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filosofía

Las razones de la fe
víctor gómez pin

Fernando Savater En efecto, una de las cuestio- mediato repudio por parte de padres o cuidadores) y que “sólo
La vida eterna nes que más preocupa al autor es nuestro buen juicio. Pues hay, en el amor en lo personal y el reco-
Ariel 2007 precisamente la persistencia de efecto, ocasiones en las que la nocimiento en lo social” podría
actitudes religiosas, más o menos afirmación de la trascendencia parcialmente amortiguar. Lúci-
Tras el temor a la muerte encubiertas, en personas no sólo parece hallarse en las antípodas da asunción de la inevitabilidad
Si se hiciera una encuesta entre cultivadas, sino que han dado de la búsqueda de consuelo a del narcisismo que conlleva un
los ciudadanos relativa a lo que probadas muestras de entereza cualquier precio. Se trata de esa interrogante: ¿qué pasa cuando
les sugiere la palabra filosofía, ante los embates de la vida y de apuesta que deja perplejo al espí- hay quiebra en el vínculo afecti-
abundarían las respuestas en el gallardía a la hora de enfrentarse ritu ilustrado simplemente por vo y el entorno social se llena de
sentido de que los filósofos son a la injusticia o a la tiranía. Fer- su radical fertilidad. Estoy pen- miradas indiferentes? Pues que,
gente que habla en una jerga os- nando Savater se halla casi hor- sando en el sentimiento de abso- eventualmente, Dios nos tiende
cura sobre asuntos que sólo a monalmente alejado de las acti- luta veracidad que cabe experi- los brazos: “Para Él, seremos al-
ellos (en el mejor de los casos) tudes religiosas, tiene permanen- mentar ante las palabras conmo- guien y lo seguiremos siendo
interesan. Pues bien, el libro que te nostalgia de explicaciones vidas de Péguy evocando la cate- durante toda la eternidad, aun
aquí glosamos es un ejemplo de honradas, o de honradas renun- dral de Chartres. Sólo la hipóte- precipitados al fondo del infier-
lo contrario: el filósofo se ocupa cias a seguir buscándolas. Mas sis de que tal espiritualidad sub- no: no habremos ocurrido en
de asuntos que a todos nos con- por ello mismo parece pregun- yace incluso cuando la parafer- vano”.
ciernen, en la terminología clara tarse: ¿cómo es posible que algu- nalia salvadora impera redimiría
y precisa que exigía Descartes. nos se aferren a lo que misma- el hecho religioso a los ojos de En el lecho de muerte
Fernando Savater, curtido en mente se ve que no ofrece aside- muchos de los que hemos segui- El lector de cierta edad tendrá,
el tratamiento de problemas ab- ro? Y el autor constata que entre do en su lúcida reflexión a Fer- sin duda, recuerdo de los espan-
solutamente comprometedores los tales cuentan algunas perso- nando Savater. Retomaré este tajos con los que, en los años de
para nuestra condición de ciuda- nas que comparten con él un asunto más adelante. la sombra franquista, se instaba
danos y que desde luego afectan amplio espectro de valores… Obviamente el anclaje a la a los niños, no ya a perdurar en
a la dignidad misma de nuestra empezando por la concepción de idea religiosa de una vida per- la religión, sino a tener claro
vida espiritual, aborda en su últi- la dignidad humana como te- durable se vincula a una suerte que el catolicismo era la única
mo libro1 (sin la menor retórica niendo soporte en la razón, Ante de resistencia ante la inevitabili- opción legítima (ociosa preocu-
ni vanos adornos) ni más ni me- este hecho uno no puede, casi dad de la muerte. Más tras el pación, por otro lado, dada la
nos que la cuestión de la vida diría que modestamente, dejar temor a la muerte se esconden práctica imposibilidad de ele-
eterna, o por mejor decir, la de preguntarse: ¿qué mueve a otros fantasmas, muy a menudo gir). A cada uno le habrán ven-
cuestión de aquello que mueve a gentes tan dotadas, tan eruditas vinculados a ese universo de lar- dido una patraña diferente; re-
los hombres a intentar conciliar y sensibles a seguir mareando la vas que es el inconsciente. Hur- cuerdo que a mi se me decía
dos términos (vida y eternidad) perdiz de la salvación religiosa, gar en este último es en ocasio- que, interpelado el mismísimo
de entrada absolutamente con- bajo un disfraz u otro? nes sumamente peligroso y sus- Lutero sobre la religión a seguir,
tradictorios. Fernando Savater es Ello posibilita que, aún ratifi- ceptible de despertar aspectos el subversivo clérigo habría res-
hijo de la tradición ilustrada y, cando enteramente la convicción de nosotros mismos que nos es pondido: “para vivir la Protes-
desde luego, se halla marcado a de que Fernando Savater será muy difícil de reconocer. Fer- tante, para morir la Católica”.
