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Resolviendo nuestros Problemas

Todos luchamos en nuestras vidas con diferentes problemas y cargas – ya sea en el trabajo, en
nuestras familias, o matrimonios. Y ¡cuántos ya no pueden con sus propias vidas! Por eso la Biblia
nos invita a depositar todas nuestras cargas a los pies de Jesucristo: „Echa sobre Jehová tu carga, y
él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo” (Salmos. 55:22).

David (El segundo Rey de Israel) era una persona como tú y como yo, con rasgos de carácter
positivos y negativos. Sentía simpatías y antipatías, tenía fortalezas y debilidades. Pero, a pesar de
sus errores, David era una persona que buscaba a Dios de todo corazón. Era profundamente
conciente de su pecaminosidad. Y, justamente por eso, vivía del perdón de Dios. Además, David era
un hombre que amaba la Palabra de Dios y se orientaba por ella. Y se caracterizaba sobre todo por
una cosa: su profundo anhelo de la salvación de Dios, su anhelo por el Salvador:„He deseado tu
salvación, oh Jehová”(Sal. 119:174).

Dos pensamientos equivocados

En primer lugar, quisiera corregir dos pensamientos equivocados. Prejuicios que muchas veces nos
obstruyen el camino y hacen imposible que manejemos bien nuestros problemas:

1. Es una equivocación pensar que un cristiano entregado a Dios nunca se enferme, no tenga
problemas y sea guardado de desgracias y calamidades.

¿No hemos oído decir muchas veces: Cree solamente. Entrégate completamente a Dios, vive
resueltamente conforme a Su Palabra – y todo te saldrá bien; ¿estarás sano, no tendrás problemas,
tus dificultades financieras se esfumarán, y también en tu familia habrá solamente felicidad”? Este
concepto no se puede sostener bíblicamente, pues se basa en una equivocación. Lo vamos a ver
ahora a la luz de la Biblia, y específicamente en la vida de David. Dios mismo dio el siguiente
testimonio acerca de él y de su vida de fe:He hallado a David… varón conforme a mi corazón…”(Hch.
13:22). Pero a pesar de esta afirmación de Dios, la vida de David fue todo lo contrario de una vida
libre de problemas y de preocupaciones. Se acumularon en ella las tribulaciones y las tentaciones.
Por ejemplo, David tuvo que experimentar ya de chico que su posición en la familia no era nada más
que la de pastorear las ovejas de su padre. Su hermano mayor lo trataba con desdén. Su bienhechor
lo dejó caer y lo quiso matar. Su esposa se burló públicamente de él. Su amigo lo traicionó y su propio
hijo lo echó de la casa, le robó el trono real y quiso liquidarlo con un golpe de Estado. De todo esto
podemos concluir que es muy posible que alguien sea un „varón (o una mujer) conforme al corazón
de Dios”, y al mismo tiempo tenga una vida llena de tribulaciones.

El apóstol Pablo también nos advierte contra estas falsas conclusiones:„Pero tú has seguido mi
doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia, persecuciones, padecimientos, como
los que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra; persecuciones que he sufrido, y de todas
me ha librado el Señor. Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús
padecerán persecución”(2 Ti. 3:10-12). Para Pablo era claro que en la vida del cristiano pueden surgir
dificultades. Ésta ha sido también la experiencia de la Iglesia de Jesús durante sus 2.000 años de
historia. Así lo podemos ver, por ejemplo, en un escrito de la Alianza Evangélica del 11 de noviembre
del 2005. Allí dice: „Nadie puede calcular exactamente el número de mártires – la estimación está
entre 90.000 y 175.000. Y tampoco se puede estimar cuántos cristianos en el mundo son torturados,
maltratados o expulsados.” Por eso, ¡cuidémonos de no caer en el pensamiento equivocado de que
los cristianos no se enferman, que no tienen problemas, que están libres de depresiones y que
siempre están alegres!

2. Es una equivocación creer que el pecado no tenga ninguna consecuencia. Muchas veces
justamente las personas criadas en un ambiente cristiano piensan: „No importa mucho cómo vivo, lo
que hago, o si juego con el pecado. Todo esto no es tan trágico. Pues siempre puedo ir a Jesús. Él
está dispuesto a perdonar.” Es totalmente correcto y bíblico que Dios es misericordioso para perdonar
una y otra vez nuestros pecados:„Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar
nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”(1 Juan. 1:9). Pero cuidado: Está también la otra cara de
la moneda:„No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso
también segará”(Gál. 6:7). Este versículo se dirige exlícitamente a las personas que dicen ser
cristianos y a pesar de esto juegan con el pecado. Pablo nos advierte de parte de Dios, diciéndonos,
en otras palabras, lo siguiente: „Desecha la visión equivocada de tu comportamiento falso y
pecaminoso, pues tu pecado no quedará sin consecuencias.” Si me infecto con el virus del SIDA y me
arrepiento de la vida que he llevado, Dios me perdonará con mucho gusto. Sin embargo, sufriré las
consecuencias. También cuando descuido todo consejo y, a pesar de saber muy bien que no es lo
correcto, me caso con una persona no creyente, Dios me perdonará – si admito mi culpa. Sin
embargo, las consecuencias de mi desobediencia no las podré evitar.

