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HOMILÍA DE S.E.R. MONS.

CARLOS ENRIQUE HERRERA


EN LAS BODAS DE PLATA RELIGIOSAS DE LA HNA AUDITA RIZO
TEPEYAC, SAN RAFAEL DEL NORTE: 2 DE JUNIO DE 2018

Ct 8, 6-7
Fil 2, 1-4
Lc 1, 26-38

Reciba un saludo de paz y bien en Nuestro Señor Jesucristo, estimados


sacerdotes, religiosas, familiares de la hermana Audita Rizo. Hoy, nos
alegramos con ella, porque celebra veinticinco años de vida religiosa en la
comunidad de Hermanas Franciscanas Peregrinas del Sagrado Corazón de
María, que fueron fundadas por el siervo de Dios Odorico D´Andrea.

La liturgia de la palabra que acabamos de escuchar, nos introduce en el misterio


de la vocación religiosa. La primera lectura tomada de libro del Cantar de los
Cantares es una oda al amor que nos explica lo que en capítulos anteriores el
autor sagrado refleja con el profundo gozo que experimentan el Amado y la
Amada en su recíproco amor. El Amado, así es Dios, busca al hombre, quiere
atraerle hacia sí. Y la Amada, así es el hombre, así debería ser, le recibe, le
acoge emocionada. Es lo que celebramos hoy en esta renovación de votos. Todo
un Dios, que guiado por su loco amor hacia el ser humano, es capaz de hacerse
hombre; y llamar a hombres y mujeres a seguirlo, en esa relación profunda de
amor fuerte como saetas de fuego.

Es la experiencia que estos 25 años y desde que inició su discernimiento


vocacional, la hermana Audita ha venido teniendo de su Amado Jesucristo. La
vida religiosa es el seguimiento evangélico de Cristo, desde una profunda
experiencia de amor a Dios y al prójimo. Es seguir a Cristo de una manera
radical según el Evangelio, en pobreza, castidad y obediencia, en comunidad de
vida fraterna y apostólica. Como dice el papa Francisco: «El camino en la vida
consagrada es el seguimiento de Jesús». Y de forma especial, en la
espiritualidad del siervo Odorico que imprimió en esta fundación religiosa: la
catequesis y formación cristiana, sobre todo de los más pobres y desvalidos.

En la segunda lectura San Pablo hace una ferviente llamada a la unidad. Al


parecer, la convivencia de la comunidad de Filipos estaba arruinada por las
envidias y rivalidades, por el afán de ostentación y la pugna de intereses

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privados. PSan ablo recuerda a los filipenses todos los vínculos humanos y
cristianos que le unen a esa comunidad y les pide con insistencia que le hagan
un favor: «manténganse unánimes y concordes, en un mismo amor».

Sería una gran alegría para él si viera que aprenden a vivir unidos de verdad.
Les pide lo mismo que Jesús, que permanezcan unidos en el amor y que tengan
un mismo sentir. No se conforma con una corrección externa y con obras de
caridad; quiere un acuerdo profundo en las actitudes y en los sentimientos. San
Pablo quiere que lleven una vida tal en la que se manifiesten los mismos
sentimientos de Cristo, quiere que vivan en Cristo y se dejen empapar de sus
sentimientos, de su misericordia, de su humildad o espíritu de servicio sobre
todo, de su obediencia al Padre hasta la muerte.

Estos mismos sentimientos de Cristo deben hacerse presente en una religiosa y


por lo tanto en una comunidad religiosa. El papa Francisco en varias ocasiones
ha expresado que «no es fácil hacer comunidad por los defectos y las
limitaciones amenazan la vida comunitaria, amenazan la paz». Es
definitivamente un reto, para todas ustedes, hermanas de Audita, cumplir con
este encargo: imitar a Cristo; porque ese debe ser su principal anhelo.

En el evangelio se nos habla de la Santísima Virgen María, la que vivió con una
intensidad sin igual, la historia de amor del Cantar de los Cantares, que hemos
escuchado en la primera lectura. Fue elegida por Dios para ser la madre de su
Hijo, al que amó como solo una madre sabe hacerlo. Ese fue su gran privilegio,
vivir una historia de amor con el propio Hijo de Dios. Impulsada por el Hijo
que llevaba en sus entrañas y predicando y viviendo la íntima relación del amor
a Dios y a las personas humanas, fue a visitar y ayudar a su prima Isabel.
“¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?”.

El relato de la visitación nos revela importantes características de la figura de la


Santísima Virgen María. San Lucas diseña de nuevo a María con perfil de gran
consagrada. El Dios santo, fuente de toda santidad, consagró a la Virgen María
con los dones de su predilección y la bendijo con la más intensa de las
bendiciones destinadas a una criatura. La virgen María, por su parte, vivió
enteramente consagrada a su servicio: era la dócil sierva del Señor y la fiel pobre
de Yahvé, que alababa, daba gracias y amaba a Dios con toda su alma.

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La Virgen María es, pues, también en ese sentido, modelo de vida consagrada.
Nuestra Madre es ejemplo, guía y fuente de inspiración para todos los religiosos
y para todas las religiosas: sobre todo en el servicio. Así como Ella, auxilió a su
prima Isabel, así cada religiosa que lleva a Jesús en su corazón, debe salir al
encuentro de aquel que lo necesita. Estimada Audita, ten siempre como ejemplo
a la Madre del Señor, porque quien imita a María, imita a Jesucristo.

Querida Audita, hoy cumples 25 años de vida religiosa, y todos los aquí presente
nos alegramos y te felicitamos por tu entrega perseverante al Señor y a su
Iglesia; y nos comprometemos a orar por ti para que continúes creciendo en la
caridad perfecta hacia tu comunidad y al pueblo de Dios. Que este amor, cada
día, vaya siendo más profundo y de mayor testimonio para atraer a las jóvenes
de hoy. Y como dice el papa Francisco: que se diga de ti en el futuro, hemos
encontrado a una religiosa mayor que tienen el brillo en los ojos porque fuiste
feliz, por haber vivido "una vida en plenitud".

Pidamos al Señor, que por intercesión de la Virgen María, llegues a alcanzar la


santidad y que por tu testimonio, muchas mujeres más puedan entregarse al
servicio completo de Dios. Así sea.