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El depósito previo como recaudo de admisibilidad


del recurso de apelación en el proceso de consumo.
El artículo 29 de la Ley 13.133.1

TOMÁS MARINO

Sumario: 1. Introducción. — 2. Para qué exigir un depósito previo. — 3.


Imposibilidad de cumplir la carga procesal. Excepciones y problemas
constitucionales. — 4. Aplicación de la norma a procesos colectivos e
individuales. — 5. Pluralidad de apelantes: ¿un depósito único? — 6. Cuánto
y cuándo depositar. Intimación, estimación y plazos. — 7. Consecuencias de
omitir el depósito. —— 8. Percepción del dinero y devengamiento de intereses
moratorios. — 9. Conclusiones.

1. Introducción.

a. Desde hace ya más de trece años que rige en la Provincia de Buenos


Aires la Ley 13.133 2 , denominada «Código Provincial De Implementación De Los
Derechos De Los Consumidores y Usuarios». Una norma extensa y orgánica mediante
la cual se han instrumentado múltiples y variados mecanismos de tutela de los
derechos del consumidor.
En sus más de ochenta artículos, la ley contiene directrices dirigidas al
poder ejecutivo para la conformación de políticas públicas de protección, de
regulación, de control y de educación en materia de derecho de consumo; incluye
además un marco de actuación del poder de policía que el estado local ejerce
sobre las asociaciones de consumidores y usuarios (creación, funciones, registro

1
Publicado originalmente Revista de Temas de Derecho Procesal, Editorial Erreius, marzo de
2018, pág. 119.
2
Ley 13133, promulgada con observaciones el 16/12/03-Dec. 64/03- y publicada el 9/01/04
mediante el Boletín Oficial N°24859.

1
y fomento) así como también sistemas de prevención y solución de conflictos en
el ámbito administrativo (regulando, a tal efecto, un detallado procedimiento
especial).
El legislador también ha incluido en los artículos 23 a 30 —que dan
forma al Título VII de la ley, llamado "Acceso a la justicia"— una serie de pautas
aplicables a los procesos judiciales en los que se dirimen controversias derivadas
de las relaciones de consumo (de competencia civil y comercial) y las que se
susciten entre prestadores de servicios públicos o concesionarios de obras
públicas y los usuarios, en cuanto se encuentren regidas por el derecho
administrativo (que corresponde al entendimiento del fuero contencioso
administrativo). Estas reglas procesales en algunos supuestos complementan y en
otros sustituyen la regulación de forma prevista en los códigos de procedimiento
(Decreto Ley 7425/68 -CPCCBA- y Ley 12.008 –CPCA-).
b. En el presente trabajo centraremos nuestra atención en el artículo 29
de este Código de Implementación, que prevé una regulación excepcional para el
recurso de apelación interpuesto contra las sentencias definitivas dictadas en
procesos de consumo. Ubicado en el Capítulo IV del Título VII (denominado
«Efectos de la sentencia»), este precepto normativo establece que si «la sentencia
acogiere la pretensión, la apelación será concedida previo depósito del capital, intereses y
costas, con la sola excepción de los honorarios de los profesionales que representan o
patrocinan a la parte recurrente, al solo efecto devolutivo».
En una primera interpretación, podríamos afirmar sin temor a
equivocarnos que: (i) es una regla de naturaleza procesal que se aplica en los
pleitos en los que se dirime la procedencia de una pretensión fundada en la
normativa tuitiva de los derechos de los consumidores y usuarios, sea de
competencia civil y comercial o contencioso administrativo (art. 42, 43 de la CN,
38 de la CPBA, ley 24.240 y artículos 1092 y sig. del Código Civil y Comercial);
(ii) se aplica siempre y cuando la sentencia hubiere receptado total o parcialmente
la demanda (lo que dejaría afuera supuestos en los que la sentencia desestima la
pretensión y el accionado absuelto tuviere interés para apelar aspectos accesorios
-por ejemplo, la forma en que se impusieron las costas-); (iii) el recurso,
cualquiera sea la parte que lo interponga, se concede con efecto no suspensivo y;

2
(iv) el demandado condenado que desea apelar debe cumplir un recaudo de
admisibilidad de contenido económico: depositar el capital de condena, los
intereses y las costas (a excepción de los honorarios de los profesionales que la
asisten).
Ahora bien, más allá de que esta lectura superficial de la norma nos
permite delinear -muy a grandes rasgos- su marco de aplicación, lo cierto es que
la redacción es imperfecta y la regulación -como tal- es incompleta. Su texto, sea
por impreciso o por insuficiente, suscita múltiples problemas interpretativos que
derivan en vacilaciones en torno al propósito que persigue esta exigencia
económica y al modo y la forma en que debe ser puesta en práctica en el proceso
judicial. Estas inquietudes no solo dificultan la labor del juez de primera instancia
que ha de determinar la admisibilidad de los recursos de apelación, sino también
del litigante condenado que desea cuestionar la justicia o el acierto de la sentencia
mediante un embate recursivo que sea -cuanto menos- formalmente admisible
(esto es, con independencia de lo que diga la Cámara en cuanto al mérito o
fundabilidad).
Nos permitimos dar algunos ejemplos. La ubicación del artículo 29 en la
estructura general de la ley 13.133 puede motivar dudas sobre si se trata de una
norma de aplicación en los procesos colectivos (como ocurre con el artículo que
le precede) o si también aprehende a los de naturaleza individual o litisconsorcial.
Tampoco es claro quién debe efectuar el cálculo de la suma que debe depositar el
apelante condenado o en qué etapa del iter recursivo debe cumplir la exigencia
(si antes o después de presentar el escrito de apelación). Nada dijo el legislador
sobre las consecuencias que se siguen de la falta del depósito (o qué ocurre si el
litigante no puede afrontar la erogación), ni del plazo que pudiere dársele para
hacerlo (si es que cabe asignarle alguno), o si ello debe motivar una intimación
específica del órgano jurisdiccional o directamente declararse inadmisible la
apelación.
Cabe preguntarse también qué es lo que debería hacer la Alzada si
advierte que el recurso fue concedido en primera instancia sin haberse dado
cumplimiento a este depósito previo (y qué temperamento adopta si estima que
es todavía posible subsanar la omisión). Es menester determinar qué ocurre

3
cuando son varios los codemandados que apelan y si es necesario que solo uno
de ellos, algunos, o todos cumplan la exigencia económica. Finalmente,
pensamos que a estas inquietudes puede sumársele otra no menor: si acaso es
posible para el actor -cuya pretensión prosperó en todo o en parte- tomar
provecho del efecto no suspensivo de la apelación y retirar el dinero depositado
ínterin tramita el recurso (o qué ocurre si, habiéndolo retirado, la Alzada luego
revoca la decisión y rechaza su demanda).
En los párrafos que siguen ofreceremos al lector algunas reflexiones -
seguramente incompletas- sobre estas cuestiones y otras a ellas vinculadas.
Haremos referencia a los propósitos que persigue este régimen especial de
apelación en los procesos de consumo, daremos cuenta de la [no muy abundante]
jurisprudencia bonaerense en la que se ha hecho referencia a esta norma procesal
y abordaremos en clave crítica las interpretaciones que sobre ella se han realizado
en casos específicos. Sobre el final, haremos algunas conclusiones.

2. Para qué exigir un depósito previo.

a. No es infrecuente que los ordenamientos procesales prevean exigencias


económicas que condicionan la admisibilidad de los recursos. Muchas reglas
ponen límites monetarios para acceder a las instancias recursivas ordinarias u
extraordinarias, ya sea en forma de requerimiento económico previo (e.g., el art. 280
del CPCCBA y 56 de la LPLBA 3 con relación al recurso extraordinario de
inaplicabilidad de ley, el arts. 286 del CPCCN en lo que respecta al recurso de
queja ante la Corte Federal por denegación del extraordinario) o en forma de
valores mínimos del litigio o del agravio (e.g. el art. 280 del CPCCBA y 55 de la
LPLBA -500 jus arancelarios como valor mínimo del agravio para el recurso de
inaplicabilidad de ley- o el 242 del CPCCN -monto mínimo cuestionado en el
recurso de apelación ordinario-). En materia tributaria, no son pocas las
jurisdicciones que contemplan el controvertido (y para algunos inconstitucional4)

3
Ley de Procedimiento Laboral de la Provincia de Buenos Aires (N°11.653)
4
Bidart Campos decía: "cuando con carácter previo a la iniciación del proceso el justiciable debe
abonar la tasa de justicia o realizar un depósito dinerario (como es el caso del “solvet et repete" en
materia fiscal), digo pago se vuelve inconstitucional si por su cuantía es desproporcionado con la
capacidad del obligado, o si por cualquier otra causa análoga le cierra el acceso a la justicia”

4
instituto del «solvet et repete», donde el cumplimiento de un recaudo económico es
condición sine qua non para acceder a la vía judicial que permita discutir la validez
de un acto administrativo. La propia ley 13.133 lo ha regulado en el artículo 70
con relación a las decisiones administrativas en las que se imponga sanción de
multa.
Estas restricciones pueden obedecer a propósitos muy variados que van
desde descomprimir la labor de los tribunales o evitar el trámite y resolución de
recursos infundados, hasta permitir el cobro inmediato de créditos cuyos
acreedores merecen una especial protección o asegurar la rápida recaudación
fiscal, entre otros.
El artículo 29 de la Ley 13.133 exige un depósito monetario que
condiciona la admisibilidad del recurso de apelación interpuesto por el
demandado proveedor de un producto o servicio en el marco de la relación de
consumo en cuyo seno se origina la controversia. La exigencia —que solo recae
sobre una de las partes del litigio— no parece tener una finalidad ni política (de
recaudación) ni de infraestructura (e.g., disminuyendo el caudal de trabajo de las
Cámaras de Apelación), sino de protección al consumidor y usuario. Ello es
coherente con el tratamiento que en general asigna todo el microsistema
normativo a la parte débil de esta particular forma de relación comercial, y guarda
cierta similitud –incluso en su redacción– con la regla contemplada en el artículo
56 de la Ley de Procedimiento Laboral (y que también obedece a una finalidad
protectoria para con la parte débil del contrato de trabajo)5.

