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Repoblación y reconquista.

Actas del III Curso de Cultura Medieval, Aguilar de Campoo, Centro de


Estudios del románico, 1993, pp. 77-87.

EL REY SABIO:
CULTURA Y PODER
EN LA MONARQUÍA MEDIEVAL CASTELLANA

Adeline RUCQUOI
C.N.R.S., Paris

Hace ya unos años, Teófilo Ruiz publicaba en los Annales E. S.C. un artículo que llevaba por título
“Una realeza sin consagración: la monarquía castellana en la baja Edad Media”1, en el que mostraba cómo,
a diferencia de la monarquía francesa, y de la inglesa que la imita, la realeza castellana no había recurrido,
para asentar su poder, ni al ceremonial de la consagración ni a la creencia en poderes taumatúrgicos
específicos del rey, ni a la elección de un panteón familiar. La aclamación como substituto de la elección, el
juramento, la ceremonia del armarse caballero sin intervención ajena, el levantamiento de los pendones por
el nuevo rey y el besamano eran los ritos que “hacían” al rey castellano, sin necesidad del apoyo de los
símbolos religiosos y mágicos que transformaban su homólogo francés o inglés en rex et sacerdos.
Uno de los mayores méritos de este artículo es el haber llamado la atención de los historiadores sobre
un problema que, después de Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz, había sido algo abandonado, y
suscitar, por lo tanto, una polémica. Más de un historiador español se sintió “ofendido” por la mera
suposición de que “su” rey no fuera como los demás y, siguiendo fielmente al speculum principum en que
fue transformado el libro dedicado por Ernst Kantorowicz en 1957 a los monarcas medievales ingleses y
franceses2, trató de “demostrar” que lo que valía para Ricardo Il o Eduardo II de Inglaterra y Carlos IV o
Carlos V de Francia era asimismo valioso para el rey de Castilla3.

1
Teófilo F. RUIZ, “Une royauté sans sacre: la monarchie castillane du bas Moyen Âge”, Annales E.S.C., mai-juin
1984, pp. 429-453; reed.: “Unsacred Monarchy: the Kings of Castile in the Late Middle Ages”, Rites of Power.
Symbolism, Ritual & Politics since the Middle Ages, ed. por S. WILENTZ, Philadelphia, UPP, 1985, pp. 109-144.
2
Ernst H. KANTOROWICZ, The King's Two Bodíes. A Study in Medieval Political Theology, Princeton, 1957,
reed. 1981.
3
Ver, por ejemplo, José-Manuel NIETO SORIA, “Imágenes religiosas del rey y del poder real en la Castilla del
siglo XIII”, En la España Medieval, V (1986), t-2, pp.709-729; Fundamentos ideológicos del poder real en
Castilla (siglos XIII-XVI), Madrid, Universidad, 1988.
El hecho es que el “aparato” montado por los reyes de Francia e Inglaterra para dar a su poder las
bases teológicas que les permitieran ser a la vez reyes y sacerdotes, ungidos de Dios, santos, justos y
justicieros, emperadores en sus reinos, ha dado lugar a numerosos y brillantes estudios4. Y puede parecer
curiosa la ausencia completa de semejantes fundamentos en otras monarquías, en particular la monarquía
castellana que es la única en poder “competir” con las anteriores en la Europa medieval, la única que, con
las anteriores, dará paso a un “Estado moderno” en el siglo XVI. La permanencia, en la Península Ibérica,
de una guerra de reconquista que había sido santificada por su asimilación a la cruzada, la existencia de un
territorio “nacional” que no alcanzó sus límites sino a finales del siglo XV, la vigencia de un cuerpo de leyes
desde la época visigótica al que completará en el siglo XIII el derecho romano y canónico, contribuyen a
explicar que los reyes de la Península y en particular el rey de Castilla no necesitaran crear un “ritual”
mágico-religioso alrededor de su persona o de su función. Al no tener que crearse un reino, al no sentirse
amenazado por grandes nobles más potentes que él pese a ser sus vasallos, al tener en cambio una “misión”
que es la de recobrar el territorio nacional en nombre de los españoles, de la Cristiandad y finalmente de
Dios, el rey no necesita sino el reconocimiento de sus pueblos, puede morir como un humilde cristiano5,
escoge su sepultura donde le parezca, se entierra con sus atributos reales o en hábito religioso, y se hace
representar en sus sellos como un caballero6.
No debemos, sin embargo, confundir el ritual, o sea los “gestos” externos y puestas en escena más o
menos teatrales, y el concepto teológico del que procede, que lo sustenta, lo alimenta y lo justifica. Y si bien
en Castilla no parece haber sido necesario a la monarquía el conjunto de ritos y símbolos con que se
rodearon los reyes de Inglaterra y Francia, no significa ésto que no hayan forjado bases teológicas que
justificaran el poder del rey. Nos parece que hay que buscarlas en el siglo XII, si bien su formulación
definitiva se elaborará en el siglo XIII.
El llamado “renacimiento” del siglo XII, un renacimiento en las letras y las artes esencialmente, se
caracteriza por un intenso esfuerzo por “codificar” el conocimiento, con el deseo de unificar todas las
fuentes entonces conocidas. En el campo del derecho, mientras que Graciano hacia 1140 realiza con su
Decreto la primera compilación crítica y lógica del derecho canónico, las escuelas de derecho romano de
Bolonia completarán las enseñanzas del maestro Irnerio con la compilación conocida como lo Codi y
Rogerio de Piacenza escribe a mediados de siglo su Summa codicis. En el campo de una filosofía que es aún

4
Además de la obra antes citada de Ernst KANTOROWICZ, convendría recordar las de Marc BLOCH, Ralph
GIESEY, Richard JACKSON, Bernard GUENEE, Jacques KRYNEN, y más recientemente, Colette BEAUNE,
Naissance de la nation France, Paris, Gallimard, 1985.
5
Denis MENJOT, “Les funérailles des souverains castillans du has Moyen Age racontées par les chroniqueurs: une
image de la souveraineté”, Annales de la Faculté des Lettres et Sciences Humaines de Nice, 39 (1983), pp. 195-
209. Del mismo, “Un chrétien qui meurt toujours: les funérailles royales en Castille à la fin du Moyen Age”, La
idea y el sentimiento de la muerte en la historia y en el arte de la Edad Media, ed. por M. NUÑEZ y E.
PORTELA, Santiago de Compostela, 1988, pp. 127-138.
6
Teófilo F. RUIZ, “L'image du pouvoir á travers les sceaux de la monarchie castillane”, Génesis del Estado
Moderno: Castilla y Navarra (1250-1370), ed. por A. RUCQUOI, Valladolid, Ámbito, 1987, pp. 217-227.

2
teología, Pedro Lombardo, el “maestro de las Sentencias” ( 1164), su discípulo Petrus Comestor, el
“maestro de las historias” ( 1176), tanto como Abelardo ( 1142), organizan sus conceptos en función del
relato del drama cristiano que, empezando con el estudio de Dios y de la Trinidad, abarca el problema de
los ángeles, la creación del hombre, el pecado original, la encarnación, la redención, los sacramentos y la
escatología. Juan de Salisbury, en su Policraticus (antes de 1180), mezclando naturalismo y estoicismo,
somete el poder temporal al espiritual y llega a escribir que el príncipe es el elegido de Dios, que de allí le
vienen sus privilegios, por los que está considerado dentro del reino como una imagen de la divinidad7.

Una de las características más destacables de este “renacimiento” del siglo XII es el papel esencial que
concede al factor racional, a la búsqueda de las rationes necessariae de san Anselmo, merced al
entendimiento o capacidad de conocer que posee el hombre. A través del estudio - se crean entonces el
trivium y el quadrivium -, se desarrolla la razón humana y su capacidad de entendimiento, el intellectus, la
lleva a la sapientia que es conocimiento de lo divino y, por eso, unificador y ordenador de la existencia
humana: la sapientia es scientia ordinata, dirá Tomás de Aquino8.
La importancia concedida a la razón humana y al “conocimiento” no es ninguna particularidad de la
teología cristiana de la época. Merced a la “escuela de traductores de Toledo”, las obras de Aristóteles
empiezan a difundirse en Occidente, al mismo tiempo que se dan a conocer la filosofía judía y la árabe. En
1142, Pedro el Venerable, abad de Cluny, encargaba al maestro Pedro de Toledo la traducción de un tratado
apologético árabe de Al-Kindi9. A mediados de siglo trabajan los traductores Abraham ibnDaud, Juan
Hispano, Domingo Gundisalvo, Gerardo de Cremona y Marco de Toledo. En su tratado de La fe sublime,
Ibn-Daud - Avendaut - plantea también el problema del conocimiento, para llegar a la conclusión que el fín
último del hombre es el conocimiento de Dios, base del amor de Dios; su contemporáneo, Moises ben
Maimón o Maimónides (1135-1204), inspirándose en Aristóteles y lbn-Senâ, desarrolla asimismo la idea del
conocimiento como perfección y felicidad del hombre10. Domingo Gundisalvo, traductor entre otras muchas
obras del Liber de scientiis de Al-Fârâbi - traducción que es una adaptación11 -, será a su vez autor de un
Liber de divisione philosophíae, muy influenciado por el platonismo, en el que clasifica las ciencias,
llamando a la teología scientia divina y a la filosofía scientia humana12.
En el mundo árabe, y en particular en el ambiente hispánico, la filosofía de Al-Kindi, Al-Farabi, Ibn

7
Véase Emile BREHIER, Hístoire de la Philosophie, 1/ Antiquité et Moyen Âge, Paris, PUF, 4ª ed. 1987, pp. 504-
537.
8
Tomás de AQUINO, Summa theologiae, I, 1,6 ad 1.
9
P. J. VAN KONINGSVELD, “La apología.de Al-Kindi en la España del siglo XII. Huellas toledanas de un
‘Animal disputax’”, Estudios sobre Alfonso VI y la Reconquista de Toledo, t.1, Toledo, 1986, pp. 107-109 y 117-
120.
10
Georges VAJDA, Introduction à la pensée juive au Moyen Âge, Paris, Vrin, 1947, pp.125-145.
11
Domingo GUNDISALVO, De scientiis, ed. por M. ALONSO ALONSO, Madrid-Granada, C.S.I.C., 1954.
12
Diccionario de Historia Eciesidstica de España, Madrid, C.S.I.C., 1972, artículo "GONZALVO o
GUNDISALVO, Domingo".

