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4.

- PROBLEMÁTICA HOMOSEXUAL

El tema es muy complejo y merece una atención particular, ya sea por los hechos
recientes que han involucrado a muchos hombres de Iglesia y convulsionado la opinión
pública, como por la temática en sí, hoy objeto de mucha atención en la opinión pública.

La Iglesia misma se está interrogando al respecto, particularmente turbada por los


episodios, no sólo norteamericanos, que en algún modo la impulsan a revisar los propios
criterios de discernimiento vocacional de personas con este tipo de problemas. Y es muy
comprensible. Hay que decirlo sin reticencias, que la actitud de la Iglesia, hoy sea mucho
más cautelosa, y tienda a restringir criterios de admisión adoptados en el pasado que se
han revelado no adecuados (como ha sucedido en la iglesia norteamericana).

No pretendo aquí resolver ningún problema, además, porque hasta hoy, no existe
todavía una convergencia entre los estudiosos sobre el diagnóstico de la
homosexualidad, con todo lo que le sigue a nivel de significado de la tendencia, de su
origen y del eventual camino terapéutico. Me limitaré a presentar cuanto hoy está
indicado en los documentos al respecto y a un intento de profundización de los criterios
propuestos, con el máximo respeto hacia las personas que no han elegido, en la gran
mayoría, la orientación sexual que advierten dentro de sí.29

4.1.- Indicaciones del Magisterio

Las más específicas para nosotros, es decir, las que se refieren al momento de la
admisión vocacional de jóvenes con inconsistencias en el área afectivo - sexual (de la
dependencia afectiva a la tendencia homosexual, pero excluyendo, ya desde partida, las
patologías por cuanto parece), son del documento Nuevas vocaciones para una nueva
Europa, que es el documento final del Congreso sobre las Vocaciones al Sacerdocio y a
la Vida Consagrada en Europa, que se ha tenido en Roma desde el 5 al 10 de Mayo de
1997, firmado por las Congregaciones para la Educación Católica, por las Iglesias
Orientales, por los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, y
publicado en 1998.

En ese texto se dice que los jóvenes con este tipo de problemas podrán ser
acogidos con la condición «que se encuentren conjuntamente estos tres requisitos:

1° que el joven sea consciente de la raíz de su problema, que muy a menudo, en su


origen no es sexual - genital.

2° La segunda condición es que el joven sienta su debilidad como un cuerpo extraño a la


propia personalidad, como algo que no quisiera y que choca con su ideal, y contra lo cual
lucha con todas sus energías.

3° Finalmente, es importante constatar si el sujeto está en condiciones de controlar estas


debilidades, en vistas de una superación, ya sea por el hecho de que cae cada vez
menos, ya sea porque tales inclinaciones perturban cada vez menos su vida (también
psíquica) y le permiten desarrollar sus deberes normales, sin crearle tensiones excesivas

29
Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, Roma 1992, 2358
ni ocupar indebidamente su atención. Estos tres criterios deben estar todos presentes
para permitirle un discernimiento positivo»30
El hecho de que el documento piense también en la problemática homosexual está
demostrado, además de las declaraciones explícitas de los expertos, también por la
referencia que el documento hace, justamente en este punto del documento Potissimum
Institutioni (Directivas sobre la formación en los Institutos religiosos), en el cual se
recomienda «descartar, acerca de la homosexualidad, no aquellos que tienen tales
tendencias, sino «aquellos que no llegaran a dominar tales tendencias»31, también si es
«dominar» se entiende -según el documento sobre las vocaciones- en sentido pleno, no
sólo como esfuerzo volitivo sino como libertad progresiva respecto a las tendencias mi
mas, en el corazón y en la mente, en la voluntad y en los deseos»32

Son indicaciones muy precisas y útiles, que comentaremos y precisaremos


posteriormente. Ahora, quedando claro que el diagnóstico de homosexualidad
ciertamente no es fácil, ni puede ser inmediato o automático, agreguemos que no puede
tampoco tomar como punto de referencia, simplemente, el comportamiento exterior. Es
necesario, en cambio, considerar el problema, en la persona, en su globalidad, y con
mucha atención también a lo que no aparece a primera vista o de lo cual el sujeto mismo
no es, en todo, o en gran parte - consciente.

En último análisis, se debe verificar cuánto la tendencia forme parte de una


estructura homosexual de personalidad (es decir, homosexualidad estructural), o cuanto
sea, en cambio, un impulso no central en la economía intrapsíquica y esté bajo el control
de la persona. De por sí la verdadera homosexualidad es estructural. Para asegurar esta
importante distinción proponemos un análisis en tres niveles o ámbitos de atención.

4.2.- Tres ámbitos del análisis

Un buen discernimiento debería concentrarse en tomo a estos tres puntos (que en


el fondo recalcan los tres criterios ya vistos): la tendencia homosexual en sí (en el
contexto más general de la personalidad), la relación subjetiva que la persona misma
establece con estas tendencias suyas, y finalmente, el tipo y la cualidad del control que
ejerce sobre ellas. Estas tres realidades pueden llegar a ser ulteriormente tres
correspondientes ámbitos de análisis.

