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Tomo 11

BASICA UNIVERSAL
GARGANTUA
Y PANTAGRUEL
RABELAIS

Gargantúa
. y Pantagruel
. (TOMO 11)

CENTRO EDITOR DE AMERICA LATINA


© 1969
CENTRO EDITOR DE AMERICA LATINA S. A.
Piedras 83 - Buenos Aires
Hecho el depósito de ley
IMPRESO EN LA ARGENTINA - PRINTED IN ARGENTINA
La traducción de e�ta obra ha sido efectuada por Eduardo
Barriobero y Herrán y sus derechos pertenecen a AGUILAR,
Sociedad Anónima de Ediciones que ha dado el correspondiente
nermiso para su publicación.
LIBRO CUARTO

!)E LOS HECHOS Y DICHOS HEROICOS


DEL NOBLE PANTAGRUEL
COMPUESTO POR M. FRANCISCO ALCOFRIBAS,
DOCTOR EN MEDICINA

AL MUY ILUSTRE PRINCIPE


Y REVERENDISIMO MONSEI'l'OR ODET,
CARDENAL DE CHATILLON

Estáis debidamente enterado, príncipe ilustrísimo, de cómo


diariamente he sido por grandes personajes estimulado, reque­
rido e importunado para continuar las mitologías pantagrué­
licas, alegando que muchas gentes macilentas, enfermas, dis­
gustadas o desoladas, con la lectura de ellas habían engañado
sus· males, pasado el tiempo gozosamente y recibido consuelo
y nueva alegría.
Acostumbraba yo contestar que, habiéndolas escrito por dis­
tracción, no pretendía con ellas gloria ni alabanza; únicamente
tuve propósito de dar por escrito el pequeño solaz que podía a
los enfermos y afligidos ausentes, lo que con gusto hago con
los presentes, cuando requieren mi arte y mi servicio.
Algunas veces les expuse en largos discursos cómo Hipó­
crates en muchos lugures (por ejemplo, en el libro VI de las
. Epidemias), al describir la institución de su discípulo el mé­
dico Suramo, Efesio, Oribasio, Claudia Galeno, Hali Abbas, y,
parecidamente, otros autores, lo han compuesto en gestos, con­
tinente, mirada, tacto, continencia, gracia, honestidc.J, limpieza
dei. rostro, barba, cabellos, manos, boca, hasta parti.:ulariz.ar en
las uñas como ·si hubiera de desempe1íar el papel de algún
enamorado en alguna insigne comedia, o descender en campo
cerrado para combatir con un enemtgo poderoso.
De hecho la práctica de la Medicina fue bien propiamente
comparada por Hipócrates con un combate, o con una comedia
representada por. t1·es personajes: la enfermedad, el médico y el
enfermo. Al leer esto algunas veces, he recordado unas pala­
bras de ·Julia a su padre, Octavio Augusto. Un día se presentó
ante él con vestidos pomposos, disolutos y lascivos, lo que le
disgustó grandemente, aunque no dijo palabra. Al día siguiente
cambió sus ropas por otras modestísimas, como las que por

5
entonces usaban las castas damas rom¡;nas. En esta forma se
presentó ante él, que en el día anterior no se había servido
declarar en palabras su desagrado, y. no pudo recatar el placer
de verla de aquel modo cambiada, pues le di;o: "¡Qué laudable
y qué apropiado resulta ese vestido en la hi¡a de. Augusto!"
Ella, pronta en la disculpa, le cont(!stó: "Hoy me ·he vr,:stido
para los ojos de mi padre; ayer me vestí para los de mi ma­
rido."
Parecidomente podría el médico, así disfrazado en la cara
y en los gestos, y hasta revestido de rico .Y flamante ropón de
cuatro mangas, como se usaba antiguamente, y al que lla­
maban Philonium (Petrus Alejanlrinus in 6 Epid.), contestar
a quienes encontraran extraña su prosopopeya: "Así me ade­
recé, no para envanecerme ni para pompear, sino para dar
gusto al enfermo que visito, al que quiero complacer en todo
y en nada ofenderle ni desagradarle."
Hay más: en un pasaje del libro del padre Hipócrates, ante­
riormente citado, sudamos disputando y rebuscando, no si el
rostro del médico tristón, apurado, tétrico, catoniano, desagra­
dable, arisco, severo y regañón, contrista al enfermo, y el
médico de faz alegre, serena, graciosa, abierta y agradable,
suele complacerle, pues esta es cosa probada y cierta, sino si
tales disgustos o complacencias prl§lvienen de la aprensión del
enfermo al contemplar esas cualidades en su médico y conje­
turar por ellas el término catastrófico de su dolencia, o el
término alegre y feliz, o por la transfusión de los espíritus
serenos o tenebrosos, aéreos o terrestres, alegres o melancólicos
del médico en la persona del enfermo, como opinaban Platón
y Averroes. .
Ante todo, los autores mencionados han hecho advertencias
a los méc#cos sobre las palabras, conversaciones, evocaciones
y confabulaciones que deben tener con los enfermos que les
llamen, pues todas deben tender a fin, que es el de alegrarlos
sin ofensa de Dios, y no disgti.starlos en ningún momento.
Así, Herophilus increpa duramente al médico ·Callianax por­
que le preguntó un paciente: "¿Me moriré?", y le contestó con
notoria imprudencia:

Murió Patrocio, que era hombre de bien.


¿Cómo no has de morirte tú también?

Otro, que quería enterarse del curso de su enfermedad, Ze·


preguntaba a la manera de Pathelin: "Y mi orinq; ¿os dice
que me muero?" Y contestó él loca111ente: "No, si ·te hubiese:
engendradc Latona, la madre de Febo y de Diana."

6
De la misma manera, Claudia Galeno, lib. 4 comment. in 6
Epidem., vitupera a Quintus, �1l preceptor en Medicina, por­
que en Roma le dijo un enfemw, hombre muy honorable:
"Habéis desayunado, señor mío; el aliento os huele a vino."
Y respondió con arrogancia: "El vuestro me huele a fiebre;
,¡qué perf,�me, qué olor es más delicioso: el de la fiebre o el
.:!el vino?
Pero la calumnia de ciertos c<Iníbales, misántropos y age­
lastas había sido contra mí tan atroz y lA tan sin razón, que
llegó a vencer mi paciencia, y resolví no escribir ni una jota.
Una de las menores contumelias de que ellos ru;aron era la de
que mis libros estaban plagados de herejías, siendo así que ja­
más pudieron destacar ni una de ningún pasaje.; de alegres
locuras; muy distantes de ofender a Dios o al rey, puede ser;
este es el tono de aquellos libros; pero de herejías, nunca, si
no se interpreta perversamente, contra la costumbre, contra
la razón y contra el" común lenguaje que escribí, lo que quiero
mil veces morir antes de haberlo pensado, como el que tradu­
jera pan por piedra, pescado por serpiente y huevo por escor­
pión. Así, acusado ante vuestra presencia, algunas veces, os
digo francamente que si no me estimara mejor cristiano que
todos ellos juntos, acaso en algunas ocasiones hubiera podido
caer detestablemente, como ellos, en los lagos del espíritu ca­
lumnic.dor; pero su conducta, yo· Fénix, es para mí la madera
seca y hacinada y el fuego encendido para quemanne.
En tiempos me dijisteis que de tales calumnias había sido
advertido el difunto rey Francisco, de eterna memoria, y ha­
biéndose enterado por la lectura distinta y la clara voz y pro­
nunciación del mejor lector de mis .libros, puesto que malvada­
mente algunos me habtan imputado infamias y falsedades,
ningún pasaje encontró censurable. Y se cuenta que tuvo gran
horror a cierto tragador de serpientes a quien se achacaba
mortal herejía, a causa de una N puesta en el lugar de una
M; por negligencia o descuido de los impresores 71.
Así, su hijo, nuestro tan bueno, tan virtuoso y del cielo
bendito, rey Enrique,. a quien Dios conserve mucho tiempo,
por mediación vuestra me ha otorgado privilegio y protección
contra los calumniadores. Este evangelio y vuestra benignidad
me han perrnitido teintegrarrne a París y visitar cuando vos a
mof.lseñor (}] cardenal de Belloy, que para recobrar su salud, de
antiguo qu�brantada, ·se había retirado a Saint-M aur, lugar, o

71 En algunos pasaJes, Rabelais escribió asm por time (almal , con


arreglo a la antigua ortogratla, y en ls edición salló as11e !asno). A
esta . errata se refiere en la presente dedicatoria.

í
más propiamr:nte dicho, paraíso de salubridad, amenidad, se­
renidad, comodidad, delicias y honestos placeres de agricultura
y de vida rústica.
Esta es la causa, monseíior, de que ahora, libre de toda·
intimidación, lance mi pluma al viento, confiado en que vues­
tro benigno favor me sea como un segundo Hércules galo, en
saber, prudencia y elocuencia; como un Alexicacos en virtudes,
potencia y autoridad, del que verdaderamente pueda yo decir
lo que de Moisés, el gran profeta y capitán de Israel, dice el
sabio rey Salomón: Eclesiastés, 45: "Hombre temeroso y
amante de Dios, agradable para todos los humanos, de Dios
y de los hombres bien amado, del que él guarda felicísima
me�oria. Dios, en cambio, lo ha situado entre los elegidos
y lo hd hecho grande, para terror de los enemigos; en su favor
ha hecho .cosas prodigiosas y espantables; en presencia de los
reyes lo ha honrado; al pueblo, por su deseo, en su propia
luz se ha mostrado. Su fe y confianza lo ha consagrado y
elegido entre todos los humanos. Por medio de él ha querido
que su voz se oiga y que a quienes vivían en las tinieblas la
luz de vivífica· ciencia les haya sido anunciada."
Y ya solo me resta prometeros que a quienes me muestren
su gratitud· por estos escritos regoci¡ados, les advertiré que a
t;OS únicamente deben .ágradecerlos y rogar al Señor por la
conservación y acrecentamiento de vuestra grandeza, y para
mí nada más que humilde su;eción y obediencia voluntaria
a t;uestros mandatos, puesto que con vuestra exhortación, tan
honorable, me habéis comunicado valor e inventiva, pues sin
vos me hubiera desfallecido el corazón y se hubiera secado la
fuente de mis ánimos.
Que Nuestro Seíior os mantenga en su santa gracia.
De París, 2R de enero de MDLII.
Vuestro hu,li/tl,· y muy obediente servidor.

FRANCISCO RABELAIS
Médico.
ANTIGUO PROLOGO DEL
.
LIBRO CUARTO 72

Bebedores ilustrísimos y preciosísimos galicosos: He visto,


recibido y entendido al embajador que la señoría de vuestras
señorías ha enviado ante mi paternidad y me ha parecido un
orador bueno y fecundo. El sumario de su proposición lo
reduzco a tres palabras de tal importancia que antiguamente
entre los romanos, con estas tres palabras, el pretor resolvía
todas las cuestiones sometidas a su juicio. Con estas tres
palabras resolvía todas las controversias, todas las discordias,
pleitos y diferencias, y eran calificados de desgraciados o ne­
fastos aquellos días en que el pretor no usaba de estas tres
palabras, y de fastos o felices aquellos en los que tenía a bien
emplearlas. Dais, decís, añadís 73. ¡Oh, gentes de bien! ¡Yo
no puedo veros! La digna virtud de Dios os acompañe y a ·

mí me sirva de ayuda eterna. Pero, por . Dios, nada hagamos


sin que primeramente sea su sacratísimo nombre bendito y
-alabado.
· Vosotros me dais: ¿el qué? Un bello y amplio breviario.
Verdaderamente os lo agradezco: es lo menos que puedo hacer;
pues no pude menos de pensar que era un breviario al ver sus
franjas, sus dibujos, sus cierres, su encuadernación y su cubier­
ta, en la que hube de admirar las cantoneras, labradas y de
perfecta simetríá, y sus pastas, en las que como en letras
jeroglíficas parece que quisistéis decir que no es sino obra
maestra y empresa de comhatientes de grajos. Combatir grajos
·significa como cierta graciosa fiesta, por metáfora extraída del
prodigio que acaeció en Bretaña poco tiempo antes de la bata­
lla de Saint-Aubin . du Cormier 74. Nuestros padres nos lo. con­
taron y es razón que nuestros sucesores no lo ignoren. Fue en
el año de la buena vendimia. Se daba una cuarta de vino por
una angnililla tuerta.
De las comarcas de Levante alzaron el vuelo un gi"an nú­
mero de urracas, de una parte, y de la otra una gran cantidad

72 Este prólogo, al principio suprimido por el autor. lo Insertan .


todas las ediciones modernas, reproduciéndolo de la de Mande La-
v!lle, de 1548. .
73 Las tres palabras rituales del pretor de Roma a que se refiere
Rabela!s son estos: Damos, decimos y adjudicamos, sustituidas hoy
en el Foro español por estas otras tres, que figuran en todas las
sentencias: Lo pronunciamos, mandamos y firmamos.
74 Con este prodigio y esta batalla de los grajos y las urracas, '
afirman los comentaristas que alude el autor a sucesos verdaderos
y graves; pero no puntualizan cuáles sean.

9
de grajos y se dirigieron hacia el Poniente. Costeaban en tal
orden, que, al atardecer, los grajos hacían ;u retirada a la iz­
quierda (comprended por esto la bondad del augurio) y las
urracas la derecha; pero muy cerca unos y otras. En muchas
regiones que atravesaron, no quedó una urraca que no se
agregara a las urracas ni un grajo que no se incorporase al
campo de los grajos. Caminaron y volaron tanto que pasaron
por encima de Angers, villa de Francia, limítrofe de la Bre­
taña; en tan gran número, que con su vuelo ocultaron la luz
del sol allí y en las tierras adyacentes.
Había entonces en Angers un tío viejo, señor de San Jorge,
llamado Trapin; él fue quien compuso las bellas y alegres
Nochebuenas en lenguaje poitevino. Tenía un grajo que ''hacíá
sus delicias a causa de su charla, con la que invitaba a beber
a todos los visitantes; jamás cantaba, sino: "¡A beber, a
beber!" El tío viejo le llamaba su lamparón.
El grajo, en furia marcial, rompió su jaula y se unió a
los de la banda pasajera.
Un barbero de la mi�ma población,· llamado Balmart, teni&
una urraca muy galante y muy bien aténdida, que aumentó
también el número de las urracas y las siguió al combate.
He aquí grandes .y paradojales cosas; pero verdaderas Y
adveradas. Notadlo bien todo. ¿Qué ocurrió? ¿Cuál fue el des-.
enlace? ¡Lo que ocurrió, buenas gentes! ¡Un caso maravilloso!
Junto a la cruz de Malchara hubo un encarnizado combate
que solo el pensar en él causa horror. El final fue que las
urracas perdieron la batalla .y fueron cruelmente muertas en
ella en número de dos mil quinientos ochenta y nueve millones
trescientas sesenta y dos mil ciento nueve, sin contar las muje­
res ni los niños, es decir, sin las hembras ni los polluelos. Ya
lo habréis comprendido. Los grajos quedaron victoriosos; pero
no sin haber perdido sus mejores ·soldados. Fue aquel un daño
muy grande para todo el país.
Los bretones son gentes, como sabéis 75; pero �i se hubiesen
enterado de este prodigio, hubiesen comprendido fácilmente
que a ellos les correspondía la desgracia; porque las colas de

75 Los bretones son gentes, ya lo sabéis. Los esoteristas Y comen­


tadores de Rabelais han Interpretado esta frase en el sentido de
decir son gentiles; pero Emmanuel Fillpot, en un concienzudo estudio
publicado en la. Revue eles Etucles Rabelaisslens correspondiente a.l
mes de agosto de 1012 demuestra. que Ra.bela.is quiso decir son gentes
y no best!a.s. .
Se funda. para. ello en at!na.da.s razones de orden filológico Y en
copiosas referencias de la. sátira. popula.r, que durante toda. la. Edad
Media. puso en entredicho el buen sentido de los bretones.

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las urracas� tienen la forma de sus. hachas y los grajos tienen
t'n su plumaje dibujadas las armas de F�:ancia .
Vuelvo a mi_ tema: el .· Lamparón, a los tres días ·regresó
. _
· d estrozado, vacmdo un o¡o y por completo maltrecho de
·aque­
lla guerra; pero cuandQ pocas horas después volvió a su si-
. tuación ord.inaria, recobró con ella el buen sentido. El pueblo
regocijado y los escolares de Angers corrieron en grupos hacia
Lamparon ·el tuerto; e�te los invitó· a beber, cómo de costum­
bre, añ�diendo al fin de cada invitación: " ¡Duro con las
urracas! . ·
Yo presumo .que este era el santo y seña el día "de la batalla
y que todos cumplieron su deber. De la urraca del molinero
nada más se supo. Murió en el combate. De esto se hizo un
proverbio común: "Beber antes y a grandes tragos para poder
dar duro a las urracas."
Para perpetua memoria, Trapin hizo pintar estas figuras en
el techo de su sala baja. Podéis verlas en Angers sobre el ce­
rro de San Lorenzo. .
Esta figura pintada en vuestro breviario : me hizo pensar
que allí había algo más que breviario, pues si no, ¿,a qué ibais
a regalarme un breviario? Yo los tengo viejos y nuevos, gra­
cias a Dios y a vosotros. En esta sospecha abrí dicho brevia­
rio y me· enteré de que estaba hecho por invención mirífica,
con todos los temas a propósito y con las inscripciones más
oportunas. Queréis, pues, que a la hora de prima b eba vino
blanco; a la tercia, sexta y nona, parecidamente; a las de
vísperas y completas, clarete. A esto llamáis vosotros dar duro
a las urracas; yo os daré la r espuesta.
Vosotros decís: ¿El qué? Que no os he causado fatiga con
mis libros escritos anteriormente. Si a este propósito os adu­
jera la sustancia de un viejo pantagruelista, menos aún os
cansaría.
No es -dice- lenguaje popular
el que a los príncipes suele agradar.

Además, decís que· el vino del libro tercero resultó a vues­


tro gusto. ·y. era· bueno. Verdad es que había poco y que s e
suele decir q u e " d e lo bueno poco no satisface". Sin duda
preferís lo que decía el bueno de Evispandio Verrón: "Mucho
y ·de lo . bueno.'�
Por otJ:a. parte, me invitáis a continuar la historia panta­
gruelina, álegando las utilidades y el fruto qtie habéis extraído
de su lectura para todas las gentes de bien y excusándoos d e
n o haber acogido m i ruego d e que r eservarais vuestra risa-

11
para el libro setenta y ochoavo. Os perdono de buena gana.
No soy tan feroz ni tan ·implacable como hubierais podido
pensar; pero lo que os decía no era para vuestro mal, y en
réplica os diré la sentencia de Héctor pronunciada por Ne:
vius: "Es una bella cosa verse alabado por gentes laudables."
Por una declaración recíproca, digo y mantengo, hasta en
el fuego, exclusive (ya me entendéis), . que vosotros soiS todos
grandes gentes de bien, procedentes de buenos padres y de
buenas madres. Os prometo, a fe de peatón, que si alguna vez ·

os encuentro en Mesopotamia he de hacer tanto con el condecito


Jorge del Bajo Egipto que lo pondré en el caso de regalaros
a cada uno un lindo cocodrilo del Nilo y un coquemar · de]
Eufrates 76.
Vosotros adjudicáis: ¿_El qué? Todos los viejos cuarteles de
la luna a todos los hipócritas, santurrones, beatos, mendicantes,
papeleros, patas peludas, costrosos y aduladores. Estos nom­
bres son terribles para escucharlos. Al oírlos únicamente pro­
nunciar, yo he visto ponerse de punta todos los cabellos en
la cabeza de vuestro noble embajador. Yo solo he oído. al
alto alemán y no sé qué especies de bestias comprendéis ba­
jo estas denominaciones.
Después de haber hecho diligentes rebuscas por diversas co­
marcas, no pude encontrar un hombre que los definiera ni que
tolerase el ser denominado de este modo. Supuse que serían
alguna especie de animales monstruosos y bárbaros del tiempo
de los altos bonetes. Al presente está la falsía en la Naturaleza,
como todas las cosas sublunares al final de su eXistencia. No
sabemos cuál es su denominación verdadera, porque no ignoráis
que, al finar un sujeto, pierde fácihnente su denominación.
Si en estos términos comprendéis a los calumniadores de mis
escritos, podéis llamarlos más claramente diablos, porque, en
griego, la calumnia se llama diabolo. Ved cómo ese vicio lla­
mado calumnia (esto es, cuando se atribuye a mal el bien
hecho, o cuando se maldice de los hombres o de las cosas),
es detestable ante Dios y los ángeles; por esto y no por otra
cosa, aunque a muchos parezca una enormidad, se les llama
y son nombrados diablos del infierno. No es esto precisamen­
te; para hablar con más propiedad, son los ujieres y los mi­
nistros de los diablos del infierno. Yo 'los llamo diablos negros,
diablos blancos, diablos privados, diablos domésticos. Y lo que
han hecho con mis libros harán con los otros si se. lo dejan
hacer. Pero esto no es de su invención. Lo digo a fin de que

76 Cauquemare, de cauchemar (pesadilla.). Sin duda., un animal


fantástico, aun cuando las ediciones modernas dicen cocodrilo.

12
no !)aya tantos que se glorifiquen con el sobrenombre del vie­
jo Catón el Censor.
¿Habéis comprendido alguna vez lo que q�iere decir eso
de escupir en la fuente? Cuando antiguamente los predeceso­
res de esos diablos privados, arquitectos de la voluptuosidad.
destructores de la honradez, como un Filógenes, un GuatinatÓ
y otros de harina parecida, en las hosterías y en las tabernas,
lugares en donde ordinariamente instalaban sus escuelas, veían
servir a los huéspedes algunas buenas comidas o bocados ele­
gidos, escupían villanamente en las fuentes con el fin de que
el huésped, disgustado de aquella infame porQuería, desistiese
de comer y dejara sus platos a los villanos escupidores. Algo
parecida, pero no tan abominable, es la historia que se cuenta
del médico del agua dulce, sobrino del notable abogado Amer;
que decía que el ala del capón es mala y la pechuga abomi­
nable, y bastante bueno el cuello si se le quitaba la piel, con
el .firi de que los enfermos nada de esto comieran ·v se le
reservara todo para su boca.
Así han hecho estos nuevos diablos empitonados. Al ver a
todo el mundo colocado por mis anteriores libros en ferviente
apetito de ver y leer mis escritos, han escupido en la fuente,
es decir, que con sus manejos los han enmerdado, ensuciado
y calumniado, con el fin de que nadie los leyera y de que
nadie leyera sino ·sus majaderías. Esto lo he visto yo con mis
propios ojos (no había de· ser con mi� orejas) los han con­
servado 1·eligiosamente entre sus negocios de la noche y se
han servido de ellos como de un recipiente de uso diario.
Se los han arrebatado a los enfermos, a los gotosos, a los
infortunados para quienes yo los había hecho y compuesto
con el fin de distraerlos y divertirlos de su mal. Si yo tomase
a mi cargo a todos los que caen en aflicción y enfermedad
no hubiera habido necesidad de imprimir ni dar a luz esos
libros.
Hipócrates hizo e;�:presamente uno titulado Del estado del
perfecto Médico, que Galeno ha ilustrado con sabios comen­
tarios, en el que recomienda al médico no hacer nada que
pueda molestar al paciente y llega hasta particularizar sobre
las uñas. Todo lo del médico: gesto, rostro, vestidos, palabras,
miradas, tacto, debe agradar y deleitar al enfenno. Esto es
le que, sin exagerar las finezas, me apeno y me esfuerzo por
hacer con respecto a los que yo tomo en cura y es también
lo que por su parte hacen mis colegas y a pesar de ello se
. nos llama charlatanes a boca llena por la opinión locamente
interpretada y neciamente inventada por esos dos badulaques.
Hay más aún: En un pasaje del sexto libro de las Epidemias

13
de dicho padre Hipócrates, sudamos disputando para saber, no
si el médico que tiene el rostro tristón, apenado, desagrada­
ble, descontento, entristece al enfermo, o si el médico de faz
alegre, serena, agradable, riente, abierta, lo regocija, pues esto
es cierto y está probado, sino si tales disgustos o complacen­
cias provienen de la aprensión del enfermo al .considerar estas
cualidades, o por la tran�misión de los espíritus serenos o te­
nebrosos, alegres o tristes del médico al enfermo, como opinan
los platónicos y los averroístas. Pero puesto que no es posible
que yo sea llamado por todos los enfermos y que tome a mi
cargo la cura de todos, ¿por qué quitarles . el pasatiempo agra�.
dable y el placer (sin ofender a Dios, ni al rey ni a los de­
más) que puedan encontrar. al escuchar en mi ausencia la
lectura de estos alegres libros?
Ahora, puesto que por vuestra adjudicación y decreto estos
maldicientes y calumniádores se han amparado y refugiado
en los cuarteles de la luna, yo los ·perdono; no habrá motivos
de risa para todos cuando en adelante veamos a estos locos
lunáticos, unos leprosos, otros podridos, otros leprosos y po­
dridos, correr por los campos, romper los bancos, rechinar los
dientes, hendir los ladrillos, golpear el suelo, colgarse, ahogar­
se, precipitarse y a rienda suelta correr como todos los düi­
blos, según la energía, .la facultad y las virtudes de los cuar­
teles a que hayan correspondido sus cabezotas: creciente, pri­
mer cuartel, luna llena, menguante y último. Solamente fren­
te a su malignidad y a su impostura me atrevería yo a hacer
la oferta que hizo Timón ·
el misántropo a sus ingratos ate-
nienses.
Timón, disgustado de la ingratitud del pueblo ateniense
para con sus servicios, entró un día en el Consejo público de
la ciudad pidiendo que le concedieran audiencia para un asun­
to' concerniente al bien público. A su demanda se hizo el si­
lencio ante la expectativa de oír cosas importantes, visto que
volvía al Consejo él, que muchos años antes se retiró de todas
las compañías y vivía completamente llislado. Y les dijo:
"Fuera de mi jardín reservado, por encima del muro hay
una grande, amplia y notable higuera a la que vosotros, los
señores ateni"enses desesperados, hombres; mujeres, jóvenes y
doncellas, tenéis a bien ir para ahorcaros y estrangularos. Os
advierto que para arreglar 1Di casa, he resuelto abatir esa hi­
guera dentro de ocho días. Así, si uno de vosotros o toda la
ciudad quiere colgarse, que se decida pronto. Concluido el

térm ?, ya no tendréis un lugar tan apto ni un árbol tan có­
modo.
A su ejemplo yo denuncio a esos calumniadores diabólicos,

14
que pueden ir a colgarse en el último cuartel de la luna. Yo
los proveeré de ronzales. Les asigno corno el más favorable
para esa colgadura un lugar comprendido entre Midy y Fa­
verolles. Para la luna nueva ya no serán allí recibidos a tan
bajo precio y se verán obligados a comprar por sí mismos la
cuerda y a elegir el árbol para colgarse, corno hizo la señorita
Leontina, calumniadora del tan docto y tan elocuente Teofasto.
A LOS LECTORES BENEVOLOS

Gentes de bien, Dios os salve y os gu¡1rde. ¿,En dónde estáis


que no os veo? Esperad que me calce mis anteojos?
¡Ah! ¡Ah! Bien marchamos en la Cuareb"!Ila. Ya os veo. ¿Y
en dónde[ Habéis encontrado una buena viña, según me han
dicho. No me disgusta. Habéis encontrado un remedio infinito
contra todas las alteraciones, que ha operado virtuosamente.­
Vosotros, vuestras mujeres, hijos, padres y familias, gozáis de
la salud deseada. Esto va bien. Esto es bueno. Esto me agrada.
Que Dios, el buen Dios, sea por ello eternamente alabado,
y si tal es su sagrada voluntad, que se mantengan en ella lar­
gamente.
En cuanto a mí, aquí estoy por su santa benignidad y a
ella me recomiendo. Estoy, mediante un poco de pantagrue- ·
lismo (comprenderéis que esto es una alegría del espíritu,
confitada en el desprecio de las cosas fortuitas), sano, gordo,
dispuesto a beber si queréis. ¿Me preguntáis por qué, gentes
de bien?
Respuesta irrefragable. Tal es la voluntad del bonísimo y
grandísimo Dios, a quien obedezco y me entrego y en quien
reverencio la palabra sacrosanta de las buenas nuevas -el
Evangelio- en el que · se dice en un horrible sarca�"!Ilo y en
una sangrienta irrisión al médico negligente de su propia sa­
lud: "¡Oh médico, cúrate a ti mismo!",
C. Gale!!O se mantenía en salud, no por tal respeto, aunque
algo sabía de las Biblias sagradas, y aunque conoció y trató
a los santos cristianos de su tiempo, sino por temor de caer
en esta vulgar y satírica burla:

Médico de los otros, en efecto,


siempre se ve de úlceras infecto.

Así se alaba con tanto celo y no quiere ser estimado como


médico sino desde su año vigésimo octavo hasta su grandísi­
ma vejez; todo este tiempo vivió en plena salud, salvo algunas
fiebres efímeras y de poca duración, aunque por su naturale­
za no fue de los más sanos y tuvo el estómago de evidente
complexión enferma; pues se creerá con dificultad que un mé­
dico cuida de la salud de otro cuando es negligente para con ·
· la suya. ·

Aún más celosamente se alaba el médico Asclepiades de


haber hecho un pacto con la Fortuna, por el que un médico
no podía tener buena reputación si había estado enfermo al-

16
guna vez desde que comenzó a practicar su arte hasta su úl­
tima vejez, a la que él llegó vigoroso de todos sus miembros
y triunfante de fortuna. Por último, sin ninguna enfermedad
procedente, salió de la vida de un modo violento cavendo
desgraciadamente desde lo alto de cierta escalera �odrida ·v
mal dispuesta.
Si por algún desastre, la salud de vuestras señorías en al­
guna parte se emancipa, encima, debajo, defante, detrás, a la
derecha, a la izquierda, dentro, fuera, lejos o cerca de vues­
tros territorios, pudierais recobrarla muy pronto con la avuda
del Salvador bendito. Si la encontráis pronto, que sea po; vo­
sotros asegurada en seguida, reivindicada, captada y apropia­
da. Las leyes os lo permiten, el rey lo entiende así y yo os lo
aconsejo. No de otra forma los antiguos legisladores autoriza­
ban al señor para reivindicar a Su siervo fugitivo en el lugar
en donde fuera descubierto.
¡El buen Dios y los buenos hombres! ci,No está escrito y
practicado en las costumbres de· este antiguo, noble, rico y
floreciente reino de Francia que la muerte prende al vivo? Ved
lo que recientemente ha expuesto el bueno, docto, sabio, hu­
mano, agradable y asequible . Andrés Tiraqueau, consejero del
grande, victorioso y triunfante rey Enrique, segundo de este
nombre en su reducidísima corte de París. Sin salud, la vida
.no es vida y la vida no es viable. Sin salud la vida no es m<Ís
que languidez y simulacro de la muerte. Luego vosotros, si
os veis privados de la salud, es decir, muertos, agarraos a lo
vivo, agarraos a la vida, que es la salud.
Tengo la esperanza de que Dios escuchará nuestros megos,
dada la firme fe con que se los hacemos, y atenderá nuestros
deseos, puesto que son bien modestos y mediocres. La me­
diocridad ha sido llamada por los antiguos aurea, esto es,
preciosa, alabada por todos y agradable a todos. Recorred las
sagradas Biblias y encontraréis que los megos de los que pi­
dieroñ la mediocridad, jamás fueron desdeñados.
Tenemos un ejemplo en San Silvano, de quien se alaban
de guardar el cuerpo y las reliquias los monjes de S aint-Ayl,
cerca de Orleáns. Unicamente deseaba ver a nuestro Salvador
bendito en los alrededores de Jemsalén. Era cosa mediocre y
asequible para todos; pero como el santo era de pequeña es­
tatura, no podía descubrirlo entre la masa popular. A impulso
de su deseo trepó a un sicomoro. El bondadosísimo Dios que
conoció su sincero y mediocre deseo, se presentó a su alcance
y fue visto y oído.
Después se presentó en su casa y bendijo a su familia.
A un hijo d::l profeta de Israel, que hacía leña· junto al río

17
Jordán, se le escapó el hierro del hacha y se le cayó al agua.
Rogó a Dios que tuviera a bien devolvérselo, cosa que era
mediocre, y con una firme fe y confianza sacó, no el hierro
junto al mango como los diablos censores cantan en ·un es- ·
caudaloso solecismo, sino el mango junto al hacha. De repente,
dos milagros se operaron: el hierro se elevó desde el fondo de
las aguas y se adaptó al mango. Si hubiera querido subir a
los cielos en un carro de fuego como Elías, multiplicar su raza
como Abraham, ser tan rico como Jacob, tan fuerte como San­
són, tan bello como Absalón, ¿,lo hubiera conseguido? He aquí
una cuestión. .
A propósito de deseos mediocres, volviendo sobre el mismo
tema (avisad cuando sea tiempo de beber), os recordaré lo
que está escrito en los apólogos del sabio Esopo e1 francés, o
el frigio y troyano, como afirma Máximo Planudes, de quien,
según las crónicas más verosímiles, descienden los nobles fran­
ceses. Eliano escribe que era tracia; Agathias y después Hero­
doto dijeron que era de Samas; a mí me da lo mismo.
De su tiempo era un pobre aldeano, natural de Gravot, que
se llamaba Couillatris, derribador y hendedor de leña, y ·que
con esta simple profesión se ganaba trampeando su pobre
vida. Un día perdió su hacha. ¿Quién se sintió por ello dis­
gustado y aburrido? Pues el pobre Couillatris, porque de su
hacha dependían su vida y su bien; por su hacha vivía en
honor y reputación entre los ricos leñadores, sin hacha· moriría
de hambre; la muerte lo encontraría seis días después de ha­
ber perdido su hacha,· desesperado y disgustado de este mundo. ·
En su pena, comenzó a rogar, a gritar, a implorar, a in­
vocar a Júpiter con oraciones bien elocuentes, pues ya sabéis
que la necesidad inventó la elocuencia, elevando los ojos al
cielo, clavando las rodillas en tierra, con la cabeza desnuda,
erguidos los brazos y cruzados los dedos, diciendo en cada
estribillo de sus ruegos en alta voz infatigablemente: "¡Mi
hacha! ¡Mi hacha! ¡Nada más, oh Júpiter, o el dinero para
comprar otra! ¡Ay, mi pobre hacha!".
Júpiter celebraba consejo sobre ciertos negocios urgentes,
en el que expresaban su opinión la vieja Cibeles, o si queréis,
el joven y claro Febo. La exclamación de Couillatris fue tan
fuerte que la oyeron con espanto en el propio consejo y con­
sistorio de los Dioses. -
--¿Quién es el diablo que aúlla tan horriblemente por ahí
abajo? -preguntó Júpiter-. ¡Por la virtud de Styxl ¿No nos
hemos visto y actualmente nos vemos bastante embarazados
con tantos asuntos y controversias de importancia? Hemos eva­
cuado el debate de Presthan, rey de los persas, y el sultán

18
Solimán, emperador de Constantinopla. Hemos cerrado el pa­
saje entre los tártaros y los moscovitas. Hemos contestado la
demanda del cher!f. Tenemos ya a nuestra devoción a Guogolz
Ray. El estado de Parma se encuentra expedito, así como el
de Magdeburgo, la Mirandola y Africa. Los mortales llaman
así lo de junto al Mediterráneo que nosotros llamamos Aphro­
disium. Trípoli ha cambiado de dueño a consecuencia de es­
tar mal guardado. Le llegó al fin 5u período.
"Aquí están los gascones renegados que piden el restable­
cimiento de .sus campanas. En aquel rincón están los sajones,
los estrelinos, los ostrogo,dos y los alemanes, pueblo antigua­
mente invencible y ahora envilecido y sojuzgado por un hom­
brecillo todo estropeado. Nos piden vengánza, socorro y res­
titución de su anterior buen sentido y de su antigua libertad.
Pero ¿qué haremos con este Rameau y con este Galland que
caparazonados con sus marmitones, sus supuestos y sus can­
ciones chamuscan toda esta academia de París? Me tiene este
asunto verdaderamente perplejo y aún no he resuelto de qué
lado he de inclinarme. Los dos me parecen igualmente buenos
compañeros encapuchados. El uno tiene cierto saber; el otro
es un ignorante. El.uno ama a los hombres de bien; el otro
es amado por las gentes. El uno es un zorro fino y cauteloso;
el otro es maldiciente escribiendo y ladrando como un perro
contra las antiguas filosofías y los oradores. ¿_Qué te parece a
ti, Príápo, cara de asno? 77 . Muchas veces he encontrado tus
consejos y avisos equitativos y convenientes.
-Et habet tua mentula mentem, rey Júpiter -contestó Fría­
po bajando su_ capuchón, y con la cabeza levantada, roja, ra­
diante y firme-. Puesto que comparáis al uno con un perro
ladrante y al otro con un zorro astuto y fino, me parece que
.sin molestaros más ni quebraros más la cabeza, debéis hacer
con ellos lo que en otra ocasión hicisteis con un perro y un
zorro.
-¿El qué? -preguntó Júpiter-. ¿,Cuándo? ¿Quiénes eran?
¿Qué ocurrió?
-¡Oh la bella memoria! -repuso Príapo-. Este venerable
padre Baco que tenéis ahí con el rostro carmesí, tenía para
vengarse de los tebanos un zorro encantado de tal forma que,
p¡;¡r ·mucho daño y estragos que hiciera, no pudiera ser cazado
ni inquietado como las demás bestias del mundo.
"Este noble Vulcano había hecho un perro de bronce, y a
fuerza de soplarlo le había dado vida y movimiento. Os lo
77 En el original, viedaze, que s!gn!flca cara dé asno, pero se
llama también de este modo a los órganos sexuales mal acondicio­
nados y a los hombres Impotentes.

19
re¿Hio; :>e lo regalasteis a Europa, vuestra queridita, que se lo
regaló a Minos. Minos se lo dio a Procris, y Procris, .en fin,
se lo dio a Céfalo. Estaba encantado del mbmo modo y tan
perfedamente como los abogados de ahora: debía tomar para
sí cuantas bestias encontrara; ninguna podía escapársele. Suce­
dió que el perro y el zorro se encontraron. ¿Qué hicieron? El
perro, siguiendo su fatal destino, debía apoderarse ·del zorro,
y este, igualmente por su destino, no podía ser cazado. El caso
fue sometido a vuestro consejo. Protestais no contravenir a los
destinos que eran contradictorios. La verdad, el fin y el efecto
de las dos contradicciones juntas fue declarado imposible ante
la naturaleza. Sudasteis de fatiga. Vuestro budor cayó a la
tierra y nacieron los repollos. Todo este noble consistorio, por
falta de resolución categórica, adquirió una sed merífica, y en
aquel consejo se bebió más de setenta y ocho toneles de vino.
A mi parecer, vos los convertisteis en piedras y quedasteis ya
con ello libre de toda perplejidad. Se proclamaron las treguas
en todo el Olimpo. Aquel fue el año de los cojones blandos,
cerca de Teumesse, entre Tebas y· Calcidia.
"Siguiendo aquel ejemplo, me parece que ahora debéis pe­
trificar ese zorro y ese perro. La metamorfosis no es descono­
cida. Los dos llevan el nombre de la piedra. Y como según
el proverbio lemosín son necesarias tres piedras para hacer la
garganta de un horno, las asociaréis al maestro Pedro de Coing�
net, que fue el petrificado por vos por la misma causa 78 . Y ·

estas h·es piedras muertas figurarán en triángulo equilateral


en el gTan templo· de París, o en medio del atrio, con la mi­
sión de apagar con la nariz, como en el juego del fouquet,
las candelas, antorchas, cirios, bujías y hachas encendidas, que
encendían cojonudamente el fuego de facción, el odio, las
sectas cogolludas y la parcialidad entre los escolares ociosos
entonces, que para perpetua memoria estos pequeños ególatras
cojoniforrnes fueron por nosotros más bien despreciados que
condenados. He dicho.
-Vos, por lo que veo, los favorecéis, señor Príapo -elijo
Júpiter-. No sois tan bondadoso para todos. Visto que tanto
se preocupan de perpetuar su nombre y su memoria, estaría
bien, lo mejor para ellos acaso, verse convertidos en piedras
duras y marmóreas que convertirse después de ·su vida en
tierra y podredumbre.

78 Pedro de Cugn!i!res, abogado genéral en tiempo de Felipe de.


Valois (1328-1350), se habla opuesto a los intentos del clero, y
�espués de su muerte se colocaron en los rincones de las capillas
ilguras groseras, a las que se dio el nombre de Pierres du Coignet,
para significar el odio implacable que había despertado;

20
''Aquí detrás, hacia este mar Tirreno y hogares circunvecinos
del Apenino, ¡qué tragedias se han suscitado por ciertos sa­
cerdotes antiguos! Esta furia durará su tiempo, como los hor­
nos de los lemosines; después acabará, pero no tan pronto.
Tendremos con ello gran entretenimiento; pero veo un incon­
veni.ente, y es que poseemos poca munición de r_ayos, desde que
vosotros, mJs condioses, los arrojáis con despilfarro para di­
vertiros sobre Antioquía la nueva. Después, a vuestro ejemplo,
los pimpantes campeones que emprendieron la guarda de la
fortaleza de Dindenarois, contra todos los que llegaban, con­
sumieron sus municiones en tirar a los frailes y luego no tu­
vieron con qué defenderse cuando les llegó la necesidad. Va­
lientemente cedieron la plaza y se rindieron al enemigo, que
ya, levantaba el cerco, como locq y desesperado, y había re­
suelto con urgencia su retirada, acompañada de un poco de
vergüenza. .
"Dad la orden, hijos de Vulcano; despertad a los Cíclopes
dormidos: Asterope, Bronte, Argós, Polifemo, Sterope, Pirac­
mon; ponedlos en guardia y hacedles beber lo que pued11n.
A las gentes fogosas no hay que escatimar el vioo. Ahora
desembarazadnos de ese chillón de ahí abajo. Ved, Mercurio,
qué es lo que pide.
Miró Mercurio por un escotillón de los cielos, por el que,
según aquí decirnos, escuchan y se parece a la escotilla de
. un navío ( Icaromenipo decía que se parece a la boca de un
pozo), vio a Couillatris, que pedía su hacha perdida, y dio
cuenta de ell¡;¡ al Consejo.
-Verdaderamente -dijo Júpiter-, eso no nos io1porh. A
.estas horas no podemos ocuparnos de devolver las hachas p<:r­
diJas. Y sin embargo, es preciso devolvérsela. Así está esnito
en los Destinos. ¿Lo entendéis? Aun cuanqo valiera más 'lue
d Jucado de Milán. A la verdad, su hacha es para él de un
-_predo y de· una estimación igual a la que merece un reioo
para su rey. Eso, eso, que se le devuelva su hacha y no ha­
Llemos más. Resolvamos ahora las diferencias entre el Clero
y 'la l¡;p•-ra de Lmderouse. ¿,En dónde estábamos?
Príapu permanecía Je pie en el riricón de la chimenea. Al
oír .la rdación de Mercurio dijo con toda cortesía y ·jovial hon­
rádez:
-Réy Júpiter, en el tiempo en que por vuestras órdenes y
privilegio particular yo era guardián de los jardioes de la Tie­
rra, noté que esta palabra hacha 79 podía dar lugar a equívo-

79 En este pasaje llama el autor al hacha coip11e . este mismo


,

c.nonibre asigna en otras ocasiones a1 rmbn \·iril.


cos con ciertas otras cosas. Significa cierto instrumento con
el cu¿l se hiende y corta la leña. Pero significa también, o al
menos significaba anti�uamente, la hembra bien a punto y
0• ,
con frecuencia gimbretiletolletada 8 Y yo vela que todo ·buen .
camarada llamaba mi hacha a su grata hembra de placer. Con
este instrumento -:Y al decir esto exhibía su hacha- las gol­
pean tan fieraments y con. tanta audacia por sus enchufes,. que
quedan exentas de ese pavor que es epidémico en el sexo fe­
menino y por falta de broches en el bajo. vientre caen sobre
los talones.
"Recuerdo (porque yo tengo méntula, quiero decir memoria',
bien grande y hermosa para llenar un tarro de manteca) haber
oído un día de fiesta de · Purificación de las Trompetas en
Mayo, en las fiestas . de este buen Vulcano en un hermoso
parterre, a Joaquín des Prés, Olkegan, Hobrethz, Agrícola,
Brumel, Camelin, Vigoricr, De la Fage, Bruyer, Prioris, Seguin,
De la Rue, Midy, Moulu, Mouton, Gascogne, Loyset, Compere,
Penet, Fevín, Rouset, Richardfort, Rousseau, Consilión, Cons­
tantio Festi y Jaequet Bercarr, que cantaban melodiosamente 81:

Cuando el gran Thibaut se va a la cama


con su nueva muier,
un gran mazo apresúrase a esconder;
pero lo ve la dama
y le dices "Mí bien, ¿qué vas a hacer?"

"Amor mío, si te he de taponar,


que lo haré bien con esta yo calculo"
"Mira: si- no te quieres molestar,
a mi buen Juan debieras imitar, .
qtie siempre me .atacaba por el culo."

"A las nueve olimpíadas y un año de intervalo (¡oh bella


méntula, memoria quiero yo decir, me equivoco frecuente­
mente en la simbolización y recuerdQ de estas dos palabras)
oÍ a Adriano Villart, Gombert, J�equin, Arcardelt, Claudino,

80 Gimbretiletolletada. De Glmbretei, fornicar Palabra formada


.

por Rabelals para d·eclr destrozeAa, ·descompuesta, . desgarrada, des­


ordenada. como mujer que se ve perseguida por un hombre. . ·
81 En esta enumeración flgilr�n · los- 'músicos más renombrados del
Llempo de Rabelals, afil!ados> la·. mayor parte de ellos a -lá escuela
belga, y en la otra enumeración postei'lor a los versos de Th!b¡�.ut
figuran Jos de la escuela !rancesil,. muchos de ellos pertenecientes·
a la capllla de Enrique II.
·

22
Certon, Manchicourt, Auxerre, Villers, Sandrin,-Sohier, Hesdin,
Morales, Pasereau, Maille, Maillart, Jacotin, Heurteur, Verdelot,
·Carpentrás, Lheritier, Cadeac, Doublet, Vermont, Boutellier,
Lupi, Parnier, Millet, Dumollin, Allaire, Marault, Morpain,
Cendres y otros alegres músicos, en un jardín secreto, bajo
una bella enramada, alrededor de una muralla de frascos y
jamones, de pastas y de cuajadas aderezadas, cantar regoci­
jadamente:

Dé nada sirve el mango sin el hacha;


de nada sirve el hacha sin el mango.
Seas tú el hacha, sea yo tu mástil,
y todo quedará bien arreglado.

,;Ahora se trata de saber qué .especie de hacha pide ese


afJ:igido Couillatris.
A estas palabras todos los venerables dioses y diosas esta­
llaron en risas como un microcosmos de moscas. Vulcano, con
su pierna torcida, por el amor de su dama, dio tres o· cuatro
lindos saltitos en la plataforma.
-Eso, eso -dijo Júpiter a Mercurio-. Bajad prestamente
y arrojad a los pies de Couillatris tres hachas: la suya, otra de
oro y una tercera de plata, todas macizas y del mismo calibre.
Cuando le hayáis concedido el derecho de elegir, si t.oma la
suya y se conforma, dadle las otras dos; si toma otra que no
sea la suya, cortadie con la suya la cabeza. Y haced· así en
adelante con todos los que pierdan hachas.
Dichas estas palabras, Júpiter, sacudiendo �u cabeza como
un mono que traga píldoras, puso una cara tan imponente
- que tembló todo el Olimpo. . .
Mercurio, con su sombrero puntiagudo, �u capelin'á, sus
alas en el talón y su caduceo; se arroja por la trampa de los
cielos, hiende el vacío del aire, desciende ligeramen�e a la
Tierra, deposita a los pies de Couillatris las tres hachas y le
dice:
·-Ya has gritado bastante para beber; tus ruegos han sido
escuchadós por Júpiter. Mira cuál de las tres hachas es la tuya
"
y llévatela.
Couillatris toma el hacha de oro, la encuentra muy pesada
y dice a Mercurio:
-Ninguna de estas es la mía; no me convienen.
Hizo lo mismo con el hacha de plata, y dijo:
-Tampoco es esta; yo os la dejo.

23
Luego, al tomar la otra, se fija en el cabo del mango y
reconoce una nmrca que allí había hecho. Tiembla de gozo
como un zorro que encuentra gallinas extraviadas, y sonriendo
con la nariz encogida, dice:
-¡lVIierda, esta es la mía! Si queréis dejármela yo os sacri­
ficaré en los Idus -este es el día 15 de mayo- un enorme ,
pote de leche muy bien cubierto de hermosas fresas. ·
-Buen hombre -respondió Mercurio-, yo te la dejo; tó�
mala. Y puesto que has escogido la mediocridad en materia
de hachas, por la voluntad de Júpiter te regalo estas otras
dos. Ahí tienes ahora con qué hacerte rico; eres hombre de
bien.
Couillatris da las gracias cortésmente a Mercurio, reverencia
al gran Júpiter, cuelga su antigua hacha en su cinturón de
cuero y se lo cii'ie sobre el culo como Martín de Cambrai.
Carga las otras· dos más pesadas sobre sus hombros y se mar­
cha así orgulloso por la campii'ia, despertando la envidia ·de
�us vecinos y p�rroquianos, repitiendo la frasecilla de Patelin:
¿La tengo ya? .
Al día siguiente, vestido con una chamarreta blanca, carga
con las dos preciosas hachas y se transporta a Chinon, villa
importante, villa noble, villa antigua, acaso la primera del
mundo según el juicio y la afirmación de los más doctos ma­
�oretas. En Chinon .ca-rnbia su hacha de plata por bellos tosto"
nes y otras monedas blancas, y su hacha de oro en bellos salud,
en bellos carneros de gran lana, bellas casitas, bellos reales y
bellos escudos al sol. Compra muchas mercaderías, muchas
granjas, muchos galones, muchas gorras, prados, viñas, bos­
ques, molinos, jardines, cerdas de vientre, cerdos, asnos, ca­
ballos, pollos, capones, gallinas, ocas, patos, áriades y menuda
volatería. En poco tiempo llegó a ser el hombr,e más rico del
país; acaso más ·rico que Maulevrier el Cojo.
Los aldeanos libres y los Jacobo Buen Hombre 82 de la ve­
cindad, al ver la gran fortuna de Couillatris, se quedaron
asombrados. La piedad y la conmiseración que antes tenían
para él se convirtieron en enviJia de sus riquezas, tan gran­
Jes y tan inopiuadas. Comenzaron a correr, a investigar, a
lamentarse, a informarse de por qué medios, en qué lugar,
en qué día, a qué hora, cómo y a propósito de qué le había
llegado aquel gran tesoro.

82 Jacobo Buen Hombre (Jacques Bonhomme). Así se llamaba. .el


jefe de la. revolución, que por eso se denomina la Jacquerie 1 131B:o .
Rabelais lo concibe como un tipo grosero, rústico, Ignorante, aldeano
vestido de la jacque, jacquette o chaqueta.

24
Al saber que aquello se debía a que perdiera su hacha, di­
jeron :
·
- ¡ Hem, hem! �.No necesitamos más que perder un hacha
para hacernos ricos? ¡ Hem, hem, hem! ¡ Por Dios! Hacha
mía, os veréis perdida; no nos disgustéis.
Y entonces perdieron todos sus hachas. Al diablo aquel que
. conservó la· suya. No era hijo de buena madre quien no hu­
biese perdido su hacha. Ya no se abatió ni se hendió la leña
· del bosque por falta de hachas.
El apólogo de Esopo dice asimismo que ciertos gentileshom­
bres de pequeña n obleza que habían vendido a Couillatris un
pequeño prado y un pequeño molino para remediarse, al sa­
ber que aquel tesoro le había llegado por tal medio, ven­
dieron sus espadas para comprar hachas con el fin de per-
. derlas como hacían los aldeanos y por esta pérdida obtener
bloques de oro y de plata. Hu biérase dicho con propiedad
que eran romipetas 83 que vendían lo suyo y tomaban prestado
para comprar legajos de mandatos de un Papa nuevamen te
creado. Y qué de gritar, de rogar, de lamentarse y de invo­
car a Júpiter:
- ¡ Mi hacha por aquí, mi hacha por allá, mi hacha, mi
- h-acha, Júpiter, oh, oh, oh, J úpiter, mi hacha!
En el aire repercutían por todas partes los gritos y los . l a­
mentos de estos perdedores de hachas.
Mercurio se apresuró a proporcionarles hachas, ofreciendo
a cada uno la que había perdido y una de oro y otra de
plata. Todos escogían la de oro y daban las gradas al gran
donante Júpiter; pero en el momento en que la levantaban
de la tierra inclinados y encorvados l\.fercurio les cortaba la
cabeza como Júpiter le había dicho. Y el n úmero de cabezas
cortadas fue igual y correspondiente al de las hachas perdidas.
Esto es lo que sucede a los que con sencillez desean y .
éscogen l a s cosas medtucres. Tomad todos ejemplo d e ello.
Vosotros, libülinusuelus rú�licos, que decí s que pur diez mil
francos .de pre1uio jamás al.andunaréis vuestros deseos; eu ade­
lante, n o habléis tan imprudentemente comu ya os oí muchas
véces. Quisiera Dios que yo tuviese ahora - mismo ciento se­
senta y ocho millones en oro; ¡ oh, cómo triunfaría! Vamos a
:ver, malas mulas. ¿Qué más desearía un rey, un emperador o
un paje?

Ramipetas. Peregrinos ' oue van a Roma. Partidarios o amigos


la Iglesia de Roma, sat!i·lzada constantemente por Rabelais, por
todos los escritores frnceses de aquella época, en lo. que se
como adagio: Roma m.anus rodit, quas rodere non valet odit;
·

cnstodii non dantes spernit et odit.

25
Así veréi:; por experiencia que al _ _c�nc� bir , de�eos exagera­
m menos que
dos vuestras · bolsas perecen de morrma ni mas
como aquellos dos bigardos deseadores de París de los que
uno deseaba tener tantos escudos al sol como se han gastado,
vendida· y comprado desde que para edificarlo se colocaron los
primeros cimientos hasta. la hora presente, todo ello estimado
al precio de venta y de valor ·del año más caro que haya pa­
sado en este lapso de tiempo. Este, a vuestro parecer, ¿estaba
(]isgustado? ¿_Había comido ciruelas agrias sin pelarlas? ¿_Tenía
-
picados los dientes?
El otro deseaba el templo de Nuestra Señora lleno de ag rt i­
lillas aceradas desde el pavimento hasta lo alto de las bóvedas,
y tantos escudos al sol como podrían entrar en tantos sacos
como pudieran coserse con cada una de las aguilillas o agujas
hasta que todas se rompieran o se despuntaran, ¡ esto es de­
sear! ¿Qué os parece? ¿Qué le sucedió?

La babucha en el talón,
el cáncer en el mentón,
mala tos e n el pulmón,
catarro en el garganchón
y en · su sitio un gran bubón.

Desead, pues, la mediocridad, que os será concedida con


largueza y más aún si trabajái� debidamente. Pero deciclme.
¿Dios me ha dado de sesenta y ocho mil la treceava parte y
media porque es Todopoderoso? Un millón de oro es para El
tan poco como para nosotros un óbolo. ¡Ay, ay, ay! ¿Y en
dónde habéis aprendido a discurrir así y a hablar en esa for­
ma del poder y de la predestin·· ción de Dios, pobres gentes?
Paz, paz, paz, paz, humillaos frente a �1.1 faz sagrada y reco­
noced vuestras imperfecciones.
Estos gotosos en los que yo fundo mi esperanza y en los
que creo firmemente, son los que se conforman con la !ll e­
cliocridad. Si a Dios place obtendrán la salvación, visto que
de presente nada piden con exceso. Esperad todavía un poco;
tened medio ·onceavo de paciencia.
Los genoveses no hacen así cuando por la mañana, después
de haber discurrido, meditado y resuelto en sus escritorios y
en sus gabinetes lo que podrán en aquel día adquirir en pun�
to a dinero y lo que en virtud de su astucia será despojado,
robado, engañado y detentado, salen a la plaza y entre ellos
se saludan, diciendo: "Salud y ganancias, señores." No se.

26
co.mtentan con solo salud; desean además las ganancias tantas
y tantos escudos.- como Guadagne 84, De .donde sucede que
¡;on frecuencia no obtienen lo uno ni lo otra.
Ahora, en buena salud, tosed fuerte, bebed más · fuerte to­
davía, sacudid alegremente vuestras orejas y escucharéis rela­
tar las maravillas del noble y bueno Pantagruel.

·84 Thomas de Guadagne, el que prestó cincuenta m!l escudos a


Francisco I cuando estuvo en España prisionero.

27
CAPITULO PRIMERO

Pantagruel se embarca para visitar el oráculo de


la diosa Bacbuc

Por el mes de junio, en el día ele las fiestas vestales, el mis­


mo en que Bruto conquistó la España y subyugó a los espa­
ñples, en el mismo en que Craso el avariento fue vencido y
destrozado por los parthos, Pantagruel, tomando permiso del
buen- Gargantúa, su padre, mientras este rogaba ferviente, co­
mo en la iglesia primitiva era laudable. costumbre de los santos
cristianos, · por la próspera navegadón de su hijo y los que le
acompañaban, salió del puerto de Thalase, con Panurgo, el
hermano Juan, Epistemon, Ponócrates, Gymnasta, Rhizotomo,
Carpalim y otros servidores suyos y antiguos criados; con ellos
fue taq¡bién Xenomanes, el gran viajero, cruzador ele los bos­
ques peligrosos, que algunos días antes había llegado por or­
den de Panurgo. Con largas y ciertas razones, había señalado
a Gargantúa en su grande y universal hidrografía el camino
que habían de seguir para visitar el oráculo de la divina Bo­
tella en Bacbuc.
El número de navíos fue el que os he expuesto en el libro
anterior con su acompañamiento de trirremes, lanchas, galeo­
nes y ' libúrnicos, bien equipados, bien calafateados, bien abas­
tecidos y con abundanda de Pantagruelión. La asamblea de
oficiales, pilotos, capitanes, intérpretes y marineros se reunió
en la Tlwlamega, pues así se llamaba la nave almirante de
Pantagruel, que en la popa tenía por insignia una grande y
amplia botella, la mitad de plata bien lisa y pulimentada y
la otra mitad de oro esmaltado de un color rojo, en lo cual
se veía que el , blanco y el encarnado eran los colores de los
nobles viajeros, y que iban a escuchar la palabra de la Botella.
Sobre la popa ele la segunda nave, er¡,,>uí ase una linterna,
antigua hecha industrios.unente de piedra sphengítida y espe­
cular, denotando así que pasarían por Santernoys.
La tercera tenía por divisa una hermosa y profúnda jarra
de porcelana. La cuarta, una olla de oro con dos asas, como
si fuera···una urna antigua. La quinta, un asador insigne de
esperma de e;meraldas. La sexta, un jarro monacal, hecho de
cuatro metales. La séptima, ·un embudo de ébano recamado de
oro .. La octava, un cubilete de. hiedra, precioso, adornado con
oro a la damasquina. La novena, un ramillete de oro. La dé­
cima, una taza de madera de áloe perfilada de oro de Chipre.
La. undécima, un tonel de oro, incrustádo de grandes perlas

29
índicas. De modo que nadie, por triste, enfadado, enfur�ci?o
o melancólico que estuviese, aunque fuere el mismo Herachto
el llorón se hubiera resistido a entrar en alegría franca Y para
mucho tiempo, al ver este noble convoy de navíos y sus di­
visas: no se podía dudar que los viajeros eran todos bebedo­
res (hombres de bien ) y se podía predecir que el viaje, tanto
de ida como ele vuelta, se haría en alegría y salud perfectas.
En la Thalamega se reunieron todos y allí Pantagruel les
hizo una briosa y santa exhortación, autorizada con citas de
las Escrituras, sobre el objeto del viaje. Cuando concluyó, ro­
garon a Dios todos, en voz tan alta y clara que fue oída por
los burgueses y los ciudadanos de Thalasa, que se habían
reunido en el muelle para ver la flota.
Después de la oración fue melodiosamente cantado el salmo
del santo rey David, que comienza: Cuando Israel salió de
Egipto. Concluido el salmo, pusieron la mesa sobre cubierta
y trajeron viandas en seguida . Los thalasianos, que también
habían cantado el · salmo, hicieron traer de sus casas viandas y
vino y bebieron todos a la vez y· cada uno bebió por todos.
Así evitaron el mareo; no hubo perturbaciones de estómago ni
de cabeza. Tarnbién hubieran obviado con comodidad este· m­
conveniente bebiendo durante algunos días antes agua marina
pura o mezclada con vino, usando carne de membrillo, corteza
de citrón o jugo de granadas agridulces, guardando larga 'die­
ta o cubriéndose el estómago con papel o haciendo si no todo
lo que los médicos locos mandan a los· que se embarcan. ·
Reiterados los tragos, cada uno marchó a su navío y muy
temprano izaron velas hacia levante, según orden del piloto
principal, llamado Jamet Brayer, que había trazado la ruta y
se había encargado de las brújulas. Fue su parecer y el de
Xenomanes, que puesto que el oráculo de la diosa de Bacbuc
estaba junto a Catay en la India superior, no se tomara la
ruta de los portugueses, quienes pasando por la Zona Tórrida
y el Cabo de Buena Esperanza, bajo el extremo meridional de
Africa, hacen una navegación enorme.
Así obtuvieron gran provecho, porque sin naufragios, sin
peligros, sin pérdida de hombres y con gran calma, excepto
un día junto a la isla de los Macreones, hicieron el viaje a la
India superior en menos de cuatro· meses,' cuando los portu­
gueses apenas lo hacían en tres años con mil contratiempos y
peligros innumerables. Soy de opinión, salvo mejor juicio,. que
este camino afortunado fue el seguido por los indios que na­
vegaron a Germanía y fueron honorablemente tratados por
. el rey de Suedes en tiempo de Q. Metelo · Celer, procónsul de

30
la Galia, corno describen Corn. I\)epote, Porn. Mela y Plinio
entre otros 85 .

CAPITULO II

!'antagruel, en la isla de Medamothi, compra


bellas cosas

Aquel día y los dos siguientes no vieron tierra ni otra cosa


nueva, porque ya otras veces habían recorrido este camino. El
cuarto descubrieron una isla llamada Medamothi, hermosa a
la vista y agradable a causa de gran número de faros y torres
marmóreas con que todo su contorno ·estaba adornado; no era
menos grande que el Canadá.
Habiendó preguntado Pantagruel quién era su dominador,
supo que ·lo era el rey Philophanes, a la sazón ausente por el
matrimonio de su hermano Philotheamon con lfi infanta del
reino de Engreys. Entonces saltó a tierra para contemplar di­
versos · animales, pescados, pájaros y otras mercancías exóticas
y peregrinas amontonadas en los bazares del muelle y el puer­
to, porque era el tercer día de las grandes y solemnes ferias
del lugar, a las que concurrían los comerciantes más ricos de
Africa y Asia. El hermano Juan compró allí dos raros y hermo­
sos cuadros, . en uno de los cuales estaba pintado muy a lo
vivo el rostro de un litigante; el otro era el retrato de un
criado qúe busca amo, con todos los requisitos apetecibles : ges­
tes, apostura, semblante; maneras, fisonomía y afecciones, pin­
tado e inventado por el maestro Carlos Ch;¡u:noys, p4'ttor del
rey Megisto.
Panurgo compró un gran cuadro, pintado y copiado de la
cbra hecha antiguan1ente a la aguja por Philornela, represen­
tando a su hermana Progne cuando su cuñado Tereus acababa
de violarla, con larga cortadura para que el crimen no pudiera
comprobarse. Os juro por la manga de- este farol que aquella
era uria pintura galante y mirífica. No creáis que os digo que
aquel era el retrato de un hombre tendido sobre una mucha­
cha : esto sería· muy. necio y muy tosco. La pintura era de otra
clase y muy inteligible. Podéis verla en Thelema a mano· iz:..
quierda, entrando en la galería alta.

85 VIsta la Incertidumbre de los manuscritos, conjetura Vossius que


es precino leer en Pomponlo Mela Bretorv.m y no Suevorum, y que estos
Breti eran los bátavos. Es probable también · que los pretendidos Indios
.fueran los Pictos de la Isla de Bretaña.

31
Epistemon compró otra en la cual estaban pintados _ al .vivo
los átomos de Epic:uro y Jás ideas de Platón. Rhizotomo ·com­
pró otra en la que estaba Eco retratado del natural . .
Pantagruel hizo comprar para Gymnasta la vida y gestas de.
Aquiles en setenta y ocho piezas de tapicería, altas y lisas, .l<1r�
gas de cuatro y anchas de tres toesas, todas de seda frigia, ·re­
camada de oro y plata. Comenzahá la tapicería con las bodas
de Peleo y Thetis; continuaba con el nacimiento de Aquiles;
su juventud, uescrita por Stacio Papinio; sus gestas y :héc:hós ·

de armas, descritos por Homero; su muerte y exequiás; .des­


critas por Ovidio y Quinto Calabrés; concluyendo con la apa­
rición de su sombra y el sacrificio de Polyxena descrito· por
Eurípides.
Hizo comprar también tres hermosos y JOVenes unicornios,
un macho de pelo alazón tostado y dos hembras de pelo gris­
manzana, y además · una taranda 86 qut:' le vendió un pscita,
de la comarca de los gelones.
La taranda es un animal como un ternero, con la cabeza
como la de un ciervo o un pot:o mayor, con cuPrnos insi¡.(nes
largamente rameados; · los pies garrudos, el pelo largo co1(10 el
de un oso, la piel un poco menos dura que una coraza. Según
decía el gelón, cambia de color según la variedad de los lu­
gares por donde pasa o se detiene; así representa el color de
las yerbas, árboles, arbustos, flores, rocas y de todas las cosas
a que se aproxima.
Esto es muy frecuente en el pulpo marino, esto es, en el
pólipo en los tlwes y en los líquenes de la India, y en el ca­
maleón, tan admirable que Demócrito ha ·hecho un libro en­
tero sobre su figura, anatomía, virtudes y propiedades para la
magia. Yo lo he visto cmnbiar de color, no solo con arreglo
a las cosas, sino según el miedo o las afecciones que sentía.
Sobre un tapiz verde lo he visto ponerse verde, pero al. estür
allí algún tiempo se puso amarillo, azul, violáceo, . sucesiva­
mente; lo mismo �u:cede con la cresta de los gallos de Indias.
Lo más admirable· que encontramos en esta taranda, · es que
no solo su cara y su piel, sino todo su pelo tomaba el color
de las cosas vecinas.
'
Junto a Panurgo, con su toga gris, se puso gris; junto a
Pantagrue1, vestido eón su manto de escarlata, enrojeció su
pelo; . junto al piloto, vestido a la moda de los isciacos de
Annubis en Egipto, su pelo apareció blanco, cuyos dos últimos

, 86 La taranda es un animal fabuloso, que del mismo modo describe


1'lini0, como si Jo hubiera visto .

32
coiores no los ostenta el camaleón. Cuando . fuera de todo mie­
do y temor estuvo, el color natural de su pelo era lo mismo
que· el de !os asnos de Méung:

CWITULO III
Pi:mtag"m�l recibe · !IW carta de sU padre Gargantúa.
Extraña manera de tener �ticias bien pronto de los
países extraños y lejanos

Quando Pantagruel estaba ocupado en la compra de sus


peregrinos animales oyéronse ·diez disparos de bombarda y una
alegre aclamación en todos los navíos; volvióse Pantagruel h a­
cia e� mar y vio que llegaba uno de los barcos de su padre
Gargantúa, llamado la 'Ceiedonia · porque sobre la popa tenía
esculpida en mármol de <;::orinto una golondrina ele mar, que
. es un pescado largo, sin escarnas y con aletas cartilaginosas
largas y anchas, mediantes las cuales muchas veces lo he
visto volar una toesa por encima del agua, á más distancia que
un tiro de arco. Así era aquel bajel, ligero como una golon­
drina, de modo que en el mar, parecía que volaba y no que
bogaba. En él venía MalicornC', escudero de Gargantúa, envia­
do . expresamente para saber el estado de su hijo Pantagrud y
llevarle cartas con noticias del suyo. . · .

Pantagruel, después del abrazo y la barbada g ,·,,eiosa, · antes ·


de abrir las cartas ni cmzar otras palabras con Malicorne, •
le
preguntó : .
-¿Traéis ese celeste mensajero?
...:.sí -contestó-, guardado en esta cesta.
Era un pichón tomado en el palomar de Gargantúa, <'li el
momento en que rompía los huevos para que salieran sus pe­
queñuelos ya empollados, al tiempo que el navío partía. Si .la
fortuna hubiera sido adversa a Pantagmel, lo hubiera soltado
con lazos negros en las patas; pero como en todo había en­
contrado bien y prosperidad, . se los ató de tafetán . blanco y
después lo soltó en el · aire con entera libertad. Alzóse · con
ligereza increíble, pues todos sabéis que no hay vuelo como el
del pichón, cuando en su nido tiene huevos o hijos, por la
obstinada solicitud que le mspiran, de n:iodo que en menos de
dos horas franqueó por el aire el largo c"mino que el navío
rapidísimo había hecho en tres días con· sus noches, bogandn
a remos y a velas y con viento en popa, y entró en el palomar·

33
yéndose derechó al nido de sus hijuelos; viendo entonces el
piadoso Gargantúa quel\tenía un lazo blanco, tuvo gran <ilegría .
por saber con certeza el buen estado de su hijo.
Tal era la costumbre de los nobles Gargantúa y Pantagruel
para _saber prontamente noticias de una cosa querida y vehe­
mentemente deseada, como el resultado de una batalla, tanto
por mar como por tierra, Ia toma .o defensa de cualquier pla'­
za, ·el tratado sobre algunas diferencia� de importancia, la
acogida feliz o desgraciada de _alguna gran dama o reina, la
muerte o convalecencia de sus amigos y aliados, etc. Tomaban
el pichón; por las postas lo hacían llevar de mano en mano
hasta los lugares de donde esperaban las nuevas y con la se­
ñal blanca o negra calmaba sus pensamientos rápidamente,
haciendo en una hora por el aire más camino que pudieran
hacer treinta postas en un día natural. En los palomares de
sus casas había siempre pichones sobre huevos o pollos, en
todos los meses del año, lo que se consigné mediante la sal
de piedra o la sagrada yerba de verbena. · _

S?elto el pichón, Pantagruel leyó la carta de su padre, que


dec1a as1:, ·

"Hijo queridísimo : El afecto que naturalmente tiene el pa­


dre a su hijo querido, ha crecido en mí tanto por la con­
templación de las gracias particulares que hay en . ti, por dis­
posición de los divinos pensamientos, que desde tu marcha no
tengo otra idea. Me tortura el corazón el miedo de vuestro
viaje y de que en él os sobrevenga contrariedades o daños. Tú
sabes que al amor bueno y sincero va siempre unido el temor.
· Como dice Hesíodo, en cada cosa, el principio es la mitad
del total, y atento a-esto, para aplacar mi ansiedad mando
a Malicorne para saber por él lo relativo a los primeros días
de tu viaje. Si han sido prósperos, como yo deseo, fácil me
será prever, juzgar y pronosticar el resto. He recogido algunos
libros alegres y regocijados que te entregará el portador. Léelos
cuando quieras descansar de estudios más profundos. Dicho
portador te dará más ampliamente noticias de esta corte. Lá
paz del Eterno sea contigo. Saluda a Panurgo, el hermano
Juan, Epistemon, Xenomanes, Gyrnnasta y los otros domés­
ticos, mis buenos amigos.
"De tu casa paterna, el 13 de junio.
"Tu padre y amigo.
Gargantúa."

34:
CAPITULO IV

Pantagmel escribe a su padre Gargantúa y le envía


muchas cosas bellas y raras

Después de la lectura de la carta, Pantagruel tuvo larga


conversación con el escudero Malicorne y estuvo con él tanto
tiempo, que Panurgo le interrumpió diciendo:
-Pero ¿cuándo vamos a beber? ¿Cuándo va a beber el señor
escudero? ¿No habéis hablado bastante para tener sed?
-Está muy bien -replicó Pántagruel-; haz traer la colación
de la hostería próxima, que tiene· de muestra la imagen de un
sátiro a caballo.
Mientras tanto, para despachar al escudero, escribió a Gar­
gantúa lo que sigue:
"Padre queridísimo : Como con todos los accidente� de esta
vida transitoria no esperados, no sospechttdos, nuestros senti­
dos y facultades anímales padecen enormes e impotentes per­
turbaciones ( hasta separar el alma del cuerpo si las súbitas
novedades son de gran dolor o de gran contento ) , así me ha
ocurrido con la llegada de nuestro escudero Malicome, por­
que de ningún modo esperaba ver a nuestro doméstico, n i re­
cibir noticias vuestras ha�ta el fin de este viaje, y fácilmente
me. sometía al dulce recuerdo de vuestra augusta majestad, es­
crita, o mejor, esculpida y engarzada en el . ventrículo posterior
de mi cerebro, a • · constantemente me la representa · en su
propia y gallarda rigura.
"Pero obsequiado con el beneficio de vuestras graciosas le­
tras y la referen¡:ia de vuestro escudero, mi espíritu, recreán­
dose en la prosperidad y salud vuestra y de toda vuestra real
casa, fuerza me es, lo que antes me era voluntad, primera­
mente alabar al bendito conservador que por su divina bondad
os conserVa en estado de salud perfecta; en segundo lugar,
·agradeéeros profundamente la ferviente e inveterada afección
que profesáis a vuestro humilde hijo y servidor inútil. Antigua­
mente un romano llamado Furnius dijo a César Augusto cuan­
do recibió en gracia y perdón a su- padre, que había seguido
la facción de Antonio : "Hoy, al hacerme este bien, me has
reducido a tal ignominia, que fuerza me será viviendo y mu­
riendo aparecer ingrato por impotencia para la gratitud." Así
podría yo decir del exceso de vuestro paternal afecto; me coloca
en tal angustia y necesidad, que me será preciso vivir y mo­
rir ingrato, si no me revela de tal crimen la sentencia de los
estoicos, quienes decían que un beneficio co�sta de tres par-

35
tes: una para el donante, otra para el que lo recibe, y la . ter­
cera va unida a la recompensa y el recipiente compensa bien
al aonante cuando recibe. el beneficio y lo conserva en. de­
vcción perpetua. Por lo demás, el recipiente sería el más
ingi·ato del mundo si despreciara y olvidara el beneficio. ·
"Viéndome, pues, oprimido por obligaciones infinitas, todas
ellas procreadas por vuestra inmensa benignidád, y además
impotente para recompensarlas en una parte mínima, por lo
menos me salvaré de calumnia. conservándolas· . siempre en mi
memoria, y mi lengua no cesará de confesar y protestar que
os da las más dignas gracias en todo lo que depende de· mi
· voluntad y poder.
"En cuanto a lo demás, tengo confianza en que por la con­
miseración y ayuda de Nuestro Señor, en esta nuestra pere­
grinación, el fin corresponderá al principio y se hará con . ge- ·
neral alegría y salud perfecta. Yo haré comentarios y efemé­
rides de toda nuestra navegación para que a nuestra vuelta
tengáis su lectura verídica.
"He encontrado umi taranda de Scythia·, animal extraño y
maravilloso por las Nariaciones de color en su pelo y en su
piel, según los objetos a que se acercan. Vos lo comprobaréis
a vuestro gusto. Es tan dócil y tan fácil de alimentar como un e
cordero. Os envío con ella tres jóvenes unicornios, más domés­
ticos que los• gatos. Ya he dicho al escudero cómq hay, que
tratarlos; no pacen en la tierra porque lo impide Ia longih1d
de su cuerno frontal. · Tienen que tomar los frutos en los ár­
boles o en pesebres, o en la mano si les ofrecen yerbas, peras,
manzanas, toda clase de frutas y legumbres. Me asombra el
que los escritores ..iintiguos . los presenten tan feroces y peligro�
sos y digan que nunca se los cazó vivos. Si os parece bien,- ­
probaréis todo 'lo contrario y los encontraréis lo más dóciles .
del mundo, .por lo cual maliciosamente se les ofende. ·
"Asimismo os envío la· vida y gestas de Aquiles en tapice�
ría muy bella e industriosa. Os prometo llevaros todas · las
novedades de animales, plantas, pájaros y piedras que pÚéda
encontrar en toda nuestra peregrinación; si Dios Nuestro Señor
quiere, al cual ruego la. sánta gracia de conservaros.
"De Medamothi, el decimoquinto día de junio. .
"Panurgo, · Epistemon, Xenomanes, Gymnasta, Eusthenes,
Rhizotomo y Carpalim, después de besaros las· manos· debida­
mente, os devuelven vuestro · saludo con el céntuplo de. réditos.
"Vuestro humilde hijo y servidor,
.
Pantagme1."
1
Mientras Pantagruel escribía la carta transcrita, Malicorne
fue saludado, festejado y · abrazado por todos. Dios sabe )o

36
que se dijeron y las recomendac·iones que se hicieron mutua­
mente. Cuando terminó Pantagruel, comió con el escudero y
le · dio una gran cadena de oro, que pesaba ochocientos escu-
. des; en los · eslabones septenarios tenia engarzados gruesos
diamantes, rubíes, esmeraldas y turquesas alternativamente. . A
cada uno · de los marineros le hizo entregar quinientos escudos
del sol. A Gargantúa, su padre, le envió la taranda cubierta
con un manto de · seda recamado de oro, con la tapicería de la
vida de Aquiles y los tres unicornios, valiosamente ca;parazo­
nados. Así partieron de Medamothi: Malicorne, para volver a
ver a Gargantúa; Pantagruel, para . continuar su navegación;
en · alta mar hizo leer a Epistemon los libros enviados por su
padre, y corno los encontraron alegres y regocijados, os daré
voluntariamente su trasunto, si me lo requerís con devoción.

CAPITULO V

Pantagmel encuentra una nave de vza¡eros


que volvían del país de Lantemoys .

Hacia el quinto día, cuando cornenzábarno.s a doblar el polo


poco a poco, apartándonos de la línea equinoccial, descubri­
mos un navío mercante que se aproximaba a noso.tros a toda
vela. La alegría no fue pequeña ni en nosotros ni en los mer­
caderes: .en nosotros, porque íbamos a tener noticias del mar;·
y en ellos, porque las iban a téner de tierra firme. Cuando ya
estuvimos cerca·, conocimos a Francisco Xainctongeoys. Ha- .
blando . con él, Pantagruel supo que venían ele Lanternoys y
con ello creció la alegría y toda la asamblea a la vez pregun-
. tamos .el estado del país y las costumbres del pueblo i nternero;
nos dijeron que ·para fines de julio próximo tendría lugar la
reunión del capítulo general de Linternas, y . �i llegábarno's
entonces, corno .nos era fácil, veríamos la bella, honorable y
gozosa compañía de las Linternas, para lo cual se hacían gran­
des preparativos cual cumple a los- buenos linterneros. Asimis­
mo nqs dijeron · que al pasar el reino de Gebarim seríamos ho­
noríficamente recibidos y tratados por el rey Ohabé, domiria­
dor · de aquella tierra, en la cual todos hablaban un lenguaje
franéés-turingio.
� Mientras oíamos estas nuevas, Panurgo trabó debate con un
mercader de Taillebourg llamado Dindenault. He aquí el mo­
tivo de debate: Dindenault, viendo a Panurgo sin bragueta y
con StlS anteojos sujetos al bonete, dijo a sus compañeros :

37
-Ved ahí la verdadera figura de un cornudo.
Panurgo, . a causa de sus anteojos, oyó con sus orejas má�
daro que de costumbre y preguntó al mercader :
-¿Cómo diablo voy a ser cornudo si todavía no estoy ca­
sado como tú, a juzgar por tu desgraciada carátula?
-Sí -contestó el mercader....:, verdaderamente que lo soy y
no quisiera dejar de. serlo por todos los . anteojos de · Europa
y por todas las antiparras de Africa, porque tengo una de las
más bellas, más agradables, más honestas y más dignas mu- ·
jeres que hay en todo oel país de Xaingtonge y en los demás
países Yo le llevo de mi viaje una larga y hermosa rama de ·
coral rojo, de once pulgadas, como regalo. ¿,Qué n�gocio lle­
vas? ¿,En qué traficas? ¿Quién eres? ¿De dónde vienes? An-
teojero del anticristo, habla si eres de Dios. ·

-Yo te pregunto -dijo Panurgo- si por disposición y conve- _


niencia de todos los elementos hubiera yo sacrabezencinemana­
zado a tan bella, tan agradable, tan honesta y tan digna mu­
jer, de modo que el robusto dios Priappus, que habita aquí en
libertad, sin la forzosa sujeción de las braguetas atadas, se le
hubiera quedado en el cuerpo, con_ tal desastre, que jam<ts_
saliera y eternamente quedara allí, si tú no lo sacabas _con los
dientes, ¿qué harías.? Responde, braguetero de Mahoma, pron-
.
-

to, que lo eres de todos los diablos.


-Te daría -contestó el mercader- una estocada en esa
oreja antiparrera y luego te mataría como a una oveja.
Y diciendo esto echó mano a su espada, pero no salía de su
vaina, porque, como sabéis, en el mar todos los arneses -fá­
cilmente crían orín a causa de la humedad excesiva y nitrosa:
Panurgo corrió . a · refugiarse junto a Pantagruel; el hermano:
Juan echó mano a su arma, recientemente limpia, y con gran ·
felonía hubiera matado al mercader si el patrón de la nave .
y los pasajeros no suplicasen humildemente a l;'�tagruel que
evitara el escándalo. Arreglóse al punto la diferencia : Panur,
go y el mercader se dieron la mano y bebieron juntos larga­
mente en señal de perfecta reconciliación.