3
Sena (Avicena) y el “almohadismo” de lbn Túmart con su racionalismo influenciaron profundamente a Ibn
Rushd o Averroes (1126-1198), que reflexiona asimismo sobre los mecanismos del intelecto para establecer
que el conocimiento de la verdad es amor de Dios13.
Nos hemos detenido largamente sobre el problema de la evolución de los conceptos relativos a la
capacidad humana para alcanzar “conocimiento”, “ciencia”, “saber” o “sabiduría”, por la enorme
resonancia social y política que dichos conceptos tienen en la España de fines de la Edad Media. Raras
veces se asocia a los reyes con el “conocimiento”, el “saber” o la “ciencia”. El tópico generalizado es que el
territorio peninsular estaba “conquistado” o reconquistado, y poblado por cristianos ignorantes, meros
guerreros cuyo arquetipo es el Cid, que destruyeron los focos de civilización y cultura localizados en Al-
Andalus; la “absorción” de los vencidos por los vencedores dará a éstos la “cultura” específica propia a la
Edad Media castellana14. Nada más alejado de la realidad, pero los tópicos, siendo del dominio de la fe y no
de la razón, tienen por característica perdurar aun en contra de toda evidencia.
En las escuelas catedralicias de Toledo, Santiago de Compostela, Pamplona, León, en Burgo de
Osma y en Palencia a lo largo del siglo XII se combinan, en mayor o menor medida, las influencias
“francesas”, judías y árabes. La alta jerarquía eclesiástica secular de la primera mitad del siglo procede en
parte del norte de los Pirineos y la influencia de Cluny, pronto substituida por la de los cisterciences, es
notable. En los cabildos de Toledo, de Santiago de Compostela o de Palencia, se codean signatarios y
“maestros” de origen francés con antiguos estudiantes que fueron a París y a Bolonia, extranjeros atraídos
por la fama de la escuela de traductores, y hasta traductores o juristas llegados de Italia. La riqueza de las
bibliotecas de estos cabildos y su interés por poseer desde Biblias hasta compendios del conocimiento
universal, como el famoso “Códice misceláneo” de Burgo de Osma, atestiguan ampliamente que la
Península participaba del “Renacimiento” del siglo XII15. En estos cabildos es donde el rey escoge parte de
su séquito, su canciller en particular.
Entre 1136 y 1150, el canciller del emperador Alfonso VII es un canónigo de Toledo, magister Hugo,
al que el rey, cuando escogió la vida religiosa, hizo una importante donación, llamándolo entonces
“monacus, magister et medicus meus”16. Había sucedido en el cargo a un canónigo del cabildo de Santiago

13
Dominique URVOY, Pensers d'Al-Andalus. La vie intellectuelle à Cordoue et Séville au temps des empires
berbères (fin XIe siècle-début XIIIe siècle), Paris-Toulouse, C.N.R.S.-P.U.M., 1990, pp. 170-190. Émile BREHIER,
Histoire de la philosophie, pp. 546-555.
14
Uno de los últimos exponentes de esta tesis, que ya se cita como axioma, es el Padre Robert I. BURNS, en
Emperor of Culture. Alfonso X the Learned of Castile and His Thirteenth-Century Renaissance, Philadelphia, UPP,
1990, en su artículo “Stupor mundi: Alfonso X of Castile, the Learned”, p.6: “A major component oí his work,
indeed the indispensable tool, was intensiva further absorption oí Islamic culture by translation, adaptation, and
influences”.
15
La exposición Las edades del hombres. Libros y documentos en la Iglesia de Castilla y León, Burgos, 1990, con
su Catdlogo (Burgos, 1990), fue una de las muestras más reciente de dicha riqueza. Sobre el “Códice misceláneo”,
ver nº 334, p. 342.
16
Francisco J. HERNÁNDEZ, Los cartularios de Toledo. Catálogo documental, Madrid, Fundación Ramón
Areces, 1985, nº 34, 35, 38, 43, 45, 47, 50, 53, 54, 55, 56, 57, 58, 59, 69, 70, 71, 84, 85.

4
de Compostela, magister Bernardo, tesorero de la catedral, copilador del cartulario conocido como Tumbo
A y donante de la fuente del Paraíso o de Santiago que servía a los numerosos peregrinos de la ciudad17. A
finales de siglo, a partir de 1193 y hasta 1220, otro canónigo de Toledo, Diego García de Campos,
desempeñará el cargo de canciller del rey. Tras unos estudios en Santa María de Huerta, proseguidos en
París donde, además de la teología, siguió las enseñanzas de Petrus Comestor, Diego García participó en el
IV Concilio de Letrán y es el autor de una obra teológico-filosófica llamada Planeta18. Alfonso VIII tenía
también entonces a su lado como fisicus a un maestro Arnaldo.
El rey de Castilla no era el único en rodearse con maestros y eclesiásticos provistos de una sólida
formación intelectual. En Navarra, el rey Sancho VI, apodado “el Sabio” (1150-1194), escogió en el
cabildo de Pamplona, donde era arcediano de Calahorra, a su canciller Ferrando Pérez de Funes al que
encomendó dos Biblias ilustradas. Concebidas como una sucesión de, respectivamente, 871 y 976
composiciones pictóricas al que acompaña un brevísimo texto explicativo, estas “Biblias” relatan la historia
sagrada y humana tal y como la concebían los teólogos: el Pentateuco, los Libros históricos, la vida de
Jesús, su pasión y resurrección, la vida y el martirio de los apóstoles y los santos, y el Apocalipsis que es el
Juicio Final19. En el cabildo de Pamplona habían trabajado el matemático y astrónomo Herman el Dálmata
y el inglés Roberto de Kettene que, además de traducir el Alcorán para Pedro el Venerable, fue autor de una
vida de Mahoma y de varias traducciones del árabe. El obispo, Pedro de Artajona (1167-1193), que gozaba
de la confianza del rey y asistió al III Concilio de Letrán es conocido como Pedro de París por haber
estudiado en esta ciudad20. Del reinado de Sancho VI, illustris rex Navarre, vir magne sapiencie, datan
también el Liber regum villarensis y la Chronica najerensis - cuya redacción se atribuye a un monje
francés de Santa María de Nájera -, que ofrecen la característica de ser las primeras obras “históricas” que
buscan elaborar, por medio de una filiación continua, la existencia de una “historia nacional” que apoye y
justifique las pretensiones hegemónicas de la dinastia real navarra, recientemente restaurada y amenazada
por sus dos vecinos21.
Sancho VI de Navarra es así el primer rey que lleve el nombre de “el sabio” por ser un vir magne
sapiencie y un protector de la cultura. El segundo en llevar tal epíteto, y el más conocido, es Alfonso X de
Castilla (1252-1284), hijo de Fernando III y de Beatriz de Suabia. Es conocida la inmensa labor que hizo o
patronó y que cubre casi todos los campos del conocimiento, desde el derecho hasta la poesía, pasando por

17
Antonio LÓPEZ FERREIRO, Historia de la Santa A.M. Iglesia de Santiago de Compostela, t.IV, Santiago,
1901, pp. 172-174 y 185. Jeanne VIELLIARD, Le guide du pèlerin de Saint-lacques de Compostelle, Mâcon, 1938,
p. 95.
18
Diego GARCIA DE CAMPOS, Planeta, ed. por Manuel ALONSO ALONSO, Madrid, C.S.I.C., 1943.
19
Amiens, Bibliothèque Municipale, Ms. 108C “Bible de Sancho el Fuerte de Navarre”. Klaus REINHARDT &
Horacio SANTIAGO-OTERO, Biblioteca Bíblica Ibérica Medieval, Madrid, C.S.I.C., 1986, pp. 143-144.
20
José María LACARRA, Historia del reino de Navarra en la Edad Media, Pamplona, Caja de Ahorros de
Navarra, 1975, pp. 269-270 y 254.
21
Georges MARTIN, Les Juges de Castille.Mentalités et discours historique dans I'Espagne médiévale, Paris,
1992. je remercie ici son auteur qui a eu la gentillesse de me passer, en attendant sa publication, le manuscrit de ce