4.2. 1. -La tendencia en sí

Lo primero que hay que considerar atentamente es la naturaleza de las tendencias


homosexuales (fantasías, atracciones, pensamiento recurrente, etc.), a través de un
análisis múltiple, de varios componentes.

a) Origen psicogenético

A partir del origen psicogenético de la tendencia misma, como ya hemos visto en


parte. Es necesario saber, en la medida de lo posible, si se trata de algo que tiene su

30
Nuevas vocaciones para una nueva Europa, 37b

31
Potissimum Institutioni, 39

32
Nuevas vocaciones, 37 b nota 112
raíces en la primera infancia y en la relación de una ausente identificación con el
progenitor del mismo sexo (=homosexualidad estructural), o también si la tendencia está
ligada a una descompensación o a un bloqueo (retraso) evolutivo en el paso de la
preadolescencia a la adolescencia (y en tal caso, sería homosexualidad no estructural
con mejor pronóstico). Mientras más la raíz es remota, más la tendencia es persistente,
normalmente, y a menudo, también pretenciosa. Pero sobre todo, como ya hemos
mencionado, la homosexualidad estructural sería aquella que ahonda sus raíces en la
primera infancia de la persona.

En el caso que el origen, en cambio, sea más reciente debe ser verificado el
evento precipitante. Podría tratarse de una violencia sufrida o de actos y experiencias en
la cuales la persona ha jugado un rol pasivo, o de una atracción (con fantasías
correspondientes) vinculada con la cultura circundante o provocada por presiones
extremas, pero también podría ser el efecto de una permanencia prolongada en
ambientes monosexuales; en tal caso, sería una homosexualidad en algún modo
inducida, pero que de por sí, no es verdadera homosexualidad, no obstante, pueda crear
o haber creado en el sujeto el miedo o la duda de ser homosexual.

¡No basta haber vivido una aventura homosexual o encontrarse con fantasías y
deseos de este tipo para considerarse o ser considerados homosexuales, como a
menudo ocurre hoy día!. Tal situación, con el miedo y la duda que crea, puede y debe ser
tratada en un ámbito psicoterapéutico, o en un camino de acompañamiento, en el cual
clarificar al sujeto ésta importante distinción, para llegar después a una clarificación más
general de tipo diagnóstico33.

Cambia la situación si el individuo, tal vez, condicionado por un cierto clima socio -
cultural, como el actual, muy accesible al respecto, se abandona a un cierto tipo de
experiencias o las sufre pasando siempre más a un rol activo, obviamente el eventual
ejercicio repetido de la experiencia homosexual no es inocuo, y puede convertir en
persistente y resistente la tendencia misma, casi haciendo estructural aquello que antes y
de por sí no lo era.

Es la historia, creo, de muchos jóvenes, hoy, no debida y oportunamente ayudados


a hacer la verdad dentro de sí, y por lo tanto, a no repetir ciertas experiencias, o
demasiado rápidamente considerados homosexuales e ingenuamente animados a
«aceptarse», y a seguir un cierto estilo de vida, hecho de compañías, experiencias, etc...
Tengo presente casos reales.

b) Significado psicodinámico

A esta altura es necesario analizar el significado psicodinámico de las tendencias,


y captar su rol al interior de la personalidad. Muy a menudo, como sabemos, la vida y
pulsiones sexuales esconden problemas y conflictos no resueltos que se desahogan en
esta área estratégica, y que no necesariamente tienen que ver con la sexualidad (por
ejemplo, sensaciones de inferioridad, miedo al sexo opuesto, temor de la diversidad...) En
cada caso hay que observar, con mucha atención el objetivo de estas tendencias ¿es de

33
La ayuda más importante e inmediata que se puede dar a un joven, en estos casos, es la educativa-evaluativa, aquella que permite
al mismo joven que sea verdadero en el sentido de ayudarlo a descubrir la verdad (=educere) acerca de su tendencia homosexual. La
experiencia nos enseña que a veces, ha sido suficiente esta clarificación para dar inicio a un proceso de modificación en profundidad
de la actitud del sujeto respecto a su tendencia homosexual.
naturaleza explícitamente sexual - genital o la tendencia homosexual busca, sobre todo,
relación, comprensión, seguridad, cercanía física y moral, etc.?
La ayuda más importante e inmediata que se puede dar al joven, en estos casos,
es educativo, es decir, permitirle al mismo tiempo, de hacer la verdad o de descubrir
sacar a luz la verdad (=educere) acerca de su tendencia homosexual. La experiencia
enseña que, a veces ha sido suficiente esta clarificación para modificar o dar inicio a un
proceso de modificación en profundidad, de la actitud del sujeto en relación de su
tendencia homosexual.

