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EL MISTERIO DE LA CONCIENCIA DE JOHN SEARLE

INTEGRANTES: CLARA ELISA JACANAMIJOY AGREDA


ALDA DOLORES GUEVARA MUCHAVISOY
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INTRODUCCIÓN

En el siguiente escrito intentamos mostrar, siguiendo las ideas de John Searle que la
conciencia es un fenómeno subjetivo que puede ser explicado con los criterios de la
ciencia “objetiva”, buscamos una explicación coherente sobre la subjetividad ontológica
de conciencia y los estados mentales, y la objetividad epistemológica de la misma.
Creemos que el aporte principal de Searle, en el “misterio de la conciencia”, es
precisamente señalar que “…la conciencia es un fenómeno mental cualitativo, subjetivo,
y al propio tiempo, parte natural del mundo físico” . Para alcanzar nuestro objetivo
hemos divido el texto en cuatro partes. La primera parte trata sobre el problema mente-
cuerpo, en la segunda intentamos comprender porque Searle considera que si bien la
conciencia es algo subjetiva, podemos tratarla de manera objetiva. En la tercera parte
nos interesa exponer la propuesta de Dennet, quien trata de explicar la conciencia de
manera objetiva, y en la última parte asumimos una posición a favor de la postura de
John Searle, refutando a su vez la expuesta por Dennet.
EL PROBLEMA MENTE-CUERPO

“Desde que Descartes planteó la oposición entre lo mental y lo físico, a sido una gran
preocupación reconciliar nuestras creencias pre-científicas acerca de la mente con
nuestra concepción científica de la realidad” . Gran parte de los filósofos de la mente
contemporánea, según lo explica Searle, conservan la oposición de herencia cartesiana,
entre lo físico y lo mental en sus explicaciones sobre la conciencia. Al mantener la
oposición entre lo físico y lo mental, y al observar las mutables explicaciones objetivas
de las ciencias exactas, se han buscado muchas salidas. Las más llamativas son las que,
o bien pretenden reconocer que la conciencia es un estado subjetivo pero niegan que sea
posible dar alguna explicación (precisamente por su carácter subjetivo); o bien,
pretenden atacar a quienes hablan de la conciencia mostrándoles que necesitan algún
regocijo espiritual, pues hablar de conciencia, en sus opiniones es un forma que acarrea
un misticismo y que implica un problema para la ciencia. La conciencia, en “realidad no
existe”; estos últimos (normalmente llamados materialistas), buscan su objetivo
sustituyendo términos que aluden a la mente o identificando la mente con el cerebro.
Sin embargo, lo que Searle encuentra en la historia del materialismo, es una tención
fuerte entre el impulso a proporcionar una explicación de la realidad que deje aun lado
cualquier referencia a los rasgos especiales de lo mental, tales como conciencia y
subjetividad y explicar al mismo tiempo nuestras intuiciones sobre la mente.

Searle considera que es un error oponer lo físico y lo mental. Y adicionalmente muestra


que ello se da entre otras cosas, por no tener claridad entre lo que es la ontología, o el
modo de ser de las cosas y la epistemología o el modo de describirlas. No tener en
cuenta esto, puede llevar a sostener argumentaciones extrañas, tanto en filosofía de la
mente como en otras áreas, atribuyendo por ejemplo, características de los juicios a los
hechos.
“En la epistemología y en la ontología” , podemos distinguir objetividad y subjetividad.
En el campo epistemológico lo “objetivo y subjetivo” son características de los juicios;
objetivo se refiere a que los juicios que hacemos, no dependen exclusivamente de
intereses personales.

Subjetivo en epistemología en cambio, lo usamos para aludir a aquellos juicios donde


involucramos nuestras emociones, gustos o deseos. En sentido ontológico, “objetivo y
subjetivo”, son características que les atribuimos al modo de ser de las cosas; una
entidad es ontológicamente objetiva, cuando su modo de existencia es independiente de
cualquier sujeto perceptor o de cualquier estado mental y es ontológicamente subjetiva
cuando su modo de existencia depende de un sujeto.

