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Asignatura:

INVESTIGACIÓN II CUALITATIVA

ACTIVIDAD

ESTADO DEL ARTE

Presenta:

Luisa Fernanda Bernal Argoti

Jenny Alexandra Gaitán Rodríguez

Laura Carolina Gálvez Acosta

Diana Patricia Gualteros González

Lizeth Martinez Delgado

Docente:

Sandra Milena Barreto Daza

Bogotá D.C. Colombia 18 de mayo de 2018


ESTADO DEL ARTE

A través de la historia, el hombre se ha hecho a la fabricación y utilización de

productos para su bienestar y supervivencia; el consumo entendido como “el conjunto

de procesos socioculturales racionales en que se realizan la apropiación y usos de los

productos, con el fin de satisfacer determinadas necesidades y deseos fijados

culturalmente, integrarnos y distinguirnos de los demás y para pensar nuestra situación

en el mundo” (Duran, 2014. p. 3), encierra la apropiación y uso de cada uno de esos

productos en diferentes ámbitos humanos y sociales, es decir, para diversos fines ya

sean alimenticios, culturales, religiosos, políticos y de más.

El consumo se genera a partir de comportamientos consensuados en un grupo

social determinado, lo que da paso a la aparición de pautas o modelos específicos en

cada uno de estos grupos.

Ahora, para hablar del consumo de sustancias psicoactivas, es necesario aclarar

lo que se entiende por “sustancia psicoactiva o droga”, Caudevilla (s.f.) propone que la

sustancia psicoactiva será una sustancia que logra alterar los procesos cognitivos de un

individuo y que además se presenta bajo dos constructos, uno social y uno instrumental

que hacen referencia a la utilización de dicha sustancia sin un fin médico, es decir, sin

querer curar una enfermedad o patología y en segundo lugar se administra sin la

prescripción de un especialista, es el individuo quien decide usar dicha sustancia.

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), una droga será “sustancias

que, introducidas en un organismo vivo, son capaces de alterar una o varias de las

funciones psíquicas de éste. Inducen a las personas que las toman a repetir su auto-

administración, por el placer que generan. No tienen ninguna indicación médica y, si la

tienen, pueden utilizarse con fines no terapéuticos”. (Tavera, Martínez. s.f. p.16).
En este orden de ideas podemos entonces definir el consumo y abuso de

sustancias psicoactivas como la utilización de cualquier sustancia que no se utilice con

fines médicos y altere en cualquier ámbito el funcionamiento psicosocial de un

individuo.

Cabe recalcar que hay una notable diferencia entre lo que significará el uso y el

abuso de las sustancias psicoactivas, aunque es innegable que la primera desencadena la

segunda, el uso de sustancias no desata una dependencia en torno a la sustancia

consumida, por su parte el abuso de las sustancias genera un daño y deterioro que debe

ser tratado clínicamente además de existir una dependencia a la sustancia consumida.

(Batlle & Linares, s.f.). La dependencia entendida como “… un síndrome cerebral

manifestado por un patrón comportamental en el cual el uso de una sustancia dada, o

clase de sustancias, es de mucho más valor para el sujeto que otros comportamientos

que alguna vez tuvieron alto valor” (Batlle & Linares, s.f.).

Los individuos tienen diversos estilos de vida que hacen que el consumo sea

diferente entre un individuo y otro, de tal forma que encontremos dos tipos de consumo

abusivo de sustancias psicoactivas, cuantitativo y cualitativo, que hacen referencia a

“una cantidad y frecuencia que sobrepasa los límites tolerables para el mantenimiento

de la salud de la persona consumidora...y consumo de una sustancia particular asociado

a circunstancias particulares y con independencia de la frecuencia: conducción de

vehículos, consumo laboral, consumo infantil,…” Pons (2008).

