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A 50 años del Concilio Vaticano II: Luces y desafíos (primera entrega)

A 50 años del Concilio Vaticano II:

Luces y desafíos

(primera entrega)

A 50 años del Concilio Vaticano II: Luces y desafíos (primera entrega)
En el Año de la Fe, y a 50 años del inicio del Concilio Vaticano

En el Año de la Fe, y a 50 años del inicio del Concilio Vaticano II, tenemos una ocasión inmejorable para recordar o acercarnos por primera vez a los documentos más importantes que dicho Concilio regaló a la Iglesia y a la humanidad.

La riqueza de estos textos sigue generando cambios y novedades en la vida del «Pueblo de Dios», y conocerlos aunque sea mínimamente es un servicio y un deber a prestar a los jóvenes y educadores de nuestras casas.

Esta selección de textos de los documentos conciliares, junto con la Palabra de Dios y breves ideas para la reflexión, son un camino de conocimiento del Concilio y de apertura a su mensaje.

El texto del que hemos partido es un subsidio italiano con el mismo nombre a cargo de Massimo Nevola SJ.

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italiano con el mismo nombre a cargo de Massimo Nevola SJ. 2 En el Año de

1.

CRISTO ESTÁ PRESENTE EN LA LITURGIA

PALABRA DE DIOS

Se reunían frecuentemente para escuchar la enseñanza de los apóstoles, y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Ante los prodigios y señales que hacían los apóstoles, un sentido de reverencia se apoderó de todos. Los creyentes estaban todos unidos y poseían todo en común. Vendían bienes y posesiones y las repartían según la necesidad de cada uno. A diario acudían fielmente e íntimamente unidos al templo; en sus casas partían el pan, compartían la comida con alegría y sencillez sincera. Alababan a Dios y todo el mundo los estimaba. El Señor iba incorporando a la comunidad a cuantos se iban salvando.

(Hechos 2,42-47)

El primer texto que se presenta de los documentos del Concilio es un párrafo de Sacrosanctum Concilium, la Constitución que ha marcado una verdadera revolución en la liturgia de la Iglesia Católica latina. Este texto se aprobó en 1963 y fue el primero de todos los documentos conciliares aprobado y presentado.

La reforma litúrgica fue el primer signo y el más evidente de la renovación conciliar. Después de casi diez siglos de mantener una estructura estática, la liturgia se renueva profundamente: se adapta a las lenguas tradicionales locales, a la lectura e integración de la Palabra de Dios, a nuevas formas de participar en la oración, a nuevas expresiones musicales…

Pero la reforma litúrgica no es solo una novedad en las formas, sino en la sustancia de la liturgia; es regresar a la esencia de la Iglesia así como era en los orígenes: “Se reunían frecuentemente para escuchar la enseñanza de los apóstoles, y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones”.

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De la Constitución Sacrosanctum Concilium, n. 7

Para realizar una obra tan grande, Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, "ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz", sea sobre todo bajo las especies eucarísticas. Está presente con su fuerza en los Sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza. Está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es El quien habla. Está presente, por último, cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometió: "Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos" (Mt., 18,20). Realmente, en esta obra tan grande por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres santificados, Cristo asocia siempre consigo a su amadísima Esposa la Iglesia, que invoca a su Señor y por El tributa culto al Padre Eterno.

Con razón, pues, se considera la Liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo Místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro. En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdotes y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia.

ALGUNAS PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN

¿Qué te parece más interesante y novedoso del texto anterior?

¿Qué aspectos de las celebraciones actuales en las que participas (Eucaristía, reconciliación, otros sacramentos…) te resultan más significativos y “agradables”? ¿Por qué?

Siguiendo la pregunta anterior, ¿qué cambiarías o mejorarías? ¿De qué manera? Es bueno recordar que en algunos aspectos la Iglesia da la posibilidad de adaptar o agregar algunas cosas según las costumbres de los lugares.

Si tienes la posibilidad pregunta a alguien que haya vivido la liturgia antes de la reforma cómo era y que la compare con la actual.

ORACIÓN Oh Dios que en la celebración semanal de la Pascua nos iluminas con la gloria que resplandece sobre el rostro de Cristo, danos la fuerza de tu Espíritu, para que testimoniemos, en un encuentro nuevo con los hermanos y con la Creación, la verdad que nos hace libres. Amén.