Obviamente, la distinción anterior hecha por Searle tiene como base el sentido común, y
permite aclarar muchas de las intrincadas disputas sobre las explicaciones de la
conciencia. Hace posible entre otras cosas, caracterizar los estados mentales conscientes
como ontológicamente subjetivos porque depende de alguien, pero cuyas descripciones
pueden ser en la medida de lo posible objetivos. Podemos elaborar juicios de los
dolores, los deseos, y entenderlos recíprocamente. Si los juicios fueran exclusivamente
subjetivos entonces de ellos no podemos hablar, puesto lo que alguien estimaba como
dolor sería ininteligible para otro; sin embargo al menos en la vida cotidiana, nos
referimos a nuestros estados mentales y nos entendemos.

ONTOLOGÍA Y EPISTEMOLOGÍA DE LA CONCIENCIA

La distinción entre objetivo y subjetivo tal como la explica Searle nos permite elaborar
juicios epistémicamente subjetivos sobre entidades ontológicamente objetivas.
Adicionalmente, se constituye en una herramienta para articular una ontología subjetiva
con una epistemología objetiva; de esto se sigue que de algo ontológicamente subjetivo,
no se implica necesariamente que también sea epistemológicamente subjetiva. De hecho
la conciencia es ontológicamente subjetiva, pero epistemológicamente objetiva; en el
caso de la conciencia que para Searle es un rasgo biológico de los cerebros humanos y
de ciertos animales, se acepta que podemos hacer una reducción epistemológica, es
decir que lo podemos explicar de manera objetiva o bajo los criterios de las ciencias
físicas, principalmente “…de la teoría atómica de la materia y de la teoría evolucionista
en biología” , pero advierte que esto no implica que debamos hacer una reducción
ontológica, es decir que debamos aceptar que la conciencia sea lo mismo que los
estados neurofisiológicos.

Pero antes de mostrar como es posible que podamos hablar de la conciencia de manera
objetiva, deseamos exponer dos prejuicios conceptuales, ambos de la tradición
empirista, que impide precisamente aceptar que la conciencia sea susceptible de
explicación. El primero y quizá uno de los prejuicios de los que resulta difícil
desprenderse, es la tendencia a creer que sólo aquello que sea susceptible de ser “visto”
por varios observadores, sea digno del estudio de la ciencia. O para decirlo mejor, los
“hechos” generalmente nos sugieren cosas, tendemos a pensar que, o la conciencia es
una cosa o no existe. Si pensamos que la conciencia es una “cosa” como los cigarrillos
que los podemos observar y fumar plácidamente, entonces es obvio que no existe. Esta
herencia, nos impide pensar en que es posible mantener una concepción ontológica en la
que los modos de ser de las cosas puedan ser relaciones entre estados de cosas o
propiedades de las mismas.
El segundo prejuicio, también de herencia empirista tiene que ver con la misma noción
de “percepción objetiva”. La percepción, sugiere la distinción entre cosa observada y
observador; pero la percepción o el acto de percibir, en si mismo no puede cumplir tal
requisito. “No podemos, por así decirlo, percibir nuestra percepción; porque incluso la
noción de observación objetiva deja a un lado las explicaciones sobre la conciencia, la
observación misma u sus modos de ser ontológicamente subjetivos. La categoría de
observar la conciencia en términos de distinguir la cosa observada y el observador, tal
como ha buscado la ciencia, no se aplica en el caso de la conciencia y sin embargo, esto
no se constituye en una restricción para que ella pueda ser explicada” .

Pero dejando a un lado los anteriores prejuicios, ya podemos aceptar que la conciencia
es algo ontológicamente subjetivo; aunque por cierto, tal vez nuestras palabras nos han
embrujado tanto que todavía dudemos de que la conciencia sea algo ontológicamente
subjetivo. (Pero entonces, ¿Debería ser nulo nuestro propio testimonio y el de quien
pueda pensar en lo que dice Searle?, al contrario: son prueba de que somos conscientes).