Batlle (s.f.), retoma lo que en el DSM-IV se define como dependencia y

trastorno por abuso de sustancias de la siguiente manera:

“Para el diagnóstico de dependencia de sustancia psicoactiva, deben


encontrarse tres o más criterios, que pueden o no incluir tolerancia
psicológica o síndrome de abstinencia. Otros criterios incluyen
esfuerzos persistentes para reducir o parar el uso; uso mayor o durante
más tiempo del pretendido; abandono de importantes actividades de
la vida normal, como el trabajo o la familia; y el continuado uso a
pesar del conocimiento de que causará o empeorará problemas
psiquiátricos o psicológicos. Para el diagnóstico de trastorno del
abuso de sustancias psicoactivas, sólo es necesario un criterio:
repetidos fracasos para desempeñar obligaciones trascendentes; uso
recurrente en situaciones que conlleven un peligro físico, como
conducir ebrio; repetidos problemas legales repetidos relacionados
con la sustancia; o el continuado uso de la sustancia a pesar de
relacionarse con problemas sociales o interpersonales. Para ambos
(abuso y dependencia), los comportamientos mal adaptativos deben
tener una duración de como mínimo un mes”.

A partir de la definición construida para sustancias psicoactivas, teniendo en

cuenta que será cualquier sustancia que al ser consumida altere los procesos cognitivos

del individuo, podemos reconocer dos tipos de sustancias a nivel global, sustancias

lícitas e ilícitas. A grandes rasgos podemos reconocer las drogas lícitas como aquellas

que socialmente están aceptadas, es decir, que en el contexto social en el que se

consumen no se ven como dañinas sino al contrario, como motivadores sociales; “son

aceptadas social y culturalmente o bien, prescritas por un/a médico. Corresponden a este

tipo de drogas la cafeína, el tabaco, el alcohol y los medicamentos bajo prescripción

médica”. (Manual de contenidos, s.f., p. 399)

En segundo lugar, encontramos las drogas ilícitas las cuales han sido producto

de un proceso de elaboración y producción a través de compuestos químicos y

sintéticos; se puede considerar que: “son sustancias cuya producción, entendida como

manufactura, fabricación, elaboración, preparación, trafico, venta, compra, adquisición,

introducción o extracción del país, aportación de recursos económicos o de cualquier

especie, realización de actos de publicidad y propaganda para que se consuma, así como

su suministro y prescripción aun gratuitamente”. (Fuera de las drogas, 2016).

Las sustancias psicoactivas pueden clasificarse según los efectos que generan en

el organismo de los individuos que las consumen, de acuerdo con esto se clasifican así:
“sustancias psicoactivas comunes: alcohol, sedantes/hipnóticos, nicotina, opioides,

cannabis, cocaína, anfetaminas, éxtasis, solventes volátiles y alucinógenos… Es

importante recordar en todo momento que las diferencias individuales genéticas y

biológicas, así como los factores sociales y culturales, influyen tanto en los efectos que

produce una sustancia sobre una persona como sobre el resultado de usar la sustancia”.

(Neurociencia del consumo y dependencia de sustancias psicoactivas. 2004, p. 67).

El consumo de sustancias psicoactivas es un problema cultural, social, político y

definitivamente está ligado a los diferentes contextos en los que se desarrolla un

individuo.

Modelos explicativos

Encontramos que existen diversos modelos explicativos acerca de los principios

epistemológicos del consumo de sustancias, Pons (2008) describe los siguientes:

El modelo jurídico, que hace referencia a todo consumo que está considerado

fuera de la ley, consumo de drogas ilícitas que convertirán a quién las consume en un

posible delincuente, este modelo más allá de intentar encontrar causales al problema de

consumo de sustancias busca la penalización de éste, “el modelo jurídico no incide en el

análisis pormenorizado de las interacciones e influencias entre la persona y la droga o

entre la persona, la droga y el ambiente, (Pastor y López-Latorre, 1993 citado en Pons,

2008 p. 4 ), lo que pretende es tomar medidas de penalidad en ciertos casos y de

promoción y prevención de usos posteriores.

Encontramos un modelo de la distribución de consumo, el cual hace énfasis en la

disponibilidad de las sustancias psicoactivas para los individuos, es decir, medicamentos

prescritos; tabaco y alcohol son productos que se encuentran fácilmente en varios

contextos sociales lo que genera una proporción directa entre las sustancias y el
consumo, a mayor facilidad de conseguir las sustancias mayor probabilidad de

consumo, es evidente la gran afectación debido factores publicitarios y de orden

económico y político. Desde este modelo se proponen algunas medidas que podrían

reducir dicho consumo: “…el incremento de los precios, el control de la publicidad, el

incremento de las edades de consumo legal, las restricciones en los horarios de apertura

de establecimientos vinculados al consumo, las multas y sanciones a establecimientos

que dispensan a menores, la sanción al consumo en lugares no habilitados o las

sanciones penales para conductores ebrios (Elzo, Elorza y Laespada, 1994, citado en

Pons, 2008).

