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PERSPECTIVAS NEUROPSICOLÓGICAS DE LA EMPATÍA

ANGIE JOHANNA TRUJILLO DÁVILA

Teorías Neuropsicológicas

Docente
SANDRA CAMELO

Universidad de San Buenaventura


Facultad de Ciencias Humanas y Sociales
Maestría en Neuropsicología Clínica

Bogotá, 09 de Marzo de 2018


PERSPECTIVAS NEUROPSICOLÓGICAS DE LA EMPATÍA

La comprensión de las bases cerebrales del comportamiento social es uno de los tantos

aportes relevantes de la neurociencia, lo que la ha convertido en un área de amplio interés

clínico e investigativo en la psicología y la neuropsicología. Conocer el sustrato

neuropsicológico que subyace al desarrollo de habilidades sociocognitivas como la empatía, es

necesario para evaluar e intervenir en dichas habilidades con el fin de promover el adecuado

funcionamiento social del individuo.

En este sentido, la empatía humana es entendida como la habilidad de compartir

emociones y comprender los pensamientos, sentimientos y deseos de los demás (Filippetti,

López, & Richaud, 2012; Shamay-Tsoory, 2011); lo que en términos comunes es "ponerse en el

lugar del otro" y así comprender desde su perspectiva una situación. La empatía debe ser

concebida como un constructo multidimensional que implica un componente afectivo que

permite compartir emociones con otros y a la vez un componente cognitivo, necesario para

generar la comprensión de los estados mentales de las otras personas, habilidad conocida como

“Teoría de la mente (ToM)” (Filippetti et al., 2012.). El constructo empatía puede abordarse

desde diferentes modelos neuropsicológicos, a continuación se expondrán las perspectivas del

constructo en relación con los principales modelos.

Al abordar el constructo empatía desde el modelo de la neuropsicología histórico-cultural de

A. R. Luria, es necesario considerar que además de la activación emocional que permite

compartir las emociones de las otras personas, ser capaz de comprender los pensamientos de los

demás y tomar su perspectiva, es una habilidad claramente relacionada con funciones cognitivas
superiores, así, de acuerdo con Luria (1984) y sus postulados acerca de las tres unidades

funcionales del cerebro, la empatía estaría subordinada a la Tercera Unidad Funcional (lóbulos

frontales), pues dicha unidad es la responsable de la programación, regulación y control de los

procesos psicológicos complejos. Los lóbulos frontales son las estructuras encargadas de

controlar, regular y verificar la conducta, específicamente en relación con los procesos

empáticos, la corteza orbitofrontal permite soportar los procesos de control y regulación

emocional-conductual (Luria, 1986).

Siguiendo esta línea, Flores (2010) destaca 22 procesos psicológicos dependientes del

funcionamiento frontal, entre estos procesos el “control de la conducta y de estados afectivos”

estaría implicado en la capacidad de empatía, debido a que permite regular las reacciones

afectivas y conductuales en base a las condiciones internas y al contexto externo del individuo.

En efecto, aunque en la empatía convergen procesos afectivos y cognitivos, las respuestas

empáticas siempre estarán mediadas por el contexto social (Shamay-Tsoory, 2011).

La empatía también puede comprenderse desde el enfoque cognitivo de la neuropsicología,

cuya premisa fundamental es el “modelo de procesamiento de la información”, dicho modelo

postula que el sistema de procesamiento de la información (función cognitiva) está constituido

por un conjunto de subsistemas, cada uno de los cuáles incluye un número de unidades de

procesamiento o “módulos” que están neuroanatómicamente diferenciados (Benedet, 2002). De

esta manera, la habilidad empática implica dos sistemas o componentes: un sistema de empatía

afectiva (básico para percibir y compartir estados emocionales) y un sistema de empatía

cognitiva (toma de perspectiva, ToM y funciones cognitivas superiores), así mientras la empatía

afectiva está relacionada con un sistema de neuronas espejo, los aspectos cognitivos de la

empatía dependen de la corteza prefrontal (Filippetti et al., 2012; Shamay-Tsoory, 2011).


Adicionalmente, el modelo cognitivo plantea que si las funciones cognitivas pueden resultar

selectivamente dañadas por lesión cerebral es debido a que el sistema de procesamiento de la

información es modular (Benedet, 2002). Respecto a la habilidad empática, este postulado

permite comprender que la afectación en uno de los componentes (ej. empatía cognitiva) no

implica necesariamente la afectación del otro componente (ej. empatía afectiva) pues ambos

dependen de circuitos neuronales diferentes (Filippetti et al., 2012); esto es especialmente

relevante para comprender el déficit empático en diversas neuropatologías como los Trastornos

del Espectro Autista, donde la evidencia empírica señala que los déficits en habilidad empática

se explicarían por la ausencia de empatía cognitiva (ToM) con relativa preservación de la

empatía afectiva (Filippetti et al., 2012).

