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Análisis del discurso a personas residentes en ciudades de Colombia, no pertenecientes a

comunidades indígenas, que han tomado yagé.

Camilo Arenas
Magister en psicología clínica y psicopatología de la Universidad de Caen, Francia.
Docente de investigación del programa de psicología de la Universidad Minuto de Dios.
camilo.arenas.mozo@gmail.com

Resumen

La presente investigación realizó una lectura desde la teoría fundamentada a los textos
producidos por entrevistas y relatos temáticos aplicados a personas que han asistido a tomas de
yagé en Colombia. Se usó la codificación manual para el análisis de datos.
Se realizaron entrevistas abiertas y relatos temáticos, que se constituirán en el material
básico a analizar. El objetivo principal de la investigación fue permitir la emergencia de teorías
desde los mismos relatos de las personas que han tomado yagé. Igualmente se discutió la
problemática intercultural que presumen dichas tomas de yagé basándose en los aportes de García
Canclini.

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Introducción

Los enteógenos son sustancias de vegetales, plantas etc., que, preparadas de cierta forma
producen a quien las ingiere modificaciones del estado de conciencia. El uso de enteógenos por
parte de culturas indígenas es muy común alrededor del mundo. Algunas etnias indígenas usan las
plantas para sus viajes extáticos (modificaciones de conciencia), plantas como la ayahuasca o yagé.
El brebaje medicinal Indígena, del yagé (semen del pene del sol), también conocido como
Ayahuasca, es un bejuco salvaje que se da principalmente en la amazonia colombiana, en donde
hacen uso de ella, los Cofanes, Sionas, Ingas, Coreguajes, Kamsás, entre otros. También se produce
y usa en países como Perú, Ecuador y Bolivia, en done han tenido gran reconocimiento por sus
efectos naturales, que traídos como bebida alucinógena a la práctica, difunden según la experiencia
y criterios de quienes la usan, la posibilidad de sanar, limpiar o restaurar. Bondades y beneficios
tradicionales que de unos años, hasta la fecha han querido vivir y experimentar los habitantes de
las grandes urbes, específicamente en el caso de la capital Bogotá, en donde ha avanzado y tomado
mucha fuerza un fenómeno cada vez más común como es la toma de yagé. .
Cuando el yagé y otros procedimientos indígenas son traídos, adaptados, apropiados y usados
en contextos distintos a los acostumbrados y tradicionales, corren el riesgo de transgredir
conocimientos milenarios, sin embargo, éste tipo de prácticas, en algunos casos son amparadas
tanto por el indígena “organizador” como por el mismo contexto urbano, lo cual no representaría
en teoría ninguna violación o ruptura de creencias para ninguna de las partes. Esta apropiación de
costumbres y saberes indígenas es conocida como neochamanismo, término que enmarca una
fuerte y avivada discusión que descansa sobre lo consecuentes que pueden llegar a ser este tipo de
sincretismos. Algunas miradas apuntan a pensar que este auge actual por las prácticas indígenas
y chamanicas significan una suerte de “retoma” de nuestras raíces y por tanto un acercamiento a
prácticas figuradamente “naturales”. Pero otros señalan que puede convertirse en la trivialización
y mercantilización de saberes autóctonos (Vélez, 2007).
Precisamente este campo de debate, lleno de ideales y contradicciones que enmarcan los usos
y costumbres de culturas aborígenes en las ciudades actuales, es en el cual se ubicó mi
investigación. Justamente el nombre dado al presente trabajo “Ciudad Yagé” resalta explícitamente
el fenómeno constituido a partir de la traída de esta práctica ancestral al contexto urbano.