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y con la Creación, la verdad que nos hace libres. Amén. 4 En el Año de

2. NATURALEZA Y OBJETO DE LA REVELACIÓN DE DIOS Y CÓMO ES RECIBIDA POR LA FE

PALABRA DE DIOS

Le dice Felipe:

Señor, enséñanos al Padre y nos basta. Le responde Jesús:

Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes ¿y todavía no me conocen? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre: ¿cómo pides que te enseñe al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo les digo no las digo por mi cuenta; el Padre que está en mí es el que hace las obras. Créanme que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí; si no, créanlo por las mismas obras.

(Juan 14,8-11)

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El centro de la renovación conciliar está constituido por el fuerte subrayado a la centralidad de la Palabra de Dios. Superados los temores de la contraposición con los protestantes, los padre conciliares pusieron el texto sagrado de la Biblia como principio y fundamento de todo. La fe no es una “bella tradición” entre otras, es la respuesta a Dios que se revela. Y la revelación no es un conjunto de dogmas para aceptar ciegamente, sino el don de la vida misma de Dios que nos toca en plenitud y nos invita a entrar en íntima comunión con Él a través de Jesús de Nazareth. El acontecimiento de Jesús no ha ocurrido una sola vez en el pasado, sino que es siempre actual en cada época y en cada lugar habitado por los seres humanos.

Palabra y acontecimientos históricos, según la tradición bíblica, son los parámetros a través de los cuales actúa continuamente la Revelación, don de la Gracia, y llega la salvación esperada y finalmente cumplida.

De la Constitución Dei Verbum, nn. 2-3.5

2. Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina. En consecuencia, por esta revelación, Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía. Este plan de la revelación se realiza con hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas. Pero la verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación

3. Dios, creándolo todo y conservándolo por su Verbo, da a los hombres testimonio perenne de sí en las cosas creadas, y, queriendo abrir el camino de la salvación sobrenatural, se manifestó, además, personalmente a nuestros primeros padres ya desde el principio. Después de su caída alentó en ellos la esperanza de la salvación, con la promesa de la redención, y tuvo incesante cuidado del género humano, para dar la vida eterna a todos los que buscan la salvación con la perseverancia en las buenas obras.

En el Año de la Fe, una aproximación a los documentos que impulsan la evangelización.

En su tiempo llamó a Abraham para hacerlo padre de un gran pueblo, al que luego instruyó por los Patriarcas, por Moisés y por los Profetas para que lo reconocieran Dios único, vivo y verdadero, Padre providente y justo juez, y para que esperaran al Salvador prometido, y de esta forma, a través de los siglos, fue preparando el camino del Evangelio.

5. Cuando Dios revela hay que prestarle "la obediencia de la fe", por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios prestando "a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad", y asintiendo voluntariamente a la revelación hecha por El. Para profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios, que proviene y ayuda, a los auxilios internos del Espíritu Santo, el cual mueve el corazón y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da "a todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad". Y para que la inteligencia de la revelación sea más profunda, el mismo Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones.

ALGUNAS PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN

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¿Qué te parece más interesante y novedoso del texto anterior?

¿Qué imagen de Dios Padre te presenta el texto anterior?

¿Y qué imagen de Jesús te sugiere?

A veces la fe es presentada como una cuestión de “sentir a Dios”, pero no se habla mucho de la obediencia que ella exige. ¿Qué implica para cada cristiano el prestar obediencia a la fe?

ORACIÓN Oh Dios es tu Palabra que rompe el silencio del principio, dice nuestro nombre, da un proyecto a nuestra vida. Es en tu Palabra que el nacer y el morir, el amar y el entregarse, el trabajo y la sociedad tienen un sentido último y una esperanza. Es gracias a esta Palabra que también nosotros podemos decir: “Tu luz nos hace ver la luz”. Te rogamos, haz que por el anuncio de la salvación nuestra comunidad de creyentes y el mundo entero, escuchando, crea; creyendo, espere; y esperando, ame. Te lo pedimos por Cristo, tu Hijo y Señor nuestro. Amén.

Te lo pedimos por Cristo, tu Hijo y Señor nuestro. Amén. En el Año de la

3.

EL ÚNICO PUEBLO DE DIOS ES UNIVERSAL

PALABRA DE DIOS

Pasen, pasen por las puertas, abran camino al pueblo; nivelen, nivelen el sendero, límpienlo de piedras, levanten un estandarte para los pueblos. El Señor envía un mensaje hasta el confín de la tierra:

Digan a la ciudad de Sión:

Mira a tu Salvador, que llega, el premio de su victoria lo acompaña, la recompensa lo precede; los llamarán Pueblo Santo, redimidos del Señor, a ti te llamarán la Buscada, Ciudad no abandonada.