El siguiente modelo explicativo es el modelo médico tradicional, el cual explica

el consumo de sustancias psicoactivas desde la premisa biológica, un fenómeno en el

cual la droga actúa sobre los procesos normales del individuo, afectando en su

organismo procesos bioquímicos, psicológicos y físicos dependiendo la composición

farmacológica de cada sustancia. Difiere del modelo jurídico en tanto no se considera a

la persona consumidora como un “desviado” sino como un enfermo que necesita

tratamiento. “La palabra "enfermo" es susceptible de ser usada con un tono claramente

despectivo en el lenguaje cotidiano”. (Pons, 2008). Según Friedman (2002, citado en

Pons, 2008) este modelo tiene un punto de referencia guiado a la patología más allá que

al propio concepto de salud.

El modelo de reducción del daño, por su parte considera inherente el consumo de

sustancias psicoactivas a las decisiones individuales, por tanto, no se pretende llevar al

consumidor a un punto de abstinencia sino a una reducción de los daños a través de un

consumo responsable o controlado, “El consumo de drogas en la sociedad en general es

inevitable, a pesar de todos los esfuerzos que se han podido realizar para evitarlo. El
consumo reporta gratificaciones para la persona y la sociedad no tiene derecho a

reprimirlo” (Pons, 2008, p. 9).

La privación social es el siguiente modelo, el cual tiene como actor principal a

las condiciones socioeconómicas, se habla de una identificación de ciertos grupos

sociales a través del consumo de sustancias psicoactivas, según Ventosa (1990, citado

en Pons, 2008, p. 11 ) “…el alcohol y otras drogas actúan como objetos sustitutivos de

la satisfacción de necesidades sociales y económicas, como liberadores de la tensión

provocada por no encontrar en la sociedad la manera y el lugar para desarrollar la propia

"líbido social". Este modelo además enfatiza en la relación entre los estratos

económicamente más bajos y el mayor consumo de sustancias psicoactivas.

Como siguiente modelo explicativo encontramos los factores socioculturales, es

decir que los diferentes estilos de vida influenciados por los contextos y factores

sociales que los generan influyen en el consumo de sustancias, la presión social y el

estatus dentro de un grupo determinado influyen en esta decisión, es decir que el

individuo estará influenciado por condiciones ambientales y socioculturales.

La educación para la salud se considera como un modelo explicativo, en tanto

concibe el consumo de drogas como una problemática que se fundamenta en la falta de

educación trayendo consecuencias para la sociedad y el individuo ya sean estas físicas,

psicológicas y sociales. Este modelo pretende generar una concientización a través de

mensajes persuasivos que enseñen y convenzan al individuo de los riesgos del consumo

y puedan cambiar dichas conductas.

Como siguiente modelo, la mirada psicológico individualista, desarrolla una

premisa basada en la inherente conexión entre los factores psicológicos y el consumo de

S.P.A., que según Pons (2008) podemos entender como la satisfacción de necesidades

psicológicas, sociales, físicas y de más que el individuo no puede solventar a través de


otros medios, este consumo puede estar determinado por factores de predisposición, sin

embargo este modelo no hace énfasis en la influencia socio-cultural que se recibe en los

diferentes contextos sociales.

Por último, encontramos un modelo socio-ecológico, que garantiza que el

comportamiento y fundamentalmente el consumo de SPA, está determinado por factores

no solo medioambientales, físicos y culturales, sino que existe una relación con los

procesos internos del individuo, por los procesos de cognición y percepción de éste.

(Pons, 2008)

Afectaciones

El consumo excesivo y continuo de sustancias psicoactivas puede llegar a afectar

diferentes dimensiones como la física, social y psicológica de una persona.

Dependiendo del tipo de droga que se consuma, los efectos pueden ser distintos,

pero siempre se verá afectado a nivel psicosocial y físico, lo cual afecta su integralidad

como ser humano.

Para Medina, Real, Villatoro y Natera (2013, citado en Mendoza, Vargas, 2017)

las drogas pueden llegar a afectar el desarrollo económico y social del mundo,

generando un aumento en los gastos de atención a la salud debido a su relación con

lesiones y enfermedades infecciosas (VIH, hepatitis B y C) y crónicas como la cirrosis,

enfermedades cardiovasculares, cáncer y enfermedades mentales.

