad. Es filosófico, moral y psicológico pues trabaja con la
incertidumbre y tensión de los habitantes de las grandes metrópolis.
Su máximo representante fue Jorge Luis Borges.

Neorrealismo
Se relaciona con el Existencialismo, exagera el problema de la
angustia, ya que transforma el escritor de males irreversibles
pareciendo no tener solución.

Superrealismo

Movimiento que se apoyó en los trabajos de Sigmund Freud. Consiste


en la captación de la coincidencia-realidad surgida en un personaje,
cuando vive un hecho que le provoca recuerdos recónditos. Su
representante es Miguel Ángel Asturias.

Existencialismo

Corriente filosófica según la cual lo principal de la realidad es la


existencia humana.

Experimentalismo

Se apoyó en el método científico para explicar el comportamiento de


los personajes dentro de un relato.

Cubismo
Cubismo

El cubismo fue una vanguardia artística europea que surgió en el siglo


XX en Francia que cubre las artes y la literatura.

Marcado por el uso de formas geométricas, rompió con los modelos


estéticos que sólo valoraban la perfección de las formas.

¿Cuál fue el Origen del Cubismo?

El cubismo fue fundado en París por el reconocido artista español


Pablo Picasso y los franceses Georges Braque.

La pintura "Les demoisellers d'Avignon" (o "Las señoritas de Avignon"


en español) de 1907, Pablo Picasso, se considera el punto de partida
de este movimiento innovador.
En general, este arte está marcado por la representación de figuras de
la naturaleza a partir del uso de formas geométricas, promoviendo la
fragmentación y descomposición de los planos y perspectivas. El
artista cubista deja de tener el compromiso de utilizar la apariencia real
de las cosas, como sucedía durante el Renacimiento.

El arte cubista es considerado un "arte mental", donde cada aspecto


de la obra debe ser analizado y estudiado de modo individual.

Cubos, cilindros y esferas son algunas de las formas usuales en el


arte cubista, que se distingue del arte abstracto por el uso concreto de
todas las formas. el Cubismo influenció otros movimientos como el
futurismo, surrealismo.

Además de Picasso y Braque, otros artistas que han quedado


inmortalizados en forma de iconos de esta vanguardia son Juan Gris
(1887 - 1927) y Fernand Léger (1881-1955).

Características del Cubismo

Trata la naturaleza o los paisajes con formas geométricas. Así que


vienen a ser representados por objetos en todos sus ángulos en el
mismo plano, formando una figura en tres dimensiones.

En el arte cubista, predominan las líneas rectas, modeladas


básicamente por cubos y cilindros, dada la geometrización de las
formas y volúmenes.

Esta técnica que renuncia a la perspectiva, así como al "claro-oscuro"


y empieza a usarse colores neutros (predominio del blanco, negro,
gris, marrón y ocre), causa una sensación de pintura escultórica.

En el plano conceptual, el cubismo se puede considerar un arte que se


centra en ejercicio mental como una forma de expresar ideas.

Al romper con la perspectiva consagrada de las líneas de contorno, la


naturaleza pasa a ser retratada simplificadamente.
Esto permite a una mayor abstracción de los atributos estéticos de la
obra, al tiempo que rechaza la idea del arte como imitación de la
naturaleza pura.

Cabe citar que este estilo abandona distinciones entre forma y fondo o
cualquier noción de profundidad. Las naturalezas muertas urbanas y
los retratos son temas recursivos en este movimiento.

Además se empiezan a descomponer las imágenes en formas


geométricas para poder ser representadas en el ate cubista.

Fases del arte Cubista

El movimiento cubista fue marcado por tres fases: cubismo escénico


(1907 - 1909), analítico (1910 - 1912) y sintético (1913-1914).

Cubismo escénico

Las obras de Paul Cézanne sirvieron de inspiración para la


consolidación del arte cubista.

También conocido como "cubismo preanalítico", esta es considerada


la fase inicial de este arte(1907 - 1909), donde la principal base era el
trabajo de Cézanne, con fuerte influencia del arte africano y debido al
uso de formas simplificadas.

Cubismo analítico

Se considera como el "cubismo puro" y de difícil interpretación, donde


las figuras son descompuestas, a través del uso de diversas formas
geométricas.

Las obras impregnan los tonos monocromáticos, con predominio del


verde, marrón y gris.