Se pretendió entender el fenómeno intercultural que implican las tomas de yagé desde el
discurso de las personas que asisten a estas prácticas. Para entender el fenómeno fueron usados,
principalmente, cinco autores; el antropólogo y etnólogo colombo-austriaco Gerardo Reichel-
Dolmatoff quien en su libro Cerebro y mente en el chamanismo, trabaja dicha tematica; la psicóloga
Andrea Vélez, investigadora y autora de varios artículos sobre el consumo urbano de yagé en
Colombia; Carlos Pinzón, autor que se ha destacado por tratar el fenómeno del chamanismo y
practicas indígenas en Colombia; García Canclini quien nos ofrece una amplia mirada de los
fenómenos interculturales en un margen de procesos globalizantes y Ricardo Díaz Mayorga,
sociólogo e investigador colombiano director de la revista “Visión Chamánica”; quienes han
trabajado extensamente sobre el fenómeno del yagé en Colombia, especialmente, han profundizado
sus estudios en la problemática de las tomas urbanas. Estos investigadores dieron nociones acerca
de la filosofía indígena bajo la cual se sustenta el ceremonial, lo qué ha sucedido con estos
ceremoniales indígenas y su auge en las ciudades y el por qué las personas citadinas asisten a estos
ceremoniales.
No se entrevistaron: indígenas, chamanes, brujos, taitas, abuelos o curanderos, pues se quisó
hacer énfasis únicamente en el discurso de las personas que han asistido a estas tomas, sin
desconocer la importancia que tiene la mirada de quien ofrece el ceremonial. Si el fin del lector es
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conocer la perspectiva de las comunidades indígenas respecto al yagé a profundidad, se pueden
recomendar famosos libros como “el bejuco del alma” de Richards Evans Shultes, o “Yajé, el nuevo
purgatorio” de Jimmy Weiskopf.
Se usaron los aportes de Néstor García Canclini para el entendimiento de los procesos
interculturales, y con él, en los capítulos finales de la tesis se discutió la problemática intercultural
de los ceremoniales, para concluir en algunas consideraciones y recomendaciones que han de tener
este tipo de prácticas. El análisis de los textos fue efectuado desde la teoría fundamentada y se usó
la codificación manual para el análisis de datos. Se entrevistaron 15 personas entre diferentes
edades, y como se puede apreciar en la tesis, algunos resultados fueron discutidos también con
algunos aportes de la psicología dinámica.
La investigación tuvo como objetivo principal permitir la emergencia de teorías en torno al
yagé desde los textos de las entrevistas y relatos temáticos de algunas personas asistentes a estas
ceremonias con el fin de enriquecer los trabajos existentes sobre el tema. La investigación pretendió
poder ser un aporte al entendimiento y orientación de estos espacios interculturales.
Las tomas de yagé son un fenómeno que ha venido creciendo en Occidente en los últimos
años, dejando ver como el recurrir al saber de culturas indígenas se ha convertido en algo muy
frecuente. Conforme a lo ha señalado por Vélez (2007), es imposible desconocer el hecho de cómo
estas ceremonias han tomado fuerza en la ciudad de Bogotá, ya que son ceremonias que se realizan
por tanto en un medio cultural distinto, donde se rompe el ritual que lo enmarca y la significación
colectiva que le da sentido a quien lo toma. Al tomarse en un contexto cultural diferente, pierde la
significación social que lo determina, dejando ésta a la construcción y arbitrio individual, con
efectos distintos en cada sujeto que experimenta esta vivencia, como bien lo señalan estudios de
Díaz (2004) y Vélez (2007). Sin embargo, el indígena fue quien, inicialmente, bajo influencias de
carácter migratorias o simples desplazamientos de cualquier tipo o por cualquier razón, trajo sus
creencias y sus sabidurías a la ciudad, sujetando así sus prácticas a usanzas comunes y corrientes
en el campo urbano, habitualmente, sin irrespetar su cosmogonía. Por eso… “La problematización
del quehacer del curandero fue el primer asalto, un curandero, quien se convirtió en el informante
principal, fue el primero en desplegar el mundo del curanderismo urbano. (…) fruto del uso
diferencial de los poderes mágicos”. (Pinzón, 2003:, 64)
No obstante, no hay que obviar que cuando se presentan intenciones ajenas a las prácticas
tradicionales, tales como el uso de drogas sintéticas, fiestas y/o exuberancias de cualquier tipo, se
vislumbra el riesgo de transgredir, por medio del uso indebido no sólo del yagé sino de la ceremonia
las prácticas tradicionales, ya que se desconoce el valor ético, espiritual y recursivo que tiene el
yagé para quienes, “históricamente”, es un hábito y una necesidad de vida. En palabras del
antropólogo Uribe:
“el Yagé es el purgante más fuerte que existe en la naturaleza, por eso la gente lo reconoce
como una purga, no es una sustancia inocua, pero por eso hay toda una preparación antes de
ingerir esta sustancia. El Yagé hace parte del sistema filosófico de estas etnias indígenas que lo
consumen, es una vía de conocimiento para ellos, y hay que evitar trivializarlo". (Uribe, 2000, p.