Pero creemos que ya es suficiente nuestro propio testimonio de que la conciencia es


subjetiva. Sin embargo, todavía puede parecer ilusorio que podamos dar una explicación
objetiva. Alguien podría preguntar ¿Cómo el modo de ser ontológico de la conciencia,
encaja con una explicación objetiva? Incluso podría decir, ¿Cómo es posible que en la
ciencia se este aceptando una taxonomía donde tenga cabida algo como la subjetividad?
Y continuaría diciendo, “si tanto esfuerzo y desazón nos ha causado llegar a una teoría
física de la materia donde sabemos que lo único que existe son partículas, y cualquier
observador competente puede aceptarlo, ¿Dónde podemos encajar “algo” como la
conciencia?”. Quien así pensara, es posible que todavía pretenda encontrar en el cerebro
un lugar en el que la conciencia este como una substancia; tal vez quiera hacerlo
especializándose en el estudio de un neurotransmisor (especial) de una neurona
(especial). O quizá tenga cierta ira porque le están demeritando el sublime estatus de la
ciencia en una época heroica o porque se este hablando de modos de ser subjetivos
cuando lo que importa es lo objetivo. Es incluso probable, que piense cada vez que se
habla de ontología se hable de cosas como los ríos, cerveza, taxis, mujeres de televisión
u otras cosas “visibles”, de cualquier modo, para criticar y sostener sus réplicas
debemos suponer que es un ser consciente.

Si la conciencia como hemos sugerido, no puede ser observada simplemente porque el


concepto de observación que permite distinguir entre el observador y la cosa observada,
no se aplica al caso de la conciencia; ¿implica que no hay alguna manera de explicarla?
Si el modelo observacional de explicar las cosas no contribuye a explicar la conciencia,
entonces ¿Cómo alcanzar una explicación coherente? (tal vez muchos supongan que
cuando un modelo de explicación no encaja con las cosas, o dado que nuestra noción de
observación no da lugar a la conciencia, debe seguirse o bien que de ella no podemos
hablar, o simplemente que no existe. Sin embargo, no se sigue ni que la conciencia no
exista, ni que de ella no podamos hablar; que la ciencia solo acepte las cosas objetivas y
que la conciencia sea necesariamente subjetiva, no se sigue ni que de ella no podamos
hablar, ni mucho menos que no exista).

Hasta ahora nos hemos limitado a hablar de la ontología de la conciencia, en adelante


continuaremos con la parte epistemológica; entonces, la pregunta esencial es ¿Cómo
podemos hablar de algo ontológicamente subjetivo? Siguiendo a Nagel (citado por
Searle), el carácter subjetivo de la conciencia implica por lo menos la imposibilidad
epistemológica, objetiva, para referirnos a ella. Sin embargo Searle, muestra como nos
referimos a ella, aceptando que es ontológicamente subjetiva. “Searle considera que la
conciencia, no es más que una propiedad emergente del cerebro” , ¿pero que significa
esto?

En “el redescubrimiento de la mente”, Searle admite que la conciencia es una propiedad


emergente del cerebro, en el mismo sentido en que son emergentes algunas propiedades
físicas como la solidez. También escribe, “…la pretensión de que siempre podemos
concebir la posibilidad de que ciertos estados cerebrales pudieran no causar conciencia,
podría depender sólo de nuestra ignorancia de cómo funciona el cerebro” .
Searle nos sugiere que su forma de explicar la conciencia no supone un hiato entre las
explicaciones del sentido común y las alcanzadas por la ciencia. Muestra que tanto en la
física teórica como en los mecanismos genéticos en la biología molecular, existen
diferentes niveles de explicación de los fenómenos biológicos; considera que “muchos
rasgos de las cosas grandes son explicados por la conducta de las cosas pequeñas” .
Desde luego, no todos. Las explicaciones que van de lo micro a lo macro, las denomina,
“abajo-arriba” o “micro-macro”; para entender el papel del cerebro en la vida mental, en
palabras de Searle se lee “necesitamos entender el funcionamiento del cerebro en
niveles más elevados que el de las neuronas individuales, y en particular que en esos
niveles elevados, necesitamos entender el funcionamiento de los sistemas de neuronas
organizadas en redes neuronales o en circuitos neuronales” . Esta idea sugiere que para
explicar los fenómenos mentales, no basta considerar la actividad de cada una de las
neuronas en particular, si no la red de las mismas.