La homosexualidad estructural, una vez más, parece vinculada en forma


predominante con un correspondiente y explícito deseo genital - sexual, a diferencia del
otro tipo de homosexualidad que tiene a la raíz otro tipo de necesidades psíquicas, más
ligadas a una carente identidad o a una cierta necesidad de relación. En cada caso,
identificar el impulso que está a la base de la tendencia, es de extraordinaria importancia
para afrontar en forma inteligente el problema. En muchos casos, se ha revelado ser una
estrategia victoriosa para resolver, incluso el caso y descubrir que la persona
verdaderamente no era homosexual.

c) Grado de presencia

Siempre forma parte del análisis de la función psicodinámica observar el grado de


presencia psíquica de la tendencia homosexual, es decir, su influjo sobre las diversas
áreas de la personalidad y, en conclusión, sobre la libertad del individuo. Se trata de
preguntarse cuánto la tendencia misma esté presente y persistente, hasta qué punto
permite a la persona dedicarse a sus actividades normales sin tener el pensamiento
constantemente dominado por una especie de obsesión.

Estrechamente vinculado a esta variable está el nivel de la fuerza de presión de la


tendencia homosexual, que resulta de la presencia de ulteriores elementos que veremos.
Además, por lo que se refiere al objeto de la tendencia, es necesario evaluar si se trata
de una preferencia exclusiva o sólo predominante por las personas del mismo sexo. En el
caso de la homosexualidad estructural la tendencia está constantemente presente, por lo
menos, como telón de fondo, y con notable fuerza de presión (que de hecho se impone),
normalmente en sentido exclusivo. Es otra variable muy importante para discriminar entre
verdadera y falsa homosexualidad.

d) Personalidad total

El análisis de la tendencia homosexual siempre se debe hacer al interior de un examen


más global de toda la personalidad. Por lo tanto, es necesario ver el nivel de madurez o
inmadurez en conjunto (a prescindiendo de la presencia de esta tendencia),
especialmente a nivel de madurez afectiva, como lo requieren las exigencias de la
consagración virginal a Dios. En general, es importante evaluar no sólo cómo el sujeto
logra controlar la tendencia misma (hablaremos extensamente de esto más adelante),
sino también cómo esta última, de hecho, se inserta en el cuadro general de la
personalidad, condicionándola, en modo más o menos marcado en su ser y actuar, en
aquello que es y en aquello que quiere realizar, en el modo de definirse y de relacionarse.

A menudo, hemos observado que la conciencia subjetiva de la propia orientación


homosexual determina un; sensación (inconsciente) de inferioridad que en no poco
casos, provoca, a su vez, una reacción exactamente contraria («el orgullo homosexual»),
con inevitables repercusiones negativas a cargo del sentido de identidad; o también por el
contrario, sentimientos de culpa y de indignidad general que deprimen a la persona y le
dan un tono bajo a su apostolado.

Otra posible consecuencia o componente de la personalidad homosexual que hay


que constatar a nivel general es la incapacidad o la fatiga para asumir un rol paterno, o de
expresar coherentemente la dimensión fecunda del ministerio, sobre todo presbiteral, con
cuanto está ligado a este rol y a tal dimensión. Pero, honestamente, no es simple tal tipo
de análisis en el momento de la primera admisión (ni este punto goza de gran
aprobación).

e) En relación con la elección

Forma parte, todavía, de este último análisis en contexto más global, considerar la
relación entre la pulsión homosexual y la opción vocacional: la llamada al sacerdocio, en
particular, pero también a la vida consagrada, y el compromiso que de ella deriva, podría
constituir (o ser visto como) una suerte de defensa de la homosexualidad misma, un
modo de sublimarla o esconderla, tal vez encontrando un compromiso o un punto de
encuentro entre las pretensiones de las tendencias y las posibilidades ofrecidas por el
ministerio presbiteral y religioso.

Además, hay que ver cuánto la atracción por las personas del mismo sexo pueda
determinar en el comportamiento del futuro pastor, que debe ser abierto a todos, una
suerte de exclusión, en práctica, del otro sexo, o le impida asumir plenamente el rol de
paternidad espiritual que es típico, sobre todo, del sacerdote.

f) Problema relacional

Pero quizás, el verdadero problema en el caso de la homosexualidad es de tipo


relacional. La atracción por el mismo sexo, de hecho, podría formar parte de un problema
mucho más amplio de intolerancia de la diversidad, hasta convertirse en un conflicto, o de
una tendencia más general a homologar la realidad, al otro, sobre todo, o de la pretensión
de aceptar la relación sólo con el semejante a sí, o con quien acepta ser, en algún modo,
hecho como tal. No hay que excluir que tal tendencia a homologar condiciones, también
en formas variadas y a menudo sutiles, la relación con Dios, el Totalmente Otro, será
significativo destacarlo. Hay una carencia objetiva en la vida relacional del homosexual,
que la diferencia sexual es la cifra y el punto extremo de la diversidad. Por lo menos en el
caso de la homosexualidad estructural.