fuego por el vitriólico pensa- uno de esos “ateos en el lecho de nando Savater pone sobre el ta- La moraleja, obviamente, era
miento de Voltaire a la hora de muerte” por él evocados, su libro pete algunos de ellos a la vez que en última instancia el mie-
denunciar las falacias de los ven- describa con gran tino (y como con implacabilidad y una tierna do hace enmendar. Y efectiva-
dedores de ilusiones. Pero que decíamos clarísima expresión) las comprensión para nuestra in- mente, más allá de las diatribas
nadie se llame a engaño: su re- esperanzas, inquietudes y, sobre trínseca debilidad, derivada qui- entre iglesias y sectas, el motor
flexión es resultado de que el he- todo, los interrogantes de aque- zás de que, como decía Cesare que anima los discursos de em-
cho religioso es tomado riguro- llos que mantienen la apuesta Pavese, “la muerte es el baucadores y predicadores, lo
samente en serio. No se trata en contraria. Pero es más: en ocasio- reposo,pero el pensamiento de que les hace confiar en que van
absoluto de despachar la cues- nes la lectura del libro de Fer- la muerte turba todo reposo”. a ser escuchados y obedecidos es
tión con exabruptos, reduciendo nando Savater me ha dejado una El autor nos habla así del temor una suerte de radical nihilismo
la creencia religiosa a supersti- impresión de profunda empatía a sentirse intrínsicamente des- respecto a la condición humana
ción que la ciencia habría defini- con un tipo de religiosidad que protegidos( resultado de la in- y a su capacidad para asumir
tivamente permitido superar. nos interpela, sin producir el in- evitable desvinculación de los con entereza los embates de la

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vida. En suma: en el lecho de conceptuales, cuando se compla-
muerte caeríamos todos en espi- ce en su capacidad de defender
ritual genuflexión. sus convicciones manteniéndose
Pues bien, ello no es del todo a elevadísima altura intelectual,
cierto; algunos hasta en el ins- entonces (aun sin caer en la in-
tante postrero permanecen fieles versión de jerarquía consistente
a la causa que les movió en vida. en subordinar la “verdad de fe” a
En Eugenie Grandet de Balzac, el la “verdad de razón”) se corre el
descreído padre de la protagonis- peligro de caer en la soberbia…y
ta, en trance de recibir la extre- Fernando Savater sobretodo de ser incomprendido
maunción, provoca la emoción por sus feligreses.
del sacerdote al alzarse súbita- Del Dios de los filósofos ponía anclada en el alma de sus Pues cuando la iconografía y
mente para besar el crucifijo; al purgatorio de Ratzinger entusiastas (nunca mejor dicho) la representación dejan de ope-
pero no se trataba de postrera El capítulo del libro que lleva aclamadores de Viena, no vale el rar, Dios parece ausentarse y sus
conversión: simplemente el cru- por título “Dios y los filósofos” Dios de Spinoza, como no vale ministros empiezan a temer que
cifijo era de oro, perdurable Río constituye un pequeño repaso a el Dios de Aristóteles, pura hipó- el asunto no de más de si. Temor
Jordán para ese “avariento viejo” las tomas de posición (y ajustes tesis cosmológica, calificado de de Aarón que, desoyendo a su
que es Le Père Grandet. de cuentas) sobre el tema a lo primer motor del universo y ex- hermano Moisés, intenta aplacar
Cierto es que el oro, fantasma largo de la historia del pensa- plicativo de la mecánica celeste. la potencial revuelta de un pue-
de metal que escaparía al segun- miento. Como no podía ser me- Motor que nada crea, nada des- blo harto de disparatadas abs-
do principio de la termodinámi- nos en un libro de Fernando truye; nada promete y a desdicha tracciones ofreciéndoles el icono
ca, juega quizás en la vida de los Savater, Spinoza está aquí muy alguna arranca: de ahí su inutili- festivo y movilizador del becerro
hombres un papel análogo al del presente (creo recordar que al ser dad para el alma desgarrada de oro. En la vertiente negativa
imaginario religioso. Pero otros detenido durante el franquismo, Capítulo especial merece el de la representación tenemos el
perseveran en causas indiscuti- autorizado a solicitar un libro, nombre de Hegel. Para éste, infierno y el purgatorio, que para
blemente más laicas. Sin ir más pidió a su madre que le trajera la Dios es la expresión que adopta ser eficaces han de apelar a fan-