De acuerdo con el reporte del Ministerio de Justicia (2017), las sustancias más

usadas a nivel mundial son heroína, opio, cocaína, bazuco y éxtasis, las cuales tienen un

gran afecto negativo con respecto a salud física, mental y su entorno social.

Por ejemplo, algunas de esas sustancias que puede tener un alto grado de

afectación tenga o no un consumo excesivo es el cannabis, el cual tiene como


consecuencia producir intoxicación, dependencia, donde puede iniciar con una etapa de

estimulación, con euforia, bienestar, aumento de percepción y ansiedad, luego una etapa

de sedación, en la cual se presenta la relajación y somnolencia y por último la

conciliación del sueño.

Otros efectos que se pueden presentar con dicha sustancia psicoactiva son

agudización de la percepción visual, auditiva y táctil, además de distorsión del espacio y

tiempo, risa fácil, aumento del apetito.

Otra sustancia es la heroína la cual tiene como vía de administración

intravenosa, inhalada o se puede fumar; cuando se realiza el primer consumo esta puede

producir náuseas, vómito y distrofia; luego de estos efectos aparecen los buscados por

las personas que las consumen que son efectos placenteros, los cuales perduran durante

un tiempo determinado y por último después de la etapa placentera, su objetivo de

consumo es el encontrarse bien y así evitar el síndrome de abstinencia.

Cuando se presenta intoxicación por esta sustancia se evidencia miosis muy

intensa, euforia, apatía, irritabilidad o disforia, retardo psicomotor, somnolencia,

lenguaje farfullante, reducción de la atención y deterioro de la capacidad de juicio.

En los ejemplos mencionados anteriormente se puede evidenciar el daño físico

que las drogas tienen en el sistema nervioso central, lo cual afecta las funciones

cerebrales, presentando así un deterioro o alteración en áreas como la percepción,

memoria y el aprendizaje.

Además de presentar daños en órganos como el hígado (afectado por el exceso

de alcohol), pulmones (por el tabaco), sistema digestivo (inflamación en la lengua,

esófago y estómago, diarrea, ulcera gástrica, cáncer gástrico) y lesiones en hígado,

páncreas, sistema respiratorio, cardiovascular, reproductor y nervioso (generando


pesadillas, insomnio, dolor de cabeza, temblores, convulsiones, depresión con ideas,

conductas suicidas y alucinaciones).

Horcajadas et al. (2011), considera en el Manual de adicciones para psicólogos

que el consumo prolongado de sustancias psicoactivas da lugar a que se presenten de

manera crónica alteraciones en funciones neuropsicológicas relacionadas con la

atención, memoria, dificultad para la resolución de problemas y la velocidad de

procesamiento de la información, así como dificultad psicomotriz.

Cuando se presenta una adicción física y psicológica, puede llegar a ocasionar

una intoxicación en el individuo, en donde este presenta una alteración general en su

estado de salud, viéndose afectado su nivel de consciencia, percepción, comportamiento

y funciones psicofisiológicas, además de síntomas como vomito, delirio, convulsiones,

paro cardiorespiratorio, coma y dependiendo de la severidad del caso la muerte.

A nivel psicosocial se ve afecta su estabilidad emocional, su conducta, su estado

cognitivo y social.

Se presentan cambios de actitud, irritabilidad, ansiedad, impulsividad,

agresividad, indiferencia hacia temas que antes le interesaban, desconcentración,

confusión, conductas atípicas, como mentiras constantes, manipulación,

comportamientos agresivos, pérdida de control de conductas y emociones de acuerdo a

su entorno, baja autoestima, desmotivación, depresión, pensamientos inconscientes o

conscientes de autodestrucción, dificultad para relacionarse con otras personas,

descuido en su aspecto y apariencia personal y conflictos familiares, estos cambios son

evidentes en un corto plazo y van aumentando de acuerdo al consumo excesivo y

prolongado de dichas sustancias.

Es válido señalar entonces que no es posible generar una tabla promedio de

afectación de las partes implicadas ante el consumo, ya que las variables no son medibles
en términos de enfermedad, colapso, síntomas, escala de problemas previos o posteriores

al consumo como tal, sino que permite valorar los procesos de deterioro afectivo,

emocional, de autoestima, laboral, personal, etc.

