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Introducción

Maquiavelo fue un pensador, pero sin un sistema filosófico concreto, un


humanista con nostalgia de la grandeza de la antigua Roma; patriota, sin
principios éticos y oportunista. Si Tomás Moro es un idealista, Maquiavelo está
en el extremo opuesto. No se distinguió ni por su amor ni por su respeto a sus
semejantes. Procurar el bien moral o material del pueblo quedaba relegado
frente al objetivo de afianzar el poder del déspota. Los dos valores centrales
del Renacimiento: racionalidad y libertad se aplican también a la visión
renacentista de la sociedad y del pensamiento. El progreso en la historia
depende de la acción del hombre y no de la intervención divina. Para
pensadores como Pico y Campanella el hombre es capaz de construir
racionalmente una sociedad de seres libres e iguales: el orden político ha de
ser el reflejo de estos valores. Maquiavelo rechazó cuanto fuera idealismo y
teoría y aplicó el sentido práctico. La política nada tenía que ver con la moral, la
ética o la religión.

Durante siglos, se consideró que la filosofía política de Maquiavelo justificaba la


arbitrariedad y el despotismo. Incluso, su nombre se transformó en adjetivo
infamante, reservado a gobernantes crueles y ambiciosos. Es difícil mantener
hoy esa perspectiva. Es evidente que su pensamiento responde a una situación
de crisis, donde se estaba gestando el concepto de Estado-nación, una
realidad nueva que representaba la emancipación de la política respecto de la
teología. Maquiavelo entendió que el poder civil no podía estar subordinado al
poder de la Iglesia, sin perder su soberanía. Al romper el vínculo entre religión
y Estado, demarcó los límites del espacio político, contribuyendo a la creación
de una ciencia y un lenguaje cuyos fundamentos ya no apuntarían a lo
trascendente, sino a la pura inmanencia de los asuntos humanos.
Desarrollo:
La ética de Maquiavelo es una versión extrema y particular del modelo ético, la cual
está inspirada en su obra. Es curioso como de un pensador ha surgido un término
maquiavelismo (“modo de proceder con astucia, doblez y perfidia”). El lema más
conocido de Maquiavelo es el fin justifica los medios pero esta atribución no es del
todo adecuada porque esa frase no aparece en ninguna de sus obras. Sin
embargo, en El Príncipe, afirma:“(…) y en las acciones de todos los hombres, y
máxime en las de los príncipes, cuando no hay tribunal al que reclamar, se juzga
por los resultados. Haga, pues, el príncipe lo necesario para vencer y mantener el
Estado, y los medios que utilice siempre serán considerados honrados y serán
alabados por todos.” (Maquiavelo, El príncipe, XVIII).
El modelo ético maquiavélico afirma, como regla fundamental, el deseo de éxito y,
en ese contexto, los fines elegidos son más importantes que los medios. Pero eso
no significa que automáticamente el comportamiento deba ser inmoral. El Príncipe
es un tratado sobre la naturaleza humana donde podemos aprender que el príncipe
si quiere conseguir el éxito tiene que simular y disimular, pero finalmente actuar de
acuerdo con la regla que le lleve al éxito.
Esto puede suponer una adhesión aparente a los valores, pero finalmente actuar de
acuerdo con el pragmatismo. En uno de los pasajes más conocidos, Maquiavelo se
plantea por “de qué forma tiene que mantener su palabra un príncipe” y ofrece una
respuesta que está en su línea: “un señor que actúe con prudencia no puede ni
debe observar la palabra dada cuando vea que va a volverse en su contra y que ya
no existen las razones que motivaron su promesa. Y si todos los hombres fuesen
buenos este precepto no sería justo; pero puesto que son malvados y no
mantendrían su palabra contigo, tú no tienes por qué mantenerla con ellos. Y a un
príncipe nunca le han faltado razones legítimas para excusar su inobservancia”
(Maquiavelo, El príncipe, XVIII).
Desde el modelo ético deontológico se replicaría que se deben mantener siempre
las promesas y se debe decir siempre la verdad. Si analizamos el escenario según
Maquiavelo, deben darse tres circunstancias que aconsejan no cumplir una
promesa:

a) Se pueda volver en contra de quién la formuló


b) No existen las razones que la motivaron
c) Los hombres son malvados y no cumplirían su palabra contigo.