Me pregunto, a veces, si la homosexualidad es más un problema sexual - genital o


relacional. De hecho, debo decir que, más de alguna vez, el trabajo terapéutico sobre la
relación, para favorecer el crecimiento en la capacidad de relación con la diversidad
sorprendentemente ha resuelto, en buena forma, el problema.

4.2.2.- Relación del sujeto con la propia tendencia homosexual.

No basta analizar la tendencia en sí misma, es necesario además, indagar sobre el


tipo de relación que la persona ha establecido con su tendencia. Es un problema de
conocimiento y de integración.

a) Conciencia subjetiva
El primer dato para verificar es el grado de conciencia subjetiva. Sería provechoso
retomar los puntos analizados en el párrafo precedente y constatar el conocimiento que la
persona tiene, no sólo, de la propia tendencia, sino de su origen, de su significado psico -
dinámico, del influjo ejercido por ella en relación a la propia personalidad, de la relación
interpersonal, de la libertad de acoger incondicionalmente la diversidad del otro, de la
relación con Dios, como el Radicalmente Otro, de la propia opción vocacional. Muchas
veces, por lo menos, algunos de estos aspectos no son visibles inmediatamente, ni cada
camino formativo parece ofrecer concretamente la posibilidad de descifrarlos; por lo tanto,
no hay que dar por descontado tal conocimiento.

Darse cuenta de las causas y saber las consecuencias, no quiere decir haber
resuelto el problema, sino que es la condición, para intentar resolverlo; en tal sentido la
autoconciencia en los términos ahora explicados es un buen indicador. Tal vez, podemos
también agregar que, curiosamente el auténtico homosexual (homosexualidad estructural
como la estamos llamado ahora) niega tener aquellos problemas relaciónales que hemos
mencionado, niega tener la tendencia a homologar al otro.

b) Ego - sintonía

Lo que puede resultar decisivo o, muy importante para los fines del discernimiento
vocacional, es el modo subjetivo con el cual el sujeto vive la conciencia del dato objetivo.
Al respecto, podemos distinguir dos modalidades netamente diversas para ponerse frente
a la propia tendencia homosexual.

La primera, podemos llamarla ego - sintónica, y es típica de aquellos sujetos que


parecen asumir una actitud, más o menos posibilista ante tal tendencia, como de
compromiso mental (aún manteniendo un control sobre el comportamiento); en algún
modo la racionalizan y justifican, ciertamente no la «sufren», dado que la consideran
como algo simplemente diverso de lo que prueban los demás, como una variante de
género, sin valencia ética y objetiva; algo que se refiere exclusivamente a la sexualidad34;
la sienten como parte de sí, algo que no podrá nunca cambiar ya que ellos mismos no
ven por qué cambiar, (es la típica cultura gay)35.

Aparentemente, la suya, es una aceptación de su situación, en realidad la sufren,


en una actitud un poco pasivo - fatalista, y presuntuoso - simplista. Obviamente que esta
actitud crearía una grave disociación entre las exigencias de la vida religiosa o sacerdotal
y la propia situación existencial. Y por lo tanto, constituiría una contraindicación para la
admisión.

c) Ego - alienación

Diversa es la modalidad ego-alienante, propia de quien considera su tendencia


homosexual casi, como un cuerpo extraño, algo que sufre y no quisiera, y de lo cual logra
ver los aspectos objetivamente carentes y las implicancias negativas, en sí y en el plano

34
Como aquel homosexual que se definía como «un zurdo del sexo»

35
Está claro que si no hay motivación interna para cambiar, ninguna terapia podrá ser eficaz. Quizás también por esto, muy a
menudo, se dice o se considera que la homosexualidad no sea curable. Nuestra experiencia y la de otros, nos dice que las cosas no
son exactamente así; es verdad que en el caso de la homosexualidad estructural la tendencia puede permanecer, pero también, en
este caso, siempre se puede ayudar a la persona a tener un mejor control de la tendencia, es decir, a recuperar su libertad.
relacional, y no exclusivamente a nivel sexual. Por esto busca cada día de contrarrestar,
en cuanto puede, esta tendencia, no sólo en el plano del comportamiento, sino de toda la
personalidad, en un camino progresivo de conversión y de disponibilidad a la
confrontación formativa.

La suya es una aceptación inteligente y activa, responsable e iluminada por la fe,


pero que pasa a través de la lucha. Y justamente, ésta actitud inteligente y desafiante
mantiene abierta la posibilidad de un camino evolutivo, y la esperanza de crecer en la
libertad progresiva del condicionamiento interno. Pero también en la libertad interior - por
un lado- de un sentido inútil y obsesivo de culpabilidad o de opresión psicológica, y por
otro, de aquella banalidad y ligereza que impide captar la seriedad de la cosa, del peligro
y de los riesgos que están vinculados a ella (en relación, no sólo, con la vocación, sino
también, con el desarrollo psíquico y la vida relacional de la persona). Es esta libertad
que ahora lo hace, no sólo disponible, sino también, deseoso de recurrir a todos aquellos
medios que puedan, en algún modo ser de ayuda, comenzando por la confrontación
formativa.

d) Ante Dios

Existe también una vertiente típicamente creyente en este camino de integración.


