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Sobre la verdad y mentira en sentido extra moral

El texto nos presenta una meditación sobre el hombre y el conocimiento (filosofía, filósofo, lenguaje,
moral, ciencia, científico, arte, artista).
El conocimiento es un invento de nuestro intelecto, que no tiene ninguna función más allá de la vida
humana –es caduco, estéril y arbitrario y sólo su poseedor y creador le da un lugar más allá de esta
contingencia–, no es más que uno de los infinitos accidentes de la naturaleza, es tan necesario (o
innecesario), como cualquier otra cosa: ―En algún apartado rincón del universo centelleante,
desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales
inteligentes inventaron el conocimiento.
La invención del conocimiento fue el minuto más altanero y falaz de la ―Historia Universal‖: pero, a fin
de cuentas, sólo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los animales
inteligentes hubieron de perecer.
El intelecto es el medio de conservación propio del hombre, un recurso agregado a los
individuos débiles, menos robustos a los cuales se les ha sido negado los cuernos o las agudas
dentaduras de las fueras para su lucha en la vida.
El intelecto es un medio de mantenimiento del individuo, a partir del cual desarrolla sus principales
fuerzas de simulación. En el hombre este arte de la simulación llega a su cima. En él el engaño, el
adular, mentir, embaucar, el hablar a las espaldas de alguien, vivir de un brillo prestado, la convención
ocultadora, el revoloteo, una vanidad a tal punto que casi no hay nada más inconcebible que el hombre
tenga una sincera y pura inclinación hacia la verdad. Su sensibilidad no conduce jamás a la verdad
sino que se contenta con recibir estímulos o de palmar a tiendas la superficie de las cosas.
El ser humano nada sabe de sí mismo, se encuentra extrañado en una ilusa y soberbia conciencia que
le oculta el suelo sobre el que realmente descansa, el funcionamiento de su cuerpo, como fluye su
corriente sanguínea. Siendo esta la situación ¿de dónde proviene el impulso hacia la verdad?
El individuo natural y mayoritariamente utiliza el intelecto para fingir, en tanto quiere mantenerse frente
a los otros individuos, como medio de conservación. Ahora, según apunta Nietzsche, tanto por
necesidad como por hastío, el hombre desea existir en sociedad, lo que sólo puede lograr mediante un
tratado de paz con el que, al menos, desaparece el bellum omnium contra omnes [la guerra de todos
contra todos].
Este tratado es el primer paso hacia la verdad, ya que en él se fija, conviene, lo que ha de ser
―verdad, inventando una designación para las cosas que tiene una validez uniforme, además de ser
obligatoria; y, con la legislación del lenguaje, se entregan también, las primeras leyes de verdad. Se
origina de esta manera el contraste con la mentira: mentiroso es aquel que abusa de las convenciones,
cambiándolas a discreción, si además lo hace interesadamente y provocando perjuicios, pierde la
confianza de la sociedad, la que lo excluye de su seno (el mentiroso ha quebrantado el tratado de paz).
Lo anterior nos muestra que el ser humano más que de ser engañado, huye de los perjuicios del
engaño (lo que se busca evitar con el pacto). En esta misma línea, la verdad es deseada por sus
consecuencias agradables, las que mantienen la vida del hombre (para lo que se firmó el tratado), con
una total indiferencia hacia el conocimiento puro y sin consecuencias; incluso es hostil con las verdades
perjudiciales o destructivas (las que no conservan la paz). ¿Qué sucede en tal caso con las
convenciones del lenguaje? Sólo puede creerse por el olvido, que ellas sean la expresión adecuada o
correcta de todas las realidades. No hay tales verdades, tal adecuación. La palabra es la
reproducción en sonidos de un impulso nervioso, e inferir a partir éste una causa fuera de
nosotros es un uso falso e injustificado del principio de razón; lo que nos muestra que lo
decisivo en la génesis del lenguaje, en las designaciones, es una excitación por completo
subjetiva, antes que la verdad o la certeza.
Los diferentes lenguajes, comparados unos con otros, ponen en evidencia que con las palabras
jamás se llega a la verdad ni a una expresión adecuada pues, en caso contrario, no habría tantos
lenguajes. Dichas designaciones son arbitrarias, con las palabras no se llega nunca a la verdad ni a
una adecuada expresión. Para el creador del lenguaje la cosa en sí –la verdad pura, sin