El segundo motivo es el más fuerte y podría ser invocado si realmente ya no existen


los motivos que originaron la promesa. El primero debería haber sido previsto
adecuadamente y sobre el tercero, se podrían encontrar ejemplos que afirmen lo
contrario.
Existen varias interpretaciones sobre Maquiavelo. La versión maquiavélica de
Maquiavelo nos sitúa a un autor diabólico, inmoral, anticristiano, que justifica
cualquier acción para conseguir sus objetivos. La versión republicana de
Maquiavelo afirma que era un patriota, que quería defender ante todo el Estado y
consideraba que el Príncipe debía tener virtudes civiles y políticas y no religiosas.
Maquiavelo tiene una concepción totalmente diferente de la sociedad humana: para él
el hombre es por naturaleza perverso y egoísta, sólo preocupado por su seguridad y
por aumentar su poder sobre los demás; sólo un estado fuerte, gobernado por un
príncipe astuto y sin escrúpulos morales, puede garantizar un orden social justo que
frene la violencia humana. Fue el primero en usar la palabra estado en su sentido
moderno. Algunos le atribuyen la invención de la dictadura moderna y su
consiguiente Realpolitik, como expresión específicamente distinta de las antiguas
formas de totalitarismo. Sus ideas políticas estaban impregnadas de sentido práctico y
una visión realista de gobierno.

Por este motivo algunos consideran que es el fundador de la Ciencia Política, porque
considera que la política tiene sus propias reglas, distintas de la ética y la religión.

Desde la visión estratégica, Maquiavelo ofrece lecturas, dudas y reflexiones


interesantes. Por ejemplo, encontramos este interesante consejo para estrategas: “hay
que ser un zorro para conocer las trampas, y un león para amedrentar a los lobos”
(Maquiavelo, El príncipe, XVIII). Pero quizá el elemento clave dentro de la estrategia
es cómo actuar frente a alguien maquiavélico. La primera y más difícil tarea será
identificarlo por que como afirma Aranguren “un maquiavelismo confesado se anularía
en cuanto tal: para ser eficaz tiene que se hipócrita y rendir tributo a la virtud”
(Aranguren, José Luis, Ética y Política)

El estratega debe estar alerta y, por ejemplo, establecer mecanismos de


comprobación imparcial de las diferentes operaciones. Se podría dar el caso de
alguien buscando su éxito, fingiendo conformidad, no cumpliera su palabra. Se deben
desarrollar estrategias para prevenir estas situaciones. Maquiavelo nos señala que si
aprendemos de las cualidades del zorro y del león nos podemos acercar más al éxito.

En su obra El Príncipe (1513) nos dice que el príncipe o el gobernante, tiene como
misión la felicidad de sus súbditos y ésta sólo se puede conseguir con un Estado
fuerte. Para conseguirlo tendrá que recurrir a la astucia, al engaño y, si es necesario, a
la crueldad. La virtud fundamental es la prudencia, para la conveniencia del Estado. Si
el interés de la patria exige traición o perjurio, se comete. "La grandeza de los
crímenes borrará la vergüenza de haberlos cometido". Los medios no importan: no es
necesaria la moral, sino un realismo práctico, no lo que debe ser, sino lo que es en
realidad. Política y moral son dos ámbitos distintos e incluso contradictorios. La
personalidad debe poseer condiciones especiales para llegar al poder y mantenerse
en él:

 Capacidad de manipular situaciones, ayudándose de cuantos medios precise


mientras consiga sus fines: lo que vale es el resultado. "El que consigue el
poder es el Príncipe, el que consigue el orden y la paz son los súbditos".
 El gobernante debe poseer seria destreza, intuición y tesón, así como habilidad
para sortear obstáculos, y "moverse según soplan los vientos".
 Diestro en el engaño: No debe tener virtudes, solo aparentarlas.
 Amoral, indiferencia entre el bien y el mal, debe estar por encima.

Para Maquiavelo la mejor forma de gobierno es la República: "el gobierno de muchos


es mejor que el de unos pocos", y justifica la romana como la más perfecta. Aunque él
era republicano y aspiraba a convertir a Florencia en un Estado fuerte, en El
Príncipe acepta, como mal menor, que en ciertos momentos de corrupción y desorden
que es más útil y eficaz la acción de un solo personaje, adornado de cualidades
excepcionales.
Visión political realista

Maquiavelo desarrolla los principios de una política rigurosamente "realista",


partiendo de lo que las cosas son y han sido y serán siempre (no de lo que
deberían ser), pues la política debe basarse en que los hombres (su naturaleza y
sus pasiones) son inevitablemente malos, inconstantes, volubles, ingratos,
desleales. Un príncipe (el Estado) debe basarse en lo que es suyo (esto es, en sí
mismo, no en lo de los demás): la ley por un lado, y la astucia y la fuerza por otro.

