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Transtornos psicotóxicos

Según Spitz, las enfermedades psicotóxicas son los síndromes resultantes de la


deformación de la relación objetal durante el primer año de la vida del niño. La
desviación de la conducta materna obra de manera tóxica en una forma de
rechazo del niño. Spitz adjudica a la forma del rechazo manifiesto materno como
determinante del tipo de trastorno en el niño, ya que su inconsciente está en
contacto directo con el de la madre y registra el impacto de los sentimientos
hostiles. La forma de estos trastornos sería más bien el resultante del interjuego
entre los sentimientos ambivalentes maternos y las características constitucionales
del niño.

Cuadros nosológicos provocados por el rechazo primario manifiesto

- El rechazo primario es un rechazo de todo lo sexual: de la maternidad, del


embarazo, del acto sexual y de la sexualidad en sí misma. El rechazo al
niño es sólo consecuencia de esta repulsa originaria, un rechazo anobjetal.
- Puede tener varias formas: entrega pasiva, shock primario (pérdida del
reflejo de succión); reacción paradójica, reflejo de succión invertido (el niño
escupe el pezón); protesta activa, vómitos, enfermedades respiratorias.

Shock primario

Es la reacción de un lactante débil de pocos días a una madre que no lo acepta.


Un niño con un instinto de succión de poca intensidad, por falta de interés y amor
maternos no recibe de su progenitora la ayuda necesaria para estimular y facilitar
la succión y el niño la pierde progresivamente, lo cual se extiende a todo el
sistema motor. Esto raramente puede ocurrir en un infante destetado. Es
necesario tratar a estos niños para que recuperen el reflejo de succión, pero
primero clínicamente, para que recuperen su sensorio. Después hay que
enseñarle a la madre cómo tiene que estimular la boca del niño para que aprenda
a mamar. También se recomienda aprender a disminuir la hostilidad con una
psicoterapia.

Inversión del reflejo de succión


Esta forma de reacción del recién nacido es una protesta activa contra el rechazo
materno. Ocurre en niños bien constituidos. En lugar de perder el reflejo de
succión, el niño rechaza activamente el pezón de la madre, además de que toda
musculatura del esqueleto entra en tensión. Para solucionar esta situación es
necesario que la conducta de la madre cambie. Se aconseja que la madre tome al
niño en sus brazos y lo aliente a mamar en forma cariñosa, con esto se dan todas
las condiciones para que el trastorno desaparezca. Mientras tanto conviene
alimentar al niño con cucharaditas y se recomienda que la madre vaya a terapia.

Cuadro provocado por la solicitud ansiosa primaria

El cólico de los tres meses

La solicitud ansiosa primaria es una forma de sobreprotección primaria, debida a


la compensación de sentimientos inconscientes de culpa. Esta actitud condiciona
al cólico de los tres meses en niños constitucionalmente hipertónicos, ya que su
actividad aumenta en el tercer trimestre y la manifiestan con el llanto, ante lo cual
las madres se sienten culpables de no haberles dado suficiente amor y lo
interpretan como señal de hambre y lo alimentan en lugar de darles amor; la
tensión oral desaparece temporalmente, pero se sobrecarga su tracto
grastrointestinal y se crea de este modo un nuevo estado de tensión, lo que lleva a
un círculo vicioso. Esto termina a los tres meses, porque es cuando empieza la
actividad psíquica, con el establecimiento del objeto transicional. Se graban los
primeros registros de memoria y aumenta la capacidad motriz del niño. La zona
bucal deja de ser la única vía de canalización y se rompe el ciclo alimentación
llanto alimentación.

Para solucionar esto antes de que suceda automáticamente se recomienda:

- Reglamentar la alimentación del niño, evitando la sobrecarga, tanto en


cantidad, como en frecuencia.
- Indicar chupete y estímulos motores y táctiles.
- Tratar con psicoterapia a la madre para aliviar su sentimiento inconsciente
de culpa, que es lo que verdaderamente garantizará el éxito de este
programa.