Dificultades psicosociales

Considerando también los elementos psicosociales donde se destacan las

condiciones de causalidad, predisposición y/o concurrencia para el consumo de SPA,

subrayando entonces algunos como las alteraciones psicológicas por depresión-ansiedad,

falta de autoestima, comportamientos perturbadores del autocontrol y los límites y

destrezas sociales; además de existir la “posible recurrencia de pertenencia a familias

disfuncionales o poco sólidas donde pudiere ser débil la norma o una perjudicial y

prematura autonomía” (Camacho, A. s.f. p.2). Evidenciando por ende tipologías

conflictivas del grupo filial, abuso de sustancias psicoactivas por uno o varios de sus

miembros y ausencia de presencia en el desarrollo de los miembros del grupo en sus

actividades internas-externas al entorno donde confluyen; demostrando así unas líneas

relacionales difusas que terminan allanando el camino para que los grupos de pares de

consumo se refuercen en sus propios contextos sociales, sus identidades y prioridades

explícitas en su desarrollo. En fin, una amplia gama de referentes que procuran abarcar

aspectos que cimientan la objetividad y la contextualización de la experiencia recopilada

a lo largo del quehacer profesional social.

Sin embargo y para no evadir los enfoques motivacionales se hará referencia

a la tipología de consumo, impacto, grado de dependencia, cronicidad de la adicción y

externalización de la crisis en las mujeres muestra de la investigación. No en vano “el

hombre atribuye al consumo de sustancias psicoactivas, para usarlas, algunos propósitos


deliberados para intermediar en su relación con la naturaleza, con los otros hombres e,

incluso consigo mismo” (Míguez H, S.F. P2). Lo que redunda en favor de la propia

simbología del consumo y la percepción – afección de quienes participan de manera

directa (léase consumidores) o indirecta (léase coadictos-familia o cercanos) al fenómeno

referenciado.

La aproximación histórica al fenómeno de la adicción a las SPA puede plantear

dificultades, ya que, durante varios decenios, ha estado vigente el denominado

“paradigma lewiniano”5.

Basado en los conocimientos antropológicos de principios de siglo y que ha

conservado su vigor en el campo de la farmacología y de la medicina. Nuevas corrientes

antropológicas plantean un nuevo elemento, la “eficacia simbólica”6 de las distintas

drogas para explicar el hecho de que se consuman SPA en las más diversas culturas.
_______________________
5 Un extenso número de estudios se realizaban bajo la supervisión de Lewin que trataban, principalmente, con el
recuerdo de tareas inacabadas, sustitución de tareas, nivel de aspiraciones, saciedad y cólera.
6 El término se refiere a una situación que funciona por efecto placebo, es decir que trabaja pero solo de forma subjetiva
o autocomplaciente. Legítimamente podemos conjeturar que la llamada "eficacia simbólica" ejemplariza que toda
curación humana podría implicar la sustitución de unos síntomas por otros.

Modelos de intervención

Según Horcajadas et al. (2011) La evaluación psicológica es una disciplina de la

psicología que se centra en el estudio científico del comportamiento, tiene como

objetivo describir, clasificar, predecir, explicar y controlar una conducta (Fernández,

Ballesteros, 1999)

1. Descripción de conductas que constituyen el problema y de las variables que la

mantienen.

2. Formulación de hipótesis del problema.

3. Establecer objetivos terapéuticos.

4. Selección de las técnicas de tratamiento.

5. Valoración de los resultados de la aplicación del tratamiento.

En los últimos años, las técnicas conductuales y cognitivo-conductuales han

tomado fuerza. La evaluación conductual ha permitido ampliar la tradicional evaluación

psicológica (de tipo psicométrica y descriptiva), con otros métodos y técnicas más

observacionales como autorregistros, entrevista conductual, medidas psicofisiológicas,

entre otras.
En la evaluación conductual se diferencian dos niveles en el campo de las

drogodependencias:

❖ Evaluación centrada en la amplitud y circunstancias del consumo de drogas:

drogas y dosis consumidas, vía de administración, momentos de mayor consumo

o circunstancias en que se consume, etc.

❖ Evaluación de otros aspectos relacionados al consumo como las condiciones

psicológicas o posibles conductas problemáticas: ansiedad, depresión,

distorsiones cognitivas, trastornos del sueño, déficit en habilidades sociales y

disfunciones sexuales; así como el estado de salud general, enfermedades como

el VIH, hepatitis B y C, tuberculosis, entre otras. El grado de cohesión familiar y

social: situación económica o situación ante la ley que influye en una motiva

para asistir a un programa terapéutico.