CAPITULO VI

Apaciguado el debate, Panurgo compra


a Dindenault uno de sus carneros·

Apaciguado el debate, Panurgo dijo secretamente . a Epistl'-:


mon y al hermano Juan :
_ -Retiraos de aquí con disimulo, que vais · a divertiros con ],,
que veréis. Tendremos un bonito juego si la cuerda no -;e
rompe. .
Después se dirigió al mercader y de nuevo bebió con él una
jarra llena de vino linternés. El mercader le acogió bien,
con toda ingenuidad y cortesía. Después, Panurgo le pidió por
favor que le vendiera uno de sus cameros, y el mercader le
contestó :
' - - ¡ Caramba, amigo y vecino mío, cómo sabéis triunfar de
- les- pobres hombres! En verdad que sois un gallardo tratante.
¡ Magnífico comprador de carneros! Más que de comprador de
• carneros tenéis aspecto de cortador de bolsas. Quien no os -
conozca se fiará de vos. Mirad, buenas gentes, su talle de
historiógrafo. _

-Paciencia -dijo Panurgo-; pero como favor especial, ven­


dedme uno de vuestros carneros. ¿Cuánto vale?
-¿Cuánto, mi querido amigo y vecino? Ya veis que estos
son cameros de buena lana. Jasón tomó de ellos su vellocino
de oro y de ellos emana la orden de la casa de Borgoña. Car­
neros de levante, carneros de alto fuste, cameros de alta grey.
-Sea -dijo Panurgo-, pero, por gracia, vendedme uno, que
os lo pagaré prontamente en moneda de poniente, rusurada y
de baja grey. ¿Cuánto vale?
-Nuestro vecino, nuestro amigo, escuchad un poco por la
otra oreja.
-Estoy a vuestras órdenes.
_:_¿Vais a Lanternoys?
-'-Ciertamente.
-¿Para ver mundo?
-Ciertamente.
-'-¿Alegremente?
-Ciertamente. -
-¿Os llamáis, ·según c�:eo, Carnero Róbin?
'-Lo que queráis.
:_¿No os enfadáis?
-Creo que río.
-Sin duda, sois el bufón del rey.
-Ciertamente.
-Vais a ver mundo, sois el bufón del rey, os llam<Íis Car- ·
•neío Robín; ved, aquel camero se llama Robin como vos. ¡ Ro­
bín, Robín, Rbbinl ¡ Be!, ¡ be!, ¡be! ... ¡ Qué voz más hermosa!
_-Bella y armoniosa. . - .. .

-He aquí el p::¡cto que haremos, mi vecino y amigo : vos;


que sois Carnero J;l.obin, os colgáis a este gahcho de la balan­
. za; mi carnero Robiri lo pondremos en- el otro; yo apuesto un

39
ciento de ostras ele Busch a que os aventaja en peso, en valor ·
y en e�timación." En parecida forma que él seréis colgado algún .
.día.
-Paciencia, pero haríais mücho por mí y por vuestra posteri­
dad si quisieráis vendérm_elo, ese o cualquier otro de vuestro
rebaño. _ Yo os lo ruego, Cyro y señor.
-Nuestro. amigo .Y vecino querido, del vellón de estos car­
neros se harán las telas más finas· de Rouen; las de Limestre,
comparadas con ellas, no son má� que horra. De su piel se
harán hermosos marroquines, · que se venderán como marro­
quines turcos o, a lo menos, como de Montelimart o de España.
De sus intestinos se harán cuerdas de violín o de harpa y se .
venderán tim caras como si h1eran cuerdas de Munican o
Aquileya. ¿Qué pensáis?
-Si accedéis a venderme uno, yo sabré éstimarlo. Ved este
díneró contante. ¿Cuánto vale?
Y mostraba al mercader su escarcela, llena de Enriques
nuevos.

CAPITULO VII

Continuación del trato entre Panurgo


y Dindenault

-Mi amigo y vecino -repuso el mercader-, esta no es


carne más que para reyes y príncipes: es tan delicada, tan
sabrosa y tan tierna como mantequilla. Los traigo de un paí.s
en que los cerdos ( Dios sea con n·osotros ) no comen más que
girasoles·; las marranas, en sus partos ( salvo el honor de toda ·
la compañía ) , no se alimentan más que de flor de naranjo.
-Vendedme uno -insistió Panurgo-, y por mi fe que he de
pagároslo como un rey. ¿Cuánto vale?
·

-Mi . amigo y vecino, estos son cameros d e · la .propia razá


de aquellos que llevaron Phr�s y Hellé por el mar Helespont:J.
- ¡ Cáncer! Sois cleticus vel adiscens 87.
Ita, son coles, vere son ajos. Pero rr. rrr. rrrr. Ho Robin rr.
rrrr. Vos no entendéis este lenguaje. . A propósito : en todos los
campos por donde mean, se da el trigo como si hubiera I)leado
Dios. No hace falta más abono ni más cultivo. Hay más. · De
su orina, los . quintaesencieros sacan la sal pétrea mejor del
mundo. Con sus cagarrutas ( y esto no os desagrade ) . los mé-

87 Clericus ver adiscens! Clérigo o estudiante.

40
Jicos de nue�tro país curan setenta y ocho especies de en­
fermedades, la menor de las cuales es el mal de San Eutropia
de Xainctes, del que Dios nos salve y guarde. ¿Qué· pensáis,
'nuestro vecino y ·amigo? A.sí me cuestan ellos de caros. ·
· -Cuestan y valen -replicó Panurgo-; pero, vendedme uno,
· qu·e lo pagaré bien. . .

-Mi amigo y vecino, considerad un poco las maravillas·_ de


la Naturaleza que hay hasta en un miembro que creeréis
inútil. Tomadme esos cuernos y quebrantadlos un poco en un
.. pilón de hierro o en un morillo de la cocína, me es igual.
Enterradlos a la salida del sol, regadlos con frecuencia, y en
pocos meses veréis nacer los mejores espárragos del mundo,
excepto los de Rávena, para no mentir. Decidme ahora si
··vuestros cuernos, señores cornudos, tienen virtudes y propieda­
des tan miríficas.
-Paciencia.
-Yo no sé si vais sois clérigo; pero he visto buenos clérigos,
·q�iero d-':!ir grandes clérigos cornudos. Si sois clérigos, sa­
bréis que de los miembros más ínferiores de estos animales di­
vinos, esto es, de los pies, se saca un· hueso, él talón, el astrá­
galo, . si queréis, con el cual, y no con el de otro animal del
mundo, excepto el asno de Indias y las clareadas de . Lybia,
jugaban antiguamente al reaf juego de los Tales, en el cual
el emperador Octavio Augusto ganó una noche más de cin­
cuenta mil escudos. Vosotros, los cabrones, jamás ganaréis
otro tanto.
' :_Paciencia; pero concluyamos.
-¿Y cuando, nuestro vecíno y amigo, os habré alabado
dignamente los miembros ínternos, las costillas, las clavículas, ·
el costado, el pecho, el .hígado, los pulmones; las tripas, la
garganta, la vejiga, con la que se juega a la pelota; los huesos
espaldares, de los que en PigiÍlion se hacen arcos pequeñitos
para tirar huesos de cerezas; la cabeza, que con un poco de
. azilfre, da un milagroso conocimiento para curar á los perros ·

los constipados del vienfre?


-¡Mierda! ¡Mierda! -exclamó el patrón de la nave al mer­
cader-. Eso es hablar demasiado. Véndeselo si quieres, y
si·. no no le hagas gastar .tiempo.
-Bueno, sí quiero -replicó el mercader-, pero ·me pagará
· tres libras turnesas por el que quiera elegir.
.:...Eso es mucho -dijo Panurgo-. En nuestro país darían
éinco, y acaso seis, por esa . ·su:n.la. Ved que eso es demasiado,
y- no. sois el primero de mis conocidos que por querer enri­
quecerse de pronto, ha caído en la miseria,. y alguna vez se
ha roto el ·cuello.

41
- ¡ Por las fiebres cuartanas! -exclamó el _mercader-. ¡ Qué
necio eres! El que menos de estos ca:tneros ·vale cuatro veces
inás que el mejor de · aquellos que los Coraxianos en Turdeta­
nia as, comarca española, vendían antiguamente a un talento
de oro la pieza. ¿Y qué piensas tú, necio eonsumado, que era
un talento de oro?
-Bendito señor, os claváis en vuestro arnés, por lo que
veo y conozco. Está bien; tomad vuestro dinero.
Después de haber pagado .Panurgo al mercader, eligió en el
rebaño un camero hermoso y grande, y se lo llevó gritando y
balando, lo que hicieron todos los otros, mirando a la vez hacia
donde se llevaban a su compañero.
Mientras tanto el mercader decía a sus pastores:
- ¡Qué bien ha sabido escoger el chalán! Vaya si entiende
el pillo. Ese lo guardaba yo para el señor de Cancale, porque
ecnozco sus gustos y sé que se pone alegre y regocijado cuan­
do tiene a mano pierna . de cordero buena y aderezada, y .
Dio·s sabe lo bien que ·entonces esgrime un cuchillo de trin-
char bien afilado.

CAPITULO VIII
Cómo Pam:rgo hace ahogm:se en el mar
al mercader y a los carneros
'
De pronto, yo no sé cómo, pÓrque el caso fue súbito y.
apenas tuve tiempo de considerarlo, Panurgo; sin decir pa- .
labra, arroja en el mar a 'su camero, gritando y balando; todos
los demás carneros, gritando y balando en parecida entona�
ción, comenzaron a saltar al mar, en fila primero, y ·después
amotinados por quién saltaría añtes a salvar a su compañero.
No era posible guardarlos, pues sabéis que es natural en
ellos seguir siempre al primero que marcha. Tal dice Aristó­
teles, 1ib. 9 de histor. anim., por ser el animal más necio e
inepto del mundo.
·

El mercader, asustado al ver en peligro de ahogarse a sus


carneros, se sofocaba por retep.erlos en su poder, pero era
en vano. Todos a la vez saltaban al mar y. concluían por
ahogarse. Finalmente, cogió uno grande y fuerte desde el ·. cos­
tado de la nave, para salvar así los demás. El carnero .tuvo
tanta fuerza que arrastró al mar al mercader, quien . se. ahogó
88 Los coraxlanos eran los habitantes de Cólqulda, y la Turd ef:a'ii la.
espaflola era la zona que hoy ocupa la provincia de Teruel, aproxl- '
madamente.

42
en forma parecida a c.:omo los c.:arneros de Polifemo, el tuerto
- cíclope, sacaron fuera de la c.:averna a Ulises y sus c.:ompa­
fieros; lo mismo sucedió también a los otros pastores, que los
cogían, unos por los cuernos, otros por las patas y otros por el
vellón, que en el mar se ahogaron miserablemente .
.Panurgo, junto a la banda, c.:on UQ remo en la mano, no
para ayudar a los pastores, sino para impedirles trepra y sal­
varse del naufragio, les predicaba elo�uentemcnte, como si
fuera el hermanito Olivier Maillard o un segundo hermano
Juan Bourgeois .S9, demostrándoles con argumentos retóric.:os
las miserias de esta vida y el bien y la dicha de la otra, afir�
mando que eran más felices los muertos que los vivos en esh'
valle de dolores"' y prometiendo que a · cada · uno le erigiría un
hermoso cenotafio y un sepulcro honorario eQ lo más alto del
monte Cenis, a su vuelta de Lantemoys, exhortándolos así
·para el caso en que salvarse no les disgustara y se resistieran·
a · .morir ahogados. En este punto tuvieron la suerte de que
llegara una ballena, que al tercer día los arrojó en cierto país
de Satín, sanos y salvos, lo mismo que a Jonás. .
Vacía la nave del mercader y los cameros, dijo Panurgo:
-�.Queda algún alma carnerera? ¿En dónde están las de
Thibault Corderillo y Regnauld Belin, que duermen mientras
los otros pacen? Yo no lo sé. Es un efecto de la vieja guerra.
¿Qué t¡;: parece, hermano Juan?
-En vos, todo bien -contestó el hermano Juan-; pero - de­
bíais haber' hecho como hacían antiguamente en la guerra en
los días de batalla o asalto, que prometían ' a los soldados
doble paga: si obtenían victoria, con esto se podían dar por
recompensados, y si !a perdían, nada debían pedir por ver­
güenza, como hicieron . los sUizos fugitivos de la batalla de
Serizolles; esto deb�ais haber hecho, reserVando el dinero en
vuestro bolsillo.
-Bien cagado con respecto al dinero; pero me he div_ertido
por valor de más de· cincuenta mil escudos. Marchemos, el
viento es propicio. Hermano Juan, escúchame : jamás un hom­
bre ·me ha causado placer sin que yo se lo recompensara, o
por lo menos se lo reconociera; · jamás r1adie me causó dolor,
sin que de· ello se arrepilltiera en este mundo o en el otro; no ·
he descansado hasta conseguirlo.
-Tú -dijo el hermano Juan- te condenas como un diablo
viejo. Está escrito: Mihi vindictam, etcétera. . Materia de
:breviario.

'
89 Predicadores uno y otro de los reyes Luis XI y Luis' .:J!:ii,' Jtita� ·

bies en toda Franela por su extremada ridiculez.

43
CAPITULO IX .

Pantagruel llegó a la isla de Ennasin;


extraña·s alianzas del país

Céfiro continuaba favoreciéndonos, y habíamos pasado un


día sin descubrir tierra. En el tercer día, en· el alba de las
moscas, vimos una isla t;1 angular muy parecida, por su forma
y plano, a Sicilia. Se llamaba la isla de las Alianzas. Los
hcmbres y las mujeres se parecen a los poictevinos rojós; ex­
cepto que todos, hombres, mujeres y niños, tienen la nariz como·
una mata de trébol. Por esta causa la isla se llamaba antigua?
mente Ennasin, y en ella todos eran parientes y aliados; · el
potestad del lugar nos dijo :
-Vosotros, las gentes del otro mundo, tenéis por cosa ad­
mirable el que de una familia romana ( los Fabios ) , en un día
( el trece de febrero ) , por una puerta ( la puerta Carrn entalia;
situada antiguamente al pie del Capitolio, entre la ro.ca Tarpeya
y el Tíber, después llamada Scelerata, ) , contra ciertos enemi- '
gos de los romanos ( los vénedanos etruscos ) salieron tres­
cientos seis hombres de guerra, todos parientes, con cinco mil
soldados, todos vasallos suyos, y todos fueron muertos: Esto
sucedió . junto al río Cremere, que sale del lago de Baccane;
De esta tierra, en caso de necesidad, �aldrán más de;· trescien­
to> mil, todos parientes y de una ¡¡llsma familia. .
Los parentescos y alianzas eran de una nautraleza ·muy ·ex-.
· traila, porque siendo todos parientes y aliados unos de otros,
encontramos que nadie era padre ni madre, hermano ni her­
mana, tío ni tía, primo ni prima, yerno ni suegro, padrino
ni madrina de otro, si no es un viejo decrépito, el cual,. como
yo vi, llamaba a una niña de tres o cuatro años mi padre, la
pequeña le llamaba hija mía.
· · ·
.

El · parentesco y alianza consistía en que si uno llamaba a


una mujer· mi flaca, la mujer le llamaba mi marsulino. ·
-Estos -decía· el hermano Juan- deben de sentir ·. muy·
bien el mareo cuando se restreguen los lomos juntos.
Uno, soariendo, decía a una joven:
-Muy buenos días, mi rascador.
Y ella contestaba :
-Muy buenos días, m i leonado . .
-Bien, muy gracioso -decía Panurgo-. ·
Venid a ver · un.
rascador y un ternero. ·
Otro saludó a su pequeña diciéndole : .
-Adiós, mi oficina.

44
Y ella contestó:
-Adiós, mi pleito.'
-Por San Treignan -dijo Gimnasta-, que ese ¡;>Jeito debe
de estar siempre en esa oficin,i.
· Uno llamaba a otra mi verde, y ella le llamaba m i bribón.
-Hay muchos bribones verdes -comentó Eusthenes so.
U-!lo saludó a su amiga llamándola mi hacha, y ella le llamó
mi ·mango.
-,.¡Por el vientre de up . buey! -decía Carpalim-. ¿Cómo
está enmangada esta hacha? ¿,Cómo está enhachado este man­
' go? ¿No será este el gran mango que pedíari las cortesanas
romanas, o un franciscano de manga ancha?
.Un poco más allá vi un granuja que para sáludar a su
amiga le decía mi colchón, y ella le llamaba· mi colcha, y, en
efecto, tenían cierto parecido con .estos enseres.
Uno llamaba a otra mi aíniga, y ella le llamaba mi corteza.
Uno llamaba a otra mi leña, y ella le decía mi fogón. Uno
llamaba a oj:ra mi zueco, y ella le . llamaba mi zapatilla.
Uno llamaba a otra mi botina, y ella le llamaba mi zapatito
de verano. Uno llamaba a otra mi mitón, .y ella le llamaba mi
guante .. Uno llamaba a otra mi piel de cerdo, y· ella le llamaba
mi tocino, y así se establecía parentesco entre el tocino y
la corteza.
En parecidá alianza, uno llamaba a la suya mi tortilla, y
ella le. llamaba mi huevq. Estaban ligados, como en lilla tortilla
, los huevos. Por el mismo . estilo, uno llamaba a la suya mi
tripa, y ella le llamaba mi haz de leña. Jamás se ha podido
saber que parentesco; qué alianza, qué· afinidad, qué consan­
guin!dad había entre ellos comparable. en nuestros usos comu­
'nes, .sino lo que se nos . dijo, que ella era la tripa de aquel
, haz de leña.
Uno, saludando a la suya, le dijo:
-Adiós, mi concha.
Y ella le con testó :
,-Adiós, mi ostra.
-He aquí ...,.dijo Carpalim- una ostra en su concha.
Otro, por el estilo, saludó a la suya:
-Adiós, nii . vaina .
. · Y ella le contestó:
-Adiós, mi grano.
-:-He aquí ..:..dijo Gimnasta- un_ guisante eri su vaina.
Uri gran villano hambrentón, montado sobre unos zancos

90 Juego de palabras, pues c¡¡q�¡j¡z. v�rt


.. (bribón verde) significa.
también . lombriz solitaria.

45
muy altos de madera, encontró una muchacha gruesa, gras�
y corta, y le dijo:
-Dios os guarde, mi zueco, mi trompa, mi peón.
Y ella le contestó fieramente:
.
-Guárda por guarda, mi fátigo.
-¡Sangre de Dios! -dijo Xenomanes-. ¡ Sí que es un cor- ·

del a propósito para bailar este trompo!


Un doctor . regente, bien peinado y rizado, después de haber
contempL'ldo durante mucho tiempo una señorita muy alta, le ·

pidió permiso y le dijo:


-Muchas gracias, buena cara.
Y ella le con testó:
-Las gracias -a usted, mal juego.
-Buena cara a mal juego, no es una alianza conveniente
-dijo Pantagruel.
Un bachiller dijo al pasar a una joven casadera :
-¡Cuánto me alegro! Hace mucho tiempo qu"e no os veía,
musa.
-Y yo os veo con gusto, cuerno -repuso -ella.
-Si los emparejáis -dijo Pan11rgo- y . les sopláis en el culo,
resultará una cornamusa. · ·
Uno llamó a la suya mi manzana y ella le llamó mi heno.
Y me pareció que aquella cerda buscaba voluntaria su cama.
Vi un semigalante jorobado que saludó a su amiga llamán­
dola su agujero, y ella le llamó su clavija. ·
El hermano Juan dijo:
.-Creo que ella es toda agujero. y él todo clavija. Falta saber
si la clavija llenará completamente el a¡,rujero. ·
Uno saludó a la suya llamándola mi · muela y ella le llamó
mi oca.
-Ved -dijo Ponócrates-, una oca que está en la muda.
Un pícaro conversaba con una pícara, y le dijo:
-Que te acuerd.es de mí, mi semen.
-Así será, pedo -le contestó ella.
-Llamad a esa pareja -dijo Pantagruel al Potestad-. Creo
que son enemigos, porque en nüestro país, lo que él ha dicho
es la peor ele las injurias para una mujer.
-Buenas gentes del otro inundo -dijo el Potestad-; entre
vosotros tendréis pocos parientes tan próximos como lo son
este pedo y este semen. Saldrán sin ser vistós, y a la vez, de
los agujeros. ,
-Sin eluda, la galerna · habrá faroleadq, a su maclie -dijo
Panurgo. ' · ·

-De qué madre queréis hablar? -elijo .el Potestad-. Esa es


hl parentela de vuestro mundo. Estos no tienen padre ni ma·

46
dre, Eso son eosas de las gentes de ultramar, ·
de aqueJln,
haces· de heno.
El buen Pantagruel veía todo y escuchaba todo con calma;
pero ante aquellas palabras estuvo a punto de perder la
continencia.
Cuando hubimos examinados bien la situación de la Isla y
las costumbres · de sus habitantes, entramos en la taberna para
refrescamos un poco. Se celebraban allí unas bodas al estilo
del país, con al egría y media. Ante nosotros se celebró el ma­
tr�nio regocijado de una pera, mujer muy gallarda, según
nos pareció, con un joven queso de pelo alborotado y un poco
rubio. De ello había yo oído referenciaS, y entonces supe que
se habían hecho matrimonios en abundancia de este género.
Hasta en nuestro país de vacas se dice que el ·mejor maridaje
es el de la pera y el queso .
En la otra sala vi que casaban a una bota vieja con un
joven y apuesto brodequín, y se le dijo a Pantagruel que ·el
joven brodequín tomaba por esposa a la bota vieja porque
era buena y estaba bien engrasada para que pudiera servir
hasta para un pescador.
En otra sala baja · vi un escarpín casarse eon una zapatilla,
y se nos dijo que no era por �u belleza ni por su buena gra­
cia, sino por codicia y avaricia de los escudos de que estaba
contrapunteada.

CAPITULO X

Pantagruel desembarca en la isla de Chely, en la


cual reinaba el santo rey Panigon

· El viento nos soplaba en popa, cuando dejando a esos de­


sagradables alianceros con sus narices como haces de trébol,
nos vimos en alta mar. Cuando declinaba el sol h icimos eseala
en la isla de Chely, isla grande, fértil, rica y populosa, en la
. ·que reinaba San Panigon, quien acompañado de sus hijos y los
príncipes de su corte, había salido hasta el muelle para recibir
a Pahtagruel. . Le llevó hasta su castillo; a la entrada del to­
rreón apareció la reina acompañada de sus h ijas y las damas
de la corte. Panigon quiso que ella y toda su gente besaran
·a Pantagruel y su séquito; tal era la cortesía y costumbre del
país, y así fue hecho, excepto eon el hermano Juan, que se
escondió entre los oficiales del rey. Panigon quiso a todo
trance retener a Pantagruel aquel día y el siguiente. Pantagruel
fundó su causa en la bondad del tiempo y en la oportunidad

47
del viento, que, como es deseado siempre por los navegantes,
hay -que aprovecharlo cuando vi:.me, porque no viene siempre
que se desea. Con esta consideración, y después de haber be-·
hido veinticinco o treinta vece5 por cabeza,· Panigon nos dio
su venia.
Pantagruel volvió al p1.Jerto, y al no . ver al hermai:¡o Juan, .
preguntó en dónde estaba y por qué se había seaprado de · .
la compañía. Panurgo no sabía cómo excusarle y quiso volver
a buscarle al castillo, cuando el hermano Juan llegó regocijad0, . '
gritando con cordial alegría :
- ¡ Viva el noble Panigon! ¡ Qué hermosas son sus cocinas!
Escudillas por todas partes. ,.; yo esperaba rellenar a uso roo�
nacal los huecos de mi jubón.
-Tú, amigo mío -dijo Paritagruel-, siempre en las cocinas.
- ¡ Cuerpo de gallina! -contestó el hermano Juan-. Sé mee .
jor estos usos y ceremonias que no tanto enmerdar con las mu­
jeres magni, magna, cagada, reverencia, doble, vuelta, abrazo,
roce, beso la mano de vuestra merced, de vuestra majestad,
vos sois, tarabín, tarabán. ¡Brerí, que es mierda . en Roban!
Tanto cagar y peder. No digo que no me atraiga cierto lugar
sobre las ligas cuando me fuerza a insinuar a mi gusto mi dé­
nominación. Pero esta mierdería de reverencias me repugna
más que un diablo joven; quise decir un joven noble. Por San
Benito que jamás miento.
"Habláis de besar señoritas; por la digna y sagrada cogulla .
que llevo, de ello no me aparto, temeroso de que me. suceda
lo que le sucedió al señor de Guyercharais.
-¿Qué? -preguntó Pantagruel-. Es · uno de mis .mejores
amigos.
-Estaba invitado -dijo el hermano Juan- a ui::t suntuoso y
magnífico banquete que daba un pariente y vecino suyo, al
cuaL igualmente, estaban invitados todos los gentilhombres,
damas y señoritas de la vecindad; estas; esperando su llegada,
disfrazaron a los pajes de señoritas muy ataviadas y coqueto­
nas. Cuando pasó el puente levadizo se le présentaron .los pa- ·
jes y los besó a todos con magníficas reverencias, y las damas; .
que ·estaban en 1a galería, comenzaron · a reír estrepitosamente
y ordenaron .a los pajes que se quitaran su disfraz; el buen'
señor, .al ver esto, por vergüenza no quiso besar ya a las ver­
daderas señoras y señoritas, diciendo que si así le habían dis­
frazado los pajes, aquellas
·
debían ser las .criadas disfrazad&s
más finamente.
" ¡ Poder divino da iurandi! ¿Por qué, pues, no transporta­
_mos nuestras humanidades a esa hermosa cocina de Dios? ¿Por
qué no · consideramos allí sobre el asamiento de los· itsados, la

48
· armonía de los· pasteles, la pos1c10n de los jamones, la tempe�
ratura- de las sopas, los preparativos · del postre y el orderi para
el servicio del vino? Beati inmaculati in · vía. Materia de bre­
viario 9 1.

CAPITULO XI

Por qué los monjes son aficionados a la cocina

-lia hablado ingenuamente el monje -dijo Epistemon-. Di­


go el monje monjeante y no el monje monjeado. Esto · me trae
a la . memoria lo que he visto y oído en Florencia háce próxi­
mamente doce años. Estábamos una reunión de )óvenes estu­
diosos, amigos del ingenío y deseosos de visitar a los hombres
doctos y contemplar las antigüedades y singularidades de Ita-·
lia . . Curiosamente contemplábamos la situación y belleza de
Florencia, la estructura de las casas, la suntuosidad de los tem­
plos y los palacios magníficos, y formulábamos· las condignas
alabanzas, cuando un monje de· Amiens, llamado Bernardo
Lardan; enfadoso y vano como todos, nos dijo : "Yo no sé qué
diantre encontráis aquí digno de admiración; yo lo he con­
templado como vosotros y no soy más ciego· que vosotros. Des­
pués de todo, ¿qué es esto?, bellas casas y nada más. Que Dios
y el señor San Bernardo, mi buen patrón, sean con vosotros.
· En toda esta villa rio · he visto un horno d� asadós, y eso que
he mirado cuidadosamente y he venido dispuesto a contar
todos los que viéramos. En Amiens, en la tercera y acaso· en la
cuáita parte del camino que hemos recorriC!o en nuestras con­
templaciones, yo os podría mostrar i:n:ás é!e catorce, antiguos y
aromatizantes. No sé qué placer encontráis vi¡¡ndo los leones
africanos ( así me . parece que llamáis . a los que ellos llaman
• tigres ) en la torre y los puercoespines y los · avestruces en el
palacio ·del señor Felipe Strozzi. A fe mía" mis fieles, que yo
preferiría ver una gran oca en el asador. Estos pórfiros y estos
mármoles son bellos, no digo que no, pero los pasteles de
Amiens son mejores para mi gusto. Estas estatuas antiguas
· éstán bien hechas, quiero creerlo; pero, por Sari Ferreol, que
las gallinas tiernas de nuestro país son mil · veces
·
n:iás conve-
nientes" 92 . ·

91 Beati immaculati, etc. Felices los que hácen inmaculados su


ll.mina (Salmo 118 ) .
� Este episodio le acaeció al propio Rabelai� en Florencia en 1536.

49
-¿A qué se debe -preguntó el hermano Juan- el que siem-
pre enconhéis reyes, papas ni emperadores? .
-Sin duda -contestó Rhizotomo- hay alguna propiedad
·
latente y específica en las marmitas ·y asadores que atrae a
los monjes como el imán al hierro y no a los emperadores y
reyes, o una inclinación natural en los escapularios y cogullas
que por sí misma impulsa a los buenos religiosos aunque no ·
hayan formulado decisión ni determinación.
-A mi entender -añadió Epistemon-, son formas que. si-
guen la materia, como decía Averroes. ,
¡ Cierto! ¡ Cierto ! -exclamó el hermano Juan.
-Yo os diré -repuso Pantagruel- sin hacer un problema de
este astmto, que es muy escabroso y apenas lo tocaríais sin
pincharos, recuerdo haber leído que Antígono, rey de Macedo­
nia, entrando un . día en la cocina de sus tiendas, · !'ncontró al
poeta Antágoras guisando un congrio y le preguntó con gran
alegría: "¿Guisaba congrios Homero mientras cantaba las proe­
zas de Agamenón?". "¿Y crees tú -preguntó a su vez el poe­
ta- que Agamenón, el que tales proezas hacia, , tuvo alguna
vez la curiosidad de saber si alguien en su campo guisaba' con­
grios?". Al rey le pareció .indecente que en su cocina guisara
el poeta tal cosa; el poeta le demostró que nada tan impropio
y antipático como encontrar al rey en la cocina.
-Yo o·s contaré además -dijo Panurgo- lo que Bretón Bi­
llaudry contestó un día al señor duque de Guisa. Era su con­
versación sobre la batalla del rey Francisco contra Carlos Quin­
to, en la cu.al, aunque Bretón estaba armado de punta en
blanco, no se había dejado ver en el combate. "A fe mía -eli­
jo Bretón- que estuve, y fácil será probarlo, en un sitio· en
que vos no os hubierais atrevido a estar." El señor duque, to­
mando a mal estas palabras, temerariamente proferidas, le
insultó; y Bretón, riendo, le apaciguó con esta afirmación : "Yo
estuve con los bagajes, en cuyo lugar vuestro honor no hubiera
osado ocultarse como yo hacía."
En. estas ligeras conversaciones llegaron a ;us navíos y ya no
se detuvieron más en aquella isla de Chely.

CAPITULO XII
Pantagruel pa·sÓ por Procuración. La extraña
manera de vivir de quisquillosos
·
Siguiendo nuestro camino pasamos por Procuración, que .es
un país intrincado y sucio. Allí np conozco a nadie. Vimos a

.50
los litigantes y quisquillosos, gentes cubiertas de pelo. No nos
invitaron a comer ni a beber; solo, con larga multiplicación
de reverencias, nos dijeron que estaba todo a nuestro servicio,
• si pagábamos. Uno de los intérpretes contó a Pantagruel cómo
en aquel pueblo se ganaban la vida de modo bien extraño Y ·
cliametralmente opuesto a los romícolas. En Roma, las gentes
· m{ts ínfimas se &anan la vida envenenando, golpeando o asesi­
nando. Los quisquillosos se la ganan a ser golpeados, de modo
que si sin ser golpeados pasaran largo tiempo, morirían de
hambre ellos, sus mujeres y sus hijos.
-Son �dijo Panurgo- como aquellos que, según · cuenta
Galeno-, no pueden izar hacia el ecuador el miembro caver­
noso si antes no han sido golpeados. ¡Por San Thibaud, que
si yo me golpeara me pasaría todo lo contrario, voto a todos
los diablos!
. -El procedimiento -dijo el intérprete- es : cuando un mon­
je, presbítero, usurero o abogado, quiere mal a cualquier gen­
tilhombre de su país, le envía uno de sús quisquillosos; este le
citará, le emplazará, le ultrajará, le injuriará impúdicamente
siguiendo sus instrucciones, hasta que el gentilhombre, si no
· está paralítico de los sentidos o es más estúpido que una ra­
na, le dé unos cuantos palos o estocadas en la cabeza o le
arroje por las ventanas de su castillo, que es lo mejor. Hecho
esto, ya está el quisquilloso rico para cuatro meses, como si los
palos fueran su mejor recreo y tesoro, porque obtendrá del
monje, del usurero, del abogado, un salario muy bueno y una
reparación del gentilhombre, tan grande y excesiva, que algu­
nas veces perderá el gentilhombre en ella todo su peculio,
con el peligro, además, de pudrirse miserablemente en una
prisión como si hubiese azotado al rey.
-Contra tal inconveniente -dijo Panurgo-, yo sé un remedio
muy bueno que usaba el señor de .Basché.
-�.Cuál?- 'preguntó Pantagruel.
-El señor de Basché -continuó Panurgo- era un hombre
valeroso, virtuoso, magnánimo y caballeroso. Volvía de cierta
larga guerra en la cual el duque de Ferrara, con ayuda de los
francos, valientemente se defendía contra las furias del Papa
Julio Segundo, por quienes todos los días se veía derrotado,
citado, burlado, para divertimiento del grueso prior de. San
Lovant. .
·�un día, al desayunarse con sus gentes ( porque era huma­
no y agradable ) , mandó llam!J.r a su panadero, llamado Oudart,
que le servía de consejero como entonces en Francia �ra cos­
. tumbre, y les dijo en presencia de otros gentileshombres y
los criados:

51
. "-Hijos "'IlÍos, ved cómo ·me fastidian todo� los días esos .::
malditos qu_isquillosos; he resuelto, si no me ayudáis, abando-'
nar el país y tomar en seguida el camino con. todos los dia­
blos. Si no; estad disp:uestos cuando vengan, vos, Loyre, y
, vuestra · esposa para representar en mí gran sala:, con hermosas
ropas nupciales, que os ibajs a · casar y estabais ya prometidos. ·
Tomad: he aquí cien escudos de oro, los · que os doy para
que os vistáis. Vos, señor Oudart, no dejéis de comparecer
con V!Jestra gran sobrepelliz, estola y agua bendita como. para
casarlos. Del mismo modo, Tiudon ( así se llamaba -su tam­
borilero ) , venid con vuestra · flauta y vuestro tambor. Dichas
.
. las palabras y besada la novia, al son del tambor bailaréis to­
dos en honor a las nupcias, dándoos los consabidos : golpecitos.
Hecho esto, cenaréis divinamente; pero cuando llegue un · quis­
-quilloso, golpeadle bien, yo Ds lo ruego; para ello os . doy estos
guanteles de· justar cubiertos de cabritilla. Dadle golpes sii:J.
cuento, de plano y de través; el que mejor golpee será mi
mejor amigo. No tengáis miedo de ser requeridos en justicia, .,
porque yo os garantizo a todos. Estos golpes serán dados rien­
do, según la costumbre observada ·en todos los esponsales.
"-Está bü:n -dijo Oudart-; pero ¿en qué conoceremos a .
los quisquillosos? Porque a esta casa vuestra diariamente lle�
gan gentes de todas partes.
"-Ya he dado orden -continó- Basché-. Cuando a · mí puerr
ta llegue uno de estos hombres, a pi:e . o muy mal montado,
llevando un anillo· de plata- grueso y largo en el: pulgar, será
quisquilloso. El portero, al introducirle cortésmente, .tocará la
campanilla . . Entonces disponeos y venid a la sala a representar
la tragicomedia que os. he indicado:· .
Aquel mismo día, quiso Dios que llegara · un VIeJO grueso, ·
y rojo quisquilloso. Al llegar a la puerta, el portero le · reco­
noció en sus enormes polainas, en. su desdichado jumento, · en ·
un saco de tela lleno de informaciones colgado a su cintura : ·
y en el grueso anillo de plata que traía en su pulgar izquierdo.
El portero, cortés, honesta y. gozosamente, 'le introdujo y tocó
la campanilla. Entonces, Loyre y su mujer se vistieron con· las
ropas apropiadas y salieron al salón. Oudart se \ revistió de
sobrepelliz y estola y salió al encuentro del quisquilloso, a
quien hizo en la antesala beber largamente mientras . los · demás ·.
se ponían los guanteles, y le dijo: .

-No podéi� venir a hora más oportuna : nuestro amo está


en sus glorias y comeremos bien; abundan las escudillas, es-
tamos de bodas: tomad, bebed · y alegraos. · .

Mientras el quisquilloso bebía, Basché, viendo en la sala á


todos en la disposición requerida, mandó a buscar a Oudart,

52
q uÍen vino trayendo el agua ben¡lita; el quisquilloso le seguía;
cuando entró en la saJa nó se olvidó de hacer mil reverencias
y citó a ;Basché; este le hizo la caricia más gra�de del mundo,
le dio un angelot y le rogó· que asistiera a los esponsales. Al
· final comenzaron a salir a plaza las puñadas; pero cuando ,
llegó el turno ·al qui&quilloso le .festejaron en grande con los
guanteles hasta que .. quedó desvanecido y medio muerto, . con
un . ojo deshecho, con ocho costillas rotas, . el pecho hundido,
los· omoplatos en cuatro barrios, la mandíbula inferior en tres
pedazos, y todo ello riendo y en- broma. Dios sabe cómo Ou­
dart operaba · cubriendo con la · manga .de la sobrepelliz su
guantelete· herrado y claveteado, porque era muy forzudo. Así
volvió a )a isla . d e Bouchard el qpisquilloso, ataviado a la ti­
gresca, si bien siempre agradecido y sátisfecho del señor de
· Basché; mediante el socorro de los buenos cirujanos del país,"
vivió tanto como vosotros queráis. De�pués ya no se habló de
él. Su memoria expiró al son de las campanas q-ue tocaron a
·
su entierro.

CAPITULO Xlll

Basché .alaba sus gentes al ejemplo del maestro


Francisco Villon

Fuera ya el quisquilloso del castillo y montado sobre su ye­


gua bravía ( así llamaba a su borrica tuerta ) , Básché, bajo la
·
p arra . -de su jardín secreto, mandó llamar a su mujer y sus hi­
. jos y , a: todas sus gentes, hizo traer vino de colación con un
gran "número de pasteles, jamones, fn,tas y quesos y bebió con
todos en gran alegría; después les diJü: ·
-:El maestro Francisco Villon, er; sus últimos días, se retiró
a Saint Maixent, en Poitciu, bajo 1 · favor de un hombre de
bien, abad de dicho lugar. Allí, pan dar pasatiempo al pueblo,
se entretuvo en componer la Pasió� en gestos y lenguaje poic­
tevinos. Distribuidos los papeles, .diestrados los comediantes,
preparado el teatro, dijo, '":'Ue pl misterio .. podría representarse
al final de las ferias de I\iort; faltaba solo encontrar vestidos
propios para los personajes. Las · autoridades dieron sus órde­
nes. Para vestir a un viejo aldeano que hacía de Dios Padre,
se pidió al hermano Esteban Tappecoue, secretario de los
franciscanos del lugar, una capa y una estola; Tappecoue se
·· negó alegando .que por sus estatutos · provinciales estaba rigu�
rosamente prohibido prestar nada para comediantes. Villon re­
plicó que el estatuto solo se refería· a. farsas, J?arodias y juegos

53
y
disolutos, así lo había visto practicar en Bruselas y otros
países. Tappecoue le dijo, sin embargo, imperativamente, qtie
fuera a otra parte a proveerse si le parecía bien y 'que na g ,,
esperase de su ·sacristía. Villon, indignado, dio cuenta . a lo;,
representantes, añadiendo que Dios tomaría venganza de Tap­
pecoue y bien pronto le castigaría ejemplarmente.
· El sábado siguiente supo Villon que Tappecoue, sóbre la
viga del convento (.así llamaban a su burra ) había ido a pe�
.dir a San Ligario y, estaría de vuelta dos horas después · de
mediodía; entonces soltó la Diablería en la villa ·y el mercado.
Sus diablos estaban caparazonados con pieles de lobo, de vaca
y de carnero adornados con cabezas de carneros, cuernos de ·
buey y grandes asadores, y ceñidos·. de fuertes corazas de las.
cuales pendían grandes cencerros de vacas y mulas con ruido
hcrrorífico. Tenían en la mano algunos bastones ' negros retor­
cidos y otros encendidos tizonés sobre ;' los cuales arrojaban
en las encrucijadas puñados de parafina en polvo, con lo cual
salía una humareda terrible. Así, los condujo con regocijo del
pueblo y temor de los niños, y, finalmente, los llevó a ban­
quetear a una caverna, fuera de la puerta en donde está �l
camino de San Ligario. Cuando llegaron a la caverna, de lejos
vieron a Tappecoue que . volvía de su requisa, y le dijo estos
·
versos macarrónicos :

Este ha nacido. en patria de gente maleante,


pues desde tmtiguo suelen los bribones llevar alforjas.

-Por la muerte del día -dijeron entonces . los diablos-, ya·


que no ha querido prestar a Dios Padre una pobre capa, ha:
gámosle miedo.
·

-Bien dicho -repuso Villon-, pero. ocultémonos hasta que


pase y cargad vuestros palos · y ti�ones. .
Tappecoue llegó ai' lugar y todos ante él salieron al caniino
con gran, algarabía arrojando fuego por todas partes sobre él
y la viga, sonando los .cencerros · y gritando como diablos; ho,
ho, ho, brruuuun:s, ho, ho; hermano Esteban, ¿hacemos bien
los diablos?
La . viga, asustada, salió al trote, a pedos, coces, pedadas y
.
pedarradas, hasta que rodó debajo 'tappecoue, que se agarra­
ba al aparejo con todas sus fuerzas. Sus estriberas . eran de
cuerda, y en lugar de· dejar salir sus zapatos con ventanas,
lo apretabán más y más; así era arrastrado por la borrica, cles­
pellejándose el culo; ella, mientras tai,lto, multiplicaba sus co­
ces, asustada de los diablos, ha�ta que le rompió la cabeza y el
Cl'�· Lro cayó junto a la cruz de Ossaniere; los brazos, en pie;;_

54
zas, uno aquí y otro allí; las piernas lo mismo; eon los intesti­
nos hizo una gran earpicería; de modo que la viga, al ,entrar
en el convento, solo llevaba el pie derecho con el estribo en-
tottillado.
·

. Villon, viendo realizado su designio, dijo a sus diablos:·


-Jugáis bien, muy bien,· señores diablos, yo os fío. ¡ Qué
bien jugáis! No hay diablería que pueda parangonarse con vo­
sotros. ¡ Qué bien jugáis!
Así, dijo Basché:
-Preveo yo, mis bue1;1bs amigos, que jugaréb vosotros esta
trágica farsa, vista la primera muestra y ensayo sobre el quis­
quilloso. Desde ahora os doblo vuestros gajes. Vos, mía -dijo
a su mujer-, haced vuestros honores como queráis. Tenéis en
vuestras i:nanos y a vuestra guarda todos mis tesoros. En cuan­
to a mí, primeramente, bebo por todos vosotros, mis buenos
amigos. Y ·ahora está bueno y fresco. En segundo lugar, vos,
mayordomo, tomad este bacín de plata, yo os lo doy. Vosotros,
escuderos, pajes, en tres meses no seréis azotados. Mía, dadles
mis plumas blancas, con hebillas de oro. Señor Oudart, yo os
doy este frasco de plata. Este otro se lo doy a los cocineros;
a los ayudas de cámara les doy esta cesta de plata; a los pa­
lafrenetos les doy. esta pecera· de plata dorada; a los porteros,
estcs dos platos; a los muleteros, estas diez salseras. Troudon,
tomad todas estas cucharas y esta caja para grageas. Vosotros,
lacayos, tomad este gran salero. Servidme bien, amigos, y os
lo reconoceré. Creedme firmemente, que preferiría, por la vir-
. tud de Dios, recibir en la guerra cien golpes de maza sobre
el yelmo en servicio de nuestro buen rey, a ser citado una vez
"por_ esos mastines quisquillosos, para pasatiempo del grueso
prior.

CAPITULO XIV

Continuación de los quisquillosos castigados


·

en la casa de Basché

Unos días después otro quisquilloso, alto y delgado, llegó a


citar a Basché, por orden del prior. A " su llegada fue reconoci­
do en seguida por el portero, que tocó . la campanilla, Y a su
sonioo todos los del castillo se dieron por avisados. Loyre ama­
saba su pasta, su muíer cernía la harina. OudaF� estaba en su
despacho y los gentileshombres jugaban a la pelota. El señor
de Basché jugaba al treséientos tres eón su mujei:. Las señori­
tas jugaban a; los tacaños. Los obreros jugaban a la imperial;

55
los pajes jugaban a la mona a papirotazos; . pero pronto se .en­
teraron de que un quisquillq_so había llegado. 011dart se .revis­
tió. Loyse y su mujer tomaron sus bellos trajes. Troudon · hizo
sonar su flauta y su tambor y todos, riendo, preparab,an sus
guanteletes. Basché bajó al patio; el quisquilloso, al verle,. se
puso de rodillas y le rogó no lo tomara a mal si de parte del
gran prior le . citaba, diciéndole en · arenga discreta que .era
persona pública, servidor de monjería, dependienté de la mi­
tra abacial, dispuesto a hacer otro tanto por él, o por el más
insignificante de su casa que. quisiera emplearlo. . ..

-Verdaderamente -dijo el señor-; pero no . me "éitaréis sin


que antes hayáis bebido ele mi buen vino de Quinquenáis y
hayáis asistido a las .nupcias que ahora se celebran. Señor üu-.
dart, hac'eclle beber muy bien y después· traedle a la sala. · Sécl ·
bien venido.
El quisquilloso, bien abrevado, entró en la sala en donde
estaban todos los personajes de lá farsa. A su entrada todos
sonrieron. El · quisquilloso rió también¡ cuando Oudart dijo las
pr.labras misteriosas, se tocaron todos las manos, besaron a la
novia y fueron rociados con agua bendita. Mientras se traía
el vino comenzaron las puñadas : el quisquilloso dio muchas a ..
Oudart; este, que bajo la sobrepelljz tenía su guantelete oculto, .
se despachó a placer, y de todas partes caían golpes sobre el.
pobre hombre. "Por las bodas, por las bodas, decían, acordaos."
Fue tan bien golpeado, que le salían sangre por la boca, por
la nariz, por las orejas y por los ojos, hasta que quedó · desnuca­
do y tronchado de todo el cuerpo. Cayó, por fin, a tierra : le .
echaron mucho vino sobre. la cara, le ataron con las mangas
. de su jubón, bella librea amarilla y verde, y le echaron sobre
su caballo. Cuando llegó a su país, no sé si sería bien recibido
por su mujer. Después ya no se habló de él.
Al díá siguiente sucedió un caso parecido, porque no paré- ·
cieron el m'orr�l ni las alforjas del delgado quisquilloso. El
grueso abad nombró un nuevo quisquilloso para que viniera
a citar a Basché, con dos alguaciles para su seguridad. El por­
tero, tocando la campanilla, dio a entender a todos ql{e el
quisquilloso estaba allí . Basché estaba sentado a la mesa· con
su mujer y los gentileshombres; mandó llamar al quisquilloso . y . ·
le hizo sentar a su lado, y los alguaciles junto a las señoritas, .
y comieron bien alegremente. A los postres . el quisquilloso,··
presentes y oyentes los alguaciles, citó a Basché; este, gracio­
samente, le pidió copia de su comisión; estab_a corriente; se
levantó acta, y al quisquilloso y a los alguaciles les fueron en­
tregados cuatro escudos al sor para cada uno. Después se re­
tiraron todos para la farsa. Trouclon come!l4Ó a ·tocar el tam�

.56
bor. Baséhé rogó al quisquilloso que asistiera a los esponsales
de un depencliente suyo y se le pagaría su petición pronto y
bien. El quisquilloso fue cortés : guardó su escritura a la vista
de Jos alguaciles y entraron en .la sala; 'Loyre por un·a puerta,
su mujer con las señoritas por o tra, ataviados los dos con trajes

nupciales. Oudart, revestido sacerdotalmente, les to a las ma­
nos, .les interroga y les da su bendición sin rocío de. agua ben­
dita; terminada la ceremonia, de un lado se trajeron vinos y
especias, .de. la . otra, mazos de cuerda, y de la otra, discreta-
mente, los guanteles.
·

CAPITULO XV

Cónio se renovaron entre los quisquillosos las


antiguas c-ostumb-res de los esponsales

Luego de �1aber vaciado una gran taza de vinbretón, el quis- ·


quilloso dijo a Basché:
-Señor, ,(CÓmo lo entendéis? ¿No se bail.a en estas nupcias?·
¡ Todas las buenas costumbres se pirdeni Ya no hay libreas en
las posadas. Ya no hay amigos. Ved cómo en muchas iglesias
se han suprimido los antiguos y benditos tragos de la santa O
de Navidad 93. Desde entonces el mundo no hace más que
r�suclar. Se acerca a su fin.' Tomad : nupcias, nupcias, nüpcias.
. Y, diciendo . esto, golpeaba suavemente sobre B asché, su mu-
jer, las seiioritas y Ouclart. ·
Entonces comenzaron · a funcionar los guanteles, hasta que
al quisquilloso le rompieron la cabeza en nueve pedazos; a uno
· de los· alguaciles le arrancaron el brazo derecho, al otro le
desencajaron la mandíbula superior, con pérdida eriorme de
incisivos, caninos y molares. Al son del tambor funcionaban
·

los guanteles con gran alegría. '


Ouclart renegó y maldijo ele las nupcias, porque uno ele los
alguaciles le babia descomifistibulado toda la espalda. Esto no
obstante, bebía gozoso. con él. El alguacil desincomifistibulado
juntaba las manos y le pedía p erdón tácitamente, porque no
podía hablar. Loyre se quejaba de que. el alguacil desbrazado
le 'ha.bía dádo tal golpe, que le dejó. · esperruguaneluzelubehi-
zeirisetuzado el talón.
-Y yo -decía Troudon ocultando el ojo izquie�:do bajo su

93 Antífonas que se cantaban por la noche durante el novenario


�de Navidad. Todas comenzaban con la exclamación: " ¡ Ob !", y como
todas estas fiestas, ofrecían ocasión para cenar cop�osamente.

57
pañuelo y mostrando su tambor deshecho-, ¿qué mal os hice?
No os ha bastado haberme morrambozengozeinemafresado bru­
t.almente este ojo, y me habéis deshecho el tan::ibor. Los tambo­
riles en las nupcias son ordinariam.ente bien golpéados; pero
los tamborileros son bien festejados y jamás se les golpea.
-Hermano -le dijo el quisquilloso descalabrado-, yo te da- ·
ré una5 bellas, grandes y viejas Cartas Reales que hay en· mi
alforja, para que compongas tu tambor, y perdónanos por . Dios.
Por nuestra señora de Riviere, la buena señora, . que no quise
hacerte mal.
Uno de los escuderos, cojeando y botando, imitaba al bueno
y noble señor de 1a Roche Posay; acercóse al alguacil de la
cara embagetada, y le dijo :
-¿Sois vos de los golperos, de los golpeantes o de lo? gol­
peadores? ¿No os bastaba el habemos moresocasebezasegri­
gueropapondrillado a cornadas nuestros miembros superiores?
¿Llamáis a esto juegos de la juventud? Por· Dios, que no es
esto juventud ni juego.
El alguacil, juntando las manos, parecía pedirle perdón, bar­
botando mon, mon, mon, vrelon, von, von, como una marmota.
La recién casada reía llorando y riendo lloraba, de que el
quisquilloso no se hubiera contentado con golpearla sin elec­
ción de miembros, sino. que brutalmente la había descabellado
y además le había trepinemanpenillorifizononpesurado las par­
tes vergonzosas· a traición.
· -'El diablo está enredando aquí -dijo · Basché-. Tenía que
ser el señor Rey ( así dicen los pleitistas ) quien adobase las
carnes de esa buen� mujer. No le quiso mal, sin embargo. Son ·
ligeras caricias nupciales. Ya veo que me ha" citado y emplaza- ·
do como un �ngel y me ha adobado como un diablo. Tiene
un no sé qué de monje. Bebo pnr él de buena gana, y por
'vosotros, señores alguaciles.
Entre tanto preguntaba la mujer:
.-Pero ¿con motivo de qué pleito me dieron tan grandes :
puñadas? ¡ El diablo me lleve! ¡ Ya ·no quiero más! En mi vi:da ·
sentí puñetazos tan duros sobre mis espaldas. .
·

El mayordomo, que tenía en cabestrillo su brazo izquierdo;


dijo :

-El diablo me ha hecho asistir- a estas nupcias. ¿Llamáis


a esto espqnsales? Yo los llarpo cagadas de mierda. Por Dios;
que este es el banquete de los lapithas, · descrito por .el filósofo ...
Samosat �ys. .l ¡ . , .
. .
. , , ..

El qu1sqmlloso no hablo mas. Los alguaciles se e¡¡cusaron · ;,


diciendo que no habían tenido milla voluntad,
·
y que les per-· '· •·
, donaran, por amor de Dios.

.58
Partieron, y a media legua de allí el quisquilloso comenzó
a sentirse mal. Los alguaciles llegaron a la isla de Bouchard,
dic.iendo públicamente que jamás habían visto un hombre tan
de bien como el señor de Basché, ni casa más honorable que
la súya, y, además, que nunca habían asistido a una boda co­
mo aquella; pero toda la culpa estaba en ellos, que habían co­
menzado a golpear. Vivieron así yo no sé cuántos días .
. , De allí en adelante se tuvo como cosa cierta que el dinero
de Basché era para los quisquillosos y algilaciles tan pestilente
como · lo fueron en lo antiguo el oro de Tolosa y el caballo
de Sejean para los que lo . poseían 94 . Después quedó dicho
señor en reposo y las bodas de Basché en proverbio común.

CAPITULO XVI

El hermano ]ttan. hace un estudio de la naturaleza


de los quisquillosos

-Narración es esta -dijo Pantágruel- que me parecía rego­


. cijada, si no fuera porque en ella falta el temor de Dios, que
debemos tener siempre ante nuestros ojos.
-Mejor hubiera sido -dijo Epistemon- si la lluvia de guan­
teletes habría caído sobre el grueso prior tumbón que gastaba
su dinero, parte en molestar a Basché, y parte en ver a sus
quisquillosos golpeados. Las puñadas hubieran ablandado su ca­
beza dura, atendida la enorme concusión que· vemos hoy entre
los jueces pedáneos en estos asuntos para con quienes ' ofenden
estos pobres diablos de quisquillosos.
-Recuerdo a este propósito -dijo Pantagruel- que un an­
tiguo gentilhombre romano llamado . L. Nératius, de fainilia
noble y rica, era de tan tiránica complexión, que al salir de su
palacio hacía llen¡¡.r las escarcelas de sus criados de dinero, y
cuando encontraba por las calles. algunos desgraciados, sin ser
ofendido por e:los, para divertirse les daba grandes puñad¡¡s
. en la cara; después, para apaciguarlos, y evitar que se queja­
. nin a la justicia, les répartía su dinero 'hast¡¡ verlos conten�os

94 Llamábase Oro de Tolosa a toda ventaja lllclta que hubiera de


ser fatal para · quien la obten la, porque cuando esta ciudad fue to:
mada y saqueada por el . cónsul Ceplón, perecieron mlserublemcnte
.

todos los que robaron las riquezas de los templos. El caballo de un


romano " llamado Sefus también habla sido sucesivamente . funesto para
todos sus amos. E�tos dos proverbios se encuentran en las obras· de
·

. Cicerón y er¡ las de Aulo Gello.

.59
y satisfechos, según el precepto el� una ley de las Doce Tablas:
Así se gastaba su peculio en golpes a las gentes.
-Por la sagrada bota ele San Benito -elijo el hermano Juan,-, ·
voy a saber la verdad ahora mismo.
Baja a tierra, saca de su bolsa veinte escudos del sol y
dice en alta voz, en presencia de una turba de quisquillos'os:
-¿_Quién quiere ganar veirite escudos por ser golpeado co­
rno un diablo?
-}:o, yo, yo -contestaron todos-. Nos mataréis a golpes,
seílor, esto es seguro; pero la ganancia es buena.
Y todos corrieron en tropel para ver quién llegaba el pri­
mero para ser golpeado.
El hermano Juan eligió un quisquilloso de bigote rubio que
eh el pulgar pe la diestra llevaba un grueso y largo anillo
· de plata, en el que había engarzado un enorme guijarro.
Cuando le hubo elegido, yo vi que todo el pueblo murmu­
raba, y me fijo en un joven, grande y delgado, quisquilloso,
hábil y buen clérigo, y, según se decía, hombre honrado en
la iglesia, que se dolía murmurando de que el del rojo bigote
le arrebatara todos los gajes y de que si en el territorio no
' hubiese que ganar más que treinta palos se llevase siempre
veintiocho y medio. Pero todas estas quejas y murmuraciones
eran de envidia.
El henilano Juan apaleaba mientras tanto al del bigote rojo
en el dorso y en el vientre, en los brazos y en las piernas;
en la cabeza y en todas partes, y cuando ya estaba casi
muerto le dio los veinte escudos. Los otros entonces dijeron al
hermano Juan: .
-Seílor hermano diablo, si . todavía queréis apaleamos a al­
guno de nosotros por menos dinero, estarnos a vuestra dispo­
sición, seílor diablo. Todos somos vuestros, con nuestros
- sa-
cos, nuestros papeles y nuestras plumas.
El del bigote rojo dijo a todos ellos en alta voz:
-¿Qué es eso, glotones? ¿Venís a hacerme competencia?
¿Queréis reducir a mis parroquianos? Yo os cito a juicio y me
querellaré contra vosotros. .
Después, volviéndose hacia el hermano Juan, le d'ijo con
cara risueña:
-Reverendo padre diablo, señor, si lo habéis encontrado bien
y os place divertiros golpeándome todavía, me conformaré
con la mitad del justo preCio; no me desairéis, yo os lo ruego.
· Soy en todo y para todo vuestro, señor diablo, cabeza, pul­
món, intestinos v todo. Os lo digo de muy buena gana.
El hermano Íuan interrumpió sus palabras, apartándose_ de ·

él. Los otros se dirigieron a Panurgo, Episternon, Gimnasta y

. 60
demás, suplicando que los apalearan a cualquier pre_cio, pues
de otro modo estaban en peligro de ayunar largamente; pero
ninguno les· . hizo caso . .
Después, buscando agua fresca para - la m\ve, encontramos
dos viejas quisquillosas del lugar, que a la vez miserablemente
_ lloraban y se lamentaban. Pantagruel se había quedado en la
nave, preparando ·la marcha. Sospechando que' fueran parientes
del quisquilloso que había recibido los palos, les preguntamos
la. cáusa de su dolor. Ellas contestaron que tenían motivo. bien
justo, porque a -la hora presente· les habían dado el monje por
el cuello a los dos hombres más de bien de· toda la Quisqui-
llosería.
. -Mis pajes -dijo Gimnasta- dan el monje por los pies;
dar el monje por el cuello, �.será colgar o estrangular la per-
sona?
·
.

-Eso, eso -dijo el hermano Juan-. Habláis como San Juan


de la Paliza. ·

Preguntados por las causas · de aquel colgamiento, respon­


dieron que habían desnudado las herramientas de la misa y las
habían puesto en la manga de la parroquia. ·
-Eso -dijo Epistemon- es- _ hablar en terrible alegoría 9"-.

CAPITULO XVII

Pantagmel pasa las islas de Tohu y Bohu. y la extraña


muerte de Bringuenar_illes, tragador de
molinos de viento

Pantagruel, aquel mismo día pasó las dos islas de Tohu y


Bohu, en las cuales no encontramos cómo guisar. Bringuena­
rilles, el gran gigante, se había comido todas las sartenes, ca­
zuelas, cazuelones, calderas, cacerolas, lebrillos y ·marmitas, a
falta de molinos de viento, que es de lo que ordinariamente se
alimentaba. Así s:Icedió que a la hora de la digestión cayó
en una grave enfermedad, porque l a fuerza digestiva de su
estómago ( según los médicos ) ' apto para digerir a perfección
los molinos de viento, no bastó para las sartenes y cacerolas;
Ios calderos y marmitas los había digerido bien, como cono­
cían en los hipostases · y encoremas de cuatro toneles de orina ·
que había arrojado en dos veces.

9li Juego de palabras, puesto que con el nombre manga se designa


la enseña parroquial y también la torre o campanario de las Iglesias.

61
Para >acorrerle usaron diversos remedios: según arte; pero
el mal i:ue más fuerte que los remedios, y aquella mañana
murió de una manera tan extraña, que dejó atrás la muerte de
Esquilo; este, habiéndole predicho los vaticinadores que mo­
riría por caer sobre él alguna cosa, en determinado día, aquel
día salió del pueblo, apartándose de todas las casas, árboles
y rocas, y permaneció en medio de una gran pradera, enco­
mendándose a 1a fe del cielo, libre y patente y a su parecer
en seguridad bien segura, si el cielo no caía, lo cual le parecía
imposible. Se dice que las alondras temen grandemente la
ruina de los cielos, porque si los cielos cayeran todas serían
aplastadas.
Así lo temían antiguamente los celtas 96 vecinos d el Rhin;
esto es, los nobles, valientes, belicosos, caballerosos y triunfa­
dores franceses, los cuales, interrogados por Alejandro el Gran­
de sobre qué cosa del mundo temían más, esperando que le
dijeran que a él, considerando sus grandes proezas, victorias,
conquistas y triunfos, contestaron que solo .temían que el cie­
lo cayera, no rehusando, sin embargo, entrar en liga, confe­
deración y amistad, con un rey tan pundoroso y magnánimo.
Si creéis a Estrabón, lib. 79, y Aniano, lib. 1 Q, y Plutarc;o
en su libro sobre la cara que aparece en el cuerpo de la luná,
habla de un cierto Phenaces, quien temía mucho que la .luna
cayera sobre la tierra, y tenía conmiseración y piedad de los
que habitan bajo de ella, como son los etíopes y taprobanien­
ses, por si sobre ellos cayera tan. enorme masa. Del cielo y de ·
la tierra se tendría miedo parecido si no estUviesen debidamen­
te apoyados sobre las columnas de Atlas, como opinaban los
antiguos, según el testimonio de Aristóteles, lib. 6<?, Methap(¡s.
Esquilo, no obstante, murió por la caída de una tortuga que
había elevado una águila entre sus garras, y le hizo pedazos
el cráneo.
También dejó atrás la muerte de Anacreonte, el poeta,
quien murió estrangulado por una ·pepita de uva; la de Fabio,
pretor romano, que murió ahogado por un pelo de cabra, to­
mando una escudilla de leche; la de aquel vergonzoso que mu­
rió por retener sus vientos, por miedo de peder · en presencia
del emperador Claudia; la de aquel que está enterrado en Ro­
ma en la Puerta Flaminia, quien en su epitafio se queja de ·

haber muerto porque un gato le mordió en un dedo pequeño;


la de L. Lecanius Bassus, que murió de repente pór una li­
gera punzada de aguja en el pulgar de la mano izquierda; la
·
9 6 Las celtas vecinos del Rln. En algunas ediciones se lee, en � ei
de esto, Los gymnosottstas de la India, y resulta mucho más con­
gruente.

62
de Quenelault 97, médico normando, que murió súbitamente
en Montpellier, por haberse cortado con un · cortaplumas una
brizna de la mano; la de Filemon, a quien habiéndole traído
su criado para postre higos nuevos, mientras él fue por vino,
un borrico entero que había entrado se comía los higos religio­
>amente. Sorprendido Filem on, y contemplando con curiosidad
.- al asno ficófago, dijo al criado : "La razón quiere que, puesto
que le abandonaste los higos, le des también de este buen vi­
no." Con esto le entró una alegría tan grande, y comenzó a
reír tanto, que se le rompió el pericarpio y murió de repente.
La de Spirius, Saufeius, que murió sorbiéndose un huevo a
la salida del baño; la de aquel de quien cuenta Bocaccio que
. muna por limpiarse los dientes con una brizna de sauce 98 ;
la de Zeuxis, el pintor, que murió de · risa al contemplar el
retrato de· una vieja, pintado . por él, y la de . mil otros de que
os hablan Verrius, Plinio, Valerio, Bautista Fulgose, Bacarey
d pequeño, etc. · ·

El buen Briguenarilles, ¡ ay!, murió estrangulado al tomar


un tazón de manteca· en la boca de un horno, encendido por
prescripción facultativa.
Allí, además, nos dijeron que el rey ·de Cullan, en Bhou,
había derrotado a los sátrapas del rey Mechloth, y -entrado a
saco en las fortalezas de Belima. Después pasamos las islas
de Nargues y Zargues, las islas de Teleniabin y Genielabin,
bien hermosas y fecundas en materia de clisteres; las islas · de
Enig y Evig, en las cuales · recibió su cuchillada el landgrave
de Hesse 99.

CAPITULO XVIIX

Pantagruel evade una gran tempestad


en el mat

· Ya de mañana encontramos nueve barcos cargados de mon­


jes jacobinos, jeSl.iitas, capuchinos, eremitas, agustinos, b�rnar-

·97 Quenelault. Algunas ediciones tienen es.ta variante: Gu!quemault.


médico normando, gran comedor de guisantes y tahúr insigne, que
murió de repente en Montpellier por no haber pagado sus deudas.
9 8 En la leyenda italiana se aíiade que sobre la brizna de sauce
un sapo habla derramado su veneno.
99 El landgrave de Hesse hablase rendido a Carlos V, ohne einige
gefagnus, eB decir, sin que debiera sufrir ninguna prisión; pero el
emperador enmendó el tratado sustituyendo einige por ewige, con lo
que el landgrave •por su propia firma quedó condenado a prisión
perpetua.

63
dincis, celestinos, theatinos, caprestinos, amadeanos, francisca­
nos, carmelitas mínimos, y otros santos religiosos, que iban al
concilio de ChesiJ l O O para depurar los artículos de fe contra
los nuevos heréticos. Al verlos Panurgo entró en gran alegría,
como si aquello fuera un buen presagio, y después de haber
saludado cortésmente a los benditos padres, recomendado la
salud de su alma a sus devotos ruegos y menudos sufragios,
hizo echar en sus naves setenta y ocho docenas de jamones,
gran número de. caviares, centenares de morcillas y dos mil
angelots por las almas de los muertos. ''
Pantagruel quedó pensativo y melancólico; e l hermano Juan
lo notó y pr.eguntó ·de qué le venía aquella tristeza no acos­
tumbrada, cuando el piloto, notando ciertos volteos en la popa,
Y previendo un tiránico e inminente temporal, ordenó que es­
tuvieran todos alerta, marineros y pasajeros; hizo bajar l:as ve­
las mesana, contramesana, trinquete, maestra y pañol, hizo calar
las bolinas, trinquete de proa y trinquete de gavia, y de todas
las antenas dejó solo las costeras. .
De pronto el mar comenzó a hincharse y a tumultuar en
abismos; fuei:tes olas golpeaban los flancos de las naves; el
mistral acompañado de negros nubarrones, terribles torbellinos
y mortales borrascas silbaba al través de nuestras antenas. Vi­
mos al cielo tronar en lo alto, fulminar, esclarecer, llover, gra­
nizar, al aire perder su transparencia, quedar opaco, tenebroso­
y oscuro, sin que nos alumbrara <;)tra luz que la de los relám­
pagos que desgarraban las nubes. Aquello nos parecía el an­
tiguo caos, en el cual estaban fuego, aire, mar, tierra, todos
los elementos . en refractaria confusión.
· ·

Panurgo, después de repartir el contenido de su estómago a


los peces scatófagos, quedó tan afligido, tan matagrobelizado,
que medio muerto invocó todos · los benditos santos y santas
en su ayuda, protestó confesarse en tiempo y lugar, y des-;,_
pués gritó con gran espanto : · .
- ¡ Mayordomo!, rupigo mío, mi padre, mi tío; dadme un po­
co de salmuera, porque veo que vamos a beber demasiado.
Comer poco y beber mucho, será siempre mi divisa. Quiera
Dios y la bendita, digna y sagrada Virgen, que pronto, cuan­
do . antes, ahora mismo, me vea en tierra firme bien a mY gusto.
¡ Oh, qué tres y cuatro ve·ces felices son los que están plan­
tando coles! ¡ Oh, Parcas, que no me criasteis para plantador
de coles! ¡ Oh, qué pequeño es el número de aquellos a quiénes
}l;ipiter ha concedido su favor haciéndolos plantadores de coles!·

l OO Chesil. Nombre hebreo de la constelación Orión. que engendra.


las tormentas. Rabelais llama así al Conc!lio de Trento.

64
Aquellos tienen siempre un pie en tierra y el otro no muy
lejos. Disputan como quieren sobre · ]a. felicidad y el bien hu­
mano, pero el que planta coles es en este momento por mi
decreto declarado dichoso, con mejor juicio· que Pyrrhon, ha­
llándose en un peligro parecido al nuestro y viendo a un cerdo
.cerca de la ribera que comía la cebada esparcida, lo declaró
feliz por dos condiciones : por saber que para él había cebada
y por hallarse además en tierra. En su edificio magnífico y se­
ñorial no había más techo que el de las vacas. Esta ola nos
llevará. ¡ Oh Dios conservador! ¡ Amigo mío, un poco de vina­
gre! ¡ Yo sudo de angustia! ¡ Hola! Las velas están rotas, el cor­
daje a pedazos, las cofas crujen, el palo mayor cayó al mar,
la carena está al sol y las gumenas también rotas. ¡ Hola! ¡ Ho­
la! ¿En dónde están nuestras bolinas? ¡ Todo se ha perdido por
Dios! Nuestro trinquete está hundido en el agua. ¡ Ay, ay!
¡ A quién pertenecerán mis pedazos! Amigos, prestadme uno dt:
esos guardafuegos. Hijos míos, vuestra linterna se ha caído. No
abandonéis la sirga. Oigo temblar la argolla. ¿Se ha roto? Por
Dios, salvemos la braga; de la popa no os ocupéis. Bebebe bous,
bous, bous; mirad, por favor, la aguja de vuestra brújula,
maestro Astrófilo. ¿De dónde nos viene esta fortuna? A fe
mía, que tengo un hermoso miedo. Bon, bon, bons, bons, bons.
Otto, to, to, to, to, ti. Yo me acabo. Me estoy cagando de
horrible miedo. Yo nado, yo nado,·
yo muero, buenas gentes,
yo nado.

CAPITULO XIX

Lo que hicieron Panurgo y el hermano Juan


mientras la tormenta

Bondadoso Pantagruel, después de haber implorado la ayuda


del gran Dios y hecho oración pública con ferviente devoción,
por encargo del piloto �ostenía el árbol fuerte y firme; el her­
mano Juan . se había puesto en júbón para ayudar a los mari­
neros y lo mismo hicieron Epistemon, Ponócrates y los demás.
Pan�rgo apretaba el culo contra la quilla gimiendo y llorando;
·· · el hermano Juanlo vio y le dijo :
-Por Dios, Panurgo el ternero, Panurgo el llorón, .Panurgo
el jipón, harías mucho mejor en a:y'Udarnos aquí que llorando
ahí como una vaca, escondiéndote los cojones como si fuera
una hucha.
-Be be be · bebamos -contestó Panurgo-; hermano Juan,

65
mi buen amigo, mi buen padre, yo nado, amigo mío, yo nado.
Esto se acaba, mi amigo, mi padre .espiritual, esto se act,ba.
· Zalas, zalas, estamos por debajo de ut 101 fuera de toda ]a
gama. Be be be bebamos. Zalas, ya estamos debajo de do y
de toda la gama. Yo nado. ¡Ay, mi padre, mi tío, mi todo! El
agua entra en mis zapatos por el cuello. ¡Ay, ay, ay, ay, yo
nado! Zalas, zalas, hu, hu, hu, hu, be be be be bamos. Pronto
me veré con los pies por alto y la cabeza por bajo. ¡Por qué
no . ha querido Dios que me vea en las naves de los buenos y
devotos padres concilipetas que nos encontramos esta mañana!
Tan devotos, tan gordos, tan alegres y tan graciosos. Ay, ay,
ay, esta ola de Dios envolverá nuestra nave. Zalas, herinano
Juan, mi padre, mi amigo, confesión. Vedme de rodillas. Con­
fiteor. ¡Vuestra santa bendición!
-Ven, ·: colgado del diablo -dijo el hermano Juan-, ven
aquí a ayudarnos, por treinta legiones de diablos, ¿vienes?
-No juremos -dijo Panurgo-, padre mío, amigo mío, no
juremos a estas horas; mañana todo lo que queráis. ¡Ay, ay,
nuestra nave hace agua, yo nado! Zalas, zalas. Be be be beba­
ni os. Ahora estamos en el fondo. Zalas, zalas, yo doy ochocien­
tos, dieciocho cientos mil escudos al que me ponga en tierra;
tan temeroso y tan miedoso como estoy como nunca lo estuvo·
ningún hombre en mi patria · de mierda. Confiteor. Zalas, una
palabra de testamento o codicilo por lo menos.
-Mil diablos -dijo el hermano Juan- salten al cuerpo de ese
cornudo. ¿Por qué hablas ahora de testamento, cuando esta­
mos en peligro y nos conviene animamos más que nunca? ¡Ven
·
acá, diablo!
-Zalas, zalas -dijo Panurgo-, zalas, be be be bebamos.
¿Estamos destinados a perecer aquí? ¡Ay, buenas gen�es, yo
nado, yo iniierol Consumatttm est. Todo acabó para m1.
-Al · diablo el llorón de mierda -dijo el hermano Juan�.
Animo, marineros; ¿estás tú herido? Ata bien ese madero, por
el diablo. Así, hijo mío.
-Ay, hermano Juan, mi amigo, mi padre espiritual -dijo
Panurgo-; no juremos más. Vos pecáis. Be be bebamos, yo
na:do, yo muero, amigos míos; yo perdono a todo el mundo.
Adiós in mantts... be be be bebamos. San Miguel, San Nico�
lás, esta vez y nada: más. Yo os hago aquí un buen voto ante
nuestro Señor de, si en este golpe me ayudáis, esto es, m e
ponéis e n tierra fuera de peligro, o s edificaré u n a gran capillita
o dos, entre Quande y Montsoreau, y en ella no pacerá vaca ni

101 ut era en la octava superior el tono mé.s elevado de la antigua


música; y gama ut o ut mi sol ut era el mé.s bajó.

66
ternero. Zalas, zalas, me han entrado en la boca más de diecio­
cho peces. Be be be bebamos. ¡Qué agua más amarga y
salada! ·

-Por la virtud -dijo el hermano Juan- de la sangre, de la


carne, del vientre, de la cabeza, si Je vuelvo a oír llorar, cor­
nudo del diablo, te convierto en lobo marino. Voto a Dios,
¿po:r qué no le tiramos al fondo del mar? Así, amigos míos,
mis bravos marine;-os. Truena bien y relampaguea muy bien.
Yo creo que hoy se han desencadenado todos los diablos o
que Proserpina está de parto. :fados los diablos bailan con
cascabeles.

CAPITULO XX

Los marineros abandonan los navíos en


lo fuerte de la tormenta

- -:-Oh -dijo Panurgo-, vos pecáis, hermano Juan, mi antiguo


· amigo; antiguo digo, porque al presente vos sois nulo y yo se­
gundo y me duele decíroslo, porque creo que el pisar así es
fuuy bueno para el hígado, como un hendedor de árboles a
cada golpe grita, y como un jugador de bolos hace cuan,do no
ha tir�do la bola bien. Pecáis, pecáis, mi dulce amigo. Pero si
' ahora comiéramos cierta especie de cochifrito, ¿nos libraría­
mos de la tormenta? Yo he leído que en el mar, en tiempos
de tempestad, nunca tenían miedo y siempre estaban seguros
· lós ministros de los dioses Cabires, tán celebrados por Orfeo,
Apolonio, Ferecides, Estrabón, Pausanias y Herodoto.
-Delira -dijo el hermano Juan- el pobre diablo. A lT\il
millones y centenares de millones de diablos se vaya el cabrón
cornudo del diablo. Ayúdanos, por todos los demonios íncubos
. y súbcubos que hay. ¿Vienes? ¡Cabeza de Dios llena de reli­
quias! ¿Qué paternóster de mono es ese que tiene ahí entre
los dientes? Este diablo de loco ml:\rino es l a causa de Ja tem­
. p�stad y ahora es el único que no nos ayuda. Por Dios, que
si voy, os castigaré como a diablo tempestativo. Aquí, mar�­
nero; ten fuerte para que yo haga un mido griego. ¡ Gentil
marinero! . ¡Ojalá fueras abad de Taleri:J.ouse, y ese otro guar­
dián de Croullayl Ponócrates, hermano mío, que os vais a
herir. Epistemon, apartáos de ahí, que he visto caer uri rayo .
. Vira, vira, tronad, diablos, peded, bufad, cagad. Mierda para
la ola. He estado a punto, vive Dios, de arrastrarme a la co­
rriente. Yo creo que todos los millones de diablos tienen hoy

67
aquí capítulo provincial o enredan para la elección de un nue­
vo recto. ¡ Animo, marineros, por el diablo!
-Be be be bebamos -decía Panurgo-, be be bebamos, yo
nado. Ya no veo ni cielo ni tierra. Zalas, zalas. De los cuatro
elementos no nos quedan más que fuego y agua. Be be beba­
mos. Permita Dios que ahora mismo me vea en el claustro
de Sevillé o en casa de Inocente el pastelero, delante de la
cueva pintada en Chinon, so pena de ponerme un delantal
para ayudar a hacer los pastelillos. ¿Sabríais tirarme a tierra?
Vos sabéis mucho, según me han dicho. Yo os doy todo Sal­
�igondinoys y mi gran caracolera, si por vuestra industria
me veo en tierra firme. Zalas, zálas, yo nado. Amigos míos, ya .
que no podemos llegar a buen puerto, entremos en la rada.
Yo no sé cómo. Tirad todas vuestras áncoras. Pongámonos
fuera de peligro, yo os lo ruego. Averigüemos la profundidad.
Sondead nuestra alma, amigo mío, en nombre del Señor. Ami­
go mío, echad la sonda y los plomos, por favor. Midamos la ·
profundidad. ¡ Sondead, querido, amigo mío, por Nuestro Se­
ilor! Comprobemos si se podrá beber aquí cómodamente, sin
inclinarse. Yo creq que sí.
-Uretacque, hau! -gritó el piloto-. Uretacque! ¡ Mano al
timón! ¡ Echad el áncora! ¡ Echad las cuerdas! Uretacque!
-¿En dónde estamos? -preguntaba Pantagruel-. ¡ Que el­
buen Dios Salvador venga en ayuda nuestra!
- ¡ Las cuerdas! ¡Las cuerdas! -gritaba Jamet Brayer, nues­
tro piloto-. Que cada uno cuide de su alma y se entregue a
sus devociones. Solo un milagro de los cielos puede salvamos. ·
- ¡ Hagamos algún buen voto! -decía Panurgo-. Zalas, za­
las, zalas, bou, bou, bebebou, bous, bous, zalas, zabs... Una
peregrinación... ¡ Que cada uno escote en buena moneda!
- ¡ Aquí! ¡Vino, por todos los diablos! ¡A estribor! -decía
ei hermano Juan-. ¡ Las cuerdas, por el nombre de Dios! ¡Las
cuerdas! ¡Vino! ¡ Las cuerdas! ¡ Bebamos, que es lo mejor y lo
más estomacal! ¿Lo entendéis bien, mayordomo? Producid. Ex­
hibid. Así como así desde aquí nos vamos con todos los millo­
nes de diablos. Tráeme aquí, paje, mi cajón -así llamaba él
a su breviario-. Esperad. Tira, amigo mío. Así. Por la virtud
de Dios, que está bien granizado y bien fulminado. Tenedlo
bien en alto; Y.O os lo ruego. ¿Cuándo celebramos la fiesta de
Todos los Santos? Porque yo creo que hoy es la infausta fiesta
de todos los millones de diablos.
- ¡ Ay! -dijo Panurgo-: El hermano Juan 'se condena bien
.a crédito. ¡ Ay de mí, que pierdo un buen amigo! Zalas. Zálas.
Esto es peor que lo de antaño. Vamos de Escila a Caribdis . . Yo
nado. Confiteor. Una palabrita de testamento, hermano Juan,

68
mi padre, señor Abstractor, mi amigo, mi Acates. Xenomanes,
mi todo. ¡Ay! Yo nado. ¡ Dos palabritas de testamento! Escribid
aquí, sobre ese transpontín.

CAPITULO XXI
Continuación de la tormenta y breve discurso sobre
los · testamentos hechos en el mar

-Hacer testamento ahora -dijo Epistemon-, cuando nos


hace falta trabajar y ayudar en la nave, so pena de naufragar,
me parece un acto tan inoportuno como el de los soldados
de César al entrar en las Galias,. quienes se entretenían en
hacer testamentos y codicilos, lamentaban su suerte y lloraban
la ausencia de su mujer y de sus amigos romanos, hasta que
b necesidad les obligaba a correr a las armas y hacer frente
al enemigo. Esto es una necedad como la del carretero aquel
· a quien se le había atascado su carreta y de rodillas imploraba
la ayuda de Hércules, sin aguijar sus bueyes ni apalancar las
ruedas. ¿De qué os servirá hacer testamento? Porque, o sor­
tearemos este peligro o nos ahogaremos. Si lo primero, de na­
da os servirá; los testamentos no son válidos si no los autoriza
la muerte del testador. Y si nos ahogamos, ¿no se · ahogará con
nosotros? ¿Quién lo llevará a los albaceas?
-Una buena ola -contestó Panurgo- lo pondrá en tierra
corno cuando Ulises, y cualquiera hija de rey, cuando salga a
recrearse, lo encontrará, lo hará ejecutar muy bien y en la
ribera roe hará erigir algún magnífico cenofatio, corno hizo a
su esposo Siqueo; Eneas a Deifobo en Troya; Andrórnaca ª
Héctor en Buttrot; Aristóteles a Hermias y Eubulo; los ate­
nienses al poeta Eurípides; los romanos a Druso en Germania
y a Alejandro Severo, su emperador, en las Galias; Xenócrito
a Lisidices; Trirnares a su hijo Teleutagores; Eupolis y Arista-
. dice a su hijo Teotimo; Onestes a Timocles; Calírnaco a So­
polis, hijo de Dioclides; . Catulo a su hermano; Estado a su
padre; Germán de Brie a Hervé, el navegante bretón 1 02,
-¿Sudas? -dijo el hermano Juan-. Ayuda 'aquí, por quinien­
tos mil millones de carretas; ayuda, que el cáncer te puede
sobrevenir en los bigotes. ¡ Tres pares de dragones te hagan

102 Hervé se hizo o se dejó asaltar en un combate naval; Germaln


de, Bries, amigo de Rabelais, cantó esta proeza en un poema latino
que tituló Cordigera, porque este era el nombre del navio de Hervé.

69
unas calzas altas y una bragueta nueva! ¿,Está encallada nues­
tra nave? ¡ Poder de Piosl ¿Cómo la remolcaremos? ¡ Que un
golpe de :d;; ar nos traiga aquí a todos los diablos! A todos los
diablos me doy o nunca saldremos de aquí.
En este se oyó una piadosa exClamación de Pantagruel, que
en alta voz decía:
- ¡ Señor Dios! Salvadnos, que aquí perecemos. No son estos
-
nuestros deseos, pero há,�ase tu santa voluntad.
-Dios -dijo Panurgo- y la bendita Virgen sean con noso­
b ·os. Aay, ay, ay, be be be bebamos, yo nado. In manus. Ver­
dadero Dios, envíame algún delfín para salvarme y llegar a
tierra como un pequeño Arion. Yo tocaré bien el arpa si no
está descompuesta.
-Yo me doy a todos los diablos -decía el hermano Juan'-.
( Dios sea con nosotros -murmuraba Panurgo entre dientes- ) . ·
Si voy a ti te probaré con evidencia que tus cojones cuelgan
junto al culo de un ternero, cornudo, cabrón, descornado. .
Ven a ayudamos, llorón, por treinta millones de diablos que te
salten al cuerpo. ¿Vienes, buey marino? Yo te esquilaré a con­
trapelo. Beatus vir qui non abiit 103 , Yo sé todo de carrerilla.
Veamos la leyenda del señor San Nicolás :

Horrida tempestas . montern turbavit acutum.

