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COMENTARIO DE TEXTOS

HISTÓRICOS
REYES CATÓLICOS

Texto 1: Pacto llamado de los Toros de Guisando. 18 de septiembre de 1468

Las cosas concordadas e asentadas entre el muy alto e muy poderoso


rey nuestro señor e la muy exçelente señora infante doña Ysabel su
hermana son las siguientes:
Primeramente que por quanto por el bien e pas e sosiego destos
reynos, e por atajar las guerras e males e divisiones que en ellos al
presente hay, e se espera adelante, e queriendo proveer como estos
reynos non ayan de quedar nin queden sin legitimos subçesores
del linage del dicho señor rey e dela dicha señora infante e porque
segunda la hedad en que ella esta puede luego mediante la graçia de
Dios casar e aver generaçion , e por el gran debdo e amor quel dicho
señor rey con ella tiene, a su altesa plase dar su consentimiento e
abtoridad para que sea intitulada e jurada e nonbrada e llamada e
avida e tenida por prinçesa e su primera heredera e subçesora en
dichos reynos e señorios despues de los dias del dicho señor rey .....
Por lo que al al dicho señor rey plaze darle e asignarle, e por la presente
escriptura le da e asigna por patrimonio con que pueda sostener e
sostenga su persona e casa e real estado durante la vida del dicho
señor rey el prinçipadgo de Asturias de Oviedo e lasçibdades de
Avila e Huete e Ubeda e Alcaras e las villas de Molina e Medina del
Campo e Escalona con sus fortalezas e alcaçares e jurediçion e señorío
alto e baxo çevil e criminal e con las rentas e otros pechos e derechos
de las dichas çibdades e villas e de cada una dellas....la tenenía e
posesión de todas las dichas çibdades e villas e de cada una dellas con
todo lo suso dicho a su costa el dicho señor rey....
Item es acordado e asentado que la dicha señora ynfante, mediante la
gracía de Dios aye de asr e case con quien el dicho señor rey
acordare e determinare, de voluntad de la dicha señora ynfante,
e de acuerdo e consejo de los dichos arçobispo e maestre e conde e
non con otra persona alguna, e dentro del tienpo que fuere acordado
e determinado con la dicha señora ynfante por los dichos arçobispo e
maestre e conde...
Iten po rquanto al dicho señor rey e comunmente en todos estos
regnos e señorios es publico e manifiesto que la reyna doña Juana
de un año a esta parte non ha usado linpiamente de su persona
como cumple a la honra del dicho señor rey nin suya, e asy mismo el
dicho señor rey es informado que non fue nin esta legitimamente
casado con ella por las quales rasones e causas a serviçio de Dios e
descargo de la conçiencia del dicho señor rey e al bien comun de los
dichos reynos cunple que sea fecho divorçio e apartamiento del dicho
casamiento, e que la dicha reyna se aya de yr e vaya fuera destos
dichos regnos, e al dicho señor rey plase que todo ello se faga, cunpla
e esecute asy;
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Iten es acordado e asentado que por seguridad quel dicho señor rey
jurara e fara jurar a la dicha señor infante por prinçesa e su
primera heredera destos regnos e señorios, e le dara e fara dar e
entreegar e patrimonio de sus declarado, e trabajara e procurarra con
todas sus fuerças que sea fecho el dicho divorçio e apartamiento del
casamiento de entrel e la dicha reyna doña Juana e que ella se vaya e
salga fuera destos regnos e señorios como dicho es, de oy de la fecha
destos capitulos fasta ocho dias primeros seguientes aya de entregar
e entregue el alcaçar e fortalesa de la villa de Madrid con todo el tesoro
que en ella esta en poder de los dichos arçobispo de Sevilla e conde
de Plazencía para que ge lo ayan de tener e tengan por prendas...
Iten por quanto por algunas cabsas e rasones conplideras a serviçio
del dicho señor rey e de la dicha señora ynfante se fiso e firmo e sello
por ellos otras escriptura en que se contienen algunas cosas de las aqui
contenidas en diversa forma de como aqui se contiene, es asentado e
concordado que la otra escriptura non se aya de guardar nin usar della
salvo solamente esta, la qual aya de quedar e quede firme e valedera
para siempre jamas....

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I. CLASIFICACIÓN DEL TEXTO.