lejos, me es difícil imaginar a Ética de Spinoza). La visión de el ansia de absoluto, y que sólo el tasmas concretos de dolor. De
Fernando Savater renunciando Spinoza resulta simpática a mu- trabajo conceptual arrancará a la ahí que no quede claro que, en
en su lecho de muerte a mante- chos no creyentes porque, de abstracción. La ascesis del filóso- sus catequesis sobre la “geografía
ner el tipo ante la tremenda evi- hecho, el Dios del que nos habla fo hace innecesario a Dios, ca- del más allá”, Juan Pablo II (rein-
dencia de la finitud. Mantener el es apenas un significante desig- bría decir. De alguna manera terpretando el purgatorio y el
tipo no solo con esa sobriedad nativo de algo en lo que,más o está aquí presente una actitud infierno en lenguaje “más con-
de Descartes, limitándose a decir menos, todos creemos. Dios es que, en ocasiones, llega a adop- temporáneo”) hubiera contribui-
“il faut partir”, sino seguro con aquí el nombre de la sustancia, tar la forma de menosprecio por do a hacerse más inteligible. Y lo
algún tipo de humor, ingenian- entendida como la condición las manifestaciones populares de mismo cabe decir de esta inter-
do un ácido chiste sobre su pro- misma de posibilidad de que po- la fe por parte de aquellos mis- pretación de Joseph Ratzinger:
pio destino. damos referirnos a un orden par- mos que se reconocen en la espi- “El lugar de purificación es, en
En el ínterin, el libro efectúa ticular. De poco servirá este Dios ritualidad religiosa e incluso son definitiva, Cristo mismo. Si nos
un repaso a los más percutantes a quien se aferra a una esperanza, apóstoles de la misma; desprecio encontramos con Él de manera
temas vinculados al fenómeno sino contra natura, sí al menos por “la fe del populacho” (vista transparente sucederá que todas
religioso (los filósofos y la bús- contra la naturaleza del hombre, como anclada en lo sensible e las bajezas y culpas de nuestra
queda de trascendencia, la ente- que tiene su expresión cabal en incapaz de aprehender el miste- vida, que hemos escondido cui-
reza en el lecho de muerte, la el razonamiento y el juicio. Re- rio más que de forma iconográ- dadosamente, comparecerán
contradicción entre la existencia cuerdo que hace ya muchos años fica y representativa), que no ante el alma en ese momento de
del mal y el anclaje en la espe- en un viaje a Viena encontré la deja de ser problemático: pues verdad y nos quemarán… La
ranza) pero, como antes indica- ciudad cubierta con carteles cuando el docto creyente preten- presencia del Señor actuará
ba, es obsesiva la cuestión del anunciadores de la llegada del de apuntar al núcleo del proble- como una llama ardiente sobre
porqué, lo cuál es reflejo de una Papa bajo la frase “Die Hoffnung ma teológico, cuando para tal fin todo lo que en nosotros es incli-
actitud que va más allá del escep- kommt”, la esperanza llega. Para se cree en condiciones de recurrir nación a la injusticia, el odio y la
ticismo. esta pulsión, que el Pontífice su- a los más elevados instrumentos mentira. Se convertirá en un do-

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lor purificante que arrancará, a a lo que es fértil como elemento imposible que el ciudadano se razones, tanto para situar la
fuego, de nosotros todo lo que es de explicación, sin concesiones a trace como objetivo la fertiliza- muerte propia en primer plano
incompatible con la eternidad. lo imaginario ni sustitución de la ción de sus facultades cognosci- como para todo lo contrario. Por
Jesucristo mismo, que es la Ver- razón por el pathos. Si lo que tivas y creativas a través de la cual un lado, la muerte propia es un
dad y el Amor en persona, es propugnan filósofos como Cac- se realizaría plenamente su con- límite para la capacidad de con-
también el juicio”. ciari no es religiosidad sino filo- dición. Subyace a esta posición ceptualización, mas por otro
Realmente abandonar el fue- sofía, ¿por que a veces tenemos una suerte de optimismo respec- lado –como escribe Savater–, sal-
go real para sugerir que el dolor la impresión de asistir a una to a la capacidad del ser humano vo en la hipótesis de la eternidad,
procede de la llama presente que suerte de promesa eternamente para asumir con entereza (la an- el hombre está siempre “a punto
supone la inmolación de Cristo diferida? La cosa se remonta dreia de los griegos) las vicisitu- de morir”.