Cubismo sintético

La gran característica de esta fase fue la introducción de la técnica de


pegado para reconstruir las imágenes que antes eran descompuestas.
A diferencia del cubismo analítico, en esta etapa las imágenes pasan a
mantener su fisonomía, pero de modo reducido, presentando sólo lo
que es esencial para su reconocimiento.

Literatura cubista

Aunque fue más fuerte en las artes plásticas, el cubismo también se


manifestó en el campo literario. La literatura cubista presentó como
principales características: elaboración formal del texto, uso de
impresión tipográfica y destaque para los espacios en blanco y negro.
El más importante representante de la literatura cubista fue el escritor
y poeta francés Guillaume Apollinaire.

Surrealismo
Origen del término

Los términos surrealismo y surrealista proceden de Guillaume


Apollinaire, quien los acuñó en 1917. En el programa de mano que
escribió para el musical Parade (mayo de 1917) afirma que sus
autores han conseguido:

Una alianza entre la pintura y la danza, entre las artes plásticas y las
miméticas, que es el heraldo de un arte más amplio aún por venir. (...)
Esta nueva alianza (...) ha dado lugar, en Parade a una especie de
surrealismo, que considero el punto de partida para toda una serie de
manifestaciones del "Espíritu Nuevo" que se está haciendo sentir hoy y
que sin duda atraerá a las mejores mentes. Podemos esperar que
provoque cambios profundos en las artes y costumbres a través de la
alegría universal, pues es sencillamente natural, después de todo, que
éstas lleven el mismo paso que el progreso científico e industrial.

La palabra surrealista aparece en el subtítulo de Las tetas de Tiresias


(drama surrealista), en junio de 1917, para referirse a la reproducción
creativa de un objeto, que lo transforma y enriquece. Como escribe
Apollinaire en el prefacio al drama:
Cuando el hombre quiso imitar la acción de andar, creó la rueda, que
no se parece a una pierna. Del mismo modo ha creado,
inconscientemente, el surrealismo... Después de todo, el escenario no
se parece a la vida que representa más que una rueda a una pierna.

Etimología

En francés: surréalisme; [sur sobre, por encima] más réalisme


[realismo]) o superrealismo.

Precedentes

La meta surrealista y sus medios se remontan siglos antes al


nacimiento del movimiento. Basta citar a Hieronymus Bosch "el
Bosco", considerado el primer artista surrealista, que en los siglos XV
y XVI creo obras como "El jardín de las delicias" o "El carro del heno".
Pero fue en el Siglo XX cuando surgiría el nacimiento de una
vanguardia filosófica y artística que retomaría estos elementos y los
desarrollaría como nunca antes se había hecho.

Primeros pasos

La primera fecha histórica del movimiento es 1916, año en que André


Breton, precursor, líder y gran pensador del movimiento, descubre las
teorías de Sigmund Freud y Alfred Jarry, además de conocer a
Jacques Vache y a Guillaume Apollinaire.

Durante los siguientes años se da un confuso encuentro con el


Dadaísmo, movimiento artístico precedido por Tristan Tzara, en el cual
se decantan las ideas de ambos movimientos. Estos, uno inclinado
hacia la destrucción nihilista (dadá) y el otro a la construcción
romántica (surrealismo) se sirvieron como catalizadores entre ellos
durante su desarrollo.

En el año 1924, Breton escribe el primer Manifiesto Surrealista y en


este incluye lo siguiente:

Indica muy mala fe discutirnos el derecho a emplear la palabra


surrealismo, en el sentido particular que nosotros le damos, ya que
nadie puede dudar de que esta palabra no tuvo fortuna, antes de que
nosotros nos sirviéramos de ella. Voy a definirla de una vez para
siempre:

Surrealismo: "sustantivo, masculino. Automatismo psíquico puro, por


cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de
cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un
dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón,
ajeno a toda preocupación estética o moral."

Tal fue la definición del término dada por los propios Breton y Soupault
en el primer Manifiesto Surrealista fechado en 1924. Surgió por tanto
como un movimiento poético, en el que pintura y escultura se conciben
como consecuencias plásticas de la poesía.

En El surrealismo y la pintura, de 1928, Breton expone la psicología


surrealista: el inconsciente es la región del intelecto donde el ser
humano no objetiva la realidad sino que forma un todo con ella. El
arte, en esa esfera, no es representación sino comunicación vital
directa del individuo con el todo.