Es de suma importancia obtener la información para cualquier tipo de

intervención los aspectos relacionados con:

● Nivel de gravedad de la conducta adictiva: esto refiere a los problemas

desarrollados en un periodo de tiempo.

● Problemas agudos durante el proceso de la intoxicación o la abstinencia y otros

trastornos incluidos en el DMS-IV.

● Trastornos psicopatológicos.

● Estados psicológicos del individuo.

● Evaluación neuropsicología.

● Evaluación de los estadios de cambio.

Programas de intervención y tratamiento psicológico


Para abordar este tema es necesario resaltar la definición que proporciona la

Organización Mundial de la Salud (2001), la psicoterapia es un conjunto de

intervenciones planificadas y estructuradas que tienen el objetivo de influir sobre el

comportamiento, el humor y los patrones emocionales de reacción a diversos estímulos,

a través de los medios psicológicos, verbales y no verbales; y resalta que la psicoterapia

no comprende el uso de ningún medio bioquímico o biológico para diferenciarla del

quehacer médico.

Por otro lado, la Organización Centros de Integración Juveniles (2003), la define

como “un tratamiento para problemas de naturaleza emocional, en el que una persona

entrenada, establece deliberadamente una relación profesional con un paciente, con el

objetivo de eliminar, modificar o retardar síntomas existentes, cambiar patrones

alterados de conducta y promover el crecimiento y desarrollo positivo de la

personalidad”.

Existen diversas formas de psicoterapia que se basan en diferentes marcos

teóricos a los que se denominan enfoques o modelos, se han reconocido cinco grupos

clasificados por su aparición en la historia como modernos: Psicodinámico, Cognitivo-

conductual, Humanista y los postmodernos: Construccionista y Constructivista.

Dentro de las intervenciones psicológicas se encuentra la entrevista y terapia

emocional, esta, se centra en evitar cualquier tipo de enfrentamiento con el paciente y

lograr facilitar que exponga la preocupación por su conducta. Esta terapia hace parte de

la “terapia centrada en el cliente” de tal forma que el terapeuta debe seleccionar las

estrategias de intervención.

Las terapias cognitivos-conductuales


Las terapias cognitivos-conductuales han sido las más utilizadas en el

tratamiento de trastornos adictivos, se van a indicar algunas que han recibido mayor

acogida en el campo de las drogodependencias.

Entrenamiento en habilidades sociales y de afrontamiento (Coping/Social Skills

Training)

El objetivo es que el individuo adquiera o refuerce las habilidades de

afrontamiento y autocontrol necesarias para enfrentarse a situaciones de alto riesgo de

consumo, mejorando sus estrategias cognitivas y conductuales.

Dentro de las habilidades sociales están: entrenamiento para rechazar el

consumo, habilidades de escucha y conversación, solución de problemas, comunicación

no verbal, asertividad, rechazo de peticiones, expresión de sentimientos, aceptación,

entre otras.

La terapia de exposición a señales

Esta terapia se orienta a reducir la reactividad a las señales mediante

procedimientos de exposición y control de estímulos, parte de los principios del

condicionamiento clásico, en tal caso el paciente debe exponerse a los estímulos

asociados a la conducta, pero sin llegar al consumo.

La prevención de recaídas

Esta intervención se basa en aprender a identificar las situaciones, pensamientos

y/o emociones que lo pueden llevar al consumo y cómo afrontar adecuadamente una

recaída.

Los programas de reforzamiento comunitario


Se basa en proporcionar al paciente el contacto con refuerzos naturales que hay

en su entorno social para incrementar la probabilidad de abstinencia.

El manejo de contingencias

Se basa en que el consumo de drogas es una conducta mantenida por sus

consecuencias y por lo tanto puede ser modificada, esta intervención consiste en aplicar

reforzadores o castigos de forma contingente a la presencia o ausencia de la conducta.

Según Sercades & Fernández (2001), la técnica de exposición a pistas o señales,

están orientadas a reducir la reactividad a las señales mediante procedimientos de control

estimular y de exposición, se trata de la exposición repetida a señales de pre ingestión de

la droga en ausencia del consumo de esta con la consiguiente extinción de las respuestas

condicionadas.