(BIDART CAMPOS, German J., "Manual de la Constitución Reformada", Buenos Aires: Ediar, 2005,
t. II, pág. 289).
5
El art. 56 de la Ley 11.653 prevé que si la sentencia dictada por el Tribunal del Trabajo fuere
condenatoria, el recurso se concederá únicamente previo depósito del capital, intereses y costas
con la sola excepción de los honorarios de los profesionales que representan o patrocinan a la
parte recurrente. El depósito no será exigible en los casos de quiebra o concurso civil del
demandado declarados judicialmente. Tampoco será exigible cuando el recurso sea interpuesto
por el Fisco Provincial. El Tribunal por autorizar, a pedido de parte, que se sustituya la cantidad
en dinero que correspondiere depositar, por su equivalente en títulos o valores de la Nación o de
la Provincia que quedar n en el Banco de la Provincia de Buenos Aires a la orden del mencionado
Tribunal, a las resultas del juicio.

5
Cabe entonces definir cuál es el propósito inmediato que se persigue
mediante esta imposición; esto es, qué beneficio o ventaja le reportará al actor-
consumidor esta erogación a cargo del demandado apelante6.
En la medida en que el depósito se identifica con la suma de condena
consignada en la sentencia, podría pensarse –como se ha dicho con relación a la
legislación procesal laboral 7 – que esta exigencia económica busca garantizar
liquidez inmediata que favorezca la ejecución rápida de todo o parte del crédito
que en definitiva le corresponda al consumidor (sin necesidad de acudir a
embargos ejecutivos -si hubiera bienes conocidos- o a medidas precautorias que
no aseguran percepción, como una inhibición general de bienes). Si la Alzada
mantiene un resultado de condena (sea por el mismo monto apelado, uno mayor
o incluso uno menor), el cobro del crédito sin duda será más rápido si hay dinero
en efectivo depositado en una cuenta judicial.

6
Para analizar la función que cumple el artículo 29 de la Ley 13.133 se hace necesario efectuar
una aclaración terminológica. Como bien apunta Acciarri, la noción de «función» puede
entenderse (y utilizarse) en dos sentidos muy distintos: o bien hablamos de la función como
finalidad (donde intentamos descubrir la voluntad histórica de los legisladores al sancionar la
norma o postulamos cuál consideramos que es el propósito de esa regla y cómo ella sería un
instrumento adecuado para lograrlo), o bien hablamos de función como relación entre dos
variables (en el caso, la norma a interpretar y las consecuencias sociales que ella motiva). Al
referirnos a la “función” del artículo 29 de la Ley 13.133 lo haremos alternadamente en ambos
sentidos: por un lado, nos referiremos a la idea de función-finalidad entendida no tanto como una
indagación histórica sobre el propósito postulado por los legisladores al momento de su sanción,
sino como las elecciones que los operadores (por caso, los jueces) efectúan sobre la finalidad o
propósito que [a su entender] el instituto persigue o debiera perseguir (y, por supuesto, cómo
interpretan el alcance y aplicación de la regla en forma coherente con ese designio que se ha
juzgado preferible por sobre otros). Pero también haremos referencia la idea de función-relación,
analizando de qué manera resulta justificado afirmar que, en los hechos, este precepto legal genera
o estimula una determinada consecuencia o conducta de los agentes que intervienen en el proceso
(que, por cierto, no siempre es aquella que el operador entendía deseable o que tuvo en miras al
interpretar esa norma y postular su finalidad) (Acciarri, Hugo A. Funciones del derecho de daños y
de prevención. La Ley, 04/02/2013, 1).
7
La Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires tiene dicho que «en caso de sentencia
condenatoria el art. 56 de la ley 11.653 establece, como carga ineludible para la admisibilidad de
los remedios extraordinarios, sin distinción alguna de cuál de éstos, el depósito previo de capital,
intereses y costas, cuya finalidad es la de asegurar al trabajador la posibilidad de hacer efectivo
sin dilaciones su crédito del que el fallo atacado constituye fuerte presunción favorable» (LP.
120689, in re “Pérez Nariche....”, del 05/07/2017, LP Rl. 117370, "Abalone...", del 16/10/2013,
entre muchísimos otros).

6
Así todo, este propósito puede resultar relativo si se tienen en cuenta dos
aspectos: (a) que el beneficio que al actor le reportaría este dispositivo en términos
de ejecutabilidad futura no es muy distinto al que puede procurarse acudiendo a
una sencilla herramienta de naturaleza cautelar: el art. 212 inc. 3° del CPC
contempla supuestos de verosimilitud tarifada o presunta, pudiendo –con el solo
resultado favorable de la sentencia– exigir el embargo preventivo del monto de
condena más otro tanto de intereses y costas, aun cuando la resolución no se
encontrase firme; y (b) el efecto no suspensivo con el que se concede el recurso
habilita al actor a iniciar la ejecución inmediata –aunque provisoria– de la sentencia
de condena ínterin la Cámara se expide, lo que permitiría exigir (por lo menos)
percepciones a cuenta de lo que en definitiva le corresponda y sin que deba ofrecer
fianza o caución de ninguna especie (dado que el consumidor cuenta con el
beneficio de gratuidad contemplado en el art. 25 de la Ley 13.133 -art. 200 inc.
2° del CPC-).
Ello puede llevar a afirmar que si el propósito de la norma ha sido [o el
operador considera que es] garantizarle al consumidor la posibilidad de una
ejecución rápida de su crédito (sea actual y provisoria; sea futura y definitiva),
parecía suficiente con regular el efecto no suspensivo de la apelación. Así todo,
también es cierto es que la ejecución provisoria de una resolución condenatoria
no firme es más aún sencilla y rápida si es el demandado quien deposita
voluntariamente el capital de condena [y los intereses hasta ese momento
devengados] ante la necesidad de superar las exigencias de admisibilidad que le
impone la ley procesal para acceder a la instancia revisora. Se evita de esa manera
transitar pasos procesales innecesarios y eventualmente conflictivos
(intimaciones, imposición de astreintes ante la negativa del obligado, etc.) o
incluso –más grave aún- incurrir en medidas de agresión patrimonial cuando el
deudor no tuviere liquidez para cumplir aquella exigencia (e.g., subastar un bien
registrable).
b. Alguna jurisprudencia también ha afirmado que el requerimiento
económico contemplado en el art. 29 de la Ley 13.133 protege a la parte débil de
la relación de consumo (el actor) puesto que desincentiva actitudes dilatorias de

7
los demandados que especulan con “ganar tiempo” accediendo a instancias
revisoras a sabiendas de su sinrazón8.
El argumento puede merecer algunas observaciones.
El razonamiento parte de una premisa que estimamos correcta: todo
litigante demandado —y tanto más el que considera probable que resulte
vencido— encontrará sobrados incentivos para demorar el trámite del proceso y
a postergar, a como dé lugar, el pago del crédito insatisfecho.
Esta opción siempre le resultará atractiva en la medida en que se
verifiquen cuatro factores: (1) una coyuntura económica inflacionaria que
envilece la moneda de condena; (2) la prohibición legal de repotenciar el capital
hasta la fecha del efectivo pago del crédito (art. 7 y 10 de la Ley 23.928 y 4 de la
Ley 25.561); (3) ausencia de tasas moratorias legales que protejan adecuadamente
al consumidor de los perjuicios derivados del pago tardío de los créditos que
pudieran tener frente a los proveedores, derivados de la responsabilidad civil (art.
768 inc. “c” del CCyC); (4) una histórica doctrina legal de la Suprema Corte de
la Provincia de Buenos Aires conforme la cual los intereses moratorios deben
calcularse aplicando tasas bancarias pasivas9 (partiendo de la idea-ficción de que
el pago tardío supone para el acreedor la pérdida de la renta de un capital
destinado al ahorro –que se repara con un interés liquidado mediante una tasa
bancaria pasiva-, cuando en la generalidad de los casos puede estimarse que aquel
perjuicio se identifica con el costo de tener que acudir al crédito para suplir la
ausencia de un dinero que estaba destinado al consumo de bienes y servicios –
financiación para la cual el acreedor debió abonar una tasa bancaria activa-)10.
Cuando se conjugan estos factores, el litigante demandado encontrará en
la demora del pleito dos tipos de beneficios: por un lado, las ganancias derivadas

8
Sala Tercera de la Cámara Civil y Comercial de Mar del Plata, autos "Barceloni, Daniel E. c/
Chevrolet S.A. de Ahorro... y ot. s/ Resolución de Contrato". Causa 155.886, del 14/05/2015.
9
En la actualidad, la Suprema Corte tiene dicho que para liquidar los intereses moratorios en
casos en los que no hay tasa legal ni pactada corresponde utilizar la pasiva más alta que pague el
Banco de la Provincia de Buenos Aires en sus depósitos a treinta días (Ac. 119176, “Cabrera, Pablo
David contra Ferrari, Adrián Rubén. Daños y perjuicios”, del 15/06/2016). Esta tasa, por “más alta”
que sea, sigue siendo una alícuota aplicable a operaciones pasivas (aquellas que paga el banco
para captar fondos) y que en general siempre corre por debajo de los índices inflacionarios.
10
Véase, sobre este tema, ACCIARRI, HUGO A. "Elementos de Análisis Económico del Derecho de
Daños", La Ley, 2015, pág. 364