5
la historia, las ciencias, los juegos, y que abarca tanto las traducciones del árabe como las obras originales.
También es conocida, aunque menos destacada, su labor incentiva del desarrollo de la cultura. En 1254
concedía a la universidad fundada por su abuelo en Salamanca - hacia 1218-1219 - unos estatutos,
refrendados al año siguiente por una bula papal, y a él se debe probablemente, aunque en fecha incierta, la
creación de la universidad de Valladolid y la del studium de Sevilla que tan sólo tuvo una existencia
efímera22. Y, si bien es conocido el papel de los judíos en su scriptorium, demasiado a menudo se pasa bajo
silencio sus contactos con algunos extranjeros23. Su ingente presencia no debe encubrir la de otros que, a su
amparo, contribuyeron al panorama cultural de Castilla en el siglo XIII, desde los diversos autores y obras
del Mester de clerecía: Gonzalo de Berceo, el Libro de Alexandre, el Poema de Fernán González, el Libro
de Apolonio, la Vida de Santa María Egipciaca, el Elena y María24, hasta la obra jurídica de maestre
Jacobo de las Leyes, la histórica-filosófica de fray Juan Gil de Zamora, el Libro de las generaciones, o la
copilación hecha por Bernardo de Brihuega por orden de Alfonso el Sabio.
Muy recientemente, Robert I. Burns, pasando revista a la obra del monarca, ponderando de paso la
opinión de algunos historiadores que, considerándolo un pobre gobernante, le negaban el cualificativo de
“sabio”, llega a la conclusión de que merecía mejor que su primo Federico II de Hohenstaufen el título de
stupor mundi25. Julio Valdeón, en prólogo a una selección de textos de Alfonso X, recuerda las fuentes
coetáneas que decían del rey que “siempre desque fue en este mundo amó et allegó a sí las sciencias”, siendo
“escodriñador de sciencias, requeridor de doctrinas e de enseñamientos”, y concluye que “Aquí se pone de
relieve la preocupación de Alfonso X por todo tipo de saberes, sin establecer límite alguno (... ) Por encima
de todo el rey Sabio estimuló aquellas facetas de la cultura que se basaban en valores específicamente
humanos (... ) Mientras en París se debatían cuestiones metafísico-teológicas, no saliendo de los mismos
círculos viciosos, en la corte del rey castellano-leonés interesaban prioritariamente aquellos saberes que
afectaban directamente al hombre”26.
Pero ¿se refiere el cualificativo de “sabio” tan sólo a la acumulación de conocimientos por parte de
estos dos reyes? ¿Son aceptables las traducciones que del epíteto dieron los positivistas franceses e ingleses

travail fondamental.
22
Antonio GARCÍA y GARCÍA, en La Universidad de Salamanca, 1, Salamanca, 1989, pp. 18-19. Adeline
RUCQUOI, “Sociétés urbaines et universités en Castille su Moyen Age”, Milieux universitaires et mentalítés
urbaines au Moyen Age, ed. por Daniel POIRION, Paris, 1987, pp. 103-117. Vicente BELTRÁN DE HEREDIA,
Cartulario de la universidad de Salamanca, Salamanca, 1970, pp. 37-53.
23
Norman ROTH, “Jewisb Collaborators in Alfonso's Scientific Work” y Julia B. HOLLOWAY, “The Road
Through Roncesvalles: Alfonsine Formation of Brunetto Latíni and Dante - Diplomacy and Literature”, Emperor of
Culture. Alfonso X the Learned of Castile and His Thirteenth-Century Renaissance, ed. por Robert I. BURNS,
Philadelphia, UPP, 1990, pp. 59-71 y 109-123.
24
Alan DEYERMOND, Edad Media, t.1 de la Historia crítica de la literatura española de Francisco RICO,
Barcelona, Crítica, 1980, pp. 127-140.
25
Robert I. BURNS (ed.), Emperor of Culture. Alfonso X the Learned of Castile and His Thirteenth-Century
Renaissance, Philadelphia, UPP, 1990, pp. 1-13.
26
Julio VALDEÓN, Alfonso X el Sabio, Valladolid, Junta de Castilla y León, Colección Villalar, 1986, pp. 41 y 48.
Las citas provienen del Libro de los juicios de las estrellas de Alfonso X el Sabio.

6
del siglo XIX, “le Savant”, “the Learned”, en vez de “le Sage” o “the Wise”, haciendo hincapié en la
cultura adquirida y patrocinada? ¿No habían llegado los pensadores del siglo XII a la conclusión de que el
conocimiento tenía por fín último la sabiduría, la sapientia, que es a la vez conocimiento y amor de Dios,
casi “fusión” con el Creador? El “sabio”, en este contexto, no puede ser, en ningún caso, confundido con el
“letrado”, “el sabidor” dirá Alfonso X, o sea aquél que posee un saber escrito, ni es el filósofo que intenta
comprender los movimientos y las causas hasta llegar a la causa primera, al “motor” primitivo que se
piensa a sí mismo.
La sabiduría es ante todo un saber dado por Dios y referido a Dios. Es, dice Tomás de Aquino que es
contemporáneo de Alfonso X, uno de los dones del Espíritu Santo, realidad y expresión de la fe, y se debe
de comprender como un originario “abandono” del conocer humano en la sabiduría divina. En la sabiduría
se unen todas las ciencias, en particular la teología y la filosofía. Es un “saber del saber” que está
configurado por el amor de Dios; la mística es una de sus formas superiores27. El propio Alfonso X, en su
Setenario, dirá que “çiertamiente los ssaberes sson de Dios”28.

No todos los contemporáneos de Sancho el Sabio o de Alfonso el Sabio seguían las lecciones de los
maestros en teología y participaban en las quaestiones. Todos, en cambio, conocían las Sagradas Escrituras
y, en particular, los Libros Sapienciales: Job, Proverbios, Eclesiastés, Sabiduría y Eclesiástico. La
sabiduría, en su sentido ordinario, es prudencia, saber, reflexión, superioridad espiritual; su fundamento es
el respeto de la ley dada a Moisés; su recompensa la vida, la honra y la riqueza. Pero la sabiduría es, al
mismo tiempo, atributo divino, “compañera del trono” de Dios, creada por Él antes del mundo y en la que
actúa Su poder, equivalente a la palabra de Dios - palabra que es creadora, de alianza y mandato, histórica,
promesa, palabra que es Cristo -. La primera Epístola a los Corintios presenta a Jesucristo como “sabiduría
de Dios” (1,30), criterio desde el que “todo debe juzgarse” (2,15) y que “unifica todo lo que le precede”
(Ef., 1,4).
Los conceptos de “sabiduría” y de “sabio” pertenecen, pues, en lo siglos XII y XIII al campo de la
teología y del comentario bíblico. El hecho de que también hagan referencia a un sistema de conocimiento
“humano” muestra la riqueza del término y su flexibilidad. Pero el saber por saber, el saber por placer de
saber, propio en particular de los sofistas, ha sido vigorosamente condenado por san Bernardo y ningún
monarca, en su obra de propaganda externa, lo airearía merced a un apodo. En la General Estoria, el
propio Alfonso X afirma que “Tod omne que es lleno de vertudes e de saber semeia a Dios, ca por él le
viene; et cada uno quanto mas a desto, tanto mas semeia a Dios e tanto mas se llega a la natura dél”29.

27
Ver el artículo “Sabiduría” en Heinrich FRIES (dir.), Conceptos fundamentales de la teología, 21ª ed., Madrid,
Ediciones Cristiandad, 1979.
28
ALFONSO EL SABIO, Setenario, ed. por K. H. VANDERFORD, Instituto de Filología, Buenos Aires, 1945, p.
44.
29
ALFONSO X EL SABIO, General Estoria. Segunda Parte, ed. por A.G. SOLALINDE, L.A. KASTEN & V.

7
Debemos de considerar que el epíteto de “el sabio” que acompaña a estos reyes de Navarra y de Castilla
responde efectivamente a un concepto teológico, que los establece como representantes de Dios en la tierra,
partícipes, en cierta medida, de sus atributos.
El “Libro de la Sabiduría” se presenta de hecho como un verdadero speculum o regimen principum,
que, contado por el propio Salomón, orienta las acciones de los reyes y, a posteriori, las justifica y explica.
Conocida en su versión de la Vulgata como Liber Sapientiae Salomonis, la obra, a partir del capítulo 6, se
dirige directamente a los gobernantes:
audite ergo reges et intellegite
discite iudices finium terrae
praebete aures vos qui in continetis multitudines et
placetis vobis in turbis nationum
quoniam data est a Domino potestas vobi
30
et virtus ab Altissimo,
insistiendo, en el versículo 10:
ad vos ergo reges sunt hi sermones mei
ut discatis sapientiam et non excidatis,
explicando, en los versículos 21 y 22:
concupiscentia itaque sapientiae
deducet ad regnum perpetuum;/
si ergo delectamini sedibus
et stemmatibus reges populi
diligite sapientiam ut in perpetuum;
regnetis,
para concluir, en el versículo 26:
multitudo autem sapientium sanitas est orbis terrarum
31
et rex sapiens populi stabilimentum est.

OELSCHLÄGER, Madrid, C.S.I.C., vol.2, 1961, p. 290.


