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Simha Harari Cheja

Miguel Cossío Woodward

Seminario de Literatura y Medios

11 de Junio de 2018

Nota de lectura: 1984 y Un mundo feliz

Las novelas distópicas ilustran lo que ocurriría si se perdiera la libertad humana. Esto, en

1984, está ligado con la idea de que la realidad puede configurarse a través del lenguaje y la

manipulación de los hechos. Esta obra, escita por George Orwell, tiene lugar en un futuro

distópico, donde cada aspecto de la vida social y personal está controlado por un gobierno casi

omnipresente. Un mundo feliz, escrita por Aldous Huxley, también explora los peligros de un

régimen totalitario, que logra deshumanizar a la sociedad por medio de diversos mecanismos de

poder (como la ciencia y la tecnología). Se desarrolla en el año 632 A.F (después de Ford)1 en

Londres. Ambas novelas ilustran una distopía en la que el Estado controla por completo a la

sociedad para mantener su poder y estabilidad. Sin embargo, existen varias diferencias.

En Un mundo nuevo feliz, el exceso de satisfacción es lo que permite mantener el orden

del sistema. Es decir, la “felicidad” es utilizada como una herramienta de poder; las personas se

mantienen en un estado de deleite (superficial), que finalmente elimina su libertad. Lo aspectos

de la vida humana, como la conocemos, no existen en este mundo de absoluta felicidad; no hay

amor, amistad o autonomía. En su lugar, existe una multiplicidad de experiencias alienantes,

como el consumo de soma, una droga que elimina los sentimientos negativos e induce una

especie de goce delirante. El sexo, igualmente, opera como un mecanismo de control, pues la

promiscuidad es recompensada, mientras el compromiso se considera antisocial. Y eso promueve

la satisfacción superficial sobre la que está construida la sociedad.


1
La introducción del primer Ford Modelo-T se considera el año "cero" en el calendario de Un mundo feliz.
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Aldous Huxley da a entender, por tanto, que el dolor y el sufrimiento son parte de la vida

humana; que el estado permanente de alienación en el que se encuentran los miembros de la

sociedad retratada en Un mundo feliz significa la pérdida de la autonomía.

En 1984, por otro lado, esta operación de control se da por la vigilancia constante del

gobierno, la tortura y una policía secreta. El Partido dio forma a un entorno que logra abrumar

permanentemente a las personas; el miedo constante impide la libertad. Igualmente, 1984 está

construida sobre el presupuesto de que el lenguaje determina por completo la realidad; todo lo

que no puede decirse, no existe. Esta idea abre la oportunidad de manipular la mente hasta el

punto de hacer imposible, por medio del lenguaje, cualquier pensamiento rebelde. De ahí que el

Partido se haya empeñado en construir la Neolengua, una versión simplificada del español que

tiene por objetivo, precisamente, limitar los pensamientos de las personas.

En adición, cuando el Partido falla en mantener su poder mediante el miedo o el control

del lenguaje, utiliza el dolor, que afecta las respuestas neurológicas de la persona que lo soporta.

Cuando alcanza niveles extremos, sobrecarga al sujeto con dichas respuestas, lo que lleva a la

debilidad mental. Esto hace que sea casi imposible que el cerebro comprenda algo más allá del

dolor, por lo tanto, el único pensamiento concebible es el deseo de detenerlo. Esto se ejemplifica

claramente cuando Winston es torturado en los Capítulos 1 y 2 de la Parte 3: a medida que

O'Brien aumenta el dolor, Winston acepta que levanta cinco dedos, aunque sabe que en realidad

está levantando cuatro.

En ambos, Un mundo feliz y 1984, existen Estados autoritorios que eliminan la libertad

humana. Sin embargo, en Un mundo feliz, este control se construye mediante la satisfacción de

las necesidades físicas, los placeres y el de autoengaño voluntario. En 1984 el poder se alcanza a

través de la vigilancia gubernamental constante, la tortura y la limitación de los bienes. Algo que
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tienen en común es que muestran los posibles efectos de la tecnología. En Un mundo feliz, las

personas están profundamente condicionadas por la hipnodiafonía y la manipulación genética;

son parte de una enorme máquina de producción en masa que determina cada aspecto de su vida.

En 1984, las telepantallas son la herramienta última de control; permiten que el gobierno observe

continuamente a los miembros del Partido, y los alimente constantemente con su propaganda.

Además, ambos textos ilustran al lenguaje como la sustancia del conocimiento. Esto se

muestra través del empleo de la Neolengua, en 1984, y la repetición constante de mensajes

hipnopaedicos, en Un mundo feliz. Igualmente, el concepto de Doublethink —la aceptación de

dos verdades contradictorias—, es otro ejemplo de cómo el estado puede moldear el

razonamiento, lo que también se puede ver en la canción que se canta durante el Servicio de

Solidaridad en Un mundo feliz. En ambos textos, la tecnología y el lenguaje contribuyen a la

construcción de una especie de religión que adora al Estado.

En conclusión, ambos textos son un retrato de qué pasaría si se perdiera la libertad

humana. Si observamos de cerca nuestra sociedad contemporánea, no resulta tan lejana a las

socieades ilustradas en estas novelas. Estamos en medio de una transformación global que podría

llevar a algo mejor o al descenso a la completa barbarie; estamos en lo que Walter Benjamin

llamaría el instante de peligro. Como señala Rosi Braidotti, “vivimos tiempos extraños y pasan

cosas extrañas. Tiempos de olas de cambio que no cesan de expandirse a un compás

espasmódico generando un acontecer simultáneo de efectos contradictorios” (Braidotti, 13).


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Bibliografía

— Huxley, Aldous, Un mundo feliz versión Luys Santamarina. México: Época, 2008.

— Orwell, George, 1984 / Estado de México: Ediciones Leyenda, 2010.

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