Terapia cognitiva

Beck, Wright, Newman y Liese (citado por Horcajadas et al, 2011) manifiestan

que la Terapia Cognitiva consiste en el modo en que el individuo estructura

cognitivamente sus experiencias de modo que sus experiencias van a determinar cómo

se siente, actúa, y las reacciones físicas que experimenta.

Terapia centrada en familia

Este tipo de intervención muestra mejores resultados en adolescentes con

problemas de consumo de drogas. Las terapias más investigadas en este campo son la

Terapia Familiar Breve Estratégica, la Terapia Familiar Multidimensional y la Terapia


Familiar Multisistémica. Ellas le dan un peso muy importante a la familia como parte de

la solución del problema.

Según Marcos & Garrido (2009) en la terapia familiar se clasifican algunos

modelos importantes para la intervención. En primer lugar, se encuentran los modelos

orientados a la resolución de problemas seguidos de los modelos intergeneracionales.

Modelos orientados a la resolución de problemas: en este modelo las

intervenciones son breves, focalizadas y prácticas.

Modelos intergeneracionales: este modelo tiene características más

exploratorias y menos focalizadas. Se centra en el desarrollo.

Según Pedrero et al. (2008), manifiestan que las terapias analíticas y

psicodinámicas son un tipo de terapia de soporte expresivo y terapia interpersonal,

donde existen varias modalidades de tratamiento como psicoanálisis clásico,

psicoterapia dinámica o analítica y psicoterapia analítica de grupo.

En el caso de la terapia como soporte expresivo se basa en que los trastornos

psicopatológicos, incluidas las adicciones están relacionadas con trastornos en el

funcionamiento interpersonal, su objetivo es prestar especial atención al análisis de la

relación entre sentimientos-conducta y drogas.

Por otro lado, la terapia interpersonal es un modelo breve, es focalizada y cuenta

con un tiempo limitado, inicialmente fue diseñada para el tratamiento de la depresión.

Es un modelo poco estructurado y más exploratorio. En el tratamiento de trastornos

adictivos se centra en estrategias para detener el consumo, así como en mejorar el

funcionamiento personal.

El mindfulness aplicado a las adicciones


El mindfulness es un proceso en el cual se aprende una nueva forma de

relacionarse con la propia experiencia y de responder ante las situaciones complejas de

la vida. El mindfulness hace parte de la psicología budista, manifiesta que las vías para

llegar a la salud mental es hacer consciente los patrones de acondicionamiento

adquiridos que afectan la experiencia del presente y la forma de eliminar o reducir las

conductas de deseo que es entendido como la principal fuente del sufrimiento. En tal

caso la solución sería sustituir el deseo por la aceptación de una realidad. (Castillo,

2013).

Según la Sociedad Mindfulness y Salud. (s.f), Mindfulness puede definirse como

“prestar atención de manera consciente a la experiencia del momento presente con

interés, curiosidad y aceptación”.

Casado & Araúzo (2004), manifiestan un modelo de intervención en drogas

desde prevención primaria (fomento de estilos de vida), resaltan que es una actividad

que se debe hacer desde la infancia y con la intervención de padres y maestros. La

forma de prevención se genera a partir de diferentes estructuras: la familia, la escuela, la

entidad de tiempo libre y participación ciudadana. El objetivo es fortalecer la

autonomía, el autocontrol, la autoestima, un sistema de valores y responsabilidad.

Por otro lado, la prevención secundaria es la detección de situaciones y

conductas de riesgo. Los niños y adolescentes con fuertes presiones sociales, patrones

familiares anómalos, déficit en la socialización se encuentran en riesgo; así como

algunas conductas como cambios bruscos de actitud y de humor, ausencia a clase o

trabajo, empeoramiento de la relación familiar o con amigos, incumplimiento de

actividades durante horarios establecidos, petición de dinero a padres y amigos, robos

en casa, entre otros, son elementos claves de conductas de riesgo.


Por último, la prevención terciaria es el proceso de rehabilitación y reinserción

social, inicialmente se realiza la desintoxicación y posteriormente una deshabituación.

Una vez superado este proceso el objetivo se centra en tratar de superar la

sintomatología asociada al síndrome de abstinencia donde las técnicas psicológicas y de

apoyo social son elementos fundamentales para una reinserción.


REFERENCIAS

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