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Asignatura: Ejercicios Exegéticos y Hermenéuticas Actuales

Facilitador: Pas. Washington Loor

Alumno: Patricio Hernández Trujillo ALEF-DIGAMMA

(Seminario El camino).
I. PRINCIPIOS BIBLICOS FUNDAMENTALES

1.- La Biblia es un texto escrito en lenguaje humano.


Dios al darse a conocer al hombre a través de Su Palabra escrita, lo hizo en términos
del entendimiento humano. Dios dio a Sus palabras un significado similar al de las
palabras del hombre, por tanto tenemos Su revelación y la posibilidad de conocer a
Dios. Al escudriñar las Escrituras hallamos que muchas veces Dios escogió términos
humanos y los expreso de forma escrita en lenguaje humano, y para ello “clarificó” o
dio un sentido diferente a esos términos, pero al hacerlo, nos ha dejado los indicios
necesarios para comprender en nuestro lenguaje la forma en que Él utilizó esos
términos. Si Dios no fue claro en el uso de los términos y cada uno puede
interpretarlos como quiere, entonces no tenemos una revelación de Dios, sino una
“aglomeración” de palabras ininteligibles, y todo trabajo de interpretación sería una
pérdida de tiempo.

Dios es el creador del ser humano y, por lo tanto, es quien creó en nosotros la
capacidad para pensar, razonar, investigar, sacar conclusiones y perennizarlas por
escrito en nuestro propio lenguaje. Dios conoce nuestras capacidades y limitaciones,
por lo tanto, si realmente tuvo el deseo de darse a conocer, tuvo que comunicar Su
verdad de modo que sea posible ser comprendida. Sin embargo, la forma en que
transmitió Su verdad requiere esfuerzo, dedicación, requiere pensamiento y
consideración profunda. En Juan 5:39 Jesús dijo a los líderes religiosos de su época:
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida
eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.” Escudriñar significa “investigar,
buscar diligentemente, examinar con atención.” Para poder comprender el mensaje
que Dios transmitió en Su Palabra escrita es necesario leer, pensar, y usar la lógica y el
razonamiento.

Muchos líderes consideran que la palabra de Dios es “locura” y que sólo se entiende
“por fe,” y que la razón no tiene parte en la comprensión de realidades espirituales
transmitidas por medio de la escritura en nuestro propio lenguaje. Pero “fe” significa
confianza, convicción y acción basada en determinada información. Pero si no
comprendemos la información recibida ¿cómo podremos confiar, desarrollar
convicción y actuar en base a ésta? Si yo digo a alguien: “por favor alcánzame la Biblia
que está sobre la mesa” y esa persona no sabe qué es una Biblia y qué es una mesa, y
no comprende el significado del verbo “alcanzar” ¿cómo actuará conforme a esa
información? Del mismo modo, para poder desarrollar confianza y convicción en la
Palabra de Dios para actuar conforme a Su voluntad, debemos comprender el sentido
de Sus palabras, y para ello debemos utilizar el razonamiento y analizar cómo utilizó
Dios determinadas palabras a través de toda Su Escritura.

Pasajes como 1 Cor. 1:18 dice que la Palabra de Dios es “locura” para los que se
pierden pero “poder de Dios” para los que “se salvan.” Esto significa que, para aquellos
que no desean acercarse a Dios, la Palabra y la predicación con respecto a la salvación
traída por medio de Cristo es totalmente irracional, pero para quienes han creído que
Jesús es Señor y fue resucitado, logrando la redención del hombre, las Escrituras son
totalmente lógicas y encajan perfectamente. Entonces, si creemos que la salvación es
real y la Biblia es cierta, entonces debemos usar nuestros razonamientos para
investigar su sentido.

Para demostrar la necesidad de utilizar la lógica para comprender el lenguaje humano


en que fue escrita la Biblia compararemos unos pasajes bíblicos:

En Deuteronomio tenemos un mandamiento de Dios:

Deuteronomio 5:16

Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado, para que sean
prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da.

Pero luego Jesús dijo en Lucas:

Lucas 14:26

Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y


hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.

Pero más aún, en 1 Juan tenemos lo siguiente:

1 Juan 4:20-21

Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no


ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?

Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su
hermano.
¿Cómo haré para tener “fe” en estos pasajes sin utilizar mi razonamiento para
comprender lo que están transmitiendo? ¿Cómo haré para honrar a mi padre y
aborrecerlo al mismo tiempo? ¿Cómo haré para aborrecer a mi hermano (como dice
Lucas) y no aborrecerlo (como dice 1 Juan) al mismo tiempo? Sin el razonamiento y la
investigación jamás podré obedecer “toda” Escritura. Es así como los cristianos
terminan por elegir entre dos pasajes aparentemente contradictorios el que más le
conviene, para dejar de lado el resto. Pero esta no es una forma correcta de tratar la
Palabra de Verdad. Como sabemos estos pasajes se razonan a la luz de entender
expresiones y figuras idiomáticas propios del lenguaje humano como son: el griego y el
hebreo de la cultura oriental de los tiempos bíblicos.

2.- La Biblia es un libro histórico.


La Biblia es el libro que sustenta los mejores registros históricos por evidencias
externas, internas o bibliográficas. Es el único registro histórico del primer siglo. Suele
ser desechada por muchos que no simpatizan con la religión, pero como libro histórico
es reconocido por la supremacía ante cualquier obra literaria. La Biblia al ser un libro
histórico, es fiel en detalles. Los arqueólogos recurren a ella tras haber confirmado que
lo que se menciona allí es históricamente correcto. Hay muchos lugares y civilizaciones
mencionados en la Biblia que han sido corroborados de manera arqueológica.

¿La tierra de Ur de Abraham? Corroborada.

¿Sumerios? Corroborados.

¿Asirios? Corroborados.

¿Cananitas? Corroborados.

¿Hititas? Corroborados.

¿Las ciudades del delta del río Nilo? Corroborados.

Tenemos la piedra de Merneptah de los egipcios donde se menciona al pueblo de


Israel. Bueno, es obvio que Israel existe hasta el día de hoy.

En 1 de Reyes 14 y 2 Crónicas 12 se narra cómo el rey de Egipto Sicsac ataca a Israel y


se lleva los “tesoros de la casa de Jehová”. La existencia de Sicsac está corroborada, y
son los mismos Egipcios quienes dan un montón de detalles acerca de este hecho en
su Templo de Karnak, ya que fue una victoria que les enorgullecía. Victoria que sí
sucedió, históricamente.

La Biblia menciona la existencia del templo de David y una muy cercana mención fuera
de la Biblia de ese templo está en la piedra de Tel Dan — no está 100% corroborada.
La biblia es un registro histórico que nos permite retornar a hechos que a través del
símbolo, nos permiten comprender épocas a las cuales ya no podemos acceder (por
cuestiones temporalidad) y de las cuales hay signos que perduran en la actualidad.

Sobre lo comprobable o no de la existencia de las narraciones creo que el asunto se divide en


dos sentidos: el nivel analógico que tiene la Biblia y los recorridos que ahora son motivo de
investigación por grandes cadenas televisivas como Natgeo, Discovery History, entre otros,
que cuentan con expertos que nos muestran varias cosas de las contenidas en la Biblia de
manera explícita cuando salen a la luz los resultados de procesos de investigación que han
llevado años.

3.- La Biblia es un libro espiritual y sobrenatural.


La biblia nos habla de un mundo invisible, que es el reino eterno de Dios, un reino
inconmovible.

El mundo natural en el que vivimos podemos palparlo con nuestros sentidos físicos y
no así al mundo invisible, aun así estos dos mundos no están separados, sino
absolutamente entrelazados.

El mundo espiritual afecta a todos, ya sea que creamos o no en la Palabra de Dios,


todos estamos bajo su influencia, así provenga del reino de la luz o el reino de la
oscuridad. La biblia dice que Dios creo todo lo visible a través de lo invisible “de modo
que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.” (He. 11:3)

Hay mundos invisibles que están en el plano de lo físico, aunque nuestro cuerpo no
puede tener contacto con ellos de forma directa, como las ondas de radio y televisión,
las transmisiones inalámbricas o satelitales, los microbios y bacterias microscópicas,
son totalmente invisibles e impalpables a nuestros sentidos físicos, aunque se puede
acceder a ellos de forma indirecta con instrumentos diseñados para tal propósito. No
obstante el reino de Dios también está “ausente” e invisible a nuestros sentidos físicos
como los otros mundos invisibles, pero con la diferencia de que no se puede acceder a
lo sobrenatural con ningún instrumento creado por el hombre. Solo nuestro espíritu
tiene la esencia capaz de tocar el mundo sobrenatural del cual nos dan testimonio las
Sagradas Escrituras.