Y si indagamos que pasa si la conciencia sólo la podemos explicar de manera objetiva y


que de ello impliquemos una reducción ontológica, podemos ver que es incorrecto; en
un pasaje muy ilustrativo, Searle escribe al respecto:
“supongamos que tratamos de reducir la sensación subjetiva consciente de primera
persona, de dolor a los patrones objetivos de tercera persona, de actividad neuronal.
Supongamos que intentáramos decir que el dolor no es “nada más que” los patrones de
actividad neuronal. Sin intentáramos tal reducción ontológica, los rasgos esenciales del
dolor, se dejarían de lado. Ninguna descripción de hechos objetivos, fisiológicos, de
tercera persona, transmitiría el carácter subjetivo de primera persona, del dolor,
simplemente porque los rasgos de primera persona son diferentes de los rasgos de
tercera persona”

Cuando Searle examina el caso del dolor, muestra que “los dolores son causados por
procesos neurofisiológicos” , y a la vez que “el dolor es una propiedad del cerebro” .
Aquí la pregunta importante es ¿Cómo los fenómenos mentales y los físicos pueden
estar en relación causal cuando el uno es característico del otro?, si la conciencia es algo
que depende de un nivel físico como el cerebro, entonces parece que de esto se sigue
que el nivel neurofisiológico es suficiente para explicar la conciencia de manera
objetiva.

La categoría importante para analizar es causa, si por causa se entiende que A causa a B
y que tiene que haber dos eventos discretos, uno de los cuales es causa y el otro efecto,
entonces al explicar la conciencia como causa de los procesos neurofisiológicos se
acepta un dualismo. Según esta forma de entender causa, cuando uno estima que la
neurofisiología causa, los estados mentales, nuevamente puede preguntarse si la
neurofisiología es suficiente para explicar los fenómenos mentales. Si lo es, entonces la
conciencia sería lo mismo que los estados neurofisiológicos (teoría de la identidad) y si
no, entonces se supone un dualismo.

Pero si Searle ha rechazado tanto el dualismo como la teoría de la identidad, entonces es


necesario ver como explica que la conciencia sea causa de los procesos
neurofisiológicos, sin implicar dualismo. Para esto, se necesita entender el concepto de
“causa”. Él, lo explica a partir de diferentes niveles de propiedades de un fenómeno; tal
como en la física y en otras ciencias, existen niveles de explicación micro-macro,
sucede con la conciencia. Así, “la existencia de conciencia puede ser explicada por las
interacciones causales entre elementos del cerebro al micro-nivel, pero la conciencia
misma no puede ser deducida o calculada a partir de la mera estructura física de las
neuronas, sin alguna explicación adicional de las relaciones causales entre ellas” . No
obstante, del hecho de que algunas macro-propiedades puedan ser causalmente
explicadas con base en el comportamiento de los elementos del micro-nivel no sucede
igual con todas. El hecho de que el conjunto de elementos que componen un sistema
tengan una característica particular, no significa que cada una de las partes que
componen el sistema también lo tenga. Ejemplificando lo anterior tenemos, un cuerpo
puede pesar 50 kg, pero cada una de sus partes que lo compone no puede pesar, de
manera individual 50 kg.

Los niveles de explicación entre lo micro y la macro, facilitan nuestra comprensión,


cuando afirmamos que tenemos sed, porque decimos en general, que tenemos sed y no
que una neurona en particular tiene sed. Otra ventaja de las explicaciones entre lo micro
y lo macro es que no opone las características de algo físico a algo mental.

LA CONCIECIA NEGADA: LA VISIÓN DE DANIEL DENNET

Comencemos por evocar en frases de Searle que “el propósito principal del libro de
Dennet es negar la existencia de los estados mentales internos y ofrecer una concepción
alternativa de la conciencia, o mejor dicho, de lo que él llama conciencia” , en este
sentido Searle pone en manifiesto como Dennet se dedica a discutir la existencia de
estados conscientes subjetivos y más bien plantea una metodología a la hora de abordar
el problema de la conciencia. Defiende el modelo de conciencia de los borradores
múltiples, que consiste en que en el cerebro esta en curso una serie entera de estados de
información, como múltiples borradores de un artículo; y ataca el modelo del teatro
cartesiano porque considera que los estados mentales subjetivos no existen. Dentro de
este marco ha de considerarse que Dennet niega que las personas o los individuos
tengamos experiencias conscientes. Esto es precisamente lo que Searle le va a criticar.