1. Naturaleza del texto: este texto es el perteneciente al llamado Pacto de los


Toros de Guisando de 1468 y como tal se considera un texto jurídico. Aunque
según Luis Suárez en su libro “Isabel la Católica” dicho texto no debería llamarse
Pacto de los Toros de Guisando pues se realizaron una serie de actos, pero no se
firmaron papeles acordándose en Cadalso / Cebreros una serie de puntos que
expresa el documento y fruto de una entrevista acordada entre el Rey y la
Princesa. Así, fue fruto de una reunión que tuvo lugar el 18 o 19 de septiembre
de 1468 en el cerro de Guisando (junto a los Toros de Guisando, un conjunto de
toros o verracos de piedra de origen prerromano, en la actual localidad abulense
de El Tiemblo), y al acuerdo que en ella se alcanzó entre el rey de Castilla Enrique
IV y su hermanastra Isabel. Por tal jura, esta era proclamada princesa de Asturias
y reconocida como heredera de la Corona de Castilla.

2. Contexto. Circunstancias de tiempo y lugar: se enmarca en la lucha de la


nobleza castellana a mediados del siglo XV por dominar el poder real cuando
ésta instaló al rey Alfonso (manejado por la nobleza), hermanastro del rey
depuesto Enrique IV en 1465. Los primeros enfrentamientos que conducirían a la
Guerra de Sucesión Castellana habían comenzado en 1464, cuando un grupo de
nobles se había revelado con la intención de hacer abdicar al rey y deponer a su
valido, Beltrán de la Cueva. Los nobles rebeldes llegaron a realizar una ceremonia
(la Farsa de Ávila de 1465) en la que depusieron simbólicamente a Enrique IV y
entronizaron en su lugar a su hermanastro Alfonso. La oposición de la nobleza a
Enrique IV es debida, entre otras cosas, al apoyo que el rey tenía sobre
colaboradores conversos legistas o hidalgos, como don Beltrán de la Cueva o
Lucas de Iranzo. Por tanto, más que una cuestión dinástica que se pudiera debatir
en el documento, el pleito sucesorio era ante todo un aspecto de la lucha por el
poder entablada desde los tiempos de Juan II entre nobleza y monarquía. La
aristocracia castellana creada a fines del siglo XIV por las mercedes enriqueñas
quería seguir controlando los resortes del Estado para conservar y acrecentar sus
feudos y sus ingresos, y se había opuesto rotundamente a toda tentativa para
restaurar la autoridad del monarca en el reino, como ocurrió en la época de don
Álvaro de Luna.

Sin embargo Alfonso murió a los 3 años y los nobles rebeldes tuvieron cambiar
sus planes y volver a admitir a Enrique IV como rey pero buscando a todas tintas
seguir dominando la situación política centrándose en la hermanastra del rey,
Isabel, pensando que – aparte de sus ambiciones de sentarse en el futuro en el
trono – podría ser moldeable y afín a los deseos de la nobleza, por lo que forzaron
a Enrique IV a establecer por el presente Pacto a desheredar a su hija Juana y
reconocer a Isabel como princesa heredera. La excusa de no admitir a la hija de
Enrique IV como sucesora era porque la consideraban ilegítima, aunque dicho
aspecto era más fruto de un rumor malicioso que difundía que doña Juana,

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vulgarmente apodada la Beltraneja, era fruto de los amores de la reina y de don
Beltrán de la Cueva, pero el rey siempre la consideró como su hija legítima y en
la historiografía más reciente ya no se habla casi de una supuesta bastardía.

Sin embargo, la infanta prefirió pactar con su hermanastro, utilizando como


mediador a Antonio de Véneris. Tras unas vistas realizadas en Castronuevo, se
llegó a un acuerdo preliminar, por el que finalizaría la guerra. Ese fue el acuerdo
que se formalizó ante los Toros de Guisando. Mediante tal tratado o concordia,
todo el reino volvía a la obediencia del rey y a cambio Isabel pasaba a ser princesa
de Asturias y recibía un amplio patrimonio. El matrimonio de la princesa debía
realizarse sólo con el consentimiento previo del rey. Juana, la hija de Enrique IV,
quedaba desplazada de la posible sucesión, al declararse nulo el matrimonio del
rey y la reina.