La persona que vive su tendencia homosexual según una lógica ego - alienante logra vivir
la conciencia de su debilidad, en última instancia, ante Dios. Sólo frente al Eterno emerge
el misterio del hombre hecho de carne: la impotencia humana, poco a poco, llega a ser
morada de la gracia divina (2 Cor 12,9), la conciencia del límite mantiene a la persona
humilde y libre de toda presunción, mientras la necesidad de misericordia de lo Alto hace
el corazón misericordioso hacia los demás, especialmente, hacia el hermano que cae y
se equivoca. Este sería el signo de una actitud nueva respecto de la propia debilidad, de
un camino que conduce a la integración de la misma.36 Hablaremos de esto más
adelante.

Es un itinerario normalmente largo, pero la disponibilidad a recorrerlo es un


elemento decisivo en el discernimiento vocacional. Central por lo tanto, llega a ser la
docibilidad del individuo, como disponibilidad formativa, sabia y operante, humilde y
creyente. Dado que la docibilidad, es la condición del crecimiento y verdaderamente hace
superar situaciones que parecerían bloqueadas.

Evidentemente, para la finalidad del discernimiento, la actitud vocacional diversa


en los dos casos, hace indispensable proceder a esta clarificación.

4.2.3.- Cualidad del control del comportamiento

Finalmente, queda por ver cuánto el sujeto logre o no tener bajo control la
tendencia homosexual. En un tiempo y al interior de una cierta ascética era suficiente el
criterio conductual, hoy ya no es así, particularmente para este tipo de análisis y de
discernimiento.

36
Muy bella y profunda la afirmación del documento sobre la formación en nuestros seminarios: «...en el encuentro con el Amor de
Dios revelado en Cristo y en la experiencia de él, el límite puede convertirse en el vehículo; es decir, también un sufrimiento psíquico,
un disturbio de la estructura personal, un fracaso, puede llegar a ser recuerdo de Dios, comunicación de Dios, participación de su
Pascua» (Líneas, comunes, 22) Naturalmente aquí no se habla de patología (aún «misteriosamente visitada por el misterio pascual de
Cristo», sino de aquello que, por muy problemático que sea, se hace disponible al cambio y a la transformación en vista del ministerio
presbiteral (Cf. 2Cor 12,9-10) (Ibidem, nota 26).
a) Incapacidad de dominar el impulso

El principio es de no poder admitir a los que después de la adolescencia se han


demostrado incapaces de dominar el impulso homosexual cayendo en comportamientos
homosexuales (o heterosexuales).

Por esto, es importante saber, no sólo, si existen conductas de este tipo, sino
también el contexto general de éstas conductas. Más precisamente, si éstas hayan sido
realizadas con menores de edad (o pre-púberes); si han sido repetidas u ocasionales,
qué rol ha jugado la persona. Como bien se sabe, de hecho, además del componente
patológico, tanto la pedofilia homosexual, como la efebofilia es reiterativa (también si el
respectivo cuadro diagnóstico es diverso), y por lo tanto, además de ser más grave en el
plano de las consecuencias psicológicas (a parte del aspecto moral) son también
indiscutiblemente negativas sobre el plano del pronóstico.

Lo mismo vale si las caídas han sido repetidas y si el individuo ha jugado un rol
particularmente activo y de iniciativa, en el sentido de que se ha procurado las ocasiones
o se ha puesto en las circunstancias favorables para ello, o incluso ha seducido a alguno,
o peor aún, ha tenido vínculos, más o menos duraderos, con personas del mismo sexo, o
prácticas, más o menos intensas de tipo homosexual, especialmente con más personas.

En el caso de caídas ocasionales en las cuales el sujeto no ha jugado un cierto rol activo
se deberá evaluar si también ésta actitud, aparentemente menos grave, no esconda algo
más serio. En todo caso, será necesario un camino de acompañamiento clarificador antes
de tomar cualquier decisión, incluso con el fin de iniciar un camino vocacional... Quizás,
sobre este punto cuanto dice el documento europeo vocacional debería ser precisado.

b) Tendencia a la pedofilia y a la efebofilia

Particular atención y rigor en el discernimiento se debe tener con los que


experimentan en sí tendencias hacia la pedofília y a la efebofilia, sean homosexuales o
heterosexuales, independiente del hecho que hayan determinado comportamientos
consiguientes.

Si bien homosexualidad y pedofília no son realidades idénticas, la sola presencia


de una duda consistente de una posible evolución de la personalidad en éste sentido, es
suficiente para la no admisión37. Algunos signos en tal dirección podrían ser, por ejemplo:
fantasías recurrentes sobre este tema, intentos sistemáticos de gratificación indirecta y
compensatorio a través de instrumentos impersonales (pornografía o búsqueda de
particulares sitios de Internet), relaciones posesivas, si bien, en apariencia sexualmente
inocuos hacia niños/as o adolescentes, curiosidad morbosa e insistencia inmotivada a
recoger confidencias sexuales y afectivas, abuso de la espontánea identificación del
adolescente con figuras más adultas... En tal caso, la simple tendencia se convertiría en
señal negativa.