(Isaías 62,10-12)

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Una definición completa y precisa de qué es la Iglesia escapa a la capacidad humana de conceptualizar. Aquella es misterio humano y divino y por eso mismo no hay posibles fórmulas que la definan plenamente desde los conceptos. Sociedad perfecta, conjunto de los salvados, Asamblea santa, Cuerpo Místico de Cristo, Luz de las gentes: son todas definiciones válidas, aunque no exhaustivas, de un gran misterio. En el surco de la tradición bíblico-patrística el Concilio quiere remarcar una dimensión que quedó un poco olvidada por algunos siglos: se trata de la definición de Iglesia como «Pueblo de Dios», unido en el Bautismo por el Espíritu Santo, y de verdaderamente abierta a toda la humanidad.

De la Constitución Lumen Gentium, n. 13

Todos los hombres están llamados a formar parte del nuevo Pueblo de Dios. Por lo cual, este pueblo, sin dejar de ser uno y único, debe extenderse a todo el mundo y en todos los tiempos, para así cumplir el designio de la voluntad de Dios, quien en un principio creó una sola naturaleza humana, y a sus hijos, que estaban dispersos, determinó luego congregarlos (cf. Jn 11,52). Para esto envió Dios a su Hijo, a quien constituyó en heredero de todo (cf. Hb 1,2), para que sea Maestro, Rey y Sacerdote de todos, Cabeza del pueblo nuevo y universal de los hijos de Dios. Para esto, finalmente, envió Dios al Espíritu de su Hijo, Señor y Vivificador, quien es para toda la Iglesia y para todos y cada uno de los creyentes el principio de asociación y unidad en la doctrina de los Apóstoles, en la mutua unión, en la fracción del pan y en las oraciones (cf. Hch 2,42 gr.).

Así, pues, el único Pueblo de Dios está presente en todas las razas de la tierra, pues de todas ellas reúne sus ciudadanos, y éstos lo son de un reino no terrestre, sino celestial. Todos los fieles dispersos por el mundo comunican con los demás en el Espíritu Santo, y así, «quien habita en Roma sabe que los de la India son miembros suyos». Y como el reino de Cristo no es de este mundo (cf. Jn 18,36), la Iglesia o el Pueblo de Dios, introduciendo este reino, no disminuye el bien temporal de ningún pueblo; antes, al contrario, fomenta y asume, y al asumirlas, las purifica, fortalece y eleva todas las capacidades y riquezas y costumbres de los pueblos en lo que tienen de bueno. […]

En virtud de esta universalidad, cada una de las partes colabora con sus dones propios con las restantes partes y con toda la Iglesia, de tal modo que el todo y cada una de las partes aumentan a causa de todos los que mutuamente se comunican y tienden a la plenitud en la unidad. De donde resulta que el Pueblo de Dios no sólo reúne a personas de pueblos diversos, sino que en sí mismo está integrado por diversos órdenes. Hay, en efecto, entre sus miembros una diversidad, sea en cuanto a los oficios, pues algunos desempeñan el ministerio sagrado en bien de sus hermanos, sea en razón de la condición y estado de vida, pues muchos en el estado religioso estimulan con su ejemplo a los hermanos al tender a la santidad por un camino más estrecho. […]

Todos los hombres son llamados a esta unidad católica del Pueblo de Dios, que simboliza y promueve paz universal, y a ella pertenecen o se ordenan de diversos modos, sea los fieles católicos, sea los demás creyentes en Cristo, sea también todos los hombres en general, por la gracia de Dios llamados a la salvación.

ALGUNAS PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN

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¿Qué te parece más interesante y novedoso del texto anterior?

¿Cuál o cuáles son las principales características que presenta de la Iglesia?

¿Qué te dice a ti como cristiano esto de ser parte del “Pueblo de Dios?

¿Qué experiencias tienes de comunión con otros cristianos?

ORACIÓN Oh Padre, que en la nueva alianza, inaugurada por Cristo tu Hijo, continúas reuniendo tu pueblo desde todas las naciones de la Tierra en la unidad de un solo Espíritu, haz que tu Iglesia, fiel a su misión, comparta siempre las alegrías y las esperanzas de la humanidad, y se manifieste como levadura en el mundo, para renovar en Cristo la comunión de los pueblos y transformarlos en tu familia. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

en tu familia. Por Cristo nuestro Señor. Amén. En el Año de la Fe, una aproximación

En el Año de la Fe, una aproximación a los documentos que impulsan la evangelización.

