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En las décadas setenta, ochenta y principios de los noventa de mayor

conflicto social y guerra civil, tanto indígenas como campesinos/as se


incorporan a la lucha de las transformaciones sociales a través de la
Asociación Indígena Salvadoreña ANIS, constituyéndose en la única
expresión orgánica indígena en ese periodo que participa dentro de las
propuestas de desarrollo a la Nación. No obstante, lo indígena como
sustrato identitario, no logra trascender en las propuestas del fin del
conflicto armado ya que en los planteamientos consignados en el
documento final de los Acuerdos de Paz y su proceso de implementación
no se hace ninguna referencia al aspecto cultural, a la cultura indígena, ni
mucho menos se tomó en cuenta al sector indígena como expresión
organizada. Los /las campesinos /as sin embargo desarrollan varias
banderas de lucha al finalizar la guerra, todas fundamentadas en la
distribución de la propiedad de la tierra. En las últimas cuatro décadas se
han impulsado reformas y decretos e igualmente se han instalado
instancias con el fin de regular la posesión y el usufructo para hacer una
redistribución de la tierra de forma más armónica. Éstos y otros
programas no han subsanado de manera acertada la problemática de la
tierra del sector indígena y campesino; al contrario, esto ha profundizado
una lucha social amplia y una abismal desigualdad y exclusión social que
desemboca en la concentración de la riqueza. A pesar de que el sector
indígena no posee territorios como expresión colectiva, líderes y liderezas
del sector cooperativista y campesino reconocen la presencia del indígena
en las zonas agrícolas y manifiestan que es uno de los sectores más
desprotegidos. “El problema de la tierra, nadie dice nada ahora; por
ejemplo la zona indígena… la gente de Nahuizalco, por ejemplo, está
bien jodida porque ellas no entraron en la Reforma Agraria, el Frente
(Farabundo Martí para la Liberación Nacional FMLN) las ignoró en el
Programa de Transferencia de Tierras; Nahuizalco no tiene tierras de
transferencia, sólo por el hecho que no fueron zonas de control o de
disputa. Aunque uno conoce que hubieron masacres en Nahuizalco, en El
Carrizal y en otras zonas, pero allí no hubieron tierras de transferencias.”
Es de precisar que si bien el planteamiento indígena como expresión
orgánica ha ido paulatinamente tomando más fuerza desde 1992 éste a
diferencia del sector campesino y rural, no ha consolidado una fuerza
movilizadora y aglutinadora que permita hacer visible las necesidades,
reivindicaciones y planteamientos indígenas dentro de la sociedad
salvadoreña. La mayor parte de los esfuerzos de promoción dela
organización enfocan sus actividades hacia el sector campesino, en buena
medida porque se ha establecido, por cierto sin fundamento, que los /las
indígenas en El Salvador son una ínfima minoría y que, por tanto, es más
importante hablar de campesinos /as y no de indígenas, trabajar con los
/las campesinos /as y no con indígenas. Los/as campesinos /as, por otra
parte han sido visualizados /as, hasta antes de la década de los setentas
como un grupo inculto, ignorante, haragán, visto con pasión piadosa y
protagonista en el cuento y la poesía. Las palabras “indio” o “grencho”
son usadas de manera despectiva para referirse a personas que muestran
ser por su forma de vestir, modismos o costumbres provenientes del
campo. No importa si la persona vive en la ciudad o no. Existen, en la
actualidad, una diversidad de instituciones indígenas con perfil de ONG´s
que promueven acciones a la búsqueda de recursos en el sector de la
cooperación internacional logrando así la implementación de pequeños
proyectos que enfrentan las necesidades específicas pero que no
contribuyen en mucho a dimensionar y desarrollar acciones en las que lo
indígena incida en las políticas públicas. En tanto, en el sector campesino,
hay una fuerte diversidad de organizaciones, muchas de las cuales
cuentan con el soporte de la cooperación internacional y otras que incluso
se vinculan con partidos políticos y que cuentan además con
representantes en el organismo legislativo. El sector indígena en la
Sociedad “moderna” ha logrado sortear en su práctica y concepción una
diversidad de limitantes e invisibilidades sociales y estatales; ejemplo
concreto y loable son las cincuenta y tres cofradías, las mayordomías y
hermandades que se diseminan en el territorio nacional y que son una
expresión identitaria donde lo indígena está presente tanto en las formas
organizativas, de participación de la población, así como en el aspecto
espiritual y reflejo del sincretismo cultural. Los campesinos forman parte
de organizaciones, movimientos y se reflejan incluso en políticas de
Estado.
Ejes de trabajo Sector indígena
La expresión organizativa y de incidencia política del sector indígena está
cobrando fuerza, y una de sus mayores reivindicaciones está orientada
hacia el Estado, y específicamente hacia obtener un reconocimiento, por
lo que sus demandas se perfilan de manera más concreta. Esto se puede
ver claramente en la participación de distintas organizaciones en los
Acuerdos tomados por la Asamblea Nacional Indígena, que luego son
retomados por CCNIS. Entre los ejes más preponderantes del sector se
plantea:
Generar una lucha reivindicativa para que el Estado salvadoreño
impulse una reforma constitucional en la que se reconozca la existencia y
derechos de los pueblos indígenas en el país.
Que el Estado ratifique el Convenio 169 de la OIT.
Que el Estado impulse un censo nacional que permita identificara los
pueblos indígenas.
Demanda del Estado que se concretice el respeto a la cultura indígena, a
los valores, tradiciones, costumbres, prácticas, creencias, uso de la
medicina natural como expresión ancestral y acceso a los sitios sagrados
(centros arqueológicos) para realizar actos ceremoniales.
Lucha por el derecho a la tierra, la seguridad y soberanía alimentaría y
el respeto a la ecología.
Programas para la enseñanza del idioma náhuat.
Programas de salud y educación donde se incorpore los aspectos de la
medicina natural y la educación bilingüe.
Participar como sector indígena y campesino en alianzas y acciones que
contrarresten los efectos e impacto de las privatizaciones y Tratado de
Libre Comercio en cuanto a la calidad de vida.