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Y aunque “las culturas Indígenas no son vistas como una propuesta respetable o una
atractiva posibilidad, sino como un exótico conjunto de arcaísmos destinados a extinguirse”
(Ameigeiras, 2006, p. 323); son muchos grupos de comunidades indígenas, o mejor expresado,
personas pertenecientes a ellas, quienes ofrecen la toma de yagé en lugares ajenos a su práctica
tradicional.
Este saber indígena sobre el yagé es hoy en día usado por varios citadinos por muchas razones,
ya expresadas por los mismos indígenas, como curarse de enfermedades, aprender, adquirir
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sabiduría o quizás el aledaño interés de vivenciar algo nuevo, lo que bien se puede representar en
un intercambio y encuentro de culturas, que permite el conocimiento de otras prácticas diferentes
a la propia, adentrando en un proceso que enriquece la visión del mundo. Sin embargo, hay que
dejar sentado que, generalmente, de estas ceremonias se escuchan, según quienes han ido,
experiencias tan positivas que van desde la tranquilidad del alma hasta la curación de enfermedades
intratables por la ciencia, mientras que por otro lado, se escuchan experiencias no tan favorables
por razones, aparentemente, de contraindicaciones físicas. Por tal motivo profesionales de
diferentes áreas como los psicólogos Overton (2004), Fericgla (2004); los antropólogos Uribe
(2000), Vélez (2007) y Pinzón (2003), entre otros, han trabajado extensamente sobre el fenómeno
de las tomas de yagé en los contextos urbanos.
Lo anteriormente descrito, conlleva a reflexionar sobre las ceremonias de yagé en contextos
urbanos, lo que no refiere únicamente a las tomas de yagé efectuadas en ciudades, sino que los
“contextos urbanos” hacen referencia al traslado del uso del yagé de la mano de los mismos
indígenas, al uso por parte de personas ajenas a la comunidad indígena, suponiendo posiblemente
un riesgo de mercantilizar, transgredir y violentar saberes y costumbres ancestrales.
La situación ceremoniosa del yagé está impregnada de la sensación que trae una y otra vez el
título del libro de Juan Morales Atrapado en lo tremendo; tomar a la ligera este ritual, asistir sin un
objetivo contundente, adoptar unas costumbres distintitas sin mayor reflexión, generan una
problemática intercultural, una situación de encontrarse atrapado en dos mundos, de la misma
manera cómo podemos asumir esta experiencia como una suerte de desafío personal, cuya práctica
puede ser pluralizada más por los grandes beneficios (testimoniados) que promueve, que por su
historia o sentido ancestral. Es, a lo sumo, un encuentro con entornos delicados y desconocidos de
la conciencia humana, individual y social.

Metodología

La investigación que se realizó tuvo la pretensión de abordar este problema intercultural que
supone la toma de yagé desde el análisis del discurso de personas que han concurrido
invariablemente a diferentes tomas, analizando los relatos desde el enfoque metodológico de la
teoría fundamentada.
De esta manera, el objeto de estudio fueron los textos producto de la transcripción de las
entrevistas y de la aplicación de los relatos temáticos a personas que han tomado yagé. Fueron estos
textos los que hicieron nacer teorías que contribuyeron al estudio del yagé como problemática
intercultural. La teoría fundamentada como proceder de la investigación permitió tomar los relatos
de las personas que han tomado yagé y poder dar libertad a que estos mismos textos produzcan sus
mismas teorías.