Una vez, que Dennet niega los estados mentales subjetivos, ofrece una explicación de la
conciencia a partir de la inteligencia artificial fuerte IA. Para ello, primero expone
cuatro nociones: las máquinas de Von Neumann, el conexionismo, las máquinas
virtuales y los memes. A partir de estas nociones da una definición de la conciencia:
“la conciencia humana es, ella misma, una vasta colección de memes (o más
exactamente, de efectos meméticos en el cerebro) que puede entenderse del mejor modo
como la operación de una máquina virtual “Von Neumanesca” realizada en la
arquitectura paralela de un cerebro que no fue originariamente diseñado para este tipo
de actividades”
En fin, de lo que se trata de mostrar con la anterior cita es que en la I.A los procesos
realizados por una computadora son iguales a los que ejecuta el cerebro, en definitiva se
puede concluir que, si el cerebro genera conciencia, también las computadoras son
conscientes. Es precisamente en esta idea, en la que Searle centra su atención para
hacerle una fuerte crítica a Dennet. El ejemplo que da es el de la habitación china, para
llegar a dar a conocer el concepto de intencionalidad que en términos filosóficos es
entendida como “la dotación de contenido” del cual carece un computador. Es decir,
para él un computador no tiene contenido, significado, ni semántica; porque las
máquinas o los computadores no pueden pensar.

Así vemos, que la propuesta de Dennet se basa en la objetividad científica que le exige
el punto de vista de tercera persona y a su vez la combina con la teoría del
verificacionismo. Estas dos ideas son las que lo conducen a la negación de la
subjetividad de la conciencia.

CONCLUSIONES

• En primer lugar, el énfasis que hemos puesto en la ontología de la conciencia se debe a


que esta es una noción mental central de la filosofía de Searle, de hecho el considera
que la “intencionalidad, subjetividad, causalidad mental, inteligencia, etc.” dependen de
esta.
• En segundo lugar, creemos que la causalidad de la que habla Searle no es una
propiedad de las cosas, sino de nuestros modos de describir los hechos, dada su
distinción entre ontología y epistemología. Así, entendemos que la relación causal se da
en un trasfondo bajo el cual creemos que lo que hace posible la conciencia es el cerebro.
La relación causal, en este sentido, no es propia de las cosas sino de los modos de
descripción de las mismas; comprendemos que la relación causal entre el cerebro y la
conciencia, es una forma plausible desde un marco conceptual no privilegiado, de
aclarar el problema de la conciencia. Por eso consideramos que la causalidad es una
categoría epistemológica.
• En tercer lugar, debemos (no en sentido moral, sino más bien lógico) aceptar que
cuando describimos un hecho, ya estamos en un marco conceptual; y así podemos
encontrar porque Searle considera que la conciencia es una propiedad emergente
partiendo de un marco conceptual, normalmente aceptado y confirmado por sucesivas
investigaciones. Es el marco conceptual que proporciona tanto la teoría atómica de la
materia como la biología evolutiva y que opera como parte del sentido común en el que
podemos comprendernos. Lo que nos interesa señalar aquí es que su forma de explicar
la conciencia no implica que exista una separación entre las explicaciones cotidianas o
de sentido común y las explicaciones de la neurofisiología. Son niveles de explicación
no opuestos.
• En último lugar, la propuesta de Dennet y de acuerdo a la lectura de Searle es errónea,
el tratar de explicar la conciencia de manera objetiva dejando a un lado su
particularidad. Es sabido, por ejemplo que cuando un científico esta investigando en ese
mismo momento es consciente de lo que esta haciendo y posteriormente de lo que va a
dar a conocer.

BIBLIOGRAFIA:
• SEARLE, John, 1996, “El misterio de la conciencia”, Paidós, Barcelona.
• SEARLE, John, “Mentes y cerebros sin programas”, En: Rabosi, Eduardo
(Compilador). Filosofía de la mente y Ciencia Cognitiva. Paidós, Barcelona.
• SEARLE, John, 1996, “El redescubrimiento de la mente”, Grijalbo Mondadori,
Barcelona. Traducción de Luis M. Valdés.
• SEARLE, John, 1997, “Construcción de la realidad social”, Paidós, Barcelona.
Traducción de Antoni Doménech.