Esa conexión se expresa de forma privilegiada en las casualidades


significativas (azar objetivo), en las que el deseo del individuo y el
devenir ajeno a él convergen imprevisiblemente, y en el sueño, donde
los elementos más dispares se revelan unidos por relaciones secretas.
El surrealismo propone trasladar esas imágenes al mundo del arte por
medio de una asociación mental libre, sin la intromisión censora de la
conciencia.

De ahí que elija como método el automatismo, recogiendo en buena


medida el testigo de las prácticas mediúmnicas espiritistas, aunque
cambiando radicalmente su interpretación: lo que habla a través del
médium no son los espíritus, sino el inconsciente.

Durante unas sesiones febriles de automatismo, Breton y Soupault


escriben Los Campos Magnéticos, primera muestra de las
posibilidades de la escritura automática, que publican en 1921. Más
adelante Breton publica Pez soluble. Dice así el final del séptimo
cuento: "Heme aquí, en los corredores del palacio en que todos están
dormidos. ¿Acaso el verde de la tristeza y de la herrumbe no es la
canción de las sirenas?"

El surrealismo al servicio de la revolución

A partir de 1925, a raíz del estallido de la guerra de Marruecos, el


surrealismo se politiza; se producen entonces los primeros contactos
con los comunistas, que culminarían ese mismo año con la adhesión
al Partido Comunista por parte de André Breton.

Entre 1925 y 1930 aparece un nuevo periódico titulado El Surrealismo


al servicio de la Revolución en cuyo primer número Louis Aragón, Luis
Buñuel, Salvador Dalí, Paul Éluard, Max Ernst, Yves Tanguy y Tristan
Tzara, entre otros, se declaran partidarios de Breton.

Por su parte Jean Arp y Joan Miró, aunque no compartían la decisión


política tomada por Breton, continuaban participando con interés en
las exposiciones surrealistas. Poco después se incorporaron René
Magritte (1930), André Masson (1931), Giacometti y Brauner en 1933
y también Roberto Matta (que conoce a Breton en 1937 por mediación
de Salvador Dalí) y Wilfredo Lam; el movimiento se hizo internacional
apareciendo grupos surrealistas en los Estados Unidos, Dinamarca,
Londres, Checoslovaquia y Japón.

Desde este momento, se abrirá una disputa, a menudo agria, entre


aquellos surrealistas que conciben el surrealismo como un movimiento
puramente artístico, rechazando la supeditación al comunismo, y los
que acompañan a Breton en su giro a la izquierda.

En 1929 Breton publica el Segundo Manifiesto Surrealista, en el que


condena entre otros intelectuales a los artistas André Masson y
Francis Picabia. En 1936 expulsa a Dalí por sus tendencias fascistas y
a Paul Eluard. En 1938 Breton firma en México junto con León Trotski
y Diego Rivera el Manifiesto por un Arte Revolucionario Independiente.

Técnicas surrealistas
El surrealismo tomó del dadaísmo algunas técnicas de fotografía y
cinematografía así como la fabricación de objetos. Extendieron el
principio del collage (el "objeto encontrado") al ensamblaje de objetos
incongruentes, como en los poemas visibles de Max Ernst. Este último
inventó el frottage (dibujos compuestos por el roce de superficies
rugosas contra el papel o el lienzo) y lo aplicó en grandes obras como
Historia Natural, pintada en París en 1926.

Otra de las nuevas actividades creadas por el surrealismo fue la


llamada cadáver exquisito, en la cual varios artistas dibujaban las
distintas partes de una figura o de un texto sin ver lo que el anterior
había hecho pasándose el papel doblado. Las criaturas resultantes
pudieron servir de inspiración a Miró.

En el terreno literario, el surrealismo supuso una gran revolución en el


lenguaje y la aportación de nuevas técnicas de composición. Como no
asumía tradición cultural alguna, ni desde el punto de vista temático ni
formal, prescindió de la métrica y adoptó el tipo de expresión poética
denominado como versículo: un verso de extensión indefinida sin rima
que se sostiene únicamente por la cohesión interna de su ritmo.

Igualmente, como no se asumía la temática consagrada, se fue a


buscar en las fuentes de la represión psicológica (sueños, sexualidad)
y social, con lo que la lírica se rehumanizó después de que los ismos
intelectualizados de las Vanguardias la deshumanizaran, a excepción
del Expresionismo. Para ello utilizaron los recursos de la transcripción
de sueños, la escritura automática y engendraron procedimientos
metafóricos nuevos como la imagen visionaria.