"La· tempestad sería un buen azotador de escolares en el


colegio de Montagu. Si por azotar niños, escolares inocentes;
se condenan los pedagogos; por mi honor que está la rueda
de Ixion azotando al perro endalmaticado que azotaba; si por
azotar a los niños inocentes se salva, ahora deben estar bajo
los . . .

CAPITULO XXII

Fin de la tempestad

- ¡ Tierra! ¡ Tierra! -gritó Pantagruel-. Yo veo tierra. No es­


tamos lejos del puerto. Veo que por el lado de la Tramontana
el cielo comienza a esclarecerse. A visad a Siro ch.
- ¡ Valor, hijos míos! -decía el piloto-. La corriente se
apaga. ¡Al trinquete de la gavia! Vira, vira. Pasa las bolinas,
hijo de puta.

103 Feliz el hombre que no •e aleja. (Comienzo del Salmo l.)

7o
-Ya has tenido la suerte -dijo el hermano Juan al marinero­
de recibir noticias de tu madre. Venid a este·
lado. Alzad la
barra. Vira, vira.
-Bien ordenado -decía el hermano Juan-, así, así, hijos
míos, con cuidado. La tempestad me parece que hace crisis y
va a concluir pronto. Alabado por ello sea Dios. Nue.stros dia­
blos comienzan a escapar. ¡ Puerto! ¡ Puerto! Aquí, por Dios,
gentil Ponócrates, potente y forzudo; el pillastre no engendrara
más que h:jos machos. Eusthenes galante. ¡Al trinquete de
proa! Vira, vira. Muy bien dicho. Vira, vira y nada te dejaré
a beber.
Porque el día es feriau
Nau, Nau, Nau.

-Este Celeume -dijo Epistemon- no es inoportuno, porque


el día es feria'do. Vira, vira bien. ¡Oh! -continuó Epistemon-,
os recomiendo a todos que confiéis, porque veo a Cástor, a la
derecha.
-Be be be bebamos -dijo Panurgo-, tengo miedo de que
sea la pícara Elena.
-A la verdad -:replicó Epistemon-, es Mixarchavegas, si te
gusta más esta denominación de los Argives. ¡ Oh ! ¡ Oh! ¡ Ya
veo tierra, ya v¡;:o puerto! ¡Ya veo mucha gente sobre el mue­
lle! ¡ Ya veo fuego en una Obelinolyhnia! ¡ Ya vuelve el buen
tiempo! .
-San Juan -dijo Panurgo-. ¡ Qué hermosas palabras!
-Bah -dijo el hermano Juan-, si tú pruebas una gota, que
el diablo me lleve. ¿Lo entiendes, collón del diablo? Venga,
nuestro amo, un estanque de lo mejor; traed los tazones. Que
no se derrame.
-Valor -gritaba Pantagruel-, valor, hijos míos. Seamos cor­
teses; ved aquí, junto a nuestra nave, dos lanchas, cinco cha­
lupas, ocho volanderas, cuatro góndolas y seis fragatas que
las buenas gentes de esta isla envían a nuestro socorro. Pero
,¡quién es ese, Malegon, que allí abajo grita de ese modo y
hace temblar la nave? ¿No tengo yo con mis manos el árbol
tan seguro como entre doscientos hombres?
-Es -respondió el hermano Juan- ese po];Jre diablo de
Panurgo que tiene fiebre de pecerro. Tiembla de miedo aun
cuando se vea a salvo.
-Sí -dijo Pantagruel-, miedo ha tenido durante este ho­
rrible temporal, pero por eso no le estimo yo ni un pelo menos,
pues el temor es siempre indicio de un gran corazór¡; por eso,
a Agamenón, en sus reproches, le decía Aquiles que tenía
ojos de perro y corazón de ciervo. Si alguna cosa · hay que

71
ttrner en esta vida, fuera del enojo de Dios, no quiero decir
que sea ht muerte. No quiero entrar en la disputa de Sócrates
y los académicos, sobre si la muerte no es mala por sí ni por sí
temible; me refiero a esta muerte por naufragio, pues según
la sentencia de Hornero es horrible perecer en el mar. Así,
Eneas, en la tempestad que sorprendió sus naves junto a Sici­
lia, sentía no haber muerto a manos de. Dióroedes, y decía que
eran tres y cuatro veces felices los que habían muerto en la
conflagración de Troya. Aquí nadie ha muerto; Dios conserva­
dor sea eternamente alabado por ello. Pero todo está en de­
sorden, y serán precisas algunas reparaciones. Derivemos hacia
tierra.

CAPITULO XXIII

Concluida la tempestad, fue ya Panurgo buen


compañero

-Ah, ah -decía Panurgo-, todo va bien. Ha pasado la tor�


menta. Os pido por favor que me dejéis bajar el primero. Qui­
siera · dedicarme un poco a mis negocios. ¿Es preciso que os
ayude todavía? Dadme que rolle esta cuerda. Tengo, tengo
valor; miedo muy poco, casi nada. Cierto que esta ola deurna­
na que ha .ido de proa a popa, me ha alterado un poco la
arteria. Bajad las velas. Bien dicho. ¿Cómo no hacéis nada,
hermano Juan? ¿No es esta buena hora para beber? ¡ Qué será .
de nosotros si viene otra tormenta! ¿Os ayudo todavía? Me
· arrepiento, aunque ya es tarde, de no haber seguido la doctri­
na de los buenos filósofos, quienes dicen que pasearse junto
al níar y navegar junto a la tierra es cosa muy deleitable; tanto
como ir a. pie cuando se lleva el caballo de la brida. Ah,' ah,
ya va todo bien. ¿Os <1yuqaré todavía?
Episteroon tenía una mano desollada y ensangrentada, por
haber retenido una de las gavias, y al escuchar las palabras
de Pantagruel, dijo:
-Creed, señor, que yo he tenido tanto miedo corno Panurgo,
pero lo he dominado considerando que si verdaderamente mo­
rir es, corno es, de necesidad fatal e inevitable en tal o cual
hora, de tal o cual manera, esto hace innecesario el implorar,
invocar, rogar, requerir o suplicar. Por nuestra parte, es nece­
sario ayudar a nuestra salvación, como dice el santo enviado,
y ser cooperadores con él. Vos sabéis que cuando el cónsul
Flaminio fue vencido por Aníbal en Trasirneno ( Perusa ) , dijo

72
a sus soldados : "Hijos míos, para salir de aquí no esperéb la
protección de nuestros dioses; es preciso que con el filo de la
espada nos abramos paso entre nuestros enemigos. " Del mismo
modo, en Salustio no se invoca la ayuda de los dioses por vo­
· tos ociosos ni parlamentaciones mujeriles. Vigilando y traba­
jando con cuidado, todas las cosas salen bien. Si en necesidad
o peligro el hombre implora negligente a los dioses, estos se
irritan contra él.
-Que me lleve el diablo -dijo el hermano Juan- si el
claustro de Sevillé no hubiera sido vendimiado y saqueado
si yo me pongo a cantar Contra hostium i nsidias ( materia de
breviario ) , como hacían los otros diablos de monjes, sin sa­
cudir la viña con el palo de la cruz de aquellos pillos de Lemé.
-Boga la galera -dijo Panurgo-· todo va bien. El hermano
h
Juan no hace ahí nada. Se llama ermano Juan parado, y me
ve aquí sudando y trabajando por ayudar a este hombre de
bien, marinero primero de este nombre. Dos palabras si no os
enfado. ¿De cuánto espesor son las tablas de esa nave?
-Son -contestó el piloto- de más de dos dedos muy grue­
_ sos, no tengáis miedo.
_:_Poder de Dios -exclamó Panurgo-, pues entonces estamos
siempre a dos dedos de la muerte. ¿Es este uno de los nueve
goces del matrimonio? Hacéis bien al medir el peligro por el
miedo; yo no veo peligro más que cuando lo tengo. Yo me lla­
mo Guillermo Sin Miedo. No entiendo la bravura de rebaño :
digo valor · de lobo y seguridad de asesino. Y nada temo menos
que los peligros.

CAPITULO XXIV

El hermano Juan deniuestra que Panurgo tuvo


miedo sin causa. durante la tempestad

-Buen día, señores -dijo Panurgo-; tened todos buen día.


Todos estáis bien, gracias a Dios, y llegáis muy a tiempo. Ba­
jemos. Marineros, tened el puente, que se acerque ese esquife.
,;,He de ayudaros todavía? Estoy cansado y muerto de hambre,
por trabajar como cuatro bueyes. He aquí un hermoso lugar Y
buena gente. Hijos, ¿necesitáis todavía mi ayuda? No derro­
chéis el sudor de mi cuerpo, por el amor. de Dios. Adán, este
hombre nació para laborar y trabajar, como el pájaro para
volar·. Nuestro Señor quieré, ..¡me entendéis?, que comamos

73
nuestró ·pan' con el sudor de nuestros cuerpos, y no como ese
gandul de fraile que ahí veis, el hermano Juan, que bebe y se
muere de miedo. Ya tenemos buen tiempo. Ahora conqzco que
la respuesta de Anacharsis, el noble filósofo, es verdadera y bien
fundada en razón, cuando preguntado sobre cuál nave le pa­
recía más segura, dijo : "La que está en el puerto." -
-Todavía mejor -dijo Pantagruel- contestó cuando le pre­
guntaron cuál era mayor: si el número de muertos o el de
vivos, y Jijo : "¿Entre quiénes contáis a los que navegan?"
Significando a.<>Í que los que están en el mar se hallan tan cerca
de la muerte, que mueren viviendo y viven muriendo.
"Así, Porcio Catón decía que se arr_epentía solo de tres co­
sas: de haber revelado su secreto a una mujer, de haber pa­
sado un día en la ociosidad y de haber ido por mar a un sitio
al que pudo haber ido por tierra.
-Por el digno escapulario que llevo -dijo el hermano Juan
a Panurgo-, collonazo, has tenido miedo, sin causa ni razón,
durante la tempestad, porque tu destino fatal no es perecer
en el ?gua; tú serás colgado y quemado. Señor, ¿queréis un
buen gabán contra la lluvia? Dejadme esos manteos . de lobo.
Haced despellejar a Panurgo y cubríos con su piel. No paséis
con ella junto al fuego, ni os -acerquéis a las fraguas, por Dios,
pues en un momento la veréis convertida en cenizas; pero
exponedla todo lo que queráis a la lluvia, a la nieve y · al
granizo. Sumergidla en el agua y no se mojará. Haceos con
ella botas de invierno, y jamás tomarán agua. Haced de ella
vejigas para enseñar a nadar a los jóvenes y aprenderán sin
peligro.
-Su piel, entonces -dijo Pantagruel-, será como la yerba
llamada cabellera de Venus, que jamás se moja ni remoja, siem­
pre está seca y reseca, aunque se ponga en las profundidades
del agua. Por esto se llama Adiantos.
:._Panurgo, amigo mío -dijo el hermano Juan-, no tengas
más miedo del agua, yo te lo ruego. Por elemento contrario
concluirá tu vida.
·

-Es verdaq - dijo Panurgo-; pero los cocineros de los dia­


blos se emborrachan algunas veces y yerran en su oficio, po-·
niendo a cocer lo que se destinaba para tostar, como · en la ·
cocina de aquí, los- maestros que muchas veces as� perdices,
palomas y ocas, otras ponen las perdices con coles y las pa­
lomas con puerros a cocer en cazuelas. Escuchad, queridos
amigos, yo protesto ante la noble compañía vuestra, que la
capilla votada a mi señor San Nicolás · entre Quánde y Mont­
soreau será una capilla de agua de rosas, en la cual n9 pace­
rán vaca ni ternero, porque la haré en el fondo del agua,

74
-Ved qué pícaro -dijo Eusthenes- : ha puesto en práctica el
proverbio lombardo:

Passato il pericolo, gabbato el santo 104 ,

CAPITULO XXV

Después de la tempestad desciende Pantagruel


en la isla de los Macreones

En seguida descendimos en el puerto de una isla que se


llama de los Macreones. Las buenas gentes del lugar nos reci-
··bieron honorablemente. Un viejo macrobio ( así llaman a su
amo eschevino ) quería llevar a Pantagruel a la casa común
de la villa para descansar y comer; pero él no quiso apartarse
del muelle hasta que todas sus gentes estuvieran en tierra.
Después de haberlos reconocido, mandó a cada uno que se
mudara de vestiduras, que se sacaran a tierra todas las provi­
siones y que todo el personal celebrara fiesta, lo cual fue
hecho incontinenti. Dios sabe lo que gozaron; todo el pueblo
les trajo víveres en abundancia. Los pantagruelistas les dieron
de todo a manos llenas. La verdad es que sus provisiones es­
taban algo estropeadas por la tormenta. Concluido el ban­
quete, Pantagruel rogó a todos que pusieran manos a la obra
para hacer las reparaciones necesarias, en lo cual obedecieron
con agrado. La reparación era fácil, porque todos los hombres
de la isla eran carpinteros y artesanos, .como en el arsenal de
Venecia. La isla, aunqtJ.e era muy grande, solo estaba habitada
en tres puertos y diez parroquias; el resto estaba poblado de
espesos bosques y desierto de seres humanos.
A nuestra instancia, el viejo macrobio . nos enseñó todo lo
que había admirable en la isla, y en el bosque, sombrío y
·desierto, descubrimos muchos antiguos templos arruinados,
muchos obeliscos, pirámides, · monurilentos y sepulcros antiguos
con inscripciones y epitafios diversos, unos en letras jeroglífi­
cas, otros en jónica, arábiga, agarena, sclavónica, etc., de los
cuales Epistemon hacía · curiosas interpretaciones. Mientras
tanto, Panurgo dijo al hermano Juan:·
-Esta es la isla de los Macreones; Macreón en griego signi­
fica vejete, hombre que tiene'" muchos años.
-¿Y qué quieres que haga? -contestó el hermano Juan:_,

104 Pasado el peligro, nos burlamos de los santos. !Adagio italiano.).

75
¿, Quieres que me asombre?. Yo no estoy a mi gusto en un país
bautizado de esta manera.
· -A propósito -replicó Pam�rgo-; yo creo que el nombre de
macquerelle ( alcahuete ) se ha sacado de aquí, porque la
alcah�etería compete a los viejos y viejas ·y a los jóvenes el
testiculaje; por tanto, sería cosa de pensar si esta es la isla
. ,
de Maquerelle, original y prototipo de la que hay en Pans.
Vamos a pescar ostras en su concha.
El viejo macrobio, en lenguaje jónico, preguntó a Pantagruel
cómo y para qué industria y trabajo habían abordado en
aquel puerto, en día de tan horrible tempestad. Pantagruel le
contestó que el Alto conservador había favorecido a sus gentes,
quienes no viajaban por lucro ni tráfico de mercancías. Una
sola causa les había llevado al mar: el estudioso deseo de
ver, saber, conocer y visitar el orácu}o d e Bacbuc y oír la
palabra de la Botella, sobre algunas dificultades propuestas
por uno de la compañía, lo cual nb conseguirían sin grandes
contrariedades y peligros de naufragio. Después le preguntó
cuál podría ser la . causa del temporal, y s! los mares de aque­
lla isla estaban ordinariamente sujetos a tempestades, como en
ei Oceáno lo están las radas de Sanmaieu 10 5 y Maumusson, y
en el Mediterráneo el golfo de Satalia, Montargentan, Plombin,
Capo Melio en Laconia, el estrecho de Gibraltar, el faro de
Mesina y otros puntos.

CAPITULO XXVI

El buen macrobio cuenta a Pantagruel la discesión


de los héroes

-Sabed -contestó el buen macrobio-, peregrinos amigos,


que esta es una de las islas Espóradas, no de vuestras Espó­
radas, que están en el mar Carpathio, sino de los Espóradas.
del Océano, antiguamente rica, frecuentada, men;antil, popu­
losa y sujeta al dominador de Bretaña; hoy, por efecto del
tiempo y la declinación del mundo, pobre y desierta como veis.
"Este oscuro bosque, largo y amplio, de más de setenta y
ocho mil parasangas, és habitación de demonios y héroes que
se han hecho viejos, y creemos, por un cometa que se nos ha
: presentado en los tres días precedentes, que ayer se ha muerto
. alguno, cuya JllUerte ha provocado la horrible tempestad que

, 10 5 Las Radas de San Mateo en. Bretaña y las de Maumusson, en


Saintonje, son pasos peligrosisimos por la rapidez de las corrientes.
:
76
habéis sufrido, porque viviendo . ellos, todo el bien abunda
. aquí y en la§ islas vecinas y en el mar hay bonanza y sere­
J.lidad continuas·. En la muerte de alguno de áquellos, escu­
chamos en el bosque horribles lamentaciones, y vemos en
tierra pes�es, ·calamidades y aflic�iones, en el aire perturba­
ciones y tinieblas y en el mar tempestades y temporales.
·. -Hay -dijo Pantagruel- cierta verosimilitud en eso que
me
cuentas; porque así como la antorcha o la candela, mientras ·

vive · y arde, alumbra a los asistentes, esclarece todo su alrede­


dor,_ deleita a cada uno y a cada. uno dispensa su servicio y
claridad y no hace daño ni desagrada a nadie, en el momento
en que se apaga, con su humo y evaporación inficciona el
aire, daña a todos y desagrada a cada uno; esto sucede con
esas almas insignes y nobles. Mientras habitan en sus corazones,
su merada es pacífica, deleitable, honorable y útil; a la hora
.de su discesión comúnmente ocurren en las islas y continentes
. grandes revoluciones atmosféricas, tinieblas, rayos, granizos, y
·en tierra concusiones, temblores, sacudimientos, y en el mar
temporal de tempestades, con lamentaciones de los pueblos,
mutuaciones en la religión, transportes de reinos y eversión
de las repúblicas.
-Nosotros -elijo Epistemon- lo hemos visto por experien­
cia en la muerte del digno y docto caballero Guillermo de
J?ellay : mientras vivió, Francia era tan · feliz, que todos la
tenían envidia, buscaban su alianza y la temían. Después de
su muerte, súbitamente ha caído en el desprecio de todo el
mundo.
-Así -dijo Pantagruel-, muerto Anchises en Drepani, la
.. tempestad causó terrible daño a Eneas. Por esto mismo, Hero­
des, el tirano y cruel rey . de Judea, viéndose cerca de una
muerte horrible · y espantosa ( pues murió de una phithiriasis,
comido de gusanos y piojos, como antes habían muerto L.
Sylla, Pherecydes Syriano, preceptor de Pytagoras, el poeta
griego Alemán y otros ) , y previendo que a su muerte los
judíos se regocijarían, reunió en su palacio a todos los nobles
y magistrados de todas las villas, ciudades y castillos ae Ju­
dea, con pretexto de decirles cosas importantes para el régimen
y cuidado de la provincia. Reunidos ya, los hizo cerrar en el
hipódromo de su palacio, y dijo a su hermana Salomé y su
cuñado Alejandro : "Estoy seguro de que, a mi muerte, los
judíos se regocijarán; pero si queréis ejecutar lo que yo . os
. diga, mis exequias serán honorables y se lamentarán todos. En
cuanto yo haya muerto, haced que los arqueros de mi guardia
maten a todos' estos nobles y magistrados, y así toda Judea
será duelo y lamentación, y juzgarán los extranjeros que es

77.
a causa de mi muerte; como si tuviera lugar la discesión de
algún alma heroica."
"Otro tanto hizo un desesperado tirano, cuando dijo: "Muer­
to yo, h tierra será arrasada por el fuego y perecerán todos";
cuyas palabras el infame Nerón cambió, diciendo: "Vivo yo,
como atestigua Suetonio." Estas detestables palabras, de las
que hablan Cicerón, lib. 3 de Finibus, y Séneca, lib. 2 de
Clementi, Oion Niceo y Suidas las atribuyen al emperador
Timerio.

CAPJTULO XXVII

Pantagruel razona sob1·e la discesión de las almas


heroicas y los prodigios horroríficos que
precedieron a la · muerte del fiel seiior
de Langey

-Gústame -dijo Pantagruel continuando- haber padecido la


tormenta marina que tantos trabajos nos impuso, a cambio de
haber escuchado lo que acaba de contar este buen macrobio,
y aun estoy animado a creer lo del cometa visto en el aire
en ciertos días precedentes a tal discesión, pues algunas ele
tales almas son tan nobles, preciosas y heroicas, que de su
partida nos clan noticia los cielos, y como el prudente médico,
viendo por los signos pronósticos de la enfermedad, entrar al
enfermo en el período de la muerte, algunos días antes advierte
a la mujer, hijos, parientes o amigos, para que en el tiempo
que le queda de vida pnecla poner orden en su casa, exhortar
y bendecir a sus hijos, recomendar la viudez de su esposa y
declarar lo necesario para el sostenimiento de sus pupilos, para
que no le sorprenda la muerte sin testar y arreglar su alma
y su casa, parecidamente los cielos benévolos, como alegres
por la nueva recepción de estas bienaventuradas almas, antes
de su muerte parecen significar su alegría con el envío de co­
metas, apariciones y meteoros, los cuale$ quieren los cielos
que sean para los humanos pronóstico cierto y verdadera pre­
dicción de que a los pocos días aquellas venerables almas
dejarán sus cuerpos en la tierra.
"Otro tanto hacían antiguamente en Atenas los jueces
areopagitas, que al dar el juicio de los criminales prisioneros
usa han de ciertos signos según la variedad de sentencias :
por O �ignificaban condenación a muerte; por T , absolución;

7R
por A, ampliación 106 cuando el asunto no estaba todavía
claro; al pu bli car esto, los interesados y cmiosos �abían ya la
suerte de los presos. Así, por los cometas, como por .notas
etéreas, dicen los cielos tácitamente: Hombres mortales, si de
estas almas felices queréis alg un a cosa saber, apren der, enten?
der, conocer, prevenir, to cante a la utilidad pública, haced
diligencia de presentaros a ellas y tener su respuesta, porque
el fin y la catástrofe de la comedia se acercan; después en
vano ]as buscaréis.
"Por otra parte, para declü rar que la tierra y las gentes
terrenas no son di gna s de ]a presencia, comp añí a y fruición
de tan insignes almas, aparecen los trastornos, asombros, por­
tentos, monstruos y otros precedentes signos formados contra
todo el orden de la naturaleza, como vimos muchos días antes
ele la muerte del i lustre, generoso, heroico, docto y digno
caballero de Langey, del cual os he hablado .
-R ec u erdo -elij o Epistemon--, y todavía tiemblo, los prO··
dig ios tan diversos y horroríficos que vimos cinco o seis días
antes de su muerte, de modo qu e. los s<:i\ores de Assier, Che­
mant, Maily el tuerto, Villeneuve, el maestr o Gabriel, médico
ele Savillan, Ra belais , Cohuau, Masuan, Maiorici, Bullou, Ce­
racu, burgomaestre, y tantos otros amigos, d omésti cos y ser­
vidores del difunto, todos asustados, se m iraban unos a otros
en silencio, sin pronunciar palabra , pen s an do y previendo que
en breve se yer í a Francia privada de tan perfecto y n e cesario
caba llero y ele su gloria y protección.
- ¡ B orla de escapulario! -dijo el hermano Juan-. Yo quiero
ser clérigo en mi v ejez, porque tengo muy buenas enten de­
deras. Mirad:
Yo os pregunto, preguntante,
como el rey a su ayudante,
como la reina a su infante.

Esos héroes y semidioses de quienes aquí habéis hablado,


¿acaban por morir? Yo p ensab a, Dios me lo p erdon e , que eran
i nmort al es, como hermosos ángeles. l)ero este reverenclisimo
macrobio dice que finalmente mueren
-No todos -contestó Pantagruel-. Los estoicos d ic en que
t odos son mortale s, menos uno que es i nmo rtal� in1pasible,
jnatacable. Pinclaro claramente dice que las di osa s Hamadría­
das tienen eJ mayor hilo, esto es, la mayor vida, que j am ás

106 O o thel.e. , d e thanatos, muerte; T o tan, de telosis., absolución ;


A o a lplta, de ve!etos, Jncicrto. !.:os latinos del mi'>mo tnoélo, tenlo-n :
A, ahsolv(l; C. condemt!o.: N , L., non liquet, esto es, �� a.sunt.o no
está c�a ro.

79
hi16 en las rnéc:as de las Parcas inicuas, tanto como los
¿, boles a ellas consagrados: estos son las encinas, de las cuales
nacieron, según opinión de Callimaco y de 'Páusanias in Phoci:
En c¡_;anto a los semidioses, panes, sátiros, silvanos, ninfas,
héroes y demonios, muchos tienen por la suma total resultante
edades diversas, supuestas por Hesíodo alrededor de nueve mil
setecientos veinte'. ai'íos, número compuesto de la unidad ele,
vada al cuadrado y del cuadrado entero doblado por sí cr�tro
veces y multiplicado el total cinco veces por sólidos triángulos.
Ved a Plutarco en el libro de la Cessatio Oraculis 107 .
-Esta -dijo el hermano Juan- no es materia de breviario,
Yo creo lo que queráis.
'-Yo creo -dijo Pantagmel- que todas las almas intelectivas
están exentas de las guadai'ías de Atropas. Todas son inmor,
talt:s : ángeles, demonios y seres hmnanos. Os contaré en mi
apoyo una historia bien extrai'ía, escrita y a¡;egurada por �abios
y doctos historiadores.

CAPITULO XXVIII

Pantagruel cuenta una piadosa histoda referente


e< la discesión de los héroes 1os

-Navegando Epiterses, padre de Emiliano, de Grecia a Ita,


lía en un buque cargado de diversas mercancías y muchos via,
jeras, al caer la tarde, por haber cesado el viento cerca de las
islas Equinades, que están entre Morea y Túnez, llevó su
embarcación a Paxes. A bordo, unos viajeros dormían, otros
velaban, otros comían y bebían, cuando se oyó una voz que
desde dicha isla llamaba: " ¡ Tahamohus!", de cuyo grito se
asustaron todcis. Este Tahamohus era el piloto, natural de
Egipto; y solo conocido de nombre por algunos viajeros. Por
segunda · vez se oyó la voz que llamaba a Tahamohus, en tono
honorífico. Nadie contestó; permanecían todos en silencio y
temblorosos, cuando por tercera vez fue oída la voz, más terri,
·b]e que antes, por lo cual Tahamohus contestó :
"-Aquí estoy. ¿Qué me pides? ¿Qué quieres que haga?
"Entonces la voz le encomendó claramente · que al llegar

' 107 Es decir, que 9 .72 0 es Igual a 5 multiplicado por 8 y luego


cinco veces por 3 o por 243.
108 Todo este pasaje está. tomado de Plutarco, del libro .Cesatio
Oraculís.

80
a Palode:; publicara y dijera que F;'1n, el gran dios,_ había
muerto .
"Al oír estas palabras, cuenta Epiterses que todos los mari­
neros y viajeros quedaron desvanecidos y grandemente asus­
tados. Entre ellos deliberaron qué sería mejor, si callar o
publicar lo que se les había encomendado: Tahamohus dijo
que su parecer era que si tenían viento en popa pasaran de
largo sin decir nada. Cuando llegaron cerca de Palocles no
tuvieron viento ni corriente, y entonces Tahamohus, subiendo
a proa, y dirigiendo su vista a tierra, dijo, como le habían
mandado, que Pan acababa de morir. No pronunció la última
palabra, cuando se oyeron grandes suspiros, graneles lamenta­
ciones en tierra, no de una persona sola, sino de muchas juntas.
"Esta noticia, como fue oída por muchos; se divulgó pronto
en Roma, y Tiberio César, entonces emperador, mandó llamar
a Tahamohus. Después ele oírle hablar dio fe a sus palabras, y
enterándose por las gentes doctas, que había en su corte en
buen número, de quién era Pan, supo que había sido hijo ele
Mercurio y de Penélope; así lo había escrito Herodoto y Ci­
cerón en el libro 3 de la Naturaleza de los Dioses.
"Sin embargo, yo creo esto referente al gran conservador
ele los fieles, que en Judea fue ignominiosamente muerto por
la envidia y· la iniquidad de los pontífices, doctores, presbíteros
y monjes ele la ley mosaica. Y la interpretación me parece
justa, porque el vocablo griego Pan dice lo mismo que el
nuestro Todo, todo lo que vivimos, todo lo que tenemos, todo
lo que esperamos es él, en él, ele él y por él. El buen Pan, el
gran pastor, como atestigua el pastor apasionado Corydon, no
solo tiene en amor y afecto sus ovejas, sino sus pastores. A la
muerte ele aquel hubo quejas, suspiros, gritos y lamentaciones
en toda la máquina del universo, . cielo, tierra, mar, infiernos.
Esta interpretación mía, la afianza el tiempo , porque este bon­
dadoso Pan, nuestro Único conservador, murió en J em�alén
reinando en Roma Tiberio César.
Dichas estas palabras, Pantagruel quedó en silencio y 'en
profunda meditación. Después vimos caer lágrimas dt;! sus ojos,
grandes como huevos ele avestruz. lvfe doy a Dios si miento
en una s'ola palabra.

81
CAPITULO XXIX

Pantagruel pasó la isla de Tapinoys, en la cual


reinaba Quaresma·comiente

Recompuestas las naves del regocijado convoy, repuestas


las vituallas y los macreones más que contentos y satisfechos
de los gastos que allí había hecho Pantagruel, nuestras gentes,
más gozosas que de costumbre, al día siguiente tendimos ve­
las hacia el sereno y delicioso Aguyon ép. gran alegría. Al
declinar el día Xenomanes nos mostró de lejós la isla de Ta­
pinoys, en donde reiDaba Quaresmacomiente, de quien Panta­
gruel había oído hablar algunas veces; y le hubiera visto en
persona, si no fuera porque Xenomanes le desanimó, tanto
por el gran trastorno en el camino, como por el flaco pasatiem­
po en que dijo que estaba toda la isla y corte del señor.
-Allí veréis -decía- por todo alimento un gran tragador
de guisantes grises, un gran cacerolero, un gran cazador de
topos, un gran hacinador de heno, un medio gigante peludo,
de doble tonsura, sacado de Lantenoys, gran farolero, alum­
brador de los ichtiófagos, dictador de los mostaceros, azotador
de los niños, calcinador de cenizas, padre y alimento de los
médicos, aumentador de indulgencias y estaciones, hombre
de bien, buen católico y de gran devoción. Llora las tres
cuartas partes del día. Jamás se entrega al matrimonio. La
verdad es que es el más industrioso confeccionador de me- ·
chados y pasteles que hay en cuarenta reinos.
"Hace próximamente seis años que al pasar por Tapínoys,
tomé un poco de grasa y se la di a' los carniceros de Quande.
Los estimaron mucho y no sin causa. A nuestra vuelta os
enseñaré dos colocados en la portada de la iglesia.
"Los alimentos de que se nutre son hueveras saladas, mo­
rriones y casquetes salados y ensaladas saladas; . de aquí, que
muchas veces padece una gonorrea. Sus vestidos son alegres
en la forma y en el color; no lleva nada delante ni detrás y .
lo mismo en las mangas.
-Me haréis el favor -dijo Pantagruel-, así como me h abéis
expuesto sus vestidos, sus alimentos, su vida y sus pasatiem­
pos, de exponerme su forma y su corpulencia en todas parte$.
-Yo te lo ruego, cojon.cetes -dijo el hermano Juan-, por­
que lo encontré dentro de mi breviario y se escapó con las
fiestas movibles.
-Con mucho gusto -dijo Xenomanes-. De él oiremos ha­
blar más ampliamente al pasar por la isla Tarbuche, en la

82
cual dominan los embuchados frailunos, sus enemigos inmor­
tales, contra los que tiene guerra sempiterna y a no ser por
la ayuda del noble Martes-graso, su protector y buen vecino,
este gran linternero Cuaresmacomiente ·. los hubiera destrozado
hasta exterminarlos.
.
Preiúntó ·el hermano Juati :

-¿ S on ellas
machos o hembras,
ángeles o mortales,
mujeres o doncellas?

-Son -contestó Xenomane5- mujeres en sexo, mortales de


condición, algunas doncellas, otras no.
-Yo me doy al diablo -dijo el hermano Juan'- si no m e
pongo a favor de ellas. ¿Qué desorden d e l a naturaleza es este
de hacer guerra contra las mujeres? Volvamos para escarmentar
a ese villano.
- ¡ Combatir a Cuaresmacomiente! -dijo PanurgoJ. ¡Por todos
los diablos! Yo no soy tan loco ni tan malvado. ¿Qui furis
si nos encontramos envueltos entre los EJ;¡Jbutidos y Cuares­
macomiente, esto es, entre el yunque y los martillos? ¡Un
cánéer! Quitaos de ahí. Vamos a otra parte. A Dios os digo,
Cuaresmacomiente. Os recomiendo los Embutidos y no olvi­
déis las Morcillas.

CAPITULO XXX
Xenomanes anatomiza y describe a
· Cuaresmacomiente

-Cuaresmacomiente -dijo Xenomanes- tiene, o al menos


en mi tiempo tenía, el cerebro en cuanto a su tamaño, valor,
sustancia y vigor, semejante al cojón izquierdo ·de una nigua
macho.
Los ventrículos de aquel como un tomillo.
La excrecencia vermiforme como un martillopilón.
Las membranas como el capuchón de un fraile.
El embudo como una gamella de albañil.
La cara como un biombo.
La glándula pineal como una gaita.
La red admirable 10 9, como un chaflán.
.
109 La red admirable era un conjunto de vesículas que situaban
los antiguos anatomistas a los lados del hueso esfenoides.

83
Lo, aditamentos mamiliare, como un borcegui.
Lo, tímpanos como un molinete.
El hueso pétreo como· un pájaro.
La nuca como una linterna.
Los nervios como un robinete. ·
La campanilla como una cervatana.
El paladar como una garrucha.
La saliva como una lanzadera.
Las amígdalas como anteojos para un ojo solo.
El istmo como una comporta de vendimiar.
El gaznate como una cesta de vendimiar.
El estómago como un cinturón.
El píloro como una hora de hierro.
La arteria áspera como un cuchillito.
El exófago como un pelotón de estopa.
El pulmón como una muceta.
El corazón como una casulla.
El mediastino como un intestino.
La pleura como el pico de un cuervo.
Las arterias como una caja de Biart.
El diafragma como un bonete ele escarapela.
El hígad.o como un hacha ele dos cortes.
Las venas como un cajón.
El bofe como una levenda.
El intestino recto com� un trasma11o.
La hiel como una azuela.
Las entrañas como un guantelete.
El mesenterio como una mitra abacial.
El intestino menor como una pinza.
El intestino cerrado como un plastrón.
La morcilla cu1ar como una cantimplora monacal.
El colon como una jarra de dos asas.
Los riñones como una paleta de albañil.
Las vértebras como uná cadena.
Los uréteres como una cremallera.
Las venas emulgentes como dos jeringuillas.
Los vasos espermáticos como un pastel ele hojaldre.
Las ladillas como almohadones el<! plumas.
La vejiga como un arco botarel.
Su cuello como la lengüeta de una campana.
El epiplon como un sombrero albanés.
La pleura como un brazal.
Los miembros como un fuelle.
Los tendones como el pico de un pa¡aro.
Los ligamentos como una escarcela.

84
Los huesos como pastelillos tiernos.
La medula como una alforja.
Los cartílagos como una torta· de bellotas:
Los dientes como una serpiente.
Los espíritus animados como puñetazos.
Los espíritus vitales como papelotes.
La sangre hirviente como papírotazos multiplicados.
La orina como un papahígo 110.
El genitorio como un ciento de clavos en una lata. Me
contó su nodriza que cuando estuvo casado con la Media­
cuaresma, engendró solamente un gran número de adver­
bios locales 111 y ciertos órganos dobles.
La memoria la tenía como una escarpia. ·

El sentido común como un bordón.


Ll! imaginación · como un repiqueteo de campanas.
Los pensamientos como un revoloteo de estorninos.
La conciencia como un nil:lo de garzas.
Las _deliberaciones como tubos de órgano.
La reflexión como el equipo de un doble cañón.
Las empresas como la popa de un galeón.
El entendimiento como un breviario deseado.
Las inteligencias como limas empuñadas por frailes.
La voluntad como tres nueces en una escudilla.
El deseo como seis . haces de heno bendito.
El juicio como un calzador.
· La diserción como una polea.
La razón como un taburete.

CAPITULO XXXI

Anatomía de Cuaresmacom.iente en sús partes


externas

Xt:nomenes prosiguió :
-Cuaresmacomiente en cuanto a sus partes externas estaba
un poco mejor proporcionado, excepto en lo que se refiere

110 La orina como un papahígo. Con esta palabra alude Rabelais a


Jos que se burlan del Papa, a los que le hacen la higa, esto es, a los
protestantes.
11-1 Unde, que et que. De dónde se viene, adónde se va y por
dónde es preciso ir para ganar las indulgencias.

85
a los siete costados, que los tenía en la forma usual y co­
rriente.
Los dedos de los pies los tenía organizados como un cla-
vicordio.
Las uñas como una barrena.
Los pies como una gutiarra.
Los talones como una maza.
La planta como un azadón.
Las piernas como pájaros "de . los que sirven para reclamos
de halcón.
Las rodillas como un escabel.
Los muslos como un yelmo.
Las caderas como un berbiquí.
Las pantorrillas abotonadas conforme a la moda antigua y
lo mismo el pecho.
El ombligo como una viola.
Las partes velludas como un pastel de Amiens.
El miembro ,como una pantufla.
La bolsa testicular como una damajuana.
Los genitorio� como una garlopa.
Los cremásteres como una raqueta.
El perineo como una judía.
El agujero del culo como un espejo cristalino.
Las nalgas como un rastrillo.
Los riñones como un pote mantequero.
El alkatin como un billar.
. El dorso como una ballesta de armón.
Los spondilos como una cornamusa.
Las costillas como un rodete.
El hígado como · un baldaquino.
Los omoplatos como un mortero.
El pecho como un juego de tubos de órgano.
Las tetillas como un cuerno-trompeta.
Las axilas como un desollador.
Las espaldas comci una angarilla de mano.
Los brazos como una careta.
Los dedos como morillos de fogón.
Las rótulas como dos escusas.
Los antebrazos como antebrazos.
Los codos como ratoneras.
Las manos como almohazas.
El culo como una escudilla.
La garganta como un filtro · de hipocrás.
La nuez como un bap:il, del que pendían dos globos de
bronce bellos y armoniosos, en forma de un reloj de arena.

86
La barba como una linterna.
El mentón como una caiabaza. ·
Las orejas como dos mitones.
La nariz r.omo un brodequín injerto en un cesto.
Sus ventanas como un capillo de cristianar .
Las mejillas como · una espumadera.
Sobre la mejilla i<:quierda tenía un bulto de la forma
tamaño de un orinal.
1 L as pupilas como un rabel.
Los ojos como un estuche de peines.
Los nervios ópticos como un fusil.
La frente como una bóveda.
Las sienes como una santimplora.
Los carrillos como dos zuecos .
. Las mandíbulas como un cubilete.
Los dientes como una pica. Pe sus dientes de leche podéis
encontrar uno en Colonges-les-royauls, en Poictou, y dos en
la Brosseen-Xaintonge, sobre la puerta de la cueva.
La lengua como un arpa.
La boca como un huso.
La cara historiada, como el aparejo ele una mula.
La cabeza contorneada, como un alambique.
El cráneo como un morral de cazador.
· La piel como el esparto.
La epidermis como un cedazo.
Los cabellos como un gran cepillo.
El pelo como se ha dicho.

CAPITULO XXXII

Continúa la descripción de Cuaresmacomiente

-La Naturaleza hizo un caso admirable del de Cuaresma-


comiente -continuó Xenomenes.
Si escupía, echaba cestas llenas de flores de alcachofa.
Si mosqueaba, salían anguiletas saladas.
Si lloraba, patos cebados.
Si temblaba, pasteles de liebre.
Si sudaba, almejas con manteca fresca.
Si eructaba; ostras con sus conchas.
Si estornudaba, 'barriles llenos de mostaza
Si tosía, cajas de carne de membrillo.

87
Si suspiraba, manojos de berros.
Si respiraba, botes apitados de guisantes.
Si sollozaba, lenguas ahumadas de buey.
Si silbaba, rebaños de monos verdes.
Si roncaba, escudillas de habas escaldadas.
Si rechinaba, pies de cerdo al jugo.
Si hablaba, tela gruesa de Auvernia o sayal carmesí de que
quería Pasizatis que se tejieran las palabras de los que
hablaban a su hijo Ciro, rey de los Persas.
Si soplaba, troncos para las :i¡:¡dulgencias.
Si guiñaba los ojos, galletas y pastelillos.
Si regañaba, gatos de marzo 112.
Si movía la cabeza, carretas herradas.
Si hacía muecas; palos tronchados.
Si murmuraba, juegos de la baceta.
Si pataleaba, treguas y descansos.
Si reculaba, gallicisnegrullas del mar.
Si babeaba, cosas banales.
Si se encogía, entradas de moriscos.
Si pedía, botines de vaca negra.
Si bufaba, botines de cordobán.
Si se rascaba, ordenanzas nuevas.
Si cantaba, pesos en sus plomadas.
Si cagaba, hongos y setas.
Si ventoseaba. coles en aceite.
·
Si diarreaba, nieves en Aután.
Si se preocupaba, rapados y tonsurados.
Si no daba nada, pasaba por engañador.
Si soñaba, bichos volantes y rampantes contra una muralla.
Si resudaba, papeles renteros.
"Caso extraño: cuando trabajaba, no hacía nada, y cuando
nada hacía, trabajaba.
"Corybanteaba 113 durmiendo y dormía corybanteando, con
los ojos abiertos, como hacen las liebres en el campo, temien­
do siempre alguna camisonada de las Morcillas, sus antiguas
enemigas.
"Reía mcrdiendo y mordía riendo. Cuando comía no ayunaba
y cuando ayunaba no comía.
"}.·Iascullaba por sospechas; bebía por irnaginaci6n; se ba­
ilaba encima de los más altos campanarios y se secaba en los
estanques y eil las riberas.
"Paseaba en el aire y cogía cangrejos decumanos. Cazaba
'

112 Gatos de marzo: martas cibelinas.


113 Corybantear. Dormir con los ojos abiertos, como Jos corybantos •.
que guardaban a Júpiter cuando era niño.
en el fondo del mar v
·
allí encontraba machos cabríos.· rebecos
y camellos.
"De todas las cornejas cazadas en Tapinois, ordinariamente
guardaba los ojos. . .

"Solo le daba miedo de su sombra y de los gritos de los


corzos.
· "En ciertos días golpeaba el suelo. Jugaba con las cuerdas
de los cinturones. De su puño hacía un martillo. Escribía so­
bre pergamino peludo con su gran pluma de ave pronósticos
y almanaques.
-Ya está aquí el valiente -dijo el hermano Juan-. Ese es
el que yo busco. Voy a mandarle un cartel.
-Extraña y monstruosa contextura de hombre -dijo Pan­
tagruel-, si así debemos llamarlo. Me trae a la memoria la
forma y contenido de Amodunt y Discordancia.
-¿Qué form.a tenían? -preguntó el hermano Juan-. Jamás
oí hablar de ellos. Dios me lo perdone.
-Os diré -contestó Pantagruel- lo que he leído en los
apologistas antiguos. Phisis, esto es, la Naturaleza, en su
primer parto dio a luz la Belleza y la Armonía sin copul ación
carnal, puesto que por sí misma era grandemente fecunda y
fértil.
. "Antiphisis, que siempre ha sido la parte adversa ele la
Naturaleza, al punto tuvo envidia de un parto tan bello y
honorable y, por el contrario dio a luz a Amodunt y a Dis­
· corclancia, por efecto de su copulación con Tellumond. Tenían
la cabeza esférica y redonda completamente como una p elota,
no dulcemente comprinúda por los lados como la cabeza hu­
mana. Tenían las oi·ejas altas y tiesas como las ele los asnos;
los ojos fuera de l a cabeza, fijos sobre dos huesos semejantes
a los ele los talones, sin párpados y duros como los de los
· cangrejos; los pies redondos como bolas; las manos y los pies
vueltos al revés hacia· la espalda. Caminaban sobre la cabeza
y daban volteretas continuamente. Así, como ya sabéis que
· a las monas les parecen sus crías la cosa más bella del mundo,
Antiphisis alababa y se esforzaba en probar que la forma de
sus hijos era más bella y conveniente que la de · los hijos de
Phisis, diciendo que al tener esféricos los pies y la cabeza y
caminar rodando asimilaban cierta porción de divinidad, por­
que los cielos y todas las cosas etemas están así · conformadas.
Al tener los pies en el aire y l a cabeza hacia abajo imitaban
al creador del Universo, puesto que los cabellos son en el
hombre como raíces y las piernas como ramaje, y los árboles

89
están más cqmodam_ente sujetos a la tierra por sus raíces que
lo estarían por las ramas 114 .
"Con esta demostración alegaba que estaban roás aptamente
sus hijos como un árbol derecho que no los de Phisis, ' seme-
jantes al árbol invertido.
"En cuanto a los brazos y las manos, probaba que más
razonablemente estaban vueltos hacia la espalda, porque esta
parte del .cuerpo no debía estar sin defensas, puesto que
la purte delantera estaba bien protegida por los dientes, de los
que la personl! puede usar, no solo para masticar sin ayuda
ele las manos, sino para defenderse de las cosas nocivas.
"Así, por el testimonio y el estímulo de las bestias brutas,
atraía a su partido a todos los locos e insensatos y causaba la
admiración de todos los descabezados·
y Clesprovistos de buen
juicio y de sentido común.
"Después engendró los viejos locos, los hipócritas y los
beatos; los maniáticos, los chiflados, los demoníacos Calvinos
impostores de Ginebra, los putervos 115, los mendicantes, los
chupacirios, los gatos-sosos, los caníbales y otros monstruos
deformes y contrahechos a despecho de la Naturaleza.

CAPITULO XXXIII

Pantagruel ve una monstruosa ballena funto


a la isla de Farouche

De día ya, aproximándose a la isla de Farouche, vio de lejos


Pantagruel una grande y monstruosa ballena, que venía dere­
cha hacia nosotros, roncando, inflada, elevándose más alta que
los palos de las naves y arrojando agua por la boca, como
·un surtidor que cayera de una montaña. Pantagruel se la mos­
tró al piloto y a Xenomanes. Por consejo del piloto, tocaron
precaución con las trompetas de la Thalamega, y todas las
naves, galeones, libúrnicas, etc., según la disciplina naval, se
pusieron en orden en figura de Y griega, letra de Pytágáras,
tal como observaréis 1\ las grullas en su vuelo, esto es,. en

114 En Jos relatos de viaje de aquella época se encuentran frecuen­


temente estas extravagancias. · En Espafia tenemos una obra i:uriosl­
s!ma de esta índole, que se titula Libro del conocimiento de todos
los reynos, etc., original de un franciscano del siglo XI'<!. Publicó este
libro por primera vez Marcos J!ménez de la Espada en 1887..
115 Los putervos. Se refiere el autor a Gabriel de Puy-Herbault
(Puterbeus), fraile de Fontevrault, que le atacó con gran vio!en'cia
en una obra con los que él llamaba malos libros (1549) .

90
ángulo agudo, en el vértice, del cual estaba la Thalamega en
actitud . de combatir valerosamentt'l.
J
El hermano uan se unió a los bombarderos. Panurgo co­
menzó a llorar y lamentarse.
-Esto -decía- es peor que lo de antes. Huyamos por la
muerte del buey Leviathan, descrito por el noble profeta
1foisés en la vida del santo hombre Job 116 . Nos tragará a
todos, hombres y navíos, como a píldoras. En su gran boca
infernal no ocuparemos más sitio que el que ocupa una gra­
·gea moscada en la boca de un asno. Vedla aquí, huyamos,
ganemos tierra. Yo creo que este es el propio monstruo ma­
rino que antiguamente fue destinado para devorar a Andró­
meda. Todos estamos perdidos si para destmirla no hay aquí
presente algún valeroso Perseus.
-Perce eius 117 por mí será -dijo Pantagruel-. No tengáis
miedo.
-Por la virtud de Dios -dijo Panurgo-, haced que nos
veamos fuera de las causas del miedo. ¿Cuándo qu�réis
que yo tenga miedo, sino cuando el peligro es evidente?
-Si es vuestro destino fatal -dijo Pantagruel-, como antes
expuso el hermano Juan, deberíais tener miedo de Pyis,
Heons, Acthon, Phlegon, célebres caballos del sol que
echan fuego por las narices; las ballenas, que no echan m ás
que agua p o r las narices y l a boca, no deben infundimos
pavor alguno, pues por su agua no os veréis en peligro de
muerte. 'En virtud de este elemento más bien os veréis ga­
rantizado y conservado, que no vejado ni ofendido.
-Miradla -dijo Panurgo- está bien provista de negros
aguijones. Por la virtud de un pececillo, ¿no os he explicado
bastante la transmutación de los elementos y el fácil símbo-
' lo que distingue el estar asado y cocido, cocido y asado?
¡ Hola! ¡ Vedlo aquí! M e voy a esconder abajo. De este golpe
morirnos todos. Me voy a lo alto de la cofa. Atropas la fe­
lona, con sus guadañas de dientes afilados se dispone a cor­
tllplds a todos el hilo de la vida. ¡Ay!· ¡ Vedla aquí! ¡ Es ho­
rrible y abominable! ¡A cuántos has ahogado que de ello n o
h a n podido envanecerse! ¡Ay, Dios! Si arrojara buen vino
blanco, rosado, fresco y delicioso, en vez de este agua amar-

116 Re.bele.is, pe.re. demostrar que el miedo he.ce perder a. Panurgo


he.ste. le. memoria., atribuye e. Moisés el Libro de Job.
117 Perce eius, calembour, buscado e.l descomponer el nombre de
Perseus: Perce, atraviesa. (francés) eius, a ellos (latín) .

91
ga, pestilente, sucia, sería de . algún modo tolerable y tene
dríamos paciencia, al ejemplo de aquel milor inglés, que con­
denado a . muerte por los crímenes que había cometido, se le
permitió elegir el modo y determinó morir ahogado en un
tonel de malvasía. Este es el caso. ¡ Oh! ¡Ay! ¡ Diablos Sata­
nás, Leviatán! Yo no te puedo ver de tan horrible y detes­
table como eres . ¡ Vete a la Audiencia! ¡ Vete a los algua­
ciles!

CAPITULO XXXIV

Cómo deshizo Pantagruel la monstruosa


ballena

Penetrando l a ballena por entre las líneas y los ángulOs


de los navíos y galeones, echaba el agua a toneles sobre los
primeros. Aquellfr parecía las cataratas del Nilo, en Etiopía 118.
Dardos, jabalinas, espolones, venablos y partesanas volaban
sobre ella de todas partes. El hermano Juan nada desperdi­
ciaba. Panurgo se moría de miedo. La artillería tronaba y
fulminaba como los diablos cumpliendo su deber de fulmi­
narla sin reír. Pero poco aprovechaba porque las enormes ba­
las de hierro y de bronce, al caer sobre su piel. parecían
fundirse o aplanarse como las tejas al sol.
Entonces Pantagruel, considerando el momento oportuno y
la necesidad en su punto, desplega sus brazos y muestra lo·
que sabe hacer.
-Decís, y así está escrito, que el truhán Cómmodo, em­
;
perador de Roma tan diestramente tiraba con el arco, que
desde muy lejos pasaba las flechas por entre los dedos de
niños que levantaban las manos al aire, sin jamás herirlos.
Os he oído también contar lo del arquero indio, que cuando
Alejandro el Grande conquistó las Indias, tan perito era en
materia de tirar que pasaban las flechas por un anillo, aun
cuando fueran de tres codos ele - largas, y su hierro tan fuer­
t e y poderoso que traspasara láminas de acero, broqueles y
murallas, todo, en fin, lo que tocara. Contáis, asimismo, ma­
ravillas de la industria de los antiguos franceses, preferidos ·

1 18 Rabela!s escribe Cat<!.dupes del Nilo, en vez de cataractes, para


transcribir sin duda la palabra usada por Galeno cuando las describe
y dice que su ruido es · tan formidable, que en un prolongado
radio son sordos todos los habitantes.

92
a todos en el arte sagitario, que en la caza de bestias ne­
gras y rojas, frotaban sus flechas con eléboro, para q ue así
la came de la caza fuera más tiema, exquisita, saludable y
deliciosa, señalando y eligiendo previamente la parte que
así habían de aderezar. Habláis, del mismo modo, de · los
Parthos, que por la espalda tiraban tan ingeniosamente como
de frente pudieran hacerlo los ele las demás naciones. Cele­
bráis también esta destreza en los Scytas, puesto que un em­
bajador ele ellos enviado a Daría, rey ele los persas, le ofre­
ció un pajarillo, una rana, un ratón y cinco flechas, sin de­
cir una palabra. Preguntóle qué significaban aquellos presen­
tes y si le habían encargado de decir algo, y elijo que no.
Quedó entonces Daría muy asombrado y perplejo, hasta
que uno de · los siete capitanes que habían matado a los Ma­
gos, llamado Gobryes, interpretó aquello diciendo :
-Por estos dones y ofrendas, os dicen tácitamente los es­
citas: "Si los persas, como pájaros, no vuelan al cielo, como
ratones no se o cultan en el centro de la tierra o no se su­
mergen en el fondo de los estanques y de las lagunas, co­
mo las ranas, serán exterminados por el poder y las flechas
de los Scytas."
El noble Pantagruel era en el arte de flechar y dardear,
sin comparación, mucho más admirable, porque con sus ho­
rribles pilas y dardos ( que parecían propiamente las gruesas
columnas sobre las que se asientan los puentes de Nantes,
Saulmur, B ergerac, y en París los del Cambio y del Moline­
ro, en longitud, grueso, peso y herraje ) , a mil pasos de dis­
tancia abría las ostras sin romper las conchas, despabilaba
una bujía sin apagarla, hería a las urracas en los ojos, sepa­
raba las lanchas sin tocarlas, quitaba los capuchones sin he­
rir y volvía una por una las hojas del breviario del herma­
no Juan sin romperlas en lo más mínimo.
Con tales dardos, de los que había buena provisión en el
navío, al primer golpe hirió a la ballena por debajo de la
frente, de tal modo, que le atravesó las dos mandíbulas y
la lengua, y después ya no abrió la boca y después ya no
eructó, y después ya no arrojó agua. Al segundo golpe le
vació el ojo derecho, y al tercero el ojo izquierdo. Y todos
con gran júbilo contemplaron a la enorme ballena con
aquellos tres cuemos colocados en figura triangular equilate­
ral, revolcándose de un lado para otro, temblando . y espu­
mando como aturdida, ciega y próxima a la muerte.
No contento de esto, Pantagruel le lanzó otro dardo sobre
la cola, un poco inclinado hacia atrás. Después otros· tres so-

93
bre la espina dorsal, en línea perpendicular, equidistantes en­
tre sí y de los que antes había disparado. Finalmente la
atacó por los flancos, clavándole cincuenta en un costado y
.cincuenta en el otro, de forma que el cuerpo de la ballena
parecía la quilla de un galeón de tres gavias.
Era cosa muy grata de ver. Luego, al morir la ballena,
se volvió vientre sol1re dorso, como hacen todos los peces
muertos, y así vuelta, con los dardos contra el agua, parecía
una scolopendra, esto es, una serpiente de cien pies, como
la que describe el antiguo sabio Nicander.

CAPITULO XXXV

Pantagruel desciende en la isla Farouche,


antigua residencia de las Morcilla-s

Forcejeando los arponeros de la nave Linternera . arrastra­


ron la ballena a tierra en la próxima isla llamada Farouche,
para hacer anatomía y recoger la grasa de sus riñones, que,
según dicen, es muy útil y necesaria para la curación
de cierta enfermedad . que llaman falta de dinero. Pantagruel
no se ocupó de ella porque había visto otras parecidas y has-
ta mayores en el Océano Gallico. .
Consintió, sin embargo, en descender en la isla Farouche
para que se secaran y refrescaran algunas de sus gentes, mo­
jadas y ensuciadas por la villana ballena, en un puertecillo
desierto, hacia el Mediodía, junto a un bosque de grandes
árboles del que salía un arroyo delicioso de agua dulce, cla­
ra y argentina. Allí, en sus bellas tiendas, armaron las coci­
nas sin derrochar madera.
Cuando todos se cambiaron de ropas a su placer, tocó el
hermano Juan la campana, y, a la se:fíal, fueron las mesas
inmediatamente puestas y servidas.
Cuando Pantagruel comía con sus gentes alegremente en
la segunda mesa, notó que . ciertas Morcillitas preocupadas
trepaban y subían a un árbol muy alto sin decir palabra, y
dejando · el vaso, preguntó a Xenomanes :
-¿Qué bestias son esas? -pensando que fueran ardillas, ca­
britos, martas o armiños.
-Son Morcillas -repuso Xenomanes-. Esta es la isla Fa­
ronche de la que os hablaba esta mañana. Entre ellas
y Cuaresmacomiente, su antiguo y maligno enemigo, hay una

94
c.:onstante guerra mortal . . Es fácil que por los cañonazos dis­
parados contra la ballena les haya entrado el miedo al supo­
ner que llegara su citado enemigo con fuerzas para sorprender­
las y apropiarse de esta isla, como muchas veces ha intentado,
en vano por el cuidado y la vigilancia de las Morcillas, de
las que, como. decía Dido a los compañeros de Eneas cuando
querían desembarcar sin su licencia, por la malignidad del
enemigo y el vecinaje de &-us dominios, se veían obligadas
continuamente a vigilar y patrullar.
. -Ved, mi querido amigo -dijo Pantagruel-, si encontráis
algún honesto medio de que nosotros podamos poner fin a es­
ta guerra y reconciliarlos. Lo estudiaré con la mejor vollintad
y pondré todo mi afán en' conocer y analizar las condiciones
controvertidas por las dos partes.
-Por ahora no es posible -dijo Xenomanes-. Hace alrede­
dor de cuatro años, cuando pasó por aquí el rey Tapinois, in­
tenté establecer entre ellos la paz, o, por lo men9s, una lar­
ga tregua. Ya serían buenos amigos y vecinos si unos y otros
liubieran cedido solamente en un artículo. Cuaresmacomiente
no quería incluir en el tratado a los Morcillones salvajes, ni
a los salchichones montaraces, sus antiguos y buenos compa­
ñeros y confederados. Las Morcillas exigieron que la fortale­
za de Cazos y el castillo de Salazones se rigieran y goberna­
ran a su discreciqn, y que de aquella fuesen arrojados no sé
qué sucios, villanos, asesinos y ladrones que la poseían. Pero
no se pudo llegar a un acuerdo porque las condiciones pa­
recían inicuas a las dos partes. Así, nada se concluyó; pero
quedaron como enemigos más dulces y menos severos que lo
habían sido antes. Mas después de la denuncia del Concilio
Nácional de Chesil l 19, a ellas se las amonestó, . advirtió e
intimó, y a Cuaresmacomiente se le declai:ó sucio, emporcado
y mierdoso si con ellas intentaba tratado o aliarri:a, y se han
honoríficamente agriado, envenenado, indignado y obstinado
en sus corajes, y esto ya no tiene remedio. Antes veríais re­
conciliarse a los gatos con los ratones y a los perros con las
· liebres.

119 Sé refiere el autor a la violenta y complica discusión que hubo


en aqu el Concilio sobre la supresión de las vigilias.

95
CAPITULO XXXVI

Las Morcillas Farouches preparan una embo5cada


contra Pantagruel

Mientras esto decía Xenornanes, el hermano Juan di�i­


só vdnte o treinta jóvenes Morcillas, de menuda talla, sobre
la ensenada, que a buen paso se retiraban hacia su villa, ciu­
dadeb, castillo y roqueta de las Chimeneas, y dijo a Panta­
"rttel·
o T
- endremos una burrada, lo preveo. Estas venerables Mor­
cillas podrían por ventura tornarnos por Cuaresrnacomien­
te, aunque en nada nos parecernos a él. Dejemos aquí estas.
provisiones y preparémonos a la resistencia.
-No está mal pensado -repuso Xenornanes-. M orcillas son
morcillas, siempre falsas y traidoras.
Entonces se levantó Pantagmel de la mesa para mirar ha�­
ta más allá del bosque; volvió en seguida y nos aseguró ha­
ber descubierto a la izquierda una emboscada · de Morcillas -
gordas y grasientas, y a la derecha, como a media legua, un
gwn batallón de potentes y gigantescas i'vlorcillas, venir fu­
riosamente fmmadas en batalla, a lo largo de una colina,
contra nosotros, al son ele gaitas, cornamusas, cuernos y veji­
gas, de alegres pífanos y tambores, trompetas y clarines. Por
)a conjetura de 78 enseñas que contó, estimarnos que su nú­
mero no bajaba de cuarenta y dos mil. El orden que tenían,
su fiera marcha y sus armas aceradas, nos aseguraron de que
no eran novicias, sino Morcillas en pie.· de guerra.
En las primeras hileras, hasta muy cerca de las banderas,
estaban todas armadas de ptmta en blanco, con picas, que de
lejos nos parecían pequeñas, pero bien puntiagudas y acera­
das. En las alas se flanqueaba un gran número de Morcillo: ·
nes salvajes, de embuchados macizos y de salchichones a ca­
ballo, todos · de buena presencia, gentes insulares, bandulleras
y feroces.
Pantagruel se disgustó, y no sin causa, aunque Epistemon
le representara que podía ser uso y costumbre del país de
las Morcillas agasajar y recibir en armas a los extranje­
ros amigos, como se hace por las buenas villas de Francia con
los nobles reyes cuando hacen su entrada después de su sa­
grado y nuevo advenimiento a la corona.
-Tal vez -decía- esta es la. guardia ordinarh de la reina
que, aavertida por 1as jóvenes Morcillas de 1a patrulla q úe

96
visteis desde el árbol, de la llegada a este puerto del bello
y pomposo convoy de vuestros bajeles, ha pensado que era su
huésped algún rico y poderoso príncipe y viene a visitaros en
person a.
No satisfecho con esto, Pantagruel reunió su Consejo para
escuchar sumariamente su opinión sobre lo que había de ha­
cerse en aquel caso de esperanza incierta y de temor evi­
d ente.
Brevemente les e>.-puso cómo tales costumbres de recluta
de armas, con frecuencia habían producido mortales perjuicios,
so color de agasajo y de amistad.
-Así -deéÍa-, el emperador Antonino Caracalla mató en
una ocasión a los alejandrinos. En otra destrozó 18. compañía
de Artaban, rey de. los persas, a quien se acercó con el pre­
texto de casarse con su hija; pero de esto no salió impune,
sino que, al poco tiempo, perdió la vida. Así, los hijos de
Jacob, para vengar el rapto de su hermana Dyna, descuarti­
zaron a los Sichymianos. De .esta hipócrita manera, Galo, em­
perador de Roma, aniquiló a los guerreros dentro de Constan­
tinopla. Así, bajo capa de amistad, Antonio atrajo al rey de
Armenia, Artavasdes, y lo hizo encerrar y cargar de cadenas;
y luego le mató. Mil historias parecidas encontramos en los
monumentos antiguos. Y bien justamente se alaba la prudencia
de Carlos Cuarto, rey de Francia, que al volver victorioso
de los flamencos y los ganteses a su buena villa de París,
al saber que los parisienses armados de martillos estaban fue­
ra de la ciudad, formados en batalla en número de veinte
mil combatientes, no quiso entrar, aunque le dijeron que se
habían armado así para recibirle inás honorablemente, sin do­
blez ni ficció'n, hasta que supo que estaban en sus, casas re­
traídos y desarmados.

CAPITULO XX:X.'VII

Pantagruel manda busca,r a los capitanes P.iflandouille


y Taiileboudin. Un notable díscurso sobre los nombres
propios de los lugares y las pe�sonas
Impuso el Consejo que permanecieran de guardia a todo
evento. Por encargo de Pantagruel, Carpalim y Ginmasia lla­
maron a los guerreros que estaban en las naves Brindiere ( de
la que era coronel. Riflandouille ) , y Pmtoveriere ( de la que
era coronel Tailleboudin, el joven).

97
-Descansaré a Gimnasta de ese trabajo -dijo Panurgo-,
porque comprendo que os es muy necesaria su presencia.
-Por el escapulario que llevo -intervtno el hermano
Juan-, que tú te quieres alejar del combate, cojonudo, y a
fe mía que no volverás. No vamos perdiendo gran cosa. No
haría más que llorar, lamentarse, gritar y desal�?ntar a
los . buenos soldados.
-Volveré, ciertamente, hermano Juan, mi padre espiritual,
y bien pronto -repuso Panurgo-. Dad orden únicamente de
que esas fastidiosas Morcillas no trepen por las naves. Mien­
tras combatís rogaré a Dios por vuestra victoria, como el ca­
balleroso capitán Moisés, conductor del pueblo israelita. ,
-El nombre -dijo Epistemon a Pantagruel- de esos dos
coroneles vuestros, Riflandouille y Tailleboudin, nos 'promete
seguridad, suerte y victoria, si por fortuna esas Morcillas qui­
sieran ultrajamos.
-Interpretáis bien -dijo Pantagruel-, y ello me agra­
da, que por los nombres de nuestros coroneles preveáis y pro­
nostiquéis nuestra victoria. Tal manera de pronosticar por ·

nombres no es moderna. Fue antiguamente celebrada y reli­


giosamente observada por los pitagóricos. Muchos grandes se­
ñores y emperadores obtuvieron de ella buenos provechos;
Octavio Augusto, segundo emperador de Roma, al encontrar,
un día un · aldeano llamado Eutiquio, que quiere decir afor., ,
tunado, que llevaba un asnr;> al que llamaba Nicon ( en len­
gua griega Victoriano ) , en la significación de estos nombres,
· el del asnero y el del asno, vio la seguridad de su prospe­
ridad, felicidad y victoria. Vespasiano, emperador igualmente
de Roma, encontrándose un día en oración en el templo de
S erafis, al ver la llegada imprevista de un criado suyo lla­
mado Basílides, esto es, real, al que había dejado enfermo
muy atrás, tuvo esperanza y aun seguridad de alcanzar
el Imperio romano. Sin otra causa ni ocasión, Regiliano fue
elegid<;¡, por el Ejército emperador, e.Sto es, por el significado
_

de su propio nombre. Ved el Cratilo del divino Platón: '


-Por mi sed, que quiero leerlo -dijo Rhizotomo-. Os lo
h e oído citar muchas veces.
-Ved cómo los pitagóricos, por .razón de números o de.
nombres, concluyen que Patroclo debía ser muerto por Héc­
tor; Héctor, por Aquiles; Aquiles, por París, y París, por Filoc-
. tetes. Siento una gran confusión en :ini entendimiento cuando
pienso en la invención admirable de Pitágoras, qÚien por el
número par o impar de las sílabas de cada nombre · propio,
declaraba· de qué lado eran los hombres cojos, . tuertos, gato�

98
sos, paralíticos, pleuríticos, o padecían otros naturales malefi­
cios, a saber: asignando el número par al costado · izquierdo
del cuerpo, y el impar al · derecho. .

-Verdaderamente -dijo Epistemon- vi de ello un experi-.


mento en Xaintes, en una procesión general, hallándose pre­
sente el tan bueno, tan docto, tan bondadoso y justiciero ma­
gistrado Briend Valée, señor de Dolmet. Al pasar un cojo o
coja, un tuerto o tuerta, un jorobado ' o jorobada, les pregun­
. taba su nombre propio . . Si las sílabas del nombre componían
un número impar, de pronto, sin ver la persona, decía si es­
taba maleficiada, tuerta, coja o jorobada del lado derecho; si
formaban número par, del lado izquierdo. Y así resultaba sin
que nunca .encontráramos excepción.
-A favor de esta invención -siguió Pantagruel- los doctos
h an afirmado que Aquiles, estando de rodillas, fue herido por
la flecha de Paris en el talón derecho, puesto que su nom­
bre tenía número impar de sílabas. Es de notar aquí que los
antiguos se arrodillaban con el pie derecho. . Venus fue herida
por Diomedes, ante Troya, en la inano izquierda, porque su
nombre, en griego, consta de cuatro sílabas. Vulcano, cojo del
pie izquierdo, lo fue por las mismas razones. Filipo, rey de
Macedonia, y Aníbal, fuertes del ojo derecho, son idénticos
ejemplos. Aún podríamos particularizar qu.e los relajados de
una cadera, los herniados y los hemipléjicos siguen también
esta razón pitagórica; pero para volver a los nombres consi­
derad cómo Alejandro el Grande, hijo del rey Filipo, del que
ya hemos hablado, por la interpretación de un nombre
únicamente, triunfó en su empresa. Tenía sitiada la plac
za fuerte de Tiro y la combatió con todas sus fuerzas inú­
tilmente durante muchas semanas; de nada servían sus m á­
quinas y sus municiones. Todo lo que demolían lo reedifica­
ban en el acto los sitiados. Inclinábase a levantar el sitio con
gran melancolía porque en ello veía una gran pérdida para
su reputación. ,Con estos pensamientos se durmió y soñó que
, un sátiro estaba dentro de su tienda danzando y saltando con
sus patas retorcidas. Alejandro quiso cogerlo, pero siempre se
le- escapaba; al fin, acorralándolo en un rincón, lo cazó. Des­
pertó en aquel momento, y cuando contó su sueño a los fi­
lósofos y a los hombres sabios de su corte, supo que los dio­
ses le prometían la victoria y que Tiro muy pronto sería to­
mada, porque esta palabra sátiro, dividida e¡::¡ dos, sá-tiro, sig­
nifica Tiro será tuyo. Efectivamente, al primer asalto tomó la
ciudad '·y sojuzgó a aquel pueblo rebelde. Por el contrario,
considerad cómo Pompeyo, por la significación de un nombre,

99
se desesperó. Estando vencido por César en la batalla de Far­
salia, no tenía para salvarse otro recurso que el de huir.
"Al huir por el mar llegó a la isla de Chipre. Al pasar
cerca de Pafos vio sobre la ribera un palacio muy bello y
suntuoso. Preguntó al piloto cómo se · namaba y le dijo que ·
Cacobasilea, que quiere decir mal my. Este nombre le causó
tal espanto y abominación que se desesperó como seguro de
no poder evitarse la muerte, de modo que los marineros· y
los pasajeros oyeron sus gritos, sus gemidos y sus sollozos. En
efecto, poco tiempo después, un tal Achillas, aldeano desco­
nocido, le cortó la cabeza. Podríamos también alegar en con­
sonancia lo que ocurrió a L. Paulus Emilius cuando el Se­
nado romano le eligió emperador, esto es, jefe del Ejército
que enviaban contra Perseo, rey de :tvfacedonia. Aquel día,
por la tarde, al volver a su casa para preparar la marcha,
al besar a una hijita suya llamada Tratia, advirtió que estaba
muy triste:
"-¿Qué tienes; mi querida · Tratia? ¿Por qué estás así? -le
pregunto.
''Y contestó la niña:
"-Porque ha muerto . Persa.
"De este modo llamaba a un p errito que tenía para jugar.
Pero en aquella palabra ·vio Emilio el augurio de su victoria
contra los persas.
"Si tuviéramos tiempo para discurrir sobre las sagradas bi­
blias de los hebreos, encontraríamos cien pasajes notables que
nos demostrarían claramente en qué observancia y religión
tenían los nombres propios con sus significaciones.
Cuando terminaba Pantagruel este discurso llegaron los
dos coroneles acompañados de sus soldados, todos bien arma­
dos y decididos. Les dirigió una breve exhortación para que
se mostraran virtuosos en el combate, si a combatir se veían
obligados ( porque no acababa de creer que las morcillas fue­
ran tan traidoras ) ; y les prohibió hurtar y robar. Como con­
traseña les dio Martes graso.

CAPITULO XXXVIII

Cómo las Morcillas no son de despreciar


entre los hombres
Os burlaréis seguramente, bebedores, y no creeréis que · sea
vérdad lo que os cuento. No sé lo que os haría. Creedlo si

lOO
queréis, iC! a verlo. Pero yo sé Ínuy · bien lo que vi y fue
en la isla Farouche; ya está nombrada. Traed a vuestra me­
moria la fuerza de los anÚguos gigantes, los que pretendieron
colocar' el alto monte Pelión sobre el Ossa y aplastar con él
ei sombrío Olimpo para combatir a los dioses y arrojarlos · del
cielo.
Esto no era vulgar ni mediocre, y, sin embargo, aquellos
no eran Morcillas sino en la mitad de su cuerpo, o serpien­
tes, que yo no miento.
. La serpiente que tentó a Eva era morcillica; no obstante,
se ..dice de ella que era fina y cautelosa sobre todos los ani­
males; así son las Morcillas.
Aún se mantiene en algunas academias que aquel tentador
fué la Morcilla ltiphala, en la que fue · antiguamente trans­
formado el buen señor Príapo, gran tentador de las hembras
�n los paraísos griegos que son los jardines de Francia. Los
suizós, pueblo ahora enardecido y belicoso, ¿qué sabemos
ahora si fueron Salchichas? Yo no pondría la mano en el fue­
go. Los Himantópodos, pueblo muy n'otable de Etiopía, son
Morcillas y no otra cosa, ·según la descripción de Plinio .
Si estos discursos no satisfacen a la incredulidad de vues­
tras señorías, ahora mismo, es decir, después de beber, visitad
Lusignan, Partenay, Vovant, Mervant y Ponseuges en Poictou.
Allí encontraréis viejos testigos de. renombre y buena confec­
ción que os jurarán sobre el brazo de San Rigomé, que Me­
lusina, su primera fundadora, tenía cuerpo de mujer has­
ta . donde sabéis, y. de allí para abajo era Morcilla serpentina
o serpiente morcíllica. Siempre, sin embargo, tenía gestos
bravos y galantes que aún hoy mismo son imitados por los
bretones bailarines en sus danzas a tres pasos acompañadas
eJe gorjeos.
· ¿Cuál fue la causa de que Erictonio inventara antes que
nadie los coches, los carros y las literas?· Pues el que Vulca-
. no, que lo engendró, Ie hizo las piernas de Morcillas, y para
ocultarlas gustaba más de andar en litera que a caballo, pues
en aquel tiempo no gozaban las Morcillas de gran reputación;
. La: ninfa escita Ora tenía también medio · cuerpo de mujer
y medio de Morcilla. Sih embargo, siempre p areció a Júpiter
tan bella, que con ella se acostó y ·tuvo un hijo muy her­
moso llamado Colaxes. Gesad, por tanto, de burlaros, y
creedme: nada hay tan verdad como el· Evangelio .

!Ol
CAPITULO XXXIX

El hermano Juan hace alianza con los cocineros


pam combatir a las M arcillas

Cuando vio el hermano Juan a las furiosas morcillas mar­


char tan animosas, dijo a Pantagruel :
-Esta será una hermosa batalla para atracarme, por lo que
veo. Honores y magníficas alabanzas se cantarán a nuestra
. victoria. · Quisiera que desde nuestra nave fuerais solamente
espectador de este conflicto,. y me dejarais hacer todo lo de­
más con mis gentes.
-¿Qué gentes? -preguntó Pantagruel.
-Materia de breviario -contestó el hermano Juan-. ¿Por
qué Putifar, maestro prestigioso de las cocinas de Faraón, el
que compró a José, y a quien José hubiera hecho cornudo si
hubiese querido, fue jefe d e la caballería de todos los reinos
de Egipto? ¿Por qué N abuzardán, jefe de cocina del rey Na­
bucodonosor, fue elegido entre to"dos los demás capitanes pa­
ra sitiar y arruinar a Jerusalén? ·
-Te escucho -intervino Pantagruel.
-Por la cueva señora 120 -siguió el hermano Juan- me,
atrevería a jurar que ellos habían combatido con Morcillas en
otras ocasiones, o con gentes tan poco estimadas como
las Morcill as, pues para abatirlas,: combatirlas, domarlas y
destrozarlas son, sin comparación, más idóneos y suficientes
los cocineros que todos los gendarmes, estradiotas, soldados y
peatones del mundo.
· -Me refrescáis la memoria -dijo Pantagruel- con lo que
está escrito entre las ingeniosas y alegre;¡ respuestas de Cice­
rón. En el tiempo de las guerras civiles de Roma entre César
y Pompeyo, él estaba, naturalmente, inclinado al bando pom­
peyano, aunque de César fue requerido y altamente favorec�­
do. Un día, al saber que los pompeyanos, en ciertos momentos,
habían tenido grandes pérdidas, quiso visitar su campo, y allí
vio poca fuerza, menos valor y mucho desorden. Previendo
entonces que caminaban a la perdición, como luego :ocurrió,
comenzó á bromear y a burlarse ·de los unos y de los otros
con frases agudas y picantes, de . las que tan bien sabía roa-

120 La Cueua Señora: Hay en Francia un equivoco picaresco- anti­


. quisimo: "Guardaos, seiÍ.ora, de caer, que tenéis delante una cueva
muy profunda." El hermano Juan alude a este dicho cuando habla
de la Cueva Señora. Hay también un juego infantil que se llama as!.

102
nejar. Algunos capitanes, presentándose como hombres cam­ -
·pechanos, seguros y determinados, le dijeron :
-¿No veis cómo- todavía tenemos águilas? ( esta era enton�
ces la divisa de los romanos en tiempos de· guerra ) .
- _:

-Es o' estaría bien :-dijo Cicerón _ si hicierais la guerra' co ­
trá J os cuervos.

- Así, ahora, al ver que nosotros vamos a combatir contra las


Mórcillas inferís que la batalla ha de ser culinaria, y queréis
por aliados a los cocineros. Haced lo que queráis, y yo per­
maneceré aquí esperando la salida de- estas orquestas.
-El hermano Juan entonces se dirigió a las tiendas de las
�ocinas y dijo, cortés y galante, a los cocineros:
-Hijos Íníos, hoy quiero veros a todos en honor y triunfo.
- Para vosotros serán hechos aprestos de armas desconoci-
d as hasta el presente de nuestra memoria. ¡ Vientre sobre
vientre! ¿No hemos de acordarnos para otra cosa de nuestros
valientes cocineros? Vanios a co,mbatir a esas cochinas Morci­
llas. Bebamos, amigos. ¡ Ea, valor!
-Capitán -respondieron los cocineros-, habéis dicho bien.
Estamos a vuestras graciosas órdenes. Bajo ellas queremos vi­
vir y morir.
-Vivir -repuso el hermano Juan-, bien; morir, nunca. Eso
les toca a las Morcillas. Formemos en batalla. Nabuzardán
!será nuestro santo y seña.

CAPITULO XL

El · hermano Juan arma la catapulta y los valientes


cocineros le acompm1an

La voz de mando del hermano Juan hizo que los maestro s


ingenieros _ armaran la gran catapulta que estaba dentro de la
navé Burrabaquinera.
- Era una magnífica máquiña-;--d:íspuesta de tal modo, que de
las grandes bolsas que tenía alrededor lanzaba barrigas
y flechas empenachadas de acero; dentro de su cuadratura
podían combatir y permanecer a cubierto doscientos hombres
o más. Estaba hecha sobre el patrón de la de la Reale, me-

103
diante la que se les tomó Bergerac - a los ingleses reinando
en Francia el joven Carlos VI. ,
He aquí los nombres y el número de los esforzados y va­
lerosos· cocineros que, como en el caballo de Troya,· entraron
dentro de la catapulta:

Guisadillo. Lamerón.
Machete. Puerrecillo.
Flojo. Salazón.
Manozurda. Solomillo.
· Pamperdido. Salgorda.
Fatigoso. Chuletilla.
Cucharón. Carbonada.
:tvlostacilla. Chanfaina.
Hojaldre. Ropavieja.
Maestro-sucio. Asador.
Morcillón. Mechador.
Robamorteros. Gigote.

Todos estos nobles cocineros llevaban en sus escudos en


campo de gules tocinería 'de sinople, hendida por un cabrón
argentado pendiente a la izquierda.

Tocinillo. Antitocino.
Tocino. Rizatocino.
Mascatocino. Robatocino.
Gordo tocino. Rondatocino.
Salvatocino. Picatocino.
Hieudetocino. Largatocino.
Rajatocino.

Gallartocino, por síncopa, nacido cerca de Rambuoillet. El


nombre del doctor culinario era Gallardotocino. Así decís vos- ,
otros, ídolatta por ídolatra.

Fuertetocino. Bellotocino.
Tocino ahumado. - Nuevotocino.
Dulcetocino. Agriotocino.
Muerdetocino. Bailatocino.
Atrapatocino. Guisatocino.
Tundetocino. Escupetocino.
Btirlatocino. Cuelgato�ino. ·
Mascatocino. Miratocino.

104
Nombres desconoCidos entre los moros y los judíos:

Criadillero. Marmitilla.
ErÍsaladerol Acodapotes.
- Berrera. Rebañapotes.
Rascanabos. Rompepotes.
Cochinerp . Larnepotes.
Piel de conejo. Trillis.
Apigratis. Gargantasalada.
Pastelillero. Sirvetarteras.
Francobramido. Caldoseco.
' Mostazote. - Sopa de marzo.
Viñofilo. Deslomado.
Tragasopa. Yerbaseca.
Mixtificante. Macarrón.
Simplicio. Asparrillado.
Jugovei:de.

Trapisonda. Este fue llevado de la cocina a la cámara pa­


ra el servicio del noble cardenal Le Veneur 121.

Catador. Victoriano.
Escobillón. Vivo-viejo.
Buñolero. Presumido.
Correciego. Arenquero.
Astuto. Sacapuntas.
Aprovechado. Inflarnorcillas .
. Escarnador. Pelusa .
Rápido. Gabaonita.
Rapidillo. Chancroso.
Corre-en-vano. Cocodrilete.
Gestero. Degustador.
Vivo-nuevo. Chirlo.
Ándraio. Quijadas.

Mundano, inventor de la salsa Madame, y muy conocido


por ello en . Escocia y Francia 122.

. 121 El cardenal Juan de Le Veneur-Carronges, obispo de Lirieux,


· •.elevadó ·al capelo por Clemente VII en 1533. Se dice de él que erá
muy aficionado a las perdices,. y para · que jamás faltaran de s u
·mesa l a s criaba todo el año en una de sus fincas.
:122 :Salsa Madame: una de las creaciones culinarias del célebre.
Talllevent. Se hacía al horno con ajos, hígado de oca, huevos, caldo
Y leche, y se ligaba con pan rallado.

105
Dentera. Corruscos.
Barriguera. Azafranero.
Miralenguas. Maltrecho.
Pico-de-asado. Antitus.
' Enjuagapotes. Nevero.
Biberón. Rabiolis.
Malnacido. Salchichero.
Mediacopa. Gorrinillo.

Roberto, este fue el inventor de la salsa Robert, tan salu­


dable y necesaria para los conejos asados, patos, cochifritos,
huevos duros, merluza salada y mil otras viandas por , el es­
tilo.