30
“Onde oyd los rreyes, perlados, y entended, aprended los juysios de los terminos de la tierra. Dad las orejas del
coraçon a oyr esto, vos que mantenedes las muchedunbres y tomades vuestros plaseres en las conpañas de las
naçiones de las gentes. Ca de Dios es dado a vos el poder y del muy alto la virtud y la fuerça”.
Citamos el texto de la Vulgata a partir de la edición de Stuttgart, Biblia Sacra iuxta vulgatam versionem, ed. por
Robertus WEBER, OSB, t.II, Stuttgart, Würtembergische Bibelanstalt, 1969, pp. 1003-1028. Las traducciones en
castellano no provienen de la Biblia de Jerusalén que no corresponde siempre con el texto latino establecido por S.
Jerónimo, sino de la propia traducción llevada a cabo por el scriptorium de Alfonso X en la Tercera Parte de la
General Estoria, a pesar de los errores del copista (Real Biblioteca de El Escorial, Mss. Cast. Y-1-8, fº 131v-142v;
el manuscrito es una copia realizada en el siglo XV). El texto aquí reseñado se encuentra en el fº 134.
31
“Onde a vos rreyes son estas mis rrasones que aprendades sapiencia, que aprendades el saber de las cosas de
Dios, y non traspasedes” (fº 134v).
“Onde verdaderamente la cobdiçia de la sapiencia, que es el saber de las cosas de Dios, adura al su cobdiçiador al
rreyno que nunca ha de sallir. Onde si vos deleytades en las sillas y en los poderes vos pueblos del rrey, amad este
saber por que reynedes por syenpre” (fº 134v).
“Mas la muchedunbre de los sabios sanidad es del jerco de las tierras, y el rrey sabio establimiento y fortalesa es de

8
En el capítulo 7, Salomón se presenta como “de todo en todo onbre mortal”, nacido y criado como los
otros, “ca ninguno de los rreyes non ovo otro comienço de nasçimiento sy no este, onde una es a todos la
entrada a la vida deste mundo y otro tal la muerte y la sallida” (Sab.7,5-6; fº 134v-135). Invocó entonces el
spiritus sapientiae (7, 7) y, con ella recibió todos los bienes y riquezas que trae consigo la Sabiduría y,
“syn enbidia”, lo comunicó a todos los hombres:
infinitus enim thesaurus est hominibus
quod qui usi sunt participes facti sunt amicitiae Dei
32
propter disciplinae dona commendati.
Salomón se dirige entonces a Dios “ca Dios es cabdillo de la sapiencia y enmendador de los sabios” (7,
15) que le permitió (7, 17-21):
ut sciam dispositionem orbis terrarum
et virtutes elementorum
initium et consummationem et medietatem temporum
et meditationem omnium
morum mutationes et divisiones temporum
anni cursus et stellarum dispositiones
naturas animalium et iras bestiarum
vim ventorum et cogitationes hominum
differentias arborum et virtutes radicum
et quaecumque sunt absconsa et improvisa didici
33
omnium enim artifex docuit me sapientia.
Sigue aquí el elogio de la Sabiduría, personificada, en la que se encuentra “spiritus íntellectus,
sanctus, unicus, multiplex, subtilis, mobilis, dissertus, incoinquinatus, certus, suavis, amans bonum,
acutus”, que “vapor est enim virtutis Dei”, así como:
candor est enim lucis aeternae
et speculum sine macula Dei maiestatis
34
et imago bonitatis illius,
sobre el que se fundamenta toda la teología de la Sabiduría y que prepara la teología trinitaria (7, 22-30).

su pueblo” (fº 134v).


32
“Y tesoro que non ha cuenta esperan los onbres por que los que del usan son fechos que han parte del amistad de
Dios y fechos buenos y alabados por los dones del ensañamiento que les el dio” (Sab., 7,14; fºl 35).
33
“Por que sepa yo el ordenamiento del çerco de las tierras, y las virtudes y las fuerças de los elementos, y el
comiendo y el acabamiento y el demediamiento y los acabamientos de los tiempos, y los casos del año, y los
ordenamientos de las estrellas, las naturas de las animalias, las yras de las bestias, la fuerça de los vientos, los
cuydares de los onbres, el departimiento de los vergeles y de las arvoledas, y las virtudes y las fuerças de las rrayses.
Y aprendi todas quantas cosas son ascondidas y de antes non vistas, ca el maestro e fasedor de todas las cosas me lo
enseño por sapiençia suya” (fº 135).
34
“Ca blancura es de la lus que nunca ha a sallir, y espejo de la magestad de Dios syn mansilla, y ymagen de la su
bondad” (fº 135v).

9
Salomón prosigue indicando que decidió tomar a la Sabiduría por esposa, compañera de su vida,
merced a la cual (8, 11-16):
acutus inveniar in iudicio
et in conspectu potentium admirabilis ero
et facies principum mirabuntur me
tancentem me sustinebunt
et loquentem me respicient
et sermocinante plura manus ori suo imponent
propterea habebo per hanc inmortalitatem
et memoriam aeternam his qui post me futuri sunt relinquam
disponam populos
et nationes mihi erunt subiectae
timebunt me audientes reges horrendi
in multitudine videbor bonus et in bello fortis
35
intrans in domum meam conquiescam cum illa.
Sabiendo que la Sabiduría viene de Dios, Salomón se dirige a Él pidiéndole que le dé “sedium tuarum
adsistricem sapientiam”, ya que (9, 5):
quoniam ego servus tuus et filius ancillae tuae sum
homo infirmus et exigui temporis
36
et minor ad intellectum iudicii et legum,
y recordándole (9, 7):
tu me eligisti regem populo tuo
37
et iudicem filiorum tuorum et filiarum.
Los últimos capítulos, 10-19, recuerdan la acción de la Sabiduría y de Dios en la historia del pueblo de
Israel, insistiendo sobre la liberación de Egipto y tratando de “ordenar” y “explicar” los hechos a la luz de
esta acción.
La sabiduría es, pues, “un espejo sin mácula de la majestad de Dios, una imagen de su bondad”. Ella es
la que permite al que de Dios la recibe gobernar los pueblos, juzgar, conocer los misterios del tiempo y de la
naturaleza, ser bueno entre la muchedumbre y valeroso en la guerra, y ganar la vida eterna. ¿Qué mejor
“programa” para un rey?

35
“Sere fallado ante los poderoso agudo mançebo en el juysio, de maravillar sere y maravillar me han las caras de
los prinçipes. Callare yo y sofrir lo han ellos, y catar me han quando fablare, que me non osaran contrallar. Y
fablandoles yo en la epístola, que es tanto como mensageria, pornan ellos las manos a sus bocas que non osaran
fablar. De mas por esta avre yo vida que me nunca fallesçera, y dexare yo memoria por syenpre a los que despues de
mi vernan. Ordenare los pueblos y so el mio señorío seran metidas las naçiones de las gentes. Los reyes que son
temidos de los otros temeran a mi. Y semejare bueno en la muchedunbre de los buenos y fuerte en la batalla de mis
contrallos. Entrare en mi casa y folgare con ella” (fº 135v-136).
36
“Ca tu siervo so yo, y fijo de tu syrvienta, onbre enfermo y de pequeño tienpo, y mejor (sic) para entendimiento de
juysios y de leyes” (fº 136).

10
A la luz de este concepto, el conjunto de las actuaciones de Alfonso X, de sus antecesores y sucesores,
adquiere plena inteligibilidad. La “obsesión” del rey por cubrir todos los campos del conocimiento,
redactando las leyes, escribiendo la historia del mundo y la de España, dejando bajo su nombre obras de
astronomía y astrología, de diversión y de poesía, son la prueba patente de su amicitia con Dios que le ha
dado su Sabiduría. A cambio de su entrega a ella, el rey de Castilla puede aspirar a conocer
“el ordenamiento del çerco de las tierras y las virtudes y las fuerças de los elementos
y el comienço y el acabamiento y el demediamiento y los acabamientos de los tienpos
y los casos del año y los ordenamientos de las estrellas (...)
Todas quantas cosas son ascondidas y de antes non vistas” (Sab. 7,17-19 y 21).
Con la Sabiduría,
“sabe las cosas pasadas y asma de las que han de venir
y sabe las travesuras todas de las rrasones y las posturas y los soltamientos de los argumentos
El sabe las señales y las maravillas que se han de faser ante que sean fechas
y los avenimientos de los tienpos y de los siglos” (Sab., 8, 8).
Se identifica así con Salomón, del que dice la Biblia que Dios le concedió “sabiduría e inteligencia muy
grandes (...) Fue más sabio que hombre alguno, más que Etán el ezrajita, que Hemán, Kalkol y Dardá, hijos
de Majol; su nombre se extendió por todos los pueblos circunvecinos. Pronunció tres mil parábolas y
proverbios, y sus cánticos fueron mil cinco. Habló sobre las plantas habló de los cuadrúpedos, de las aves,
de los reptiles y de los peces. Venían de todos los pueblos para oír la sabiduría de Salomón, y de parte de
todos los reyes de la tierra que tuvieron noticia de su sabiduría” (I Reyes, 5, 9-14)38.