no hace la cosa más convincente, cuando menos a Heidegger, cuyo des trágicas a las que está aboca- Pero de lo que no hay escapa-
salvo que lo digas tan bien que el discurso a veces se acerca a lo do por el mero hecho de ser un toria es de la inminencia de la
sentido de lo que dices se con- poético pero responde a otra in- animal que simboliza su lazo con degradación física y la correlativa
funda con el decir mismo. Al tención que, al no concretarse, la naturaleza y la finitud inhe- astenia de las facultades creativas
leer a Ratzinger me vienen a la confiere al asunto un tufillo de rente a la animalidad. La tensión y cognoscitivas, síntoma de lo
cabeza los versos anónimos de la trascendencia. entre la naturaleza y el orden ineludible del segundo principio
lengua castellana: “No me mue- simbólico sólo sería insoporta- de la termodinámica. El materia-
ve, mi Dios, para quererte / el De Hume a Feuerbach ble, en suma, cuando las circuns- lismo lúcido y militante de Sava-
cielo que me tienes prometido, / Una cosa es criticar el contenido tancias sociales nos distraen de la ter en este extremo es tanto más
ni me mueve el infierno tan te- de creencias que configuran una tensión misma. Perspectiva ésta de agradecer cuanto que aquí se
mido / para dejar por eso de religión dada, otra muy diferente en la que se encuadrarían perfec- encuentra uno de los últimos re-
ofenderte. / Tú me mueves, Se- es describir los mecanismos psi- tamente las reflexiones de Marx fugios, contrarios al buen juicio,
ñor, muéveme el verte / clavado cológicos que mueven a la creen- sobre el hombre total, que desde de muchos racionalistas de nues-
en una cruz y escarnecido, / cia. David Hume sería el modelo luego no parecen estar a la orden tro tiempo: perdemos acuidad
muéveme ver tu cuerpo tan heri- de pensador que se aplica a la del día ni constituir el alimento visual u olfativa, pero no deses-
do, muévenme tus afrentas y tu primera tarea, mientras que ha- espiritual de los políticos que peramos aun de ser capaces de
muerte. / Muéveme, en fin, tu bría que esperar a Feuerbach programan nuestro destino fraguar una composición musi-
amor, y en tal manera, / que para que la segunda sea empren- cal, labrar una frase no hecha o
aunque no hubiera cielo, yo te dida. Pues, como bien escribe La muerte y el tiempo avanzar un pensamiento que no
amara, / y aunque no hubiera Fernando Savater, “de las tres De alguna manera la idea de la se reduzca (por archivado y dis-
infierno, te temiera…”. Aquí si funciones clásicas que los estu- vida eterna trasciende el ámbito ponible) a prejuicio. Por decirlo
que el discurso religioso se hace diosos confieren a la religión (ex- de la religión entendida como claramente, nos anclamos a la
realmente espiritual. plicar el origen del universo y de anclaje imaginario a una hipóte- vida del espíritu aun en ausencia
La distorsión consistente en lo que somos, confortarnos ante sis consoladora que violentaría de condiciones en un cuerpo que
sofisticar el discurso religioso tie- la muerte y brindar un vínculo profundamente nuestra certeza constituye su único soporte
ne complemento en cierta con- moral para la comunidad a la inmediata. Fernando Savater Ciertamente tampoco esta
cepción de la filosofía que, sin que pertenecemos, sólo la segun- evoca las reflexiones de Sigmund cuestión puede ser despachada
diluir explícitamente la frontera da sigue sin encontrar hoy alter- Freud sobre la imposible con- de un plumazo, pues remite a un
entre filosofía y religión, nos su- nativa aceptable”. De tal manera, templación de la muerte propia, problema filosófico de primera
merge en reflexiones tan ajenas a en la génesis del hecho religioso ya que todos los intentos lleva- magnitud y que no es otro que
las cartesianas “claridad y distin- se hallaría la negativa a asumir la rían a constatar que sólo somos el de elucidar si una vez que en la
ción” que la atmósfera se vuelve primera limitación drástica, es de ella meros espectadores, tesis historia de la evolución ha surgi-
prácticamente religiosa. Fernan- decir, la finitud. que lleva al padre del psicoanáli- do ese curioso sistema de signos
do Savater cita al pensador italia- Pero esta no es la única varia- sis a sostener “que en el fondo que es el lenguaje éste no adquie-
no Massimo Cacciari, quién tras ble operante, aunque quepa de- nadie cree en su propia muerte re de alguna manera vida y po-
afirmar “Yo no puedo creer que cir que está implícitamente pre- o, lo que es lo mismo, que en lo tencia. El lenguaje humano es
el logos se haya hecho carne, que sente en todas las demás: “el más inconsciente todos nosotros esta- un código de señales que se negó
el crucifijo sea Dios” parece en- allá regido por la divinidad, se mos convencidos de nuestra in- a funcionar exclusivamente
mendarla al añadir que repudia convierte en la compensación mortalidad”. Asunto este que el como tal, se negó a ser mero ins-
al ateo “porque creo que en este trascendental de todas las limita- autor ilustra con unos versos de trumento al servicio de las nece-
ejercicio mental [del ateismo] ya ciones que padecemos en este Borges: “¿será posible que yo, sidades que le generaron, impuso
no puedo dejar de pensar en lo mundo, pero también brinda un súbdito de Yacub Almansur, sus propias exigencias. Los psi-
último, en la cosa última, que el consuelo a los que sufren y una muera también como murieran quiatras, y los médicos en gene-
creyente y nuestra tradición me- coartada para renunciar a inten- las rosas y Aristóteles?” Al leer ral, saben que el lenguaje no
tafísica, filosófica, teológica, ha tar la mejoría de su situación te- estos párrafos del libro evocaba siempre está al servicio de la
llamado Dios”. rrenal” escribe el autor sinteti- como contra punto una curiosa vida, que tiene sus propios obje-
Aparentemente Cacciari nos zando la tesis de Feuerbach al reflexión de Pavese que roza la tivos; cabe incluso decir que la
está diciendo que la religión tie- respecto. boutade: “no es cierto que la existencia misma de la ciencia
ne en común con la filosofía el El refugio en la religión sería muerte nos llegue como un he- digna de tal nombre (la cual res-
apuntar a lo más alto en la cade- así síndrome de una indigencia cho absolutamente nuevo, antes ponde esencialmente a imperati-
na de condiciones. Mas la filoso- vinculada al hecho de que la or- de nacer todos estábamos muer- vos de inteligilibilidad) y de la
fía, desde Kant al menos, apunta ganización social y política hace tos”. En suma, encontraríamos poesía es prueba suficiente de tal

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autonomía del registro simbóli- del ser querido alcanza la espec- genera el sentirse portador del ciencia de sí y nombre propio no
co. Mas una cosa es afirmar que tacularidad, como en el caso de lenguaje. puede ya ser resignadamente
el lenguaje transciende los inte- aquella viuda para quien –según como el agua en el agua”.