Leer algunos aspectos en los textos de las personas que han asistido a ceremonias de yagé
examina una problemática intercultural porque cuando se indaga sobre las razones, expectativas y
justificaciones bajo las cuales discursivamente se mantiene un sujeto cuando habla sobre su
experiencia en una ceremonia exógena a su cultura se entra en un terreno en donde se puede analizar
la problemática que soporta el intercambio entre culturas.
Teniendo en cuenta que la teoría fundamentada o fundada es principalmente un método de
investigación que tiene la característica que las teorías emergen de los datos se puede presentar la
pregunta de investigación. ¿Qué categorías y teorías emergen de la lectura de textos referentes a
las personas que han tomado yagé en la ciudad de Bogotá?
Se entrevistaron 15 personas; 6 Hombres y 9 Mujeres. Las edades estuvieron distribuidas
entre 12 y 56 años. La mayoría vivía en Bogotá y Tunja.
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Resultados

Del análisis de las entrevistas emergieron los siguientes conceptos “Yagé omnipotente” cómo
una ceremonia que todo lo puede curar, “Ciudad nociva, naturaleza buena” cómo todas aquellas
referencias que alucian a ubicar lo “malo” en nuestra cultura (si puede hablar de nuestra) y lo bueno
en la cultura indígena, “la introspección” cómo principal herramienta de curación del Yagé y por
ultimo “maternidad y culpa” en donde vemos cómo los periodos de pinta (etapa de alucinación)
están fuertemente relacionados con imágenes de culpabilidad. En las mujeres esta culpabilidad se
relaciona con la maternidad.
Teniendo ya todos estos conceptos como la omnipotencia del yagé, la introspección, los
motivos por los que las personas asisten a estas ceremonias y el concepto de culpa y maternidad,
me propuse en mi investigación, a forma de discusión realizar un analizas a la problemática
intercultural que estas ceremonias suponen. Para tal fin adopte varias ideas de García Canclini,
como el concepto de hibridación.
La hibridación es un concepto que trabaja García Canclini (1990) y que puede ayudar a
entender lo que sucede en las tomas de yagé llevando esta práctica a un nivel de intercambio de
culturas. La “hibridación cultural” es el proceso mediante el cual determinadas formas y prácticas
se van separado de sus orígenes tradicionales para recombinarse/adaptarse a nuevos espacios y
nuevas prácticas. La hibridación cultural que tiene el yagé es muy notoria, esta práctica cada vez
más está siendo recombinada y adaptada a nuevos espacios urbanos, y prácticas como las tomas
de garaje, y los distintos intereses con los que se toma. García Canclini sustenta que estas prácticas
folclóricas, populares o tradicionales no son ya revividas por melancolía, sino que éstas están
siendo tomadas en escena por procesos de hibridación cultural. Que ya lo popular no esté destinado
a la extinción, sino que encuentre nuevas formas de re aparecer por un proceso de adaptación es
conocido como “reconversión cultural”. Este autor argumenta que lo peor que le puede suceder a
estas prácticas folclóricas, no es que se recombinen y se alejen de sus raíces tradicionales, sino que
no hagan parte de estos procesos, y no entren en la dinámica de los procesos globalizantes que
exigen readaptaciones, es decir, que se integren.
Integración práctica que deja ver cómo se atraviesan y generan, de acuerdo con García (1996),
“Nuevos espacios de confrontación cultural” que al mismo tiempo puede afianzar percepciones
desfiguradas de lo que realmente significa la experiencia del yagé. Esta actitud muestra claramente
la irrupción del nativo indígena, el respeto a sus orígenes, tradiciones, y ancestros; a los que se
interponen otro tipo de intereses marcadamente económicos.
La importancia del “reconocimiento” de la diversidad como paso desde donde avanzar hacia
el conocimiento de distintas prácticas sociales y simbólicas, a través de las cuales se hacen
explicitas las modalidades y características de las relaciones interculturales. Una interculturalidad
que emerge en el marco de la comunicabilidad de las culturas en cuanto conforma en sí misma “un
hecho de la vida y de las múltiples interrelaciones entre personas y sociedades. (García, 1996,
p.19).