Francisco Rico dedicó, hace ya casi veinte años, unas páginas nunca superadas sobre “El saber de
Alfonso el Sabio”, en las que muestra precisamente el significado del saber a través de las dos primeras
partes de la General Estoría, llegando en particular a la conclusión de que “pues el saber constituye una
totalidad que (lógicamente) sólo Dios puede abarcar, cualquier saber limitado es una forma de participación
en la divinidad (y, por lo tanto, también una virtud)”. Prosigue subrayando cómo, en el universo mental de
Alfonso X, “los niveles del saber corresponden en principio a los niveles estamentales”, con lo cual,
teniendo en cuenta que, según dice el propio rey: “son los reyes en los sesos mas agudos que los otros

37
“Tu escogiste a mi por rey por alto pueblo y por jues de los tus fijos y fijas” (fº136).
38
La traducción de este pasaje en la General Estoria es: “Y dio nuestro señor Dios a Salamon saber y
entendimiento y anchesa de coraçon, y todo esto mucho como es el arena en la rribera de la mar. Y vencio el rey
Salamon de saber a todos los de Oriente, y a todos los de Egipto, y a los Ebreos, y a los quatro fijos de Emal que
eran muy nonbrados por saber: Ethan, Hemay, y Calcal, y Dorda, y a todos quantos nonbres eran; y nonbravanle
mucho en todas las tierras de aderredor de sus terminos y fablavan todos de su saber. Y dixo Salamon tres mill
palabras de fasañas, donde es fecho el libro que llaman las palabras de Salamon, y conpuso çinco mill cantares
como por versos, donde ay otro libro y es al que llaman cantica canticorum que quiere desir tanto como cantares de
los cantares. Y dispuso y departio mucho de las naturas de los arboles (...) y departio mucho de las bestias y de las
aves y de las animalias de la tierra que andan rrastrando y de los peçes. Y vinien de todos los pueblos de todos los
reyes de la tierra que oyen el saber de Salamon a oyr la su sapiencia y aprender del' (Escorial, Mss. Cast. Y-I-8, fº

11
omnes”, se otorga o exige “a la condición real la ciencia y el entendimiento máximos”39. Recordando
finalmente que la General Estoria afirma que “todas las artes de todos los saberes (...) son cosas que nunca
mueren, mas siempre biven e fazen bivir al que las sabe, e el que las non sabe (o si mas no algo dellas), tal
es como muerto; et por esta razón los sabios al saber llaman ‘vida’, al non saber ‘muerte’”, Francisco Rico
declara: “Esa inmortalidad no es otra que la brindada por la fama, que prolonga a título póstumo la
bienandanza que en vida corresponde a los amigos del saber”40. A esta conclusión, muy propia de la
filosofía antigua y que encaja perfectamente con su contexto - la fundación de Atenas -, añadiríamos que
esta “vida” que proporciona la Sabiduría es tambíen vida eterna. En la Tercera Parte - aún inédita - de la
General Estoria, figuran la historia del rey Salomón y las obras que se le atribuyen, en particular el “Libro
de la Sabiduría” y el “Cantar de los Cantares”.
La reivindicación del saber por el rey, por ser “en los sesos más agudo que los otros omnes”, tiene
consecuencias que no se limitan al campo de una jerarquización social. No hay que olvidar aquí que la
figura del “intelectual”, inventada en el siglo XII y que alcanza su madurez en el XIII, es ante todo una
figura eclesiástica. Tanto los scholares como los magistri son clerici que, en la mayor parte de las
universidades durante la primera mitad del siglo XIII, han conseguido librarse del poder laico y, para no
verse sometidos a la autoridad jurisdiccional del clero secular del que deberían depender, se han colocado
directamente bajo la protección papal41. El campo del saber seguirá siendo, en la mayor parte de la
Cristiandad, un monopolio de los clérigos.
La afirmación de que todo saber viene de Dios y acerca a Dios, y de que los reyes, por ser reyes, tienen
más saber y más entendimiento confiere así a la función real un carácter clerical, si no sacerdotal. No
solamente comparte el rey el saber con los miembros de la Iglesia, sino que lo posee en mayor grado. Esto
es lo que le permite, cuando legisla – “por que conviene a los reyes que an a tener e a guardar sus pueblos
en paz e en iusticia que fagan leyes e posturas e fueros” -, dedicar la primera de sus siete Partidas a definir
“qué cosas son las leyes e fabla de la Sancta Trinidat e de la fe católica e de los artículos della e de los
sagramientos de Santa Eglesia, e del apostoligo e de los otros prelados que los pueden dar, en qué manera
deven seer onrrados e guardados, e de los clérigos e religiosos e de todas las otras cosas tan bien de
privilegios cuerno de los otros derechos que pertenescen a Santa Eglesia”42. Los sínodos y concilios no
tratan otra materia.
Conviene asimismo recordar que, en la hagiografía propia de los siglos XII y XIII, el “santo”, que es

105v).
39
Francisco RICO, Alfonso X el Sabio y la “General Estoria”. Tres lecciones, Barcelona, Ariel, 1972, reed. 1984,
pp. 130 y 133.
40
Ibidem, p.138. Ver también Margherita MORREALE, “Acerca de ‘sapiencia, sabiencia, sabid(u)ría’ y ‘saber’ en
la IVª Parte de la ‘General Estoria’”, Cahiers de linguistique hispanique médiévale, 6 (1981), pp. 111-122.
41
Jacques LE GOFF, Les intellectuels au Moyen Age, Paris, Le Seuil, 1957.
42
ALFONSO X EL SABIO, Primera Partida, ed. por Juan Antonio ARIAS BONET, Valladolid, Universidad,
1975, pp. 3-4.

12
siempre un eclesiástico, está descrito a partir de un “modelo” en el que desempeñan un papel fundamental
su origen noble y su formación intelectual. El ideal de santos laicos y “pobres de espíritu” o “simples” no se
difunde antes de finales del siglo XIII43. Santidad y sabiduría están por lo tanto íntimamente ligadas y,
aunque el título no fuera oficial hasta el siglo XVII, Fernando III recibirá pronto el cualificativo de
“santo”44. El estrecho vínculo entre ciencia o conocimiento y santidad tiene asimismo. raíces musulmanas.
Un texto procedente del ambiente cultural persa de finales del siglo XI señala que Dios hizo de los santos
los gobernadores del universo. Por su parte, Ibn-Arabi afirmaba que la ciencia, el saber, era parte de las
condiciones de la santidad, mientras que no lo era la fe45.
Sin necesidad, pues, de ritos externos, como la consagración que acompaña la coronación de los reyes
de Francia o el rito de los funerales reales que precisamente tiende a llenar el interregnum abierto por la
muerte del rey y que sólo se cierra cuando su sucesor recibe la consagración/coronación46, el rey de Castilla,
mediante su reivindicación de la Sabiduria, se convierte en rey-santo al tiempo que afirma su participación
de ambos estados, el laico y el eclesiástico.
Pero, al hacerlo, se sitúa por encima de ellos. En el campo “terrenal”, político, Alfonso X deja bien
claro que su capacidad para legislar le viene dada porque, “por la merced de Dios no avemos mayor sobre
nos en el temporal”47. Recogiendo aquí un tema ya esgrimido por el canonista Vincentius Hispanus a
principios de siglo, y tiempo antes de que los legistas de la corte de Felipe el Hermoso de Francia
consiguieran establecerlo para su rey, Alfonso X deja sentado que “el rey es emperador en su reino”. En la
ley 2 del Título II del Fuero Real, añade una comparación reveladora: “Nuestro señor Jesuchristo ordenó
primera mientre la su corte en el cielo, et puso a sí cabeza e comenzamiento de los angeles e de los
arcángeles E despues desto fizo el ome a la manera de su corte (...) Et de sí ordenó la corte terrenal en
aquella misma guisa, e en aquella manera que era ordenada la suya en el cielo, e puso el rey en su logar,
cabeza e comenzamiento de todo el pueblo, asi como puso a sí cabeza e comienzo de los angeles e de los
arcángeles. Et diol poder de guiar su pueblo Ca asi como ningun miembro non puede aver salut sin su
cabeza, asi nin el pueblo nin ninguno del pueblo non puede aver bien sin su rey, que es su cabeza e puesto

43
Francisco Javier FERNÁNDEZ CONDE, “El biógrafo contemporáneo de Santo Martino: Lucas de Tuy”, Santo
Martino de León (Ponencias del I Congreso Internacional sobre Santo Martino en el VIII Centenario de su obra
literaria, 1185-1985), León, lsidoriana Editorial, 1987, pp. 303-335, en particular p. 318. Peter LINEHAN, “Santo
Martino and the Context of Sanctity in Thirteenth-Century León”, Ibidem, pp. 687-697. André VAUCHEZ, Les
laïcs au Moyen Âge, Paris, Le Cerf, 1987.
44
En su Crónica de los reyes de Castilla, acabada en 1305, el arcediano de Toledo maestro Jofré de LOAYSA
inicia su primer capítulo con el asedio de Sevilla por el sanctissimus rex Fernandus (ed. por Antonio GARCIA
MARTINEZ, Murcia, Academia Alfonso X el Sabio, 1982, p. 72).
45
Remito a las comunicaciones dadas por Marc GABORIEAU, “Sainteté et sacralisation du pouvoir chez les
musulmans indiens” y Michel CHODKIEWICZ, “Le saint illettré dans l’hagiographie islamique”, en la Mesa
Redonda Journée Orient-Occident : Le Sacré, Paris, E.H.E.S.S., Cahiers du Centre de Recherches Historiques,
(avril 1991), pp. 43-45 y 31-41.
46
Para un buen resumen, ver Ralph E. GIESEY, “Models of Rulership in French Royal Ceremonial”, Rites of
Power, ed, por Sean WILENTZ, Philadelphia, UPP, 1985, pp. 41-64.
47
ALFONSO X EL SABIO, Primera Partida, p. 9.

13
por Dios para adelantar el bien e para vengar e vedar el mal”48. En esta representación del mundo, no existe
la Iglesia como poder. En el cielo domina Jesucristo, en la tierra el rey que tiene “su logar”.

