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A lo largo de los años hemos podido darnos cuenta que el Derecho y la Religión son

compatibles en algunos aspectos y alejados en otros, juntos van de la mano en


cuanto a costumbres que se han convertido en el pilar de la política y del derecho
para la organización de las agrupaciones de individuos y así poder llegar a lo que
tenemos ahora, una sociedad organizada en unos aspectos y desorganizada en
otros. Todo es cuestión de evolución, los pensamientos, las creencias y las culturas
van tomando rumbos distintos y puede que tengan algún punto en común en algún
momento de la historia, pero lo que sí podemos afirmar es que las ideas se van
desarrollando en la medida en que el tiempo transcurre, por ejemplo lo que ayer era
un tabú hacer o decir, hoy por hoy puede que sea una muestra de liberación hacia
los derechos que día a día se van construyendo conforme a la dinámica del mundo.

La sociedad en gran medida se ha formado con el derecho y la religión como base


para plasmar sus normas y reglamentaciones en las leyes de los Estados, ONG´S
y demás organismos internacionales, que ven como pilar fundamental el derecho
más preciado de todos, la vida; de ahí parten las normas y leyes, del principio
fundamental y universal de todos, el de la dignidad humana; cuestión diferente era
antiguamente cuando a lo largo de la historia de la humanidad, los primeros
habitantes no veían este don como un derecho inherente sino que luchaban por
sobrevivir para no ser la presa fácil de otro de su misma especie.

Bien decía Hobbes, el hombre es lobo para el hombre, desde los tiempos más
remotos, desde la evolución del homo sapiens, estamos en constante lucha de
supervivencia, y esto más que una costumbre, es una forma de vivir; las costumbres
que implementaban nuestros antepasados, algunas puede que ya hayan
desaparecido, pero han servido como base fundamental para el desarrollo de la
humanidad, puesto que cada vez, son más las formas de demostrar las libertades y
derechos de diferentes formas, teniendo en cuenta el grado de desarrollo de la
humanidad, sea para bien o para mal, ya queda al criterio de cada ser humano,
siempre y cuando respetemos y toleremos nuestras diferencias.

¿Qué tanto puede influir la religión en el derecho?, es una pregunta interesante de


responder ya que así como la moral también influye en nuestro comportamiento
interno y externo, estamos regidos por una serie de reglas o limitaciones para no
actuar como se nos antoje, es allí donde entra la moral y la ética como
complementos de las creencias religiosas que determinan el comportamiento en el
exterior, son como patrones de comportamiento, primero con nosotros mismos,
segundo con el entorno familiar y tercero la responsabilidad afuera en el mundo
exterior.

Desplazandonos un poco a tiempos anteriores, nos parece interesante lo que dice


(Cabrián y Valda, Francisco) que durante el medioevo y la modernidad, los derechos
de las personas no eran de carácter autorreferencial; para gozar de ellos, en modo
alguno bastaba con ser, había que pertenecer, hallaban su fundamento no en el
individuo, sino en las comunidades en las que éste se insertaba, aún en nuestros
tiempos se siguen evidenciando estos comportamientos; pero siguiendo con
(Cabrián y Valda, Francisco), nos dice que la religión, la familia, el sexo,el
estamento, el gremio o la tierra definían la identidad de los sujetos, quienes por
naturaleza y no en virtud de pacto alguno, vivían en común.Ya Aristóteles se había
referido a ello y, en parte, su antropología fue acogida por la civilización cristiana.
Por otro lado el buen orden político, a la manera de un cuerpo, se cifraba en la
armónica interacción de sus distintos miembros. La interdependencia y la
discriminación sostenian un edificio social que no se cimentaba en nuestros
conceptos de libertad e igualdad. Desde esta perspectiva, resulta facil comprender
hasta qué punto ha sido necesaria la remisión a los orígenes familiares de Francisco
Anotonio Cebrián:solo ubicándolo entre los suyos ha sido posible aproximarse a sus
pautas de conducta. A los dicho hay que añadir la dificultad que entraña valorar
poderadamente la vida de un eclesiástico en los años de la modernidad. Y no solo
por razones de caráter cultural, q ue son muchas y de enorme calado, sino tambien
porque no puede obviarse hasta qué punto religión y política se mantienen unidas.
BIBLIOGRAFÍA:

Cabrián y Valda, Francisco Antonio. Familia, Derecho y Religión. Editorial


Universitat de Valencia. 2008.