Nuestro espíritu al ser despertado con palabras espirituales de fe o de revelación


puede tener una experiencia con Dios. Pero la fe no es una emoción que nosotros
provocamos y sentimos o que simplemente repetimos con nuestra boca, sino que es
una realidad que tenemos interiormente. La fe es una realidad que se produce y
conforme la tenemos, la hablamos. El apóstol Pablo lo dijo así:
“Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual
hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos”.2 Corintios 4:13

Primero se me revela interiormente, luego se hace una realidad un nuestro hombre


espiritual y esto nos capacita para vencer los obstáculos en el plano físico. Primero
creo en mi corazón, luego hablo palabras de fe. Cuando estamos abiertos a recibir la
palabra de Dios, esta es implantada en nuestros corazones para llegar a ser nuestra
realidad primero en nuestro espíritu y luego en el plano físico. A veces la manifestación
en lo físico es inmediata, pero a veces lleva tiempo. Recibimos la luz de manera
progresiva. El Espíritu Santo está continuamente intentando captar nuestra atención
para recibir su revelación, para hablarnos. El trabajo de la iglesia es impartir la vida de
Dios para que el pueblo de Dios reciba y sea vencedor. Esto es un trabajo cotidiano en
nuestros corazones.

4.- La Biblia es un libro teológico y actual.


El mensaje de Dios contenido en la Biblia no se nos ofrece de una forma sistemática; es
más bien una teología que se encuentra diseminada a través de los libros, incluso con
planteamientos diversos. La Teología bíblica no es una teología estática; si nos
preguntamos qué dice la Biblia sobre la `pervivencia', la respuesta no puede consistir
en aducir dos o tres textos que aseguren la resurrección futura, sino que hay que hacer
un recorrido por el A T y NT para ver el proceso progresivo de una verdad, oscura en
determinados estratos históricos, pero que se aclara poco a poco. Este acercamiento al
texto bíblico, en cada época, en cada libro, nos pone en contacto con un pueblo y una
fe, una alianza, que se va haciendo ininterrumpidamente con sus avances y retrocesos.

No bastará con tener un conocimiento analítico del contenido o mensaje de un libro


determinado, es necesario llegar a una síntesis doctrinal, a una visión integral, como
resultante de las diversas aproximaciones, que nos lleve al planteamiento final de una
verdad. Estas síntesis son oficio de lo que se denomina `Teología bíblica' y que puede
definirse como: la organización sistemática de las enseñanzas teologales de la Biblia, a
base únicamente de los datos que ella nos ofrece, prescindiendo de sucesivas
elaboraciones deductivas.

Si decimos que la Biblia es una obra maestra de la literatura universal, debemos


reconocer que será también porque en muchos de sus libros encontramos personas,
vivencias, actitudes, sentencias válidas para el hombre de siempre:

El Job inocente que sufre y se pregunta por qué, el Qohelet que señala el carácter
absurdo de la condición humana, el frescor del amor de dos enamorados en el Cantar
de los Cantares, los gritos de sufrimiento o de admiración de muchos salmos, todo eso
es en parte nuestra vida que se nos ofrece como en un espejo para que podamos
reflexionar en ella... A través de la proeza del éxodo se indica nuestra sed de
liberación; los gritos de los profetas que reclaman la justicia y el respeto a los pobres
coinciden con nuestras reivindicaciones sociales; las reacciones violentas o no
violentas frente a la persecución de Antíoco traducen nuestras actuales opciones y su
ambigüedad...

Esto que es válido para cualquier hombre lo es de manera particular para el creyente.
San Pablo, refiriéndose al AT dirá: "Todo esto les acontecía en figura, y fue escrito para
aviso de los que hemos llegado a la plenitud de los tiempos" (1 Co 10, 11). La Biblia,
pues, no sólo tuvo algo que decir a los hombres de su tiempo, también tiene algo que
decir a los hombres de todos los tiempos. De hecho, así fue comprendido en la Iglesia
desde el principio; a partir de los santos Padres la Biblia ha dado pie a la predicación
homilética, a los escritos de pastoral y espiritualidad, sugiriendo aplicaciones para la
vida de los creyentes de todos los tiempos.