García (1996) usa el concepto de “nuevos espacios de intermediación cultural y política”
para esbozar aquellos fenómenos emergentes en procesos de globalización, en donde se confrontan
tendencias de homogenización y heterogeneidad y conforman identidades multiculturales. Las
tomas de yagé en contextos urbanos son espacio de confrontación cultural. Junto con García
(1996), se propone que en estos espacios se construyen identidades, y dicha construcción de
identidad obedece al nombre de hibridación. Por tal motivo la ceremonia de yagé en contextos
urbanos obedece a un proceso de hibridación. García (1996) define la hibridación como “proceso
que da cuenta del cambio de reglas para definir la integración: la hibridación es la modificación de
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las identidades en amplios sectores populares, que son ahora multiétnicos, migrantes, políglotas y
que cruzan elementos de varias culturas".
Buscando dar igual respuesta al concepto de interculturalidad, Díaz (2009), establece cómo
este concepto vincula principalmente a dos actores; el citadino y el indígena; estableciéndose
“relaciones dentro de las intrincadas comunidades urbanas de la actualidad, que fusionan múltiples
componentes y tendencias sociales, étnicos, económicos, religiosos, de género, generacionales,
etc., hacen suponer que todo tipo de relaciones dentro de estas comunidades son interculturales”
Así mismo, quienes creen, elaboran y practican tomas de yagé, tienen que enfrentar constantes
desafíos por parte de sectores que les niegan o deslegitiman, a pesar de su uso interactivo. Siendo
este un elemento conductor de procesos interculturales, se tiende a pensar que “no puede
entenderse la Interculturalidad como una rama más del conocimiento occidental; algo así como
la variante “etno” del estudio de las culturas, definida desde la centralidad y superioridad del
conocimiento occidental” (Díaz, 2009, p. 63). Y menos si al referirse a corrientes occidentales se
remonta a procesos de globalización que han llegado a modificar una historia de mestizajes y
prácticas étnicas que reflejan en una mirada globalizada una modernización cultural y convivencia
multicultural que beneficia cuando hay un intercambio efectivo y productivo, en diferentes
procesos y prácticas de unos y otros. En dichos casos, por ejemplo, en las tomas de yagé en zonas
urbanas, semi urbanas o rurales, la característica son las dificultades, aún más cuando los intereses
de los asistentes se contradicen con los intereses de quienes ofrecen las ceremonias.
La anterior reflexión cobra vida en los procesos de toma de yagé, en donde se involucran e
incorporan enseñanzas y aprendizajes entre culturas indígenas, afrodescendientes, y mestizos
principalmente, sin distinción alguna; que en el caso del yagé llegan apropiándose de espacios
selváticos, rurales, y urbanos para establecer de manera conjunta cambios y transformaciones que
difunden, en una esfera de desarrollo y globalización, prácticas integradas que buscan replantear,
fortalecer, y promover, las reflexiones y experiencias formadas en un ámbito de inclusión, que se
enmarca en campos de formación, obtenidos a través de procesos interculturales caracterizados por
variables hibridas.
Estas variables hibridas tienen que ver precisamente con la forma como se re-conectan las
prácticas tradicionales en su “encuentro” con las prácticas que trae el modernismo, las ciudades, y,
“occidente” en su totalidad. Trabajar por el surgimiento de nuevas sociedades, es también observar
las diversas situaciones y manifestaciones que dan señal de mecanismos de homogeneización que
amenazan la identidad, alterando óptimos procesos de hibridación a los que llegan diferentes
culturas.
Lo tradicional se convierte en tradicional-moderno y nuevas prácticas híbridas se generan por
la coexistencia simultánea de distintos subsistemas simbólicos. Así, dentro de esta lógica
económica, social y cultural múltiple, la hibridación cultural afecta todos los órdenes de producción
simbólica: la hibridación reconcilia las "contradicciones" entre lo moderno y lo tradicional”.