consecuencias– es inalcanzable y no deseable, sólo se limita a designar las cosas según su relación
con los hombres, para lo que recurre a metáforas. La primera es extrapolar el impuso nervioso en una
imagen y la segunda, transformar a ésta en un sonido. Lo que hay en ambos momentos, es un salto
desde una esfera a otra totalmente distinta. Esto determina que poseamos sólo metáforas de las cosas
que nada tienen que ver con las primitivas esencias, con la cosa en sí. Vemos que el origen del
lenguaje no sigue un proceso lógico, lo que a su vez devela que este material a partir del cual trabaja y
construye el hombre de la verdad, el filósofo –el más soberbio de todos los hombres, pues cree que
todo el universo tiene los ojos puestos en lo que hace–, proviene de la imaginación, pero en ningún
caso de la esencia de las cosas. La palabra surge de la experiencia singular e individualizada antes
descrita y sólo se transforma en concepto cuando deja de servir para ella, cuando pierde su
exclusividad y pasa a referirse a experiencias, en rigor, distintas. Tenemos de este modo que el
concepto se forma por equiparación de casos no iguales, esto es, se supone que hay en la naturaleza
lo que Nietzsche llama una especie de arquetipo primigenio, según el cual se crean los individuos de un
concepto, pero tan torpemente que ninguno resulta idéntico al original. ―
Esta omisión de lo individual y lo real nos proporciona el concepto al igual que la forma, pero lo que
conoce la naturaleza es una X inaccesible e indefinible para nosotros, y no conceptos ni formas. Todo
esto no son más que cuestiones antropomórficas.
¿Entonces pues que es la verdad? Un vivaz ejército de metáforas, la suma de relaciones humanas que
se realzan, extrapolan y adornan poética y retóricamente, y que luego de un uso prolongado son
consideradas firmes, canónicas y vinculantes; son un conjunto de metáforas, metonimias y
antropomorfismos en movimiento, metáforas de la que se ha olvidado que lo son.
No obstante todo lo dicho, aún no se ha contestado la cuestión respecto de la procedencia del impulso
hacia la verdad. Hasta ahora sabemos que hay una obligación de ser veraz, que la sociedad impone
para poder subsistir y tiene la obligación de mentir según una firme convicción de mentir en tropel, es
decir también que el tratado de paz que la sociedad sella para existir, demanda la utilización de las
metáforas usuales.
Este humano mentir, es un acto inconsciente, pues el hombre olvida que está en la situación
descrita. Y justamente a partir de este olvido, es que se adquiere el sentimiento de la verdad. El
movimiento moral hacia la verdad nace, entonces, del sentimiento del compromiso de nombrar las
cosas según la convención; y también por el contraste con el mentiroso, quien al ser excluido,
demuestra al hombre lo honesto, fiable y provechoso de la verdad. Se busca, pues, la verdad, no por
un puro amor a ella, sino que porque es conveniente, es útil para nuestra existencia: así es como el
intelecto cumple con su función conservadora.
2. Construcción del Edificio Conceptual y del Conocimiento
Es en este momento que el ser humano, en tanto ser racional, se pone bajo el alero de
las abstracciones; ellas lo resguardan de ser arrastrado por las impresiones repentinas,
por las intuiciones, las que ya no tolera y por eso las generaliza en conceptos. Esta
capacidad de disolver una figura en un concepto, de esquematizar las metáforas
intuitivas, es lo que pone al ser humano por sobre el animal.
Los esquemas posibilitan la construcción de un mundo nuevo, jerarquizado y regulado,
que frente al anterior mundo de las originales intuiciones es lo más firme, mejor conocido
y más humano. Toda metáfora intuitiva es única y por tanto inclasificable, en cambio el
edificio conceptual tiene una rígida regularidad y una rigurosa taxonomía: insufla en la
lógica el rigor y frialdad de la matemática.
Dentro del edificio de los conceptos todo tiene su lugar, todo está clasificado y ―verdad
es el uso de cada concepto según su designación. De esta manera, el hombre ha de ser
admirado no por su supuesta inclinación a la verdad, al conocimiento puro, sino por su
gran genio arquitectónico que le permite levantar, sobre bases inestables, una grandiosa
estructura; y, además, por construir con materiales que no obtiene de la naturaleza, sino
que él mismo fabrica, a saber, los conceptos.
Se olvida la original metaforización, se olvida que el hombre es un sujeto artísticamente