Particularmente delicada es la situación de quien hubiera sido, en su infancia o


después, víctima de abusos sexuales. En este caso, las señales recién mencionadas
37
Ver en tal sentido el firme llamado del Santo Padre en ocasión del encuentro con los obispos norteamericanos a continuación de los
hechos por todos conocidos: «la gente debe saber que en el sacerdocio y en la vida religiosa no hay lugar para quien podría dañar a
los jóvenes»; la pedofília en aquella circunstancia fue definida por él «crimen para la sociedad pecado horrendo a ojos de Dios» (Cf.
M.Muolo,»Abusos, un pecado horrendo», en Avvenire» IV/2002).
resultarían todavía más elocuentes. La víctima, especialmente si no ha sido ayudada a
integrar el trauma sufrido, tiende a repetir, con otros cuanto ha sufrido, proyectándose en
el agresor. Por otra parte, se debe evitar todo fatalismo interpretativo de marca freudiana,
por el cual los traumas infantiles, deben, forzosamente determinar la vida adulta38, y más
bien se debe poner toda la atención posible para ayudar a estas personas y no
penalizarlas ulteriormente.

c) Tensión de frustración

En el caso de que exista una atracción que no ha llegado nunca a la implicancia


genital-sexual puede ser útil la confrontación entre dos actitudes diversas, exteriormente
semejantes, pero profundamente diferentes en las motivaciones de fondo, o en la tensión
interior. La no gratificación de una tendencia, de hecho, crea inevitablemente tensión,
pero tensión que puede ser de dos tipos:

* La tensión de frustración que es el resultado de la renuncia a alguna cosa que el sujeto


advierte como importante para su equilibrio psicológico, de lo cual puede hacer a menos,
pero sólo al precio de un sacrificio que siente demasiado relevante, casi como una
violencia que se hace a sí mismo. Hasta el punto de convencerse que,... no puede hacer
a menos. Esta tensión no hace crecer. Y es también muy débil, haciendo poco creíble y
confiable el compromiso de la persona. Así, en el caso de la tendencia homosexual,
habría este tipo de tensión cuando la persona sintiera, en modo excesivo, el peso de la
renuncia a ella, manifestando así la centralidad en sus dinamismos internos. A menudo,
la frustración está vinculada a la ignorancia de la verdadera raíz o del real objetivo de la
orientación sexual, y por lo tanto, de la imposibilidad de intervenir en ella y de poder hacer
algo para disminuir la presión de la necesidad.

Por una parte, entonces, habría una renuncia manejada sólo por la voluntad (no
suficientemente ayudada por otras fuerzas psíquicas, corazón y sensibilidad, todavía
dependientes de aquella gratificación); por otra parte, seria un sacrificio «inútil» y fin a sí
mismo, porque no afrontaría el problema real, y de hecho, a menudo, tal renuncia deja
inalterada la presión del impulso. Es inevitable, entonces, la sensación de frustración, que
debilita la voluntad de renuncia y hace muy dudosa su capacidad de mantenerla para el
futuro.

La energía volitiva, de hecho, puede ser fuerte y particularmente motivada en el


tiempo inicial de la primera formación, pero disminuir progresivamente. Con amargas
sorpresas, como lamentablemente muchas historias de consagrados/as nos confirman.
Podemos decir que la tensión de frustración, siendo renuncia a algo que la persona siente
como central para sí, está, de por sí, más frecuentemente ligada a la homosexualidad
estructural.

d) Tensión de renuncia

La tensión de renuncia representa, la fatiga normal vinculada a las normales


elecciones y renuncias de la vida. Y aquí, en nuestro caso, a la falta de gratificación de la
pulsión homosexual, por amor de un valor (su identidad contenida en la elección
vocacional) que el corazón del individuo comienza a gustar, y que la mente descubre,
38
Según Groth, que ha estudiado a fondo el problema, el 30% de los niños abusados se convertirá en pedófílo. Por lo tanto, da para
pensar que el restante 70% llevará en algún modo por el resto de su vida el peso del abuso, si no es ayudado (Cf. F.Di Noto, ha
pedofília, Cinisello B.2002)
cada vez más, como la verdad de la propia vida. Esta tensión es sana y hace crecer en la
libertad. Es una renuncia motivada por la verdad - belleza - bondad del valor elegido, y
por lo tanto, hecha idealmente, con todo el corazón, toda la mente y todas las fuerzas.