Política= Apariencia

La actividad política es el reino de las apariencias. Por ello es necesario que el


Príncipe sea hábil en disimular y fingir. Para Maquiavelo, la virtud en política debía
tener un alcance utilitario y práctico. No era preciso que el príncipe fuera virtuoso,
lo importante era que lo pareciese, o dejara de serlo si era un impedimento para
realizar los fines del Estado.

El fin justifica los medios

Las acciones de todos los hombres, Y especialmente las de los príncipes, los
resultados son lo que cuenta, y es por ellas por los que el pueblo juzga. Si el
príncipe tiene buen éxito en establecer y mantener su autoridad, los medios que
emplee serán siempre calificados de honorables y serán aprobados por todos.

Mentir por razones de Estado

Maquiavelo considera que el mundo está hecho de tal forma que comportarse con
“bondad” resultaría "peligroso", ya que los hombres son mentirosos y tramposos, y
quien no sabe engañar o mentir corre el riesgo de ser devorado. Considera que es
preciso ser un gran disimulador, ya que quien sepa mentir, engañará a los
hombres y podrá abusar de su irreflexión y de su simplicidad e ignorancia. Todas
las veces que la "razón de estado", es decir el interés o conservación del Estado lo
exija, el príncipe debe mentir, simular y disimular. Y Maquiavelo asegura a estos
procedimientos de gobierno un éxito infalible, el poder del estado está por encima
de todo.

El príncipe de Maquiavelo es, pues, la encarnación viva del poder: como legislador
supremo estaba por encima de las leyes que él mismo dictaba, y utilizaba la ley
como instrumento de la soberanía de su poder. Declarar al príncipe (legislador o
gobernante) libre de todo freno de la ley o moralidad, equivalía a decir que el poder
no tenía justificación.

Inmoralidad política

El Estado debería establecer el orden, canalizar las pasiones y organizar la


convivencia, y en cambio lo que hace es legitimar la violencia, el fraude, y la
extorsión. Maquiavelo lo sabe y es consciente de la inmoralidad de la política, pero
considera que no hay remedio. Se trata de la utilidad frente a la moralidad: "el fin
justifica los medios", y el fin es el Estado. Lo único que cuenta es el éxito o buena
culminación de las actividades emprendidas, el triunfo.
Conclusión
Maquiavelo jamás se pregunta por el valor moral de un acto: lo único que le interesa
es su valor político. No reconoce el bien y el mal como tales, sino que se sirve de
ambos exclusivamente como dos instrumentos que deben conducir a la obtención del
éxito, sin tener en cuenta si ello es mediante la virtud o mediante el vicio. No en vano,
según nuestro pensador, los buenos en sentido moral resultan inútiles para la
sociedad: no están constituidos para ser hombres "públicos", sino más bien para ser
hombres "privados".
Las conclusiones del pensamiento del modelo ético de Maquiavelo son las siguientes:
. El hombre por naturaleza es malvado, siempre actúa mal a no ser que se le obligue a
lo contrario El ser humano está determinado por la ambición (deseo de riquezas y de
poder), la impaciencia, la envidia, la sed de venganza, la angustia de la seguridad,
tender a la corrupción. Los hombres no sólo aspiran a conservar lo que tienen, sino a
adquirir más.
. Los fines elegidos son más importantes que los medios, no es necesaria la moral,
sino un realismo práctico, de modo que se cumplan con los objetivos y se logre el éxito
. La política debe estar separada de la moral (“una política sujeta a la moral, pero
condenada al fracaso, o bien una política eficaz pero inmoral”).
. Sus ideas políticas estaban impregnadas de sentido práctico y una visión realista de
gobierno.
. El príncipe o el gobernante debe poseer seria destreza, intuición y tesón (“hay que
ser un zorro para conocer las trampas, y un león para amedrentar a los lobos”).
Bibliografía:
 Aylwin P., Brunner J. & Lagos G. (1991). Ética y política, Santiago de Chile:
Andrés Bello.

 Bermudo Ávila, J.(1994). Maquiavelo, consejero de príncipes. Barcelona:


Universidad de Barcelona.

 Luna Alcoba, M.(2003). Maquiavelo. 2°edicion. Madrid: Editex.