8
de conservar el capital en su poder la mayor cantidad de tiempo posible
haciéndolo producir una renta más alta que la tasa de interés que se devenga
mensualmente a favor del acreedor por la mora (por ejemplo, si se trata de una
entidad financiera, y mientras dure el pleito, utilizará el dinero para prestarlo a
sus clientes y cobrará para ello tasas activas -lógicamente más altas que las pasivas
con las que capta el ahorro público o con la que se calculan los accesorios por
mora del crédito impago-; o si se trata de una firma que no realiza actividades
financieras, el capital puede ser invertido en alguna otra operación particular o
incluso en su propia empresa11).
Una segunda forma de utilidad que se sigue de la demora del pleito judicial
(reiteramos: desde la óptica del deudor solvente) es aquella que deriva de la
pérdida del poder adquisitivo de la moneda de condena. La moneda nacional, en
coyunturas inflacionarias como las que aquejan a nuestro país desde hace ya
muchos años, se deprecia a una tasa más alta que la utilizada para calcular los
intereses moratorios en jurisdicciones que aplican tasas bancarias pasivas. Si
aceptamos que siempre existirá una diferencia entre el nivel de inflación de una
economía y la tasa pasiva que paga un banco en una operación simple de
captación de ahorros (como el plazo fijo mensual), debemos reconocer entonces
que el capital de la deuda —inmodificable, dadas las prohibiciones legales de
actualización— se encuentra en constante desvalorización. En la medida en que
el interés que se devenga por el incumplimiento tardío de lo debido no logra
recomponer ese efecto sobre el valor del capital, el deudor advertirá que cada día
que pasa debe un poco menos. El paso del tiempo, por estos motivos, juega a su
favor.
Pero entonces, ¿logra la exigencia del depósito previo contemplado en el
art. 29 de la Ley 13.133 desincentivar los recursos de apelación con finalidad
dilatoria? Si lo dicho hasta aquí es cierto, la respuesta es: no. O al menos no lo
logra sino se conjugan otros factores que neutralicen eficazmente el efecto de la
inflación en el poder adquisitivo de la moneda de condena.

11
Las compañías proveedoras seguramente tengan la posibilidad de acceder a opciones de
inversión mucho más rentables que un simple plazo fijo bancario (acciones, fondos comunes de
inversión, títulos de deuda licitados por entidades públicas, etcétera).

9
La carga de depositar el capital, intereses y parte de las costas puede,
llegado el caso, frustrar la primera de las ganancias a la que hicimos referencia:
el costo de oportunidad representado por la indisponibilidad temporal de un
capital que le pudo haber reportado al deudor una renta durante el tiempo que
dure el trámite del recurso. Sin embargo, ello no es suficiente para que no le siga
siendo redituable demorar el pleito por vía recursiva, o por cualquier otro medio.
El paso del tiempo conlleva a que deba nominalmente cada vez más unidades
monetarias (capital fijo no repotenciable más intereses), pero la deuda tiene
progresivamente un valor real cada vez menor.
En otras palabras, el litigante que se sabe perdidoso siempre encontrará un
incentivo para apelar a sabiendas de su sinrazón, aun cuando para ello tenga que
“ganar menos” depositando el monto de condena, más intereses devengados y
parte de las costas (como le exige el art. 29 de la Ley 13.133). Incluso cuando ello
le suponga un costo de oportunidad que debe absorber (representado por las
ganancias que no pudo obtener con ese capital durante el trámite del recurso), la
coyuntura general en la que se inserta el pleito (inflación, prohibición general de
repotenciar deudas, etc.) sumado a los incentivos que la propia judicatura genera
(fijación de tasas pasivas moratorias) siempre lo motivarán a dilatar el trámite del
proceso y el pago final de una deuda que cada vez vale menos.
El esquema de decisión del demandado, muy rudimentariamente
simplificado, reporta dos posibles caminos de acción: si apela, asume el costo de
oportunidad de lucrar con el capital que tiene la carga de depositar, pero obtiene
una ganancia indirecta derivada del tiempo que insume el recurso y el impacto
que tiene en el valor de la deuda (además, no debemos dejar de considerar que si
apela tal vez obtenga una chance de obtener un resultado favorable, sea que se
reduzca o se revoque la condena). Si no apela, no solo pierde los beneficios
económicos derivados de demorar el pago, sino que también pierde la posibilidad
de obtener ganancias del capital que adeuda, dado que la firmeza de la condena
le significará su ejecución forzada inmediata (en este último caso, además,
también pierde la posibilidad de lograr un mejor resultado en la Alzada).
En este marco de decisión, no parece irrazonable pensar que el litigante
demandado igualmente optará por apelar, sea que se le exija o no depositar por

10
adelantado el monto de condena y sus accesorios. Y ello ocurre porque el
depósito del art. 29 de la Ley 13.133 no elimina por completo los incentivos que
el litigante tiene para apelar sin razón; solo reduce —aunque sin hacer
desaparecer— las ganancias que reporta ese camino de acción (sin que ello
suponga, en principio, un beneficio directo al consumidor).
De todas formas, cabe destacar que el hecho de que el depósito del art. 29
de la Ley 13.133 no desvirtúe totalmente los incentivos que los demandados
suelen tener para demorar el trámite del proceso no significa que no puedan
aparecer otros caminos u herramientas —muchos de ellos, de creación o
aplicación pretoriana— orientados a ese mismo propósito (o que indirectamente
generan ese mismo resultado, aun sin proponérselo), tales como la aplicación del
instituto del daño punitivo cuando se advierten estrategias procesales
ostensiblemente dilatorias en el proveedor demandado 12 , la utilización de la
noción de deuda de valor al conceptualizar los distintos componentes del reclamo
contenido en la demanda13, la regulación de honorarios en unidades arancelarias
de actualización periódica 14 , la cuantificación de rubros indemnizatorios en
fechas cercanas a la sentencia o difiriendo su determinación a la etapa de
liquidación15, entre otros.
Por otra parte, debemos agregar que el escaso impacto que el depósito
previo tiene en términos de frustrar voluntades dilatorias obedece a una razón
complementaria: la suma que debe entregar no está sometida al riesgo de su
pérdida definitiva, sino que funciona como un simple adelanto de la totalidad o

12
Sala Segunda de la Cámara Civil y Comercial de Mar del Plata, autos "Curry, Paula V. c/
Transportes Automotores Plusmar S.A. y ot. s/ Daños y Perjuicios", c. 162615 del 27/04/2017
13
Es cada vez más frecuente que los tribunales afirmen que los reclamos resarcitorios –y los
reclamos sobre contratos incumplidos- versan sobre deudas de valor, por lo que su estimación en
juicio en fechas cercanas a la sentencia o incluso en etapa de liquidación no conlleva actualizar o
repotenciar obligaciones dinerarias sino determinar el contenido monetario de utilidades o valores
controvertidos.
14
El artículo 15 de la nueva Ley de Honorarios Profesionales (Ley 14.967) prevé que en las
regulaciones de honorarios el monto debe expresarse en unidades arancelarias (JUS) cuyo valor
definitivo se determina en el momento de hacerse efectivo el pago.
15
La Suprema Corte bonaerense ha resuelto que “los jueces se hallan facultados para fijar el
quantum indemnizatorio tanto a la fecha del hecho como al momento de dictar sentencia y aún
diferirlo a las resultas del procedimiento que considere pertinente -art. 165, C.P.C.C.-, todo a fin
de lograr una mejor reparación del daño causado” (SCBA, en causas 44.415, 101.107, 117.926 en
igual sentido este Tribunal Sala II causas nº 131.976, 131.833, 130.138, 159.764, entre otros).

11
una parte de la condena. Es un capital que el proveedor apelante no “pierde” en
el sentido de que cualquiera sea el resultado que obtenga en Cámara ese dinero
operará a su favor para: (a) ser afectado al pago del crédito una vez que la
sentencia -que le ha sido desfavorable- adquiere firmeza; o bien (b) serle
reintegrado si triunfa en la Alzada y logra la revocación total o parcial de la
decisión de primera instancia que lo condena.
Distinto hubiera sido el caso si en lugar de un depósito-adelanto (como prevé
la norma en estudio) el legislador hubiera contemplado un sistema de depósito-
penalidad, como el regulado en el artículo 280 del CPCCBA para el recurso de
inaplicabilidad de ley16, o el contemplado en el art. 286 del CPCCN para la queja
por extraordinario federal denegado 17 . En estos casos —y a diferencia de la
imposición regulada en el art. 29 de la Ley 13.133— el resultado adverso que
pudiera tener el recurrente no supone un beneficio económico inmediato para el
actor ni ese dinero puede ser luego aprovechado para el pago de la condena, sino
que es un capital definitivamente perdido y que quedará en el patrimonio de la
Corte (arts. 294 y 295 del CPC; 286 y 287 del CPCCN). La exigencia económica
se traduciría allí en costo que el eventual recurrente debe ponderar a la hora de
decidir qué hacer (sobre todo si ese costo es más alto que la ventaja económica
que le reportaría la dilación del trámite). Si la exigencia económica quedase atada
a la suerte del recurso (donde la desestimación de la apelación conlleva la pérdida

16
La Suprema Corte ha dicho en reiteradas ocasiones que el depósito previo regulado en el art.
280 del CPC es una restricción procesal con carácter de penalidad que debe soportar quien se alza
sin derecho contra las decisiones de la instancia ordinaria, y que tiene la finalidad de restringir
dicho recurso a los casos en que sea realmente necesario (SCBA, Ac. 62.336, in re "Caballero,
Antonio c/Yasan S.A. Daños y perjuicios", del 23 de abril de 1996, entre muchos otros).
17
Explican COLOMBO y KIPER que la Ley 17.116 del año 1967 estableció por primera vez la
exigencia de efectuar un depósito como requisito de admisibilidad de la queja por denegación del
recurso extraordinario. Los arts. 286 y 287 (ley 17.454) reprodujeron, en lo sustancial, los artículos
8 y 9 de la Ley 17.116. En el mensaje correspondiente a esta ley se formuló una extensa
fundamentación en apoyo de la exigencia del depósito. Se mencionó la estadística hecha en la
época que demostraba que un porcentaje ínfimo de recursos de queja era admitido por la Corte.
Tales consideraciones ilustran acabadamente sobre la finalidad disuasiva del depósito previo y
ponen de manifiesto también la tensión existente entre las necesidades funcionales del tribunal
(que llevan a restringir el flujo de causas sometidas a su conocimiento) y las expectativas de los
litigantes de obtener un acceso irrestricto a la instancia extraordinaria (Colombo, C. - Kiper, C. -
Código Procesal Civil y Comercial de la Nación comentado". Buenos Aires: La Ley, 2006, t.3,
pág. 219).