reses de la vida, y otra cosa es el humorista–el pesar por la Animal y muerte Y también aquí Dios entra en
afirmar que la fertilidad en acto muerte de su marido fue tanto En varios momentos de la re- escena: “nuestro mayor y pri-
del lenguaje cabe allí donde el que de la noche a la mañana flexión que comentamos se mordial deseo como mortales es
cuerpo se degrada. Cuando esto todo el pelo se le puso rubio”. apunta un tema de enorme rele- evitar la perdición, seguir siendo
último ocurre, también el alma Menos jocosamente, cabe evocar vancia en nuestra época en razón significativos y relevantes para
se apaga: los versos de Garcilaso la reacción de Herodes en la ópe- de la vigencia de las tesis que ho- Alguien que comprenda lo que
y las fórmulas de la Relatividad ra Salomé de Richard Strauss, mologan la condición humana a supone, lo que impone y hasta la
se restauran cada vez que un ser pues informado el Tetrarca de la de ciertos animales filogenéti- humillación que implica saberse
hablante los incorpora.; tal es- que Cristo resucita fallecidos ex- camente cercanos. Entre los etó- alguien –encarnación mediante,
fuerzo en pos de la simbolización clama: “¿Por qué resucita falleci- logos es corriente atribuir a estos el gran éxito teológico del cristia-
supone una vigorización del su- dos?…no quiero que lo haga, le animales una suerte de concien- nismo”.
jeto mismo, pero ello no es defi- prohíbo que resucite fallecidos”. cia, integrada al menos por las La relación simbólica con la
nitivo. También aquí ha de darse Cabe conjeturar que en algún capacidades sensitiva (recepción muerte, y la erección de repre-
el relevo, también aquí la lucidez registro estamos profundamente de datos) y emotiva. Corolario sentaciones que palien la con-
se impone: pues una cosa es afir- apegados a la condición mortal y de ello es el hecho de que, sin frontación con la misma, pare-
mar que a través de los hombres que no es de verdad cierto que más preámbulos y algo abusiva- cen constituir universales antro-
el lenguaje perdura,y otra es pre- quisiéramos sustituir la vida pro- mente, se use el término subjeti- pológicos, es decir, rasgos singu-
tender que el lenguaje hace a los piamente dicha por una vida vidad para referirse a tales ani- larizadores del animal humano y
hombres perdurables eterna contradictoria en su mis- males. Tales conciencia y subjeti- muestra de que el vínculo inme-
mo concepto. Todo depende, en vidad se traducen, obviamente, diato con la naturaleza, propio
Vida eterna versus vida última instancia, de si la vida en la capacidad de experimentar de la animalidad, se halla, de al-
Aristóteles definía el tiempo que es la nuestra conlleva ese dolor y placer; de ahí que algu- guna manera, irremediablemen-
como “cifra del cambio destruc- mínimo de riqueza y dignidad nos moralistas de nuestra época te perdido.
tor”, lo cual suponía no consi- que mueve efectivamente a “dar hayan sustituido el imperativo Hay entre los antropólogos
derar temporal el proceso de un sí que glorifica”. La buena kantiano de no instrumentalizar una interrogación relativa a dis-
fertilización de la simiente, o el vida, el bien vivir y no meramen- al ser de razón (es decir, al ser cernir si Homo Neanderthalen-
de actualización en un niño de te el vivir, tiene fuerza por sí mis- dotado de pensamiento abstrac- sis y Homo Sapiens son dos tipos
su innata capacidad para el len- ma y no necesita el señuelo de la to y lenguaje simbólico) por un anatómicos de Homo Sapiens, o
guaje. También escapaban al eternidad. imperativo de la compasión, en si bien (según la expresión con-
tiempo las especies. El tiempo Pues la vida eterna sería lite- el que se extiende la comunidad sagrada) Sapiens Sapiens es tan
era para el Estagirita expresión ralmente esa vida en la que, se- moral hasta donde se de capaci- sólo este último. En cualquier
de un rasgo intrínsicamente gún expresión de Savater, “sobra dad de experimentar placer y caso, uno y otro parecen tener
perturbador de la vida que sólo el tiempo”, mas cuando tal cosa sufrimiento. Las capacidades in- en común el enterrar a sus muer-
concerniría a los individuos. ocurre “perdemos cualquier atis- telectivas y simbolizadotas serían tos con profusión de ritos… lo
Asumir esta condición sería in- bo de sentido y autenticidad en irrelevantes en esta materia, has- cual parece indicar que Dios no
dispensable para la salud espiri- una vida que ya no sería posible ta el punto de que el jurista ame- anda lejos. Se ha aventurado en
tual, y la aspiración a una vida seguir llamando humana. Tal es ricano Gary L. Francione ha lle- ocasiones la hipótesis de que en
eterna aparecería como marca la condena a la perpetua frustra- gado a escribir “¿nos inclinaría- la matriz de la música está el
de una ausencia de entereza, ción que expresa la leyenda del mos a afirmar acaso que la facul- canto (Música ex linguae, en ex-
que ni siquiera es seguro que judío errante o, aun mejor, el re- tad de utilizar el lenguaje simbó- presión de Agustín García Cal-
tenga los deseados efectos con- trato de los inmortales degrada- lico vale más, en el plano moral, vo).Cabe preguntarse asimismo
soladores. Pues esta conjetura dos a una insignificante bestiali- que la de guiarse con la ayuda de si en tal matriz no se halla tam-
de una vida que escaparía al se- dad en el relato El inmortal, de ultrasonidos (propia de los mur- bién la pulsión de trascendencia
gundo principio de la termodi- Jorge Luís Borges”. ciélagos)”. Pues bien: ¿qué pasa (de la que Kant hacía una deter-
námica, una vida sin tiempo, es Por ello cabe afirmar que la en relación a esa constante re- minación esencial de la razón).