Lugarteniente de Dios en el reino, por encima de los estados de clérigo y laíco, partícipe de la divinidad
en uno de sus máximes atributos, la Sabiduría - mientras que los reyes franceses han escogido la justicia49 -,
el rey de Castilla se debe de comunicar, al igual que Salomón, esa sabiduría. La protección y el impulso que
otorga el rey Sabio a las traducciones y a numerosos autores, o sea a la cultura en general, se explican con
referencia a esta “misión”. Y asimismo el interés mostrado por los centros de estudio, Salamanca,
Valladolid, Sevilla. En el Libro III de la Primera Parte de la General Estoria, Alfonso X, cita a Prisciano:
“en el comienço, los omnes, quanto mas mançebos vienen, tanto mas sotiles e entendudos son e tanto mas
agudamientre catan las cosas; e otrossi assi es e deve seer siempre, segund natura e razon, que los omnes,
quanto de mas enseñado logar vienen de luengo, tanto mas enseñados e sabidores nascen ellos”, para
afirmar a continuación que “mas saberes de bien se fallan en las cibdades que en las aldeas, e en las grandes
pueblas que en las pequeñas”, y, en el Libro de Josué de la Segunda Parte, “meior aprenden los muchos
escolares que los pocos, e meior en las escuelas grandes e gran estudio que en el pequeño”50.
Al ejercer su “sabiduría”, Alfonso X manifiesta pues su poder, fundamentándolo en el concepto
teológico de la sapientia divina, que dice de sí misma en el Eclesiástico (24, 3):
Yo salí de la boca del Altísimo
y cubrí como niebla la tierra.
Lejos estamos del concepto de un rey meramente “sabidor” de las ciencias, que hubiera descuidado el
gobierno del reino para entregarse al “deleite” del conocimiento. En Alfonso X se plasma un concepto de la
monarquía que otorga al rey no sólo una función de lugarteniente de Dios sino su “amistad”, lo convierte en
un nuevo Salomón - ¿no se hace aqui patente el paralelismo entre el “Cantar de los Cantares” en el que,
según la tradición, Salomón alaba a la Sulamita y las “Cantigas de Santa María” en las que el rey celebra
su Dama? -, y, dentro de la cultura clásica, lo transforma en émulo de Alejandro, al que instruyó
Aristóteles. El Libro de Alexandre, que pertenece al ciclo llamado del “mester de clerecía” y debió de ser
redactado en la primera mitad del siglo XIII, dedica efectivamente un gran número de estrofas a la
formación intelectual del joven Alexandre:
El padre, de siet’años metiólo a leer
diól maestros honrados de sen e de saber,

48
ALFONSO X EL SABIO, Fuero Real, ed. por la Real Academia de la Historia, Madrid, 1836; ed. facsímil,
Valladolid, 1979, pp. 9-10.
49
Pero la facultad de impartir justicia se deriva a su vez de la Sabiduría divina. En colofón a la historia del juicio de
Salomón, la General Estoria de Alfonso el Sabio hace hincapié en que: “Este juysio que dio el rrey Salamon sobre
este niño a aquellas mugeres sono por toda Ysrael, y tovieron las gentes por muy sabio al rey, y temieronle por ello,
ca veyen que saber de Dios era aquel que avie en el por que tal juysio como este die” (Escorial, Mss. Cast., Y-1-8,
fº 104v-105).

14
los mejores que pudo en Greçia escoger,
quel en las siete artes sopiessen enponer,
del mismo modo que, en alternancia con los relatos de batallas, muestra a un gobernante capaz de utilizar su
razón y su inteligencia para salir victorioso de varias hazañas51. El texto, por su forma didáctica, podría
haber sido un speculum principum. La historia de Alexandre se prestaba a ello, y Alfonso X la relatará
largamente en la Cuarta Parte de su General Estoria52.
El problema que aquí se plantea es el de la particularidad de Alfonso X. El concepto de monarquía
basado en la Sabiduría divina puede efectivamente no ser más que una “construcción” mental e ideológica
del rey Sabio para asentar su propio poder, un recurso coyuntural que enlazaba con sus inclinaciones
personales. A fin de cuentas, el rey de Sicilia, Federico II, también fue amante de los saberes, protegió a los
autores, fundó la universidad de Nápoles en 1224, hizo redactar las Constituciones de Melfi y es autor de
un De arte venandi cum avibus53. Pero la historiografía reciente de este emperador, dando la espalda a la
“hagiografía” que le había dedicado Ernst Kantorowicz en 1927, revela que su papel cultural no fue muy
amplio54. Y, en todo caso, Federico II no parece haber recurrido a la Sabiduría como fuente y justificación
de su poder.

Dentro del panorama ibérico, en cambio, Alfonso X se nos aparece como el epígono de una tradición
ya establecida a la que mejorará hasta darle su forma acabada. Hemos mencionado ya que los reyes de
Castilla y León del siglo XII escogían sus cancilleres entre los maestros de los grandes cabildos
catedralicios. Diego García de Campos, canciller de Alfonso VIII, dedica así tres capítulos de su Planeta a
la glosa del himno: “Christus vincit, Christus regnat, Christus ímperat”, por él aprendido en Francia.
“Vencer, reinar e imperar” son atributos de Cristo como rey, pero son también los tradicionales atributos
del rey en España, que vence a los “enemigos de la fe”, que reina y además, como Alfonso VI y Alfonso VII
“impera” sobre los demás reyes de la Península. Diego García dedica su obra al arzobispo de Toledo
Rodrigo Jiménez de Rada, al que alaba como “discretissimus per naturam, eruditissimus per doctrínam
(...) eruditus ín litteris et naturis (...) erudítus cum sanctitate (...) eruditus sine errore (...) dominorum
potentissímus, prelatorum clarissimus, díscretorum discretissimus, eruditorum sapientissimus”, señalando
que supera “nonnullos príncipes potestate, patríarchas plurimos eruditione, profundos phylosophos
inquisitione, famosos theologos investigatione”55.

50
ALFONSO X EL SABIO, General Estoria. Primera Parte, p.76a, y General Estoria. Segunda Parte, I, p. 68.
51
Libro de Alexandre, ed. por Jesús CANAS, Madrid, Cátedra, 1988, en part. Introducción pp. 34-39, y p. 139.
52
Aún inédita. Algunos fragmentos han sido publicados en ALFONSO X, General Estoria (antología), ed. por
Milagros VILLAR RUBIO, Barcelona, Plaza y Janés, 1984, pp. 244-266.
53
Kaiser FRIEDRICH DER ZWEITE, Über die Kunst mit Vögeln zu jagen, ed. por Carl A. WILLEMSEN,
Frankfurt-am-Main, Insel-Verlag, 1970 (texto en latín con traducción al alemán).
54
David ABULAFIA, Frederick II. A Medieval Emperor, Allen Lane, The Penguin Press, London, 1988, pp. 263-
264.
55
Diego GARCIA de CAMPOS, Planeta, ed. por Manuel ALONSO, Madrid, 1943, fº 3v.-4, p. 162.

15
El destinatario de la obra, Rodrigo Jiménez de Rada, estudió también en Bolonia, y luego en París
donde alcanzó el grado de magister theologiae. Oriundo de Navarra, había recibido su primera educación
en la corte del rey Sancho VI el Sabio, donde estuvo en contacto con el obispo Pedro de Artajona, el
canciller Ferrando de Funes y, quizás, los extranjeros atraídos por el ambiente cultural. Al regresar a la
Península en 1207 como obispo de Osma - sede que poseía entonces una rica biblioteca y en la que había
sido subprior Domingo de Guzmán56 - y al convertirse en consejero del rey Alfonso VIII, Rodrigo Jiménez
de Rada constituye el eslabón entre el rey Sabio navarro y el rey Sabio castellano.
Arzobispo de Toledo a partir de 1208, consejero de los reyes Alfonso VIII, Enrique I y Fernando III,
canciller mayor del reino, ardiente defensor de la supremacía de su mitra en España, promotor de la catedral
gótica de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada era, ante todo, un político con una clara visión de España, de su
inserción en la historia humana general, de la misión específica que fuera encomendada a sus reyes. La
Historia de rebus Hispaniae (1243) constituye el primer intento de elaborar, a partir de fuentes diversas,
una historia de España “coherente”, unificada, desde la Creación del mundo hasta la restauración de la sede
de Córdoba en 123757. No olvidemos que Rodrigo Jiménez de Rada era maestro en teología y que la
sapientia es la scientia ordinata, saber a la vez unificador y ordenador de la totalidad de la existencia
humana. En su prólogo dedicatorio al inclite domíne rex Fernando III, el arzobispo, excusándose de ser
stilo rudi et sapiente tenui, hace un elogio de los que sapientiam habuerunt y que pusieron por escrito los
conocimientos del curso de las estrellas, del movimiento de los planetas, de los signos de los astros, de la
geometría, de los eclipses de sol, de las propiedades de las plantas, y, sobre todo, de los hechos de los
hombres y de los acontecimientos de los tiempos. El esquema nos resulta ya familiar: la sabiduría da acceso
a la totalidad del conocimiento.
El De rebus Hispaniae se presenta, por otra parte, como una obra moralizante, una sucesión de
retratos de reyes y príncipes, dignos de admiración e imitación unos, o al contrario reprobables y
condenados: es un speculum o un regimen príncipum en el que la sabiduría desempeña su papel. El mejor
ejemplo, porque más cercano en el tiempo y porque lo conoció personalmente el arzobispo, es Alfonso VIII
al que siempre designa como rex nobilís: en el Libro VII, el capítulo 18 es una digresión sobre fides y
fídelitas, que acaba con: “Omnipotens regit reges et per eum príncipes tenent terram (... ) et crevit apud
Deum et homines sapiencia et etate”; en el capítulo 28, dentro de la lista de las virtudes y grandes hechos
del mismo Alfonso VIII, dice: “Sapiencia eius pax multorum et lingua eius informatio discipline”; el
capítulo 34 está dedicado a De constructíone hospítalis et institutione scolarum; y en el elogio fúnebre que
hace del rey en el capítulo 15 del Libro VIII, le atribuye “strenuitas, largitas, curialitas, sapiencia et

56
Bernabé BARTOLOMÉ MARTÍNEZ, “Antiguas escuelas en la catedral de Burgo de Osma”, Celtiberia, 29
(1979), pp. 257-263. Horacio SANTIAGO OTERO, “La escuela catedral de Burgo de Osma en tiempos de santo
Domingo”, Fe y cultura en la Edad Media, Madrid, C.S.I.C., 1988, pp. 219-226.
57
Roderici XIMENII DE RADA, Historia de rebus Hispanie sive historia gothica, ed. por Juan FERNANDEZ
VALVERDE, Turnhout, Brepols, 1987.