12
del depósito), la apelación infundada no solo puede dejar de ser lucrativa sino
que además puede ser un camino que empeore la situación del litigante (escenario
que, debemos asumir, intentará evitar). De todas formas, cierto es que una
regulación de esta naturaleza ha sido aplicada en sistemas recursivos de carácter
extraordinario. Limitar o dificultar el acceso a una instancia recursiva ordinaria
es una opción de dudosa constitucionalidad (art. 8.2.h de la C.A.D.H., 75.22 de
la C.N. y 15 de la CPBA).

3. Imposibilidad de cumplir la carga procesal. Excepciones y problemas


constitucionales.

El artículo 29 de la Ley 13.133 no prevé excepciones al régimen de


admisibilidad del recurso de apelación que interpone el demandado condenado.
En el apartado anterior afirmamos que si el proveedor es solvente, la exigencia
económica no repercutía en mayor medida en sus incentivos para apelar a
sabiendas de su sinrazón o con la sola intención de demorar el pago de lo debido.
Ahora, ¿qué ocurre con aquellos litigantes demandados que son insolventes,
entendiéndose por tales a quienes no pueden –por una dificultad económica
transitoria o permanente– afrontar el pago del depósito?18.
En estos casos, la exigencia tampoco funciona como un contra incentivo
para demorar el proceso sino que directamente se presenta como un obstáculo
económico para acceder a la revisión plena de la sentencia en una instancia
recursiva ordinaria. Dicho de otra forma, el depósito previo no actúa como un
estímulo o una motivación indirecta para que el litigante adopte -o prefiera no
adoptar- un camino de acción determinado (e.g., apelar para ganar tiempo), sino
como un impedimento directo de carácter insuperable. El demandado se

18
No realizaremos aquí precisiones teóricas en torno a la noción económica y jurídica de
insolvencia, muy estudiada –sobre todo– en el ámbito del derecho concursal. Aquí nos referimos
simplemente a la imposibilidad que tiene la parte de afrontar con recursos propios el depósito que
la norma exige, o la dificultad grave de procurárselos por otros medios (v.gr., la venta de bienes
de capital, la desatención de otras obligaciones de exigibilidad actual o inminente, etcétera).
Tampoco incluimos en esta categoría aquellos que intencionalmente provocaron su insolvencia a
través de maniobras ilícitas ante la inminencia de un resultado procesal que estiman les será
adverso (v.gr. maniobras fraudulentas, transmisiones patrimoniales simuladas, etcétera).

13
abstendrá de apelar no porque no quiera o no le convenga, sino porque no puede
afrontar el costo de hacerlo.
Es importante no confundir el supuesto en el que la insolvencia o falta de
liquidez del deudor frustra el cobro del crédito emergente de una sentencia ya
firme (sea que ello derive en una instancia liquidativa de sus bienes, o -en ausencia
de tales- en la imposibilidad definitiva para cobrar la deuda), con el caso en el que
aquella dificultad patrimonial también impide la revisión de la justicia de una
decisión jurisdiccional que aún no ha pasado en autoridad de cosa juzgada.
En el primer escenario, la insolvencia del deudor motiva a que el acreedor
realice actividades complementarias en búsqueda de una liquidez forzada
(subasta de bienes) o directamente absorba el costo de la insatisfacción de su
crédito, riesgo ínsito a toda relación obligacional. En el segundo, el demandado
no solo no puede cumplir el pago de lo que se le reclama, sino que además —y
aquí aparece el problema constitucional— esa imposibilidad patrimonial le
impide acceder a una revisión de la justicia o acierto de la sentencia que le ha sido
adversa (esto es, el acceso a la segunda instancia tiene -a su respecto- un costo
prohibitivo). En estos casos, la exigencia económica prevista en la norma en
estudio puede terminar por afectar severamente su derecho constitucional al
recurso, contexto en el cual la no adopción de soluciones excepcionales (que
eximan de cumplir el depósito a quien no puede hacerlo) puede derivar en
fundados planteos de inconstitucionalidad (art. 18 y 75.22 de la CN y 8.2.h de la
C.A.D.H.)19.
Partiendo de esa base, y aun sin previsión legal específica, debemos
considerar que se encuentran eximidos de realizar el depósito previo regulado en
el art. 29 de la Ley 13.133 aquellos demandados que se encontrasen quebrados

19
Explica MONTERISI que la garantía del artículo 8.2.h de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos que consagra el derecho al recurso resulta de aplicación no solo en el proceso
penal sino también en el civil, conforme la doctrina sentada por el tribunal regional. Y los jueces,
en la resolución de los casos que le fueren sometidos, deben —como primeros operadores del
sistema de tutela regional— ejercer el control de convencionalidad, lo que los obliga a tener en
consideración no sólo la letra de dicha carta internacional sino también la interpretación que de
ella ha realizado la Corte IDH (MONTERISI, RICARDO D. "El derecho al recurso como garantía
constitucional en el proceso civil", La Ley 15/03/2011, 1).

14
(art. 1, 32, 106, 125 y cctes. de la Ley 24.522), o que hubiesen obtenido el
beneficio de litigar sin gastos (art. 84 del CPCCBA).
También, entendemos razonable aplicar extensivamente aquella doctrina
de la Casación Provincial conforme la cual —siguiendo los lineamientos
demarcados por la Corte Suprema de la Nación en el caso “Troche Báez”20, y
refiriéndose al art. 56 de la LPLBA— no cabe exigir el depósito previo del capital,
intereses y parte de las costas cuando el monto resultante tiene una magnitud
desproporcionada con relación a la capacidad económica del impugnante y ha
sido demostrada la falta inculpable de los medios para afrontar esas erogaciones21.
Las razones que pudieron justificar adoptar esta tesitura frente a una
exigencia económica que limita el acceso a una revisión extraordinaria de una
sentencia dictada por un tribunal colegiado se aplican a fortiori tratándose de una
instancia de apelación ordinaria en la que se evalúa la justicia o el acierto de una
decisión adoptada en un tribunal unipersonal.

4. Aplicación de la norma a procesos colectivos e individuales.

Expusimos al comienzo de este trabajo que la lectura del Capítulo VII de


la ley 13.133 motiva algunas inquietudes en torno al marco de aplicación del
artículo 29. Más específicamente, sobre el tipo de procesos en los que esta regla
procesal debe regir: si en aquellos motivados por una acción colectiva -donde se
invocan derechos que tienen por objeto a bienes colectivos o que versan sobre
intereses individuales homogéneos- o también a los que se gestan como
consecuencia de una acción individual o litisconsorcial.

20
CSJN, in re "Troche Báez, Prostacio c/ Salvador Olivadese e Hijos S.R.L.", del 26/08/1997,
Fallos 320:1847. Si bien la decisión adoptada reconoce otros antecedentes de la Corte, resulta de
particular interés dado que se trataba del depósito contemplado en el art. 57 de la antigua ley
laboral bonaerense (Ley 7718), análogo al actual art. 56 de la Ley 11.653.
21
SCBA, en causas 118.282, "Franco", del 17/12/2014, 117.370, "Abalone", del 16/10/2013,
117.073, "Abuin", del 5/04/2013, entre muchas otras. En tales casos, la Suprema Corte ha
permitido que el demandado recurrente demuestre “cabalmente y sin ninguna hesitación” la
imposibilidad de cumplir con la exigencia económica (LP. 120102, "Ortiz..." del 28/12/2016, LP
120367, "Barrera Aguirre...", del 07/12/2016, 114505, "Donnet...", del 29/06/2011, 89643, "Pulido
Rodríguez...", del 02/04/2003, entre otros).