susceptible de producir más aspiración a una vida eterna en- flexión sobre la representación Una sociedad de animales se
bien una radical desazón. Ima- cierra una nihilista disposición de la muerte que es rasgo distin- convierte en civitas porque la pa-
ginen al melancólico Romeo de ánimo, una huida de la con- tivo de nuestro pensamiento? labra y no el mero imperativo
contemplando por un momen- frontación en la que se fragua Savater evoca a Georges Bataille, de subsistencia empieza a regir
to la imposibilidad de liberarse para nosotros todo horizonte de para quien los animales se inser- en ella. El problema es precisa-
de la aflicción que supone la au- sentido. La aspiración a la vida tarían en el orden natural “como mente discernir si ello es posible
sencia de su Julieta… eterna supone, en última instan- el agua en el agua”. Y el autor en ausencia de Dios.
Fernando Savater escribe a cia, un auténtico repudio de esa añade: “o sea, sin extrañeza ni
este respecto que “nadie está naturaleza humana, sellada a conciencia de distancia alguna Dios y el mal
realmente dispuesto a celebrar, fuego por la contradicción entre respecto a lo que les constituye y En el Discurso del Método y en
ni siquiera a tolerar, la proximi- la finitud inherente a la condi- a cuanto les rodea. Pero es por- las Meditaciones, Descartes esti-
dad de Lázaro redivivo… y son- ción de ser natural y el senti- que ignoran la fatalidad de su ma que sólo la hipótesis de un
reímos cuando la ambigüedad miento de infinita fertilidad que, muerte, fuente de toda extrañeza Dios tan poderoso como arbitra-
sentimental ante el fallecimiento en los momentos de afirmación, humana; quien ha tenido con- rio, y hasta intrínsecamente en-

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gañador, podría ofrecer un flan- gioso párrafo de Lutero: “Este es Dios parece hallarse, si no en co no es tampoco que haya dis-
co a la duda sobre la veracidad el grado más alto de la fe, el todas partes, sí al menos agaza- cursos enturbiadores del fenó-
de las proposiciones geométricas. creerle clemente, a Él que salva pado trás los más dispares pro- meno, como los de aquellos que
Sólo, en suma, Dios podría ha- tan pocas almas y condena en blemas. El Dios que aquí irrita a encuentran poco sofisticado de-
cer que la medida de los ángulos cambio a tantas... puesto que si Karamazov es un Dios, por así cir que creen en Dios, pero ase-
de un triángulo no fuera igual a yo pudiera comprender la razón decirlo, convencional y hasta veran cosas como “hombre... yo
dos rectos. El libro de Fernando por la que resulta que es miseri- conservador: el Dios que efec- creo que hay algo”. Hasta aquí
Savater explora indirectamente cordioso este Dios que muestra tuaría su acto de creación obede- llegamos hasta los más incrédu-
este asunto, efectuando una revi- tanta cólera y tanta iniquidad... ciendo principios lógicos y topo- los, dice sarcásticamente Fernan-
sión de las diatribas sobre la ya no haría falta la fe”. lógicos inscritos desde la eterni- do Savater, puntualizando no
esencia divina, que desde Tomás Dios, pues, que por todopo- dad en su espíritu, y de cuya obstante: “de lo que se trata al
de Aquino y Guillermo de Oc- deroso haría que fuera falaz la trascripción física Newton sería mencionar a Dios es si creemos
kam, a Kierkegaard y Leon Che- geometría euclidiana, de tal ma- algo así como el notario. La mo- o no que hay Alguien”.