creador. Sólo así el investigador vive con cierta calma, seguridad y consecuencia. Si
saliésemos de esta creencia un momento, se terminaría en ese instante toda conciencia
de sí mismo.
El resultado de esto, es que la metaforización con la que se inicia en nosotros toda
percepción, supone ya estas formas y se realiza en ellas. Esto explica que sobre las
metáforas se pueda levantar el edificio conceptual, el que no es más que una imitación,
basada en las metáforas, de las relaciones de espacio, tiempo y número.
Notas de clases:
Nietzsche se pregunta si tenemos que aceptar el conocimiento a costa de la vida, pregunta cual tiene
que ser el vínculo entre el conocimiento y la vida, para qué queremos conocer, si el conocimiento no
contribuye a la vida.
Hace un diagnóstico, aquel pueblo que no es capaz de asimilar lo diferente, ese individuo carece de la
fuerza necesaria para transformar lo diferente en propio.
El intelecto tiene una función auxiliar, es una herramienta que nos ayuda a vivir y nos ayuda a no morir.
El elemento más importante de al inteligencia es la simulación en relación con la fuerza plástica- el
hombre moderno se jacta de tener la virtud e inclinación a la verdad y la verdad en realidad no es más
que una mentira colectiva.
Fuerza plástica: son 3 esferas que no se conectan 1) tenemos un impulso nervioso, y traducimos ese
impulso. 2) a una imagen y 3) después a una palabra.
N: no hay una relación entre la palabra y la cosa (en sí). Todo el edificio del racionalismo hasta el siglo
XIX es una abstracción que se monta sobre una ilusión. Detrás de la realidad hay interpretaciones. No
podemos acceder a un objeto en sí. A su esencia.
El lenguaje vinculado a un impulso creativo forma un mundo, lo moldea. Y de esto el hombre se olvida,
las generaciones de esas imágenes tienen que ver con la construcción de un grupo.
Nietzsche “Segunda consideración intempestiva: sobre la utilidad y perjuicio de la historia para
la vida”.
UTILIDAD DE LA HISTORIA
Solo en la medida en que la historia sirve a la vida queremos servirla nosotros la servimos, no como
uno ocioso mal educado en el jardín del saber. Fuerza plástica: transfiguración, transformación. Es
una fuerza para crecer por sí misma, ese poder de transformar y asimilar lo pasado el extraño
reemplazo de lo perdido, y el renacer de las formas destruidas.
Nietzsche reflexiona sobre la existencia del hombre.
Acerca de la felicidad
Tiene relación con la capacidad de poder sentir de manera no histórica, abstrayéndose de toda
duración. Para determinar el grado de vigilia en sentido histórico, en el que se daña lo vivo para
finalmente quedar destruido en tanto pueblo u hombre.
Quien es capaz de instalarse, olvidando el pasado en el umbral del presente quien es capaz de
permanecer erguido en un determinado punto, sin vértigo, sin miedo, como una diosa de la victoria, no
sabrá lo que es la felicidad.
El animal vive de manera no histórico, pues se parte de un tiempo de un modo similar que un número
que no deja ninguna fracción fantástica.
El hombre histórico: un hombre que solo sintiera por entero históricamente se asemejaría por lo tanto,
a alguien obligado a prescindir del sueño, o aun animal que tuviera que vivir condenado continuamente
a rumiar.
Tesis 1) existe un grado de vigilia, de rumia, de sentido histórico que daña lo vivo, para finalmente
quedar destruido en tanto pueblo, en tanto cultura, en tanto hombre.
Tesis se tiene que conocer el grado de fuerza plástica de un hombre, de un pueblo, esa fuerza para
crecer por sí mismo, ese poder transformar y asimilar lo pasado, lo extraño y sanar las heridas.
Lo histórico y lo a-histórico son en igual medida necesarios para la salud de los individuos, de un
pueblo, de una cultura.
La capacidad de poder sentir de manera no histórica es mucho más importante y originaria en la
medida en que constituyen el fundamento sobre el cual puede crecer o desarrollarse algo en definitiva
humano.
El hombre llega a ser hombre en tanto pensando comparando, reflexionando, limitando ese elemento
ahistórico y en tanto que forma parte de esa envolvente nube un poco de claridad luminosa la consigue
mediante la fuerza de utilizar el pasado como instrumento para la vida, transformando lo acontecido en
historia nueva.
Pero no es menos cierto que el exceso de la historia el hombre deja de ser hombre. Sin la envoltura de
lo a histórico, no habría nunca llegado a ser hombre ni se atrevería a comenzar siquiera a serlo.
Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida.