El lenguaje se renovó también desde el punto de vista del léxico dando


cabida a campos semánticos nuevos y la retórica se enriqueció con
nuevos procedimientos expresivos.

La pintura surrealista

Masson adoptó enseguida las técnicas del automatismo, hacia 1923-


1924, poco después de conocer a Breton. Hacia 1929 las abandonó
para volver a un estilo cubista. Por su parte Dalí utilizaba más la
fijación de imágenes tomadas de los sueños, según Breton,
«...abusando de ellas y poniendo en peligro la credibilidad del
surrealismo...»; inventó lo que él mismo llamó método paranoico-
crítico, una mezcla entre la técnica de observación de Leonardo da
Vinci por medio de la cual observando una pared se podía ver como
surgían formas y técnicas de frottage; fruto de esta técnica son las
obras en las que se ven dos imágenes en una sola configuración.

Óscar Domínguez inventó la decalcomanía (aplicar gouache negro


sobre un papel el cual se coloca encima de otra hoja sobre la que se
ejerce una ligera presión, luego se despegan antes de que se sequen).
Además de las técnicas ya mencionadas de la decalcomanía y el
frottage, los surrealistas desarrollaron otros procedimientos que
incluyen igualmente el azar: el raspado, el ''fumage'' y la distribución
de arena sobre el lienzo encolado.

Miró fue para Breton el más surrealista de todos, por su automatismo


psíquico puro. Su surrealismo se desenvuelve entre las primeras obras
donde explora sus sueños y fantasías infantiles (El Campo labrado),
las obras donde el automatismo es predominante (Nacimiento del
mundo) y las obras en que desarrolla su lenguaje de signos y formas
biomorfas (Personaje lanzando una piedra).

Jean Arp combina las técnicas de automatismo y las oníricas en la


misma obra desarrollando una iconografía de formas orgánicas que se
ha dado en llamar escultura biomórfica, en la que se trata de
representar lo orgánico como principio formativo de la realidad.

René Magritte dotó al surrealismo de una carga conceptual basada en


el juego de imágenes ambiguas y su significado denotado a través de
palabras poniendo en cuestión la relación entre un objeto pintado y el
real. Paul Delvaux carga a sus obras de un espeso erotismo basado
en su carácter de extrañamiento en los espacios de Giorgio di Chirico.

El surrealismo penetró la actividad de muchos artistas europeos y


americanos en distintas épocas. Pablo Picasso se alió con el
movimiento surrealista en 1925; Breton declaraba este acercamiento
de Picasso calificándolo de «...surrealista dentro del cubismo...».

Se consideran surrealistas las obras del período Dinard (1928-1930),


en que Picasso combina lo monstruoso y lo sublime en la composición
de figuras medio máquinas medio monstruos de aspecto gigantesco y
a veces terrorífico. Esta monumentalidad surrealista de Picasso puede
ponerse en paralelo con la de Henry Moore.

Otros movimientos pictóricos nacieron del surrealismo, o lo prefiguran,


como por ejemplo el Art brut.

Apogeo y decadencia del surrealismo

En 1938 tuvo lugar en París la Exposición Internacional del


Surrealismo que marcó el apogeo de este movimiento antes de la
guerra. Participaron entre otros, Marcel Duchamp, Arp, Salvador Dalí,
Ernst, André Masson, Man Ray, Óscar Domínguez y Meret
Oppenheim. La exposición ofreció al público sobre todo una excelente
muestra de lo que el surrealismo había producido en la fabricación de
objetos.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, los surrealistas se


dispersan, algunos de ellos (André Breton, Ernst, Masson abandonan
París y se trasladan a los Estados Unidos, donde siembran el germen
para los futuros movimientos americanos de posguerra (expresionismo
abstracto y Arte Pop).

El surrealismo en el mundo

El surrealismo en la pintura española

En España el surrealismo aparece en torno a los años veinte no en su


vertiente puramente vanguardista sino mezclado con acentos
simbolistas y de la pintura popular. Además de Joan Miró y Salvador
Dalí, el surrealismo español lo componen Maruja Mallo, Gregorio
Prieto, José Moreno Villa, Benjamín Palencia y José Caballero,
además de los neocubistas que se pasan al surrealismo (Alberto
Sánchez y Angel Ferrant), y algunas creaciones pictóricas juveniles de
Modesto Ciruelos y su "Serie Circense" presentada en la Academia
Breve de Crítica de Arte de Eugenio D´Ors en Madrid el año 1947.

