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El estatismo

El estatismo es la visión de que todo el poder político y económico en la sociedad debe concentrarse
en un gobierno altamente centralizado que controle la toma de las decisiones y todos los aspectos
de la vida. El estatismo sostiene que el gobierno es la única fuente de moralidad y del derecho, que
el individuo no posee derechos soberanos y que el estado de derecho debe ser reemplazado por la
arbitraria regencia de una minoría rectora, fuera del control del derecho consuetudinario o la
tradición. Como tal, el estatismo crea una verdadera sociedad de amos y esclavos y es otro término
para el totalitarismo.

El estatismo asume numerosas formas y hay una variedad de ideologías colectivistas que han sido
empleadas, como el fascismo, el corporativismo, el comunismo, la teocracia, etc. Sin embargo, todas
las formas de estatismo consisten en esa clase política minoritaria gobernante que impone normas
sobre el resto y las hace cumplir a la fuerza. Para ganar y conservar el poder, estos sistemas
controlan toda la información a través de la propaganda de los medios controlados por el estado, el
gobierno de un partido único, el culto de la personalidad del líder y el nacionalismo, el control sobre
la familia y la economía, la restricción de la palabra, la vigilancia masiva, el empleo generalizado del
terror y la represión de los opositores.

Un lema popular de Mussolini y los fascistas era "todo para el estado, nada fuera del estado, nada
contra el estado." C. S. Lewis trazó una clara distinción entre la importancia de la libertad individual
y el peligro del totalitarismo. El eminente filósofo y ensayista inglés sostenía que el individuo no era
un medio sino un fin en sí mismo. Dios creó al hombre proveyéndolo de libre albedrío. Por lo tanto,
no es razonable creer que podía ser poseído por otros sino que es un agente libre con sujeción a la
ley natural divina y responsable ante el Creador por sus propias decisiones. Siendo la fuente de toda
bondad, verdad y belleza, Dios desea que todas las personas lo busquen. Pero para hacerlo, deben
tener la libertad de elegir entre el bien y el mal.

Lewis estaba profundamente interesado en las ideas e instituciones que sirvieron de base para los
individuos y las comunidades libres y virtuosas. Era profundamente escéptico del poder de los
políticos y el gobierno, como lo expresó en su poema "Lines during a general election:" "Sus
amenazas son terribles, pero se pueden soportar. Son sus promesas las que traen desesperación."

Lewis advirtió también sobre la unión del poder político y técnico en el estado. Afirmaba que la
ciencia debía ser una búsqueda de conocimientos, y su preocupación era que la ciencia moderna es
utilizada a menudo como una búsqueda de poder por parte de algunos sobre los demás: "Hoy en
día le temo a los especialistas en el poder porque son especialistas que hablan más allá de sus temas
específicos. Dejemos que los científicos nos hablen acerca de la ciencia, pero el gobierno involucra
cuestiones sobre lo que es bueno para el hombre y la justicia, y qué cosas vale la pena tener y a qué
precio; y sobre esto una formación científica no le confiere a la opinión del hombre ningún valor
agregado." Lewis se oponía a lo que llamaba el "cientificismo," advirtiendo que una ciega
contracción a la ciencia y a la técnica podría despojar a la humanidad de los verdaderos aspectos
por los cuales la valoramos: la libertad, la compasión y la felicidad. Este tema fue rescatado luego
por Charles Chaplin en "El Gran Dictador." El siguiente es un extracto del histórico discurso final de
esa obra: "Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos apresado a nosotros mismos. El
maquinismo, que crea abundancia, nos ha dejado en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha
hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y desconsiderados. Pensamos demasiado, sentimos muy
poco. Más que máquinas, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, tener gentileza y bondad.
Sin estas cualidades, la vida será violenta y todo estará perdido."

¿Han llegado a lograr su cometido las ideologías estatistas? Indefectiblemente, no. Los regímenes
totalitarios cayeron uno tras otro. Es en el proceso de instaurarlas, o de intentar instaurarlas por
parte de sus propulsores, que se han cometido los más grandes crímenes y aberraciones de los que
se tenga memoria en la historia. La libertad confía en el individuo, en su capacidad de dirigir su
propia vida frente a cualquier pretensión de imposición gubernamental. La posibilidad de elegir es
el factor que habilita el desarrollo del potencial humano. La idea de la libertad es el derecho del ser
humano a ejercerla, pero más allá de eso, la tesis de que el ejercicio de ese derecho redunda en el
bien común. La función del estado, entonces, no es instaurar la felicidad, sino que cada persona
tenga la posibilidad de construir su felicidad. El individuo, como se ha dicho, no es un medio sino un
fin en sí mismo. El estado, por el contrario, no es un fin en sí mismo sino un medio para llevar
adelante la voluntad popular expresada en elecciones libres y periódicas. Thomas Jefferson decía
que el pueblo tiene el derecho de rescindir el poder de un gobierno si éste no cumplía con su
voluntad. Esa es la diferencia entre el fin y el medio, el individuo y el estado, y la razón por la que
el estatismo es intrínsecamente inmoral: intenta invertir, en realidad pervertir, dicha ecuación.