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Coleccion: Gaceta Civil - Tomo 6 - Numero 16 - Mes-Ano: 12_2013

El adoptado no puede conservar el apellido de uno de sus


progenitores biológicos

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CONSULTA:

Dos esposos desean adoptar a un joven mayor de edad que había vivido solo con su
madre, ya que el padre lo abandonó a temprana edad. Así, llegaron a un acuerdo de
que el adoptado siguiese usando el nombre de la madre biológica, cambiando
únicamente el apellido paterno. No obstante, los esposos tienen dudas respecto de la
validez de dicho acuerdo, por lo que acuden a su abogado, quien nos retransmite la
consulta.

RESPUESTA: No es válido el pacto por el cual el adoptado conserva el apellido de su


madre biológica, pues no puede disponerse sobre los apellidos en caso de adopción
en contra de lo previsto en la ley.

FUNDAMENTACIÓN:

El nombre y los apellidos constituyen un derecho y deber de la persona. En líneas


generales, su fijación presenta dos reglas: la primera es que al hijo le corresponde el
primer apellido del padre y el primer apellido de la madre; y, segundo, cuando la
persona solo es inscrita por uno de los progenitores podrá indicarse como apellido el
de aquel que no interviene en el acto, sin que ello conlleve un vínculo de filiación.

Situación especial es la prevista a propósito de los casos de adopción, ya que en estos


se prevé que el adoptado lleve los apellidos del adoptante o de los adoptantes. Sobre
este punto ha sido materia de precisión el caso en que uno de los cónyuges o uno de
los concubinos adopte al hijo del otro. En ambos casos se entiende ahora que los
apellidos del adoptado serán el del cónyuge o concubino adoptante y del otro cónyuge
o concubino, pues en estos casos se mantiene el vínculo con estos últimos.

Ahora bien, la adopción por dos cónyuges está permitida por el artículo 382 del Código
Civil. En este caso, conforme a lo establecido en el primer párrafo del artículo 22,
corresponderá que el adoptado tenga los apellidos de los adoptantes.
En consecuencia, no es posible que el adoptado mantenga el apellido de su madre
biológica, cambiándose únicamente el apellido paterno, pues la regulación al respecto
no permite un pacto distinto. Nótese que el adoptado pasa a adquirir la calidad de hijo
del adoptante o de los adoptantes, dejando de pertenecer a la familia consanguínea,
conforme lo establece el artículo 377 del Código Civil.

Esto se corresponde a la pérdida de la pertenencia a la familia biológica, la cual debe


verse reflejada en los apellidos del adoptado, de modo que constituyan elementos de
identificación familiar con el adoptante o los adoptantes.

Por el contrario, el tratar de mantener el apellido materno colisiona con el claro texto de
los artículos citados, que son disposiciones pertenecientes al Derecho de Familia y a la
identificación de las personas.

Es cierto que el adoptado perdería con la adopción el vínculo familiar que lo unía con
la madre biológica; sin embargo, ello no implica necesariamente una pérdida total de
contacto con ella. En todo caso, recuérdese que dentro del derecho a la identidad se
reconoce el derecho de conocer los orígenes biológicos. En el presente caso, se tiene
que el adoptado es una persona capaz, con una identidad plenamente desarrollada y
que conoce sus vínculos biológicos, y que aun así decide conscientemente entrar a
formar parte de una nueva familia a través de la adopción. En ese caso, debe atenerse
a lo que dispone la ley para dicha figura.

En conclusión, el acuerdo relativo a los apellidos del adoptado y el mantenimiento del


vínculo con la progenitora, no tiene efecto por ser contrario a lo dispuesto por la norma.

Base legal:

• Código Civil: arts. 22, 377 y 382.

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