Hubo un importante núcleo surrealista en las Islas Canarias, agrupado


en torno a la Gaceta de Arte de Eduardo Westerdahl, con pintores
como Óscar Domínguez o el propio Westerdahl y un grupo de poetas
que invitaron a André Bretón a venir en 1935; allí compuso este el
poema Le chateau etoilé y otras obras. Mucho más tarde, 1997 y 1998
el pintor Estéfano Viu retoma estas tendencias en las Islas Canarias.

En Latinoamérica se consideran surrealistas, además de los ya citados


Matta y Lom, a Remedios Varo y Leonora Carrington.

El surrealismo en la literatura hispánica

El surrealismo fue seguido con interés por los intelectuales españoles


de los años 30. Existía el precedente de Ramón Gómez de la Serna,
quién utilizaba algunas fórmulas vinculables al surrealismo, como la
greguería.

El primero en adoptar sus métodos fue José María Hinojosa, autor de


La flor de California (1928), libro pionero de prosas narrativas y
oníricas.

Varios poetas de la generación del 27 se interesaron por las


posibilidades expresivas del surrealismo. Su huella es evidente en
libros como en la sección tercera de Sobre los ángeles y en Sermones
y moradas de Rafael Alberti; en Poeta en Nueva York de Federico
García Lorca y Un río, un amor y Los placeres prohibidos de Luis
Cernuda. Vicente Aleixandre se definió a sí mismo como "un poeta
superrealista", aunque matizando que su poesía no era en modo
alguno producto directo de la escritura automática.

Miguel Hernández sufrió una efímera etapa surrealista y durante la


posguerra la imprenta surrealista se percibe en los poetas del
Postismo y en Juan Eduardo Cirlot, en la actualidad existe un cierto
postsurrealismo en la obra de algunos poetas como Blanca Andreu.
En las Islas Canarias la afición por el surrealismo llevó a la formación
en los años 30 de la Facción Surrealista de Tenerife, un grupo de
entusiastas, al modo del creado en Francia alrededor de André Breton.
Sus componentes (Agustín Espinosa, Domingo López Torres, Pedro
García Cabrera, Óscar Domínguez, Eduardo Westerdahl y Domingo
Pérez Minik) expusieron sus creaciones y puntos de vista en los treinta
y ocho números de la revista Gaceta de Arte.

Aunque no se le pueda considerar un surrealista estricto, el poeta y


pensador Juan Larrea vivió de primera mano la eclosión del
movimiento en París y reflexionó más tarde sobre su valor y
trascendencia en obras como Surrealismo entre viejo y nuevo mundo
(1944). En la actualidad existe una corriente de neosurrealismo en la
poesía de Blanca Andreu.

En Hispanoamérica el surrealismo contó con la adhesión entusiasta de


poetas como el chileno Braulio Arenas y los peruanos César Moro,
Xavier Abril, y Emilio Adolfo Westphalen, además de influir
decisivamente en la obra de figuras mayores como Pablo Neruda,
Gonzalo Rojas y César Vallejo. En Argentina, pese al desdén de Jorge
Luis Borges, el surrealismo sedujo aún al joven Julio Cortázar y
produjo un fruto tardío en la obra de Alejandra Pizarnik.

Se ha señalado también su influencia en otros autores de producción


más reciente, como el músico Alejandro de Michele. El poeta y
pensador mexicano Octavio Paz ocupa un lugar particular en la
historia del movimiento: amigo personal de Breton, dedicó al
surrealismo varios ensayos esclarecedores.

El surrealismo en la historia

En la literatura, el surrealismo tuvo como antecedente la patafísica de


Alfred Jarry, y el movimiento dadaísta fundado en Zurich en 1916 por
T. Tzara, H. Ball y H. Arp. Animados por idéntico espíritu de
provocación, André Breton, Louis Aragon y Ph. Soupault fundaron en
París la revista Littérature (1919), mientras en EE.UU manifestaban
actitudes similares Man Ray, Marcel Duchamp y Francis Picabia, y en
Alemania, Max Ernest y Hugo Ball.

A esta fase sucedió una actitud más metódica de investigación del


inconsciente, emprendida por Breton, junto a Aragon, Paul Éluard,
Soupault, Robert Desnos, Max Ernst, etc. La primera obra de esta
tendencia, que cabe calificar de primera obra literaria surrealista, fue
Los campos magnéticos (1921), escrita conjuntamente por Breton y
Soupault.