(Rodríguez, s.f.).
En las tomas de yagé recopiladas se evidencia claramente el surgimiento y la capacidad que
hallaron quienes ofrecen la ceremonia, en su mayoría indígenas y personas de comunidades urbanas
asistentes, de analizar y practicar la oportunidad de construir un ciclo hibrido juntando dos mundos
superpuestos, y obteniendo la combinación de dos culturas, que poco a poco y sin imponer, sólo
dando a conocer sus estilos y formas de vida, se encuentran “con toda una dinámica de
supervivencia que garantiza la existencia de lo popular en medio de condiciones económicas y
culturales modernas” (Rodríguez, s.f.), lo que permite mantener las tendencias propias, sin negar
o aislar otras partes, otras tradiciones.

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Precisamente, se puede ver en las entrevistas estos procesos de hibridación cultural, en donde
asistentes e indígenas propician espacios para la creación de nuevas identidades pluriculturales.
Mediante los relatos se puede observar cómo se van generando ideas de lo que es el yagé, de lo que
significa la filosofía indígena bajo la cual se sustentan las tomas y lo más importante, se puede
observar cómo cambia la idea de sí mismo, y de la cultura a la que pertenecen.
“la experiencia de esa noche fue horrible a la vez y a la vez fue chévere uno era como morir
para volver a revivir… pues prácticamente me morí en yagé” Catalina.
Emergieron dos categorías que ponen en escena la conformación de identidades producto de
hibridaciones; Ciudad perjudicial y Naturaleza Benéfica. Estas dos categorías expresan un proceso
de cambio de identidad; en la modernidad y con el auge despertado por la revolución industrial los
ideales de progreso, ciencia, mercantilismo, capital y ciudad eran los que guiaban e identificaban
a la sociedad. Se creyó entonces que las ciencias positivistas podían controlar y predecir a
perfección todo lo que se propusieran, incluso las dinámicas sociales, que la medicina alopática,
los avances en el laboratorio crearían un mundo donde las enfermedades eran todas curables. Pero
vemos como este proceso globalizante del modernismo, en el postmodernismo ha ido matizándose
con un cierto tipo de frustración, y un vuelco a lo natural y “alternativo”. El ejemplo más citado
sin duda es la medicina, pues es innegable el aumento de demanda por medicinas alternativas,
olvidadas y censuradas en la historia, que renacen con un aire de solución a aquellas enfermedades
que no responden a la alopatía.
“limpia porque realmente la naturaleza, antes de que el hombre descubriera la medicina
alopática, de todas maneras, el ser humano usaba mucho las plantas para purificar el organismo”
Daniel 55 años
La mayoría de entrevistas relatan este proceso de hibridación cultural, muchos dividen y
confrontan dos tendencias para ellos opuestas; la ciencia tradicional, la medicina alopática, los
químicos, transgénicos, la ciudad etc. en contra de lo natural, lo alternativo, lo indígena o no
perteneciente a occidente.
“porque el conocimiento indígena y la ceremonia en si deben estar en comunión con la
naturaleza, en la selva”
El lugar donde se lleva a cabo la toma responde a esta división; para algunos entrevistados
lo benéfico o perjudicial que puede llegar a ser una ceremonia de yagé está en directa relación con
el lugar donde se lleva a cabo. Si es en la ciudad daña el espíritu, pero si es en la naturaleza lo
reconcilia con los buenos espíritus. Llama la atencion esta division en cuanto se asume lo propio,
lo igual, la ciudad, nosotros, Occidente, como perjudicial en el ceremonial, mientras que la
naturaleza, lo indigena, lo otro, lo diferente, es benéfico.