Justamente este involucrarse total intrapsíquico hace posible la renuncia a la


actividad homosexual, sin que la personalidad sienta excesivamente la carga mortificante.
Al mismo tiempo, tal renuncia es considerada, el individuo conoce la causa de la
tendencia homosexual o aquello de lo cual ella sería un desahogo o caja de resonancia, e
interviene sobre esta raíz (a menudo de naturaleza sexual), para eliminar lo más posible
los frutos. Y con la sólida esperanza, poco a poco, de advertir, cada vez menos, la
tensión misma de la renuncia. Esta indicación entre los dos tipos de control puede ser
muy útil en el discernimiento para la admisión.

e) Tensión de transformación

Sería una posterior demostración de integración de la debilidad, y en este caso, de


la tendencia homosexual. Ya lo hemos mencionado en el párrafo anterior; ahora tenemos
otros elementos para completar este importante concepto de la integración. Es siempre
una actitud que implica una cierta tensión, pero es tensión constructiva, que va más allá
de la simple renuncia, para permitir, incluso, vivir la conciencia de la propia
homosexualidad como conciencia renovada y más auténtica respecto de sí, de Dios y del
otro.

- Respecto de sí mismo

Quien se deja purificar de la conciencia de la impotencia, accede a una nueva


toma de conciencia del misterio del propio yo y de la propia pobreza amada por el Eterno;
se libera, progresivamente de las propias ilusiones de autosuficiencia y de sus
narcisismos presuntuosos, y se convierte, cada vez más, en un espacio libre para Dios,
finalmente, habitable por Aquel que puede hacer grandes cosas en quien se va vaciando
de su propio yo.

- Respecto de Dios

La conciencia de la propia debilidad hace sentir en forma nueva la necesidad de


Dios; casi enseña a rezar, a dirigirse a Dios con aquella oración esencial, típica del pobre
y del humilde: «Kyrie eleison», ¡Señor ten piedad! Oración terriblemente verdadera,
destinada a ser escuchada por Dios.

- Respecto del otro

La experiencia específica de este tipo de vulnerabilidad permite a la persona


entender en profundidad (y mucho mejor que los demás) a aquellos que están afligidos
por la misma fragilidad y a ayudarlos a no desesperarse. Como una vez me confió un
sacerdote que había recorrido este camino, doloroso, pero al final, consolador, y que
quizás, justamente por esto, se había convertido en punto de referencia para otros con el
mismo problema: «me siento como el penúltimo al cual los últimos le piden ayuda y
comprensión. Entre los últimos, se entiende...» Entonces podemos hablar, incluso, de un
proceso de transformación.

4.3.- Evaluación y discernimiento


Como se ve, la evaluación es muy compleja, precisamente porque hoy, a nivel
científico un diagnóstico de homosexualidad es complejo. Pero, al mismo tiempo, es
justamente por esto, que creemos valga la pena profundizar, por el bien de estas
personas, y en el respeto de la naturaleza y de las exigencias, tanto de la vocación al
ministerio presbiteral como de la consagración a Dios. Ninguna pretensión, entonces, por
parte nuestra, de haber concluido un análisis.

Más en particular, pienso que sea decisivo aprender a distinguir entre las varias
formas de homosexualidad y no seguir pensando, banalmente, que una experiencia o una
fantasía o un deseo, en tal sentido, sea suficiente para considerarse homosexuales. Es
por esto, que creo que los verdaderos homosexuales sean muchos menos, de cuanto se
piensa o de cuantos se consideran tales (o lo van a demostrar a la plaza). Por esta razón,
siempre hemos buscado de dar algunas indicaciones sobre la diferencia entre
homosexualidad estructural y no estructural. Obviamente que lo que crea problemas en el
discernimiento vocacional es, sobre todo la primera. Es la homosexualidad estructural,
especialmente si no es descubierta a tiempo y por lo tanto no tratada adecuadamente, la
que constituye una contraindicación vocacional.

El juicio de discernimiento podría ser favorable sólo en el caso que el sujeto


mostrara en los tres ámbitos de la investigación, antes propuestos, una actitud general,
no solo conductual, de madurez afectivo - sexual y libertad progresiva en relación a la
tendencia homosexual.

Concretamente, y siguiendo, el mismo esquema indicado hasta aquí, se debería


poder constatar conjuntamente las siguientes condiciones y cualidades. Retomemos
brevemente los puntos más sobresalientes ya revisados.

4.3. 1. - Autenticidad vocacional

La primera condición es que la opción vocacional no esté más ligada, de alguna manera a
la orientación sexual como defendiéndose de ésta, o al contrario, en la perspectiva, tal
vez inconsciente, de compromisos ambiguos, sino que tenga una consistencia
motivacional propia, totalmente independiente de la tendencia sexual del sujeto.

Esto, es tanto o más posible cuánto más la atracción homosexual no se impone


con particular fuerza. Es decir, por lo que se refiere al origen psicogenético, su raíz no es
remota (en la primera infancia), sino reciente (en la pre - adolescencia o adolescencia).
Además, en referencia al significado psicodinámico, la atracción no ejerce más, o ejerce,
cada vez menos presión por invadirlo todo. No se impone en modo pesado, sino que es
limitada, controlable y controlada en su influjo sobre la personalidad, de tal forma de
consentirle al sujeto dedicarse con el corazón y la mente, no sólo con las manos y la
voluntad, a sus normales intereses y actividades apostólicas y espirituales. La persona,
en resumen, es siempre más libre respecto a ella.