Anguilafría. Calabrés.
Pintarroja. Navetilla.
Pez-de-mar. Apestoso.
Diablejo. Garganchón.
Sacabocados. Sucio.
Aceitoso. Rinconero .
. Apagavelas. Tapa-agiljeros.
Morterillo. Carta-matada.
Albondiguilla. Gallicisnegrulla.
Tumbavasos. Ojos-de-sapo.
Catasalsas. Lamecazos.
Cortamusgo. Golosina.
Picogordo. Anafrillo.
Sal-en-polvo. Cimitarra.
Pajafrita. Bedel.
Lindara. Brag azas.

Dentro de la gran catapulta entraron estos nobles cocine­


ros, gallardos, galantes, decididos y dispuestos al combate. ·
El hermano Juai:t , con su enorme espadón, entró el último
y cerró por dentro las puertas con sus resortes.

CAPITULO XLI

Pantagruel rompe las Morcillas con las rodillas

Tanto se acercaron aquellas Morcillas, que Pantagruel vio


cómo movían los brazos ·y comenzaban a ganar el bosque. En­
tonces envió a Gimnasta para que averiguase lo que querían
,
106
decirles y ' a causa de qué qu¡;xellas querían guerrear contra
sus antiguos amigos, que nada malo les habían hecho ni di­
cho. Gimnasta, al llegar a las primeras filas, hizo una gran:
reverencia y ' gritó todo lo más fuerte que pudo:
·

-¡Vuestros, vuestros somos todos nosotros y estamos a vues­


tras órdenes! Pertenecemos a Martes-graso, vuestro · antiguo
confed erado. Algunos me han contado desp1,1és que dijo Gra­
somartes en vez de Martes-graso. Sea de ello lo que fuere,
al oír estas palabras un cabezudo salvaje y adiposo, saliendo
de las filas de su batallón, le quiso agarrar por la garganta.
-Por Dios -dijo Gimnasta-, que tú ahí no entrarás más
que en rodajas; así entero no cabes.
Y sacando su espada Besamiculo; que así la llamaba
éi, la empuñó con las dos manos y partió por medio al ca­
bezudo. ¡ Válgame Dios y qué grasiento estaba! Me recuerda
aquel hermoso toro- de Berna que fue muerto por Marignan
cuando la derrota de los suizos. Creedme que sobre el vien­
tre no tenía m enos de cuatro ,dedos de tocino.
Descabezado el cabezudo, corrieron todas las Morcillas so­
bre Gimnasta y le arrastraron villanamente. Pantagruel acu­
dió en su socorro ligeramente con los suyos y en tonces c o ­
menzó el revuelto combate marcial.
Riflandouille tragaba Morcillas; Tailleboudins éortaba sal­
chichas 12 3 , Pantagruel partía las morcillas sobre sus rodillas;
el hermano Juan se mantenía firme en su catapulta viendo
y observando, cuando lo·s Morcilleros que estaban emboscados
cayeron todos con gran estrépito sobre Pantagruel. Al ver el
hermano Juan el desarrollo del conflicto abrió las puertas de
la cátapula y salió con sus buenos soldados. Unos llevaban
asadores de hierro, otros tenazas de cocina, otros tiZones, pa­
los, peroles, cacerolas, sartenes, badilas, mondafrutas, , ramas,
marmitas, morteros, pilones, todos en orden como arregladores
de' casas, chillando y gritando a una, espantablemente: ¡Na­
buzardán, Nabuzardán, Nabuzardán1 Chocaron con 1os Morci­
llones, y, al través, con los Salchichones.
Las Morcillas, de pronto, vieron el nuevo refuerzo y huye­
ron al galope como si hubieran visto todos los diablos.
El hermano Juan, ·a golpes de l;>árrigas, las abatía como mos­
eas, y sus soldados no perdían el tiempo. Aquello daba pie­
'dad. Todo er campo estaba cubierto de Morcillas muertas o

123 Aquí Rabelals da la traducción de los nombres que asigna 11 -


los oficiales, pues Riflandoulles quiere decir tragamorcillci:s, Y Taille­
boudins, cortasalchichas. Partir las morclllas con la rodlll¡> es una
' frase hecha de la época, que quiere decir pasár el tiempo inútilmenta.

101
malheridas, y dice el cuento que si Dios no hubiese puesto
remedio, aquellos soldados hubiesen exterminado toda la ge­
neración morcíllica. Pero ocurrió un caso maravilloso.
. Vosotros '
creeréis de él la parte que queráis.
Del lado de la Tramontana apareció un grande, gra­
so, grueso y gris marrano, con alas largas y ámplias corno las
de un molino de viento y un penacho rojo carmesí, corno . el
de un · fenicóptero que en Languedoc se llama flap:tenco·.
Tenía los ojos encarnados y llarneantes como carbunclos; las
orejas verdes como una esmeralda color manzana; los dientes
amarillos como un topacio; la cola larga y negra como
el mármol Luculiano; los pies blancos, diáfanos y transparen­
tes como un diamante, dispuestos como los de las ocas, y co­
mo antiguamente en Tolosa, los tenía la reina Pedauca 124 .
Alrededor del pescuezo llevaba un collar de oro con una ins­
cripción en letras jónicas, de la que no pude leer sino estas
palabras : "Conócete a ti mismo."
El tiempo estaba hermoso y claro; pero a la llegada ·de
aquel monstruo, tronó por el lado izquierdo tan fuerte que
nos quedarnos todos asombrados. Las Morcillas, tan pronto co­
mo lo vieron arrojaron a .tierra sus armas y sus palos y se
arrodillaron levantando en alto sus manos juntas, sin decir
una palabra, como si le adorasen. .
El hermano Juan con sus gentes golpeaba siempre furioso
y seguía destrozando Morcillas; pero por orden de Pantagruel
se tocó retreta y cesaron todas las armas. El monstruo, des­
pués de haber volado y revoloteado por entre los dos ejérci­
tos, arrojó sobre la tierra más de veintisiete pipas de mostaza
y después desapareció por los aires, gritando sin cesar:
- ¡ Martes graso, Martes graso, Martes graso!

CAPITULO XLII

Panta:gruel parlamenta con Nifleseta, reina


de las Morcillas

El monstruo no volvió a aparecer y quedaron en silencio


los dos ejércitos.

124 Se llamó la Reina Padauca a la. reina Berta, mujer del rey
Roberto. En Tolosa había un puente que · uevaba. su nombre, y con el
titulo: La Reina Pedauca (La reina Patoja en la versión espáñola
de don Luis · Ruiz Contreras) ha publicado Anatole France una de sus
hermosísimas novelas.
108
Pantagruel solicitó 'parlamentar con la dama Nifleseta, que
así se llamaba la reina de las morcillas y estaba cerca de las
banderas en su corcel. A ello accedió fácilmente.
Bajó a tierra · y saludó graciosamente a Pantagruel y se dis­
puso a escucharle.
Pantagruel se lamentó de aquella guerra y ella le presen­
tó sus excusas honradamente, alegando que a causa de refe­
rencias falsas se había cometido el error, pues sus espías le
habían anunciado que Cuaresmacomiente, su antiguo enemigo,
había saltado a tierra para distraerse viendo mear a las ba­
llenas. Después le pidió la gracia de que le perdonara esta
ofensa, alegando que entre las Morcillas más fácil es encon­
trar mierda que hiel, con la condición de que ella y todas
· sus sucesoras mantendrían siempre la isla para él, y sus suce­
sores, en fe y homenaje, obedecerían en todo y por todo sus
mandamientos y serían de sus amigos amigas y de sus enemi­
gos enemigas. Cada año en reconocimiento de esta alianza se
enviárían setenta y ocho mil Morcillas Reales, para que du­
rante seis meses se las_ sirvieran como aperitivo.
Así se convino y a la mañana siguiente envió en seis gran­
des bergantines dicho número de Morcillas Reales al bueno
dé Gargantúa, bajo el mando de la joven Nifleseta, infanta
de la isla.
El noble Gargantúa re,cibió el presente }!- se lo envió como
regalo , al rey de París; pero debidó al cambio de aire y a
la falta . de mostaza ( bálsamo natural· y restaurador de las
Morcillas ) murieron casi todas.
Por disposición y voluntad del gran rey, fueron he�has ro­
dajas y enterradas en un sitio de París que aún hoy se lla­
ma calle empedrada de Morcillas.
A instancia de las damas de la Corte fue salvada y hono­
ráblemente tratada la joven Nifleseta. Después s e casó en un
rico lugar y tuvo muchos hijos, para alabanza de Dios.
Pantagruel congratuló grandemente a la reina, perdonó to­
. das las ofensas recibidas y rechazó la ofrenda que le hacían
y le regaló un lindo cuchillito de Praga. Después la interro­
gó curiosamente sobre la aparición del monstruo y contestó
ellá que era idea qel Martes graso, su dios tutelar en tiempos
de guerra, primer fundador y origen de toda la raza morcílli­
ca. Por eso parecía un cerdo, puesto que las Morcillas del
cerdo fueron extraídas. Pantagruel preguntó con qué propósi­
to y con qué indicación curativa había arrojado en tierra tan­
'ta mostaza, y la reina contestó: que la mostaza era su San-

109
-
greal y Bálsamo Celeste 125 y poniendo un poco en las lla­
gas de las Morcillas heridas en muy poco tiempo curaban. e� -
tas y las muertas resucitaban. ,
No hablaron más y la reina se retiró. Así hicieron todos los
buenos amigos nuestros con sus armas y su gran · catapulta.
·

CAPITULO XLIII
Cómo Pantagruel descendió en la isla · del
Viento 126

Dos días después llegamos a la isla del Viento, y os juro


por la estrella Vespertina que no he visto estado y vida más •
extraños que los de aquel pueblo.
Solo viven del viento; no comen, no beben, sino viento. No
tienen casas, sino grutas. En sus jardines no siembran más que
las tres especies de anémonas 127, rúa y otras yerbas carmina-
· ·

tivas que cultivan cuidadosamente.


El pueblo en general, para alimentarse, usa abariicmi de
plumas, de papel o de tela, según sus medios. Los ricos· vi­
ven de molinos de viento: Cuando . celebran un festín b mi
banquete, ponen las mesas junto a uno o dos de estos moli­
nos, y allí comen como en una boda; durante la comida con­
versan sobr\'J la bondad, excelencia, salubridad y rareza de ,
los vientos, como vosotros los bebedores, en vuestros banque­
tes, filosofáis sobre materia de vinos. Uno alaba el Siroco, otro
el del SO., otro el de Languedoc, otro el Mistral, otro el cé­
firo, otro la galerna, - y así sucesivamente. El viento de la ca_,
misa es el preferido de las coquetas y de los enamorados. Pa­
ra los enfermos emplean aires colados, qe los que tanto daño
hacen a los enfermos de nuestro país.
- ¡ Ay! -me decía un pobre inflado-. ¡Quién pudiera tener
una vejiga de ese gran viento del Languedoc, que se llama
cierzo! El noble Scur:on, médico, i!l atravesar un día aquel
125 1 Sangreal: el santo Graal .o Grial. Una especie de cáliz en el
que, según la Escritura, Jo>é de Arimatea recogió la sangre .que fluía.
del cuerpo muerto de Cristo. Este cáliz · de vidrio verde -,-,la. leyenda.
dice que de esmeralda- se conservaba en Génov.a con el nombre
áe sacro catino. ·
126 El autor escribe en la .isla de Ruach, que en lengua hebrea.
·
quiere decir viento, como el traductor ha escrito.
127 Sin duda en los tiempos del autor, tan docto en Botánica., solo
se conocian tres especies de anémonas. Hoy Jos tratadistas detallan
setenta próximamente.
110
país, según nos contaba, lo vio tan fuerte que derribaba las
carretas cargadas. ¡ Cuánto· bien haría a mi pierna edipódical
Lo grande no siempre es Jo mejor.
· -Pero -dijo Panurgo- una gran bota de vino de Languedoc'
que 'se cría en Mirevau1x, Chanteperdris y Fontignan! . . .
- Vi un hombre de buena figura, semejante a lll! a ventosa,
muy enojado y disgustado con un criado suyo, grueso y gran­
de, y con un pajecillo, que los golpeaba como un diablo con
un zapato. Al ignorar la causá de su enfado, pensé que les
pegara por consejo de los médicos, como cosa saludable que
es pára los amos y los reyes enfadarse y pegar, y para los
criados recibir los golpes. Pero me enteré que les repróchaba
el haber robado medio o dre de 1 viento del Languedoc, que
guardaba cuidadosamente como manjar raro en aquella esta­
ción.
No cagan, ni mean, ni escupen en aquella isla; en- com­
pensación, peden y ventosean copiosamente.
Padecen toda suerte de enfermedades. Toda enferme­
dad nace y procede de ventosidad, como deduce Hipócrates,
• lib. de Flatibus. Lo más corriente es el cólico ventoso; para
remediarlo usan grandes ventosas y lanzan fuertes vento­
sidades.
Mueren todos· hidrópicos y tirnpanizados : los hombres pe­
diendo y las mujeres bufando. Así les sale el alma por el
· culo.
· Nos paseamos luego por la isla, y encontramos tres grandes
inflados que iban a entreten·ime viendo los pardaiés; que allí
son muy abundantes y viven con la misma dieta. Hube de
observar que así como vosotros, bebedores, cuando viajáis por
imestro país, lleváis frascos, botellas y cantimploras, ' del mis­
mo modo llevan ellos colgados de la cintura un pequeño so­
plillo; si el viento les falta, con aquellos lindos aparatos lo .
forjan _en seguida, muy fresco, por a.tracción y eicpulsión recí­
proca, pues ya sabéis que .viento, en esencial definición,
·
no es
otra cosa que aire flotante y ondulante.
En aquel momento nos ordenaron, en nombre del rey, que
durante tres horas no deiáramn.� P.ntrar ·en nuestros bar­
cos hombre ni mujer del país; porque le habían robado una
vejiga llena de un viento como aquel que antiguamente dio a
Ulises el gran inflador Eolo para guiar su nave en tiempo de
calma, y lo guardaba religiosamente como otro Sangréal; con
él . curaba muchas enfermedades con solo alargarlas · Jo nece­
sario hasta obtener un pedo virginal, de los que las Religiosas
llaman sonido.

111
CAPITULO XLIV
Las pequeñas lluvias abaten los grandes
vientos

Pantagruel alababa su organización y su manera de vivir y


dijo al Potestad Hypederniano :
-Si seguís -la opinión de Epicuro .cuando dijo que el supre­
mo bien está en 1a voluptuosidad, pero en la voluptuosidad
fácil y no penosa, creo que seréis verdaderamente feli­
ces, porque vuestro vivir, que es de viento, no os cuesta na-
. da, o muy poco : no necesitáis más que soplar.
-Ciertamente -repuso el Potestad-; pero no todo son bie­
nes en esta vida mortaL Con frecuencia, cuando estarnos sen­
tados a la mesa, deleitándonos con algún viento de Dios, co­
rno el maná celestial, tranquilos como frailes, sobreviene
alguna lluvia suave y nos deja en ayunas. ¡ Cuántas comidas
hemos perdido por esta causa!
-Así es -repuso Panurgo-. Yo sé de Jenin de Quinquenais
que, meando sobre el nalgatorio de su mujer Quelot, aplacó
el viento pestilente que salía de allí corno de una magistral
eolipila 128 , Con este ;motivo compuse esta linda décima :

Quiso un día ]enin probar sus vinos, ·

turbios aún, hirvientes en la lía.


Llenó Quenet los jarros cristalinos,
y al cenar los vaciaron, que aquel día
fue para el matrimonio de alegría.
Se duermen, agotadas las caricias:
mas ]enin vio amenguado su contento.
¡Quenet le ahogaba en su bufar violento;
hasta que la meó y exclamó: "¡Albricias!
¡La suave lluvia aplaca el fuerte viento!"

-Además -siguió el Potestad-, todos los años sufrimos una


calamidad muy grande y lamentable. Un gigante, llama­
do Hiendenarices, que habita en la isla de Thou, por conse­
jo de sus médicos viene aquí en primavera para depurarse, y
se nos come un gran nÚDlero de molinos de viento, como · si
fueran píldoras, y una barbaridad de soplillos, de los que es

128 Eollp!la se llamaba un aparato de la física de aquella época,


consistente en una esfera de cobre con un tubo que, acercado al
fuego, hacía salir el aire con gran fuerza.
li2
muy goloso. Así nos llega una gran miseria, y ayunamos tres
o cuatro cuaresmas.. por año, sin contar· otras prácticas.
-Y ¿no sabéis preveniros? -preguntó Panurgo.
-Por consejo de nuestros maestros Mesarinos, pusimos en ei
tiempo en que acostumbra a venir, dentro de los molinos,
gran cantidad de pollos y gallinas. La primera vez que se
los tragó le faltó poco para morir, porque le cantaban y le
volaban dentro del estómago, y cayó en una lipotimia cardía­
ca, pasión y convulsión horrorosa y peligrosísim·a, como si una
serpient'e se le hubiese metido por la boca.
-Eso no es grave, ni .mucho menos -dijo el hermano
Juan-; porque yo siempre he oído decir que cuando una ser­
piente se mete en el estómago de un hombre, no hace daño
alguno, y en seguida se revuelve si se cuelga al paciente por
los pies y se le pone junto a la boca una cazuela de leche
caliente.
-Lo habéis oído -intervino Pantagruel-, como lo oyeron
quienes os lo contaron; pero ese remedio jamás fue visto ni
leído. Hipócrates, lib. V. Epid., escribe que el caso acaeció
en su tiempo, y el paciente murió en seguida por espasmo y
.convulsión.
-Además -siguió el Potestad-, todos los zorros del país se
le entraron por la boca, persiguiendo a las gallinas, y se mo­
ría por momentos, hasta que por el consejo de un encantador
-namado Badín, a la hora del paroxismo, despellejó un
zorro 129 por antídoto y contraveneno. Luego fue de me]or
parecer, y encontró mejor remedio en una lavativa que le pu­
so con un cocimiento de granos de trigo y de mijo, a los que
acudieron en seguida las gallinas, y unos hígados de ocas, a
los· que acudieron los zorros. Con esto y unas píldoras que
tomó por la boca, compuestas de lebreles y fax terriers, salió
del peligro. Considerad nuestra desgracia.
-No tengáis miedo, gentes de bien -dijo Pantagruel-. Ese
gran Hiendei::tarices, tragador de molinos de viento, ha ·muer­
to ya. Yo os lo aseguro. Murió sofocado y estrangulado co­
miendo un pedacito d.e manteca fresca en la boca de un hor­
no encendido, por disposición de los médicos.

129 Despellejar el zorro (écorcher le renard) quiere decir vomitar. Se


· �djet!vaoa también renarder y renarderie, por vomitar y vómito.

1 13
CAPITULO XLV
Desciende Pantagruel en la isla de los Papahígos

A la mañana siguiente encontramos la isla de los Papahí­


gos, que antes eran ricos y libres y los llamaban de apodo
Gallardetes. Pero cuando nosotros llegamos eran pobres y ­
desgraciados, y estaban sujetos a los Papirnanes. L a causa de
ello fue la siguiente: '
Un día, en la fiesta anual de los palos, los burgomaestres,
síndicos y grandes rabinos gallardetes habían ido a ver la fies­
ta en Papirnania, la isla inmediata. Uno de ellos, al ver el
retrato del Papa, pues era costumbre públlca el mostrarlo du- .
rante la fiesta de los palos, le hizo una higa, que .en· aquel
país es signo de irrisión y de burla manifiestas.
Para tomar venganza los pairnanes, algunos días después,
sin decir una palabra se pusieron sobre las armas y sorpren­
dieron y saquearon toda la isJa de los gallardetes y pasaron
a cuchillo a todos los hombres que llevaban barba. Perdona­
ron a las mujeres y a los jovenzuelos, con una concidión pa­
recida a la que antiguamente el emperador Federico Barba­
rroja impuso a los milaneses.
Estando él ausente, los milaneses se habían rebelado
y arrojaron a la emperatriz, su mujer, fuera de la ciudad· ig­
nominiosamente, montada en una mu1a vieja llamada Thacor 130
a horcajadas y al revés, es decir, con el culo hacia la 'ca­
beza de la mula y la cara hacia la grupa.
Federico, a su vuelta, después de haberlos sujuzgado y do­
minado, usó de tal diligencia que pudo encontrar la mula
Thacor. Entonces, en medio del Gran Broglio 131 , el verdugo
puso en las partes vergonzosas de la mula un higo, prese:q­
tes y contemplantes los ciudadanos cautivos; después procla­
mó en nombre del emperador a son de trompeta que quienes
quisieran eludir la muerte habrían de arrancar públicamente
el higo con la boca y volverlo a colocar en el mismo sitio
sin servirse de las manos. El que a ello se resistiera, sería
al punto colgado y estrangulado. Algunos sintieron v�rguenza
y horror de tan abominable conminación, vencieron el temor··
de la muerte y fueron colgados. En otros el temor .de la
muerte dominó sobre la verguenza.

130 Thacor es una palabra hebrea que denomina una enfermedad ·


vergonzosa, según unos, y según otros, una fistula en el ano.
131 La gran plaza de Milán que se llama hoy del Duomo, se llamaba
entonces del Broglio, esto es, del jardín.

114
Estos, si tenían bellos clientes, mostraban el objeto al V!
dugo diciend o :
�Ecco lo fico.
-A cambio de tal o parecida ignominia únicamente podían
salvarse los pobres y desolados gallardetes, y los que se sal­
varon fueron hechos esclavos y tributarios y les fue impuesto
el nombre de Papahígos, puesto que hicieron la higa ante el
retrato del Papa.·
Desde aquel tiempo las pobres gentes no )labían prospera­
do. Todos los años tenían granizos, tempestades, hambre y to­
das las desgracias como eterno castigo del pecado que come­
tieron .sus antepasados y parientes.
Al ver Ja miseria y las calamidades del pueblo no quisi­
mos internarnos mucho. Unicamente para tomar agua bendita
y encomendarnos a Dios entramos en una pequeña capilla de
junto ·a la plaza, arruinada" desolada. y descubierta como lo·
está en Roma el templo de San Pedro. 132.
Ya dentro de ·la capilla y al tomar el agua benditá, encon­
tramos dentro de la pila un hombre vestido de estameña, su­
, mergido en el agua como un pato, con un poquito de nariz
fuera para respirar.
En torno suyo había tres sacerdotes muy rasurados y ton­
surados leyendo el breviario y conjurando a los diablos.
Pantagruel encontró extraño el caso y preguntó qué juego
era aquel juego, a lo que - le contestaron que hacía tres años
hubo en la isla una peste tan horrible que más de la mitad
del país se quedó desierta y sus tierras sin poseedores. .
Al concluir la pestilencia aquel hombre que est[fba sumer­
gido en la pila del agua bendita tenía un campo muy gran­
de y fértil, . y un día que lo estaba sembrando de candeal
se le apareció un diablillo, que por entonces no sabía helar
ni granizar, excepto únicamente el perejil y · las coles, y. tam­
poco sabía aún leer ni escril;>ir, y había impetrado de Luciñer
venir a esta isla de los Papahígos para recrearse y distraerse,
pues en ella los diablos tenían gran familiaridad con los
hombres y las mujeres y con frecuencia iban allí a pasar el
tiempo.
Al llegar el diablillo se dirigió al labrador y le preguntó
qué hacía. El pobre hombre le contestó que sembraba aquel ·

·campo de candeal para a:Yudarse a vivir en el año siguiente.


-Está bien -repuso el diablo-; pero la tierra no · es tuya .
.
132 El templo de San Pedro, en Roma, se comenzó a construir . en
1503, y en los tlem¡¡os de Re.belals no estaba cubierto tode.vie..

115
Es mía y me pertenece porque desde el momento en que al
Papa le hicisteis la higa, se nos adjudicó todo lo que en este
país quedó proscripto y abandonado. Pero yo no he nacido
para sembrar trigo y te dejo el campo a condición de que
partamos los provechos.
-Está bien -repuso el labrador.
-Bueno; pues de la cosecha venidera haremos dos lotes.
Uno con lo que crezca sobre el suelo y otro de lo que que�
de envuelto en la tierra. La elección me pertenece porque soy
un diablo de antigua y noble raza y tú no eres más que un villa­
no. Elijo lo que quede dentro de la tierra. ¿Cuándo será la
recolección?
-A mediados de julio -repuso el labrador.
-No faltaré -contestó el diablo-. Cumple tú con lo de-
más como es tu deber. Trabaja, villano, trabaja. Voy a tentar
con el gallardo pecado de la lujuria a las nobes monjas de
Pettesec y a los santurrones y a los beatos del mismo sitio.
De su devoción estoy seguro; pero al final será el combate.

CAPITULO XLVI

Cómo fue engaña·do 'el diablil_lo por el labrador


de Papahiguera.

Mediaba julio y llegó el diablo con un escuadrón de dia­


blillos amigos suyos de corazón. Encontró al labrador y le
dijo : . ' '
-¿Cómo te ha ido, villano, desde que nos vimos? Aquí me
tienes para hacer "nuestra partición.
-Es muy razonable -repuso el labrador.
Y comenzó con sus gentes a segar el trigo, al mismo tiempo
que los diablillos, afanosos, arrancaban de la tierra las cañas.
El labrador trilló y aventó su trigo, lo puso en sacos y lo
llevó al mercado para venderlo. Los diablillos se marcharon
-- al mercado en pos del labrador para vender sus cañas. El
labrador vendió muy bien su trigo y llenó de dinero una me­
dia bota, que se guardó en la faja. Los diablos nada vendie­
ron; por el contrario, los aldeanos, en pleno mercado, se bur­
laron de ellos.
-Por esta vez -dijo el diablo cuando volvieron -me enga­
ñaste; otra no me engañarás.

116
-Señor diablo -repuso el labrador-, ¿cómo he de haberos
engañado, si vos elegisteis? Lo que quisisteis fue engañarme
esperando que nada saliera fuera de la tierra y encontrar, en
cambio, dentro todo lo que yo había sembrado, para tentar
con ello luego a los miserables, hipócritas o avaros y hacerles
. caer por Ja tentación· en vuestros lazos; pero sois muy joven
, en · este oficio; el grano que veis caer en la tierra muere y
se corrompe y su corrupción es la generación del otro que
me habéis visto vender. Escogisteis, pues, lo peor, porque sois
maldito del Evangelio.
-Dejemos eso -dijo el diablo-. ¿De qué vas a sembrar es­
te año nuestro campo?
-Para aprovechar bien el barbecho, convendría sembrarlo
de nabos .
.:_Bueno; veo que eres un villano de bien. Siembra muchos
nabos, que yo los defenderé de las tempestades y no helaré
por encima. Pero, entiéndelo bien: será mío todo lo que que­
de sobre la tierra y tuyo lo de debajo. Trabaja, villano, tra­
baja, que yo me voy a tentar herejes; sus almas a la parrilla
están exquisitas. Mi señor Lucifer tiene cólico y le sentarán
muy bien.
Cuando llegó el tiempo de la cosecha apareció el diablo
con un escuadrón de diablillos de cámara, que comenzaron
a segar y recoger las hojas de los nabos. A continuación, el
labrador cavaba, recogía y sacudía los gruesos nabos y los
guardaba en sacos. Marchan juntos al mercado; el labrador
.vende sus nabos muy bien; el diablo nada vende, y lo que
es peor, se le burlan públicamente.
-Ya veo, villano -dijo entonces-, que otra vei me has
· engañado. Es preciso q:Ue lo del campo termine entre nos­
otros·. Vamos a desafiamos a arañazos y el que primero s e ­
dé por vencido perderá en favor· del otro su parte d e la
finca. Nos veremos dentro de ocho días. Anda, villano, que
te arañaré como un · diablo. Me voy a tentar a los quisqui­
llosos enredapleitos, a los notarios falsarios y a los abogados
· prevaricadores; ya me han enviado a decir, por medio de un
intérprete, que están a mi disposición. Así está Lucifer tan
cansado de sus almas, que ordinariamente se lás regala a ·
los diablillos pinches de cocina, a no . ser que lleguen bien ,
salpimentadas. Vosotros diréis que este no es sino desayuno
-de estudiantes, almuerzo de abogados, merienda de vendimia-
dores o cena de arrieros, Pascua de hosteleros y comida cí­
vica de frailes mendicantes. Es verdad; mi señor Lucifer usa
de estos a todo pasto como entremeses y acostumbraba des-

1 17
ayunarse con estudiantes; pero, ay!, que desde hace algunos
. años, no sé qué enfermedad les ha entrado con sus estudios
en las Santas Biblias, que ni. uno podemos. llevarnos. Creo
que si los santurrones no nos ayudan quitándoselas con ame­
nazas, con injurias, con fuerza o con violencia o con quema­
duras, no volveremos a tener uno ni para un remedio. De
abogados corruptores del Derecho y ladrones de los infeli­
ces se nutre ordinariam ente y no le faltan; pero se cansa
uno de comer todos los días el mismo pan. Dice con fre-·
cuencia en nuestros capítulos que se comería el alnia de un
beato que se hubies e olvidado de recomendarse a sí mismo
en sus oraciones, y promete doble paga y una buena grati­
ficación a quien le traiga una en seguida. Todos andamos a
la busca; pero es inútil. Todos molestan a las nobles damas
para que no se olviden de su convento.
"De merendar se abstiene desde que tuvo un gran cólico
.a causa de que en las comarcas boreales a sus alimentos,
tales como vivanderos, carboneros y salchicheros, los ultraja­
ban villanamente. Cenar, cena muy bien: mercaderes, usure­
ros, boticarios, falsarios, monederos falsos y adulteradores de
mercancías. Algunas veces que está de buen humor se da
banquetes de camareros, de los que se beben el buen vino
de sus amos y llen-an el tonel de agua corrompida. Tra­
baja, villano, trabaja. Voy a tentar a lós estudiantes de
Trebizonda para que dejen padres y madres, renuncien a la
civilización común, se emancipen de los edictos de su rey y
vivan en libertad subterránea, despreciando a cada uno, bur­
lándose de todos y haciéndoles que adopten el tocado gen­
til de la inocencia poética 13�.

CAPITULO XLVII

Cómo el diablo fue engañado por una vieja


de Papahiguera

Vol\'iÓ el labrador a su casa marcadamente triste y pen­


sativo. Su mujer, al verle, pensó que le hubieran robado en
el mercado; pero al oír la causa de su melancplia y al ver
su bolsa llena de dinero le reconfortó dulcemente y le ase-

133 El tocado de la inocencia poética: el capuchón de Jos frailes.'


Escribe el autor beguin, y de aquí han tomado su nombre popular las ·
monjas en los países de habla francesa.

118
Ó
gur que · de aquel desafío a arañazos no le sobrevendría
ningún mal, si para todo confiaba en ella, pues había pen­
sado ;ya una buena salida.
�Por mal que sé pongan las cosas -decía el labrador­
'no me llevaré más que el primer arañazo, pues me rendir é
al primer golpe y abandonaré el campo.
· ·-Nada de eso -gritaba la vieja-, confía en mí y queda
tranquilo; déjame hacer. Me has dicho que es un diablo pe- ·
queño; yo le haré rendirse y nos qued�emos con la finca.
Si se tratara de un diablo grande sería cosa de preocuparse.
El día señalado para el combate era el de nuestra llega­
da a la isla. A primera hora de la mañana el labrador con­
f�só y cómulgó bien, como buen católico, y por consejo del
cura . se había sumergido en la pila del agua bendita en la
forma en que nosotros le encontramos.
.
Al mismo tiempo que nos contaron esta hisoria supimos
que la vieja había engañado. al diablo y ganado la finca del
modo siguiente: Vino el diablo a la puerta del labrador, y
llamando, gritó :
- ¡ Villano, villano, aquí , ·stoy con mis hermosas uñas!
Después entró en la casa arrogante y decidido, · y no en­
contrando al labrador se fijó en su mujer, que yacía en la
tierra llorando y lamentándose.
-¿Qué es eso? -preguntó el diablo a la vieja-. ¿Qué le
ocurre? ¿Qué hace?
- ¡ Oh! -dijo la vieja'-, ¿dónde está el malvado, el crimi­
nal, el verdugo? ¡ M e ha destrozado, estoy pérdida; ·
me mue-
ro del mal que me ha hecho!
-¿Cómo? -dijo el diablo-, ¿qué es ello? Yo os vengaré ·
bien pronto.
- ¡ Ay! -dijo la vieja-. Me ha dicho el verdugo, el tirano,
el desgarrador de . diablos que teriía hoy la cita para de­
safiarse con vos; para ensayar sus uñas me ha arañado sola-·
mente con el dedo pequeño aquí entre las piernas y me ha ·
apuñalado. Estoy perdida, jamás curaré; mirad. Después se
. ha marchado a casa del herrero para hacers.e aguzar y he­
rrar las uñas. Estáis perdido, señor diablo amigo míp. Mar­
chaos, que no tardará en llegar. Retiraos, yo os lo ruego.
Entonces se descubrió basta la barbilla en la forma que
antiguamente las mujeres pérsidas se preesi1taron a sus hijos
cuando huían de la batalla y le enseñó lo que tiene sus
nombres. El diablo, al ver la enorme solución de · continui­
dad en todas sus dimensiones, .
gritó : Mahon Demorgon, Me-
.

119
;ere Aleto Persa panel ¡ No me cogerá! ¡ Me voy a buen paso!
¡ La finca para él! .
· Al saber el desenlace y . fin de la historia nos fuimos a
nuestra nave y nos dispusimos a marchar. Pantagruel donó al
tronco de la fábrica de la iglesia dieciocho mil resales de
oro en atención a la pobreza d¡;l pueblo y a las calamida­
des del lugar.

CAPITULO XLVIII

Cómo Pantagruel descendió en la isla


de los Papimanes .

Fuera ya de la isla desolada de los Papah{gos, navegamos


todo un día con gran éalma y placer y se ofreció a nuestra
vista la bendita isla de los Papimánes. Tan pronto como
echamos al puerto nuestras áncoras y antes que hubiésemos '
amarrado nuestras cuerdas, vinieron hacía nosotros en un es­
quife cuatro personas diversamente vestidas : uno de monje
encogullado, cazcarrioso y calzado; otro de halconero con :un
reclamo de pájaros; otro de soliciador de pleitos con un gran
saco lleno de citaciones, informaciones, _triquiñuelas y apla­
zamiento; y el otro de viñador de Orleáns con bellos lam-
. parones · de tela, un cesto y una serpiente arrollada a la
cintura. En cuanto llegaron a nuestra nave todos a la vez
gritaron, preguntándonos :
-¿Lo habéis visto, pasajeros? ¿Lo habéis visto?
-¿A quién? -preguntó Pantagruel.
-A aquel -respondieron.
-c1Quién es él? -replicó el hermano Juan-: por la muer-
te de un buey que lo tundiré a golpes. Pensábamos que:
buscaran algún ladrón, asesino o sacrílego.
-¿Cómo -nos dijeron-, gentes peregrinas, no conocéis al
Unico?
-Señores -dijo Epistemon-, nosotros no entendemos tales
términos, pero explicadnos lo que queréis decir y con mu­
cho gusto os declararemos la verdad sin disimulos.
-Es -dijeron ellos- · aquel que es. ¿Lo habéis' visto algu-
na vez?
·

-Aquel que por nuestra teológica qoctrina es -repuso


Pantagruel-, es · Dios; pues con tal palabra se declaró a
Moisés y nunca lo vimos, porque no es visible para los ojos
CcilJ?orales.

120
-Nosotros no hablarnos de aquel alto Dios que domina
en los cielos. Hablarnos· del Dios de la tierra. ¿Lo habéis
visto alguna vez? . ,

-Por mi honor -dijo _Carpalirn- que se refieren al Papa.


-Sí, sí -repuso Panurgo-, sí, señores; yo he visto tres, y
de nada me ha servido.
-Pues nuestras sagradas Decretales -dijeron ellos- cantan
que jamás hay vivo más de uno. · ·
· -Yo los he visto -dijo Panurgo-, uno detrás de otro y
cada vez uno.
- ¡ Oh gentes tres y cuatro veces dichosas! ¡ Sed muy bien
venidas, puesto que lo habéis viSto muy bien!
Entonces se arrodillaron ante nosotros y quisieron besarnos
los pies; cosa que no permitimos, puesto que si el Papa en
persona viniera no sabrían hacer más con EL
-Sí haríamos -contestaron ellos-. Lo tenemos muy bien
resuelto. Le besaríamos el culo y los testículos sin hoja de
parra, porque tiene testículos el. Padre Santo; lo sabernos por
nuestras bellas Decreales; de otra manera no sería Papa. De
suerte que en sutil filosofía c;lecretalina esta es la consecuen­
cia necesaria: es Papa; luego tiene testículos, y cuando fal­
ten testículos en el mundo ya no habrá Papa.
Pantagruel preguntó a un remero del esquife quiénes eran
aquellos personajes, y le contestó que eran los cuatro esta­
dos de la isla, añadiendo . que seríamos bien recibidos y tra­
tados, puesto que habí.amos. visto · al Papa. ·se lo refirió a
Panurgo, y este cdntestó secretamente :
-Corno si quieren que hayamos visto a Dios. L o que más
·les · satisfaga. D e la vista del Papa iarnás nos hemos aprove­
chado; pero ahora, por todos los diablos, nos aprovecharemos
a nuestro gusto.
Saltarnos a tierra, y como una procesión vino ante nosotros
toda la población de la isla: hombres, mujeres y niños. Nues­
tros cuatro estados 1es gritaron:
- ¡ Lo han visto! ¡ Lo han visto! ¡Lo han visto!
A esta proclamación todo el pueblo se arrodilló ante nos­
otros, levantando las manos juntas al cielo y exclamando :
- ¡ Oh, gentes felices! ¡ Oh gentes felicísirnas!
Aquellos gritos duraron más de un cuarto de hora. Des­
pués llegó el maestro de escuela con todos sus pedagogos,
pasantes y escolares; a estos les pegaban magistralmente, co­
mo se suele azotar a los niños de nuestro país cuando se
cuelga algún malhechor, a fin de que lo · recuerden. Panta­
guel, disgustado de aquello, les dijo :

121
-Señores, si no desistís de maltratar a estos niños, me
marcho.
El pueblo se asombró al oír aquella voz estentórea, y un
pequeñito jorobado, de manos larguísimas, preguntaba al
maestro : ·
-Por 1� virtud de las etxravagantes, ¿todos los que ven
al Papa se hacen tan grandes como ese que nos amenaza?
Si es así, yo me voy corriendo a verlo para crecer y ha­
cerme tan grande como él.
Tales fueron sus éxclamaciones, que allí acudió Homenas
( así llamaban a su obispo ) sobre una mula desbridada y
caparazoriada de verde, acompañado de sus apóstoles, como·
ellos decían, y de sus acólitos, que llevaban cruces, band�
ras, estandartes, doseles, antorchas e hisopos. Del mismo. mo­
do quiso a la fuerza besarnos los pies, como hizo con el Pa­
pa Clemente el buen cristiano Valfinier, diciendo que uno
de sus hipofetas, devastador y glosador de las santas Decre- ·

tales, dejo dicho por escrito que, así como el Mesías, por tan­
to tiempo esperado de los judíos, al fin llegó, así cualquier
día habría de llegar el Papa a aquella isla. Esperando el
día feliz, si llegaba persona que lo hubiese visto en Roma
o en otra parte, debían festejarle y tratarle reverentemente.
Sin embargo, nosotros nos excusamos con la mayor mo­
destia.

CAPITULO XLIX

Cómo Homenas, obispo de los Papima·nes,


nos enseñó las Decretales EU1'anope�as

Luego nos dijo Homenas :


-Por nuestras santas Decretales nos está prescripto y . re­
comendado visitar antes las iglesias que las tabernas; por· lo .
tanto, sin desdeñar esta santa y bella· institución, váinonos a
la iglesia; después iremos a banquetear.
-Hombre de bien -dijo el hermano Juan-, id . delante y
os seguiremos. Habéis hablado en buenos términos y como
buen cristiano. Hacía mucho tiempo ya que no encontrába­
mos esto; me hallo muy confortado en mi espíritu y creo que
.comeré divinamente; es cosa buena encontrar gentes de bien.
Al acercaf!1os a la puerta del templo vimos un grán li­
bro dorado recubierto de diamantes y cabuchones y otras pie­
dras preciosas, como rubíes, esmeraldas y perlas, tan bellas,

122
.por lo menos, como aquellas que Octaviano Augusto "consa­
gró a Júpiter Capitalino. Estaba colgado · en el aire, sujet_o
por dós gruesas . cadenas de oro a la cornisa del portal. Lo
mirarnos con admiración: Pantagruel lo tocaba y lo maneja­
ba a su placer, porque podía alcanzarlo fácilmente, y nos
afirmaba que al contacto de aquellas piedras sentía un dul­
ce prurito en las uñas y un hormigueo en los brazos, al
mismo tiempo que una tentación vehemente en su espíritu
de golpear a dos o tres gendarme�, con tal que no tuviesen
tonsura.
Entonces nos dijo Homenas:
. -Antiguamente les fue dada a los judíos por Moisés la ·
"ley escrita por los propios dedos de Dios. En Delfos, ante · la
faz del templo de Apolo, se encontró esta sentencia, divina­
mente grabáda: Conóc"ete a ti mismo, y durante cierto lapso
de tiempo fue vista asimismo la palabra Ei, también divina­
mente escrita y transmitida desde los cielos. El simulacro de
Cibeles fue transmitido desde los cielos en Frigia, en un
campo llamado Pesirnunt. Lo mismo tuvieron en Tauris el re­
trato de Diana, si hemos de creer a Eurípides. La oriflama
para combatir a los infieles fue desde los cielos transmitida
a los nobles y cirstianísirnos reyes de Francia·. Reinando Nu­
ma Pompilio, segundo rey de los romanos, se vio en Roma
descender el tajante broquel llamado Ancilo. En la Acrópo­
lis de Atenas cayó antiguamente del cielo empíreo la esta­
tua de Minerva; Ved aquí parecidarnente las sagra�as Decre­
tales escritas por la mano de un ángel querubín. Vosotros,
gentes de ultramar, seguramente no lo creeréis.
-Al menos, con gran dificultad -repuso Panurgo. ,
-Pues a nosotros aquí, milagrosamente, el cielo de los CÍe"
los nos las ha transmitido de forma parecida a coino el río
Nilo, según Homero, padre de toda la filosofía ( exceptuad
siempre las divinas Decretales ) , dice que desciende de Júpi­
ter. Y puesto que vosotros habéis visto al Papa, evangelista
y protector sempiterno de estas sagradas Decretales, podemos
nosotros permitirnos v� y besar lo que guardamos dentro, si
os parece bien: pero os convendrá ayunar tres días y con­
fesaros regularmente, inventariar y examinar . vuestros pecados
como cantan divinamente las divinas Decretales. que aquí
veis. Pero para esto hace falta tiempo.
-Hombre de bien -replicó · Panurgo-, de decretorios,
quiero decir de Decretales, tenemos ya muchas, en papel, en
pergamino transparente, en vitela, escritas a mano e ímpresas
en medula. No es, pues, preciso el que os toméis la moles-,

123
tia de enseñarnos esas. Nos conformarnos con vuestra buena
voluntad, y os la agradecemos muy de veras.
-Es verdad -dijo Homen·as-; pero no las habéis visto an­
gélicarnente escritas, como estas lo ' están. Las de vuestro país
·!lo son más · que copias· de las nuestras, como cuenta uno
de nuestros antig¡¡.os escritores decretalinos. Por lo demás, yo
os· ruego que 'no os ocupéis de nuestras molestias; decidme
únicamente si queréis confesar y ayunar durante los tres her­
mosos diítas ·de Dios.
-Lo de cons-fesar 134 no está mal -dijo Panurgo-: con­
sentimos de buen grado. El ayuno es lo que nos viene mal
a propósito, porque hemos ayunado tanto y tanto en el mar,
que las arañas han tejido sus telas entre nuestros dientes.
Ved aquí a este buen hermano Juan -a esta palabra Home­
nas le dio un ligero abrazo- a quien el musgo le ha cre­
cido en el gaznate a causa de no ejercitar sus muelas y sus
mandíbúlas.
-Es verdad -repuso el h ermano Juan-; tanto y tanto he
ayunado, que me quedé giboso.
-Entremos, pues, en . la iglesia -dijo Homenas-, y perdo­
nadnos si por ahora no os cantarnos . la bella misa de Dios.
Pasó la hora del mediodía, y después de ella nuestras sa­
gradas Decretales nos prohiben cantar la misa alta y legíti­
m a; pero os diré una baja y seca.
-Preferiría -dijo Panurgo- una mojada con cualquier buen
vino de Anjou. Empezad y acabad pronto.
- ¡ Verde y azul -dijo el hermano Juan-, me desagrada
grandemente! Mi estómago está en ayunas todavía·. Paciencia.
Tirad, en;tpujad, pero despachadla pronto, para que no se
·
manche o le pase cualquier avería; yo os lo ruego.

CAPITULO L
Cómo Homenas nos enseñó el arquetipo
de un Papa

Rezada la misa, Homenas sacó de un cofre que había jun­


to al altar mayor un grari manojo de llaves, _con las que
abrió treinta y dos cerra�uras y catorce candados en una

134 Cons-jesar: juego de palabras Intensamente erótico, al descom­


poner la palabra "confesar" en las otras dos de significado bien co­
nocido.

124
ventana de hierro bien enrejada; que había detrás de dicho
�ltar; después, con gran misterio, se cubrió con uri saco mo­
jado 13�, y, corriendo 'unas cortinas de satén carmesí, nos mos­
tró una imagen, bastante mal pintada, a mi juicio: la tocó
con un palo muy largo, que nos hizo besar a todos, y, lue­
go nos pregunt ó :
-¿Qué o s parece esta imagen?
-Es -repuso Pantagruel- el retrato de un Papa. Lo co-
nozco por la tiara, la muceta, el roquete y las sandalias.
' -Decís bien -repuso Homenas-; esta es la idea del Dios
del bien en la tierra, cuya llegada esperamos devotamente,
y al que aiguna vez hemos de ver en este país. ¡Oh el fe­
liz deSeado, esperado y anhelado día! y . vosotros, felices, y
felicísimos, que tan favorables tuvisteis los astros, que habéis
visto vivamente y realmente a aquel buen Dios de la tierra,
"del que nosotros viendo solamente el retrato ganamos la ple­
na remisión de todos nuestros pecados mortales, juntamente
con la tercera parte y dieciocho cuarentenas ·de pecados olvi­
dados. Así, no la vemos más que en nuestras grandes fiestas
anuales.
_:Esta obra -dijo Pantagruel- es como las que hacía Dé­
dalo. ·Atm cuando estuviese contrahecha y mal pintada, con­
servaría siempre latente y oculta alguna divina energía en
materia de indulgencias.
-Como en Sevillé -dijo el hermano Juan- los legos, ce­
nando un día de gran fiesta en el Hospital, y alabándose
uno de haber ganado seis blancas, él otro dos sueldos · y el
otro siete carolus, un mendigo gordo se alabó éle haber ga­
nado él 'solo tres buenos tostones. "Pero tú -le contestaron
sus amigos- tienes una pierna divina." Como si pudiera ha­
ber divinidad · en una pierna toda ulcerada y podrida.
· -Cuando tales �uentos refieras -dijo Pantagruel-, procura
traer un bacín, porque ha faltado poco para que se me le­
vánte ,el estómago. ¡Usar así el sagrado nombre de Dios pa­
ra cosas tan . cochinas y abominables! Si dentro de vuestra
frailería es corriente al abuso de tales palal:iras, dejadlas allí
.y no las saquéis fuera de los claustros.
.:_Así -comentó Epistemon-, dicen los médicos que hay
en algunas enfermedades cier:ta · participación de divinidad.

135 Cubrirse con un saco mojado es como defender una. ma.la. causa.,
porque entonces se decía. que pa.ra. ga.na.r un pleito ha.cia.n falta tres
sacas: uno de papeles, otro de plata y otro de paciencia, Na han
cambiado mucho los tiempos.

125
\
Nerón alababa las setas y las llamaba manjar de dioses, por­
que con ellas había envenenado a su · predecesor Claudia, em-
perador de los romanos.
-Me parece -intervino Panurgo- que ese retrato no se pa­
rece a ninguno de nuestros últimos Papas, porque yo los he
visto sin muceta y con un yelmo coronado por una tiara pér­
sica, y entonces, que todo el imperio cristiano estaba en paz
y en silencio, solo ellos hacían una guerra cobardísima y
cruel.
-Pero era contra los rebeldes, los heréticos y los protes- .
tantes, desesperados y desobedientes a la santidad de ese
buen Dios de la tierra -repuso Homenas-. Eso, no solamen­
te les es permitido y lícito, sino que está así ordenado por
las santas Decretales. Y debe acometer a sangre y fuego con- ·
tr� los emperadores, reyes, duques, príncipes y repúblicas que
transgredieren en una jota sus mandamientos, despojarlos de
sus tierras, desposeerlos de sus estados, proscribirlos, anaterna­
.tizarlost y no solamente matar sus cuerpos y los de sus hi­
jos y los de sus padres y parientes, sino condenar además
sus almas a lo más profundo de la más ardiente caldera que
haya en el infierno.
·

-Aquí -dijo Panurgo-, por todos los diablos, no son he­


rejes como Raminagrobis y como lo son en Inglaterra y en
Alemania. Vosotros sois cristianos de los elegidos cuidadosa­
mente.
-Sí, es cierto -repuso Homenas-; así nos salvaremos todos.
Vamos a tomar agua bendita. Después banquetearemos . .

CAPITULO LI

Conversación que tuvieron durante la comida


en alabanza de las Decretales

Grabad aquí, bebedores, q_ue durante . la misa seca de · Ho­


menas, tres demandaderos de la Iglesia, cada uno con un
gran cazuela en la mano, se paseaban por entre el pue lo ]:¡
diciendo en alta voz:
-No olvidéis a las gentes felices que le han visto la cax:a.
Cuando salimos del templo entregaron a Homenas los ca­
zuelas llenos de moneda papimánica. Homenas nos dijo que
aquel dinero era para recreamos y que de aquella colectá
y _contribución una parte se emplearía en comer bien y otra

126
en beber bien, siguiendo una mirífica glosa oculta en un
rinconcito de sus santas Decretales.
Así se hizo en . una bella taberna, muy- parecida a la de
· Guillot en Arniens. Creed que la comida fue copiosa y los
tragos numerosos. Durante ella noté dos cosas memorables :
pr.irñero, que la carne ya fuese de cabritos, capones, cerdos
( que los ceban bien en Papimania ) , pichones, conejos, lie­
bres, gallos de Indias o de otros animales, no se servía sin
abundancia de salsa magistral l 3 6; y la segunda, que todo
el servicio, "incluso Jos postres, fue aportado por tiernas don­
cellitas casaderas.
Eran muy bonitas, yo os lo aseguro; agradables, rubias, dul­
.::es y de buena gracia. Estaban vestidas de largas túnicas
blancas, con dobles cinturones : la cabeza desnuda y corona­
da . de cintas y cordones de seda color' . violeta y sembrada
dé rosas y botones de mejorana y otras flores olorosas. A ca­
da ' cadencia nos invitaban a beber con suaves y discretas
.genuflexiones; todos los comensales aceptaban siempre muy
complacidos.
· El hermano Juan las miraba de lado, como el perro que
se lleva un ave .
. , Al final del primer plato, cantaron melodiosamente un
épodo · en alabanza de las sacrosantas Decretales.
Ante el ·segundo, Homenas, alegre y regocijado, dirigió la
palabra a uno de sus jefes de comedor, diciéndole:
-Clérice: aclara aquí 1 37. .
Al oír estas palabras, una de las doncellas le presentó en
seguida un gran jarro lleno de vino e:�:ti:avagante 138; lo to­
. mó en sus ·manos y dijo suspirando a Pantagruel:
"-Monseñor, bellos amigos míos: bebo por · todos vosotros
. con el mayor gusto. Sed muy bien venidos.
Cuando hubo bebido y devuelto el jarro a la doncella,
· hizo esta larga exclamación:
· � ¡ Oh divinas Decretalesl ¡Por vosotras encontrarnos bueno
el vino bueno!
-No; no es lo peor del cesto -repuso Panurgo.
-Mejor sería si hicieran bueno el vino malo -replicó Pan-
tagruel.

- ¡ Oh seráfico exto! -continuó · Homenas-; ¡ qué necesario

13 6 Salsa magistral. Aqui el autor emplea un equivc;>co satirizante,


pues · tan pronto dice salsa magistral como farsa magistral.
1317 Clerice: calembour. Cleri cé: aclara aqui, alumbra esto.
' 13 8 Vino extravagante. Vino del Diezmo, concedido a la Iglesia por
una de las Decretales extravagantes.

' .127 .
sois para salvar a los humanos! ¡ Oh querúbicas Clementinas!
¡ Qué propiamente en vos está contenida y descrita la •per­
fecta institución del verdadero cristiano! ¡ Oh extravagantes an­
gélicas! ¡ Córrio padecerían sin vosotras las pobres almas que
vagan por los cuerpos mortales en este valle de miseria!
¡ Cuándo será concedido a los humanos el don de gracia par­
ticular de que desistan de todos los demás estudios y nego­
cios para leeros y aprendér en vosotras, saber por vosotras,
emplearos y 'practicaras, santificaros y colocaros en el centro
de los profundos ventrículos de sus cerebros; en las medulas
interiores de sus huesos y en los laberintos complicados . de
sus arterias! ¡ Entonces, y no antes ni de otro modo, el mun- ·
do será feliz!
A estas palabras Epistemon se levantó y dijo bonachona­
mente a Panurgo :.
-Como no hay silla perforada, m e veo Ém precisión de ·
marcharme; esta salsa magistral m e ha desbordado la mor­
cilla cular y no puedo detenerme un momento.
- ¡ Oh, entonces -prosiguió Homenas-, nada de granizo, · ni
de hielo, n i de escarcha! ¡ Oh, entonces abundancia de bienes
sobre ·la tierra! Oh, entonces paz obstinada, infrigible, en el
Universo! ¡ Cesación de las guerras, vejaciones, rapiñas, ban­
didajes, asesinatos, excepto contra los heréticos y los �ebeldes
malditos! ¡ Oh, entonces alegría, jovialidad, regocijo, recreo y
delicia de toda la naturaleza humana! ¡ Oh, 'grande doctrina,
inestimable erudición, precepto divino, establecidos sobre los
divinos capítulos de estas eternas Decretales! ¡ Cómo por l.a
simple lectura de medio canon, de un parrafito, de una so­
la palabra de estas sacrosantas Decretales, sentís en vuestros
corazones inflamarse la hoguera del amor divino, de la , ca­
ridad hacia el prójimo ( siempre que no seáis herejes ) , del
seguro desprecio para todas las cosas fortuitas y terrestres, de
extática elevación de vuestros espíritus hasta el tercer cielo,
de contento certísimo en todas vuestras afecciones!

CAPITULO LII
Continuación de los milagros debidos a las
Decretales

-Habláis como un oráculo .,-dijo Panurgo;- pero yo , creo


de ello lo menos que puedo, porque un día me ocurrió en

128
PGitiers, en cas,, del doctor Scotista Decretalipotente, leer un
caplt�tlo, y el diablo me lleve si su lectura no me produjo
m< estreñimiento que en cuatro o cinco días no cagué más
'lile una pequeña cazcarria. ¿Sabéis cómo era? Lo mismo, os
lo juro; que eran, según Catulo, las de su vecino Furius : ·

Diez cagarrias más duras que el metal


en u n año cagué tan solamente;
puedes cogerlas, pues seguramente
no han de imprimirte huella ni señal.

- ¡ Ay; amigo mío! -dijo Homenas-. ¡ Horror! ¡ Estáis �in


duda · en pecado mortal!
-Eso -replicó Panurgo- es vino de otro tonel.
·-Un día, en S evillé -dijo el hermano Juan-, me había
yo limpiado el culo con una hoja dé esas m,;]vuJas Clemen­
tinas que nuestro colector Juan Guymard había arrojado al ·
pati.o del claustro, y me doy a todos los diablos si no me
salieron grietas y almorranas tan horribles, que la pobre cue­
va ·de ·mi claustro moreno se quedó toda t:n escombros.
- ¡ Hm:ror! -dijo Homenas-; eso fue eviJentemente un cas­
tigo de Dios para vengar el pecado que cometisteis al en­
merdar esos libros sagrados que debíais besar con adoraCión
'
de culto hiperdúlico por lo menos. El Panormitano jam<1s
mintió 13.9 .
-Juan Chouart -dijo Ponócrates-, había comprado en
Montpellier, a los monjes de Saint-Olary, una bella Decretal
' 'escrita sobre . un grande y bello pergamino de Lamballe, pa­
ra hacer una vitela destinada a batir el oro. Por . desgracia,
un azar extraño quiso que jamás una . pieza batida allí llega-
. sé a perfección. Todas se rompían.
·-Castigo . y venganzá divinas -dijo Homenas.
-En Mans -dijo Eudemon-, Francisco Cornú, boticario, ha­
bía metido en cuernos algunas extravagantes magulladas, ·y
vo desagravio ·al diablo si todo lo que allí envasó no fue­
�n el acto envenenado, podrido y estropeaJo; incienso, pi:
mienta, alhelí, cinamomo, azafrán, especias, casia, mibarbo,
· tamarindos, y, en general, todas las drogas.
·-Vénganza y castigo divino -dijo Homena�-. ¡ Abusar de
nuestras Escrituras tan sagradas para cosas tan profanas! ·
-En París -dijo Carpalim- el modisto Groignet había em-

. 139 Llama el Panormlta.no a Tudeschl, arzobispo de Palerino en


142 1, qu� escribió un comentario sob� e las Decretales {:lementlnas.

12.9
;_:¡leatlo una v1e¡a Clementina para cortar patrones, y ¡ oh ea­
se extraño!, todos los vestidos cortados sohrc aquel patrón y
dibujados según sus medidas, se vieron c�tropeados y perdi­
dos. Sayos; capas, mantos, ·jubones, casaquines, cuellos, co �e�
tos, cotas, casacas, verdugadas . . . Cuando Groignet quería
cortar una capa le salía una bragueta. En lugar ele cortar
un sayo cortaba un sombrero con ciruelas dulces. En vez ele
un casaquín le salía una muceta. Por el patrón de un co-,
leto cortaba una especie de sartén. Unos oficiales, después ·.
de haberlo cosido, lo desgarraban por el fondo, y entonces
parecía una sartén de asar castañas. En vez de un cuello
hacía un zapato, y en Vez de un verdugada un capuchón, y .
cuando creía hacer un manto. hacía un tamblor suizo. El po­
bre fue condenado por la justicia a pagar las telas de todos
sus clientes. Ahora está convertido en azafrán.
-Castigo y venganza divina -dijo Homenas. .
-En Cahusac -dijo Gimnasta-, se concertó un pt�rtido pa-.
ra tirar al blanco entre el señor de Stissac y el Vizconde
ele Lauzun. Perotou había recortado una media Decretal de
buen papel. En la carta y las hojas había dibujado el blan- .
co para el punto. Yo me vendo, me doy del derecho y del ;
revés a todos los diablos si jamás un ballestero del país, que ··
son superiores a los de la Guyen,a, hizo un solo blanco. Tu­
des los tiros quedaban a un lado. Ninguno pudo desbordar,
rozar, ni desvirgar el blanco sacrosanto. Sansonin el Mayor,
que era el encargado de guardar las apuestas, nos juró fi-.
gues dioures 140, su gran juramento, que había visto netamen­
te, palpablemente, manifiestamente, la flecha de Carquelin
filar derecho al centro del blanco y al llegar a toc·arlo des­
viarse como una toesa.
- ¡ Milagro, milagro! -gritó Homenas-. Clérice, aclara aquí.
Yo bebo por todos. Me estáis pareciendo verdaderos crisc
tiano�.
A estas palabras las doncellitas empezaron a retozar. unas .
con otras. El hermano Juan ensanchaba las ventanas de su
nariz como disponiéndose a relinchar o por lo menos rebuz­
nar, y a montar como Herbault sobre aquellas 'pobres gentes.
-Me parece -dijo Pantagruel- que los blancos de esos
tiros han estado menos en peligro que lo estuvo Diógenes,
-¿Cómo? -preguntó Homenas-. ¿Cómo? ¿También era de­
cretalisa?

140 Figues dioures, por Jos higos dorados o de oro; juramentó


de la época.

130
.-Eso -díjo Epistemon volviendo de su negocio- es una
im pertineuciú.
-Diógeues -continuó Pantagruel-, un día que quería dis­
traerse visitó los arqueros que tiraban al blanco. Entre ellos
había ·tmo tan inhábil y tan· desatinado que cuando le to­
caba tirar todos los espectadores se apartaban por miedo .a
ser heridos. Diógenes, habiendo visto su primer disparo, tan
¡n¡tlo qut' la flecha cayó a más de una percha de distancia,
y el segundo que hizo al público retirarse a los dos lados,
co rrió y se colocó junto al blanco afirmando que aquel era
lu gar más seguro, puesto que el arquero daría en todas par­
tes menos allí.
-Un paje del señor dt' Stissac llamado Chamouillac -di­
j o Gimnasta-, percibió el encanto; por su aviso Perotou cam­
bió el blanco y en su lugar puso los papeles del pleito de
Pouillac, y desde entonces unos y otros tiraron acertada­
IDente.
En Lanclerouse, en las bodas de Juan Delif -dijo Rizoto­
mo-, .el festín nupcial fue notable y suntuoso como era en­
tonces costümbre en aquel país. Después de comer se juga­
muchas farsas, comedias y cuentos agradables. Bailaron
las · d¡mzas moriscas con los cascabeles y los tamboriles vas­
cos y hubo muchas mascaradas y momerías. Mis compañeros
de escuela y yo, para honrar la fiesta como podíamos, por­
qu e de mañana nos habían vestido bellas libreas con cintas
blancas y de color violeta, dispusimos una alegre mascarada
con muchas conchas de San Miguel y caracoles. A falta de
badana y de papel no> hicimos las caretas con las hojas de
un v1e¡o Sexto, cortándoles agujeros para la nariz, los ojos y
boca. Aquello fue maravilloso. Acabadas nuestras danzas
mimos al quitamos las caretas, aprecimos más feos
los diablos en la pasión de Doué; tal teníamos los ros­
. maltrechos y destrozados por dichos antifaces. Uno tenía
viruela, otro el tac 14 1, el otro manchas venéreas, el otro
escarlata, el otro grandes forúnculos. Al que mejor libra­
quedó se le cayeron los dientes.
-¡ Milagro, milagro! -gritó Homenas.
_,Aún no es tiempo de reír -dijo Rizotomo-. Mis dos her­
Catalina y Renata, habían colocado con aquel bello
como una presea, porque estaba · cubierto de rica pe­
Y tenía hermosos cierres repujados, sus camisolas, sus

Tac: enfermedad contagiosa del ganado lanar, que atacó también


los franceses en · 14 11.

131
rr�mguitos y sus cuellos jabonados, plachados y aden•zados.
¡ Oh virtud divina!
-Esperad -dijo Homen as...:. . ¿ De qué Dios queréh ha"
blarnos?
-No hay más que uno -contestó Rizotomo.
-Bien, bien -replicó Homen as- ; tmo en los cielos. ¿�o
tenemos otro en la tierra?
-Adelante -dijo Rizotomo-; por mi alm a que ya no pien­
so más. Entonces por la virtud de Dios Papa de la tierra,
sus ropas blancas se pusieron más negms que el saco de un
carbonero.
- ¡ Milagro, milagro! -exclamó Homenas-. Clérice, adara
<iquí y registra estas bellas historias.
-¿Cómo decimos entonces? -preguntó el henpano Juan:

Desde que aparecieron las santas Decreta/es


y los grandes ejércitos expandierou los males
y los benditos frailes se dieron buena vida,
está la pobre tierra para siempre perdida.
-Ya os cqmprendo -dijo Homenas-. Esas son pequeñas
sátiras de los nuevos herejes.

CAJITULO LIII
Cómo por la virtud de. las santas Decretales Roma
se lleva sutilmente el oro de Francia

-Yo pagaría de buena gana -dijo Epistemon- las


grandes lavaduras de tripas con el vino correspondiente
si tuviera para mí el original coleccionado de los +P·n",,rlfiN><
capítulos Execrabilis, De multa, Si plures, Dé
totum, Nisi essent, Cum ad monasterium, Quod dilectio.
datum y muchos otros que cada año sacan de Francia
Roma cuatrocientos mil ducados o más.
-¿Es algo eso? - dijo Homenas-. Me parece muy poco, vis­
to que la cristianísima Francia es la única nodriza eJe la cor­
. te romana. Mostradme además en el mundo libroi, sean de
filosofía, de matemáticas, de medicinas, de leyes, de
·.
Úz Lavaduras de tripas (chopinalles). Se usaba esta frase ahtdlten-. ;$1
do al vino o a los manjares estimulantes que predisponen a

132
humanas, hasta por el nombre <le Dios sea didw, de las
Sagradas E�crituras, que 's ean capaces de sacar otro tanto. No,
no los hay. Nunca, nunca eqcontraréis esta energía aurífera�
yo os lo aseguro. Y e�tos diablos heréticos, ¿rio quieren to­
davía aprenderla ni saberla? Q.uemad, atenazad, guillotinad,
ahogad, colgad, empalad, desgarrad, destripad, despedazad,
haced piltrafas, tostad, destroncad, crucificad, hervid, aplas­
tad, dislocad, quemad a esos malvados herejes decretalífugos,
decretalicidas, peores que homicidas, peores que parricidas,
decretalictones del diablo. Vosotros, gentes de . bien, si os
. llamáis y estáis reputados como verdaderos cristianos, yo os
suplico con las itianos juntas que no creáis otra cosa, que no
penséis otra cosa, que no digáis otra cosa ni emprendáis ni
hagáis sino solamente lo- que · contienen nuestras Sagradas De­
cretales y sus cordlarios. Este bello S exto, estas bellas Cle­
mentinas, estas bellas Extravagantes. ¡ Oh libros divinos! Así
·viviréis en gloria, honor, exaltación, riqueza, dignidad y pre­
. eminencia en este.
mundo, reverenciados de todos, distinguí­
dos de cada uno, preferidos �il todos y de entre todos, elegí­
dos y escogidos porque no hay bajo el solideo del cielo un
estado en el que puedan . encontrar más gentes capaces de
hacerlo todo y de m anejarlo todo, que aquellos que por la
divina presencia y eterna predestinación se han entregado al
estudio de las santas Decretales. ¿Queréis elegir un gran em­
perador, un buen capít.án, un digno jefe y conductor de
ejércitos .en tiempo de guerra, que sepa bien prevenir todos
los . inconvenientes, evitar todos los peligros, conducir bien
sus gentes al . asalto y alegremente al combate, nada arries­
gar, vencer siempre sin perder soldados · y usar bien de la
victoria? Tomadme un ·
decretista. No, no; quiero decir un de-
cretalista.
.
- ¡ Oh gran rata! -dijo Epistemon.
-¿Queréis en tiempo d.e paz encontrar un hombre apto pa­
ra gobernar bien una repú]:¡lica, un reino, un imperio, una
monarquía; entretener a la nobleza, al pueblo, a la iglesia
y al senado en la riqueza y en amistad, concordia, obedienc
.
cía, virtud Y. honradez? Tomadme un decrf?talisa.
"¿Queréis encontrar un hombre que por una vida ejempla,,
·un bello lenguaje y santas admoniciones, en poco tiempo,
sin efusión de sangre, conquiste la Tierra Santa · y convierta
a la santa fe a los infieles turcos, judíos, tártaros, moscovi­
tas, mamelucos y sarrabobitas? Tomad un decretalista.
"¿Qué es lo que hace en muchos países al pueblo depra-

133
vado y ·rebelde, a lo� pajes frívolo� y malignos y a lo� · es­
colares vago� e ignorantes? su� gobernantes, sus e�cuderos,
sus preceptores, cuando no son dec.Tetalista�·.
"Y en conCiiencia, ¿qué es lo que ha establecido, · confir­
mado y autorizado esas bellas virtudes religiosas con las que
en todas partes veis al cristianbmo adornado, decorado, ilus­
trado como lo está el firmamento con sus claras estrellas? Las
divinas Decretales.
"¿Quién ha fundado y . establecido, quién mantiene, · �usten­
ta y nutre los devotos religiosos en los conventos, los mona�­
terios y las abadías, sin cuyos ruegos diurnos, nocturnos y
continuos el mundo se vería en peligro evidente de volver
al antiguo caos? Las divinas Decretales.
"¿Quién hace y diariamente aumenta en abundancia los..
bienes temporales, corporales y espirituales . al famoso y ex­
celso patrimonio de San Pedro? Las santas · Decretales.
"¿Quién sostiene la Santa Sede de Roma en todo tiempo,
aun hoy que tan perturbado está el Universo, y hace que
de buen o mal grado todos los reyes, emperadores, potenta­
dos y señores dependan de ella, se apoyen en ella y por·
ella sean coronados, confirmados y autorizados y vayan a be­
·sarle la mirífica sandalia y a prosternarse ante ella, ante
aquella mirífica sandalia que habéis visto en el ·retrato? Las
bellas Decretales de Dios.
"Quiero declararos aquí un gran secreto : las Universidades
de Vuestro mundo · en sus a';ma:; y divisas llevan ordinaria­
mente un libro a veces abierto y a veces cerrado. ¿Qué li­
bro pensáis que sea?
-No lo sé ciertamente -repuso Pantagruel-. Jamás lo he
leído.
-Pues . es -dijo Homenas- el de las Decretales, pues sin
ellas perecerían todos los privilegios de todas las Universida­
des. A ellas se los debéis; ¡ ah! ¡ ah! ¡ eh ! ¡ oh!
Aquí Homenas comenzó a eructar, a peder, a reír, a ba­
bear y a sudar. · Dio su enorme bonete de cuatro braguetas
a una de las doncellas, que lo colocó de nuevo sobre la
cabeza de su señor después de haberlo besado amorosamen­
te y con gran alegría, pues aquello significaba que sería la
primera en casarse.
-Vivat -gritó Epistemon-. Vívat, fífat, pipat, biTuit 143,
¡Oh secreto apocalíptico!
-Clérice -dijo Homenas-. Cléiice, adara aquí con dobles

143 l'ívat, fltat, etc. Juego de palabras popular entre los a.leme.nes. ,.
linternas. ¡Al fruto las doncellas! Decía, pues, que si os en­
tregáis al estudio único de' · las sagradas Decretales sereis ri­
cos y honrados en ·este mundo y eÍ1 consecuencia deduzco
que en el otro os veréis indefectiblemente salvados en el rei­
no bendito de los cielos, cuyas llaves están encomendadas a
· nuestro buen Dios Decretaliarca. ¡ Oh mi buen Dios a quien
adoro y jamás vil Por gracia especial abridnos por lo menos
en el artículo de la muerte este sacratísimo tesoro de nues­
tra Santa Madre la Iglesia, del que eres protector, conser­
vador, ecónomo, administrador y dispensador, y da orden de
que estos preciosos libros de superrogación y estos bellos per­
dones no nos falten en caso de necesidad para que los
diablos no encuentren por dónde morder a nuestras pobres
almas, y de que la garganta honorífica del infierno no nos
trague: Si nos es preciso pasar por el purgatorio, paciencia. ·
En ti está el poder y la voluntad para librarnos de ello si
quieres.
Aquí Homenas comenzó a sudar a chmTos v a derramar
ardientes lágrimM, a darse golpes de pecho }; a besar sus
pulgares puesto en cruz.

CAPITULO LIV

Cómo Homenas dio a Pantagruel peras


de buen cristiano

Al ver aquella enojosa cat�trofe Epistemon, '- el hermano


Juan y Panurgo se cubrieron el rostro con sns servilletas y
gritaron : Myault! myault! myauit! simulando en tanto-res"-
. tregarse los ojos como si hubieran llorado. Las doncellas, muy
erguidas, presentaro'n a todos jarros llenos de vino Clementi­
na con abundancia de confituras. Con esto se reanudó el
banquete. .
. A su fin.al Homenas nos dio un gran número de hermosas
y grandes peras, diciendo :
-Tomad, amigos; estas peras son singulares. No las encon­
traréis parecidas. En toda la tierra no las hay. Solo la In­
dia produce el negro ébano; de Saba nos llega el buen in­
cienso; de la isla de Lemnos, la tierra sfragitida: solo en
· esta _isla se crían estas hermosas peras. Haced, si os parece,
viveros de estos hermosos árboles en vuestro país.

135
-¿Cómo las llamáis? -preguntó Pantagruel-. Son muy
buenas y tienen buena agua. Si se cocieran en cacerolas,
corÚtdas en cuatro pedazos, · con un poco de vino y de azú.:­
. car, tendríais una comida muy agradable tanto para los en­
fermos como para los sanos.
·-No tienen nombre -repuso Homenas-. Somos gentes sen­
cillas, puesto que así agrada a. Dios. Llamamos a los hi­
gos, higos; a las ciruelas, ciruelas, y a las peras, peras.
-Verdaderamente -dijo Pantagruel-. Cuando yo esté en
mi casa, que será pronto, si Dios quiere, yo las haré criar
en mi jardín de Turena, en las riberas del Loire, y las · lla­
maré . peras de buen cristiim o 144 porque jamás
·
· vi mejores
cristianos que . estos buenos papimanes.
-También yo encontraría muy bien -dijo el hermano
Juan- que nos dieran dos o tres carretadas de estas niñas. ·
-¿,Para qué? -preguntó Homenas.
-Para santiguarlas -dijo el hermano Juan- entre dos
fuertes ortigas con dos garañones de buena potencia. Al hit­
cer esto cosecharíamos niños de buen cristiano y se multipli­
caría la raza en nuestro país, quE no los da muy buenos.
-Verdaderamente -repuso Homenas-; pero no lo haremos
porque vosotros contagiaríais la locura a los muchachos. Os·
lo conozco en la nariz, aunque jamás os he visto. ¡ Ay, ay,
t1ue buen hombre sois! ¿Queuíais que se condenase vuestra
<�lma? Nuestras Decretales lo prohíben. Quisiera que las cae
nacieseis bien. •
-Paciencia -dijo el hermano Juan-. Yo n:unca temo a un
hombre que lleva barba 145, aunque sea un doctor cristalino,
digo decretalino con triple bonete.
Terminada la comida nos despedimos de Homenas y ele
todo el pueblo, dándoles humildes las gracias y prometién­
doles para retribución ele taritos favores que al llegar 'a Ro­
ma haríamos tanto con el .Santo Padre, que diligente iría en
.persona a verlos. Después nos retrajimos a nuestro navío. ¡Pan­
tagruel, por su liberalidad y por el reconocimiento del sa­
grado retrato, dio a Homenas nueve piezas de panes dé . oro,
rizado sobre rizado, para· que lo colocase ante la herrada\ veri-

144 En todo el norte de España hay una variedad de peras •muy


\
grandes y jugosas, que se llaman peras de buen cristiano. \
145 Durante muchos siglos se decía en Francia que el llevar barb �
era cosa
· ridícula, y que el bigote solo podía tolerarse a los militares
y a los histriones. Los antiguos estatutos del Colegio de Abogados
·de París prohibían a sus miembros usar estos o.ditamientos capilares.. ,

136
tana; hizo llenar el tronco de la fábrica de dobles escudos
al zueco y dio a cada una de las don cellas que habían ser­
vido la mesa novecientos catorce . dücados de oro para su
.d'lte.

CAPITULO LV

Cómo en alta mar oyó Panta·gruel varias palabras


desheladas

Estábamos en alta mar banqueteando, trincando, divirtién­


donos y haciendo bellos y cortos discursos, cuando Pantagruel
se levantó, se irguió, para examinar los alrededores y nos
dijo : '
-Compañeros, ¿rio habéis oído algo? Yo creo haber oído a
· gentes que hablaban en el aire, y sin embargo,' a nadie veo.
Escuchad.
Por su orden quedamos todos atentos y con el oído aler­
ta. Sorbíamos el aire como ostras en su concha para darnos
cuenta de toda voz y de todo sonido y no perder nada; al
_ejemplo del emperador Antonino, hacíamos tornavoz de
nuestras manos junto a nuestras orejas y continuamente pro­
testábamos que nada oíamos. Pantagruel continuaba afirman­
do que oía voces diversas en el aire, tanto de hombres co­
mo de mujeres, y fuimos de parecer de que o las oíamos
o nos corneaban nuestras orejas. Insistimos en escuchar y lle­
gamos a discernir las voces hasta oír palabras enteras, lo que
nos asustó grandemente, y no sin causa, porque a nadie veíac
mas y oíamos voces y sonidos humanos diferentes, de hom­
bres, mujeres, niños y caballos. · Panurgo lamentó :
- ¡ Vientre azul! ¿Es. esto una broma? Escuchad, por Dios;
ahora suenan cañonazos. Huyamos, estamos perdidos. . Nos ro­
dea, una emboscada. . Herinano Juan, ¿estás ahí, amigo mío?
Acé¡:cate mucho; yo te lo suplico; ¿tienes .tu espadón? Cuida
de . tenerlo fuera de la vaina. No lo s.aques a medias. Es­
1
ta,mos perdidos; escuchad; huyamos; no digo con los pies y
las/ manos, como decía Bruto en .la batalla de Farsalia, si­
liÓ a velas y a remos. Huyamos. Yo en el m ar no tengo
/ valor. En la cueva ya es otra cosa. · Huyamos. Salvémonos.
No :lo digo porque . tenga miedo. Nada temo, excepto los pe-

137
ligro s. Lo he dü:ho :;iempr<:. El franc.:o arquero de Baignolet
también lo dt•c ía; no arriesguemos, por tanto, el vernos des­
narigados. Huyamos. Volved la cara. Virad .el timón, hijos de
puta. ¡ Quisiera Dios que me viese yo ahora en Quinquenais,
so pena de no casarme nunca! Huyamos. No estema:; aquí
para ellos. Son die;: contra uno. Os lo aseguro. Además, ellos
están en sus hogares y · nosotros no conocemos el país. Nos
matarán. Huyamos, que no será para nosnlros un cleshónor.
Demóstenes dice que el hombre que huye combatirá de nue­
vo. Por lo menos retirémonos. A babor. A estribor. Adelante.
A. las bolinas. Huyamos por todos los diablos, huyamos.
Pantagruel, al oír el ruido que armaba l'anurgo, elijo:
-¿Quién es ese cobarde? Ahora vmnos a ver qué gentes
son esas; acaso sean de los nuestros. Todavía no veo a na­
die, y sin embargo, me parece que veo den mil alrededor.
Escuchemos. Yo he leído que un filósofo llamado Petronió
opinaba que muchos mundos se tocan unos con otros en fi­
gura triangular equilateral, y en el centro de esos mundos
está el palacio de la verdad en donde habitan las palabras,
las ideas, los ejemplos y las imágenes de las cosas pasadas
o futuras, alrededor de las que estaba el siglo. Ciertos años,
a largos intervalos, una . parte de ellas caían sobre los hom­
bres como los catarros y como cayó el rocío sobre el vello­
cino de Gedeón, y otra parte quedaba reservada para . el por­
venir, a la consumación de los siglos. Recuerdo tmnbién que
Aristóteles sostiene que las palábras de Homero son voltijean­
tes y · movientes, y en consecuencia, animadas.
"Además, Antífanes decía que la doctrina de Platón. era
semejante .a 'las palabras que, proferidas en algunas comar­
cas en el rigor del invierno, se hielan y se cristalizan con
el frío del aire y no son entendidas.
"Cosas parecidas enseñaba Platón a los niños, b que ape­
nas debía ser comprendido por ellos cuando llegaran a
viejos.
"Sería este un momento adecuado para filosofar y para in­
vestigar si por nuestra buena fortuna fue aquí en donde se
helaron las palabi:as y nos sentiríamos muy asombrados si en­
contrásemos en este lugar la cabe'za y la lira de Orfeo. Des­
pués ql,le las mujerés de Tracia hicieron a Orfeo peda- .
zos, arrojaron su cabeza al río Hebrus. Por este río descen­
dieron al mar P6ntico hasta la isla de Lesbos nadando
siempre juntas sobre las aguas. Y de la cabeza salía constan­
temente un canto lúgubre como lamentándose de la muerte

138
dd poeta. La lira, al " impulso de l os vientos movientes ,
acordaba arrnóni<:amente sus cuerdas con el canto. Vamos a
ver si las encontramos por aquí.

CAPITULO LVI

Cómo Pantagruel entre las palabras heladas


encontró algunas de color ro¡o 146

Y el piloto dio la siguiente respuesta:


-Señor, no os asustéis; este es el confín d el mar glacial,
en el que a principios del invierno próximamente pasado se
riñó una ·grandísima y cruel batalla entre los arimaspianos y
los nefelibates 147. Las palabras y los gritos de las mujeres
y de los hombres, el choque de las masas, los golpes de las
armaduras y de las armas, los relinchos de los caballos y to­
dos los demás clamare� del combate se helaron en el aire.
Ahora, habiendo pasado el rigor del invierno y con el tiem­
po sereno y dulce que tenemos, se· funden y podemos oírlas.
- ¡ Por Dios! -dijo Panurgo-. Yo te creo; pero ¿.podríamos
coger alguna? Recuerdo haber leído que en la falda de la
montaña sobre la que Moisés recibió la ley de los judíos, el
pueblo veía sensiblemente la voz. ,,. .
-Tened en cu �nta -dijo Pantagruel- que aquí las pala­
bras no están . tódavía desheladas.
iíS
Y nos arro entonces sobre la cubierta a manos llenas pa­
- labras h{'!láCÍ as que parecían grageas perladas de diversos co­
lores. _Allí vimos palabras . de Gules, palabras de Sinople, pa­
labras· de Azur, palabras de arena y · palabras doradas que al
:___se�calentadas un poco entre nuestras manos se fundían como
. ]a nieve. Las oímos realmente; pero no las comprendíamos
porque pertenecían a un lenguaje bárbaro. Una de ellas era
· tan gruesa, que al recalentada el hermano Juan entre sus
manos, produjo un sonido como el d e las castañas en la bra�
·
146 En unas ediciones se dice . mots de gueule, y en otras, de gules.
Los comentari.os dicen que el autor quiso llamar así a las palabras
necias y groseras.
147 Según unos, ar!masplanos son los adoradores de Arimán, príncipe
del mal en la mitología persa; según Pllnio, hombres que solo tenlan
un ojo, y eegún los comentaristas de Rabelais, con esta palabra
quiso aludir a los protestantes. Los nefelibates son, según su traducl ·
·
ción literal, los que viven en las nubes.