En la escuela francesa se piensa que esto no tanto se debe a la culpa de la


madre, sino a que falla en el sentido de ser el yo auxiliar del niño, como filtro de
estímulos.

Ahora, esta conducta de la madre posteriormente puede causar enfermedades


psicosomáticas en la madre, ésta siendo tensa, brusca, exigente, etc.

La rumiación

La rumiación es un trastorno psicosomático grave en el primer año de vida del


infante, el cual no se deja observar, se dedica a su actividad autocrótica cuando
está solo, y la interrumpen cuando lo observan.

Este padecimiento es descrito como una forma poco frecuente, pero grave, de
regurgitación crónica que causa detención del crecimiento y del aumento de peso
y puede tomar dimensiones peligrosas y está asociado con la dificultad de la
madre de establecer una relación cálida con el bebé.

El trastorno se presenta en el segundo trimestre del tercer año, en el período en


que se debería iniciar el establecimiento de la relación objetal. Consiste en una
regurgitación voluntaria de la leche recién tragada y ya cuajada, alimento que el
bebé en parte devuelve y en parte retiene en la boca, masticándolo lentamente,
con movimientos giratorios de la lengua y la mandíbula. En la regurgitación
también participan la laringe y la mano llevada a la boca, provocando arcadas, con
lo cual la cara del lactante adquiere una expresión de felicidad extática. Con la
mirada vacía, parece haberse transportado a un mundo privado, al cual nadie
tiene acceso. Si alguien se acerca, sale instantáneamente de su estado
ensimismado, interrumpe su actividad y se comunica con el entorno siguiendo con
una mirada alerta y ávida de la persona que entró a su mundo.
Con esto delata su necesidad de contacto cálido, la cual parece ser la situación
condicionante del trastorno, por la privación de un objeto libidinal, y por lo tanto el
bebé recurre a la gratificación autoerótica. Aunque esta situación se da de una
manera diferente a las demás autoeróticas, ya que provoca movimientos
antiperistálticos del estómago y del esófago. Está por formar una relación objetal,
pero sus esfuerzos fracasan. El objeto real externo no le brinda el contacto
necesario que le permitiría diferenciarse y establecer luego una relación con él.
Parece que para el lactante rumiador el bolo que atrae a su boca y revuelve
despaciosamente reemplaza a la figura materna, a quien mastica y devora,
destruye y a la vez se autoataca. Al manejar el bolo a voluntad, el lactante está
aboliendo la diferencia entre interno y externo, entre Yo y no Yo. La simbiosis no
satisfactoria se perpetúa y la relación objetal que se debería establecer con la
madre no se realiza. Ahora, el niño, rumiador excluye al mundo externo durante
su actividad autoerótica y autoagresiva a la vez, pero vuelve a reaccionar con el
medio cuando entra en contacto con una persona. Esto parece ser más bien una
función defensiva corporal contra el peligro desintegrador la psicosis, e impide la
regresión profunda que lleva a la decatectización del sistema sensorial al cargar
con líbido el interior del cuerpo.

Cuadro provocado por la hostilidad materna disfrazada de angustia

Dermatitis atópica

La dermatitis atópica o eczema del lactante es un trastorno poco frecuente. Ésta,


según Spitz, sólo se produce en ciertas condiciones. En primer término, se
observa que la relación madre-hijo está perturbada. Las madres de estos niños
tienen una personalidad muy infantil. Su hostilidad reprimida inconscientemente es
muy intensa y no se compensaba ya por una solicitud exagerada, sino que se
expresaba por una angustia manifiesta.

A estas madres no les gusta tocar a sus hijos, muestran mucho miedo a hacerlo,
ya que éstos les parecían frágiles y les daba miedo dañarlos, provocando
situaciones de peligro. Una de las manifestaciones de la relación madre-hijo
perturbada de estos niños es la falta casi absoluta de angustia a los ocho meses.
También se dan atrasos en el campo de aprendizaje y en el de las relaciones
sociales, debido a la falta de estímulos de la madre. La diferenciación Yo no Yo, y
la estructuración yóica y por consiguiente el establecimiento del objeto libidinal.
Aparte se puede trastornar el desarrollo psicosexual del niño por falta de
satisfacción y descarga.