“pero es en la selva y no en un garaje” Felipe
Citado un ejemplo, Felipe pone énfasis en el proceso que él llama “descontextualizacion”
como lo perjudicial. Llevar un elemento de otra cultura, de una cultura que se pertenece a la
naturaleza, a una cultura que se pertenece al asfalto, a la ciudad. Por otro lado, Mariana sustenta
dos sistemas opuestos para la busqueda de la salud; la ciencia alopática y la homeopática de donde
se desprende el yagé. El problema según ella de la medicina alopática es que a pesar de enfrentar
la enfermedad “dejan secuelas en mi cuerpo.” Esta división responde a una naturaleza
intercultural, en cuanto es tan fuerte el contraste de las dos formas de “buscar la salud” que al
Mariana tomar “el camino del yagé” debe abandonar por completo el tratamiento médico.
“abandoné la medicina tradicional, el yagé va de la mano con la medicina homeopática”
“Mi decisión de abandonar la medicina tradicional es debido a los riesgos que corro si no sana
mi lupus, ellos combaten la enfermedad pero dejan secuelas en mi cuerpo.” Mariana 38 años.

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Esta categoría de lo natural como bueno es quizás la más importante en la sección de motivos.
La mayoría de entrevistados, como se señaló, muestran tener un imaginario entorno a que la
naturaleza, y lo que se relaciona con ella es buena, y que la ciudad, occidente, lo artificial, es
nocivo. Como conciben el yagé como algo de la “naturaleza” lo buscan porque beneficia su ser.
“pero lo bueno es que es en plena selva” “debe ser en la selva donde se tome yagé” “es la
naturaleza y el taita el que dan el poder que tiene el yagé, no sólo la ceremonia” Felipe 19 años.
“Que después el hombre con los avances de la ciencia y de la tecnología empieza a convertir en
medicamentos con la cuestión química, pues eso ya es avance, pero esos elementos que son
químicos pues dejan sus secuelas en el organismo, sirven para unas cosas pero dejan secuelas en
otras” Daniel 55 años.
¿Qué sucede cuando las tomas de yagé se efectúan en la ciudad, o se trivializan y desacatan
sus procederes? Es una pregunta que pone en juego esta categoría de ciudad perjudicial, ¿puede
entonces el yagé ser perjudicial si se descontextualiza?
"Pero el espíritu del yagé puede dañar… porque el yagé les daña el temple, el espíritu, la
cabeza, por no entender que esta planta tiene su poder, es una entidad, un espíritu con el que no
se debe jugar"
Los motivos de la toma, el lugar donde se efectue, la preparacion de ante mano, y la experticia
de quien la dirigue convierten al yagé, bajo el discurso de los entrevistados, en un maestro o espacio
para desarrollarse espiritualmente, o un espacio donde podemos salir dañados y perjudicados por
esta planta.
"Si el yagé es conocido de buena forma puede convertirse en un maestro...Pero si el yagé es
conocido de mala manera, solo puede dañar al ser humano, por eso muchas plantas con poder
han dañado la humanidad…solo conseguimos que todo este poder, nos barra como si fuéramos
polvo, dañe nuestro espíritu y nos hunda en nuestras vanidades…las personas sin ningún tipo de
orientación buscan el poder de estas plantas para su propio beneficio, y lo único que encuentran
es dañarse a sí mismos." Álvaro 56 años.

Conclusiones

De esta manera, “Ciudad Yagé” nos abre las puertas (y las bambalinas) de una práctica
sojuzgada en la ciudad, al mostrarnos los discursos que se cimentan a partir de esta experiencia y
las principales razones sociales y humanas que la impulsan en este escenario claramente extraño a
la experiencia ancestral y absolutamente natural. El proceso de hibridación sociocultural que está
viviendo occidente con las tradiciones y cosmogonías de sus propios pueblos originarios, se
cimenta con un fenómeno de gran envergadura que no puede ser ignorado por la ciencia social, al
estar mostrando, a grito entero, que las latencias históricas están reclamando inclusión dentro de
los procesos globalizantes del mundo actual y que de ninguna manera se traicionan así mismos por
involucrarse en la lógica general, por el contrario lo que sucede es que se aseguran una longevidad
más larga y penetrante además de colaborar con la consolidación de identidades nacionales
rescatando la memoria histórica por medio de prácticas, usos, tradiciones y costumbres que
rescatan la sabiduría ancestral y dan rienda suelta a otro tipo de lógicas (espirituales, naturales,
terrenales, etc.) que difieren enteramente de las occidentales, y, por tanto, son susceptibles de ser
tomadas en cuenta no como verdades universales sino como simples opciones particulares de
relacionarse con uno mismo y el mundo adyacente.
