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La gestión Araoz y los conflictos sociales

En el distrito de Tumán (Lambayeque) por enésima vez se ha prorrogado el estado de emergencia


hasta el 9 de noviembre. Esta localidad pasará casi todo el 2017 en emergencia por “el conflicto
sobre la administración de la empresa azucarera” como dicen las sucesivas extensiones de la
medida de fuerza.

Por el sur, en los distritos de Challhuahuacho y Mara de la provincia de Cotabambas, departamento


de Apurímac; y el distrito de Capacmarca, en Cusco, parece que ocurrirá algo parecido a Tumán. El
16 de octubre de 2017 el Poder Ejecutivo promulgó, una vez más, el Decreto Supremo N° 101-
2017-PCM como señala los considerandos, por recomendación de la Policía Nacional de posibles
conflictos sociales, alrededor del proyecto minero Las Bambas.

Los conflictos sociales sin un diálogo eficaz conllevan en lo inmediato a situaciones de emergencia,
porque estos estados se aplican para “mantener el orden” que en estricto que no se paraliza loa
laboral, la economía y la producción. Sin una solución adecuada de las demandas territoriales, los
estados de emergencia son soluciones provisionales que sólo postergan el conflicto que más
temprano que tarde aparecerán.

La Presidente del Consejo de Ministros si bien habló de diálogo en varios momentos, lo hizo
principalmente en relación con el diálogo político a establecer con el parlamento y el fujimorismo
principalmente, pero en las 41 páginas del discurso de investidura, ni una letra sobre la manera
que reforzarán la prevención de los conflictos sociales.

Sin embargo, semanas antes en setiembre en el evento de PERUMIN en la ciudad de Arequipa, la


premier fue más explícita. Reconoció que hay viejas formas de hacer minería, que no han sido
abolidas y que la percepción de que la minería es una actividad contaminante y generadora de
conflicto, hacen que tenga una aceptación social baja. Y con la afirmación de “Vamos a reforzar el
Viceministerio de Gobernanza Territorial para que tenga más trabajo predictivo y que tiene al
diálogo como instrumento para la promoción de proyectos”.

¿Qué hace que en un escenario como el de los mineros el tema de conflictos sociales y la
prevención sea un tema fundamental en el discurso de la Premier, y por otro sea absolutamente
dejado de lado cuando de hablar al país se trata en el Congreso de la República, sobre lo que iban
a ser sus líneas maestras de gobiernos? ¿Por qué obvió el tema? ¿No era o es importante?

Si a esto ligamos el trascendido periodístico y a las versiones en los ministerios de la salida de


Javier Fernández Concha, Viceministro de Gobernanza Territorial, en la actual conducción de la
PCM se puede estar pensando que fortalecer la prevención de conflictos pasa por un cambio de
personas, y no hay nada más alejado de la realidad.

Luego de que se crea la Oficina Nacional de Diálogo y Sostenibilidad (ONDS) de la PCM para
prevenir los conflictos y verlos como una oportunidad de desarrollo, quien más dura en ese cargo
es Vladimiro Huaroc, producto de un férreo apoyo político del premier Juan Jiménez. Cuando éste
sale, este apoyo se debilita con Ana Jara, y en diciembre de 2014, ingresa Julio Rojas a conducir la
ONDS. A partir de ese momento, seis o siete meses en promedio fue la duración de los jefes de la
ONDS: David Montoya, José Ávila y Rolando Luque. Hoy parece que le puede ocurrir al actual
Viceministro de Gobernanza Territorial.

Las calidades personales y profesionales de las personas que sucedieron a Huaroc e incluso el
propio Fernández Concha, están fuera de toda duda. ¿Cuál es la salida para contar con un diálogo
eficaz que sea un verdadero instrumento para prevenir conflictos y generar oportunidades de
desarrollo en los territorios donde principalmente existen operaciones extractivas?

La PCM es un coordinador de las políticas con los ministerios (sectores nacionales) y no un jefe al
cual los sectores se encuentren obligados a rendirle cuentas o explicaciones de porque no avanzan
los proyectos comprometidos en las Mesas de Diálogo, donde son los mismos funcionarios de esos
sectores que con su firma en las actas comprometen su accionar. Y, luego como no se puede
cumplir por acción u omisión, empieza el paseo.

Se requiere generar una nueva institucionalidad que no es sólo crear un nombre (Viceministerio) y
juntar allí a las secretarías de Descentralización, Demarcación Territorial y Diálogo para que parezca
algo nuevo, cuando en realidad, es más de lo ya conocido. No es un tema de personas que pueden
pasar, sino de generar esa institucionalidad que posibilite de verdad gestionar el territorio
buscando desarrollo sustentable, desde el lado público.

Mejor aún, sería que el gobierno nacional como el caso de Chile lidere ambos procesos, por un
lado fomentado una institucionalidad en el sector público a través de un sistema de prevención de
conflictos con la PCM cómo órgano rector y al mismo tiempo posibilite una alianza público-privada
para establecer una nueva visión de la minería y lo extractivo, donde el componente del valor
compartido deba estar presente.

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