139
sa cuando no se han rajado previamente y estallan, lo que
'
nos hizo a todos temblar de miedo.
-Este era en su · tiempo un grito de halcón -dijo el her-
mano Juan.
Panurgo pidió a Pantagmel que le diese algunas, Panta­
gruel le contestó que dar palabras era un acto amoroso.
-Vendédmelas, pues -insistió Panurgo.
-Esé es un acto de abogado, que son los que venden las
palabras -repuso Pantagmel-. Mejor y más caro os vendería
' el silencio,· como hizo Demóstenes algunas veces.
A pesar de esto arrojó tres o cuatro puñados sobre la cu­
bierta y yo vi palabras bien picantes, palabras sangrien­
tas, que el piloto nos decía que algunas veces volvían · al lu­
gar en donde habían sido pronunciadas; pero que éstaba cor­
tada la garganta de donde salieron; palabras horribles, y
otras muy desa¡,rradables a la vista. Cuando se fundieron jun­
tas oímos: hin, hiñ, hin, hin, hin, his, ticque, toeche, lorgne,
bredelin, brededac, frr, frrr, frrrr, bou, bou, bou bou bou
bou, bou, bou, bou, trace, trace, trr, · trrr, trrr, trrrr, trrrrr,.
on, on, on, on, on, ououououoo, goth, magoth, y no �é qué
otras palabras bárbaras parecidas a los . ruidos de golpes, a los
relinchos de caballos y a los demás que suenan a la · hora
del combate; después oímos otras muy gmesas que al deshe­
larse producían un sonido como de tambores y ·de pífanos y
otras como de trompetas y clarines. Creedme que en ello en­
contramos un lindo pasatiempo.
Yo quería guardar algunas en aceite, de aquellas más ro­
jas, como se guardan la· nieve y el hielo entre fieltros bief!
limpios; pero Pantagruel no quiso, diciendo que era una lo­
cura guardar aquello que jamás falta y que siempre se tiene
a mano, como ocurre con las palabras rojas entre buenos y
alegres pantagruelistas. . .

Panurgo enfadó un poco al hermano Juan y lo dejó pensa­


tivo porqué le quitó la palabra que .iba a reservarse. El her­
mano Juan le amenazó de hacerle arrepentirse, a la m·anera
como se arrepintió Jouseaume cuando después de haberle to­
mado la palabra al noble Patelin le vendió su paño, ·y si
ocurría que llegara a casarse, tomarle por los cuernos como ·
a un ternero, puesto que él le· habja tomado de la palabra
- como a un hombre.
Panurgo le hiZo un gesto de burla y gritó:
- ¡ Quisiera Dios que aquí, sin ir más adelante, encontrar:t_
yo la palabra de la Divina Botella!

140
CAPITULO LVII

Cómo Pantagruel descendió en el palacio del señor


Gaster 148, primer maestro de artes en el mundo

Pantagruel aquel día descendió en una isla admirable en­


tre todas las demás, tanto a causa de su situación como a
causa de su gobernador. Por todas partes era al principio es­
cabrosa, pedregosa, infértil, desagradable a la vista, muy di­
fícil para los pies y casi tan inaccesible como la montaña del
Delfinado, así llamada porque tiene la forma de una calaba­
za muy grande, y desde tiempo inmemorial no hay quien ha.
ya podido ascender a ella, excepto Doyac 149, conductor de .
la artillería de Carlos VIII que allí subiD con ayuda de má­
quinas miríficas y encontró en lo más alto un carnero viejo.
,No se sabe quién lo había llevado allí ; unos dicen que cuando
era un corderillo joven había sido robado por algún águila o
búho y que se había escapado por entre la maleza.
Ascendiendo a duras penas, y no s:in dudar, salvamos la di­
fictiltad de -la entrada y encontramos ·la_ cima del monte, tan
agradable, tan fértil, tan salubre y tan c1eliaOsa, que yo pen­
saba que aquel sería el verdadero paraíso terrenal, sobre _cu­
ya situación tanto disputan y trabajan los buenos teólogos. Pe­
ro Pantagruel nos afirmó que aq,uel era el palacio de Areté
· ( es decir, la virtud) descrito por Hesíodo, sin perjuicio siem­
pre de una más santa opinión.
· El gobernador de aquella isla era el señor Gaster, primer
maestro en todas las artes del mundo.
S i creéis que el fuego sea el gran maestro de las artes,
como escribe Ci�erón, erráis, estáis equivocados, porque Cice­
rón jamás lo creyó.
Si creéis que Mercurio sea el primer inventor de las artes,
comó creían antiguamente los ancianos druidas, estáis comple-
-
'tamente equivocados.
La sentencia verdadera es la del satírico, que dice que Gas­
ter es el maestro de todas las artes; con él residía la buena
dama Indigencia, llamada por otro nombre Miseria, madre de
las nueve Musas, de la que antiguamente, en cr>mpañía de

148 Todo _este capitulo es una paráfrasis y un desarrollo del pensa­


miento de Perseo: Magíster artis ingeniique Zargitor ventris.
149 Esta proeza se atribuye aquí con error a D'Oyac, favorito de
Luis XI, de oficio calcetero, que llegó a la categoría de almlrante y
luego cayó en eesgracia y fue sometido al tormento. La realizó Ju•
llano, capitán de Montel!mar, en 1492.

141
Porus, seiiur de la abundancia, nos nadó Amor, el noble hijo
mediador entre el cielo y la tierra, como atestigua Platón.
A este rey caluroso nos fue preciso hacerle reverenda, ju­
rarle obediencia y rendirle honores, porque es imperioso, rí­
gido, redondo, duro, difícil, inflexible. A él nada se le puede
hacer creer, ni demostrar, ni persuadir. De nada entiende. Y
como los egipcios decían que Harpocrás, rey del silencio, era
Astomo, es decir, que no tenía boca, Gaster fue creado sin
oídos, como Candié, por disposición de Júpiter.
No habla más que por señas, pero a sus señas todo el mun­
do obedece más de prisa que a los edictos de los pretores y
a los mandatos de los reyes. Para sus decretos ningún apla­
zamiento admite.
Diréis que cuando ruge el león tiemblan todas las bestias
de los alrededores por muy lejos que se encuentren. Esto es­
tá escrito y es verdad; yo lo he visto, pero os certifico que
al mandato del señor Gaster todo el mundo tiembla y toda
la tierra se conmueve. Dada su orden, es precisó ejecutarla
inmediatamente o morir.
El piloto nos contaba cómo un día, al ejemplo de
los miembros que conspiraban contra el vientre, como descri­
be Esopo, todo el reino de Somates conspiró contra él y juró
sustraerse a su obediencia. Pero bien pronto se arrepintió y .
volvió a someterse a su servicio con toda humildad. De otra
manera, hubiesen todos perecido de mal de hambre.
En cualquier compañía en que se encuentre no es posible
disputarle la superioridad ni la preferencia; siempre ca­
mina hacia adelante y domina sobre reyes y emperadores, y
hasta sobre el mismo Papa. En el Concilio de Basilea llegó
el primero, aun cuando os hayan dicho que el Concilio fue
sedicioso a causa de las pretensiones y de las ambiciones de
los que allí pretendían · haber llegado antes que los demás. ·
· Para servirle todo el mundo está ocupado y todo el mun­
do trabaja; así, en recompensa, él hace a todo el mundo el
bien de inventar todas las artes, todas las máquinas, todos
los oficios, todos los instrumentos y todas las utilidades. En­
seña hasta a las mismas bestias salvajes las artes que
les ocultó la Naturaleza. A los cuervos, los grajos, las coto­
rras y los estorninos, los vuelve poetas; a las urracas las hace
poetisas y les enseña a hablar y a cantar � lenguaje hu­
mano. ¡ Y todo por la paJ¡Iza!
A las águilas, los gerifaltes, los búhos, los cuervos, los al­
cotanes, los buitres, los gav],lanes, los esmerejones, los pája- -
ros salvajes, viajeros, de pfésa y trashumantes, los domestica

142
y los aprlSlona de. tal manera que, aban donándolos luego a
· la plena libertad del cielo, cuando bien le parece hasta la
altura · que quiere, cuando le paréce los tiene en suspenso
errando, volando, planeando y haciéndole la corte por enci­
ma de las nubes, y luego de repente, los hace caer desde
el cielo hasta la tierra. ¡ Y todo por la panza!
A los · elefantes, los leones, los rinocerontes, los osos, los
_caballos y los perros, los hace danzar, voltijear, combatir, na­
dar, ocultarse y traer lo que quiere que le traigan. ¡Y todo
por la - panza!
A los peces, tanto de mar como de agua dulce, las halle­
has y los monstruos marinos, les hace salir del fondo del
abismo; arroja a los lobos fuera de los bosques, a los osos
fuera de las rocas, a los . zorros fuera de la maleza y a las
serpientes fuera de la tierra en número incontable. ¡ Y todo
por la panza!
En una palabra, es tan enorme que, en 'Su rabia, se lo
come todo: bestias y gente, "como se vio entre los vascones
cuando Metelo los sitiaba en las guerras de Sertorio, como
. ocurrió con los saguntinos sitiados por Aníbal, con los judíos
s!tiados por los romanos, y en seiscientos casos parecidos. ¡ Y
todo por l a panza! . .

Cuando Penie ( la Indigencia ) , su regente, se pone en ca­


mino, por dondequiera que vaya s e cierran todos los parla­
mentos, enmudecen todos los edictos y son vanas todas las
órdenes. A ninguna ley está sujeta; está exenta de todas. To­
dos huyen de ella a tt-·' · s los rincones, exponiéndose con más
facilidad a los naufrag10s del mar, pasando mejor por el fue­
go, ; por los montes, y por los golfos, que dejarse aprehender
por ella.

CAPITULO LVIII
Cómo en la corte del maestro ingenioso, Pantagruez ·
detestó a los engasttimetras y a los gastrólatras

- Vio Pantagruel en la Corte de aquel maestro ingenioso dos


clases de gentes, presuntuosas e importunas y oficiosas, a las
que tuvo en gran abominación.
Unos se llamaban engastrimetras y otros gastrólatras. Los
primeros decían descender de la antigua raza de Eurycles, . y
en apoyo de su afirmación citaban el testimonio de Aristófa­
nes en su comedia Los tábanos o Las avispas. A causa de -

143
esto se les llamaba en la antigi.j.e dad euryclianos, como escri­
ben Platón · y Plutarco; este en su libro sobre la cesación de
los oráculos. En los santos decretos se les llama ventrílocuos;
q
· así les nombra también en lenguaje jónico Hipócrates, - por, ue
hablan con el vientre. Sófocles los llama stemomantas. · Tales
eran los adivinadores, encantadores del pobre pueblo, pues
simulaban hablar y responder a los que les interrogaban, no
con la boca, sino con el vientre.
· · Tal ocurría hacia el año 1513 de nuestro bendito Salvador
con Jacoba Rodogine, italiana, mujer de casa llana. De su
vientre hemos oído con frecuenci�J. y entendido la voz del es-·
píritu inmundo, ciertamente baja, débil y pequeña, pero
siempre bien articulada, distinta e inteligible, y suficiente pa­
ra satisfacer la curiosidad de los ricos señores y príncipes de
· Galia Cisalpina que la mandaban llamar.
Estos últimos, para borrar toda duda de . ficción y de !rau­
des ocultos, hacíanla -desnudarse por completo y le cerraban
la boca y la nariz. El espíritu maligno se hacía llamar Cres­
pelú o Cincínatulo, y parecía encontrar un gran placer al. oír
que le llamaban. Contestaba entonces a propósito. Si se le
interrogaba so!:>re los casos presentes o pasados, respondía
pertinentemente hasta causar la· admíración del auditorio. So­
bre las cosas del poi;venír mentía siempre; nunca decía
la verdad. Y con frecuencia parecía confesar su · ignorancia;
en lugar de contesta_¡:, lanzando un gran pedo o murmurando
algunas palabras ininteligibles y de terminación bárbara.
Por su parte los gastrólatras se manl::dan formados en tro­
pas y bandas alegres, simpáticos y risueños unos y 'Jtros tris- . .
tes, graves, severos y refunfuñones; todos ociosos, sin hacer
nada, sin trabajar; peso y carga inútil sobre la tierra, como
decía Hesíodo, temiendo por lo que se podía juzgar, ofender
o entristecer el viento. Por lo demás, enmascarados, disfraza­
dos y vestidos tan extrañamente, era el verlos una bella cosa.
Vosotros diréis, y muchos sabios y ancianos filósofos lo han
escrito, que la industria de la naturaleza aparece maravillosa
en la diversión, que paTcce haber tomado · para fórmar
las conchas del mar, en las que hay tantas variedades de co­
lores, de rasgos y de formas inimitables para el arte; 'yo os
aseguro que en el vestido de estos gastrólatr,as huecos, no vi­
mos menos diversidad de disfraces.
Todos tenían a Gaster por su gran Dios, le adoraban co­
mo tal y le sacrificaban como a su Dios onmipotente, no _ re�
'conociendo otro Dios que él; le servían, le amaban sobre to­
·das las cosas y honrábanle como su Dios. Hubierais dicho

144
gue fue para ellos para quienes el santo enviado escribió :
Muchos de estos son y . de ellos ya os he hablado ( os lo ·
digo aún hoy con las lágr4tlas en los ojos ) enemicros de Cris­
to y de la Cruz, cuya muerte será la consumació ·

en donde
el vientre · es Dios."·
.
Pantagruel los comparaba con el cíclope Polifemo, a qt¡ien
Eurypidés hace hablar de la manera siguiente: "Yo no sacri­
. fico más que a mí ( nada de dioses') y a mi vientre' · el más
grande de todos los dioses."

CAPITULO LIX

De la ridícula estatua llamada Manduco, y cómo


y qué cosas sr;.crificaban los gastrólatras a su dios
Ventripotente

Cuando . contemplábamos el rostro y los gestos de estos gas­


trólatras poltrones, escuchamos asombrados un notable sonido
de campanas. Todos se ordenaron en batalla, cada uno según
su oficio, grado y antiguedad. Así llegaron hasta el se­
ñor Gaster, a quien seguía un joven gordo y potentemente
ventrudo, llevando sobre un largo bastón dorado una estátua
de madera, mal tallada y toscamente pintada, como las que
describen Plauto, Juvenal y Pomponio Festus. En Lycin, por
el Carnaval, se lo llama Mascacrudo; ellos la llamaban
Manduco. Era la efigie monstruosa, ridícula, espantosa y te­
rrible para los niños, con los ojos más grandes que el vien­
tre y la cabeza más gruesa que el resto del cuerpo, con am­
plias, anchas y horribles mandíbulas, bien guarnecidas d e
dientes arriba y abajo. A estos dientes por medio de una
. cuerdecita oculta en el bastón dorado, se les hacía castañetear
horriblemente unos contra otros, como hacen en Metz con el
Dragón de San Clemente.
Me · aproximé a los gastrólatras y vi que iban seguidos d e
un. gran número de gruesos criados cargados de cestas,
de cestos, de vejigas, de potes, de bolsas y de marmitas. Ba­
. jo la dirección de Manduco cantaron no sé qué ditirambos,
crepalocomos 150 y- doxologios, abrieron sus cestas y sus mar­
mitas y le ofrecieron a su Dios:

150 Crepalocomos y doxologios: cantos báquicos y gritos del final


de los iestines.

145
Hipocrás blanco, con jibia Castrones.
.
. tierna y asada. Asaduras.
Pan blanco. Fritos de nueve clases.
Pan de miga. Pastas al plato.
Pan de canónigo. Grasientas sopas de prima.
Pan de ciudad. Sopas lionesas.
· Carbonadas de seis formas. Guisados.
Guisados .de aves. Sopas de laurel.
Lonchas de vaca asa�as y Coles con nabos y médula
salpimentadas de pimien­ de buey.
ta zanzibarina. Ropa vieja.

Y entre todo ello un brebaje eterno, precediendo al vino


blanco fresco y bueno y siguiendo al vino clarete fresco y
rojo; yo os lo digo, frío como el hielo, servido y ofrecido en
grandes tazas de plata.
Después le ofrecieron:

Morcillas caparazonadas de Chicharrones.


mostaza fina. ·Solomillos d,e jabalí.
Salchichas. Caza salada con nabos.
Buñuelos. Lomo con guisantes.
Sesos. Hígados de ave.
Salchichones. Estofados.
Lenguas de vaca ahumadas. Aceitunas en salmuera.

Y todo acompañado del brebaje sempiterno.


Después le engargantaron:

Piernas de camero con Gallos, pollos y polluelos de


ajos. Indias.
Pastas con salsas calientes. Palomas y palominos.
Costillas de cerdo con ce- Cochinillos con mostaza.
bollas. Pá tos en salsa.
Capones asados en su jugo. Mirlos cebados.
Capones cebados. Gallinas de agua.
Salmones. Ocas de agua.
Gamos y cachorros de ga- Garcetas.
mo. Cercetas.
Liebres y lebratos. Somormujos.
Perdices y perdigones. Buitres.
Faisanes y faisanzuelos. Chorlitos.
Ortegas del bosque. Codornices y codornicillas.
Abubillas con berros. Avutardas y avutardillas.
Erizos. Papahígos.
Chuletas de camero con Ginetas.

146
alcaparras. Anda-ríos:
Trozos de buev macerados.
· ·:Patos salvajes.
Pecho de terne�a. Cogujadas.
Gallinas cocidas y capones Flamencos.
cebados y preparados en Cisnes.
blanco. Grullas.
Polluelos. Cuervc¡s.
Conejos y gazapos. Francolíes.
Pavos y pavipollos. Tórtolas.
Cigüeñas y cigüeñuelas. Puercoespines.
Becadas v beéadillas. Jirafas.
Taormas. ·

Aquí muchísimo vino y luego grandes cantidades de

Pasteles de caza. Tortas de dieciséis mane-


De. alondras. ras.
De lirones. Barquillos, galletas.
De rebeco. Pasta de membrillo.
De cabritos. -·· Cuajadas.
De pichones. Nieve de crema.
De camello. Mirobalanos confitados.
De capones. Helados.
De tocino. Pastelillos.
Pies de cerdo al natural. Macarrones.
Empanadas de guisados. Tortas de veinte especies.
Empanadas de capones. Natillas.
. Quesos. Confituras secas y líquidas
Hipocrás rojo y clarete. de sesenta y ocho especies.
Ensaladas de legumbres. Gragea de cien colores.
Alcachofas. Buñuelos.
Pasteles de hojaldre. Caramelos de azúcar fino.
· Cardos.

Mucho vino a cada paso, por temor a las espinas. Y mu­


chos asados.

CAPITULO LX

Cómo en los días de ayuno engrasados sacrifican


los gastrólatras a su Dios

Observando aquel conjunto de sacrificadores y aquella


multiplicidad de sacrificios, Pantagruel se cansó y se hubiera

147
retirado si Epistemon no le rogara que viésemos el fin de
aquella farsa.
-¿,Qué sacrifican estos pillos a su Dios ventripotente en lC?s
días de ayuno engrasados? -dijo.
-Yo os lo diré -repuso el piloto-. Como entrada de mesa
le ofrecen:
. .

Caviar. Anchoas.
Botargas. Atún.
Manteca fresca. Coles · en aceite.
Puré de guisantes. Salpicón de habas.
Espinacas. Salmones salados.
Arenques blancos ahumados. Anguilillas saladas.
Arenques rojos. Ostras en su concha.
Sardinas.

Cien diversas ensaladas, de berros, de lúpulo, de cojones .


de obispo, de reciponche, de orejas de Judas ( que ·SOn una
e$pecie de hongos que se crían en la madre. del vinagre ) ,
d e espárragos, d e madreselva, etc., etc. .
Luego le es preciso beber, o el diablo se lo llevaría; dan
buenas órdenes para que nada falte, y le ofrecen a continua­
ción:

Lampreas con salsa de hi­ Cacerolas.


pocrás. Esturiones.
Peces del Mediterráneo. Ballenas.
Truchas. Carpas.
Barbos. Doncellas.
Barbillas. Ostras fritas.
Almejas. Langostas.
Almejillas . . Espirenques salados.
Rayas. Ortigas de mar.
Latijas. Tencas.
Sombras. Pulpos.
Pajeles. Meros.
Panchos. Cangrejos.
Lenguados. Sollos.
Moluscos. Atuncillos.
Cabrajos. Graciosos señores 151.•
Dardos.
Emperadores. Congrios.
Angeles del mar. Lapas.

151 Graciosos señores: llevaban este nombre unos pescados de agua


salada, �a¡ vez moluscos, muy delicados y . muy poco conocidos. .

. 148
Lampreones. Lubinas.
Lancerones. Sábalos.
Sollones. Murenas.
Carpones. Granadillas.
Carpitas. Rodaballos.
' Salmones. Merluza fresca.
Salmonetes. Merluza seca.
Delfines. . Anguilas.
Truchas asalmonadas. Anguiletas.
Perros de mar. Tortugas.
Esquinas; Serpientes, id est, anguilas
Ripas. de los bosques.
Molineros. Doradas;
Cangrejos de mar. Gallos.
Almejones. Lochas.
Cangrejones. . Caracoles.
Caballos de mar. Ranas.

Si devoradas estas viandas no bebía, la muerte lo acecha­


ba a dos · pasos, por lo que se cuidaban de que lo -hiciera
bien. Después le . sacrificaban merluzas saladas.
Stoficados 152 . •

· Huevos fritos, perdidos, escalfados, cocidos, asados en las


cenizas, arrojados por la chimenea, desbarbados, guarnecidos,
etcétera.

Almejas. Anchoas.
M ariposas. Esturiones de mar.
'

Para digerir esto fácihnente, se multiplicaba el vino. Para


postres le ofrecían :

Arroz. Pistachos.
Mijo. Higos chumbos.
Higos. Cerezas;
Uvas. Pasteles de mijo.
Harina de avena. Dátiles.
Harina de trigo. Nueces.
Nieve de manteca. Avellanas.
Manteca de almendras. Partinacas.
Ciruelas. Alcachofas.

152 ·stoticatlos: palabra compuesta por el autor, derivada · de stokjizch.


el bacalao seco de Alemania. Como esta salazón se conservaba sin
cabeza. creen que Rabelals ·aludió con esta palabra a los �excomulgados.

149
Y perennidad en el beber ante todo.
Creed que de entre ellos no había uno que no festejara a
su Dios Gaster y así se veía preciosamente y en abundancia
servido en sus sacrificios, más aún . que el ídolo de Heliogá­
balo y aun . que el ídolo Bel en Babilonia en tiempos del
rey Baltasar.
No obstante, Gaster confesaba no ser un dios, sino una vil,
pobre y desdichada criatura. Y como el rey Antígono, prime­
ro de este nombre, contestó a un tal Hermodotus ( que en
sus poesías le llamaba Dios, hijo del Sol ) , diciendo : "Iv!i la­
sanóforó lo niega" ( el lasanóforo era un recipiente de barro,
destinado a recoger los excrementos del vientre ) , así Gaster
enviaba a aquellos imbéciles a que vieran, considerasen y fi­
losofasen ante su silla perforada la divinidad que podían · en-
_contrar en su materia fecal.

CAPITULO LXI

Cómo Gaster inventó los medios de obtener


y conservar el grano

Una vez que aquellos diablos de gastrólatas se hubieron


retirado, Pantagruel se puso a estudiar atentamente la obra
de Gaster, el noble maestro de las artes. Ya sabéis que el
pan, por institución de la naturaleza, con todos sus atributos
le ha sido adjudicado en provisión y alimento con la bendi­
ción del cielo de que nada le faltaría para producirlo
y guardarlo . .
Desde el principio inventó la agricultura para cultivar la
tierra a fin de que le produjera el grano. Inventó el arte
militar y las armas para defender el grano; la medicina y · la .
astrología, con las matemáticas necesarias, para guardar el
grano durante muchos siglos y ponerlo fuera del alcance d e
las calamidades del aire, de las rapiñas d e las bestias salva­
jes y de los latrocinios de los 'bandidos.· Inventó los molinos
d e agua, de viento, de brazo y mil . otras máquinas para mo­
ler el grano y convertirlo en harina; la levadura para fer­
mentar la pasta; la sal para darle sabor ( porque reconoció
que ninguna cosa en el mundo causaba a los humanos más
.enfermedades que el · pan sin fermentar y sin salar ) ; el fuego
'para cocerlo; los relojes y los cuadrantes para determinar el
tiempo necesario para la cocción del pan, criahtra del grano.
Cuando sucedió que el grano faltaba en el - país, inventó

150
el arte y el medio de llevarlo de una comarca a otra. Por.
una gran invención mezcló dos especies ele animales, asnos v
yeguas, para producir una tercera que llamamos mula besti�
más poderosa, menos delicada y más dura para l a la or queb
- las otras. Inventó carros y carretas para transportarlo cómoda­
mente y después para hacerlo venir por el mar y por los
ríos de las naciones bárbaras y lejanas; inventó las galeras,
. los bajeles y los navíos que han dominado los elementos.
Ocurre desde hace algunos años que la tierra cultivada no
suele tener agua con oportunidad y sazón; así el grano se
queda en el suelo muerto y perdido. Otros años la lluvia es
excesiva y ahoga el grano. Otros años el granizo lo destroza,
los vientos lo desgranan, la tempestad lo revuelca. Y ya an­
tes de nuestra llegada había inventado el arte y el medio
de evocar la lluvia de los cielos, cortando solamente en las
praderas una hierba común, conocida, sin embargo, de pocas
gentes, que nos enseñó. Nos aseguró que bastaba con una
sola rama, arrojada antiguamente por el Pontífice jovial en
la fuente agria sobre el mone Liciano en Arcadia, en tiem­
pos de sequedad, pues exhalaba unos vapores; esos vapores
formaban grandes nubes y después se disolvían en llu­
vias. Toda la región quedaba regada a placer.
Inventó' el arte y el medio de suspender y detener la llu­
via en el aire y hacerla caer sobre el mar.
Inventó el arte y el medio de anular el granizo, de su­
primir los vientos y declinar la tempestad según la manera
prácticada entre los metanensianos de Trecenia.
Pero acaeció otro infortu;Iio : los pillos y los ladrones roba­
ban en los campos el grano y el pan. Inventó el arte de·
construir en las ciudades Toralezas y castillos para encerrar­
los y conservarlos en seguridad.
Ocurrió que no encontrando pan en los campos, supo que
estaba encerrado en las villas, castillos y fortalezas y mejor
defendido y guardado por los habitantes, que Io· estuvieron
por los dragones las manzanas de oro de las Hespérides. En­
tonces inventó el medio y el arte de abatir y demoler for­
talezas y castillos con máquinas de guerra, tales como arie­
tes, ballestas y catapultas; nos enseñó la forma mal compren­
dida por los ingenieros y arquitectos discípulos de Vitruvio,
como nos ha confesado · el señor Filibe1to de Lorme, gran ar­
quitecto del rey de Megisto 1 53,
.
Estas máquinas, cuando no han sido de ningún provecho
153 El rey megista. Alude a Enrique Ii, en cuyo reinado se nombró
a F!l!berto de Lonne Intendente de la Marina, y también lo fue con
Francisco II y con Carlos IX.

151
por la maligna sutilidad y la sutilidad maligna de las forti­
ficaciones, fueron reemplazadas recientemene por los cañones,
las serpentinas, las culebrinas, bombardas y basiliscos que
lanzaban balas de hierro, de plomo y de bronce, pesadas co­
mo gruesos yunques, mediante · una pólvora horrible de la
que se ha asustado la propia naturaleza, y se ha declarado
vencida por el arte, despreciando el uso de los oxidtácidos,
que a fuerza de pólvoras, truenos, granizos, relámpagos
y tempestades, batían y mataban repentinamente a sus ene­
migos en el campo de batalla. Porque es más horrible, es­
pantoso y diabólico cuanto más gente asesina, rompe, destro­
za y mata y más aturde los sentidos de los hombres; con
un disparo de basilisco destruye más murallas que destiuirían
cien rayos.

CAPITULO LXII

Cómo Gaster inventó el medio de no ser tocado


ni herido por los disparos de cañón

Sucedió que Gaster, al retirar el grano a· las fortalezas, se


vio asaltado por sus enemigos y vio demolidos sus castillos
por esta tres veces malvada e infernal máquina, y su pan,
depredado y saqúeado por. esta fuerza titánica. Entonces in­
ventó el arte y el medio no·· de proteger con tales cañones
sus baluartes, bastiones, murallas y defensas, sino de impedir
que las· balas los tocasen, o si no podían quedar quietas en
el aire · y los tocaban, que no hiriesen a los defensores ni · a
las defensas.
Contra este inconvenie�te había tomado una buena precau­
ción; nos enseñó el ensayo. Fronton 15� la na usado después
y hoy es de uso común entre los pa�atiempos y honestos ejer­
cicios de los telemitas.
El ensayo era así ( sin embargo, creed más fác:ilri:!ente lo
. que Plutarco asegura haber experimentado. Si un rebaño de
cabras huY.e y corre, con presteza colocad una brizna de car­
do .en la garganta de una de las últimas; todas se pararán
de repente ) : .

En un cañoncillo de bronce, sobre la póvora de cañón cu­


riosamente compuesta, desembarazada de su azufre y mezcla- ·

15 4 Fronton Alude probablemente a Sectus Julius Frontinus, autor


del tratado Stratagemas militares. En todo este capítulo, Rabelals se ·
.

burla de la credulidad de Plutarco y de los prejuicios de la antigüedad.

152
da convenientemente con alcanfor fino, ponía una b�ita de
hierro bien calibrada y veinticuatro grageas del mismo metal,.
unas- redondas y esféricas, y las otras en forma de lágrimas.
Después, habiendo visto a una distancia de sesenta pasos, co­
m o punto de mira, uno de sus jÓvenes pajes, como si quisiera
tirarle al estómago, en medio del camino entre el paje · y el
cañón en línea derecha, suspendió de uria cuerda, atada a
una traviesa de madera, una gruesa piedra sideral, es decir
de las llamadas herculianas, antiguamente encontradas e�
Ida en el país de Frigia, por un tal Magno, como atestigua
Nicandro. Nosotros la llamamos vulgarmente imáp.
A continuación daba fuego al cañón por la boca de la
pólvora; consumida esta, sucedía que, para evitar el vacío,
qu_e no es tolerado por la Naturaleza ( la máquina del Uni­
verso· del cielo, del aire, de la tierra y del mar, quedaría
en el instante reducida al antiguo caos ) , la bala y las gra­
geas eran impetuosamente arrojadas por la boca del cañón
·a fin de que el aire penetrase en la cámara de este, que de
otro modo hubiera quedado vacío al ser consumida la pól­
vora. por el fuego.
La l:¡ala y las grageas, al ser así violentamente lanzadas,
parece que debían ir a matar al paje; pero en el momen­
to de acercarse a dicha piedra, perdían su impetuosidad y · ·
·

quedaban en el aire flotantes y tumantes alrededor de la


ptedra, y por muy violentas que fueran, nin¡,'Una llegaba has­
ta el paje.
Pero, además, inventó el arte y la manera de hacer retro­
ceder las balas contra el enemigo con la misma furia y pe­
ligro que si hubiesen sido lanzadas hacia adelante. · No en­
contró la cosa difícil, puesto que la yerba llamada ethiopis
abre todas las cerraduras que se le presenten, y que la ré­
mora, pececillo despreciable, detiene contra todos los vienlos
y retiene en pleno huracán los más fuertes navíos que cru­
zan el mar, y la carne de este pescado conservada en sal,
atrae el oro del fondo de los pozos aun cuando sean tan
profundos que no se los pueda sondar.
. Demócrito lo ha escrito y Teofrasto lo ha probado. Existe
una yerba por cuyo solo contacto un gran clavo de hierro,
profunda y violentamente incrustado en una madera gruesa
y dura, sale inmediatamente. De esta yerba usan los pico­
verdes cuando con algún hierro se obstruye la entrada dE
sus nidos, que tienen costumbre "de hacer labrar industriosa­
mente en el tronco de los árboles más fuertes.
Si los ciervos y los corzos heridos profundamente por dar-

153
dos, flechas o clavos, encuentran la yerba llamada díctame,
frecuente en Candía, y comen un poco, de repente las fle­
chas salen por su� heridas sin que les quede ningún mal.
Así curó Venus a su bien amado hijo Eneas, herido en el
muslo derecho por una flecha que le disparó la hermana de
Turnus, Yutuma.
Atendiendo a que solo por el olor que exhalan los lau­
reles y las higueras, el rayo se desvía y jamás les llega;
atendiendo que al solo a�1Jecto de un cordero, los elefantes
rabiosos recobran su buen sentido; los toros furiosos y enar­
decidos se acercan a las higueras salvajes llamadas caprífi­
cas y se detienen y quedan como asustados e ín:móviles; y
la furia de las víboras se acaba al contacto de una rama de
fresno.
Atendiendo asimhmo a que en la isla de Samos, antes
que el templo de Juno fuese construido, Euforión escribió ha­
ber visto las bestias llamadas Neades, a cuya sola voz la tie­
rra hendíase en abismos. Atendiendo igualmente a que el
saúco crece más cantarín y más apto para construir flautas
en los países en donde no se ha oído el canto de los ga- _

llos; como escriben los sabios antiguos, según Teofrasto, co­


mo sí el canto de los gallos entorpeciera, ablandara y asom­
brara la materia y la madera del saúco; a que este canto
igualmente escuchado, ·el león se anima de una gran fuerza
y queda luego asombrado y consternado.
Yo sé que otros han hablado también del saúco salvaje
procedente de los lugares lejanos de las villas y de las ciu­
dades y criado en donde el canto de los gallos no ha sido
oído; este, sin duda, debe ser preferido para las flautas y
demás instrumentos de música y preferido al saúco doméstico
que crece junto a las casas y majadas.
Otros lo han oído de una manera más alta, no según la
letra, sino alegóricamente al uso de los pitagóricos. Así es co­
mo cuando se ha dicho que la estatua de Mercurio no debe
ser hecha indiferentemente de cualquier madera; con ello
quieren decir que Dios no debe ser adorado de una ma­
nera vulgar, sino religiosamente.
En esta sentencia nos enseñan que las gentes prudentes
y estudiosas no deben entregarse a la música trivial y vul­
gar, sino a la música celeste, divina, angélica, más oculta y
traída de más lejos; es decir, de una región en donde no
se escuche el canto del gallo. Porque queriendo imitar algún
lu¡¡ar desieíto o poco frecuentado decimos que en él jamás
se ha oído cantar al gallo.

154
CAPITULO LXIII
Cómo cerca de la isla. de Canepa soñó Pantagruel,
y los problemas planteados en su sueño

Llegamos al día siguiente, continuando nuestra ruta, a 1a


isla de Canepa. El navío de Pantagruel no pudo abordarla
porque nos faltó el viento y quedó el mar en calma. Bogá­
bamos muy lentamente, yendo de estribor a babor y de ba­
bor a estribor, sin que de nada nos sirvieran las velas.
Estábamos todos pensativos, matagrobelizados, tristes y
disgustados, sin cruzar la palabra unos con otros. Pantagruel
dormitaba sobre un transportín al lado de las escotillas, te­
niendo en las manos un Heliodoro griego. Tal era su cos­
. tumbre: dormía mucho mejor sobre el libro que sobre el co­
razón. Epistemon, con su astrolabio miraba en qué latitud nos
encontrábamos. El hermano Juan se había marchado a la co­
cina y en la marcha de los asadores y en el horóscopo de
los guisados, miraba qué hora podía ser.
Panurgo, con la lengua en un tubo de Pantagruelión, ha­
cía burbujas y gárgaras. Gimnasta, tajaba limpiadientes d e
lentisco. Ponócrates, . soñando soñaba, s e hacía cosquillas para
producirse risa y- se rascaba la cabeza cori un dedo; Carpa­
lim, con una cáscara de nuez, hacía un bello, alegre, peque­
ño y armonioso molinete, y le puso de alas cuatro bellas y
pequeñas tablitas de álamo. Eustenes, tocaba con los dedos
sobre una larga culebrina como si fuese un monocordio. Ri­
zotomo, se componía una escarcela con el caparazón de una
tortuga terrestre. Xeromanes, con unas alas de halcón, compo­
nía una vieja linterna. Nuestro piloto les tiraba · de la nariz
a sus marineros.
El hermano Juan, al volver de la cocina, vio - que Panta­
gruel había despertado.
Rompiendo entonces el tan obstinado silencio, en alta ·:voz
y con gran alegría de espíritu, pidió una manera de pasar el
· tiempo con calma. Panurgo preguntó el remedio contra la có­
lera. Epistemon, entre burlas, preguntó la manera de orinar
cuando la persona lo necesite. Gimnasta, levantándose, solici­
taba un remedio contra el desvanecimiento de la vista. Ponó­
crates, después de haberse frotado la frente y sacudido las
orejas, ¡r,reguntó la manera de no dormir como los perros.
-Esperad -dijo Pantagruel-. Los sutiles filósofos peripaté­
. ticos nos enseñan que todos los problemas, todas las cuestio­
nes, todas las dudas propuestas, deben · ser ciertas, claras e
inteligibles. ¿Qué entendéis por dormir como los perros?

155
-Pues es -contestó Ponócrates- doí:mir en ayunas y a - ple-·

no sol, como los perros hacen.


Rizotomo se había ido a la popa; levantó la cabeza y bos­
tezó profundamente, con lo que por simpatía natural excitó a
todos sus compañeros a bostezar de igual modo, y entonces
preguntó el remedio contra las oscilaciones y los bostezos.
Xenomanes, tan flaco como su linterna, preguntó la mane­
ra de · equilibrar y de balancear la cornamusa del estómago
con el fin de que no cuelgue más de un lado que del otro.
Carpalirn, moviendo su molinete, preguntó cuáles son los
movimientos que en una persona preceden al hambre.
Eustenes, al oír el ruido, acudió a la cubierta, y desde el
cabrestante preguntó por qué el hombre está en mayor peli- .
gro de muerte cuando ha sido mordido en ayunas por . una
serpiente en ayunas, que cuando el hombre y la serpiente
están hartos, y por qué la saliva del hombre en ayunas es
venenosa para la serpiente y para todos los demás animales
venenosos.
-Amigos -contestó Pantagruel-, a todas las dudas y cues­
tiones propuestas por vosotros conviene una sola solución, y a
todos esos síntomas y accidentes conviene una sola medicina."
La respuesta os será expuesta prontamente, no con largos am­
bages y palabras; el estómago hambriento no tiene oídos; no .
oye gota. Por signos, gestos y efectos seréis satisfechos y que­
daréis contentos.
"Antiguamente, en Roma, Tarquina, el Soberbio, último rey
de los romanos -al decir esto Pantagruel tocó la cuerda de
la campana y el hermano Juan corrió a la cocina-, contestó
por signos a su hijo Sell.i:o Tarquina, entonces en la Villa de
los Gabinqs, adonde le había enviado un mensajero para sa­
ber cómo podría dominar a· estos y reducirlos a perfecta
obediencia. El rey, desconfiando de la fidelidad del mensa­
jero, nada le contestó; únicamente lo llevó a su jardín secre­
to y a su .vista y en su presencia cortó con su espada las
cabezas altas de las plantas que había allí. El mensajero, al
volver sin respuesta y contar al hijo lo que haoía visto ha­
cer al padre, comprendió fácilmente qué por tales signos le
aconsejaba que cortara la cabeza a los principales de la ciu-·
dad para mantener en la obediencia al resto de la pobla­
ción 1 55 .

155 Esto inismo consignan a la vez la tradición y la leyenda sobre


la Campana de Huesca, y 'también lo acoge en su Crónica Cánovas
del Castillo. Aquí el que corta la cabeza de las plantas más altas es
el monje Fortuño.

156
CAPITULO LXIV

Cómo Pantagrttel no contestó a los problemas


propuestos

-¿Qué gentes habitan en · esta isla de perros? -preguntó en


seguida Pantagruel.
-Todos son hipócritas -contestó Xenomanes-, rezadores,
mojigatos, beatos y eremitas. Todas estas pobres gentes vi­
ven como el ermitaño de Lormon, entre Blaye y Bordeaux,
de las limosnas que les dan los viajeros.
-Pues no voy -dijo Panurgo-; · os lo certifico. Si voy, que
el diablo me sople en el culo. Ermitaños, beatos, mojigatos,
hipócritas de todos los diablos : ¡ Quitaos de ahí! Todavía mé
acuerdo de nuestros gordos concilipetas de Chesil; sería pre­
ciso que B elcebú y Astaroth les hubiesen aconsejado con
Proserpina, dado las tempesades y diablerías que a su vista
sufrí. Escucha, gordifloncillo, mi caporal Xenomanes, por fa­
vor. Estos hipócritas ermitaños, marmitones, que viven aquí,
¿son vírgenes o casados? ¿Hay aquí género femenino? ¿Po­
dríamos hacer aquí hipocríticamente el pequeño cuento hipo-
. · crítico?

-Verdaderamente -dijo Pantagruel-. He aquí una bella y


alegre pregunta.
-Sí por cierto -contestó Xenomanes-. Hay bellas hipócri­
tas, ermitañas, mojigatas, mujeres de gran religión, y abundan­
cia de pequefios hipocritones, mojigatones y eremitones .
-Añadid -dijo . el hermano Juan interrumpiendo-, joven
. ermitaño, viejo diablo. Registrad este proverbio auténtico.
-Sin otra multiplicación de líneas, la isla de Canepa hu­
biera quedado desierta y desolada desde hace mucho tiempo.·
Por medio de Gimnasta, Pantagruel les envió su limosna
en un · esquife. Setenta y ocho mil bellos y pequeños medios
· escudos a la linterna. . Después preguntó :
...:..¿Qué hora es?
-Más de las nueve -repuso Epistemon.
-Es la hora justa de comer -dijo Pantagruel-, porque la
sagrada línea celebrada por Aristófanes en su comedia intitu­
lada Los predicantes, se acerca; llega cuando la sombra tie­
ne dos pies de larga. Entre los persas, antiguamente la hora
de comer estaba únicamente prescrita para los reyes; a todos
los demás el apetito y el vientre les servían de reloj. Así,
en Plauto, cierto parásito se queja y detesta furiosamente a
los inventores de relojes y cuadrantes, haciendo notar que no-

157
hay reloj más exacto que el vient¡e 156. Diógenes, cuando se
le preguntaba a qué hora debía comer el ho-!Ilbre, contestab a :
"El rico cuando tenga hambre; el pobre, cuando tenga
el qué." Más propiamente, los médicos dicen que la hora ca­
· nónica es;

Levantarse a las cinco, comer a las nueve.


Cenar a las cinco, acostarse a las nueve.

La magia del célebre rey Petosiris 157 era bien distinta.


Aún no había concluido de pronunciar esta palabra, cuan­
do los oficiales de boca prepararon las mesas y los asientos
con los manteles olorosos, platos, servilletas y saleros; trajee
ron tanques, vasos, frascos, tazas, jarros, fuentes y cántaros.
Con ayuda de los jefes de comedor, de los servidores, de
los panaderos, de los escanciadores, de los trinchadores, de
los sumilleres y de los pinches, el hermano Juan trajo cuatro
horroríficos. pasteles de jamón tan grandes, que me recorda"
ban las cuatro mlirallas de Turin.
¡ Verdadero Dios, qué bien se comió y se bebió! No había­
mos llegado todavía a los postres, cuando el viento del Nor­
oeste comenzó a inflar las velas de todos los mástiles. En­
tonces todos cantaron d�yersos cánticos en alabanza del Altí­
simo Dios de los cielos.
Al final, Pantagruel preguntó:
-Avisad, amigos, si vuestras dudas están completamente_
resueltas.
-Yo ya no bostezo, a Dios gracias -dijo Rizotomo.
-Yo ya no duermo como los perros -dijo Ponócrates.
-A mí ya no se me desvanece la vista -dijo Gimnasta.
-Yci ya no estoy en ayunas -dijo Eustenes-. Por todo el
día estarán en seguridad contra mi saliva los

Aspics. Catoblepos.
Anphisbenes. Culebras cornudas.
Anerodotos. Canquemares.
Abedeninones. Perros rabiosos.
Alartras. Colotes;

156 Se refiere R.abelals a la comedia de Plauto La joven violada dos


veces._ El que as! habla es el Parásito, y el parlamento entero esté.
traducido literalmente en la novele. arqueológica de quien esto es­
,crlbe, que se titula Syncerasot el Parásito. Madrid, 1908.
· 157 Petosiris, personaje creado por Juvenal, no era rey, sino filósofo,
r ordenaba todas sus cosas, Incluso la. comida, por la. posición de
· los astros.

158
Ammoleates. Cyquiorides .
Apimaos. Caphezates.
Alatrabanos. Jajuares;
Aractes. · Culebras.
Asterías. Vivoreznas.
Alcharates. Serpientes acuáticas.
Arges. Falanges.
Arañas. Cherpsidras.
Ascalabres. Cenchrines.
· Atelabes. Dipsades.
Ascalabotes. Domeses.
Aemorroidés serpentinas. Idrynadas.
Basiliscos. S erpientes purpurinas.
' Comadrejas de agua. Arañas venenosas.
Víboras de agua. Penphredones.
1Boas. Oruga de los pinos.
Buprestes. Rutelas.
Drynades. Ragiones .
Dragones. Raganas .
Elopes. Salamandras.
Faunesas. Scytalos.
Galeotes. Steliones.
Handones. Escorpiones de mar.
Harrnenes. Spadones.
Icles. Solífugos.
Femarias. Luciones.
' Ilicinos. Manticoras.
Icheumones. Moluras.
Kesuduros. Camelinas.
Liebres meninas. Musarañas.
Lagartos calcídicos. Mil-pies.
Myopes. Megalunas.
Boas. Hormigas solífugas
Cínifes. Spedones.
Cantáridas. Sabtinos.
Orugas. Escolopendras.
Cocodrilos. Tarántulas.
Sapos. 158

158 Este catálogo de zoología, entomología, etc., esta tomado de


Pllnlo. Muchos de !os seres que nombra son completamente fantásticos,
y de otro •e ha perdido la Idea, hasta el extremo de que para sus
nombres no se encuentra una traducción adecuada.

159
CAPITULO LXV

Cómo Pantagruel pasaba el tiempo con sus


domésticos

-Decidme : �.en qué jerarquía de animales venenosos colo­


cáis a la futura mujer de Panurgo? -preguntó el hermano
Juan:
-¿Y eres tú quien habla mal de las mujeres, monje glotón,
culo pelado? -respondió Panurgo.
-Eurípides escribe -dijo Epistemon- y Andrómaca declara
que contra todas estas bestias venenosas se ha encontrado por
la invención de los hombres y la instrucción de los dioses,
un remedio aprovechable. Pero nada se ha encontrado hasta­
el presente contra la mala mujer.
-Ese fatuo de Eurípides -dijo Panurgo- siempre ha­
. bla mal de las mujeres. Así, por venganza divina, fue comi­
do por los perros, como le reprocha Aristófanes. Prosigamos.
¿Quién quiere hablar?
-Ahora yo lo que haría sería orinar -dijo .Epistemon.
-Pues yo en este momento tengo mi estómago perfectamen-
te guarnecido -dijo Xenomanes-. No me cuelga más de un
lado que de otro.
- ¡ No me falta ni pan ni vino; treguas al hambre, treguas
a la sed! -dijo Carpalim.
·

-Yo no estoy disgustado -dijo Panurgo-; gracias a Dios y


a vosotros. Estoy alegre como un lorito, regocijado como un
halcón, feliz como una mariposa. Verdaderamente, así está es­
crito por vuestro bello Eurípides, y Sileno, memorable bebe­
dor, . lo ha dicho :

Loco es y de buen sentido no goza


quien bebe y no se alboroza.

"Sin falta debemos alab.ar bien al buen Dios, nuestro


Creador, Salvador y Conservador, que con este buen pan, con
este vino fresco y bueno, co:.t estos buenos manjares nos cura
de tantas perturbaciones del cuerpo y del alma y nos da el
placer y la voluptuosidad que sentimos al beber y al comer. ·
Pero no contestáis a la pregunta: del hermano Juan, que os
. ha dicho : "¿Cuál es la manera de pasar el tiempo?" .
-Puesto que os contentáis con esta ligera solución de · las
dudas propuestas -dijo Pantagruel-, así . hago yo. Por lo de­
más, y en otra ocasión diremos más cosas, si bien os parece.

160
Solo queda resolver lo que el hermano Juan ha propuesto :
"¿Cuál es la manera de pasar el tiempo?" . ·

-¿No lo hemos pasado a gusto? ¿Veis la gavia de la po­


pa? Oíd los ·silbidos de las velas. Ved la fuerza de las grúas
y de las escotillas. Mientras vaciamos las tazas, el tiempo,
. por oculta simpatía de la Naturaleza, pasó parecidamente. Así
lo pasaron Atlas y Hércules, si creéis a los sabios mitológicos.
Pero lo pasaron poco más que a medias; Atlas, para festejar
más alegremente a Hércules, su huésped; Hércules, por la
sed precedente que había pasado en los desiertos de Libia . . .
-Verdaderamente -dijo el hermano Juan, interrumpien­
do la conversación-, yo he oído decir a muchos venerables
doctores que Tirelupin, sumiller de vuestro buen padre, po­
ne de costado anualmente más de ochocientas pintas de vino
para hacer beber a los visitantes y a los domésticos antes
que tengan sed.
-Los camellos y los dromedarios de la caravana be-
-ben por ·la sed pasada, por la sed presente y por la sed del
porvenir -dijo Pantagruel-; así hacía Hércules. De esta ma­
nera, por este excesivo cambio de tiempo, advierten en el cie­
lo un nuevo movimiento de trepidaéión, muy controvertido y
debatido por los locos astrólogos.
-Esto es -dijo Panurgo-, lo que dice el proverbio común:

El mal tiempo pasa y se convierte en bueno


cuando se trinca alrededor de un buen ¡amán.

· -Y no solamente -dijo Pantagruel- comiendo y bebiendo


así hemos pasado nosotros el tiempo, sino que hemos descar­
gado g¡andemente el navío, no a la manera como fue des­
cargada la cesta de Esopo, es decir, vaciando las vituallás,
sino emancipándonos del ayuno, porque así como el cuerpo
es más pesado cuando está muerto que cuando está vivo, el
hombre en ayunas pesa más que cuando está harto. Y no di­
cen mal los que, en viaje desde por la mañana, beben y
comen, y luego dicen: "Nuestros -eaballos marcharán mejor."
· "Vosotros no sabéis, sin duda, que antiguamente los ami­
deos, sobre todos los dioses, reverenciaban y adoraban al no­
ble padre Baco, y muy ' justamente lo llamaban Psila, que en
.
lengua dórica significa alas; pues lo mismo que los pájaros
con ayuda de sus . alas vuelan en alto y_ ligeramente, con la
ayuda de Baco ( esto es, · del ouen vino fresco y delicioso ) ,
los espíritus de los hombres han elevado sus cuerpos, s e ha- _
cen más ligeros, y lo que había en ellos de terrestre se vuel­
ve ingrávido.

161
CAPITULO LXVI

Cómo cerca de la isla de Ganavin, por orden de


Pantagruel,_ ·fueron saludadas las musas

Favorecíamos el buen viento y con él seguían nuestras ale­


gres conversaciones. Pantagruel percibió y examinó a lo lejós
una tierra montuosa; se la enseñó a Xenomanes y preguntó:
-¿Veis allí delante, a babor, ese alto peñasco de dos gru-'
pas que tanto s e parece al monte Parnaso en Fócida?
-Muy bien -contestó Xenomanes-. Es la isla de Ganvin.
¿,Queréis descender en ,ella?
�No -contestó Pantagruel.
-Hacéis bien -replicó Xenomanes-. No hay allí ninguna
cosa digna de ser vista. Sus pobladores · son todos bandidos y
ladrones. Sin 'embargo, hacia esta grupa derecha está la más ·
bella fuente del mundo; y, alrededor, un bosque inuy
grande.
-Eso -dijo Panurgo- está bien doctamente hablado, ¡ ah,
ah, ah! Jamás descendamos en tierras de ladrones y bandidos.
Yo os aseguro que así es esta tierra; · así, en otras ocasiones
he visto las islas de Cerq y Herm entre la Bretaña y la 'In­
glaterra; tales como la . Ponerople de Filipo en Tracia; islas
de maleantes, de ladrones, de bandidos y de asesinos, todos
extraídos de los fosos bajos de la Conserjería. No descenda­
mos, pues, yo os lo ruego. Creed, si no a mí, por lo menos
al prudente consejo de este buen Xenomanes. Son, por la
muerte de un buey de madera, peores que los caníbales. Nos
comerán vivos. No descendáis, por favor. Más os valdría des�
cender en el averno. Escuchad, yo oigo por Dios, el veneno
horrorífico, como aquel que antiguamente los gascones borde�
leses tenían costumbre de preparar contra los recaudadores y
los comisarios. Las orejas me cornean. Prosigamos nuestro ca­
mino, ¡ vamos!, ¡más adelante!
-Descended aquí -dijo el hermano Juan-, descended. Va­
mos, vamos, vamos a escape. No ha de faltarnos albergue.
Vamos y entremos a saco. Descendamos.
- ¡ Que el diablo te tenga de su mano! -dijo Panurgo-. Es­
te diablo de monje, este monje del diablo rabioso, a nada
teme. Es despreocupado como todos los diablos y no se cúi­
da de los demás. Cree que todo el mundo es monje como él:,
-Anda, ladrón verde -contestó el hermano Juan-, vete a
todos ,los millones de diablos. Que te disequen el cerebro .Y
t e l o corten e n pedazos. Este diablo d e loco e s tan cobarde

162
y tan ma!vado, que a todas horas se caga de m ála rabia · de
miedo. Si estás tan consternado de vano pavor, no desciend as
quédate _aquí con los equipajes o ve a esconderte entre la�
faldas · de Proserpina al través de todos los millones de
diablos.
Al oír estas palabras, Panurgo se eclipsó de la compañía y
se ocultó abajo, en la bodega, entre los desperdicios de la
comida y los salvados del pan. .
-Yo siento en mi alma -dijo Paritagruel- una intuición ur­
gente, como una voz escuchada de lejos, que me dice que
no debemos descend(jr. Siempre que en mi espíritu sentí un
tal movimiento, tuve suerte al seguir su inspiración. De ello
jamás he tenido que arrepentirme.
-Eso es -dijo Epistemon-, como el demonio de Sócrates,
tan célebre
- entre los académicos.
-Escuchad, pues -dijo el hermano Juan-, mientras los re­
fueros baten el agua, Panurgo, allí abajo, imita al lobo en
la majada. ¿Queréis reír? Haced que den fuego a ese basilis­
co de junto al castillejo para saludar a las musas de este
monte antipamaso. Así cómo así, la pólvora se nos está es-
tropeando. .
-Bien -dijo Pantagruel-. Haced venir al maestro bombar­
dero.
Así se hizo prontamente. Pantagruel le . mandó d� fuego
al basilisco y recargarlo a todo evento de pólvora fresca.
Hecho esto, los bombarderos de otros bajeles, navíos, ga­
leones y galeras de cónvoy, a la primera descarga del basi­
lisco · del navío de Pantagruel dieron fuego a cada una de
·
sus piezas de artillería. Creed que se armó allí un bello es­
trépito.

CAPITULO LXVII

Cómo Panurgo se caga de miedo del enorme gato


Rodilardus, a quien tomó por el diablo

Igual que un macho cabrío asustado, Panurgo salió en ca­


misa del pañol, con las calzas caídas en las piernas y la
barba salpicada de migajas de pan, llevando en las manos
-t:n enorme- gato de pelo sedoso. Moviendo lós· labios como
un mono que se busca piojos en la cabeza, temblando y cas­
tañeteando los dientes, se dirigió al hermano Juan, sentado
sobre un calabrote en estribor, y le rogó que le tuviera coro-

163
pas10n y le amparase con su espada, afirmándole y jurándole
sobre su parte de Papimania que acababa de ver a todos los
diablos desencadenados.
-Mira, amigo mío -decía-, hermano mío, padre mío espi­
ritual, todos los diablos están hoy aquí de boda; jamás se ha
visto tal preparativo de banquete infernal. ¿Es la humareda
de las cocinas del infierno? -al decir esto señalaba el humo
de los cañonazos de los bajeles-. Jamás has visto tantas al­
mas condenadas; ¿,sabes tú por qué?
-Mira, amigo mío, son tan suaves, tan rubias, tan delica­
das, que podrías compararlas con la · ambrosía de Styx. Yo he .
creído, Dios me lo perdone, que eran almas inglesas, y creo
que esta mañana la isla de los Caballos 159, en Escocia, ha
sido saqueada por los señores de Termes y Dessay con todos
los ingles('ls que la habían sorprendido. ·

El hermano Juan, al acercarse a Panurgo, · sintió un cierto


olor más fuerte que la pólvora de cañón. .
· .

Le sacudió y vio que su camisa estaba toda sucia y en­


merdada. La virtud retentiva del nervio que estira el múscu- ·
lo nombrado esfínter ( este es el agujero del culo ) estaba di­
suelta por la vehemencia del miedo que había tenido a causa ·
de sus fantásticas visiones. Añadid a esto la tempestad de ca­
ñonazos que es más horrible en las cámaras bajas que sobre
cubierta, pues uno de los sintomas y accidentes - del miedo · es
que por él se abre extraordinariamente la cancela del domi­
cilio en el que durante · algún tiempo está retenida la mate�
ria fecal.
Tenemos el ejemplo del señor Pandolfo de la Cassine, que
al pasar en posta por Chambeiy y descendar en casa del sa­
bio menestra Vinet, .. tomó un horquillo del establo y le dijo :
-Da Roma in qua io no son andato del carpo. Di gratia
piglia in mano questa forca et fa mi apura.
Vinet con el horquillo hacía muchos gestos de esgrima co­
mo queriendo acometerle.
El señor Pandolfo le . dijo : .

-Se tu non fai altramente, tu non fai nulla. Pero sforzati


di adoperarli piu guagliardamente.
Vinet le dio entonces con el horquillo tan gran golpe en-·
tre el cogote y el cuello, que lo arrojó a tierra, y luego
riendo a carcajadas y bromeando le dijo :
-Fiesta de Dios, Bayard, esto se llama Datum cambériaci.
Felizmente, el señor Pandolfo se había bajado las · ca as, �
159 Llama le. · isla de los Caballos a la isla de Keit, recuperada por
los franceses envl!i dos pÓr Enrique II en socorro de Escocia, en 1548 .

164
porque de pronto cagó tan copiosamente, que no hubie­
ran bastado para igualarle nueve búfalos y catorce arcipres­
tes de Ostia. Para terminar·
dio rendidamente las gracias a
Vinet y le dijo :
-lo ti ringrazío, Bel messere. Casi facendo tu m'aí espar­
míata la speza d'un servitíale.
El rey de Inglaterra , Eduardo V nos ofrece otro ejemplo:
· El maestro Francisco Villon, desterrado d e Francia, se ha­
bía retirado junto a él. El rey le recibi.ó tan íntimamente,
que no le ocultaba ni los más pequeños negocios de su casa.
Un día, estando . el rey en sus asuntos, enseñó a Villon las
armas ,de Francia pintadas y le dijo :
-:-¿Ves tú qué reverencia guardo a tus �eyes franceses?
Tengo sus armas en este recinto, cerca �e nn retrete.
- ¡ Dios santo! -contestó Villon-, sois sabio, prudente, en­
tendido y cuidadoso de vuestra salud, y estáis bien servido
por vuestro docto médico Tomás Linacer. Este, viendo que so­
bre vuestros viejos días estabais naturalmente estreñido del
vi�ntre y que a diario precisaba adscribiros al culo un boti­
cario, quiero decir una lavativa, porque de otro modo no po­
dríais rendir los excrementos, os ha hecho colocar aquí y no
en otro sitio, justamente, las armas de Francia por su singular
y virtuosa providencia. Nada más que con verlas sentís un ese
pauto y un pavor tan horribles, que de repente cagáis como
dieciocho animales de Peonía. Si estuvieran pintadas en otro
lugar de vuestra casa, en vuestra alcoba, en vuestra sala, en
, vuestras capillas, en vuestras galerías o en parecidos lugares,
¡ Dios santo !, os cagaríais en todas :gartes en el momento en
que las vierais. Creo que si tuvierais aquí pintada la gran
oriflama de Francia, a su vista arrojaríais las morcillas · del
vientre por el fundamento; pero ¡ ay, ay atque iterum, ¡ ay!

sabrá lo que mi culo pesa 160.


(de París junto a Pontoisse).
Una cuerda 'de una toesa
sabrá lo que mi· culo pesa 162.
"Papanatas, digo yo, mal · advertido, mal entendedor, cuan­
do yo venía aquí con, vos, me aturdisteis al ver que .en vues­
tra alcoba os estabais desatacando las calzas. Verdaderamen- .
te, yo creía que en aquella habitación, detrás de la tapicería
o · junto a la cama estuviese vuestra silla perforada. De otra

160 Estos versos. que se conocen un poco tergiversados por Pasqu!er, ·


fueron compuestos por V!llon cuando fue condenado a · la horca.

165
maaera el caso me hubiera parecido muy incongruente al ve­
ros desabrochar así en la cámara para ir tan lejos a buscar
el retrete. ¿No es este el verdadero pensamiento de un pa­
panatas? Por Dios que el caso está preparado para otro mis­
terio bien distinto: Haciendo así obráis bien. Mejor acaso de
lo que habéis pensado. Os desabrocháis muy pronto y muy
lejos de donde fuera menester, porque si entráis aquí sin es­
tar desabrochado al ver estas armas, notadlo bien, ¡ Dios san­
to!, el fondo de vuestras calzas haría el oficio de bacín, de
orinal; de recipiente _ feca� de silla perforada.
El hermano Juan, rascándose la nariz con la mano izquier­
'
da, mostraba a Pantagruel can el índice de la derecha la ca-.
misa de Panurgo.
Pantagruel, al verle así emocionado, transido, tembloroso, ·
fuera de tino, cagado y arañado por las uñas del célebre

gato Rodilardus, no pudo contener la risa y le dijo:
-¿Qué queréis hacer con ese gato?
- ¡ Con ese gato! -contestó Panurgo�. Yo roe · doy al diablo
si no he pensado que fuera un diablillo de pelo loco que
había cazado furtivamente en la gran boca del infierno. Vaya ·
al diablo el gato diabólico que me ha acuchillado la · piel
en barba de cangrejo.
Y al decir esto soltó el gato.
-Id -dijo Pantagruel-, id a tomar un baño, a l.iffipiaros,
a afeitaros, á poneros camisa blanca y a vestiros. ·

-Decís que yo tengo miedo -replicó Panurgo-; nada de


eso; roe siento por la virtud de Dios más valeroso que si roe
hubiera tragado tantas moscas como caen en los paste}es de
París, desde San Juan hasta Todos Santos, ¡ ah! ¡ ah ! ¡ alí ! ¡ ah!
¿Qué el diablo está aquí? Llamadlo. ¡ Que salga aquí fuera,
ese mierda, cagajones, deyección, materia fecal, excremento,
basura cagarruta! Yo creo que es azafrán de Hibernia. Eso.
Bebamos.

166
LIBRO Q UINTO Y ULTIMO

DE LOS HECHOS Y DICHOS HEROIC OS


. DEL BUEN PANTAGRUEL -·

COMPUESTO POR M. F;RANCISCO RABELAIS,


DOCTOR EN MEDICINA,
EN EL QUE SE CONTIENE LA VISITA
AL ORACULO DE LA DIOSA BABUC Y LA - PALABRA
DE LA BOTELLA, PARA LA QUE SE EMPRENDIO
ESTE LARGO VIAJE, NUEVAMENTE
SACADO A LA LUZ

PROLOG0 1

A LOS LECTORES BENEVOLOS

Bebedores infatigables y vosotros, preciosísimos galicosos:


Mientras estáis de sosiego, y yo no tengo quehaceres más ur­
gentes a mano, os pregunto preguntando : ¿Por qué dice el
proverbio común que el mundo no es · ya tan fatuo? Fatuo
es una palabra del L anguedoc que significa sin sal, insípido,
soso, y, por metáfora, loco, necio, desprovisto de sentido y
ligero de cerebro.
¿QuerríaiS decirme cómo se puede, en efecto, ínfei:ir lógi­
camente que el mundo, antes fatuo; se haya_ vuelto ahora
prudente? ¿Por qué condiciones y en qué condiciones era fa­
tuo? ¿Cuántas condiciones y cuáles eran requeridas para ha­
cerlo prudente? ¿,Por qué era fatuo? ¿Por qué debía ser
prudente? ¿En qué reconocéis la antigua necedad? ¿,En qué
reconocéis la prudencia presente? ¿,Qué lo hio fatuo? ¿Qué
lo ha hecho prudente? ¿Quiénes están en mayor número: los
que lo tunaban fatuo o los que lo aman prudente? ¿De dón­
de proviene la necedad anterior? ¿_De dónde proviene la

1 Este libro quinto fue publicado después de la muerte de . Rabelais,


en 1562, con el titulo de Isla
· Sonante, con solo dieciséis capítulos.
Después muchos escritores y comentaristas han ido completándolo. La
fuente preferida para todos en · esta labor de reconstrucción- ha sido
·
el manuscrito 7.981 del Louvre.

167
prudencia presente? ¿Por qué en este tiempo, y no más tar­
de, tuvo fin la antigua locura? ¿Por qué en este tiempo, y
no más tarde, ha comenado su prudencia? �.Qué mal nos vie­
ne de la locura precedente? �.Qué bien nos viene de la pru­
dencia que le ha sucedido? �Cómo sería abolida la locura
antigua? ¿Cómo sería instaurada la sabiduría presente?
Gontesad si bien os parece. Yo no usaré de otro conjuro
para con vuestras reverencias, por miedo de alterar vuestras
·paternidades. No os dé vergüenza; confundid a Her-Der-Ty­
fel, enemigo del Paraíso, enemigo de la Verdad. Valor, hijos;
si sois de los míos, bebed tres o cinco veces por la primera
parte del sermón y después contestad a mi pregunta. Si "sois
del otro, avalisque Satanás 2 , .
Yo os juro por el gran Hurluburlu 3 que si no me ayu­
dáis a · la solución del 'problema expuesto me arrepentiré de
haberlo propuesto, lo que es para mí una pena parecida a
la que yo tendría si, sin esperanza de ningún socorro, tuviese
al lobo cogido por las orejas.
¿Os agrada? Entiendo que no estáis decididos a contestar­
me. Por mi barba que os alegaré únicamente lo que había
predicho con espíritu profético un venerable doctor, autor del
libro que se titula La cornamusa de los prelados. ¿Qué f!ice ·
el pícaro? Escuchad, cara de asnos, escuchad:

El año del jubileo todo el mundo rabiará.


Después cuerdo se hará.
Es sobre treinta supernumerario;
fatal parece y muy extraordinario.
Con poca reverencia,
pero con persistencia,
por firme privilegio que obtendrá;
de la hierba por fin desgranará
el dulce fruto, cuya flor ligera
tanto hubo de temblar en primavera.

¿Lo habéis escuchado? ¿Lo habéis comprendido ? El dóctor


es antiguo; lás palabras son lacónicas; las sentencias, oscuras
y tenebrosas, a pesar de que se trataba de una materia en
sí profunda y difícil. Los mejores intérpretes de este buen pa­
dre exponen que esto debía ocurrir entre el año 1530 y el

2 Her-der-Teyjel, en antiguo alemán, quiere decir el señor Diablo,


y avalisque, en el dialecto de Languedoc, vete.
3 Hurluburlu: San Hurluberlu, nombre fantástico que significa es­
trépito, aturdimiento.

' 168
año corriente de 1550. Así, pues, en la prmam a estación ya
el mundo no será llamado fatuo. Los locos, cuyo número es
' infinito, como atestigua Salomón, mórirán rabiosos, y todo gé­
nero de locura cesará.
Como dice Avicena, . esta locura es también innumera­
ble. Durante los rigores invernales estaba recluida en el cen­
tro; pero ha aparecido en la circunferencia, y ahora está en
savia como los árboles. La experiencia nos lo demuestra; vos­
otros lo sabéis, vosotros lo veis. También fue antiguamente
observada por aquel gran· buen hombre Hipócrates.
El mundo cuando esté ya curado no temerá ver florecer
las habas en primavera; es decir ( corno vosotros podéis la­
mentablemente creerlo con el vaso en la mano y las lágri­
mas en los ojos ) , en Cuaresma; un montón de libros que os
. parecen· florecer como bellas mariposas; pero qÚe realmente
: eran disgusta.ri.tes, enfadosos, peligrosos, espinosos y tenebrosos
' como los de Heráclito, oscuros como los números de Pitágo­
. ras ( que fue, según Horado, el rey de las habas ) 4; estos
· perecerán, y ya no se encontrarán a mano, y no volverán a
·
ser vistos ni leídos. Tal era su destino.
A estos han sucedido las habas en vaina, que son los ale­
. gres y fructuosos libros de panúigruelismo, que están hoy en
/-ruido de buena venta esperando la época del jubileo siguien­
te, . y con el estudio de los que se · ha adornado todo el
mundo. Por esto se les llama sabios .
He aquí vuestro problema resuelto; haceos para en lo su­
cesivo gentes de bien. Tosed . aquí; un golpe o dos y bebed
nueve arrancapiés, puesto que las viñas son hermosas y los
v.sureros se cuelgan. M e costarán muy caros de ·cuerdas si el
buen tiempo dura, porque prometo proporcionárselas liberal­
, mente, sin que me las paguen, tantas veces como venga a
pedirmelás para ahorrarles las ganancias del verdugo .
. Así, pues, con el . fin de . que vosotros participéis de esta
sabiduría futura y quedéis emancipaqos de la antigua nece­
dad, borrad presentemente de vuestras pancartas la imagen
del viejo filósofo del muslo dorado 5 que os había prohibi­
do el uso y la comida . de las habas. Tenemos por cosa ver­
dadera y confesada entre todos los · buenos compañeros que
os las prohibía con la misma intención que el médico
de ,agua dulce, el fiel Amer, sobrino del abogado señor d e

4 E l rey di, las habas: e s decir, de .la locura, a causa d e l a pretendida


influencia que en ella tiene la floración de las habas.
·s Filósofo del muslo dorado: así llaman a Pltágoras muchos escri­
, tares antiguos.

169
Camelotiere, cuando prohibía a los enfermos el ala de per­
diz, la pechuga de pollo y el cuello de pichón, diciendo:
Ala mala, cropium dubium, collum bonum pelle remota 6,
reservándolos para su boca y dejando a los pacientes los hue­
secillos para roer.
Ciertos frailes que le han sucedido nos prohíben las habas;
es decir, los libros de pantagruelismo, a imitación de Filóge­
nes y de Gnato el Siciliano; arquitectos de su monarca] y
ventral voluptuosidad, que en pleno banquete, cuando eran
servidos los bocados más exquisitos, escupían sobre ellos, con
eJ fin de que los demás, disgustados, no se los comiesen.
Así esta beatería horrible, morbosa, antipática y repulsiva
detesta en público y en privado estos libros exquisitos, y es­
cupe sobre ellos villana e. imprudentemente, y aunque nos­
otros leemos ahora en nuestra lengua francesa, tanto en ver­
so como en prosa, muchos escritos excelentes, y queda poco
de la hipocresía del siglo gótico, yo he decidido graznar y
silbar como una oca entre los cisnes, como dice el proverbio,
antes . que nie tengan por mudo entre tantos gentiles poetas
y fecundos oradores; representar al!tún papel de aldeano en­
tre tantos discretos declamadores de este noble acto, aunque ·
se me coloque en el grupo de los que no dan más que som­
bra y no sirven más ·que p ara hacer número, bostezan­
do úncamente para las moscas, moviendo las orejas como los
asnos de Arcadía ante el canto de los músicos, significando
por signos, en silencio, que ellos también entienden la pro­
sopopeya.
Tomada esta postura y hecha esta elección, he pensado no
hacer una obra indigna, si muevo mi tonel diogénico con el
fin de que no me digáis que vivo sin ejemplo.
Contemplo el conjunto de Collinets, Marots, Drouets, Sain­
gelais, Sallels, Masuels y una larga centuria de otros po.etas
y oradores galos.
y veo que por haber cursado durante largo tiempo en el
Monte Parnaso, en la escuela de Apolo y bebido copiosamen­
te en la fuente Caballina entre las alegres Musas, a la eter­
na fábrica de nuestro vulgo no aportan más que márm9l, ala­
bastro, pórfido y buen cemento real; no tratan más que de .
gestos . heroicos, cosas grandes, materias duras, graves y difí- ·
ciles, con toda su retórica de brocado y carmesí; ·con sus es­
critos no producen más que néctar divino, vino precioso,
exquisito, riente, moscatel, delicado, · delicioso, y no han con-

6 El ala es mala; la rabadilla es pasable, y el cuello, bueno. cuando


se le ha quitado la piel.

170
sumido los hombres toda esta gloria; las damas de ella han
participado; con dichos escritos, que son un extracto de- la
sangre de Francia 1 no rememorable, sin insigne _ prefación
de honores, todo este siglo ha causado asombro con sus in­
venciones trascendentales, con . los adornos del lenguaje y
con el ·estilo mirífico. Imitadlos, si sabéis; en cuanto a mí, no
sabría imitarlos; no a todos les es otorgado entrar y habitar
en Corinto. A la edificación del templo de Salomón cada uno
contribuía con un siclo de oro, puesto que no podía hacerlo
con puñados de -ellos. Puesto que en mis facultades no está
el arte de la Agricultura tan poderoso como en las de ellos,
he determinado hacer lo que hizo Regnault de Montauban:
servir a los albañiles y guisar para los albañiles, y así m e
tendran, puesto que compañero n o puedo ser, por oidor infa­
tigable. de sus celestiales escritos.
· y os moriréis de miedo vosotros los zoilos emuladores y en­
vidiosos; id a colgaros escogiendo vosotros mismos el árbol.
No os estará mal la horca. Protesto, aquí, ante mi Helicón,
en la audiencia de las divinas Musas, que si vivo todavía l a
edad d e u n perro sumada a l a d e tres conejas e n salud e
integridad, tal como vivieron el santo capitán judío, Xenófilo
el músico y Demonax el filósofo, por argumentos no imper­
tin�ntes y por razcin¡¡s no recusables probaré en las barbas
de no sé qué centoníficos agavilladores de materias cien y
cien veces graveladas, machacadores de viejas herraduras la­
tinas, revendedores de viejas locuciones latinas enmohecidas
e inciertas que nuestra lengua vulgar no es tan vil, tan inep-
. ta, tan indigente y tan despreciable como ellos estiman.
Del mismo modo, con toda humildad suplico qÜe por g¡:a­
cia especial, así como en la antiguedad, cuando ya Febo ha­
bía repartido todos los tesoros e instituido los grandes poetas,
encontró, sin embargo, Esopo lugar y oficio con sus apólogos,
parecidamente, visto que a gradó más alto no aspiro se dig-
. nen recibirme en su estado como riparógrafo secuaz de Pyrei­
cus 8 ; así lo harán; lo tengo por seguro, porque son todos
·tan buenos, tan humanos, graciosos y simpáticos que no hay
·. más que hablar. Para que los_ bebedores, para que los galleo­
- sos los gocen con fruición total y recitándolos en sus conven­
_tículos, desentrañando los altos misterios en ellos comprendi-
dos, entren en posesión y · reputaCión singular, como en caso

7 Alude a Margarita de Valois, reina de Navarra, hermana de Fran­


cicco I, autora del Heptamerón y de algunas exquisitas poesías.
8 Pyreicus es un pintor de la antigüedad que cultivó con éxito el
·
género grotesco, y a ello se alude en la palabra riparógrato.

171
parecido hizo Alejandro Magno con los libros de la primera
filosofía compuesta por Aristóteles.
¡ Vientre sobre vientre! · ¡ Qué supercanallasl ¡ Qué miserables!
Por tanto, bebedores, yo os áviso· en tiempo y en ho­
ra oportuna: haced de ellos buena provisión tan pronto como
los encontréis en las oficinas de las librerías; no los desgra­
néis solamente, devoradlos como opiata cordial, incorporadlos
a vosotros mismos; entonces conoceréis el bien que en ellos
está dispuesto para todos los gentiles desgranadores de haba_s .
Al presente yo os ofrezco una gran cesta cogida en .jardín,
más propia que las _ otras precedentes.
Os suplico, por último, con toda reverencia, que acojáis el
presente de buen grado, esperando otro mejor para la próxi­
. roa vuelta de las golondrinas.

CAPITULO PRIMERO

Cómo Pantagruel arribó a la isla Sonante y del


mido· que allí escuchamos

Continuando nuestra ruta, en tres días de navegac10n, na­


da déscubrimos. El cuarto ya vimos tierra, y nos dijo nuestro
piloto que era la isla Sonante. Oímos un ruido que venía
de lejos, frecuente y tumultuoso, y nos pareció que pro-·
cedía de campanas grandes, medianas y pequeñas que sona­
h,an a la vez como suele o currir en París, en Tours, en
Gergeau, en Nantes, en Meudon y en otros sitios en Jos días
de. gran fiesta. Cuanto más nps acercábamos más fuerte es­
cuchábamos aquella reforzada sonería.
Dudamos de que fuese Dodona con sus calderas o el pór­
tico Heptáfono de Olimpia o el ruido sempiterno del coloso
erigido sobre la sepultura de Memnon en Tebas o la alga­
rabía que se oía antiguamente alrededor de una sepultura·
en la isla dé Lipari, una de las Eolidas; pero la corogra­
fía no lo consentía así.
-Yo sospecho -dijo Pantagruel- que hay allí un enjam-
. bre de abejas que ha comenzado a tender su vuelo, y pa­
ra llamarlas todo el vecindario golpéa sartenes, calderas, co­
berteras, címbalos coribánticos de Cibeles, madre grande de
los dioses. Escuchemos.
·

Acercándonos más, oímos, entre · la perpetua sonería de las


campanas, el canto infatigable de los hombres que, sin du-

172
da, residían allí. Por esta razón opinó Pantagruel que antes
de abordar la isla descendiesen con nuestro esquife en una
pequeña roca, sobre la que veíamos una ermita rodeada de
un jardincillo. Allí encontramos un buen hombre, ermitaño,
llamado Braguibus, natural de Glenay, que nos dio comple­
.
tas explicaciones acerca del campaneo y nos festejó de un
modo muy extraño. Nos hizo ayunar durante cuatro días con­
secUtivos afirmando que de otro modo no podríamos ser re­
cibidos en la isla Sonante, porque era entonces el ayuno de
las· Cuatro Túmporas.
-Yo no comprendo este enigma -dijo Panurgo-; mejor di­
ría que el tiempo de los cuatro vientos, porque al -ayunar
no nos mantenemos más que de viénto. ¿No tenéis aquí otro
pasatiempo sino el de ayunar? Me parece que esto es muy
flaco y nos pasaríamos muy bien sin estas fiestas palatinas.
-En mi Donato -dijo el hermano Juan- yo no encuen­
tro más que tres tiempos : el pretérito, el presente y el fu­
, turo: Aquí el cuarto debe de ser el del vino de los criados.
:....Es -dijo Epistemon- el tiempo santo qÚe procede del
pretérito imperfectísimo de los griegos y de los latinos, reci­
bido en una época compleja y abigarrada. ¡Paciencia!, como
dicen los leprosos.
-Es fatal como os he dicho -repuso el ermitaño; - el que
lo contradice es herético y no puede salvarse del fuego. ·
.-Sin falta, . páter -dijo Panurgo-; al estar en el mar temo
mucho más verme mojado que calentado y verme ahogado
que quemado.
"Pues bien : ayunemos por Dios; pero yo he ayunado du­
rante tanto tiempo que los ayunos me han robado toda la
carne, y temo muy de veras que, al final, las murallas de
mi cuerpo caigan en decadencia. Tengo además otro temor,
' y es el de disgustaros ayunando, porque no sé hacerlo y lo
haré con muy mala gracia, como me ·han asegurado muchos.
y yo los he creído.
"Por mi parte me cuido muy poco de ayunar, pues no es
cosa muy fácil ni que está muy a la mano; en cambio, m e
cuido mucho de n o ayunar para e l porvenir, porque en es­
tos tiempos es muy necesario tener · con qué hacernos la ro­
pa y ·e1 qué llevar al molino.
· "Ayunemos, por Dios, puesto que estamos en las fiestas del
ayuno 9; hace ya mucho tiempo que no. me encontraba con
ellas.

9 Fiestas del ayuno. El autor escribe ferias esuriales, que así se


llamaron en latín y las llamaba la Iglesia en su tiempo.
-Y si es preciso ayunar -dijo . Pantagruel- no habrá otro
expediente sino el de salir de aquí como de un mal camino.
Así. yo voy a revisar un poco mis papeles para· comprobar si
el estudio marino es tan bueno como el estudio terrestre,
·

porque Platón, queriendo describir un hombre necio, inhábil


e. ign.orante, lo compara a las gentes que se crían en un na­
vío, como en un barril, y no ven el mundo más que por un
agujero.
Nuestros ayunos fueron terribles y espantosos: el pri­
mer día ayunamos a . palos rotos; el segundo, a espadas afi­
ladas; el tercero, a hierro candente, y el cuarto, a sangre y
fuego. Tal era la ordenanza de los hados.

CAPITULO. II

Cómo la isla Sonante había estado habitada por


los sitícinos 10, que se conviertieron en pájaros

Terminados nuestros ayunos, el . ermitaño nos dio �a ' car7


ta de · recomendación para un maestro sacristán, de la isla
de Sonante, que se llamaba Albian Camat; pero Panurgo, al
saludarlo, lo llamó Maestro Antitus. Era un viejecillo bona­
chón, calvo, con el bozo muy brillante y la faz muy encar-
. nada. Nos acogió ·muy bien, con la recomendación del ermi­
taño, sobre todo al saber que habíamos ayunado, como su
amigo hacia · constar. .
Después de habemos confortado bien, nos expuso las sin- ·
gularidades de la isla, afirmando que antes había estado ha­
bitada por los sitiemos; pero como por orden de la Natura- ·
leza todas las cosas varían, se convirtieron en pájaros.
Entonces comprendí plenamente lo que . Atteio Capito,
Paulo Marcelo, Aula Gelio, Ateneo, Suidas, Ammonio · y
otros habían escrito de los sitiemos. Y no nos parece difícil
creer en las transformaciones de Nyctimerie, Progné, Itis,
Alcmena, Antígona, Tereo y otros pájaros. Dudamos poco
también desde entonces de los hijos de Matabruno; conver­
tidos en cisnes, y de los hombres de Pallene en Tracia; aque­
llos que al bañarse nueve veces en la laguna Tritónica se
transformaban en pájaros.

10 Los . siticinos eran en el antiguo paganismo los que tocaban y can- ·


taban junto a las tumbas, y buscando en ellos el .origen del clero que
en al misma forma hace los funerales, dice Rabelais, en consonancia.
con el contenido de· este capítulo, que se convirtieron en pájaros.