stov, pasando por el mismísimo nera que Cartesio se vería abo- raleja de este asunto es que el Pero eso de si hay o no al-
Lutero, no han dejado de ali- cado a conformarse con la certe- colapso de las leyes geométricas guien es ya asunto mayor. Cuan-
mentar la reflexión implícita o za solipsista de ser “una cosa que que hemos aprendido en nues- do el fenómeno religioso nos
explícitamente teológica. Tomás piensa”. En boca de Ivan Kara- tros años escolares ni siquiera interpela realmente es cuando,
de Aquino venía a sostener (me- mazov, dirigiéndose a su herma- sería síntoma de la toda potencia en lugar de producir el inmedia-
diante artilugios para salvaguar- no Alyosha, poco antes de que de un amante de las paradojas, to repudio de nuestro juicio, este
dar el “atributo” de la omnipo- surja la figura del Gran Inquisi- sino de la insuficiencia de nues- reconoce en tal fenómeno una
tencia divina) que Dios estaba dor, encontramos un literario tra concepción de su poder. No, suerte de admirable límite... que
tan comprometido con las tablas eco de estas diatribas, en un mo- al dudar de que las leyes topoló- la razón misma se impone. Pues
de la ley que ni Él podía ya hacer mento en que, tras los trabajos gicas que hasta entonces había hay, en efecto, ocasiones en las
que fuera legítimo codiciar los de Lobachevsky, Bolyai y Rie- asumido pudieran ser falaces, que la afirmación de la trascen-
bienes ajenos o suspirar por la mann, se sabía la perfecta con- Descartes no había topado aún dencia no parece venir de la bús-
mujer del prójimo; Duns Escoto sistencia de una geometría en la con el maligno... este espera qui- queda de consuelo a cualquier
limitaba tal compromiso a los que los tres ángulos de un trián- zás en otra parte precio, no parece consistir en la
mandamientos de la primera ta- gulo miden otra cosa que dos sustitución de lo real (que nos
bla (los tres primeros) que con- rectos y, sobretodo, se barrunta- La actitud religiosa redimida negaríamos a asumir, y así even-
cernían a nuestra obligación con ba que la misma podía ser la En ocasiones los hombres de re- tualmente a transformar) por un
Dios. Pues bien Guillermo de base de esa cosmología que, con ligión hacen gala de una impudi- imaginario mayormente malea-
Ockam daba una suerte de salto la Relatividad General, subverti- cia ofensiva. Esos predicadores ble en situación de objetiva im-
y venía a decir que la hipótesis ría los conceptos de tiempo y televisivos que, en los Estados potencia, no parece, en suma,
de la toda potencia divina obli- espacio: Unidos, salivan patrañas sobre el constituir esa síntesis de desvarío
gaba a liberar a Dios de cualquier más allá, instrumentalizando ca- y cobardía que provoca senti-
atadura, de tal manera que Él “Si Dios realmente existe y realmen- nallescamente las frustraciones mientos de fobia en el espíritu
podía hacer que fuera legítimo y te ha creado el mundo, entonces, como de una población a menudo víc- ilustrado.
todos sabemos, lo creó de acuerdo con
hasta moral, no ya matar o ro- la geometría euclidiana, y creó la mente
tima de la indigencia material y Esta actitud religiosa que nos
bar, sino incluso entregarse a la humana capaz de concebir sólo tres di- la esterilidad espiritual; esos pa- interpela no coincide tampoco
fornicación desmadrada con la mensiones del espacio. Y sin embargo dres de familia que fuerzan a sus con la de los creadores que, en
mujer ajena en el mismo día del ha habido, y hay todavía, matemáticos hijos a una educación religiosa, pos de una etérea profundidad,
Señor. Vidal Peña, traductor de y filósofos, algunos de ellos hombres de so pretexto de que esta es im- acaban de hecho haciendo ge-
extraordinario talento, que dudan de
las Meditaciones de Descartes, prescindible para la forja interior nuflexión real y, lo que es peor,
que el universo haya sido creado de
ha señalado que es la sombra de acuerdo con la geometría euclidiana”. de presupuestos éticos, cuya arrastrando al arte mismo en tal
este Dios arbitrario y cruel lo práctica efectiva suele ir en in- gesto (así esa admirable música
que subyace trás la hipótesis car- versa proporción a la predicación de Wagner sacrificada literal-
tesiana de un ser supremo que Quizás no sea ocioso señalar que de los mismos se hace... mente en Parsifal a la causa de
“aplica toda su industria a enga- que la problemática transciende Mas si tales fueran los únicos la cruz) Se trata de esa apuesta
ñarme”, de tal manera que Des- lo científico y lo gnoseológico contenidos del hecho religioso, que, desde Pascal a Peguy, deja
cartes se equivocaría al estimar para adentrarse en el orden de la ciertamente habría repulsa del perplejo al espíritu ilustrado,
que, soñando o despierto, dos rebeldía y la aspiración a la li- mismo por parte de los bien na- simplemente por su fertilidad y
más tres igual a cinco y la rela- bertad: cidos, pero la religión no sería un por el grado de entereza y valen-
ción entre la circunferencia y el problema filosófico. Tendríamos tía que parece suponer. Valentía
