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RAZONES

Quien pone En el marco de los primeros compases del ministerio de Jesús en el camino desde Galilea
a Jerusalén (9, 51-19, 27), el evangelista Lucas presenta a tres espontáneos anónimos que

la mano en el
muestran por su propia iniciativa su decisión de seguir al Maestro. Cada uno de ellos se en-
cuentra con una respuesta de Jesús inesperada que sitúa a los tres en un mayor anonimato
si cabe, fuera de la escena evangélica. Nos centraremos en el tercero, narrado por Lucas tal

arado como sigue: “61Otro le dijo: ‘Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi
casa’. 62Jesús le contestó: ‘Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el

(Lc 9, 61-62)
reino de Dios’” (9, 61-62).

Despedirme de los de mi casa


El texto lucano tiene como único texto paralelo Mt 8, 19-21, con la diferencia de que Mateo da
cuenta de solo dos personajes, caracterizados el primero como un escriba (8, 19) y el segundo
como uno de entre los discípulos (8, 21). En Lucas, tanto estos dos como el tercero son sim-
plemente: “uno” (9, 57), “otro” (9, 59) y “otro” (9, 61).
Las tres respuestas muestran “las actitudes que Jesús exige a sus futuros discípulos y a todo
el que quiera seguirle en su camino” (Fitzmyer). Pero analicemos con más detalle la tercera
de ellas. ¿Por qué esa alusión a poner la mano en el arado? Prácticamente todas las Biblias
aluden en sus notas al primer libro de los Reyes (19, 19-21). Es la narración de la vocación de
Eliseo, que dice así: “19Partió Elías de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, quien se hallaba
arando. Frente a él tenía doce yuntas; él estaba con la duodécima. Pasó Elías a su lado y le echó
JOSEP BOIRA su manto encima. 20Entonces Eliseo abandonó los bueyes y echó a correr tras Elías, diciendo:
—Profesor de ‘Déjame ir a despedir a mi padre y a mi madre y te seguiré’. Le respondió: ‘Anda y vuélvete, pues
Sagrada Escritura ¿qué te he hecho?’. 21Eliseo volvió atrás, tomó la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio. Con
el yugo de los bueyes asó la carne y la entregó al pueblo para que comiera. Luego se levantó,
siguió a Elías y se puso a su servicio”.
Esa alusión al pasaje está plenamente justificada: el despedirse de los suyos que pide ese
discípulo espontáneo fue lo mismo que pidió Eliseo cuando Elías le llamó, al pasar cerca
de él y echarle el manto, como símbolo de una llamada a ser profeta. Pero parece que Jesús
rechaza identificarse con Elías, aun cuando Elías es el gran profeta, con el que Jesús, junto
con Moisés, habla en el monte de la transfiguración (cfr. Mt 17, 1-3), y en el que muchos judíos