16
modestia”58.
No nos hemos detenido en este retrato de Alfonso VIII arbitrariamente. Según el propio Rodrigo
Jiménez de Rada, fue dado como ejemplo a Fernando III por su madre, la reina Berenguela59. Y si bien
parece que parte de la infancia del joven Alfonso X haya transcurrido en Galicia, con lo que ignoramos
cuáles y cuán largas pudieron ser sus relaciones personales con el Toledano - que murió en 1247, cuando el
infante Alfonso tenía 26 o 27 años -, no hay que olvidar que el rey Sabio conocía perfectamente el De rebus
Hispaniae al que utilizó abundantemente en su Primera Chronica General de España y en la General
Estoria.

No se suele asociar el rey Fernando III con el saber y la sabiduría, sino con la unión de las coronas de
Castilla y León y las conquistas de Jaén, Córdoba y Sevilla. Es olvidar el apoyo que precisamente prestó a
Rodrigo Jiménez de Rada, y el que, con su madre, dió al obispo de Tuy, Lucas, que, después de 1236,
quizás cuando era aún miembro del cabildo de San Isidoro de León, había acabado un Chronicon mundi,
ejemplo asimismo de una historia lineal, totalizadora e unificadora. Francisco Javier Fernández Conde ya
puso de relieve lo que este Chronicon mundí tiene de De regimine príncipum en su tono moralizante y su
galería de reyes ejemplares60. De la época del rey Santo data también la Crónica latina de los reyes de
Castilla, obra de ambiciones más modestas, que cubre el período 970-1236, y se debe a la pluma de su
canciller, don Juan, sucesivamente abad de Valladolid, obispo de Osma y obispo de Burgos; este cronista se
une a los anteriores en la celebración de Alfonso VIII, rex nobilis et gloriosus y vir sapiens et discretus61.
Florece asimismo, durante el reinado de Fernando III, el fenómeno literario conocido como el Mester
de clerecía, en el que unos “intelectuales” educados al amparo de la universidad de Palencia elaboran obras
cultas y didácticas, destinadas a la enseñanza del gran público62; ya hemos visto que obras como el Libro de
Alexandre pueden encajar perfectamente en el género de los libros “para la educación de los príncipes”. Si
Lucas de Tuy hace hincapié en el hecho de que Fernando III “tenía consigo varones catholicos muy sabios”

58
Ibidem, pp. 240-241, 251, 256 y 280. Sobre el fomento de los estudios, el arzobispo escribe: “sapientes a Galli et
Ytalia convocavit, et sapiencia disciplina a regno suo nunquam abesset, el magistros omnium facultatum Palencie
congregavit, quibus et magna stipendia est largitus, ut omni studium cupienti quasi manna in os influeret sapiencia
cuiuslibet facultatis” (p.256).
59
Ibidem, p. 290: “... que adeo filium sollicite educavit, ut regnum et patriam iuxta morem avi sui nobilis Aldefonsi
in pace et modestia gubernaret”.
60
LUCAS DE TUY, Chronicon mundi, ed. por SCHOTT en Hispania Illustrata, t.IV, Frankfurt, 1608. Ver
Francisco Javier FERNÁNDEZ CONDE, “El biógrafo contemporáneo de Santo Martino: Lucas de Tuy”, Santo
Martino de León, pp. 303-335. Lucas de Tuy, además del Chronicon mundi, fue autor de una Vita Sancti Martini
Legionensis, de un Liber de miraculis Sancti Isidori, y de un tratado polémico De altera vita fideique controversias
adversus Albigensium errores.
61
Crónica latina de los reyes de Castilla, ed. por Mª Desamparados CABANES PECOURT, Zaragoza, Textos
Medievales, 3ª ed., 1985, pp. 26 y 31. Ver Julio GONZÁLEZ, “La Crónica latina de los reyes de Castilla”,
Homenaje a D. Agustín Millares Carló, Gran Canaria, t.II, 1975, pp. 55-70.
62
Francisco RICO, “La clerecía del mester”, Hispanic Review, 53 (1985), pp. 1-23 y 127-150. Ver también la
introducción de Michael GERLI a su edición de Gonzalo de BERCEO, Milagros de Nuestra Señora, Madrid,
Cátedra, 1989.

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y que “assi que fue visto que folgó sobrél o el spiritu de sabiduría que fue en Alfonso, rey de Castilla, su
abuelo”63, el autor del Libro de Alexandre insiste sobre la formación intelectual de su héroe durante su
juventud. De la época de Fernando III datan asimismo parte de la obra de traducción de Herman el Alemán
- que acabó en Toledo en 1240 la traducción de la Etica a Nicomeda de Aristóteles -, así como la versión
castellana del Poridat de Poridades64. En el campo del derecho, se llevó a cabo la traducción al romance del
Fuero Juzgo que fue concedido a ciertas ciudades.
Fernando III es también un rey protector de las universidades, de la de Palencia que, decía Rodrigo
Jiménez de Rada en su De rebus Hispaníae hacia 1240, “per Dei graciam adhuc durat”, y de la de
Salamanca, fundada por su padre hacia 1218 o 1219, a la que dará en 1243 confirmación de los privilegios
de los maestros y alumnos, que recibirán además de él en 1252 una exención de portazgos65.

Alfonso X siempre insistió en que su obra no era sino la continuación de la de su padre, al que rindió
numerosos homenajes, en particular en el Setenario donde, a continuación de la glosa de las siete letras de
los siete nombres de Dios, glosa las siete letras del nombre “Fernando”. Y no debemos de olvidar que
Salomón, elegido como modelo por el Rey Sabio, era hijo de David y construyó el Templo “a loor de mi
señor Dios lo que mi padre fisiera sy pudiera y biviera”66. Por su parte, Leonor, única hija de Fernando III y
hermanastra de Alfonso X, no sólo llevó a Inglaterra al casarse con Eduardo I unos refinamientos que
sorprendieron a los londinenses; los libros de cuentas de su casa revelan su interés por la cultura: la reina
poseía libros muy diversos que incluían ciertos romans, patrocinaba a autores, mantenía un scríptorium y,
en 1290, intercambiaba cartas con un magister de Oxford a propósito de uno de sus libros67.
La cultura ha desempeñado así un papel predominante en la formación de una ideología de la
monarquía castellana. Los reyes no llaman tan sólo a su lado a juristas o cronistas capaces de elaborar un
concepto que los sitúe en una posición dominante frente a sus súbditos, a los demás príncipes, al emperador
y al papa. Al adoptar la Sabiduría divina como atributo que fundamenta su poder en la tierra, los reyes de
Castilla han sido investidos con la sapientia de Dios, que sola permite gobernar los pueblos, hacer leyes,
impartir justicia, y que conlleva el deber de transmitir el conocimiento - de Dios en primera y última
instancia - y de luchar contra la ignorancia. El fomento de la cultura por los soberanos es un deber, del que
tendrán que rendir cuentas ante su Creador, que no se limita a la mera elaboración de conceptos ideológicos
que refuercen un poder real más o menos contestado.
No podemos seguir aquí en profundidad la evolución de la teoría del rey sabio. Alfonso X encomendó
la educación del infante don Sancho, el futuro Sancho IV, al franciscano Juan Gil de Zamora que había

63
Cit. por F.J. FERNÁNDEZ CONDE, “El biógrafo contemporáneo.....”, op.cit., p. 313.
64
José S. GIL, La escuela de traductores de Toledo y sus colaboradores judíos, Toledo, 1985, pp. 55 y 86.
65
Antonio GARCIA Y CARCIA, en La universidad de Salamanca, 1, Salamanca, 1989, p. 19.
66
Escorial, Mss. Cast., Y-I-8, fº 106.
67
John Carmi PARSONS, The Court and Household of Eleanor of Castile in 1290, Toronto, Pontifical Institute of