Finalmente, la tendencia homosexual no debería, en absoluto, llevar al sujeto a


excluir en las relaciones a las personas del otro sexo ni a preferir a alguien; así como
debería impedir al futuro presbítero asumir plenamente el rol de paternidad que le espera
en la comunidad cristiana, y al consagrado, en general, la capacidad de relación con el
otro, con la alteridad y la diversidad que es condición fundamental para el diálogo y el
anuncio de la buena nueva.
4.3.2.- Capacidad de integración

Ante todo la persona debe tener una conciencia plena de su orientación sexual, no
superficial; debería saber el origen y el significado, función y objetivo en la dinámica
general de su personalidad, para poder intervenir, en modo preciso, en el control de la
misma. Sobre todo, es decisivo que no tenga una relación ego-sintónica, sino ego-
alienante con su tendencia homosexual, y mantenga una distancia critica al respecto, tal
de percibir lúcidamente las carencias objetivas, especialmente en referencia a la
capacidad de relación con la alteridad - diversidad, y estar, cada vez más motivado para
dominar la tendencia misma, haciendo el esfuerzo de una conversión y lucha continua.

Al mismo tiempo, ciertamente no puede asumir un rol de guía o de testimonio


oficial en la comunidad cristiana el que no acepta la doctrina moral de la Iglesia sobre la
homosexualidad, como vinculante para sí en el presente o en el futuro, o disiente de la
visión antropológica y moral de la sexualidad propuesta por el Magisterio: sería una
contradicción insostenible.

Es confiable y creíble sólo aquel, libre de toda presunción (particularmente


arriesgada al respecto), que acepta y busca la ayuda de una guía, está atento a evitar
situaciones que podrían ser peligrosas y hace uso de una disciplina sapiente.

Así también, es determinante que el sujeto haya aprendido a vivir delante de Dios
su pobreza, en una óptica de fe, abierta a la esperanza, que alimenta el empeño, de
hecho, y permite al futuro ministro de la misericordia experimentar la potencia de la gracia
en su debilidad, y ojalá poder comprender eficazmente y ayudar a quien se encuentre con
su mismo problema.

4.3.3.- Libertad interior

En el caso de caídas con menores o también de simple atracción pedófila o


efebófíla, no se puede pensar en admisión alguna al camino formativo. Como también, en
el caso de caídas repetidas, con una cierta frecuencia, o de actitudes seductoras. En la
eventualidad de caídas ocasionales y con rol subalterno, es siempre necesaria mucha
cautela. Es indispensable profundizar en la situación, a través de medios apropiados,
hasta llegar a una clarificación satisfactoria.

Una evaluación vocacional inicial, positiva, implica, en cada caso, que el sujeto
haya dado pruebas por un tiempo conveniente, de poder mantener bastante ágilmente el
control de su tendencia homosexual.

Pero este control, se entiende, en pleno sentido, o en la línea de la tensión de


renuncia y de transformación y no de frustración: no sólo en el comportamiento, sino
también en la mente y en la fantasía, en el corazón y en los deseos, hasta el punto de
que la persona sea, cada vez más libre respecto a su tendencia homosexual. Y tal
capacidad de control no sea simplemente consecuencia, más o menos inconsciente, de
presiones extremas o miedos internos, de violencias que el individuo se haría a sí mismo,
sino que derive siempre más de su madurez humana y vocacional.

Confirmamos que estas condiciones deben estar todas globalmente presentes


para que la evaluación pueda ser positiva a lo largo del camino formativo.
Evidentemente, pueden haber casos de evaluación dudosa. Si en tal caso, faltara
alguno de estos criterios, mientras la situación general parece ser de signo positivo, y
existen fundadas esperanzas de una evolución positiva, por lo que se refiere al criterio
faltante, o también uno de estos elementos no resultara claro y bien definido en su
significado diagnóstico, lo mejor es, ofrecer al sujeto la posibilidad de hacer un camino de
acompañamiento. Tal acompañamiento sea hecho a través de instrumentos
profesionales, con profesionales que compartan la antropología de base creyente, o
mejor aún, sean ellos mismos sacerdotes o consagrados/as, para considerar mejor el
problema desde ambos puntos de vista, no sólo el psicológico, sino también el
propiamente espiritual, y de las exigencias ligadas al ministerio o a la consagración. Pero
en ningún caso, nadie sea abandonado a sí mismo39.

Amedeo Cencini

39
Para tener una visión más amplia acerca de la evolución del Magisterio de la Iglesia respecto a la valoración de las debilidades
afectivas en forma general, se remite al lector a Cf. Cencini, A., Por amor, con amor, en el amor. Ed. Sígueme, Salamanca 2001,III
Parte, En el Amor, Cáp.. 3°, nota Nº 94, Pág.. 931 ss.