4.

VOCACIÓN UNIVERSAL A LA SANTIDAD

PALABRA DE DIOS

¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo!, quien por medio de Cristo nos bendijo con toda clase de bendiciones espirituales del cielo. Por él, antes de la creación del mundo, nos eligió para que por el amor fuéramos santos e irreprochables en su presencia.

Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo conforme al beneplácito de su voluntad para alabanza de la gloriosa gracia que nos otorgó por medio de su Hijo muy querido. Por él, por medio de su sangre, obtenemos el rescate, el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia.

(Efesios 1,3-7)

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Reafirmar la llamada universal a la santidad es reafirmar la esencia de la Iglesia. Llegar a ser cristianos maduros en la fe es directamente proporcional a la conciencia de esta realidad. El futuro para los creyentes será místico o simplemente no habrá futuro para ellos; es el discurso evangélico de la “luz del mundo y de la sal de la tierra”. La Iglesia es santa porque su fundador y quien la sostiene, Jesucristo, es santo. Toda la santidad de sus miembros es don del Espíritu Santo.

De la Constitución Lumen Gentium, n. 40

El divino Maestro y Modelo de toda perfección, el Señor Jesús, predicó a todos y cada uno de

sus discípulos, cualquiera que fuese su condición, la santidad de vida, de la que El es iniciador y consumador: «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt 5, 48). Envió a todos el Espíritu Santo para que los mueva interiormente a amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas (cf. Mt 12,30) y a amarse mutuamente como Cristo les amó (cf. Jn 13,34; 15,12). Los seguidores de Cristo, llamados por Dios no en razón de sus obras, sino en virtud del designio y gracia divinos y justificados en el Señor Jesús, han sido hechos por el bautismo, sacramento de la fe, verdaderos hijos de Dios y partícipes de la divina naturaleza, y, por lo mismo, realmente santos. En consecuencia, es necesario que con la ayuda de Dios conserven y perfeccionen en su vida la

santificación que recibieron. El Apóstol les exhorta a vivir «como conviene a los santos» (Ef 5, 3)

y que como «elegidos de Dios, santos y amados, se revistan de entrañas de misericordia,

benignidad, humildad, modestia, paciencia» (Col 3, 12) y produzcan los frutos del Espíritu para

la santificación (cf. Ga 5, 22; Rm 6, 22). Pero como todos caemos en muchas faltas (cf. St 3,2),

continuamente necesitamos la misericordia de Dios y todos los días debemos orar:

«Perdónanos nuestras deudas» (Mt 6, 12).

Es, pues, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, y esta santidad suscita un nivel de vida más humano incluso en la sociedad terrena. En el logro de esta perfección empeñen los fieles las fuerzas recibidas según la medida de la donación de Cristo, a fin de que,

siguiendo sus huellas y hechos conformes a su imagen, obedeciendo en todo a la voluntad del Padre, se entreguen con toda su alma a la gloria de Dios y al servicio del prójimo. Así, la santidad del Pueblo de Dios producirá abundantes frutos, como brillantemente lo demuestra la historia de la Iglesia con la vida de tantos santos.

ALGUNAS PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN

El camino de santidad no equivale a “impecabilidad”. Dejarse guiar por el Espíritu Santo no es simple y cuesta caminar contra las pasiones humanas. ¿Cómo haces para buscar este progresivo acercamiento a lo que Jesús va pidiendo a tu vida?

¿Cuál es el santo canonizado del pasado o de épocas más recientes cuya vida más te fascina?

La tradición espiritual católica dice que la santidad consiste en el fiel cumplimiento de los deberes propios del estado de vida (recordemos lo que recomendó Don Bosco a Domingo Savio). ¿Crees que siga vigente esto? ¿Qué hace a diario para agradar a Dios?

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ORACIÓN Dios mío, todos los bienes que me has reservado en la tierra dónalos a tus enemigos; y todo aquello que me has reservado en el otro mundo, a tus amigos; porque Tú me bastas. Dios mío, si te adoro por miedo al infierno, déjame en el infierno; y si te adoro por esperanza del paraíso, exclúyeme del paraíso. Pero si te adoro únicamente por Ti mismo, no me prives de tu eterna belleza. Dios mío, mi solo ocupación y todo lo que deseo en este mundo, es acordarme de Ti; y en el mundo que vendrá, solo aspiro a encontrarte. Así es para mí, pero Tú, haz según tu voluntad. Amén.

Así es para mí, pero Tú, haz según tu voluntad. Amén. En el Año de la