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estudiado la teología en París en los años 1270 y estaba en la corte a partir de los años 1278. Autor de más
de una docena de obras que incluyen un Liber Mariae con su Officium almifluae Virginis, un Ars dictandi,
un Liber contra venena et animalia venenosa, un De viris illustribus, unas vidas y pasiones de santos y
una Historia naturalis, Juan Gil de Zamora escribió precisamente para su discípulo un Liber de preconiis
Hispaniae, que es a la vez un régimen de príncipes, un compendio de historia de España - tomada de
Rodrigo Jiménez de Rada - a través de sus hijos y lugares ilustres, un breve repaso a los príncipes y tiranos
de la antigüedad, y un tratado sobre derechos mutuos de los príncipes y los vasallos, y sobre la guerra68. El
“régimen de príncipes” propiamente dicho está repartido entre dos capítulos. En el sexto tratado, dedicado a
De virorum Hispanie sanctitate et honestate, Juan Gil indica que los reyes deben de haber tres
strenuitates: temor del poder de Dios, conocimiento de la verdad divina, amor de la bondad de Dios. En el
tratado siete, titulado De philosophorum ac doctorum Hispanie perspicacitate, desarrolla las diversas
cualidades de los reyes respecto a sí mismos y respecto a sus pueblos. En este último apartado, la scientia
regis ocupa el mismo rango que la “justicia y misericordia del rey hacia los pueblos”, la “prudencia del rey”
y “el consejo del rey”, y consiste en que el rey sepa la gramática, la lógica, la retórica, la aritmética la
geometría, la música y, sobre todo, la astronomía ya que “Rex autem inter Deum et homines est, inter
celum et terram, ut sciat superiora et inferiora, et illis regulet ista”; Juan Gil de Zamora acaba su
demostración citando el Libro de los Proverbios “Ait enim Divina Sapientia, Proverbíorum VIII, per me
reges regnant”69. Los conocimientos del rey abarcan, pues, todo el saber universitario, propio de los
clérigos, pero que en su caso no constituyen más que un aspecto de su poder como rey.

Sancho IV no siguió todos los consejos de su maestro. No se puede olvidar, sin embargo, que en
medio de las dificultades de su reinado, tuvo tiempo de redactar un Lucidario que pretende, según reza su
prólogo, responder a todas las preguntas que se hacen los hombres “porque los entendimientos de los omnes
se quieren estender a saber e a demandar las cosas mas que les es dado” y para poner fín a “la contienda
que era entre los maestros de la thologia e los de las naturas” para que “las estorias que fablan del nuestro
sennor, Ihesu Christo, sean departidas e declaradas porque ninguno non pueda travar en ellas, e por
traherlas a concordamiento e a serviçio e a enxalçamiento de la nuestra fe”70. Vemos aquí a un rey que
cumple con su deber de “enseñar” a su pueblo, de comunicarle la sabiduría, y al que nadie niega la
capacidad para “departir e declarar” sobre las cosas del cielo y de la tierra. Se atribuyen asimismo a Sancho
IV de Castilla la obra Castigos y documentos para bien vivir y un Especulo o Espeio de todos los
derechos. Sabemos por otra parte que encargó la traducción al castellano del Libro del Tesoro, escrito en

Mediaeval Studies, 1977, pp. 13-14.


68
Fr. Juan GIL DE ZAMORA, De preconiis Hispaniae, ed. por Manuel de CASTRO Y CASTRO, Madrid,
Universidad, 1955.
69
Ibidem, pp. 199-205. Juan Gil de Zamora da también como ejemplo el rey de Francia que procuró instruir a sus
hijos diciendo “quia rex illiteratus est quasi asinus coronatus”.

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francés por Brunetto Latini que había visitado a Alfonso X en Sevilla en 126071, y que fue durante su
reinado cuando el arcediano de Toledo, maestro Jofré de Loaysa, empezó su Crónica de los reyes de
Castilla que pretende continuar el De rebus Hispaniae de Rodrigo Jiménez de Rada72. Del reinado de
Sancho IV también dataría el Tratado del consejo y consejeros de los príncipes para su buen gobierno de
Maestre Pedro, que indica en su prólogo que los remedios a los males originados por el pecado original son
“el saber e la virtud e el provecho”, que “el bien que es en rrazon del alma son el saber e las virtudes” y que
“este es muy mas noble e mejor que qualquier de los otros”73.

Después de Sancho IV, no tenemos constancia de otros reyes que hayan sido autores de obras.
Durante la primera mitad del siglo XIV, don Juan Manuel, que reivindicaba alto y fuerte su ascendencia
real, desempeñará este papel. Pero la protección de los reyes sigue extendiéndose a las universidades y
pronto buscan en ellas a los “letrados” que constituyen el primer cuerpo estable de gobierno del reino. Con
la dinastía trastamarista, los grandes “letrados” siempre conservaron su posición en el Consejo Real, la
Chancillería y la Audiencia.
Alfonso XI dará como maestro a su hijo y heredero, el futuro Pedro I, al obispo de Osma Bernabé que
también era físico de la reina; Bernabé de Osma mandó a fray Juan García de Castrojeriz que, para su
alumno, tradujese al castellano y glosase el “Regimiento de Príncipes” de Gil de Roma74. Pero Alfonso XI
llevó asimismo a cabo una “reestructuración” del pasado a través de su obra historiográfica, y encargó al
obispo de Coimbra, don Ramón, un Rito de coronación, conocido como “rito escurialense”, que no fue
nunca puesto en práctica; el lugar ocupado por el rey en cada fase de la ceremonia según este escrito, la
realidad de lo que ocurrió en 1332, y las críticas que dirige a la corte castellana, llena de nigromantes,
heréticos y matemáticos, el obispo de Silves Alvaro Pelayo, que llega a acusar a los reyes “quia aliqui
usurpant officia sacerdoti” y “deinde impetrant indulgentiam vel dispensationem”75, muestran que los
reyes seguían entendiendo su papel como superior o ajeno al de los eclesiásticos. Siguiendo la tradición
establecida por sus antepasados, Alfonso XI fomentó asimismo el derecho y el Ordenamiento de Alcalá
completará las Siete Partidas en materia de derecho castellano.
Los cronistas de los primeros reyes trastamaristas no mencionan que ninguno haya destacado por una

70
Los “Lucídarios” españoles, ed. por Richard P. KINKADE, Madrid, Gredos, 1968, p.77 y 80.
71
Brunetto LATINI, Libro del tesoro. Versión castellana de Li Livres dou Tresor, ed. por Spurgeon BALDWIN,
Madison, Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1989.
72
Jofré de LOAYSA, Crónica de los reyes de Castilla, ed. por Antonio GARCÍA MARTÍNEZ, Murcia, Academia
Alfonso X el Sabio, 1982.
73
Agapito REY, “Libro del consejo e de los consejeros por Maestre Pedro”, Romance Philology, V (1951-1952),
pp. 211-219; VIII (1954-1955), pp. 33-39; IX (1955-1956), pp. 435-438; y XI (1957-1958), pp. 160-167.
74
Juan BENEYTO PÉREZ (ed.), Glosa castellana al ‘Regimiento de Príncipes’ de Egidio Romano, Madrid,
Instituto de Estudios Políticos, 1947, 3 vols.
75
Peter LINEHAN, “Ideología y liturgia en el reinado de Alfonso XI de Castilla”, Genèse médiévale de l’État
Moderne: la Castille el la Navarre (1250-1370), ed. por Adeline RUCQUOI, Valladolid, Ámbito, 1987, pp. 229-
243.

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cultura personal. Ponen sin embargo de relieve la importancia, en su corte y sus órganos de gobierno, de los
letrados, instruidos en las universidades, fuesen laícos o eclesiásticos. Pero cuando Fernán Pérez de
Guzmán nos dice de Juan II al final de su Crónica que “dábase mucho a leer libros de filósofos e poetas;
era buen eclesiásno, docto en la lengua latina, mucho honrador de las personas de sciencia. Tenía muchas
gracias naturales, era gran músico, tañía e cantaba e trovaba e danzaba muy bien”76, nos describe un rey
que encaja perfectamente dentro del esquema del “rey sabio”. Fernán Pérez de Guzmán matizará sin
embargo este juicio en sus Generaciones y semblanzas, precisamente a partir de una comparación con
Salomón: “Ca la principal virtud del rey, despues de la fee, es ser industrioso e diligente en la governaçion e
regimiento de su reyno, e pruevase por aquel mas sabio de los reyes, Salamon, el cual, aviendo
mandamiento de Dios que pidiese lo que quisiese, non demando salvo seso para rigir e hordenar el
pueblo”77. Juan II consiguió reunir a su alrededor una verdadera “corte literaria” de la que testimonia la
ingente cantidad de obras, en latín y en castellano, que le fueron dirigidas, hayan sido o no por él
encargadas. Y cuando, por los años 1440-1450, la chancillería real acuña la fórmula: “de mi çierta sçiençia
e sabiduría e de mi poderío real absoluto”78, no hace sino reafirmar que, en el concepto de la realeza
medieval castellana, sabiduría y poder estan indisolublemente vinculados.

76
Crónicas de los reyes de Castilla, t.II, Madrid, B.A.E. LXVIII, 1953, p. 693.
77
Fernán PÉREZ DE GUZMÁN, Generaciones y semblanzas, ed. por J. DOMINGUEZ BORDONA, Madrid,
Espasa-Calpe, 1979, p. 119.
78
Fórmula que figura en la carta de legitimación de Alfonso de Castilla, hijo del obispo D. Pedro de Castilla,
expedida a 30 de diciembre de 1450 desde Villalpando (B.N. Paris, Ms. Esp.101, fº 23).

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