La vida de David nos muestra con toda claridad que el comportamiento pecaminoso siempre tiene sus
consecuencias: David había cometido adulterio con Betsabé. Además había hecho matar a su
esposo. Concientemente, actuó en contra de la Palabra de Dios. Pensaba que podía jugar con el
pecado. Aunque luego David se arrepintió de lo que había hecho (Salmo 32:38 y Salmo 51) y recibió
el perdón de Dios (2 Samuel 12:13). Sin embargo, el hecho del asesinato ya no se podía anular. Y su
adulterio salió a luz, Betsabé quedó embarazada. Dios dijo a David:„¿Por qué, pues, tuviste en poco
la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y
tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón. Por lo cual ahora
no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de
Urías heteo para que fuese tu mujer. Así ha dicho Jehová: He aquí yo haré levantar el mal sobre ti de
tu misma casa”(2 Sa. 12:9-11). ¡Las consecuencias fueron gravísimas! De repente empezó a
sucederse en la casa de David un acontecimiento trágico tras otro: Primero, uno de sus hijos violó a
su propia medio hermana. Este acto repugnante llevó al fratricidio. Luego, Absalón se levantó contra
su propio padre, tramando un golpe de Estado y tomando posesión de su palacio y de sus
concubinas, y finalmente fue muerto.
El pecado se puede comparar a una piedra que se tira al agua. Aún mucho después que la piedra (el
pecado) ha desaparecido en el agua, los círculos que se produjeron a su alrededor siguen
extendiéndose. Esto es lo trágico: que no solamente afecta al que hace el pecado, como por ejemplo
a David en este caso, sino también a todos los que están alrededor. Por eso, no creas que el pecado
quedará sin consecuencias. Aunque sea perdonado cuando nos arrepentimos sinceramente, no
podemos negar que ha existido en nuestra vida y tendremos que cargar con las consecuencias que
acarrea consigo.

Problemas con o sin culpa propia

Hay en la vida dos tipos de problemas: los que no son causados por culpa nuestra y los que sí lo son.
Son problemas de diferentes orígenes, pero las dos cosas existen en nuestra vida. Debemos y
podemos aprender a superar estos problemas:

Los problemas de los cuales no somos culpables

David tuvo que enfrentar en su vida problemas, pruebas y aflicciones como todas las personas.
Lamentablemente esto es parte del transcurso de la vida, la amarga consecuencia de la caída del
hombre. Por eso, Moisés dijo acerca de la vida humana:„Los días de nuestra edad son setenta años;
y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo…”(Sal. 90:10).
Esto significa que molestia y trabajo es la consecuencia inevitable del pecado del hombre.

Los problemas que sí son causados por culpa nuestra

Estos problemas son el resultado de la desobediencia conciente a la Palabra de Dios. Bien es verdad
que la culpa es cancelada cuando hemos pedido perdón, pero las posibles consecuencias las
tenemos que llevar.

David en su vida tuvo que lidiar con ambos tipos de problemas. Es notable ver cómo lo hizo.

Un día David se escondió en una cueva húmeda y oscura. Saúl quería matarlo. Todos los caminos de
escape estaban cortados. En aquel momento David tomó la pluma y escribió el Salmo 57:„Pronto está
mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto; cantaré, y trovaré salmos. Despierta, alma mía;
despierta, salterio y arpa; me levantaré de mañana. Te alabaré entre los pueblos, oh Señor; cantaré
de ti entre las naciones. Porque grande es hasta los cielos tu misericordia, y hasta las nubes tu
verdad. Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; sobre toda la tierra sea tu gloria”(vv. 8-12).

Cuando David supo que muchos de sus amigos sacerdotes habían sido asesinados, escribió, entre
otras cosas, en el Salmo 52:

„En la misericordia de Dios confío eternamente…”(v. 8).

El trato de David con las dificultades


David resolvía sus problemas, ya fueran por culpa propia o no, encomendándose a Dios. También el
Salmo 55 muestra la misma solución a los problemas. Encontramos su trasfondo histórico en los
capítulos 15 hasta el 18 del segundo libro de Samuel: Absalón, el hijo de David, tomó el poder por un
golpe de Estado. David estaba huyendo. Su propio hijo no solamente quería la corona, sino que
incluso quería matar a su padre. Además, uno de los amigos de David había pasado al frente de los
rebeldes. En la huída, David fue puesto públicamente en ridículo, fue bombardeado con piedras y
colmado de maldiciones. ¿Cómo reaccionó David en esta situación?

En primer lugar calló.Aunque estos acontecimientos indignantes dejaron atónito a David, él sabía
que él mismo era culpable de esta situación, que era la consecuencia de su pecado. Por eso, cuando
los siervos de David quisieron hacer callar al lanzador de piedras, David les ordenó:„Dejádlo que
maldiga, pues Jehová se lo ha dicho”(2 Sam. 16:11). David era conciente de que Dios había permitido
esta aflicción. Por eso, no se resistió contra ella. Y nosotros, ¿también podemos aceptar las pruebas,
así como David lo hizo?