Tras la ruptura con Tzara, se adhirieron al movimiento Antonin Artaud,


André Masson y Pierre Naville.

Breton redactó la primera definición del movimiento en su Manifiesto


del surrealismo (1924), texto que dio cohesión a los postulados y
propósitos del movimiento. Entre los autores que citaba como
precursores del movimiento figuran Freud, Lautréamont, Edward
Young, Matthew Lewis, Gérard de Nerval, Jonathan Swift, Sade,
Chateaubriand, Víctor Hugo, Poe, Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé y
Jarry.

Revista Revolución Surrealista

En el mismo año se fundó el Bureau de recherches surréalistes y la


revista La Révolution Surréaliste, que sustituyó a Littérature, de cuya
dirección se hizo cargo el propio Breton en 1925 y que se convirtió en
el órgano de expresión común del grupo.

La producción surrealista se caracterizó por una vocación libertaria sin


límites y la exaltación de los procesos oníricos, del humor corrosivo y
de la pasión erótica, concebidos como armas de lucha contra la
tradición cultural burguesa. Las ideas del grupo se expresaron a través
de técnicas literarias, como la «escritura automática», las
provocaciones pictóricas y las ruidosas tomas de posición públicas.

El acercamiento operado a fines de los años veinte con los comunistas


produjo las primeras querellas y cismas en el movimiento.
En 1930 Breton publicó su Segundo manifiesto del surrealismo, en el
que excomulgaba a Joseph Delteil, Antonin Artaud, Philippe Soupault,
Robert Desnos, Georges Limbour, André Masson, Roger Vitrac,
Georges Ribemont-Dessaignes y Francis Picabia. El mismo año
apareció el nuevo órgano del movimiento, la revista Le Surréalisme au
Service de la Révolution, que suplantó al anterior, La Révolution
Surréaliste, y paralelamente, Aragón (tras su viaje a la URSS), Éluard,
Péret y Breton ingresaron en el Partido Comunista.

A fines de 1933, Breton, Éluard y Crevel fueron expulsados del partido.


En los años treinta se sumaron al movimiento Salvador Dalí, Luis
Buñuel, Yves Tanguy, René Char y Georges Sadoul.

Tras los años previos a la II Guerra Mundial, marcados por la


militancia activa de Breton, y los años de exilio neoyorquino de la
mayoría de sus miembros, durante la ocupación alemana de Francia,
el movimiento siguió manteniendo cierta cohesión y vitalidad, pero a
partir de 1946, cuando Breton regresó a París, el surrealismo era ya
parte de la historia.

En las artes plásticas

Al principio el surrealismo es un movimiento fundamentalmente


literario, y hasta un poco más tarde no producirá grandes resultados
en las artes plásticas. Surge un concepto fundamental, el
automatismo, basado en una suerte de dictado mágico, procedente del
inconsciente, gracias al cual surgían poemas, ensayos, etc., y que
más tarde sería recogido por pintores y escultores.

La primera exposición surrealista se celebró en la Galerie Pierre de


París en 1925, y en ella, además de Jean Arp, Giorgio di Chirico y Max
Ernst, participaron artistas como André Masson, Picasso, Man Ray,
Pierre Roy, Paul Klee y Joan Miró que posteriormente se separarían
del movimiento o se mantendrían unidos a él adoptando únicamente
algunos de sus principios. A ellos se adhirieron Yves Tanguy, René
Magritte, Salvador Dalí y Alberto Giacometti.

Pinturas surrealistas
La rebelión del surrealismo contra la tradición cultural burguesa y el
orden moral establecido tuvo su cariz político, y un sector del
surrealismo, que no consideraba suficientes los tumultos de sus
manifestaciones culturales, se afilió al Partido Comunista Francés. Sin
embargo, nacieron violentas discrepancias en el seno del grupo a
propósito del debate sobre la relación entre arte y política; se
sucedieron manifiestos contradictorios y el movimiento tendió a
disgregarse.

Es significativo, a este respecto, que la revista «La révolution


surréaliste» pase a llamarse, desde 1930, «Le surréalisme au service
de la révolution». En los años 1930, el movimiento se extendión más
allá de las fronteras francesas. Se celebró en 1938 en París la
Exposición Surrealista Internacional.