174
El maestro sacristán no nos entretuvo más que con jaulas
de pájaros, que eran grandes, ricas, suntuosas Y· de maravillo­
sa arquitectura. Los pájaros eran grandes; bellos y corteses
para con los huéspedes, pareciéndose así mucho . á los hom­
bres de mi patria. Bebían y comían como los hombres; ca­
gaban como los hombres; digerían como los hombres; pedían,
dormían y regoldaban como los hombres; se emJ?arejaban y
brincaban como los hombres; en una pal�bra, a primera vis­
ta los hubieseis tomado por· hombres;· pero Iio lo eran, como
¡;¡ps dijo el maestro guardián, asegurándonos que no eran
seculares ni mundanos.
Su plumaje nos hacía soñar; unos lo tenían · blanco, otros
completamente negro, otros gris del todo, otros mitad blanco
y mitad negro, otros todo rojo, otros mitad blanco y mitad
azul. Era una delicia el verlos.
·

A los machos los llamaba clerigallos, monagallos, presbi­


terigallos, abagallos, abispigallos, cardéngallos y papagayos,
que era el único . de su especie.
A las hembras las llamaba cleriguesas, monaguesas, avage­
sas, obispesas; cardengesas y papigesas.
Sin embargo, nos dijo igual que entre las abejas se en­
cuentran los moscardones, que nada hacen sino comer de to­
do y estropearlo todo, desde hace trescientos años yo no sé
como' caen cada cinco lunas entre estos alegres pájaros un
gran número de santurrones que han estropeado y ensucia­
do toda la isla.
Eran éstos tan antipáticos y tan monstruosos que todos los
rechazaban; tenían todos el cuello torcido, las patas peludas,
Jas uñas y el vientre de las arpías y el culo de los estin­
falidos 11 . No era posible exterminarlos; por cada uno que
· moría llegaban veinticuatro.
Yo hube de desearles algún segundo Hércules, porque a
su viva contemplación el hermano Juan había perdido todo
su buen sentido y a Pantagruel le ocurrió, por falta de piel,
lo que al maestro Príapo cuando contemplaba los sacrificios
� · d e Ceres.

11 Los estinfalidos eran unas aves industriosas devastadoras, que


se cuentan en el número de alimañas exterminadas por Hércules.

175
CAPITULO III

Cómo en la isla Sonante no hay más que


un .papagayo
j
!
Interrogamos entonces al maestro sacristán, vista la multi­
plicidad de aquellos venerables pájaros de todas las especies,
por qué allí no había más que un papagayo, y nos contestó
que tal era la primera institución y el fatal destino de las
estrellas: el que de los clerigallos naciesen los frailigallos y
monogallos sin copulación carnal, como · de las abejas nace
un ternero bien encornado según el arte y la práctica de
Aristeo. De los canonigallos nacen los obispigallos y de estos
los hermosos · cardingallos, y cuando los cardingallos no se
ven sorprendidos por la muerte, concluyen en papagayos; pe­
ro ordinariamente no hay más que uno, como en el enjam­
bre de las abejas no hay más que · una reina y en el •mun-
do no hay más que un sol.
Muerto aquel, nace otro para ocupar su puesto elegido en­
tre todos los cardingallos; pero, entendedlo bien, siempre sin
copulación carnal; de suerte\ que hay en esta especie una
unidad individual con perpetuidad de sucesión, ni más ni me­
nos que para el féni.x de Arabia.
Verdad es que hace · alrededor de dos mil setecientos sesen­
ta lunas 12 se produjeron en la naturaleza dos papagayos; pe­
ro esta fue la mayor calamidad que jamás se ha visto en
esta isla, pues todos estos pájaros se lan:zaron los unos con­
tra los otros y se batieron tan duramente en aquel tiempo
que la isla se vio en peligro de quedar sin habitantes. Una ·.
parte de estos adhiri6se a uno y lo sostenía; la otra deferi- ·
día al otro; algunos permanecieron mudos como .los peces y '
no volvieron a cantar, y ima buena parte de estas campanas,
quedó como interdicta y ya no dio una campanada.
Durante este tiempo silencioso llamaron en so"corro suyo a
los emperadores, reyes, duques, marqueses, monarcas, condes,
barones y comunidades del mundo que habitan en el Con­
tinente y en la tierra firme; esté cisma y esta sedición no
tuvieron fin hasta que uno de los papagayos perdió · la vidá, ·
y la pluralidad se convirtió en unidad.
Preguntamos después nosotros el qué era lo que excitaba
a aquellos pájaros a cantar sin descanso, y el sacristán nos

12 Refiérese el autor al gran cisma que comenzó en 1380 entre Urba­


no VI en Roma y Clemente VII en Aviñón, y acabó. cuando acaeció la
muerte de este último.

176
contestó que eran las campanas colgadas sobre sus jaulas.
Después nos dijo:
-¿Queréis que ahora mis�o haga yo cantar a esos mona­
gallos que veis por allí encapuc;hados con un filtro de hi­
pocrás como calandrias salvajes?
-Con mucho gusto -le contestamos.
Y ·entonces tocó en una campana seis golpes solamente, con
lo que los managallos empezaron en seguida a cantar.
-¿Y si yo tocara esta campana -dijo Panurgo- haría can�
tar del mismo modo a esos que tienen el plumaje del color
de los arenques ahumados?
-De la misma manera -contestó el maestro sacristán.
Panurgo tocó, y de repente todos aquellos pájaros ahuma­
dos corrieron a cantar juntos; pero tenían unas voces roncas
y desagradables. El sacristán nos hizo · observar que solo se
mantenían de pescados como los cuervos del mundo y que
. aquella era una quinta especie de santurrones recientemente
creada. Añadió que según le había avisado Roberto Valbrin­
gue, que antes · había pasado por allí al volver de Africa,
muy pronto debía llegar a la isla una sexta especie, a la
que llamaba capuchingallos, más triste, más maniática y más
enojosa que todas las demás juntas 13 ,
-El Africa -dijo Pantagruel- tiene costu.-nbre de producir
constantemente cosas nuevas y monstruosas.

CAPITULO IV

Cómo los pá¡qros de la isla Sonante eran todos


aves de paso

-Así como nos habéis declarado -dijo Pantagruel- que de


los cardingallos nace el papagayo; los cardingallos, de los
obispigallos; los obispigallos, de los canonigallos, y los cano­
nigallos d� los clerigallos, yo qUisiera que tuvieseis a bien
decirnos de dónde nacen esos clerigallos.
-Todos son aves de paso -contestó el maestro sacristán-,
y nos vienen del otro mundo; una parte, de una comarca
maravillosamente grande que se llama Diasinpán; otra par­
te, de otra comarca hacia el Poniente que se llama la Muyo­
ciosa. Todos los años de esas dos comárcas nos llegan aquí

13 Efectivamente, la orden de los Capuchinos no fue instituida hasta


el año 1525.

177
los clerigallos por grupos, dejando padres y madres, amigos
y parientes.
"Esto ocurre cuando en alguna casa noble de esta última
comarca hay muchos l¡ijos, sean machos o sean hembras, y
· sería preciso repartir por igual la herencia entre todos, como
la razón manda, como la naturaleza ordena y como Dios dis­
pone; pero así la casa pronto se vería deshecha, y para evi­
tarlo se descargan de hijos los parientes, enviándolos a esta
isla de Bossard.
-Luego esta es la isla Bouchard-les-Chinon -dijo Pa­
nurgo.
-Digo Bossard 14 -repuso el sacristán-, porque general­
mente son jorobados, tuertos, cojos, mancos, zambos, contra­
hechos y enfermizos; esto es, peso inútil para la tierra.
-Pues esa costumbre -dijo Pantagruel- es totalmente
contraria a las · que antiguamente se observaban para la re­
cepción de las doncellas Vestales. Como atestigua Labeo An­
tistio, estaba prohibido elegir para esta dignidad a la donce­
lla que tuviera un vicio en el alma, un sentido menás o
una mancha cualquiera sobre el cuerpo, . por pequeña que
.
fu�
-Me asombra -dijo el sacristán continuando- el que las
madres de por allá los . lleven nueve meses en su vientre y
en su casa no puedan soportarlos ni sufrirlos nueve años; y
con frecuencia ni aun siete. Les colocan únicaÍnente una ca­
misa sobre la ropilla, les cortan de la cima de la cabeza
unos cuantos cabellos, pronunciando ciertas palabras mágicas
y eXpiatorias conio entre los egipcios se hacía al vestirles mí
hábito de lino a los que se destinaban a sacerdotes de Isis,
y visiblemente, abiertamente, manifiestamente, por · metem­
psícosis pitagórica, sin lesión ni herida alguna, les hacen vol­
verse pájaros tales como los veis ahora.
"No sé, sin embargo, queridos amigos, de dónde viene el
que las mujeres sean cleriguesas, monjesas o avagesas, y que
canten, no himnos a las Gracias ni motetes agradables como
era costumbre hacer en Oromasis por institución de Zoroas­
tro, sino aires malditos y lúgubres, como era costumbre hacer
en Ormasis por institución de Zoroastro, sino aires malditos
y lúgubres, como hacía el demonio Arimán, ni por qué jó­
venes y viejas hacen continuas devociones por los parientes
y los amigos que las transformaron en pájaros.

14 Dice Bossard en vez de Bouchard, que es el nombre de la Isla.


el sacristán, jugando el vocablo un poco retorcido, puesto que i<>?c­
bado o contrahecho es el francés bossú.

178
"El número que nos llega de Diasinpán es verdaderamen­
te excesivo.
"Los asaphis habitantes de esa comarca, cuando se ven eh
peligro de ·sufrir de hambre, malvada consejera, porque no
tienen de qué alimentarse y no saben ni quieren hacer na­
da, y mucho menos trabajar en cualquier arte u oficio hon­
rado, .ni servir fiehnente a las gentes de bien, aquí encuen­
tran su vida asegurada.
"Así ocurre también a los que no han podido gozar de sus
amores o no han podido llegar al final de sus empresas, y
están por ello desesperados; a los que malvadamente han co­
metido algún crimen y se les busca para condenarlos a muer­
te . ignominiosa. Todos vienen volando aquí; aquí tienen su
vida asegurada; aquí pronto se ponen gordos como cerdos los
que · antes estaban delgados como urracas, · y aquí viven en
perfecta seguridad, indemnidad y franquía.
-¿Pero -dijo Pantagruel -estos hermosos pájaros que aquí
Ilegm, ya no vuelven al mundo de donde proceden?
· -Algunos, sí -contestó el sacristán-. Algunos antiguamen-.
te volvían tarde y .con pena. Después de ciertos · eclipses 15 ,
por la virtud de las constelaciones celestes voló hacia allí
uoa gran turba, pero esto no nos acongoja, . puesto que nos
queda una buena ración. Y todos antes de marchar han de­
jado su plumaje entre estas ortigas y estas espinas.
Encontramos. reahnente algunos de estos, y al rebuscar en·
contrainos p or casualidad un orinal descubierto. • .

CAPITULO V

· Cpmo los pájaros glotones son mudos en la


isla Sonante

No había . concluido de pJonunciar estas palabras, cuando


volaron junto a nosotros veinticinco o treinta pájaros de un
color y de un plumaje que yo · no había visto en la isla.
Su plumaje cambiaba de hora en hora como la piel del ca­
maleón o la flor del turbith. Todos tenían debajo del ala .
izquierda una marca como dos diámetros dividiendo · un
.cú:culo o .una linea perpendicular cayendo sobre una recta.
Esta marca era en todos casi de la misma forma, pero no

15 Con la palabra eclipses alude a las reformas predicadas por Lu­


tero y Calvlno.

179
del mismo color : en unos era blanca, en otros verde, en
otros roja, violeta o azul.
-�.Qué pájaros son esos? -preguntó Panurgo-. ¿Cómo los
llamáis?
-Son mestizos -contestó el sacristán-. Los llamamos glo­
tones y tienep. un gran número de ricas glotonerías en vues-
tro mundo 16 , .
-Os ruego que les hagáis cantar un poco para que oigamos
su voz.
-Jamás cantan; pero en compensación comen doble.
-¿En dónde están sus hembras? -pregunté yo.
-No las tienen -contestó el sacristan. · ·
-¿Cómo es eso? -intervino Panurgo-. ¿Están acaso ·cubier-·
tos de pústulas y comidos de mal venéreo?
-En efecto, esa ·enfermedad es propia de esta clase de ·pá­
jaros, a causa de lo que frecúentan l a marina.
"El motivo . de su )legada aquí, junto a vosotros, es el de ·

ver si entre vosotros reconocen una magnífica especie de pá,­


jaros de presa terribles, -que nunca vienen al lazo ni se acer­
can al guante y que dice que existen en vuestro . mundo. En­
tre estos pájaros de presa · algunos llevan en las piernas be­
llas y preciosas banderitas y una inscripción en el anillo
que tienen ep. la pata, que suele decir: ''maldito sea quien
piense mal". Otros llevan ante su plumaíe el trofeo de un
calumniador, y otros, en fin, llevan . una piel de cordero 17 ,
-Maestro sacristán -dijo Panurgo-, puede ser que existan;
pero nosotros no los conocemos.
-Por ahora -dijo el sacristán-, ya hemos parlamentado
bastante; vamos a beber.
-�.Y comer? -dijo Panurgo.
-Comer y beber bien, todo a la vez -repuso el sacristán:-;
nada es tan caro ni tan precioso como el tiempo; empleé­ · ·

maslo en buenas obras.


Quiso antes llevarnos a . que nos bañásemos en las termas.
de los cardingallos, que son soberanamente bellas y delicia- ·
sas; después de la salida del baño nos hizo ungir con un
bálsamo precioso.

16 Dice el autor en este pasaje gourmandeurs .y gourmanderies, cul­


tivando ·cama de costumbre el equívoco, en vez de decir commandeurs
y cornmanderies.
17 Se refiere en este párrafo a los Caballeros de la Jarretera, que
son los del lema "Maldito sea quien piense mal" ; a los de San Miguel.
en los q).le el blasón del calumniador es el Arcángel dominando' al
Diablo, y a los del Toisón, que son los de la piel de!' corderó.
.
180
Pero Pantagruel le dijo que aun sin esto él bebería ·de-
masiado .

-Ya sé que el ermitaño BragÜibus os· ha hecho ayunar du­


rante -'cuatró días; aquí os ocurrirá lo contrario : durante cua­
tro días no cesaréis de beber y de éomer.
-Entonces no dormiremos -dijo Pantagruel.
-Como queráis -:-dijo el sacristán-, porque quien _ duerme
beb e.
-Verdádero Dios, y qué bien lo pasamos! Oh, -qué gran
hombre de bien!

CAPITULO VI

Cómo se alimentaban los pájarc<


-
en la isla Sonante

Pantagruel tenía la cara triste y no parecía estar muy sa- -


tisfecho de los cuatro días de reposo que nos impuso el
maestro sacristán. Este se enteró y le dijo:
-Señor: Ya s,abéis que siete días antes y siete días des-­
pués de la - bruma jamás hay tempestades en el mar. Este es
- un favor que los elementos conceden a Jos alciones, aves
consagradas a Tehtis, que así pueden con sus pequeñuelos
revolotear por la ribera. Aquí el mar toma su revancha de
tan larga calma y durante cuatro días no cesan las horribles
tempestades cuando llegan algunos viajeros. Nosotros ha­
cemos esto porque durante este tiempo la - necesidad los obli­
gará a permanecer para sei: bien festejados con los volteos
de las campanas. No creáis, por tanto, que habéis perdido el
tiempo ociosamente. La fuerza os retendrá, si es que queréis
combatir contra Juno, Neptuno, Doris, Eolo y todos los dio­
ses malhechorés, así que debéis decidiros a descansar a nues­
tro lado.
- ; Después de las primeras comilonas preguntó el hermano
Juan:
-En esta isla no tenéis más que jaulas, y pájaros que no
laboran y cultivan ]a tierra. Toda su _ ocupación es descan­
sar, revolotear, gorjear y cantar. �.De qué país os llega este
cuerno de la abundancia con tan selectos bocados?
, -Del otro mundo -contestó el maestro sacristán- y de al­
gunas 'comarcas del Norte, que desde hace algunos
' años se
dedicaron a desecar las marismas.
- ¡Ah! -dijo el hermano Juan-, ya se arrepentirán, tonti­
to, ya se arrepentirán, bebamos, amigos.

181
-�.Y de qué país sois vosotros?
-De Turena -respondió Panurgo.
-Entonces -repuso el sacristán- jamás os habrán picado
las malvadas urracas, puesto que sois de la Turena bendita.
De la Turena nos llegan anualmente tantos y tantos bienes,
que un día nos dijeron algunas gentes de aquel lugar que
pasaban por aquí, que el duque de Turena con todas sus
rentas no tiene ni para comer una loncha de tocino a causa
de la excesiva largueza de que sus predecesores us·aron pa­
ra con estos sacrosantos pájaros, pues nos llenaron aquí de .
faisanes, de perdices, de patos, de pollos de Indias, de ca- ·
pones de Loudonois y de caza mayor y menor de todas las
especies.
"Bebamos, amigos; ved esta cazoleta de aves qué bien a
punto está; proceden de nuestras rentas y así por ellas se
canta tan divinamente. Nunca habréis visto gorgoritear a ' los
ruiseñores tan bien en sus jaulas doradas que como lo ha­
cen en el plato.
-Esto parece la fiesta de los bastones -interrumpe el her.:.
mano Juan.
-Y cuando yo les toco esas grandes campanas que veis
colgadas en las torres de sus jaulas . . . Bebamos amigos; es
preciso ante todo beb¡o;r hoy, así como todos los días. Beba­
mos. Yo bebo por todos vosotros de muy buena· gana. Sed
bien venidos.
"No tengáis miedo de que el vino y los víveres falten
aquí. Aun cuando el cielo fuera de bronce y la tierra de
hierro, no . nos faltatían los víveres, y del mismo modo los
tendríamos aunque llegase por siete, ocho o más años el
hambre de Egipto. Bebamos juntos con buen acuerdo y en
caridad.
- ¡ Diablo! ¡ Qué bien situados estáis en este mundo! -ex-
clamó Panurgo.
·

-,En el otro aún tendremos más ventajas -repuso el sa­


cristán-. Por lo menos no nos faltará sitio en los Campos
Elíseos. Beban:J.os, amigos; yo bebo por todos vosotros.
-Vuestros primeros siticinos me parece que recibieron la
inspiración divina cuando inventaron el medio por el que
vosotros tenéis todo lo que los humanos desean naturalmen­
te. Este medio nó se otorga sino a muy pocas gentE!s o, pa­
ra habar con propiedad, a nadie. Es como tener el Paraíso
en ésta vida y . en la otra. ¡ Oh gentes felices! ¡ Oh semidio­
sesl ¡ Quiera el cielo que nosotros gocemos de la misma
dicha!

182
CAPITULO VII
Cómo Panurgo contó al maestro sacristán
- el apólogo del rocín y el borrico

. Después de haber comido y haber bebido bien, el sacris­


.tán nos llevó a una habitación bien amueblada, bien tapi­
zada y dorada por todas partes. Allí nos hizo traer mirabo­
lanos, un poco de bálsamo, jengibre verde confitado y gran
cantidad de hipocrás y de vino delicioso. Con estos antído­
tos nos invitaba, como con el brebaje del . río Leteo, a ol­
vidar · las fatigas que en el mar habíamos sufrido. Hizo
traer también manjares en abundancia a nuestros navíos, qúe
estaban en el puerto. Allí debíamos reposar; pero yo no pu­
de dormir a causa del sempiterno volteá de las campanas.
A medianoche el maestro sacristán nos ll¡pnó para beber,
y bebió él primero, diciendo :
-Vosotros los del otro mundo decís que la ignorancia es
' la madre de todos los m ales. D ecís la verdad; y sin em­
bargo no la desterráis de vuestros espíritus, y vivís en ella,
por ella y con ella. Esta es la causa de que continuamente
os aflijan tantos males; siempre os quejáis, siempre os la­
mentáis y nunca estáis satisfechos. Esto es, a mi juicio, por­
que la ignorancia os tiene sujetos al lecho como lo estuvo
el dios de las Batallas por el arte de Vulcano, y no com­
-prendéis que vuestró deber es el de economizar el sueñq
· para poder gozar todos los bienes de esta isla famosa. Ya
debíais haber hecho tres comidas. Tened presente que para
comer los m anjares de la isla Sonante es preciso levantarse
muy de mañana. Al comerlos se multiplican; . al economizar­
los disminuyen.
. "Segad el prado en su estación, y la yerba será más tier­
na y de mejor empleo; no lo seguéis, y en poco tiempo lle­
gará a no criar más que musgo. Bebamos, amigos, '"bebamos
todos; los más flacos de nuestros pájaros ahora mismo cantan
todos con nosotros; beba.IllOS, pues, por ellos si queréis. Be­
bamos por gracia; así podréis gargajear mejor. Bebamos una,
dos, tres, nueve veces, non cibus sed charitas. ·
. . Al rayar el día nos volvió a llamar para comer las sopas
- de prima. Después ya no hicimos más que una comida que
duró todo el día, y ya no sabíamos si era comer o cenar,
almorzar o merendar. Para buscar diversión dimos algunos
paseos por la isla, tratando de escuchar el canto alegre de
·

aqúellos pájaros benditos.

18J-:
Por la tarde, Panurgo dijo al sacristán:
-Voy a contaros una historia regocijada que ocurrió en
Chatelleraudois hace _veintiqés lunas. Quisiera que no os des­
agradase:
"Una mañana de abril, el palafrenero de un gentilhombre
paseaba sus magníficos caballos por los barbechos, cuando en­
contró una hermosa pastora que

a la sombra de una arboleda


sus ove;illas guardaba,

al mismo tiempo que un asno y algunas cabras.


"Llegándose a· ella la persuadió para que montara a la
grupa con él y le acompañase a visitar sus caballerizas, y
celebrar allí un festín rústico. Mientras hablaban, el caballo
se dirigió al burro y le dijo al oído ( porque las bestias, du­
rante aquel año, hablaron en muchos lugares ) :
"-Pobre desventurado y miserable, yo tengo piedad y
compasión por ti. Trabajas diariamente mucho, lo veo claro
en el uso de tu baticola; sin duda, Dios te creó para el
serviCio de los hombres. Eres un burro bondadoso. Pero no
te creó para ser apaleado, maltratado y tan mal caparazona­
do y alimentado como te veo; esto me parece un poco ti­
ránico y fuera de los límites de la razón. Estás lleno de lla­
gas, esquinado y flacucho, no comes más que juncos, espinas
y duros cardos. Por eso te invito, burro, a venir con:rrii�
go, con tu paso tranquilo,. para que veas cómo nosotros, crea­
dos por la Naturaleza para la guerra, somos tratados y ali­
mentados.
-"Verdaderamente -respondió el asno-, yo iría de buena
gana, señor caballo.
"-Di mejor señor Rocín, burro -comentó el caballo.
"-Perdonadme, señor rocín -repitió el asno-; nosotros, vi­
llanos y rústicos, usamos un lenguaje impropio e incorrectp.
Os obedeceré, pues, de buen grado, y os seguiré de hijos,
por miedo a los golpes que me tienen picada toda la piel, ­
puesto que queréis hacerme tanto bien y tanto honor.
"Montó la pastora, y el asno siguió al caballo, bien re­
suelto a recrearse en llegando al establo. El palafrenero lo
vio, y ordenó a los moz_os de la caballeriza que 'lo aguija­
ran y lo deslomaran a palos. Al oírlo el asno se encomendó
al dios Neptuno, y comenzó a correr a todo galope, pensan­
do para sí silogizando:
· - "-Dice bien, no es mi misión la de seguir los pasos de

184
.
los grandes señores : la Naturaleza me ha creado pára que
ayude a los pobres. Esopo me lo advirtió bien en su apó­
logo, y esto ha sido por mi partfi una gran ligereza; el úni� ·
co remedio es el de escapar de aquí antes que se cuezan
los espárragos.
. "Y huyó el asno al trote, a pedos, a saltos, a volteretas,
al galope, a pedorre¡;as.
"La pastora, al ver al asno marcharse, dijo al palafrenero
que era suyo, y que, por tanto, le rogaba· .. que lo tratase
bien, pues de otro modo, ella se marcharía Sin dar un paso
más. El palafrenero dispuso entonces que durante ocho días
se diese al asno la misma ración que a los caballos; pero
el problema era traerlo, porque los mozos se daban mala
maña para llamarlo :
"-Toma, toma, burro, ven acá.
"-Yo 'no v9y, me da vergüenza. . .
"Cuanto más le llamaban con amabilidad, más se apar­
taba, dando saltos y lanzando pedorreras. En esto estarían
aún, sin duda, si la pastora no les hubiese aconsejado que
al. llamarle cribaran la avena. Así se hizo, y de repente, el
asno, volviendo la cara dijo:
"-Avena, bien, adveníat, pero no el aguijón; no insistamos
''Y se incorporó a ellos cantando melodiosamente, pues ya
sabéis que es muy grato escuchar la voz y la música de es-
. tas bestias arcádicas.
·

"Cuando llegaron, se le condujo a una caballeriza, junto


al arrogante caba).lo; lo limpiaron y peinaron, y tuvo una
cama fresca, que le llegaba hasta el vientre, una buena ra­
ción de heno y un pesebre lleno de avena que habían cri­
bado los mozos; mientras lo hacían, el asno sacudía sus ore­
jas, significándoles que se la comería lo mismo aun cuando
no la cribaran, y que no le correspondían tantos honores.
"Cuand,o ya estuvieron tranquilos, el caballo preguntó al
asno :
"-¿,Cómo te va, pobre burro? ¿Qué te parece de este tra­
to? ¿,Eras tú el que no querías .venir? ¿,Qué dices a esto?
"-Por el higo que uno de mis antepasados comió, hacien-
, do · morir de repente a Filemón a causlJ, de la risa que le
causó el verle, me encuentro muy bien, señor rocín; pero es­
to no es· más que la mitad de la vida. ¿,No burreáis aquí,
señores caballos?
"-¿De qué burreos me hablas tú, burro? -preguntó el · ca­
ballo-; tus glándulas se inflaman. ¡ Sin duda me tomas por
'
una burra!

185
"- ¡Ay, ay, ay! Yo soy un poco duro para aprender el len­
guaje cortesano de los caballos -contestó el asno-; lo que
pregunto es que-si no rocineáis aquí vosotros, lo§ señores ro­
cines.
"-Habla bajo, burro -replicó el caballo-, porque si los
mozos te oyen te apalearán y. te pincharán de lo lindo has­
ta quitarte para ·siempre las ganas de burrear. Nosotros aquí
no nos atrevemos a sacar lo nuestro ni siquiera pru.-a orinar
por miedo a los golpes; en cuanto a lo demás, vivimos . co�
mo reyes.
"-Por el bastón que me acompaña -dijo el asno- renun­
cio a todo y desprecio tu cama, tu heno y tu av�na. Vivan
los . cardos de los campos, puesto que allí a placer se bu,
rrea; comer menos y rocinear cuando quiero es mi divisa. Es­
to nos lo compensa todo. ¡Ay, señor Rocín, amigo mío, si nos
vieras en las ferias cuando tenemos nuestro capítulo provin­
cial, cómo burreamos de lo lindo mientras nuestras dueñas
venden sus ajos y sus puerros! . . .
"Y con esto se separaron . He dicho.
Panurgo calló y ya no se oyó una palabra.
Pantagruel le rogaba que terminase la historia, pero el sa­
cristán repuso:
-Al buen entendedor le basta con una palabra. Compren- /.
do muy bien lo que queréis decir con ese apólogo del asno .
y el caballo; os daba vergüenza decirlo clarl\ffiente. Sabed
que aquí nada de eso hay para vosotros, y no hablemos más.
-Pues antes he visto aquí -dijo Panurgo .:_una abagesa
blanca, de gran plumaje, que valdría mejor para cabalgar
que para llevarla de la man.o. y si las otras smi qamas pá­
jaros esa me parece dama pajar�ra, quiero decir llinpia y bo­
nita, que vale muy bien para un pecado o dos. Dios me · lo
perdone: No quiero pensar mal. El mal que yo pienso que
me acaezca de repente.

CAPITULO VIII
C6mo con gran dificultad nos fue mostrado
el papagayo

El tercer día, que continuó entre festin�s y banquetes !!O"


mo tos dos precedentes, Pantagruel pidió con insistencia ver
al papagayo; péro el sacristán repuso que no se dejaba ver
fácilinente.

186
� ¡ Cómo! -dijo Pantagruel-. ..¡Tiene la armadura de Plu­
tón sobre la cabeza, el anillo de Gyges en las uñas, o un
camaleón en el seno para hacerse invisible al mundo?
. -'-No .:..contestó el sacristán-; pero es por naturaleza de ac­
ceso un poco difícil. Sin embargo, yo buscaré ·
un medio de
qúe lo veáis, si �s posible.
·AJ decir esto nos dejó murmurando. Un cuarto de hora des­
pués volvió Y nos dijo que ya estaba visible el papagayo.
Nos condujo con cautelá y silencio . a la jaula en donde
estaba en compañía de dos pequeños cardingallos y seis
grandes y gruesos abispigallos. Panurgo examinó curiosamen­
te su forma, sus gestos y su continente, y luego clamó en
alta voz:
- ¡ Mal . año para Ia bestial ¡ Si parece una abubilla !
' -Hablad bajo, por Dios -'-repuso e l sacristán-, que tiene
orejas como registró sabiamente Miguel de Matiscones 18.
-Lo que tiene es un buen tupé -dijo Panurgo.
-Si os oye blasfemar así, buenas gentes, estáis perdidos.
¿.Veis allí en su jaula un bacín? Pues de él saldrán el ra­
yo, el trueno, los relámpagos y la tempestad, y en un ins­
tante os levantarán a cien pies de la tierra sebre el abismo.
-Mejor sería beber y banquetear -dijo el hermano Juan.
Panurgo permanecía en contemplación profunda ante el
papagayo y su compañía, cuando vio debajo de su jaula un
m·ochuelo y gritó 19 :
-Por la virtud de Dios que estainos aquí bien empipados
a pipas llenas, pero mal equipados. Hay e� esta casa mu­
cha pipería y mucha bribonería. Mirad ese mochuelo. Vive
Dios que vamos a ser asesinados.
-Hablad bajo, por Dios -gritó el sacristán-, que no es si­
no un arzobispigallo macho.
-Pero -dijo Pantagruel- haced que nos cante aquí un
poco ese papagayo con el fin de que escuchemos su canto
armonioso.
, -No canta más que en sus días ni come más que a sus
horas -repuso el sacristán.
-Así hago yo -repuso Panurgo-, porque todas las horas
son míás. Vámonos, pues, a beber ahora mismo.
· -Ahora habláis correctamente · -dijo $!1 sacristán-. Al ha­
blar así jamás seréis herejes. Vamos, yo soy de Vuestro pa­
rec'er.
.18 Probablemente el obispo de Macon, con quien Rabelals se encon­
traba en Roma en 1536.
19 Donde traducimos machuelo escribe el autor en el francés de su
época chevesche, jugando con el vocablo "obispo".

187
Y volviendo a la cantina encontramos un v1e¡o obispigallo
de cabeza verde acompañado de un sufragallo y de . tres
onocrótalos 20, pájaros alegres, que roncaba entre las hojas.
Junto a él estaba una alegre abagesa que cantaba lindamen­
te. Encontramos en ello tan gran placer que hubiésemos de- ·
seado el que todos nuestros miembros se convirtieran en ore­
jas para no perder nada de su canto ni distraernos de él.
Panurgo dijo:
-Esta bella abf!gesa se rompe la cabeza a fuerza de can­
tar mientras ese tosco obispigallo ronca. Ya le haría yo can­
tar a él para · el diablo.
Entonces tocó una campana que había sobre su jaula; pe­
ro por mucho que tocaba, el obispigallo cada vez roncaba
más fuerte y seguía sin cantar.
· -Por Dios -dijo Panurgo-,
·
viejo sucio ya te haré yo · can­
tar por otro medio.
Y tomó una gran piedra que quiso lanzar ·
contra él, pero .el
sacristán le gritó : .

-Hombre de bien: apedrea, mata y asesina a todos los


príncipes del mundo por la traición, por el veneno o como
quieras; desnida a los ángeles de los cielos: para todo ello
obtendrás perdón del papagayo; pero no toques a estos sa-·
grados pájaros si amas tu vida por ti, por tus parientes y
por tus amigos vivos y muertos, porque aun los que nazcan
en adelante sentirán el infortunio. Mira bien ese bacín.
-Más vale beber y banquetear -dijo Panurgo.
-Dice muy bien el maestro sacristán -intervino el herma-
no Juan- : al ver a estos diablos de pájaros no· hacemos más
que alabar a Dios. Vamos, pues, a beber. B endita palabra.
El tercer día, después de beber como vosotros no duda­
réis, el maestro sacristán nos · despidió. Le regalamos un lin­
do cuchillito percherón, que no le fue más agradable que
el vaso de agua fría que un aldeano ofreció a Artajerjes.
Nos qio las gracias cortésmente y envió a nuestros navíos un
repuesto de todas nuestras municiones; después nos deseó un
buen viaje, la llegada a buen puerto de todas nuestras per­
sonas y el triunfo de nuestras empresas. Nos hizo prometer
y jurar por Júpiter Piedra 21 que a -nuestra vuelta pasaríamos ·
por su territorio, y por último nos dijo :
-Queridos amigos : notaréis que en el mundo hay muchos
más cojones que hombres. Acordaos de esto.

20 Un sufragáneo y tres protonotarios. ,


21 Júpiter de
· Piedra. Como piedra es pierre, Igual que Pedro, por
medio de este equívoco llamaban Júpiter de Piedra al Papa.

188
CAPITULO IX

Cómo descendimos en la isla de las


Herramientas

Luego de habemos guarnecido bien el estómago, tuvimos


viento de popa; levantamos nuestro gran velamen y en me­
nos de dos días llegamos a la isla de las Herramientas.
Era esta una isla desierta, en la que vimos un gran nú­
. mero de árboles de los que pendían hoces, picos, serruchos,
sierras, cinceles, martillos, tijeras, tenazas, palas, virolas y
berbiquíes.
De otros pendían dagas, puñales, espadas cortas, cortaplu­
mas, pinzones, cimitarras, estoques, flechas, mandobles y cu­
chillos.
Quien quisiera uno de estos objetos no tenía más que sa­
cudir el árbol; pues caían en seguida como ciruelas, y al
llegar a la �erra encontraban una especie de yerba que se
llamaba vaina y en ella se metían. Cuando caían era pre-
� ciso t9mar precauciones para que no cayeran sobre la cabe­
za, sobre los pies o sobre otra parte del cuerpo, porque caían
de punta, con gran riesgo de herir a la persona que sacu­
diera el árbol.
Por debajo de algunos otros árboles, vi ciertas especies de
yerbas que crecían, como picas, lanzas, jabalinas, alabardas,
·

partesanas, rejones y asadores; crecían tanto que envolvían


al árbol del que tomaban Ios hierros y las hojas convenien­
tes para cada una de ellas. Los árboles superiores las ha­
bían ya dispuesto para cuando a ellas llegaran en su ere�
cimiento, como vosotras preparáis las ropas de los niños cuan­
do os veis a punto de desocupar.
Además, y con el fin de que ya no apeléis a la opinión
de Platón, de Anaxágoras y de Demócrito, que fueron unos
pequeños filósofos, estos árboles parecían ser animales terres­
tres, no diferentes de las bestias en que no tuviesen cuero,
ni grasa, ni carne, ni venas, ni arterias, ni ligamentos, ni ner­
vios, ni cartílagos, ni huesos, ni medulas, ni humores, ni ma­
trices, ni cerebros, ni articulaciones aparentes, porque todo es­
to tienen, según dedujo Teofrasto; sino en que tiene la ca­
beza, que es el tronco, hacia · abajo; los cabellos, · que son
las raíces, en la tierra, y los pies, que son las ramas, en el
aire, como un hombre que da volteretas.
·

Y del mismo modo que vosotros, galicosos, oléis · de lejos


y sentís por vuestras· piemas ats.cadas de ciática y por vues-

189
tros omoplatos venir la lluvia, los vientos, la calma y todos
los cambios del tiempo, estos árboles por sus raíces, sus go­
mas y sus medulas presienten también qué clase de pelo cre­
ce debajo de ellos para prepararles los 'hierros y las hojas
apropiados.
Cier.to es que en todas las cosas, excepto Dios, hay algu­
nas veces errm:es. La misma Naturaleza no está exenta de
ello cuando produce cosas monstruosas y animales deformes .
Yo noté del mismo modo en estos árboles algunos defectos:
una media pica que crecía altamente en el aire bajo estos
árboles portaherramientas, aJ. tocar las ramas, en vez de hie­
rro encontraba una escoba; acaso fuera para barrer la chi­
menea. Una partesana encontró tijeras; todo es bueno; serviría
para podar los chaparros del jardín. Un asta de alabar­
da encontraba el hierro . de una hoz y así parecía hermafro­
dita; todo es lo mismo; serviría para algún segador. ¡ Qué
.bella cosa es creer en Dios!
Al volver a nuestros navíos vi detrás de una arbóleda no
sé qué gentes que hacían no sé qué, yo no sé cómo, agu­
zando no sé qué hierros que sacaron no sé de dónde, no
sé de qué manera.

CAPITULO X

Cómo Pantagruel llegó a la isla de Cassade 22 ·

Saliendo de la isla de las Herramientas continuamos nues­


tro camino y al día siguiente entramos en la de Cassade,
verdadera imagen de Fontainebleau, porque la tierra es tan
delgada que los huesos, esto es, las rocas, le rompen la piel;
es arenosa, estril, malsana y desagradable.
Nuestro piloto nos mostró las rocas pequeñas, cuadradas,
con ocho puntas iguales y que por la apariencia de su blan­
cura me parecieron ser de alabastro o estar cubiertas de nie­
ve; pero se nos aseguró que eran de huesos. Nos dijo ade-:­
más el piloto que en estas rocas, a los seis pisos, se encon­
·

traba la mansión de veinte diablos del azar, tan temidos en


nuestro país. A las más · grandes, huecas y emparejadas las '

llamaba Senes; a las más pequeñas, Ambezas; a las media-

22 Cassade, de cacciata, que es un juego italiano parecido al de


la bolsa y el triquitraque. Todo este capítulo es una crítica del juego,
y, al mismo tiempo, de los ardides codiciosos de la Iglesia.

190
nas ·quinas, cuadernas, ternas y . -dobles, y a las otras cinco
y ;eis, seis y �uatro, seis y tres� seis � dos, seis y uno; cin7'
co y cuatro, crnco y tres, ·Y as1 sucesivamente.
Ás í n'oté que en el niundo hay pocos jugadores que no
ácostrnnbren a invocar a los diablos porque al arrojar los da­
dos sobre la mesa gritan ·con devoción: "Senes, amigo mío",
que es el gran diablo; . "Ambezas, querido", que es el pe­
queño; "Cuatro y dos, hijos míos"; así, por el estilo, invocan
a los diablos por sus nombres y apellidos. Y no solamente
los invocan, sino que se dicen sus amigos y familiares. Ver­
dad es que estos diablos no vienen siempre en el momento,
como ellos, desean, pero esto es disculpable. En consecuen­
cia,' no conviene decir que no tienen sentido ni oídos; lo tie­
nen, yo os lo aseguro, y muy perfecto.
Adéinás, nos dijo que alrededor y al borde dl'! estas rocas
cuadradas habían ocurrido muchos naufragios y más pérdidas
de vidas y de bienes que alrededor de todas las Syrtes, Ca­
ribdis, Sirenas, Scilás, Strofades y golfos de todo el mar. Lo
creo fácilmente acordándome de que en la antigüedad, entre
los sabios egipcios, Neptuno estaba reconocido como el pri­
mer cubicador en letras jeroglíficas, como Apolo lo eStaba
por As, Diana por dos, Minerva por siete, etc.
Nós dijo también que allí se encontraba un frasco de san­
gre greal 2 3, cosa divina y conocida de pocas gentes. Panur­
go, , hizo tan bellos ruegos a los síndicos del paraje que nos
lo enseñaron, pero éon. muchaS ceremonias y con una solem­
nidad tres veces mayor que aquella con la que se enseñan
e'n 'Florencia las Pandectas de Justiniano y en Roma la Ve­
róítica. Jamás vi tantos candeleros· y antorchas, y todo ·para
mostrarme el rostro. de un conejo asado.
· Allí no viriios otra cosa memorable, a excepción de Buena
· Cara, mujer de Mal Juego, y los cascarones de dos huevos
_p�estos e, incubad�s antiguamente por Leda, de los que na­
cxero� Castor y Polux, hermanos de la bella Helena .
. ' Los síndicos · nos dieron un pedazo de pan . puro, y al mar­
chár comprarnos una caja de sombrerqs y de bonetes d'e Cas­
·sade, ·con _·cuya venta . creo· que haremos poco negocio. Creo,
,en.cambio, que lo. harán menor quienes nos los compren pa-
,, ra ti.sarlos. '

23 .Sanr¡re {lreai o Sanio . Gra ¡¡ l. Alude .si cáliz en el que frie recogida
la. sa�trt:c de Cristo, y según otra tradición, el barreño donde Cristo
degQllo el cordero pascual.

191
CAPITULO XI

Cómo pasamos la Taquilla habitada por


Grippeminaud, archiduque de los
Gatos Forrados

Pocos días después, habiendo estado muchas veces a pun­


to de naufragar, pasamos por Condenación, que es una isla
casi desierta. Pasamos asimismo la Taquilla, en donde Pan­
tagruel no quiso desembarcar, y con ello hizo bien, porque
nosotros que lo hicimos quedamos prisioneros y arrestados por
orden de Grippeminaud, ·archiduque de los Gatos Forrados,
a causa de que uno de nuestra partida quiso vender a un
guardia 24 los sombreros de Cassade. ·

Los· Gatos Forrados son bestias muy horribles y espantosas;


comen niños tiernos y · duermen sobre piedras de mármoL
Ya comprenderéis, bebedores, lo chatos que deben ser. Tie­
nen el pelo, no sobre la piel, sino oculto bajo ella, y · cada
uno lleva como símbolo y divisa i.m talego abierto. Pero no
todos lo llevan de ]a misma manera; unos lo llevan colga­
do al cuello, otros en escarapela, otros sobre el cuello, otros
sobre el vientre, otros sobre el costado; todo ello por una
razón misteriosa. Tienen además las uñas tan fuertes, tan lar­
gas y tan .aceradas que no se les escapa nada de lo que
está a su alcance.
Algunos se cubren la cabeza con bonete de cuatro gote­
ras o braguetas, otros con bonetes al revés, otros con morte­
ros, otros con caparazones mortificados 25 ,

Al entrar en su topera
nos dijo un mendigo de hostería,

al que habíamos dado medio tostón:


-Hombres de bien: Que Dios os dé muy pronto la suerte
de salir de aquí sanos y salvos; mirad la cara de estos va­
lientes pillos, arcos botareles de la justicia de Grippeminaud,
y notad que si vivía todavía seis olimpíadas y la edad de
dos perros, veréis a estos Gatos Forrados señores de toda la
Europa y poseedores pacíficos de todos los bienes y domi­
nios que ella tiene, si sus herederos por un castigo divino
no desprecian repentinamente los bienes y las rentas por

· 24 Donde traducimos guardia, dice el autor serrargent, serreargent�


guardad!nero, por sergent.
25 Mortificados: hechos en forma de morteros.

192
ellos injus tamente adquiridos, mirad que os lo dice un mén­
digo de . bien.
!'Reina entre ellos la sel>.i:a esencia, mediante la que lo ro­
ban todo, lo devoran todo y se cagan en todo. Queman, des­
cuartizan, decapitan, martirizan, apresan, arruinan y minan
todo, sin discernir el bien del mal. Entre ellos el vicio se
llama virtud; la maldad se apoda bondad; la traición tiene
por nombre fidelidad; del latrocinio se dice liberalidad; pi­
llería es su divisa, Y realizada por ellos la encuentran bue­
na todos los humanos, excepto los herejes. Hacen todo esto
con una soberana e irrefragable soberanía.
"Como · signo de mi pronóstico registrad que tienen las
mandíbulas encima de los armeros. Acordaos de esto .alguna
vez. Cuando en el mundo haya peste, hambres, temblores de
tierra, guerras, cataclismos y conflagraciones, no las atribu­
yáis ni las relacionéis con los abusos de la corte de R.oma,
ni con las tiranías de los reyes o de los príncipes de la tie­
rra, ni a la impostura de los santurrones, de los herejes o
de los falsos profetas, ni a la malignidad de los usureros,
de los monederos falsos, ni a la ignorancia, a la impruden­
cia o la impudencia de los cirujanos y boticarios, ni a la
perversidad de las mujeres adúlteras, envenenadoras e infan­
ticidas; atribuidlo todo a la enorme, increíble, inestimable
perversidad que constantemente se forja y ejerce en la ofi­
. cina de los Gatos Forrados y que no es bien conocida en el
mundo, corno sucede con la cábala de los judíos; por eso
no es detestada, corregida ni castigada corno sería de razón.
Mas si algún día es puesta en evidencia y manifestada al
pueblo, no hay ni habrá orador tan elocuente ni ley tan se­
vera y draconiana que pueda protegerla ni magistrado tan
poderoso que impida el que se les haga cruelmente quemar
vivos a todos en su madriguera. Sus propios hijos, gatos fo­
rradillos, y sus parientes los tendrán en horror y abominación.
"Por esto, así corno Aníbal, a instancia de su pacire Arnil­
car, prestó un solemne y religioso juramento de perseguir · a
los romanos mientras viviera, yo por la fe de mi padre; lo
hago de marchar lejos de aquí, pues espero que aquí caiga el
rayo del cielo que lo reduzca todo a cenizas, corno ocurrió
· con otros titanes profanos y teornacos, puesto que los huma­
nos tienen el cuerpo tan endurecido que no se acuerdan del
mal hecho por ellos, del que hacen ni del que harán; n o
Io sienten, n o lo prevén, y s i l o sienten, no s e atreven, n o
· quieren o n o pueden exterminarlos.

. 193
-¿Qué es eso? -preguntó Panurgo-. ¡ Ah, no, no! No quie­
l'u verlo. Volvámonos, por Dios.
-Volvámonos -dije yo.

Este noble mendigo me de¡a tan asombrado


como si en pleno otoño el cielo hubiese tronado.

Al retroceder encontramos la puerta cerrada y se nos dijo


_que allí se entraba tan fácilmente como en el averno; pero
la dificultad estaba en salir. No podíamos hacerlo sino con
razón de que no se vuelve de las ferias como del mercado
y de que teníamos empolvados los pies.
Lo peor fue cuando pasamos la taquilla. Para obtener
nuestro boletín y descargo fuimos presentados a un monstruo
el más horrible que jamás se ha descrito. Le llamaban
Grippeminaud. No sé si compararlo a la quimera, a la esfin­
ge, al cerbero o a la imagen de Osiris tal como la repre� ,
sentan los egipcios, con tres cábezas juntas, una . de león ru..: 1
giente, otra de ·perro lamiente y la tercera de lobo bostezan�
te, vigiladas por un dragón que se muerde la cola y entre
rayos que fulguran alrededor.
Tenía las manos llenas de sangre, las uñas de una arpía,
el hocico en pico de cuervo, los dientes de un jabalí de cua­
tro años, los ojos llameantes como una boca de infierno, y
estaba cubierto de morteros entrélazados de pilones. Solo se
le veían las uñas.
Su asiento, como el de todos sus colaterales, los Gatos. del
conejar, estaba hecho de un largo armero completamente .
nuevo, sobre el que aparecían instaladas vastas y bellas man­
dt'bulas conforme nos había advertido el mendigo. Sobre el.
asiento principal estaba la imagen de una mujer vieja que
tenía en la mano derecha una vaina de hoz y · eri la mano
izquierda una balanza. Sobre su : nariz llevaba anteojos. Los
platillos de la balanza estaban hechos con dos sacos de ve­
ludillo: uno lleno de moneda de cobre y colgante; ·
el otro,
'

vacío y largo, se .elevaba por encima de fiel.


Me parece que aquella era la imagen de la justicia de
Grippeminaud tan odiada de los antiguos tebanos, que erigían
laS estatuas de sus jueces después de su muerte · en oró, · en
plata o en mármol, según sus méritos; pero todos sin manos.
Cuando fuimos presentados a Grippeminaud, m:ias gen­
tes vestidas de sacos y escarcelas sobre los que había frag-.
mentas de escritura, nos hicieron sentar sobre un banquillo · y
Panurgo dijo :

194
-Pobres petates, amigos míos, yo me encuentro muy bien
de pie y además ese banco es demasiado bajo para un hom­
bre que tiene las calzas nuevas y el jubón corto.
-Sentaos ?hí -contestaron ellos...:. y que no tengamos que
repetíroslo. Se abrirá la tierra de repente para tragaros vivos
si no nos contestáis bien.

CAPITULO XII

Cómo Grippeminaud nos propuso un enigma

Ya que estuvimos sentados, Grippeminaud en. medio . de sus


Gatos Forrados, nos dijo .con voz furiosa y engolada:
-Oro aquí, oro aquí, oro aquí. (A beber aquí, a be­
ber aquí, decía Panurgo entre dientes. )

-Cierta joven muy tierna y muy rubita,


sin padre un hijo negro concibió;
sin dolor ni fatiga a luz lo dio;
pero igual que la víbora maldita,
al nacer un co$ado le comió.

Al valle se lanzó y a la montaña


en sendos vuelas o en andar pausado;
· dudaron ante cosa tan extraña
los sabios; pero al fin h(m afirmado
que ser humano era y no alimaña.

-Oro aqÚí, contesta a este enigma -dijo Grippeminaud- y


resuélvemelo al momento, oro aquí. .
-Ahora por Dios -contesté yo-, si tuviera una esfinge en
mi cása, ahora por Dios, como la tenía Verres, uno de vues­
tros precursores, ahora por . Dios podría yo resolver el enig:Ína,.
ahora ¡Jor Dios; pero no estoy seguro y ahora por Dios me
en.cuentro ino�ente . del . hecho.
-Oro aquí, · por Styx -repitió Grippeminaud-; puesto que
no, quieres decir otra cosa, oro aquí, yo te· enseñaré; oro aquí,
que .más te valdría haber caído entre las patas d e Lucifer,
oi:o aquí, por todos los diablos,· oro aquí, que
· entre nuestras
uñas, oro aquí. ¿Lo comprendes?
"Ox:o aquí, mitvado, nos alegas . tu inocencia, oro aquí, co­
mo una cosa digna para escapar a nuestras torturas. Oro aquí,
nuestrasJeyes son como telas de arañas; oro aquí, las simples

195
moscas y las mariposillas quedan presas, pero los moscardones
malhechores las rompen, oro aquí, y- pasan al través, oro aquí.
Parecidamente nosotros no buscamos los grandes ladrones y
los tiranos, oro aquí; son de muy dura digestión, oro aquí, y
nos volverían locos, oro aquÍ":- Vosotros, gentiles inocentes, oro
aquí, seréis bien inocentes, oro aquí. El gran diablo, oro
aquí, os cantará la misa, oro aquí.
El hermano Juan, impaciente por lo que acababa de decir
Grippeminaud, repuso :
- ¡ Ah señor diablo enjubonado! ¿Cómo quieres tú que te
conteste sobre una cosa que ignoro? ¿No te conformas tú con
la verdad?
-Oro aquí -dijo Grippeminaud-; no había llegado todavía
desde que yo reino, oro aquí, uno que se atreviera a hablar
antes de ser interrogado, oro aquí. ¿Quién nos ha traído a
este loco rabioso?
-Tú has mentido -dijo el hermano Juan sin mover los labios.
-Oro aquí, cuando te llegue el tumo de contestar, oro
aquí, tendrás bastante que hacer, oro aquí, animal.
-Tú has mentido -dijo silenciosamente el hermano Juan.
-¿.Piensas que estás en el bosque de la academia, oro
aquí, con los cazadores ociosos y los inquisidores de verdad?
Oro aquí, tenemos otras cosas que hacer, oro_ aquí; contesta,
oro aquí, categóricamente a lo que se ignorá. Oro aquí, se
confiesa haber hecho lo que jamás se hizo. Oro aquí, se pro­
testa saber lo que jamás se aprendió. Oro aquí, se hace tener
paciencia a los rabiosos. Oro aquí, se despluma la ocasión sin
hacerle gritar, oro aquí. Tú hablas sin preocupación, oro aquí;
yo lo veo bien, oro aquí; tus fuertes fiebres cuartanas podr'
ayudarte, oro aquí 26.
1 -Diablos -gritó el hermano Juan-. Archidiablos,
blos, pantodiablos. ¿Quieres tú casar a los frailes?
ay! Yo te declaro hereje.

CAPITULO XIII

Cómo Panurgo explica- el enigma de Grippeminaud

Grippeminaud, poniendo cara de no entender aquellas


labras, se dirigió a Panurgo y le preguntó:

26 La frase oro aquí, que tanto repite repite Grippeminaud, es o


equívoco, pues en cuanto a la forma lo mismo puede decir ahora aqu
pero claro se ve que no es esto lo que quiere expresar.

196
-¿Oro aquí, oro aquí, orp aquí, y tú, socarrón, no quieres
contestar?
Panurgo respondió :
-Ahora p o r el diablo, aquí veo claramente que está aquí
la peste para nosotros; ahora por el diablo; allá, atendi­
do que la inocencia no está aquí en seguridad y que el dia­
blo canta aquí la misa, ahora por el diablo allá, y0 os ruego
que me la dejéis pagar por todos de parte del diablo, y que
nos permitáis marchar; no pido más ahora, por el diablo de
allá.
-,- ¡ Partir! -dijo Grippeminaud-; oro acá, esto no ha ocurri­
do todavía desde hace trescientos años, oro acá. Nadie esca­
paba de aquí sin dejarse el pelo, oro acá, o la piel con ma­
· yor frecuencia, oro acá. ¿Por qué? Oro aquí, eso sería decir
que tú has venido ante nosotros aquí injustamente. y por nos­
otros han sido injustamente tratado, oro aquí. Tú eres muy
desgraciado, oro aquí; pero lo serás todavía más, oro aquí, si
no me contestas al enigma· propuesto. Oro aquí, ¿qué quiere
decir, oro aquí?
. ....:Esto es ahora por el diablo allá -respondió Panurgo- t¡.n
gusano negro nacido de una haba blanca, ahora de parte del
diablo allá, por el agujero que le había hecho al roer­
la, ahora por el diablo · allá. Algunas veces vuela, otras ca­
mina por la tierra, ahora por el diablo allá; por esto fue es­
timado por Pitágoras como el primer amante de la sabiduría,
o filósofo, como en griego se dice, ahora por el diablo allá,
y también por haber recibido por Metempsícosis un alma hu­
mana, . ahora por el diablo allá, después de vuestra amada
muerte, según su opinión, vuestras almas pasarán al cuerpo
de los gorgojos, ahora por el diablo allá, porque en esta vi­
da roéis y coméis todo, y en la otra roeréis y comeréis como
víboras hasta las costillas de vuestras madres, ahora por el
diablo allá.
-Por iázón de Dios -dijo el hermano Juan-, yo quisiera
<fe muy buena gana en este momento que el agujero de mi
culo se convi:it:iese en haba, y que fuese comida alrededor
por esos gorgojos. .
Dichas éstas palabras, Panurgo arrojó en medio del pavi­
mento una gruesa bolsa · de cuero llena· de escudos al sol. Al
.son de la bolsa todos los Gatos Forrados comenzaron a mo­
ver sus uñas · y a sonarlas como si fuesen violines destempla­
dos, y todos gritaron en alta voz:
-Estas son especias; el pleito :fue muy bueno, muy fresco·
iy bien aderezado. Estos son hombres de bien.

197
-Esto es oro -dijo Panurgo-; quiero decir escudos al sol.
-El tribunal así lo entiende -dijo Grippeminaud.::.;.. · ahora
bien, ahora bien, ahora bien. Id, hijos míos, ahora bien, y pa­
semos a otra cosa; ahora bien, nosotros no somos tan diablos,
ahora bien, aunque somos negros, ahora bien, ahora bien,
ahora bien.
Fuimos conducidos hasta el puerto por algunos grifones d e
las montañas. Antes - de entrar e n nuestros navíos- n o s advir­
tieron que no reanudásemos nuestro camino sin haber hecho
presentes señoriales, tanto a la mujer de Grippeminaud, como
a todos los Gatos Forrados, pues de otro modo tenían orden
de volvernos a llevar a la taquilla.
-Mierda -contestó el hermano Juan-; vaciaremos aquí e]
fondo de nuestras bolsas y nos marcharemos, dejando a todos
contentos.
-Pero . . . -dijeron los mozos- no olvidéis el vino de los
pobres diablos.
-El vino de los pobres diablos -contestó el hermano
Juan- nunca se olvida; se tiene bien . presente en todos los
países y .en todas las estaciones.

CAPITULO XIV

Cómo los Gatos Forrados viven de corrupción

No hlibía acabado de pronunciar el hermano Juan estas pa­


labras, éuando vio que llegaban al puerto sesenta y ocho ga­
leras y fragatas. Corrió a preguntarles qué noticias traían y
de qué mercancías estaban cargadas, y vio que todos estaban
llenos de caza, liebres, capones, pichones, cerdos, cabritos, po­
llos, patos, gansos y otras especies . .,
-Corrupción �contestaron los viajeros.
comerán los bienes patrimoniales, y esos gentilhombres que
recerán sus generaciones. Por la virtud de Dios sus padres se
-¿Viven; pues, de corrupción? �dijo el hermano Juan-. Pe­
llos, patos, gansos y otras especies.
Descubrió también algunas piezas de terciopelo, de satín y
de damasco, y entonces preguntó a los viajeros adónde
y quién llevaban aquel hermoso cargamento, y le contestaron
que a Grippeminaud, a los Gatos y a las Gatas Forrados.
-¿Cómo llamáis a estas drogas? -preguntó el hermano
Juan.

198
en _razón de su estado se dedicaban a la caza para prepa­
rarse para la guerra, dejarán de ser circunspectos y endure­
cidos para el trabajo. La caza es como la imagen de la gue­
rra, y Jenofonte no mintió cuando escribió que de la caza,
como del caballo de Troya, suelen salir todos los bue­
nos caudil)os de la guerra. Yo no soy clérigo, pero así m e
lo han dicho y lo · creo. Sus almas, según la opinión de Grip­
peminaud, entran después de su muerte en el cuerpo de los
jabalíes, de los cerdos, de los püercoespines, de las perdices
y de los demás animales que tanto habían amado y buscado
durante su vida. Ahora, estos Gatos Forrados, después de ha­
ber destruido y devorado sus castillos, tierras, dominios, po­
sesiones y rentas, les buscan todavía en la otra vida el alma
y la sangre. ¡ Oh, el mendigo de · bien, qué bien nos aéfvirtió
. al señalarnos la mandt'bula instalada por encima del armero!
-Verdaderamente ....:.dijo Panurgo-, pero han hecho avisar
a los viajeros en nombre del gran rey, que nadie, bajo pena
de ser colgado, debe cazar ciervos, gamos ni jabalíes.
-Es verdad -contestó por todos uno de éllos-; pero el
gran rey es muy benigno. Estos Gatos Forrados están tan ra­
biosos y tan sedientos de sangre cristiana, que nos da menos
miedo el ofender al gran rey que el defraudar la esperanza
de entretener a estos Gatos Forrados con estas corrupciones;
sobre todo, que mañana Grippeminaud casa a una de sus ga­
tas · con un gran Mitouard, que es un gato bien forrado. Ante
se les llamaba Mascaheno; pero ya no lo mascan. Ahora
los llamamos Mascaliebres, Mascaperdices, Máscabecadas, Mas­
cafaisanes, Mascapollos, Mascaconejos, Mascacochinos; no s e
alimentan cori.otias viandas.
-Mierda, mierda -dijo el hermano Juan-. Al año que vie­
ne los llamarán Mascatronchos,
- Mascadiarreas, Mascamierdas.
Creedme.
-Lo mismo nos da -contestaron los viajeros.
-Hagamos dos cosas -dijo-; primeramente, tomemos algo
de -toda esta caza que lleváis ahí. Así como así, ya estoy har­
to de salazones que me escaldan los hipocondrios; pero pa­
gándola bien. Y en segundo lugar volvamos a la taquilla y
entremos a saco contra todos esos diablos de Gatos Forrados.
-Yo no voy -dijo Panurgo-; soy por naturaleza un poco
cobarde.

199
CAPITULO XV

Cómo el hermano Juan decidió saquear a los


Gatos Forrados

- ¡ Virtud de la cogulla! -dijo el hermano Juan-. Vaya un


viaje que hemos hecho aquí! Este es un viaje de cagones; no
hacemos más que escupir, peder, cagar y no hacer nada. Por
el corazón de Dios que esto no encaja en mi naturaleza. El
día que no realizo un acto heroic;o, llega la noche y no pue­
do dormir. Me habéis tomado como compañero en este viaje,
únicamente para cantar misa y confesar. ¡ Pascua del sol! El
primero que se me acerque tendrá como penitencia el caer
en el fondo del mar, como un cobarde y un malvado, y de
cabeza, a cuenta de las penas que le esperan en el purga­
torio. ¿.Qué es lo que ha dado a Hércules su fama y su re­
nombre sempiterno? ¿No se debe a que al viajar por el mun­
do librara a los pueblos de sus tiranos, de errores, de peli­
gros y de vejaciones? Daba muerte a todos los bandidos, : a
todos los monstruos, a todas las serpientes venenosas y a las
bestias malhechoras. ¿Por qué no seguimos su ejemplo y ha­
cemos lo que él en todas las comarcas por donde pasamos?
Desafió a las Estinfálidas, a la Hidra de Lemé, a Caco, a
Anteo y a los Centauros.
"Yo no soy clérigo, pero los clérigos lo dicen. Imitándole,
destrocemos y entremos a saco contra los Gatos Forrados; son
instrumentos de los diablos, y debemos librar a este país de
su tiranía. Yo reniego de Mahoma; si fuera tan fuerte y po­
deroso como lo era éi, no os pediría ayuda ni consejo.
¿.Adónde iremos? Yo os aseguro que los mataremos con faci­
lidad, y que lo sufrirán pacientemente. Así debemos hacerlo,
en atención a que nos han lanzado más injurias que entre
diez catapultas. Vamos.
-De las injurias y del deshonor -dije yo- no se ocupan
ellos, mientras tengan escudos en sus escarceJas, aun cuando
estuviesen llenos de mierda. Nosotros los destrozaríamos . aca­
so como Hércules; pero nos falta el mandamiento de Euris­
teo, y no deseo más hasta ab6i:a sino que Júpiter se pasee
por entre ellos durante dos horitas, en la misma forma que
lo hizo cuando visitó a su amiga Semelé, primera madre del ·
buen Baco.
-Dios -dijo Panurgo- nos ha concedido la gracia de esca­
par de sus uñas; por mi parte no vuelvo allí; todavía me
encuentro emocionado y sediento por la fatiga que he sentí-

200
do, pues me vi grandemeqte disgustado por tres causas : pri­
m�ra, porque estaba enfadado: segunda, porque estaba enfa­
dado; y tercera, porque estaba enfadado. Escúchame aquí
con tu oreja derecha, hérmano Juan, mi cojón izquierdo; to­
das las veces, y tantas veces como quieras, irte a los diablos,
ante el Tribunal de Minos, Eacos y Radamanto y Dites, es­
toy dispuesto a hacerte compañía indisoluble y a pasar con­
tigo el Aquerón, el Styx y el Cócito; a beber a tragantadas
en el río Leteo, y a pagar por los dos el pasaje a Caronte
en su barca; pero para volver a la taquilla, si por fortuna
lo determinas, toma otra compañía, porque yo no vuelvo.
Que esta palabra sea para ti una muralla de bronce. Si por
la fuerza y la violencia no soy allí conducido, te aseguro que
nunca me acercaré más de lo que se acerca Avila a Calpe.
¿Volvió Ulises a buscar su espada en la caverna, del Cíclope?
A fe mía que no. En la taquilla nada se m e ha olvidado,
y yo no. volveré.
- ¡ Oh, buen corazón y franco compañero de manos paralí­
ticas! -dijo el hermano Juan-. Pero hablemos un po.co en
escotista, como el Doctor Sutil; �.quién os ha determinado a
arrojarles la bolsa llena de escudos? ¿Tantos nos sobraban?
¿,No hubiera sido bastante el arrojarles algunos tostones
roñosos?
-Es que al fin de cada frase -contestó Panurgo- Grippe­
minaud abría su bolsa de terciopelo y exclamaba: "Oro aquí,
oro aquí, oro aquí." De esto deduzco que únicamente podría­
mos escapar y librarnos de ellos arrojando oro allí, oro allí,
oro allí. Por Dios, oro por todos los diabios de allí; una es­
carcela de terciopelo no es un relicario de tostones ni de mo­
neda menuda, sino un recipiente de escudos al sol; ¿lo en­
tiendes tú, querido y cojonudo hermano Juan? Cuando tú ha­
yas sido tostado tanto y tantas veces como yo, hablarás de
otra manera el latín. Pero ahora lo que conviene es pasar a
otra cosa.
Los pobres peleles del puerto esperaban en perspectiva de
álgún dinero. Al ver que íbamos a levantar las velas se di­
rigieron al hermano Juan advirtiéndole que no podía ir más
lejos sin pagar el vino de los mozos, según la tasa del sitio.
- ¡ Hola! -dijo el hermano Juan-, ¿todavía tenemos aquí
estos grifones de los diablos? ¿No estoy yo bastante disgus­
tado para que vengáis ahora a disgustarme más? Por el cora­
zón de Dios, que tendréis vuestro vino al momento, os lo pro­
meto con toda seguridad.
Desnudando al punto su espada bastarda saltó del navío,

201
resuelto a matarlos cruelmente; pero emprendieron un rápido
galope y' no volvimos a verlos. \
No acabaron sin embargo nuestros disgustos, pues algunos
de los marineros, con permiso de Pantagruel y dmante el
tieinpo que estuvimos ante Grippeminaud, se habían retirado
a una hostería de' junto al púerto para banquetear y desean- .
sar un poco; yo no sé si todos habían o no pagado bien el
escote; pero una vieja hostelera al ver al hermano Juan se
le quejó grandemente en presencia de un guardia, yerno de
uno de los Gatos Forrados y ante dos transeúntes que eligió
como testigos. El hermano Juan, impaciente por sus discursos
y sus alegaciones, preguntó : · .
-Pobres peleles, amigos míos. ¿Queréis decir en resumen
que nuestros marineros no son hombres de bien? Yo manten­
go lo contrario y os lo probaré por justicia mediante
·
esta es-
pada bastarda que veis aquí.
Al decir esto la esgrimía y los aldeanos huyeron al trote,
quedando solamente la vieja, que protestaba ante el he.rma­
no Juan que sus marineros eran hombres de bien y se que­
jaba únicamente de que nada le hubiesen pagado por el le­
cho en donde descansaron después de comer; por ello pedía
solo .cinco sueldos turneses.
-Verdaderamente -dijo el hermano Juan- es muy baratq;·
son muy ingratos y jamás tendrán cama a ese precio. , Yo_ 1'1
pagaré de buena gana; pero quisiera verla.
La vieja lo condujo a su alojamiento y le mostró el lecho.
Después de haberlo alabado por todas sus cualidades, le di­
jo que no pedía mucho al pedir cinco sueldos.
El hermano Juan se los dio y después con su espada hen­
dió la colcha y el almohadón en dos y por la ventana arro­
jó al viento las plumas.
La vieja bajó pidiendo auxilio y llamándole asesino, y se
dedicó a recoger sus plumas. El hermano Juan, sin hacerle
caso, se llevó la colcha, el colchón y las dos mantas a nues-.
tro navío, sin que nadie lo viese, a causa de que todo esta­
ba oscurecido por una nube de plumas, tan blancas que pa­
recían nieve, y les dio todo a los marineros. Después dijo · a
Pantagruel que las camas estaban allí mucho más . bara­
tas que en todo Chinon, aun cuando allí tenían las célebres
ocas de Pautilé; por el lecho, en efecto, la vieja no había
cobrado más que cinco sueldos, cuando en Chinon no valdría
menos de doce francos.
Mientras el hermano Juan y los demás de la compañía su­
bían al 'bajel, Pantagruel izó las velas; pero se levantó . un

. 202
viento tan fuerte que perdieron la ruta. Ya estaban a p�nto
de volver a tomar el camino del país de los Gatos Forrados
cuando entraron en un gran golfo, é-n el que la mar estab �
tan gruesa y terrible que un grumete que se encontraba en
lo alto del mástil de avance gritó que veía todavía las dis­
gustantes moradas de Grippeminaud, y Panurgo, loco de te­
rror, comenzó a gritar:
- ¡Patrón!, ¡ ay amigo mío!, a pesar de los vienros y de las olas
vuelve el timón, ¡ay amigo mío! ¡No volvamos a ese desdi­
chado país en el que yo dejé mi bolsa!
El viento los llevó junto a una isla en la que al princi­
pio no se atrevieron a descender. Fueron a una milla de allá,
al lado de unas grandes rocas.

CAPITULO XVI

Cómo Pantagrue� llegó a la isla de los Apedeftes,


de largos dedos y manos ganchudas, y de lc;.s
aventuras terribles y m onstruos que allí vio 27

T.an pronto como las áncoras fueron lanzadas y asegurado


el bajel descendimos al esquife. Cuando el bueno de Panta­
gruel hubo hecho sus oraciones y dado gracias al Señor por
haberle salvq.do y guardado de tan enormes peligros, se di­
rigió con toda su compañía a tomar tierra, lo que le fue muy
fácil por estar el mar en calma y los vientos bajos; así lle­
garon a la roca en muy poco tiempo. ·
Cuando hubieron tomado tierra, Epistemon, que admiraba
la situación de lugar y la extrañeza de las rocas, distinguió
algunos habitantes del país. El primero a quien se dirigió es­
taba vestido con una corta ropilla de color de rey; tenía un
jubón con mangas de sat�n, guarnecido en lo alto de gamu­
za. Llevaba el bonete a la Cocarda y era un hombre de
buena figura. Como supimos luego, se llamaba Ganamucho.
Epistemon le preguntó cómo se llamaban aquellas rocas y
aquellos valles tan extraños. Ganamucho le contestó que
aquella era una colonia formada por el país de Procuración
r que se llamaba Los Expedientes. Añadió que un poco más

27 Apedejles, del griego apaideutes, que significa Iletrados, porque


el serlo no era preciso para formar parte de la Cámara de Cuentas,
qu es aquí objeto de la .sátira. Muchos autores suponen que este
. capítulo no lo escribió Rabelals.

203
allá de · las rocas y pasando un pequeño vado encontraríamos
la isla de los Apedeftes. .
- ¡Por la virtud de las Extravagantes! -dijo el herma­
no Juan-. Y vosotros, hombre de bien, ¿de qué vivís aquí?
¿Sabríamos nosotros · beber en vuestro vaso? Porque yo no veo
más útiles que plumas, colodras y pergaminos.
-No . vivimos más que de esto -contestó Ganamucho-,
porque es preciso que todos los que·
en la isla tengan nego-
cios pasen por mis manos.
-¿Por qué? -preguntó Panurgó-. ¿Sois acaso barbero y ne­
cesitan todos peinarse?
-Sí -dijo Ganamucho-; es preciso que yo a todos les pei-
ne las bolsas.
·

-Por Dios, que mío -dijo Panurgo- no tendréis un dinero,


ni cosa que lo valga; pero os ruego, distinguido señor, que
nos llevéis al país de los Apedeftes porque venimos del país
de los sabios, en el que yo nada he ganado.
Pasaron muy pronto el agua y llegaron a dicha isla, que
estaba a la vista.
Pantagruel quedó admirado ante la estructura de las. habi­
taciones y las gentes del país.
Vivían en una gran Prensa que estaba a más de cincuenta
grados de elevación; · antes de entrar en la prensa mag­
na, porque las había grandes, pequeñas y de todas clases, se
pasaba por un gran peristilo en el que· se veían en paisaje
las ruinas de casi todo el mundo : horcas, grandes ladrones,
sacos y pleitos, que era cosa de nunca acabar.
Ganamucho, al ver que Pantagruel se entretenía con · esto,
le dijo: .
-Señor, vamos más adelante, que esto no es nada.
- ¡Cómo! -dijo el hermano Juan-. ¿,Esto no es nada? Por
el alma de mi bragueta escaldada, Panurgo y yo esta­
mos temblando de hambre; mejor quisiera yo beber que con­
templar aquí esta ruina.
-Venid -dijo Ganamucho.
Y nos condujo entonces a una prensa pequeñita que estaba
o culta detrás . de la grande y que en el lenguaje de, la isla
se llamaba· Pithies 28 . No preguntéis si Panurgo y el herma­
no Juan se aprovecharon, pues los salchichones de Milán, los
gallos de Indias, los capones, las avutardas, la malvasía y to­
dos los buenos manjares estaban allí dispuestos y bien aco­
modados. Un cantinerito, al vel' las ojeadas amorosas que el .

28 Pithies, del griego pino, yo bebo; imperativo pithi, la cantina


de la Cámara de Cuentas .

204
hermano Juan dirigía a una botella que se encontraba junto
a una mesa separada de la tropa botéllica, dijo a Pantagruel:
-Señor, veo que uno de vuestra compañía hace el amor
a esta botella, y yo os suplico que no sea tocada, porque es
para los señores.
- ¡ Cómo! -dijo Panurgo-. ¿.También hay señores aquí?
Y para ellos se vendimia según veo.
Ganamucho, entonces, nos hizo subir a una habitación por
una escalera secreta y en ella nos mostró a los señores que
estaban en la prensa.
-Ningún hombre -nos dijo- tiene derecho a entrar aquí
sin permiso; pero por este agujerito de la ventana podremos
nosotros verlos sin que se enteren.
Cuando estúvimos allí, vimos en una gran prensa veinte o
veinticuatro grandes bigardos alrededor de un gran verdugo
vestido de verde que s� miraban unos a otros; tenían las ma­
nos largas como patas de grulla y las uñas por lo menos de
dos pies, pues les está prohibido cortárselas; y así llegan a
tenerlas como hoces o como horquillas.
En seguida trajeron un gran racimo de la uva que se re­
colecta en aquel país en la viña del Extraordinario 29 .
Cuando el racim9 llegó lo colocaron en la prensa y no le
quedó un grano que no soltara aceite de oro hasta que que­
dó totalmente seco y espeluchado · y sin una gota de licor.
Ganamucho nos contó que no tenían con gran frecuencia
racimos de aquel tamaño, pero que no . les faltaba con qué
entretener las prensas.
-Pero, compañero -dijo Panurgo-, tendrán muchas viñas.
-Sí -respondió Ganamucho-. ¿Veis este racimo pequeñito
que se va a colocar en la prensa? Pues es del plantío de
los Diezmos; ya trajeron más el otro día; pero el aceite se
iba al cofre del preste y los señores no pudieron sacarle
·
el
jugo.
-Y entonces, ¿.para qué vuelven a meterlo en la prensa?
-preguntó Pantagruel. .
-Para ver -dijo Ganamucho- si ha quedado algo de jugo
en la raspa;
- ¡ Digna virtud de Dios! -dijo el hermano Juan-. ¿Y a es­
tos los llamáis ignorantes? · ¡Si son capaces de sacar aceite de
un muro!
-Así hacen -repuso Ganamucho-; pues con frecuencia

· 29 Los ingresos del extraordinario eran los procedentes de las con­


fiscaciones que se hac!an de los . bienes de los que comprometían el
tesoro público en guerras, y además, con frecuencia, eran ahorcados.

205
meten en las prensas castillos, parques, bosques, y de todo
sacan el oro potable.
-Querréis decir portable -dijo Epistemon.
-Digo potable -insistió Ganamucho-, porque se bebe aquí
en botellas, aun cuando no se debiera beber. Hay tan­
tas plantas 3 0 que no se conoce el número. Pasad por aquí
y mirad ese jardín; ahí hay más de mil que no esperan si­
no la hora de ser prensadas. Y junto al plantío general está
el particular de las fortificaciones, de los empréstitos, de los
dones, de lo casual, de los dominios, de los menudos place­
res, de los correos y de las ofrendas a la casa. . _

' -¿Y aquella más gDiesa que está rodeada de todas las
pequeñas?
-Es la de los gastos -dijo Ganamucho-; es el mejor plan­
tío de todo el país: Cuando se prensa este plantío, seis me­
ses después _no hay uno de los señores que no se resienta.
Cuando los señores se levantaron Pantagruel rogó a Gána­
mucho que nos llevara a la gran prensa, cosa que hizo de
buen grado .
Cuando hubimos entrado, Epistemon, que comprendía to­
das las lenguas, comenzó a mostrar a Pantagruel las divisas
de la prensa, que era grande, hermosa, hecha con madera de
la cruz, según nos dijo Ganamucho.
Cada utensilio tenía, en efecto, escrito su nombre en len­
guaje del país. El huso de la prensa se llamaba presupuesto,
los conductos gastos, el recipiente esta_do, las partes laterales
dínero_ contado y no recibido, los fustes sufrimientos, las
tuercas radiador, los capazos recuperadores, los cubos plus va­
lía, las asas papeles, y asi todo por este orden.
- ¡Por la reina de las morcillas! -dijo Panurgo-, que entre
todos los jeroglíficos de Egipto no pueden aproximarse a es­
ta jerga. Pero ¿,Por qué, querido compañero, llaman ignoran­
tes a las gentes de aquí?
-Porque ni son ni deben ser jamás sabios -contestó Gana­
mucho-, pues aquí no debe haber otra razón sino la de que
"los señores lo quieren", "los señores lo han ordenado".
-Por el verdadero Dios -dijo Pantagruel;-, puesto que ga­
nan tanto con los racimos, su juramento debe valerles mucho.
-¿Dudáis de ello? -dijo Ganamucho-. No hay mes qué no
lo tengan; aquí no ocurre como en vuestro país que solo hay
juramentos una vez al año.

30 Aquí e!l. el original hay otro juego del vocablo, puesto que ·ttn
francés, con arreglo a la ortografía de la época, plantas · y quejas
se nombraban con la misma palabra.

206
Al salir de allí para dirigirnos a otras pequeñas pre�;¡as,
vimos otra oficina en la que se encontraban cuatro . o cmco
de esos ignorantes grasientos y coléricos, como asnos a los que
se les ata un huso a la cola. Junto a una pequeña prensa
repasaban todavía el bagazo restante. Se les llamaba correc­
tores de cuentas.
-Estos son los más antipáticos villanos que jamás he visto
-dijo el hermano Juan.
Al salir . d e aquella gran prensa, pasamos por una infinidad
de prensas pequeñas rodeadas de vendimiadores que desgra­
naban los racimos con útiles que llamaban artículos de
cuenta, y finalmente llegamos a una sala baja en donde vi­
mos un gran dogo con dos cabezas de perro, vientre de lo­
bo y uñas como un diablo de Lamballe, que lo alimentaban
con leche de almendras. Estaba tratado con esta delicadeza
por orden de los señores. Le llamaban en la lengua de la
�la Duple. Su madre, que estaba junto a él, era del mismo
pelo y parecida forma, con la diferencia de que tenía cuatro
cabezas, dos de macho y .dos de hembra; se llamaba Cuá­
druple y era la bestia más feroz del lugar y l a más peligro­
sa, salvo su abuela a la que vimos encerrada en un ·calaba"
zo, al que llamaban omisión de justificantes.
El .hermano Juan, que tenía siempre veinte varas de intes­
tinos vacíos para envasar una buena ensa).ada de abogados,
comenzaba a aburrirse y rogó a Pantagruel que pensara en
comer y que invitara a Ganamucho.
Al salir de allí por la puerta trasera encontramos un hom­
bre muy viejo encadenado, semüguorante y sernisabio, como
un andrógino del diablo caparazonado de anteojos como una
tortuga de conchas y solo vivía de un alimen,to que en el
argot del país se llama Apelaciones.
Al verle Pantagruel preguntó a Ganamucho de qué raza
era aquel protonotario .y cómo se llamaba.
Ganamucho nos contestó que de todo tiempo y antigüedad
estaba allí, con gran disgusto de los señores, encadenado y
muerto de hambre, esperando lo que él llan;mba Revisión.
-¡Por los santos cojones del Papal -dijo el hermano
Juan-. No me extraña · el que los s�ñores se preocupen de
este · papelero. Por Dios te aseguro, amigo Panurgo, que si le
miras bien verás que tiene l a cara d e Grippeminaud. Todos
estos, por muy ignorantes que sean, saben tanto como los
. otros. Yo, a vergajazos, le haría irse por donde ha venido.
-Por mis anteojos orientales -dijo Panurgo-, hermano
Juan, amigo mío, que tienes razón; a juzgar por la facha de

207
este falso y villano revisionista, es todavía más ignorante y
malvado que estos pobres ignorantes de aquí, que vendimian
lo menos mal que pueden, sin largos pleitos, y que con tres
br-eves palabras lo vendimian todo sin tantos interlocutorios
ni decretarías como aquellos enojosos Gatos Forrados.

CAPITULO XVII

Cómo pasamos a Odre, y cómo Panurgo estuvo


a p unto de ser muerto 3 1

En el instante tomamos el camino de Odre y conta- ·

mos nuestras aventuras a Pantagruel, que le inspiraron una.,


gran conmiseración, y para entretenerse compuso algunas ele­
"Ías 32
"'

Cua do llegamos allí nos refrescamos un poco e hicimos
provisión de agua fresca; tomamos también madera para
nuestras municiones. Las gentes del país, a juzgar por su fi­
sonomía, nos parecieron gentes simpáticas y agradables; todos
estaban abotagados y _pedían grasientamente; nos enteramos
de lo que yo no había visto todavía en ningún otro país, es­
to es, de que les desgarraban la piel para envasar la grasa,
ni más ni menos que los hediondos de mi país cuando se
descosen lo alto de las calzas para aprovechar la tela. De­
cían que no hacían aquello por gloria ni ostentación, si­
no porque no podían estar dentro de su piel. Al hacer esto
se hacían grandes rápidamente, del mismo modo que los jar­
dineros acuchillan la corteza de los árboles jóvenes para ha­
cer que se desarrollen más de prisa.
Cerca del puerto había una bella taberna de magnífi­
ca apariencia a la que se veía acudir gran número de gentes
del país de los dos sexos, de todas las edades y de todos
los estados. Pensamos que allí habría algún noble festín
y banquete; pero nos dijeron que se trataba de la desolladu­
ra del patrón y a ella acudían con toda diligencia los pró­
ximos parientes y amigos que habían sido invitados.
Al no comprender esta jerga, estimamos que en aquel país

3 1 El país de los glotones oultrés, es decir, a ultranza. Este capítulo


quedó incompleto o se ha perdido su final, pues no corresponde al
epígrafe, en el que se .dice que '?anurgo estuvo a punto de ser muerto.
32 Estas aventuras son las del país de los Gatos Forrados, en el
que Pantagruel no había querido desembarcar.