15
Tal vez la confusión sea motivada por la ubicación de la norma en la
estructura orgánica de la ley: el artículo 29 está incluido en el capítulo IV del
título VII, titulado “efectos de la sentencia”, en el cual el artículo precedente —el
28— versa sobre el sistema de cosa juzgada y de publicidad de la sentencia
dictada en un proceso iniciado –o decidido– en clave colectiva. Al leer la frase
“cuando la sentencia acogiere la pretensión…” contenido en el artículo 29, no es
irrisorio preguntarse si acaso no se está refiriendo a la sentencia sobre la que versa
la norma inmediata anterior (esto es, la dictada en el proceso colectivo), única
que completa el referido capítulo IV. Pareciera abonar esta interpretación el
hecho de que las fuentes a las que refiere los fundamentos de la ley o bien refieren
al efecto devolutivo del recurso, en general (art. 496 inc.4° del CPC), o bien hacen
referencia a normas vinculadas mediata o inmediatamente con los procesos en
los que se dirimen derechos de incidencia colectiva (art. 54 vetado de la Ley
24.240 y Anteproyecto de Ley Nacional de Defensa Jurisdiccional de los
Intereses Colectivos).
De todas formas, varias razones puede esgrimirse para refutar esta lectura
que restringe el marco de aplicación de la norma a los procesos colectivos. En
primer lugar, debemos decir que más allá de la criticable ubicación orgánica del
artículo (y la disparidad temática que tiene con la norma que le precede), lo cierto
es que no habría motivo para hacer tal distinción cuando la función que pudiere
asignársele a esta regla procesal (aceptemos de momento que permite frustrar
conductas dilatorias y asegurar la rápida percepción del crédito una vez que la
resolución adquiere firmeza) ha de tener el mismo impacto favorable en uno u
otro tipo de pleito. No parece justificado pensar que el propósito del artículo en
comentario (cualquiera este sea) se verificaría únicamente en los procesos
colectivos y no en los iniciados por acciones individuales o litisconsorciales.
Por otra parte, el artículo 29 no distingue el tipo de procesos en los que se
dicta la sentencia condenatoria y no sería -en principio- tarea del intérprete
realizar distinciones que la ley no hace (recordemos el adagio “ubi lex non
distinguit, nec nos distinguere debemus”).
Este tema fue analizado por la Cámara de Apelación Civil y Comercial
de San Nicolás, en los autos “González, María L. c/ Telecom Personal S.A.

16
s/Daños y Perjuicios” (causa N°11411-2014, resoluciones del 8 de abril y 22 de
mayo de 2014). En una primera providencia, luego de que la accionada presente
el escrito de expresión de agravios, el Tribunal advirtió que no se había dado
cumplimiento al art. 29 de la Ley 13.133, motivo por el cual suspendió el trámite
y remitió las actuaciones a primera instancia para que tal recaudo sea satisfecho.
Cuestionada por la demandada esta decisión, la Cámara desestimó su crítica
argumentando que «si bien es cierto que dentro de los antecedentes que la ley nº 13.133
mencionó para la redacción de su art. 29 se encuentra el art. 23 del Anteproyecto de ley
Nacional de Defensa Jurisdiccional de los Intereses Colectivos de Morello- Stiglitz y el art.
54 (vetado) de la Ley Nacional de Defensa del Consumidor (nº 24.240), también reconoce
como primera cita al art. 496, inc. 4 del Código Procesal Civil y Comercial de la Provincia
de Buenos Aires, que regula pretensiones individuales, por lo que el argumento del
impugnante fundado en las fuentes del precepto no es suficiente para acreditar el error
endilgado. También, cabe agregar que los antecedentes del art. 29 difieren de los del art. 28,
que establece los efectos de las sentencias de intereses colectivos.»
Este mismo criterio ha sido sostenido por la Sala Tercera de la Cámara de
Mar del Plata en el caso "Barceloni, Daniel E. c/ Chevrolet S.A. de Ahorro... y ot. s/
Resolución de Contrato" (c. 155.886, del 14/05/2015), donde se afirmó que el
artículo 29 se aplica a todos los procesos donde resulte de aplicación la normativa
consumeril22. Igual tesitura fue volcada en el voto minoritario de la resolución
que dictara la Sala Tercera de la Cámara de Mar del Plata -con otra composición-
en autos “Cardelino Eva Silvia y otro/A C/ Bingo Chivilcoy - Atlántica De Juegos S.A.
S/ Daños Y Perjuicios s/ Queja” (c. 163452, del 11/07/2017), en la que el Dr.
Rosales Cuello afirmó que frente a una acción judicial originada en una relación

22
Disentimos con algunas de las premisas en las que ella se sostiene la conclusión a la que arriba
el Tribunal. Se afirma en la resolución que es equivocado afirmar que el art. 29 de la Ley 13.133
es aplicable a las acciones individuales dado que el Capítulo IV de la normativa regula los efectos
de la sentencia y contiene también al art. 28, de cuyo texto no se desprende que resulten aplicables
únicamente cuando se trate de procesos colectivos. En nuestra opinión, el tenor de la norma
contenida en el artículo 28 de la Ley 13.133 no deja dudas: refiere específicamente al sistema de
cosa juzgada y publicidad de las sentencias dictadas en procesos colectivos. Lo contrario
significaría darle a la sentencia individual efectos que le son extraños (desbordando ampliamente
los límites objetivos y subjetivos de la cosa juzgada sin mediar procedimientos adecuados de
publicidad, certificación de clase, etcétera).

17
jurídica que ha sido encuadrada por el juez de grado como alcanzada por la Ley
de Defensa del Consumidor, independientemente de que tenga naturaleza
individual o colectiva, la tramitación del recurso de apelación debe ajustarse a lo
dispuesto en el art. 29 de la ley 13.133.
Toda la jurisprudencia a la que haremos referencia en lo sucesivo versa
sobre pleitos individuales, lo que deja entrever que la interpretación restringida
—aquella que limita la aplicación de la norma a procesos colectivos— no ha
tenido recepción.

5. Pluralidad de apelantes: ¿un único depósito?

El artículo 29 de la Ley 13.133 —al igual que otras normas que imponen
cargas económicas para recurrir— nada dice sobre el modo en que debe aplicarse
en pleitos que poseen pluralidad de demandados, sea en razón de un
litisconsorcio pasivo facultativo o necesario. Siendo tal el caso, y existiendo
múltiples accionados apelantes, ¿debe el juez exigir a cada uno de ellos la
totalidad de los conceptos -capital, intereses y parte de las costas-?
La norma –reiteramos– nada dice, aunque podemos imaginar cuanto
menos tres soluciones posibles: (i) exigir un solo depósito, cualquiera sea la parte
que lo efectúe; (ii) exigir al demandado apelante una parte proporcional del total
de condena, intereses y costas (por caso, prorrateando ese total por la cantidad de
demandados que apelen) y (iii) exigir el depósito total a cada apelante co-
condenado, cualquiera sea el número de demandados que recurran.
Cada sistema tiene sus ventajas y sus inconvenientes. El sistema del
depósito proporcional permite asegurar una única suma de dinero que quedará a
disposición del actor si la sentencia favorable se confirma total o parcialmente
(sin generar un saldo que exorbiten a la condena y que no le reportará -ni a él ni
a su letrado- ningún beneficio inmediato en términos de liquidez actual o futura23)
aunque pone en riesgo la concreción de la finalidad de la norma y la evitación de

23
Reconocemos que el argumento es opinable. Puede ser el caso en que el consumidor o usuario
también apele la sentencia procurando obtener en la Alzada un resultado mejor que el que logró
en primera instancia (y que fue utilizado para definir el monto a depositar). Allí, un desembolso
de los demandados que, en su conjunto, supere la suma reconocida en primera instancia puede
ser de utilidad si la Cámara -haciendo lugar al embate del accionante- incrementa la condena.

18
conductas dilatorias por vía recursiva (aceptando, por hipótesis, que ello se logra
mediante la exigencia económica). Además, el juez solo podría cuantificar con
precisión el monto a depositar una vez que sepa quiénes han apelado, por lo que
la intimación solo podría realizarse una vez finalizado el plazo para recurrir. Si
el prorrateo fuese decidido por los litisconsortes, el juez solo estaría en
condiciones de juzgar su suficiencia si ambos integran su parte del depósito en
simultáneo o una vez que finaliza el plazo para apelar que tenía la parte que se
notificó en último término.
El sistema de depósito único —al igual que el proporcional— resguarda el
interés del actor de tener un monto igual al de la condena y que le permita ejecutar
más fácilmente la sentencia, aunque puede resultar complejo —y eventualmente
injusto— determinar cuál de los demandados debe efectuar la erogación. Las
posibilidades son muchísimas: puede depender del resultado del caso (por
ejemplo, que debiera depositar el codemandado condenado que, según la
sentencia, debe asumir una mayor porción de la condena), o de un criterio
temporal en términos de quién apela primero (lo que generaría incentivos para
un comportamiento estratégico innecesario, donde cada parte accionada
intentará ser el último en apelar para no ser obligado a efectuar la erogación que
beneficie a los restantes), o incluso del azar (por sorteo). Ninguna de estas
opciones luce razonable.
¿Cuál es entonces la modalidad adecuada? En rigor, ello depende de cuál
sea el propósito que creemos que persigue —o debiera perseguir— esta exigencia
económica: será muy distinta la solución si pensamos que el artículo 29 de la Ley
13.133 debe procurar única o primordialmente la ejecución sencilla y rápida de
la sentencia, o bien si creemos que la aplicación de la norma debe buscar evitar
apelaciones con finalidad dilatoria (o alguna combinación de ambos propósitos).
En otras palabras, no hay una modalidad correcta per se, sino que la corrección
de la solución dependerá de que ella guarde coherencia con los fines que se le
asigne al depósito.
Si consideramos que una exigencia económica como la que prevé la
norma en estudio desincentiva a los demandados a interponer recursos de
apelación infundados o con finalidad dilatoria, la mejor opción —a los efectos de