David hizo de sus angustias una oración.¿Cómo procedió? Oró fervorosamente:„Escucha, oh Dios,
mi oración, y no te escondas de mi súplica. Está atento, y respóndeme”(Sal. 55:1-2). David contaba
con que Dios lo oía y lo veía, conocía su situación y estaría a su lado ayudándole. ¿Cómo actúas tú
en tales situaciones de aflicción? ¿Enseguida levantas el tubo del teléfono para contárselo a otros, o
primero te desahogas delante de Dios? En el Salmo 62:9 David nos invita:„Esperad en él en todo
tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio.”

David es sincero frente a su situación.No se avergüenza de admitir que le va mal:„…me conmuevo,


a causa de la voz del enemigo, por la opresión del impío; porque sobre mí echaron iniquidad, y con
furor me persiguen. Mi corazón está dolorido dentro de mí, y terrores de muerte sobre mí han caído.
Temor y temblor vinieron sobre mí, y terror me ha cubierto”(Sal. 55:3-6). David estaba a punto de
sufrir un colapso nervioso, un sudor frío le corría por la espalda.

David hubiera deseado escaparse y olvidar todo.¡Qué lindo hubiera sido poder hacer eso: subir a
un avión, disfrutar del sol y del mar, y simplemente desconectarse! Por eso, David escribió:„¡Quién me
diese alas como de paloma! Volaría yo y descansaría. Ciertamente huiría lejos; moraría en el desierto.
Me apresuraría a escapar del viento borrascoso, de la tempestad”(Sal. 55:6-8). Pero en los problemas
verdaderos, la isla solitaria no nos trae la solución. Tampoco lo hacen las tabletas y el alcohol. ¿Qué
hacer entonces?

¡Toda la frustración, el enojo y el odio tienen que salir!David sabe que tiene que enfrentar la
situación. Las falsas escapatorias no sirven, pues solamente llevan a otro callejón sin salida. Por eso,
sigue escribiendo:„Destrúyelos, oh Señor; confunde la lengua de ellos; porque he visto violencia y
rencilla en la ciudad. Día y noche la rodean sobre sus muros, e iniquidad y trabajo hay en medio de
ella. Maldad hay en medio de ella, y el fraude y el engaño no se apartan de sus plazas. Porque no me
afrentó un enemigo, lo cual habría soportado; ni se alzó contra mí el que me aborrecía, porque me
hubiera ocultado de él; sino tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía, y mi familiar; que juntos
comunicábamos dulcemente los secretos, y andábamos en amistad en la casa de Dios. Que la muerte
les sorprenda; desciendan vivos al Seol, porque hay maldades en sus moradas, en medio de
ellos”(Sal. 55:9-15). David necesita algo como un caño de escape. Por eso se arrodilla y suelta todo el
vapor, dirigiéndose a Dios con todo su enojo. ¿Conoces este estado, cuando sientes en ti la
efervescencia, el ardor y la presión? ¿Cómo lo manejas?

David se desahogó clamando a Dios:„En cuanto a mí, a Dios clamaré; y Jehová me salvará. Tarde y
mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz”(vv.16-17). ¿Por qué empieza por orar en la
tarde? Porque no se duerme bien cuando hay presión, y un corazón excitado no encuentra descanso.
Cuando los ojos no encuentran el sueño por los problemas, uno necesita un caño de escape. Y existe
solamente uno que realmente sirve, y además, no tiene ninguna contraindicación para la salud: la
oración. Por eso, ¡haz una oración de tus aflicciones y pruebas!

A pesar de las circunstancias difíciles, David no se dejó desconcertar.Él había envejecido. Huir
era cansador, y esto llegó en un momento inoportuno, ya que él se había acostumbrado a la cómoda
vida del palacio. En el camino fue bombardeado con piedras y colmado de maldiciones. Sentía la
muerte en su nuca. Sabía que lo esperaban el calor del desierto, las noches frías, y el hambre. Incluso
su amigo lo había traicionado. Todo estaba en su contra.

Sin embargo, David había experimentado ya tantas veces la ayuda del Señor en su vida que, a pesar
de todos los contratiempos, pudo escribir:„Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará
para siempre caído al justo. Mas tú, oh Dios, harás descender aquéllos al pozo de perdición. Los
hombres sanguinarios y engañadores no llegarán a la mitad de sus días; pero yo en ti confiaré”(Sal.
55:22-23). Con esto David quiso decir: „Señor, yo puedo estar tranquilo; puedo confiar en ti, Señor,
porque sé que tú tienes la solución a mis problemas. Independientemente de mi situación, yo sé que
Tú Señor, cumplirás tu propósito en mí.” Y de la misma manera, también tú puedes orar: „¡En ti
confiaré, Señor!”

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