208
el festín se lla_rnaba; desolladura, como en el nuestro ll ama­
mos esponsales , desposorios, fiestas · de pascua,- de la esquila­
dura, de la siega, · etc., etcétera. Supimos que el patrón en
su tiempo había sido un buen compañero bromista, gran co­
medor de sopas lionesas, notable contador del reloj, comien­
do eternamente, como el huésped de Rouillac, y que de diez ·

años a la fecha había pedido grasa en tal abundancia que


había llegado ya a su desolladura, y según la costumbre del
país concluía sus días en ella. El peritoneo y su piel, desga­
rrados después de tantos años, no podían ya encerrar sus tri­
pas y retenerlas, por lo que se le escapaban del vientre co­
mo un tonel desfondado.
-Pero, buenas gentes -dijo Panurgo-, ¿no sabríai;; liar­
le bien el vientre con gruesos cellos de álamo o de hierro,
si fuera preciso? Así liado no arrojaría tan fácihnente sus en-
·

trañas y no reventaría tan pronto.


Dicha esta palabra, escuchamos en el aire un sonido agu­
do Y- estridente, como si una gran encina estallara en dos pe­
dazos; algunos vecinos nos dijeron que la reventadura estaba
hecha y que aquel ruido resonante era el pedo de la muerte.
Entonces me acordé del venerable abad de Castilliers,
que n·o se dignaba· acometer a sus camareras sino vestido de
pontificia! y que importunado en sus últimos días por sus pa­
rientes y amigos para que resignase su abadía, elijo y protestó
que no se despojaría nunca de su cargo y que el último pe­
do que lanzara su paternidad sería un pedo de abad.

CAPITULO XVIII

Cómo nuestro bajel e1¡calló y vinieron en nuestra


ayuda algunos via¡eros q ue volvían
ele la- q uinta

Habiendo replegado nuestras velas y nuestras cuerdas, ca­


minábamos empujados por un dulce céfiro: Pero al cabo ele
unas. veintidós millas se levantó un furioso torbellino de
vientos diversos alrededor del que, con el mástil y las boli­
nas contemporizamos un poco, con el fin de no desobedecer
al pilóto, que nos tranquilizaba y nos aseguraba, en vista de
la dulzura de aquellos vientos, y su apacible combate al mis­
mo tiempo, que la serenidad del aire y la tranquilidad ele
la corriente que no podíamos esperar un gran bien ni temer
un gran mal. A este propósito invocábamos la sentencia del

209
filósofo que manda sostenerse y abstenerse, esto es, contem-
porizar 33 , . .
Sin embargo, el torbellino duró. tanto que, importuna­
do por nuestros apremios, el piloto intentó romperlo y conti­
nuar nuestro primer camino. Así colocó el timón a la derecha
de la, brújula y en una ruda acometida logró ro�per el tor­
bellino; pero aquello nos produjo la misma aflicción que si
al evitar Caribdis hubiésemos caído en Scila, porque a dos
millas de allí encallaron nuestros navíos. .
Todos nuestros remeros se contrista,ron grandemente; unos
vientos furiosos soplaban al través de nuestras mesanas; pero
el hermano Juan no sentía el menor disgusto; consolaba a
unos, desconsolaba a otros y con dulces palabras les demos­
traba que, puesto que había visto a Cástor al extremo de las
antenas, pronto tendríamos el auxilio del cielo.
- ¡ Quiera Dios -gritó Panurgo- acercarnos a tierra y nada
más! Vamos, yo consiento en no casarme nunca, con tal que
me vea en tierra y tenga un caballo para huir. Me pasaré
muy bien sin lacayo, jamás me veo tan bien servido como
cuando estoy sin criado. Plauto no mintió cuando dijo que el
número de las cruces, es decir, de los disgustos, de. las
alficciones, de las cóleras, que nos causan los criados, aun
cuando fuesen mudos,. es la parte más peligrosa y más des­
dichada de la vida. A causa de esto se inventaron las tortu­
ras, los procesos, y los tormentos para los criados y no para
otros, aun cuando los comentadores del derecho de este
tiempo fuera de este reino hayan sacado consecuencias ilógi­
cas y nada razonables.
En aquel momento vino derecho a abordar hacia nosotros
un navío cargado de tamboriles. En él reconocí algunos pa­
sajeros de buena casa, entre otros a Henri Cotiral, mi antiguo
compañero. De su cinturón llevaba colgada una cabeza de
asno como las mujeres llevan el rosario; en su mano izquier­
da tenía un grande, graso, viejo y sucio bonete de un tiñoso
y en su mano derecha un troncho de col. .
En cuanto me reconoció gritó alegre:
-¡Aquí lo tengo! ¡Ved aquí -y mosl:!:aba la cabeza­
el verdadero Algamana!; este bonete doctoral es nuestro
único Elixo y este -y señalaba el tronco de col-, es lunaria
majar .. Ya lo comprobaréis a vuestra vuelta 34,

33 Se refiere a Epicteto, de quien era la máxima sustine et abstine. ·


34 Esto es, llevamos la verdadera piedra filosofal. Para obtenerla.
creian los alquimistas que era muy conveniente .tener la piedra llamada.
lunaria.

210
Pero yo les pregunté:
-¿De dónde venís? ¿Adónde vais? · ¿Qué lleváis? ¿Habéis
sentido el mar?
-De la Quinta; a Turena; alquimia; hasta el culo -me
contestó.
-¿Y qué gentes tenéis ahí sobre cubierta? .
-Son cantores, músicos, poetas, astrólogos, rimadores, geo-
mánticos, alquimistas y relojeros. Todos vienen de la Quinta
y traen grandes y bellas cartas de estudio.
No había concluido, cuando Panurgo, indignado y disgus­
tado, dijo :
-Vosotros, pues, que lo hacéis todo, lo mismo el buen
tiempo ql:fe los niños, ¿por qué no tomáis aquí el cabo, y nos
· llamáis sin precaución en plena corriente? ·
-A ello iba -dijo Henri Cotiral-; a estas horas en este
momento al presente estaríais ya fuera del fondo.
Hizo entonces desfondar siete millones quinientos treinta y
dos . mil ochocientos diez tamboriles; por una parte los izó
por 1 un costado hacia el gallardete y mandó liar las cuerdas
por todas partes; tomó nuestro cabo por la popa y lo ató a
!os calabrotes. Después, al primer arranque nos situó fuera de
las arenas con una gran facilidad y no sin place;r, porque el
son de los tamboriles junto al murmullo de la grava y las
órdenes de los oficiales de los remeros producían una armo­
nía tan . dulce como aquella de los astros rodantes que Pla­
tón decía haber escuchado algunas noches al dormir.
Ante el temor de parecer ingratos con aquellos que seme­
jante beneficio nos habían hecho, compartimos con ellos
nuestras morcillas, llenamos sus tamboriles de salchichas
y largamos sobre su cubierta seseqta y dos toneles de vino;
cuando dos grandes ballenas abordaron impetuosamente su
navío y en él vomitaron más agua que la que contiene el
río Vienne desde Chinon hasta Saumur, con la que llenaron
sus tamboriles, mojaron todas sus •antenas y les bañaron has­
ta más arriba de las calzas.
Panurgo al ver aquello tuvo una alegría tan excesiva y se
rió tanto, que tuvo cólico durante más de dos horas.
-Yo quisiera darles vino -dijo-, pero tienen demasia­
da agua; de agua dulce tienen abundancia y no la usan más
que para lavarse las manos. Esta hermosa agua salada les
servirá de bórax, de nitro y de sal amoníaco en la cocina
de Geber. .
No nos fue posible hablar más con ellos, porque el primer
torbellino nos había quitado la libertad del timón y el pilo-

211
to nos rogó que le dejásemos para en adelante guiar la navé
sin ocuparnos más que de divertirnos; por ele pronto convenía
bordear el torbellino y seguir la corriente si queríamos llegar
sin peligro al reino de la Química.

CAPITULO XIX

Cómo llegamos al reino de la Quinta Esencia,


llamado Entelequia 35

Después, ele haber costeado prudentemente el torbellino


durante el espacio ele medio día, el aire nos pareció más se­
reno que ele costumbre y llegarnos sanos y salvos al puerto
de Mateotecnia, a poca distancia del palacio ele la Quinta
Esencia.
Al descender, encontramos ante npsotros un gran número
de arqueros y ele guerreros, que guardaban el arsenal. Nos
asustaron mucho, porque al primer encuentro nos hicieron a
todos dejar nuestras armas, y en tono fiero nos preguntaron:
· -C_ompaclres, ¿ele qué país venís?
-Primos -repuso Panuí:go-, somos tourangeros, venirnos ele
Francia, y desearnos hacer nuestra reverencia a la dama
Quinta Esencia, y visitar el celebérrimo reino ele Entelequia.

-¿,Cómo decís? ¿Entelequia o Enclelequia?
-Bellos primos -repuso Panurgo-, somos gentes sencillas e
idiotas; pero ·dispensad la rusticidad ele nuestro lenguaje, por­
que nuestros corazones son, por lo demás, francos y leales.
-No sin causa os hemos interrogado sobre esta diferencia
-nos dijeron-, porque un gran número ele gentes de vuestro
país ele Turena, que h an pasado por aquí, nos parecieron muy
redichos, y hablaban correctamente; pero de otros p aíses han
venido aquí, que eran orgullosos y fieros como los escoceses,
y querían discutir con nosotros desde la entrada; pero fueron
bien vapuleados, aun cuando se mostrasen con cara fos­
ca. ¿Tenéis en vuestro mundo tan gran sobra de tiempo que
no sepáis en qué emplearlo si no es en discutir. · sobre nues­
tra dama reina y en escribir imprudentemente con respecto a
ella? Hubiera sido necesario que Cicerón abandonara su re­
pública para ocuparse de ella, y también Diógenes Laercio,

35 Entelequia: en griego, "perfección". Este capítulo contiene una


critica de la alquimia y de la metafísica.

212
Teodoro Gaza, Argirofilo, Besarion, Politian, Budé y Lascari;,
y en fin, todos estos diablos de sabios locos, cuyo número no
hubiera sido tan grande si recientemente no lo hubieran
aumentado Scaligero, Bigot, Chambrier, Francisco Fleury y no
sé cuántos otros jóvenes héroes amoscados. Ella es la mala
angina que les estrangulaba la garganta y la epiglotis. Nos­
otros los . . .
- ¡ Qué diantre! ¡ Cómo adulan a los diablos! -dijo Panurgo
entre dientes.
-Vosotros no habéis llegado aquí para sostenerlos en su lo­
_cura, y· por esto no necesitáis defensa; así no os hablaremos
'más de ellos. Aristóteles, primer hombre ' y modelo de todos
los filósofos, fue padrino de la reina nuestra dama, y la lla­
mó, con mucha propiedad, Entelequia. Entelequia es su ver­
dadero nombre. Que se vaya a cagar el que la llame de otra
manera. Quien de otra manera la nombra, yerra por todo el
cielo; sed muy bien venidos.
Nos dieron un abrazo y nos reunirnos todos. Panurgo me
dijo al oído :
-Compañero, ¿no te i!a un poco de miedo esta primera en­
trevista?
-Un poco -contesté yo.
-Yo tengo más miedo que antiguamente tuvieron los sol-
dados de Efrairn cuando por los galaditas fueron muertos y
ahogados por haber dicho Schibbolet en lugar de Sibboleth.
Y no hay un hombre protonotario en Beauce que sea capaz
de taparme el agujero del culo con una carretada de heno. ·
El capitán nos condujo en seguida en silencio, y con gran­
des ceremonias, al palacio de la reina. Pantagruel quería ha­
, blar con él, pero el otro, como no podía llegar a su altura,
pidió una escalera o unas grandes gradas, y después dijo :
- ¡ Basta! Si nuestra dama la reina quisiera, seríamos tan
grandes como vos. Así será cuando ella lo quiera.
En las primeras galerías encontramos una multitud de gen­
te enferma, instalada allí diferentemente, según la diversidad
de las dolencias. Los leprosos estaban aparte; los envenena­
dos, en un rincón; los pestíferos, en otro; los galicosos, en
primera línea; y así sucesivamente.

213
CAPITULO XX

Cómo la Quinta Esencia curaba las enfermedades


con canciones

Junto a la segunda galería el capitán nos mostró la joven


dama; tenía por lo menos mil ochocientos años, y era muy
bella y delicada, coquetamente vestida, y se presentaba en
medio de sus damas de honor y de sus gentileshombres. El
capitán nos dijo : .
-Esta no es la hora de hablar con ella; sed únicamente
atentos espectadores de lo que hace. Vosotros en vuestro rei­
no tenéis ciertos reyes, que fantásticamente, por solo la impo­
sición de manos, curan ciertas enfermedades, como la escró­
fula, el mal sagrado 3 6 y las fiebres cuartanas. Nuestra reina
cura todas las enfermedades sin tocar, cantando únicamente
uÍla canción adecuada a la naturaleza del mal.
Después nos enseñó los órganos en donde tocaba ella para
hacer sus admirables curaciones. Estaban fabricados de una
manera muy extraña: los tubos eran de madera de cañafísto­
la, el copete de gallac, las teclas de ruibarbo, los pedales
de turbith, y el clavijero de escamonea.
Mientras contemplábamos esta admirable y nueva estructu­
ra de órgano, los leprosos fueron introducidos por los abstrae­
tares, los alquimistas, los maceros, los prebostes, los cocine­
ros, los grandes, los adolescentes, los príncipes, los caballe­
ros, los fuertes, los eunucos, los prefectos y otros servidores
de la Quinta.
La reina les cantó no sé qué canción, y repentinamente
quedaron curados por completo. Después fueron introducidos
los envenenados; les cantó otra canción y quedaron perfecta­
mente. Luego los ciegos, los sordos, los mudos y los apoplé­
ticos. Esto nos causó tal espanto que caímos a tierra, proster­
nándonos extasiados y encantados en contemplación excesiva
y admiración de las virtudes que habíamos visto irradiar de
la dama. Nos fue imposible articular palabra.
Permanecíamos así en tierra, cuando la dama, tocando
a Pantagruel con un hermoso ramillete de rosas blancas que
tenía en la mano, reanimó nuestros sentidos y no volvió a
-poner en pie. Después nos dijo en palabras de seda, tales co­
mo aquellas que Parisatis quería que se profiriesen para
hablar a su hijo Cirus, o por lo menos de tafetán carmesí:

36 El mal sagrado: as! se llamó la epilepsia durante mucho tiempo.

214
-La honestidad resplandeciente que yo veo en la circun­
ferencia de vuestras personas, me da un juicio cierto de la
virtud latente que reside en el centro de vuestros espíritus.
Al ver la suavidad meliflua de vuestras discretas reverencias,
quedo perfectaernnte persuadida de que vuestro corazón no
sufre de ningún vicio ni de ninguna esterilidad del saber li­
beral y altivo� sino que abunda en disciplinas raras y extra­
ñas, y está dispuesto á los usos comunes del pueblo ignoran­
te, al que de5ea encontrar. Por esta razón puedo deciros que
lo · que dominaba en el pasado toda afección privada, y al
presente es la palabra más trivial del mundo; esto es: "Sed
., muy bien, más que muy bien, más que muy bien venidos."
-Yo no . soy sabio -me decía discretamente Panurgo-; res­
ponded vos si queréis.
Sin embargo, yo no contesté, y Pantagruel tampoco; que­
damos todos silenciosos, y la reina dijo entonces:
-En vuestra actitud taciturna reconozco que no solamente
habéis salido de la escuela de Pitágoras, en donde tuvo na­
cimiento y sucesiva propagación la antiguedad de mis ante­
pasados, sino también que en Egipto, célebre oficina de alta
filosofía, os habéis mordido las uñas y rascado la cabeza con
un dedo.
'�En la escuela pitagórica, taciturnidad era símbolo de re­
conocimiento; el silencio de los egipcios estaba reconocido co­
mo alaQ.anza divina, y en Hierópolis los pontífices sacrifica­
ban al gran Dios en silencio, sin ruido y sin decir palabra.
Mi deseo no .es entrar en vosotros para imponeros la gratitud
sino por una viva formalidad, ya que en mí la materia quiso
. abstraerse, comunicaros mis pensamientos.
Concluidas estas palabras se dirigió a sus oficiales y les di­
jo secamente:
-¡Tabaquinos, a panacea! 3 7
Los tabaquinos nos dijeron que tuviésemos a la dama reina
por excusada si no comía con nosotros, porque solo se alírnen­
taba de ciertas categorías, abstracciones, especies, apariencias,
pensamientos, signos, segundas · intenciones, antítesis, metem­
psícosis y objeciones trascendentales.
Nos llevaron en seguida a un pequeño gabinete contrapun­
teado de llamadores, y Dios sabe cómo allí fuimos servidos.
S,: rl'ce que Júpiter, sobre la piel de la cabra que ama­
mantó a Gandía, y de la que se sirvió como de un pavés
cuando combatió a los titanes, y por ello es llamado Egiu-

37 Tabaqufnos l tabacltins en el original) : Palabra hebrea., que signi­


fica cocineros. En Italiano, tabacltino quiere decir "rufián" o "chulo".

215
chus, escribió todo lo que se hace en el mundo. Por mi sed,
bebedores, amigos míos, sobre diciocho pieles de cabras,
aunque fuese de letras tan pequeñas como aquellas en las
que Ckerón dice haber leído la Ilíada de Homero, no -se po­
drían escribir las descripciones de las buenas viandas que nos
sirvieron y los agasajos que nos hicieron allí.
Por mi parte, todavía aunque tuviese cien lenguas, cien bo­
cas, la voz de lúerro y la elocuencia meliflua de Platón, no
sabría en cuatro libros ex-poneros la tercera parte de una mi­
tad. Y Pantagruel me decía que a su parecer, la dama, al
decir a sus tabaquinos a panacea, pronunciaba la palabra en­
tre ellos simbólica de agasajo soberano. Así Lúculo decía "en
Apolo" cuando quería festejar a imo de sus amigos, aun
cuando le cogiera ele improviso, como llegaron alguna vez
Cicerón y Hortensio.

CAPITULO XXI

Cómo la reina pasabQ su tiempo después de comer

Concluida la comida, un servidor nos condujo a la sala de


la dama. Allí vimos cómo, según su costumbre después de
comer, acompañada de sus damas ele honor y de los prínci­
pes de su· corte, tornaba, tamizaba, desgranaba y pasaba el
tiempo con un gran cedazo ele seda blanca y azul. Observa­
mos a continuación que renovando las costumbres ele la anti­
güedad se entregaban a danzas tales como la Cordace,
la Ernmelia, la Sicinia, la Yambica, la Pérsica, la Frigia, la
Nicatisrna, la Tracia, la Calabrisma, la Melosica, la Cemofo­
ra, la Mongás, la Termastria, la Flórula, la Pyrrica y muchas
otras.
Después, por su orden, visitarnos el palacio, en el que fui­
mos testigos de cosas tan nuevas, tan admirables ' y extrañas
que todavía pesan en mi espíritu y aún estoy encantado d e
ellas. Nada, siri embargo, trastornó tanto por la admiración
nuestros sentidos, corno el ejercicio de los gentileshombres de
su casa, abstractores, alquimistas y demás, quienes nos dijeron
francamente, sin disimulos, que la reina realizaba el imposi­
ble de curar únicámente a los incurables y que ellos cura­
ban a los demás.
Vi allí un joven alquimista curar a los galicosos con solo
tocarles tres veces en la vértebra dentiforme con un pedazo
de zueco.

216
Vi ctro que curaba a los hidrópicos golpeándoles sobre el
vientre nueve veces sin solución de continuidad con un hacha
de dos cortes.
Otro curaba en el acto todas las fiebres con solo arrimar
una cola de zorro al costado izquierdo de los enfermos.
Otro, el mal de dientes con solo lavar tres veces la rÍiÍz
del diente dolorido con vinagre de saúco y dejarla secar al
sol durante media hora.
Otro, toda especie de gota, caliente o fría, natural o acci­
- dental, haciendo únicamente cerrar la boca y abrir los ojos
a los gotosos.
Vi otro que curaba en muy pocas horas a nueve excelen­
tes gentileshombres del �al de San Francisco 3 8, soliviando
todas sus deudas y colocando al cuello de cada uno una
cuerda de la que pendía una bolsa con diez mil escudos al
sol.
Otro, por un ingenio mirífico arrojaba las casas por
las ventanas y así se veían· en el acto desembarazadas del
aire pestilente.
Otro, sin baños, sin leche, sin depilatorio, sin tisanas ni me­
dicamentos, curaba a los héticos, a los atrofiados, a los de­
macrados, con solo hacerlos monjes durante tres meses, y nos
áfirmaba que si no engordaban en el estado monacal, ni por
arte ni por naturaleza jamás engordarían.
Vi otro, acompañado de un gran número de hembras di­
vididas en dos bandos. El uno estaba compuesto de jovenci­
tas agradables, tiernas, rubias, graciosas y _de buena voluntad,
según nos parecía. El otro de viejas desdentadas, regañonas,
arrugadas, ulcyradas ·y cadavéricas; le dijo a Pantagruel que
refundía las viejas y las rejuvenecía tan bien por su ar­
aquel mismo día habían sido refundidas y enteramente res­
tauradas en su belleza, forma y elegancia, en su estatura y
en la composición de ·sus miembros tal y como habían sido
cuando tenían quince años. Unicamente los talone!l. les que­
daban más cortos de lo que habían · sido en su primera ju-
ventud.
Esta era la causa por la que, en adelante, cuando se en­
contraran con los hombres, se mostrarían muy fáciles a caer
de espaldas. El bando de las viejas esperaba la otra horna­
da con gran devoción y le importunaba con insistencia, ale­
gando que es una cosa intolerable en la nat:uialeza el que
cuando falta la belleza se tenga un culo de buena voluntad.

38 )}faZ de San Francisco: la miseria. Alusión a las órdenes men­


dicantes.

217
El curandero practicaba su arte continuamente y sus ganan­
cias eran más que medianas. Pantagruel le preguntó si por pa­
recidos medios podía rejuve!lecer los hombres viejos y le con­
testó que no; pero que podrían rejuvenecerse viviendo con
uha hembra refundida, porque adquirirían esa quinta especie
de gálico llamada la Pelada ( en griego Ophiais ) , mediante
la cual se cambi.a de pelo y de piel como hacen · anualmen­
te las serpientes. La juventud se ve así renovada en ellos
como en el Fénix . de Arabia. Esta es la verdadera fuente de
juventud.
Así, de repente, el que estaba viejo y decrépito se volvía
joven, alegre y dispuesto, como Eurípides dice que le acon­
teció a Iolaus; como o currió también al bello Faon, tan
amado de Safo; por un privilegio de Venus a Titan, por me­
diación de Aurora a Eson, por el arte de Medea y del mis­
mo modo a Jason, que según el testimonio de Ferécides y
de Simónides, fue repintado y rejuvenecido por ella. Esquilo
dice que una cosa semejante acaeció a las nodrizas del buen
Baco y a sus maridos.

CAPITULO XXII

Cómo los oficiales de la Quinta trabajaban


diversamente, y cómo la dama nos retuvo
en calidad de abstractores

Seguidamente vi un gran número de aquellos oficiales que


. blanqueaban en muy pocas horas a los etíopes, con solo fro­
t::irles sobre el vientre el fondo de una cesta.
Otros, con tres parejas de zorros, uncidos, laboraban en la
ribera arenosa y no perdían sus semillas.
Otros lavaban las tejas y les hacían perder su color. Otros
sacaban del agua los pómices que vosotros llamáis piedra pó­
mez y batiéndolos durante largo tiempo en un mortero
de mármol · hacíanlos cambiar · su sustancia. Otros esquilaban
los asnos y obtenían así un vellón de rica lana. Otros ensar­
taban los racimos en las espinas · y los higos en los . cardos.
Otros ordeñaban la leche de los machos cabríos y la reco­
gían en una criba para aprovecharla en la casa. Otros les
lavaban la cabeza a los borricos y no desperdiciaban así su
lejía. Otros cazaban con cebo en el viento y cogían cangre­
jos enormes.

2l8
Vi un joven alquimista que obtenía artificialmente pedos de
un burro muerto y los vendía a cinco sueldos cada uno.
Otro hacía pudrir los caracoles. ¡ Oh, qué bello manjar! .
Pero Panurgo vomitó villanamente al ver un servidor de
la Quinta Esencia que hacía fermentar un gran recipiente de
orina humana y cagajones de caballo con mucha mierta cris­
tiana. ¡ Oh, qué villano! Sin embargo, nos explicó que con
aquella destilación sagrada daba de beber a los reyes y a
los grandes principes y con ello conseguía alargar su vida
una toesa o dos. .
Otros, partían las morcillas con las rodillas. Otros despelle­
jaban las anguilas por la cola y no gritaban antes de ser
despellejadas como hacen las anguilas de Melun. Otros saca­
ban de la nada grandes cosas y luego las hacían volver · a
la nada. Otros· cortaban e l fuego con un cuchillo y empujaban
el · agua con un hilo. Otros con vejigas hacían linternas y con
nubes peroles de bronce. Vimos otros doce que. banqueteaban
sobre la hoja y bebían en hermosos · y grandes vasos cuatro
\ especies de vinos, todas frescas y deliciosas. Se nos dijo que
así pasaban el tiempo siguiendo la moda del país, del mis­
mo modo que Hércules lo pasó con Atlas.
Otros hacían de la necesidad virtud, y esta obra me pare­
cía muy bella y pertinente.
Otros hacían alquimia con los dientes y al hacer est.o lle­
naban muy mal las sillas-retretes.
Otros en una vasta llanura medían cuidadosamente los
saltos de las pulgas, y me afirmaron que este acto era mu­
cho más que necesario para el gobierno de los reinos, para
la dirección de las guerras y para la administración de la
república. Invocaban la autoridad de Sócrates, quien fue el
primero que hizo descender de los cielos a la tierra la filo­
sofía, que de ociosa y curiosa habíala convertido en útil y
aprovechable y empleaba la mitad de su estudio en medir
los saltos de las pulgas, como atestigua Aristófanes el Quinta­
esencia 39.
Vi en el alto · de una torre dos giborinos que hacían cen­
tinela y se nos dijo guardaban la luna de los lobos 40 ,
Encontré otros cuatro en un rincón del jardín que dispu­
taban amargamente y estaban a punto de ,tirarse del pelo.
Pregunté de qué provenían sus diferencias y · supe que hacía
ya cuatro días que habían empezado a disputar, a propósito
de tres altas y más que físicas proposiciones con la resolu-

39 En su comedia titulada Los nubarrones.


40 La palabra gtbortnos es hebrea y significa "fuertes", "poderosos•·.

2i9
cwn de las que se prometían montañas de oro. La primera
era sobre la sombra de un burro entero; la segunda sobre
el humo de una linterna, y la tercera sobre si el pelo de
cabra era de lana. Después se nos dijo que dos contradicto-
. rías, verdaderas en modo, en forma, en figura y en tiempo,
no les parecían ser una cosa extraña. Los sofistas de París
se harían desbautizar antes de confesar eso.
Observamos curiosamente las admirables operaciones de
aquella gente, hasta que llegó la dama con su noble com­
pañía cuando ya lucían las claridades de Hesperus.
A su llegada quedamos de nuevo asombrados y deslum­
. brados; tan pronto como lo notó, nos dijo :
-Lo que exalta los pensamientos de los humanos en los
abismos de la admiración, no es la soberanía de los efectos
que sienten claramente, nacida de causas naturales median­
te la industria de sabios artesanos; es la novedad de la ex­
periencia que entra en sus sentidos sin prever la facilidad
de la obra con un juicio sereno asociado a un estudio dUi­
gente. Recobrad, por tanto, vuestros sentidos y despojaos de
toda zozobra si es que la sentís al mirar lo que hacen mis
oficiales. Ved, entended, contemplad a vuestro gusto todo lo.
que mi casa contiene, que os emancipará poco a poco de la
servidumbre de la ignorancia. Todo está organizado a medi­
da de mi voluntad. Queriendo daros una enseñan'Za sólida y
considerando los estudiosos deseos que me parece ad.vertir en
vuestros corazones, lo que es para mí una prueba notoria y
.suficiente, os admito desde ahora en el estado y oficio de
mis abstractores. Géber, mi primer cocinero, os inscribirá en
cuanto salgáis de aquí.
Le dimos las gracias humildemente, sin decir una pala­
bra, y aceptamos el ofrecimiento que nos hacía de tan bello
estado.

CAPITULO XXIII

Cómo a la reina le fue servida su comida

Terminada esta conversación, la dama se volvió hacia · sus


gentileshombres y les dijo: .
,-El orificio del estómago, común embajador para el · avi�
tuallamiento de todos los miembros, tanto inferiores como su­
periores, nos importuna para que le entreguemos por ingur­
gitación alimentos idóneos, compensándole lo que pierde por

220
la accwn continua del calor natural en la humedad radical.
"Alqliirnistas, · servidores fieles, a vosotros os toca el que las
mesas estén prontamente dispuestas y abastecidas de toda cla-
. se de alimentos. Vosotros también, nobles prebostes, acompa­
ñados de mis gentiles panaderos, no tenéis para qué recibir
mis órdenes, pues vuestra industria, pasarnentada de cuidado
y diligencia, demuestra que vivís de continuo en vuestros ofi­
cios, y en ellos siempre estáis de guardia. Unicamente os re­
comiendo que continuéis haciendo lo que hacéis.
Dicho esto, se retiró durante algún tiempo con un grupo
de sus damas; se nos dijo que era para bañarse, pues entre
los antiguos era esta una costumbre tan corriente como lo es
entre nosotros la de lavarse .Jas manos antes de comer.
Las mesas fueron pronto dispuestas, cubiertas de preciosísi­
mos manteles. El orden del servicio fue tal, que la dama na­
da comió fuera de una celestial ambrosía, y nada bebió si­
no un néctar divino; pero los señores y damas de la casa
( y nosotros también ) fueron agasajados con viandas raras, de­
Íicadas y preciosas, como no pudiera soñar Apicius.
. Al extremo de la mesa se trajo una olla podrida, a la que
el hambre no concedió tregua. Era tan ancha y tan grande,,
que la ¡:;latina ele oro que Pitio Bitino dio al rey Daría no
hubiera bastado para cubrirla. Esta olla podrida estaba llena
,de verduras de diversas especies, ensaladas, fritos, macedonias,
tostados, asados, hervidos, carbonadas, graneles pedazos de �e­
cína, de jamón, de antiguallas, de frih1ras divinas, de paste­
lería, de tartas, de queso, de hojaldres, el e helados y de fru­
tas de todas clases. Todo me parecía bueno y delicado. Sin
embargo, no lo probé, por encontrarme lleno y satisfecho.
Unicamente he de advertiros que vi allí pasteles de pasta,
cosa bastante rara, y los pasteles de pasta eran pastas en ca­
zuela. En el fondo ele esta vi muchos dados, cartas, tarots
y juegos de todas clases, y muchas tazas llenas de escudos
al sol para los que quisieran jugar.
Finalmente, advertí en la parte de afuera un gran · núme­
ro de mulas bien caparazonadas, con mantas ele terciopelo, y
muchas hacaneas para el uso de hombres y mujeres, y no
sé cuántas literas, muy bien guarnecidas también, y algunos
coches a la ferraresa para los que · quisieran marchar a di- · ·
vertirse.
Esto no me pareció extraño; pero sí m e lo pareció la ma­
nera de la dama. Nada masticaba, aunque tenía buenos y
fuertes dientes y los manjares fuera necesario masticarlos, si­
no por ser tal su costumbre. Las viandas, después de serie

221
( '

presentadas por los prebostes, eran tomadas por los marmi­


tones, que tenían el gaznate forrado de satén carmesí con
pequeños nervios y canutillos . de oro, los .dientes de marfil
bello y blanco, y noblemente las masticaban y después se
· las echaban en el estómago con ayuda de un embudo de
oro fino. Por la misma razón se nos dijo que ella nunca
cagaba sino por ¡¡rocuración.

CAPITULO XXIV

Cómo en presencia de la Quinta se celebró un baile . .


alegre en forma de torneo 41
·

Concluida la comida se celebró, en presencia de la dama,


un baile a la manera de torneo, digno no solamente de ser
visto, sino que de él se guarde memoria eterna.
Antes de comenzar se cubrió el pavimento de la sala con
una gran pieza de tapicería de terciopelo a cuadros perfec­
tos, mitad blancos y mitad amarillos, cada uno de tres pal-
=
mos cuadrados.
Entraron en la sala treinta y dos jóvenes, de los que die­
ciséis estaban vestidos de tisú de oro, ocho jÓvenes de nin­
fas, como las que pintan los antiguos en compañía de Diana;
después un rey, una reina, dos guardianes, dos cabelleras
y dos arqueros. Todos estaban vestidos de tisú de oro co- ·
mo los .demás personajes. En el mismo orden estaban . los
otros dieciséis; pero vestidos de tisú de plata.
Se dispusieron sobre la tapicería en la forma ·siguiente: J;,os
reyes quedaron en última línea sobre el cuarto cuadrado, de
forma que el rey dorado quedaba sobre el trozo b1anco y
el rey plateado sobre el trozo amarillo; las reinas al lado
de los reyes: la dorada sobre el cuadrado amarillo y la
pateada sobre el cuadrado blanco. Dos arqueros se coloca- .
ron a cada · costado como guardas de sus reyes y de sus
reinas. Junto a los arqueros se colocaron dos caballeros y
junto a los caballeros otros dos guardas. En la primera línea,'
delante de ellos, las ocho ninfas. Entre los dos bandos de
ninfas cuatro líneas de cuadrados quedaron vacías.
.
41 Muchos comentaristas dudan de que este capitulo y el siguiente
sean de Rabela!s. 'Estas danzas reproducen jugadas de ajedrez. En la
obra Songe d'amour, que se publicó con el seudónimo Polyphllo, hay un
trozo de literatura semejante. · ·

222
Cada bando tenía sus músicos, vestidos con um¡s libreas
semejantes, unos de damasco color naranja y los otros dt da­
masco blanco; había ocho a cada lado con instrumentos di­
versos, de alegre invenCión, concordando juntos y melodiosos
a maravilla · y variando su tono, su tiempo y su medida, co-
. mo lo exigía la m archa · del baile. Yo encontraba aquello
.
admirable, atendiendo a la numerosa diversidad . de pasos, de
marchas, de saltos,· de sobresaltos, de revueltas, de huidas,
de emboscadas, de retiradas y de sorpresas.
. .Lo que me parecía m4s trascendental de todo era que, a
mi juicio, los personajes del baile entendían tan repentina­
mente las cadencias como convenía a � marcha o a su reti­
rada, y aún no estaba dado el tono de la música cuando
acudían a sus puestos marcados, aunque fueran diferentes ca­
da vez, pues las ninfas que estaban en primera fila como
dispuestas a excitar el combate, marchaban directamente ade­
lante contra sus enemigos de un cuadro a otro, salvo en la
primera marcha, en la que tenían libertad para pasar dos
cuadros ellas solas; jamás retrocedían. Si ocurría que una de
ellas llegaba hasta la fila del rey enemigo, era coronada rei­
na por su rey, y obtenía para en lo sucesivo el mismo pri­
vilegio que la reina; jamás atacaban a los enemigos sino en
lícito, sin embargo, prender a ninguno 'de sus enemigos, si
al prenderlo dejaban su reina descubierta y en peligro ·
de
ser tomada.
'

Los reyes marchan y prenden a sus enemigos de todas


maneras en cuadrado y no pasando más que por cuadros
· blancos próximos al amarillo, y a la inversa; pero a la pri­
mera marcha, si su fila se encuentra vacía de otros oficialés,
salvo los guardas, pueden colocarlos en su puesto y retirarse
al lado de ellos 42.
Las reinas tienen mayor libertad que todps los demás: la
de moverse en línea directa tan lejos como les agrade, por
todos los rincones de todas las maneras, de todas las suer­
tes, siempre que esta línea · no esté ocupada por gentes de
su bando. Pueden también moverse en diagonal ·
siempre que
sea del color suyo.
Los arqueros marchan tan pronto adelante COI)lO atrás, le­
jos como cerca, no variando a cuadros que no sean los. de
su color. '
Los caballeros marchan y prenden en forma de horca, pa­
.
sando a un sitio libre, es decir, que no esté ocupado por

42 Esta regla no se observa hoy, pues en el juego del ajedrez el rey


puede moverse en todos sentidos.
los suyos o por sus enemigos; después se colocan a derecha
o a izquierda, cambiando de color, lo que es grandemente
lastimoso para la parte adversa y digno de observación,- por-
que jamás prenden si no es cara a cara.
Los guardas marchan y prenden de frente, a derecha e
izquierda, detrás y delante, como los reyes; pero no pueden
marchar sino hasta donde encuentren un sitio vacío, · que es
lo que los reyes no hacen.
La ley común para los dos partidos, era al final del com­
bate sitiar y encerrar al rey de la parte adversa, de mane­
ra que por ningún lado pudiera evadirse. Así encerrado, no
pudiendo huir ni ser socorrido por los suyos, concluía el
combate y perdía. Para evitar este inconveniente no - había
sino el que uno o una de su banda ofreciera su propia vi­
da; se tomaban unos a otros en todas partes y todos se des­
envolvían al son de la música. Cuando uno de ellos tomaba
un prisionero de la parte adversa, haciéndole una reve­
rencia, le golpeaba dulcemente en la mano derecha, lo po­
nía detrás del tapiz y volvía a su puesto. Si ocurría que
fuera tomado uno de los reyes, no era lícito a la parte ad­
versa tornarlo; pero era un infringible mandamiento para el
que lo había descubierto o lo tenía preso el de hacerle una
profunda reverencia y advertirle diciéndole: "Dios os guarde",
con el fin de que -fuera socorrido y protegido por sus oficia­
les o de que cambiara de sitio si por desgracia no podía ser
socorrido. No era con frecuencia tomaqo por la parte adver­
sa, pero sí saludado. Con la rodilla izquierda en tierra, se le
decía: "Buenos días", y este era entonces el fin del torneo 43.

CAPITULO XXV

Cómo combaten los treinta. y dos personajes


del baile

Así dispuestas las dos compañías comenzaron juntas las


músicas a ,entonar un canto marcial, tan espantosamente co­
mo en un asalto. Entonces vi a los dos bandos temblar y
afirmarse para combatir con ardimiento a la hora del choque
cuando fueran llamados fuera de su campo respectivo.
De pronto, los músicos de · la banda argentina cesaron, y _

43 Hoy, como es sabido, se dice iaque al rey o sencillamente a l rey


o a la reina. Entonces se decían estas frases, y más co_múnmente, ¡Ave!

224
únicamente continuaron . tocando los ele la orquesta átuea. C ¿n
esto se nos indicaba que esta última era la encargada ele
asaltar, lo que . ocurriq bien pronto, porque a un nuevo toque
· vimos que la ninfa colocada delante de l.a reina dio una
vuelta entera a la izquierda hacia su i:ey, como para ·pedir­
le permiso para emprender el combate, al mismo tiempo sa­
ludó también a la compañía. Después, con grata modestia,
avanzó dos líneas, y con un pie hizo un·a reverencia a la
parte adversa que asaltaba. Los músicos áureos cesaron en­
tonces y los argentinos comenzaron.
•. No es lícito aquí pasar en silencio que la ninfa había sa-
ludado en una vuelta a su rey y a su compañía; para no
quedar estos ociosos, la saludaron a su vez pareddamente en
· una vuelta entera hacia la izquierda, excepto la reina, que
gh<', hacia la derecha al lado de · su rey. Esta salutación fue
observada en el curso del baile por todos los danzantes, que
se :saludaron de nuevo a un lado y al otro.
Al son de los músicos argentinos, la ninfa argentina, que
estaba ante su reina, saludó graciosamente a su rey y a to­
da su · compañía. Estos del mismo · modo la saludaron, como
hicieron antes las ninfas áureas, salvo que giraron a la de-
. recha y su reina a la izquierda. Se colocó en la segunda . fi­
la . de delante, dando frente a su adversario, y se encaró con
la primera ninfa áurea sin ninguna · distancia entre ella, ce-
. ¡;no dispuestas a combatir. Sus compañías, tanto las áureas
como las argentinas, las siguieron. Se deslizaron entonces las
unas entre las otras y simularon batirse, tan bien que la nin­
fa áurea, la que primero había entrado · en el · campo enemi­
go, . golpeó con su mano a una ninfa argentina que estaba a
su derecha, la . colocó fuera del campo y ocupó su puesto.
Pero muy pronto, a un nuevo toque de los músicos, fue a
su vez golpeada por el arquero argentino; una ninfa áurea
la hizo· entonces retirarse; el caballero argentino salió del ta­
piz y la reina ánrea se colocó dela.ilte de su · rey.
El rey argentino cambió entonces · de sitio, desafiando el
furor de la reina áurea, y se colticó en . el puesto de su
guarda a la derecha, pues aquella plaza le parecía bien si­
tuada y de buena defensa.
.
Los dos caballeros que permanecían a la izquierda, tanto
los áureos · como los argentinos, marcharon e hicieron una
gran presa de ninfas adversas que, no pudiendo retirarse ha­
cia atrás, tuvieron que sucumbir; el caballero áureo, sobre
. todos, puso allí todo su ardor bélico.
Pero el caballero argentino pensó en .otra cosa mucho más

225"
importante, y, disimulando su proyecto, cuando pudo apren­
der una ninfa áurea, la dejó pasar, y así siguió haciendo has"
ta colocarse detrás de sus enemigos en un sitio desde el que
saludó al rey áureo, diciéndole : "Dios os guarde."
La banda áurea, advertidá de que su rey necesitaba so­
corro, tembló; no porque no pudiera prestárselo, sino porque
·al observar al rey, perdía sus guardas sin poder evitarlo . El
rey áureo se retiró entonces a la izquierda y el caballero ar­
gentino tornó al guarda áureo. E-sta fue una gran pérdida.·
La banda áurea resolvió vengarse y lo rodeó por todas
partes con el firi de que no pudiese huir ni escapar. de sus
manos. Hizo mil esfuerios para salir; los suyos ensayaron mil
ardides para protegerle; pero el fin fue preso por la reina .'
áurea.
La banda áurea, privada de uno de sus miembros más dis�
tinguidos, se desvirtuó, y a tuerto y a través, buscó muy im- .
prudentemente el medio de vengarse; hizo muchos estragos
en el ejército enemigo. La banda argentina disimuló y espe­
ró la hora de la revancha; presentó una de sus ninfas a la
reina áurea, después de haberle preparado una emboscada se­
creta, pues cuando tornaba a la ninfa faltó muy poco para·
que el arquero dorado tomase a Ja reina argentina.
El .caballero áureo intentó la toma del rey y de la reina
argentinos, y les dijo : · "Buenos días." El arq.uero argentino lo
salvó; fue presó por una ninfa dorada, la que fue a su vez
presa por una ninfa argentina. La batalla fue dura. Los guar­
das acudieron en socorro. S e hizo una peligrosa
·
confusión; pe-
ro aún la suerte no se decide.
Los argentinos avanzaron hasta la tienda del rey dorado,
pero en el acto fueron rechazados. Entre los otros la reina
áurea hizo grandes proezas · y de una · acometida apresó al ar­
' t uero, bordeando la guardia argentina. Al ver esto la reina
argentina se puso delante y'· los fulminó con parecida destre" ·
·
za, tomando al último gúarda y a varias ninfas.
Las dos reinas coinbatierón largamente, tratando de sor:..
prenderse una a otra, tanto por salvarse como para defender
a los reyes. Finalmente, la reina áurea · tornó a la reina ar­
gentina; pero a . SI.\ vez fue en seguida presa por el arque­
ro argentino, y entonces ya no le quedaron al rey áureo más
que . tres ninfas, un arquero y un guardia, y al rey argentino
tres ninfas y el caballero de la derecha. A causa de esto
combatieron ya con más lentitud y con mayor prudencia.
Los dos reyes se mostraron tan dolientes por haber perdi­
do sus amadas reinas, que todo su estudio y todo su esfuer-

226
zo se dirigieron a recibir una de sus ninfas en esta dignidad
y · nuevo matrimonio, con promesa segura de amarlas gozosa­
mente si lograban penetrar hasta la última fila del rey ene­
migo.
· Los áureos se anticiparon, y de entre ellos se creó una
_ nueva r"ina, a la que se impuso una corona sobre la cabeza
. y se le concedieron los correspondientes honores.
La nueva reina hubiera _ querido, desde su advenimiento,
mostrar�e fuerte, valiente y belicosa; realizó en el campo
grandes hechos de armas; pero durante estas empresas . el ca­
ballero argentino le tomó el guarda áureo que custodiaba el
límite del campo, y de este modo se hiZo una nueva reina
argentina, que a su vez quiso mostrarse gallarda para con su
nueva adversaria. El combate se renovó más ardiente que
nunca. Mil ardides, mil asaltos, mil acometidas se hicieron
por una parte y pór otra, hasta . que la reina argentina entró
clandestinamente · en la tienda del rey áureo, diciéndole:
"Dios os guarde", cuando ya no podía ser· socorrido sino por
su nueva reina.
Entonces el caballero argentino, voltijeando p or todas pár­
tes, se colocó junto a su reina y pusieron al rey áureo en
tal aprieto, que para su salvación no tuvo más remedio que
perder a su. reina. �ero el rey áureo pre�dió al caballero
argentino. A pesar de esto, el arquero áureo· y las ninfas que
le quedaban defendieron al rey con todo su poder; pero al
fin fueron todos prendidos y arrojados fuera del campo; el
rey áureo quedó entonces solo .
. Todo el bando argentino le hizo entonces una profunda.
reverencia diciéndole: "Buenos días."
El rey argentino quedaba vencedor.
Dicha esta última palabra, las dos compañías de mus1cos
comenzaron a tocar al mismo tiempo en señal de. victoria, y
este .primer baile tuvo fin con una gran alegría, con gestos
tan: gratos, actitudes tan gallardas y gracias tan raras, que
nuestros espíritus quedaron riendo como en éxtasis. Nos pare­
cía, no sin causa, que habíamos · sido transportados a las so­
beramis delicias· y a la última felicidad del Olimpo.
·
Concluido est«? primer torneo, los dos bandos volvieron a
sus primeras posiciones y recomenzaron a combatir por segun­
. da vez. La música tocaba un aire más tranquilo que el de
antes; la marcha del combate fue también distinta.
Vi allí que la reina áurea, como despechada por la derro­
ta de su ejército, se erguía al son de la música y se colo­
caba en una de las primeras filas con un arquero y un ca-

227
ballero. Poco faltó para que sorprendiera al rey argentino en
su tienda en medio de sus oficiales.
Al ver su intento descubierto se refugió entre los suyos y
sé lanzó luego contra la tropa, destrozando tantas ninfas ar­
gentinas y tantos oficiales, que aquello daba lástima. Se hu-
. biese diqho que era una nueva Pentasilea fulminando el .
campQ · &¡;. los griegos.
Sin' mbargo, aquella agitación duró poco, porque los ar­
gentinos, temiendo la pérdida de sus gentes y lamentándola,
pero disimulando a todo trance . su Vuelo, le prepararon se­
cretamente una emboscada . en un ángulo lejano, :en donde
fue . presa por un ar�uero y un · caballero errante, que. la
condujeron fuera del eampo. El resto fue muy prento des­
hecho. .
Otra vez será, sin duda, · mejor avisada, y, manteniéndose .
junto a su rey, o no se arriesgará tanto, o irá muy bien
·
acompañada.
Los argentinos� pues, quedaron vencedores también esta
vez. .
Para el tercero y último baile las dos bandas parecían más
alegres y más resueltas que en los dos preéedentes. El com­
pás de la · música fue entonces más apresur;:tdo en una en­
tonación frigia y belicosa, como la que inventó antiguamente
el joven Marsyas.
Comenzaron entonces a tomar con tal ligereza, que en ca­
da .compás de la música daban cuatro pasos, que más bien
eran saltos y voltijeos;
Al ·verlos así girar sobre un pie, los comparábamos en sti
movimiento a los trompos que los niños hace.n girar por me­
dio de un cordel; sus vueltas eran tan rápidas, que parecía
como sino se movieran,· o como si durmieran, que es lo que
de los trompos se suele decir. El punto de color que en ellos
figuraba no parecía un punto, sino una línea continua, como
sal'liamente ha notado Cusane en máteria bien divina 44.
Allí no oíamos, tanto por una parte como por la otra, más
que golpes de manos y gesticulaciones renovadas. Catón el
Severo; Craso el Abuelo, que jamás· veía; Timon el Ate­
niense, tan misántropo; Herácleo, que tenía tanto horror . a . lo.
propio del género humano que es reír, hubiesen perdido su
continencia al ver al son de la- música, tan rápidamente;
quinientas maneras de moverse veloces, danzar, saltar, volti­
jear, "Pernear y tornear en aquellos jovenzuelos con las rei-
44 Cusane es Nicolás de Cusa, autor de varias obras de matemáticas.

228
nas y ias ninfas, con tal destreza, que jamás tropezaban unos ·
con otros. .
Cuanto menor era el úllinero de los que quedaban en el
campo, más grande era el placer de ver los ardides y las
evoluciones de que usaban para sorprenderse unos a otros,
· todos al compás de las invitaciones de la música.
Además, quiero deciros; si, este espectáculo más que huma­
no nos dejaba confusos en nuestros sentidos, asombrados en
nuestros espíritus y fuera de nosotros mismos, nuestros cora­
zones se sentían aún más emocionados y sobrecogidos ante
la · entonación de la música. Fácilmente creería yo que fue
con una entonación parecida con la que · Isi:nena excitó a
Alejandro el Grande, cuando comía en reposo a su mesa, pa­
ra levantarse y tomar las armas.
En este último torneo el rey áureo fue vencedor.
Durante estas danzas la dama desapareció invisiblemente y
ya no la vimos más. Nosotros fuimos entonces conducidos por
los pajecillos de Gebert e inscriptos en el estado que ella
· había diSpuesto 45.
Después, descendiendo al puerto de Mateotecnia, entramos
en nuestros navíos, y ál comprobar que tenJamos el viento en
popa, y que si no lo aprovechábamos en el instante no vol­
veríamos a tenerlo en tres cuartos de luna, reanudamos la
marcha.

CAPITULO XXVI

Cómo descendimos en la isla de Hados, en la


que los caminos caminan 46

Después de haber navegado durante dos días, se ofreció


la isla de Hados a nuestra vista . . Allí vimos una cosa me­
morable : los caminos son animales, si es verdadera la sen­
tencia . de Aristóteles que da como argumento invencible el
de que es animal lo que se mueve por sí mismo. /
Así, pues, allí, como · los animales, caminan los caminos.
Unos son caminos errantes, a imagen de los planetas; otros

45 Los pajecillos de Gebert: alude a los disclpulos de Miguel Gebert,


alquimista del siglo vm.
46 Hados, en griego, quiere decir "ca·mino". Entre los comentaristas
de Rabelals, como en todos los de los grandes maestros, los hay muy
exagerados, y algunos, con referencia a este capitulo, han llegado a
·
decir que ' én previó el rail-ways.

229
son caminos pasantes, caminos crecientes y caminos atravesan­
tes. Yo vi · que los viajeros, los servidores y los habitantes de
·este país preguntaban:
-¿Adónde va este camino? ¿.Y este otro?
y .se les contestaba :
-Entre mediodía y Faverolles. A l a parroquia, a la ribera,
a la villa . . .
Después, guiándose en el camino oportuno, sin apenarse ni
· fatigarse, se encontraban en el lugar designado, como ver�is
hacer a los que para ir de Lyon a Avignon y a Aries se
meten en uno de los navíos del Ródano. Pero como sabéis
que ocurre en todas las cosas, hay allí un defecto, que por
fortuna no alcanza a todo: así, se nos dijo que había allá
una especie de gentes, a los que se llamaba acechadores de
caminos y golpeadores de pavime�tos. Los pobres caminps les
temían y se alejaban de ellos ccimo de los ladrones, porque
los asaltaban al pasar, como se hace con los lobos por el ras­
tro o con las becadas al hilo.
Vi uno de estos prendido por la justicia, porque había to­
mado injustamente, a pesar de Pallas, el camino de la es­
cuela, que es el más largo; otro se jactaba de haber tomado
en buena guerra el más corto, diciendo que aquel encuentro
le proporcionaba gran ventaja para llegar el primero · al ca-.
·
bo de su empresa.
Así, dijo Carpalín a Epistemon al encontrarlo un día, con
su meadera en la mano, meando contra una muralla, que no
se asustase si era siempre el primero en acudir cuanP.o se .
levantaba el buen Pantagruel, porque tenía la más corta y
la m�os cabalgante.
Allí reconocí el gran camino de Bourges, y lo vi marchar
a paso de abad; lo vi asimismo huir a la· llegada de algu­
nos carreteros que amenazaban hallarlo con los pies de sus
caballos y hacerle pasar sus carretas por el vientre, como
Tulia hizo pasar su carro sobre el vientre de su padre, Ser­
gio Tulio, sexto rey de · los romanos.
Reconocí allí igualmente el viejo camino de Perona a San
Quintín, y su persona me pareció un camino de bien.
Reconocí entre las rocas el antiguo y buén camino de la
Ferrate montado sobre un oso. Al verlo de lejos me recorda­
ba una pintura de · san Jerónimo, si el oso .hubiera sido . un
león; estaba muy · mortificado : tenía una barba larga toda
blanca y mal peinada, que parecía hecha de témpanos; tenía
sobre sí muchos grandes troncos de pino salvaje y estaba co­
mo de rodillas, y no de pie ni acostado; se golpeaba el pe-

230
cho con gruesas y rudas piedras. Al mismo tiempo nos cau­
saba piedad y miedo 47 ;
Mientras lo contemplábamos, un canal helado nos llamó
aparte, y enseñándonos un camino bien nivelado, todo blanco
y un poco cubierto de paja, nos dijo:
-No menospreciéis aquí la opinión de Tales de Mileto
cuando dijo que el agua es el comienzo de todas las cosas,
ni la sentencia de Homero cuando afirma que todas las co­
sas tienen su nacimiento en el Océano. Este camino que veis ·
nace del agua y a ella volverá. Hace dos meses pasaban
por aquí los bajeles, y ahora pasan las carretas.
-Verdaderamente -dijo Pantagruel- que no nos contáis
nada nuevo. En nuestro mundo vemos todos los años quinien­
tas o más transformaciones parecidas .
. Después, como contempláramos las marchas de estos cami­
nos movientes, nos dijo que, según su criterio, Filolao y
Aristarco habían filosofado en aquella isla, 'en donde Seleuco
había afirmado que la . tierra se movía verdaderamente alre­
dedor de los soles y no el cielo, awi cuando lo contrario nos
parezca ser la verdad. Cuando estamos en la ribera del Loi­
re, nos parece que los árboles próximos se mueven, siendo
así que no son ellos, sino nosotros, a causa de la marcha del .
bajel.
Volviendo a nuestros navíos, vimos que cerca de la orilla
estaban tres acechadores de caminos que habían cogido en
una emboscada y tostaban a fuego lento en una gran ho­
guera de paja a un pícaro que había pegado a un camino
y le había roto un costado. Se nos dijo que el· camino se
alargaba junto al Nilo hasta Egipto 48,

CAPITULO XXVII
Cómo pasamos a la isla de los Zuecos y de la orden
de los hermanos Gorjeos 49
Llegamos en seguida a la isla de los Zuecos, que no vi­
ven más. que de sopas de bacalao, y en ella fuimos muy
47 Alude al camino que corta la montaña del Grand-Ours, en la
ruta de Tours a . Limoges.
48 En cada una de las ediciones que tenemos a la. vista, termina
este capítulo de un modo diferente, lo que prueba sin duda que ·¡a
obra original =e ha perdido y cada uno la hp, recompuesto a su gusto.
49 Con la palabra zuecos (esclots) quiso el autor sin duda decir
sandalias, y en el capitulo critica la vida, regla y costumbres de los
fra!les capuchinos.

231
bien acogidos y tratados por el rey de la isla, llamado Be­
nius, tercero de este nombre 50 , quien después de beber nos
·nevó a ver un nuevo monasterio hecho, erigido y construi­
do con arreglo a sus instrucciones por loas hermanos Gorjeos.
Llamaba así a sus religiosos alegando que en tierra firme
habitaban los hermanos pequeños servidores y amigos de . 'ia
dulce dama; ídem los gloriosos y bellos hermanos menores
que son semibreves de bulas; los herm::fnos · mínimos, come­
dores de arenques ahumados, así como los hermanos mínimos
ganchudos, cuyo número no podía disminuir y a los que . se
llamaba los hermanos Gorjeos 51.
En virtud de sus estatutos y de la bula patente obtenida
de la Quinta, con la que estaban todos de acuerdo, se ves­
tían de quemadores de casas. Lo mismo que los retejadores
de casas de Anjou tienen la rodilla contrapunteada, tenían el
vientre a cuadros o remiendos, y los · remiendos del vientre
gozaban de gran reputación entre ellos.
Tenían la bragueta de sus calzas .en forma de pantufla y
algunos llevaban dos, cosidas una delante y otra detrás, afir­
mando que por esta duplicidad braguetina algunos misterios
ocultos y horribles estaban debidamente representados. Lle­
vaban zapatos · redondos como jofainas a imitación de los que
habitan en el mar arenoso; tenían rapada la barba y herra-
dos los pies. . .

Para demostrar que no se preocupaban por la fortuna, se ·,


hacían rasurar y emplumar como cochinos la parte posterior
de la cabeza desde el cogote a los omóplatos y los · cabellos
de delante desde los huesos de las sienes crecían en liber­
tad. Despreciaban la fortuna como gentes despreocupadas de
les bienes del mundo.
Desafiando todavía más la fortuna diversa, llevaban no
en la mano como ella, sino a la cintura como un rosario,
un cuchillo trinchante que aguzaban dos veces · al día y afi-
laban tres . veces cada noche.
Cada uno llevaba sobre los pies una bola redonda por­
que se dice que la fortuna lleva una bajo sus pies. L a
punta d e s u capuchón estaba sujeta delante y no detrás; de
esta manera tenían oculto el rostro y se burlaban libremente
tanto de . la fortuna como de los afortunados, ni más ni me�

50 Benlus, tercero de este nombre. El Papa Paulo m.


5 1 Aquí enumera las distintas ramificaciones de la Orden de San
Francisco, la de Santa Clara, Menores, Mínimos� etc. Los es9rltores
satíricos de aquel tiempo Jos comparan también con las notas del
pentagrama musical.

232
nos 'que hacen nuestras señoritas cuando llevan su tapanariz
como vosotros sabéis. ,
Tenían siempre al descubierto la parte posterior de la ca­
beza · como nosotros tenemos el rostro, y así andaban de vien­
tre o de culo, como mejor les parecía. Cuando caminaban
de culo hubieseis dicho que aquella era su marcha natural,
tanto a causa · de sus zapatos redondos como de la primera ,
bragueta y de llevar la cabeza en la parte posterior comple­
tamente afeitada y rudamente pintada con dos ojos y una
a,
·boc como veis en las nueces de Indias. Cuando caminaban
de vientre parecía que jugaban a la gallina ciega. Era una
bella cosa el contemplarlos.
He aquí su manera de vivir:
Cuándo· el lucero del alba comenzaba a aparecer sobre la
tierra se calzaban las bótas y las espuelas unos a otros en
• c !!rldad. Así calzados y espoleados dormían, o roncaban por
lo" menos, y al dormir tenían sobre la · nariz gafas o anteojos
por lo menos.
Encontramos muy extraña esta manera de hacer; pero nos
contestaron que en el Juicio Final los hombres tendrán repo­
so y sueño, y así para demostrar que estában dispuestos siem­
_"pre a comparecer allí, como ocurre a los afortunados, se man­
tenían con las botas puestas y las espuelas calzadas dispues­
tos a montar a caballo cuando sonara· la trompeta.
Cuando tocaban a mediodía, y notad que sus cainpimas,
tanto las del reloj · como las · de · la iglesia y el refectorio,
estaban hechas de pluma y tenían por léngüeta una cola de
zorro, se despertaban y se desperezaban.
·

�Meaba el que quería, cagaba el que. quería, estornudaba


el que quería; pero todos, obligados por un estatuto riguroso,
bostezaban largamente y copiosamente y ·Se desayunaban bos­
tezando. El espectáculo me pareció muy agradable.
Depositadas en un estante sus botas y sus esp1,1elas, baja­
ban al claustro; allí -se lavaban cuidadosamente las manos Y
la boca y después se sentaban en una amplia silla y se cu­
raban los dientes hastá que el prior hacía una señal silbán­
dose en la palma de la mano. Cada uno entonces abría la
boca todo lo que podía y bostezaba una vez más durante
media hora o más tiempo a veces y otras · menqs, según que
el priór juzgara el almuerzo proporcionado a la fiesta del
diL . .

Después de esto· hacían · una bella procesión en la· que lle­


vaban dos banderas. Sobre una, una bella pintura represen­
taba el retrato de la virtud; sobre otra, el de la fortuna.

233
Un primer Gorjeo llevaba la bandera de la fortuna; dt:­
trás de él marchaba otro llevando la ·de la virtud y te­
niendo en la mano un aspersorio mojado de agua mercurial
. como la descrita por Ovidio en sus fastos, con la que rocia­
ba continuamente al Gorjeo que iba delante de él llevando
la fortuna.
-Esta orden -dijo Panurgo- va contra la sentencia de Ci­
cerón y de los académicos que quieren que la virtud pre­
ceda y la fortuna siga.
Se nos demostró, · sin embargo, que les convenía hacerlo
así, puesto que su intención era la de fustigar a la fortuna.
Durante la procesión gorjeaban melodiosamente entre dien­
tes no sé qué antífonas, porque yo no entendía su lenguaje.
Pero al escuchar atentamente me apercibí de que no canta­
ban sino de oído. ¡ Oh, que bella armonía! ¡ Qué bien con­
cordaba con el sonido de sus campanas! Jamás los veréis dis- ·

cordantes.
Pantagruel hizo una sentencia mirífica sobre aquella proce-
sión, y nos dijo : .
-¿Habéis visto ·y notado la finura de estos 'hermanos Gor­
jeos? Para hacer .su procesión han salido por una puerta de
su iglesia y han entrado por otra. Se han guardado muy bien
de entrar por el sitio de donde salieron. Por mi honor que
són gentes finas, digo finas para dorar, finas como una daga
de plomo, finas no afinadas, sino afinantes, pasadas por . es­
tambre fino 52.
-Esta fineza :__contestó el hermano Juan- está extraída de
una filosofía oculta. Por el diablo que yo nada comprendp.
-Más lamentable -repuso Panurgo- sería comprenderlo to­
do, porque comprendida esta fineza, fineza pievi�ta, fineza
descubierta, pierde su fineza, y la esencia y el nombre; nos-·
otros la llamamos grosería. Por mi honor que en ella son
maestros .
Concluida la procesión, como paseo y ejercicio saludable,
se retiraron a sus refectorios y se pusieron de rodillas sobre
.las mesas, apoyando d pecho y el estómago sobre una lin­
terna. Cuando estab:m en esta posición entró el Gran Zueco
con un tenedor en la mano, con el que los acariciaba; co­
menzaban su comida por el queso y la terminaban con la
mostaza y la lechuga, según la costumbre antigua que testi­
monia Marcial. Para postre se le presentaba a cada uno un
pote de mostaza.

' 52 Fino para dorar . como una daga de plomo es une. fre.se hecha, que ·

quiere decir hábil pare. fingir y e.podere.rse del ánimo de otro.

234
Su dieta era como sigue; el domingo comían pasteles, mor­
cillas, salchichones, y guisados o asados de hígado· de aves,
castañas, y . siempre el queso para la entrada y la mostaza
para el final.
El lunes, lindos guisantes con tocino con una amp)ia glo­
sa interlinearia.
El · martes, mucho pan bendito, hojaldres, pasteles; galle�
tas y bizcochos.
El miércoles, asado, hermosas cabezas de camero, de va­
_ca y de tejón, que abundaba mucho en aquella comarca.
El jueves, siete clases de sopa . y con ellas la eterna moz­
taza.
El viernes, nada más que serbas que aún no estaban ma­
duras, como se advertía �n su color.
El sábado roían los huesos. No estaban, sin embargo, po­
bres m afligidos, porque cada uno tenía el beneficio de un
buen vientre.
Su bebida era el vino antifortunal; así llamaban a no sé
qué brebaje del país.
Cuando querían beber o comer se echaban hacia adelan'Í:e
las puntas de sus capuchones y así les servían de baberos.
Concluida la comida rogaban fuertemente a Dios y todo
con gorjeos. El resto del día, esperando el Juicio Final, se
· ejercitaban en algunas obras de caridad; los domingos se gol­
peaban; los lunes se tiraban de la nariz; los martes se ara­
ñaban; los miércoles se abofeteaban; los jueves se apuñaban;
los viernes se pellizcaban, y .Jos sábados se daban unos a
otros de latigazos.
· Tal era su régimen cuando residían en el ¡;onvento. Si por
orden del prior claustral salían, les estaba prohibido con to­
do rigor, bajo penas horribles, tocar el pescado ni comerlo
aun cuando estuviesen en el ·:mar o en la · ripera, ni carne
cualquiera que fuese aunque estuviesen en tierra, con el fin
de que ·no sufriesen de exceso de potencia o de concupiscen­
cia. Todo esto lo hacían convenientemente y a propósito, can­
tando siempre 'de oído, como ya hemos dicho. .
Cuando el sol se ponía en el Océano, se calzaban las bo­
tas y las espuelas . unos a otros como antes, . se ponían los
anteojos sobre la nariz y se preparaban para dorrnir. A me­
dianoche el gran Zueco entraba y todos se ponían de pie;
entonces aguzaban y afilaban sus cuchillos, y hecha la pro­
cesión ponían las mesas delante de ellos y tomaban su co­
mida como antes.
El hérmano Juan, al ver aquellos alegres frailes y escu-

235
·
char el contenido de sus Estatufos, perdió toda la continen-
cia y dijo a gritos :
- ¡ Oh, l a gran rata d e mesa! Y o rompo todo esto y m e
marcho con Djos. . ¡Ay, que n o está aquí Príapo como estuvo
en los sagrados nocturnos de Canidia pai:a verle ·.peder a
Pleno fondo y contrapediendo gorjear! A estas horas reconoz­
co en verdad que estamos en tierra antíctona y antípoda. 'En
· Germanía han demolido los monasterios y descogullado a ·los
frailes; aquí, al revés y a contrapelo, se los eleva..

CAPITULO· XXVIII

Cómo Panurgo interrogó a un hermano Gor¡eo


y no obtuvo de él como respuesta sino '
monosílabos 53

Panurgo, desde qúe entramos, no había hecho otra cosa


que contemplar profundamente las caras de aquellos reales ·
Gorjeos, y tomando por la mano a uno· de ello!j; delgado
como un arenque prensado, le preguntó :
-Hermano Gorjeo, gorjeando, gorjea. ¿En dónde están las
muchachas?
El hermano Gorjeo le contestó:
-Abajo.
-¿Tenéis muchas aquí?
-Pocas.
-¿,Cuántas tenéis?
-Veinte.
-¿Cuántas quisierais . tener?
-Ciento.
-¿En dónde las tenéis ocultas?
..:..Allí .
-.:supongo qúe no todas tendrán la misma edad. ¿De qué
color es su CQ.J.ll!ñ!J?
·
-Lis.
, -¿Y sus cabellos?.
-Rubios.
-¿,Y sus ojos? .
-Negros.
-¿Y sus tetas?

5 3 En el · original resultan; efectivamente, monosilábicas todas estas


·contestaciones. Pero en nuestro lenguaje es imposible encontrarles
esta correspondencia.

· 236
-Redondas . . ·
�¿Y su rostro?
-Coqueto.
·

._cly su �ntrecejo?
-Lindo.
· -:¿Y ·sus átractivos?
-Maduros.
-¿Y su :tiúr?da?
-Franca.
;_�.Y sus pies?
- -Planos. .
-¿Y sús talones?
-Cortos.
,-¿Y sus medias?
-'Bonitás.
· -¿Y · sus brazos?
,
-Largos.
·-¿Qué llevan en las manos?

-GUantes.
-,-¿Con qué están hechos sus anillos?
-Oro.
-,¡Qué empleáis para vestirlas?
-,-Tela.
-,¡Con éuántas telas las vestís?
-Nueve.
-¿De qué color?
.
-Azul.
-¿Y el sombrero?
-Azul. .
-,¡Y el calzado?
-Negro.
-Y todas esas · telas, ¿cómo son?
· -Ffuas.
-¿Qué · se emplea para sus zapatos?
-Cuero.
-¿En dónde están con más frecuencia?
- -Fuera.
-¿Van a la ciudad?
...:.Pronto.
- .::..Vamos a la cocina de - las mujeres, y sin apresurarnos,
registremos todo al detalle. ,¡Qué hay en esa cocina?
· -Fuego.
-¿Qué es lo que entretiene el fuego?
-Leña.

237
-¿,Cómo está esa leña?
-Seca.
"-¿De qué es?
-De árbol.
-¿Y la menuda?
-De acebo.
-¿Qué quemáis en vuestras habitaciones?
-Pinos.
-¿,Y qué otros árboles?
-Tilos.
-Me quedé en la mitad con respecto a esas mujercitas;
¿de qué las alimentáis? .
-Bien .
-¿,Qué comen?
-Pan.
-¿D� cuál?
-Blanco.
-;.Y qué más?
-Carne.
-¿Cómo?
-Asada.
-¿,Nunca comen sopa?
-Nunca.
-¿,Y pastelería?
-Mucha.
-¿Nunca comen pescado?
-Sí.
-¿Qué más comt?n?
-Huevos..
-¿Cómo los prefieren?
-Cocidos.
-¿Cocidos cómo?
-Duros.
-¿Es esta toda su comida?
-No.
-¿,Qué más comen?
-Buey.
-¿Y qué más?
-Cerdo.
-¿Y qué más?
-Oca.
-:-¿Y qué más?
-Ansar.
-¿Y qué más?

238
-,Gallos.
�¿Qué emplean para las salsas?
-Sal.
-¿Y para las carnes?
-Mostaza.
¿Y para ppstre?
-;. .
-Arroz.
-¿,Y qué más?
-Leche.
-¿Y qué más?
-Guisantes.
-¿Cómo son esos guisantes?
-Verdes. . ·
-¿Qué ponéis entre ellos?
. -Tocino.
-¿Y frutas?
-Buenas.
-¿Cói:rto?
-Crudas.
-¿Y después?
-Nueces.
-¿Cómo beben ellas?
-Puro.
-:¿El qué?
-Vino.
-¿De cuál?
-Blanco.
-¿Y · en invierno?
-Santo.
-¿En la primavera?
-Verde.
-'-¿En verano?
-Fresco.
-¿Y en otoño y vendimias?
:...D
. ulce.
- ¡ Jano de escapulario! -dijo el hermano Juan-. ¡ Qué
grasientos deben de ser estos maitines gorjeicos y qué bien
deben marchar al trote, puesto que comen pan tan bien y
copiosamente!
-Esperad -dijo Panurgo-, que ya concluyo.
-¿Qué hora es cuando se acuestan?
-Noche.
-¿Y cuándo se levantan?
-Día.

239
-He aquí el más gentil Gorjeo que yo · he montado este'
año -dijo Panurgo-; por la gracia de Dios, el · bendito San ·
Gorjeo (y la bendita y digna Virgen Santa Gorjea ) , que fue
el primer magistrado de . París, amigo mío, eres 1in gran ex­
pedidor de causas y abreviador de pleitos, vaciador de deba­
tes, despeluchador de e:�:pedientes, hojeador de papeles y mi­
nutadqr de escritos. Ahora vayamos a los demás víveres y ha­
blemos serenamente de esas nuestras . queridas hermanitas de ·
· caridad.
-¿Cómo es su formulario?
-Grueso.
-¿Y a la entrada?
-Fresco.
-¿Y en el fondo?
-Cerrado.
-Te preguntaba el . qué háce allí.
-Calor .
....:¿Qué hay en los bordes?
-Pelo. ·
-¿Cómo?
-Rojo.
-¿,Y el de las más viejas?
-Gris.
-¿Cómo es su sacudimiento?
-Pronto. _

-¿Y el movimiento de las nalgas?


-Abundante.
-¿Son todas ellas voltijeantes?
-Demasiado.
-¿Vuestros instrumentos cómo son?
-Grandes.
-¿Y por sus márgenes?
-Redondos. -
-Y el extremo, ¿de qué color?
-Rojo. · .
-Cuando terminan, ¿cómo se quedan?
-Quietos.
-¿Y los _geilitorios?
-Pesados.
-¿De qué forma están? '
·'
-Prestos.
-Cuando habéis concluido,
·
¿,cómo se quedan?
-Blandos.
-Ahora por el juramento · que habéis h �cho, cuando queréis

240
cohabitar, ¿cómo las colocáis?
...:Planas .
. -¿Y · qué dicen ellas mientras::. tanto?
-Nada. ,,
-¿Se limitan a poneros . buen� cara, o toman parte activa
en el juego? · . . •: �
-Toman. .
(
-¿Os hacen ellas hijos .• /
-Nunca. ' · :· ·

-¿Cómo os acostáis � �tos?


. -Desnudos.
·

-Por el juramento que habéis prestado : ¿cuántas veces lo


hacéis ordinariamente por día?·
.:....s�is.
-¿Y por la noche?
-Diez.
- ¡ Cáncer! -dijo el :hermano Juan-, este rijoso no se atre-
ve a pasar de las di�ciséis vecés, ¡ qué vergüenza!
-Verdaderamente, .. hen'nano Juan, que tú harías mucho
·más. ·¿Los otros hacen lo mismo que tú?
-Todos.
·

-¿,Quién es el más galante de todos?


-Yo.
-�.Nunca le falla el golpe?
-Nunca. �
-En este punto pierdo yo' mi buen sentido. Habiendo va-
ciado y .despojado el día preéédente .todos vuestros vasos es­
permáticos, �.cómo podéis tenerlos dispuestos en . el siguiente
día?
·

-Más.
. -Por lo que se ve, parece que tienen la yerba de Indias
�elebrada por Teofrasto. Pero si por un impedimento legítimo
··O de alguna otra manera sobreviene cualquier disminución del
· miembro, ¿cómo os encontráis?
�Mal.
.-¿Y qué hacen entonces las muchachas?
-Ruido.
-¿Y si cesáis un día?
-Peor. ·
-¿Y qué les dais entonces?
-Golpes.
-¿Y · ellas qué os dan entonces?
-Mierda •
._¿Qué dices?

241
-Pedos.
-¿De qué sonido?
-Sordos.
-¿Cómo las castigáis?
-Fuerte.
-¿Qué les hacéis salir?
-Sangre.
'----- . -¿Qué hace sobre su piel?
-Manchas .
-¿Y esto es mejor para vosotros?
-No.
"-¿Y así permanecéis siempre?
-Temerosos.
-�.Y cómo os creen elJas?
-Santos.
-Por el juramento de madera que h�béis prestado: ¿cuál
es la época del año en que lo hacéis más tiernamente?
-Agosto.
-¿Y más bruscamente?
-Marzo.
-Y el resto del año, �.cómo lo hacéis?
-Alegres.
Panurgo dijo entonces sonriendo:
-He aquí el pobre Gorjeo del mundo. Habéis escuchado
cómo es de resuelto, sumario y compendioso en sus respues­
tas. No dice más que monosílahos y · creo que de una cereza
haría tres pedazos.

- ¡ Corazón de Dios! -dijo el hermano }li'an-. Así. no habla


con sus muchachas, que es bien polisilábico; habláis de tres
pedazos de una cereza; por San Gris juraría que de una cos­
tilla de camero no haría más que dos y de una cuarta de
vino un trago. Como veis, es muy esquinado.
-Estos monjes, malvada granalla -dijo Epistemon-, viven
siempre júitto a sus víveres y luego < nos dicen que no tienen
su vida en este mundo. ¿Qué ·
diablo
·
tienen los reyes y los
grandes príncipes?

CAPITULO XXIX
Cómo desagradaba a Epistemon la institución
de la Cuaresma
-¿Habéis notado cómo ese malvado y pícaro Gorjeo nos se­
ñalaba márzo como mes de rufianería?

242
-Sí -dijo Pantagruel-. En ese mes cae siempre la Cuares­
ma, que ha sido instituida para macerar la carne, mortificar
los apetitos sensuales y refrenar las furias venéreas .
..:.Por esto -repuso Episternon-, podréis juzgar cuál sería- el
· sentido del Papa que primeramente la. instituyó, puesto que
esta zapatilla de Gorjeo confiesa no sentirse jamás tan eruner­
. dada de lujuria corno en la estación de la Cuaresma, y por
las evidentes razones expuestas por todos los buenos y sabios
médicos que afirman que en todo el curso del año no se co­
men - viandas que exciten la lubricidad tanto como en esfe
tiemp o : habas, guisantes, fríjoles, chícharos, ajos, nueces, os­
tras, arenques, salazones, pescados, ensaladas compuestas de
yerbas venéreas, como jaramago, berros, estragón, responsos,
adormideras, arroz, raíces, higos, lúpulo, etcétera.
-Quedaríais muy asombrado -dijo Pantagruel- si vierais al
buen . Papa instaurador de la Santa Cuaresma en la estación
en donde el calor natural sale ·del centro de la tierra que
]q había retenido durante las frialdades del invierno, y se dis­
persa en todos los miembros como la savia en los árboles, or­
denando estas viandas de que habéis hablado para ayudar a
la multiplicación de la especie humana. Esto es lo que me
hace pensar, con arreglo al libro del bautisterio de Thouars,
en que el número de los nacimientos es. mucho más gtande
en los meses de octubre y noviembre que en los otros diez
meses del año; es decir, que según un cálculo elemental, re­
sulta que han sido concebidos y engendrados en Cuaresma.
-Yo escucho vuestras palabras -dijo el hermano Juan-. y
en ello encuentro un gran placer: pero el cura de Jambert
atribuía este copioso engruesamiento de las mujeres, no a las
viandas de Cuaresma, sino a los encorvados limosneros, a los
· pequeños predicadores calzados, . a los ·pequeños confesores co­
gulladas, que condenan durante el tiempo de su imperio a
los maridos lujuriosos y los colocan tres toesas debajo de las
uñas de Lucifer. Aterrados los maridos, no se atreven a tocar
·a sus camareras, y se marchan al' encuentro de · sus mujeres.
· He dicho.
. �

�Interpretáis la institución de la Cuaresma con arreglo a


vuestra fantasía -dijo Episternon-; cada uno abunda en su
sentido; pero a su supresión, que me parece ser inminente, se
opondrían todos los médicos; lo sé y se lo he oído decir. Y
es que sin la Cuaresma, su arte sería despreciado y nada ga-
narían, puesto que nadie estaría enfermo.
·

: "En la Cuaresma todas las enfermedades están esparcidas.


Ella es su verdadero plantel; el acomodo natural y la dis"

243
_ pensadora c\e todo lo malo. Considerad además que si
la Cuaresma hace pudrir Jos cuerpos hace también rabiar las
. almas. Los diablos ejercen en ella sus oficios; los hipócritas
salen en ella de sus plazas; los santurrones tiem;n sus gran­
aés días en · ella; muchas sesiones, estaciones, perdones, con­
fesiones, vapuleamientos y anatemati.Z.aciones. No quiero, sin
embargo, inferir que los arismaspianos 54 · sean en 'esto · mejores
que nosotros.
.-Y ahora -dijo Panurgo-, cojón, cojonante y gorjeante,
¿,qué os :parece de todo esto? ¿No es completamente herético?
Y · dijo el hermano Gorjeo:
-Mucho�
-¿No debe ser quemado?
-Derecho.
-,¿Y lo antes que se pueda?
-Sea.
-¿Sin hacerle cocer?
-Sin. ·

-¿De qué manera entonces?


-Vivo.
-¿Para que al fin quede?
-Muerto.
-¿Porque os ha disgustado mucho?
-Mucho.
-¿:Cómo os parece que está?
-Loco.
-.\Decís loco, o rabioso?
-Más.
-¿Cómo querríais verle?
-Quemado.
-¿Han quemado aquí a otros?
-Muchos.
-¿Que · eran heréticos?
-Menos. '·

-¿Los queman todavía?


- -Aún.
· -¿Los rescataríais vos?
�Nunca.
-¿Sería preciso . quemar a todos?
-Todos.
-Yo no sé -dijo Episteinon- qué placer encontráis en ra- .
. zonar con este pelmazo de monie; por lo demás, si no os co.-

54 Aris1)laspianos: pueblos que, según Pllnlo, solo tenian un ojo. Se


cree que Rabelais aqui aiude a los sectarios de - la Reforma.. ·

244
noci-:'ra biet;�, habra formado de vos una opinión muy ·poco
' honorable.
-Vámonos, por Dios -dijo Panurgo-.-. Se lo llevaría de
muy buena gana · a Gargantúa, de tanto corrio me agra­
. da. Cuando yo estuviera casado serviría a mi mujer de loco.
-Calla, calla -dijo Epistemon .
. -Entonces tú tendrás tu · vino, pobre Panurgo -dijo el her­
mano Juan-, pero nunca te escaparás de ser cornudo hasta
el eulo . •

CAPITULO XXX

Cómo visitamos el país dé Satín 55

Regocijados de haber visto la nueva religión de los herma·


· nos Gorjeos, navegamos durante dos . días. En el tercero,
nuestro piloto descubrió una isla más bella y · deliciosa que
todas las demás; la llamaban la isla de Frisa, porgue todos
los caminos · eran frisos. .
En ella estaba el país de Satín, tan renombrado entre los
'pajes de la corte; los árboles y las altas yerbas jamás perdían
sus flores ni sus hojas, que eran de terciopelo y de damasco.
+-as bestias y los pájaros · eran de tapicería. Allí vimos mu­
chas bestias, pájaros y árboles, que por el tamaño, la forma
y el color se parecían a los de nuestro país; pero nada co­
mían, ni ·cantaban, ni · mordían como hacen los nuestros. Vimos
allí también muchos que jamás habíamos visto, entre otros,
diversos elefantes en diferentes actitudes; · entre ellos noté
seis - machos y seis hembras, presentados en Roma, en el
teatro, por Sf.l conductor, en el tiempo de Germ�co, sobrino
.del Emperador Tiberio. Elefantes sabios, músicos, filósofos y
danzantes, ·estaban sentados a la mesa en buen orden, co­
miendo. y bebiendo en silencio, ·como lps hermosos padres en
' el refectorio. Tenían el morro largo como de dos codos ( nos­
otros -lo llamamos trompa ) , con el qÚe podían beber agua y ·
tomar dátiles, ciruelas y toda clase de alimentos. Con él ata-
· · ean y se defienden como con una mano; en un com­
.

bate arrojan al alto, por el aire, las gentes, y su caída los


]lace reventar de r�a. Tienen fuertes, bellas y grandes orejas,

.
55 Al describir en este capitulo la5 ·tapicerías, critica el autor a los
viajeros, cosmógrafos y naturalistas, amantes de la f8bu!a Y la mara­
villa, como Plinlo y Ellano entre los antiguos, y Thevet, Belon y otros
· en�re lo� mo ilernos.