Sector campesino
Los principales ejes de trabajo que en la actualidad tienen las
organizaciones campesinas incluyen tanto aspectos de ejecución muy
operativa, como elementos importantes y estratégicos que forman parte
de condiciones mundiales de interés global. Entre los ejes más
preponderantes del sector se plantea:
Lucha por el derecho y legalización de la tierra, la seguridad y
soberanía alimentaría. Lucha por una Reforma Agraria integral
Lucha por un salario digno de los y las trabajadores/as delcampo
Programas de créditos.
Lucha contra los TLC’s - por una comercialización justa
Participar como sector campesino en acciones y alianzas para la
incidencia política Cada organización tiene sus ejes específicos de
trabajo, pero en el cuadro a continuación se presenta los ejes principales
de trabajo por organización o coordinación El asunto de mayor
importancia, compartido como eje de trabajo por todas las organizaciones
nacionales es el de los TLC´s y la comercialización. La Reforma
Agropecuaria, que es compartida como eje por CNC y CNA, incluye
actividades de modificación a la estructura de propiedad de la tierra y su
infraestructura productiva, solución a los problemas de familias que viven
en tierras que aún no han sido legalizadas, o que pertenecen al estado, al
uso de la misma y a la conformación de nuevas organizaciones y
entidades que favorezcan a los campesinos. CONFRAS que no expresa
abordar el eje de Reforma (pero que en práctica si lo hace), es la única
organización que define tener un eje de legalización de tierras. CCNIS
como expresión indígena plantea el derecho a la tierra, esto dimensionado
que el Estado salvadoreño debe de darles tierra por que se les usurparon
desde la conquista, un aspecto singular que demandan los indígenas es el
respeto a la tierra y convivencia armónica con la naturaleza .El eje de
seguridad y soberanía alimentaria es compartido de manera explicita
entre las siguientes organizaciones CCNIS, CNTC y MPR-12. Se
considera un eje fundamental que puede generar una base de nuevos
liderazgos y espacios de articulación. La única organización que no ha
mencionado el acceso al crédito, la creación de una verdadera banca de
fomento y desarrollo agrícola es la CNA. El crédito es fundamental en la
activación de lo agrícola, es necesaria la implementación de diversas
modalidades de crédito que pueden ir desde fondos en efectivo, hasta el
crédito en insumos agropecuarios. En este sentido, modificar y fortalecer
los mecanismos crediticios de la actual banca de fomento, de tal manera
que se garantice el acceso al crédito en condiciones coherentes con la
situación productiva agropecuaria actual es un factor clave en lo
agropecuario. Los subsidios a la agricultura no escapan de la discusión.
Plazos, montos, destinos, garantías, requisitos, modalidad de entrega y
otros aspectos del crédito deben revisarse, una vez se haya garantizado el
acceso al mismo. Los salarios actuales para el sector campesino son
bajos, así en el trabajo agrícola el salario mínimo es de $81.60 mensuales;
en los sectores de recolección de cosecha de café, los trabajadores
contratados por unidad de tiempo ganan el salario mínimo que es de
$89.10 al mes; en la de algodón, $68.10; y en la de caña de azúcar,
$75.60.Estos salarios serán modificados a finales del año 2007.

Ferrocarriles:
El Salvador cuenta con un sistema ferroviario que da servicio a los
principales puertos de embarque de mercaderías y a las principales
ciudades. Se extiende a lo largo de todo el país, estableciendo
comunicación entre la capital San Salvador, Puertos de Acajutia y Cutuco
y las principales ciudades como: Santa Ana, San Miguel y Sonsonate.

El servicio ferroviario es proporcionado a usuarios del sector comercio e


industria en el transporte de carga de importación, exportación y local;
asimismo, proporciona servicio de pasajeros en los tramos de Armenia a
Sonsonate y de La Toma de Aguilares a Texis Junction.

Transporta combustibles, aceros, productos lácteos, cemento,


contenedores y pasajeros.