Por otro lado, desde la neuropsicología conexionista que señala la importancia de las redes

neuronales como sistemas computacionales del cerebro, la red neuronal necesaria para las

interacciones sociales y la empatía implica circuitos prefrontales- límbicos (Filippetti et al.,

2012; Romero, 2015). Los modelos conexionistas sugieren que las funciones cognitivas son

distribuidas en un gran número de unidades de procesamiento neuronal que están estrechamente

interconectadas y en donde la corteza es el principal órgano de almacenamiento cerebral (León-

Carrión, 2002). En el caso de los procesos empáticos, las estructuras cerebrales involucradas en

la red neuronal serían: la corteza prefrontal ventromedial (CPVM) y dorsolateral (CPDL), la

corteza cingulada anterior (CCA), el giro frontal superior (GFS) e inferior (GFI), el polo

temporal, la encrucijada temporo-parietal (ETP), la amígdala e ínsula (Filippetti et al., 2012).

Finalmente, desde el modelo de las neurociencias cognitivas, las bases neuroanatómicas del

proceso de empatía deben abordarse igualmente desde una perspectiva multidimensional, que

implica circuitos neuronales diferenciados de acuerdo a los aspectos afectivos (contagio


emocional) y cognitivos (ToM). En relación a la empatía afectiva, ésta ha sido asociada con un

sistema de neuronas espejo, dicho sistema envía señales al sistema límbico a través de la ínsula

para producir expresiones faciales similares a la emoción observada, igualmente, el GFI es

necesario para el reconocimiento de emociones y el contagio emocional (Romero, 2015;

Shamay-Tsoory, 2011).

Por su parte en la empatía cognitiva, los estudios realizados con técnicas de neuroimagen han

demostrado que los lóbulos frontales son la principal estructura involucrada en el componente

cognitivo de la empatía y ToM (Filippetti et al., 2012; Romero, 2015; Shamay-Tsoory, 2011).

Específicamente, las habilidades ToM implican la activación de un conjunto de zonas cerebrales

que incluyen: la CPVM, CPDL, el surco temporal superior, la ETP, los polos temporales y la

amígdala (Shamay-Tsoory, 2011). Aunque evidentemente, existen diferencias neuroanatómicas

en los aspectos afectivos y cognitivos de la empatía, ambos componentes y sus correspondientes

circuitos neuronales son activados durante la generación y modulación de las respuestas

empáticas (Filippetti et al., 2012).

Si bien el constructo empatía puede abordarse mediante un enfoque multidimensional y

desde los diferentes modelos neuropsicológicos, donde a nivel de la organización cerebral los

procesos psicológicos superiores pueden ser entendidos en términos de unidades funcionales

complejas, sistemas de procesamiento de la información, redes neuronales o estructuras

neuroanatómicas; las diversas perspectivas convergen en que los procesos empáticos están

relacionados principalmente con el funcionamiento de la corteza prefrontal. Es por ello, que el

comportamiento social que incluye la habilidad de empatía es considerado unos de los aspectos

más complejos del ser humano siendo fundamental para la adaptación e integración del

individuo en la sociedad.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Benedet, M. (2002). Neuropsicología Cognitiva. Aplicaciones a la clínica y a la investigación.


Fundamento teórico y metodológico de la Neuropsicología Cognitiva. Serie documentos
técnicos 1. Observatorio de la discapacidad. Madrid.

Filippetti, V. A., López, M. B., & Richaud, M. C. (2012). Aproximación neuropsicológica al


constructo de empatía: Aspectos cognitivos y neuroanatómicos. Cuadernos de Neuropsicología,
6 (1) 63–83. doi: 10.7714/cnps/6.1.204

Flores, J.C. (2010). Evaluación neuropsicológica del Daño Frontal: Sistematización y Aplicación
del Enfoque de A.R. Luria. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatria y Neurociencias, 10 (2)
57-68.

León-carrión, J. (2002). Redes neuronales artificales y la teoría neuropsicológica de Luria.


Revista Española de Neuropsicología, 4 (2) 168–178.

Luria, A. (1984). El cerebro en Acción. Barcelona: Ed. Roca.


Luria, A. (1986). Las funciones corticales superiores del hombre. México: Fontamara.

Romero, S.R. (2015). Neuropsicología de la empatía Neuropsychology of empathy,. Revista


Discapacidad Clinica Neurociencias 2 (1), 11–23.

Shamay-Tsoory, S. G. (2011). The Neural Bases for Empathy. Neuroscientist, 17 (1) 18 –24. doi:
10.1177/1073858410379268