La segunda guerra mundial paralizó toda actividad en Europa. Ello


motivó que Breton, como muchos otros artistas, marchase a los
Estados Unidos. Allí surgió una asociación de pintores surrealistas
alemanes y franceses que se reunió en torno a la revista VVV. Estos
surrealistas emigrados a EE.UU. influyeron en el arte estadounidense,
en particular en el desarrollo del expresionismo abstracto en los años
1940. Cuando Breton regresó a Europa en 1946 el movimiento estaba
ya definitivamente deteriorado.

Entre los artistas plásticos se manifiesta una dualidad en la


interpretación del surrealismo: los surrealistas abstractos, que se
decantan por la aplicación del automatismo puro, como André Masson
o Joan Miró, e inventan universos figurativos propios; y los surrealistas
figurativos, interesados por la vía onírica, entre ellos René Magritte,
Paul Delvaux, Estéfano Viu o Salvador Dalí, que se sirven de un
realismo minucioso y de medios técnicos tradicionales, pero que se
apartan de la pintura tradicional por la inusitada asociación de objetos
y las monstruosas deformaciones, así como por la atmósfera onírica y
delirante que se desprende de sus obras.

Max Ernst es uno de los pocos surrealistas que se mueve entre las
dos vías. La obra de Ernst ha influido particularmente en un epígono
tardío del surrealismo en Alemania que es Stefan von Reiswitz. Otro
autor interesante que se aproxima en ocasiones tangencialmente al
surrealismo es Pablo Alonso Herraiz.

Ultraísmo
El Ultraísmo fue un movimiento literario de vanguardia que se definió
fundamentalmente por su oposición al modernismo y a la Generación
del 98. El ultraísmo se desarrolló en España y Argentina, fue en este
último país donde encontró un desarrollo más acabado. Hay que
recordar que en Argentina estaba presente la influencia del
modernismo esencialmente a través de Leopoldo Lugones. Contra
ese movimiento se levanta el ultraísmo, cuyo teórico más importante
fue el joven Jorge Luis Borges.

En un manifiesto que se le atribuye su redacción a Borges, señalan los


ultraístas: “Los que suscriben, jóvenes que comienzan a realizar su
obra, y que, por eso, creen tener un valos pleno de afirmación, de
acuerdo con la orientación señalada por Cansinos-Asséns en la revista
Interviú que, en diciembre último, celebró con Javier Bóveda en El
Parlamentario, necesitan declarar su voluntad de un arte nuevo que
supla la última evolución literaria: el novecentrismo".

Es interesante ver el afán de oposición de los ultraístas. Se conciben


a sí mismos como un grupo de literatos rupturistas en relación con la
poesía anterior.

Algunos postulados de los ultraístas fueron los siguientes:

1.- Reducción de la lírica a su elemento primordial: la metáfora. Esto


significó sobrevalorar el efecto lírico y plantean el lenguaje metafórico.
Tal vez así se pueda apreciar la influencia de los expresionistas
alemanes que Borges había leído en Suiza, donde residió con su
familia durante los años de la Primera Guerra Mundial.

2.- Tachadura de las frases medianeras, los nexos y adjetivos que


consideran inútiles. Esto llevó a que los poemas se construyeran
como una sucesión de metáforas llamativas o puras. El ultraísmo
esqueletizó la poesía. Si el modernismo de Lugones representaba
una poesía adjetiva, la poesía ultraísta va a ser una poesía sustantiva
donde incluso desaparece la rima y la puntuación.

3.- Concordante con las dos características señaladas, el ultraísmo


buscó eliminar los trabajos ornamentales, es decir, la retórica, los
versos grandilocuentes. También eliminó el confesionalismo, fue una
poesía escéptica que no buscaba transmitir un mensaje ideológico
positivo. También se opuso a las anécdotas, a las prédicas, a la
poesía narrativa.

Quiso dejar de lado lo sentimental y por oponerse a ser una poesía


que reproducía anécdotas, además por estar hecha casi entera a base
de metáforas, se convirtió en una poesía que rompía el discurso
lógico. En oposición a eso ponía énfasis en las percepciones
fragmentarias. Ponía una simultaneidad y velocidad en las imágenes.
Buscaba la poesía pura y en eso contradecía la poesía con mensaje
social.

El único estado afectivo que aceptó fue el confuso producto de


sensaciones distintas y el generado por la ironía. Se podría decir que
es una poesía extremadamente subjetiva e individualista.