19
proteger al actor— es exigir a cada apelante que deposite el total: capital, intereses
y la parte proporcional de las costas, sin importar la actitud adoptada por los
restantes codemandados o que el monto total termine siendo superior al del
crédito que le fue reconocido al actor. Los incentivos que ese desembolso
dinerario pudiere llegar a tener en las decisiones de los demandados (si aceptamos
que los tienen) deben pensarse en términos individuales, sin adoptar modalidades
que promuevan comportamientos conjuntos o estratégicos (y que, eficazmente
distribuidas las cargas económicas entre ellos, pudieran llegar a mantener la
conveniencia de recurrir a sabiendas de su sinrazón).
En cambio, si creemos que el designio del depósito previo se orienta a
garantizar la rápida percepción del crédito por parte del consumidor, la opción
adecuada será la del depósito único o pluralidad de depósitos con base en un
prorrateo interno entre los recurrentes (en este último caso, siempre y cuando sus
agravios se funden en idénticos puntos litigiosos24). El depósito individual y total,
bajo esta óptica, será completamente ineficiente dado que genera un costo
innecesario para los demandados y que no redunda en ningún provecho para
aquel en cuya protección se ha instrumentado el instituto (el consumidor o
usuario actor).
El sistema del depósito único fue sostenido por la Sala Tercera de la
Cámara de Mar del Plata en el citado caso “Barceloni”, donde afirmó que «si los
demandados conforman un litisconsorcio facultativo y uno solo de ellos apela la sentencia,
aunque la deuda tenga carácter solidario, deberá afrontar el depósito total de lo exigido en
el art. 29 de la ley 13.133, sin perjuicio de las pretensiones regresivas a las que se considere
con derecho y deduzca en reclamos autónomos. Por el contrario, si ambos litisconsortes
apelan, bastará que uno de ellos integre el total para que quede exento el segundo, sin
perjuicio de las acciones regresivas referidas anteriormente.». Los magistrados
argumentaron en el fallo que la finalidad de la norma es evitar que la demandada

24
SCBA, Ac. 90027, "Ramos...", del 28/09/2005, Ac. 87588, "Domínguez...", del 19/05/2004,
entre muchísimos otros. La exigencia de identidad entre los aspectos controvertidos por las partes
se sustenta en una razón sencilla: el resultado final del pleito no debe motivar a que una porción
del (único) depósito tenga que serle reintegrado al recurrente vencedor, afectando la protección
del presunto acreedor.

20
utilice al recurso de apelación como medio de dilación del proceso perjudicando
al consumidor.
La decisión del Tribunal no es coherente con la finalidad que el fallo le
adjudica a la norma objeto de interpretación. Por caso, en un juicio en donde hay
cinco demandados con voluntad recursiva, el hecho de que solo uno de ellos
realice el depósito bastaría para que los demás queden eximidos de hacerlo. El
propósito de la ley queda diluido en un escenario en donde —por una razón
meramente accidental, y eventualmente temporal o cronológica— cuatro de los
cinco demandados pueden interponer recursos con finalidad dilatoria sin tener
realizar desembolso alguno. La incorrección de la solución de la cámara
marplatense está dada por la incompatibilidad entre el fin que se le asigna a la
norma y las consecuencias prácticas que se siguen de su aplicación.
La Suprema Corte ha utilizado el sistema de depósito único al evaluar el
cumplimiento del art. 56 de la LPLBA que establece idéntica carga procesal para
interponer el recurso extraordinario en el proceso laboral. La diferencia es que la
Casación considera que esta exigencia económica aplicable en el fuero del trabajo
—reiteramos: análoga a la contemplada en el art. 29 de la Ley 13.133— está
orientada a garantizar el rápido cobro del crédito del actor. Con esa base
interpretativa, ha dicho en reiteradas oportunidades que, si en un pleito hay
varios legitimados pasivos, se acepta un único depósito como suficiente —incluso
prorrateado entre las partes25— en tanto los recursos de los litigantes se funden
en similares puntos litigiosos, dado que cualquiera sea el resultado sobre el mérito
queda a salvo la finalidad de la exigencia legal26. El criterio luce adecuado dado
que se advierte una estricta correlación entre la interpretación de la norma
procesal y los resultados que ella genera (proteger al débil jurídico asegurándole
la rápida percepción de su crédito).

6. Cuánto y cuándo depositar. Intimación, estimación y plazos.

25
SCBA, L.61.643, “Silveira…”, del 02/12/1997.
26
SCBA, Ac. 90027, "Ramos...", del 28/09/2005, Ac. 87588, "Domínguez...", del 19/05/2004, Ac.
76880, "Sandoval..." del 05/04/2000, Ac. 43477, "Aguirre..." del 26/09/1989, Ac. 37931,
"Calzolari..." del 26/05/1987

21
El artículo 29 de la Ley 13.133 establece que la apelación “será concedida
previo depósito del capital, intereses y costas, con la sola excepción de los honorarios de los
profesionales que representan o patrocinan a la parte recurrente, al solo efecto devolutivo”.
El legislador no ha brindado mayores elementos para definir en qué momento u
oportunidad debe realizarse el depósito, cómo debe determinarse la suma que
debe entregar el demandado apelante y qué ocurre si esta exigencia no es
debidamente cumplida (sea que ello se advierta en primera o segunda instancia).
En lo que respecta al primer punto (cuándo depositar), la ley solo
condiciona la concesión del recurso —y no su interposición— a la realización del
depósito. Esto significa que si el demandado apela sin acompañar la boleta
correspondiente, el juez no se encuentra habilitado para declarar sin más la
inadmisibilidad el recurso. Esta solución, además de no tener fundamento en el
texto de la ley, resultaría excesivamente rigurosa en términos de impedir a la parte
acceder a la instancia revisora.
Por el contrario, es perfectamente posible para el demandado apelar sin
depositar y será el juez quien, en tal caso, deberá efectuar una intimación a la
parte para que satisfaga la carga económica. Esta modalidad —que resguarda
adecuadamente el derecho de defensa de la demandada y evita ritualismos
innecesarios— es análoga a la que contempla el art. 280 del CPCCBA con el
recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley, donde la omisión del recurrente
de acompañar la boleta junto al escrito de interposición obliga a la Cámara a
exigirle su integración determinando el importe exacto. En cuanto al plazo, será
de aplicación la regla contenida en el art. 496 inc. 2° del CPCCBA si el pleito
tramitó bajo las reglas del proceso sumarísimo (o sea, dos días), y parece
razonable conceder cinco días si se trata de procesos sumarios u ordinarios (arts.
244 y 280 -por analogía- del CPC). Esta providencia, a la luz de lo dispuesto por
el art. 135.5 y 143 del CPC y 1 del Acuerdo 3845/17 de la SCBA, debe notificarse
por medios electrónicos.
La determinación de la suma a depositar no puede ser exacta: mientras
que el capital se identifica con el monto de condena y los intereses son fácilmente
calculables, el valor del proporcional de las costas es todavía incierto dado que
depende, entre otras cosas, de regulaciones de honorarios que todavía no se han

22
efectuado (art. 51 de la Ley 14.967). En nuestra opinión la estimación del monto
debe ser efectuada por el juzgado, tal como ocurre con la carga económica
prevista en el art. 280 del CPC para el recurso de inaplicabilidad de ley, o con la
intimación de pago y embargo del art. 529 de los juicios ejecutivos (donde el
magistrado intima a abonar el capital más otro tanto que se presupuesta en
concepto de intereses y costas). La decisión debe ser irrecurrible para evitar
incidencias innecesarias.
Si el juzgado de primera instancia concede el recurso de apelación sin
exigir la integración del depósito, la Cámara —que siempre conserva la facultad
de juzgar la admisibilidad de los recursos con independencia de lo resuelto por el
a quo27— podrá advertir la omisión y reclamar su cumplimiento. A tal fin, algunos
Tribunales optan por remitir el expediente a primera instancia en tanto que otras
directamente intiman a la parte para que haga el depósito en la Alzada. Esta
última, por ser la más rápida, es la opción más conveniente28.
Algunos fallos de fecha reciente -o dictados no hace muchos años- han
abordado los diversos aspectos que aquí comentamos.
En la causa "Mastai, Ricardo J. c/ BBVA Banco Francés S.A. s/ Daños y
perjuicios" (c. 163222, del 17/08/2017) la Sala Primera de la Cámara de Mar del
Plata señaló que el artículo 29 del Código de Implementación no establece plazo
alguno para el cumplimiento del mencionado recaudo económico, ni consigna
literalmente la denegación del remedio ante su inobservancia, sino que lo
condiciona al previo depósito de capital, intereses y costas –con exclusión de los
honorarios de la parte apelante-, para lo cual es menester efectuar una liquidación
que estime de manera provisoria los conceptos referidos. Agregó el Tribunal que
la no realización del depósito no conlleva la deserción (y ello es así por razones
constitucionales y de resguardo del derecho de defensa) y que si tal omisión es

27
Azpelicueta y Tessone señalan que la Alzada —juez del recurso de apelación— es la que goza
de la potestad para efectuar el control final de admisibilidad; verificación que podrá efectuar de
oficio incluso hasta el momento que comienza a conocer del recurso, pues no se encuentra atada
por las providencias de mero trámite que hubiese dictado con anterioridad y que hacen al
procedimiento de segunda instancia (AZPELICUETA, JUAN JOSÉ - TESSONE, ALBERTO, "La Alzada,
poderes y deberes". La Plata: Librería Editora Platense SRL, 1993, pág. 19)
28
Esta conveniencia puede ser objetable por el actor, quien podrá exigir que se materialice el
expedientillo regulado en el art. 250.1 del CPC y que se remita a primera instancia para solicitar
la ejecución provisoria de la sentencia.