 Se necesita de la historia para vivir y actuar, como excusa para aislarse de la vida y de la acción
de forma ociosa. Su estudio por lo tanto no significa la ampliación de conocimientos. No se puede
pretender a la historia como una ciencia puro del estilo de las matemáticas.

 El olvido es necesario. Un exceso del recuerdo produce al sujeto temor de enfrentarse a una
acción. La constante evocación de un suceso resulta dañina para el sujeto, el pueblo o la cultura.

 El recuerdo y el olvido han de estar en equilibrio. El exceso del olvido también es perjudicial ya que
conduce al punto de vista a-histórico y suprahistórico. Desde este punto de vista toda la acción resulta
innecesaria porque cualquier cambio es ilusorio. Desde el punto de vista suprahistórico, el pasado, el
presente son uno y lo mismo. La pluralidad esconde lo igual, el cambio es aparente.

 El hombre histórico se sirve del olvido para construir el presente que mire hacia el futuro. No se
trata de un olvido que esconde traumas y sale a la luz en forma de conductas distorsionadas, sino que
se trata de un olvido activo. Un olvido que se caracteriza por el pensamiento y la reordenación de los
sucesos acontecidos, de manera que se siga conservando lo que sirve a la vida y se deseche lo que la
impide.

Capitulo II
Tesis 1* una sobredosis de historia resulta como ya hemos denominado anteriormente en nocivo.
 La historia pertenece a los que se sientan con la necesidad de actuar y alcanzar metas, a los que
gustan conservar y admirar y a los que sufren y están necesitados de liberación.

3 Clases de Historia:
La historia monumental: Pertenece a los activos y los fuertes. A los que luchan en una gran lucha.
Efectos positivos: el presente utiliza las consideraciones monumentales del pasado para comprender
que lo grande que el hombre hizo una vez lo puede volver a hacer.
Efectos negativos: si las consideraciones de la HM tienen demasiada importancia conduce a
entusiastas al fanatismo. Si los egoístas y los villanos fanáticos aprovechan este tipo de
consideraciones los reinos serían destruidos, los principales asesinados y se originarían guerras y
revoluciones.
Así pues la HM no sirve de nada si se deja al dominio de los inactivos convertidos en poderosos. La
grandeza genera envidia, utilizan la HM para alabar la grandeza de los artistas del pasado y despreciar
la grandeza de los artistas del presente.
La historia anticuaria: pertenece a los conservadores y a los que veneran a aquellos que con fidelidad
y amor miran hacia atrás para agradecer el presente.
Efectos positivos: el uno se siente que parte de un nosotros que le lleva a sentirse en el espíritu de la
casa, género y ciudad en la que su vida se desarrolla. Esto le permite a la población unir la patria con
las vicisitudes de la patria, y convertir a los ciudadanos en sedentarios porque la visión de la HA se
detiene de luchar contra sí mismos y de ir a buscar algo mejor en el extranjero.
Efectos negativos: se corre el peligro de momificar a la historia y considerarla que es algo viejo e
inmortal. Impide el nacimiento de “lo nuevo”.
La historia crítica: es la fuerza que se emplea para romper con el pasado. Ya que cada época es
digna de ser criticada y sentenciada. Efectos positivos: permite vislumbrar la injusticia de mantener la
existencia de unos privilegios de una cata, y de una dinastía cuando tales elementos merecen en su
desaparición. Efectos negativos: existe el peligro de querer una ruptura completa con el pasado, puesto
que nosotros mismos somos el producto de las equivocaciones y pecados de los anteriores. Por mucho
que lo condenemos, no podemos olvidar que procedemos del pasado.

Raúl Francisco (2017)