La relación madre hijo perturbada es el factor precipante del retardo psicomotor,


siendo éste un factor en el eczema. Ahora, es necesaria la presencia de otro
factor: una predisposición congénita del niño.

La predisposición congénita del niño es una excitabilidad cutánea aumentada ya al


nacer, que se manifestó por la mayor intensidad de los reflejos cutáneos.

Los precarios mensajes que la madre envía sólo sirven para transmitir angustia.
Son signos o señales que carecen de significación orientadora para el niño y crean
confusión, lo cual lleva a la dermatitis.

Ahora, ante la falta de descargas, pueden desarrollarse reacciones cutáneas, en el


caso de los niños con peculiar sensibilidad. Sin embargo, esta respuesta puede
ser positiva ya que en primer lugar esto podría llamar la atención de la madre para
que atienda al niño; así como también el niño recibe satisfacción autoerótica por la
picazón y el rascado.

La situación que se da con la dermatitis es parecida a la que se da con el cólico,


ya que desaparece automáticamente al primer año de vida, cuando se completa el
desarrollo neuromuscular y el niño se independiza de los contactos físicos de la
madre, los cuales sustituye por estímulos que él mismo puede provocar. Sin
embargo, esto no significa curación, ya que en el futuro el niño puede desarrollar
predisposición a afecciones dérmicas, o en otra localización, como el asma.

Balanceo

El balanceo es un trastorno cuantitativo y cualitativo de la motricidad. Como


fenómeno episódico y pasajero se presenta en todos los niños en un momento
crítico de su desarrollo. Se considera patológico sólo cuando se convierte en
actividad principal y aún exclusiva. El movimiento violento y casi agresivo no
parece guardar proporción con los recursos del niño, pues esta actividad motora
es mucho más intensa que la que realizan los niños normales de la misma edad.

Spitz adjudica esto la patología de las madres, mujeres cuya conducta oscila
rápidamente entre el cariño y la hostilidad. Son de carácter, infantiles y pasionales.

Esta situación también es causa de retraso en el sistema psicomotor, en el sector


social y adaptativo.

El balanceo es una actividad autoerótica, sin objeto. Es una satisfacción narcisista.


En los niños privados de amor, sustituye a la relación libidinal. El movimiento
también sirve para aislarlos e independizarlos del mundo que los rodea, de la
inestabilidad y de la incertidumbre.

Si se presenta después del primer año de vida debe interpretarse como un signo
de privación emocional.

Juegos fecales

Jugar con los excrementos e incluso llegar a ponerlos en la boca es un fenómeno


normal, pasajero del segundo año de vida, cuando el niño aprende a expulsar o
retener sus heces a voluntad. Está muy orgulloso de su producto y obtiene placer
aún ensuciándose con él. El asco de la materia fecal sólo se adquiere con la
educación esfinteriana, que se vale del repudio de las heces como instrumento de
aprendizaje, transformando el gusto en asco.

En el primer año de vida los juegos fecales y la coprofagia son una manifestación
patológica, y grave.

Probablemente estos chicos coprófagos se identifican, mediante una


comunicación preverbal, con tendencias inconscientes de las madres en el sentido
de introyectar el objeto perdido. La grave depresión de la madre, que la aisla del
hijo, provocando privación emocional en él, se produce, en cuanto a la evolución
libidinal, en el momento de transición entre la etapa oral y la anal.

La pérdida despierta una respuesta corporal directa en el niño, quien dramatiza


con una actividad presimbólica su esfuerzo por retener partes de sí mismo todavía
indiscriminadas de la madre. Reincorporar las heces evacuadas es el equivalente
simbólico de la introyección de la madre perdida.