Podemos concluir que si bien la asistencia a estos ceremoniales por parte de no indígenas, es,
como lo afirma García Canclini, una posibilidad para que este tipo de prácticas y conocimientos
no estén destinados a la extinción, sino que por el contrario re surjan recombinándose con prácticas
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actuales, sin perder su sentido y razón. No significa que el apropiamiento de estos rituales por las
ciudades implique que lo transgreda convirtiéndolo en tomas de garaje, donde por facilidades de
acceso, y por ganancias económicas, se ignore los principios básicos que sustentan el yagé; la
comunión con la naturaleza.
La hibridación no es un proceso que implique trivialización y transgresión; puede existir
nuevas formas identitarias del ritual del yagé, en procesos de recombinación enmarcados en la
globalización sin que se presuma que por este hecho las practicas indígenas pierden sus sentido y
su horizonte filosófico. El problema es que suceda un tipo de “seudo -hibridación” donde los
intereses y objetivos, casi que naturales en el sistema capitalista, desmiembren al yagé
substrayéndole aquella parte del ritual comercializable privando así a la ceremonia de su sentido
filosófico y preparación espiritual.
Para evitar trivializarlo y perder así su sentido es necesario en primera medida una reflexión
a conciencia sobre los motivos que llevan a desear asistir a este ceremonial, y por otro lado se hace
necesario acudir a taitas y abuelos que sean reconocidos como tales por las mismas etnias
indígenas; afortunadamente estas ya se encuentran más organizadas para hacer contra peso a
algunos que ven en el yagé una forma de hacer negocio.
Según lo anterior y partiendo de las entrevistas realizadas, es correcto repensar el por qué, no
en su totalidad las personas asistentes a estas, digamos informales ceremonias, logran
satisfactoriamente construir y a la vez cerrar ciclos de situaciones que atormentan los pensamientos,
el cuerpo y alma, que se supone son los naturales elementos que generan expectativas planteadas
desde que nace la intriga o deseo por así llamarlo de participar en este tradicional rito indígena, de
toma de yagé.
“realmente yo creo que a futuro el yagé será descontextualizado, su saber se perderá en las
vanidades del ser humano, se harán más tomas de garaje” Felipe.
Desde mi perspectiva como psicólogo puedo concluir que las tomas de yagé y otras prácticas
exógenas a nuestra cultura son demandas e incentivadas por una aparente necesidad que se inscribe
como propia en nosotros; la necesidad de llenar un cierto tipo de vacío; muchos son los
entrevistados que relatan haber asistido a estas ceremonias por haber sentido que algo faltaba en
sus vidas. Quizás esa falta responda a una necesidad de “curarse” tanto física como
“espiritualmente” pues como podemos apreciar el periodo de pinta se convierte en un espacio para
el duelo y el vivenciar luchas internas del individuo entorno a la culpa y el miedo.
Si bien estas prácticas al ser traídas a la ciudad han de reconvertirse y adaptarse a los entornos
y demandas, no pueden por este hecho, se clasificadas como una necesaria transgresión a saberes
y costumbres autóctonos. Las tomas de yagé han de hibridarse, como lo describe García Canclini,
en nuevos procesos que respondas a corrientes de globalización, pues de lo contrario estarían
destinadas a desaparecer. Como punto final vemos que las tomas de yagé están recorriendo, junto
con muchas otras prácticas, un sendero con dos abismos a lado y lado; pueden caer en la
transgresión y uso a la ligera, perdiendo todo su sentido filosófico, y pueden entonces caer en el
olvido de la historia; por ende deben buscar el punto de equilibrio que les permita adaptarse a
nuevas circunstancias sin tener que renunciar su objetivo de limpia y cura.

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REFERENCIAS
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