245
de la forma de una criba. Tienen junturas y articulaciones
en las piernas, y los que han escrito lo contrario jamás los
han visto si no es en pintura. Entre sus dientes tienen dos
grandes cuernos.. Juba los llamaba así, y Pausanias dice que
son cuernos y no dientes. Filostrato sostiene que son dientes
y no cuernos. A mí me es todo igual, puesto que ya sabéis
que ellos . son el verdadero marfil y que tienen de largo de.
tres a cuatro codos y están en la mandíbula suP.erior y no
·

en la inferior.
Si creéis a los que dicen lo contrario, os encontraréis tal
mal como aquel Eliano, torzuelo de la mentira. Allí, y. no
en otra parte, Plinio los vio danzando con cascabeles sobre
cuerdas, como funámbulos, pasando junto a las mesas en ple-
no banquete y bebiendo sin ofender a los bebedores.
· ·

Vi allí un rinoceronte parecido en todo al que me había


enseñado Henri Cleberg; pero se diferenciaba muy poco de
un verraco que yo vi en otra ocasión en Lirnoges, salvo que
tenía sobre el hocico un cuerno como de un codo de largo,
y puntiagudo, con el que se atrevía a combatir con los ele­
fantes, y clavándoselo sobre el vientre, que es la parte más
delicada del elefante, a veces los dejaba muertos.
Vi treinta y dos unicornios; es esta una bestia cruel a ma:­
ravilla, parecida del todo a un hermoso caballo, salvo que
tiene la cabeza de ciervo, los pies como el elefante, la cola
como el jabalí y en la frente un cuerno agudo, negro Y co­
mo de seis a siete pies de largo que le cuelga ordinariamen­
te como la cresta de un gallo de Indias. Cuando quie-.
re combatir o servirse de él de alguna manera, lo levanta
fuerte y derecho. Vi uno de ellos, acompañado de algunos
animales salvajes, desfondar una fuente con su cuerno ner:­
vioso.
A esto dijo Panurgo que su instrumento se parecía a aquel
unicornio, no en longitud, sino en virtud y propiedad, porque
así como aquel purificaba el agua de los mares y las fuentes
si tenían porquería o veneno, y a continuación ya podían los
animales venir con seguridad a beber, así, con gran seguridad
también, se podía horadar fuertemente después de él, sin pe­
ligro de chancros, gálico, purgaciones, bubones u otros menu­
dos sufragios; · porque si había · algún mal en el agujero me­
fítico, todo lo limpiaba con su cuerno nervioso.
:-Cuando estéis casado -dijo el hermano Juan- haremos ·

ensayos de estos con vuestra mujer. Por el amor de · Dios que


así · será, puesto que vos le daréis una instrucción saludable.
-Efectivamente -contestó Panurgo-, y en seguida para el
' ' 24
6
estómago una pildorita agregativa compuesta por Dios de
veintidos puñaladas a la cesarina 56 .
-Más valdría una taza de algún buen vino fresco -dijo el
hermano Juan.
�Vi allí el toisón de oro conquistado por Jasón. Los que
han dicho que no es un toisón, sino una manzana de oro,
visitaron muy mal el país . de Satín.
"Vj allí un camaleón, tal como lo describe Ariosto y
tal como me lo había mostrado algunas veces Carlos Marais,
médico insigne de la nóble ciudad de Lyon, sobre el Róda­
no. Solo vivía de aire como el otro.
"Vi allí tres hidras, iguales a las que había visto ya otras
veces. Son serpientes que tienen cada una siete cabezas di­
versas.
"Vi allí catorce fénix. Había leído en diferentes auto­
res que solo había uno en todo el mundo; pero a mi corto
conocimiento los que han escrito esto, aun cuando se trate
de Firmiano y de Lactando, jamás han visto sino los del país
de Tapicería. .
"Vi allí la piel del asno de Apuleyo; trescientos nueve pe­
lícanos, seis mil dieciséis seleucidas marchando en línea recta
y devorando ranas entre los trigos; cinalmogos, argatiles, ca­
.primulges, tinunculos, protonotarios ( onocrótalos, quiero decir,
con su enorme gaznate ) , estinfálidas, arpías, panteras, lobos,
duendes, · onocentauros, tigres, leopardos, hienas, carnelopardos,
erizos, dorcadas, cemadas, cinocéfalos, sátiros cartasones, taran­
das, ures, monopes, pegasos, cefes, neares, • cercopitecos, bison­
tes, musimones, vitures, ofires, estigos y grifos.
"Vi allí la media Cuaresma a caballo; el medio Agosto y
el medio Marzo le tenían el• estribo.
"Vi también una rémora, que es un · ·pececillo llamado por
los griegos echeneis. Estaba junto a un gran navío · que . no
podía moverse aun cuando en alta mar había desplegado to­
das sus velas; creo que era el navío de Periandro el Tirano,
detenido por el pececillo contra el viento. Mutianus lo había
visto e� este país de Satin y no en otro. El hermano Juan
nos dijo que antiguamente, en las Cortes del Parlamento, dos
especies de pececillos tenían . costumbre de reinar; hacían pu­
drír los cuerpos y rabiar las 'almas de todos los pretendientes
nobles, campesinos, pobres, ricos, grandes y pequeños. Los
primeros eran pescados de abril, que son los maquereles; los
segundos eran rémoras envenenadoras que hacen eternos los
pleitos.
56 A la. manera. de César Borg!e..

247
"Vi allí monos, gorilas, linces y orangutanes, que tienen co­
mo m?nos los pies delanteros y los de detrás como pies de
hombre; crocutas y éales, que son grandes como hipopótamos
y tienen la cola como la de los elefantes, las mandíbulas
como las de los jabalíes y los cuernos movibles como orejas
de burro. Las leucrocutas, bestias muy ligeras y grandes co­
mo los asnos de Mirebalais, tienen el cuello, la cola y el
pecho de un león, las patas de un ·cerdo, la garganta hen�
· dida hasta las orejas y no tienen más dientes sino uno abajo
y otro arriba. Tienen la voz humana, pero entonces no ha­
blaban. Vosotoros diréis que estas .bestias jamás se han visto;
sin embargo, Yo vi once; notadlo' bien.
"Vi allí alabardas zurdas, cosa que jamás había visto.
"Vi también manticoras, . bestias muy extrañas; tienen · el
cuerpo de un ·]eón, pelo rojo, la faz y las orejas como un .
hombre, .tres filas de dientes que entran los unos en los otros
como vosotros entrelazáis los dedos de las manos. Tienen ·en
la cola un aguijón con el que taladran, como hacen los es­
corpiones, y su voz es muy melodiosa.
"Vi allí catoblepos, bestias salvajes pequeñas dt'i cuer�
po, pero con una cabeza grande, sin proporción, que apenas
J?Ueden levantar de la tierra. Tienen los ojos tan luminosos
que quien los mira . muere repentinamente, como si mirase un
basilisco.
"Vi allí bestias de dos espaldas que me parecían regociji\­
das a maravilla, coleteando copiosámente y de un modo
sempiterno. .
"Vi también cangrejos de leche, cosa que no había visto
hasta entonces. Marchaban en muy · buen orden y era una de- .
licia el verlos.
·

CAPITULO XXXI

Cómo en el país dé Satín vimos a Decir Sí, que


tenía escuela de Testimoniería

Separándonos UÍ1 poco del país de Tapicería, vimos el mar


Mediterráneo abierl:(l y descubierto hasta los abismos como en
_el golfo de Arabia se abrió el mar Rojo para dejar el cami­
no libre a los judíos cuando salían de Egipto. Alli reconocí
a Triton, tocando sp gran caracol; a Galuco, a Proteo, a Ne­
reo y a mil otros dioses y monstruos marinos. Vimos también
uri. número infinito de peces de diversas especies danzando,

248
volando, voltijeando, coml;>atierido, comiendo, respirando, re­
tozando, cazando y preparando escaramuzas, emboscadas y
treguas, regateando, jurando y divirtiéndose.
En un rincón de allí vimos a Aristóteles, que tenía una
linterna, en la misma actitud que el ermitaño pintado cerca
· de - San Cristóbal, espiando, considerando y discutiendo todo
..por escrito. Detrás de él estaban muchos . otros filósofos :
Apiano, ·Heliodoro, Ateneo, Porfiria, Pancracio, Arcadio, Neu­
m�nio, Posidonio, Ovidio, Opiano, Olimpi6, Seleuco, Leónidas,
. Agatocles, Teofrasto, Da;mostrates. Mutiano, Ninfodoro, Eliano
y quinientos otros hombres ociosos, como lo fueron Crisipo o
· Aristarco de Sole, que se entretuvo cincuenta y ocho años en
contemplar el estado de las abejas sin hacer otra cos·a.
Entre ellos reconocí a Pedro Giles, que tenía un orinal en
la mano y contemplaba profundamente la orina de aquellos
bellos . peces 57 .
Después de haber observado largamente aquel bello país
de Satín, dijo Pangruel:
-Aquí han descansado grandemente mis ojos, pero no pue­
do decir lo mismo de i:ni estómago, que brama de mala ra­
bia de hambre.
-Comamos, comamos -dije yo- y cojamos esas anacampse­
rotas 58 que cuelgan allá arriba, aunque ne es cosa que val­
ga la pena .
.Yo tomé entonces algi.lnos mirabolanos que colgaban de un
extremo de tapicería; pero no pude masticarlos ni tragarlos.
Si vosotros los hubieseis gustado, con razón hubieseis dicho y
jurado que aquello era seda torcida. No tenía ningún sabor.
· Se podría pensar que Heliogábalo había tomado de allí,
como copia de bula, la manera de festejar a los que duran­
te Jargo tiempo había hecho · ayunar prometiéndoles para el
final un banquete suntuoso, abundante, imperial, y luego los
alimentaba con viandas de cera, de mármol y d e barro en
pinturas y en manteles figurados. _
Buscando, pues, en dicho país el medio de encontrar algu­
nas viandas, oímos un ruido estridente y diverso, como
si fueran mujeres que lavasen la colada en los molinos d e
.Bazacle, junto a Tolosa. Sin esperar más, n o s transp01;tamos
al sitio de donde venía el ruido, y vimos un viejecillo joro­
ba-do, contrahecho y monstruoso. Se le llamaba D ecir Sí; te­
nía la boca hendida hasta las orejas y en la boca siete len-

57 Lla�a el autor Pierre Gilles al naturalista D'Alby, muerto en· 1555.


58 Anacampserotas; . hierba conocida por los griegos, que, según ellos, .
tenía la virtud de reanimar el amor extinto.

249
guas y cada lengua hendida en siete partes. Con todas a la
vez hablaba de diversas cosas en diversos lenguajes. Tenía
también sobre la cabeza y el resto del cuerpo tantas orejas
como en la antiguedad tuvo ojos Argos; por lo · demás, era
ciego y paralítico de las piernas.
·

Vi en torno suyo un número incontable de hombres y de


mujeres que le escuchaban atentos. Entre la tropa reconocí
algunos de buena figura, señaladamente uno que tenía un
mapamundi y lo explicaba sumariamente, por pequeños afo­
rismos. Allí llegaban clérigos y sabios continuamente; habla- .
ban elegantemente y con buena memoria de muchas cosas
prodigiosas, de las que no bastaría la vida de tin · hombre
para saber la centésima parte : de las pirámides del Nilo, de
Babilonia, de los trogloditas, de los himantópodos, de los
blemyos, de los pigmeos, de los caníbales, de los Montés Hi-.·
perbóreos, de los egipcios, de todos los diablos, y todo' por ·
Decir Sí.
Allí vi, según creo, a Herodoto, Plinio, S olín, Bero�o, Fi­
lostrato, Mela, Estrabón y muchos otros antiguos, y, además,
Alberto el Gran Jacobino, a Pedro Temoin, al Papa Pío II,
Volateran, Paulo Jovio el Valiente, Jacobo Cartier, Chaiton el '
armenio, Marco Paulo el veneciano, Ludovico el romano, Pe-;'
dro Alvarez y no sé cuántos otros modernos historiado­
res, ocultos detrás de una pieza de tapicería, escribiemdo'·

a escondidas bellas tareas, y todo por Decir Sí. ..

Detrás de una pieza de terciopelo, cuyo dibujo figura- '


ba hojas de menta 59, cerca de Decir Sí, vi un gran número ;
de percherones y de manseanos, buenos estudiantes y. muy jó-�
venes. Al preguntarles a qué Facultad aplicaban sus est:U;dios, S
supimos que allí, desde la juventud, aprendían a ser testigos. ;,
Aprovechaban tan bien en este arte, que al partir de aquel�
sitio y volver a su provincia, vivían honradamente del oficio ';
de testigo, dando un seguro testimonio de todas las cosas aéj
·
quienes les pagasen el jornal, y todo por Decir Sí. 2
Decid vosotros 16 que . queráis; ·pero ellos nos dieron unosii
pedazos de su pan y bebimos en sus barriles de buena gan.a: '¿
Después nos advirtieron cordialmente que debíamos economi- .:;
zar la verdad tanto como nos fuera posible, si queríamos lle-' �
gar a la Corte de los grandes señores.

5 9 Aquí el autor hace juegos del vocablo con la palabra menta· y·0
el berbo mentir.

2:50
CAPITULO XXXII

Cómo nos fue descubierto el país de los


linterneses 60
·

Mal tratados y mal alimentados en el país de Satin, nave­


gamo$ durante tres días. El cuarto, a primera hora, al acer­
cam os a Lintemés, vimos sobre el mar algunos fuegos · peque­
ños y volantes. Por mi parte, creí que fuesen, no linternas,
sino pescados, que con la lengua refulgente, hacían fuego so­
ore el mar, ·o bien gusanos de luz, brillando allí como por
la tarde en mi patria brilla la cebada cuando llega a su ma­
durez. Pero el piloto nos advirtió que eran las linternas de
las. patrullas. Estas linternas descubrían el país en sus alre­
dedores y daban escolta a algunas linternas extranjeras, que
como buenos franciscanos o jacobinos, acudían a comparecer
én el capítulo provincial. .
Temimos, sin embargo, que aquello fuese un pronó�tico de
tempestad; pero el piloto nos aseguró que era verdad lo que
acababa de decirnos.

C;'\.PITULO XXXIII

Cómo descendimos en el puerto


de los Lychnobianos y entramos en Linternés

En el instante entramos en el puerto de Linternés. Allí, so­


bre una torre muy ·alta, Pantagruel reconoció la linterna .de
La Rochelle, que nos dio muy buena claridad. Vimos tam­
bién la linterna de Faros de Nauplio y de la Acrópolis de
Aténas consagrada a Palla 6 1 .
Cerca del puerto hay un pueblecillo habitado por lychno­
bianos, que son gentes que viven de las linternas, cómo en
_nuestro país · ciertos frailes viven d e las monjas 62; son hom­
bres dé bien y · estudiosos. Demóstenes había linterneado allí
antiguamente. Desde aquel sitio hasta el palacio, fuimos

60 En muchas ediciones este brevislvo capitulo aparece unido e.!


siguiente. Para separarlos nos atenemos a las más .antiguos. País de las
Linternas o \ Linternés quiere decir país de la ciencia.
61 La Rochelle era entonces el foco y el hogar de la Reforma:
Hable. entonces, en efecto, une. especie de frailes o monjes irre­
que vivia de pedir para las monjas.

251
conducidos por tres obc!bcolychnios, guardas militares del
puesto, . con altos bonetes como los albaneses. Les expusimos
las causas de nuestro viaje y nuestra resolución, que ·e�a la
de obtener de la reina de Linternés una linterna para
alumbramos y guiamos en el viaje que hacíamos hacia
el oráculo de la Botella. Nos permitieron hacerlo y de
buen grado añadieron que habíamos llegado en buena
y oportunidad y que podríamos hacer una buena elección
linternas, ·puesto que entonces tenían · ellas .su capítulo·
cial.
Al llegar al palacio ·fuimos presentados a la reina .Por·
linternas de honor; una era la linterna de Aristófanes y
.
otra la linterna de Cleanto. Panurgo, en lenguaje lintemés,
puso brevemente las causas de nuestro viaje. La reina
acogió muy bien y nos rogó que la acompañásemo.s a
con el fin de que· pudiéramos escoger más fácilmente
. terna que quisiéramos tener por guía. Esto nos agradó mttcho;li
pues nos ofrecía ocasión de notar y considerar sus
gestos, sir vestido y su actitud, así como el orden
vicio. .
La reina estaba vestida de cristal virgen, damasquinado
paramentado de gruesos diamantes. .
Las linternas d e sangre estaban vestidas ele vidrió .
las otras · ele piedras esfengitidas. Las demás de cuerno,
papel y ele tela encerada. Los faroles pareciclamente,
su estado y la antigüedad ele su linaje.
Unicamente · vi uno de tierra, como un jarro alineado
los más resplandecientes, y me deslumbré mucho al saber
era la linterna de Epicteto, por. la que en alguna ocasión
habían rehusado tres mil dracmas.
Observé atentamente el modo, la · forma y la
de la linterna polirnecha de :Marcial, y todavía más
veinte mechas consagrada antiguamente por Canopa,
Tisia. Me fijé mucho en la linterna pensil, tomada anligtta:ll
. mente en Tebas en el templo de Apolo Palatino y
tada después a la villa de Cumas 'en Eólida por Alieja:nd.Jr<í;l
· el Conquistador. Vi, además, otra insignia a causa ele una
lla ·cofia de seda carmesí que tenía sobre la cabeza: se
dijo que era Bartolo, linterna del derechq. Observé na:rec:irllt"'lli
.
mente otras dos, notables por las bolsas de lavativas
vaban a la Cintura, y se me dijo que una era el
otra el pequeño Luminaria de los boticarios 63 .

63 Así s e llamaban dos formularlos farmacéuticos que


en boga al final del siglo XV.

252
Llegada la hora de - cenar sentóse la reina la primera, y
las demás según su grado y su dignidad. -Como entrada de
mesa, a todas se sirvieron grandes candelas blandas, salvo ·a
_ la reina que le fue servido un gran cirío cireante de cera
blanca un poco roja al extremo. Así se le sirvió - también a
las linternas de abolengo; a la linterna provincial de Mira­
balais se le dio una lamparilla y a la provincial del bajo
Pitou una candea armada. Solo Dios sabe cuánta luz dieron
en seguida por sus mecheros. Excepto un númerq de linternas
jóvenes del gobierno y una linterna muy -gruesa, que no lu­
cían como las otras, y parecí"an tener lós colores pálidos. Des­
pués_ de cenar nas retiramos para ir a descansar. A la mañana
siguiente la reina hizo elegir para conducirnos una linterna
de las - más insignes. Con esto nos despedimos.

CAPITULO XXXIV

Cómo llegamos al Oráculo de la Botellc·

_ Nuestra noble linterna, alumbrándonos y conduciéndonos


con gran alegría, nos llevó a la isla deseada, en la que está
el Oráculo de la Botella. Al descende! a tierra, Panurgo, ga­
llardamente, dio una voltereta con ml' pie en el aire y dijo
a Pantagruel:
-Hoy tendremos lo - que hemos buscado con tantas fatigas
y con tan diversos trabajos.
Después se encomendó corté;mente a nuestra linterna, la
que nos ordenó que esperásemos y que, ocurriese lo que ocu-
rriese, no nos asustáramos.
Para acercarnos al templo de la diosa Botella, convenía pa­
_por un gran viñedo compuesto de todas las especies de
como Falerno, Malvasía, Moscatel, Bálsamo, Orleáns,
cH.:<u<un. Anjou, Graves, Vierron, Arbois, Cousi, Mirebaux, Ne­
y otras. Este viñedo fue antiguamente plantado por B aca, ·
tal bendición que en todo tiempo tenía hoja, flor y fru-
como los naranjos de San Remo.
linterna magnífica nos mandó comer tres racimos
cabeza, m eter pámpanos en nuestros zapatos y tomar una
¡:l
ver e en la mano iz.quierda.
Al salli del viñedo pasamos bajo un arco antiguo sobre el
estaba lindamente esculpido el trofeo de un bebedor; a
lado había una larga hilera de frascos, de botell¡¡s, de

253
pellejos, de barriles, de toneles, de ¡arros, de pintas y
de cráteras antiguas, colgados de una parra frondosa; a otro,
una gran cantidad de ajos, de jamones, de quesos, de len­
guas de buey ahumadas y de otras viandas, y una especie
de confitura de pámpanos. Todo con u1la gran industria es­
taba hecho con madera de cepa. A otro lado había cien for­
mas de vasos: vasos a pie, vasos a caballo, . cubos, copas, ja­
rras, tazas. cubiletes; aquello parecía la artílléría _báquica. · En
el frente · del arco, sobre el zoforo, estaban inscritos estos dos
verses :

Para pasar esta poterna


busca una buena linterna.

-De ella nos hemos provisto -dijo Pantagruel-, pues en


toda la región de Linternés no hay mejor y más divina lin­
terna que la .nuestra.
Aquel arco terminaba en un bello y vasto tonel hecho de
cien cepas de viña, adornadas de racimos de quinientos ca-·
·lores diversos y de quinientas formas, no naturales, sino
compuestas por el arte de la Agricultura : amarillos, azules,
negros, azulados, blancos, oscuros, verdes, violetas, veteados, .
largos, redondos, con ·facetas, coronados, barbudos, nervudos.
La boca de este tonel estaba cerrada por tres hiedtas ·anti­
guas, bien verdeantes y cargadas de bayas. Allí nuestra ilus­
trísima linterna rogó a cada uno de nosotros que se hiciera
de aquella hiedra un sombrero albanés que le cubriese toda
la cabeza:. Así lo hicimos sin tardar.
-Bajo esta parra -dijo Pantagruel- no hubiera podido pa­
sar antiguamente el Pontífice de Júpiter.
-La razón era mística -nos dijo nuestra célebre linterna--.
Al pasar hubiera tenido el vino, es decir, los racimos sobre
su cabeza, y p arecería estar martirizado y dominado por él,
lo que significa que los pontífices y todos los personajes que
se entregan y se dedican a la contemplación de las cosas
divinas deben mantener sus espíritus en tranquilidad, fuera
de· toda perturbación de los sentidos, perturbación que · se ma­
nifiesta más en la embriaguez que en toda otra
la que fuere. Del mismo modo vosotros no
en el templo de la diosa Botella si pasarais por aquí
jo, a menos que Babuc, la noble Pontífice, viese vuestros za­
patos llenos de pámpanos, pues es este · un arco diametral­
mente opuesto al primero, y tiene la significación· evidente de
que el vinp es despreciado por vosotros y sojuzgados por
�estros pies.

254
-Yo no soy Clérigo -dijo el hermano Juan-, y esto me
desagrada; pero encuentro en mi breViario que en el Apoca­
lipsis fue vista como cosa admirable una mujer que tenía la
luna baje;> sus pies, y así lo ha eJ.-puesto Bigot para significar
qúe no era ni de la raza ni de la naturaleza_ de las demás·
que todas, por el contrario, tienen la luna en la cabeza, y .

por consecuehcia, el cerebro siempre lunático; esto me indu­


ce : fácihnente a creer lo que decís, señora lintemá, amiga
mía 64 •

CAPITULO XXXV

Cómo descendimos en tierra para entrar en el


templo de la Botella, y cómo Chinon es la primera
villa del mundo

Descendimos así a tierra, por una escala incrustada de ye­


so; Sobre este yeso una grosera pintura representaba una
danza · de mujeres y de sátiros acompañando al Viejo Sileno,
que reía sobre su asno. Entonces dije a Pantagruel :
·

-Esta entrada me recuerda la cueva pintada de la prime-


villa del mundo, porque hay allí pinturas . parecidas y de
la misma frescura que las de aquí.
-¿En dónde es eso? -dijo Pantagruel-. ¿Qué villa es esa
de que habláis?
-Chinon ..,-contesté yo,-, o Cainon, en Turena .
. -Ya sé -contestó Pantagruel- dónde está Chinon, y conoz­
co su cueva pintada; en ella he bebido muchos vasos de vi- .
nó fresco, y 'no me cabe duna de que es una villa muy an­
tigua; su blasón lo demuestra, pues en él se lee:

Chinon, dos o tres veces Chír¡on.


· Pequeña villa, de renombre llena,
· en una antigua piedra cimentada,
tiene en lo alto el bosque; abajo el Vienna .

es la primera villa del mundo? ¿En dónde está


�.Qué prueba tenéis de ello?
-He encontrado en la Sagrada Escritura -dije yo- que
Caín fue el primer bautizador de villas, y es verosímil que

64 Se refiere probablemente el hermano Juan a le. obra Somnium, de


GuU!ermo Blgot.

255
a ]� primera diese su nomb re, ·es decir, Cainon, como luego,
a imitación suya, todos los demás fundadores e instauradores
de villas les impusieron sus nombres : Atenea, en griego Mi­
nerva, a Atenas; Aleajndro a · Alejandría, Constantino a Cons­
tahtinopla; Pompeyo a Pompeya; Adriano a Adrianópolis; Ca­
nán .a los cananeos; S aba a _ los sabeyanos; Asur a los a�ih¡p�
Tolomeo a Cesarea, Tiberio, Herodes, etcétera. . ·
Mientras teníamos esta conversación salió el gran Frasco
(nuestra linterna lo llamaba filósofo ) , gobernador de la' dio­
s.a Botella, acompañado · de .la guardia del templo, que eran
todos botellones franceses. Nosotros, al verlos armados de
tirsos y coronados de hiedra, y que conocían a nuestra insig­
ne linterna, · nos tranquilizamos, y ordenó que se nos llevase
derechamente ante la princesa Baduc, dama de honor ···ae la · ·
Botella y Pontífice de todos los misterios. Lo que fue . hecho
en el acto.

CAPITULO XXXVI

Cómo deecendimos las gradas tetrádicas, y del


miedo que tuvo Parwrgo

Baíamos en seguida por una escaelra de mármol que con­


ducía a debajo de tierra: encontramos un descansillo; vol­
viendo a la izquierda descendimos dos tramos más y encon­
tramos otro .descansillo parecido; después tres a la vuelta y
otro descansillo, luego otros cuatro idénticos.
Panurgo preguntó:
_-¿Hemos llegado ya?
-¿Cuántas gradas habéis contado? -preguntó nuestra mag-
nífica linterna.
-Una, dos, tr.es, cuatro -contestó Pantagruel.
-¿_Cuántas son? -volvió a preguntar.
-Diez -dijo Pantagruel.
-Por la misma tétrada pitagórica multiplicad las que ha-
béis contado.
-Hacen diez, veinte, treinta, cuarenta -dijo Pantagruel. ·
-¿Y en total? -volvió a preguntar ella.
-Ciento -contestó Pantagruel.
-Añadid el primer cubo, · porque esto hace ocho; al cabo
de este número fatal encontraremos la puerta del templo, y
notad prudentemente que esta es la verdadera ps.icogonia de
Platón, tan celebrada por los académicos y . tan poco com-

256
prendida: la mitad está compuesta de unidades de los dos
prim eros números plenos, de dos cuadrangulares y de dos cú­
bicos.
Al descender estas numerosas gradas bajo tierra, tuvi­
mos verdadera necesidad principalmente de nuestras piernas,
porque sin ellas no hubiéramos descendido sino como los tó­
neles a la cueva; y además de nuestra preciosa linterna, por­
que en este descenso ninguna otra luz se nos apareció, y no
hubiéramos visto más que como s i nós encontráramos en la
cueva de San Patricio en Hibernia, o en el Jaso de Trofonius
en Beocia.
Cuando hubimos descendido setenta y ocho gradas, gri­
tó Panurgo, dirigi�ndose a nuestra luciente linterna:
-;-Dama mirífica, . yo os ruego de todo corazón contrito que
volvamos atrás. ¡Por la muerte de un buey! ¡ Yo muero de
mal mierJol Consiento en jamás casarme. Os habéis tomado de­
masiadas fatigas para mí. Dios os lo pagará en . su santo · Pa­
raíso y yo no seré ingrato cuando me vea fuera de esta. ca­
verna de trogloditas. Volvamos atrás, por favor. Temo mucho
,que este sea el Tenaro por donde se desciende al infierno
y ya me parece que oigo ladrar al Cerbero. Escuchad; es él
.o me cornean las orejas. No tengo por él de\lJCiÓn alguna,
pues anda bien de dientes, y como hacen los perros, nos des­
trozará las piernas. Si esta es la fosa de Trofonio: los lému­
res y los duendes nos cernerán vivos tomo antiguamente se
comieron por falta de víveres a uno de los alabarderos de
Demetrius.
"¿Estáis ahí, hermano Juan? Yo te suplico, mi gordiflón, qué
permanezcas muy cerca de mí; me muero de miedo. ¿,Tienes -

tu espadón? Yo no tengo arma defensiva ni ofensiva. Volva­


mos atrás.
-Aquí estoy .,-dijo el hermane Juan-; aquí estoy, no ten­
gas miedo; yo te sujeto por el cuello y dieciocho diablos no
te arrancarán de mis manos aun cuando no tengo ármas. Las
armas no son necesarias cuando un buen corazón está asocia­
do con un buen brazo. Las armas del cielo llovían copiosa­
mente, como en la antigüedad en los campos de Crau, junto
a. las hondonadas de Mariana de Provenza llovieron los gui­
jaqos que aún están allí, para Hércules, quien solo tenía en­
tonces que combatir a los dos hijos de N'éptuno. ¿Y pa­
ra qué? . . . Descendamos por aquí al limbo de los niños (por
Piós, que nos caganí.n todos ) , o bien al Infierno y · a todos
los diablos, ¡ corazón de Dios! Yo . los rociaré bien mien­
tras tenga pámpanos en mis zapatos. He de batirme vigorosa-

257
mente. ¿Pero en dónde están? No temo más que a sus cuer­
nos. Pero la idea de los cuernos que Panurgo llevará cuando
se case, me garantiza por completo. Ya veo con mi espíritu
profético otro Acteón corneante, cornudo, cornáculo.
-Ten cuidado, Frater -dijo Panurgo-, no sea que casen a
los frailes y te desposes tú con la fiebre cuartana; yo te la
encarnaré en el caso de que salga sano y salvo de este lu­
gar subterráneo ·para hacerte cornijear cornipetante. Tengo
para mí que la fiebre cuartana es muy mala hembra y re­
cuerdo que Grippepinault te la quiso dar por esposa y tú Ie
llamaste hereje.
Esta conversación fue aquí interrumpida por nuestra esplén­
dida linterna, que nos anunció ser aquel el sitio en donde
convenía guardar silencio por supresión de palabras y tacitur­
nidad de lenguas ; además nos dijo perentoriamente que no
había posibilidad de que nos volviésemos sin haber obtenido ··
la palabra de la Botella, puesto que teníamos nuestros zapa­
tes forrados de pámpapos.
.. -Pasemos, pues -dijo Panurgo-, y demos de cabeza entre
;'todos los diablos. No se muere más que una vez. Sin embar­
go, yo me reservaba la vida para alguna batalla. Botemos,
botemos, botemos; pasemos adelante. Tengo valor para esto
y para mucho más; es cierto que el corazón me tiembla, .p e­
ro es de frío y del relente de esta cueva, y no de miedo
ni de fiebre. Botemos, botemos, pasemos, empujemos, me­
emos 65 . Yo me llamo Guillermo Sin Miedo.

CAPITULO XXXVII

Cómo las puertas del templo se entreabrieron


por sí. mismas admirablemente

Al cabo de los escalones ehcontramos un portal de jaspe


fino muy acompasado y construido en estilo dórico. Sobre la ·
fachada estaba escrita en letras jónicas, de oro muy puro, es­
ta sentencia:
En el vino la verdad 66;

las dos puertas eran de bronce corintio macizas, adorna­


das con pequeñas viñetas en relieve y delicadamente esmal-

65 Todo este párrafo está construido con juegos de palabras que se


pierden en la traducción llteral.
66 En griego en el original: En olno aléthéia.

258
tadas, según la exigencia clt> la escultura; estaban juntas una
con otra y enclavadas igualmente en sus marcos, sin cerra­
dura, sin cadenas y sin otra ligazón; colgaba sobre ellas un
diamante indio · del tamaño de una haba egipcia engastado
en pro puro, con dos puntas de figura hexagonal en línea
recta; de cada lado, junto al muro, pendía un llamador de
ónice.
Nuestra noble linterna nos dijo entonces que tuviéramos por
legítima su excusa si se negaba a conducirnos más adelante
y que debiéramos átenernos únicamente a obedecer las ins­
trucciones de la Pontífice Babuc. No le era permitido entrar
en el templo por ciertas causas mejores para calladas que pa­
ra expuestas a las gentes que viven una vida mortal; pero a
todo evento nos recomendó que tuviéramos serenos nuestros
espíritus, que de nada nos asustáramos y que nos confiásemos
a ella para la salida. Después tiró del diamante que pendía
sobre la juntura de las dos puertas y lo colocó a la izquier­
da en una cajita de plata e)¡presamente dispuesta para este
··-uso. Sacó asimismo del suelo de cada puerta un cordón de se­
da carmesí de toesa y media de largo y lo ató a dos gan­
chos de oro que para este fin había a . cada lado y se apartó.
De pronto las dos puertas "' abrieron por sí mismas, sin
que nadie las tocase, y al abrirse hicieron no un mido estri­
dente ni un chirrido horrible, como lo hacen ordinariamente
las puertas de bronce rudas y pesadas, sino un murmu­
llo gracioso y dulce que repercutió en la bóveda del templo.
Pantagruel comprendió en seguida la causa de este murmullo
al ver sobre los extremos de una 'y otra puerta un p equeño
cilindro que giraba bajo ellas y caía junto al m_uro sobre una
piedra dura de ofita muy limpia y bruñida por el frotamien­
to . Esto es lo que ocasionaba el dulce y armonioso ¡purmullo.
Yo me asombré mucho al ver que aquellas dos puertas s e
habían abierto así, sin que nadie las empujara, y para com­
prender aquel caso maravilloso, después que hubimos entra­
do observé entre la puerta y el muro, deseoso de saber por
qué fuerza ·y por qué instrumento se habían vuelto a cerrar,
sospechando que nuestra amable linterna había empujado sus
cerraduras con la yerba llamada etiopis, · por medio de
la cual se abren todas las cosas cerradas; pero me enteré de
que la parte en la que las ·dos puertas se cerraban sobre su
marco interior era una lámina de acero fino enclavada en el
bronce corintio.
Vi además dos tablas de imán indio, largas y gruesas . co­
mo de medio pahno, de color azulado, bien lisas y pulidas;

259
�oda el espesor de estas tablas estaba embutido en el muro
del templo, en el espacio en donde las puertas enteramente
abiertas se detenían sobre el muro.
Así, por la atracción y la viqlencia del imán, las láminas
de acero, por una institución admirable y oculta de la Natu­
raleza, provocaban este movimiento; en consecuencia, las
puertas parecían encantadas y atraídas. No siempre, sin em­
bargo; dejaba de ocurrir esto cuando quitado el imán el acero
estaba dispensado de la obediencia que le debía, y cuando��
los dos llamadores de ónice que nuestra alegre linterna por
el cordón carmesí había alejado y suspendido volvían a cu­
brirlo, puesto que el ónice mortifica el imán y lo despoja �

de esta virtud atractiva.


Sobre una de las dos tablas, a la derecha, estaba exquisi­
tamente grabado en antiguas letras latinas este verso iambico:

Ducunt volentem fata, nolentem tralwnt 67;

sobre la otra de la izquierda vi esta otra sentencia, elegan­


temente grabada en letras mayúsculas:

Todas las cosas se mueven con su fin.

CAPITULO XXXVIII

Cómo el pavimento del templo estaba hecho de


alegorías y emblémas admirables

Leídas estas inscripciones, contemplé aquel magnífico tem­


plo, considerando la increíble disposición del pavimento, con
el que no se puede comparar razonablemente ninguna otra
obra de la tierra, ni aun el templo de la Fortuna en Pre­
nesta en el tiempo de Sila, ni el pavimento de los griegos
llamado Asarotum que Sosistrato construyó en Pérgamo. Era
una obra de m osaico en forma de pequeños cuadrados, todos
de piedras finas y pulimentadas, cada una con un color na­
tural; más · de jaspe rojo, pintado gratamente con diver­
sas manchas; otras de ocita; otras d e porfiro; otras de lyco¡r
tahno sembradas . de chispitas de oro menudas como átomos;

67 De estas lnscrlpclones, la primera está en latín y es un verso


de Séneca que dice: "Los caudillos decididos traicionan a Jos dioses
indolentes" , y la segunda está en caracteres griegos.

260
otras de ágata ondulada con llamitas confusas de color le­
. choso; otras de calcedonia muy claras; otras de jaspe verde
con venas - amarillas y rojas. Estaban colocadas en sus sitios
en línea diagonal.
Sobre el pórtico había un emblema hecho con piedrecitas
talladas; cada una con su color natural servía para el dibu­
jo · de las figuras. Se hubiese dicho ál verlas que se había
sembrado sobre el pavimento muchas ramas de pámpanos sin
orden preconcebido. En unos sitios parecían haberse acumula­
do muchas y en otros menos. Esta noble incrustación de ho­
jas se encontraba por todas partes. Al mediodía se veían al­
gunos caracoles rampando sobre las ramas; pequeños lagartos
corriendo entre los pámpanos; racimos medio maduros y ra­
cimos totalmente maduros, compuestos en esta forma con
gran arte por los arquitectos que hubiesen podido competir
con los que construyeron los estomiilos y otros pajarillos
que copió en su pintura Zeuxis de Heraclea.
Nos engañábamos con mucha frecuencia. En el sitio en don­
de el arquitecto había colocado los pámpanos muy espesos,
temiendo lastimar nuestros pies, marchábamos a grandes pasos
. como se hace cuando se camina por un sitio desigual y pe­
dregoso.
Contemplé en seguida la bóveda del templo y las paredes
todas incrustadas de mármol y de porfiro dispuesto en mosai­
. co con un magnífico conjunto de emblemas de un extremo
. . al otro, comenzando con una elegancia indescriptible a
la parte izquierda de la entrada, en donde estaba represen­
tada de la manera siguiente la batalla en la que el buen
Baco ganó las Indias.

CAPITULO XXXIX

Cómo en los mosaicos del templo estaba


representada la batalla que Baca ganó
sobre las Indias

En un princ1p10 se figuraban diferentes villas, ciudades,


castillos, fortalezas, campos y bosques, todos devorados por el
fuego. Se figuraban también varias mujeres como locas y di­
solut�s que descuartizaban vacas, ovejas y carneros vivos y se
repartían su carne. Esto significaba cómo Baco al entrar en
la India lo arrolló todo a sangre y fuego.

261
A pesar de esto, los indios lo despreciaban de tal modo
que no se dignaban acudir a su encuentro, aun cuando ha­
bían tenido por sus espías una advertencia cierta de que en
sus ejércitos no había hombres d e guerra, sino Únicamente un
hombrecillo bonachón, viejo, afeminado y siempre borracho,
acompañado de jóvenes rústicos desnudos del todo, siempre­
danzando y saltando, que tenían cola y cuernos como los ca­
britos, y un gran número de mujeres borrachas. Al saberlo
resolvieron dejarlos pasar y no resistirles por medio de las
armas, como si la vergüenza y no la gloria, el deshonor y la
ignominia, les llegara y no el honor y la proeza al obtener
victoria sobre tales gentes.
A favor de este desprecio Baca continuaba ganando el país
y arrollándolo todo con el fuego ( porque el fuego y el ra­
yo son las armas paternales de Baca, puesto que antes de ve­
nir al mundo fue saludado por los rayos de Júpiter, así como
�u madre Semelé, y su casa materna fue quemada y destrui­
da por el fuego ) . Y a sangre porque se hace naturalmente
en el tiempo de paz y se derrama en tiempo de guerra. Co­
mo testimonio, tenemos los campos de la isla de Samas
llamados Panema, es decir, todo sangriento, en los que Baca
esperaba a las Amazonas que huían de la comarca de los
Efesios y a todas les dio muerte sangrándolas, de forma que
dicho campo quedó del todo embebido y cubierto de sangre.
Dicho esto, podréis ya comprender mejor lo que descri­
be Aristóteles en sus problemas; así dice un proverbio
común: "En tiempo de guerra ni comas ni plantes menta.'�
La razón está en que en tiempo de guerra los golpes se re­
parten sin distinción y así es imposible o muy difícil restañar
la sangre al hombre herido que aquel día haya manejado o
comido menta. Co¡;¡secuentemente se representaba en dichos
emblemas cómo Baca marchaba en batalla conducido sobre
un carro magnífico por tres parejas de leopardos enjaezados;
su rostro era el de un niño, para demostrar que los buenos
bebedor� jamás envejecen, rojo como un querubín y sin un
pelo de barba en el mentón. Su cabeza llevaba cuernos agu­
dos y sobre ellos una bella corona de pámpanos y racimos
Y una mitra roja carmesí. Estaba calzado con dorados brode­
quines.
Ni un solo hombre había en su séquito; toda su guardia
y todas sus fuerzas estaban compuestas de Basaridas Evantes,
Euniades, Edónides, Trieterides, Ogigias, Mimallones, Ména­
das, Tiadas y Bacantes, hembras enloquecidas, furiosas, rabio­
sas, que tenían dragones y serpientes vivas arrolladas a

262
la cintura, con los cabellos al viento, coronadas de pámpa­
nos, vestidas de p ieles de ciervo y de jabalí, que llevaban
en sus manos hachas pequeñas, tirsos, hoces y alabardas en
forma de piñas y algunos broqueles pequeños y ligeros que
ha cían mucho ruido por poco que se les tocara, y de ellos
se servían como de tamboriles.
El número de estas mujeres era de sesenta y nueve
mil doscientas veintisiete. La vanguardia era conducida por
Sileno, hombre en el que Baco tenía plena confianza y del
que había conocido anteriormente en diversas circunstancias
la virtud y la magnanimidad de su valor y su prudencia. Era
un viejecillo tembloroso, encorvado, gordo y panzudo; tenía
las orejas grandes y derechas, la nariz aquilina y puntiagu­
da; las cejas rudas y largas; iba montado sobre un asno en­
tero y tenía en la mano un bastón sobre el que se apoyaba
para ir a combatir vigorosamente; si era necesario caminar a
pie se vestía una ropa amarilla como la que llevan las mu­
jeres. Su compañía la formaban campesinos cornudos como
machos cabríos, crueles como leones, desnudos y danzando y
saltando siempre las cordaces. Se les llamaba Títiros y Sá­
tiros. Su número era de ochenta mil seiscientos trece.
Pan, hombre horrible y monstruoso, conducía la retaguar­
dia. Por las partes inferiores de su cuerpo parecía un macho
cabrío; sus muslos eran peludos y llevaba cuernos derechos
hacia el cielo. Su cara era roja e inflamada y su barba muy
larga; ofrecía el aspecto de un hombre astuto, valeroso, pro­
picio a enardecerse; tenía en su mano izquierda una flauta
y en la derecha un bastón retorcido; sus soldados se compo­
nían igualmente de Sátiros, Hemipanes, Egipanes, Argipanes,
Silvanos, Faunos, Fatuos, Lémures, Lares, Farfadetos v
Duende,s en número de setenta y ocho mil ciento catorce. La
contraseña común para todos era esta palabra : Evoh e 68.

CAPITULO XL

Cómo se representaba en los emblemas el asalto


que el buen Baca dio contra los indios

Consecuentemente, el choque y el asalto que el buen Ba­


co había dado a los indios, estaban también allí representa-

68 Evohé: palabra. griega. que significa. "valor" y ere. el grito de


guerra. de le.s Bacantes y de alegria. en :ós festines de Be.co.

26 3
dos. Observé que Sileno, jefe de la vanguardia, sudaba a cho­
rros y que a su asno atormentaba agudamente; este abría ho­
rriblemente la boca, se desmoscaba, se desmandaba y cara­
coleaba de modo espantoso como si tuviera un moscardón · en
el culo.
Los Sátiros capitanes, sargentos de banda, jefes de escua­
dra y cabos, con sus cornetas tocaban los cantos de guerra,
corriendo furiosamente alrededor del ejército, y con saltos de
cabra, con botes y pedos, cabriolas y piafadas, encorajinaban
a los compañeros para que se batieran valerosamente. Todos
gritaban Evché. Las . Ménades fueron las primeras que hicie­
ron una incursión entre los indios con gritos horribles, al son
espantoso de sus tamboriles y de sus broqueles; todo el cielo
retemblaba, como decía el emblema, a fin de que no adníi­
réis ya en adelante el arte de Apeles, de Arístides el Tebano
y de otros que han pintado los relámpagos, el rayo, la tor-·
menta, los vientos, las palabras, las cNtumbres y los espíritus.
El ejército de los indios fue, pues, advertido de que Baca
llevaba la devastación a todo el país. En el frente estaban
los elefantes cargados de torres · con un número infinito de
guerreros; pero todo el ejército retrocedió espantado y contra
ellos v sobre ellos se revolvieron los elefantes en medio del
tumulto horrible de las Bacantes y del terror pánico que los
había despojado de .todo buen sentido.
Allí hubieseis visto a Sileho espolear agudamente a su as­
no y esgrimir su bastón con arreglo a los cánones de la vie­
ja esgrima. Su asno voltijeaba junto a los elefantes con la
boca abierta como si bostezara, y rebuznando marcial!Ilente;
con la misma bravura que la ninfa Lotis, despertó antigua­
mente en plenas bacanales cuando Príapo, lleno de· priapis­
mo, quiso, mientras ella dormía, priapizarla sin rogar, y tocó
al asalto.
Hubieseis visto a Pan saltar con sus piernas torcidas alre­
dedor de las Ménades y excitarlas con su flauta rústica a
combatir valerosamente. Hubieseis visto también a un joven
sátiro hacer prisionero a diecisiete reyes; a una Bacante de­
rribar con sus serpientes cuarenta y dos capitanes enemigos,
y al bueno hombre Baco pasearse seguro en su carro por el
campo de batalla, riendo, divirtiéndose y bebiendo por todos.
Por último, estaba representado como figura emblemática · el
trofeo de la victoria y el triunfo del buen Baco.
Su carro triunfal estaba totalmente cubierto de hiedra to­
mada y cogida en la Montaña Meros, lo que era una rareza
en la India. En esto, Alejandro más tarde le.. imito · en su

264
triunfo indiano; su carro era arrastrado por cuatro elefantes · en­
jaezados juntos. Pompeyo el Grande le imitó igualmente en
·
Roma cuando su triunfo africano.
- . Sobre este carro, Baca bebía en un cántaro, y en esto, Ca­
yo· Mario le imitó después de su victoria sobre los cimbros,
cerca de Aix, en Provenza. Todo ese ejército estaba co­
ronado de hiedra; sus tirsos, sus broqueles y sus tambores lo
estaban también. No había nadie, ni aun el asno ele Sileno,
que no estuviera coronado.
A _ los lados del carro estaban los reyes ele la India qut:
habían caído prisioneros, sujetos con gruesas cadenas de oro;
toda la brigada marchaba con pompas divinas, en un gozo y
una alegría ':indescriptibles, llevando infinitos trofeos, y libres
·�ya ele enemigos cantando alegres cánticos ele guerra, cancion­
cillas rústicas y resonante� ditirambos.
Al final, estaba representado el país ele Egipto con el Ni-
. · lo y sus cocodrilos, sus monos de largas colas tan reverencia­
dos por los egipcios, sus ibis, sus reyezuelos, sus icneumones,
sus hipopótamos y otras bestias domesticadas por él; Ba
co marchaba en estas comarcas conducido por dos bueyes, so­
bre uno de los que estaba· escrita con letras de oro la pa­
labra Apis y sobre el otro Osiris, porque en Egipto, antes ele
la llegada de Baco, no se había visto ni buey ni vaea.

CAPITULO XLI

Cómo el templo estaba esclarecido por una


lámpara admirable

Previamente a comenzar la explicación ele la Botella, voy


a describiros una lámpara admirable, gracias a la que la luz
estaba repartida por todo el templo de una manera ·tan co­
piosa que, aun cuando era un subterráneo, s e veía como en
pleno día, cuando el sol claro luce y cae de plano sobre la
tierra.
En medio de la bóveda pst:1ba fijo un anillo ele oro ma- ·
cizo, del grueso de un puño cerraclG , del que pendían tres
- cadenas de un grueso un poco menor, artificialmente bien
hechas, ele dos pies y medio de largas, que abarcaban
en triángulo una lámina ele oro fino, redonda, cuyo diámetro
excedía de dos codos y medio, En esta lámina había cuatro
agujeros y en cada uno de ellos estaba retenida fijamente

265
una bola vacía perforada, abierta por encima como una pe­
queña lámpara de dos palmos aproximadamente de circunfe­
rencia. Todas eran de piedras preciosas : una de amatista, otra
de diamante de Libia, la tercera de ópalo y la cuarta de
topacio. Cada una estaba llena de agua ardiente destilada ·
cinco veces en un alambique serpentino incombustible, como
el aceite que antiguamente puso Calímaco en la lámpara de
oro de Palas en la acrópolis de Atenas, con una mecha ar­
diente hecha en parte de lienzo amiantino ( como la que hu­
bo en la antiguedad en el templo de Júpiter Amrnon y vio
Cleonibroto, filósofo muy estudioso ) , y en parte de lien­
zo carpasiano, que eran con frecuencia renovadas porque el
fuego las consumía. 1 •

A unos dos pies y medio sobre esta lámpara, las cade­


nas pasaban .por tres asas que salían de una gran lámpa­
ra redonda de cristal muy puro, de un codo y medio de diá­
metro. Encima estaba colocado un vaso de cristal de forma
parecida a la de una calabaza o a la de un orinal, y des­
cendía hasta el fondo de la lámpara grande con tal cantidad
de aguardiente que la llama del lienzo amiantino estaba
directamente en el centro de la gran lámpara. Por este me­
dio parecía que todo el cuerpo esférico de esta se abrasaba
y se inflamaba, puesto que el fuego estaba en el centro y ·
en el punto medio.
Así como no podemos fijar la vista en el Sol, .era . difícil
fijar sobre esta lámpara una firme y constante mirada, pues
la materia de tan maravillosa clarié:ad y la obra tan diáfana
y sutil, em obstáculos para la reflexión de los diversos có­
lores naturales de las piedras preciosas de las cuatro peque­
ñas lámparas superiores a la gran lámpara inferior. El
esplendor era inconstante y vacilante en todos los puntos del
templo. Esta vaga luz hacía resaltar el pulimento del már­
mol; del que todo el interior del templo estaba incrustado,
y aparecía de colores tales como los que vemos en el arco
iris cuando el claro sol toca en las nubes lluviosas.
La invención era admirable; pero lo que me parecía más
admirable todavía era una animada y gallarda batalla de tier­
nos niños desnudos que el escultor había grabado y cincelado
alrededor del cuerpo de esta lámpara de cristal. Estos niños
iban montados sobre caballitos de madera con virolas y pa­
veses diestramente hechas con racimos de uva entrelazados de
p kpanos. Tenían gestos pueriles y esfuerzos ingeniosamente
expresados 'por el arte, al que no hubiera podido superar la
Naturaleza; y no parecían grabados en la materia, sino su"

266
perpuestos, destacados totalmente y en actitudes · grotescas
gracias a la diversa y agradable luz que, contenida dentro,
salía por la escultura.

CAPITULO XLII

Cómo la pontífice Babuc nos mostró en el templo


una fuente fantástica

Mientras mirábamos en éxtasis esta lámpara memorable y


este templo mirífico, la venerable pontífice se ofreció a nues­
tra vista· con su compañía y con la faz gozosa y risueña. Al
· vemos tan asombrados, como ya he dicho, nos introdujo sin
dificúltad en el templo, en el que bajo la lámpara referida
estaba la bella fuente fantástica, de gran arte y de una obra
tan preciosa y tan magnífica como jamás pudiera soñar Dé­
dalo. Los bordes, el plinto y el basamento de esta fuente
eran de muy pura y muy rara transparencia; estaba construi­
da de alabastro y tenía una altura de un poco más de tres
palmos en forma heptágona, con . relieves, volutas y ondula­
ciones dóricas alrededor. Por dentro era exactamente redon­
da. Sobre el punto medio de cada uno de los ángulos del
margen se asentaba una columna ventriculada en forma de
ciclo de marfil o balaustre ( los arquitectos modernos la lla­
man Portri ) 69 , Estas columnas eran siete, puesto que siete
eran los ángulos. Su longitud desde la base hasta los arqui­
trabes era de un poco menos de siete palmos, a justa y exqui­
sita distancia de un diámetro, pasando por el centro de la
circunferencia y perímetro exterior.
. La primera columna que a la entrada del templo se
ofrecía a nuestra vista, era de zafiro color azul celeste.
La segunda, de jacinto, representaba naturalmente el color
de esa flor, en la que fue convertida la sangre colérica de
Ayax.
La tercera, de diamante anaquita 70, brillante y resplande­
ciente como el rayo.
La cuarta, de rubí pálido y amatistado, de forma que su
llama y su luz se fundían en púrpura y violeta como
la amatista.

69 Unas ediciones dicen portu; otras, portry, y otras, patrie. Se


supone que el autor quiso decir portoire, esto es, "soporte".
70 Diamante anaquita: una especie de diamante que, según Plinio,
preserva· de los venenos, de los sustos y de J¡¡ locura.

267
La quinta, de esmeralda, quinientas veces más magnífica
que fue la de Serafis, en el laberinto · de los egipcios, más
florida y más brillante que aquellas que fueron puestas en
lugar de ojos al león de mármol yacente junto a la tumba
del rey HereiiiÍas. ·
La sexta de ágata más alegre y variada por sus manchas
y sus colores que lo fue aquella tan amada de Pirro, el rey
de los epidetas. ,
La séptima, de selenita transparente, de la blancura del
·
agua marina, resplandeciente como la miel del monte !meto,
y en la que aparecía la luna tal como se muestra en el
cielo : llena, invisible: creciente y menguante.
Estas son las piedras atribuidas a los siete planetas del cie­
lo por los antiguos caldees y los magos.
Sobre la primera columna, de zafiro, se encontraba por en­
cima del capitel, laborada en plomo depurado, bien precio­
so, en viva y central línea perpendicular, la imagen de Sa­
turno, con su hoz, que tenía a los pies una grulla de oro,
artificialmente esmaltada con los colores naturales del pája­
ro saturnino. .
Sobre l a segunda, de jacinto, volviendo a l a izquierda, es­
taba Júpiter en estaño, llevando sobre el pecho un águila
de oro esmaltado.
· · - Sobre la tercera, Febo, en oro fino, que tenía en su mano
derecha un gallo blanco. .
Sobre la cuarta, Marte, en bronce corintio, con un león a
sus pies.
Sobre la quinta, Venus, en cobre, de materia parecida a
aquella con que Aristóteles hizo la estatua de Atamas, ex­
presando con una rojiza blancura la vergüenza que sentía al
contemplar a su hijo Learca, muerto de una caída; a sus pies
una paloma. .
Sobre la sexta, Mercurio, en azogue, fijo, maleable, 4nmó­
vil, que tenía a sus pies una cigüeña.
Sobre la séptima, la Luna, en plata, con un lebrel a los
pies.
Estas · estatuas eran de tal altura, que sobrepasaban en un
tere_io a las columnas subyacentes; estaban tan ingeniosamen­
te representadas, según el dibujo de los matemáticos, que el
cañón de Policleto; cuando él lo hizo, no podía ser compa­
rado con ellas.
· Las bases de las columnas, los capiteles, los arquitraves,
los zooforos y las comisas, eran de estilo frigio, macizos, de
oro más fino que el que arrastra el Lez, junto a Montpe- -

268
llier; el Ganges, en la India; el Poo, en Italia; el Hebra, en
Tracia; el Tajo, en España, y el Pactolo, en Lidia .
•Los arcos surgían de las columnas de su propia piedra has­
. ta la columna siguiente, por este orden: del zafiro hacia el
jacinto, del jacinto hacia el diamante, y así sucesivamente.
Sobre la faz interior de los arcos y de los capiteles esta­
ba erigida una cúpula para cubrir la fuente, que comenzaba
en forma heptágona y concluía lentamente en forma de es­
fera; - su cristal era tan puro, tan diáfano, tan pulido, tan en­
tero y uniforme en todas sus partes, sin venas, sin nubes y
_ sin nudos y sin filetes, que seguramente Xenócrates jamás vio
uno que con él pudiera ser comparado.
En el cuerpo: de este estaban ordenados en figuras y ca­
racteres exquisitos, artificialmente esculpidos, los doce signos
del Zodíaco, los doce meses del año con sus propiedades, los
dos sols.ticios, los dos equinoccios, la línea. elíptica y las más
- notables estrellas fijas alrededor del polo Antártico, con tal
arte y tal expresión, que yo creía ver allí una obra del rey
Necepsos o de Petosiris, el antiguo matemático.
Sobre la cima de dicha cúpula, correspondiendo al centro
de la fuente, estaban tres piedras preciosas, uniformes, per­
fectamente . tnlladas en forma de peras, como lágrimas per­
fectas, que se reunían trazando una flor de lis tan grande que
excedía de un palmo. Del cáliz de esta flor salía un diaman­
te grueso, como un huevo de avestruz, tallado en forma de
heptágono, que es forma muy amada de la Naturaleza, tan
prodigioso y admirable que, elevando los ojos para contem­
plarlo, estuvimos a punto de quedar ciegos. Ni los relámpa­
gos, ni el fuego del sol, son más resplandecientes que lo era
aquella piedra, y justos tasadores encontraron que sería muy
fácil hallar en esta fuente y en estas lámparas más riquezas
y singularidades que contienen el Asia, el Africa y la Euro­
í;la juntas. Este cáliz hubiese fácilniente oscurecido el pantar­
bo 'll de !archas, mágico indio, como son oscurecidas
·
las es-
trellas por ·el sol claro del mediodía.
¡Que Cleopatra, reina de Egipto, venga ahora a alabarse
·con las dos uniones 72 que pendía de sus orejas, una regalo
de Antonio · Triunviro! Fundida en vinagre se la tragó, y es­
taba tasada en cien mil sestercios.

71 P� ntarbo, del griego tarbea, especie de aparato destinado a I ns ­


pirar la admiración y el respecto, del que habla F!lostrato en su Vida
de Apolonio.
72 Uniones: llamaban a•l ?. la: perlas y, en general, a las piedras
preclozas y a las joyas.

269
¡ Que Lulia Paulina venga a pavonearse con su ropa, toda
cubierta de esmeraldas y de margaritas, alternativamente tec
jidas, con la que excitaba la admiración de todo el pueblo
romano, y de la que se decía ql}.e era la fosa y el almacén
de los ladrones, vencedores del mundo entero!
Salía el agua de la fuente por tres tubos y canales he­
chos de finas margaritas, dispuestas en tres ángulos equilate­
rales. Estos canales estaban dispues-tos en forma espiral, com­
partida en dos.
Después de haberlos examinado, dirigíamos nuestra vista a
lo demás, cuando Babuc nos . mandó escuchar la salida del
agua. Oímos entonces un sonido maravilloso, armoniosísimo,
grave e interr¡:tmpido como subterráneo y procedente de lejos,
lo que nos pareció mucho más agradable que si lo hubiésemos
escuchado de cerca y visto claramente. Tanto como nuestros
ojos y nuestros espíritus gozaban con la contemplación de to­
das estas cosas, gozaban nuestros oídos eón la audición de es­
ta armonía.
Babuc nos dijo entonces :
-Vuestros filósofos niegan que todo movimiento se produce
por la virtud de las imágenes; escuchad y ved aquí ahora
todo lo contrario. Por la sola figura de la espiral bipartita
que habéis visto junto a una quíntuple infoliatura móvil, a
cada encuentro interior, como ocurre en la vena cava en él
lugar donde entra: en el ventriculo derecho del corazón, co­
rre esta fuente sagrada. De aquí resulta esta gran armonía que
llega hasta el mar de vuestro mundo.

CAPITULO XLIII -

Cómo el agua de la fuente tenía el gusto de vino,


según la imaginación de los bebedores

Luego dio orden de que nos presentaran jarras, · tazas y


cubiletes de oro, de plata, de porcelana y de cristal, y fui­
mos graciosamente invitados a beber del licor de aquella fuen­
te, lo que hicímos de buen grado, pues hemos de advertir
que nosotros no somos del calibre de ese hatajo de necios
que, como los pájaros, no comen si no se les tíra de la co­
la; y no comen ni beben si a ello no se les obliga a gol­
pes. Nosotros jamás desdeñamos a quien nos invite·
cortésmen-
te a beber.

270
Le contestamos que el agua de aquella fuente nos parecía
buena y frcrsca, más límpida y más argentina que la de Ar­
gironda, en Etolia; la de Peneus, en Tesalia; la de Axius, en
Mictonia; la de Cidnus, en Cilicia, que Alejandro vio tan be­
lla, •tan clara y tan fresca en el corazón del verano, que sin­
tió la voluptuosidad de bañarse en ella, a pesar del mal que
preveía debiera acontecerle por este placer pasajero.
_ -::- J Ahl -dijo Babuc-. A esto conduce el no mirarse a sí
mismos ni atender a los movimientos que hace la lengua cuan­
do el brebaje corre sobre ella para descender, no a los pul­
mones por la arteria inecual, como afirmaron el bueno de
Platón,- Plutarco, Macrobio y otros, sino al estómago por el
esófago. Vosotros, viajeros tenéis los gaznates endurecidos, pa­
vimentadas · y esmaltados, como antiguamente lo tuvo Pitilo,
según nos dice Teutes, y podréis decir que de este licor di­
vino no habéis reconocido el gusto ni el sabor. Traedme aquí
mis decretorios -dijo a sus acompañantes-, con el fin de ras­
parles, purificarles y limpiarles el paladar.
Se le trajeron entonces gruesos y regocijantes jamones, h'ó'­
llas, gruesas y alegres lenguas de buey ahumadas, bellas y
buenas salazones, sesos, caviar, bellas y buenas salchichas de
caza y otros raspadores de gaznate. A su mandato comimos,
hasta que nos vimos obligados a confesar que nuestros estó­
magos estaban bien curados, y .que la sed nos importunaba
de un modo disgustante.
Babuc nos dijo entonces :
-Antiguamente, un capitán judío, docto y caballeroso, con­
ducía por los desiertos a su pueblo, que padecía un hambre
extremada y obtuvo de los cielos el maná que le pareció,
por imaginación que tenía un gusto tal como el de las vian­
das. Así, aquí, al beber de este licor mirífico, sentiréis el
'gusto del vino que hayáis imaginado. Ahora, imagin-ad y
bebed.
Así lo hicimos, y después dijo Panurgo :
-Por Dios, que este vino es el bálsamo mejor que en m i
vida he bebido, o m e doy a noventa y seis diablos. 1 Cómo
podrá gustarlo largamente el que tenga el cuello de tres co­
dos de largo, como deseaba Filógenes, o igual que una grÚ­
lla, como deseaba Melancio!
-A fe de linternero -repuso el hermano Juan-, que este
es vino de Graves, vigoroso y voltijeante. Por Dios, amiga
mía, decidme de qué manera lo hacéis.
-A mí -dijo Pantagruel- me parece que son estos los vi­
nos de ..Mirebaulx, porque así antes de beber me lo imagino.

271
No tiene más defecto sino el que está fresco, más fresco que__
el hielo, que el agua de Nocraris y de Didercé, más que la
fuente de Contoporia, en Corinto, que lavaba el estómago y
- los órganos nutritivos de los que la bebían.
-Bebed -dijo Babuc-, una, dos, tres v;eces. Cambiando ca-
da vez de imaginación, lo encontraréis del gusto, sabor y · aro­
ma de licor que hayáis imaginado. Y en adelante decid que
para Dios nada hay imposible.
-Siempre lo hemos dicho. Nosotros mantenernos que es To­
dopoderoso.

CAPITULO XLIV

Cómo Babuc preparó a Pan11rgo para q11e obt!tvÍese


la palabra de la Botella

Después de estas palabras y de estos tragos,· Babuc pre­


guntó :
..:.,¡Quién de vosotros es el que quiere obtener la palabra
de la Botella?
-Yo, vuestro humilde y pequeño embudo -dijo Panurgo.
-Amigo mío, solo tengo que daros una instrucción, y es
que cuando vayamos al Oráculo tengáis cuidado de escuchar
la pala)::¡ra solo con un oído.
-Este- ·es vino ele una sola oreja -dijo el hermano Juan 73.
Después Babuc vistió a Panurgo ·con una capa ele aldeano,
le encapuchó con un bello y blanco capillo, le cubrió con
un gorro ele hipocrás, sobre el que puso tres obeliscos a guisa . ·

de borla, le enguantó dos braguetas antiguas, le ciñó tres cor­


namusas liadas juntas, le bañó tres veces el rostro en la men­
cionada fuente y, por último, le arrojó a la cara un puñado
· de harina, le puso tres plumas de gallo al lado derecho de
la cofia hipocrática, le hizo dar nueve vueltas alrededor ele
la fuente y tres pequeños saltos, le hizo caer de culo sobre
la tierra siete veces diciendo continuamente en lengua etrus­
ca no sé qué conjuraciones y leyendo algunas veces en un
libro ritual que junto a ella llevaba una de sus rnistagogas.
Creo, en suma, que Nurna Pornpilio, segundo rey de los
romanos, los sacerdotes de la Toscana antigua y el Santo Ca­
pitán Judío, jamás instituyeron tantas ceremonias corno yo vi
73 Vino de una sola oreja: así. llamaban al buen vino, porque, al
gustarlo, dicen que se inclina una oreja sobre el hombro, por el con­
trario de lo que ocurre con el vino malo, que al beberlq, como pro­
testa, se sacuden las dos.

272
.
entonces; creo también que los divinos menfíticos de Apis en
E;;ipto, los eubeos en la ciudad de Ramnes, en Ramnasia los
antiguos junto a Júpiter Amnon y a Feronia, no usaron
observancias tan religiosas como las que contemplamos allí.
Cuando estuvo así dispuesto Panurgo, Babuc le separó de
nuestra compañía y le condujo de la mano derecha por una
puerta de oro fuera del templo a una capilla redonda . hecha
de piedras esfengitas y especulares, por cuya sólida transpa­
rencia sin ventana ni abertura se recibía la luz del sol bri­
llante, con tal facilidad y en tal abundancia que parecía
nacer allí dentro y no venir de fuera. La obra no era menos
admirable que lo fue antiguamente el sagrado templo de Rá­
vena, o en Egipto el de la isla de Cheminis; no se puede
pasar en silencio que la disposición de esta capilla redonda
era de. tal simetría que su diámetro era igual a la altura de
la bóveda.
En medio había una fuente de alabastro de forma hepta­
gonal, de un trabajo y de una incrustación de hojas singula­
res, llena de agua tan clara que ningún elemento podía so­
brepasarla en su sencillez. En esta fuente estaba sumergida
hasta la mitad la Botella sagrada, revestida de bello y pu­
ro cristal de forma - ovalada y siempre . abierta.

CAPITULO XLV

Cómo la Pontífice Babuc presentó a Panurgo


ante la diosa Botella

Allí Babuc, la noble Pontífice, después de haber hecho


arrodillarse a Panurgo, le hizo besar el margen de la fuente;
luego le mandó levantarse y danzar alrededor tres danzas
breves en honor de Baca. Hecho esto le mandó sentarse en­
tre dos sillas dispuestas allí, con el culo sobre la' tierra. Abrió
luego su libro ritual y soplándole en la oreja izquierda. le
hizo cantar el canto báquico que sigue:
·

273
¡Oh Botella
misteriosa!
Dí en mi oído
esa bella
y prodigiosa
y venturosa
palabrita que te pido
De ella mi corazón está colgado
en ese divinísimo licor
· que en tu divino vientre está guardado.
Baca, de mil batallas r;encedor,
de toda la nerdad se ha euseñoreado
Vino tan divino: con su complacencia
la mentira a!eja, disipa el engaño,
danos alegría, lo mismo que .antaño
a Noé la diste con tu sabia ciencia.
Canta ya la palabra celestial
que debe componer mi vida rota:
canta, y de lo que guarda tu cristal
te juro no verter nunca una gota.
¡Oh Botella
misteriosa!
Dí en mi oído
esa bella
y prodigiosa
palabrita que te pido.

Concluida esta canción, Babuc echó no sé qué en la fuen­


te; de pronto el agua comenzó a hervir con fuerza como ha­
ce la gran marmita de Bourgeuil cuando se despliegan cru­
ces y banderas junto a ella. Panurgo escuchaba con un oído
en silencio; Babuc estaba arrodillada junto a él, cuando de
la Botella sagrada salió un ruido .J:al como el que hace una
flecha al salir de la ballesta, o comO'" el que hacen las abe­
jas revoloteando sobre la carne de un ternero muerto y pre­
parado según el arte y la invención de Aristeo, o en el es­
tío un fuerte chaparrón cayendq súbitari:lente. Entonces se oyó
esta palabra: TRINC.
-Por la virtud de Dios, está rota, o rajada, para no men­
tir -dijo Panurgo;- así hablan las botellas cristalinas de mi
país cuando · estallan a causa del fuego.
Babuc entonces se levantó y tomó dulcemente · a Panurgo
por el brazo, diciéndole:
-Amigo, dad gracias a los cielos; la razón a ello os obli­
ga; habéis obtenido prontamente la palabra de la diosá Bo-

274
tella, es decir, la palabra más regocijante, más divina y más
cierta que jamás se haya oído desde el tiempo que llevo en
_el . Ministerio de su sacratísimo Oráculo. Levantaos, vamos al
capítulo en dende la glosa de esta bella palabra ha de ser
interpretada.
· -Vamos, por Dios -dijo Panurgo-. Soy tan sabio como an­
tes; alumbrad sobre este libro; volved a donde está el capí­
tulo. Vayamos a esa alegre glosa.

CAPITULO XLVI

Cómo interpretó Babuc la palc-bra


de la Botella

Babuc echó no sé qué en la taza y se detuvo de repente


la ebullición del agua. Después condujo a Panurgo al tem­
plo mayor, al lugar ·central, en donde se encontraba la fuen­
te vivificante. Allí, sacando un grueso libro de plata de la
forma de un medio moyo, o de un cuarto de _ sentencias, lo
sumergió en la fuente y le dijo :
-Los filósofos predicadores y doctores de vuestro mundo os
alimentan por las orejas con_ bellas -palabras; aquí nosotros in­
corporamos realmente nuestros preceptos por la boca. Por es­
.to es por lo que yo os digo : tomad este capítulo, tragaos es­
'ta bella glosa; en lugar de deciros: leed este, capítulo, es­
cuchad esta glosa.
"Antiguamente, un antiguo profeta de la nación judía se
· comió un libro y fue docto· hasta los dientes; al presente · os
lo beberéis y quedaréis docto hasta el hígado. Vamos, abrid
las mand.íbu1as 74 .
Cuando Panurgo tuvo la boca abierta, Babuc tomó el libro
de. plata. Nosotros creíamos que era un verdadero libro, pues­
to que su forma era la de un breviario; pero era un verda­
dero y natural frasco lleno de vino de Falerno, que se lo
hizo beber entero a Panurgo.
-He aquí -dijo Panurgo- un notable capítulo y una glo­
sa bien auténtica. ¿,Es esto todo lo que pretendía decir la
palabra de la b otella trimegista? Verdaderamente que está
bien.
-Nada más -respondió Babuc-, porque Trine es una pa-

74 De !á Biblia consta que el profeta Ezequiel se comía los libros.

275
labra universal celebrada y comprendida por todas las nacio­
nes. Significa Bebed. En vuestro mundo decís que sac es una
palabra común a todas las lenguas y recibida de buena ley
y justamente en todas las naciones, porque, como dice el
apólogo de Esopo, todos los humanos nacen con un saco al
cuello, dolientes por naturaleza y necesitados unos de otros.
No hay rey bajo el cielo, por poderoso que sea, que no ne­
cesite de otro; ni el pobre puede pasar sin el rico, ni el ri­
co sin el pobre, ni aun el mismo Hipias el filóso(o, que se ·

lo hacía todo. Pues aún se pasa mejor sin el sacó que sin
beber, y aquí mantenemos que no el reír, sino el beber, es
lo propio del hombre; no digo beber simple y absolutamente,
porque las bestias también beben, quiero decir beber vino bue­
no y fresco. Notad, amigos que de vino viene divino, y no
hay argumento más seguro, ni arte de adivinación me.nos fa­
laz. Vuestros académicos lo afirman dando la etimología del
vino, que ello� Barna¡¿ en griego oinos, que es lo mismo que
vis, fuerza, potencia, porque tiene el poder de llenar toda el
alma de verdad, de saber y de filosofía. Si habéis observado
lo que está escrito en letras jónicas sobre la puerta del tem­
plo, habréis podido comprender que en el vino está oculta
la verdad. La diosa Botella os la envíai sed vosotros mismos
los intérpretes de vuestra empresa.
-No es posible hablar mejor que como lo hace esta vene­
rable Pontífice -dijo Pantagruel-, y os digo lo mismo que
os dije cuando me hablasteis por primer . avez. Trine, pues.
¿Qué es lo que os dice el corazón elevado con ·entusiasmo
báquico?
-Bebamos -dijo Panurgo.

Trinquemos, · ¡oh Baca!, trinquemos.


Pronto los culos veremos
muy deliciosos y adornados
por los cojones esforzados
de mi modesta humanidad.
¿Qué dice? La paternidad
de mi corazón dice vehemente
que me veré, no solamente
al llegar a mi tierra bien casado,
sino que llena de calor y agrado,
mi gran mujer acudirá al combate
venéreo. ¡Por Baca, qué debate!
En él te juro que trabajaré
tanto o más que ella, y lo saborearé
a placer. Pues me encuentro bien nutrido,

276
seré- un ercenlentísimo marido,
bueno sobre los buenos. ¡Vjva Pan!
¡Viva Pan! ¡Viva Pan! ¡ Viva Pan!
¡Viva mi matrimonio! Yo te juro
q11e es este gran oráculo seguro,
permanente, veraz, inteligible,
justiciero, fatídico, infalible.

CAPITULO XLVII

Cómo Panurgo y los demás rimaban


por furor poético

-¿Te has - vuelto loco, o estás encantado? -dijo el herma­


no Juan-. ¡ Ved cómo echa espuma; ved cómo rimea por to­
dos les diablos! ¿Qué ha comido? Vuelve los ojos hacia el
cogote como una cabra moribunda. ¿,Se retirará para siempre?
¿Ya no ·cagará más? ¿Comerá la yerba de los perros para des­
cargar su estómago?, o según el uso monacal, - ¿se meterá el
puño en la graganta hasta el codo, con el fin de curarse los
hipocondrios? ¿Cogerá pelo de ese perro que ·}e ha mordido?
Pantagruel reconvino al hermano Juan y le dijo :

Espoleado,
despabilado
y deslumbrado
por el licor,
quejas y risas,
pausas y prisas,
mezcla, imprecisas,
el rimador.
Veamos si con su cerebro fanático,
llegar puede a la meta del humor
y se burla del noble burlador.

- ¡ Cómo! -dijo el hermano Juan-, ¿vos también rimáis?


Por la vir_tud de Dios, que todos estamos picados. Quisiera
Dios que Gargantúa nos viese en este estado. Yo no sé, por

277
Dios, qué . hacer para imitaros, si rimar o no. Yo no sé nada;
sin embargo, también me siento rimador. Por San Juan, que
·rimaré como vosotros. Escuchadme y veréis cómo también
rimo en carmesí :

¡Oh Dios de bondad etrena,


que mudas el agua en vino!
Haz mi culo una linterna
y Glumbraré a mi vecino.

Panurgo continuó su relato y dijo :

-Nunca de Pythias el Tablado


dio, a quien le hubiera preguntado,
respuesta más segura y congruente.
Sin duda, esta divina fuente
fue un monumento en Delfos levantado,
y desde allí hasta aquí ft¡e transportado.
T si Plutarco aquí hubiera bebido,
no hubiese con sus dudas padecido;
que en Delfos, yo lo sé, todas las veces
se encontraron tan mudos como peces
los oráculos; a causa, lo aseguro,
de que está aquí el Tablado verdadero.
Solo este los presagios nos dispone,
pues, según Ateneo nos expone,
este Tablado era la Botella,
llena de ricQ vino toda ella,
de buen vino, es decir, de la verdad;
pues no hay sinceridad ·
entre las artes de adivinación
como la insinuación
de la palabra que esta Botella dijo.
Escucha, hermano Juan, lo que predice
para ti; ya que hasta aquí llegamos
que tu suerte también aquí sepamos.
Nos dice la Botella trimegista,
si mi oreia está lista,
que tú nunca te debes de casar,
pues si sientes deseo de variar,
y si tu mástil se te insubordina,
dale un poco de harina.

278
El hermano Juan replicó con furor y dijo:

-¡Casarme! ¡Por la gran botina!


¡ Por el hu.so de San Benito!
¡Lejos de mí el yugo maldito!
Yo a despojarme me resisto
del sayo cómodo que visto;
no quiero verme degradado,
ni de mi arbitrio despoj(J(lo,
ni sometido a una mujer.
No me sabría someter,
ni aun en las puertas del Infierno,
a Alejandro, ni a César, ni a su yerno,
ni a los más esforzados de este mundo.

Panurgo, despojándose de su capa y de su actitud mística,


replicó :
-Pues así habrás de verte, bicho inmundo,
condenado cual pérfida serpiente,
mientras yo, como u n ángel, refulgente
de gloria, me veré en el Paraíso;
lejos de ti, rijoso, te lo aviso
a gusto mearé, te lo aseguro.
Pero escucha: si vas, cómo te auguro,
a parar con los diablos del Infierno,
con Proserpina muéstrate muy tierno;
hazle ver esa espina tan discreta
que llevas escondida en tu bragueta,
y verás cómo queda la cuitada
de tu paternidad enamorada.
Después, del dulce acuerda agradecida,
para hacerte . agradable la comida,
del vinillo mejor te hará traer
que en sus tabernas tenga Lucifer.
Con los buenos hermanos grata y fina
siempre ha sido la hermosa Proserpina.

-Vete al diablo, viejo loco -dijo el hermano . Juan-. Yo


ya no sabría rimar; la rima se me agarra a la garganta; ha­
blemos de otras cosas más agradables, . Vamos a satisfacer a
los- de aquí.

279
CAPITULO XLVIII

Cómo despué� de haberse �despedido de Babuc


abandonaron el oráculo de la botell!Z
-No os preocupe el satisfacemos aquí -dijo Babuc-. To­
dos quedaremos satisfechos, si vosotros quedáis contentos de
nuestro trato. Aquí abajo, en las regiones circuncentrales, es­
tablecemos el bien soberano, no en tomar y recibir, sino en
brindar y dar; y nosotros nos reputamos felices, no porque
de los demás tomemos y recibamos mucho, como decretan,
por ejemplo, las sectas de vuestro mundo, sino si darnos. y
obsequiamos mucho a los demás. Unicarnente os ruego que
nos dejéis aquí por escrito en este libro ritual vuestros nom­
bres y el de vuestro país.
Abrió entonces un gran libro muy bello, sobre el que, dic­
tando nosotros, una de sus mistagogas ejecutantes fue trazan­
do, como si escribiera, las palabras con un estilete de - oro;
pero de la escritura nada veíamos.
Hecho esto, nos llenó tres vasos del agua fantástica, y,
ofreciéndonoslos, nos dijo :
-Andad, amigo, bajo la protección de esta esfera intelec­
tual, que nosotros llamamos Dios; su centro está en todas
partes, y su circunferencia en ninguna. Cuando lleguéis a
vuestro mundo, testimoniad que debajo de la tierra están los
grandes tesoros y las cosas admirables. No es mucho, pues,
que • Ceres sea ya reverenciada por todo el universo, puesto
que ella fue quien enseñó el insigne arte de la Agricultura,
y por ella fue descubierto el trigo, que abolió entre los hu­
manos otros brutales alimentos, y se ha lamentado tanto de
que SQ: hija fuese raptada y transportada a nuestras regiones
subterráneas, previendo ciertamente que encontraría debajo de
tierra biepes y excelencias que ella, su madre, no había en­
centrado encima. ¿Qué se ha hecho del arte de invocar de
les cielos el rayo y el fuego celeste, inventado antiguamente
por el sabio Prometeo? Cierto que vosotros lo habéis perdido;
partió de vuestro hemisferio y lo usarnos aquí, debajo de la
tierra. Muchas veces os asombráis sin causa al ver las ciuda­
des abrasadas por el rayo y el fuego etéreo; ignoráis de dón­
de y de qué proceden esas cosas que juzgáis horribles y son
para nosotros familiares y útiles. Vuestros filósofos se quejan
de que todas las cosas hayan sido escritas por los antiguos
y que a ellos no les quede nada que inventar; evidentemen-.
te se equivocan. Lo que se os aparece del cielo y llamáis

280
fenómenos, lo que la tierra os exhibe, lo que el mar y los
ríos contienen, no es comparable a lo que aquí en el seno
de la tierra está oculto.
"Por esto, el subterráneo dominador es equitativamente lla­
mado ccn ricos epítetos en casi todas las lenguas. Cuando
vuestros filósofos encauzaron su estudio y su trabajo a bus­
car con la imploración del Dios soberano ( el que antiguá­
mente los egipcios en su lengua llamaban Absconso y Ocul- ·
to, y por este nombre le invocaban y le suplicaban que a
ellos se manifestara y se descubriera ) , pidieron que les es­
clareciera el �onocimiento suyo y el de sus criaturas, y a ello
les guiara con una buena linterna. Porque todos los filósofos
y sabios . antiguos, para practicar seguramente y plácidamente
el camino del conocimiento divino y de la conquista de la
sabiduría, han estimado necesarias dos cosas; la guía de Dios
y la compañía del hombre.

"Así, entre Jos filósofos Zoroastro tomó a Arimaspeo como


compañero de sus peregrinaciones; Esculapio a Mercurio; Or­
feo · a Museo; Pitágoras a Agleofemo; entre los príncipes ' y
los grandes guerreros, Hércules tuvo por amigo particular en
sus . difíciles empresas a Teseo; Ulises a Diomedes, y Eneas
a Achates. Vosotros habéis hecho lo mismo al tomar por guía
a vuestra ilustre dama Linterna. Andad y que Dios os guíe 7 5.
Dichas estas palabras, nos dio cartas cerradas y selladas, y
después de inmortales acciones de gracias nos hizo salir por
una puerta adyacente a la capilla.
Por un país lleno de todas las delicias, placentero y más
templado que lo era el templo en Tesalia y más saludable
que aquella parte del Egipto que · mira hacia la Lidia, más
regado y verdeante que TermiscriÓ; más fértil que la parte
del monte Taurus que está vuelta hacia el Aquilón; que la
isla hipt>rbórea en el mar Indico; tan florido y gracioso como
ei país de Turena, nos encontramos al fin f'n el puerto en
nuestros navíos.

75 Estos dos últimos párrafos solo constan en las ediciones modernas.

281
INDICE

Libro cuarto 5

Libro quinto 167


Jocundo} vita0 irrespetuoso hasta la grosería)
alegre} Gargantúa y Pantagruel de Rabe­
lais es uno de esos grandes clásicos que con�­
tituyen la suma de una época} y que} al
mismo tiempo} pueden ser apreciados sin
menoscabo a través de los siglos.
En la tapa: Xilografía de Derain para "Gargantúa . y Pantagruel".

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