23
advertida por la Cámara debe intimarse al apelante para que la cumpla
asignándole un plazo bajo apercibimiento de no conceder la apelación o
declararla desierta si ya hubiese sido concedida. Sobre esa base, la Cámara -que
advirtió la falta de integración denunciada por la actora- intimó a la demandada
para que efectúe el depósito dentro de los cinco días bajo apercibimiento de
deserción. La determinación de la suma a integrar fue realizada por la misma
Alzada en la providencia de intimación con base en un presupuesto “prima facie”
de capital, intereses y parte de las costas29.
La Cámara Civil y Comercial de Necochea, en causa “Mayer, Rosa M. c/
Caja de Seguros S.A. s/ Cumplimiento de Contrato” (23/02/2017, Publicado en La
Ley AR/JUR/13662/2017), señaló que frente a un recurso de apelación
interpuesto por la demandada el juez debe controlar los recaudos formales (plazo,
legitimación, tipo de resolución, etc.), conceder el recurso con efecto devolutivo
e intimar al recurrente a que presente el memorial y acompañe la boleta de
depósito con el capital de condena más intereses y costas que la propia parte debe
presupuestar. En cuanto al plazo, el Tribunal señaló que será “el que
corresponda”, citando a tal fin el art. 496.2 del CPC que refiere al plazo de dos
días en pleitos que tramitan bajo las reglas del proceso sumarísimo (art. 496 inc.
2° del CPC).
La Cámara de San Nicolás, a su turno, dijo una resolución dictada en la
causa “González, María L. c/ Telecom Personal S.A. s/ Daños y Perjuicios” (c. 11411-
2014 del 08/04/2014) que la determinación del monto a depositar la debe realizar
el secretario del juzgado de primera instancia, labor para lo deben regularse los
honorarios de la letrada de la parte actora. Por su parte, la Sala Primera de la
Cámara de Azul, aplicando por analogía las previsiones contenida en el art. 280
del CPCCBA, resolvió en los autos “Zampini, Guillermo M. y ot. c/ HSBC Bank
Argentina S.A. s/ Daños y perjuicios” (c. 1-59051-2014, del 17/06/2014) que ante la
omisión del demandado de integrar el dinero al recurrir corresponde otorgar un

29
En similar sentido, véase opinión minoritaria del Dr. Rosales Cuello en "Cardelino, Eva S. y ot.
c/ Bingo Chivilcoy s/ Daños y Perjuicios s/ Recurso de Queja", de la Sala Tercera de la Cámara de Mar
del Plata (c. Q-163452, del 11/07/2017).

24
plazo de cinco días para dar cumplimiento a la exigencia y que el monto debe ser
determinado en la instancia de origen.
En similar sentido se expidió la Sala Primera de la Cámara Civil y
Comercial de Quilmes en los autos “Ruiz Alonso, María B. c/ Constructora Roca
SRL s/ Cobro de Pesos” (c. 15876, del 16/10/2014), que al advertir que la
demandada apelante no integró el depósito regulado en el art. 29 de la Ley 13.133
dispuso que las actuaciones sean remitidas a la instancia de origen para que se
adopten las medidas necesarias para adecuar la concesión del recurso a lo
normado en dicha norma procesal.

7. Consecuencias de omitir el depósito.

¿Cuál es la consecuencia que se sigue de incumplir la exigencia económica


del artículo 29 de la Ley 13.133? El ejercicio de cualquier facultad procesal de
naturaleza petitoria (demandar, recurrir, etcétera) está sujeto a recaudos de
admisibilidad que se vinculan con los aspectos técnico-formales y recaudos de
procedencia, que se relacionan con el fondo de la cuestión objeto de petición y su
eventual recepción favorable por parte del tribunal que debe evaluarla. La
imposición económica regulada en el art. 29 de la Ley 13.133 sin duda configura
un requisito de admisibilidad, y en nada se relaciona con la fundabilidad o el mérito
de la voluntad recursiva del apelante (esto es, si acaso tiene o no razón en los
errores que -según alega- tiene la sentencia). De ello se sigue que si aquella
exigencia económica no fuere cumplida por el demandado una vez que es
intimado para hacerlo, la consecuencia es la inadmisibilidad del recurso de
apelación.
También es posible hablar de deserción del recurso, aunque ello exige
efectuar una precisión terminológica. Hemos dicho en otra oportunidad30 que la
idea de "deserción" es metafórica: el legislador ha pretendido designar a aquella
vía recursiva que una vez interpuesta (y concedida) es luego abandonada, dejada

30
MARINO, TOMÁS. "El recurso de apelación desierto por falta de fundamentación adecuada: reflexiones
en torno a los artículos 260 y 261 del Código Procesal Civil y Comercial bonaerense”, La Ley, LLBA 2014
(junio), 463.

25
a su suerte por el impugnante. El sujeto procesal desatiende, deja en soledad a su
primigenia voluntad de impugnar la resolución que lo agravia (v.gr., por no
presentar las copias pertinentes cuando el recurso es concedido con efecto
devolutivo -art. 250 inc. 3° del CPC-, por no presentar el memorial en el plazo
correspondiente cuando el recurso es concedido en relación -art. 246 del CPC-,
por no efectuar una crítica concreta y precisa de las partes del fallo que se invocan
como equivocadas -art. 260 y 261 del CPC-, etcétera).
Por ello, el incumplimiento de la carga de efectuar el depósito del art. 29
del Código de Implementación podría derivar en una deserción solo cuando el
recurso interpuesto en tiempo fue erróneamente concedido por el juez pero en un
momento posterior -por caso, luego de remitido a la Alzada y de intimado para
acompañar la boleta- el apelante no satisface la carga económica que se le exige.
Técnicamente, no podría hablarse de “deserción” en primera instancia
puesto que allí la falta de integración del depósito, aun mediando intimación,
obsta la concesión del recurso.

8. Percepción del dinero y devengamiento de intereses moratorios.

El recurso de apelación contra la sentencia definitiva condenatoria se


concede con efecto devolutivo. Esto significa que el actor puede ejecutar la
sentencia apelada ínterin se sustancian los recursos y la Alzada se expide sobre
su mérito (arts. 29 de la Ley 13.133 y 250 del CPC).
Si como consecuencia del cumplimiento de las exigencias económicas
contempladas en el art. 29 de la Ley 13.133 hubiese dinero depositado en el
expediente (lo cual incluirá, necesariamente, el capital, intereses devengados y
parte de las costas), no existen óbices para que el consumidor reclamante pueda
solicitar su percepción31. En la medida en que goza del beneficio de gratuidad, no
podrá exigírsele ninguna forma de contra cautela o fianza como recaudo para
disponer el libramiento del giro (art. 25 de la Ley 13.133 y 200 inc. 2° del CPC).

31
Previo dar cumplimiento a lo dispuesto por el art. 21 inc. 2° de la Ley 6716. Ello siempre y
cuando el demandado no estuviese concursado, dado que en tal caso –y tratándose de un crédito
controvertido de naturaleza concursal–, la percepción unilateral del actor a espaldas de los
restantes acreedores conllevaría una afectación al principio de la par conditio creditorum.

26
De todas formas, el retiro del dinero es una opción que no está exenta de
riesgos: mediando recursos de la demandada, el triunfo del consumidor es
provisorio y esencialmente mudable por lo que si la Cámara revoca total o
parcialmente la sentencia (rechazando la demanda, o haciéndola prosperar por
un monto menor), se verá obligado devolver todo o parte de lo que hubiese
percibido32.
Por otra parte, cabe apuntar que el retiro del dinero debe necesariamente
influir en el devengamiento de los intereses moratorios que acceden a la condena.
Recordemos que la aplicación de tasas pasivas moratorias —como las que
ha fijado la Suprema Corte bonaerense por vía de doctrina legal— se sustenta en
una regla básica: el menoscabo patrimonial sufrido por el acreedor se [supone que
se] compensa pagándole la renta que hubiera obtenido si el capital, entregado en
tiempo oportuno, hubiese sido colocado a plazo fijo en un banco público 33 .
Partiendo de esa premisa, es posible razonar de la siguiente manera: si el actor
retiró el dinero del expediente corresponde que se suspenda el devengamiento de
los intereses moratorios que está obligado a abonar el deudor como accesorio de
la condena. Y ello es así puesto que al día siguiente de realizar la extracción el
reclamante se vio en condiciones de colocar el capital a plazo fijo procurándose
—o pudiendo procurarse— la misma renta que justifica el pago de los intereses
moratorios.
Si los intereses moratorios compensan una forma de lucro cesante (la renta
bancaria que el acreedor vio frustrada por el incumplimiento de su deudor), el
cobro provisorio del dinero depositado en el expediente permite detener esa
situación lesiva. No importa si el actor efectivamente utiliza ese dinero para

32
Este principio ha reconocido alguna excepción, sobre todo en materia de juicios por alimentos
donde la decisión de la Cámara que reduce la cuota fijada en primera instancia no habilita a
solicitar la repetición –o siquiera la compensación- de las diferencias existentes con las cuotas
percibidas en la ejecución provisoria (sobre el tema, BOSSERT, GUSTAVO A., “Régimen jurídico de
los alimentos”. Buenos Aires: Astrea, 1993, pág. 364, con cit. de CNCiv., Sala F, 01/10/1987,
R.32533).
33
SCBA, Ac. 43.858, "Zgonc, Daniel Roberto y ot. c/Asociación Atlético Villa Gesell s/Cobro de
australes", del 21/05/1991, Ac. 101.774 "Ponce, Manuel Lorenzo y otra c/Sangalli, Orlando Bautista y
otros s/Daños y perjuicios", del 21/10/2009, L.94.446, "Ginossi, Juan Carlos c/Asociación Mutual
U.T.A. s/Despido" del 21/10/2009, C. 119.176, "Ubertalli Carbonino, Silvia contra Municipalidad de
Esteban Echeverría s/ Demanda contencioso administrativa”, del 18/05/2016 y Ac. 119176, “Cabrera,
Pablo David contra Ferrari, Adrián Rubén. Daños y perjuicios”, del 15/06/2016.