4.- Los ultraístas buscaron la síntesis de dos o más imágenes en una,


ensanchando de ese modo la facultad de sugerencia. Esto hacía que
el ultraísmo fuera un movimiento muy receptivo de todo lo que fuera
novedad y a la utilización de elementos propios del desarrollo de la
técnica. Es decir, está emparentado con el futurismo en el hacer una
apología de los progresos tecnológicos.

El pasado es tomado en cuenta como un antecedente, pero no como


algo que tenga vigencia. Es interesante destacar la opinión que
Borges tiene en 1921 de la poesía de Darío: “La belleza rubeniana es
ya una cosa madurada y colmada, semejante a la belleza de un lienzo
antiguo, cumplida y eficaz en la limitación de sus métodos y en nuestra
aquiescencia al dejarnos herir por sus previstos recursos, pero por eso
mismo es una cosa acabada, concluida, anonadada".
En Argentina ya existía desde 1915 una corriente que se oponía al
modernismo: el sencillísimo, que como lo dice su nombre, quería dejar
de lado lo ampuloso que poseía la poesía de Darío y Lugones.

En algunos puntos se encontraron el ultraísmo y el sencillísimo: en la


búsqueda de la economía de la expresión poética. Sin embargo, se
puede decir que la poesía ultraísta va más allá que el sencillísimo al
pretender eliminar totalmente la anécdota, los lazos o nexos entre las
palabras y reducir a una secuencia de imágenes la poesía quitándole
todo lo afectivo. Sencillitas y ultraístas se opusieron al modernismo,
pero lo hicieron desde diferentes perspectivas.

La poesía ultraísta tiende a ser un poco hermética, críptica, que se


aleja de la vida objetiva para refugiarse en la interioridad del poeta.
Esta poesía quiere ser síntesis, emoción pura y descolocaba al lector
tradicional sorprendiéndolo con sus imágenes tradicionales.

Las categorías filosóficas o ideológicas que sustentan esta poesía


estriban en un nihilismo que los llevó a oponerse a los grupos literarios
de izquierda. Cuando esta poesía dice que se aparta de las prédicas y
de las ideologías se está refiriendo fundamentalmente a lo cristiano y
marxista.

Borges va a postular una poesía no comprometida socialmente:


poesía comprometida exclusivamente con la angustia, la soledad y el
pesimismo que caracterizaría toda la producción literaria del escritor
argentino.

Las publicaciones más famosas del ultraísmo fueron las revistas


Prisma, Proa y Martín Fierro. En Argentina las corrientes de
vanguardia se enfrentaron a través de los Grupos de Florida y Boedo.
El grupo de Florida propugnaba una poesía europeizante, culta y
elitista.

Por el contrario, el grupo de Boedo tuvo una posición comprometida


con el cambio social y postulaba un arte abierto que expresaba las
experiencias de las masas y que asumiera los anhelos de justicia
social.
Como anécdota podemos contar que Borges fue considerado como un
desertor del ultraísmo cuando publicó Fervor de Buenos Aires. Libro
lleno de anécdotas y estados afectivos melancólicos que le despierta
la ciudad de Buenos Aires. También comenzará a utilizar recursos
como la rima y la estructura del soneto.

Finalmente podemos señalar que ultraísmo es un término acuñado por


Guillermo de Torre en base a un neologismo.

Estridentismo
El Estridentismo inició en México la renovación más drástica y
escandalosa de la historia de la poesía y la literatura mexicana. El
movimiento irrumpe los últimos días de diciembre de 1921 con la
aparición de la hoja volante Actual número I, redactada y firmada por
Manuel Maples Arce. Sobre el hecho, Germán List Arzubide recuerda:

"Una mañana aparecieron en las esquinas los manifiestos y en la


noche se desvelaron en la Academia de la Lengua los
correspondientes de la Española haciendo guardias por turno, se creía
en la inminencia de un asalto".

Esta antología, preparada por Luis Mario Schneider, reúne de manera


cronológica los principales textos de este periodo y nos sumerge
dentro de aquella atmósfera efervescente de los novedosos e
increíbles telegramas sin hilos o los vertiginosos 80 km/h, con olor a
bencina, por el Paseo de la Reforma, de tal suerte que, al estilo de las
mejores novelas, devoramos las últimas páginas resistiéndonos a
aceptar su inminente fin.

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