Sin embargo, la boda de Isabel con Fernando, el heredero del trono aragonés,
celebrada en 1469 en Valladolid y que no contaba con la aprobación del rey,
motivó el repudio de la Concordia por Enrique IV. El rey reconoció nuevamente
los derechos de su hija Juana en la Ceremonia de la Val de Lozoya (25 de
noviembre de 1470).

II. ANÁLISIS.

El texto se inicia con el anunciamiento del acuerdo entre el rey y su hermanastra,


la infanta Isabel por el cual, para evitar la guerra entre facciones partidarias de
ambos y divisiones y para evitar también la falta de sucesión en el trono y dada
la idoneidad por edad y posibilidad de descendencia de Isabel como sucesora, el
rey da el consentimiento y autoridad para que sea nombrada sucesora de los
reinos tras su muerte. con ello, Isabel se trasladaría a la Corte donde
permanecería, bajo custodia del propio monarca, de Fonseca, de Pacheco y del
conde de Plasencia, hasta su matrimonio.

Continúa con la asignación a Isabel por parte del rey del Principado de Asturias
y las rentas de Ávila, Huete, Úbeda, Alcaraz, Molina, Medina del Campo y
Escalona y también una serie de rentas y derechos de jurisdicción.

Por su parte, Isabel se comprometía a casar “con quien el dicho señor rey acordare y
determinare” – una cláusula que sin duda Carrillo interpretaba como dirigida
contra Fernando – y que requería también del acuerdo y consejo de los
arzobispos, maestre y conde mencionados, reservándose también el rey el
derecho a proponer marido, aunque la princesa se reservaba el derecho a
rechazarlo.

En el siguiente párrafo se le hace reconocer al rey la nulidad de su matrimonio


con la reina Juana “no ha usado limpiamente de su persona” por lo que se declara

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que “nin esta legítimamente casado con ella” por lo que se haría “divorçio e apartamiento
del dicho casamiento” enviándose nuevamente a Juana a Portugal.

Por el último, el acuerdo se confirma y el rey se compromete aportando como


garantía el alcázar de Madrid con el tesoro allí depositado a la custodia del
arzobispo Fonseca y el conde de Plasencia quienes a su vez garantizaban el
cumplimiento de la palabra del rey amenazando apartarse de su servicio si el rey
incumplía el acuerdo.

El documento insertaba a continuación las fórmulas acostumbradas de garantía.

III. CONCLUSIONES.

El documento es representativo de la situación de lucha interna en Castilla que


desde la dinastía de los Trastámara se protagonizaba con diversas facciones o
bandos que se situaban partidarios de una línea sucesoria u otra en función de
los intereses de cada uno. En realidad, Isabel no tenía en principio unos derechos
al trono muy claros, pero precisamente esas facciones nobiliarias que
coaccionaban a Enrique IV y que le obligaron a desheredar a su hija la princesa
doña Juana, hicieron situar a la hermanastra en el punto de mira como sucesora
ideal.

También podemos vislumbrar la estrategia política de Isabel en la que en lugar


de enfrentarse su hermanastro el rey, siguió respetándole como titular de la
Corona; tampoco participó personalmente en la campaña de calumnia contra la
Beltraneja, tachada de bastarda (aunque tampoco impidió que sus partidarios lo
hicieran…). Todo ello demuestra esa estrategia política de prudencia y un
profundo sentido político.

Es, pues, un capítulo más en esa incipiente guerra civil en Castilla puesto que
dicho capítulo representado en el documento, no se llegó a cerrar al romperse en
poco tiempo los acuerdos dictados en él, sobre todo por parte de Enrique II quien
volvió a nombrar heredera a su hija Juana tal como he comentado. El motivo que
aludió fue el enlace matrimonial de Isabel con Fernando aún cuando en el Pacto
de los Toros de Guisando se especificaba que la infanta Isabel se reservaba el
derecho a aceptar pretendiente que el rey propusiera. No le sirvió de mucho a
Enrique II volver a nombrar sucesora a su hija Juana pues a su muerte Isabel, en
una hábil estrategia política, se autoproclamó reina junto a su marido Fernando
en la llamada Concordia de Segovia impidiendo al resto de facciones a
reaccionar, pero iniciando una breve guerra civil entre los bandos.

© Jorge Gil Zulueta