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SAGRADA ESCRITURA

esperan que vuelva (cfr. Mt 16, 14; 17, 10, etc.). Sin embargo, Jesús, aludiendo al Bautista, dice La exigencia de la llamada a colaborar con
que Elías ya ha vuelto (cfr. Mt 11, 14; 17, 12; etc.). Y con el regreso de Elías en la persona del Jesús por instaurar el Reino de Dios en el
Bautista, el Reino de Dios ha empezado (cfr. Mt 11, 12), y la exigencia de este reino es mayor: mundo es mayor que la llamada que Elías
“Jesús es más exigente que Elías, pues su tarea es el reino de Dios que ya ha comenzado y que hizo a Eliseo. Pero la respuesta de este fue
tiene carácter absoluto. Por eso rechaza la propuesta del espontáneo y exige dedicación plena ejemplar.
e interés total, sin ningún tipo de dilaciones, igual que el que ara, si quiere que los surcos sean
rectos y paralelos, debe estar pendiente de su tarea sin mirar atrás, distraído en otros asuntos” Jesús interpreta los pasajes del Antiguo
(Rodríguez Carmona). Testamento según el modo habitual de
los judíos de su tiempo: con gran libertad,
El que ara no puede mirar atrás aprovechando palabras iguales, situacio-
Sin embargo, parece que ahí se queda el paralelismo, pues el resto de elementos comunes son nes parecidas, para dar al texto antiguo
más bien contrastantes entre sí. Uno de los contrastes es el de la mirada atrás como señal de un sentido pleno, más radical.
distracción de lo que se está haciendo. En el caso de Eliseo, esa mirada atrás es vista como
positiva, pues es una respuesta inmediata a la llamada de Elías. Eliseo está ante la última yunta
o par de bueyes de un total de doce, según parece solo. Ha sido un trabajo muy duro y Eliseo
está casi a punto de terminarlo. Pero justo en ese momento, Elías le llama y Eliseo “dejó el
buey y corrió detrás de Elías” (1R 19, 20). Ciertamente la llamada a acompañar a Elías fue para
Eliseo un motivo suficientemente importante como para dejar lo que estaba haciendo. No
quería, sin embargo, dejar de saludar a sus padres (literalmente, según el Texto Masorético,
“besar”, ָ‫ׁשנ‬
ַ ‫ )ק‬y Elías se lo concede, aunque con palabras no poco enigmáticas: “Le respondió:
‘Anda y vuélvete, pues ¿qué te he hecho?’” (1R 19, 20).
Sin embargo, en el texto evangélico el “mirar atrás” está considerado impropio de uno que
quiere dedicarse al Reino de Dios. De modo análogo a como uno que quiere arar bien tiene
que estar muy concentrado en su trabajo, pues si se distrae se arriesga a hacer mal los surcos:
tiene que hacerlos paralelos a los demás, por lo que no puede mirar atrás, ni siquiera al lado.
Son significativos algunos testimonios de la literatura antigua griega y latina que destacan
esta necesidad de la máxima atención en el oficio de arar; uno de ellos lo encontramos en
Hesíodo: “Que siga a los bueyes un hombre robusto de cuarenta años, que se haya comido un
pan de cuatro cortes y ocho porciones y que, atendiendo a su tarea, vaya derecho en su surco,
sin mirar de reojo a sus camaradas, con el corazón totalmente puesto en su faena” (otros tes-
timonios los tenemos en Plinio el Viejo o en Epicteto).

Jesús, intérprete de la Escritura


Estos paralelismos y contrastes son en definitiva un modo de interpretar la Escritura den-
tro de la propia Escritura, incluidos los autores del Nuevo Testamento, que interpretaban el
Antiguo Testamento. “Como es obvio, los autores del NT usan los mismos procedimientos y
normas interpretativas que los judíos de su tiempo: leyes de la deducción y analogía en to-
das sus formas, las más artificiosas de paronomasia, cambio de vocalización, gematría, etc.”
(Pérez Fernández). Por eso, a Lucas, o incluso mejor dicho, al mismo Jesús, (Palabra última
y definitiva de Dios, principio último a partir del cual, por ejemplo, san Pablo lee el Antiguo
Testamento), le basta una cierta analogía, una coincidencia de palabras (un arado, el hecho
de mirar atrás, el saludar antes a los padres) para dar un mensaje más definitivo, más radical
sobre la llamada a ser apto para el Reino de Dios: ante la urgencia de trabajar por el Reino de
Dios, es definitivo no mirar atrás, es decir, poner esta tarea tan grande por encima incluso
de los normales y lícitos vínculos familiares.
Podríamos ver en esta lectura que enlaza un texto del Antiguo Testamento con una nueva
situación actual (la del espontáneo que quiere seguir a Jesús) una de las reglas “derásicas”
(es decir, de búsqueda) de la interpretación judía de la Escritura, sistematizadas por el sabio
judío Hillel (70 a.C.-10 d.C.): en particular las relacionadas con la analogía, que son la segunda
(“comparación de iguales”) y la sexta (“como análogamente en otro lugar”). Por supuesto, en
estas reglas, basta que haya una misma palabra, o incluso una misma raíz, para que pueda
tomarse como punto de partida de un nuevo sentido. n

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