radio es 2 pi. “... no acepto el mundo de Dios... clara la génesis del hecho religio- porque, repetimos, se trata de
El libro de Fernando Savater, estoy tan convencido como un niño de so (la feuerbachiana canalización una religiosidad que nada pare-
circula por problemas teológicos que las heridas curarán y las cicatrices imaginaria de nuestra frustra- ce esperar y que no se complace
con pasmosa habilidad para pre- desaparecerán, convencido de que el re- ción, derivada de la impotencia en la idea de consuelo. Más so-
pugnante y cómico espectáculo de las
sentarlos al lector privados de la de la sociedad para convertirse bretodo fertilidad porque, en
contradicciones humanas se desvanecerá
caspa con la que suelen aparecer como un lastimoso espejismo, como en marco posibilitador de la rea- lugar de quemar la potenciali-
en los manuales filosóficos. Y así una horrible y odiosa invención de la lización de la esencia humana), y dad creativa poniéndola al ser-
hace revivir, para el lector ajeno débil e infinitamente insignificante más clara sería todavía la razón vicio de la esperanza (la cual es
a estas disquisiciones, este prodi- mente euclidiana del hombre”. para repudiarlo. Lo problemáti- siempre, en última instancia,

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esperanza de salvarse), más bien ción de ser vivo la razón suficien-
fragua el espíritu creativo en el te para el deber ético. Deber éti-
acto mismo de inmolar el yo, co de no instrumentalización
tanto imaginario como judicati- que hasta ahora se refería al ser
vo, en la afirmación de una humano. Esta nueva ética no se
fuerza que le sobrepasa. practica de hecho (pues pasaría,
La hipótesis de que tal espiri- entre otras cosas, por la prohibi-
tualidad subyace incluso allí ción del consumo de cualquier
donde, en apariencia, la parafer- animal, poniendo así en cuestión
nalia salvadora impera, parece la propia supervivencia humana)
redimir el hecho religioso y ex- pero literalmente se predica, ope-
plica la impresión de absoluta rando perfectamente como fac-
veracidad que cabe experimentar tor reconciliador, si no con Dios,
ante la catedral de Chartres. En sí al menos con los del grupo,
un texto publicado en el diario que sintiéndose de buen lado,
Le Figaro y que llevaba el bello pueden adecuar a las nuevas cir-
título de Muerte de las Catedrales, cunstancias el fariseico: “grácias
Marcel Proust evocaba un futuro señor por no ser como esos
en el que estos templos, ya des- otros”, asunto éste que constitu-
afectados, vendrían a ser recupe- ye una de los mecanismos más
rados por las autoridades, que frecuentes del hecho religioso.
restaurarían en ellos los grandes Expresión de esta modalidad
ritos, bajo forma de espectáculos de religiosidad es que,del amor a
teatrales. Y en la asepsia de estas la naturaleza como corolario del
restauraciones, el autor de la Re- amor al hombre (que no es via-
cherche parece ver la metáfora del ble más que en una naturaleza
espíritu que ha dejado de hallar- sana) se pasa al amor a una natu-
se atravesado por la verdad del raleza en si, con independencia
hecho religioso. Los cantos allí de toda construcción humana,
mimetizados serían al resonar del considerando al hombre exclusi-
fervor originario como las erudi- vamente por su condición de ser
tas reconstrucciones de la trage- natural, equiparable a cualquier
dia griega son al espectáculo car- otra especie. Esta inversión de
gado de pathos que nos describe jerarquía supone de hecho la
Aristóteles. erección de la naturaleza en dei-
Y precisamente porque las dad, pero tal deidad no mueve a
grandes catedrales son testimo- la construcción de catedrales, ni
nio de algún tipo de veracidad, inspira los versos sobre las mis-
más insoportables parecen las mas del gran Peguy, lo cual (ante
ideologías contemporáneas que Santa María del Mar) llevaba al
responden plenamente al síndro- filósofo Ferrán Lobo (tan dis-
me feuerbachiano (erección de puesto a permanecer ateo en el
una perspectiva mirífica, que pa- lecho de muerte como el propio
rece dar sentido a una vida obje- Fernando Savater) a suspirar casi
tivamente marcada por la indi- por la religiosidad del pasado. n
gencia moral y espiritual) y me-
recen en consecuencia el califica-
tivo de religiosas, pero que –a
diferencia de la fe transformado-
ra que arrebata a Peguy–no tie-
nen correlativo en templo algu-
no. Un ejemplo al respecto, no
tratado temáticamente en el li-
bro de Fernando Savater, pero sí
esbozado aquí y allá.
La racional disposición al cui-
dado de la naturaleza y de las
demás especies animales (corola-
Víctor Gómez Pin es catedrático de
rio de la simple asumción de
Filosofía de la Universidad del País
nuestra condición de seres vivos) Vasco. Autor de El drama de la ciudad
degenera en ocasiones hacia una ideal, Proust: el ocio, el alma y Filosofía
ideología que hace de la condi- (El saber del esclavo).

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