27
producir una ganancia en una entidad financiera o le da otro destino, pero bastará
aquella posibilidad para que los acrecidos dejen de devengarse a su favor.
Si el consumidor apeló la sentencia y obtuvo en la Alzada un resultado
incluso mejor que el obtenido en primera instancia, los intereses moratorios
continuarán devengándose por el saldo o diferencia que el demandado
condenado está obligado a integrar una vez realizada la liquidación.
Si ningún retiro es requerido por el actor, pueden las partes –incluso el
demandado depositante– solicitarle al magistrado la afectación de los montos
depositados en la cuenta judicial a un plazo fijo a treinta días, de forma tal de
evitar (rectius: reducir tan solo un poco) la pérdida de su poder adquisitivo. Los
intereses que la entidad financiera oficial abone por ese plazo fijo quedarán
afectados al mismo destino que tiene el depósito contemplado en el art. 29 de la
Ley 13.133, sea pagar todo o parte del crédito (si la Cámara confirma la victoria
del actor), o serle devuelto al apelante (si este último triunfa en la segunda
instancia). En el caso de que la entidad financiera pague un interés que no es el
“más alto” (lo cual es posible, dado que estos últimos están reservados para
plazos fijos constituidos vía homebanking, modalidad a la que -en principio- no
puede acceder el órgano jurisdiccional) el demandado, de resultar
definitivamente vencido, deberá integrar la diferencia entre el interés que pagó el
banco y el “más alto” que hubiera podido obtener el actor en ese tipo de
operación.

9. Conclusiones.

Algunas de las ideas que hemos expuesto en este trabajo pueden


sintetizarse de la siguiente manera:
(1) El artículo 29 de la Ley 13.133 prevé un régimen legal específico para
el recurso de apelación interpuesto contra las sentencias definitivas dictadas en
procesos de consumo (sean de competencia civil y comercial o contencioso
administrativa). Mediando una sentencia condenatoria, el recurso -cualquiera sea
la parte que lo interponga- se concede con efecto no suspensivo; pero si el que
apela es el demandado, debe satisfacer una carga económica previa: depositar el

28
capital de condena, los intereses y las costas (a excepción de los honorarios de los
profesionales que la asisten).
(2) No son claros los propósitos que persigue la norma al exigir un
depósito previo como condición de admisibilidad del recurso de apelación que
interpone el proveedor accionado. Podemos pensar, por un lado, que se pretende
garantizar al consumidor la rápida percepción de su crédito, aunque si así fuera
hubiera bastado regular el efecto no suspensivo del recurso que permite la
ejecución inmediata y provisoria de la sentencia. Similar resultado obtiene el
actor si acude al embargo preventivo contemplado el art. 212.3 del CPC para
supuestos de sentencia favorable no firme. Por otro lado, cabe considerar -como
lo ha hecho algún precedente jurisprudencial- que lo que se busca es evitar que
los demandados (proveedores en el marco de la relación de consumo) apelen a
sabiendas de su sinrazón o al solo fin de dilatar el trámite del proceso. Empero,
el desembolso anticipado de la condena y sus intereses no logra esa finalidad: el
demandado tendrá un costo de oportunidad representado por las utilidades que
deja de percibir por no disponer del capital durante el tiempo que insuma el
recurso, pero igualmente estarán presentes los incentivos —en general— llevan a
los litigantes a demorar el proceso: tasas judiciales bajas para liquidar intereses
moratorios que no logran recomponer la depreciación de la moneda producto de
la inflación (lo que lleva a la licuación progresiva del crédito reclamado).
Otras herramientas lucen más eficaces para evitar la demora intencional
de los pleitos, tales como la aplicación de sanciones (e.g., vía daño punitivo), la
utilización de la noción de deuda de valor al conceptualizar los componentes de un
reclamo judicial, la regulación de honorarios en unidades arancelarias
actualizadas, la cuantificación de rubros indemnizatorios en fechas cercanas a la
sentencia o difiriendo su determinación a la etapa de liquidación, entre otros.
(3) El depósito regulado en el art. 29 de la Ley 13.133 no ha sido previsto
como una sanción monetaria que se pierde ante un resultado recursivo adverso,
sino como un anticipo o adelanto de condena. Esa erogación no queda atada a la
suerte del recurso interpuesto (de suerte tal que si no triunfa en la Alzada, lo
pierde), sino que puede ser utilizado para el pago definitivo de la deuda (si la
sentencia termina por confirmarse), o bien para que le sea devuelto (si la Alzada,

29
o instancias recursivas superiores revocan la condena). Si bien un sistema de
depósito-penalidad pudiera ser más eficaz que el depósito-adelanto a los fines de
frustrar voluntades dilatorias de los litigantes, lo cierto es que la restricción
económica directa de una instancia recursiva ordinaria resulta cuestionable desde
el punto de vista constitucional (art. 8 de la C.A.D.H., 18, 75.22 de la C.N. y 15
de la CPBA).
(3) La aplicación del art. 29 de la Ley 13.133 debe admitir excepciones,
aun cuando ellas no se encuentren expresamente contempladas en el texto legal.
Cabe eximir de realizar el depósito previo a aquellos demandados que se
encuentren quebrados (art. 1, 32, 106, 125 y cctes. de la 24.522) o que hubiesen
obtenido el beneficio de litigar sin gastos (art. 84 del CPCCBA). Asimismo,
corresponde adoptar una interpretación análoga a la que la Suprema Corte —
siguiendo a la Corte Federal— ha realizado sobre el artículo 56 de la Ley de
Procedimiento Laboral y conforme la cual no cabe exigir el depósito previo del
capital, intereses y parte de las costas en aquellos supuestos en los que el monto
resultante tiene una magnitud desproporcionada con relación a la capacidad
económica del impugnante y ha sido demostrada la falta inculpable de los medios
para afrontar esas erogaciones.
(4) Más allá de la ubicación que la norma tiene en la estructura orgánica
de la ley (y la temática regulada en el artículo que le precede), no se aprecian
motivos suficientes para restringir su aplicación a los procesos de naturaleza
colectiva. La poca jurisprudencia que hay sobre la materia ha desestimado
explícita o implícitamente esta interpretación.
(5) El artículo 29 de la Ley 13.133 nada dice sobre la forma en que debe
exigirse el depósito en supuestos de litisconsorcio pasivo necesario o facultativo.
De las diversas modalidades posibles (depósito único a cargo de alguno de los
apelantes; depósito individual proporcional; depósito total a cargo de cada
apelante) la elección de aquella que se estime correcta depende de cuál sea la
finalidad que persigue o debiera perseguir esta carga económica. Si se considera
que busca desincentivar la voluntad dilatoria de los apelantes, la mejor opción es
exigir a cada litigante que deposite el total (capital, intereses y parte de las costas).
Si, en cambio, la protección del consumidor se piensa en términos de favorecer

30
la ejecución rápida del crédito, la modalidad adecuada es aquella que la Suprema
Corte ha aplicado al interpretar el art. 56 de la Ley de Procedimiento Laboral: es
admisible un depósito único –incluso prorrateado por las partes– en tanto los
recursos de los litigantes se funden en similares puntos litigiosos.
(6) La ley condiciona la concesión —y no la interposición— del recurso a
la previa integración del capital, intereses y parte de las costas. El demandado
puede apelar sin acompañar la boleta correspondiente, contexto en el cual el
magistrado -verificados los restantes recaudos de admisibilidad, aunque sin
todavía conceder el remedio- deberá formular una intimación a la parte para que
supla la omisión. La estimación del monto a depositar (que es solo aproximada,
dado que depende de regulaciones de honorarios todavía no realizadas) deberá
ser efectuada por el órgano jurisdiccional en una decisión que no admitirá
recurso. El plazo para cumplir será de dos días si el pleito tramitó bajo las reglas
del proceso sumarísimo (art. 23 segundo párrafo y 29 de la Ley 13.133 y 496.2
del CPC) o de cinco días, si fuere sumario u ordinario (arts. 244 y 280 -por
analogía- del CPC). Tratándose de una intimación, la notificación debe ser
realizada por medios electrónicos (por medios electrónicos (art. 135 inc. 5°, 143
del CPC y 1 y sig. del Acuerdo 3845/17 de la SCBA, del 22/03/2017).
(7) La Cámara de Apelación conserva la facultad de advertir el
incumplimiento de la exigencia económica contemplada en el art. 29 de la Ley
13.133 hasta el momento mismo de abordar el mérito de los recursos. En tal caso,
suspenderá el trámite (o incluso el llamamiento de los autos para dictar sentencia)
e intimará a la parte para que cumpla con el recaudo omitido y en la misma
providencia determinará el monto que debe integrarse. Razones de economía
procesal hacen preferible que el requerimiento sea realizado y cumplido en la
segunda instancia, bajo apercibimiento de deserción. La notificación también
debe ser realizada por medios electrónicos (art. 135 inc. 5°, 143 del CPC y 1 y sig.
del Acuerdo 3845/17 de la SCBA, del 22/03/2017).
(8) El efecto no suspensivo con el que se conceden los recursos de
apelación en el proceso de consumo permite al actor ejecutar provisoriamente la
sentencia no firme. No existen impedimentos para que el consumidor solicite la
percepción del dinero que -en concepto de capital e intereses- hubiera sido

31
depositado como consecuencia de la concesión del recurso de apelación del
demandado. Si el resultado en Cámara le es luego desfavorable (sea porque
rechaza la demanda, o porque prospera por un monto menor), deberá devolver
todo o parte de lo que hubiese retirado. Dado que goza del beneficio de gratuidad,
no puede exigírsele al consumidor contra cautela o fianza como recaudo para
librar el giro (art. 25 de la Ley 13.133).
(9) El retiro del dinero depositado -excluyendo el proporcional de las
costas- suspende el devengamiento de los intereses moratorios que está obligado
a abonar el deudor como accesorio de la condena. Si el actor también apeló la
sentencia y obtuvo en la Alzada un resultado mejor que obtenido en primera
instancia, los intereses moratorios continuarán devengándose por el saldo o
diferencia que el demandado condenado está obligado a integrar una vez
realizada la liquidación.

32